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martes, 6 de enero de 2026

Ponernos en camino para buscar y encontrarnos con Dios que viene a nuestro encuentro, pero ponernos en camino para anunciar la gloria del Señor a todos los pueblos

 


Ponernos en camino para buscar y encontrarnos con Dios que viene a nuestro encuentro, pero ponernos en camino para anunciar la gloria del Señor a todos los pueblos

 Isaías 60, 1-6; Salmo 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Ponernos en camino es imagen de la vida misma. Forma parte de nuestro mismo ser. ¿No podríamos decir que para eso tenemos dos piernas? Ya lamentamos quienes tienen atrofiados sus miembros de manera que no pueden moverse por sí mismos, no pueden caminar; les decimos de muchas formas aunque no todas son las más humanitarias, deficientes, inválidos, discapacitados, dependientes definiendo en cierta forma cómo se siente el que no puede ponerse en camino.

Desde que nacemos, podríamos decir, queremos caminar; qué alegría cuando un bebé llega a dar los primeros pasos iniciando así en cierto modo el camino de su vida. Ponernos en camino porque buscamos, queremos conocer, llegar a otros lugares o a otras personas, hacer la vida valiéndonos por nosotros mismos; ponernos en camino que desasirnos de muchas cosas para no sentirnos dependientes sino valernos por nosotros mismos; es una búsqueda y es un riesgo, abiertos a la sorpresa porque no sabemos bien lo que vamos a encontrar, pero con riesgo porque nos acechan los peligros; por eso hay quien tiene miedo, no quiere soltarse, quiere quedarse bajo la sombra de un paraguas que le proteja pero quizás porque no tiene metas, no se atreve a ir más allá de lo que tiene delante. Podríamos seguir diciendo muchas más cosas que a todos se nos pueden ocurrir, pero hoy se nos está diciendo que tenemos que ponernos en camino.

Aquellos Magos de Oriente, porque vieron una estrella se pusieron en camino, indagando lo que significaba, estudiando los anuncios antiguos, arriesgándose a un futuro incierto en ese camino que emprendían, sin temor a perderse. Pero para poder ver la estrella, no se quedaron solo mirando al suelo sino que se habían puesto a mirar a lo alto. Bien significativa la imagen. Buscaban el camino y la meta, pero miraban a lo alto para dejarse guiar por la estrella. Cuánto nos puede decir esta imagen.

Como nos dice el evangelio llegaron a Jerusalén y aquello fue una conmoción general. La sorpresa de la gente ante la comitiva que atravesaba la ciudad con aquella gente venida de lejos; Jerusalén fue siempre encrucijada porque la situación de Palestina entre el Oriente próximo y Egipto hacía que fuera un cruce de caminos, como lo vemos reflejado en la historia. Pero ahora era distinto porque preguntaban por un recién nacido rey de los judíos. Suspicacias en el palacio de Herodes que se creía grande y nadie le podía hacer sombra y la pregunta y búsqueda de aquellos Magos era inquietante. Sorpresa entre los Maestros de la Ley los Sumos Sacerdotes, porque les hizo revolver en las Escrituras para entender lo que podría suceder. Señalan el camino según las Escrituras, pero ellos se quedan a la expectativa de lo que pudiera ser.

Con el encargo – podríamos decir entrecomillas, como solemos expresarnos - de Herodes para que volvieran a decirle donde o como lo habían encontrado, de nuevo se ponen en camino. Y allí está la estrella que les guía y les conduce hasta donde está Jesús al que encontrarían como los pastores un día con María, su madre, pero ya no recostado en un pesebre. Le ofrecieron sus dones y cayendo de rodillas le adoraron. Era el reconocimiento de la luz que habían encontrado y que ahora se volverían a sus casas para llevar la noticia, como primeros portadores de evangelio, de buena nueva de salvación para todos.

Es nuestro ponernos en camino, el camino de nuestra vida y el camino de nuestra fe. ¿También tendremos que ponernos camino para buscar y para indagar, para encontrarnos con la luz y para llevar luego esa buena noticia a los demás? Es también nuestra tarea, es la búsqueda honda de nuestra vida; no podemos quedarnos encerrados siempre en lo mismo, no podemos estar como los que ya vienen de vuelta y no quieren saber nada, tenemos que arriesgarnos en nuestra búsqueda aunque ese ponernos en camino nos haga salir de allí donde estamos instalados, de lo que siempre se ha hecho porque siempre ha sido así como tantas veces decimos; tenemos que no temer lo que podamos encontrar porque siempre será una luz nueva para nuestra vida que nos pone en nuevo camino.

Nos hemos amodorrado en nuestra manera de vivir la fe y tratar de contentar a todos y a todo, pero no podemos quedarnos adormilados en el camino porque perderemos el rumbo y el sentido. Y eso nos está pasando a muchos cristianos que queremos seguir viendo en la comodidad de nuestras rutinas o viejas costumbres y ya el evangelio parece que ha dejado de ser novedad para nosotros; el evangelio siempre tiene que ser novedad porque es buena noticia, y las noticias son nuevas cada día.

Es una lástima que el árbol no nos permita ver el bosque; es lo que nos está sucediendo con esta fiesta de la Epifanía en la que tendríamos que contemplar ese gran regalo de Dios que se nos manifiesta – eso significa la palabra ‘epifanía’, manifestación – y la locura de los regalos que nos hacemos y creemos que tenemos que hacernos en este día nos hacen olvidar la grandeza y el sentido de esta fiesta y celebración.

¿Necesitaríamos arriesgarnos a ponernos en camino desde esta consideración? El profeta invita a Jerusalén a despertar para ver amanecer la gloria de Dios. ¿Nos postraremos también nosotros como todos esos pueblos para cantar la gloria del Señor?


lunes, 6 de enero de 2025

Una nueva Epifanía para saber hacernos los regalos de una generosa acogida también entre aquellos que no nos conocemos

 


Una nueva Epifanía para saber hacernos los regalos de una generosa acogida también entre aquellos que no nos conocemos

Isaías 60, 1-6; Salmo 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Aquella comitiva de tres extranjeros que se adentra por la calles de Jerusalén haciendo preguntas que para algunos resultan ignotas, mientras en otros producen cierta inquietud me hace pensar en situaciones semejantes que no sé si terminamos de acostumbrarnos pero que también de manera semejante se nos dan hoy en nuestras calles.

Es cierto que en el mundo globalizado en que nos encontramos ya no es extraño encontrarnos en nuestro entorno extranjeros que nos hablan idiomas para nosotros desconocidos, pero también algunos nos producen cierta inquietud y nos preguntamos a donde vamos a llegar, porque muchas veces nos parece poco menos que una invasión; en la tierra donde vivo, en nuestras islas, ya no nos es extraño encontrarnos gentes de otras razas y lugares, extranjeros que llegan a nuestras cosas desde diversos motivos que a muchos, es cierto, llenan de inquietud, a unos llamamos turistas, otros llamamos inmigrantes, algunos los consideramos incluso ilegales y es grande la presión que está sufriendo la demografía de nuestras tierras. Cuando nos cruzamos con ellos, ¿cómo nos sentimos? ¿Qué pensamos quizás que tenemos que hacer? ¿A dónde vamos a llegar?

Un revuelo semejante se armó aquellos días en Jerusalén con aquellos personajes que llegaron a Jerusalén y que no eran precisamente judíos provenientes de la diáspora, tampoco los podían considerar prosélitos, aunque unas preguntas inquietantes venían haciendo que tendrían que descifrar su significado y que les llevó incluso a la consulta de las autoridades religiosas para entender qué es lo que preguntaban. ¿Un recién nacido rey de los judíos? Pero no parecía que fueran cosas que sucedieran en el palacio de Herodes, aunque en las profecías fueron a buscar respuestas.

Conocemos bien el texto del evangelio que tantas veces hemos escuchado y meditado. A Belén se dirigieron y allí encontraron lo que buscaban en aquel niño envuelto en pañales en brazos de María a quien ofrecieron sus ofrendas. Con la resonancia de las profecías y de los salmos para nosotros se han quedado como los reyes magos, pues el evangelista ha hablado de unos magos venidos de oriente, con su especial significado.

Para nosotros este texto se ha convertido en evangelio, en buena noticia, porque nos está hablando del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en aquel hijo de María y de José que para nosotros será Jesús, porque será el Salvador de nuestras vidas.

Pero el evangelio hoy no se nos puede quedar para nosotros en un recuerdo de antiguos acontecimientos, sino que en eso que nos está sucediendo cada día hemos de saber leer el mensaje de este evangelio, en eso que cada día nos está sucediendo en nuestro entorno hemos de saber leer y encontrar una buena noticia de salvación para nosotros hoy.

¿Habrá evangelio, habrá buena noticia, habrá una llamada de Dios en lo que ahora mismo está sucediendo en nuestro mundo? Algo seguramente tiene Dios que decirnos. Y en aquel que por nosotros se hizo emigrante y hasta desterrado - ¿no habían venido sus padres desde la lejana Galilea hasta Judea y hasta Belén y allí nacería aquel niño?, ¿no lo contemplaremos luego poco menos que desterrado a Egipto en donde habrá de refugiarse en su huida de aquel rey Herodes que atentaba contra la vida del niño?  -, en aquel Niño, pero en esto que nos está sucediendo en nuestro entorno con emigrantes o desplazados, con turistas o con gentes que nos visitan Dios quizás tiene una Buena Noticia, una llamada para nosotros. Es en lo que tenemos que detenernos, lo que nos tiene que hacer pensar, lo que hemos de saber descubrir, aunque no sea fácil.

Para nosotros los creyentes las cosas no suceden porque sí, no son tampoco un destino fatal, no tienen que ser cosas que irremediablemente tienen que suceder, detrás podremos descubrir un plan de Dios, detrás podríamos o tendríamos que descubrir una buena noticia de salvación para nosotros.

Es lo que tenemos que llevar a nuestra oración, es lo que tenemos que saber escuchar en lo  hondo del corazón, es lo que tenemos que aprender a leer en los acontecimientos de la vida. ¿Nos estará todo esto pidiendo unas nuevas actitudes ante la gente nueva y desconocida que nos rodea? ¿Tendremos que aprender a acercarnos a ellos de otra manera haciendo que haya una acogida desde lo más profundo de nuestro corazón? ¿Cuántas veces nos hemos detenido ante esas personas, no simplemente para enseñarle una dirección de un monumento artístico, sino para interesarnos por su vida, por sus preocupaciones, por los sufrimientos que muchas veces podemos ver marcados en su rostro?

Aquí tiene que haber una nueva Epifanía del Señor para nuestra vida. No es solo una celebración que nos lleve a hacernos regalos entre los que nos queremos. ¿No tendría que ser una invitación en esa nueva Epifanía a hacernos el regalo de nuestra mejor acogida mutua también entre aquellos que no nos conocemos? Da que pensar.

sábado, 8 de junio de 2024

Junto al corazón de María queremos acurrucarnos para aprender los latidos del amor y hacerlos ritmos de nuestra vida, poniendo como María en el nuestro a cuantos amamos

 


Junto al corazón de María queremos acurrucarnos para aprender los latidos del amor y hacerlos ritmos de nuestra vida, poniendo como María en el nuestro a cuantos amamos

2 Timoteo 4, 1-8; Salmo 70; Lucas 2, 41-51

A todos nos hace aflorar una inmensa ternura y los más emocionados sentimientos el contemplar como un niño se acurruca junto al corazón de su madre y pronto se siente calmado en sus llantos y en sus lagrimas, porque allí encuentra el deseado calor del cariño de la madre que le hace sentirse seguro frente a cualquiera de los peligros que pudieran aparecer. Lo hemos contemplado muchas veces; y es más tenemos que decir que también nosotros, aunque mayores, iríamos a refugiarnos en el regazo de la madre cuando nos sentimos atormentados por los problemas de la vida, por las soledades que tanto nos hieren, por tantas angustias que nos va deparando con demasiada frecuencia la vida.

¿No es hermoso que hoy podamos celebrar precisamente la memoria y la fiesta litúrgica del Sagrado corazón de María? ¿Qué mejor imagen podemos encontrar para expresar lo que María es y sigue siendo para la Iglesia y para los cristianos de todos los tiempos?

Del corazón agonizante de Cristo salió aquella entrega que en ese momento cumbre quiso hacernos cuando nos confió a la madre y cuando confió a su madre para que fuera la madre de todos los que creyéramos en El. ‘He ahí a tu hijo’, le dice Jesús señalando al discípulo amado en quien todos estábamos representados. ‘He ahí a tu madre’, le confía a Juan en aquel momento y Juan se la llevó a su casa.

Hoy contemplamos su corazón, hoy contemplamos nuestro mejor refugio, hoy queremos ser como el niño que se refugia en los brazos de su madre que lo acuna junto a su corazón, hoy nosotros ponemos nuestro oído junto a su pecho para sentir sus latidos y para aprender a latir con ese mismo ritmo que solo las madres saben tener.

María, la que nos dice el evangelio que guardaba todo en su corazón. Nos lo repite el evangelista cuando nos habla de los acontecimientos de la infancia de Jesús. Vienen los pastores de forma inesperada tras el anuncio del ángel a aquel humilde portal donde había nacido el Hijo de Dios, y María mira y contempla, María guarda en su corazón. Vienen los magos de Oriente a ofrecer sus dones entre la admiración de los transeúntes ante tal inesperada caravana en los caminos de Belén, y María mira y contempla, María guarda en su corazón. Será aquello que parecía travesura del niño quedándose en Jerusalén sin que lo supieran sus padres, y cuando lo encuentran en medio de los doctores y maestros de la ley y ante las respuestas de Jesús que había de ocuparse de las cosas del Padre, María mira y contempla, María guarda cuanto ha sucedido en su corazón.

Es lo que hacen las madres que desde que llevan al hijo en sus entrañas están guardando los latidos y los movimientos del niño en su propio seno y lo van guardando en su corazón; como serán los primeros pasos, los primeros balbuceos, los primeros intentos de crecer y de ser mayor, que la madre lo irá recordando todo porque lo va guardando en su corazón. Cuántas veces escuchamos a las madres como nos van contando la historia de sus hijos desde los primeros instantes que lo llevan en sus entrañas, porque todo lo van guardando en su corazón, como sucederá a lo largo de la vida en largos silencios muchas veces, porque contemplan y dejan hacer, porque contemplan y quizás sufren en su corazón, porque viven sus alegrías y las mantendrán siempre vivas en lo hondo del corazón.

Es lo que hoy estamos celebrando de María, la que guardó todo lo referente a la vida de Jesús en su corazón - ¿Quién pudo contar al evangelista los momentos de la infancia de Jesús si no fue su propia madre? – pero ella también nos ha puesto, desde el momento en que Jesús en el Calvario le confió la misión de ser madre de todos los creyentes, en lo más hondo de su corazón. Miramos hoy el corazón de María y miramos el corazón de madre. Junto a su corazón también queremos acurrucarnos, de su corazón queremos aprender los latidos del amor para hacerlos ritmos de nuestra vida. En ello nos gozamos, con ella aprendemos lo que es el amor, a la manera de ella queremos también poner en nuestro corazón a cuantos amamos.

sábado, 6 de enero de 2024

La Epifanía es el regalo del amor de Dios lo que se nos ofrece en Jesús, pero ha de ser también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios

 


La Epifanía es el regalo del amor de Dios lo que se nos ofrece en Jesús, pero ha de ser también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

¿Buscar siguiendo los rastros de una estrella? ¿Buscar un mundo desconocido más allá de las estrellas? ¿Buscar algo nuevo y distinto que nos dé nueva ilusión y esperanza? ¿Qué hay más allá? Quizás de niño nos preguntábamos que había más allá de las montañas que veíamos en horizonte, qué había después del mar tan inmenso que veíamos delante. No es cosa baladí. Siempre el hombre, la humanidad ha estado en búsqueda que no solo es lo que pueda haber tras las montañas, aunque eso haya despertado le entusiasmo de conquistadores o de buscadores de otros mundos.

Ahí tenemos la historia de la humanidad. Pero esa historia de la humanidad nos habla también de otras búsquedas, de nuevos pensamientos, de nuevas maneras de ver las cosas, de un sentido a lo que vemos, a lo que vivimos, a lo que nos sucede. Y surge una filosofía, una manera de entender las cosas, una cultura que se va forjando desde esa búsqueda que se hace belleza y arte, que se hace en ocasiones guerrera, que siempre abre a nuevos horizontes, que nos eleva también a estadios superiores, que se convierte en búsqueda espiritual.

¿Seguimos buscando? Tenemos que decir que sí, es el crecimiento de la vida, es la inquietud que siempre tenemos en el corazón, es el deseo de encuentros que nos hagan más felices, son los sueños que todos tenemos dentro y que a veces no sabemos cómo desarrollar, es esa lucha por la vida que en ocasiones se nos vuelve dura, son esos caminos que todos recorremos y que en ocasiones se vuelven enmarañados por los problemas, por las dificultades, por las ansias que tenemos de algo superior que no siempre encontramos, por esos deseos de felicidad que muchas veces no sabemos como realizarlos.

¿Seremos perseverantes en ese camino de búsqueda? ¿Sentiremos en ocasiones el desaliento y el desencanto porque no encontramos tan pronto lo que buscamos? ¿Nos aburre la vida por tanta lucha muchas veces, nos parece, sin resultados? ¿Dónde encontrar fuerza para seguir esa lucha y esa búsqueda? ¿Encontraremos en algún momento un rayo de luz que nos llene de esperanza? ¿Nos sucederá que algunas veces los que van a nuestro lado nos confunden, quizás o desde sus intereses, o desde su propia desorientación?

Muchas preguntas me estoy haciendo hoy por lo que es la vida, lo que es el camino que recorremos todos de una manera o de otra. Es en lo que me hace pensar el escenario que hoy contemplamos. Unos magos de oriente que han visto una nueva estrella en el firmamento, y sin saber bien lo que puede significar, sin embargo se ponen en camino. En la imagen geográfica incluso que podemos tener del relato del evangelio, el camino tenía que haber sido largo y dificultoso para atravesar desiertos y montañas hasta llegar a Jerusalén.

Por lo que ellos intuyen es el signo de un nuevo rey que ha nacido. En la antigüedad todos los grandes personajes de la historia tenían su estrella. Y en Jerusalén preguntan y se crea un sobresalto que moviliza a Herodes y a los sacerdotes y escribas del templo. Las respuestas que les van dando los dirigen a Belén, aunque el aviso por parte de algunos – Herodes en este caso – era bien interesado.

¿No puede ser imagen todo esto de lo que nos decíamos antes de nuestras vidas de búsquedas que también se hacían largas y dificultosas? ¿Nos estará queriendo decir algo para esa vida nuestra de cada día este episodio que hoy contemplamos en el Evangelio? Quizá tendríamos que preguntarnos también por nuestra perseverancia en esas búsquedas, por los medios en los que busquemos esas respuestas que queremos darle a nuestra vida.

Finalmente aquella estrella les condujo a Belén y allí encontraron a aquel niño al que ofrecieron sus dones de oro, incienso y mirra. Encontraron un niño con su madre, encontraron a Jesús, pero allí se estaban encontrando con un misterio inmenso, porque veían a un rey, pero veían a un Dios, y al mismo tiempo se habían encontrado con un hombre. Y ante el misterio se postraron y adoraron. Ellos eran unos sabios – es el sentido de la palabra ‘mago’ – pero tuvieron la humildad de postrarse ante lo nuevo que se les revelaba porque los estaba haciendo encontrarse con Dios.

¿Llegaremos nosotros también a encontrarnos con Dios en esa búsqueda que vamos haciendo en el recorrido de nuestra vida? Ojalá tuviéramos también la humildad para postrarnos y para adorar, para saber bajarnos de las alturas en que a veces nos queremos poner y encontrar en la pequeñez de un niño, encontrar en aquello que nos parece demasiado humilde y pequeño esa luz que necesitamos para nuestra vida.

Es encontrarnos con la Estrella, es encontrarnos con el Sol que nos viene de lo alto, es encontrarnos con la Luz porque en Jesús nos encontramos con Dios. Ahí está la verdadera sabiduría, ahí está la luz de nuestra vida que nos da profundo sentido, ahí está la verdadera riqueza de nuestra existencia cuando en lo pequeño del hermano que camino a nuestro lado nosotros somos capaces de ver a Dios. Dios quiere llegar de tantas maneras a nuestra vida, pero también nos ha dicho que cuanto hiciéramos al otro, al pobre, al hambriento, al enfermo o al que es menos considerado a El se lo estábamos haciendo. Ya sabemos pues donde tenemos que ir a adorar y a presentar nuestras ofrendas y regalos.

Es el regalo de Dios lo que se nos ofrece en Jesús que es todo un regalo de amor, pero será también la ofrenda y el regalo que nosotros en los demás queremos ofrecer a Dios. ¿A quien vas a hacer más feliz hoy por un gesto o un detalle especial de amor que vas a ofrecer? Puedes mirar cerca, a los tuyos, a los que están en tu entorno, o puedes dirigir la mirada un poco más donde están los que nunca reciben una sonrisa de nadie.

Sigamos en ese camino de búsqueda hasta que encontremos esa luz en los ojos de alguien que llene de dicha tu corazón.

jueves, 28 de diciembre de 2023

Ese niño recién nacido en Belén ha venido para destruir toda muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador

 


Ese niño recién nacido en Belén ha venido para destruir toda muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador

1Juan 1, 5 – 2, 2; Sal 123; Mateo 2, 13-18

¿No será lo que nosotros quisiéramos hacer también? A los que no son de los nuestros, a quienes nos pueden presentar alguna oposición a lo que nosotros queremos lograr, a aquellos que nos pudieran parecer un peligro para nuestros triunfos, si pudiéramos. Los queremos quitar de en medio. Son tantos a los que queremos descartar, hacer desaparecer.

El evangelio de hoy es de escalofríos, por el relato que se nos hace; la muerte de aquellos niños inocentes en Belén y sus alrededores. Todo, porque Herodes podía ver en peligro su trono. La habían anunciado que había nacido un nuevo rey de los judíos. Y él no se había enterado, tuvieron que venir aquellos Magos de países lejanos, que leyendo el curso de las estrellas había adivinado que se cumplían las promesas de los profetas, que contenían sus Escrituras Santas, y habían llegado hasta Jerusalén. Sus medios de información quedaban en entredicho y con ello se ponía en peligro su autoridad. Y aunque había advertido a aquellos personajes que si encontraban el niño le avisaran, a él no le volvieron a llegar noticias, y como los había enviado a Belén, porque así lo decían las Escrituras Santas consultadas a los maestros de la ley, ahora reaccionaba con aquella matanza.

No está tan lejano este cuadro de los trapicheos en los que andamos tantas veces; a los juegos sucios que vemos a los que tienen poder; a las luchas por el poder, por las influencias, por las manipulaciones que vemos en tantos que se creen poderosos o al menos tienen algunos hilos de poder en sus manos; pero también en núcleos más cercanos, en los ámbitos de los negocios o en la consecución de algún tipo de influencias que nos puedan mantener en ciertas posiciones en la vida social donde contemplamos tantas zancadillas, tantos desprestigios. Parece que el cuadro de Herodes con sus revanchas y con tantas sombras de muerte en su entorno, es algo que se sigue reflejando en nuestra sociedad. Como decíamos antes, es de escalofrío.

Es cierto que cuando contemplamos el evangelio este relato está haciendo una referencia clara ala rechazo de Jesús que ya vislumbramos de estas primeras páginas. Pero contemplamos también esa corona de mártires alrededor de Jesús en aquellos niños que fueron masacrados en los alrededores de Belén. Aparece de nuevo, como reflexionábamos hace unos días, esa Pascua, ese paso de Dios que algunas veces se nos puede hacer misterioso e incomprensible. Pero bien tenemos que comprender que el grano de trigo que es enterrado es el que nos va a producir fruto, y que la muerte de esos inocentes viene a ser como un preludio y un anticipo de lo que iba a significar la Pascua de Cristo, que no podemos olvidar ya desde estos primeros momentos en que estamos celebrando aun su nacimiento.

Nos hará mirar nuestros propios sufrimientos, que algunas veces nos puede parecer que padecemos de forma injusta; piedras que nos hacen sufrir y que nos aparecen en el camino de nuestra vida que nos tienen que ayudar por otra parte a encontrarle un sentido y un valor, cuando somos capaces de ponernos al lado de la pasión de Cristo, porque con El tenemos que aprender a morir para poder renacer a nueva vida.


También nos hace reflexionar en algo más cuando contemplamos el sufrimiento y la muerte de tantos inocentes en nuestro mundo, desde la violencia de las guerras, desde ese mundo tan injusto en el que vivimos con tantas desigualdades, desde ese violencia que se adueña de nuestras calles, de nuestros hogares o en esos locos que van sembrando terror y muerte a su paso. ¿No tendremos que mirar al trasluz de la muerte de los niños inocentes todo ese cuadro de muerte que enmarca la vida del hoy de nuestro mundo?

Ese niño recién nacido en Belén, que ahora le vemos incluso huir como tantos desterrados a Egipto, ha venido para destruir esa muerte, ha venido para que reine la vida, ha venido para transformar nuestro mundo, es nuestro salvador. Pongamos en El nuestra fe y nuestra esperanza que nos haga luchar por la vida, que nos ayude a desterrar tanta muerte de nuestro mundo.

viernes, 6 de enero de 2023

Epifanía nos habla del regalo de Dios que en Jesús recibimos, nos ilumina con nueva luz y caminar por nuevos caminos

 


Epifanía nos habla del regalo de Dios que en Jesús recibimos, nos ilumina con nueva luz y caminar por nuevos caminos

 Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Hoy es el día del regalo de Dios para toda la humanidad. Es cierto que, al menos en nuestro ambiente y con nuestras costumbres, es el día de los regalos. ‘Día de Reyes’, decimos, y es sinónimo de regalos. Y con lo fáciles que somos a la vanidad lo hemos convertido en una obsesión y en una fiesta consumista, demasiado materializada en los obsequios y regalos que nos hacemos los unos a los otros en este. Y tenemos que decir también que para muchos se convierte en una angustia enfermiza tanto si no reciben regalos como si no los pueden ofrecer.

No quiero mermar con esta reflexión que nos hacemos ni la ilusión y la alegría de manera especial de los más pequeños, que fue por donde nació esta manera de celebrar este día – necesitamos también algo de ilusión y mucho de alegría en el mundo en que vivimos, muy llenos de risas quizás pero falto de una verdadera alegría honda. Pero sí creo que tendríamos que ahondar en el verdadero sentido de esta fiesta, como decíamos al principio, día del regalo de Dios para toda la humanidad.

Hemos venido celebrando y estamos aun celebrando la Navidad que significa celebrar esa presencia de Dios en medio de nosotros, cuando contemplamos el nacimiento de Jesús en Belén con todo el misterio que en su entorno queremos vivir y celebrar. Hoy la liturgia de alguna manera nos quiere decir esa presencia de Jesús, esa presencia de Dios no es solo para un pueblo o una comunidad concreta, sino que es la manifestación de Dios para ser luz y salvación para toda la humanidad. Eso significa Epifanía que es el nombre de la fiesta que hoy celebramos.

Todas las imágenes y símbolos que hoy contemplamos eso vienen a decirnos. Ya la noche del nacimiento hizo que el cielo brillara con un nuevo resplandor sobre los campos de Belén para anunciar a los pastores – imagen del pueblo judío - con el cántico celestial y con la aparición de los ángeles que les había nacido un salvador.

Hoy contemplamos nuevos resplandores que en principio no reducen su brillo a los campos de Belén sino que brillará en lo alto de los cielos para que ese anuncio pudiera llegar a todos los hombres. Unos magos de Oriente, nos dice el evangelio que no habla de reyes, como estudiosos de lo que sucede en el firmamento y atentos también a las señales de Dios son los que descubren esa estrella que les hablará de un recién nacido rey. Guiados por la estrella, con humildad y fidelidad, se han puesto en camino para llegar a Jerusalén. Parecería que si se trata del nacimiento de un rey en palacios reales pudieran encontrarlo, para estupor de los dirigentes entonces del pueblo judío, empezando por Herodes.

Pero no es eso lo que quieren indicar las señales del cielo, pues consultadas las Escrituras señalarán que será Belén donde está ese recién nacido Rey y allá les vuelve a dirigir la estrella. Señales del cielo, signos que aparecen en la misma naturaleza, pero será también la Escritura santa los que se convertirán en evangelio, en palabra de Dios, en buena noticia para aquellos magos que terminarán postrándose ante Jesús para ofrecerle sus dones como un reconocimiento de lo que Dios les estaba revelando en su corazón.

Estrellas que nos hablan seguimos teniendo nosotros si nos llenamos del mismo espíritu de fe de los magos, de su humildad y disponibilidad para ponerse en camino, aunque el camino no les fuera fácil, de esa generosidad del corazón dejarse conducir para encontrar el sentido de las señales y también la ruta de los caminos que ante nosotros se abren. Cuantas cosas nos hablan de Dios en lo que nos sucede cada día, en los acontecimientos de la vida y de la historia que vivimos en el momento presente, o en las mismas personas con las que vamos haciendo ese camino de la vida.

Tenemos que aprender a hacer esa lectura creyente de la vida, a mirar cuanto nos sucede con ojos de fe para poder encontrar también esa fortaleza que necesitamos en los duros camino de la vida que nos ha tocado vivir. Dios nos pone estrellas que nos iluminen y que nos guíen pero hemos perdido esa sensibilidad espiritual para descubrir esas señales de Dios y tenemos que recuperarla.

Cuando los magos llegaron a Jerusalén y escucharon los textos de las Escrituras Sagradas, aunque les llegaran con interpretaciones interesadas como las que se hacía Herodes o encontraran el desinterés de los maestros de la Ley que despreocupados siguieron en sus intereses, ellos, sin embargo, supieron cambiar de camino para llegar a Belén, para llegar hasta Jesús. Necesitamos, sí, fortaleza para cambiar de camino aunque nos cueste cuando nos encontramos con la luz, antes que permanecer en la insensibilidad de preocuparnos solo de nuestras cosas.

‘Entraron en la casa, nos dice el evangelista, vieron al niño con Maria, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se retiraron a su tierra por otro camino’.

Habían llegado hasta Jesús, habían encontrado a quien buscaban; la luz de Jesús, que ya no era una estrella sino el mismo Sol del cielo – yo soy la luz del mundo, nos dirá Jesús más tarde en el evangelio – había iluminado sus vidas que ya no podían ser la misma vida. Volvieron a su casa, sí, a su vida, pero con una nueva vida, con una nueva luz; su camino ya no sería el mismo camino, sus vidas ya no podían ser las mismas vidas. Es lo que se produce en nosotros cuando de verdad nos encontramos con la luz, cuando de verdad nos encontramos con el Evangelio de Jesús.

Ojalá todo este recorrido, este proceso que hemos hecho en estas fiestas de Navidad de tal manera nos haya iluminado que ‘volvamos por otro camino’, emprendamos un camino nuevo en la vida. Ese regalo de Dios que con Jesús hemos recibido nos llene de nueva vida

jueves, 6 de enero de 2022

Dejémonos sorprender por las señales de Dios que nos conducirán al Belén en que hoy nos encontraremos a Jesús pero también lo hagamos presente a nuestro mundo

 


Dejémonos sorprender por las señales de Dios que nos conducirán al Belén en que hoy nos encontraremos a Jesús pero también lo hagamos presente a nuestro mundo

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6;  Mateo 2, 1-12

En esta noche de Reyes, como solemos celebrarla de manera especial en países europeos, hemos podido ver los rostros de los niños embelesados y sorprendidos ante el paso de la cabalgata de los Reyes Magos. Son características de nuestras costumbres y ya fue muy traumático para muchos el pasado año cuando no se pudieron celebrar de ninguna manera esas cabalgatas, aunque este año con muchas limitaciones sin embargo se han podido realizar.

No por repetida ha dejado de tener su encanto, aunque mucho se nos quede esta fiesta en lo anecdótico, lo costumbrista y peor aún en la absorción que el consumismo hace de nuestras vidas. Sin embargo hay algo hermoso en esas caras de sorpresa de nuestros niños, y ojalá ya los mayores también nos dejáramos sorprender por cosas maravillosas que pueden acaecer en nuestras vidas. Necesitamos de alguna manera no acostumbrarnos demasiado a las cosas y sobre todo ser capaces de dejarnos sorprender porque nos puede ayudar a encontrar cosas nuevas y maravillosas.

Me atrevería a decir que el evangelio que en esta fiesta de la Epifanía se nos proclama es el evangelio de las sorpresas. ¿Cuándo no el evangelio no ha de ser siempre una sorpresa de buena noticia para nosotros? Sorprendidos quedaron aquellos Magos de Oriente al ver aparecer una nueva estrella en el cielo y preguntándose por su significado se pusieron en camino. Sorprendidos quedaron los habitantes de Jerusalén ante la caravana que llega a la ciudad con unos seres extraños que preguntan por un recién nacido rey, del que no tenían conocimiento. Sorpresa fue para el rey Herodes que le hablaran de un recién nacido rey de los judíos que podría poner en peligro su trono. Sorprendidos estaban los sacerdotes y maestros de la ley cuando se ven preguntados por lo que podían haber dicho los profetas de un acontecimiento de este calibre. Finalmente de nuevo sorprendidos los magos, porque ante las indicaciones que les daban, vieron de nuevo aparecer la estrella que les condujera hasta Belén y hasta ese niño recién nacido.

¿Qué había detrás de todo este misterio de Dios que a través de estas imágenes trata de describírsenos? ¿Qué hay en todo esto que pudiera significar una sorpresa de fe para nosotros hoy? Hoy parece que quisiéramos tener todo atado y bien atado, porque todo lo tengamos previsto, porque para todo encontremos respuestas o soluciones a interrogantes o planteamientos que se nos pudieran hacer, porque incluso llegamos a acostumbrarnos a los vaivenes de la vida que parece que nada nos sorprende o todo  nos puede parecer tan natural.

Se me ocurre pensar que al final nos hacemos una vida aburrida, una vida que puede ser una rutina donde se van repitiendo las mismas cosas, una vida que nos llena de cansancios porque en lo que parece ser siempre la repetición de lo mismo es como si perdiéramos la ilusión; me atrevo a decir que una vida así parece que le falta vida, sí, una cierta vitalidad. Malo es que entremos en un ritmo de vida así. Nos faltarían alicientes que nos dieran empuje a la vida.

Malo es para nuestro camino de fe el que no seamos capaces de dejarnos sorprender por ese misterio de Dios que llega a nosotros. Y algunas veces podemos entrar en esas rutinas en nuestra vida religiosa y vayamos cayéndonos por esas peligrosas pendientes de cansancios y desganas. Tenemos que despertarnos para saber descubrir signos y señales.

Aquellos magos de los que nos habla el evangelio no se quedaron adormecidos contemplando las estrellas, sino que fueron capaces de descubrir algo nuevo que les hablaba desde los cielos. Y se pusieron en camino. Y ese recorrido que les vemos hacer en el relato del evangelio es para nosotros todo un signo. En la búsqueda de significados no se aburrieron ni cansaron, aunque muchas veces volvieran las oscuridades a vida en las mismas dificultades que encontraban. Encontraron camino y se encontraron finalmente con aquel a quien buscaban.

Busquemos esas estrellas, busquemos esos signos, abramos los ojos para contemplar cuanto sucede a nuestro lado, en cualquiera de esas cosas puede Dios habernos dejado una señal; tenemos que saber leer e interpretar, encontrar un sentido a esas señales y confrontar con todo aquello que esté a nuestro alcance. Las Escrituras antiguas fueron las primeras comprobaciones que hicieron aquellos magos, y serán las Escrituras sagradas de los profetas los que en Jerusalén les trazarán el camino.

Vayamos leyendo el camino de la vida de cada día con la Biblia en nuestra mano, con la Palabra de Dios presente en nuestro corazón; llegaremos en verdad a escuchar la voz de Dios para encontrar esa luz que guíe ciertamente nuestra vida. No temamos emprender nuevos caminos, según las señales que nos vayan apareciendo, porque así descubrimos nuestra vocación, descubrimos la tarea que tendremos que realizar en nuestro mundo. Seguro que superaremos nuestras rutinas y cansancios, seguro que encontraremos nueva vitalidad para nuestra fe, seguro que nos sentiremos impulsados a llenar también de nueva vida el mundo que nos rodea con nuestro compromiso.

La estrella condujo a los Magos hasta Belén para encontrarse con el que era la Luz del mundo; ¿dónde está el Belén hoy que nos haga encontrarnos con Jesús? Seamos capaces de ver los signos y señales que Dios va poniendo a nuestro paso porque cada uno tenemos nuestro camino de Belén, cada uno tenemos un lugar donde hacer presente a Jesús con nuestra vida. Dejémonos sorprender por las señales de Dios.

miércoles, 6 de enero de 2021

Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar conciencias, hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza

 


Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar conciencias, hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Navidad es Epifanía y Epifanía sigue siendo Navidad. No es un juego de palabras, es la realidad de lo que vivimos y celebramos porque todo es manifestación de la gloria y del amor del Señor. Se nos manifiesta en Belén aunque en aquel momento hablamos más de Navidad, de Natividad, de nacimiento de Dios hecho hombre, pero que no es otra cosa que manifestación de la gloria de Dios. ¿No es lo que los ángeles cantaron? ‘Ha aparecido la gracia de Dios’, escuchábamos en los textos de la Palabra de esa noche. Y se manifestó y se dio a conocer a unos humildes pastores que cuidaban sus rebaños en las afueras de Belén como un signo y señal para el pueblo de Dios.

Se nos manifiesta ahora en la fiesta de la Epifanía, y ese es el sentido y significado de la palabra. Es la manifestación de la gloria del Señor a todos los pueblos significados en aquellos Magos de Oriente de los que nos habla san Mateo; es la manifestación de que el amor de Dios que se nos manifiesta en Jesús es para todos los hombres, para todos los pueblos. Por eso decimos Epifanía que sigue siendo Navidad. Todavía el próximo domingo casi descolgándonos de la Navidad o culminando la Navidad sigue siendo Epifanía en la manifestación de la gloria de Dios en el Bautismo del Señor.

Las imágenes, los signos y los gestos que contemplamos en el relato que hoy nos ofrece el evangelio son de una gran riqueza y nos hablan de caminos y de recorridos que son caminos y recorridos de fe que todos vamos realizando o hemos de realizar en nuestra vida. Es el camino de fe, de búsqueda que realizaron aquellos magos a partir de que reciben la señal de lo alto en la estrella aparecida en los cielos pero que también a nosotros nos quiere hacer mirar hacia lo alto, aunque vayamos tropezándonos con tantas cosas que se nos atraviesan ante nuestros pies para que sepamos elevarnos, para que nos demos cuenta de que hay una luz a pesar de las oscuridades de la vida.

El camino no siempre es fácil; igual que aquellos magos tuvieron que atravesar desiertos y tortuosos caminos y también se encontraron en el camino quienes se les querían interponer poniéndoles trabas a su recorrido; es lo que nos sucede tantas veces en el camino de nuestra vida. No se dejaron confundir con falsas estrellas, y aunque hubo momentos de oscuridad en que ni siquiera veían la estrella supieron trascender por encima de aquellos obstáculos, encontraron la Palabra que les guiaba de verdad y de nuevo apareció la estrella que les guiaba hasta aquel recién nacido que era la luz verdadera que viene a iluminar nuestro mundo y que es luz para todos los pueblos y naciones.

Cuánto tenemos que aprender de ese camino siguiendo el rastro de la estrella de Belén. Es el camino de nuestra vida con sus luces y con sus sombras, con sus luchas, frustraciones y también victorias, es el camino de un mundo enmarañado que se confunde y nos confunde, es el camino que el mundo nos quiere ofrecer como luces lo que no son más que oscuridades y que nos ofrece falsos señuelos que nos distraen de la meta que deberíamos alcanzar, es el camino lleno de problemas y dificultades que nos hace perder la esperanza porque nos sentimos como derrotados y nos parece que nunca podremos salir, son esos caminos del mundo que ponen a prueba nuestra fe y nos llenan de dudas y de interrogantes a los que nos cuesta encontrar respuesta.

Nosotros sabemos bien que la luz de la estrella que nos guía nunca dejará de brillar para nosotros. No nos puede fallar nuestra fe y nuestra esperanza. Esa luz está siempre con nosotros y por mucho que las tinieblas traten de ahogarla seguirá brillando con fuerza para nuestro mundo. Esa luz tiene que hacernos levantar cada día con una nueva ilusión, una gran fuerza interior para seguir en el camino, para seguir confiando, para seguir manteniendo la esperanza, para seguir poniendo de nuestra parte todo lo que sea necesario para que esa luz llegue a los demás. Hay muchas desesperanzas a nuestro alrededor, muchos pesimismos, mucha gente que se siente agobiada, muchos que han perdido la trascendencia de su vida cuando han dejado apagar la luz de la fe en sus corazones.

Los cristianos tenemos que convertirnos en estrellas luminosas en medio del mundo para despertar las conciencias, para hacer resurgir de nuevo la fe y la esperanza en tantos que van apagados por la vida. Tenemos que ser valientes para ponernos en camino, como hicieron aquellos magos. No podemos ser nosotros estrellas apagadas que no den luz allí donde estamos y aunque tengamos que mantener muchas luchas en nuestro interior para mantener encendida esa luz en nuestro corazón, tenemos que reflejarla para los demás, tenemos que ayudar a los demás. Codo con codo trabajamos con los que están a nuestro lado en esa búsqueda de salidas y soluciones a los problemas, en ir haciendo que encontremos la verdadera salud de nuestra vida que va más allá de las pandemias y situaciones lúgubres que se puedan vivir.

Es el compromiso que tenemos con nuestro mundo. Es un compromiso nacido de nuestra fe. Nosotros sabemos muy bien que nuestra luz y nuestra salvación están en el Señor. Con esa luz queremos iluminar nuestro mundo.

lunes, 6 de enero de 2020

Ha nacido una nueva estrella y no precisamente entre los astros del firmamento sino en quienes con pequeños gestos llenan de alegría cada día nuestro corazón


Ha nacido una nueva estrella y no precisamente entre los astros del firmamento sino en quienes con pequeños gestos llenan de alegría cada día nuestro corazón

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12
Hoy es una fiesta entrañablemente popular que aun con la marcada que está por lo infantil, pero sobre todo más por el consumismo, tiene su encanto y se llena de ternura que algunas veces tanta falta nos hace a los humanos. Tan metida está al menos en nuestros espacios culturales en esa ternura casi infantil que no nos hace daño que ha perdido incluso su verdadera titularidad para quedarse en la fiesta de los Reyes Magos, por aquello que nos cuenta el evangelio.
Una fiesta que con todos los peligros del consumismo que algunas veces nos ahoga tiene esos gestos y esos detalles de los regalos que llenan de alegría y ternura nuestro corazón. Hemos de recoger lo bueno en ese compartir generoso para mutuamente llenarnos de alegría, pero no podemos olvidar toda la riqueza que tiene esta fiesta de la Epifanía del Señor.
Unos magos – no significa que tengan que ser reyes que no lo dice el evangelio – que aparecen por Jerusalén buscando al recién nacido rey de los judíos. Unos hombres acostumbrados a mirar para las estrellas que sin embargo vienen a buscar a un niño recién nacido. Hombres de ciencia, podríamos decir, que sin embargo buscan lo pequeño, buscan a un niño, porque aquellas estrellas que están acostumbrados de estudiar en el firmamento les señalan que una estrella nueva ha nacido y no se refieren ya a un astro que cruza los cielos y el firmamento, sino que en ese niño vislumbran una luz para Israel y para todos los pueblos.
Perseverantes escrutan las señales del firmamento, pero perseverantes buscan en las escrituras sagradas de todos los pueblos las señales más cercanas que les harán llegar a encontrar a ese niño recién nacido. podríamos decir que aunque nos parezca lo contrario no buscan cosas extraordinarias ni maravillosas sino algo tan sencillo como una madre que ha dado a luz y ese niño que en verdad está llamado a ser luz, de ahí la imagen y la señal de la estrella mencionada repetidamente.
Ya conocemos por el relato todo lo sucedido en Jerusalén, con la intriga del rey Herodes, con la búsqueda en las Escrituras por parte de los sacerdotes y maestros del templo que les ayudarán y les Irán marcando el camino. Esa búsqueda afanosa encontrará su resultado cuando de nuevo aparece la estrella sobre una humilde casa y será donde encuentran a al niño con su Madre, María. Algo tan sencillo y tan humilde pero que sin embargo les produce una inmensa alegría. Quizás hemos rodeado la escena de gran aparatosidad cuando a los magos los hemos hecho reyes, pero fue algo humilde y sencillo que de alguna manera se va a quedar oculto en aquel humilde hogar.
Creo que esta fiesta para nosotros puede ser una invitación a una búsqueda. Pero para esa búsqueda necesitamos la humildad de los que reconocemos que no sabemos, que muchas veces andamos también perdidos y desorientados, pero necesitamos también la capacidad del asombro. Sí, ser capaces de asombrarnos ante lo que se nos manifiesta y quizá a través de gestos sencillos.
Hay una autosuficiencia soterrada que a la larga es orgullo que nos hace creer que ya no necesitamos asombrarnos por nada. Nos hemos curado de espanto (¿?) porque ya nos lo creemos saber todo, son tantas las cosas extraordinarias que vamos recibiendo cada día cuando incluso la humanidad viaja ya por el universo a través sondas cósmicas y no sé cuentos inventos que en los avances de la ciencia vamos logrando, que ya parece que hemos pedido la capacidad del asombro.
Sin embargo cada día podríamos observar tantas maravillas en lo cotidiano, en lo pequeño que sucede a nuestro lado, en el actuar de las personas con quienes nos vamos encontrando, en tantos gestos sencillos pero maravillosos que podemos observar en quienes nos rodean, y sin embargo parece que ya eso no nos llama la atención perdiendo una riqueza y una sabiduría admirable que podíamos encontrar a nuestro lado.
Palabras llenas de sabiduría en la boca de la gente mas sencilla, gestos de humanidad y cercanía que muchas veces podemos encontrar en quienes menos lo esperamos, sonrisas sinceras que nos pueden llegar al alma para darnos ánimo cuando estamos decaídos y que podemos encontrar en tantos cerca de nosotros, una mano tendida cuando vamos a caer o sobre nuestro hombro cuando nos sentimos derrotados y sin ilusión… gestos humildes, sencillos que tenemos que saber descubrir y ante los que tenemos que sentir admiración.
Aquellos magos del evangelio se asombraron ante las maravillas de Dios que se manifestaban en lo más pequeño y sencillo como encontrar a un niño recién nacido en los brazos de su madre. También en los gestos sencillos y tremendamente humanos que hoy podemos vislumbrar en esta fiesta de reyes seamos capaces de asombrarnos y ser agradecidos aprendiendo como desde lo pequeño podemos hacer felices a los demás.

domingo, 6 de enero de 2019

Tenemos que dejarnos iluminar de verdad por esa luz que es Jesús para ponernos en camino para hacer el anuncio, para llevar esa luz al mundo que tanto la necesita



Tenemos que dejarnos iluminar de verdad por esa luz que es Jesús para ponernos en camino para hacer el anuncio, para llevar esa luz al mundo que tanto la necesita

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

‘¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti. Y caminarán los pueblos a tu luz, los reyes al resplandor de tu aurora…’
Es el anuncio del profeta cuyo cumplimiento vemos hoy. Una estrella aparecerá en el cielo como signo y como señal de un nuevo resplandor que comienza a brillar. En la noche de Belén las tinieblas se disiparon y todo se llenó del resplandor de la gloria del Señor. Los ángeles como estrellas luminosas iluminaron los campos de Belén anunciando a los pastores el nacimiento del Salvador.
Pero aquella luz no podía quedarse circunscrita a los campos de Belén ni a los territorios de Israel sino que era una luz que tenia que resplandecer para todo el mundo. ‘Caminarán los pueblos a su luz…’ que decía el profeta. ‘Porque vendrán todos, de todos los pueblos… cantando las alabanzas del Señor’.
El resplandor va mucho mas allá de los territorios de Judá y de Israel por eso la estrella que brilla en el cielo la van a descubrir, como nos dice el evangelio, unos magos de Oriente. Y descubrirán la señal y se pondrán en camino. La sabiduría de aquellos magos, conocedores de las escrituras antiguas, les han llegar hasta Jerusalén preguntando por el recién nacido rey de los judíos. ‘Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’.
Las gentes de Jerusalén se alborotan con la caravana, el rey Herodes intrigado mandará llamar a los recién llegados para indagar sobre todo lo que podría poner en peligro su reino y su poder, se consultan a los doctores de la ley y encuentran lo anunciado por el profeta. ‘Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel’.
Con las indicaciones precisas del camino, pero también de la advertencia del regreso para comunicar a Herodes lo que hayan encontrado, los magos se dirigen a Belén, guiados de nuevo por la estrella que ya les señalará el lugar exacto. Y ya lo hemos escuchado en el relato evangélico. ‘Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra’.
Hasta aquí los detalles del relato. No tratemos de ponernos ahora de astrónomos ni de historiadores que nos den explicaciones o certezas del hecho en sí. Podíamos contemplarlo casi como una parábola porque todo el relato está lleno de signos que trascienden del relato en si mismo y que pueden ser pauta para nuestro camino de encuentro con el Señor.
Nos está hablando de una estrella que los ilumina y los guía con el resplandor nuevo de su luz. Y efectivamente una luz nueva vamos a encontrar en Jesús, o, si queremos decirlo de otra manera, Jesús nos va a iluminar con una luz nueva que nos haga caminar caminos nuevos y distintos por la vida. Pero tenemos que dejarnos iluminar por esa luz. No la podemos ocultar ni dejar que las nubes borrascosas de la vida apaguen su resplandor. Esa estrella es para nosotros como evangelio, como Buena Nueva que nos anuncia una salvación que está por llegar a nuestra vida y que se hace presente con Jesús. Miremos, pues, por qué algunas veces nos ocultamos de esa luz o no dejamos que nos ilumine; si junto a la ventana de la vida ponemos muchas cosas que obstaculicen el paso de la luz, no podrá llegar a iluminarnos. Y cuántas cosas ponemos en las ventanas de nuestra vida como adornos que nos llenan de vanidad. Cuantos apegos como cortinas que quieren tamizar esa luz,  cuantas vanidades de cosas que nosotros decimos bonitas pero que se convierten en obstáculos para nuestra vida.
Otro signo lo podemos encontrar en el camino que hicieron los magos. Vieron la estrella en Oriente y se pusieron en camino; les señalan el camino de Belén y se ponen en camino; han cumplido su misión y se pusieron de nuevo en camino para ir a su tierra. Supieron descubrir las señales pero no se quedaron en elucubraciones muy juiciosas sino que apareció la disponibilidad de sus vidas para ponerse en camino para descubrir el significado de aquellas señales. No temieron las dificultades ni las incomodidades del camino, aunque para ello tuvieran que atravesar desiertos; cuando todo parecía que eran murallas que se ponían ante sus ojos supieron ir más allá saltando por encima de las dificultades porque lo que querían era encontrar aquel recién nacido rey de los judíos, con todo lo que ello pudiera significar.
Nos cuesta ponernos en camino, queremos tenerlo todo planificado y bien atado, tememos las incomodidades o los contratiempos, estamos viendo de antemano la oposición que nos podamos encontrar y nos llenamos de miedo porque pensamos que son más fuertes que nosotros. Igualmente nosotros somos barreras en muchas ocasiones para los demás, ponemos barreras desde nuestras propias sabidurías que se quedan en banalidades pero que ni vamos nosotros ni dejamos que otros vayan y encuentren.
Sabemos muy bien que hoy nosotros tenemos que ser estrella, luz que ilumine con la riqueza de nuestra fe al mundo que nos rodea. Pero cuánto nos cuesta ponernos en camino, cuantas razones nos buscamos o cuantas dificultades imaginamos que vamos a encontrar. Los magos fueron valientes; no temieron que los tacharan de ingenuos o unos iluminados; no temieron lo que se podrían encontrar por el hecho de ser extranjeros y desconocidos en aquella tierra. Se pusieron en camino. Ellos llevaban una luz interior desde que habían descubierto aquella estrella y eso les hacia sentirse seguros en su camino pese a las dificultades que pudieran encontrar.
¿Nos habremos dejado iluminar nosotros de verdad por esa luz que es Jesús para sentirnos igual de valientes para ir a hacer el anuncio, a llevar esa luz al mundo que tanto la necesita? Piensa si tu vida de fe es una luz que ilumina a cuantos están a tu lado.

sábado, 6 de enero de 2018

Buscamos a Dios pero es El quien viene a nosotros y nos regala a Jesús, nos queda dejarnos encontrar con El y por El

Buscamos a Dios pero es El quien viene a nosotros y nos regala a Jesús, nos queda dejarnos encontrar con El y por El

Isaías 60, 1-6; Sal 71; Efesio 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

¿Dónde está? Es una pregunta, es una búsqueda… Todos preguntamos, todos buscamos muchas veces en la vida; preguntamos y buscamos cosas, pero en ocasiones esas preguntas y esas búsquedas son algo más. Nos interrogamos quizá por nosotros mismos, porque al final no sabemos donde estamos; nos interrogamos buscando un camino, una salida, algo que nos dé respuesta por dentro, porque las preguntas y las búsquedas están dentro de nosotros mismos.
Preguntamos o buscamos a alguien, porque quizá nos hablaron de él, porque intuíamos que detrás de aquellas cosas que veíamos había algo más, había alguien más. Es quizás quien nos puede responder, aclarar ideas y conceptos, abrirnos los ojos a un camino, hacernos mirar más allá de lo que vemos con los ojos de la cara, abrirnos a otras trascendencias, a otras metas, a no quedarnos a ras de tierra.  Ya no son cosas las que buscamos; es un sentido, una luz, un valor para la vida, para lo que hacemos, para nuestros sufrimientos quizás, para encontrar salida entre todas esas tortuosidades en las que nos encontramos llenos de dudas en nuestro interior, con muchas cosas y situaciones que parece que siempre están en contra, con mucha gente que no nos entiende porque quizá no se entienden a si misma.
La pregunta que escuchamos hoy en el evangelio es más concreta ante una situación concreta, pero puede de alguna manera reflejar esas preguntas concretas y complejas al mismo tiempo que nos hacemos tantas veces en la vida. Triste es el que no se hace preguntas, no porque lo tenga todo claro, sino porque quizás no se atreve y pretende seguir viviendo en a superficialidad. Vivir en la superficialidad es una tristeza porque es vivir en un vacío existencial que nos puede llevar por pendientes peligrosas o a un aburrimiento total. Hay tantos que van aburridos por la vida sin saber qué hacer, a donde ir, por qué vivir.
‘¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle’. Parece saber qué es lo que buscan porque han visto señales de su nacimiento, pero no saben donde encontrarle. Un largo camino han recorrido. Se nos habla de unos magos de Oriente y no ha sido fácil llegar hasta donde están, aunque las dificultades no desaparecen. Aunque consultando las Escrituras se les señalan ahora caminos concretos, sin embargo serán otras cosas, otras intenciones en alguno, los que van a poner dificultades a ese final de la búsqueda.
Como nos sucede tantas veces. Buscamos, nos enredamos en dificultades o en rémoras que pueden dificultar nuestro avance, habrá otras tendencias alrededor que también nos ofrecen ideas, quizás habrán superficialidades o rutinas que querrán atraernos por sus caminos que nos ofrecen fáciles para que olvidemos eso que pueda darnos la profundidad que necesitamos en la vida.
Aquellos magos encontraron desconocimiento en las calles de Jerusalén de lo grande que había sucedido, los maestros de la ley y los sacerdotes no estaban muy convencidos de aquello que les trasmitían como respuesta a sus preguntas, pero la maldad del corazón de Herodes comenzará ya a maquinar como quitar de en medio a quien le parecía que eran un contrincante que pusiera en peligro su trono. Cómo reflejan tantas situaciones en que nos vemos envueltos en la vida.
Pero la luz que estaba en lo alto, la estrella, seguía iluminando su camino y ellos se dejaban conducir y por eso pudieron llegar hasta Jesús. Hay una luz que Dios siempre pone en nuestra vida, la podemos ver en lo alto si sabemos mirar hacia arriba, la podemos encontrar reflejada en cosas de nuestro entorno que se convierten en signos esclarecedores para nuestra vida, o la podemos sentir allá en lo hondo del corazón cuando quitamos malicias de nuestra vida y somos capaces de dejarnos conducir por el Espíritu del Señor.
Tenemos que aprender a mirar a lo alto para poder descubrir la estrella y no haya nada que nos la oculte. Muchas veces no nos es fácil porque nos dejamos engañar por luces efímeras que creemos que son permanentes y tarde quizás nos terminamos de dar cuenta de nuestra oscuridad. La luz del evangelio tiene que iluminar nuestra vida; con sinceridad de corazón tenemos que acercarnos a la Palabra del Señor.
Pero la fiesta que estamos celebrando es la Epifanía del Señor. ¿Qué quiero decir con esto? La Epifanía significa la manifestación del Señor. Y eso es lo maravilloso que hemos de tener en cuenta. Nosotros buscamos, es cierto, pero no es solo nuestra búsqueda, aunque ahí están esas preguntas fundamentales de nuestra vida. Lo maravilloso es que es el Señor el que viene a nuestro encuentro, es El quien se nos manifiesta; es El quien pone señales para que le encontremos, o para que nos dejemos encontrar por El. El nos busca y nos llama, nos habla y quiere hacerse presente en nuestra vida para llenarnos de su luz.
Cuidado que hoy muchas cosas nos distraigan, como nos han venido distrayendo en toda nuestra navidad. Le damos importancia a cosas que la tienen menos. Al ver las ofrendas de los magos al Niño recién nacido en Belén, nos distraemos demasiado con los regalos y nos olvidamos del regalo de Dios para nosotros y para nuestro mundo que es Jesús. Pongamos nosotros nuestro amor que se verá engrandecido con el Señor del Señor que se derrama en nuestros corazones.