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viernes, 7 de octubre de 2022

María, la agraciada del Señor, es regalada con una presencia especial de Dios en su vida, con una disponibilidad como la de María merezcamos ser también esos agraciados de Dios

 


María, la agraciada del Señor, es regalada con una presencia especial de Dios en su vida, con una disponibilidad como la de María merezcamos ser también esos agraciados de Dios

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc. 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

‘El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo… has encontrado gracia ante Dios…’ Es lo que nos relata hoy el evangelio y que tantas veces hemos escuchado y meditado. Es el saludo del ángel, pero también la réplica que le hace porque María se siente turbada ante la presencia del ángel y sus palabras meditando lo que el ángel quería decirle.

Podríamos decir que el ángel que viene de parte de Dios con un mensaje claro para María al entrar en la presencia de María se encuentra con Dios. Eres ‘la llena de gracia, el Señor está contigo… has encontrado gracia ante Dios’. Dios que estaba en María y que ahora de una manera especial iba a hacerle sentir más fuerte su presencia. Es la agraciada del Señor, es la regalada de Dios, porque Dios en ella en especial se complace. Va a ser la Madre de Dios, ‘el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios’.

‘Alégrate y goza, Sión, pues voy a habitar en medio de ti…’ había anunciado el profeta. También proféticamente el anciano Zacarías en el nacimiento del bautista iba a bendecir a Dios, ‘porque ha visitado a su pueblo suscitándonos una fuerza de salvación… según lo había predicho por boca de sus santos profetas… y por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’. Se está realizando en María. Es Dios que viene a visitar a su pueblo, Dios que se hace presente entre nosotros, el Emmanuel, Dios con nosotros.

María se deja llenar por esa gracia de Dios. Se siente en su humildad sorprendida por los anuncios y por las palabras del ángel, pero es que María se había dejado hacer por Dios. Es la disponibilidad de su vida lo que hace posible esa presencia de Dios en ella. Dios, es cierto, quiere estar con nosotros, pero Dios quiere contar con nosotros. Es lo que ahora está haciendo con esta embajada angélica. Pero María había ido respondiendo con la disponibilidad de su vida a esta acción de Dios, a esta invitación de Dios. Por eso no podrá al final responder de otra manera. ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí, le dice al ángel, según tu palabra’.

Nos estamos haciendo esta reflexión en torno al evangelio en esta fiesta tan entrañable de María. Es la fiesta del Rosario. Algo más que una corona de rosas que queramos ofrecer a María con nuestra oración, con el rezo del rosario, a lo que también nos está invitando esta fiesta. Y es que el rezo del rosario con esas rosas cuyos pétalos vamos desgajando mientras repetimos una y otra vez el saludo del ángel, es contemplar todo el misterio de Dios que en María se nos manifiesta. María, podríamos atrevernos a decir, es como una revelación de Dios, porque en María Dios se hace presente de una manera especial para la humanidad. ¿No habíamos dicho antes que entrando el ángel en la presencia de María se había encontrado con Dios?

Es aquí donde tenemos mucho que imitar de María para que Dios nos visite y nos inunde como a María. Si ella era la agraciada del Señor – había encontrado gracia ante Dios, decíamos – Dios quiere hacernos a nosotros también sus agraciados, porque Dios también a nosotros quiere regalarnos su presencia. Pero necesitamos ser como María, tener la disponibilidad desde lo hondo de nuestro corazón que tuvo María.

Nos cuesta abrirnos así a Dios, porque parece que siempre queremos reservarnos algo para nosotros mismos. Pero Dios quiere contar con nosotros, no nos obliga, quiere también suscitar en nosotros una fuerza de salvación, quiere venir a nosotros ese sol que nace de lo alto, pero ¿seremos capaces como María de decir que somos también los esclavos del Señor y queremos que se haga en nosotros siempre lo que es su voluntad? Dejemos que la misericordia del Señor nos inunde con su gracia. Que por nuestra humildad, por nuestra disponibilidad como María hallemos gracia ante Dios, seamos los agraciados del Señor.

Reconozcamos, como María, que en nuestra pequeñez, a pesar incluso de nuestras debilidades, el Señor sigue realizando en nosotros cosas grandes. Encontraremos así la paz para nuestro corazón, ‘guiará nuestros pasos por el camino de la paz’.

jueves, 7 de octubre de 2021

Queremos ofrecer un ramillete de rosas a María del Rosario como el perfume de nuestro amor pero también en sus espinas el dolor de los que sufren los efectos del volcán

 


Queremos ofrecer un ramillete de rosas a María del Rosario como el perfume de nuestro amor pero también en sus espinas el dolor de los que sufren los efectos del volcán

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc. 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

Qué imagen más romántica nos decimos cuando contemplamos a alguien que lleva un ramo de rosas o un ramo de flores a la persona amada. Es el gesto más sencillo y podríamos decir que más habitual con la que alguien quiere expresar el aprecio y el amor que siente por otra persona. Es el regalo de los enamorados, pero es también el regalo bonito de los hijos a sus madres. En la belleza, en el perfume, en el color y brillo de unas flores queremos expresar nuestro amor, queremos ofrecer todo el cariño por ejemplo que sentimos por nuestra madre en momentos especiales, o simplemente cuando nos lo dicta el amor que sentimos en nuestro corazón.

Hoy es el día de una fiesta de María que la celebramos tal como si se tratara de ofrecer un ramo de rosas a la Madre. Es el día de Nuestra Señora del Rosario. Una fiesta y una advocación de la Virgen que entró en el calendario litúrgico después de la famosa batalla de Lepanto con la que la cristiandad frenó el avance del Islam hacia Europa. Una batalla sostenida no solo con la fuerza de las armas en esa singular batalla de Lepanto, sino sobre todo con la oración de los cristianos a la Virgen con el rezo del santo rosario.

Siglos atrás a santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores conocidos como los dominicos, se le atribuya la difusión del rezo del rosario entre el mundo cristiano. Quizás había surgido simplemente como la reacción del pueblo cristiano, que en aquellas épocas se había alejado ya de la lengua latina, al rezo litúrgico de los salmos que sin embargo en la Iglesia seguían recitándose en latín. Una forma de mantener ese espíritu de oración fue con el rezo repetido del avemaría a la Virgen mientras poco a poco se fueron introduciendo los llamados misterios del Rosario que no son otra cosa que recordar distintos momentos del misterio cristiano.

Así la meditación de esos misterios de la vida de Cristo, sobre todo en referencia a la presencia de María en el misterio de la salvación, junto a la oración repetida del avemaría fue de alguna manera una forma de mantener vivo el evangelio en el corazón de los cristianos, una forma de evangelización. Es la razón de esta fiesta de la Virgen del Rosario que hoy celebramos. En muchos de nuestros pueblos que tienen una especial devoción a esta advocación de María se suele representar la llamada Librea, que es como un auto sacramental de esa batalla de Lepanto recordando así en las tradiciones de nuestros pueblos la historia en esa especial referencia a María y el rezo del rosario.

Brevemente quiero detenerme en el texto del evangelio que tantas veces hemos escuchado de la Anunciación del ángel a María del Misterio de la Encarnación. ‘El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel’
. Así sencillamente nos narra el evangelista ese primer momento del encuentro de María con el ángel que venía de parte del Señor. La sorpresa de María, podríamos decir. Sorpresa y asombro. Sorpresa, porque no esperaba la visita del ángel. ¿Quién era ella que se consideraba a sí misma como la humilde esclava del Señor para que viniera a ella un ángel de parte de Dios? Y María se deja sorprender por ese misterio de Dios que se hacia presente en ella.

Algunas veces tenemos el peligro de perder la capacidad del asombro. Quizá son tantas las cosas que suceden continuamente en la vida que ya no nos sorprendemos por nada, todo lo vemos tan natural. Pero hemos de saber descubrir las cosas maravillosas y grandes que suceden a nuestro lado. Es una forma de abrirnos al misterio y ser capaces de aceptar el misterio. Y es en el lado más humano y más ordinario de la vida donde tenemos que aprender a abrir los ojos para ver tantas cosas maravillosas que se suceden en la misma naturaleza.

Nos estamos viendo sorprendidos en estos días por la fuerza de la naturaleza en el volcán que ha explosionado en nuestra tierra, y quizás nos abruma el dolor por tanta destrucción que lleva consigo que está haciendo sufrir a mucha gente, pero al mismo tiempo tenemos que saber abrir los ojos para contemplar tanta fuerza y tanta maravilla que se encierra en nuestra naturaleza.

Aunque estemos en un momento difícil y doloroso para muchos recordar que esa misma tierra que se vio atormentada no hace muchos años por volcanes semejantes, sin embargo supieron sacar una fuente de riqueza para la misma isla en el cultivo de esos terrenos ganados al mar. Detrás de todo esto que nos asombra e incluso nos puede llenar de miedo hay un misterio, hay un don de Dios también que hace surgir en los corazones maravillosos movimientos de solidaridad. ¿No podríamos pensar aquí también en maravillosos caminos de Dios aunque algunas veces nos cueste entender?

Ofrezcamos, si, ese hermoso ramillete de rosas a María en su fiesta con nuestra oración, aunque sabemos que el perfume y la belleza de sus pétalos de múltiples colores esconden unas espinas que vienen a representar nuestros dolores o los sufrimientos de tantos como los que ahora padecen los que sufren los efectos del volcán. Que María se haga presente en esa batalla, hoy no de Lepanto sino de la Cumbre Vieja, para que un día podamos encontrar la luz y el final de tanto sufrimiento.

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

En la batalla de Lepanto que hoy vive nuestro mundo las palabras del ángel a Maria convertida en oración para nosotros sea una nueva ancla de salvación para todos


En la batalla de Lepanto que hoy vive nuestro mundo las palabras del ángel a María convertida en oración para nosotros sea una nueva ancla de salvación para todos

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Un saludo tranquilizador y lleno de esperanza, pero un saludo me atrevo a decir también inquietante. Un saludo que necesitamos escuchar, pero no solo como palabras bonitas y tranquilizadoras, sino como un mensaje fuerte que nos llene también de inquietud. Un saludo que nos puede parecer una utopía de algo que está lejos de la realidad. Así al menos lo ven algunos. ¿Es que podemos sentir alegría, se preguntan, cuando hay tantas sombras alrededor?
Ahora son los momentos duros y de crisis en todos los sentidos que estamos viviendo. Cualquiera tiene que sentir preocupación por la situación; que es la enfermedad, la pandemia que parece que no tiene fin; que es esta situación que inquieta a todos y nos llena de miedos y se crea como una sensación de angustia, porque por todas partes todos y todo nos habla de lo mismo; es la situación social tan llena de amarguras y sufrimientos; es la situación social que se derrumba, y parece que con ellos se nos está derrumbando toda nuestra sociedad, porque está afectando a todos los aspectos de la vida; se nos están hasta cambiando las costumbres, perdemos la comunicación porque se nos hace difícil el encuentro, estamos llenos de desconfianzas, no sabemos por donde salir. No quiero cargar con tintes negros pero son bastante oscuros los horizontes.
Sí, necesitamos oír unas palabras como las que le dijo el ángel a María. Ella también se sintió turbada ante la aparición del ángel y sus palabras; pero María vivía también la inquietud de su pueblo, con sus problemas, con su pobreza, con sus angustias, en la espera de un Mesías que no llegaba, en la situación de opresión ante el poder extranjero, ante incluso las revueltas que de vez en cuando aparecían por distintos lugares y Galilea era un caldo de cultivo para celotes y demás grupos terroristas.
Y el ángel le dice ‘alégrate porque el Señor está contigo’. ¿Qué significaban aquellas palabras? ¿Qué significaba aquel mensaje? Era el momento de la gracia, era el momento del año de gracia del Señor, como más tarde se proclamaría en la sinagoga precisamente de Nazaret donde ahora estaba sucediendo la aparición del ángel. Y el ángel viene con una misión para ella. Dios la ha escogido para ser madre y va a ser la Madre del Altísimo. ‘Has hallado gracia ante de Dios’, le dice el ángel. Y le anuncia una concepción y el nacimiento de un niño. ‘Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin’.
María no termina de entender pero quiere fiarse de Dios. Ha tenido ella otros planes para su vida aunque ya está prometida con José, pero ahora se abren otros caminos delante de su vida. No termina de entender y no sabe qué decisión tomar porque también es una incertidumbre para ella el camino que se está abriendo para su vida. Está lo que sería su voluntad humana, sus buenos deseos con la mejor buena voluntad del mundo, pero está lo que Dios le está planteando y para lo que le está pidiendo su Sí. Y María se confía en Dios y cree en las palabras del ángel. Ella se siente la esclava del Señor y que en ella se realice lo que es la voluntad de Dios.
Y escuchamos hoy nosotros este evangelio en el hoy concreto de nuestra vida que estamos viviendo y también se nos dice que para nosotros es la alegría. También se nos dice que Dios está con nosotros, aunque con los nubarrones algunas veces no terminemos de ver la claridad. Y ahora nos toca discernir, para descubrir la voluntad de Dios en este momento de nuestra vida, en estas circunstancias que ahora nos toca vivir.
Y es que aunque los nubarrones sean negros y las oscuridades no nos dejen ver la salida, sin embargo nosotros tenemos que ser personas de esperanza. En todo esto que nos está sucediendo tenemos que saber descubrir la palabra del Señor, lo que es la voluntad de Dios para nuestra vida. No caben las angustias ni las tristezas, no caben los agobios ni las desesperanzas. Tenemos que aprender a confiar en Dios y abrirnos a su misterio.
Nos estamos haciendo toda esta consideración con el evangelio que se nos ofrece en la fiesta de la Virgen que hoy celebramos, la Virgen del Rosario. El Rosario esa repetición de piropos que queremos dirigirle a nuestra madre cuando a ella oramos desde nuestro valle de lágrimas, como decimos en otra de las oraciones dedicadas a la Virgen. Pero nuestro rosario, nuestro rezo repetido del Avemaría no es simplemente un piropo de amor que le dirigimos a la Madre, sino fijémonos que estamos repitiendo las palabras del ángel.
Y es que rezar el rosario es rumiar el evangelio, digo bien, rumiar, ir repitiéndonos en el corazón esas palabras que son buena nueva de salvación para nosotros y de ahí tendríamos que salir con una nueva visión, con un nuevo valor y sentido para lo que hacemos y para lo que vivimos, con una nueva esperanza porque nos estamos diciendo que el Señor está también con nosotros.
El rosario nació en la piedad del pueblo cristiano como una manera de rumiar el evangelio al lado de María; ya santo domingo recogió lo que en las entrañas del pueblo cristiana ya estaba y quizás le diera nueva forma en las decenas de Avemarías y con la meditación de los distintos misterios de la vida de Cristo que hemos de ir meditando.
Pero recordemos que adquirió gran auge en unos momentos difíciles para la cristiandad y para Europa con la invasión de los otomanos y musulmanes que iban avanzando paso a paso por los pueblos de Europa. Y ahí estuvo la batalla de Lepanto con la victoria de los ejércitos cristianos que ponían barrera al invasor, pero con algo muy importante, detrás estaba todo el pueblo cristiano invocando a la Virgen con el rezo precisamente del Rosario.
¿Por qué no pensar que en estos momentos que vive nuestra sociedad y nuestro mundo el rezo del Rosario, esa oración a María, por parte del pueblo cristiano puede ser esa ancla de salvación para esta situación que actualmente vivimos? Que al final escuchemos también esa palabra del Ángel ‘has hallado gracia ante Dios’.


lunes, 7 de octubre de 2019

Como el hijo que se coge de la mano de su madre cuando rezamos el rosario nos dejamos llevar por Maria para rumiar todo el misterio de Cristo y su salvación





Como el hijo que se coge de la mano de su madre cuando rezamos el rosario nos dejamos llevar por Maria para rumiar todo el misterio de Cristo y su salvación


Zacarías 2,14-17; Sal. Lc 1, 46-55; Lucas 1, 26-38
Aquellas cosas hermosas y bellas que queremos recordar las guardamos en el corazón porque muchas veces queremos traerlas de nuevo al recuerdo para rumiarlas y saborearlas una y otra veas porque eso anima nuestra vida frente a las oscuridades con que nos vamos encontrando. Pero también aquellos sucesos que quizás nos hicieron sufrir, que nos hicieron pasar por momentos amargos, que pudieron suponer un fracaso o una derrota también los guardamos no para mantener resentimientos y amarguras, sino para saber sacar el provecho de una enseñanza, de una lección para nuestra vida o para aprender como el amor pueden vencer lo que nos pueda parecer una derrota.
Es la riqueza maravillosa que atesoramos en nuestro corazón que vale mucho más que las riquezas materiales que se convierten para nosotros en oropeles de fantasía pero que no dan ninguna riqueza a nuestro espíritu. Mucho tendríamos que aprender a valorar y degustar toda esa riqueza espiritual que llevamos dentro de nosotros desde lo que hemos vivido y experimentado.
El evangelio nos repite en varias ocasiones que ante aquellos acontecimientos que se iban sucediendo en torno al nacimiento de Jesús y su infancia Maria guardaba todas aquellas cosas en su corazón. Era el tesoro de su amor y del amor de Dios que ella iba experimentando también en si misma. Guardaba en su corazón y rumiaba una y otra vez porque así admiraba las maravillas que el Señor iba realizando en ella y a través de ella para beneficio y salvación de toda la humanidad.
He querido recordar esto, partiendo también de esa experiencia de nuestra vida de cuantas cosas guardamos en el corazón en esta fiesta de la Virgen del Rosario. Una fiesta muy hermosa de Maria que nos habla del valor de la oración y del triunfo también que podemos obtener en nuestra vida con la oración y con la intercesión de Maria. Una fiesta que nació desde aquella victoria de Lepanto que el pueblo cristiano supo ver como un triunfo de Maria, por cuanto a ella le habían pedido tan intensamente para verse liberados del poder otomano que hubiera cambiado los rumbos de la historia de Europa.
Es el triunfo, podríamos decir, del Rosario, que daría nombre a esa Advocación de María y que nos enseña una hermosa oración que con María podemos realizar y de Maria podemos aprender.
Podríamos decir que rezar el rosario, ese desgranar de cincuenta avemarías de saludo y oración a Maria, es repetir lo que el evangelio nos dice que ella misma hizo. Guardaba todas aquellas cosas en su corazón rumiándolas una y otra vez. Eso es lo que hacemos al rezar el rosario; esos ‘misterios’ son algo más que un título a cada decena del rosario.
Es un ir rumiando en nuestro corazón al unísono con Maria ese misterio de Cristo; es una invitación a que mientras desgranamos esos piropos a Maria que es la oración del Avemaría vayamos meditando ese misterio de Cristo, vayamos rumiando en nuestro interior reviviendo incluso con nuestra imaginación ese momento de la vida de Cristo que recordamos; es un ir rumiando al unísono, repito, con Maria todo ese misterio de nuestra salvación; es un ir empapándonos de evangelio, que es empaparnos de gracia, que es empaparnos de Dios. Es la forma verdadera del rezo del rosario.
Ahí vamos poniendo nuestra vida, con lo mejor de nosotros, con las lecciones aprendidas desde todo lo que nos ha sucedido, pero lo hacemos en un verdadero espíritu de fe dejándonos inundar del misterio de Cristo; y de mano de quien mejor lo podemos hacer que de manos de María, la que estaba empapada de Dios, la llena de gracia, pero la que quería cada día más llenarse de Dios rumiando también cuanto lo había sucedido en orden al misterio de nuestra salvación.
Es una manera de leer, y hacerlo de una manera viva, el evangelio para así llenarnos del mensaje de Jesús, para así empaparnos de sus valores y poder resplandecer con todas las virtudes que han de brillar en la vida de un cristiano. Y lo hacemos de mano de Maria, dejándonos llevar como el hijo que se coge de la mano de su madre y por ella se deja conducir.

sábado, 7 de octubre de 2017

Rezar el rosario a María es entretejer la vida en el misterio de Cristo con los ojos de María

Rezar el rosario a María es entretejer la vida en el misterio de Cristo con los ojos de María

Hechos 1, 12-14; Sal.: Lc 1, 46-55; Lucas 1, 26-38

No podemos comprender debidamente toda la grandeza y todo el misterio de María si no es desde el Misterio de Cristo. Ahí está su lugar y ahí está su grandeza. Es la Madre de Jesús, es la Madre de Dios. Dios que se fijó en ella desde toda la eternidad la hizo grande porque quiso hacerla la Madre de Dios. Y entonces la llenó de todas las gracias; por eso el ángel la llamará la llena de gracia, la que ha encontrado gracia ante Dios. Maria, es la llena de Dios, inundada por el Espíritu de tal manera que el fruto de sus entrañas sería el Hijo del Altísimo.
Pero en todo ese misterio de Dios que se desborda en María con toda su gracia está la colaboración del hombre, del ser humano. Y es que María se dejó hacer por Dios; ella fue siempre la disponible para Dios, la que en todo momento supo abrir su corazón a Dios con total disponibilidad, dispuesta siempre al servicio y al amor, dispuesta a dejarse conducir por Dios, dispuesta siempre a plantar la Palabra de Dios en su corazón y hacerla vida, por eso rumiaba en su interior cuanto acontecía para descubrir el misterio de Dios; guardaba todo en su corazón, que nos dice el Evangelio.
Cuando vamos, entonces, nosotros a María es porque queremos ir a Dios y de ella queremos aprender los caminos, de su generosidad, de su disponibilidad, de su espíritu de servicio, de su amor, de su acogida a la Palabra de Dios, de la apertura de su corazón a Dios. Ella siempre nos hará referencia a Dios, al misterio de Cristo. Ella nos conducirá a Dios, señalándonos el camino que no es otro que Cristo mismo. ‘Haced lo que El os diga’, nos dice a nosotros también como le decía a los sirvientes de las bodas de Caná.
Entonces nosotros con la mirada de María miraremos el misterio de Dios; son los ojos de la madre y son los ojos del amor; es la mirada de la fe, es la mirada que nos ayudará a comprender mejor el misterio de Cristo. Ella que lo guardaba todo en su corazón, como recordábamos, a través de todo ese misterio de Cristo guardado en su corazón nos mira a nosotros y nos enseña a mirar nosotros también la vida y el mundo que nos rodea.
Mirad eso es lo que hacemos cuando rezamos con todo sentido el rosario. Es cierto que es un ir desgranando avemarías como piropos a María, pero tenemos que tener como cristalino de nuestros ojos la mirada de María, que no es otra que el propio misterio de Cristo que ella ha guardado en su corazón.
Por eso mientras vamos desgranando ese puñado de avemarías vamos al mismo tiempo contemplando el misterio de Cristo con los ojos de María, la que guardaba, repito, todo en su corazón. Y si con nuestras avemarías vamos presentándole peticiones a María para que interceda por nosotros ahí estamos poniendo también todo ese misterio de salvación que queremos que llegue a todos los hombres.
Serán los gozos del misterio de Cristo con los gozos y las alegrías de cuantos nos rodean, será el dolor y sufrimiento de la pascua redentora de Cristo que ponemos al lado del dolor de cuantos sufren a nuestro lado o incluso nuestro propio sufrimiento.
Serán los tiempos nuevos de la resurrección y de la plenitud que en Cristo contemplamos con toda esperanza, donde queremos poner también nuestras esperanzas de un mundo de plenitud que solo en Dios podremos alcanzar, pero también las ilusiones y esperanzas por un mundo nuevo que ahora vayamos contrayendo y en lo que nos sentimos comprometidos que con la ayuda de la intercesión de María esperamos que un día podamos realizar.
Hoy estamos celebrando a María en esta hermosa advocación del Rosario queriendo aprender de ella para nuestra oración. Con el Rosario lo hacemos y como todo lo que hacemos con María siempre lo haremos en la contemplación del Misterio de Cristo.
Rezar el santo Rosario
no solo es hacer memoria
del gozo, el dolor, la gloria,
de Nazaret al Calvario.
Es el fiel itinerario
de una realidad vivida,
y quedará entretejida,
siguiendo al Cristo gozoso,
crucificado y glorioso,
en el Rosario, la vida.

viernes, 7 de octubre de 2016

Con María del Rosario entretejemos la vida con el misterio de Cristo gozoso, crucificado y glorioso



Con María del Rosario entretejemos la vida con el misterio de Cristo gozoso, crucificado y glorioso

Hechos de los apóstoles 1, 12-14; Salmo Lc 1, 46-55; Lucas 1, 26-38

La espiritualidad de una persona manifiesta aquellos valores e ideales que se convierten en metas de su vida y que al mismo tiempo vienen a ser como un motor interior que nos impulsa en nuestro camino, da un sentido y valor a cuanto hacemos y nos hace sentir esa fuerza que necesitamos en la lucha de la vida de cada día. Es el espíritu de nuestra vida, de ahí la palabra espiritualidad.
Y la espiritualidad de un cristiano está toda ella centrada en Cristo, porque es en quien en verdad encontramos ese sentido, esa salvación de nuestra vida. Un cristiano está impregnado del espíritu de Cristo; un cristiano está lleno e inundado del Espíritu de Cristo. Un cristiano, pues, todo lo centra en Cristo. Todo lo que gira en torno al hecho de Cristo y su evangelio a eso nos lleva, han de ser en verdad mediaciones que nos conduzcan a Cristo. Cuanto hacemos, cuanto rezamos, los modelos o ejemplos que tengamos ante nuestros ojos siempre nos han de llevar a Cristo. No nos podemos quedar en ellos, porque entonces en verdad perdería su sentido.
Así María, la madre de Jesús que es también nuestra madre; así la devoción que le tengamos a María, el amor que como hijos a ella le tengamos; nunca María sustituirá a Cristo ni podrá ocupar el lugar de Cristo en nuestra espiritualidad, nunca nuestra devoción a María se puede contraponer con nuestra fe en Cristo. Es más, María siempre querrá llevarnos hasta Cristo. ‘Haced lo que El os diga’, nos dirá a nosotros como a aquellos sirvientes de las bodas de Caná.
Hoy estamos celebrando una fiesta de María que es muy entrañable en el pueblo cristiano. Celebramos a María, Virgen del Rosario. Una fiesta y una devoción a María que va profundamente unida a la oración porque de alguna manera toma su nombre de esa cadena de rosas que son las cuentas del rosario, que son las avemarías que desgranamos en nuestra oración a María.
Y es aquí donde hemos de fijarnos en algo muy importante, yo diría esencial, en esta devoción a María en consonancia con lo que venimos diciendo. El rosario no es solo encadenar esas cincuenta avemarías que como piropos dedicamos a María porque el rosario está encadenado – y válganos bien el sentido de la palabra – con todo el misterio de Cristo. Cada decena de avemarías la llamamos un misterio, porque en cada una de esas decenas mientras nuestros labios desgranan esos piropos a María nuestra mente está embebida en ese misterio de la vida de Cristo al que se hace referencia.
Rezar el santo rosario
no es solo hacer memoria
del gozo, el dolor, la gloria,
de Nazaret al Calvario.
Es el fiel itinerario
de una realidad vivida,
y quedará entretejida,
siguiendo al Cristo gozoso,
crucificado y glorioso,
en el Rosario, la vida.
Son unos versos hechos himno de oración en la liturgia de las horas y creo que nos definen muy bien el sentido del rosario haciéndonos marcar profundamente nuestra espiritualidad en todo el misterio de Cristo. A ello nos conduce María siempre. ‘Quedará entretejida la vida en el rosario siguiendo al Cristo gozoso, crucificado y glorioso’, que decían los versos del himno.
Que así vivamos con intensidad nuestra devoción a María, la Madre del Señor y nuestra madre. Así centremos toda nuestra vida, toda nuestra espiritualidad en el misterio de Cristo. María es esa mediación, Mediadora la llamamos, que nos ayuda a ese encontrarnos con Cristo, a ese impregnarnos de su Espíritu, como ella estuvo llena de Dios e inundada por el Espíritu divino. 

martes, 7 de octubre de 2014

Oramos con María y aprendemos del misterio de Cristo empapándonos del evangelio

Oramos con María y aprendemos del misterio de Cristo empapándonos del evangelio

Hechos, 1, 12-14; Sal.:Lc. 1, 46-54; Lc. 1, 26-38
‘Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos’. Es lo que hemos escuchado en el texto sagrado tomado de los Hechos de los Apóstoles cuando nos habla de quienes estaban reunidos en el Cenáculo en la espera del cumplimiento de la promesa de Jesús, el envío del Espíritu Santo.
Nos viene bien este texto en esta fiesta de María que hoy celebramos, la fiesta del Rosario, la fiesta de nuestra Señora del Rosario. Una fiesta que como sabemos fue instituida por el Papa san Pío V tras la batalla de Lepanto, donde la cristiandad europea se vio liberada del invasor turco con la intercesión de la Virgen María a quien toda Europa invocaba con el rezo del Rosario.
Una forma de oración que había mantenido la fe del pueblo cristiano desde muy antiguo y sobre todo en las nebulosidades de la edad Media. Cuando el pueblo no podía participar en la oración de la Iglesia por su ignorancia de la lengua con que se realizaba la liturgia pues habían ido apareciendo las nuevas lenguas en los distintos pueblos y ya el latín no era la lengua del pueblo, cuando era muy escasa la formación que se tenía el rezo del rosario sirvió con la meditación de los distintos misterios de la vida de Jesús para mantener viva la fe del pueblo al tiempo que era como una catequesis que se iba recibiendo mientras se rezaban los distintos misterios del Rosario.
No es solo la repetición de unas avemarías cual piropos a la Virgen que en nuestro amor le dedicamos una y otra vez, sino que se enunciado que se hace en cada uno de los misterios nos ha de servir para contemplar y meditar esos distintos momentos de la vida de Cristo y de María en su relación con el misterio de la salvación donde nos iremos impregnando poco a poco del espíritu y sentido del Evangelio.
Es hermoso, es cierto, repetir como piropos esas avemarías a la Virgen nuestra Madre en el amor que le tenemos, pero no nos podemos quedar ahí. Es muy importante ese enunciado que hacemos del Misterio de Cristo, porque se ha de quedar como gravado en nuestra mente para contemplarlo y meditarlo a la sombra de la presencia de María. No quiere la Virgen que nos quedemos en ella, sino que siempre María quiere conducirnos a Jesús. Es lo que tenemos que vivir con toda intensidad mientras rezamos el rosario, para que no se nos quede en una repetición monótona y rutinaria.
No puede ser el rezo del Rosario algo que hagamos como a la carrera porque tenemos que cumplir, sino que hemos de darle el tiempo que sea necesario para que de verdad nuestro corazón se vaya abriendo más y más al misterio de Cristo. Ojalá en lugar de esa formulación breve y condensada del enunciado del misterio tuviéramos la calma de leer un trozo del evangelio que a ese misterio hiciera referencia, o tener incluso unos momentos de silencio antes de comenzar a repetir las avemarías para interiorizar de verdad lo que decimos con los labios, pero que es necesario que lo sintamos y digamos desde el corazón. Así lograríamos que fuera un gran alimento espiritual para nuestra vida que nos hiciera sentir profundamente la gracia del Señor y nos fuera empapando más y más del evangelio verdadero alimento de nuestra vida cristiana.
Amemos a María desde lo más hondo de nuestra vida. Con la confianza de los hijos a ella acudimos desde nuestros problemas y necesidades porque sabemos que es la Madre que siempre nos escucha como saben hacerlo las madres, y por nosotros va a interceder ante el Señor para que alcancemos esa gracia que tanto necesitamos no solo como ayuda a nuestras necesidades materiales, sino como verdadera fuente de nuestra santificación. 
Como tienen que hacer siempre los hijos con las madres, las amamos y las imitamos, las amamos y las escuchamos, las amamos y las obedecemos. Imitemos a María,  escuchemos a María, obedezcamos a María que siempre nos está diciendo que miremos a Cristo, que vayamos a Cristo,  que escuchemos a Cristo, que hagamos lo que Cristo nos dice.

lunes, 7 de octubre de 2013

Rezar el Rosario de María es recorrer y contemplar todo el Evangelio de Jesús

Hech. 1, 12-14; Sal. Lc. 1, 46-54; Lc. 1, 26-38
Esta fiesta de la Virgen del Rosario nació con una acción de gracias a Dios que con la intercesión de la Virgen a la que se invocó con el rezo del santo rosario concedió la victoria a las tropas cristianas sobre los turcos en la batalla de Lepanto en 1571. De ahí que en muchos lugares vaya acompañada esta fiesta de la representación en teatro popular de esta batalla en escenificaciones de carácter muy popular, verdaderos autos sacramentales podríamos llamarlos, como son las ‘libreas’ que se representan en muchos de nuestros pueblos.
Pero como decíamos el origen en sí mismo está en la devoción del pueblo cristiano a la Virgen Madre de Dios a la que invoca con el rezo del santo rosario. Fue santo Domingo de Guzmán el que en su tiempo extendió por todo el sur de Europa esta devoción a la Virgen y el rezo del rosario, como expresión de la piedad popular, que no sabiendo quizá utilizar otras oraciones de la Iglesia como podrían ser los salmos en el oficio divino también por la dificultad del idioma en la liturgia de la Iglesia, sin embargo unía el rezo del avemaría a la Virgen con la contemplación del Misterio de Cristo, siendo además una verdadera catequesis para el pueblo cristiano.
Es por eso por lo que decimos a cada una de sus partes los misterios del Rosario porque vamos contemplando diversos momentos del misterio de Cristo podríamos decir desde los ojos de María mientras la invocamos con el saludo Angélico del Avemaría. Como bien sabemos la enunciación de los diversos misterios en cada una de las decenas de avemarías que rezamos no se tiene que quedar en esa simple enunciación, sino que ha de darnos motivo para nuestra meditación con lo que iríamos empapándonos más y más de Evangelio si lo hiciéramos bien.
De ahí el texto de la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, que nos ofrece la liturgia en esta celebración. La Iglesia naciente estaba reunida en oración en la espera de la venida del Espíritu Santo y con ellos estaba María, la madre de Jesús. Ahí nos está expresando ya lo que iba a ser la función de María junto al camino de la Iglesia. Es la madre que está a nuestro lado; la madre que nos ayuda a meternos más y más en el misterio de Dios para que nos sintamos inundados de su gracia y empapados cada vez más de los valores nuevos del evangelio; la madre que estando a nuestro lado se convierte también en intercesora ante el trono de Dios para impetrar las gracias que necesitamos en ese camino de la fe, en ese camino del amor.
Es María la que siempre nos está diciendo, como les decía a los sirvientes de las bodas de Caná, ‘haced lo que El os diga’. Siempre María nos lleva a Cristo. Por eso en las imágenes benditas de nuestra devoción a la Virgen siempre nos está mostrando a Jesús. No nos quedamos en María, ella es la madre como toda madre siempre modelo y espejo de lo que ha de ser nuestra vida; pero ella es la buena madre que nos acompaña, nos señala los caminos que hemos de recorrer para apartarnos del mal y del pecado, nos impulsa y nos lleva de la mano para que recorramos caminos de virtud y de santidad; ella es la buena madre que siempre estará dando la cara por nosotros, por eso la tenemos como abogada y como intercesora para alcanzar esa gracia del Señor que necesitamos.
Y cuando le rezamos a ella, quiere que siempre tengamos ante nuestros ojos el misterio de su Hijo. Es lo que hacemos, como decíamos, cuando rezamos el rosario. Son esos piropos que no nos cansamos de dirigir a María, porque ella se lo merece porque es la Madre del Señor pero es también nuestra madre; pero quiere ella que, mientras la invocamos y pedimos su intercesión o le damos gracias por cuanto con su intercesión alcanzamos, tengamos siempre presente ante los ojos de nuestra mente y muy metido en el corazón todo el evangelio de Jesús. Hacer un recorrido por los misterios del Rosario es ir recorriendo el evangelio de Jesús, porque es ir recorriendo su vida y considerando todo el misterio de salvación que nos ofrece.
Por eso, con qué sentido, con profundidad tenemos que rezar el rosario a la Virgen; que nunca sea una rutina, una carrera para acabar pronto porque tenemos que irnos a otra parte; que lo recemos pausadamente, deteniéndonos bien para meditarlos en todos los misterios que son los misterios de la vida de Cristo para nuestra santificación.
Celebramos a María en esta fiesta preciosa del Rosario, cuya devoción tan extendida está en el pueblo cristiano. No hay un pueblo que no tenga una imagen de la Virgen de una especial devoción para el pueblo cristiano, pero pocos pueblos habrá donde falte una imagen de la Virgen del Rosario. Que ella interceda siempre por nosotros y que nosotros, como buenos hijos de María que la amamos con todo nuestro corazón, la escuchemos y hagamos lo que nos señala para hacer siempre lo que Jesús nos dice.

viernes, 7 de octubre de 2011

Con el Rosario de María se mantenga firme y madure la fe del pueblo sencillo



La fiesta de la Virgen del Rosario que celebramos en este día, 7 de octubre, tuvo su origen en el mandato del Papa San Pío V instituyendo esta fiesta como recuerdo y gratitud a la Virgen por la victoria de Lepanto. El pueblo cristiano en Europa se veía amenazado con el avance del Islam y esta victoria de los ejércitos cristianos frente al invasor se atribuyó a la intercesión de la Virgen, pues todo el pueblo cristiano la invocaba con el rezo del santo Rosario. En principio comenzó a llamarse nuestra Señora de las Victorias, para instituirse pronto como fiesta de nuestra Señor del Rosario.

Una fiesta y una devoción muy arraigada en el pueblo cristiano, pues numerosas son las Iglesias levantadas en honor de la Virgen en esta advocación del Rosario en todos nuestros pueblos y raro sería el templo que no tuviera un altar en honor de la Virgen del Rosario; y además entre las costumbres populares que se mantienen en muchos pueblos en estas fiestas de la Virgen del Rosario está la representación de la librea, como se le llama en muchos lugares, que no es otra cosa que la representación de la batalla de Lepanto, repetidas en numerosos lugares.

Como un dato cercanos a nosotros están los magníficos murales de la Parroquia de Santo Domingo en nuestra ciudad de La Laguna con dicha representación; y en pueblos cercanos a nosotros como en Valle de Guerra, pero también en otros muchos lugares, se hacen dichas representaciones de teatro popular y religioso en la mencionada librea.

Pero esta devoción a la Virgen del Rosario no son solo estas fiestas y representaciones, sino es la oración más extendida en honor de la Virgen que es el rezo del santo Rosario. Es la piedad y la devoción del pueblo sencillo que repite una y otra vez como un hermoso ramillete de piropos el rezo del avemaría a la Virgen. Fue santo Domingo de Guzmán el gran propagador del rezo del rosario ya desde el siglo XIII; cuando el pueblo quizá se fue alejando en cierto modo de la liturgia celebrada en una lengua que ya no entendía e incapaz de rezar con los salmos bíblicos como hermosa oración de la Iglesia, fue esta devoción sencilla la que mantuvo y sigue manteniendo la fe de nuestras gentes en su devoción y amor a María, la Madre de Dios y nuestra madre.

Hermosa oración del rosario si la hacemos con todo sentido y devoción, porque no es sólo la repetición que se puede volver cansina de las avemarías una y otra vez, sino que es la meditación de todo el misterio de Cristo que hacemos a los pies de la Virgen y siempre dejándonos conducir por ella que nos llevará hasta Jesús. Los misterios del Rosario que recordamos en cada una de las decenas no son otra cosa que los misterios de la vida de Cristo que María nos ayuda a meditar, a rumiar en nuestro corazón, como ella misma hacía cuando iba contemplando todo el misterio de Dios que en ella y ante ella se estaba realizando.

‘Haced lo que el os diga’, nos sigue repitiendo María, como a aquellos sirvientes de las Bodas de Caná. En ese rumiar el misterio de Cristo a la sombra de María es lo que ella nos va repitiendo allá en nuestro corazón. Ponemos a María junto a nosotros en nuestra devoción porque ella es la Madre; una madre siempre nos enseñará lo bueno porque ella quiere siempre lo mejor para su hijo; una madre siempre nos ayudará a levantar nuestro espíritu y nuestro corazón para que soñemos con cosas grandes.

María, madre de Jesús y madre nuestra, como la contemplamos en el cenáculo allí está pidiendo que se derrame el Espíritu sobre los Apóstoles, sobre la Iglesia. Ella sabía muy bien lo que era llenarse del Espíritu de Dios, porque desde la Encarnación de Dios en sus entrañas así se sentía ella inundada del Espíritu divino y era el que siempre la conducía por los caminos de la fe y del amor. Es lo que hoy nos está enseñando también María.

Como dicen unos versos populares incluso convertidos en himno litúrgico que cantamos en honor de María en la liturgia de las horas, ‘rezar el santo rosario / no sólo es hacer memoria / del gozo, el dolor, la gloria / de Nazaret al Calvario. / Es el fiel itinerario / de una realidad vivida, / y quedará entretejida, / siguiendo al Cristo gozoso, / crucificado y glorioso, / en el rosario, la vida’.

Que quede, sí, entretejida nuestra vida en el misterio de Cristo. Dejémonos enseñar por María y con María oremos para así cada día crezcamos más y más en nuestra fe y nuestro amor, crezcamos más y más en santidad.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Todos juntos en oración con María, la madre de Jesús


VIRGEN DEL ROSARIO

Hech. 1, 12-14
Sal. Lc. 1, 46-54
Lc. 1, 26-38



‘Todos ellos se dedicaban a la oración en común, junto con algunas mujeres, entre ellas María, la madre de Jesús, y con sus hermanos’. Es la imagen de la Iglesia orante en el cenáculo en la espera de la venida del Espíritu junto con María, la Madre de Jesús. Una imagen que nos acompaña desde la Palabra de Dios en esta celebración de la Virgen en su Advocación del Rosario. Precisamente esta advocación mariana tiene referencia especial a ese aspecto de la oración a María y la oración con María.
Históricamente tiene su origen esta celebración en el recuerdo de la batalla de Lepanto, en el triunfo de la cristiandad frente al invasor otomano de Europa, obtenido con la intercesión de la Virgen, a quien toda la cristiandad invocaba con el rezo del Rosario. Todos sabemos que esta devoción del Rosario con su origen probablemente muchos siglos antes en Santo Domingo – al menos fue su difusor – se basa en esa repetición de Avemaría a la Virgen mientras se va meditando el Misterio de Cristo – esos son los misterios del Rosario que se anuncian antes del rezo de cada decena de Avemarías - y la presencia de María en la obra de nuestra salvación.
Pero la oración litúrgica de esta fiesta también nos ayuda a comprender su sentido. Pedimos que se derrame la gracia del Señor sobre nosotros, que ‘hemos conocido, por el misterio del ángel, la Encarnación de Jesucristo’. Es lo que precisamente hemos escuchado hoy en la proclamación del Evangelio. El anuncio del ángel del Señor a María ‘la llena de gracia’ de que va a ser la Madre de Dios; en sus entrañas por obra del Espíritu Santo se va a realizar el admirable misterio de la Encarnación de Dios; de sus entrañas va a nacer el Hijo del Altísimo, el Emmanuel, el Dios con nosotros para ser nuestra salvación.
Pero no nos quedamos ahí sino que al tiempo contemplamos el misterio pascual es más queremos quedar impregnados del misterio pascual con la intercesión de la Virgen, nuestra Madre. Que ‘podamos llegar, por su pasión y su cruz, y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección’.
Ahí, pues, está comprendido todo el misterio de Cristo, su Encarnación y su Pascua. Ahí nos sentimos implicados nosotros, en el Dios que por nuestro amor tomó nuestra naturaleza humana, pero en el Dios que por la Pascua de Cristo, por su muerte y resurrección, nos salva y nos redime, nos inunda de la vida de Dios para siempre haciéndonos sus hijos.
Todo eso lo queremos contemplar – el Rosario tiene mucho de contemplación – y vivir con María a nuestro lado. Cómo tendríamos que aprender de ella que ‘guardaba todo en su corazón’, que rumiaba una y otra vez en su corazón todo el misterio de Dios que se le revelada y se manifestaba al mismo tiempo en ella. Y lo queremos contemplar y vivir con la intercesión de María que es nuestra Madre.
La Madre que Cristo quiso asociar a su obra salvadora: desde que en ella quiso encarnarse; desde que ella es el mejor modelo y estímulo para acoger por nuestra parte la Palabra salvadora de Dios; desde el momento que quiso tenerla junto a sí en la hora de la cruz y de la muerte; desde el misterio de su amor infinito que quiso dárnosla como Madre. Mucho tenemos que aprender de María para dejar que la Palabra plante su tienda en nuestro corazón y en nuestra vida como lo hizo en María.
Por eso, a María no la podemos contemplar ni amar al margen de Jesús. Todo en ella hace relación a Jesús. María siempre nos conducirá a Jesús y nos dice como a los sirvientes de las bodas de Caná: ‘Haced lo que El os diga’.

martes, 7 de octubre de 2008

Una oración como la del cenáculo, el rosario

Hechos, 1, 12-14
Cántico de María, Lc.1, 47-55
Lc. 1, 26-38

‘Todos perseveraban unánimes en la oración con algunas mujeres, con María, la madre de Jesús y con los hermanos...’ Fue después de la Ascensión de Jesús al cielo. Les había dicho que no se alejaran de Jerusalén hasta que se cumpliera la promesa que les había hecho de enviarles el Espíritu Santo. Y ahí están ‘unánimes en la oración’, y allí está ‘María, la Madre de Jesús’.
¿Cómo sería aquella oración con María? Por el corazón de María y de los Apóstoles estaría pasando todo lo sucedido. En su corazón estaría muy presente todo el misterio de Jesús que aún no habían terminado de comprender en toda su totalidad. Había de venir el Espíritu Santo ‘que les enseñaría la verdad plena’. La vida de Jesús en todos sus detalles, sus palabras, sus hechos, sus milagros, su muerte y sus manifestaciones resucitado a los apóstoles y a los discípulos, también a su Madre aunque el evangelio no lo mencione, hasta su Ascensión al cielo. Sería un rumiar una y otra vez todos aquellos acontecimientos, para tratar de ahondar más y más en el misterio de Cristo.
Creo que la oración de María junto a los Apóstoles en el Cenáculo en la espera de Pentecostés nos está enseñando lo que debe ser nuestra oración. En nuestra oración acudimos muchas veces muy preocupados por pedirle muchas cosas a Dios. vamos a la oración como quien va a despachar y lleva una lista de las cosas que tenemos que pedirle a Dios.
De María tenemos que aprender a orar, a escuchar, a contemplar, a rumiar el misterio de Dios. Saborear que nos encontramos en la presencia del Señor. Dejarnos inundar por El, por su amor, por su vida. Gozarnos en que podamos sentirnos amados de Dios. Llenarnos del misterio de Dios, de su vida, de su gracia.
Cuando nos sentimos así en su presencia, sentimos la mirada de Dios sobre nosotros, y al mismo tiempo comenzamos nosotros a mirar de distinta manera nuestra propia vida, las situaciones en que nos encontremos, los problemas que tengamos. Es la luz de Dios que nos ilumina y nos da un nuevo sentido de las cosas. Es la Palabra de Dios que escuchamos allá en lo íntimo del corazón y ya comenzaremos a actuar de distinta manera. Porque es la mirada de Di9os la que tenemos; porque será en el actuar de Dios cómo actuemos.
Esa fue la oración de María en Nazaret cuando llegó hasta ella el ángel de la Anunciación. Ante el saludo del ángel que la llamaba la ‘llena de gracia’, la inundada de la presencia del Señor, ‘el Señor está contigo’, Dios había vuelto su mirada sobre ella, se siente anonada, ‘se turbó y se preguntaba qué saludo era aquel’, que dice el evangelista. ¿Qué hacía María? Rumiaba allá en su interior, en su corazón, todo aquel Misterio de Dios que se le estaba manifestando. Se sentía pequeña, pero reconocía cómo el Señor hacía en ella cosas grandes y maravillosas. Se ponía en las manos de Dios, como la humilde esclava, y aceptaba el plan de Dios para su vida. Era su oración. Oración maravillosa que la hacía llenarse de Dios.
Derrama tu gracia en nuestro corazón, a cuantos hemos llegado a conocer el Misterio de Dios, el Misterio del Dios que se encarna, que se hace carne y presente entre nosotros. Dios que llega a nuestra vida, aunque seamos pequeños, por su gracia. Dios que viene a nosotros para darnos su salvación. Que por la Pasión y la Cruz, por su obra redentora, lleguemos a la Resurrección, a la vida nueva con la intercesión de María.
Intercesión de María, ¿para qué? Para llegar a la vida nueva de la salvación. Es lo que nos viene a ofrecer María. Lo más grande y más hermoso que nos puede dar. ¿Es lo que realmente es nuestra oración y la intercesión que invocamos de María?
Así tiene que ser nuestra oración a María. El Rosario que rezamos invocando a María tiene que ser una oración como la del Cenáculo. Mientras vamos desgranando las Avemarías como saludo a María tenemos que ir sabiendo contemplar todo el Misterio de Cristo, todo el Misterio de nuestra salvación. No es simplemente pasar las cuentas de un instrumento – el rosario – ni simplemente desgranar Avemarías. Tiene que ser algo más.
¿Qué significa el que en cada uno de sus partes vayamos recordando distintos misterios de la vida de Jesús? No es simplemente un enunciado ritual que hacemos antes de comenzar a rezar nuestro Padrenuestros y nuestras Avemarías. Es el Misterio de Cristo que hemos de contemplar, que tenemos que rumiar en ese momento de nuestra oración. Como María y los Apóstoles rumiaban el Misterio de Cristo en el Cenáculo. Y algunas veces cuando llegamos a la cuarta Avemaría ya ni nos acordamos cuál fue el Misterio que enunciamos.
Que de María aprendamos a contemplar y rumiar el Misterio de Dios que se está haciendo presente en nuestra vida. Que de María aprendamos a hacer una profunda y viva oración.