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martes, 16 de mayo de 2017

Jesús vino a traernos la reconciliación y la paz y viene a enseñarnos además el sentido de un nuevo vivir desde el amor que nos conduce a la paz

Jesús vino a traernos la reconciliación y la paz y viene a enseñarnos además el sentido de un nuevo vivir desde el amor que nos conduce a la paz

Hechos de los apóstoles 14, 19-28; Sal 144; Juan 14, 27-31a
¿Cuál es nuestra paz? ¿Cuál es la paz que nosotros anhelamos, por la que luchamos? Claro que cada uno la podemos entender a nuestra manera o también desde las circunstancias concretas que vivamos en nuestra vida.
¿Queremos vivir en paz? Que no haya conflictos, y pensamos en nuestra cercanía, en la familia, en aquellas personas con las que convivimos cada día. Y queremos evitar todo tipo de violencias, desacuerdos, enfrentamientos. Pero hay quien piensa en la paz como en un orden impuesto y preestablecido con normas y leyes que haya que imponer y cumplir. O están los que quieren estar como a la defensiva y buscaran recursos, buscaran medios con los que de alguna manera pensamos que vamos a preservar esa paz. Y así podemos pensar en muchas cosas, en muchas maneras de cómo buscamos esa paz, como la conseguimos o la imponemos. Pero ¿así solamente tenemos paz? ¿No será necesario algo más o algo distinto?
Hoy Jesús en el evangelio nos dice que nos da la paz, que nos da su paz. ¿Cómo hemos de entenderlo? ¿Cómo es o en que consiste esa paz que Jesús quiere darnos?
Bien sabemos que El vino a traernos la reconciliación y la paz. El viene a enseñarnos además el sentido de un nuevo vivir que si de verdad optáramos por lo que el nos dice seguro que lograríamos la paz mas hermosa que podamos conseguir. El viene a establecer, que no a imponer, un nuevo estilo y sentido de relación de los unos con los otros donde lo que predomine sea el amor, el encuentro, el dialogo, la aceptación mutua, la valoración de los demás y de lo que hacen, el ofrecimiento sincero de lo que somos para enriquecernos mutuamente. ¿No será ese el camino de la paz verdadera?
‘La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde’. Primero que nada tenemos que entender el sentido nuevo de la paz que Jesús nos ofrece. ‘No os la doy como la da el mundo’. Nos enseña un nuevo sentir, una nueva forma de concebir la paz que la hace mas hondo, mas viva, mas autentica. Quiere Jesús que sintamos esa paz en lo mas hondo de nosotros mismos. No es una paz externa ni impuesta, no es una paz superficial o de apariencias, es una paz que tenemos que sentir en lo mas hondo de nosotros y desde ahí contagiemos a los demás.
Es una paz en la que desaparecen los miedos y no tienen lugar las cobardías. Es una paz en la que nos sentimos seguros, pero que nos da valentía para hacer por los demás, para comprometernos por los otros, por hacer que nuestro mundo sea mejor. Una paz que podremos ir logrando con la gracia y la fuerza de Jesús. Para eso El nos da su Espíritu, su fuerza, su gracia.

lunes, 15 de mayo de 2017

Cuando amamos de verdad habrá humildad y sencillez en nuestro corazón para guardar sus mandamientos y Dios se nos revelara y habitara en nosotros

Cuando amamos de verdad habrá humildad y sencillez en nuestro corazón para guardar sus mandamientos y Dios se nos revelara y habitara en nosotros

Hechos 14,15-18; Sal 113; Juan 14, 21-26
Amar no es cuestión solo de palabras bonitas, de romanticismo o de poesía. Es cierto que a quien amamos queremos dedicarle las palabras más bellas, que en ocasiones expresamos nuestro amor con gestos llenos de romanticismo, y cuando hay amor se crea una ternura en el corazón de manera que nuestras palabras se hacen poesía.
Pero no podemos expresar con autenticidad todos esos gestos y detalles de amor si al mismo tiempo herimos al que amamos, le contrariamos con actos llenos de injusticia y de maldad. Nuestro amor para que sea autentico tiene que ir acompañado de cosas mas hondas, de actitudes y de acciones que manifiesten que es verdadero nuestro amor. Ni las palabras llenas de poesía serian autenticas ni los gestos románticos expresarían lo que de verdad llevamos en el corazón.
Nos vale esto que estamos diciendo para todo lo que decimos que es amor en nuestra vida; en el amor de nuestras relaciones humanas, ya sea en el ámbito familiar – amor de los esposos, amor paternal, amor filial, amor fraternal… - ya sea en todo lo que es relación con los otros en los hermosos lazos de la amistad o en el amor hecho respeto, aceptación y valoración con todos aquellos que nos relaciones, o vivimos bajo el mismo cielo o firmamento.
¿Qué decir de nuestra relación con Dios y el amor que le hemos de tener desde el precepto del primer mandamiento de amarle con todo el corazón, con toda el alma, con todo nuestro ser, como también decimos, amarle sobre todas las cosas? Ya sabemos que cuando examinamos nuestra conciencia y tenemos como pauta los mandamientos de la ley de Dios quizás en el mandamiento que menos nos detengamos a examinarnos es en el primer mandamiento porque damos por hecho que nosotros amamos a Dios. ¿Pero será eso cierto?
Hoy nos dice algo hermoso Jesús en este sentido. ‘El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él’. Amamos y estamos en camino de conocer a Dios. Ya en otro momento nos había manifestado Jesús que Dios se revela a los que son humildes y sencillos. Claro, cuando amamos de verdad no puede haber sino humildad y sencillez en nuestro corazón.
Como nos dice Jesús aceptamos sus mandamientos, y aceptarlos es guardarlos, cumplirlos y eso es amar, y ahí se manifiesta nuestra humildad, la sencillez que adorna nuestra vida. Quien no guarda los mandamientos no puede decir que ama a Dios. El amor a Dios no es cosa de solas palabras, como veníamos reflexionando. Ya nos lo dirá muy radicalmente Santiago en su carta, seria un mentiroso. Pero aquí viene loo hermoso, porque amamos Dios nos regala especialmente con su amor y se nos manifiesta, se nos revela. Pero más aun terminara diciéndonos que morara en nosotros. ‘Vendremos y haremos nuestra morada en el’.
Nos da para meditar mucho este texto del evangelio de hoy, aunque ahora nos quedemos en estos primeros pensamientos. Quedan muchas cosas en las que reflexionar. Nos hará luego un hermoso anuncio Jesús que nos ayudara a completar esta reflexión en las palabras de Jesús. Nos dará su Espíritu, que será el que nos lo enseñe todo y nos ira recordando todas las palabras de Jesús. Un primer anuncio del don del Espíritu que ya nos ira apareciendo poco a poco en la Palabra proclamada cada día y que nos ira preparando para la ya próxima celebración de Pentecostés.

domingo, 14 de mayo de 2017

Jesús en el evangelio nos revela el misterio de su ser, pero al mismo tiempo nos esta abriendo un camino que nos lleva a la plenitud de Dios

Jesús en el evangelio nos revela el misterio de su ser, pero al mismo tiempo nos esta abriendo un camino que nos lleva a la plenitud de Dios

Hechos 6,1-7; Sal 32; 1Pedro 2,4-9; Juan 14,1-12
¿Os habéis fijado en cuantos salvadores nos están saliendo cada día, parece que desde debajo de las piedras, que vienen ofreciéndonos con sus soluciones la salvación de la humanidad? Es cierto que se viven momentos tormentosos en el mundo de hoy; crisis de todo tipo que no son solo los problemas económicos que afectan a la vida de tantos, que ponen en peligro la estabilidad social, que provocan reacciones de todo tipo que se pueden convertir en revoluciones violentas, y nos van apareciendo por aquí y por allá como Mesías salvadores tantos que con sus soluciones  como si fueran recetas absolutas resolverían todos los problemas de la humanidad de una forma radical.
Olvidamos que nadie tiene recetas absolutas sino que lo que tendríamos que hacer es ser capaces de entendernos y que solo cuando seamos capaces de recoger lo mejor de cada uno es cuando comenzaríamos a ver un camino de salida a los momentos difíciles que vivimos. No somos portadores de verdades absolutas que tratemos de imponer como solución a los problemas que vivimos. Bien sabemos – y tendríamos que aprender de la historia – que cuando actuamos desde esas imposiciones nos convertimos en dictadores que restamos la libertad de los demás y mancillamos sus derechos humanos.
Esto nos sucede en los caminos de la vida social. Claro que eso no es cosa solo de nuestros días sino que se repite a través de la historia. ¿Y que tendríamos que decir desde el ámbito de nuestra fe y en el camino de nuestra fe y religiosidad? Una cosa si podemos decir claramente desde nuestra fe en Jesús y desde lo que nos enseña en el evangelio. Dios quiere siempre el bien del hombre y esos derechos humanos tan cacareados en nuestra sociedad moderna ya nos los ha concedido Dios desde que nos creo y nos dio nuestra dignidad humana creándonos a imagen y semejanza de Dios.
Y como se nos ha recordado siempre en Cristo se nos revela el misterio y la grandeza del ser humano. Cristo es para nosotros la verdad del hombre. Y en Cristo si que encontramos el verdadero camino para la grandeza y la dignidad del hombre, de la persona humana. Cristo que nos ha venido no solo a redimir sino también a revelarnos en toda su plenitud el misterio de Dios es en esa revelación y en esa redención donde nos abre el camino para la mayor felicidad del hombre.
Cristo, se convierte así en la única verdad absoluta del hombre, porque es el único que nos puede llevar a la mayor plenitud. Y es que la plenitud, la grandeza y la dignidad de la persona humana no lo podemos alcanzar al margen de Dios, el Dios que nos ha creado y el Dios que en Cristo nos ha redimido cuando nosotros con nuestra maldad y nuestro pecado habíamos mancillado esa dignidad de la que Dios nos había dotado.
Jesús hoy en el evangelio nos esta revelando el misterio de su ser, pero al mismo tiempo nos esta abriendo un camino que nos lleva a la plenitud de Dios. Quiere que estemos en El, que vivamos su vida, que vivamos en El. ‘Volvere y os llevare conmigo para que donde yo estoy, estéis también vosotros’, nos dice.
¿Qué tenemos que hacer? Su camino. Su camino que es su vida; su camino que es vivir su verdad, esa verdad que nos ha revelado nuestra grandeza. Es el único camino que nos lleva a esa plenitud de vida en Dios. ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, nos dice. Nadie va al padre sino por mi’.
Seguir su camino, vivir su vida es vivir como El vivió, es realizar las obras que El realizo. Ojala nos impregnáramos de su Espíritu, nos dejáramos conducir por su Espíritu. Nuestra vida y nuestro mundo serian distinto; lograríamos ser más felices y hacer más felices a los demás. Estaríamos construyendo un mundo mejor, de más justicia, mas autentico, sin tantas vanidades y falsedades, un mundo de solidaridad y de paz, un mundo donde viviríamos una fraternidad universal y autentica, un mundo donde iríamos desterrando tanto sufrimiento como nos angustia, un mundo mejor.
Y esa es nuestra tarea como seguidores de Jesús; en esto tenemos que empeñarnos y comprometernos sin falsos mesianismos, pero con la certeza de que tenemos una palabra decir, una mano que poner, un compromiso de vida del que no nos podemos escaquear. Hay algo que nos compromete desde lo mas hondo de nuestra vida, la fe que tenemos en Jesús como nuestro salvador y salvador del mundo. Es nuestro único salvador.

sábado, 13 de mayo de 2017

Necesitamos darle mayor profundidad espiritual a nuestra vida entrando en esa sintonía de Dios a la que solamente podemos llegar a través de Jesús

Necesitamos darle mayor profundidad espiritual a nuestra vida entrando en esa sintonía de Dios a la que solamente podemos llegar a través de Jesús

Hechos de los apóstoles 13, 44-52; Sal 97; Juan 14, 7-14
Miramos pero no terminamos de ver; creemos conocer a las personas, pero realmente no las terminamos de conocer. Y no es solo porque es algo complejo captar en toda su amplitud lo que esta delante de los ojos y en también muy complejo conocer a las personas sino porque muchas veces nuestra mirada es superficial o en el conocimiento de las personas no llegamos a abarcar todo lo que es la personalidad del otro.
Nuestra atención tendría que ser mas profunda, no nos podemos quedar en lo superfluo ni en lo superficial, tenemos que ahondar en el misterio del otro. Y esto nos vale en todas las facetas de la vida, en nuestras mutuas relaciones, en la profundidad que le vayamos dando a nuestro caminar, en nuestra apertura a la trascendencia, en nuestras vivencias religiosas tan llenas muchas veces de superficialidad, en todo lo que es nuestra apertura a Dios y a la escucha de su palabra, a lo que es lo mas hondo de nuestra vida cristiana.
Tenemos que aprender a ver y a escuchar, a hacer silencio en nuestro corazón y a saber entrar en sintonía con lo espiritual y trascendente. No es fácil muchas veces porque son muchos los ruidos, muchas las cosas que nos distraen llamándonos la atención, muchas las prisas con que vamos en la vida y eso nos vuelve superficiales.
Así tenemos que aprender a escuchar la palabra de Dios para llegar a un más profundo conocimiento de Jesús. Tenemos el peligro de dar por hecho que conocemos ya a Jesús, que esos textos que una y otra vez escuchamos ya nos los sabemos y no terminamos de prestarle la debida atención para ver lo que aquí y ahora el Señor quiere manifestarnos.
En el texto que hoy se nos ofrece en el evangelio surgen esas situaciones en las que los discípulos parece que no terminan de entender a Jesús y no terminan de conocerle. Jesús les esta hablando del Padre y es lo que continuamente ha querido manifestarles y todavía andan preguntando o pidiendo que les muestre al padre. Y es que no han terminado de conocer a Jesús a pesar de estar tanto tiempo con El. ‘Hace tanto tiempo que estoy con vosotros ¿y no me conoces Felipe? Quien me ha visto a mi ha visto al padre’.
¿Nos sucederá algo así a nosotros que no terminamos de conocer a Dios? No basta decir Dios, sino que nosotros ya tenemos que decir ‘padre’. Es lo que nos ha revelado Jesús; y no solo porque nos lo ha dicho, nos ha enseñado a llamarle padre, sino que en El se ha manifestado ese rostro de Dios, ese rostro de Dios que es padre, que nos ama, que es misericordioso y compasivo, que nos regala su vida, que nos hace participes del Espíritu para que podamos ser en verdad sus hijos.
Necesitamos darle hondura a nuestra fe. Necesitamos crecer en la fe y en el conocimiento del evangelio para conocer a Jesús y para conocer a Dios. Necesitamos darle una mayor profundidad espiritual a nuestra vida, saber entrar en esa sintonía de Dios a la que solamente podemos llegar a través de Jesús. ‘Si me conocierais a mi, conoceríais también al padre’ nos dice hoy Jesús. Ya sabemos por donde hemos de caminar.

viernes, 12 de mayo de 2017

Estando con Jesús estaremos llenos de su vida para siempre y nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios

Estando con Jesús estaremos llenos de su vida para siempre y nada ni nadie nos podrá separar del amor de Dios

Hechos de los apóstoles 13, 26-33; Sal 2; Juan 14, 1-6
Cuando le tomamos aprecio a alguien es normal que nos agrade su presencia y nuestro gozo sea estar con esa persona, compartir nuestro tiempo, nuestras conversaciones y no nos gustaría separarnos de el. Si vislumbramos que tenemos que separarnos y quizás pasar largo tiempo separados seguro que sufriremos mucho por ello y haríamos todo lo que fuera necesario por nuestra parte que esas cosas no sucedan. Es el amor que se hace cercanía como la cercanía alimenta el amor. Es el amor que crea una unión espiritual entre las personas que se aman y es lo que seria tan necesario para crear esa comunión que entre todos tendría que reinar.
Pensamos en un plano humano y necesariamente espiritual, porque es ahí dentro de nuestro espíritu donde mejor experimentaremos esa comunión de amor. Es importante si esa cercanía y esa presencia física, pero es algo que va mucho mas allá y se hace muy profundo en la persona.
En ese plano humano y espiritual sentimos y experimentamos también lo que es ese sentido cristiano que nos anima desde nuestra fe. Es ese amor y esa comunión que también desde nuestra fe vivimos con Jesús como lo estaban viviendo los apóstoles cuando Jesús estaba en medio de ellos, pero que por la fuerza del espíritu tendrían que aprender a vivir de una forma nueva. Es lo que tenemos que cultivar en una verdadera espiritualidad cristiana.
‘Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí…’ les dice Jesús a lo largo de la cena pascual a los discípulos. Hay tristeza en sus corazones porque intuyen que algo va a pasar, aunque tendrían que saberlo pero no supieron entender los anuncios de Jesús. Les esta hablando de su marcha – ha llegado su hora, había comenzado diciendo el evangelista al principio del relato de la cena – y era el momento de la glorificación. No lo entienden, y de ahí su tristeza. Por eso les dice Jesús que no se acobarden, ‘no tiemble vuestro corazón…’
Y les habla Jesús de la trascendencia de sus vidas, les esta hablando de una nueva vida que va mas allá de esta vida terrena. El nos prepara sitio, quiere que estemos con El. ‘Volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros…’ Es ahora Jesús el que no quiere separarse de nosotros, el que quiere que estemos siempre con El. Para eso ha venido para darnos vida y vida en abundancia, para que vivamos y podamos vivir en El para siempre.
Queremos estar con Jesús; Jesús quiere que estemos con El. No tenemos otra cosa que hacer que seguir el camino que El nos ha trazado, el camino que es El mismo. Se preguntan los discípulos como pueden saber el camino, y será Jesús el que proclame: ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre sino por mi’.
Vivamos a Jesús, su vida, su verdad y estaremos haciendo su camino. Vivamos en su amor porque nos llenemos de Jesús y estaremos haciendo el camino. Estando con Jesús no caben los temores. Estando con Jesús nos sentimos seguros. Estando con Jesús estaremos llenos de su vida para siempre y nada ni nadie nos podrán separar del amor de Dios, como nos diría san Pablo mas tarde.

jueves, 11 de mayo de 2017

Que las cosas pequeñas de cada día sepamos hacerlas impregnadas de amor y espíritu de servicio con la sencillez de los gestos pequeños y humildes

Que las cosas pequeñas de cada día sepamos hacerlas impregnadas de amor y espíritu de servicio con la sencillez de los gestos pequeños y humildes

Hechos de los apóstoles 13,13-25; Sal 88; Juan 13,16-20
No queremos que nadie nos haga sombra. Queremos sobresalir, estar por encima de todos y podemos tener la sensación de que algunas cosas que tuviéramos que hacer son humillantes. Como bonitas palabras eso del servicio, de ser servidores de los demás queda muy bien, pero algunas veces da la impresión de que nos sentimos humillados y como que quisiéramos que no nos vieran.
Son tentaciones que fácilmente nos afloran desde nuestro orgullo y nuestro amor propio y eso crea tensiones en nuestro interior y también de alguna manera con aquellos que nos rodean. En unos mas y en otros menos, pero nos suceden cosas así en nuestro interior que luego se manifiestan en gestos y en actitudes, en desconfianzas, en ocultamiento de nuestra verdadera personalidad. Con lo bonita que seria la vida si viviéramos en actitudes sencillas y de humildad en nuestras relaciones con los demás; quitaríamos amarguras que se nos meten por dentro con nuestros miedos y sabríamos ser felices haciendo felices a los demás.
El texto del evangelio que hoy se nos ofrece es una continuación del momento en que en la cena pascual lava los pies a los discípulos. Ya sabemos como les impresiono aquel gesto de Jesús y hasta les resulto incomprensible; ya sabemos que Pedro no quería dejarse lavar los pies. Por el texto complementario ya sabemos como Jesús les dice que si El, el Maestro y el Señor, les ha lavado los pies así tienen que hacerlo los unos con los otros. Hoy le escuchamos en la continuación de las palabras de Jesús que les dice que ‘el discípulo no es más que su maestro ni el enviado mayor que el que lo envía’.
Son las actitudes nuevas que Jesús quiere que adornen nuestra vida, mas bien, nos envolvamos en ellas haciéndolas como nuestra piel. Ya nos dirá que nuestro distintivo ha de ser el amor, el servicio humilde, el ser capaces de darnos por los demás, y como modelo nos pone su amor. ‘Amaos los unos a los otros, como yo os he amado’, terminara diciéndonos. No es una medida cualquiera, porque bien sabemos cual es la medida del amor de Jesús, el amor más supremo, el amor de quien es capaz de dar la vida por los que ama.
Como decíamos antes son palabras bonitas fáciles de decir, pero lo importante es que sepamos traducirlas al día a día de nuestra vida. No se trata de hacer grandes cosas, sino que esas cosas pequeñas que cada día hagamos las realicemos impregnadas de ese amor, con esa sencillez de los gestos pequeños y humildes. Esa buena palabra dicha con suavidad en el momento en que pudiera surgir en nosotros la ira y la violencia, ese pequeño gesto de acercarnos a quien esta solo, ese saludo amable y con una sonrisa a aquel con quien nos encontramos, ese interesarnos con delicadeza por la salud y el bienestar de quienes están a nuestro lado, esos oídos atentos para escuchar en silencio el dolor o la preocupación que el amigo o el vecino quizás quiere compartir con nosotros.
Eso es, en cosas sencillas así, el lavarles los pies a los demás que Jesús nos dice que nosotros tenemos que hacer como El hizo. Esa es la acogida que tenemos que saber hacer al que llega a nuestro lado. Eso es saber descubrir al Señor en aquel con quien nos encontramos y que camina con nosotros en la vida.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La fe en Jesús pone una nueva luz en nuestra vida para sentir que no estamos solos y tener la fuerza para ir al encuentro incluso de aquellos que nos han aislado


La fe en Jesús pone una nueva luz en nuestra vida para sentir que no estamos solos y tener la fuerza para ir al encuentro incluso de aquellos que nos han aislado

Hechos de los apóstoles 12, 24-13, 5; Sal 66; Juan 12, 44-50
‘Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas’. Consoladoras palabras de Jesús. Poner nuestra fe en El y nuestra vida se llena de luz. Lo necesitamos.
Muchas tinieblas nos acechan en la vida. El mal que quiere esclavizarnos y llevarnos por caminos de muerte y que sutilmente se nos va metiendo en el alma. De muchas maneras. Nos confunde tantas veces. Nos llenamos de desanimo cuando no avanzamos en la vida como quisiéramos, perdemos fácilmente la esperanza con tantos signos de mal que contemplamos a nuestro alrededor. Sentimos la soledad del que lucha contra el mal y no recibe ningún estimulo de los que le rodean porque parece que todos están en contra de aquello por lo que el lucha.
En mundo de mucha intercomunicación quizás por las redes sociales nos relacionamos fácilmente con los que están lejos con el peligro de quedarnos quizás en la frivolidad o la superficialidad, mientras con los que están cerca de nosotros sentimos que se abren barreras de indiferencia, cuando nos ignoramos los unos a los otros, no nos tenemos en cuenta o no sabemos valorarnos en aquello bueno que intentamos hacer.
El vecino que esta al lado de nuestra puerta, el amigo de siempre con quien tanto quizás en otros momentos tanto habíamos compartido, aquellos con los que nos relacionábamos mucho en nuestro trabajo, ahora los vemos lejos, los encontramos distantes, ya no tenemos una palabra que decirnos, el olvido se ha apoderado de nosotros y se han roto aquellas hermosas relaciones de otros tiempos. Se crean así dolorosas soledades en el alma viéndonos tan lejos de los que han estado o están tan cerca, pero que parece que se han olvidado de nosotros creándose abismos que nos separan.
No podemos, sin embargo, perder la esperanza, borrar la ilusión, tener fe a pesar de las oscuridades de que no estamos solos y siempre hay un rayo de luz que nos ilumine. La palabra que hoy nos dice Jesús es ese rayo de esperanza. Ponemos en El nuestra fe y sabemos que no nos faltara su luz. Esa luz que nos llenara de esperanza, que recargara una y otra vez en nosotros esas baterías de ilusión que parecen descargadas, porque nunca nos sentiremos totalmente solos; sabemos que El esta con nosotros.
Pero aun mas su luz nos dará una nueva visión, unos nuevos ojos para contemplar señales de cercanía que nos parecía que no existían. Su luz pondrá fuerza en nuestro corazón para mantener nuestra luz, para perseverar en eso bueno que queremos realizar, para salir al encuentro con los demás y no desanimarnos a pesar de que nos parezca que están tan lejos. Con esa luz nueva en nuestro corazón seremos capaces de orar incluso por esos que se han distanciado de nosotros, pero pediremos también esa fuerza que necesitamos para a pesar de todo y a contracorriente ir nosotros también al encuentro de esos mismos que nos han aislado. Es difícil, cuesta, pero con la fuerza del Espíritu del Señor podremos realizarlo.
Que no se nos apague esa luz, que se mantenga intacta nuestra fe, que se abran nuestros ojos y nuestro corazón para gozar de esa presencia del Señor junto a nosotros.

martes, 9 de mayo de 2017

Probemos a ponernos en ese camino de la fe y seguro que descubriremos grandes cosas, que de otra forma con nuestros ojos cegados por la increencia nunca llegaríamos a descubrir

Probemos a ponernos en ese camino de la fe y seguro que descubriremos grandes cosas, que de otra forma con nuestros ojos cegados por la increencia nunca llegaríamos a descubrir

Hechos de los apóstoles 11,19-26; Sal 86; Juan 10, 22-30
Hay ocasiones en que alguien nos cuenta algo que nos parece interesante pero que se va alargando en su narración y aunque vislumbramos que puede llegar a ser muy interesante sin embargo en vueltas y vueltas del narrador parece que no llegamos nunca hasta el final estando muy intrigados por su desenlace. Diríamos que crea suspense en nosotros, como nos sucede en películas o nos puede suceder en una obra literaria. Queríamos saber la verdad final de aquella historia pero parece que nunca llegamos al final.
Nos puede suceder en la intriga que se crea en la vida cuando creemos conocer una persona, pero van apareciendo aspectos de su vida hasta entonces desconocidos para nosotros y que nos ponen en vilo sintiendo honda curiosidad por saber como realmente es esa persona.
‘Nos tienes en suspenso, ¿hasta cuando?’ le decían los contemporareanos de Jesús. Les parecía que lo sabían todo de El, pero cada día van descubriendo nuevos aspectos de su personalidad. Creían vislumbrar en El a un hombre de Dios, a un profeta y entre sus esperazas estaba el que fuera el Mesías. Pero Jesús no terminaba de presentarse con la idea preconcebida que tenían de lo que había de ser el Mesías. ‘Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente’ le preguntan.
Las ideas preconcebidas nos pueden confundir cuando la realidad no se ajusta a lo que nosotros habíamos pensado. Con Jesús nunca podemos ir con ideas preconcebidas, con prejuicios, sino que nuestro espíritu ha de estar siempre abierto a dejarse conducir por el Espíritu de Dios que es el que de verdad nos lo revela.
Jesús nos habla de sus obras, que son las obras de Dios. Con lo que Jesús realiza tendríamos que saber descubrirle, reconocerle. Pero algunas veces pareciera que tenemos vendados los ojos. Como le sucedía a la gente en los tiempos de Jesús. Hemos de saber poner nuestra fe en El; si no vamos con los ojos de la fe no llegaríamos a conocerle de verdad. Le sucede a tantos; nos sucede tantas veces, que a causa de nuestros prejuicios nos llenamos de dudas que nos enfrían el corazón y terminamos negando hasta lo más evidente. No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y eso nos sucede en muchas ocasiones.
Hoy se nos ofrece Jesús con la hermosa imagen del pastor y de las ovejas. Una imagen bucólica, si queréis decirme, pero una imagen muy llena de significado si miramos, repito, con los ojos de la fe. Y la fe no es una cosa que conquistemos nosotros, es algo sobrenatural, es un don de Dios. Y Dios quiere regalarnos ese don de la fe si nosotros queremos aceptarlo; pero si lo rechazamos no hay nada que hacer.
Al menos probemos a ponernos en ese camino de la fe y seguro que descubriremos grandes cosas, que de otra forma con nuestros ojos cegados por la increencia nunca llegaríamos a descubrir. Tengamos paciencia, aunque se cree en nosotros un cierto suspense, que al final el Señor se nos revelara y nuestra alegría será grande, nuestra alegría será completa. 

lunes, 8 de mayo de 2017

A éste le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por su nombre a sus ovejas y las saca fuera


El Señor siempre quiere lo mejor para nosotros, vida en abundancia, y nos esta haciendo llegar su llamada y su invitación para seguirle a través de muchos signos y señales

Hechos de los apóstoles 11,1-18; Sal 41; Juan 10,1-10
‘Yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante…’ son las palabras finales que escuchamos en el evangelio de hoy. Ya el comienzo del evangelio de Juan en lo que solemos llamar su prologo nos habla de la Palabra, de la luz, de la vida. La Palabra que se nos revela y nos revela el misterio de Dios; la luz que ilumina, aunque las tinieblas traten de rechazarla; la vida que nos salva, que nos regala la gracia de Dios, y de tal manera que nos hace hijos si en verdad escuchamos esa Palabra, nos dejamos iluminar por esa luz y nos dejamos transformar por la fuerza del Espíritu arrancando todo lo que haya de muerte en nosotros.
Hoy con la imagen del pastor, de la que nos sigue hablando el evangelio igual que ayer domingo, Jesús se nos presenta como ese Buen Pastor que quiere siempre para nosotros la vida y no de cualquier manera. Es tal el deseo de Jesús que se entrega por nosotros, da su vida para que nosotros tengamos vida, entrega su vida por amor hasta la muerte para arrancarnos del pecado y de la muerte.
Como Buen Pastor que nos ofrece los mejores pastos para alimentarnos y llenarnos de vida, nos ofrece su cuerpo entregado y su sangre derramada para el perdón y para la vida, para nosotros y para todos, de forma sobreabundante en una alianza eterna de amor de manera que ya nos hace participes de su propia vida. 
Este texto del evangelio esta lleno de exquisiteces, de detalles de amor que tendríamos que saber escuchar en lo más hondo de nosotros mismos y saborear esa dulzura de su amor dando así respuesta con nuestra vida y con nuestro amor a tanto que El quiere ofrecernos.
Hoy nos habla del pastor que conoce a sus ovejas y las ovejas le conocen a El. Creo que tendría que hacernos pensar y mucho. Primero El nos conoce, nos llama por nuestro nombre, es decir, con todo lo que es la realidad de nuestra vida, tan llena muchas veces de sombras, pero que también hemos de saber descubrir tan llena igualmente de luces. A pesar de nuestras sombras nos ama; a pesar de que erramos tantas veces el camino, El nos busca, nos llama, viene a nuestro encuentro ofreciéndonos mil gestos de amor. Sepamos reconocerlo. Sepamos descubrir esos gestos y esas llamadas que de mil maneras nos hace y démosle respuesta.
Pero nos decía también las ovejas conocen y escuchan la voz de su pastor. En nuestra civilización mas urbana quizás ya no sabemos apreciar debidamente lo que esto significa porque por otra parte poco sabemos de rebaños y de ganados. Pero alguna vez lo hemos contemplado, esos rebaños conducidos por un pastor, donde las ovejas siguen al pastor que les guía, reconoces sus silbidos o sus voces con sus indicaciones de por donde ir o por donde dejarse conducir. Es la experiencia quizás que tengamos con animales donde es fácil hoy acompañarnos de nuestras mascotas y ya sabemos como nos conocen y nos siguen, como se alegran cuando de nuevo se encuentran con nosotros y como obedecen nuestras ordenes. Válganos esa experiencia o ese ejemplo.
Así tendríamos nosotros que conocer la voz de Dios, la voz de Jesús que nos habla y que nos llama, que inspira sentimientos en nuestro corazón o nos ofrece señales en los caminos de nuestra vida que se convierten para nosotros también en voz de Dios.
Cuantos signos va poniendo el Señor a nuestro lado de su presencia en la Iglesia o en sus pastores, pero también en tantas cosas buenas que podemos ver en los demás que se pueden convertir para nosotros en llamadas a nuestra conciencia. Sepamos discernir esa voz del Señor, esos signos de la presencia de Dios en nuestra vida; escuchemos su voz y sigámosle con toda la fuerza del amor. El Señor siempre quiere lo mejor para nosotros, vida en abundancia como nos dice hoy el evangelio, y nos esta haciendo llegar su llamada y su invitación para seguirle.

domingo, 7 de mayo de 2017

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos

Es Jesús ese Buen Pastor, que nos llama y nos busca, nos alimenta y nos da vida, con el alimento de su Palabra y de su propia vida, la puerta verdadera que nos abre a la plenitud de Dios

Hch 2,14a.36-41; Sal 22; 2Pedro 2,20-25; Juan 10,1-10
Traspasar una puerta es abrirnos a lo que esta mas allá. Un mundo nuevo que se nos puede abrir ante el que quizás vamos con cierta incertidumbre, pero también cuando traspasamos las puertas del hogar sabemos que nos vamos a sentir acogidos y queridos, nos vamos a sentir a gusto, nos vamos a encontrar allí donde plenamente desarrollamos lo que somos y lo que son nuestras esperanzas. Vayamos en positivo para quitar temores y miedos, traspasemos esa puerta que nos abre al encuentro profundo con los otros; traspasemos esa puerta tras la cual tanto podemos construir no solo para nosotros mismos sino también para aquellos con quienes convivimos o con quienes nos vamos a encontrar.
Mucho nos puede hacer pensar el sentido de ese traspasar esa puerta, aunque principalmente hasta ahora nos podamos referir a ese hogar de nuestras satisfacciones, pero puede ser la puerta que nos haga salir para ir al encuentro con los demás; y salir puede significar mucho también en cuanto salimos de cuanto nos encierra en nosotros mismos, en cuanto nos hace romper, por así decirlo, círculos que nos hagan mirarnos solo a nosotros mismos y nuestras cosas. Salimos y vamos mas allá; salimos y nos encontramos con el otro; salimos y nos abrimos a un mundo donde hemos de ir dejando también nuestras huellas en cuanto bueno podamos construir.
Cuanto podemos decir del sentido ese traspasar una puerta; a cuantas cosas nos puede abrir este pensamiento. Y le estoy dando vueltas a esta idea desde que escuche en el evangelio que Jesús nos decía que El es la puerta. Nos hablaba de un redil y de unas ovejas; nos hablaba de unos buenos pastores que cuidan de sus ovejas y las llevan a buenos pastos de vida pero nos hablaba también de ladrones y salteadores que no entran por la puerta, sino que buscan como robar y como destruir entrando, no por la puerta, sino por donde sea.
Este domingo lo llamamos tradicionalmente el domingo del Buen Pastor, por las imágenes que nos ofrece el evangelio. Es Jesús ese Buen Pastor, que nos llama y nos busca, nos alimenta y nos da vida, nos ofrece el alimento de su Palabra y de su propio Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Es Jesús el que verdaderamente nos conduce a la vida porque es el camino que nos lleva hasta el Padre; es Jesús el que se ofrece por nosotros para que tengamos vida y tengamos vida en abundancia como hoy mismo nos dice.
Pero además hoy nos esta diciendo que es la puerta, la puerta verdadera, la puerta que conduce a la vida, la puerta que nos abre a la plenitud de Dios. ‘Yo soy la puerta, nos dice, y quien entre por mi se salvara y podrá entrar y salir y encontrara pastos’. Es Jesús el que nos conduce a Dios, y en otro momento nos dirá que es el camino.
Es el que nos revela a Dios porque ‘nadie conoce al Padre sino al Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’, y nos dirá que es la Verdad; es la Palabra que nos da vida y nos llena de luz y nos dirá que es la Vida; es la Palabra que nos alimenta y que nos salva, y la Palabra que nos conduce hasta Dios. Porque ‘a Dios nadie lo vio jamás, el Hijo único que es Dios y que esta en el seno del Padre, nos lo ha dado a revelar’, nos decía el principio del evangelio de Juan.
Por eso sabemos que entrando por esa puerta que es Jesús nos vamos a encontrar con la plenitud de nuestra vida, la realización plena de lo que somos nosotros; entrando por esa puerta que es Jesús, porque escuchamos su voz, porque seguimos sus palabras, nos vamos a encontrar la felicidad mas que ninguna cosa humana nos podrá dar; entrando por esa puerta que es Jesús nos abriremos a ese camino autentico del amor y de la justicia con el que tanto bien podemos hacer a los demás para construir ese mundo mejor que todos necesitamos.
Cuando escuchamos a Jesús y le seguimos ya no podemos seguir encerrados en ese círculo que nos encierra en nosotros mismos, sino que siempre vamos a encontrar ese camino que se abre ante nosotros para ir al encuentro con los demás. Es incomprensible un seguir de Jesús que viva encerrado en si mismo; es imposible que si nos llenamos de la vida de Jesús no amemos a los demás a la manera como nos ama Jesús; es inconcebible en uno que haya escuchado la Buena Nueva de Jesús, el Evangelio para nuestra vida que es Jesús, que no nos sintamos impulsados a llevar también esa Buena Noticia de vida y salvación al mundo que le rodea.
Este evangelio de hoy, esta contemplación de Jesús como Buen Pastor y también como puerta por donde han de entrar las ovejas se convierte para nosotros en una llamada; es una vocación para sentir que como Cristo hemos de ser también pastores, pastores que anuncien, pastores que ayuden a los demás a ese encuentro con la verdad de Cristo, con la luz de Cristo, con la vida de Cristo.
Es un día de llamada, por eso decimos que es el día de las vocaciones. Para sentirnos llamados, pero también para orar al dueño de la mies, como nos enseña el mismo Jesús en el evangelio, para que sean muchos los que escuchen esa llamada, para que sean muchos los enviados con esa misión pastoral, esa misión de pastores en medio del pueblo de Dios.

sábado, 6 de mayo de 2017

Que la Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer resistencias, fortalecernos en las debilidades y vivir la intensidad de la fe y del amor

Que la Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer resistencias, fortalecernos en las debilidades y vivir  la intensidad de la fe y del amor

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Sal 115; Juan 6, 60-69
Cuantas veces lo habremos visto en nuestro entorno o nos habrá sucedido de alguna manera a nosotros mismos; personas que se alejan unas de otras, que merman la intensidad de la relación y de la amistad por estar en desacuerdo en algunas cosas, porque nos parecen complicados los planteamientos quizás radicales que toman en la vida en diferentes aspectos sociales, o porque quizás se muestran exigentes con nosotros queriendo que tomemos determinadas posturas que no nos terminan de convencer.
Nos distanciamos, como decíamos, y hasta llegan a romperse amistades que parecían indestructibles; nos sucede en la vida social, nos sucede en cuestiones políticas, nos sucede quizás por planteamientos religiosos y vitales para nuestra existencia. No queremos ir por ese camino, no nos convencen sus planteamientos, nos distanciamos en nuestras relaciones. ¿Será necesario llegar a eso? ¿Por qué nos cuesta aceptar y respetar que los otros son distintos?
Sucede ahora, pero ha sucedido siempre. Hoy vemos que sucedía con Jesús como lo vemos muchas veces a lo largo del evangelio. Será por otra parte la reacción de los fariseos y los distintos grupos ante el planteamiento nuevo que Jesús hacia para la vida del hombre; serán así las reacciones de las autoridades judías que finalmente le llevaran a la muerte.
Hoy la reacción la vemos ante las palabras de Jesús que no acaban de entender. ‘Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?’, se dirán algunos y el evangelista nos dirá que a partir de entonces muchos dejaron de seguirle. Les había hablado del Pan de vida, de comer su carne y de beber su sangre. Les decía que El era el verdadero Pan bajado del cielo para la vida del mundo y que quien lo comiera no sabría lo que es morir para siempre.
Eran unos planteamientos vitales lo que Jesús les hacia. Ese comer ese Pan de vida no se quedaba solo en lo material – que ellos no terminaban de quitarse de la cabeza lo del mana del desierto – sino era entender el sentido de Jesús, aceptar su vida que era aceptar su  camino. Esa radicalidad que les planteaba Jesús les costaba mucho entenderla y aceptarla.
Ahora Jesús se dirigirá a los mas cercanos a El, los discípulos que siempre le han seguido entre los que ha escogido los doce apóstoles y a ellos les planteara si también quieren marcharse. ‘las palabras que os he dicho son espíritu y son vida’, les dice, aunque no terminan de entenderle. Pero será Pedro el que se adelantara para proclamar que no se separara nunca de Jesús. ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios’. Son las hermosas confesiones de fe y de amor que le escucharemos también en otras ocasiones porfiar por Jesús.
Nosotros también dudamos muchas veces en nuestra fe; hay cosas que nos cuestan, nos parecen también muy exigentes y radicales, preferiríamos un camino mas suave, con menos dificultades, donde fuéramos contentándonos con las cositas de cada día. Pero ya sabemos que seguir a Jesús no es un juego, es algo serio, o estamos con el o estamos contra el, y no podemos nada a dos aguas.
Queremos que esa Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer tantas resistencias, para fortalecernos en tantas debilidades, para vivir toda la intensidad de la fe y del amor. Que no se enfríe nunca nuestra relación con Jesús ni le demos la espalda porque nos cueste seguirle. Ayúdanos, Señor, a creer en ti y seguirte con toda radicalidad.

viernes, 5 de mayo de 2017

Comiendo del Pan de vida saboreemos de verdad lo que es el amor para vivir esa unión con Dios y con los hermanos que solo desde el amor podemos alcanzar

Comiendo del Pan de vida saboreemos  de verdad lo que es el amor para vivir esa unión con Dios y con los hermanos que solo desde el amor podemos alcanzar

Hechos de los apóstoles 9, 1-20; Sal 116; Juan 6, 52-59
El amor une de la forma mas profunda. Quienes se aman se sienten unidos, que no solo es cercanía, que no solo es estar el uno al lado del otro, es algo mucho mas profundo. Es comenzar a sentir con los mismos sentimientos, es comenzar a sentir que su vida es mi vida de manera que hacemos un mismo camino, seguimos unos mismos pasos de manera que parece que las huellas de uno y otro se confunden, se hacen las mismas.
Son los hermosos sentimientos de una amistad verdadera, es la unión íntima y profunda que se vive en un amor matrimonial, es lo que queremos vivir cuando vivimos el verdadero amor de Dios. No es un amor que nos anule ni mucho menos, sino que nos hace vivir con mayor plenitud nuestro propio ser.
Eso tan humano como es el amor, el amor autentico y verdadero que no hemos de confundir con otras cosas, quiere Jesús que lo vivamos en plenitud, y en plenitud con El. Porque en la medida en que seamos capaces de vivirlo con El podremos vivirlo mas fácilmente con los demás, y la experiencia de vivirlo con los demás nos hace sentir la necesidad de unirnos mas y mas con Dios.
Por eso Jesús se nos ofrece como  alimento, como pan de vida. Quiere que le comamos a El, que nos unamos intima y profundamente con El, de la manera que el alimento que comemos se hace vida nuestra. Por eso  nos llega a decir hoy en el evangelio. ‘El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él’. Le comemos para vivir en El, le comemos para hacer su vida nuestra vida.
Es todo un proceso, un camino que hemos de ir haciendo. Aceptamos a Jesús y creemos en El. Aceptamos a Jesús y queremos vivir su vida. ¿Y que hacemos? Hacer su voluntad, seguir su camino, hacer vida nuestra su Palabra plantándola en nuestro corazón, haciéndola practica en nuestra vida. Ya nos dirá mas adelante que si lo amamos el Padre nos amara, cumpliremos sus mandamientos y el Padre y El vendrán a habitar en nosotros. Son palabras que escucharemos en la última cena, en su despedida.
Ahora nos lo esta anunciando cuando nos habla del Pan de vida, del Pan bajado del cielo, de que hemos de comer su carne y beber su sangre. Palabras que no siempre llegamos a entender bien. Como les costaba a los judíos que no entendían y que motivo incluso que muchos ya no quisieran seguir con El. Es que aceptar las palabras de Jesús no es un mero asentimiento formal, sino es aceptar a Jesús y el planteamiento que nos esta haciendo de la vida. Es pan de vida para nosotros porque se convierte para nosotros en sentido de nuestra vida, en el camino que hemos de recorrer, en la vida en que hemos de vivir.
Cuando nos acercamos, pues, a la Eucaristía vayamos a saborear su amor. Deseemos de verdad dejarnos inundar de su amor para poder llegar a vivir esa unión tan profunda con El que solo desde el amor podemos conseguir. Nuestra vida será distinta, nuestra vida se llenara de sentido y de plenitud, nuestro caminar con los hermanos será entonces cada día mas hermoso.

jueves, 4 de mayo de 2017

Comulgar a Cristo en la Eucaristía es comulgarle en nuestra vida porque llenos de El encontramos el sentido y la fuerza para nuestro existir

Comulgar a Cristo en la Eucaristía es comulgarle en nuestra vida porque llenos de El encontramos el sentido y la fuerza para nuestro existir

Hechos, 8, 26_40; Sal. 65; Jn. 6, 44-51
El pan es el mejor signo y la mejor expresión para significar el alimento que necesitamos. Cuando hablamos del pan de cada día estamos refiriéndonos a todo el alimento que necesitamos para subsistir. Nos referimos a esa comida con que nos alimentamos, es cierto, pero seguramente que estaremos queriendo decir mucho mas.
Alimento de la vida son los pensamientos y las ideas que marcan la razón y el sentido de nuestro existir; incluimos en ello nuestra cultura que nos recrea y nos alimenta espiritualmente y en ello va el sentido de la vida, el por que de las cosas o de nuestro vivir, las motivaciones mas profundas que podamos tener en nosotros o que en la apertura de nuestro espíritu seremos capaces de recibir de los demás.
Creo que algo de todo esto, aunque quizás lo haya expresado un poco espontáneamente y de una forma un tanto El es el pan de vida. Ya nos descarta que el quiera darnos solamente un pan material que alimente nuestros cuerpos, aun con lo importante que es. Compara el pan del cielo, el mana que les dio Moisés a sus padres en el desierto, con el pan que El quiere darnos. Quienes comieron aquel pan, murieron; El nos ofrece un pan que nos dacha vida para siempre.
Y es que en Jesús, en su palabra vamos a encontrar esa luz que de sentido a nuestra vida; es su evangelio, es su buena nueva, su buena noticia que alegra nuestro corazón porque nos da un sentido para nuestro vivir. Es la palabra que va iluminando lo que hacemos y loo que vivimos. Ahí encontramos ese alimento, esas razones y esa fuerza para esa nueva existencia, para ese nuevo vivir. Por eso nos dirá que alimentándonos de El tendremos vida eterna, tendremos vida en plenitud, porque encontraremos la realización mas honda de nuestra existencia.
Es pan de vida porque además nos dirá que comiendo ese pan, le estamos comiendo a El, comiendo su vida, su sentir, su ser, su espíritu que nos llenara de plenitud.  Por eso El se hace Eucaristía y nos dirá que comamos su carne, que comamos su cuerpo, que es comerle a El, que es llenarnos de su vida para siempre.
Tenemos mucho que reflexionar sobre el sentido de la Eucaristía, sobre el comer a Cristo para tener vida para siempre. Lo hemos convertido demasiado en un rito que al final si no lo vivimos con hondura hará que le perdamos su sentido y su fuerza.
No es comer por comer, comulgar porque ahora toca o porque todos los hacen; si queremos comulgar a Cristo en la Eucaristía es porque antes le hemos comulgado en nuestra vida; y eso significara que nos hemos llenado tanto del sentido de Cristo que ya para nosotros no hay otro existir; llenarnos del sentido de Cristo que es ver las cosas como las ve Cristo, amar con el amor de Cristo, vivir una entrega a la manera de Cristo, llegar a trasparentar de verdad en nuestra vida a Cristo mismo de manera que quien nos vea, llegue a descubrir a Cristo en nosotros.
Hoy nos dice Jesús: ‘Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo’. Que así comamos a Cristo, su pan, su vida. Que así encontremos ese sentido y esa fuerza para nuestro existir.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Todos celebramos hoy la Cruz sin olvidar que la cruz es el camino del triunfo de una nueva humanidad que Cristo vino a redimir y recrear con su muerte en la cruz

Todos celebramos hoy la Cruz sin olvidar que la cruz es el camino del triunfo de una nueva humanidad que Cristo vino a redimir y recrear con su muerte en la cruz

En cualquier recodo del camino hoy nos encontraremos con una cruz bellamente adornada con flores. Los caminos, los patios de nuestras casas, el borde de una carretera, un abismo sobre un barranco, lo alto de las montañas, los riscos que miran al mar, cualquier sitio es un lugar propicio para encontrar una cruz.
Muchos pueden ser los motivos en la historia de cada pueblo del por que de esa cruz en ese lugar; una muerte accidental, un recuerdo de algo sucedido en aquel lugar y que tuvo trascendencia en aquel momento aunque ahora nadie lo recuerde, la devoción y religiosidad de una buena persona, un lugar de parada y descanso en el largo trayecto hasta los cementerios portando el peso de un difunto, el recuerdo del nacimiento de una población en el lugar y la fundación de una ciudad – de ahí el nombre de algunas de nuestras ciudades o poblaciones -, muchas pueden ser las razones que podrían motivar investigaciones para personas interesadas. Pero siempre esta presente una cruz cargada de hondo significado y que es un signo bien importante en la vida de los cristianos.
En este día 3 de mayo todos celebran la cruz aunque litúrgicamente la Exaltación de la Santa Cruz sea el 14 de setiembre que se ha convertido mas en la fiesta de Cristo Crucificado; este día tuvo su origen en lo que la historia o la tradición nos cuenta del momento en que fueron encontrados en Jerusalén restos de la cruz de Cristo. Por eso en su origen esta fiesta se llamaba de la Invención (encuentro) de la Santa Cruz.
Hoy los vecinos de cada lugar porfían o como adornar mejor su cruz de manera que algunos de nuestros pueblos se ha convertido en tradición el peregrinaje por las distintas cruz del lugar debidamente adornadas, mientras otros trabajan por hacer que las fiestas de la cruz de su pueblo o ciudad sea mejor – y nos quedamos en esa palabra – que la de los pueblos vecinos.
Creo, sin embargo, que la fiesta de la cruz tiene que ser para un cristiano algo más que una bonita tradición que hemos de conservar o el recuerdo de acontecimientos de la vida social de un pueblo que cada año rememoremos. No puede quedarse tampoco en un amuleto que veneremos o utilicemos llenando de magia quizás nuestras fiestas y nuestras costumbres. Para alguien extraño a nuestras tradiciones o a nuestras vivencias religiosas podría resultar incomprensible que hagamos tanta fiesta en torno a lo que en su origen ha sido un instrumento de tormento.
Ya lo decía san Pablo que la cruz podía aparecer ante los ojos de los ajenos a nuestra fe como una necedad o una locura, y nos decía que, sin embargo, para los creyentes es nuestra sabiduría. Si un cristiano venera la Santa Cruz, recordemos con cuanta veneración la contemplamos en el viernes santo, es porque para nosotros se nos ha convertido en el signo del mayor amor, el amor del Hijo de Dios que por nosotros se entrego hasta una muerte de Cruz.
Ahí tendríamos que centrarnos, en el hondo significado de la cruz. Es el signo del amor, de la victoria sobre la muerte y el pecado; es el triunfo de la vida; es el signo que nos tiene que llevar a la entrega y al compromiso. Miramos la cruz y en el sufrimiento de Cristo que en ella contemplamos vemos como en transparencia todo el sufrimiento de toda la humanidad.
Pero ante ese sufrimiento no nos podemos quedar insensibles como si nada pasase; ante ese sufrimiento sentimos en nuestro interior la urgencia del amor; en esa contemplación nos sentimos impulsados a luchar por una vida mejor, por un mundo nuevo, por la justicia y por la libertad, por la paz y por el amor, para que todos seamos mas felices, para que todos nos sintamos mas hermanos, para que todos nos sintamos miembros de una misma humanidad, pero eso, llenos de humanidad.
No es una fiesta cualquiera la que tenemos que celebrar. No son unas simples tradiciones o unas costumbres que no queremos olvidar. Es algo mucho más hondo lo que tenemos que sentir y lo que tenemos que celebrar. Tiene que ser el camino del triunfo de una nueva humanidad, la que Jesús vino a redimir y a recrear, ese Reino nuevo de Dios que en Cristo se comienza a realizar. Y esa es la tarea de los cristianos.

martes, 2 de mayo de 2017

Quienes comemos el pan de vida que Cristo nos ofrece estamos llamados a quitar interferencias que nos alejen y poner sintonías que creen lazos de verdadera fraternidad

Quienes comemos el pan de vida que Cristo nos ofrece estamos llamados a quitar interferencias que nos alejen y poner sintonías que creen lazos de verdadera fraternidad

Hechos de los apóstoles 7, 51-59; Sal 30; Juan 6, 30-35
¿Por qué tengo que creerte? Alguna vez nos encontramos con una reacciona así, ya que alguien nos interpele por lo que le digamos, o ya nosotros mismos reacciones de esa manera ante alguien que nos quiere hacer creer una cosa que nosotros no vemos clara ni nos convencen sus argumentos. Queremos pruebas y pruebas que nos convenzan, no solamente palabras; hay cosas que nos pueden parecer inverosímiles y no las aceptamos así porque así. Y para creer en una persona y aceptarla tenemos que ver clara su vida, aunque muchas veces también sabemos dar un margen de confianza. En fin de cuentas creer en alguien es poner nuestra confianza en esa persona.
‘¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?’ Es la reacción de los judíos, y en este caso los de Cafarnaún, ante las palabras de Jesús, a pesar de la experiencia que con El habían tenido en la tarde anterior. Ahora Jesús les ha hablado tras sus interpelaciones diciéndoles que ‘la obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado’, que pongan toda su fe en El.  
Una vez mas piden señales, ponen como comparación lo que Moisés había hecho por ellos en el desierto cuando les dio el mana para que comieran. ‘Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo’.
Jesús quiere hacerles comprender cual es el verdadero pan que viene del cielo y que les dará vida para siempre. ‘No fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo’.
Habrán entendido o no habrán entendido las palabras de Jesús pero ellos ahora quieren comer de ese pan. ¿Será como la mujer samaritana que cuando Jesús le ofrecía un agua viva que calmaría su sed le pedía esa agua para no tener que venir todos los días al pozo a buscarla? ¿Querrán ese pan porque así se evitaran el tener todos los que amasar el pan?
Jesús afirmara rotundamente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed’. Es importante creer en las palabras de Jesús; es importante creer en Jesús. Sin esa fe lo del pan de vida no se entenderá. Sin esa fe en Jesús nos estaremos quedando siempre solamente en el pan material, pero Jesús quiere darnos algo más. El significado de las palabras de Jesús va mas allá de pan material con el que alimentamos cada día nuestro cuerpo. Comiendo a Jesús, creyendo en Jesús se saciara plenamente nuestra vida, porque alcanzaremos la vida que no se acaba, que nos llena de plenitud.
¿Buscamos razones para creer en Jesús? Su vida y su amor es la razón más profunda. Su vida es la manifestación más maravillosa de lo que es el amor que Dios nos tiene. Abramos de verdad los ojos de la fe que es algo más que ver cosas u obras materiales. Pongamos toda nuestra confianza en El, que nos dio su vida, que nos regalo su amor, que verdaderamente nos llena de plenitud.
Igual que en la vida tenemos que ir aprendiendo a confiar en los demás, vayamos poniendo nuestra confianza en Dios. Pero aprendamos, si, a confiar en los otros, a abrir nuestro espíritu a todo lo bueno que podamos recibir de los demás, a quitar desconfianzas e interferencias, a poner buena sintonía en nuestro espíritu para captar todos los mensajes de vida que de los otros podamos recibir. Los que creemos en Jesús estamos llamados a crear redes de sintonía entre unos y otros para que al final lleguemos a esos lazos de hermandad que a todos nos harán más felices. 

lunes, 1 de mayo de 2017

Buscamos a Jesús no solo queriendo encontrar el hombre bueno que hace cosas maravillosas, sino el que realiza la maravilla de nuestra salvación y en quien hemos de creer

Buscamos a Jesús no solo queriendo encontrar el hombre bueno que hace cosas maravillosas, sino el que realiza la maravilla de nuestra salvación y en quien hemos de creer

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Sal 118; Juan 6,22-29
‘Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús…’ Buscaban a Jesús, buscamos a Jesús. ¿Qué buscaban? ¿Qué buscamos?
En la tarde anterior Jesús había realizado el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y había comido una multitud. Tanto fue el entusiasmo de la gente que quisieron hacerlo rey. Jesús se había escondido en la montaña. No es que Jesús tuviera miedo, es cierto que no quería que lo proclamaran rey de esa manera, pero ya sabemos como a Jesús le gustaba retirarse solo a la montaña a orar. Había enviado a los discípulos cercanos en una barca hacia el otro lado del lago, que habían tenido sus dificultades para atravesarlo por el viento en contra y Jesús les había acompañado caminando sobre el agua. Ahora ya estaba en Cafarnaún.
La gente que había quedado en el descampado a la mañana siguiente al ver que Jesús no estaba allí en unas barcas que habían aparecido por la orilla se habían ido también a Cafarnaún en búsqueda de Jesús. ‘Maestro, ¿Cuándo has venido aquí?’, fue la pregunta al encontrarlo. ‘Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dacha el Hijo del Hombre’.
El milagro era un signo, pero ellos no habían visto el signo, sino que se habían quedado en el hecho maravilloso. Un hecho maravilloso que venia a satisfacer unas necesidades materiales. Jesús también había querido satisfacer esas necesidades, tenían hambre, estaban en descampado, no había donde conseguir panes, y Jesús les había alimentado. Pero no se podían quedar ahí. Fue la primera tentación del diablo a Jesús después de líos cuarenta días de ayuno, pero Jesús entonces había respondido que ‘no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’.
En el mismo sentido va lo que ahora Jesús quiere decirles. No podemos quedarnos en ese alimento material, no podemos quedarnos en las piedras convertidas en panes. Tenemos que buscar un alimento que da vida para siempre, y es yo que Jesús quiere ofrecernos. Pero nos cuesta entenderlo. Nos sigue costando hoy, porque ¿que es lo buscamos muchas veces en Dios cuando acudimos a El? muchas veces parece que solo nos preocupan las necesidades materiales, nuestra pobreza y nuestras carencias o el dolor de una enfermedad, un problema que nos resulta insoluble y para lo que buscamos el milagro fácil que nos lo soluciones pronto.
Por supuesto son necesidades con las que también hemos de acudir al Señor, para pedir su luz, para pedir su fuerza, para pedir la inspiración que nos ayude a encontrar caminos, pero tenemos que saber acudir para algo mas hondo; tenemos que saber acudir para sentirle presente en nuestra vida, para escuchar su palabra que nos pone en camino de una nueva vida.
‘¿Cómo podemos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?’, le preguntan. ‘Este es el trabajo que Dios quiere, les dice Jesús, que creáis en el que El ha enviado’. Creer en Jesús; creer que Jesús es el enviado de Dios, será algo que escucharemos repetir muchas veces en el evangelio. Porque eso es reconocer de verdad quien es Jesús. No solo es el hombre bueno que hace cosas hermosas y realiza milagros para nosotros. Es el enviado de Dios,  el que viene lleno del Espíritu de Dios, porque es el Hijo de Dios, para traernos vida y salvación.