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sábado, 30 de septiembre de 2023

Nos sigue costando a nosotros también ese camino de ascesis y de superación, de crecimiento y renovación que hemos de ir realizando todos los días en el seguimiento de Jesús

 


Nos sigue costando a nosotros también ese camino de ascesis y de superación, de crecimiento y renovación que hemos de ir realizando todos los días en el seguimiento de Jesús

Zacarías 2, 5-9. 14-15c; Jr 31,10.11-12ab.13;Lucas 9,43b-45

Hay ocasiones en que no entendemos o no queremos entender. Se suele decir que no hay peor sordo que aquel que no quiere oór. Cuando nos dicen cosas que parece que nos cortan las alas, para que no volemos tanto, para que no soñemos tanto, para que pongamos los pies en la realidad, para que aceptemos que no todo en la vida son risas y fiestas, que también vendrán momentos duros, que cuando vamos con momentos muy entusiastas no siempre las cosas terminan como nosotros queremos, porque vendrán contratiempos, vendrán cosas que se nos ponen en contra, porque somos débiles y en cualquier paso podemos tener un resbalón. No es que vayamos de pesimistas por la vida pensando que siempre nos van a venir cosas malas, pero tenemos que aceptar la realidad, y si hay alguien que nos advierte, al menos tenemos que ponernos a pensar para que las aguas no se nos salgan de nuestras madres.

Hoy parece contradictorio el evangelio, porque comienza diciéndonos que la gente entusiasmada por Jesús venían de todas partes para escucharle, y a continuación Jesús comienza a anunciarles todo lo que le puede pasar cuando suban a Jerusalén. 'Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres', les dice Jesús.

Y claro, los discípulos no entendían; si la gente andaba entusiasmada por Jesús y venían de todas partes. Ellos escuchaban las alabanzas de la gente que decía que Dios había visitado a su pueblo, que un gran profeta había surgido en medio de ellos. ¿Cómo es que habla Jesús de que el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres? No puede ser. Mejor no escuchar, mejor no entender para no complicarse. No se atrevían a preguntarle a Jesús que les explicara aquellas palabras.

Tenían que pararse a pensar. 'Meteos esto en la cabeza', que les decía Jesús. Tenían que recapitular todas aquellas cosas que les había enseñado, aquello que tantas veces a ellos de manera especial se los había explicado. Y Jesus les hablaba del servicio, de hacer el último para poder ser grande. Y Jesús les hablaba de que para seguirle había que darle una vuelta grande a la vida, y eso significaba cambiar muchas formas de pensar, eso significaba nuevas actitudes y posturas. Y Jesús les hablaba del grano de trigo que se entierra y muere para que pueda germinar para dar fruto. Y Jesus les hablaba de que había que hacer podas como todo buen viñador, porque muchas cosas habían de transformarse en su vida, para poder ser en verdad sus discípulos.

Pero ya sabemos que ellos seguían erre con erre con sus ambiciones y sus sueños; ellos seguían discutiendo entre ellos quien había de ser el primero y el principal; ellos ahora no podían entender aquello que les decía Jesús que el Hijo del Hombre iba a ser entregado en manos de los hombres. Es que entenderlo era darle sentido a todo aquello que Jesús les había enseñado, pero eran muchos los apegos que seguían en su corazón.

Nos sigue costando a nosotros también. Nos sigue costando ese camino de ascesis y de superación, ese camino de crecimiento que hemos de ir realizando todos los días de nuestra vida. Lo que nos cuesta esfuerzo parece que lo rehusamos, queremos que todo sea fácil, que todos quizás estuvieran de acuerdo con nosotros para no tener que enfrentarnos a momentos difíciles. El camino de la cruz no es fácil, y es el camino que hemos de estar dispuestos a asumir, porque es el camino del amor y de la entrega. Y no hay otro camino porque es como seguimos al Maestro, y tenemos que recordar que el discípulo nunca será más que el maestro.

Hay momentos de calvario que se nos presentan en la vida y puede ser que se nos vuelven amargos en nuestro corazón. Pero sabemos una cosa, en ese camino no andamos solos, en ese camino Jesús está con nosotros, porque Él es nuestro cirineo, en ese camino no nos faltará la fuerza del Espíritu, que ya nos dijo que no temieramos que nos llevaran a los tribunales y a la cárcel porque el Espíritu hablará por nosotros. Tenemos que poner más fe en las palabras de Jesús. Tenemos que fortalecer nuestro Espíritu y no perderemos la paz del corazón.


viernes, 29 de septiembre de 2023

Con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor


 

Con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unimos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor

Daniel 7,9-10.13-14; Sal 137; Juan 1,47-51

'Delante de los ángeles tañeré para tí, Señor', decimos con la liturgia de este día en que celebramos la fiesta de los Arcángeles de Dios. Nos unimos a los coros de los ángeles, decimos en otro momento de la liturgia y de ellos tomamos prestadas sus palabras para también entonar ese cántico de gloria del Señor.

No sé, pero aunque nos manifestamos con corazón agradecido a Dios cuando sentimos su presencia en nuestra vida, en medio de nuestras luchas y problemas, creo que no siempre sabemos cantar como es debido a la alabanza del Señor. 'Tuyo es el Reino, tuyo el Poder y la Gloria', diremos también en otro momento de la liturgia. Es algo que tendríamos que hacer más. Es gozarnos de la gloria del Señor, es reconocer su grandeza y las maravillas que hace con nosotros, es disfrutar de su presencia en la que nos gozamos con su presencia y de nuestra boca y de nuestro corazón tendrían que salir cada vez con más fuerza esos piropos de alabanza.

¿No es lo que hacen los enamorados que se vuelven poetas rebuscando las mejores y más bonitas palabras para describir de la mejor manera posible lo que han descubierto en su amado o su amada y regalarle con un cántico bien hermoso todo lo que quisieran expresar desde ese amor que sienten en el corazón?

¿No es lo que hacemos en nuestras relaciones humanas cuando descubrimos las cosas hermosas que una persona ha realizado por su comunidad o su pueblo y le dedicamos fiestas en su honor y buscamos los mejores poetas que ensalcen esas figuras que van ya a ser muy importantes para el pueblo?

Que no se enfríen nuestros sentimientos, que no decaiga nuestro amor, que vivamos con intensidad esos momentos en que se desborda nuestro corazón para cantar a Dios, cuando reconocemos sus maravillas, cuando nos sentimos inundados de su amor, cuando somos conscientes de cómo el Señor nos ayuda y nos libera, nos hace seguir caminando adelante con paso firme, porque Él está siempre con nosotros, que sepamos, pues, encontrar el modo en que también sepamos proclamar esas alabanzas para nuestro Dios.

Celebrar esta fiesta de los Santos Arcángeles, san Miguel, san Gabriel y san Rafael, tendría que despertarnos a esa alabanza y a esa acción de gracias que continuamente cantemos a nuestro Dios. Cuando contemplamos hoy a estos arcángeles estamos viendo la intervención divina en nuestra propia historia de la salvación. No solo recordamos a Rafael porque acompañara al joven Tobías en su camino de peregrinación y fuera signo de la medicina de Dios al curar al anciano Tobías; no solo estamos recordando a Gabriel como el mensajero de Dios que llegó a casa de María, como antes lo hiciera en el templo con el sacerdote Zacarías, para transmitirles los designios de Dios; no solo contemplamos a Miguel como algo así como el capitán de los ejércitos celestiales para significar la victoria del bien sobre el mal y el pecado.

Estamos contemplando esa acción de Dios en nosotros, que pone a sus ángeles como compañeros de nuestro camino - en unos días celebraremos a los santos Angeles Custodios -, vienen a ser la voz de Dios en nuestro corazón para inspirarnos el camino del bien o hacernos descubrir los planes de Dios para nuestra vida, sino que también descubrimos esa presencia sobrenatural junto a nosotros para librarnos del mal, para que no caigamos en la tentación, para que tengamos esa luz de lo alto que nos haga descubrir el camino del bien que hemos de recorrer.

Pondrá el Señor a sus ángeles para que nuestro pie no tropiece en el camino, para presentar nuestras súplicas y oraciones ante el trono celestial, para ayudarnos a escuchar y discernir la Palabra de Dios que llega a nuestro corazón. No nos hagamos sordos ni nos resistamos a la gracia de la presencia de los ángeles de Dios a nuestro lado. 'Veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre', le decía Jesús al sorprendido Natanael cuando descubrió que Dios conocía sus secretos más íntimos. Sepamos sentir como los ángeles de Dios que nos acompañan en nuestro camino están también contemplando el rostro de Dios y cantando eternamente la alabanza del Señor. Que con los ángeles y con los arcángeles nosotros nos unamos a los coros celestiales para entonar el himno de la gloria del Señor.


jueves, 28 de septiembre de 2023

Hemos de aprender a despertar los sentidos del alma para poder sintonizar con el mensaje del evangelio y no quedarnos en una curiosidad superficial

  


Hemos de aprender a despertar los sentidos del alma para poder sintonizar con el mensaje del evangelio y no quedarnos en una curiosidad superficial

Ageo 1, 1-8; Sal 149; Lucas 9, 7-9

Hay curiosidades y hay curiosidades; no siempre es igual. Podemos tener curiosidad por conocer un lugar, lo visitamos, contemplamos sus paisajes y disfrutamos de su belleza, admiramos sus monumentos y quizás eso nos haga recordar algo de su historia, pero vamos de paso, no nos detenemos a conocer a las personas, saber de sus luchas y de sus alegría, saber de sus ambiciones y sus frustraciones, somos un ave de paso que no hacemos nido, que no nos tenemos a encuentros que vayan más allá de la admiración por lo que vemos externamente; nuestra curiosidad se queda pobre, es superficial, fácilmente pronto olvidaremos hasta el nombre de los lugares que hemos visitado, no nos llevamos recuerdos personales, porque no entramos en encuentro personal con nadie.

¿Iremos así por la vida? Solo queremos disfrutar del momento sin mayor compromiso, pasamos de largo y poco nos interesa del por qué de los que viven a nuestro lado, somos aves migratorias que solo beben el agua que les calma momentáneamente su sed pero no somos capaces de nutrirnos de lo que los demás nos puedan ofrecer. Y nos pasa en nuestras relaciones con los demás, y nos pasa allá en lo más hondo de nosotros mismos que no sabemos ni encontrar los mejores valores que podamos tener en nosotros mismos.

Hoy nos dice el evangelio que Herodes había oído hablar de Jesús y no sabía a qué atenerse. '¿Quién es este de quien oigo semejantes cosas?', se preguntaba. En lo que había sido la locura de su vida un día había mostrado interés por el Bautista, pero por no enfrentarse consigo mismo, por dejarse arrastrar por sus pasiones, al final no lo soportaba, le resultaba incómodo, y al final terminó mandando matar. Algún rastro quedaba dentro de él, que ahora le hacía preguntarse por quién era Jesús, porque incluso le había dicho que era Juan Bautista que había resucitado. Tenía ganas de conocer a Jesús, sentía curiosidad, pero era todo tan superficial, que cuando un día tuvo a Jesús en su presencia quiso presentarlo como un espectáculo para su corte. Así era la superficialidad de la curiosidad de Herodes.

Tendríamos que preguntarnos por nuestras curiosidades, quizás. Afloran en nosotros en algunos momentos sentimientos religiosos y vamos expresando a nuestra manera esos deseos de religiosidad. Pero igual tenemos momentos de fervor, porque quizá visitamos un santuario religioso, o quizás porque nos sentimos revueltos por dentro y no sabemos donde podemos encontrar paz o encontrar respuestas para todo ese mundo interior, nos vemos con problemas y entonces sí acudimos a Dios con mucho fervor, pero tan pronto esos problemas pasan, la vida vuelve a lo que podríamos llamar la normalidad, nos olvidamos de todo y volvemos al 'como era en el principio' que se convertirá en la rutina que parece que nos seguirá guiando para siempre.

¿Dónde buscamos la profundidad de la vida? ¿Qué hacemos para realmente centrarnos y superar tantas superficialidades que terminarán haciéndonos caer por la pendiente de la indiferencia? ¿Queremos en verdad conocer a Jesus, interesarnos por su evangelio, ir transformando nuestra vida para dejarnos impregnar por su Espíritu para hacer de nosotros unos hombres nuevos?

Nuestro interés por las cosas de Jesús y su evangelio tienen que ser algo más que una curiosidad momentánea, como algo que toca solamente en determinados momentos. Reconozcamos que muchas veces somos aves de paso por encima de las páginas del evangelio. Nos quedamos en puro folclorismo muchas veces o en el mantenimiento de unas tradiciones que o serán una rutina más de nuestras vida, o pronto se convertirán en algo sin sentido que hacemos por puro costumbrismo, algo que puede animar si motivar no nuestras fiestas o nuestros momentos de alegría y que terminarán cayendo en el vacío y en el olvido. Hemos de aprender a despertar los sentidos del alma para poder sintonizar con el mensaje del evangelio.

Dejémonos impresionar por el mensaje de Jesus y su evangelio para que de verdad marque nuestras vida y haga que podamos dejar una hermosa huella para los que vienen detrás de nosotros.


miércoles, 27 de septiembre de 2023

Cuando anunciemos el evangelio del Reino nos nos preocupemos de hacer cosas brillantes sino ayudar a ese encuentro de la persona en tú a tú con Jesús

 


Cuando anunciemos el evangelio del Reino no nos preocupemos de hacer cosas brillantes sino ayudar a ese encuentro de la persona en tú a tú con Jesús

Esdras 9, 5-9; Tb 13, 1b-2. 3-4a. 4bcd. 5. 1; Lucas 9,1-6

Nos suele pasar cuando vamos a viajar y sobre todo cuando somos principiantes; pensamos que vamos a necesitar tantas cosas que llenamos las alforjas de multitud de cosas que luego casi nos van a ser un estorbo, voy a necesitar esto, me va a hacer falta aquello otro y comenzamos a meter y meter cosas en la maleta que solo nos van a cargar pesos innecesarios.

Esto que estamos diciendo nos puede servir de imagen para muchas cosas que tenemos que hacer en la vida. Hacemos múltiples previsiones, nos trazamos no se cuantos planes, parece que tenemos los objetivos muy claros, y pensamos cómo tenemos que hacerlo, los pasos que tenemos que dar. Está bien eso de las planificaciones en la vida, proyectos, objetivos, medios, etc... que tenemos que tener en cuenta. Pero cuidado que con tantas planificaciones nos olvidemos de lo importante del mensaje que tenemos que transmitir, pero nos olvidemos, lo que es peor, de la humanidad con que hemos de ir a los demás y hasta nos olvidemos que con personas con las que tratamos que también tiene su dignidad y merecen todo nuestro respeto.

Me hago esta consideración a partir de lo que nos dice hoy el evangelio, del envío de los discípulos que hace Jesús para que vayan a anunciar el Reino de Dios. ¿Qué es lo que tienen que realizar? ¿Cómo ha de ser ese anuncio del Reino de Dios?

Nos da unas pistas o pautas muy claras del evangelio que hemos escuchado. Van a ir al encuentro de unas personas a las que han de manifestar lo que son las señales del Reino de Dios. Serán los signos del amor los que han de resplandecer en sus vida; por eso les habla de poder y autoridad sobre los espíritus inmundos y que puedan curar a los enfermos. Es el derroche del amor la mejor señal, el mejor signo de lo que en verdad es el Reino de Dios que llega.

No es importante las cosas que puedan llevar podríamos decir que como apoyo a la labor que han de realizar, sino que lo importante ha de ser el encuentro con esas personas. No tienen que pensar en unas alforjas pesadas recargadas de cosas, unas sandalias para el camino, y ni han de preocuparse de llevar bastón ni dinero en la faja, ni túnicas de repuesto. Allí donde les reciben, allí se hospedarán, porque lo importante es ese encuentro con las personas.

Y nosotros que nos preocupamos de tantas cosas con nuestras planificaciones y con los medios de los que nos dotamos. Podemos olvidar lo más importante y entonces no estaremos dando las señales del Reino de Dios en nuestro mundo. Queremos parecernos a los poderosos de este mundo dando también así tantas veces una imagen de poder y nos olvidamos que la Buena Nueva ha de ser anunciada a los pobres.

¿Será por algo así por lo que no se hace creíble en el mundo de hoy el mensaje de la Iglesia, el mensaje del evangelio? De muchas cosas tenemos que despojarnos para vivir esa pobreza evangélica y para hacer con esos medios pobres el anuncio del Evangelio. Demasiado nos hemos ido acomodando para presentarnos con la grandeza de los poderes de este mundo. Solo necesitamos llenarnos del amor, impregnarse del amor de Dios, empaparnos de la vida de Jesús para que en verdad podamos ser sus signos.

Confieso que cuando veo esas manifestaciones religiosas que nos hemos creado me pregunto si esas imágenes de Jesús que presentamos tan recargadas de ricos mantos y de múltiples joyas tienen mucho que ver con el Jesús del Evangelio. Nuestras gentes se nos quedan en esos momentos de fervor de un día de fiesta, pero no se están encontrando con el Jesús del Evangelio, aquel que caminaba por los caminos de Palestina y enviaba a sus discípulos sólo con los signos del amor para que así anunciaran el Reino de Dios.

¿Sentiremos de verdad la preocupación y el deseo de llegar al encuentro con esas personas para mostrarles los verdaderos signos del Reino de Dios? A lo mejor nos preocupamos de hacer cosas muy brillantes y bonitas pero no estamos logrando ese encuentro de tú a tú de las personas con Jesús.

Muchas preguntas se agolpan en mi interior sobre lo que he hecho y lo que estoy haciendo hoy para anunciar la Buena Nueva que Jesús viene a traernos.


lunes, 25 de septiembre de 2023

Cuidemos que nunca seamos obstáculo para los demás para que puedan acercarse a su Palabra y seamos todos en verdad esa familia de Jesús porque la plantemos en el corazón

 


Cuidemos que nunca seamos obstáculo para los demás para que puedan acercarse a su Palabra y seamos todos en verdad esa familia de Jesús porque la plantemos en el corazón

Esdras 6, 7-8.12b.14-20; Sal 121; Lucas 8, 19-21

Es lo que suele suceder cuando hay aglomeraciones de personas porque todos quieren ver, porque todos quieren estar en primera fila para poder escuchar mejor, y vienen los empujones, y el no dejar pasar, y los que llegan más tarde que quieren abrirse paso pero no pueden, y se crea una cierta intranquilidad, y no basta ya solo la buena voluntad, sino que de alguna manera porque afloran nuestros egoísmos y nuestros orgullos no queremos dejar pasar a nadie, y de alguna manera esa aglomeración se convierte en un estorbo para los que en verdad quieren llegar.

Pasaba así en torno a Jesús, la gente se apretujaba junto a Él porque todos querían escucharle directamente, porque querían tocarle, porque ansiaban estar junto a Jesús; pero otros no podían llegar. Les pasó a aquellos hombres que traían en una camilla a un paralítico para que Jesús lo curara, pero las puertas de la casa estaban atascadas y no podían entrar; ellos querían llegar hasta Jesús porque lo que deseaban era la salud de aquel inválido; tuvieron el ingenio de subirse al terrado para descorrer algunas tejas y por allí bajar al enfermo hasta Jesús. Jesús se admiró de la fe de aquellos hombres manifestada en esa solidaridad para hacer llegar al paralítico hasta los pies de Jesús.

Era lo que estaba sucediendo ahora. Habían venido su madre y sus hermanos, en esa expresión tan semítica para referirse a los familiares de Jesús. No podían entrar porque era mucha la aglomeración en torno a Jesús y le mandan recado. 'Tu madre y tus hermanos están fuera'. Jesús quiere resaltar algo importante. No es un desprecio a la madre y a los hermanos, como de entrada pudiera parecer si no llegamos a entender bien las palabras de Jesús. ¿Quiénes eran su madre y sus hermanos? Todos los que querían escuchar la Palabra de Dios y plantarla en su corazón.

Ya nos está diciendo, como aparecerá en otro lugar del evangelio, que María es la primera que ha plantado la Palabra en su corazón. Se había proclamado a sí misma la esclava del Señor dispuesta a que se realizara en ella cuanto la Palabra decía, y la Palabra se hizo carne en sus entrañas y ella se convirtió en la madre de Dios. Son los que escuchan y los que plantan la palabra de Dios en su corazón los que son la verdadera familia de Jesús. Y es el primer mensaje que estamos recibiendo para nuestra vida.

Pero también esta Palabra que ahora estamos escuchando, ahora estamos tratando de meditar y reflexionar me interroga en muchas más cosas. Quiero admitir y dejar por sentado nuestra buena voluntad y nuestros deseos de escuchar la Palabra de Dios para plantarla en nuestro corazón. Pero quiero fijarme en lo que está sucediendo en aquel momento con este pasaje que estamos reflexionando. En torno a Jesús había muchos que querían escucharle, por eso habían venido incluso de lejos y ahora se aglomeraban en torno a la puerta porque querían estar con Jesús.

Admitimos, es cierto, la buena voluntad, como nosotros queremos tenerla también y también somos muchos, vamos a pensarlo así, los que rodeamos a Jesús, los que nos acercamos a nuestras comunidades porque queremos escuchar la Palabra de Dios. Con buenos deseos y con buena voluntad rodeamos a Jesús. Me temo una cosa y es lo que ahora me hace pensar. ¿Seremos los que nos parece que estamos más cerca de Jesús, de la Iglesia, de alguna manera obstáculo para que otros se acerquen a Jesús?

No es una pregunta trivial, es algo serio lo que nos tenemos que plantear. ¿Seremos obstáculo para que otros se acerquen, formamos barrera en torno a Jesús y de alguna manera impedimos que los demás sientan el gusto de venir también y poder acercarse a Jesús? Es donde tenemos que analizar nuestras actitudes y posturas, las vanidades y apariencias con que a veces vamos por la vida o vamos por nuestra propia iglesia incluso en aquellas cosas buenas que queremos hacer, ese orgullo de aquellas cosas que hago pero por eso mismo se pueden convertir en obstáculo para que otros tengan también deseos de creer, ese testimonio débil que ofrecemos porque algunas veces ofrecemos una apariencia negativa que no atrae sino que puede convertirse en repulsa para los demás...

Creo que da para pensar mucho, analizar nuestras posturas y las apariencias que damos, la imagen que ofrecemos, que pueden transformarse en rechazo para los demás, como algunas veces también estamos ofreciendo nuestro rechazo a los que nos parece que están más lejos que nosotros y así andamos también con nuestros prejuicios y descalificaciones.

¿Con la humildad con que nos acercamos seremos en verdad esa madre, ese hermano de Jesús que escucha y planta la Palabra de Dios en nuestro corazón?


El mundo está necesitando de nuestra luz, que no es nuestra, sino la luz de Cristo de la que nosotros hemos de ser portadores



 El mundo está necesitando de nuestra luz, que no es nuestra, sino la luz de Cristo de la que nosotros hemos de ser portadores

Esdras 1,1-6; Sal 125; Lucas 8,16-18

Es lógico. Si tenemos una luz en la casa hemos de situarla en el lugar más apropiado para que los que entren en la casa no vayan tropezando con todo en la oscuridad y puedan ver. La luz no es un adorno, es una necesidad para poder ver en la oscuridad. Luego las pondremos también como adornos, o buscando que nos den luz indirecta por los efectos que pretendamos conseguir, pueden ser luces que vengan como a acompañar aquella luz principal para hacer llegar su resplandor a lugares donde sea más difícil hacer llegar la luz. Pero lo importante es que podamos ver, que tenga la luminosidad necesaria y el lugar adecuado.

Parece algo muy elemental. Pero es una imagen que nos quiere decir muchas cosas. Las oscuridades que tenemos que iluminar no son solo cuartos ensombrecidos de la casa, o caminos oscuros por los que tenemos que transitar. Cuando Jesus nos está proponiendo esta imagen de la luz querrá hablarnos de un sentido de la vida, de otros horizontes luminosos que pueden abrirse ante nosotros para que lancemos la mirada más allá de lo que tenemos ahí ante nuestras narices.

Ya el evangelista al comenzar a hablarnos del comienzo de la actividad de Jesus en Galilea anunciando el la Buena Noticia del Reino de Dios que llegaba, nos recordaba las palabras del profeta que hablaban de aquella luz que comenzó a brillar en Galilea, país de Zabulón y de Neftalí. La presencia de Jesus anunciando la llegada del Reino de Dios fue ese rayo de luz que llenaba de esperanza los corazones porque algo nuevo se les estaba anunciando. Con los signos que iba realizando, como señales de ese Reino de Dios que llegaba los corazones se iluminaban y estaban sintiendo que Dios había venido a visitar a su pueblo. Por eso terminará Jesús proclamando que Él es la luz del mundo que ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. Y esa luz no se puede ocultar, esa luz tiene que iluminar a todos para que vean y para que crean, para que alcancen la salvación.

Por eso ya desde el principio, allá en el sermón del monte, les dirá a los que creen en Él y quieren seguirle que tienen que ser también luz para los demás. La luz se ha de propagar, la luz ha de llegar a todos. Vean vuestras buenas obras, les dice, para que todos puedan dar gloria al Padre del cielo. Con nuestras obras, con nuestra vida, con nuestro testimonio tenemos que ser propagadores de esa luz para que llegue a todos.

Por eso será un signo que se repite con frecuencia en la liturgia de la Iglesia. En el centro tenemos la luz del Cirio Pascual encendida en el centro de la Iglesia con la resurrección del Señor, del que todos tomamos la luz y nos la pasamos los unos a los otros. Muy significativo. Y esa luz pascual iremos tomando nuestra luz, comenzando en nuestro bautismo que ya se nos dió ese cirio encendido para recordarnos que somos luz y que con esa luz hemos de ir siempre al encuentro del Señor. Y al final de nuestra vida en nuestras exequias volverá a aparecer encendida la luz del Cirio Pascual, para significar como nos ha acompañado a lo largo del camino de nuestra vida y en ese encuentro pleno y definitivo con el Señor tras la muerte vamos a presentarnos ante el tribunal de Dios con esa lámpara encendida de nuestra vida.

Pero nos recuerdan también las parábolas del evangelio que algunas veces nos puede faltar el aceite para mantener encendida esa luz. Es la triste realidad de nuestra vida; nuestra tibieza espiritual hace que se tintinee esa luz y se nos pueda apagar. Son tantos momentos de debilidad que podemos tener en la vida y dejamos apagar esa luz. ¿Cómo tenemos que cuidarla? ¿Qué estamos haciendo realmente para que se mantenga siempre encendida? ¿Cómo la estamos alimentando?

El mundo está necesitando de nuestra luz, que no es nuestra, sino la luz de Cristo de la que nosotros hemos de ser portadores. No siempre estamos mostrando ese camino de luz. Nos quejamos tantas veces de las oscuridades del mundo que nos rodea, pero no somos capaces de darnos cuenta de nuestra culpa. No les hemos iluminado debidamente, no hemos sido portadores de esa luz con nuestro testimonio, con nuestras palabras, con nuestra vida. Necesitamos reavivar en nosotros esa luz de Cristo para que se manifieste clara y diáfana frente al mundo que nos rodea.


domingo, 24 de septiembre de 2023

El Señor será más generoso siempre en su amor para con nosotros que todas las medidas que nosotros nos podamos inventar

 


El Señor será más generoso siempre en su amor para con nosotros que todas las medidas que nosotros nos podamos inventar

Isaías 55, 6-9; Sal 144; Filipenses 1, 20c-24. 27a; Mateo 20, 1-16

Vivimos en un mundo de productividad y eficacia; si estamos haciendo un trabajo, queremos ver resultados; si estamos desarrollando un negocio, queremos beneficios; si tenemos a alguien trabajando para nosotros, lo que queremos es que sea eficaz y produzca rendimientos; si emprendemos un proyecto, lo que queremos es que sea eficaz para ver sus resultados. Cuanto más sea la productividad mejores serán los beneficios y mejor pagados estarán los que trabajan. Son nuestras lógicas y razonamientos humanos y queremos hacerlo por un camino recto; son las leyes del mercado y de la economía que se nos impone en nuestras relaciones; son las metas por las que nos esforzamos, nos preparamos, y luego trabajamos buscando los mejores rendimientos.

Mucho no podremos decir en contra de todo esto; son también caminos de justicia en nuestro trato y relaciones y es la manera de que nuestro mundo avance. Pero ¿solo es ese el camino para que nuestro mundo avance? ¿Dónde está la humanidad, incluso cuando hablamos de justicia social, para que sea el hombre y la persona la que esté por encima de todas estas carreras de productividad, de eficacia, de economía? ¿Las personas van a valer sólo por su eficacia y su productividad? ¿No tendríamos que buscar por otro lado lo que es verdaderamente la dignidad de toda persona buscando quizás otros valores? Son cosas que tendríamos también que pensar. 

Hoy nos sorprende Jesús con la parábola que nos propone. Un hombre que busca jornaleros para su viña ya desde el comienzo del día, y a los que contrata los envía a su viña a trabajar por denario por su jornada. No vamos a buscar razones de eficacia o no de los que están trabajando o de que fuera mayor el trabajo de lo que se pensaba, pero aquel hombre vuelve a salir a la plaza a buscar jornaleros a distintas horas del día enviando obreros a trabajar. Cuando ya casi acaba el día, en la última hora, vuelve a salir y se encontrará gente que nadie ha contratado durante el día y también los envía a su viña. Hasta ahora nada tenemos que reprochar a ese viñador.

Es al terminar la jornada cuando comienza a sorprendernos, le dice al encargado que pague a los jornaleros el denario prometido, comenzando por los últimos que ha contratado. Cuando llegan los primeros reciben igualmente un denario, lo que provocará reclamaciones, porque se consideran mal pagados cuando les han dado a ellos que han trabajado todo el día con el bochorno del calor lo mismo que a los que llegaron a última hora.

Y aquí tenemos la clave en la respuesta que da aquel amo de la viña: 'Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?'

Aunque estamos viendo la respuesta de este buen hombre, quizás nosotros nos quedamos también con un cierto resabio en el corazón. ¿Qué nos está queriendo decir el Señor con la parábola? No es una lección de justicia social, es cierto, porque eso no es lo que pretende decirnos jesús. Está hablándonos de lo que es la bondad y la generosidad de Dios para con nosotros. Nos ha llamado también a su viña, a la vida, a esa misión y a esa función que tenemos que realizar con nuestra vida en nuestro mundo. Busca el Señor nuestra respuesta en la hora que nos llame, y bien sabemos que esas llamadas del Señor nos van llegando en distintos momentos de nuestra existencia.

Hay una cosa hermosa que nos ha dicho hoy el profeta de parte de Dios, 'porque mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos —oráculo del Señor—. Cuanto dista el cielo de la tierra, así distan mis caminos de los vuestros, y mis planes de vuestros planes'.  Así es de grande y hermosa la generosidad del Señor para con nosotros.

Es nuestra vocación que no siempre descubrimos a primera hora, porque quizás nos hayamos podido pasar nuestra vida distraídos con tantas cosas diversas, pero fue en un momento determinado cuando escuchamos esa llamada y esa invitación del Señor. ¿Cuál es nuestro premio o nuestra ganancia? Poder vivir la vida y la gracia del Señor, en la hora que nos haya llamado. Lo importante es esa actitud de servir, de disponibilidad de nuestra vida que siempre tiene que haber en nosotros. 

No es cuestión de ir haciendo méritos, de ir apuntando los servicios que vamos prestando para al final recibir nuestra paga casi como si fuera una exigencia que le ponemos al Señor. Cuidado que también en nosotros los que andamos en la Iglesia con nuestros trabajos y nuestros compromisos, algunas veces también andamos haciéndonos nuestras cuentas de lo que hacemos. 'Mis planes no son vuestros planes', nos dice el Señor.  Sus medidas no son nuestras medidas. Si el Señor será más generoso siempre en su amor para con nosotros que todas las medidas que nosotros nos podamos inventar. 

Esto nos podría llevar a hacer más consideraciones sobre la actitud con que nosotros hemos de prestar los servicios en medio de la comunidad, en esa sociedad en la que vivimos, desde esas funciones sociales que podamos realizar o a las que nos comprometemos. ¿Nuestro afán es el servicio o buscamos una carrera de ascensos y de ganancias? 

Y podríamos llegar todavía a muchas más cosas y muy concretas en relación a las personas que se van incorporando a nuestro mundo, porque han tenido que venirse de sus países por la situación que allí vivían y ahora vienen buscando una vida mejor, pero a los que pareciera que siempre queremos poner en la cola, porque son los últimos que han llegado, porque seguimos manteniendo nuestras discriminaciones y desconfianzas, porque no los consideramos dignos de méritos como nosotros que sí somos de aquí de toda la vida. ¿Nos dirá algo el evangelio sobre esas actitudes larvadas que algunas veces mantenemos en nuestro interior?  

Algunas veces el evangelio nos desconcierta porque nos abre a otras perspectivas tan distintas de lo que son nuestras manera de pensar y nos cuesta aceptarlo. El evangelio es una buena noticia que nos interroga por dentro para que en verdad busquemos los caminos de Jesus.