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sábado, 20 de marzo de 2021

Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver dónde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús

 


Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver dónde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53

‘Signo de contradicción’, lo había anunciado el anciano profeta Simeón. Ante Jesús hay que decantarse, decidirse claramente por un lado o por otro. Es alguien ante el que no nos podemos quedar indiferentes. Sus palabras y sus gestos nos inquietan, nos interrogan, nos hacen sentirnos incómodos.

Claro que en la vida cuando nos sentimos incómodos porque aquello nos interroga por dentro, porque nos hace descubrir que hay otros planteamientos, pero que esos planteamientos comprometen tenemos el recurso de la huida, no querer ver ni escuchar, no darnos por enterados. Lo hacemos tantas veces y ante tantas situaciones distintas. Porque llega un amigo o un vecino que nos cuestiona lo que estamos haciendo porque él cree que se podría hacer de otra manera y nos sentimos incordiados, decimos que cuanto sacrificio estamos haciendo con lo que ya hacemos y podemos terminar por darle la espalda. Otras veces llegamos al desprestigio y quitarle autoridad a quien nos cuestiona, ¿qué sabe él de esto? ¿Por qué no se mete en sus cosas y resuelve sus problemas en lugar de venir a incordiar? Ya sabemos cómo somos cuando nos dicen cosas que nos dejan intranquilos; al final quizá tomamos las de Villadiego, como se suele decir.

Pero serán los que no tienen malicia en el corazón los que aceptaran esos cuestionamientos, serán los que se planteen que las cosas pueden ser distintas, que tiene razón quien viene ahora haciéndose preguntas. Pero ya encontraremos la manera de hacernos oídos sordos a esas palabras sensatas que podemos escuchar. Así vamos en la vida dando bandazos, de un lado para otro, sin comprometernos en nada, dejando pasar la verdadera oportunidad que nos llevaría por caminos de mayor plenitud.

De todo eso y mucho más pasaba con Jesús. Era, sí, un signo de contradicción, porque era un interrogante para las gentes de su tiempo como sigue siéndolo hoy si con sinceridad lo escuchamos, si no ponemos filtros en nuestro pensamiento o en la manara de responder al llamamiento que nos va haciendo Jesús para que aceptemos el Reino de Dios, pero con ese sentido nuevo y vital que El quiere que le demos.

Es lo que nos relato  hoy el evangelista, que parece como que nos hace un resumen de la opinión diversa y hasta contradictoria de mucha gente. Han mandado prenderle, porque ya están pensando que hay que quitarlo de en medio no sea que las cosas vayan a más y vaya a haber un disgusto con las autoridades romanas. Pero hay gente que dice que nadie ha hablado como El, nadie lo ha hecho con tal autoridad, nadie se ha mostrado como el gran profeta que se está manifestando Jesús. Pero por otra parte están los que quieren desautorizar sus palabras porque es un galileo y, como dicen ellos, la salvación viene de los judíos, viene de Jerusalén.

No llegan a entender los caminos de Jesús, no quieren terminar descubrir todo el misterio de su vida. Por allá saldrá Nicodemo, el que había ido de noche a hablar con Jesús, intentando defenderlo, diciéndoles que no se puede condenar a nadie sin escucharle. Los que fueron a prenderle no pudieron hacer nada porque ellos se sintieron también cautivados por las palabras de Jesús y además temían a la gente que lo tenía como un profeta.

Pero no nos quedemos ahí. Preguntémonos a nosotros mismos qué significa Jesús para nosotros; preguntémonos si de verdad le escuchamos con corazón bien abierto y desde la sinceridad de nuestra vida o también vamos poniendo nuestros filtros, nuestros prejuicios y no terminar de aceptar plenamente a Jesús.

Este evangelio de hoy ha de ayudarnos a que nos hagamos preguntas para ver donde realmente estamos, cuál es el pensamiento o la idea que tenemos de Jesús. Busquemos a Jesús, queramos conocer a Jesús, queramos en verdad empaparnos de su vida para vivir su vida en plenitud. ¿Por dónde andamos con nuestra fe?

viernes, 19 de marzo de 2021

Dios nos va sorprendiendo a cada paso y como san José sabremos leer los caminos de Dios dejándonos conducir por la obediencia de la fe

 


Dios nos va sorprendiendo a cada paso y como san José sabremos leer los caminos de Dios dejándonos conducir por la obediencia de la fe

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88; Romanos 4, 13. 16-18. 22;  Mateo 1, 16. 18-21. 24a

‘Era el hijo de José, el carpintero’, darían como referencia para Jesús cuando fue a su pueblo y se levantó en la sinagoga para hacer la lectura. Y hoy la Iglesia y la liturgia nos hace volver la vista hacia san José, el esposo de María, de la cual nació Cristo, como se nos dirá en otro momento del evangelio. Y este año el Papa Francisco con una breve carta apostólica sobre san José nos invita a celebrar el año de san José; inmersos en ello estamos desde el pasado 8 de diciembre, día de la Inmaculada Virgen María.

Justo, pues, que esta fiesta de san José que a causa de la pandemia estamos pasando por debajo de la mesa como decimos cuando no podemos celebrar un acontecimiento familiar, un cumpleaños de alguno de sus miembros. Nos pasa que no podemos darle mucha solemnidad externa, pero eso no nos quita para que reflexionemos sobre su figura y desde las pocas líneas que el evangelio le dedica entresaquemos hermoso mensaje y testimonio que nos ayude en el camino de nuestra vida cristiana, como queremos hacer siempre con la fiesta de cualquier santo.

Hombre de fe y hombre humilde como el que más, hombre abierto al misterio de Dios y obediente a sus designios no siempre de fácil comprensión y asimilación. Es el hombre creyente que sabe rumiar todo el misterio de Dios que envuelve su vida. No era hombre de decisiones apresuradas pero sí siempre pronto a confrontar su vida y lo que le sucedía con el misterio de Dios que todo lo envolvía. Es el hombre bueno que querrá hacer sufrir a nadie por la toma de sus decisiones, sino que siempre se abre al designio de Dios que se le revela, pero que él sabe leer esa revelación en aquello que le va sucediendo.

No es poco lo que hasta aquí estamos diciendo. Noches oscuras turbaban su vida cuando siendo bueno y siendo recto su vida se ve envuelta en hecho que pudieran mancillar su reputación y la de las personas que él más quería. El misterio que sucede en María y que él no termina de entender estaba poniendo en juego su rectitud y su madurez humana como hombre. La afecta profundamente a su vida pero ni quiere escandalizar, ni quiere dañar a nadie, por eso decide actuar en el silencio. Qué lección más bonita que tenemos que aprender, guardar silencio ante lo que sucede y no comprendemos; guardar silencio pero abrir su corazón a quien se le puede revelar en ese silencio o a quien en el silencio le habla y le señala caminos. Es le hermosa lección que de José aprendemos.

Y en el silencio de la noche, en el silencio de las horas pasadas en profunda reflexión dando vueltas y más vueltas a cuanto le sucede, en el silencio que se hace oración y apertura a Dios, José escucha en su corazón, José escucha la voz de Dios que le habla por el ángel del Señor y José llegará a comprender y aceptar todo el misterio de Dios tantas veces incomprensible. Cuánto bien nos hace rumiar una y otra vez en nuestro interior esos misterios de Dios que se nos revelan y nos tienen que llevar también a la toma de decisiones sobre lo fundamental de nuestra vida.

Así se nos muestra san José como ejemplo de lo que ha de ser la obediencia de la fe. Esa obediencia de la fe, cuando desde la luz de la fe y aunque los razonamientos humanos parezca que van en otro sentido, nosotros sabremos decir Sí, como lo hizo san José. Tras las palabras del ángel cuando en principio él pensaba huir lejos de cuanto le estaba sucediendo sin embargo se lleva a María, su mujer a casa; pero es el sí que siempre lo está poniendo en camino, primero Belén, más tarde Egipto, finalmente de nuevo Nazaret. No eran sus caminos pero eran los caminos que había que recorrer porque eran los caminos de Dios, aunque él nunca hubiera pensado tener que recorrer esos caminos.

Es lo sorprendente de san José, como muchas veces son sorpresas los caminos que se van abriendo delante de nosotros cuando sabemos hacer silencio para dejarnos conducir por el ángel del Señor. No siempre hemos hecho lo que pensábamos o hicimos lo que nunca habíamos pensado que tendríamos que hacer; es la vida que nos va sorprendiendo, pero que el verdadero creyente que nosotros hemos de ser a la manera de san José, descubrimos que no es la vida la que nos da las sorpresas sino que es Dios quien nos va sorprendiendo minuto a minuto cuando son sinceridad y con humildad nos ponemos a recorrer sus caminos.

Abramos los ojos para no perdernos la sorpresa de Dios, para sentirnos siempre inundados por su presencia y por su amor.

jueves, 18 de marzo de 2021

Vayamos al encuentro con Jesús porque en El y solo en El podremos obtener vida y una vida que es para siempre, eterna

 


Vayamos al encuentro con Jesús porque en El y solo en El podremos obtener vida y una vida que es para siempre, eterna

Éxodo 32, 7-14; Sal 105; Juan 5, 31-47

Podríamos ver en este texto del evangelio que hoy se nos propone toda una clase de teología, Sí, la teología es toda la reflexión que nos hacemos sobre el misterio de Dios y donde valiéndonos también de recursos humanos con su metodología propia nos hacemos una reflexión ordenada de todas las pruebas que tenemos para afirmar con toda certeza esa parte del misterio de Dios que estamos reflexionando.

Es cierto que toda esa reflexión teológica nos ayuda a meternos más hondamente en ese misterio de Dios, ha sido el camino también por el que a través de los tiempos y desde la inteligencia y el saber de los teólogos hemos podido también avanzar en la comprensión y en la vivencia del misterio de Cristo.

Estas reflexiones que aquí nos hacemos son también parte de esa teología, aunque quien las esté expresando y explicando no tenga la sabiduría suficiente para hacer esa interpretación del misterio de Dios. Pero como hemos venido expresando todo esto tiene que llevarnos a una vivencia, que surge de lo más hondo del corazón, en la que por supuesto nos valemos de todos esos conocimientos y capacidades intelectuales pero que se va a traducir en las obras de la fe que se traducen y se expresan en la vida.

Sí, es cierto, y tenemos que llegar a la mejor, a la más profunda comprensión, pero ha de ir siempre acompañada por un acto de fe; un acto de fe para decir Sí, para ponernos en sus manos, para dejarnos conducir y guiar, para que se exprese en todo lo que es nuestra vida. Decimos que es la vida de un creyente, la vida de quien cree, de quien dice Sí a Dios y a su misterio de vida y salvación, de quien se pone en sus manos y camina iluminado por esa luz de la fe.

Muchas veces nos cuesta, sentimos la tentación de volvernos atrás sobre todo cuando vemos a todo lo que nos compromete en la vida; es como si no quisiéramos vernos atados, cuando simplemente dándole el sí de nuestra fe a Jesús viviremos en la libertad verdadera porque nos encontramos sumergidos en la vida de Dios. No siempre es fácil, sin embargo, y hablaremos de nuestra autonomía o de nuestra libertad pero nos sentiremos así porque aún no nos hemos encontrado con Jesús.

Porque no se trata de raciocinios, sino que se trata de corazón. El que llega a conocer a Jesús y a poner toda su fe en El se siente como cogido por Dios y ya no podrá vivir ninguna otra cosa porque en nada sin Jesús podrá alcanzar esa plenitud de vida a la que todo aspiramos.

Pero necesitamos confiarnos para dejarnos seducir, para dejarnos cautivar, para dejarnos llenar por la vida de Jesús. Luego nos sentiremos los más grandes y los más felices, porque solo alcanzaremos la plenitud para nuestra vida. Es Jesús nuestra plenitud, es Jesús quien lo es todo para nosotros, es Jesús por el que merece dejarlo todo, porque lo demás será vacío y sin sentido si no tenemos a Jesús en el centro de nuestro corazón.

Jesús les decía a los judíos que le escuchaban: ‘Estudiáis las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues ellas están dando testimonio de mí, ¡y no queréis venir a mí para tener vida!’ ¿Nos podrá pasar eso que tampoco nosotros queramos tener vida? vayamos al encuentro con Jesús.

miércoles, 17 de marzo de 2021

Sigamos dando esos pasos del camino de cuaresma para que culminemos de verdad en la Pascua del Señor, que será también nuestra Pascua pasando de la muerte a la vida

 


Sigamos dando esos pasos del camino de cuaresma para que culminemos de verdad en la Pascua del Señor, que será también nuestra Pascua pasando de la muerte a la vida

Isaías 49,8-15; Sal. 103; Juan 5, 17-30

El camino de cuaresma que vamos recorriendo se va acercando a su meta; aun nos quedan días, un par de semanas para llegar al triduo pascual, pero la Palabra de Dios que ha venido iluminando nuestro camino se va intensificando precisamente con los relatos en que aparece ya cómo los dirigentes judíos quieren quitarse de en medio a Jesús.

Lo consideran algo así como un hereje o un blasfemo porque la afirmación que va haciendo Jesús de sí mismo y tal como nos va apareciendo en el evangelio es algo que no pueden soportar, que no pueden admitir. Que Jesús llame a Dios Padre, aunque lo de menos serían las palabras a las que se podría dar muchas interpretaciones, sino la actitud con que se manifiesta Jesús como verdadero Hijo de Dios que se manifiesta en total fidelidad a lo que el Padre le ha pedido. Esto colma el vaso, podríamos decir, supera todo lo que puedan aceptar, tienen que quitarlo de en medio.

Son textos que nos ayudan a definirnos en referencia a Jesús, son textos que nos van manifestando toda esa intriga contra Jesús por parte de las autoridades judías y los que se consideran principales dirigentes del pueblo judío; toda esa inquina con la que irán preparando su muerte. Pero como nos dirá Jesús en otro momento, nadie le quita la vida, sino que El la entrega libremente, porque con una misión ha venido y ha llegado la hora del anuncio del Reino de Dios y su realización cuya culminación estará con su entrega en la cruz por nosotros y por nuestra salvación.

¿Qué nos queda a nosotros? Poner toda nuestra fe en El. Así obtendremos vida eterna. Como nos dice hoy; ‘En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’. Podremos poseer la vida para siempre, la vida eterna, pasamos de la muerte a la vida. En nosotros se ha de realizar la pascua. Porque no es solo un recuerdo lo que nosotros vamos a hacer; vamos a vivir, a vivir la Pascua de Jesús, hacerla realidad en nosotros. Por eso hemos de pasar de la muerte a la vida. Con Cristo hemos de morir, el pecado ha de quedar sepultado para siempre en nosotros; lo hemos de arrancar y arrojar de nuestra vida.

Muchas señales de esa renovación hemos venido viendo a través del evangelio que hemos venido escuchando; pero esa renovación tiene que realizarse en nosotros. Siguen siendo momentos de reflexión, de examen de nuestra vida, de ver cual es la realidad que hay en nosotros, de analizar con todo detalle de todo aquello de lo que tenemos que arrancarnos y aunque nos cuesta dar los pasos necesarios de renovación, de encuentro con la gracia, de llenarnos de la vida nueva que nos ofrece Jesús.

Por eso es tiempo de mucha oración. No es algo que vamos a ir realizando por nosotros mismos. Es una gracia del Señor, pero tenemos que orar para abrir de verdad nuestro corazón a esa gracia, hemos de orar para sentir la fuerza de Dios en nosotros, la fuerza del Espíritu Santo que nos transforma, hemos de orar porque no será algo que hagamos solo por nosotros mismos sino que será con la fuerza del Señor.

Tiempo de oración y tiempo de acercarnos a la gracia sacramental. Es en el Sacramento donde se realiza ese momento de gracia, ese momento de renovación verdadera de nuestra vida; es el sacramento donde nos gozaremos en el perdón del Señor para tantas debilidades de nuestra vida, y es en el sacramento donde podremos llegar a sentirnos hombres nuevos de gracia porque comenzaremos a vivir a Jesús. ‘Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna… sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’, escuchábamos y repetíamos hace un momento.

Es lo que se va a realizar en nosotros. Sigamos dando esos pasos del camino de cuaresma para que culminemos de verdad en la Pascua del Señor, que será también nuestra Pascua.

martes, 16 de marzo de 2021

Jesús va delante abriendo caminos, rompiendo barreras, haciendo visibles otros horizontes, dándole sensibilidad a la vida para encontrar un sentido nuevo de existir

 


Jesús va delante abriendo caminos, rompiendo barreras, haciendo visibles otros horizontes, dándole sensibilidad a la vida para encontrar un sentido nuevo de existir

Ezequiel 47, 1-9. 12; Sal 45; Juan 5, 1-16

El agua siempre decimos es fuente de vida, pues sin agua no podemos vivir y es la esperanza de todos los pueblos sedientos - ¿no andamos buscando indicios de agua en el planeta Marte para saber si allí hubo vida o allí un día podríamos vivir – pero también la podemos ver como causa de destrucción y de muerte como podemos contemplar en graves y grandes cataclismos de la humanidad, en torrentes que se desbordan, en lluvias torrenciales que todo lo inundan, o en aguas desbocadas que van produciendo destrucción a su paso por donde sea.

Igualmente podemos decir el agua puede ser círculo que nos encierre e incomunique, o al mismo tiempo camino que se abre en el mar que nos lleva otros horizontes, a otros lugares, o al encuentro con otros pueblos y personas.

Recuerdo hace muchísimos años asistiendo a un curso en Madrid, alguien que procedía no recuerdo bien de qué región española, al saber que yo vivía en las islas me decía que él no podría vivir en una isla porque se sentía encerrado en ella rodeado de mar por todas partes; yo le decía lo contrario, que no me sentía cerrado sino abierto a otros horizontes, que contemplar el horizonte en el mar que nos rodea me llevaba aunque fuera en la imaginación y en el deseo hacia otros mundos y hacia otros países, que el mar era para mi camino que me llevaba a otros lugares y me abría al contacto con otros pueblos.

No sé si a todos los que vivimos en islas les sucede así, pero mi experiencia desde niño al ver partir a mis hermanos primero y luego a mi padre en un barco que se hacía a la mar y que los llevaba a otros mundos buscando una vida mejor, era imagen que se había quedado grabada en mí y me abría a nuevos horizontes a pesar de lo traumático de aquellas despedidas.

Mucho significado y mucha riqueza podemos encontrar en la imagen del agua, signo de vida como puede ser signo también de purificación y de un renacer y de un revivir. Así nos la presenta la Biblia en muchísimas ocasiones, tal como hoy también escuchamos. El profeta nos habla del agua que manaba del templo del Señor y que llegaba al mar de aguas pútridas para purificarlo y llenarlo de vida; cómo a su paso van apareciendo las plantas y la vida, sus orillas se llenan de árboles frutales, como un signo de la vida y de la salvación que manan de las plantas de Dios.

Ha servido de texto de referencia para lo que luego escuchamos en el evangelio. Se nos habla de una piscina que con el movimiento milagroso de sus aguas también llenan de vida y salvación a los enfermos postrados en sus pórticos si a tiempo se pueden introducir en esa agua. Pero allí hay un enfermo que lleva muchos años, treinta y ocho nos apunta el evangelista, sin poderse introducir a tiempo en el agua porque no tenía quien le echara una mano. Nos habla de una discapacidad en su parálisis, pero nos habla en una soledad en la insolidaridad de los que le rodean. No puede llegar al agua de la vida y que podría traerle la salvación. Un pequeño salto desde el pórtico donde estaba postrado que se convertía en una barrera infranqueable que le impedía alcanzar la vida.

Creo que casi debemos detenernos ahí en este momento. Cuántas barreras que encontramos en la vida, que nos pueden encerrar, que nos pueden impedir incluso soñar con ir más allá, que son obstáculo para que nos abramos otros caminos en la vida. la barrera principal no era la discapacidad; la barrera y la discapacidad está en quienes podemos ayudar y no ayudamos, en quienes tendríamos que pensar en los que nos rodean pero solo pensamos en nosotros mismos, en quienes vamos poniendo obstáculos porque pensamos más en unos protocolos, normas o preceptos que en el dolor que puede haber en otros corazones, en quienes tendríamos que tener los brazos abiertos pero solo nos palpamos a nosotros mismos y a nuestros intereses, a quienes tendríamos que ser sensibles ante las limitaciones en que se podrían encontrar muchos de los que nos rodean, pero preferimos mirar a otro lado o hacernos los ciegos en nuestra insensibilidad.

Menos mal que Jesús va delante de nosotros abriendo caminos; no se deja notar porque ni siquiera aquel hombre curado sabrá quien es el que lo ha curado, pero ahí queda su obra, su salvación, su vida que va repartiendo por doquier. No se pone medallas por lo que ha hecho sino solo le pide la fe y la confianza a aquel hombre para que ahora comience a portarse de manera nueva no vaya a caer en las mismas insensibilidades de los que le rodeaban y le tenían sumido en la más terrible soledad.

Y nosotros ¿qué vamos a hacer? ¿Nos sentiremos igualmente encerrados o nos abriremos a los nuevos horizontes que Jesús pone delante de nosotros?

lunes, 15 de marzo de 2021

Confianza o desconfianza, quedarnos estáticos o ponernos en camino, mirar con nuestra mirada o descubrir la hora de Dios, es la apertura a la fe que va a envolver toda nuestra vida

 


Confianza o desconfianza, quedarnos estáticos o ponernos en camino, mirar con nuestra mirada o descubrir la hora de Dios, es la apertura a la fe que va a envolver toda nuestra vida

Isaías 65, 17-21; Sal 29; Juan 4, 43-54

Si no lo veo,  no lo creo. ¿Desconfiados? No siempre nos lo queremos tragar todo. Unos más confiados, pero otros desconfiados de siempre. Es que oímos tantas cosas, que no todo nos lo podemos creer. Y no se trata solamente en el orden de la fe como don sobrenatural, sino que es esa credibilidad que tenemos los unos en los otros; pero tenemos tantos motivos de desconfianza, que en muchas cosas queremos asegurarnos bien. Se trata de nuestras relaciones personales entre unos y otros y la credibilidad que nos damos, o se trata de cosas que nos cuentan, noticias que nos traen, cosas asombrosas que nos dicen que suceden aquí o allá, y andamos como gatos escarmentados de agua fría; todo queremos pasarlo por el tamiz muy particular que tenemos de valorar la credibilidad de quien nos cuenta cosas.

Pero se trata también en el orden religioso, sobrenatural, de nuestra relación con Dios, de lo que escuchamos y se nos dice Palabra de Dios, de lo que pudiera animar o no la fe que nosotros tengamos. También aparecen nuestras dudas y nuestras desconfianzas; también cuando pedimos, aunque decimos que lo hacemos con fe, sin embargo tenemos nuestras convicciones previas o ponemos nuestras condiciones. Algunas veces, yo también me lleno de dudas y temo juzgar de mala manera a los demás, pero me pregunto si todo lo que le decimos como Palabra de Dios la gente se lo cree; si, incluso, los milagros que escuchamos en el evangelio que Jesús realiza nosotros nos lo creemos o también tenemos nuestras reservas y nuestras explicaciones propias.

Hoy nos sorprende el evangelio. Nos hace un relato previo de la venida de Jesús desde Judea atravesando Samaría, y ha llegado a Galilea, en concreto a Caná de Galilea. Este pueblo es mencionado en varias ocasiones, por ahí andan las bodas de Caná con el agua convertida en vino, por ahí anda una viuda que cuando iban a enterrar a su hijo Jesús le sale al paso y se lo devuelve con vida, por ahí anda que es la patria chica de algunos de los apóstoles, Natanael, por ejemplo. Y cuando Jesús está ahora en Caná viene un hombre desde Cafarnaún porque tiene un hijo gravemente enfermo y al escuchar los milagros que Jesús realiza sube al encuentro de Jesús.

‘Si no veis milagros, signos y prodigios, no creéis’, le dice Jesús de entrada cuando aquel hombre se presenta rogándole por la salud de su hijo. El hombre, que era un funcionario real, insiste ‘Baja antes de que mi hijo muera’. Y la respuesta de Jesús es corta y es clara. ‘Tu hijo vive, anda ponte en camino’. Y el hombre creyó. Podía haber pedido pruebas, podría seguir insistiendo, podría haberse presentado con todas las humildades del mundo pero esperando una señal de Jesús. Pero bastaron esas palabras ‘anda, tu hijo vive’ para que aquel hombre se pusiera en camino.

Allí estaba su fe, pero no sabemos si sus dudas interiores persistían. Cuando en su camino de regreso se encuentra a sus criados que le traen la buena nueva de que su hijo está vivo, aun pregunta la hora en que lo abandonó la fiebre. Era la misma hora de la Palabra de Jesús. Y el hombre creyó totalmente, él y su familia.

Es necesario ponerse en camino; la fe no nos paraliza ni nos deja quietos. Aunque la fe sea débil es necesario salir, porque en el camino vamos a encontrar todas las certezas que necesitamos para nuestra fe. No nos podemos quedar estáticos a que vengan a traernos todas las pruebas. Tenemos que confiar en la Palabra, que es la hora de Jesús, que es la hora de Dios que tenemos que saber escuchar. Esa campana que nos hace sonar la hora de Dios algunas veces no terminamos de escucharla, porque estamos esperando otros sonidos, otros signos, otras campanas que suenen a nuestra manera. Y no es a nuestra manera sino a la manera de Dios.

Por eso tenemos que creer en su palabra, porque tenemos que darnos cuenta del momento en que hemos de ponernos en camino. La prueba y la señal no estarán en palpar a nuestra manera, o en ver solo con nuestros ojos que muchas veces siguen turbios. Que el colirio de la fe ilumine nuestros ojos, nos llene de claridad, despierte nuestra fe dormida, nos haga ponernos en camino, nos haga abrirnos a la hora de Dios.

domingo, 14 de marzo de 2021

Dos momentos, vividos espiritualmente en la Pascua de Jesús, la liberación y la fidelidad de Dios, que siguen estando presentes en nuestra historia de salvación

 


Dos momentos, vividos espiritualmente en la Pascua de Jesús, la liberación y la fidelidad de Dios, que siguen estando presentes en nuestra historia de salvación

2Crónicas 36, 14-16. 19-23; Sal 136; Efesios 2, 4-10; Juan 3, 14-21

La historia de las personas y de los pueblos suele estar marcada por experiencias vividas con gran intensidad y que de alguna manera le dan como un sello de identidad, ya sea la persona, ya sea la comunidad. Todos hemos tenido momentos importantes en la vida que nos han marcado, que no podemos olvidar, que nos señalan de alguna manera un antes y un después; y como lo decimos de los individuos lo decimos de la sociedad, lo decimos de nuestros pueblos. Acontecimientos de la historia que han marcado del devenir de nuestros pueblos que no son los mismos antes o depuse de tales acontecimientos.

Durante siglos España estuvo marcada por el acontecimiento del viaje de Colon y el descubrimiento de un nuevo mundo América, de manera ha sido momento de división o de encuentro de diversas etapas de la historia, pasar de la edad media a la edad del renacimiento o edad moderna fue algo que marcó no solo la historia de España sino del mismo mundo.

Igualmente acontecimientos más recientes en el devenir de nuestra historia por su gravedad, por todas las circunstancias que concurrieron a su alrededor han marcado la historia de España en el último siglo. Individualmente todos recordaremos también hitos importantes de nuestra historia personal que han dejado huella en nuestra vida.

En la historia de la salvación, siguiendo la historia del pueblo de Dios, el pueblo de Israel también hubo momentos que determinaron su historia y su vida. Un primer momento fue la liberación de Egipto con el paso del mar Rojo; por eso cada año celebraban la Pascua, el paso del Señor, el paso de liberación y salvación. Pero otro fue el momento en el destierro y cautividad de Babilonia; ese sería el momento de la fidelidad de Dios para con su pueblo; a pesar de las infidelidades del pueblo que les había llevado a desastre y a la pérdida, en cierto modo, de su identidad como pueblo, Dios se mantuvo fiel a la Alianza que había hecho con su pueblo y así obtendrían un día de nuevo la liberación. De ello nos ha hablado la primera lectura de hoy.

Pero son dos momentos, vividos espiritualmente en la Pascua de Jesús, la liberación y la fidelidad de Dios, los que siguen estando presentes en nuestra historia de salvación. Son los que mantienen viva nuestra fe, como respuesta a esa fidelidad de Dios. Es lo que nos hace celebrar nosotros cada año la Pascua de Jesús como signo de esa liberación que nosotros hemos de vivir también, pero como camino de fidelidad en nosotros a imagen de la fidelidad de Dios para con su pueblo.

San Pablo nos ha hablado hoy maravillosamente de ello en la lectura de la carta a los Efesios. Nos habla de la misericordia de Dios que permanece inalterable a pesar de nuestras infidelidades y pecados; una misericordia que nos llena de esperanza porque no nos sentiremos castigados para siempre sino que en la entrega de Jesús sabemos que tenemos el perdón y la gracia, el regalo de la vida de Dios que nos ofrece. 'Por gracia estáis salvados, mediante la fe’, nos dice. ‘Y esto no viene de nosotros, sino que es un don de Dios’. No podemos cansarnos de dar gracias, una y otra vez nos ponemos en camino del encuentro con la misericordia.

Y el evangelio que hoy escuchamos es el culmen de todo ese maravilloso mensaje. Nos encontramos ante una de las páginas más bellas y más profundas de todo el evangelio. Casi no es necesario hacer mucho comentario. ‘Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él’.

Son las palabras de Jesús a Nicodemo, aquel hombre principal entre los judíos que fue de noche a ver a Jesús. En la oscuridad de la noche encontró la luz. Qué hermoso el juego de imágenes que Juan nos ofrece en el evangelio. Son las palabras que a nosotros nos iluminan también y nos llenan de esperanza. No nos sentiremos condenados para siempre porque Jesús no viene a condenar sino a salvar. Cómo se regocija nuestro espíritu, cómo nos sentimos impulsados a vivir en la fidelidad, cómo queremos renovar la alianza una y otra vez en nosotros.

Tenemos que rumiar estas palabras una y otra vez en nuestro corazón en este camino que estamos haciendo de preparación para la celebración de la Pascua. Cómo sentimos el gozo de la fidelidad de Dios que mantiene su alianza a pesar de que tantas veces nosotros la hemos roto con nuestro pecado. Cómo tenemos que intensificar los pasos que vamos dando en este camino cuaresmal para que se realice en nosotros esa renovación pascual.

Recordemos esos hitos de nuestra historia personal en que en diversos momentos de la vida hemos vivido con especial intensidad en nuestra vida la misericordia del Señor. Todos hemos tenido alguna vez noches oscuras, momentos oscuros de nuestra vida, momentos en que nos hemos sentido rotos por dentro pero que un día apareció de nuevo la luz en nuestra vida para recomenzar a vivir de forma distinta. Esas experiencias de Dios que hemos tenido no las podemos olvidar de ninguna manera porque han marcado nuestra vida y porque siguen siendo motores que nos ayuda a vivir en la fidelidad y en el amor.