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sábado, 28 de diciembre de 2024

La fiesta de los santos mártires inocentes ha de ser un grito a nuestra conciencia comenzar a amar y defender la vida y colaborar en todo lo que haga que haya más vida

 


La fiesta de los santos mártires inocentes ha de ser un grito a nuestra conciencia comenzar a amar y defender la vida y colaborar en todo lo que haga que haya más vida

Juan 1, 5 – 2, 2; Salmo 123; Mateo 2, 13-18

La ambición y el orgullo, la soberbia y la vanidad nos llevan siempre por caminos de sombras y de muerte; queremos sobresalir y nos dejamos envolver por las ansias de poder, aquello que pudiera empañar nuestra vanidad buscamos la manera de destruirlo porque no queremos que nada nos haga sombra, nos humilla la posible grandeza de los otros y trataremos de despreciar y minusvalorar todo lo bueno que haya en los demás o los destruimos de la manera que sea.

Es lo que hoy estamos contemplando en el texto del evangelio que se nos ofrece. El rey Herodes tuvo conocimiento con la llegada de los Magos de Oriente del nacimiento de un niño que podría hacer sombra a su reinado. Aquellos Magos hablaban del nacimiento de un Rey de los judíos y veía él entonces un peligro para su poder y su reinado. Con sus ardides de las que no tuvo resultado pretendía que los Magos le dijeran donde estaba aquel niño y se vio burlado. De ahí su reacción de mandar matar a todos los niños menores de dos años de Belén sus alrededores sembrando de muerte y de dolor aquellos campos de Belén.

‘Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron’, nos dirá el principio del evangelio de san Juan. Jesús iba a ser un signo de contradicción anunciaría el anciano Simeón en la presentación de Jesús en el templo, y de tal manera lo veremos a lo largo del Evangelio, y sigue siendo en el mundo de hoy el evangelio de Jesús. Mientras unos alaban y ensalzan las palabras y la vida de Jesús otros gritarán un día pidiendo su muerte; mientras hoy muchos intentamos seguir el camino de Jesús escuchando su evangelio, para muchos no tiene sentido ni significado lo que Jesús nos dice en el evangelio y tratarán de construir su vida en parámetros bien distante del sentido del evangelio, incluso tenemos que reconocer en algunos que quieren llamar cristianos o quieren realizar unas prácticas religiosas que llaman cristianas.

¿Cómo una tragedia de este tipo puede convertirse en motivo de fiesta para nosotros los cristianos? Por lo de signo que tiene para nosotros, el significado que siempre tuvo la sangre de los mártires, y como tales tenemos que ver a estos niños que incluso sin saberlo en su inocencia murieron por Jesús, y por el grito que puede significar para nuestra conciencia, incluso o más en el mundo de hoy, el dolor y el sufrimiento de tantos inocentes en las diferentes circunstancias de la vida.

En esa contradicción en que tantas veces nos encontramos en la vida, frente a tanto sufrimiento que encontramos a nuestro alrededor y del que algunas veces también con nuestras ambigüedades también podemos ser causa el evangelio tiene que despertarnos, una opción clara hemos de tomar en la vida y una cosa importante será siempre la defensa de la vida frente a tanta muerte como nos envuelve. No nos podemos quedar como insensibles con los brazos cruzados ante tantas cosas que llenan de sombras nuestra vida y nuestro mundo.

Tenemos que optar valientemente por unas actitudes nuevas en nuestros comportamientos y en nuestras mutuas relaciones; tenemos que sembrar de verdad semillas de luz con nuestro amor, con nuestra generosidad, con la solidaridad efectiva que vivimos con el sufrimiento de los que están a nuestro lado, con tantos gestos de vida que tenemos que ir dejando a nuestro paso para facilitar el encuentro y la buena convivencia entre todos, con esa mano tendida siempre para ayudar, para levantar, para mostrar nuestra confianza en las personas, con esa humildad que nos hace cercanos, que nos abaja de nuestros pedestales para saber caminar al lado de los sencillos, para valorar a los pequeños y ayudar a descubrir la grandeza de toda persona, sea quien sea, para nunca discriminar ni crear barreras.

Eso es poner vida, eso es defender la vida, eso es llenar de vida nuestro mundo. Algo que tenemos que cuidar, algo de lo que tenemos que dar valiente testimonio, reconociendo también que muchas veces hemos errado, siempre capaces de pedir perdón y recomenzar de nuevo.

 

jueves, 28 de diciembre de 2023

Ese niño recién nacido en Belén ha venido para destruir toda muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador

 


Ese niño recién nacido en Belén ha venido para destruir toda muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador

1Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

¿No será lo que nosotros quisiéramos hacer también? A los que no son de los nuestros, a quienes nos pueden presentar alguna oposición a lo que nosotros queremos lograr, a aquellos que nos pudieran parecer un peligro para nuestros triunfos, si pudiéramos. Los queremos quitar de en medio. Son tantos a los que queremos descartar, hacer desaparecer.

El evangelio de hoy es de escalofríos, por el relato que se nos hace; la muerte de aquellos niños inocentes en Belén y sus alrededores. Todo, porque Herodes podía ver en peligro su trono. La habían anunciado que había nacido un nuevo rey de los judíos. Y él no se había enterado, tuvieron que venir aquellos Magos de países lejanos, que leyendo el curso de las estrellas había adivinado que se cumplían las promesas de los profetas, que contenían sus Escrituras Santas, y habían llegado hasta Jerusalén. Sus medios de información quedaban en entredicho y con ello se ponía en peligro su autoridad. Y aunque había advertido a aquellos personajes que si encontraban el niño le avisaran, a él no le volvieron a llegar noticias, y como los había enviado a Belén, porque así lo decían las Escrituras Santas consultadas a los maestros de la ley, ahora reaccionaba con aquella matanza.

No está tan lejano este cuadro de los trapicheos en los que andamos tantas veces; a los juegos sucios que vemos a los que tienen poder; a las luchas por el poder, por las influencias, por las manipulaciones que vemos en tantos que se creen poderosos o al menos tienen algunos hilos de poder en sus manos; pero también en núcleos más cercanos, en los ámbitos de los negocios o en la consecución de algún tipo de influencias que nos puedan mantener en ciertas posiciones en la vida social donde contemplamos tantas zancadillas, tantos desprestigios. Parece que el cuadro de Herodes con sus revanchas y con tantas sombras de muerte en su entorno, es algo que se sigue reflejando en nuestra sociedad. Como decíamos antes, es de escalofrío.

Es cierto que cuando contemplamos el evangelio este relato está haciendo una referencia clara ala rechazo de Jesús que ya vislumbramos de estas primeras páginas. Pero contemplamos también esa corona de mártires alrededor de Jesús en aquellos niños que fueron masacrados en los alrededores de Belén. Aparece de nuevo, como reflexionábamos hace unos días, esa Pascua, ese paso de Dios que algunas veces se nos puede hacer misterioso e incomprensible. Pero bien tenemos que comprender que el grano de trigo que es enterrado es el que nos va a producir fruto, y que la muerte de esos inocentes viene a ser como un preludio y un anticipo de lo que iba a significar la Pascua de Cristo, que no podemos olvidar ya desde estos primeros momentos en que estamos celebrando aun su nacimiento.

Nos hará mirar nuestros propios sufrimientos, que algunas veces nos puede parecer que padecemos de forma injusta; piedras que nos hacen sufrir y que nos aparecen en el camino de nuestra vida que nos tienen que ayudar por otra parte a encontrarle un sentido y un valor, cuando somos capaces de ponernos al lado de la pasión de Cristo, porque con El tenemos que aprender a morir para poder renacer a nueva vida.


También nos hace reflexionar en algo más cuando contemplamos el sufrimiento y la muerte de tantos inocentes en nuestro mundo, desde la violencia de las guerras, desde ese mundo tan injusto en el que vivimos con tantas desigualdades, desde ese violencia que se adueña de nuestras calles, de nuestros hogares o en esos locos que van sembrando terror y muerte a su paso. ¿No tendremos que mirar al trasluz de la muerte de los niños inocentes todo ese cuadro de muerte que enmarca la vida del hoy de nuestro mundo?

Ese niño recién nacido en Belén, que ahora le vemos incluso huir como tantos desterrados a Egipto, ha venido para destruir esa muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador. Pongamos en El nuestra fe y nuestra esperanza que nos haga luchar por la vida, que nos ayude a desterrar tanta muerte de nuestro mundo.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Aprendamos de José a ir a nuestro interior para escuchar ese susurro de Dios y aunque muchos sean los vientos de la vida, la luz permanecerá encendida

 


Aprendamos de José a ir a nuestro interior para escuchar ese susurro de Dios y aunque muchos sean los vientos de la vida, la luz permanecerá encendida

1Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

Por muchos que sean los vientos la luz permanece encendida. Hemos pasado por vientos fuertes quizás, en algunos lugares por huracanes que todo lo destruyen; si tras el paso por una situación así, nos encontramos con una luz encendida nos podría parecer un milagro. ¿Cómo fue posible que se mantuviera encendida después de tanta destrucción?

Es el milagro que nosotros hemos de contemplar. En nuestra vida, en nuestra sociedad, en ese mundo nuestro tan complejo en el que vivimos, pueden venir fuertes vientos y tempestades, pueden venir momentos difíciles, puede parecernos que todo está tan convulso que no hay quien entienda nada y parece que no tenemos ninguna salida. Ahí está el milagro. Ahí está precisamente lo que es nuestra esperanza. Ahí está lo que estamos celebrando en estos días.

¿No contemplamos, en un determinado momento del evangelio, a Jesús y sus discípulos atravesando el lago en medio de un fuerte huracán cuando incluso parecía que Jesús se desentendía de todo y dormía plácidamente incluso en medio de aquella tormenta? Allí estaba Jesús y se levantó la calma. La luz se mantenía encendida.

Es la esperanza que nos anima desde la fe que hemos puesto en Jesús. La luz se puede mantener encendida. ¿Tenemos esperanza? ¿Hemos puesto nuestra confianza en Jesús? ¿Hemos asumido el evangelio y sus valores como nuestro sentido de vivir? La luz se mantendrá encendida. Pueden venir los temporales y los vientos de todos lados, pero sabemos de quien nos fiamos y quien mantiene encendida nuestra luz. Hemos de saber encontrar caminos.

Hoy el evangelio nos ha hablado de un acontecimiento trágico, ya en el inicio de la vida de aquel niño recién nacido en Belén. Herodes se ha sentido burlado por los Magos de Oriente que no le han hecho caso ni le han avisado de lo que él quería, y su orgullo y sus ansias de poder que podrían estar en peligro con un nuevo rey recién nacido – él sabía incluso que aquella corona que ceñía realmente no le correspondía – y se lanza por el camino de la violencia.

Cuántas veces hacemos lo mismo cuando nos parece que nos sentimos burlados, cuando no conseguimos lo que son nuestras apetencias, cuando descubrimos que hay otra verdad que no queremos aceptar, y nuestro orgullo y nuestra soberbia nos lleva a querer destruir cuanto haya a nuestro alrededor y nos suene a oposición. Cuánto de eso vemos incluso en los que detectan el poder en nuestra sociedad como quieren arrasar con todo lo que no sean sus ideas.

Nos habla el evangelio de aquella matanza de niños inocentes, porque a quien quería Herodes realmente hacer desaparecer era aquel niño recién nacido en Belén. Pero en medio de aquella crueldad hubo un camino. José en sueños recibe el aviso del ángel del Señor. Es la huida a Egipto que también tanto puede significar como testimonio para nuestra vida.

En medio de esas tormentas de la vida, ¿tenemos que saber soñar? Quizás. Pero creo que se nos quiere decir algo más. Ese sueño de José nos está hablando de su vida interior, de ese silencio que él sabía hacer en su corazón para escuchar la voz y la presencia de Dios y no sentirse solo en las situaciones difíciles por las que tenía que pasar. 

Cuánto tenemos que aprender a hacer ese silencio interior; cuánto tenemos que aprender a saber escuchar en nuestro interior. Muchas veces oímos el susurro de esa voz de Dios pero no la escuchamos, seguimos con lo nuestro, nuestras preocupaciones o nuestros intereses, o las cosas que nos entretienen y nos distraen.

Busquemos de verdad en el interior de nuestro corazón y por mucho que sean los vientos la luz permanecerá encendida. Es nuestra esperanza.

martes, 28 de diciembre de 2021

Despierta y levántate para descubrir quienes son los santos inocentes de hoy ante los que no podemos quedarnos insensibles cerrando los oídos a sus gritos

 


Despierta y levántate para descubrir quienes son los santos inocentes de hoy ante los que no podemos quedarnos insensibles cerrando los oídos a sus gritos

Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

Hay ocasiones en que aunque nos vaya mal preferimos seguir como estamos antes que el esfuerzo de despertar y levantarnos para tratar de encontrar un camino mejor. Muchas veces vamos de pasivos en la vida, nos da pereza tener que esforzarnos para cambiar y fácilmente caemos en una rutina que nos adormece. Solo los que son capaces de mirar alto distinto y con mayor altura, solo los capaces de esforzarse por levantarse y cambiar podrán lograr algo. Y en muchas cosas de la vida nos pasa; tratamos de hacer nuestros arreglos, nuestros apaños, pero no ponemos toda la voluntad que necesitamos para tratar de ver algo distinto. En cierto modo necesitamos ser soñadores, porque aunque sea en sueños podemos vislumbrar que las cosas pueden ser distintas, que se pueden hacer de otra manera, y seremos capaces de levantarnos para ponernos en camino.

En este día en que la liturgia conmemora a los santos inocentes de Belén, que por otra parte popularmente tratamos de llenar de humor con nuestras inocentadas, a pesar del drama que significa lo que conmemoramos, necesitamos adentrarnos un poco más en el evangelio, que como siempre quiere abrirnos nuevos caminos.

El texto ha partido del episodio de los magos de Oriente que porque fueron capaces de levantar la mirada a lo alto descubrieron una nueva estrella que les iba a conducir a Belén. Fue un levantar la mirada a lo alto y escuchar una voz en su interior que los hacía ponerse en camino porque lo que estaban contemplando tenía un significado hondo aunque ellos quizá en principio no fueran capaces de ver todo su alcance. Pero habían levantado la mirada a lo alto para soñar con algo nuevo y distinto.

Pero el episodio se centrará luego en el sueño de José que le hace levantarse también y marchar con el Niño y su madre a Egipto. ¿Eran sueños? Era algo más que sueños que puedan llenarnos de pesadillas en la noche. En el sueño vislumbraba algo distinto y era capaz de escuchar la voz de Dios que en un ángel se le manifestaba. Alguien podría hablar de supersticiones y fantochadas, pero hay unos hechos que se cumplieron y la vida del Niño pudo salvarse aunque fuera tras un arduo camino de huida a Egipto. José era un hombre creyente y estaba dispuesto a escuchar la voz de Dios aunque llegara a él a través de sueños.

Mucho nos están enseñando estos episodios. ‘Levántate…’ le decía la voz del ángel a José, como un día una voz semejante había hecho levantarse a aquellos magos de Oriente para ponerse en camino.

‘Levántate…’ podemos estar sintiendo que se nos dice también, levántate y sueña con algo distinto, levántate y sé capaz de descubrir nuevos caminos, levántate y descubre el mundo de sombras que puede haber a tu alrededor, levántate y mira la crueldad del sufrimiento de muchos en tu entorno… no podemos quedarnos adormecidos, no podemos quedarnos insensibles ante las violencias de nuestro mundo que sufren niños, que sufren mayores, que sufren las mujeres, no podemos cruzarnos de brazos ante tantas soledades de personas mayores o de tantos que no tienen una voz que los defienda, una mano amiga que les ayude a caminar, un corazón ardiente que les llene de nuevo de ilusión y de esperanza.

Son los santos inocentes del mundo de hoy. Tratemos de descubrirlos porque ahí a nuestro lado están. Nosotros no podemos refugiarnos en la huida, nosotros tenemos que ponernos manos a la obra para que las cosas cambien. Escuchamos el llanto y los gritos ¿y vamos a cerrar nuestros oídos?

lunes, 28 de diciembre de 2020

Estamos celebrando a quien vino para darnos vida y en abundancia, nos enseña a amar la vida, nos pone en camino de buscar la vida en plenitud, nos impulsa al respeto a toda vida

 


Estamos celebrando a quien vino para darnos vida y en abundancia, nos enseña a amar la vida, nos pone en camino de buscar la vida en plenitud, nos impulsa al respeto a toda vida

1Juan 1, 5-2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

La Palabra de Dios hoy nos provoca, nos hace plantearnos y preguntarnos ¿de qué lado estamos? ¿Dónde queremos estar?

Hoy se nos habla de luz y se nos habla de tinieblas, hoy se nos habla de violencias y de muerte y aparecen las ambiciones humanas que nos endurecen y embrutecen, de miedos que sobrecogen el espíritu y nos hacen actuar con desconfianza y con maldad, indirectamente se nos plantea si acaso no nos habremos insensibilizado con las noticias que se repiten o la situación repetida que vemos en nuestro mundo.

Es fácil decir que queremos caminar en la luz, como nos señala hoy la carta de Juan, pero también es fácil que se quede o en buenos deseos o solamente en palabras porque luego con sinceridad no somos capaces de reconocer los puntos oscuros que puede haber en nuestra vida. Tanto nos hemos acostumbrado a ese mundo de violencia que cuando contemplamos el hecho cruel que se nos ofrece hoy en el evangelio hemos terminado por darle un sentido de broma, de fiesta y de motivo de jolgorio. Cuando decimos día de los inocentes, ya solo pensamos en la fiesta que podemos hacer de los demás en sus desconciertos con nuestras broma pero casi pasamos por alto la sangre inocente derramada en aquellos niños martirizados como disimulamos otros dejamientos de sangre con los que de alguna manera jugamos en las actitudes o posturas que podamos tomar en la vida.

Sí, es el día de los Santos Inocentes y recordamos y contemplamos el evangelio en ese episodio sangriento tan cercano al nacimiento de Jesús. Los recelos de Herodes por la posibilidad del nacimiento de un rey para los judíos que pudiera despojarle a él de su corona provocan como un torrente de maldad en cascada vertiginosa que lleva a la muerte a aquellos niños inocentes solamente por el hecho de tener una edad semejante a la del recién nacido niño Jesús.

Son las tinieblas que contemplamos en este evangelio manchadas de sangre inocente, pero que nos tendría que sensibilizar ante tanta sangre inocente que se sigue derramando en nuestro mundo. Nos viene siempre a consideración el tema del aborto con la destrucción de tantas vidas en el seno de sus propias madres aunque casi nos acostumbramos a ello y nos dejamos embaucar por tantos que se auto justifican en las leyes que lo permiten o en los llamados derechos de unas madres que no tienen la valentía de afrontar la vida de unos seres que se están gestando en sus entrañas. ¿Y el derecho a la vida, el derecho a vivir de esos seres que ya son seres humanos en las entrañas maternas? ¿O es que acaso podemos tener el derecho de matar, de quitar la vida a un ser vivo?

Es lo que ahora se nos está planteando con el llamado derecho a decidir sobre su vida y sobre el momento en que queremos ponerle fin a nuestra existencia o a la existencia de otros seres humanos. Estamos cayendo en una pendiente muy peligrosa en nuestra sociedad porque terminaremos eliminando a todos aquellos que consideremos inservibles por las discapacidades que puedan tener en sus vidas. Todos entendemos que nos estamos refiriendo a las nuevas leyes que se están aprobando.

Es un mundo de violencia y de muerte en el que estamos viviendo; es lo que nos ofrecen continuamente los medios de comunicación y también todos los medios audiovisuales. Parece que poco importa la vida cuando tanto hacemos protagonista a la muerte. Es la realidad, nos pueden decir algunos y lo que se trata es de reflejar la realidad, pero no nos damos cuenta de que vamos perdiendo la sensibilidad, vamos perdiendo el respeto por la vida y así luego vemos como normal esa violencia de palabras, de gestos, de trato que nos tenemos los unos contra los otros.

Creo que cuando tenemos oportunidad de celebrar la muerte de los Santos Inocentes y en fechas tan cercanas al nacimiento del Salvador seamos capaces de reflexionar y recapacitar sobre todas estas cosas. Estamos celebrando a quien vino a nosotros para darnos vida y dárnosla en abundancia, quien nos enseña a amar la vida, quien nos pone en camino de buscar la vida y la vida en plenitud, quien nos impulsa a ese respeto a la vida y a la vida de todos sea cual sea su condición o su capacidad, quien por nosotros dio su vida pero para que nosotros tengamos vida y vida para siempre con toda dignidad.

 

sábado, 28 de diciembre de 2019

La fiesta de los santos inocentes es un recuerdo de la presencia de la pascua en nuestra vida y al mismo tiempo un aliciente para la esperanza en el testimonio valiente de la fe


La fiesta de los santos inocentes es un recuerdo de la presencia de la pascua en nuestra vida y al mismo tiempo un aliciente para la esperanza en el testimonio valiente de la fe

1Juan 1, 5-2, 2; Sal 123;  Mateo 2, 13-18
En medio de la alegría de la navidad que queremos seguir viviendo con toda intensidad sobre todo en esta semana de la octava aparece de nuevo una celebración teñida con el rojo de la sangre. Es la fiesta de los Santos Inocentes que celebramos en este día. Es una lástima que hayamos envuelto esta fiesta en la picaresca de nuestras bromas e ‘inocentadas’, como solemos llamarlas y que un poco nos hace olvidar el dramatismo que tiene este acontecimiento.
Como ya veremos en detalle cuando celebremos la Epifanía del Señor y escuchemos con detalle el relato de Mateo con la venida de los Magos de Oriente, por allá anda la suspicacia  de quien no las tenia todas consigo, pero que además su corazón estaba lleno de maldad y en consecuencia de desconfianzas y sospechas. No le gustó a Herodes aquel anuncio que le hacían aquellos Magos venidos de Oriente del nacimiento de un rey de los judíos, al que buscaban para rendirle pleitesía.
Consultados los oráculos de los profetas por medio de los sacerdotes del templo y maestros de la ley aparece lo anunciado por el profeta de que de Belén de Judá ha de salir esa luz y esa estrella. Por eso con insistencia y con la falsedad de su corazón pide a los Magos que cuando encuentren el recién nacido rey de los judíos vengan a comunicárselo porque él también quiere ir a adorarlo. Pero los Magos marcharan a su tierra por otros caminos anunciado por el ángel del cielo y Herodes se ve burlado.
Es lo que hoy escuchamos en el relato del evangelio. Manda matar en Belén y sus alrededores a todos los nacidos de dos años para abajo según los cálculos hechos desde lo que habían comunicado los Magos de la aparición de la estrella que les había guiado. Es la matanza de los inocentes de Belén y sus alrededores. Ya la sagrada familia había huido a Egipto no estando en peligro la vida del Niño Jesús.
Si cuando celebramos la fiesta del protomártir san Esteban decíamos que las pajas del pesebre que sirvió de cuna a Jesús estaban salpicadas de sangre, con cuánta más razón tendríamos que volverlo a decir ahora con el martirio de estos inocentes. Vuelven a aparecer las señales de la pascua tan presente en la vida de Jesús, pero que será también para nosotros un signo, una señal de lo que será siempre la vida del cristiano, la pascua.
No faltará la pascua en nuestra vida, pero que siempre nosotros queremos ver como el paso de Dios. Un paso de Dios que siempre nos ha de conducir a ese paso de la muerte a la vida, porque el paso de Dios será siempre un rayo de luz, una puerta de esperanza, un camino e itinerario de vida. Pero la luz tiene que vencer las tinieblas, la esperanza tendrá que sobreponerse sobre todos los momentos oscuros que podamos tener en la vida, y ese itinerario que nos lleva a la vida ha de pasar en no pocos momentos por el camino de la pasión y de la muerte. Y todo eso se puede traducir de forma muy concreta en la vida en esos problemas, en esos contratiempos, en esa oposición que muchas veces vamos a encontrar.
Los mártires fueron testigos capaces de dar la vida desde la fe y el amor con que vivían el camino de Jesús. No temieron derramar su sangre porque además nadie ama más que aquel que es capaz de dar la vida por el amado. Por eso el martirio y la persecución ha estado siempre presente en la vida de los cristianos y de la Iglesia a lo largo de los siglos. Y ha sido esa semilla de la sangre derramada de los mártires la semilla de nuevos cristianos, la semilla de una vida más floreciente para la Iglesia porque siempre se siente fortalecida en el Señor.
De forma cruenta como aquellos que fueron capaces de dar su vida derramando su sangre, o de forma menos cruenta en quienes sufren el oprobio por manifestar su fe, el aislamiento quizá de una sociedad que no quiere saber de valores espirituales y que siente alergia por el sentido cristiano de la vida, de muchas maneras en que sufrimos el desdén de los que están a nuestro lado o hasta los intentos de descalificación de lo que es nuestra vida, son algunas de las formas cómo podemos sufrir esa persecución por sentirnos orgullosos del nombre de cristianos y con lo que tenemos que convertirnos en testigos, en verdaderos mártires, en nombre de nuestra fe.
La celebración de los santos inocentes es para nosotros un recuerdo de esa presencia de la pascua en nuestra vida en tantas formas de persecución que podamos sufrir y al mismo tiempo es un aliciente que nos llena de esperanza y nos hace permanecer con más fortaleza en el testimonio de nuestra fe.

viernes, 28 de diciembre de 2018

En los santos inocentes martirizados en Belén y en la huida de Jesús a Egipto tenemos que ver cuantas situaciones de sufrimientos inocentes vemos en el mundo de hoy


En los santos inocentes martirizados en Belén y en la huida de Jesús a Egipto tenemos que ver cuantas situaciones de sufrimientos inocentes vemos en el mundo de hoy

1Juan 1,5-2,2; Sal 123; Mateo 2,13-18

Mira que algunas veces nos volvemos crueles. Un hecho que en si mismo es sangriento lo convertimos en un día de bromas, ‘inocentadas’ decimos, que de alguna manera lo hacemos risa y diversión. Costumbres, tradiciones que se nos han metido en alma del pueblo y en este día de los Santos Inocentes, no lo dejamos pasar sin que le gastemos alguna inocentada a un amigo, familiar o compañero.
Pero como decíamos el hecho del evangelio que hoy recordamos tiene mucho de cuento y sangriento cuanto significa la muerte de tantos niños en los alrededores de Belén desde la ambición, el orgullo y la crueldad del rey Herodes que podía ver en peligro su reinado tras el anuncio por parte de aquellos magos venidos de Oriente del nacimiento de un niño que iba a ser rey.
A verse burlado por los Magos que desde Belén no volvieron para indicarle el lugar exacto donde habían encontrado al Niño que venían buscando se desata la ira del rey mandando matar a todos aquellos niños inocentes, de dos años para abajo, que no sabían ni por qué ni por quien morían. Fue el nacimiento de Jesús la causa de la muerte de aquellos niños y es por lo que los llamamos santos, porque los consideramos mártires, primeros testigos en dar la vida por el nombre de Jesús.
Este texto del evangelio es un cruel retrato de las maldades que se nos meten en el corazón de los hombres cuando nos dejamos arrastrar por la ambición del poder, sea cual sea el poder que ansiemos, pero también reflejo de sufrimientos y situaciones duras que podemos contemplar como se siguen sucediendo hoy.
Ya mencionamos esa ambición del corazón de los hombres que son capaces de hacer lo que sea cuando ven en peligro su poder o sus influencias. Cuantas cosas en este sentido siguen sucediendo hoy en las trampas que nos ponemos los unos a los otros, en nuestras luchas porque menos que tribales por mantenernos en el lugar de nuestros sueños, y por no permitir que nos abajen de esos pedestales de poder, prestigio, vanidad en una palabra, en donde nos hemos subido en nuestros afanes de dominio.
Es también la muerte cruel de tantos inocentes desde nuestras violencias humanas, desde nuestras guerras en las que la mayoría de las veces los que mueren son ciudadanos inocentes – y no digamos cuantos niños – que se ven bajo la sombras de esas batallas muchas veces interesadas y planeadas desde lugares de poder.
Son también los niños de la guerra, inocentes convertidos en soldados o en armas de matar de mil maneras, pero son los que sufren los horrores y las violencias de tantas clases nacidas de la pasión de los mayores. Son los inocentes que mueren de inanición porque los que pudiéramos hacer algo por remediar el hambre del mundo, los vemos tan lejos que hemos perdido incluso la sensibilidad.
Como consecuencia de la ambición y crueldad de Herodes la sagrada familia de Jesús, María y José se ven abocados a una situación que nos recuerda también tantas situaciones de las que somos testigos, lo noticieros nos están dando referencias continuamente y vemos que se repite a nuestro alrededor; es el mundo de los emigrantes. Un ángel del Señor avisa en sueños a José y ha de salvar al niño por lo que huyen a Egipto donde se verán salvos. Cruzar aquellos desiertos que separan Egipto de Israel, que un día hicieran en sentido contrario los israelitas buscando la tierra prometida, y con lo medios precarios de la pobreza en que se encontraban para vivir en un país desconocido como era Egipto no seria plato de buen gusto.
Es la imagen que vemos en los que llegan a nuestras costas en pateras o por el medio que sea, atravesando continentes y mares, huyendo de la situación de pobreza o de guerra de sus países de origen, para venir a un lugar que no conocen, donde muchas veces no son socorridos ni atendidos, con dificultades de lenguaje, costumbres e idiomas que está sucediendo hoy a nuestro lado, repito, Pensemos en cuanto sufrimiento se genera con estas situaciones, mucho tendríamos que decir. Es la imagen que vemos en la huida a Egipto de María y José por salvar al Niño.
Claro que todas estas cosas no las queremos pensar. La respuesta que damos muchas veces a todas esas situaciones no suele ser la más apropiada, por decirlo de una manera suave, cuando no somos nosotros los que de alguna manera nos portamos de una forma cruel con tantos inocentes – y pongamos aquí el rostro que queramos -.
No es ya que convirtamos la fiesta de los Santos Inocentes en motivo para nuestras bromas y causa de diversión; eso seria lo de menos, porque nos metemos en el rió de costumbres que no sabemos ni su sentido y su origen y por ahí andamos en la vida.
Es esa otra crueldad de la vida en la que no veamos envueltos, esas ambiciones que nos envenenan el alma de lo que tenemos que ser conscientes y si en esa huida de Jesús a Egipto hemos querido ver a todos esos inocentes maltratados, en ellos veamos la imagen de Jesús en todos ellos y recordemos lo que luego nos dirá Jesús en el evangelio. ‘Lo que a ellos hicisteis a mi me lo hicisteis...’ ¿Qué le estamos haciendo a Jesús?

jueves, 28 de diciembre de 2017

La sangre de aquellos niños inocentes que hoy celebramos nos ha de comprometer a hacer un mundo nuevo y mejor donde toda vida sea siempre respetada y valorada


La sangre de aquellos niños inocentes que hoy celebramos nos ha de comprometer a hacer un mundo nuevo y mejor donde toda vida sea siempre respetada y valorada

1Juan 1,5-2,2; Sal 123; Mateo 2,13-18

‘Un grito se oye en Ramá, llanto y lamentos grandes; es Raquel que llora por sus hijos, y rehúsa el consuelo, porque ya no viven’. Es lo que evoca el evangelista recordando al profeta Jeremías. Nos lo ha descrito con todo detalle. Herodes se vio burlado por los Magos de Oriente; no volvieron estos a Jerusalén a dar parte donde habían encontrado el  niño, recién nacido rey de los judíos que venían a adorar; se volvieron por otro camino.
Y como sucede tantas veces, y más cuanto tienen el poder en sus manos, montó en cólera para destruir cuanto pudiera tener referencia a aquello en lo que se había visto burlado. Muerte para todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores; muerte para los inocentes como sucede tantas veces. Y aquellos niños se convirtieron en testigos por su sangre derramada; son los primeros mártires por el nombre de quien venía para ser salvador de todos los hombres.
‘Es Raquel que llora por sus hijos…’ recordamos evocando también hechos antiguos. ‘Es Raquel que llora por sus hijos…’ pero podríamos evocar también el llanto por tantos inocentes que siguen muriendo en nuestro mundo. Serán las guerras siempre crueles y siempre injustas, y en la retina de nuestros ojos tenemos imágenes de tantas guerras de hoy, de tanta destrucción y de tanta muerte.
Rivalidades, fanatismos incluso religiosos, odio y enfrentamientos entre pueblos y naciones, luchas tribales en lo que simplemente por ser de otra tribu o de otro grupo destruyen a su paso cuanto encuentran. Pensamos en Irak y Siria por tenerlos muy cercanos o recordamos tantos pueblos de Afrecha que se destruyen unos a otros, o pensamos en no hace tanto tiempo muchos lugares latinoamericanos con guerrillas o ejércitos de liberación (?), o más allá en extremo oriente con fanatismos de razas y religiones. Pero es interminable la fila de inocentes en la que entran multitud de niños también.
‘Es Raquel que llora por sus hijos…’ pero será también aquí donde nos decimos que estamos en nuestra civilizada sociedad donde siguen muriendo tantos y tantos niños inocentes; seguimos viendo quizá niños abandonados a su suerte por nuestras calles o con madres que se aprovechan de su imagen mísera para implorarnos compasión en sus angustias y necesidades; seguimos viendo quizá niños maltratados, o por el contrario niños tan mimados a los que no se les prepara para una vida futura que puede ser dura y que luego creará tremendos dramas en la vida. Pero quizá no oigamos el llanto de las madres que se desprenden de sus hijos aun por nacer invocando no se cuantas razones o sinrazones, pero que quizá llevarán el drama en su interior pero sin querer reconocerlo por haberlos aniquilado con el terrible aborto.
No quiero ponerme trágico en esta reflexión que nos hacemos incluso en este entorno de navidad, pero son algunas de las imágenes que me evoca esta fiesta de los santos inocentes de Belén. Esa sangre inocentemente derramada tendría, sin embargo, que hacernos reflexionar mucho para caer en la cuenta de qué es lo que estamos haciendo de nuestras vidas y de nuestro mundo. Detrás, en el fondo, porque tenemos que contemplar a Jesús, tendríamos que descubrir un mensaje de vida, de esperanza, de compromiso en el amor que el Niño nacido en Belén – hoy lo contemplamos también desplazado, desterrado en tierra extraña que nos evocaría también tantas otras imágenes de nuestro tiempo – nos quiere transmitir.
¿No sentiremos en nosotros el compromiso por construir un mundo mejor, por hacer que todos tengamos una vida más digna, para que valoremos siempre toda vida que es muy importante porque es un don de Dios?

miércoles, 28 de diciembre de 2016

El día de los Santos Inocentes nos tendría que llevar a pensar en tantos otros inocentes que a lo largo de la historia y hoy son víctimas de nuestra manera de actuar

El día de los Santos Inocentes nos tendría que llevar a pensar en tantos otros inocentes que a lo largo de la historia y hoy son víctimas de nuestra manera de actuar

1Juan 1,5-2,2; Sal 123; Mateo 2,13-18
Hoy es el día de los Santos Inocentes. Sin embargo en el sentido de nuestra sociedad, al menos en mi tierra, es sobre todo el día de las inocentadas; un día para la broma, para la picardía de ver cómo caes en una inocentada creyéndote aquello que te cuentan o te dicen de manera que hasta en los medios de comunicación social y hasta en los noticiarios buscan esa aparente noticia extraordinaria con la que hacer caer a todos en la inocentada. Es la picardía que llevamos dentro, el deseo de la broma y de la alegría que quizá quiera hacernos olvidar otras angustias u otros problemas que pudieran afectarnos hasta quitar esa alegría de nuestra vida.
Con la reflexión que ahora me hago y os ofrezco quizá arroje un jarro de agua fría en medio de nuestras alegrías festivas, pero siento dentro de mí la urgencia de ofreceros esas quizá desordenadas líneas de reflexión pero que puedan ayudarnos a pensar en otras cosas.
Pero bien sabemos que celebrar el día de los Santos Inocentes es mucho más que eso, porque realmente estamos celebrando un momento muy dramático en la historia de nuestra salvación en el que por querer quitar de en medio a aquel recién nacido rey de los judíos como decían los Magos venidos de Oriente, el Rey Herodes al verse burlado mandó decapitar a todos los niños menores de dos años de Belén y sus alrededores.
Ya escuchamos en el evangelio cómo el ángel del Señor anuncia a José lo que ha de suceder y cómo ha de salvar la vida del niño huyendo a Egipto. Un rememorar de alguna manera la historia del pueblo de Israel en la que Jesús se ha encarnado, pero que es de alguna manera ver cómo Jesús se encarna en nuestra historia, en nuestra vida, también con los sufrimientos y las angustias que padecemos los hombres.
La liturgia de las Horas nos evoca la matanza de los niños recién nacidos de Egipto cuando el faraón oprimía al pueblo de Dios y mandó arrojar al Nilo a todos los varones recién nacidos. Es la historia que se repite en nuestra humanidad llena de pecado, de odios, de rencores, de envidias, de ambiciones, de violencia. No podemos menos que hacer pasar ante nuestros ojos, aunque sus imágenes sean muy hirientes para nuestras conciencias adormecidas, las muertes de tantos inocentes que también en nuestro tiempo son víctimas de la miseria, del hambre, de la violencia, de las guerras, de las ambiciones de los hombres.
Cuando en la televisión nos ponen imágenes de la guerra, imágenes tan recientes como lo que sucede en Alepo, en Siria, en Irak o en tantos otros lugares azotados en este momento de nuestra historia por la guerra, nos dicen que son imágenes que pueden herir nuestra sensibilidad. No queremos sentirnos quizá interpelados, no queremos quizá escuchar el grito angustioso de tantos que ven destruidas sus casas, o las vidas de sus seres queridos, no queremos inquietarnos por esas cosas que suceden ahí a un tiro de piedra de nuestra cómoda e insensible sociedad.
Es duro que así nos hayamos endurecido las conciencias. Tiene que ser inquietante que sigamos impasibles ante tantos sufrimientos. Es inhumano que quizá nosotros estos días tengamos nuestras mesas repletas de alimentos que al final se desperdiciarán, mientras ahí al lado hay gente en la miseria y muere de hambre.
¿Es así como hacemos un mundo mejor? ¿Es así como nosotros, los cristianos, los que nos decimos seguidores de Jesús vivimos la Buena Nueva que con Jesús quiere llegar a nuestras vidas para que vivamos un compromiso por hacer un mundo mejor?
Es el día de los Santos Inocentes, de aquellos niños que murieron a causa del odio o de la ambición de Herodes, pero es el día en que tenemos que pensar en tantos santos inocentes que mueren en el mundo a causa de nuestra insensibilidad, de nuestra insolidaridad, de nuestros ojos que queremos mantener cerrados, de nuestros despilfarros, de nuestras violencias. Es para pensarlo.

lunes, 28 de diciembre de 2015

La fiesta de los Santos Inocentes en medio de las alegrías de la Navidad viene a ser un toque de atención en nuestro corazón para ver el sufrimiento de tantos inocentes en el mundo que nos rodea

La fiesta de los Santos Inocentes en medio de las alegrías de la Navidad viene a ser un toque de atención en nuestro corazón para ver el sufrimiento de tantos inocentes en el mundo que nos rodea

1Juan 1,5-2,2; Sal 123; Mateo 2,13-18
La alegría y la felicidad que vamos viviendo muchas veces se ve en cierto modo nublada por las sombras de los sufrimientos y los dramas que continuamente nos ofrece la vida. Queremos ser felices, queremos llenar nuestro corazón de alegría pero surgen los problemas y nuestra alegría parece que no puede ser total. ¿Tenemos que amargarnos y llenar nuestro corazón de angustia por tales cosas? ¿O tendremos que buscar alguna forma para mitigar desde nuestra solidaridad ese sufrimiento que vemos en los demás o encontrarle un sentido y un valor a nuestros propios sufrimientos para no perder la alegría del alma?
Comienzo haciéndome esta reflexión en esta fiesta de los Santos Inocentes que celebramos en medio de las alegrías de la Navidad. Seguimos con el gozo y la fiesta del nacimiento de Jesús. Pero como contemplamos en el evangelio ya los primeros momentos de su vida se vieron marcados por la sangre y el martirio de aquellos inocentes, pero también por el propio desarraigo que sufrió en si mismo en el exilio que la familia tuvo que sufrir con su huida a Egipto.
Creo que previamente a leer esta reflexión hayamos leído el texto del evangelio que arriba aparece citado que nos narra el hecho del martirio de aquellos inocentes. Creo que nos sea fácil hacer una lectura de ese texto - aplicando así la Palabra de Dios a nuestra vida como siempre tenemos que hacerlo - en los acontecimientos que vivimos ya sea en nuestra propia persona por los problemas que nos afectan y nos preocupan, pero también en lo que se vive en el mundo de hoy.
Por una parte sufrimientos y problemas que nos afectan y que quizá no hemos buscado ni hemos sido causa de ellos, pero que ahí van apareciendo en nuestra vida y que tenemos que afrontar no perdiendo nunca la paz y la serenidad en su corazón. Hoy miramos a José en medio de los problemas que surgían y que ponían en peligro la vida del niño pero que afronto poniendo su fe y su confianza en el Señor que se le manifestaba en medio de aquellos acontecimientos.
Pero en la muerte de los inocentes contemplamos el sufrimiento de tantos inocentes en nuestro mundo; nos sentimos incapaces quizás y abrumados cuando vemos el sufrimiento de tantos; no sabemos quizá qué hacer, pero en nuestro corazón tiene que aparecer la solidaridad para ponernos a su lado, para hacer de nuestra parte todo lo necesario para que nuestro mundo sea más justo, para denunciar quizá las injusticias que contemplamos que hacen sufrir a tantos.
Y vemos finalmente a una familia que tiene que dejar su casa, su tierra, su patria en búsqueda de lugares de paz. ¿No es eso lo que contemplamos en tantos emigrantes, desplazados, refugiados que andan de un lado para otro en nuestro mundo de hoy? Nos sentimos quizá sensibilizados de manera especial cuando esos refugiados están llegando a las puertas de Europa, pero es en tantos lugares del mundo donde se suceden esas cosas pero que quizá por la lejanía ni nos enteramos ni nos queremos enterar.
Que el Señor despierte esa sensibilidad en nuestro corazón porque no nos podemos cruzar de brazos o mirar para otro lado. Pongamos más y más amor en nuestra vida y que florezca en nuestro mundo.


sábado, 28 de diciembre de 2013

Los santos inocentes fueron coronados de gloria en virtud del misterio de la navidad

1Jn. 1, 5-2, 2; Sal. 123; Mt. 2, 13-18
‘A ti, oh Dios, te alabamos… te ensalza la brillante multitud de los mártires…’ aclamamos en esta fiesta de los Santos Inocentes que ‘proclaman la gloria de Dios en este día no de palabra sino con su muerte’, como decimos en la oración litúrgica de esta fiesta. Volvemos a repetir que no está lejos de Belén la Pascua, pues quien ha venido para ser nuestro salvador en su pasión y muerte nos va a redimir, y bien sabemos que es camino de vida para nosotros.
Hemos escuchado su relato en el evangelio. Pronto las tinieblas quieren rechazar la luz. La estrella brilló bien alta y unos magos de Oriente descubrieron las señales y vinieron siguiendo el rastro de la estrella, como escucharemos en la Epifanía del Señor y hoy en cierto modo nos sirve de adelanto. Buscaban al recién nacido rey de los judíos. Pero los poderosos de este mundo ahí ven un contrincante. Las tinieblas rondan en el corazón de Herodes que despechado porque los Magos no le señalan el sitio concreto donde está el recién nacido ‘al verse burlado manda matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores’. Las reacciones de un corazón lleno de orgullo y soberbia.
Es el martirio de los Inocentes que hoy celebramos. No fue su boca la confesó la fe en Jesús, pero su muerte fue como un anticipo de lo que sería la muerte inocente del que vino para entregarse por nosotros para que tengamos vida para siempre. ‘Fueron coronados de gloria en virtud del misterio de la Navidad’, como proclamaremos en otra de las oraciones de la celebración.
El martirio de los inocentes, hemos dicho,  que se prolonga en todos los que a través de los tiempos en la historia de la Iglesia han derramado y siguen derramando su sangre por el nombre de Jesús. Es una multitud ya innumerable los que la Iglesia les ha reconocido su martirio y su santidad. Pero hoy en tantos lugares del mundo hay cristianos que siguen sufriendo por el nombre de Jesús. Con un poco de atención podemos escuchar esas noticias, aunque no ocupen primeras planas en los medios de comunicación. Estos mismos días de la Navidad de este año en distintos lugares son muchos los cristianos que han sufrido atentados y muerte incluso en medio de la misma celebración de la navidad.
Pero no quizá de una forma tan cruenta, pero no menos dolorosa, también hay muchos que sufren calladamente incomprensiones, acosos, malos tratos de forma injusta porque quieren vivir rectamente en fidelidad a una fe y a un sentido de vivir desde esa fe, aunque con debilidades y pecados porque somos humanos y tantas veces erramos y quizás no somos tan buenos como tendríamos que ser. Es un sufrimiento padecido en silencio, pero que el creyente quiere darle un sentido y un valor desde la fuerza y la gracia del Señor. Pone el creyente toda su confianza en el Señor porque sabe que en El nunca se sentirá defraudado por malos que sean los momentos por los que tenga que pasar.
Eso nos ha querido expresar el salmo que hoy hemos recitado. ‘Si el Señor no hubiera estado de nuestra parte, cuando nos asaltaban los hombres, nos habrían tragado vivos… nos habrían arrollado como las aguas del torrente que nos llegaba hasta el cuello, pero nuestro auxilio es el nombre del Señor, que hizo el cielo y la tierra’. Es la oración confiada que hace al Señor el que pone en Dios toda su fe y su confianza en medio de las dificultades y contratiempos que tiene que sufrir.

‘Dios es luz sin ninguna oscuridad’, nos decía san Juan en su carta en la primera lectura. Queremos vivir en la luz. Estos días de navidad está brillando continuamente ante nuestros ojos como un signo fuerte esa luz que es Jesús. Y aunque algunas veces nos dejamos seducir por las tinieblas del pecado, deseamos la luz, queremos la luz, acudimos a Jesús que por su sangre nos limpia de nuestros pecados. Como nos decía el apóstol Juan, ‘si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre, Jesucristo, el justo, porque El es víctima de propiciación por nuestros pecados’. Con qué confianza podemos y tenemos que acudir a Jesús. Cómo tendríamos que desear vivir siempre en santidad y sin pecado, vivir en la luz de Jesús.

viernes, 28 de diciembre de 2012


Los santos inocentes, el misterio de la Cruz y de Belén están cerca

1Jn. 1, 5-2,2; Sal. 123; Mt. 2, 13-18
La primera impresión que nos produce el relato de la matanza de los inocentes que hemos escuchado hoy en el evangelio es de rechazo ante la maldad de Herodes que en su ambición, como sucede tantas veces, quiso quitar de en medio a quien pudiera hacerle sombra o quien pudiera ser un peligro para su soberanía y poder. Son las negruras del corazón del hombre que se ciega ante la ambición del poder o de la riqueza o de cualquiera otra de las pasiones que pueden afectar a la vida del hombre, de toda persona. En cuantas situaciones semejantes nos podemos ver envueltos, o se ve envuelta la vida sobre todo de los que tienen sueños de grandeza y de poder.
Ahí, en ese claroscuro de la vida con sus ambiciones y las maldades del corazón tenemos una hermosa lección que aprender y de la que tendríamos que sacar muchas consecuencias, pero creo que todos comprendemos que el sentido de la fiesta de los Santos Inocentes que celebramos en este día va mucho más allá. Tampoco se puede quedar en lo que popularmente convertimos esta fiesta, que a pesar de la crueldad que se trasluce en este actuar de Herodes, sin embargo la convertimos en un día de bromas y de inocentadas como solemos decir. Tenemos que buscar un sentido mucho más hondo a nuestra celebración.
Es la muerte de unos niños inocentes pero que en realidad lo que quería buscar Herodes era la muerte de aquel ‘recién nacido rey de los judíos’, del que venían hablando los Magos que habían llegado a Jerusalén preguntando por El, como escucharemos dentro de unos días al celebrar la Epifanía del Señor. Podríamos decir que ocuparon el lugar de Jesús, que era a quien realmente perseguía Herodes. Se convierten en un signo de la persecución que sufren los justos, cuando su vida se convierte en un espejo en el que mirarnos, cuando en nosotros lo que existe muchas veces solo es la maldad de nuestro pecado. ‘Acechemos al justo que nos resulta incómodo’, ya habíamos oído hablar al sabio del Antiguo Testamento.
Pero creo que contemplar la crueldad de este martirio de los santos inocentes, en medio del marco de las fiestas de la Navidad del Señor que estamos celebrando, nos viene a recordar cómo la cruz, la pasión y el sufrimiento van a estar muy presentes en nuestra historia de la salvación. Este niño recién nacido que contemplamos en estos días y que por la fe ya sabemos que es nuestro Señor y nuestro Salvador - además así lo anunciaron los ángeles a los pastores - es el que ha venido a traernos la salvación, a redimirnos de nuestro pecado y será en su pasión y muerte en la cruz donde se va a consumar el sacrificio redentor.
No está lejos en la vida del cristiano Belén del Calvario de manera que cuando le contemplamos en Belén estamos viendo a quien es nuestro Salvador y Redentor por el sacrificio de su cruz. Mientras nosotros estos días hemos estado cantado con alegría los villancicos del nacimiento de Jesús, al mismo tiempo en nuestra celebración siempre hemos proclamado el misterio pascual de Cristo donde obtenemos la salvación. ‘Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven, Señor  Jesús’, hemos proclamado en cada Eucaristía y siempre mientras esperamos la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.
Es el camino de la vida del cristiano, el camino de la Iglesia a lo largo de los siglos, donde nunca ha faltado el sufrimiento, el sacrificio o el martirio de sus mejores hijos. Hoy mismo seguimos escuchando noticias de la muerte de cristianos, simplemente por ese hecho, ser cristianos en distintos lugares del mundo, o de cristianos que tienen que abandonar su casa, su tierra, su patria por los acosos y la persecución que allí están sufriendo. Sea en Nigeria donde estos mismos días de navidad grupos de cristianos han sido masacrados durante las propias celebraciones, o sea en países del Oriente Medio como Siria o Irak donde muchos cristianos han tenido que emigrar a otros lugares a causa de la persecución.
Al celebrar hoy esta fiesta de los Santos Inocentes tengamos un especial recuerdo por los mencionados o tantos otros en distintos lugares del mundo que sufren por el nombre de Jesús, como de alguna manera también sucede en nuestro entorno donde se minusvalora o se quiere ocultar en tantas ocasiones lo que lleve el nombre o el sentido de los cristiano. También a nuestro alrededor se quiere borrar el nombre de Dios de la historia y de la vida de los hombres.  Celebremos la fiesta, porque es el triunfo, de los Santos Inocentes. Los Santos Inocentes de ayer y de hoy nos recuerdan que el misterio de la cruz no está lejos de Belén.

jueves, 27 de septiembre de 2012


Herodes tenía ganas de ver a Jesús, ¿tendremos nosotros deseos de conocerle también?
Eclesiastés 1, 2-11; Sal. 89; Lc. 9, 7-9

Herodes ‘tenía ganas de ver a Jesús’. Habían llegado noticias de Jesús a los oídos de Herodes. Era el Virrey de Galilea y era allí donde especialmente Jesús realizaba su actividad. Pero las noticias que le llegaban lo dejaban confundido. Unos le decían una cosa acerca de Jesús, mientras otros le hablaban de otra manera. Los comentarios que ahora se manifiestan vienen a repetir las respuestas que un día los apóstoles dieron a Jesús cuando preguntó por lo que la gente decía de él. Pero el pensar si Jesús podría ser Juan el Bautista que había vuelto a la vida dejaba más perplejo a Herodes, porque había sido él quien lo había mandado matar. Por eso no quería creer nada de lo que le decían sino que ‘tenía ganas de verlo’. 

¿Por qué quería Herodes ver a Jesús? ¿Le interesaba el mensaje que Jesús iba trasmitiendo? ¿El Reino de Dios que Jesús anunciaba le crearía mayor confusión en su mente? Su padre, Herodes el grande, precisamente cuando le dijeron los magos de Oriente que venían buscando un recién nacido rey de los judíos manifestó también deseos de ir a verlo, pero no sabemos con qué intenciones. Bueno, las intenciones se manifestaron cuando burlado por los Magos que no volvieron por Jerusalén mandó matar a todos los niños menores de dos años en Belén y sus alrededores. 

Como nos preguntábamos ¿estaría Herodes Agripa interesando en el mensaje de Jesús? Decía que escuchaba con gusto al Bautista, pero lo había metido primero en la cárcel y luego lo había mandado matar a instigación de Herodías. ¿Cuál sería el interés por Jesús? Habrían de encontrarse en Jerusalén en medio de la pasión de Jesús y lo trataría como un loco porque Jesús no había ni querido hacer los milagros que le pedía para divertirse ni siquiera le había hablado. Jesús se había sentido libre ante Herodes a pesar de ser llevado preso y estar en peligro su vida ante los deseos y curiosidades de Herodes.  Así lo había manifestado Jesús cuando en una ocasión le dijeron que Herodes tenía deseos de conocerlo.

‘Tenía ganas de verlo’. Todo esto que hemos ido comentando brevemente sobre los deseos de Herodes de ver y conocer a Jesús o la relación que de alguna manera mantuvo con El, tendría que ayudarnos a descubrir el mensaje que el Señor hoy quiere dejarnos para nuestra vida desde esta Palabra de Dios proclamada. 

¿Tendremos nosotros también deseos de ver y conocer a Jesús? Como a todos quizá nos ha sucedido en más de una ocasión habrá aparecido en nuestra imaginación o en nuestro corazón esos deseos o sueños de haber estado allí en Palestina, en Galilea o en Jerusalén en aquellos tiempos para directamente nosotros haber conocido a Jesús. De esa manera en sueños se quedarán porque no vamos ahora a meternos en el túnel del tiempo como aparece en novelas o películas para aparecer caminando en medio de las gentes en tiempos de Jesús. 

¿No podremos, entonces, conocer a Jesús? No necesitaremos el túnel del tiempo, pero sí necesitamos avivar nuestra fe, porque sí podemos conocer a Jesús, sentirnos al lado de Jesús o sentir a Jesús en nuestra vida y en nuestro corazón. Tenemos su Palabra revelada y contenida en la Biblia en la que a partir de esos escritos inspirados por el Espíritu Santo que nos dejaron los evangelista podemos acercarnos a Jesús para no solo conocerle sino llegarle a vivir también. 

No son los evangelios para nosotros unas simples historias cual si de novelas se tratara que nos dejaran la biografía de Jesús. Es algo mucho más hondo y más hermoso, porque cuando nos estamos acercando a los Evangelio o a la Biblia toda nos estamos acercando a lo  que Dios quiere revelarnos de sí mismo. Por eso solo desde la fe tiene sentido el acercarnos a los evangelios, desde la fe y pidiendo también la asistencia del Espíritu Santo que nos vaya revelando, descubriendo allá en lo más hondo de nuestro corazón y nuestra vida, todo ese misterio de Dios. 

Queremos ver a Jesús, queremos conocer a Jesús vayamos a los Evangelios, vayamos a la Biblia toda donde El mismo se nos va a dar a conocer, se nos va a revelar y aún más querrá venir a habitar en nuestro corazón, en nuestra vida. No será conocer simplemente cosas de Jesús sino conocer a Jesús es llegar a vivir a Jesús. Con esa fe y conducidos por su Espíritu es cómo hemos de acercarnos a los evangelios.

miércoles, 28 de diciembre de 2011



1Jn. 1,5-2,2;
 Sal. 123;
 Mt. 2, 13-18
‘Levántate, coge al Niño y a su madre y huye a Egipto… porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo’. Es el ángel del Señor que se manifiesta una vez más a José. Un día se le había manifestado para disipar sus dudas sobre lo que sucedía en María y le señala lo que ha de hacer; ahora se le manifiesta para que huya a Egipto para salvar la vida del Niño.
Y José obedece la voz de Dios. Aunque hoy hemos de reflexionar sobre el significado de la matanza de los niños inocentes, no podemos menos que admirarnos de dos cosas en la figura de José, como hombre creyente y como padre de familia.
Ahí está la fe de José que se fía de Dios, que se pone en sus manos y que se deja conducir por El. Modelo de hombre creyente con el corazón siempre abierto para Dios. Modelo también de padre de familia atento y preocupado por el bien de la familia y la vida del hijo que Dios le ha confiado. Ya tendremos oportunidad de reflexionar algo más en este sentido en unos días cuando celebremos el día de la Sagrada Familia.
Volvamos a lo que es el centro de la celebración de hoy. Los orgullos de los hombres ya sabemos cuánto daño pueden hacer a los demás. Ya fue una inquietud para Herodes, como veremos en la fiesta de la Epifanía, el que le hablaran de un recién nacido rey de los judíos. Se podía poner en peligro su poder.
Como escucharemos en la fiesta de los Reyes Magos indaga para saber más de aquello de lo que le están hablando; las Escrituras hablan de Belén como lugar del nacimiento del Esperado de las naciones. Allí envía a los Magos de Oriente con el encargo de que vuelvan para saber el lugar concreto y también él ir a adorar al niño.
Al verse en cierto modo burlado porque los Magos, por indicación del ángel del cielo, se vuelven por otro camino y no vendrán a avisar a Herodes, éste montará en cólera y se originará la matanza de los niños pequeños de Belén y sus alrededores, como hemos escuchado. Son los Santos Inocentes que hoy celebramos porque derramaron su sangre por Cristo y es por lo que la Iglesia los considera también mártires. Es lo que hoy celebramos.
Vuelve a aparecernos junto al pesebre donde nace Jesús y la alegría navideña que nosotros estamos celebrando y viviendo la cruz, la pasión y la muerte. Contemplamos el pesebre en que es recostado el niño Jesús en su nacimiento con lo que tiene también de pasión y de pascua en su pobreza y en su austeridad.
Celebramos a Esteban, el protomártir; ayer al celebrar la fiesta de san Juan Evangelista recordábamos su presencia junto a la Pascua de Cristo, junto a la cruz pero también acudiendo al sepulcro de la resurrección. Hoy contemplamos y celebramos a estos inocentes que derraman su sangre por Cristo. La Pascua, en lo que es pasión y cruz pero en lo que es también vida y resurrección siempre estará presente en nuestra vida en todo momento. Quienes seguimos a Jesús, a quien estos días estamos contemplando hecho niño en Belén, sabemos que ese Jesús es el que se va a entregar en su pasión y en su muerte para arrancarnos de la muerte, para llenarnos de la vida divina, para alcanzarnos la salvación.
Pero quizá también la celebración de los Santos Inocentes en este día nos obligue a tener una mirada para contemplar el sufrimiento de tantos inocentes en el mundo en que vivimos. Podíamos pensar en los niños que no llegan a nacer porque sus vidas se ven truncadas ya en el seno de sus madres. Podríamos pensar en tantos que a lo largo y a lo ancho del mundo mueren a causa de la miseria, el hambre, las enfermedades o las guerras como consecuencia de la injusticia con que construimos nuestro mundo y nuestra insolidaridad.
Podríamos pensar también en tantos que mueren como consecuencia del odio, de la intolerancia y del fanatismo en muchos niveles, en muchos casos también desde lo religioso. Estos mismos días hemos escuchado como en distintos lugares grupos de cristianos han sido masacrados simplemente por eso, por ser cristianos, y en concreto en el mismo día de navidad cuando se dirigían a celebrar la Misa del Nacimiento del Señor.
Santos inocentes que celebramos su fiesta en este día en el entorno de la Navidad y ya no sólo los caídos bajo la espada de Herodes, sino los de todos los tiempos y los que están muriendo también en el mundo de hoy. Que el Señor nos dé una sensibilidad especial para descubrir y hacernos solidarios con el sufrimiento de tantos inocentes, y nos dé valentía y fortaleza para dar un auténtico testimonio cristiano frente a todos esos problemas y situaciones.