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viernes, 23 de octubre de 2026

Seamos capaces de discernir las señales aunque parezcan humildes y pequeñas que nos hacen sentirnos optimistas y llenos de esperanza para crear un mundo nuevo y mejor

 


Seamos capaces de discernir las señales aunque parezcan humildes y pequeñas que nos hacen sentirnos optimistas y llenos de esperanza para crear un mundo nuevo y mejor

Efesios 4, 1-6; Salmo 23;  Lucas 12, 54-59

Ahora todos entendemos del tiempo, es tema fácil de nuestras conversaciones y sobre todo los más veteranos del lugar siempre están pendientes del horizontes y de las señales del cielo, de las nubes, sus formas y su situación – es curioso como en nuestra tierra nos fijamos mucho en las formas que adquieren las nubes cuando están sobre el Teide -, de los vientos según vengan en un sentido o en otro, para decir el tiempo atmosférico que se avecina, si tendremos lluvias o tendremos calor; es cierto que hoy ya estamos más pendientes de las cartas de isobaras que vemos en las imágenes de la televisión que nos hablan de los pronósticos del tiempo.

Miramos las señales de nuestros tiempos atmosféricos pero quizás nos cuesta más hacer una lectura de la historia y de la vida, de los acontecimientos que se suceden en nuestro mundo y no llegamos a entender, o al menos en ocasiones hacemos oídos sordos, las señales que se nos dan de lo que es la sociedad en la que vivimos y los derroteros que quizás tendríamos que enmendar.

¿No será eso lo que Jesús nos quiere decir con las palabras que le escuchamos hoy en el evangelio? Después de decirnos que sabemos hablar mucho del tiempo, nos afirma, ‘sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?’ Es lo que solemos llamar los signos de los tiempos. Tenemos que aprender a leer nuestra historia, que no es necesario que hagamos un viaje muy largo a tiempos pasados, sino saber descubrir en esos acontecimientos cercanos a nuestro tiempo presente como también los acontecimientos que vamos viviendo en nuestra propia vida para hacer un discernimiento de cuanto acontece.

Pero cuidado con la luz que ponemos en nuestros ojos porque también podríamos tener la tentación de ser catastrofistas para verlo todo negro y no descubrir tras esa pantalla de tantas cosas que nos parece que lo llenan todo de oscuridad luces tintineantes, muchas veces como rescoldos, que nos dicen que aun queda una llama que podemos reavivar, que tenemos que saber discernir para no apagar esa pabilo humeante del que podemos hacer brotar una llama que llene de renovado calor la vida para hacerla de nuevo resplandecer.

Hay todavía en nuestro mundo pequeñas semillas que un día germinarán y nos podrán ofrecer bellas flores prometedoras de exuberantes frutos. Seamos capaces de fijarnos y valorar esas pequeñas luces que podemos encontrar a nuestro alrededor porque si sabemos unirlas y hacerlas entrar en comunión podremos hacer que brillen resplandecientes estrellas que como soles iluminen nuestro camino.

San Pablo hoy en la carta a los Efesios que estamos escuchando estos días cuando nos pide que vivamos conforme a la vocación a la que hemos sido convocados y nos señala esas cosas que nos pueden parecer pequeñas y humildes pero que pueden tener, que van a tener mucha importancia en nuestra vida. ‘Sed siempre humildes y amables, nos dice, sed comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz’. Todo un hermoso programa, todo un catálogo de virtudes y valores que hemos de desarrollar, humildad, amabilidad, comprensión y aceptación mutua, amor y comunión que serán constructores de la verdadera paz.

Fijémonos, pues, en esa gente humilde y sencilla que camina a nuestro lado, que no hace ruido pero que deja una hermosa huella tras de sí; sintamos admiración por quienes tienen un corazón siempre comprensivo y lleno de misericordia; apoyemos a tantos que sin gritos sin embargo están siempre buscando el encuentro entre unos y otros, que son capaces de promover momentos de encuentro y cercanía entre todos siendo lazos de unión y promotores de todo aquello bueno que nos hace sentirnos que vamos en el mismo barco y todos tenemos que remar en la misma dirección.

Son las señales de algo nuevo que puede surgir en nuestro mundo, son señales de que el Reino de Dios no está agostado, son señales de esa pequeña semilla que hemos de sembrar pero que un día germinará en una vida nueva para nuestro mundo. Con ojos de fe tenemos que saber mirar nuestro mundo y cuando sucede a nuestro alrededor, Dios nos está dejando señales de que en verdad podemos hacer un mundo nuevo y mejor.


miércoles, 7 de octubre de 2026

Dejémonos enseñar por María que cuando le rezamos el Rosario nos está haciendo contemplar todo el proyecto del amor de Dios iluminando nuestra vida

 


Dejémonos enseñar por María que cuando le rezamos el Rosario nos está haciendo contemplar todo el proyecto del amor de Dios iluminando nuestra vida

Zacarías 2, 14-17; Salmo: Lc. 1, 46-55;Lucas 1, 26-38

Los caminos de la vida a veces se nos hacen oscuros y necesitamos una luz que nos haga encontrar nuestros rumbos o una mano que nos guíe en medio de sus turbulencias para sentirnos fuertes y poder realizarlo también con seguridad; torpes e incomprensiblemente insensatos a causa muchas veces de nuestras autosuficiencias y orgullos seríamos si negáramos esa ayuda que se nos pudiera ofrecer o rechazáramos esas luces que nos pudieran iluminar el camino para hacerlo con seguridad. Es cierto y hasta bueno para nuestra autoestima que hemos de saber hacer el camino por nosotros y hemos de poner todo lo que podamos de nuestra parte, pero sería también una falta de humildad que hasta en cierto modo nos degradaría el rechazar esas luces o esas ayudas. No es nuestro orgullo y amor propio lo que nos engrandece sino precisamente la humildad de reconocer nuestra debilidad lo que nos dará mayor madurez a nuestra vida. Mal empedrados quedan nuestros caminos si lo construimos a base de orgullo y autosuficiencia.

Así nos sucede en nuestra vida cristiana y en el descubrimiento y realización del plan de Dios. Necesitamos una apertura de espíritu que es un abrirnos a Dios para descubrir su voluntad que no es otra cosa que un plan de amor para nosotros que muchas veces nos sorprende pero que también nos abre a cosas maravillosas a realizar en nosotros. Es un proceso que nos cuesta porque nos envuelven muchas oscuridades con falsas luces que nos confunden y desorientan. Creemos que tenemos nuestros planes bien definidos pero no siempre somos capaces con humildad de abrirnos a ese plan de Dios que nos llevará por derroteros más hermosos. No siempre es fácil.

¿Por qué no aprender de María? La mujer que supo abrir su corazón a Dios para dejarse sorprender por el camino que Dios estaba abriendo ante ella para su vida. En su buen deseo de la fe que ponía en Dios y del amor que le profesaba, porque era una profunda creyente ella tenía un plan para su vida. Pero Dios viene a ofrecerle algo maravilloso en lo que ella no pensaba. Dios había puesto su amor en ella para hacerla su madre, para que ella contribuyera con su maternidad, en lo que ella no había pensado, para Dios hacerse más Emmanuel, más Dios con nosotros, encarnándose en su seno. Y María dijo Sí a Dios, como escuchamos hoy en el evangelio.

No iba a ser un camino fácil, pues ya las Escrituras habían anunciado los sufrimientos del Hijo del Hombre y María fue capaz de ponerse en ese camino. Nos habla de como se puso en camino hacia las montañas de Judea para servir a quien podía necesitarla, su prima Isabel que en su vejez iba a tener un hijo, pero María seguiría estando en camino; es el camino de Belén donde en principio iba a pasar por la no acogida, porque para ellos no había sitio en la posada, es el camino de la pobreza para dar a luz en un establo a quien venía como salvador del mundo, es el camino del rechazo y del destierro porque comenzaba a aparecer la sangre del martirio, sería el camino del silencio en Nazaret mientras esperaba la llegada de la Hora de Dios con el comienzo de la predicación de Jesús. Será el camino que la llevará finalmente al Calvario a pie de la cruz que desde madre dolorosa se iba a convertir en la madre de todos los creyentes, la madre de la Iglesia. Un camino realizado porque un día había acogido el plan de Dios en su vida. Ella, la que guardaba todas aquellas cosas, cuanto sucedía en su corazón para rumiarlas desde el amor sintiendo lo que el proyecto de Dios.

¿No será eso lo que nos está enseñando María a cuantos caminamos en lo que llamamos este valle de lágrimas donde quizás tantas oscuridades nos envuelven y tenemos el peligro de perder el rumbo del camino de nuestra vida? Hoy la estamos invocando como Virgen del Rosario en esta devoción tan arraigada en el pueblo cristiano que no siempre sabemos aprovechar en todo su valor y sentido.

¿Qué es el rosario? No solo es una cadena con unas cuentas que hoy hemos terminado por convertirlo en un adorno como si fuera un collar que colgamos de nuestro cuello. Está de moda, como todos sabemos y ya cualquiera hace gala de llevarlo sin saber ni siquiera su significado. Sí, podemos decir, es un collar de perlas, y de las más preciosas, porque es una cadena de oración que a los pies de María queremos hacer mientras ella nos hace ir contemplando todo el misterio de de la vida de Jesús mientras vamos caminando, como decíamos antes, con nuestras oscuridades, con nuestros desconciertos, con nuestros agobios y problemas a los que nos parece tantas veces que no encontramos salida y solución.

¿Por qué esa vida nuestra no la miramos desde ese plan de Dios? ¿Por qué no la miramos con esa mirada de María, la que supo ver en cuanto le sucedía el proyecto de amor de Dios para nosotros? Otra luz encontraríamos para nuestra vida, otro sentido para cuanto hacemos y pasamos, otros caminos se abrirían ante nosotros, otra fuerza sentiríamos en nuestro interior para ese nuevo sentido de la vida que hemos de vivir. Es lo que nos está enseñando María en el rezo o con el rezo del Rosario. Encontraríamos también otra paz y otra serenidad para nuestro corazón, se despertaría una nueva esperanza, comenzaríamos a caminar con nueva humildad, nos sentiríamos cada día más comprometidos para hacer nuestro mundo mejor. Dejémonos enseñar por María.


viernes, 21 de agosto de 2026

Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

 



Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

Ezequiel 37, 1-14; Salmo 106;  Mateo 22, 34-40

¿En verdad podremos hacer reverdecer de nuevo este nuestro mundo que contemplamos en tantos aspectos árido y reseco? Contemplamos tanto materialismo y tanto afán codicioso de posesión de cosas y de bienes, a tanta gente que no se mueve sino por sus intereses o sus placeres, a la insensibilidad de tantos que pasan a nuestro lado y que parece que han perdido los rasgos más elementales de humanidad, ese aire fétido de corruptelas de todo tipo donde todo parece que son tejemanejes ocultos buscando ganancias y riquezas, cada día nos aparece algo nuevo que nunca son resplandores de luz sino oscuridad que va ennegreciendo cada vez más nuestra sociedad, un desinterés por el bien común aunque se llenen la boca con palabras de justicia y de renovación.

No quiero pintar un cuadro negro, porque mi tendencia y mis deseos es encontrar siempre un rayo de luz por pequeño que sea porque la mecha humeante nunca tenemos que apagarla sino que tiene que ser inicio de un fuego nuevo de renovación y de nueva vida.

Hemos escuchado con el profeta la visión de ese campo lleno de huesos que podría parecer que nos habla de muerte. Y el profeta se pregunta si aquellos huesos un día podrán llenarse de nuevo del vigor de la carne y de la vida. Y de ahí parte el anuncio del profeta que también nosotros tenemos que escuchar para despertar en nosotros una nueva esperanza frente a ese mundo que contemplamos. Es el anuncio profético de esos tiempos nuevos que con la instauración del Reino de Dios habrían de surgir.

Y es precisamente lo que hoy escuchamos en el evangelio. Unos fariseos cuando han visto que Jesús ha hecho callar a los saduceos vienen ahora con una pregunta que aunque parece muy elemental porque era lo que tenía que estar grabado en el alma de todo buen judío viene cargada de aviesas intenciones queriendo desacreditar a Jesús diciendo que venía a anular lo que era la ley judía fundamental. ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’

Como les parecía que Jesús venía cambiándolo todo porque le estaba dando un sentido nuevo de autenticidad a cuanto el hombre realizara pensaban que Jesús iba a enseñarles algo distinto. Pero Jesús los veía venir; en otro momento llegarán a reconocer que en Jesús no hay doblez ni engaño aunque lo digan también siempre desde sus torcidas intenciones queriendo hacerle decir cosas a Jesús que les vendría bien para acusarle. En ese mundo de sombras del que antes hablábamos ¿no andamos también nosotros muchas veces con esas interpretaciones interesadas o con esa falsedad y engaño para aparentar lo que realmente no somos? ¿No nos andamos también poniendo trampas a nuestro pies para manipular y para engañar?

Pero Jesús responde con las palabras textuales que están escritas en las Escrituras santas. ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente... Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.

Esto es lo que verdaderamente salvará al mundo, esto es lo que en verdad puede darle un valor nuevo y un sentido nuevo a la vida, el amor. Pero no es un amor cualquiera, no es un amor de bonitas y románticas palabras; es el amor que va a ser verdadero motor de nuestra vida, el amor que nos despierta y que nos renueva, el amor que pone unos ojos nuevos y una mirada más luminosa a los que están a nuestro lado; un amor que es un fuego que nos inquieta, un amor que va a poner humanidad verdadera a nuestra vida; un amor que nos hace abrir las puertas del corazón, un amor que se hace acogida para hacer que todos quepan en nuestro corazón; un amor que valora la vida y cuánto hacen los demás; un amor que será comprensivo y llena de misericordia el corazón; un amor que sabe perdonar y levantar al que ve caído, un amor que será siempre mano tendida para apoyar y para compartir, para darse y para olvidarse de sí mismo pensando en quien ama; un amor que nos llena de Dios porque nos hace partícipes del amor que Dios nos tiene, un amor que envuelve nuestra vida pero que se convierte en entrañas de nuestro ser. Como nos dice Jesús ahí están condensados la ley y los profetas.

Con un amor así ¿podremos permitir que las sombras se sigan adueñando de nuestro mundo? Con un amor así sentiremos que el mundo se renueva y resucita a nueva vida y todo se irá transformando; con un amor así nos sentiremos traspasados por la Pascua y con Cristo nos sentimos resucitados a nueva vida. Empeñémonos en sembrar ese amor en los surcos de la vida.


miércoles, 1 de julio de 2026

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

Amós 5, 14-15. 21-24; Salmo 49; Mateo 8, 28-34

No enciendas muchas luces, así pasaremos desapercibidos, nadie sabrá lo que estamos haciendo, evitaremos que alguien se de cuenta y nos veamos metidos en líos… No queremos que haya luz, hacemos las cosas en la oscuridad, pero eso ¿qué puede significar? ¿Por qué queremos permanecer en la oscuridad? ¿Será acaso que lo que estamos haciendo son cosas oscuras? Creo que todos entendemos lo que puede haber detrás de esas oscuridades que buscamos, o lo estaremos viendo claramente a nuestro alrededor en ‘malos negocios’, en violencias que se ocultan, en corrupción de todo tipo que va corroyendo nuestra sociedad.

Hoy contemplamos a Jesús que tras la travesía del lago llega a la otra orilla; pero es un lugar ajeno al pueblo de Israel, es la región de los gerasenos; pero allí se encuentra con dos endemoniados, en expresión del evangelio, que les salen al encuentro; ya nos comenta el evangelista que por la violencia de esos individuos nadie se atrevía a transitar por estos lugares; pero aquello hombres poseídos por el espíritu del mal sí conocen quien ha llegado hasta ellos; lo rechazan, solo por la acción de jesús se verán libres de esos espíritus inmundos que se adueñarán de una piara de cerdos que se despeña en el lago.

La fuerza y la gracia de la luz y de la vida que llega con Jesús a aquellos lugares; pero nos encontraremos algo que nos parece inconcebible, que los habitantes del lugar que al conocer los hechos se acercan hasta Jesus le pedirá que abandone aquellos lugares. siempre hemos comentado que los negocios de su vida con el pastoreo de aquellos cerdos se les han ido por tierra, ven sus intereses afectados y por eso rechazan la presencia de Jesús.

El juicio que vamos a hacer no es sobre aquellas personas, sino que será mirándonos a nosotros mismos. ¿Cuál es nuestra reacción a la gracia de Dios? ¿Cuál es nuestra reacción a la luz que con Jesús quiere iluminar nuestra vida?

Podemos pensar en los rechazos cuando queremos seguir en los caminos del mal y nada nos hace movernos hacia el arrepentimiento; podemos pensar en esa componendas que nos hacemos tantas veces para parecer cumplidores mientras seguimos con nuestros apegos en el corazón; podemos pensar en la poca perseverancia en nuestros propósitos cuando pronto nos aflojamos espiritualmente y seguimos dejándonos caer por las pendientes de nuestras viejas rutinas y costumbres; podemos pensar en la poca voluntad que ponemos para superarnos y arrancarnos de nuestras viejas rutinas o de la tibieza espiritual con la que nos gusta andar.

Hoy el Señor quiere llegar también a esas regiones inhóspitas de nuestras vida que quiere transformar en un bello jardín de vida. pero quizás con este evangelio jesús nos quiere pedir algo más; a muchas regiones inhóspitas llenas de violencias o de insolidaridad que nos son difíciles de atravesar, desiertos de frialdad y desinterés donde florecen fácilmente los cardos del orgullo o de los rencores, y podemos pensar en tantas situaciones que se viven en nuestro sociedad tan materialista y sensual, Jesus quiere llegar también y quiere hacerlo a través de nosotros. 

Ha puesto un toque de vida en nuestros corazones pero nos está diciendo que vayamos a nuestros hermanos y le contemos lo que el Señor ha hecho con nosotros. ¿Cuál es la respuesta que le damos? ¿Nos seguiremos quejando de que esos caminos son difíciles e intransitables pero no ponemos nada de nuestra parte para hacer que nuestro mundo florezca como un vergel de amor y de justicia? ¿Preferimos un mundo de oscuridades y de medias luces? ¿Estaremos rechazando la luz no solo para nosotros sino también para el mundo que nos rodea?

viernes, 1 de mayo de 2026

En el camino de la vida no nos podemos dejar envolver por oscuridades o por agobios, sino que hemos de mantener la esperanza porque el Espíritu de Dios está con nosotros

 


En el camino de la vida no nos podemos dejar envolver por oscuridades o por agobios, sino que hemos de mantener la esperanza porque el Espíritu de Dios está con nosotros

Hechos 13, 26-33; Salmo 2; Juan 14, 1-6

La vida no siempre se nos presenta fácil; queremos una vida de tranquilidad, quizás incluso nosotros estamos queriendo poner todos los ingredientes con nuestro esfuerzo y nuestro trabajo para obtener la mayor felicidad en nuestra vida, vamos a decir incluso que tratamos de vivir en la mayor rectitud, pero no siempre encontramos esa serenidad para afrontar la vida misma, para mantener ese esfuerzo porque nos vienen cansancios y desilusiones, pero además es que encontramos tropiezos en el camino que se nos vuelve así dificultoso; podemos sentirnos abocados al desánimo, a perder la esperanza de poder lograr eso bueno a lo que aspiramos, y nos sentimos agobiados.

¿Dónde encontrar esos ánimos que necesitamos? ¿Cómo superar esos contratiempos que nos van apareciendo? ¿Cómo mantener esa serenidad de espíritu para no llegar a sentir esos agobios? ¿Habrá suficiente fortaleza en nuestro interior para mantener encendida esa llama de la esperanza? Preguntas que nos hacemos, búsquedas que vamos intentando, descubierto al tiempo de donde podemos sacar esa fortaleza. Lo necesitamos.

El evangelio de hoy ha comenzado con unas palabras de Jesús a sus discípulos para que no pierdan la calma, para que no se sientan embotados con tantos agobios. Sabemos que estas palabras fueron pronunciadas por Jesús en la última cena, la cena pascual que celebró con los discípulos antes de comenzar su pasión. En el ambiente se sentía esa carga de ansiedad por lo que seguramente sabían que se estaba tramando contra Jesús, pero también por los anuncios que Jesús había ido realizando. Los mismos gestos de Jesús en aquella cena sonaban a despedida, y eso estaba calando en el ambiente.

Como tantas veces nos sucede cuando barruntamos que nos pueden venir tiempos oscuros, que interiormente no nos sentimos bien, que parece que se nos cierra la mente y no podemos ver ni pensar con claridad. Necesitamos algo o alguien que nos serene, superponernos a esas ansiedades que van surgiendo en nuestro corazón, no adelantarnos a las negruras porque más negro se nos hace el camino.

Por eso escuchamos esas palabras de Jesús a sus discípulos en aquel momento en que les está hablando de su partida, pero quiere sembrar la esperanza y el buen animo en sus corazones. Más allá de lo que iba a significar la pasión que comenzaba, ellos estaban presintiendo que Jesús no iba a estar con ellos siempre, porque le hablaba de la vuelta al Padre. Por eso les habla de esas estancias junto a Dios que El va a prepararles. ‘Voy a prepararos sitios, volveré y os llevaré conmigo’, les dice.

Como luego seguirá prometiéndonos y ya tendremos oportunidad de reflexionar más sobre ello, le anuncia la presencia de su Espíritu que les hará sentir que Jesús siempre está con ellos, siempre está con nosotros. Por eso les dice que El es el Camino, y la Verdad, y la Vida. Con Jesús, y la fuerza de su Espíritu nos lo hará sentir, lo tenemos todo, porque no tenemos que hacer otra cosa que vivirle a El, que es hacer sus mismos pasos, empaparnos de su Sabiduría dejándonos envolver por la Palabra de Dios, y vivir, no solo a la manera de Jesús, sino la misma vida de Jesús. ¿Qué será el amor para nosotros?

Es lo que tenemos que vivir en nuestro camino de fe, es lo que tenemos que vivir y expresar como Iglesia, es el sentido de evangelio que hemos de darle a nuestra vida. Y así encontraremos sentido para todo, así nos encontraremos con aquella fuerza que decíamos que necesitamos para no desencantarnos de la vida, para seguir con nuestros esfuerzos de superación, para buscar y encontrar esa paz y ese serenidad del espíritu cuando nos aparezcan los agobios y los momentos oscuros, para seguir encontrando la fuerza que necesitamos para seguir con nuestras responsabilidades y nuestros compromisos aunque no seamos entendidos, aunque tiren piedras a nuestro paso para entorpecernos el camino.

Caminamos apoyados en el Señor, la presencia de su Espíritu es nuestra fortaleza.

miércoles, 8 de abril de 2026

Dios nos sale al encuentro en las distintas situaciones de la vida, pero por nuestros gestos hemos de ser signos para los demás de esa presencia del Señor

 


Dios nos sale al encuentro en las distintas situaciones de la vida, pero por nuestros gestos hemos de ser signos para los demás de esa presencia del Señor

Hechos de los apóstoles 3, 1-10; Salmo 104; Lucas 24, 13-35

Caminantes de la desolación nos podemos encontrar fácilmente todos los días, si acaso no nos sucede a nosotros también que en medio de nuestras frustraciones nos encontramos alguna vez haciendo también ese camino de desolación. Creo que es una dura experiencia por la que podemos haber pasado quizás más de una vez y cuánto hubiéramos deseado en momentos así encontrar a alguien que se detuviera junto a nosotros al menos para escucharnos, aunque aparentemente no nos diera ningún remedio para esa desolación. Que hay a nuestro lado muchas personas que caminan de esa manera es una realidad que no podemos negar, aunque no siempre seamos capaces de reconocer nuestras negruras o dejarnos ayudar.

Así iban aquella tarde aquellos dos discípulos camino de su pueblo; parecía que el mundo se les había venido abajo, y cuando estamos en un estado de depresión así no hacemos sino darle vueltas y más vueltas a lo mismo porque no nos cabe en la cabeza lo sucedido y ya hasta nos cegamos para no ver a los que caminan a nuestro lado. Marchaban de Jerusalén después de lo sucedido en aquellos días de pascua que para ellos había sido bien amarga, se habían derrumbado todas las ilusiones que habían puesto en el Maestro de Galilea y podía dar la impresión de que todo sonaba a fracaso; se habían mantenido hasta última hora por lo que Él había prometido, pero aunque el sepulcro lo habían encontrado vacío a Él no le habían visto resucitado; era cierto que algunas mujeres venían contando de apariciones de ángeles y más cosas misteriosas pero no las habían creído. Ahora marchaban entristecidos a su pueblo que no distaba mucho de Jerusalén.

Así había llegado al mismo tiempo que las sombras de la noche aquel caminante que se había interesado por su estado de ánimo. Y ellos se lo habían explicado, habían desahogado su corazón, y Él les escuchaba atenta y pacientemente. Pero también pacientemente había comenzado a dar respuesta, les recordaba lo anunciado en las Escrituras y se sentían embebecidos con sus palabras. Por eso al llegar a su destino Él quería seguir haciendo camino a pesar de la noche - ¿sería que aún no había llegado del todo la luz a aquellos corazones? – pero ellos generosamente le habían ofrecido su hospitalidad, para evitar quizás que se viera en peligro en aquellos caminos que les parecían azarosos, o quizás también porque no quería separarse de Él y querían seguir disfrutando de su conversación que les había hecho sentirse distintos en su interior.

‘¡Quédate con nosotros, porque atardece!’, le dijeron. Y se sentaron a la mesa en ese sentido de hospitalidad tan hermoso en aquellos lugares. Y entonces sucedió lo que verdaderamente les sorprendió. Entre las penumbras normales en aquellas casas cuando entraba la noche a la hora de partir el pan fueron sus vidas las que se iluminaron, porque lo reconocieron. Era el Señor. Cómo ardía su corazón mientras les hablaba por el camino comienzan a reconocer ahora. Y aunque ya no le veían tenían la certeza de que allí había estado con ellos. Y corrieron de nuevo a Jerusalén y ahora la noche no importaba porque ellos llevaban una nueva luz en sus corazones para ir a contar a los discípulos lo que les había sucedido por el camino y como lo habían reconocido al partir el pan.

Dios nos sale al encuentro cuando menos lo esperamos, Dios nos sale al encuentro en esos momentos también de turbación y desaliento en el que podamos vivir. Solamente dejémonos conducir que llegará el momento en el que le reconozcamos. Puede venir como aquel caminante que se interesó por su estado de ánimo, puede llegarnos en una buena palabra que escuchamos en labios de alguien y nos despierta de nuestros aturdimientos, puede llegarnos en ese gesto que no esperábamos pero que alguien tuvo con nosotros de detenerse a la vera de nuestro camino, puede llegarnos en esa sonrisa de alguien que nos cautiva y nos hace pensar en algo nuevo y distinto; puede llegarnos el Señor de muchas maneras, pero pensemos también cómo nosotros podemos hacer llegar esa presencia del Señor junto a ese que sufre a nuestro lado, que va frustrado por la vida y contra todo se rebela, que llora la pérdida de un ser querido o no sabe afrontar una grave enfermedad que ha visitado su vida; ahí tiene que estar nuestra palabra, nuestra presencia y cercanía, nuestra mirada llena de cariño y el interés que mostremos por su estado de ánimo… son tantos los signos y los gestos con los que podemos estar haciendo presente a Jesús en la vida de los demás.

Salgamos y pongámonos en camino.


martes, 31 de marzo de 2026

Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

 


Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué fáciles somos para las promesas en los momentos de entusiasmo. A veces las cosas nos parece que marchan bien y en nuestra mente nos creamos castillos en el aire, que pronto veremos quizás que se nos caen como un castillo de naipes que al menor movimiento de alguna de las fichas se viene abajo. Así nos entusiasmamos en muchos momentos de la vida, momentos de euforia y de felicidad y ya pensamos que todo siempre va a marchar sobre ruedas, momentos de fervor espiritual y nos hacemos mil propósitos, y nos decimos que las cosas ya no van a ser como antes pero pronto nos damos cuenta que la vida es más difícil y más dura, y nos faltan las fuerzas, o nos volvemos a encantar con las cosas de antes y todo se vuelve como una pendiente en que todo va resbalando y termina en una perdición.

Así Vivian momentos de entusiasmo los discípulos con Jesús sobre todo cuando veían que la gente le seguía y acudían a El de todas partes y parecía que aquello se convertía en un camino de triunfo; de ahí sus sueños, porque ya estaban aspirando a ver qué puesto les iba a tocar en ese reino que con el Mesías se iba a instaurar. ¿No recordamos el entusiasmo de Pedro en el Tabor que ya estaba allí montando tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías, olvidándose incluso de que ellos también estaban allí en el descampado y quizás las pudieran necesitar?

Son las emociones de la cena pascual lo que nos trasmite hoy el evangelio. Hoy se nos sitúa un pequeño marco de aquella cena donde se van a pronunciar palabras muy solemnes y de mucha trascendencia. Porque Jesús comienza anunciando una traición; y todos se revuelven porque les parece algo incomprensible, Juan en la cercanía de Jesús alrededor de la mesa se atreve a preguntar como en secreto a Jesús. Y Jesús untando un trozo de pan lo entrega a Judas indicándole que lo que ha de hacer que lo haga pronto. El resto no entiende, porque pensaban que era algún preparativo que Jesús le había encargado para la fiesta. Y Judas sale del Cenáculo, diciéndonos el evangelista que era de noche. De la luz se fue a la oscuridad, un tremendo y trágico signo por cuanto había de suceder. Un tremendo y trágico signo en el que tantas veces quizás nosotros también nos vemos envueltos.

Y Jesús presintiendo ya la pasión que iba a vivir a partir de ese momento sin embargo habla de glorificación. En un sentido muy a ras de tierra parecen palabras incomprensibles como les está resultado a los que quedan alrededor de la mesa. Jesús habla en cierto modo de su soledad, porque ellos no podrán seguirle, ¿o no serán capaces de seguirle?, tendríamos que preguntarnos porque quizás es también la misma debilidad que nosotros tenemos en la que no terminamos de mantener nuestra fidelidad. Cuántos tropiezos y caídas, cuántas marchas atrás y traiciones, cuántas veces nos quedamos por camino con nuestros cansancios o con nuestras desilusiones.

Pero allí está Pedro como siempre dispuesto a todo, aunque un día cuando Jesús anunciaba su pasión decía que eso no podía pasarle y trataba de disuadir a Jesús; pero ahora parece que está firme en su voluntad, ‘aunque todos te abandonen, yo no’, es la porfía con la que Pedro quiere presentar su disponibilidad. Bueno, llegaría a buscarse una espada que llevar consigo, como aparecerá en el huerto de Getsemaní.

Pero para él también tiene Jesús un anuncio. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’. Ya sabemos lo que sucedió más tarde. Pedro como todos cuando llegó la hora del prendimiento lo habían abandonado y se habían dispersado. Más tarde se atrevió a acercarse por el patio del Pontífice y había caído en la trampa porque hasta su hablar lo delataba como galilea y entonces amigo del Galileo que estaban juzgando y condenando; alguno incluso lo reconocería por haberlo visto en el huerto. Y vienen las negaciones, el recular y el querer esconderse, el no reconocer que conocía a Jesús quien tantas veces le había manifestado su cariño y su amor, quien había dicho las más bellas palabras sobre Jesús, aunque inspirado por el Padre del cielo.

¿No es también el camino que nosotros tantas veces hacemos? Pedro también se metió en las sombras de la noche, como tantas veces nos sucede a nosotros. Las tinieblas prefirieron la oscuridad a la luz, como nos decía el evangelio de san Juan. ‘Vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron’, y seguimos tantas veces sin reconocerle, o sin dar la cara por El. ¿Esta Pascua que vamos a vivir significará ya ese cambio definitivo porque vamos siempre a preferir la luz?

domingo, 22 de marzo de 2026

En el mundo de desolación y muerte en que vivimos hay una visita de Dios que nos anuncia vida y resurrección de lo que tenemos que ser testigos

 


En el mundo de desolación y muerte en que vivimos hay una visita de Dios  que nos anuncia vida y resurrección de lo que tenemos que ser testigos

Ezequiel 37, 12-14; Salmo 129; Romanos 8, 8-11; Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

En la palabra de Dios proclamada en este último domingo de cuaresma se nos habla de sepulcros inundados con el vacío de la muerte, pero al mismo tiempo se nos habla de vida y de resurrección. Son las imágenes que nos ofrece el profeta cuando hablaba a un pueblo que se sentía muerto porque se sentía cautivo lejos de su tierra pero a los que se les anuncia que un día esos sepulcros se abrirán porque el Espíritu del Señor los llenará de vida, que es en principio un anuncio de liberación y de libertad cuando puedan volver de nuevo a su tierra, pero que tiene un sentido profético que va más allá para hablarnos de la vida que en Cristo Dios nos va a ofrecer.

Por otra parte está el relato del evangelio con la enfermedad de Lázaro y con su muerte pero la llegada de Jesús cuando ya llevaba cuatro días enterrado a aquel lugar de desolación y de llanto como es aquel hogar de Betania que tantas veces había recibido a Jesús. Pero se nos está hablando al mismo tiempo de vida y de amor, porque eran los amigos de Jesús – ‘el que amas está enfermo’, fue el recado que le habían mandado a Jesús – y se manifiesta en la ternura y la humanidad de aquel encuentro con Jesús por parte y parte a pesar de los momentos dolorosos pero donde no se ha perdido la fe y la esperanza. ‘Jesús amaba a Marta, a su hermano y a Lázaro’, nos comenta el evangelista

‘Si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano’, es la queja de ambas hermanas en el encuentro con Jesús. ‘Tu hermano resucitará’, es la promesa de Jesús. Pero no solo es la esperanza de la resurrección final que ya formaba parte de la fe del pueblo judío como le manifiesta Marta, sino que es el anuncio de otra resurrección, de una vida nueva que Jesús nos ofrece cuando creemos en El. ‘El que está vivo y cree en mi, no morirá para siempre’, terminará afirmando y anunciando Jesús.

Pero tratemos de fijarnos en todo el signo que es y sigue siendo para nosotros este relato del evangelio que hoy escuchamos. Signo de una buena noticia - ¿no decimos evangelio? – para nosotros también hoy. Es Jesús el que viene y se acerca a aquel mundo de dolor, muerte y desolación. Allí donde está el sufrimiento, las lágrimas, el olor a muerte y Jesús se conmueve y llora con los que lloran. ‘Mira cómo lo amaba’, comentarán los que lo contemplan. ¿Cuál es el misterio de fe, el misterio de Dios que se convierte en eje de nuestra fe? Dios se ha encarnado, Dios se ha hecho hombre, Dios ha plantado su tienda entre nosotros, allí donde está el dolor y el sufrimiento.

¿Cuál es el camino que vemos haciendo a Jesús? Se acerca allí donde está el sufrimiento, se deja envolver por ese sufrimiento humano, la gente lo estrujaba a su paso por los caminos, queriendo tocar su manto o tendiendo la mano para tocar al leproso, para poner barro en los ojos del ciego, para tocar con su saliva al sordomudo, o para llegar al paralítico abandonado en medio de la piscina sin poderse meter en las aguas sanadoras. Hoy lo contemplamos a la entrada del sepulcro de Lázaro de Betania como lo contemplamos a nuestro lado cuando también nos hemos metido en ese mundo de muerte y de pecado.

A este mundo nuestro con su muerte, y pensamos en nuestras violencias y en nuestras guerras a las que respondemos con mayores acritudes y más violencias, a este mundo nuestro tenebroso a pesar de que queramos encender las luces de nuestras vanidades, a este mundo en el que a pesar de tantos medios de comunicación sin embargo sigue reinando la soledad en muchos corazones, a este mundo en el que a pesar de tantos medios que podamos tener para sanar seguimos encontrando corazones heridos y rotos por amarguras y resentimientos que tantos aislamientos van produciendo, a este mundo en el hemos creado tantas vías de comunicación para llegar a los más recónditos lugares pero en el que seguimos encontrando tanta desorientación, tanta gente sin darle un sentido y dirección a sus vidas, a tantos que se enganchan en subterfugios que prometen felicidad pero que terminan esclavizando corazones y vidas, Jesús quiere venir en esta hora para que tengamos vida para siempre.

Nosotros también muchas veces nos vemos envueltos en muerte con nuestras dudas y con nuestras angustias, con esa paz y serenidad que perdemos cuando nos envuelven los problemas o la enfermedad o la muerte se acercan a nuestras vidas, cuando nos dejamos seducir por ese materialismo reinante y dejamos a un lado los valores espirituales que darían un mejor sentido a nuestras vidas, cuando rehuimos el esfuerzo y el sacrificio porque también lo que solo queremos es el pasarlo bien y sin mayores preocupaciones. También Jesús quiere venir a nuestra Betania, a nuestro lugar que también hemos llenado de amargura y desolación. Para nosotros también tiene Jesús un anuncio de vida y de resurrección. Fijémonos cómo en aquel lugar de desolación hay una visita del amor y de la vida.

Es lo que nos disponemos a celebrar y queremos hacerlo con toda intensidad en la próxima pascua. Lo vamos a celebrar porque eso lo hacemos vida en nosotros, porque de esto tenemos que convertirnos en testigos en medio de nuestro mundo. Es el anuncio que tenemos que hacer. Es la luz nueva que tenemos que poner en nuestro mundo. Y nosotros tenemos que convertirnos en signos de ello en medio del mundo de muerte que nos rodea.

Jesús le preguntaba a Marta, ‘¿tú crees en eso?’. Marta hacia una hermosa proclamación de fe. ‘Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo’. ¿Cómo vamos a decirlo, a proclamarlo nosotros hoy al mundo que nos rodea?

viernes, 25 de julio de 2025

Celebramos a Santiago, pero al mismo tiempo miramos nuestra vida y damos gracias, porque a través de él descubrimos también esa acción de Dios en nosotros

 


Celebramos a Santiago, pero al mismo tiempo miramos nuestra vida y damos gracias, porque a través de él descubrimos también esa acción de Dios en nosotros

Hechos 4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2; Salmo 66; 2 Corintios 4, 7-15; Mateo 20, 20-28

¿Desde donde edificamos nuestra vida? Desde lo que somos, con esa madera que tenemos, la nuestra, no la que otros quizás quieran imaginar o desear o quizás desde la que nosotros quisiéramos tener; es la rudeza y de nuestra vida en su propia realidad, la que somos con nuestras callosidades o nuestros nudos, con su parte de madera más blanca o más dúctil, pero también con nuestra fuerza interior, con nuestras ambiciones y nuestras pasiones, que no podemos dejar de lado porque forman parte de nosotros también; no se trata de descartar o destruir, sino de ser capaz de aprovechar lo que hay en nosotros para en ello tratar de esculpir la mejor figura, la mejor persona, que no se va en apariencias, sino que trata de sentir plenitud en si misma pero también de ser, podíamos decir, útil a los demás; por eso no pensamos solo en nosotros, sino también en ese lugar en el que estamos o donde seremos llamados a realizar nuestra vida, que tiene que ser también para los demás, y con esa barca que hemos hecho de nuestra vida nos conducimos, navegamos hacia el encuentro de los otros para llevar lo mejor que en ella llevamos, que en nosotros llevamos.

Mira tu vida en esta reflexión que te ofrezco y piensa en lo que eres y en lo que te puedes transformar, pero descubre también cuál es tu misión porque en cuanto te sucede también hay una llamada, como la que hizo un día Jesús a aquellos pescadores de Galilea.

Hoy estamos celebrando al Apóstol Santiago y he querido comenzar con esta reflexión, porque al escribirla y hacérmela he estado pensando precisamente también en el apóstol y en su vida. Un pescador y una barca, un oficio con toda su dureza que no era solo para sí mismo en unas ganancias que pudiera obtener, sino que tenía su función para los demás, portador de alimento en aquellos peces para muchos. Un día el lago se quedó corto porque a su lado pasó un profeta que iba reclutando pescadores para otros mares más amplios; no sería ya solo pescador de peces sino de hombres, no sería el lago de Tiberíades sino llegar hasta el fin del mundo conocido, llegó hasta el Finisterre, al fin de la tierra conocida entonces con la misión de pescador que había recibido. No se rehusaba a aquel oficio, muchas veces a lo largo del evangelio lo veremos cruzando una y otra vez aquel lago, sino que se transformaba.

Pero tuvo que hacer un camino, para pulir aquella madera a pesar de las callosidades de sus ambiciones y sus sueños; muchas veces seguían discutiendo entre ellos sobre quien sería el más grande o importante y Jesús seguía señalándoles el camino; su madre intervendría también en aquellos sueños de sus hijos y se convertiría en mediadora – lo que hacen siempre las madres – pero aprenderían de un bautismo y bautismo de sangre por el que habían de pasar, de a pesar de sus impulsos por correr y querer transformarlo todo de una vez, habían de aprender a quedarse los últimos, porque ahí está el mejor servicio que pudieran realizar ayudando a los que menos podían caminar.

Tendría sus momentos de luz, que alimentaban mejor sus impulsos como en el Tabor, estaría también allí donde desde lo que parecía un sueño de muerte renacía la vida como en la casa de Jairo, pero también sabría de lo que era el dolor más intenso que hace sudar sangre en la cercanía de Jesús en Getsemaní. Así se fue tallando aquella madera, así podría ponerse en marcha aquella barca hasta lejanas tierras porque allí también tenían que enseñar todo aquello que habían aprendido de lo que era el amor y el amor hasta el final. Pero estaría también en el momento oportuno, donde se convirtiera en el primer testigo, en el primero de los del grupo de los apóstoles que derramara su sangre, que diera su vida.

Y hoy nosotros contemplamos su figura, esa madera tan variada en su composición que tenía sus nudosidades pero que tenía el mejor material y podemos así celebrar la obra de Dios en él. Nos creemos muchas veces en nuestros orgullos que lo que somos o lo que hemos conseguido solo es fruto de nosotros mismos y de nuestros particulares esfuerzos y nos olvidamos de la obra de Dios en nosotros; es El quien nos ha ido tallando, puliendo, haciendo brillar lo mejor que ha puesto en nosotros, porque esos acontecimientos, muchas veces quizás duros, por los que hemos pasado, esas personas que han estado cerca de nosotros y nos han echado una mano con su palabra y su consejo, con su presencia que nos daba ánimos o nos hacía ver las cosas de otra manera, todo cuando ha ido sucediendo en nuestro derredor tenemos que reconocer que ha sido un don de Dios para nuestra vida, que nos manifestaba su amor, que nos acompañaba en nuestro camino, que nos daba esa fortaleza que necesitábamos, que nos impulsaba a algo nuevo y mejor, que nos hacía mirar a lo alto. Es la obra de Dios en nosotros, misteriosa muchas veces porque nos ha costado leerla, pero grandiosa siempre porque grande es su amor que así ha derrochado su gracia sobre nosotros.

Celebramos a Santiago, pero al mismo tiempo miramos nuestra vida y damos gracias, porque a través de él descubrimos también esa acción de Dios en nosotros. Trajo la fe a nuestras tierras españolas, pero sobre todo nos hizo descubrir, nos sigue haciendo descubrir ese amor de Dios que se derrama abundantemente en nuestra vida. Y todo eso tiene que tener unas consecuencias para nosotros. Tenemos que descubrirlas.

 

martes, 22 de julio de 2025

La experiencia del encuentro pone alas en el corazón y alegría en el alma para hacernos evangelizadores de la Buena Noticia

 


La experiencia del encuentro pone alas en el corazón y alegría en el alma para hacernos evangelizadores de la Buena Noticia

Cantar de los Cantares 3, 1-4b; Salmo 62; Juan 20, 1-2. 11-18

Qué gozo y alegría sentimos en nosotros y cómo pronto buscamos la manera de contárselo a alguien cuando una persona querida y apreciada, un amigo por la razón que sea no lo hemos podido ver en mucho tiempo, y ya parecía que habíamos perdido todo contacto con él, de pronto nos lo hemos encontrado. El abrazo de amistad no puede faltar y todas las manifestaciones de afecto que nos salen del corazón; pronto comenzaremos a contarnos cosas, las experiencias que hayamos tenido en esa ausencia, buscaremos la forma de no perder contacto, es más, nos prometemos volver a vernos pronto. Y como decíamos, casi de inmediato le llevaremos la noticia a la gente de nuestro entorno, que sabían de nuestro desasosiego por la pérdida o la ausencia ahora recuperada, todos participarán de nuestra alegría.

Aunque habían sido pocas horas María Magdalena estaba viviendo esa angustia desde la pasión de Jesús y su muerte de la que ella había sido testigo pues al pie de la cruz también estaba con aquel pequeño grupo que con María y con Juan habían podido llegar hasta el calvario. Ella fue de las mujeres que estaban atentas en los detalles de la sepultura hecha con prisas en la tarde de las vísperas de la pascua para pasado el descanso sabático suplir los ritos funerarios que no habían podido realizar. Con las otras mujeres había venido aquel primer día de la semana desde el amanecer, pero se habían encontrado la piedra de la entrada del sepulcro corrida y allí no estaba el cuerpo de Jesús.

Yo llamo a ese amanecer la mañana de las carreras en el ir y venid a comunicar en principio la mala noticia de la desaparición del cuerpo de Jesús, la venida de algunos discípulos, Pedro y Juan, para comprobar la veracidad de lo que contaban, mientras algunas de ellas por su parte se habían visto a Jesús que les había salido a su encuentro.

Pero María Magdalena no se lo podía creer. Lloraba y se preguntaba donde estaba el cuerpo de Jesús entrando incluso con aquellos Ángeles que eran los que ahora le daban esperanzadoras noticias.

Una oportunidad es preguntar a cualquiera que aparezca por el lugar y si es el encargado del huerto mejores noticias les puede traer. Es el diálogo de Magdalena con la que ella creía era el hortelano ofreciéndose a si le decían donde estaba ella por si mismo lo traería para darle digna sepultura.

Sus lágrimas cegaban sus ojos, sus lágrimas le hacían perder perspectivas de vida, sus lagrimas la encerraban en si misma para no ver más allá, para no saber encontrar la luz. Cuántas veces nos pasa cuando estamos envueltos por las oscuridades de nuestros problemas; parece que una loza con el peso del mundo entero ha caído sobre nosotros. La vida se nos vuelve un laberinto del que parece que no sabemos salir, caminamos sin rumbo y ciegos y sordos a todas las buenas noticias que nos pudieran traer, la confusión se adueña de nuestra vida, qué difícil es encontrar serenidad y mantener la paz en el corazón.

Allí estaba el Señor, fue necesaria solo una palabra para que ella lo reconociera y se desataran todas las alegrías. Era el Señor. ‘Rabbonni’- Maestro -, es ahora la exclamación de María Magdalena. Vendrían los besos y los abrazos, ella se echa a sus pies para abrazarlos, ¿para que no se escapara? ¿Para que no se volviera a marchar? ¿Para que estuviera siempre con ella?

Pero para ella Jesús tiene una misión. ‘Ve a decir a mis hermanos’. Y las carreras continúan porque es ahora ella la que corre de nuevo al encuentro con los demás discípulos, que aún siguen incrédulos y con sus miedos y dudas, para decirles ‘He visto al Señor, esto me ha dicho el Señor’. Es la alegría compartida, es la Buena Noticia transmitida; a María Magdalena la llamamos por eso la primera misionera, es la que viene a comunicarnos la alegría de la Pascua del Señor.

La experiencia del encuentro con el Señor la transformó; se acabaron los miedos y las dudas, se acabaron las lágrimas y las angustias, se abrió el alma con una nueva alegría, a los pies se les pusieron alas no solo para que corrieran sino para que volaran a llevar la buena noticia. ¿Es la experiencia que nosotros vivimos? ¿Es la carrera evangelizadora que nosotros hacemos?

jueves, 9 de enero de 2025

Necesitamos pasar por la experiencia de sentir la voz de Jesús que nos invita a la confianza y a la fe para borrar todos nuestros miedos y temores

 



Necesitamos pasar por la experiencia de sentir la voz de Jesús que nos invita a la confianza y a la fe para borrar todos nuestros miedos y temores

1Juan 4, 11-18; Salmo 71; Marcos 6, 45-52

Nos gusta ir de seguros por la vida, no nos agrada que nos vean miedosos y cobardes, tratamos de mantenernos firme y fuertes aun en las circunstancias más difíciles y aunque sintamos un cierto miedo interior tratamos de disimularlo. Pero lo cierto es que no siempre nos encontramos con esa seguridad, porque muchas veces surgen dudas, hay cosas que no acabamos de entender, se nos hace difícil ese camino de la vida y al final surgen como una explosión todos esos miedos, que de alguna manera nos destrozan, nos hacen como caminar sin sentido y sin rumbo. La vida no es siempre tan fácil como queremos planteárnosla y nos aparecen muchas sombras que nos oscurecen la luz, que nos desorientan en los caminos de la vida.

Hoy nos encontramos en el evangelio un pasaje en el que nos aparece un mal momento por el pasan los discípulos. En una lectura muy superficial del hecho nos parece una anécdota más que además nos resulta curiosa por el lugar, atravesando el lago que tan bien tendrían que conocer pues eran pescadores de aquellas aguas, pero donde se encuentran con unos vientos en contra que les hace zozobrar incluso en su fe. No es solo la dificultad material de avanzar porque tienen el viento en contra, es el hecho de lo que anteriormente ha sucedido, pero que ahora además se encuentren sin la presencia de Jesús.

Realmente hemos de considerar desconcertante lo sucedido cuando lo de la multiplicación de los panes. Muchas preguntas, incluso, podrían hacerse en su interior a pesar del entusiasmo producido por aquel hecho prodigioso. En fin de cuentas estaban comenzando a conocer a Jesús y aun no tenían muy claro quien era Jesús, aunque les entusiasmaran sus palabras y los signos que realizaba. Pero además cuando incluso la multitud estaba poco menos que queriendo hacer rey a Jesús, El les pide que se marchen a la otra orilla mientras se va solo a la montaña, alejándose de todo y de todos.

Con muchas preguntas en su interior se encuentran ahora en la dificultad de avanzar en medio de aquel lago que de alguna manera se les ponía en contra. Y aparece una figura, para ellos misteriosa, que parece caminar sobre las aguas. Y aparecen sus miedos interiores que salen a flote, poco menos que se ponen a gritar porque les parece que es fantasma.

Pero en medio aparece la voz del maestro, la voz Jesús que les invita a apaciguar sus miedos, porque es El quien viene a su encuentro. Con la presencia de Jesús desaparecen sus miedos y sus dudas, todo se vuelve en calma, porque incluso el viento cesa y podrán continuar su travesía. Pero no es solo la travesía del lago la que continúan sino la travesía de sus vidas, disipando dudas, desapareciendo sombras e interrogantes, encontrando un sentido a todo, aprendiendo a conocer a Jesús, aunque algunas veces les parezca tan enigmático que lo confundan con un fantasma; renace la fe en sus corazones, aparece la luz en su vida. Aquello que había anunciado el profeta que una luz iba a aparecer que disiparía todas las tinieblas y las sombras. Allí estaba Jesús. Ahora podían sentirse seguros de verdad.

¿Necesitaremos nosotros pasar por una experiencia así? Cosas semejantes nos suceden tantas veces que nos llenamos de dudas sobre lo que estamos haciendo, dudas sobre el sentido incluso de nuestra vida, dudas sobre nuestra fe y nos sentimos también turbados, como estaban los discípulos en medio del mar y con el viento en contra. Nos encontramos así, pero tenemos que saber descubrir a Jesús que viene a nuestro encuentro aun en medio de las peores sombras por las que podamos pasar.

Tener la experiencia de sentir en lo hondo de nuestro corazón esa voz de Jesús que también nos dice: ‘No temáis, soy yo’, y sentir como se sube a la barca de nuestra vida, y comenzaremos a tener una nueva paz en nuestro corazón, y podremos seguir haciendo la travesía de nuestra vida. Que no se nos derrumbe nunca esa fe, que aparezca siempre esa luz, que sintamos la presencia del Espíritu de Jesús que va con nosotros. Nuestra vida también comenzará a ser distinta.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Dejemos que Jesús nos libere desde lo más hondo y nos levante de nuestras camillas para mantener viva nuestra esperanza siendo camilleros de la esperanza para los demás

 


Dejemos que Jesús nos libere desde lo más hondo y nos levante de nuestras camillas para mantener viva nuestra esperanza siendo camilleros de la esperanza para los demás

Isaías 35, 1-10; Salmo 84; Lucas 5, 17-26

Qué terrible es perder la esperanza; cuando parece que todos los problemas se acumulan sobre tu cabeza nos sentimos como paralizados y no hay manera de que seamos capaces de ver un rayo de luz, una salida. Puede parecer exagerado pero nos sucede muchas veces en la vida; no sabemos qué hacer; o nos resignamos o nos llenamos de amargura y arremetemos contra todo y contra todos. Una enfermedad que nos sobreviene y que parece grave nos paraliza y nos hace temer lo peor; no son ya las imposibilidades físicas que nos vayan apareciendo, es que humanamente nos sentimos hundidos y fracasados, espiritualmente perdemos todo norte en la vida. Son los problemas personales o son los problemas que nos van surgiendo en la familia, son tantas cosas… Decimos, son las depresiones que nos sobrevienen, pero es algo muy hondo el no tener esperanza.

Y muchas veces no es porque nos sucedan personalmente cosas graves, sino que nos sucede contemplando los derroteros de la vida, de la sociedad, la pobreza o la miseria que hay a nuestro alrededor mientras al tiempo contemplamos otras cosas escandalosas en quienes tendrían que solucionar problemas en la sociedad. Creo que todos entendemos que muchas veces la gente ande sin esperanzas, sin ilusiones, sin poner ya sus esfuerzos por hacer que las cosas sean de otra manera. ¿No andará un poco así nuestra sociedad, nuestro mundo? ¿Y qué respuesta podemos dar a todo eso? ¿Este camino de adviento que estamos recorriendo podrá ayudarnos?

Os confieso que yo también estoy buscando. Estas reflexiones que me hago y comparto van surgiendo también de lo que llevo en mi interior y de mis búsquedas. Por eso me hago estas reflexiones previas que quieren partir de lo que es el camino de la vida. Quiero encontrar en la Buena Noticia que tiene que ser el evangelio para mí y para todos hoy esa luz que me ilumine y ayude en ese camino de búsqueda de esperanza, de deseos de despertar esperanzas.

El evangelio nos presenta a Jesús rodeado de gente que le escucha; allí están también fariseos y maestros de la ley venidos de todos los rincones; unos hombres portan en una camilla a un hombre paralítico para que Jesús lo cure. Sentirse paralítico sin poder valerse por sí mismo es algo muy duro; difícilmente hay recuperación, y menos en aquellos tiempos, con lo que las esperanzas tenían que estar por el suelo. Parecía que un rayo de luz se encendía con la buena voluntad de aquellos que lo portaban hasta Jesús porque por sí mismo nunca hubiera podido, pero de nuevo se encuentran con un muro en toda aquella gente que se agolpa a la puerta e impiden el paso pareciendo que de nuevo las sombras se cernían sobre su discapacidad.

El evangelista nos dirá luego que Jesús se fijó en la fe de aquellos hombres. Y no era para menos. Se las habían ingeniado para desde el techo, corriendo las tejas, poder descolgarlo hasta los pies de Jesús.

Un mundo de barreras que no son solo las barreras físicas, un mundo de imposibles que no siempre encuentra colaboración en los demás, un mundo de impotencias cuando no sabemos qué hacer o cómo hacer, un mundo de egoísmos e injusticias, un mundo de desigualdades donde no todos tienen la misma oportunidad, un mundo de manipulaciones donde solo nos guiamos por nuestros intereses particulares, un mundo de incomprensiones en que no sabemos ponernos en el lugar del otro… aquel paralítico y su situación puede estar haciéndonos mirar todas esas cosas que en la vida de cada día nos merman o quitan las esperanzas.

Pero creo que ya es buena noticia para nosotros, evangelio la actitud de aquellos hombres que se las ingeniaron para encontrar soluciones. ¿Estarían ellos ya comprendiendo y también viviendo aquellos valores que nos enseña Jesús en el evangelio? ‘Viendo la fe de aquellos hombres’, nos dice el evangelio. Ellos estaban dando ya la señal de que hay que levantarse de esas camillas en que nos postramos y encerramos tantas veces.

Y Jesús viene a decirnos que nos es necesario que nos liberemos desde lo más hondo de nosotros mismos de esas cosas que nos paralizan, que nos acobardan, que nos encierran dentro de nosotros mismos; Jesús viene a decirnos que El quiere liberarnos de lo peor que tengamos dentro de nosotros. ‘Tus pecados son perdonados’, le dice Jesús a aquel paralítico antes incluso de levantarlo de la camilla, porque lo que quiere Jesús es que nos levantemos espiritualmente.

¿Será eso lo que nosotros estamos necesitando? Y vaya que El sí puede hacerlo, para eso ha venido, para eso se entregará por nosotros, para eso nos ofrecerá su sangre redentora. ¿Dejaremos que Jesús nos libere desde lo más hondo o pondremos reticencias como aquellos que estaban allí al acecho de lo que hiciera Jesús? ¿Tendremos motivos para hacer despertar la esperanza en nuestra vida? ¿Seremos capaces de ser esos camilleros de la esperanza en un mundo de tantas parálisis?