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martes, 25 de marzo de 2025

Llenos de agradecimiento y alegría bendigamos a Dios que así quiso ser agraciada a toda la humanidad con su Encarnación para ser Emmanuel

 


Llenos de agradecimiento y alegría bendigamos a Dios que así quiso ser agraciada a toda la humanidad con su Encarnación para ser Emmanuel

 Isaías 7, 10-14; 8, 10b; Salmo 39; Hebreos 10, 4-10; Lucas 1, 26-38

Hay momentos que son decisivos en la vida, decisivos en nuestra vida personal o decisivos en el curso de la historia. A ojos profanos, a ojos ajenos a lo que puede ser la vida de esa persona, ajenos quizás incluso ante la historia porque les puede parecer que a ellos no les afecta pueden parecen insignificantes y hasta pasar desapercibidos. Pero eso no merma la importancia y trascendencia del momento. Ojalá no perdamos la sensibilidad. Tras esos momentos puede estar la construcción de la vida de esa persona, de ello pueden o van a depender muchas cosas o su vida misma, o en la trascendencia de la historia puede ser principio de un mundo nuevo.

Lo acontecido aquel día en Nazaret pasó totalmente desapercibido en aquel pueblo perdido en lo profundo de Galilea y que nunca había aparecido su hombre en la historia de Israel pero que le haría entrar en la historia para ser conocido por todos. El misterio de Dios revelado a aquella joven en aquellos momentos era desconocido por todos pero como el bien y el amor no se pueden ocultar pronto comenzaría a brillar en algunos corazones abiertos a la sintonía de Dios. Fue un momento de revelación, fue el momento en que Dios quiso hacerse más presente en la historia de los hombres y para ser Emmanuel, verdadero Dios entre nosotros, quiso encarnarse en el seno de una Virgen.

Un momento trascendental en la historia de la salvación, en la historia de amor de Dios para la humanidad. Fue el momento sublime en que Dios envía su ángel para contar con los hombres en su entrada en este mundo encarnándose y haciéndose hombre. Dios quiso contar con María que es querer contar con la humanidad; Dios se hizo presente en María de manera que sería para siempre la agraciada del Señor, la llena de gracia, porque quería hacer patente que la humanidad toda era la agraciada del Señor, a toda la humanidad quería inundar también de su gracia que es lo mismo que inundarla de su amor.

Es lo que hoy estamos celebrando, el misterio de la Encarnación de Dios. Dentro de nueve meses veremos nacer en Niño que sabemos que es el Hijo de Dios, el Hijo del Altísimo como ahora se le anuncia a la que va a ser la Madre de Dios. Dentro de nueve meses haremos fiesta que envolverá a todo el mundo con los sones de alegría de la Navidad, pero este momento trascendental de la Encarnación que hoy estamos celebrando está pasando demasiado desapercibido.

Es una lástima que la mayoría de los cristianos no sepan lo que hoy celebramos o tendríamos que celebrar, ese momento importante, trascendental en nuestra fe, en la historia de la salvación y en consecuencia en la historia de la humanidad, como lo es el momento de la Encarnación de Dios en el seno de María, en el corazón de la humanidad.

En María nos sentimos representados porque en el corazón de María está centrada toda la humanidad en la mirada de Dios cuando ha querido venir a encarnarse entre nosotros. Por eso de María tenemos que aprender para esa acogida del misterio de Dios que tenemos que realizar en nosotros; de María aprendamos a sintonizar con Dios como ella supo escuchar las palabras del ángel, que aunque se sentía turbada ante la grandeza del misterio que se le revelaba ella no se echó atrás, ella se dejó conducir por el Espíritu divino para manteniendo viva su humildad ser capaz de entregar todo su amor, disponible estaba su cuerpo para que Dios tomara su carne y disponible estaba su espíritu porque solamente se sentía la humilde esclava del Señor para que ella se cumpliera la palabra del ángel, para que en ella se realizar la voluntad del Señor.

De María aprendamos a decir con esa generosidad de su espíritu ‘hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo’, como rezamos en el padrenuestro. Lo decimos fácilmente como palabras repetidas de memoria, pero torpemente lo realizamos porque no siempre tenemos esa humildad y esa disponibilidad en nosotros. Es mucho lo que queremos decir con esas palabras pero tenemos que hacerlo de manera consciente para saber anteponer siempre lo que es la voluntad de Dios a lo que puedan ser nuestros deseos aunque nos parezcan buenos. ‘No se haga mi voluntad sino la tuya’, decía Jesús entre sudores de sangre en Getsemaní, porque sí era consciente lo que significaba la voluntad de Dios. Aprendamos nosotros a hacerlo con la sencillez de María, con la humildad de María, con la disponibilidad de María.

Celebremos con gran sentido este momento grandioso de este día. Llenos de agradecimiento y alegría bendigamos a Dios que así quiso ser agraciada a toda la humanidad, quiso hacer de nosotros también unos seres llenos de gracia, inundados del amor de Dios.

martes, 20 de diciembre de 2022

Abramos con confianza nuestro corazón a Dios y en ese silencio interior descubramos el proyecto de Dios que como a María también a nosotros nos pone en camino de salvación

 


Abramos con confianza nuestro corazón a Dios y en ese silencio interior descubramos el proyecto de Dios que como a María también a nosotros nos pone en camino de salvación

 Isaías 7, 10-14; Sal 23; Lucas 1, 26-38

¿Confiamos o no confiamos? ¿Tenemos o no tenemos confianza?  Según en qué, según con quien, según cuándo… y ponemos nuestras pegas, pedimos nuestras pruebas, y aún en las pruebas que pedimos algunas veces también desconfiamos. La vida tendría que estar edificada sobre la confianza, en la vida misma, en las personas de las que nos rodeamos, en las personas con las que estamos, con quienes convivimos, con quienes trabajamos.

Es como podemos vivir, lo contrario sería angustia interior, sería inseguridad, sería falta de paz. Sin embargo aunque nos mostremos recelosos, muchas cosas vamos haciendo con normalidad en la vida que es una muestra de confianza, en el conductor que nos lleva en el autobús, o en el piloto del avión, en el panadero que nos hace el pan o habitualmente con las personas con las que nos cruzamos en la calle, y así en tantas y tantas cosas, a pesar de lo que digamos o lo que pensamos. Es un punto importante en nuestras relaciones.

¿También en nuestras relaciones con Dios? Si decimos que tenemos fe lo hacemos desde una base de confianza, porque es fiarnos de un misterio qee nos supera y nos trasciende, pero también de lo que podemos sentir en nuestro interior en lo que podemos escuchar la voz de Dios. Si oramos a Dios es porque tenemos la confianza de que El nos escucha y accede a cuanto le pedimos.

¿Hasta dónde llega la confianza de nuestra fe? En la rebeldía interior cuando nos aparecen los problemas y las dificultades, el dolor, la enfermedad o la muerte, le reclamamos a Dios y no siempre con la humildad de la confianza. En el sentido que le damos a la vida o el valor que le damos a las cosas muchas veces más que fiarnos de Dios queremos en nuestro orgullo hacerlo por nosotros mismos y a nuestra manera. Cojea en ocasiones esa confianza de la fe, esa confianza en Dios que tendría que convertirse en la obediencia de la fe.

Es la confianza de la fe pero que ha he haber nacido del descubrimiento del amor. Cuando en verdad nos sentimos amados de Dios comenzamos un camino distinto de relación con Dios, un camino distinto de fe y de confianza. No podemos menos que confiar en quien nos sentimos amados. Sepamos, pues, descubrir esas señales del amor. Es lo que de una manera intensa y especial nos disponemos a celebrar en los próximos días de la Navidad.

Hoy queremos aprender de María, que se siente sorprendida por el amor de Dios que la envuelve. Era mujer de fe que de tal manera se había puesto en las manos de Dios que se sentía su esclava, la humilde servidora del Señor. Por eso en ella habrá disponibilidad total porque hay confianza total. Como humana que es, y también en su humildad se siente sorprendida con que Dios quiera contar con ella y no sabe ni cómo va a ser ni hasta dónde tendrá que llegar la disponibilidad de su vida. Por eso ante el misterio que se le revela se turba, que dice el evangelio, se queda pensativa rumiando aquello que el ángel del Señor le está revelando, pero no faltará la paz en su corazón. ‘No temas, María’, le dirá el ángel porque ella es, y así se siente, la agraciada, la regalada por el amor del Señor. Siente sobre sí la mirada del amor de Dios que la ha elegido.

Todo es un misterio de Dios que solo desde la fe, desde la confianza total que pone en la Palabra de Dios que se le está transmitiendo, se es capaz de aceptar, como lo hace María. Su hijo será el Hijo del Altísimo, todo lo que en ella sucede es obra del Espíritu que la envuelve y la llena de nueva vida, comienza con su ‘sí’ un camino de amor y de salvación para la humanidad porque su hijo al que llamará Jesús tiene ese nombre por es el Salvador de todos los hombres. Acepta el plan de Dios, acepta el proyecto de Dios. Un tiempo nuevo va a comenzar por la confianza de María, por la obediencia de la fe de quien es la llena de gracia.

¿Aprenderemos nosotros a confiar?  ¿Habrá en nosotros esa disponibilidad para aceptar lo que sea el plan de Dios para nuestra vida? Porque Dios también quiere contar con nosotros y el sí de nuestra confianza total que le demos a Dios será también camino de vida y salvación para la humanidad. Como a María a nosotros también Dios nos está poniendo en camino; abramos con confianza nuestro corazón a Dios y en el silencio de nuestro corazón descubramos ese proyecto de Dios. ¿Confiamos o no confiamos?

sábado, 25 de diciembre de 2021

Navidad es el milagro de la presencia de Dios en este mundo concreto que vivimos que nos llena de esperanza y nos pone en camino de un mundo nuevo de fraternidad y paz

 


Navidad no es una fecha

ni una fiesta más del calendario. 

Navidad no es un simple recuerdo o conmemoración

que podamos hacer con cierta nostalgia. 

Navidad es un hecho y es vida. 

Navidad es el milagro de la presencia de Dios

entre nosotros los hombres

porque se hace Emmanuel. 

Navidad es Dios que viene nuestro mundo y a nuestra vida

en la realidad concreta que vivimos. 

Navidad es Dios que responde

a nuestras inquietudes y problemas de cada día. 

Navidad es esperanza de un mundo nuevo

que con la presencia de Dios entre todos podemos construir. 

Navidad es ese mundo de fraternidad, de amor y de paz

que todos tanto deseamos. 

Hagamos una verdadera Navidad

celebrando y viviendo el nacimiento de Jesús,

el Hijo de Dios hecho hombre. 

De corazón feliz navidad.


Navidad es el milagro de la presencia de Dios en este mundo concreto que vivimos que nos llena de esperanza y nos pone en camino de un mundo nuevo de fraternidad y paz

Isaías 9, 1-6; Sal 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

Llegó el 25 de diciembre y estamos celebrando Navidad. Hemos ido haciendo un recorrido a través de las cuatro semanas del Adviento y llega el momento de la celebración del nacimiento del Señor. Pero no es un día más, no es una fecha más que tenemos que celebrar, no es una fiesta como otras como algunas veces nos quieren hacer ver haciendo incluso desaparecer la palabra Navidad. Lo hemos de tener claro, lo hemos de vivir con toda intensidad, lo hemos de hacer notar de verdad los que creemos en Jesús.

También es cierto que para muchos es una fiesta o una celebración llena de nostalgias, porque comenzamos a pensar en las personas que han estado en otras ocasiones con nosotros, y al final terminamos llenándonos de tristeza, pero porque quizás por una parte nos falta esperanza, pero también porque parece que no siempre tenemos claro el sentido de la navidad.

Hay algo que no podemos olvidar, Navidad es el milagro de la presencia de Dios. Sí, presencia de Dios. El ha querido hacerse Emmanuel, Dios con nosotros, y es el hecho que celebramos, es lo que en verdad tenemos que vivir. Porque no se nos queda en una conmemoración o un recuerdo, es una vivencia que tenemos que sentir aquí y ahora, porque aquí y ahora Dios está con nosotros.

Está con nosotros en lo que es nuestra vida de cada día, con sus preocupaciones, con sus problemas, con sus angustias, con sus alegrías también. Dios en aquel momento se hizo presente en un pueblo concreto, que tenía sus problemas, que vivía su pobreza, que tenía sus inquietudes en el corazón. Un pueblo con su historia y además Dios se sirve incluso de esos momentos de su historia para que así se cumpliera su plan de salvación.

Hoy hemos contemplado a José y a María tener que caminar lejos de su pueblo para llegar a Belén porque a un gobernador todopoderoso se le ocurrió la idea de hacer un censo; pero Dios se vale de esas circunstancias para que Jesús naciera en Belén, porque era la ciudad de David y de él había de descender el Mesías. Y nace en medio de la pobreza de no tener ni una plaza en una posada para ser en verdad el que venía a traer la Buena Nueva a los pobres; los pobres serían evangelizados, los primeros a los que se anunciara la Buena Noticia, como había anunciado el profeta y lo vemos realizado en el anuncio del angel a los pastores de Belén.

Esto nos está diciendo como Dios hoy viene a nuestra historia concreta, en lo que vivimos en estos días concretos en nuestra sociedad y en nuestro mundo, porque Dios viene a dar respuesta en verdad a esos interrogantes que hoy se nos plantean desde la realidad que vivimos, pandemias, pobreza, inestabilidad social y desorientación de nuestra sociedad, angustias de tantos a los problemas que se les presentan, momentos duros como los que vive la sociedad actual o las catástrofes naturales como las que han azotado estos días a nuestra propia tierra canaria.

Todo eso produce inquietud en el corazón, interrogantes a los que no sabemos responder en ocasiones, dudas y sombras que ennegrecen nuestra vida; pero estamos celebrando a quien es la luz, el que ha venido como la luz del mundo, aunque las tinieblas de nuestro mundo no quieran reconocer o rechacen esa luz. Pero esa presencia de Dios en medio nuestro nos llena de esperanza, esa presencia del Señor nos hace levantarnos para no quedarnos hundidos en nuestras sombras y encontrar rumbo en nuestro caminar. Y es lo que queremos vivir en la navidad, es lo que tiene que significar la navidad para nosotros.

Navidad es esperanza de ese mundo nuevo que podemos construir con la presencia y la fuerza del Señor. ¿No anunciará Jesús precisamente la llegada del Reino de Dios? Será el anuncio y la tarea fundamental de su vida. Será lo que nos trasmite el evangelio; será a lo que nos invita convirtiendo nuestro corazón a El. Es el camino que se abre ante nosotros a partir de Navidad, a partir de que sentimos y vivimos la presencia del Señor en medio nuestro. Se encarnó y se hizo hombre para caminar a nuestro lado y enseñarnos a hacer ese camino.

Navidad es ese mundo de fraternidad, de amor y de paz que todos tanto deseamos. Son las palabras que más repetimos en estos días, son los deseos que tenemos los unos para con los otros; es lo que queremos expresar con nuestras felicitaciones de Navidad. Pero que no se quede en palabras, que sea compromiso de nuestra vida, que sea camino que queremos recorrer.

Y si estos días algo en lo que todos hacemos tanto hincapié son los encuentros familiares, los encuentros de los amigos y en lo que ponemos tanto empeño, que no sean cosas efímeras de un día, de un momento o de una ocasión, sino que estos reencuentros que hemos realizado o estamos realizando sean comienzo de nuevos reencuentros que seguiremos realizando. Que en verdad vivamos el compromiso de la fraternidad.  Si la palabra paz es la que más repetimos incluso de cara al nuevo año que va a comenzar, que sea en verdad compromiso para trabajar por esa paz.

Busquemos vivir con todo sentido y con toda profundidad nuestra navidad. Hagamos verdadera navidad en que celebremos ciertamente el nacimiento de Jesús el Hijo de Dios que se ha encarnado y se ha hecho hombre por nosotros. Es Emmanuel, es Dios con nosotros. En el relato del evangelio que tanto se ha repetido en estos días en nuestras celebraciones hemos contemplado el portal de Belén; allí en ese portal estábamos nosotros representados con nuestras pobrezas y también con nuestras esperanzas. Sobre aquel portal brilló la gloria del Señor con los ángeles cantando la gloria del Señor. Sobre nosotros tiene que comenzar a brillar también con toda intensidad esa luz de la gloria del Señor que nos llena de esperanza nueva de un mundo nuevo y mejor. Es la tarea de nuestra navidad.

De corazón para todos, Feliz Navidad.

lunes, 20 de diciembre de 2021

Necesitamos la fe, la humildad, la confianza y la disponibilidad de María para hallar gracia ante Dios y en nosotros también se realicen maravillas

 


Necesitamos la fe, la humildad, la confianza y la disponibilidad de María para hallar gracia ante Dios y en nosotros también se realicen las maravillas del Señor

Isaías 7, 10-14; Sal 23; Lucas 1, 26-38

¿Cómo ve voy a atrever a pedir eso? Es quizás la desconfianza de no sentir que merecemos que se nos escuche; el temor ante quien tendríamos que presentarnos para hacer esa petición pero que lo consideramos un ser tan importante, que no pensamos que ni nos pueda atender. Lo necesitaré, pero quien soy yo para atreverme a hacer tal petición.

Y no me refiero ya a nuestras relaciones humanas con aquellas personas que consideramos importantes y poderosas y ante quienes no sabemos cómo vamos a hacerle una petición tan importante o necesaria; en este caso pienso en lo que pudiera ser nuestra relación con Dios. Sabemos, es cierto, que de alguna manera apabullamos a Dios porque lo único que sabemos hacer es pedir, y nuestra oración no es otra cosa que una lista de peticiones que hacemos a Dios. Sin embargo, algunas veces dudamos, desconfiamos, de alguna manera parece que no nos atrevemos. El respeto al santo Nombre de Dios se puede convertir en un miedo.

‘No lo pido, no quiero tentar al Señor, mi Dios’, le decía Ajaz al profeta cuando este le decía que pidiera una señal en aquellas situaciones difíciles en las que se encontraban. El profeta quería darle señales de que Dios estaba con él, pero no quería tentar al Señor, su Dios, como decía. Pero la señal se le dará, una señal que fue importante en aquel momento, pero que se convierte en señal mesiánica, porque nos hablará de una presencia nueva de Dios en medio de  nosotros.

¿Temor ante la presencia de Dios? Nos parece que eso es cosa solo del Antiguo Testamento, en que Dios se manifestaba también en signos portentosos de la propia naturaleza – recordamos el Sinaí donde Dios se les manifiesta en medio de la tormenta de la montaña -, pero puede ser algo que siga pesando en nuestro corazón.

Hoy tenemos que escuchar las palabras del ángel a María. ‘No temas, porque has encontrado gracia ante Dios’. Y es que María se sentía sobrecogida por la presencia del ángel que le manifestaba la presencia y cercanía de Dios y lo que el ángel le anunciaba. No comprendía el sentido de sus palabras y se puso a rumiar en su corazón para encontrar un significado. Pero María había encontrado gracia ante Dios, y en María íbamos todos a encontrar esa gracia, ese regalo de Dios que era su salvación que se iba a manifestar en Jesús, el hijo que había de nacer de María, el Emmanuel. ‘No temas…’ le ha dicho el ángel.

Dios se nos va a manifestar en una cercanía maravillosa. De ahora en adelante para nosotros va a ser Emmanuel, Dios con nosotros. Y así nos prometerá Jesús al final del evangelio que estará con nosotros todos los días hasta el fin de los tiempos. Hoy estamos contemplando ese momento maravilloso. Dios se ha acercado a María, que es la agraciada del Señor, para ser gracia salvadora para todos nosotros. María se va a ver inundada por el Espíritu Santo ‘y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra y el santo que va a nacer de ti, le dice el ángel, será llamado Hijo de Dios’.

Se va a realizar la maravilla de la Encarnación. Y Dios quiere contar con María. No es ya que nosotros no nos atrevamos a acercarnos a Dios, sino que será el mismo Dios que se quiere acercar a nosotros y quiere contar con nosotros, quiere contar con María. Y ahí aparece la disponibilidad de María, la generosidad de su corazón, la humildad de quien se siente la sierva del Señor, aunque comenzará a reconocer que el Señor en ella está realizando cosas grandes. María, la que siempre ha estado en las manos de Dios, no puede negarse, ‘aquí está la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra’, le dice al ángel.

¿Qué nos queda a nosotros cuando contemplamos esta escena del evangelio? ¿Qué nos queda a nosotros cuando así nos sentimos también agraciados y regalados del Señor que comenzar a caminar con la misma disponibilidad de María, con la misma generosidad en nuestro corazón?

Son los pasos que tenemos que seguir dando en este camino de Adviento cuando ya tenemos tan cercana la Navidad. Reconozcamos que el Señor quiere hacer también obras grandes en nosotros. Pero necesitamos la fe y la humildad de María, la confianza y la disponibilidad de María. No temamos, también nosotros hallamos gracia ante Dios porque el Señor está volviendo su rostro sobre nosotros para inundarnos con su salvación.

 sava

sábado, 18 de diciembre de 2021

En medio de las zozobras y de los momentos de prueba se ha de manifestar la madurez de nuestra fe para ser capaces de dar el paso adelante que nos pide el Señor como lo hizo José

 


En medio de las zozobras y de los momentos de prueba se ha de manifestar la madurez de nuestra fe para ser capaces de dar el paso adelante que nos pide el Señor como lo hizo José

Jeremías 23, 5-8; Sal 71; Mateo 1, 18-24

Hay situaciones que se nos presentan en la vida que son verdaderas pruebas para nosotros. Una situación inesperada, un cambio de rumbo que hay que tomar dejando muchas cosas queridas a un lado, una estabilidad en la vida a la que nos habíamos acostumbrado pero que de la noche a la mañana todo cambia y nos sentimos totalmente inseguros, algo que parece romper nuestra relación con las personas que amamos por algún acontecimiento o por algo que sucede y que no tiene humana explicación.

Cuando nos vemos en una situación así lo pasamos mal y nos parece que todo el mundo se derrumba bajos nuestros pies. Es difícil enfrentarnos a la situación, es difícil mantener la serenidad y del equilibrio, la equidad del espíritu, es difícil lo que nos parece que es comenzar una vida nueva y de cero.

Pero ahí es donde se manifiesta nuestra madurez, nuestra fortaleza, el sentirnos bien afirmados en unos principios, en no perder la paz del corazón. No sentirnos resquebrajados y seguimos adelante; somos capaces de tener ecuanimidad y con serenidad de espíritu descubrir lo bueno que se nos puede deparar para nosotros incluso de esa situación amarga; como creyentes el saber descubrir lo que es la voluntad de Dios para mi vida y el paso adelante que Dios quizás nos está pidiendo. Y muchas veces, aunque no nos guste o las tratemos de disimular, tenemos que enfrentarnos a situaciones semejantes.

Hoy en el evangelio y en el entorno de Cristo vemos una situación así. Duro tuvo que ser el momento para José; María, su prometida, la que legalmente de alguna manera se podía considerar su esposa, estaba encinta sin haber convivido con él. Amaba a María, era su mujer, no podía entender lo que sucedía, María quizás tampoco se manifestaba porque María sí había comprendido el misterio de Dios que en ella se realizaba, pero era difícil hacerlo entender a otras personas. José, sin querer dañar a nadie, tenía más o menos la decisión tomada; pero aquí aparece el ángel del Señor.

José era bueno y un hombre abierto a Dios; lo que podemos llamar un auténtico creyente; nos da señales de ello. Y siente la voz de Dios en su corazón. ¿En sueños? ¿Un ángel? Dios tiene muchas formas misteriosas de manifestarse, lo que el hombre tiene que estar atento a la voz de Dios para ser capaz de escucharla, aunque muchas sean las tormentas que lleva en su corazón. Es lo que sucedió en José. Y supo escuchar la voz de Dios y a él también se le reveló el misterio; y él supo aceptar de forma madura ese designio de Dios. Y José se llevó a Maria su mujer a su casa.

¿Seremos capaces en medio de nuestras zozobras de escuchar la voz de Dios en nuestro corazón? Hemos de estar entrenados para ello; tenemos que saber ir abriendo nuestro corazón a Dios cada día hasta en las cosas más pequeñas; podrán venir tormentas fuertes pero estaremos bien anclados en Dios y sabremos tomar la decisión, dar el paso adelante y seguir el camino que se abre ante nosotros. Como lo hizo José, como lo hizo María, como tenemos que hacerlo nosotros cada día.

sábado, 19 de diciembre de 2020

Pongamos nosotros nuestro amor y ayudemos con ello a recuperar su dignidad a tantos que en la vida no se sienten amados significándoles también que Dios les ama

 


Pongamos nosotros nuestro amor y ayudemos con ello a recuperar su dignidad a tantos que en la vida no se sienten amados significándoles también que Dios les ama

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Sal 70; Lucas 1, 5-25

La presencia de Dios en la vida del hombre lo dignifica y lo engrandece. Dios no quiere nunca anular la vida del hombre, su grandeza y su dignidad sino todo lo contrario. La liberación que significa sentirnos amados de Dios nos engrandece, como nos sentimos agraciados y engrandecidos cuando en la vida nos sentimos amados.

Sentirte amado es sentirte valorado; sentirte amado es sentir que se te tiene en cuenta; sentirte amado es saber que tú no eres indiferente para aquel que te ama; sentirte amado te hace sentirte con una fuerza interior porque ya no eres un cualquiera, un ser anónimo, sino que tienes un nombre – con lo que eso significa – para aquella persona que te ama. Cuantos contemplamos en la vida que su mayor desgracia es sentir o apreciar que nadie les ama, que nadie les tiene en cuenta, que son ignorados y en consecuencia con el desprecio más terrible porque se sienten que no son nadie para nadie.

‘No temas, le dice el ángel a Zacarías, tu oración ha sido escuchada’. Se abrieron los cielos para aquel anciano; eso era suficiente para quedarse mudo sin saber que pronunciar ni decir, porque hasta entonces tenía quizá la sensación, a pesar de ser un hombre de fe, de que Dios no le tenía en cuenta, porque Dios no escuchaba sus súplicas. Ahora ya puede saltar de alegría porque sabe que Dios le ha tenido en cuenta, su oración ha sido escuchada. Quizás ya hasta no le importe que no consiga lo que tanto ha pedido, porque se le ha ido el tiempo, él es anciano y su mujer también además de ser ella estéril. Por eso quizá la respuesta al ángel, que no era rechazar el designio de Dios sino humildemente reconocer ya su capacidad humana para ser padre.

Pero el ángel viene a decirle que Dios ha escuchado su oración y las maravillas de Dios se van a realizar, porque aquel hijo que va a nacer tiene una misión, una misión muy importante en la historia de Israel, en la historia de la salvación. Va a ser el que viene a preparar los caminos del Señor, como habían anunciado los profetas. Va a ser el que irá delante del Señor con el poder y el espíritu de Elías preparando un pueblo bien dispuesto. Va a ser el que estará lleno del Espíritu de Dios ya desde el seno materno, porque será un consagrado del Señor. Cómo va a saltar la criatura en el seno de su madre aún con la visita de María, que es también la visita del Salvador, la visita de Dios para aquel hogar de la montaña.

Se quedará mudo Zacarías - ¿y quien no se queda mudo cuando recibe tan excelentes noticias? – aunque le servirá para una purificación mayor de su fe para poder cantar mejor luego las alabanzas del Señor. Es cierto que hubo duda en su corazón cuando el ángel le comunica tan maravillosa buena nueva, porque se cree indigno, para pensando humanamente parecía imposible lo que el ángel le anunciaba, porque no terminaba de percibir lo que eran las maravillas del Señor para quien nada hay imposible.

Pero ahora Zacarías podría volver con la cabeza alta a su casa de la montaña, pero con la mayor de las alegrías en el corazón porque Dios le había tenido en cuenta, porque de alguna manera Dios le había escogido a él también para una colaboración en la obra de la salvación con el nacimiento de su hijo, el mayor de los nacidos de mujer como un día dijera Jesús de él. A Isabel se le borró todo el oprobio que sentía en su corazón en su imposibilidad de ser madre y ahora toda su dignidad de mujer y de persona estaba recobrada. Son las acciones del Señor, son las maravillas del Señor que siempre nos engrandecen.

¿Nos hará también pensar todo esto cómo podemos nosotros dignificar a tantos con nuestro amor? A nuestro lado pasan muchos que sienten el oprobio de que no son amados; pensemos en cuanta discriminación sigue habiendo en el mundo en que vivimos; pongamos nosotros nuestro amor y ayudemos con ello a recuperar su dignidad a tantos que en la vida no se sienten amados. Con nuestro amor también les estaremos diciendo que cuentan para Dios y que son amados de Dios.

miércoles, 7 de octubre de 2020

En la batalla de Lepanto que hoy vive nuestro mundo las palabras del ángel a Maria convertida en oración para nosotros sea una nueva ancla de salvación para todos


En la batalla de Lepanto que hoy vive nuestro mundo las palabras del ángel a María convertida en oración para nosotros sea una nueva ancla de salvación para todos

Zacarías 2, 14-17; Sal.: Lc 1, 46b-55; Lucas 1, 26-38

‘Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo’. Un saludo tranquilizador y lleno de esperanza, pero un saludo me atrevo a decir también inquietante. Un saludo que necesitamos escuchar, pero no solo como palabras bonitas y tranquilizadoras, sino como un mensaje fuerte que nos llene también de inquietud. Un saludo que nos puede parecer una utopía de algo que está lejos de la realidad. Así al menos lo ven algunos. ¿Es que podemos sentir alegría, se preguntan, cuando hay tantas sombras alrededor?
Ahora son los momentos duros y de crisis en todos los sentidos que estamos viviendo. Cualquiera tiene que sentir preocupación por la situación; que es la enfermedad, la pandemia que parece que no tiene fin; que es esta situación que inquieta a todos y nos llena de miedos y se crea como una sensación de angustia, porque por todas partes todos y todo nos habla de lo mismo; es la situación social tan llena de amarguras y sufrimientos; es la situación social que se derrumba, y parece que con ellos se nos está derrumbando toda nuestra sociedad, porque está afectando a todos los aspectos de la vida; se nos están hasta cambiando las costumbres, perdemos la comunicación porque se nos hace difícil el encuentro, estamos llenos de desconfianzas, no sabemos por donde salir. No quiero cargar con tintes negros pero son bastante oscuros los horizontes.
Sí, necesitamos oír unas palabras como las que le dijo el ángel a María. Ella también se sintió turbada ante la aparición del ángel y sus palabras; pero María vivía también la inquietud de su pueblo, con sus problemas, con su pobreza, con sus angustias, en la espera de un Mesías que no llegaba, en la situación de opresión ante el poder extranjero, ante incluso las revueltas que de vez en cuando aparecían por distintos lugares y Galilea era un caldo de cultivo para celotes y demás grupos terroristas.
Y el ángel le dice ‘alégrate porque el Señor está contigo’. ¿Qué significaban aquellas palabras? ¿Qué significaba aquel mensaje? Era el momento de la gracia, era el momento del año de gracia del Señor, como más tarde se proclamaría en la sinagoga precisamente de Nazaret donde ahora estaba sucediendo la aparición del ángel. Y el ángel viene con una misión para ella. Dios la ha escogido para ser madre y va a ser la Madre del Altísimo. ‘Has hallado gracia ante de Dios’, le dice el ángel. Y le anuncia una concepción y el nacimiento de un niño. ‘Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin’.
María no termina de entender pero quiere fiarse de Dios. Ha tenido ella otros planes para su vida aunque ya está prometida con José, pero ahora se abren otros caminos delante de su vida. No termina de entender y no sabe qué decisión tomar porque también es una incertidumbre para ella el camino que se está abriendo para su vida. Está lo que sería su voluntad humana, sus buenos deseos con la mejor buena voluntad del mundo, pero está lo que Dios le está planteando y para lo que le está pidiendo su Sí. Y María se confía en Dios y cree en las palabras del ángel. Ella se siente la esclava del Señor y que en ella se realice lo que es la voluntad de Dios.
Y escuchamos hoy nosotros este evangelio en el hoy concreto de nuestra vida que estamos viviendo y también se nos dice que para nosotros es la alegría. También se nos dice que Dios está con nosotros, aunque con los nubarrones algunas veces no terminemos de ver la claridad. Y ahora nos toca discernir, para descubrir la voluntad de Dios en este momento de nuestra vida, en estas circunstancias que ahora nos toca vivir.
Y es que aunque los nubarrones sean negros y las oscuridades no nos dejen ver la salida, sin embargo nosotros tenemos que ser personas de esperanza. En todo esto que nos está sucediendo tenemos que saber descubrir la palabra del Señor, lo que es la voluntad de Dios para nuestra vida. No caben las angustias ni las tristezas, no caben los agobios ni las desesperanzas. Tenemos que aprender a confiar en Dios y abrirnos a su misterio.
Nos estamos haciendo toda esta consideración con el evangelio que se nos ofrece en la fiesta de la Virgen que hoy celebramos, la Virgen del Rosario. El Rosario esa repetición de piropos que queremos dirigirle a nuestra madre cuando a ella oramos desde nuestro valle de lágrimas, como decimos en otra de las oraciones dedicadas a la Virgen. Pero nuestro rosario, nuestro rezo repetido del Avemaría no es simplemente un piropo de amor que le dirigimos a la Madre, sino fijémonos que estamos repitiendo las palabras del ángel.
Y es que rezar el rosario es rumiar el evangelio, digo bien, rumiar, ir repitiéndonos en el corazón esas palabras que son buena nueva de salvación para nosotros y de ahí tendríamos que salir con una nueva visión, con un nuevo valor y sentido para lo que hacemos y para lo que vivimos, con una nueva esperanza porque nos estamos diciendo que el Señor está también con nosotros.
El rosario nació en la piedad del pueblo cristiano como una manera de rumiar el evangelio al lado de María; ya santo domingo recogió lo que en las entrañas del pueblo cristiana ya estaba y quizás le diera nueva forma en las decenas de Avemarías y con la meditación de los distintos misterios de la vida de Cristo que hemos de ir meditando.
Pero recordemos que adquirió gran auge en unos momentos difíciles para la cristiandad y para Europa con la invasión de los otomanos y musulmanes que iban avanzando paso a paso por los pueblos de Europa. Y ahí estuvo la batalla de Lepanto con la victoria de los ejércitos cristianos que ponían barrera al invasor, pero con algo muy importante, detrás estaba todo el pueblo cristiano invocando a la Virgen con el rezo precisamente del Rosario.
¿Por qué no pensar que en estos momentos que vive nuestra sociedad y nuestro mundo el rezo del Rosario, esa oración a María, por parte del pueblo cristiano puede ser esa ancla de salvación para esta situación que actualmente vivimos? Que al final escuchemos también esa palabra del Ángel ‘has hallado gracia ante Dios’.


jueves, 19 de marzo de 2020

San José, el hombre creyente que desde su fe en la tormenta no perdió la serenidad del espíritu y llenó de bondad su corazón para descubrir el plan de Dios


San José, el hombre creyente que desde su fe en la tormenta no perdió la serenidad del espíritu y llenó de bondad su corazón para descubrir el plan de Dios

2Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16; Sal 88;  Romanos 4, 13. 16-18. 22; Mateo 1, 16. 18-21. 24a
‘¿No es este el  hijo del carpintero?’ se preguntaba la gente de Nazaret cuando escucharon a Jesús aquel sábado en la sinagoga. Es la forma de referirse a José en el evangelio del que en otro momento se dice que era un hombre bueno. Pero de los pocos rasgos de los que nos habla el evangelio se manifiesta el hombre creyente que en medio de las turbulencias y dudas a las que se vio sometido no perdió el sentido de la fe para saber descubrir detrás de todo cuanto le sucedía lo que era la voluntad de Dios.
Cuánto nos cuesta cuando nos vemos en la vida envueltos en turbulencias, en dudas, en problemas que nos parecen irresolubles no perder ese sentido de la fe. En ocasiones, es cierto, lo pasamos mal, no comprendemos lo que nos sucede o el por qué de las cosas, nos vemos como envueltos en oscuridad que nos llena de miedos, el futuro se nos hace incierto, y tememos los fracasos o los sufrimientos que de una forma u otra nos pueden sobrevenir, sufrimos por nosotros y lo que nos pueda suceder pero también por aquellos a los que queremos y están cerca de nosotros.
¿Qué hacer? ¿Cómo enfrentarnos a estas situaciones? ¿Dónde encontrar la fuerza para la lucha, para mantener la constancia y no hundirnos en la desesperanza? Dudas, incertidumbres, miedos, que nos inquietan y nos agobian. ¿Dónde encontrar esa luz que nos haga ver con claridad, que nos haga mantener la serenidad del espíritu porque sabemos que con la perseverancia podremos encontrar la salida?
José pasó por un momento fuerte de turbación. Lo que estaba sucediendo le quitaba el sueño porque había silencios que no entendía, sucedían cosas que estaban fuera de lo normal. Pero era bueno, quería buscar salidas honrosas para todos porque no quería de ninguna manera hacer daño y menos a quien amaba. El embarazo de María se salía de los cauces normales y eran terribles las pesadillas que pasaban por su espíritu. Pero esperó, confió, se dejó conducir por el Espíritu del Señor que estaba en su corazón aunque casi no se daba cuenta en medio de tantas oscuridades.
Y el Señor le habló a su corazón. En sueños - ¿acaso el podía dormir con aquel tormento? – el ángel del Señor se le manifiesta – es una forma bíblica de expresarnos lo que era la acción del Espíritu – y arroja un rayo de luz sobre su vida. Detrás de todo aquel misterio estaba Dios y él supo descubrirlo y escuchar lo que el Señor le pedía. Su colaboración iba a ser esencial en la historia de la salvación, en la obra de nuestra salvación. Aquel niño que se gestaba en el seno de María era obra de Dios y con El habría de nacer la salvación para el mundo. Aquel niño habría de llamarse – era él como padre quien tendría que ponerle el nombre – Jesús, porque era la salvación de la humanidad.
José no perdió el sentido de la fe. Una fe que le hacía confiar y le llenaba de esperanza; una fe que le hacia mantenerse fuerte en medio de la tormenta para no perder la serenidad del espíritu; una fe, es cierto, que le hacía buscar, pero que era al mismo tiempo su fortaleza en medio de toda la tribulación; una fe que le impulsaba a seguir actuando con responsabilidad pero que al mismo tiempo llenaba de bondad su corazón; una fe que le hizo sentir la presencia de Dios cuando podría parecer que todo estaba perdido; una fe que le daba fortaleza a su corazón cuando todo parecía oscuridad y se llenaba de temores; una fe que le hizo descubrir lo que era el plan de Dios para su vida.
Qué lección más hermosa para nuestra vida y en los momentos que vivimos. Que no nos falte la visión de fe ante todo lo que nos sucede; que desde esa fe sintamos la fortaleza de Dios en medio de las tormentas de la vida; que se mantenga la serenidad de nuestro corazón; que nos sintamos en todo momentos impulsados a lo bueno y a la solidaridad con los que sufren; que nunca perdamos la esperanza porque detrás de este túnel está la luz, encontraremos la luz; que descubramos detrás de cuanto nos sucede lo que es el plan de Dios para nosotros. Y es que Dios no nos abandona; Dios se hace presente en nuestra vida, nos acompaña y fortalece con su gracia, nos da la presencia y la fortaleza del espíritu. 

viernes, 28 de diciembre de 2018

En los santos inocentes martirizados en Belén y en la huida de Jesús a Egipto tenemos que ver cuantas situaciones de sufrimientos inocentes vemos en el mundo de hoy


En los santos inocentes martirizados en Belén y en la huida de Jesús a Egipto tenemos que ver cuantas situaciones de sufrimientos inocentes vemos en el mundo de hoy

1Juan 1,5-2,2; Sal 123; Mateo 2,13-18

Mira que algunas veces nos volvemos crueles. Un hecho que en si mismo es sangriento lo convertimos en un día de bromas, ‘inocentadas’ decimos, que de alguna manera lo hacemos risa y diversión. Costumbres, tradiciones que se nos han metido en alma del pueblo y en este día de los Santos Inocentes, no lo dejamos pasar sin que le gastemos alguna inocentada a un amigo, familiar o compañero.
Pero como decíamos el hecho del evangelio que hoy recordamos tiene mucho de cuento y sangriento cuanto significa la muerte de tantos niños en los alrededores de Belén desde la ambición, el orgullo y la crueldad del rey Herodes que podía ver en peligro su reinado tras el anuncio por parte de aquellos magos venidos de Oriente del nacimiento de un niño que iba a ser rey.
A verse burlado por los Magos que desde Belén no volvieron para indicarle el lugar exacto donde habían encontrado al Niño que venían buscando se desata la ira del rey mandando matar a todos aquellos niños inocentes, de dos años para abajo, que no sabían ni por qué ni por quien morían. Fue el nacimiento de Jesús la causa de la muerte de aquellos niños y es por lo que los llamamos santos, porque los consideramos mártires, primeros testigos en dar la vida por el nombre de Jesús.
Este texto del evangelio es un cruel retrato de las maldades que se nos meten en el corazón de los hombres cuando nos dejamos arrastrar por la ambición del poder, sea cual sea el poder que ansiemos, pero también reflejo de sufrimientos y situaciones duras que podemos contemplar como se siguen sucediendo hoy.
Ya mencionamos esa ambición del corazón de los hombres que son capaces de hacer lo que sea cuando ven en peligro su poder o sus influencias. Cuantas cosas en este sentido siguen sucediendo hoy en las trampas que nos ponemos los unos a los otros, en nuestras luchas porque menos que tribales por mantenernos en el lugar de nuestros sueños, y por no permitir que nos abajen de esos pedestales de poder, prestigio, vanidad en una palabra, en donde nos hemos subido en nuestros afanes de dominio.
Es también la muerte cruel de tantos inocentes desde nuestras violencias humanas, desde nuestras guerras en las que la mayoría de las veces los que mueren son ciudadanos inocentes – y no digamos cuantos niños – que se ven bajo la sombras de esas batallas muchas veces interesadas y planeadas desde lugares de poder.
Son también los niños de la guerra, inocentes convertidos en soldados o en armas de matar de mil maneras, pero son los que sufren los horrores y las violencias de tantas clases nacidas de la pasión de los mayores. Son los inocentes que mueren de inanición porque los que pudiéramos hacer algo por remediar el hambre del mundo, los vemos tan lejos que hemos perdido incluso la sensibilidad.
Como consecuencia de la ambición y crueldad de Herodes la sagrada familia de Jesús, María y José se ven abocados a una situación que nos recuerda también tantas situaciones de las que somos testigos, lo noticieros nos están dando referencias continuamente y vemos que se repite a nuestro alrededor; es el mundo de los emigrantes. Un ángel del Señor avisa en sueños a José y ha de salvar al niño por lo que huyen a Egipto donde se verán salvos. Cruzar aquellos desiertos que separan Egipto de Israel, que un día hicieran en sentido contrario los israelitas buscando la tierra prometida, y con lo medios precarios de la pobreza en que se encontraban para vivir en un país desconocido como era Egipto no seria plato de buen gusto.
Es la imagen que vemos en los que llegan a nuestras costas en pateras o por el medio que sea, atravesando continentes y mares, huyendo de la situación de pobreza o de guerra de sus países de origen, para venir a un lugar que no conocen, donde muchas veces no son socorridos ni atendidos, con dificultades de lenguaje, costumbres e idiomas que está sucediendo hoy a nuestro lado, repito, Pensemos en cuanto sufrimiento se genera con estas situaciones, mucho tendríamos que decir. Es la imagen que vemos en la huida a Egipto de María y José por salvar al Niño.
Claro que todas estas cosas no las queremos pensar. La respuesta que damos muchas veces a todas esas situaciones no suele ser la más apropiada, por decirlo de una manera suave, cuando no somos nosotros los que de alguna manera nos portamos de una forma cruel con tantos inocentes – y pongamos aquí el rostro que queramos -.
No es ya que convirtamos la fiesta de los Santos Inocentes en motivo para nuestras bromas y causa de diversión; eso seria lo de menos, porque nos metemos en el rió de costumbres que no sabemos ni su sentido y su origen y por ahí andamos en la vida.
Es esa otra crueldad de la vida en la que no veamos envueltos, esas ambiciones que nos envenenan el alma de lo que tenemos que ser conscientes y si en esa huida de Jesús a Egipto hemos querido ver a todos esos inocentes maltratados, en ellos veamos la imagen de Jesús en todos ellos y recordemos lo que luego nos dirá Jesús en el evangelio. ‘Lo que a ellos hicisteis a mi me lo hicisteis...’ ¿Qué le estamos haciendo a Jesús?

martes, 20 de diciembre de 2016

El anuncio del Ángel a María no solo fue una buena noticia para ella que la convertía en la Madre del Señor, sino evangelio de salvación para toda la humanidad

El anuncio del Ángel a María no solo fue una buena noticia para ella que la convertía en la Madre del Señor, sino evangelio de salvación para toda la humanidad

Isaías 7,10-14 / Sal 23 / Lucas 1,26-38

Evangelio para María, gran evangelio para nosotros. Una buena noticia, evangelio, traía el ángel para María, iba a ser Madre. Era una gran noticia, una buena nueva, aunque María seguro que lo intuía en su corazón. Era amada de Dios; ‘llena de gracia’, la llama el ángel, sobre ella se derrochaba el amor de Dios inundando su vida y su corazón; ‘has encontrado gracia ante Dios’, continuará diciéndole el ángel, y el Señor se había fijado en ella.
‘Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin’. Es la Buena Nueva que recibe María, pero que al mismo tiempo es gran Buena Nueva, evangelio, para toda la humanidad. De María había de nacer el Hijo del Altísimo, el Emmanuel anunciado por los profetas. De María había de ser el que nos trajera la salvación. ‘Le pondrás por nombre Jesús porque el salvará a muchos de sus pecados’, le diría el ángel ahora a María, como más tarde se lo anunciaría también a José.
Aunque María se había sentido turbada en un principio por la sorpresa de la gran noticia que recibía, María abrió su corazón a Dios, como siempre ella sabia hacerlo. Era la que plantaba la Palabra de Dios que escuchaba en su corazón para ponerlo por obra. Merecía la alabanza de su prima – ‘dichosa tú que has creído’ – como merecería la alabanza de Jesús para cuantos escuchan la Palabra y la plantan en su corazón. Aquí esta la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra, terminaría respondiendo al ángel.
Fue evangelio para María y es evangelio para nosotros. Llega también la Buena Noticia para nosotros. Con el Si de María se abrían las puertas de la salvación para toda la humanidad. Se cumplían todas las promesas anunciadas por los profetas, se cumplía el designio de Dios desde toda la eternidad, eran colmadas todas las esperanzas de los hombres.
Como María tenemos que aprender a acoger también esa Buena Noticia, como María tenemos que abrir también nuestro corazón a Dios, como María hemos de saber hacer cuna en nuestra vida para el Emmanuel que viene a nosotros. Será la humildad de nuestro corazón pobre y también lleno de las telarañas de nuestro pecado, como era aquel establo de Belén.
Allí en la noche de la Navidad vamos a ver resplandecer la gloria del Señor, de la misma manera hemos de hacerlo resplandecer en nuestro corazón cuando llegue la navidad porque si le demos posada en nuestra vida. Hemos de cuidar que no nos distraigamos con tantas cosas que dejemos pasar de largo la presencia salvadora del Señor como le sucedió a tantos en el pueblo de Belén. Estemos atentos a las señales, atentos al Dios que llega a nuestra vida. Escuchemos hoy esa gran noticia que nos anuncia la venida del Emmanuel.

sábado, 19 de diciembre de 2015

Aprendamos a sorprendernos con las cosas de Dios aceptando humildemente sus planes para nuestra vida

Aprendamos a sorprendernos con las cosas de Dios aceptando humildemente sus planes para nuestra vida

Jueces 13, 2-7. 24-25; Sal 70; Lucas 1, 5-25

Incluso cuando es grande el ansia que tenemos por aquello que pedimos hay ocasiones en que nos sentimos sobrecogidos cuando al final lo conseguimos. ¿Quizá porque aun en esa ansia grande nos faltaba esperanza? ¿quizá habíamos perdido la confianza? O tan sorprendidos nos vemos en aquello que conseguimos que nos quedamos sin palabras, sin saber cómo reaccionar, qué es lo que podríamos expresar en ese momento.
¿Qué es lo que vio el ángel en los ojos de aquel anciano sacerdote cuando se le manifestó a la hora de la ofrenda del incienso en el templo? Fijémonos que las primeras palabras del ángel fueron ‘no temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado’. Tener fe en que Dios escucha nuestras súplicas es algo grande, por supuesto, pero recibir una embajada angélica para decirle que Dios ha escuchado sus oraciones es algo tan grande como para impresionarte y quedarte mudo por la sorpresa.
Pero el ángel no solo viene a decirle que se acaba el oprobio para aquella familia porque, aunque sean ya mayores, Dios les va a conceder el don de un hijo, sino que además el ángel le adelanta cual va a ser la misión de aquel niño que de forma prodigiosa va a nacer. Será motivo no para el temor, sino para alegría, para él y para muchos. ‘Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos israelitas al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacía los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de los justos, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto’.
Aunque las palabras del ángel tienen que llenar de gozo su corazón, es humano, conoce sus limitaciones, son ya personas mayores tanto él como Isabel su mujer y surgen las dudas. ‘¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada’.
‘Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado a hablarte para darte esta buena noticia. Pero mira: te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento’. Es la respuesta del ángel. Zacarías no quiere poner en duda las palabras del ángel, pero pone sus objeciones; normal y muy humano. Era un hombre de fe, pues allí estaba ejerciendo su oficio sacerdotal haciendo la ofrenda del incienso e intensa era su oración al Señor. Pero ahora todo viene como una prueba quizá nacida de la misma sorpresa que le sobrecoge. Ha de seguir pasando por la prueba del silencio que será para él purificador.
En lo mismo que nos concede el Señor y en su presencia junto a nosotros que no nos falta, muchas veces nos viene también la prueba a nuestra fe; dudamos en nuestro interior, quizá no oramos con toda la confianza que tendríamos que hacerlo, pensamos que la solución a nuestros problemas vendrán por otros caminos. Nos es necesaria cada día más una mayor disponibilidad de nuestro espíritu para ponernos en las manos del Señor y confiar, porque El siempre escucha nuestra oración. Dejémonos sorprender por las cosas de Dios. Sepamos aceptar humildemente los planes de Dios para nuestra vida.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Serenidad y fortaleza interior como san José para saber discernir los planes de Dios también en los momentos de duda y oscuridad

Serenidad y fortaleza interior como san José para saber discernir los planes de Dios también en los momentos de duda y oscuridad

Jeremías 23,5-8; Sal 71; Mateo 1,18-24
Cuando nos sucede un imprevisto que trastorna y trastrueca todos nuestros planes nos quedamos bloqueados sin saber muchas veces cómo actuar, qué reacción tener o cuales son las decisiones más acertadas que hemos de tomar. Es necesario una madurez interior, una fortaleza del alma que nos dé serenidad y paz también en esas situaciones adversas para encontrar el mejor camino de solución. Es en lo que es necesario crecer como personas, para lograr esa madurez; es necesario ese crecimiento interior, una fortaleza espiritual para afrontar esos momentos.
Es la madurez humana y espiritual que hoy apreciamos en José en el texto del evangelio. ‘María estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo’. Claro que cuando ahora nosotros leemos el texto sagrado ya el evangelista nos dice que ‘María esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo’. Pero esto no lo sabía José. El solo veía el embarazo de María. Y ahí encontramos la profundidad espiritual de José. ‘Era bueno’, dice el evangelista, ‘no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto’.
Pero en José había una madurez humana y espiritual; era un hombre de fe, abierto al misterio de Dios. Y la voluntad de Dios se le manifestó en sueños a través de un ángel. ‘José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados’.
Así se le manifiesta la voluntad de Dios, el misterio de Dios en el que él va a tener su parte también, porque Dios quiere contar con él. Se cumplía lo anunciado por los profetas; el hijo de María sería el Emmanuel, Dios con nosotros. Su nombre  será Jesús, porque es el Salvador. Y José también aceptó el plan de Dios. ‘Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer’.
Es un paso más el que estamos dando acercándonos a la Navidad. La figura de José aparece también en nuestro camino para ayudarnos a dar esos pasos hacia el encuentro con el Señor. Ojalá tuviéramos la misma profundidad en nuestra vida que se manifiesta en José. Así tenemos que crecer en nuestra vida espiritual, crecer en nuestra fe para descubrir el plan de Dios, para aceptar el plan de Dios, para decir Sí a lo que Dios nos propone aunque a veces un poco trastorne nuestras vidas.
En esos momentos oscuros por los que podamos pasar, en esos momentos que quizá se prolongan sin saber encontrar el camino de salida, sepamos tener la serenidad y la esperanza que hoy vemos manifestada en José. Que sepamos hacer silencio ante Dios para dejar que El se nos manifieste, cuando y como quiera, y sepamos encontrar esa luz, sepamos descubrir esos designios de Dios para nuestra vida.

miércoles, 19 de marzo de 2014

San José, hombre fiel con una fe silenciosa pero comprometido en el plan salvador de Dios para la humanidad



San José, hombre fiel con una fe silenciosa pero comprometido en el plan salvador de Dios para la humanidad

2Sam. 7, 4-5.12-14.16; Sal. 88; Rom. 4, 13.16-18.22; Mt. 1, 16.18-21.24
‘Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia’, rezaba la antífona de entrada en esta Solemnidad de San José que estamos celebrando haciendo referencia a las palabras de Jesús cuando nos invitaban a la vigilancia y a la fidelidad. La liturgia las utiliza como una alabanza y una bendición  para referirse a san José, fiel y solícito servidor, a quien el Señor escogió en una altísima misión dentro de la historia de la salvación.
Fue ‘el hombre justo que diste por esposo a la Virgen Madre de Dios, como proclamaremos en el prefacio, el servidor fiel y prudente que pusiste al frente de tu familia, para que haciendo las veces de padre, cuidara a tu único Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo’. Altísima misión la de san José. Ocupa un lugar muy importante dentro de la historia de la salvación.
Su sí al plan de Dios es como un eco del sí de María y de una importancia capital para todo el misterio de la Encarnación de Dios y ser el Emmanuel en medio de nosotros; en él descubrimos al hombre justo, al hombre bueno que se deja conducir por la fuerza del Espíritu divino para cumplir la misión que Dios le había encomendado. Cuánto podemos aprender de la fe y de la disponibilidad de san José; cuanto podemos aprender de su silencio que es un rumiar en su corazón todo el misterio de Dios que ante él se estaba realizando.
Lo primero que comenzaríamos a destacar es su fe y la apertura de su corazón a lo que son los planes de Dios. Podríamos destacar su fe desde los retazos que nos da el evangelio de lo que fue la vida y la práctica religiosa de san José y de su hogar de Nazaret. Lo vemos cumplir con todos los ritos prescritos de la circuncisión y de la presentación en el templo como de la subida a Jerusalén en la fiesta de la pascua, que todo buen judío realizaba. Sin forzar demasiado las cosas podemos contemplarlo cada sábado en la sinagoga escuchando la lectura de la ley y los profetas como participando en la oración en común.
Pero para resaltar la fe de san José podemos fijarnos en lo que trasluce de aquellos acontecimientos que se van sucediendo y en los que siempre actuará como un verdadero hombre de fe, como un verdadero creyente. Es la bondad de su corazón para no querer hacer daño a nadie y entonces cuando van sucediéndose cosas que no entiende, decide no denunciar lo que en María su mujer estaba sucediendo. Pero es que ahí descubrimos la apertura de su corazón a Dios; sabe escuchar a Dios que se le manifiesta a través de su ángel en sueños; y sabe asumir y aceptar el plan que Dios tiene para él. ‘Cuando José se despertó hizo lo que le había  mandado el ángel del Señor’, nos dirá el evangelista.
‘Abrahán creyó; apoyado en la esperanza creyó, contra toda esperanza…’ nos decía san Pablo en referencia a Abrahán y cuánto le prometía el Señor. Lo podemos referir perfectamente a san José; nubarrones de dudas inundaban su espíritu cuando nada comprendía de lo que estaba sucediendo. Pero José creyó, contra toda esperanza, contra todo razonamiento humano podríamos decir, y se fió de Dios y se dejó conducir por Dios.
Para él Dios tenía reservada una importante misión. Aquel hijo de María que iba a nacer y que había sido concebido por obra del Espíritu Santo iba a estar a su cuidado de padre, como aparecería siempre ante los ojos de los hombres, de manera que las gentes de Nazaret dirán de Jesús que es el hijo de José, el hijo del carpintero. El Hijo de Dios iba a estar a su cuidado como si fuera su hijo. Importante iba a ser el lugar que José ocuparía dentro de la historia de nuestra salvación, porque a aquel niño había de llamarlo ‘Jesús, porque El salvará al pueblo de sus pecados’, como le había dicho el ángel.
En el relato de la anunciación veíamos a María considerando las palabras del ángel porque no terminaba de comprender cuanto le pedía al Señor; ahora vemos dudar a José porque no había entendido lo que estaba sucediendo. María preguntó por el significado de lo que le decía el ángel; pero José guardó silencio, pero fue un silencio de interiorización, un silencio de preguntarse en su interior para escuchar la voz del Señor en su corazón que se le manifiesta a través del ángel. Y será antes de nacimiento de Jesús, y será en su caminar hasta Belén para el empadronamiento queriendo descifrar  lo que son los planes de Dios, y será en su peregrinar hasta el destierro en Egipto, porque la vida del niño habría de preservarse. Pero en todo aparece la fe robusta y profunda de un gran creyente que sabe descubrir los planes de Dios para su vida y también en bien de la humanidad, y realizarlos.
Cuanto tenemos que aprender en este sentido para nuestra vida de cada día. Nos sentimos turbados en tantas ocasiones por las cosas que nos suceden, una enfermedad, un accidente, la discapacidad que va apareciendo en nuestra vida con el paso de los años, problemas que de la  noche a la mañana aparecen en nuestro entorno familiar, acontecimientos que suceden en nuestro entorno o en el ámbito de nuestra sociedad que nos hacen entrar en crisis de todo tipo, en preguntas y en por qué que no sabemos muchas veces contestar.
En medio de todo eso tiene que aparecer la madurez del creyente y del cristiano. Pero sin confusiones  fatalistas. La madurez del creyente no es simplemente resignarse, como si de un destino fatal se tratara, sino que tendrá que aparecer nuestro espíritu de lucha y superación, nuestro deseo de vida y de algo mejor, la búsqueda de soluciones, pero junto a todo eso la apertura a Dios para descubrir qué quiere decirnos el Señor con todo eso que nos sucede. Y eso necesita de silencio interior para rumiar las cosas, para meditar en cuanto sucede, para poder escuchar esa voz de Dios que quizá muchas veces nos habla como un susurro. Es lo que hoy queremos aprender de san José, el hombre del silencio, el hombre de la fe silenciosa, pero el hombre de la fe madura porque era un hombre abierto a la palabra de Dios.
San José, hemos dicho, es el hombre de la fe silenciosa que se volcó hacia Dios, fiándose de Dios, para finalmente cumplir la misión que Dios le confiaba. Puede parecernos como un salto en el vació oscuro, pero con la fe no hay oscuridad sino que pronto se va a descubrir el camino luminoso de la voluntad salvadora del Señor, y en el caso de José, era una salvación para toda la humanidad. Pero quien cree de verdad ese paso lo da con confianza porque se sabe en las manos de Dios y se siente siempre seguro.
Esta solemnidad de san José la estamos haciendo en medio de nuestro camino cuaresmal que nos conduce a la Pascua.  Esta lección que aprendemos de la fe de José para discernir los caminos y los planes de Dios para nuestra vida nos vale muy bien en este recorrido que estamos haciendo en la cuaresma. Aunque José no llegó a vivir la Pascua de la pasión y muerte de Jesús, supo hacer pascua de su vida porque sintió ese paso salvador de Dios por su vida.
Momentos de pasión y de muerte tuvo que vivir en medio de sus dudas o en los momentos duros de su caminar hacia Belén o hacia Egipto. Fue un participar de alguna manera de la Pascua de su Hijo porque en verdad iría haciendo una ofrenda de amor desde su más profundo interior porque era conciente de que cuanto le sucedía y Dios le revelaba era siempre para bien de los demás, como el mismo nombre de Jesús indicaba ‘porque salvará al pueblo de sus pecados’ y ahí tenía su parte también san José. Seguro que ahora goza de la plenitud junto a Dios en el cielo.
Que con su intercesión nos sintamos fortalecidos con la gracia del Señor para que crezca más y más nuestra fe y sea en verdad una fe madura y comprometida. Que su intercesión nos ayude a descubrir también los planes de Dios para nuestra vida y a realizarlos conforme a su voluntad. Pensemos que los dones de Dios que recibimos no son solo para nosotros sino que siempre serán una riqueza para la Iglesia y un bien para nuestro mundo.