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sábado, 20 de julio de 2019

No apaguemos los pabilos vacilantes, que demasiado lo hacemos en la sociedad y también en la iglesia, sino que reavivemos lo pequeño que es de valor grande


No apaguemos los pabilos vacilantes, que demasiado lo hacemos en la sociedad y también en la iglesia, sino que reavivemos lo pequeño que es de valor grande

Éxodo 12, 37-42; Sal 135; Mateo 12, 14-21
Qué mal nos sentimos cuando intentamos hacer algo bueno, pero por las circunstancias que sea no nos sale como nos gustaría a nosotros, o cuando pretendíamos algo grande e importante, sin embargo lo que resultó fue algo muy pequeño, insignificante quizás, que parece que no tiene ningún valor, pero donde habíamos puesto nuestra ilusión y nuestro esfuerzo y viene alguien y nos lo echa abajo; y llega alguien y nos dice que aquello es una mezquindad, que tanto decir y decir y mira lo que hemos conseguido, la poquedad o la pequeñez de lo logrado. Se nos viene el mundo abajo, con la ilusión y el esfuerzo que habíamos puesto, y viene ahora alguien y nos dice que aquello no vale nada. Se nos vuelan las ilusiones, nos sentimos perdidos y empequeñecidos, no tenemos ilusión ni fuerza para comenzar de nuevo algo bueno. Hay personas que parece que son especialistas en cortarnos las alas.
Algo que nos puede suceder en los ámbitos educativos, o en el seno familiar donde tenemos el peligro de que a alguno de sus miembros no lo valores, no tengamos en cuenta lo que hace aunque sea pequeño; algo que nos puede suceder en el ámbito de la sociedad y donde hay personas que quieren colaborar, pero quizá no saben hacer más o no pueden hacer sino cosas sencillas, y pudiera ser que los dejemos a un lado; y nos sucede, hemos de reconocerlo, también en el ámbito de la comunidad cristiana, en el ámbito eclesial.
Cuantas veces no valoramos ese pequeño real de la viejita de turno que simplemente ofrece sus oraciones en su misa diaria a la que no falta nunca, pero que no puede comprometerse en otras cosas o actividades; muchas cosas y también muchos encontronazos o discriminaciones pudieran estar sucediendo en el ámbito de la comunidad porque el encargado de turno, digámoslo así, no valora a determinadas personas y no sabe o no quiere contar con ellas; o a cuántos por no sé qué motivos apartamos de actividades o acciones pastorales que pudieran realizar dentro de la Iglesia. Hay muchos con los que no se quiere contar, quizás por que nos parezcan poca cosa o por algunas sombras que pudiera haber habido en su vida y que no hemos sabido ayudar a superar.
Muchas reflexiones de este tipo nos pueden surgir en nuestro interior desde el pasaje del evangelio que incluso cita un texto del profeta Isaías. Los fariseos habían planeado ya acabar con Jesús y Jesús se retira a otros lugares esperando mejores momentos. Sin embargo a cuantos se acercan los atiende, les enseña, les cura de sus enfermedades o dolencias, aunque siempre los dice que no lo digan a nadie. Quiere pasar desapercibido, pero siempre que tiene la oportunidad sigue anunciando el Reino de Dios.
Es cuando el evangelista se acuerda de profeta y trae a colación un texto. ‘Así se cumplió lo que dijo el profeta Isaías: Mirad a mi siervo, mi elegido, mi amado, mi predilecto. Sobre él he puesto mi espíritu para que anuncie el derecho a las naciones. No porfiará, no gritará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará, hasta implantar el derecho; en su nombre esperarán las naciones’.
Es lo que queremos recordar y ha motivado la reflexión que nos hacíamos y que bien tendríamos que tener en cuenta, como decíamos, para muchos aspectos de la vida. ‘La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará…’ Cómo tendríamos que recordarlo y tenerlo en cuenta en tantas ocasiones. Parece que el pabilo se va a apagar, pero tenemos que reavivarlo; parece que es una caña cascada - ¿para qué nos va a servir si ya está rota?, pensamos – pero aunque nos pudiera parecer inútil puede servirnos para algo, puede tener su función. Podríamos pensar cuantas cosas en el terreno de la artesanía se realizan con cosas que nos pudieran parecer desechos.
Todos tenemos un valor por insignificantes que parezcamos. Todos podemos realizar una función aunque nos pudiera parecer que no tienen capacidades. Pienso en el mundo de los discapacitados con los que he tenido el honor de colaborar en muchas cosas y de los que he aprendido tanto y del valor de sus vidas a pesar de las limitaciones.
Jesús nos enseña – y podríamos recordar muchos lugares del evangelio – a que valoremos lo pequeño y que seamos capaces de ser fieles en lo pequeño porque de lo contrario no lo seremos tampoco en lo grande o importante. No apaguemos los pabilos vacilantes, que demasiado lo hacemos en la sociedad y también en la iglesia.

viernes, 19 de julio de 2019

Sepamos buscar las motivaciones hondas que dan sentido y plenitud a lo que hacemos como respuesta de un corazón agradecido y siempre lleno de amor


Sepamos buscar las motivaciones hondas que dan sentido y plenitud a lo que hacemos como respuesta de un corazón agradecido y siempre lleno de amor

 Éxodo 11,10-12,14; Sal 115; Mateo 12,1-8
Siempre hay alguien que está en su punto, en el punto exacto. Y no habla de perfección sino de esos perfeccionistas que están en el punto exacto para decirnos donde nos pasamos, donde nos quedamos cortos, aquello que no hicimos bien según sus normas; parece que están al acecho a ver como nos cogen en algún renuncio, como se suele decir. Siempre ha habido esos perfeccionistas, esos que miden milimétricamente las cosas, pero sobre todo lo que hacen los demás, pero sin contar con la realidad de lo que cada uno es, de lo que cada uno puede hacer o las cosas que pudieran darnos la razón en lo que hacemos aunque a ellos les parezca mal.
Son los que van con el juicio y la condena por delante, parece como si tuvieran ya preparada de antemano las sentencias para caer encima y para condenar. No dejan pasar una. Perfeccionistas, decíamos antes por definirlos de alguna manera, pero que exigen la perfección de los demás en el cumplimiento riguroso de las normas, pero que no lo son tanto para sí mismos porque ahí siempre encontrarán justificaciones o se harán sus propias rebajas.
¿Se puede ser así de verdad y tener algo de humanidad en el corazón? Nos hacemos la vida cuadriculada y todo tenemos que meterlo en su cuadricula, aunque sea a la fuerza. Se nos hace insoportable una vida así y es que además nos hacemos insoportables para los demás. No somos capaces de tener la flexibilidad necesaria para contar con lo que cada uno puede hacer, o con las debilidades que todos tenemos que si fuéramos capaces de reconocerlas seríamos más humanos con los demás.
Todo este comentario muy en lo humano que nos venimos haciendo parte de aquel episodio en que caminando de un lado para otro como iban con Jesús pasaron en un sábado por un sembrado e hicieron eso que se hace tan espontáneamente como arrancar unas espigas, estrujarlas con las manos y comerse los granos. Pero ya vemos quienes están allí al acecho. ¿Sería el mediodía? ¿Vendrían cansados del camino y tendrían ya ganas de comer? Son cosas que se hacen de forma espontánea y que quizá alivian la fatiga del camino. Pero era sábado y allí están los observantes cumplidores de la ley. 
Normas que en su origen eran de gran sabiduría y que buscaban humanidad, cuando entran de camino los rigorismos se convierten en inhumanas y pierden todo su sentido. En la ley mosaica era de gran sabiduría el que se dedicara un día de la semana al descanso por una parte y al culto al Señor por otra. Humanamente era hacer que el hombre no fuera esclavo del trabajo, liberando un día para su descanso, ni nadie pudiera manipular a la persona haciéndola su esclava de su trabajo. La ley en su sentido era estricta pero al mismo tiempo liberadora y humana. Serán luego los rigorismos lo que la hagan inhumana porque llegaba incluso a que se pudiera ayudar a la persona a causa de la prohibición de trabajar.
Estaba también el sentido religioso de la vida y de la persona que de quien único se sentía dependiente era de Dios y a quien habían de dar culto. Ese día del descanso sería la ocasión y oportunidad para con mayor serenidad poder escuchar la Palabra de Dios y cantar su alabanza. No es algo que solo debamos de cumplir por la obligación de una ley, sino que ha de ser la respuesta agradecida de la criatura a su Creador.
Ya sabemos bien que hasta las mejores cosas las podemos malear cuando le hacemos perder su sentido y su valor. Nacen así las imposiciones y las normas estrictas que hay que cumplir así porque sí. No será entonces la respuesta de un corazón agradecido ni de un amor verdaderamente libre y humano lo que hagamos simplemente por obligación. Por eso hemos de saber buscar las motivaciones hondas para hacer lo que hacemos dando plenitud a cuanto hagamos porque lo hagamos siempre desde el sentido del amor.

jueves, 18 de julio de 2019

Jesús es el brazo amigo que nos acoge, la mano que nos levanta, el corazón que nos escucha, descanso de nuestro espíritu atormentado, respuesta de luz para nuestras dudas, paz para el corazón


Jesús es el brazo amigo que nos acoge, la mano que nos levanta, el corazón que nos escucha, descanso de nuestro espíritu atormentado, respuesta de luz para nuestras dudas, paz para el corazón

Éxodo 3, 13- 20; Sal 104; Mateo 11,28-30
Que bueno después de una jornada de trabajo agotador poder llegar a nuestro hogar para descansar y sobre todo cuando allí vamos a encontrar unos seres queridos que nos aman y con cuya sola presencia nos sentimos ya reconfortados después de nuestro trabajo; bueno es encontrar ese brazo amigo en quien apoyarnos y que nos cubre los hombros dando paz y serenidad a nuestro espíritu; bueno es encontrar ese corazón que nos escucha y nos comprende y que sentimos que es un descanso para nuestro espíritu; bueno es reposar después de nuestras tareas apoyando nuestra cabeza en un pecho donde sentimos latir un corazón que nos ama; buena es esa presencia amiga que camina a nuestro lado, en ocasiones en silencio sin decir ni reprochar nada hagamos lo que hagamos, o que tiene una palabra de ánimo que nos levanta de postraciones, cansancios y desánimos, agobios frustraciones, y que se convierte en luz en medio de nuestras dudas y oscuridades.
Lo necesitamos y no siempre lo encontramos, como sucede también en ocasiones que tampoco nosotros saber dar ese tiempo para el otro, para escucharle y reconfortarle, para levantar los ánimos o simplemente decir nuestra presencia. Igual que lo necesitamos de los demás y nos sentimos confortados cuando lo encontramos, también hemos de saber ofrecerlo a los demás que también lo necesitan, que también nos necesitan. Tendríamos que saber ser siempre apoyo los unos de los otros en el camino de la vida. Eso tendría que ser la familia, eso tendrían que ser los amigos de verdad, eso tiene que ser también esa comunidad en la que convivimos con los demás, de cualquier tipo que sea.
Hoy Jesús se nos ofrece. Es el mejor descanso para nuestra vida, es nuestra fortaleza y es quien nos llena de vida de verdad. Siempre está ahí, a nuestro lado; siempre nos escucha cuando desahogamos nuestro corazón; no necesitamos espacios especiales ni tenemos que esperar a otro tiempo, porque siempre Jesús quiere hacerse presente en nuestro corazón para ser nuestro descanso.
‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso’.
Así le vemos en el evangelio en su cercanía para con todos. Acudían de todas partes, no les dejaban tiempo ni para comer, la gente se agolpaba a la puerta de la casa, siempre estaba rodeada de gente que le escuchaba, pero que también venían a traerle sus cuitas y preocupaciones. Tenían siempre la confianza de que Jesús les escuchaba. Era la mansedumbre de su corazón.
Era el descanso de las preocupaciones de todos, Jairo, el centurión, la mujer de las hemorragias, el que en la noche venia a hablar con El con sus preocupaciones y sus dudas, el que estaba tendido junto a la piscina y nadie ayudaba, el que no podían entrar por el gentío, el que se subía a la higuera para poder verle, el que le llamaba desde la orilla del camino, el que sentado en las calles de Jerusalén solo sabia que le habían puesto barro en sus ojos para ir a lavarse a la piscina de Siloé, las mujeres que lloraban a su paso por la calle de la amargura, el que se había visto obligado a ayudarle a llevar la cruz y había sentido que no era tanto su peso… podemos seguir recorriendo una y otra vez las páginas del evangelio y eso es lo que vamos a encontrar, el corazón lleno de ternura y misericordia de Jesús que a todos escuchaba y a todos atendía.
¿Y nosotros acudimos también a Jesús sabiendo que en El está nuestro descanso y nuestra fuerza? Muchas serán las cosas que pesan sobre nuestro corazón y en Jesús tenemos que desahogarlas. El será de verdad la liberación de nuestro espíritu, porque El es nuestro Salvador.

miércoles, 17 de julio de 2019

Caminemos con sencillez al encuentro con los demás para sentir el gozo y la ternura de los sencillos y los otros se puedan sentir igualmente a gusto con nuestra presencia


Caminemos con sencillez al encuentro con los demás para sentir el gozo y la ternura de los sencillos y los otros se puedan sentir igualmente a gusto con nuestra presencia

Éxodo 3,1-6.9-12; Sal 102; Mateo 11,25-27
Yo no sé ustedes, pero a mi me encanta estar con la gente humilde y sencilla. Se siente uno a gusto, te hacen saborear la cercanía y la ternura de las cosas pequeñas, de las cosas sencillas. Pero también digo que hay que saber tener ojos limpios para descubrir a esas personas que quizá nos pueden pasar desapercibidas, porque no serán nunca personas que busquen las apariencias, que busquen sobresalir, sino que calladamente van por la vida realizando pequeñas gestos, teniendo pequeños detalles que cuando los descubrimos nos daremos cuenta de la grandeza de esas personas e incluso de su sabiduría.
Sencillez y humildad que no está por si misma vinculada a ningún grupo social, sino que es el espíritu con que vivamos la vida cualquiera que sea nuestra condición. No porque tengamos más o menos medios, más o menos conocimientos, no porque estemos en una escala social determinada, sino que depende de nuestro corazón, de nuestras actitudes, de la humildad que pongamos en la vida.
Algunas veces nos cuesta porque nos puede aparecer la tentación al orgullo y creernos que todo nos lo sabemos. Qué sutil es la autosuficiencia que queremos disimular con la autovaloración que podamos hacer de nosotros mismos. El que valoremos nuestra dignidad e incluso reconozcamos los valores que hay en nosotros, no está en contra de ese espíritu de sencillez y de humildad con que hemos de manifestarnos.
Ojalá sepamos descubrir a tantos que con humildad y sencillez caminan a nuestro lado en la vida y sepamos, sí, aprender de su sabiduría siendo nosotros de la misma manera también sencillos y cercanos a los demás, sea quien sea. Es el espíritu con que hemos de saber vivir la vida y así podremos abrirnos mejor a los demás y a Dios. Es la humildad, repito, y humanidad que hemos de saber poner en el corazón.
Es lo que nos hace ver hoy Jesús en el evangelio. En su presencia en medio del pueblo, en su predicación y en la manera de acercase a todos se ha encontrado con gente que le acoge con sencillez, se admira de sus palabras y de los hechos que realiza, pero también ha encontrado oposición entre los que se creen poderosos o que pueden manipular a los demás a su antojo. Ahora como un desahogo que le sale de lo más profundo del corazón da gracias al Padre del cielo porque ha querido manifestarse a los que son pequeños y sencillos mientras los orgullos y se creen autosuficientes no han sido capaces de descubrir el misterio de Dios.
Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla’. Es la oración que brota de su corazón. Es la alabanza que también nosotros hemos de saber hacer, reconociendo las maravillas del Señor que cuando somos también nosotros sencillos y humildes se nos manifiesta en lo hondo de nuestro corazón.
María sintió que el Señor había realizado en ella obras maravillosas pero al mismo tiempo supo ser humilde para sentirse la esclava del Señor. Daba gracias a Dios por ello, por las maravillas que en ella realizaba, pero se siguió sintiendo la pequeña, la humilde esclava del Señor. En el reconocimiento de las maravillas de Señor y en su humildad al mismo tiempo le hizo salir con mayor rapidez de si misma para ir al encuentro de los demás, corrió hasta casa de su prima Isabel para servirla. Caminó humilde los caminos del Señor que le llevaban siempre al servicio, al encuentro con los demás.
Ha de ser también nuestro camino para abrirnos a los demás, para sentir el gozo de la presencia y la ternura de los sencillos que están a nuestro lado, pero para manifestarnos de la misma manera con otros haciendo que también se sientan a gusto con nosotros.


martes, 16 de julio de 2019

Nos queremos vestir de la librea de María con el escapulario del Carmen que es como meternos en el molde de María para vivir una vida resplandeciente de virtudes


Nos queremos vestir de la librea de María con el escapulario del Carmen que es como meternos en el molde de María para vivir una vida resplandeciente de virtudes

 Zacarías, 2, 14-17; Mateo 12, 46-50
Al norte del territorio de Israel se alza la cordillera del Carmelo cuyas estribaciones en su lado occidental vienen a descansar casi en las aguas del Mediterráneo. Estas montañas del Carmelo tienen hondas resonancias bíblicas muy relacionadas con los profetas sobre todo con el adalid de su lucha contra los cultos paganos a los baales que entre los israelitas se querían introducir el profeta Elías y cuyos momentos más significativos se desarrollan precisamente en estas montañas.
Fueron luego en los tiempos de las cruzadas remanso de paz, y refugio de descanso y recogimiento para aquellos cruzados que no querían alejarse de la tierra del Señor. Pronto surge un grupo de anacoretas en estas montañas que se agrupan bajo la regla que como norma de vida el patriarca de Jerusalén elabora para ellos reuniéndose en torno al templo levantado en honor de María, naciendo así la Orden religiosa de la Virgen María del Monte Carmelo, a quien invocan como Madre protectora y a quien llamarán también estrella del mar, viviendo el espíritu de recogimiento y su mismo ardor misionero que viviera el profeta en aquellas montañas. Allí en lo alto de aquellas estribaciones del monte Carmelo se levanta María como luz y como guía que va a ser para todos los navegantes de la vida.
Más tarde entre los avatares que sufrió la Orden que se tuvo que venir a Europa la tradición habla de cómo María se la manifiesta a san Simón Stock entregándole como signo y como librea para su vestimenta y para sus vidas el Santo Escapulario que tan especial significación va a tener para el hábito de los Carmelitas pero también en la devoción del pueblo cristiano que ama a María como un querer vestirse también de María. Este tendría que ser su especial significado para quieren portar sobre sus hombros el escapulario del Carmen queriendo expresar así como queremos vestirnos de María, como queremos imitar a María llevando impresas en nuestra vida todas sus virtudes.
Vestir el escapulario tiene que ser un compromiso de santidad en nosotros, queriendo sentirnos seguros en ese navegar de la vida en medio de las tormentas de las tentaciones con la especial protección de María. Es nuestro compromiso pero es la gracia que a través de María recibimos para nuestra lucha contra el pecado, pero también para el resplandecer de nuestras virtudes, comprándolas intensamente de María. Es un vestirse de Maria no ya tanto como un ropaje externo o un disfraz, sino como querer meternos en el molde de María para así lograr esa vida perfecta resplandeciente de santidad.
La devoción a María en esta advocación del Monte Carmelo o como simplemente decimos la Virgen del Carmen está profundamente enraizada en el pueblo cristiano a lo largo de todo el mundo. Aunque en cada lugar la invoquemos con una advocación especial como reina y protectora de nuestros pueblos, sin embargo la Advocación del Carmen prevalece por todas partes y ya bien sabido es la devoción que tienen a la Virgen del Carmen los hombres y las mujeres del mar.
A la orilla de nuestras playas o acantilados sobre el mar aparecen repetidamente las ermitas y los templos dedicados a la Virgen del Carmen; marineros y pescadores la tienen como patrona y a ella la invocan como esa Estrella del Mar que siempre les guía y les protege en sus singladuras y en su honor sabemos cómo surgen fiestas en todos los pueblos. Somos muchos, hombres y mujeres, los que llevamos su nombre como nuestro nombre propio, queriendo expresar así como nos sentimos sus hijos y no nos falta nunca su protección de Madre en todos los peligros.
He querido hoy detenerme en esta página de la semilla de cada día en la figura de María y aunque aparentemente no hago ningún comentario del evangelio del día, podríamos decir, sin embargo, que mirando a María estamos mirando el Evangelio, porque ella es la portadora de esa Buena Noticia de salvación porque nos trae a Jesús y porque es el mejor ejemplo de cómo tenemos que ser los discípulos de Jesús. Su presencia siempre nos está diciendo que hagamos como El nos dice, su presencia siempre nos está llevando al Evangelio de Jesús, su presencia siempre está sembrando en nosotros los valores del Reino de Dios que nos anuncia Jesús.

lunes, 15 de julio de 2019

Podemos encontrarnos en tiempos de confusión, pero han de ser tiempos de fidelidad, de búsqueda de la verdad del evangelio, de dejarnos conducir por el Espíritu del Señor


Podemos encontrarnos en tiempos de confusión, pero han de ser tiempos de fidelidad, de búsqueda de la verdad del evangelio, de dejarnos conducir por el Espíritu del Señor

Éxodo 1,8-14.22; Sal 123; Mateo 10, 34-11,1
‘No hay quien te entienda’, reaccionamos ante un amigo que quiere explicarnos algo y se hace sus razonamientos y reflexiones y parece como si no se terminará de aclarar, porque nos da la impresión que nos dice cosas contradictorias. Nos cuesta seguirle y entenderle y de un plumazo queremos quitárnoslo de encima.
¿Será lo que algunas personas piensan de Jesús? ¿Será la reacción de tantos a los que les parecen exigentes las palabras de Jesús que se nos manifiesta con radicalidad y nos cuesta entender? Algunas veces ante ciertas páginas del evangelio reaccionamos de alguna manera así, quisiéramos pasar página porque como se dice ahora son cosas que en el mundo en que vivimos no entendemos porque ahora tenemos otros intereses u otros deseos.
En la página del evangelio de hoy Jesús está dando instrucciones a sus discípulos, sobre todo a los más cercanos, y preparándolos para que se sepan enfrentar a ese mundo al que tienen que anunciar la Buena Nueva del Reino y que no siempre los van a entender, incluso los van a rechazar.
Y es que el mensaje del evangelio se presenta como signo de contradicción para el mundo que nos rodea, que no siempre sabe entender las palabras de Jesús y, más que entender, aceptar. Jesús era también un signo de contradicción en medio de las gentes de su tiempo; no todos lo entendían, y las reacciones de la gente eran contradictorias, pero no por eso Jesús iba a hacer rebajas en el mensaje de salvación que nos ofrecía. Por eso en torno a Jesús se crea esa contradicción de unos que lo aceptan y lo aclaman y otros que lo rechazan e incluso buscarán quitarlo de en medio.
¿Nos sucederá a nosotros hoy así también? Si somos fieles al mensaje de Jesús, así nos vamos a encontrar. Por eso Jesús habla de fuego y de espada, habla de cómo los más cercanos, padre, madre, familia, etc., nos van a rechazar, pero a pesar de ello ahí tiene que manifestarse nuestra fidelidad, nuestra integridad, nuestra fe que no se puede tambalear. Por eso nos dirá que los enemigos los tendremos en la propia casa.
¿Quiere Jesús la división? ¿Busca esa contradicción? Jesús busca la paz, aunque tanto nos cueste conseguirla; Jesús quiere la unidad porque lo que quiere es que vivamos en una comunión de amor. Pero eso cuesta, y nos cuesta desde nosotros mismos que tenemos que superarnos, crecer por dentro, purificarnos interiormente, arrancar de nosotros todo brote de violencia o de orgullo, hacer florecer el amor aunque la rosa tenga espinas.
Y esto en nuestro nivel individual, personal, pero esto lo vivimos, lo hemos de vivir también como comunidad que somos, como Iglesia. No importa que la Iglesia se presente como un signo de contradicción ante el mundo. Y no es porque se le anden buscando defectos y fallos en si misma o en sus miembros, sino por la fidelidad al evangelio y sus valores con que tiene que presentarse.
Hay también quien nos dice que la Iglesia hoy tiene que renovarse, y renovarse significa para muchos adaptarse a las exigencias o a las comodidades de esta época, de estos tiempos. Y eso significaría hacer rebajas en sus principios y en sus valores, querer enseñar ahora por aquello de adaptarse unas cosas que están en contradicción con lo que siempre ha enseñado dejando a un lado su doctrina y los principios morales derivados del evangelio; y cuando la iglesia no se adapta, decimos que no nos interesa, que la Iglesia no vale, y abandonamos y nos vamos por nuestros caminos que solo pretenden satisfacer nuestros intereses o nuestros deseos mas egoístas y pasionales.
Podemos encontrarnos en tiempos de confusión, en que no veamos las cosas claras, en que entre nuestras dudas y debilidades andemos de un lado para otro sin saber bien a qué atenernos. Pero tienen que ser tiempos de fidelidad, tiempos de búsqueda de la verdad del evangelio, tiempos en que tenemos que dejarnos conducir por el Espíritu del Señor. Nos cuesta, pero tenemos que emprender ese camino aunque sea difícil porque tengamos que negarnos a nosotros mismos y nuestras visiones particulares, para tratar de ser fieles de verdad al evangelio.
Que el Espíritu del Señor nos ilumine y nos lleve siempre los caminos de la verdad del evangelio.