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viernes, 16 de julio de 2021

Revestidos de María con su escapulario y dejándonos sumergir en el molde de María plasmemos en nosotros todas sus virtudes para vivir su camino de fidelidad y santidad

 


Revestidos de María con su escapulario y dejándonos sumergir en el molde de María plasmemos en nosotros todas sus virtudes para vivir su camino de fidelidad y  santidad

 

‘Flor del Carmelo, viña florida, esplendor del cielo, Virgen fecunda y singular. ¡Oh madre tierna! Estrella del mar’. Así invocamos en bella referencia también al Monte Carmelo de donde se toma el título de esta advocación mariana en esta festividad a María, la madre del Señor y nuestra madre, en la festividad del Carmen que hoy celebramos. Famosas y conocidas de todos son también las expresiones de San Bernardo: ‘En los peligros, en las angustias..., llama a María, invoca a María. María es la Estrella del mar’.

Sobreponiéndose a las extensas llanuras y valles de Galilea la cadena montañosa del Carmelo la atraviesa para asomarse al mar Mediterráneo en Haifa. Unas montañas que tuvieron un intenso significado en la historia del pueblo de Israel porque se convirtieron en refugio del profeta Elías en medio del ardor de su celo por defender el nombre santo de Dios, frente a los baales o falsos dioses que los poderosos querían imponer al pueblo de Dios. Un lugar propicio para la contemplación y para la admiración de las obras de Dios porque como viña y jardín florido (significado del nombre del Carmelo) ayudaba a la interiorización y a sentir de manera especial la presencia de Dios.

Fue allí cuando en tiempos de las cruzadas por liberar la tierra santa de las manos de los otomanos y musulmanes, donde terminaron refugiándose aquellos cruzados que no se querían arrancar de la tierra de Jesús. En aquellos eremitas desperdigados por aquellas montañas tuvo su origen la Orden del Carmelo que en medio de aquel monte entronizaron una imagen de María para que fuese su luz y su estrella en su camino por la vida cual una procerosa navegación por el mar. Flor del Carmelo y Estrella del Mar aquella bendita imagen de María en el monte Carmelo.

Como una señal aquellos monjes constituidos ya en orden religiosa la tradición habla de cómo María les entregó su vestido para que de ella se vistieran significado en aquel escapulario. En su origen el escapulario es como un vestido que se sobrepone sobre las vestiduras ordinarias sobre todo cuando hay que realizar los duros trabajos del campo. Pero ese escapulario se vino a convertir en el vestido de María que aquellos que querían mantenerse en fidelidad querían apoyarse en María para hacer la travesía de su vida.

¿De quien mejor podemos vestirnos cuando queremos seguir los caminos de Jesús y vivir los valores del Evangelio? María, dejando que Dios se encarnase en sus entrañas, en su cuerpo dio cuerpo al Hijo de Dios que se hacía hombre. Podíamos decir que el cuerpo de María, la vida de María, es como el mejor molde en el que hemos de introducirnos para configurar nuestra vida a la manera de la vida de Jesús. Llevar, pues, el escapulario de María es vestirnos de María, es reflejar en nosotros las virtudes y los valores de María, es vestirnos de su propia santidad para que así mejor nos podamos parecer a Jesús, configurar plenamente con Jesús.

‘El escapulario del Carmen, según decía el papa Pío XII el 11 de febrero de 1950, es símbolo y signo de las virtudes de María: humildad, castidad, mortificación, oración, y, sobre todo, signo y recuerdo de nuestra consagración a Jesucristo y a ella, un signo eficaz de santidad y una prenda de eterna salvación’.

Recojamos todo el significado del monte Carmelo al que hemos venido haciendo referencia y coloquemos a María como Reina, Madre y Señora para que así se convierte verdaderamente en estrella del mar que nos haga caminar con seguridad en medio de las tormentas, peligros, angustias de la vida. Es un camino de fidelidad, un camino de fe, que al mismo tiempo se convierte para nosotros en escuela de oración y en senda que nos conduce a la santidad.

Revistámonos de verdad de María en esta fiesta de la Virgen del Monte Carmelo, no como un adorno o una prenda externa, sino porque desde lo más hondo de nosotros mismos queremos vivir su vida, plasmar en nuestra vida sus virtudes escuchando su invitación perenne para que hagamos siempre lo que El nos diga.

martes, 16 de julio de 2019

Nos queremos vestir de la librea de María con el escapulario del Carmen que es como meternos en el molde de María para vivir una vida resplandeciente de virtudes


Nos queremos vestir de la librea de María con el escapulario del Carmen que es como meternos en el molde de María para vivir una vida resplandeciente de virtudes

 Zacarías, 2, 14-17; Mateo 12, 46-50
Al norte del territorio de Israel se alza la cordillera del Carmelo cuyas estribaciones en su lado occidental vienen a descansar casi en las aguas del Mediterráneo. Estas montañas del Carmelo tienen hondas resonancias bíblicas muy relacionadas con los profetas sobre todo con el adalid de su lucha contra los cultos paganos a los baales que entre los israelitas se querían introducir el profeta Elías y cuyos momentos más significativos se desarrollan precisamente en estas montañas.
Fueron luego en los tiempos de las cruzadas remanso de paz, y refugio de descanso y recogimiento para aquellos cruzados que no querían alejarse de la tierra del Señor. Pronto surge un grupo de anacoretas en estas montañas que se agrupan bajo la regla que como norma de vida el patriarca de Jerusalén elabora para ellos reuniéndose en torno al templo levantado en honor de María, naciendo así la Orden religiosa de la Virgen María del Monte Carmelo, a quien invocan como Madre protectora y a quien llamarán también estrella del mar, viviendo el espíritu de recogimiento y su mismo ardor misionero que viviera el profeta en aquellas montañas. Allí en lo alto de aquellas estribaciones del monte Carmelo se levanta María como luz y como guía que va a ser para todos los navegantes de la vida.
Más tarde entre los avatares que sufrió la Orden que se tuvo que venir a Europa la tradición habla de cómo María se la manifiesta a san Simón Stock entregándole como signo y como librea para su vestimenta y para sus vidas el Santo Escapulario que tan especial significación va a tener para el hábito de los Carmelitas pero también en la devoción del pueblo cristiano que ama a María como un querer vestirse también de María. Este tendría que ser su especial significado para quieren portar sobre sus hombros el escapulario del Carmen queriendo expresar así como queremos vestirnos de María, como queremos imitar a María llevando impresas en nuestra vida todas sus virtudes.
Vestir el escapulario tiene que ser un compromiso de santidad en nosotros, queriendo sentirnos seguros en ese navegar de la vida en medio de las tormentas de las tentaciones con la especial protección de María. Es nuestro compromiso pero es la gracia que a través de María recibimos para nuestra lucha contra el pecado, pero también para el resplandecer de nuestras virtudes, comprándolas intensamente de María. Es un vestirse de Maria no ya tanto como un ropaje externo o un disfraz, sino como querer meternos en el molde de María para así lograr esa vida perfecta resplandeciente de santidad.
La devoción a María en esta advocación del Monte Carmelo o como simplemente decimos la Virgen del Carmen está profundamente enraizada en el pueblo cristiano a lo largo de todo el mundo. Aunque en cada lugar la invoquemos con una advocación especial como reina y protectora de nuestros pueblos, sin embargo la Advocación del Carmen prevalece por todas partes y ya bien sabido es la devoción que tienen a la Virgen del Carmen los hombres y las mujeres del mar.
A la orilla de nuestras playas o acantilados sobre el mar aparecen repetidamente las ermitas y los templos dedicados a la Virgen del Carmen; marineros y pescadores la tienen como patrona y a ella la invocan como esa Estrella del Mar que siempre les guía y les protege en sus singladuras y en su honor sabemos cómo surgen fiestas en todos los pueblos. Somos muchos, hombres y mujeres, los que llevamos su nombre como nuestro nombre propio, queriendo expresar así como nos sentimos sus hijos y no nos falta nunca su protección de Madre en todos los peligros.
He querido hoy detenerme en esta página de la semilla de cada día en la figura de María y aunque aparentemente no hago ningún comentario del evangelio del día, podríamos decir, sin embargo, que mirando a María estamos mirando el Evangelio, porque ella es la portadora de esa Buena Noticia de salvación porque nos trae a Jesús y porque es el mejor ejemplo de cómo tenemos que ser los discípulos de Jesús. Su presencia siempre nos está diciendo que hagamos como El nos dice, su presencia siempre nos está llevando al Evangelio de Jesús, su presencia siempre está sembrando en nosotros los valores del Reino de Dios que nos anuncia Jesús.

lunes, 16 de julio de 2018

Vestirnos de María es mucho más que un escapulario o un hábito que nos vistamos sino que es un desprender de nosotros el perfume de las virtudes de María


Vestirnos de María es mucho más que un escapulario o un hábito que nos vistamos sino que es un desprender de nosotros el perfume de las virtudes de María


Al norte de las llanuras de Galilea surge una cadena montañosa que se extiende en sus estribaciones hasta las orillas mismas del Mediterráneo. Son los montes del Carmelo de singular importancia en diferentes momentos de la antigua historia de Israel. Entre muchas cosas destaca la referencia que estos montes tuvieron para el profeta Elías pues allí se refugió en momentos difíciles de idolatría a los baales del reino del Norte, o reino de Israel. Como su mismo nombre indica en el significado de la palabra son montes de especial belleza, como un jardín florido que se levanta desde las llanuras del Esdrelón, y que nos pueden servir muy bien como una hermosa referencia a la belleza de la santidad de Maria.
Hacemos esta referencia histórica porque de ahí surgió el que en los tiempos de las Cruzadas, a finales del siglo XII muchos cruzados que habían ido hasta Palestina para liberar la tierra donde nació y vivió Jesús del dominio de los otomanos, al tiempo que también muchos peregrinos que iban a la tierra de Jesús optaron por quedarse para vivir como anacoretas escogiendo precisamente por su referencia Elías estos montes del Carmelo.
Poco a poco fueron surgiendo grupos y comunidades de vida eremitita en las laderas del Carmelo hasta que posteriormente se les diera una regla de vida que dio origen a lo que llamamos los monjes del Carmelo, los Carmelitas. Pronto en la devoción mariana de aquellos monjes colocaron una imagen de la Virgen en alguna de aquellas grutas que les servían de oratorios, y fue el origen por así decirlo de la Virgen del Monte Carmelo. El Carmelo, pues, se convirtió en el huerto florido de María, en el jardín donde íbamos a aprender de sus virtudes y de su santidad.
En su nombre más femenino pronto se le comenzaría a decir Carmen, mientras el nombre masculino de Carmelo era que el que se daba a los varones que querían llevar esta advocación mariana en su nombre. Devoción a María con esta advocación que pronto con la multiplicación de los monjes y su extensión por otros lugares hizo que también se propagara, siendo una de las advocaciones de María más queridas y más, por así decirlo, celebradas.
Esta devoción a la Virgen del Carmen tiene como una característica muy principal la imitación a María. Imitar a María es vestirse de María, significativamente en el hábito o en el escapulario, pero que bien entendemos que ha de tener una mayor profundidad al copiar las virtudes de María en nuestra vida. Es el hábito o el escapulario, porque aunque hoy se nos haya quedado reducido a un pequeño trozo de tela con la imagen de María que ponemos sobre nuestro pecho su origen era algo mucho más amplio.
El escapulario en su origen era como un sobrevestido que se ponía sobre la ropa habitual y que si en principio era como una prevención para no manchar los ropajes que se llevaban a causa de los trabajos que se realizasen, como ese era el escapulario, el delantal diríamos hoy, que se ponían los monjes del Carmelo en sus trabajos conventuales quienes querían vivir una vida semejante a la de aquellos monjes imitando a María lo imponían sobre sus vestimentas, convirtiéndose así en el hábito del Carmen.
Por eso como decíamos la devoción a la Virgen del Carmen es sobre todo de imitación de María. ¿A quien mejor podemos imitar en su fe y en su amor, en la escucha de la Palabra y en el amor a Dios como verdadero centro de su vida, en la generosidad y en el servicio, en el desprendimiento y vaciamiento interior y en la santidad? Vestidos de María, pues, queremos prevenirnos de las manchas que más dañan nuestra vida, los vicios y pecados.
Sí, nos queremos vestir de la belleza de María, de sus virtudes y de su santidad. Y es que quienes nos decimos sus hijos, llevamos al cuelo su medalla o su escapulario, o una imagen suya en nuestra cartera, tenemos que pensar que hemos de hacerlo con dignidad. No podemos mezclar esa imagen de María con nuestro vicio y nuestro pecado, sino que esa imagen tiene que ser para nosotros siempre un recuerdo y una exigencia de una vida más santa. Vestirnos de María es desprender el olor de María en sus virtudes en nosotros.
En la devoción a María se nos habla muchas veces de cómo María no va a permitir que quien lleve su escapulario pueda morir en pecado y ella le dará la gracia de arrepentirse antes de su muerte. Clásico es el cuadro de la Virgen del Carmen que está en nuestra Iglesias donde vemos a María queriendo sacar a las almas del purgatorio para llevarlas a la presencia de Dios en el cielo. Y es que quien con sinceridad de corazón lleva esa imagen de la virgen consigo de una forma o de otra, seguro que en su corazón sentirá el movimiento de la gracia que le impulsa a la conversión, a volver su vida a la gracia del Señor.
Escuchemos en nuestro corazón la palabra de María que siempre nos estará diciendo como a los sirvientes de las bodas de Caná, ‘haced lo que El os diga’; María siempre nos conducirá hasta Jesús para que le escuchemos, para que nos dejemos inundar por su gracia y su perdón. No nos hagamos sordos a la palabra de María, ‘haced lo que El os diga’. Desprendamos de nosotros ese perfume del jardín de María adornándonos con todas sus virtudes.


sábado, 16 de julio de 2016

Llevar el Escapulario de la Virgen del Carmen es revestirnos del traje de María copiando en nosotros todas sus virtudes y toda su santidad

Llevar el Escapulario de la Virgen del Carmen es revestirnos del traje de María copiando en nosotros todas sus virtudes y toda su santidad

Hoy se multiplican las felicitaciones de un lado para otro porque muchos son los que llevan – llevamos – el nombre de la Virgen del Monte Carmelo; por otro lado los marineros la invocan como la Estrella del Mar que les guía en sus travesías y en las zozobras de sus trabajos, mientras muchos pueblos a lo largo de toda la geografía se engalanan para celebrar a María en esta advocación tan hermosa de la Virgen del Carmen.
Así la llamamos, la Virgen del Carmen, aunque bien sabemos que el auténtico titulo de esta advocación es la Virgen del Monte Carmelo. Las montañas del Carmelo al norte de Palestina e Israel naciendo de las llanuras de Galilea vienen como a desplomarse sobre el mar Mediterráneo formando una cadena montañosa de gran belleza; y fueron unos religiosos, nacidos quizá al calor de las cruzadas como unos eremitas en aquellas montañas para imitar en cierto modo al profeta Elías que allí había encontrado refugio, los que entronizaron en aquellas montañas un altar a la Virgen; de ahí nació el nombre de la Virgen del Monte Carmelo, la bendita imagen de María que allí en el Monte Carmelo se había entronizado.
La Biblia y los poetas cantan la belleza del monte Carmelo, cuyo nombre significa en sí mismo poesía y la belleza de un jardín, cuyo cántico nosotros queremos entonar en honor de la Madre que allí tenemos entronizada, para llevarla también en lo hondo de nuestro corazón.
Bien conocemos que la devoción a la Virgen del Carmen está unida al uso del escapulario. Escapulario que, es cierto, hemos reducido en su tamaño casi a la mínima expresión pero que en su origen eran como un traje que se ponía sobre la ropa normal como un resguardo para el trabajo. Que ese escapulario o medalla de la Virgen que nos acompaña sea, sí, ese resguardo contra los peligros del mal; que sea un recuerdo para nuestra vida de esa presencia de María junto a nosotros que quiere ayudarnos con la gracia que nos alcanza del Señor para que tengamos fuerza en las dificultades, pero para que nos veamos libres de toda tentación y de todo pecado.
Ya sabemos que la verdadera devoción a María es revestirnos de sus virtudes, imitar en nosotros la santidad de su vida, que en verdad copiemos en nosotros todo lo bueno de María y con su protección nos veamos siempre llenos de la gracia del Señor. Sí, es un revestirnos de María, ponernos no solo el traje externo de María con su escapulario sino desde lo más hondo de nosotros mismos vernos transformados a imitación de María para llenarnos así de la santidad de Dios.
Y tal como comenzábamos diciendo felicidades a todos los que llevan el nombre de María, Virgen del Monte Carmelo, Virgen del Carmen, que nos sintamos siempre protegidos con su amor.

jueves, 16 de julio de 2015

El escapulario de la Virgen siempre con nosotros y colocado muy cerca del corazón, nos hace llevar a María cerca de nuestro corazón para vestirnos de su santidad

El escapulario de la Virgen siempre con nosotros y colocado muy cerca del corazón, nos hace llevar a María cerca de nuestro corazón para vestirnos de su santidad


‘Haced lo que El os diga’, nos está diciendo María continuamente cuando en nuestra devoción acudimos a ella. Recordamos que esas palabras fueron las que dijo a los sirvientes de las bodas de Caná. Pero son las que en nuestra devoción hemos de escuchar de labios de la Virgen. Todo en la devoción que le tengamos a nuestra Madre siempre ha de llevarnos a Jesús.
Hoy estamos celebrando a la Virgen del Carmen, o Virgen del Monte Carmelo como es su titularidad litúrgica más propia. Devoción a la Virgen que nació en el Monte Carmelo de tantas resonancias bíblicas. Allí se había refugiado el profeta Elías en su lucha contra los falsos profetas de los baales. Allí en la época de las Cruzadas para liberar la Tierra Santa del dominio de los árabes se encontraron y se refugiaron en una vida llena de ascetismo muchos de aquellos que hasta aquellos lugares habían ido como guerreros pero que al contacto con la tierra de Jesús se sintieron motivados a no alejarse nunca de aquella tierra santa.
Pronto la imagen de la Virgen entronizada en aquel monte fue venerada no solo por aquellos ermitaños, en cierto modo origen de la Orden del Carmelo, sino que se fue extendiendo por todas partes. Es la Virgen la que milagrosamente se manifiesta a quienes se habían congregado en torno a esa Imagen bendita y entrega el escapulario que iba a ser vestido y distintivo de la orden del Carmelo y que luego vestirían también los devotos de la Virgen del Monte Carmelo.
Llevar, pues, el escapulario de la Virgen es como vestirnos de María. Pero no ha de ser un objeto piadoso que llevemos solo externamente, sino que ha de significar cómo nuestra vida ha de estar toda impregnada de las virtudes de María Santísima. Muchas cosas se han escrito y se dicen de que quien lleve siempre el escapulario del Carmen tiene asegurada su salvación. Pero no lo miremos cómo algo mágico que simplemente se produzca sin más que por llevar el escapulario; lo convertiríamos en un amuleto.
El escapulario de la Virgen siempre con nosotros, y además colocado muy cerca del corazón, nos recuerda a María, nos hace llevar a María cerca de nuestro corazón y eso nos ha de recordar entonces la vida buena, la vida santa que hemos de tener los que amamos a María y queremos vestirnos de ella. María nos alcanza la gracia del Señor que nos fortalece, y nosotros ponemos en ese recuerdo permanente de María junto a nosotros ese esfuerzo por luchar por ser cada día mejores, por apartarnos de los malos caminos, de ser fuertes en toda tentación y peligro. Así María nos ayuda, nos previene, nos fortalece con la gracia del Señor.
Que sea autentica la devoción que le tengamos a la Virgen. Que no se nos quede en unos ‘vivas’ y unas fiestas que decimos que hacemos en su honor, sino que vistámonos de María, copiemos en nosotros su vida santa y así tenemos asegurada con la gracia del Señor esa salvación.
Como decimos en la oración de este día, que los que veneramos a la Virgen en su advocación del monte Carmelo con su intercesión podamos llegar a Cristo, monte de nuestra salvación.


miércoles, 16 de julio de 2014

Vistiéndonos de María llegaremos a Dios, nos llenaremos de Dios

Vistiéndonos de María llegaremos a Dios, nos llenaremos de Dios

Is. 7, 1-9; Sal. 47; Mt. 11, 25-27
La advocación de la Virgen del Carmen es quizá una de las más repetidas y que evoca una intenso devoción del pueblo cristiano a la Virgen María, la madre del Señor que también nos la ha dejado como madre. Serán los marinos y todos los que realizan sus tareas en el mar los que la invoquen con devoción sintiendo que María es el ancla segura de su salvación, porque apoyados en María sienten seguras sus vidas en la duras tareas de la vida.
Pero no será solo en los pueblos marinos o a las orillas del mar los que la invoquen con tan dulce nombre porque también queremos sentir la protección de la Virgen del Carmen en la hora de nuestra muerte para que quienes vistamos su santo Escapulario nos veamos pronto liberados de las penas del purgatorio para gozar con María de la gloria del cielo. Es muy habitual en nuestras parroquias que el altar de la Virgen del Carmen vaya adornado con el cuadro de las almas del Purgatorio que con la poderosa intercesión de María son liberadas de sus penas.
Pero además, al menos en nuestra tierra, pocos serán los pueblos que no tengan dedicada alguna iglesia o santuario a la Virgen del Carmen o en nuestros templos parroquiales haya también un retablo dedicado en su honor. De la misma manera que son muchas las personas que llevan este nombre de la Virgen.
Y es que desde que Jesús nos la dejó como madre desde la cruz como hermoso testamento de amor, siempre queremos sentir esa presencia de María a nuestro lado. En ella todos los hijos sentimos el amor y la protección de la Madre; en ella encontramos el ejemplo y el estímulo para nuestro caminar cristiano, porque sus virtudes están diáfanas ante nuestros ojos para que la imitemos y las copiemos en nuestra vida.
Precisamente la devoción del Escapulario del Carmen eso de alguna manera viene a enseñarnos, porque querer vestir el escapulario es querer vestirnos de María, es querer copiar en nuestra vida todas sus virtudes y todo su amor, porque además María es ese molde perfecto que nos configura totalmente con Cristo; es como meternos en María para que María nos envuelva con sus virtudes, pero no de una forma exterior, sino transformando desde lo más hondo nuestro corazón.
Qué mejor modelo podemos tener que María para hacernos ese hombre nuevo de la gracia. Ella fue la llena de gracia porque se dejó inundar de la presencia de Dios en su vida. Son las palabras con las que la saluda el ángel de la anunciación, ‘la llena de gracia por el Señor está contigo’, pero que además va a ser luego cubierta y envuelta por el Espíritu Santo para que el Hijo de Dios se hiciera hombre en sus entrañas.
El texto del evangelio que hoy hemos escuchado, y que repetidamente hemos escuchado en estas ultimas semanas, nos está señalando también el camino de María para ir a Dios, para conocer el misterio de Dios. ‘Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, dice Jesús,. Porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla’.
¿No nos estará hablando Jesús en cierto modo de cómo en María se ha revelado el misterio de Dios? Ella es la que se llama a si misma la humilde esclava del Señor dispuesta siempre al sí, a la disponibilidad, al servicio, a la fe y al amor. En María Dios se manifiesta y se revela de manera especial. Si antes decíamos que tenemos que imitar a María, que tenemos que vestirnos de María, miremos de su humildad y sencillez, miremos de su pequeñez pero de la grandeza de su amor, y haciendo como ella abramos nuestro corazón a Dios que también a nosotros se nos manifestará y nos llenará de su gracia.

Siguiendo siempre los caminos de María estamos seguros que llegaremos a Dios, que nos llenaremos de Dios.

lunes, 16 de julio de 2012

Vestidos de María con el escapulario del Carmen comportémonos como buenos hijos de tal madre


Vestidos de María con el escapulario del Carmen comportémonos como buenos hijos de tal madre

La devoción a la Virgen del Carmen ha estado muy arraigada desde siempre en nuestro pueblo cristiano en la piedad popular; de ahí cuántos llevan el nombre de la Virgen, el que en casi todas nuestras Iglesias siempre haya una imagen bendita de la Virgen del Carmen muchas veces junto al cuadro de Animas, el que de manera especial marineros y navegantes la invoquen con especial devoción como madre protectora y patrona, y que proliferen las estampas de la virgen o su medalla o escapulario haya estado colgada al cuello de muchos pechos de hombres y mujeres en su devoción a la Virgen.

Es la devoción entrañable a la Madre de Dios que es nuestra madre y que, a pesar que haya otras muchas advocaciones con especial patronazgo sobre nuestras parroquias o territorios, - con cuantos nombres y advocaciones, como piropos a María la invocamos - haya proliferado sin embargo y se haya mantenido esta devoción a la Virgen del Carmen o del Monte Carmelo.

Siempre seremos como niños que queremos sentir a nuestro lado a nuestra madre. Los hijos de María queremos sentir la compañía y la protección de la madre y esta advocación nos hace mirarla como un escudo protector que nos ayuda, que nos libra de peligros y tentaciones y nos conduce siempre por los caminos de Jesús que nos lleven a alcanzar la vida eterna.

Es es en el fondo el sentido del escapulario o de la medalla que llevamos con nosotros de la Virgen del Carmen. Si además tenemos en cuenta lo que era en su origen el escapulario que era algo así como un delantal protector que se ponía durante el trabajo para protegerse de la suciedad o de los daños que se pudieran ocasionar en nuestras labores a la ropa ordinaria que llevamos puesta, comprendemos un poco mejor lo que tiene que significar el llevar el escapulario de la Virgen con nosotros.

Queremos sentir su protección frente a todos los peligros y ya no es sólo el vernos libres de peligros materiales o físicos, sino que en nuestro deseo de seguir el camino de Jesús, el camino de nuestra vida cristiana queremos sentir una fortaleza especial, una protección contra todo aquello que pudiera dañar nuestra alma. Con María a nuestro lado nos sentimos como con un escudo que nos protege.

En el escapulario de la Virgen llevado al cuello, no como un amuleto, sino como un signo de la presencia de María junto a nosotros, nos sentimos seguros porque estando la Virgen a nuestro lado nos sentiremos siempre fortalecidos con la gracia del Señor para no irnos por los caminos del mal o del pecado.

Por ahí va la verdadera devoción a la Virgen. Podríamos decir que el vestir el escapulario - tengamos en cuenta que aunque lo hayamos reducido a la más minima expresión, en su origen era un vestido que nos sobreponíamos - es vestirse de María. Queremos imitarla tanto, queremos parecernos tanto a María que la copiamos en nuestra vida en todo para ser semejantes a ella. Vestirnos de María es vestirnos de sus virtudes, es vestirnos de su fe y de su amor. No nos vestimos como algo externo que nos ponemos, sino que cuando nos vestimos de María es porque desde lo más hondo de nosotros queremos parecernos a ella con sus virtudes, con su fe, con amor, con su santidad.

Y vestidos de María sentimos mejor su protección porque parece que sentimos mejor su cercanía. Mirándola a ella nos sentimos impulsados a luchar por ser mejores, por arrancar todo lo malo de nosotros. Con María a nuestro lado nos sentimos estimulados a ese camino de superación, de crecimiento en nuestra santidad. Y tenemos la certeza además que ella nos alcanza del Señor la gracia que necesitamos. Mediadora de la gracia, intercesora nuestra, madre que ruega por nosotros. Así se muestra siempre María a nuestro lado.

Si vamos vestidos de María, no sólo porque llevamos su medalla o su escapulario o incluso su nombre, sino porque queremos ser buenos hijos que nos parezcamos a la Madre, sentiremos en nosotros el ardor del corazón que nos impulsará siempre a la santidad, para ser un buen hijo de María imitándola en todo. Ella siempre será para nosotros una buena madre, que nosotros nos comportemos con ella siempre como unos buenos hijos. Sabiendo que asi lo hacemos estamos seguros de que estaremos siguiendo el camino de Jesús.

sábado, 16 de julio de 2011

El Escapulario del Carmen una vestidura de la santidad de María


Una fiesta hermosa de la Virgen María en la advocación del Carmen o del Monte Carmelo. Una devoción muy arraigada en el pueblo cristiano que hace que la Imagen de la Virgen del Carmen la encontremos en nuestras Iglesias y parroquias repartidas por todos nuestros pueblos.

Una devoción hermosa a María con la que le manifestamos todo nuestro amor de hijos sintiendo su poderosa intercesión de Madre. Así nos la dejó Jesús cuando como Madre nos la regaló desde la cruz cuando la confió al discípulo amado en quien todos nos sentimos representados.

Bajo su escapulario bendito como manto protector nosotros queremos acogernos. Era muy habitual que a todos los niños en esta fiesta del Carmen o en otra ocasión se les impusiera el escapulario del Carmen para que así siempre se sintieran protegidos, nos sintiéramos protegidos desde nuestra más tierna edad con el amor maternal de María.

Claro que esto tendría que llevarnos a hacernos una seria reflexión. Ya en otras ocasiones que hemos celebrado esta fiesta de María hemos reflexionado sobre el sentido del escapulario. No es un amuleto mágico que llevemos ahí de forma supersticiosa para que sin poner nada de nuestra parte nos veamos libres de todos los peligros. El escapulario es como un vestido que nos ponemos. Llevar el escapulario es un signo de cómo nosotros queremos vestirnos de María porque de tal manera queremos copiar en nosotros sus virtudes y su santidad que pareciera que fueramos envueltos por María.

Llevar el escapulario nos recuerda el amor que tenemos a María que siempre la queremos tener presente en nuestra vida, ahí delante de nuestros ojos, junto a nuestro corazón, reflejando en nuestras actitudes y en nuestros comportamientos esa misma santidad que resplandecía en María. Llevar el escapulario es un recordatorio de cómo hemos de vivir. No podemos compaginar el llevar el escapulario o cualquier signo religioso que nos recuerde a María con una vida de pecado; nos exige, pues, el apartarnos del pecado, sintiendo cómo con la protección de María y con su intercesión no nos faltará la gracia del Señor para vencer la tentación y el pecado.

En el evangelio que hoy escuchamos le dicen a Jesús que allí están su madre y sus hermanos – sus familiares – buscándole y El se pregunta y nos pregunta, ‘¿Quién es mi madre y quienes son mis hermanos? Y señalando con la mano a sus discípulos, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. Quien cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y mi hermana y mi madre’.

Nos vestimos de María, llevamos el escapulario del Carmen porque, como decíamos, queremos parecernos a María. Tenemos que decir con lo que Jesús nos ha dicho en el evangelio, quien cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos ése es el que se ha vestido de María. Una exigencia grande de esa vestidura de María, de ese parecernos a María, la que plató la Palabra de Dios en su corazón y la puso en práctica.

Otra referencia quería hacer a la Virgen del Carmen en este día de su fiesta. Siempre recuerdo desde niño el altar de la Virgen del Carmen de la parroquia de mi niñez. Guardo muy nítida en mi mente e imaginación ese altar de la Virgen del Carmen. Era por cierto una imagen de la Virgen del Carmen sentada, pero que a sus espaldas tenía el enorme cuadro de ánimas que suele haber en todas nuestras parroquias. Y allí María aparecía como en el centro teniendo a sus pies a todos aquellos que aún estaban en el Purgatorio y que ella en medio con su escapulario parecía ir sacando a sus hijos para presentarlos al Padre del cielo.

Siempre vi una relación entre la Virgen del Carmen y las almas del Purgatorio a quienes ella conducía con su escapulario ya purificadas camino del cielo. Siempre tuvo su relación el llevar el escapulario con este sentido, porque así María por la devoción que en vida le habíamos tenido se convertía en poderosa intercesora que nos condujera hasta el cielo.

Pongamos, pues, en las manos de la madre, en las manos de la Virgen del Carmen, a aquellos que están a punto de morir para que su protección maternal los atraiga a un sincero arrepentimiento y conversión a Dios preparándose así para ese encuentro con el juicio de Dios. Que la devoción que le tenemos a la Virgen del Carmen nos mueva también a nosotros a ese camino de conversión para seguir siempre los caminos de la santidad que nos lleven a Dioss

viernes, 16 de julio de 2010

Nos vestimos de María, Virgen del Carmen


Zac. 2, 14-17;
Sal.: Lc. 1, 46ss;
Mt. 12, 46, 50

Hoy celebramos una fiesta de la Virgen que suscita mucha devoción y entusiasmo en medio del pueblo cristiano. Nos es fácil encontrar en cualquier rincón ya sea junto al mar, o en medio de nuestros valles o montañas una ermita o una iglesia dedicada a la Virgen del Carmen. Las gentes del mar la invocan como su Stella Maris, su Estrella del Mar que les conduzca a puerto seguro tras sus travesías y sus trabajos de pesca, pero también en nuestros campos, en nuestros pueblos la gente tiene una especial devoción a la Virgen del Carmen, siendo muchos los que visten su hábito o llevan colgado al cuello su escapulario.
Nuestra Señor del Carmen, la Virgen del Monte Carmelo, que lleva su nombre precisamente de ese monte del Carmelo que tanto significado tuvo en la Biblia y en la historia de Israel. Todos conocemos cómo allí, entre otros hechos del Antiguo Testamento, fue el lugar de refugio del profeta Elías y signo de su celo por el único Dios de Israel frente a los baales y sus profetas que surgían entonces en medio del pueblo. En la liturgia últimamente hemos escuchado en la Palabra de Dios esos relatos del libro de los Reyes en relación con estos acontecimientos del profeta Elías.
Con ese telón de fondo, podríamos decir, en la época de las Cruzadas por liberar la tierra santa del poder del musulmán, fueron muchos los que una vez que llegaron a la tierra que habitó el Señor para liberarla, se quedaron luego en una vida ascética de oración y penitencia escogiendo este lugar de tantos recuerdos del profeta Elías para allí establecerse primero como ermitaños para posteriormente formar los grupos iniciales de lo que sería la Orden del Carmelo, tomando su nombre precisamente del lugar. Pero no podía faltar la devoción a la Virgen, a la Virgen cuya imagen entronizaron en ese lugar, a la Virgen que entonces sería llamada del Monte Carmelo.
Se extenderían luego por Europa, pasando muchas dificultades hasta el punto de estar en peligro de verse extinguidos y no reconocidos por la Iglesia. Es cuando el superior general de entonces, Simón Stock, el 16 de julio de 1251, ante la oración que con tanta insistencia hacía a la Virgen para que le diera una señal de su protección, recibe la visita de la Virgen que le entrega el hábito, el escapulario, como señal de esa especial protección de María. ‘Recibe el hábito de tu orden y privilegio para ti y para todos los carmelitas; el que muera con él no padecerá el fuego eterno, es señal de salud y salvación en los peligros, alianza de paz y de pacto sempiterno’.
La Orden de los Carmelitas se seguiría extendiendo en sus ramos masculinas y femeninas, recordemos nuestros san Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús – aunque no vamos ahora a extendernos en comentar mucho sobre la Orden de los Carmelitas – y pronto no sólo los que pertenecían a dichas Ordenes sino muchos cristianos viviendo en medio de sus familias y en el mundo querían llevar ese hábito o escapulario de la Virgen. En breves palabras es el origen del escapulario de la Virgen que llevamos como signo de su protección maternal, de su presencia junto a nuestras vida y nuestras luchar para darnos fuerza, y desde nuestra devoción a la Virgen nuestro deseo y compromiso por querer vivir nuestro seguimiento de Jesús en una vida cristiana ejemplar.
Pues eso es lo que la Virgen del Carmen nos está pidiendo y en lo que una verdadera devoción a María tendríamos que centrarnos. María siempre nos llevará a Cristo. María siempre nos está diciendo, como en la bodas de Caná a los sirvientes, que hagamos lo que El nos diga. Y cuando decimos que tenemos devoción y amor a la Virgen no puede ser de otra manera que copiando en nosotros sus virtudes y su santidad. Hoy Jesús nos ha dicho en el evangelio que si cumplimos la voluntad del Padre del cielo seremos su madre, sus hermanos, su familia. Queremos parecernos a María, la Madre del Señor que tan bien plantó en su corazón la palabra del Señor y le hizo dar frutos de santidad.
La imagen del escapulario es bien significativa. No es sólo un trozo de tela que ponemos sobres nuestros hombres. Es algo más hondo lo que tiene que significar. Cuando aquellos cristianos quisieron llevar el escapulario de la Virgen a la manera de aquellos religiosos y religiosas de la Orden del Carmelo, era porque veían en ellos unas personas que por su amor a María vivían una vida distinta, sentían una especial protección de la Virgen y en cierto modo ellos querían imitarlos.
Llevar, pues, el escapulario de la Virgen, una medalla o cualquier otro signo religioso con nosotros no lo hacemos como un talismán que nos libere de males, sino como una señal de que nosotros queremos vestirnos de María, porque a ella queremos parecernos, de ella queremos copiar sus virtudes, como ella queremos también resplandecer de santidad. ¿Qué otro mejor vestido podemos llevar en nuestra vida que el de María, que es su amor y su santidad?
Por eso el primer efecto, junto con esa protección que tenemos asegurada de María, es ese deseo de querer ser cada día más santos, superarnos en nuestras deficiencias y debilidades, querer vivir alejados del pecado, y con la gracia que María nos alcanza del Señor, caminar por caminos de mayor santidad cada día. Mal podemos compaginar el llevar una medalla o un escapulario de la Virgen con una vida de pecado.
Y sentimos la protección de María, la ayuda maternal que nos consigue la gracia del Señor; y María nos lleva de la mano, podíamos decir, para que nos sintamos fuertes en nuestras luchas por ser mejores. Y si queremos caminar así al paso de María, vestidos de Maria, claro que ella nos librará con la gracia divina de vernos condenados al fuego eterno, más aún nos ayudará salir pronto de la purificación del purgatorio para que podamos gozar de la dicha del cielo. Es el cuadro de ánimas que contemplamos en muchas de nuestras Iglesias y que muchas veces está acompañado por la imagen bendita de la Virgen del Carmen.
Que ella sea en verdad la Stella Maris, la Estrella que nos conduzca por los mares embravecidos de esta vida hasta el puerto seguro de la salvación.

jueves, 16 de julio de 2009

La Virgen del Monte Carmelo y el Escapulario


La Virgen del Monte Carmelo y el Escapulario


Allá por los siglos XII y XIII se organizaron las Cruzadas a Tierra Santa con la finalidad de liberar a la tierra de Jesús del poder musulmán y facilitar así el acceso a tantos peregrinos que se veían imposibilitados de acceder a Jerusalén, Belén, Nazaret y tantos lugares santos de la vida de Jesús.
Muchos de estos cruzados así como muchos peregrinos no regresaban después de su visita a los santos lugares sino que se quedaban estableciéndose como eremitas en diferentes lugares. Uno de los lugares escogidos era el monte Carmelo, cadena montañosa que se extiende desde las llanuras de Galilea hasta el mar Mediterráneo.
El monte Carmelo se recuerda sobre todo por ser el lugar donde habitó el profeta Elías y sostuvo numerosos combates con los falsos profetas de los ‘baales’ que pretendían imponer la idolatría. Por eso estos eremitas querían vivir en el espíritu ascético y de oración del profeta y poco a poco se fueron agrupando, dando origen a lo que sería luego la Orden del Carmelo, o los Carmelitas como comúnmente los llamamos.
En dicho monte elevaron un templo dedicado a la Virgen que, como no podía ser menos, pronto se le invocó como la Virgen del Monte Carmelo, la Virgen del Carmen como la llamamos normalmente. Podíamos decir que es el origen de esta devoción a la Virgen en esta advocación tan extendida por todas partes.
Una de las formas con la que honramos a la Virgen del Carmen es llevar su escapulario. Pero ¿qué es un escapulario? ¿simplemente ese trozo de tela marrón con la imagen de la Virgen que llevamos sobre el pecho y la espalda? A esa mínima expresión, es verdad, que se ha quedado reducido. Pero el escapulario es algo más.
Expliquemos brevemente su origen. El escapulario era algo así como el traje de faena que se ponían los trabajadores del campo o de otras actividades sobre su ropa ordinaria. Cuando se pertenecía a un mismo gremio o se trabajaba en una misma propiedad el color de ese ropaje de trabajo era el mismo para hacer algo así como una distinción con el resto de trabajadores. Hoy todavía en muchas empresas los operarios llevan un uniforme que los distingue.
Entrando en el ámbito religioso, los monjes cuyo lema de vida es el trabajo y la oración, utilizaban y utilizan ese escapulario, que suele ser por el color o la forma también un distintivo de la propia orden o congregación. Lo seguimos viendo hoy en muchas familias religiosas. Nuestros monjes del Carmelo llevaban ese escapulario en ese color marrón característico.
Llevar ese escapulario de la Virgen es, entonces, un vestirse de la Virgen, igual que aquellos religiosos que llevan ese hábito para significar como se visten de la Virgen queriendo imitar en ellos sus virtudes y su santidad. Creo que ese es el verdadero sentido que le hemos de dar al escapulario, aunque lo hayamos reducido a la mínima expresión en su tamaño. No puede ser como llevar un amuleto que me proteja. Es algo más hondo. Me visto de María, quiero copiar a María, quiero tener en mí las virtudes de María.
Por eso hay que se congruente entre un habito, un escapulario o un signo religioso que llevemos externamente y la vida que llevamos. No puedo seguir en mi vida de pecado mientras me pongo el escapulario o me visto el hábito de la Virgen. Eso no tiene sentido. Me exige un esfuerzo por realizar el camino de la santidad. Contando, por supuesto, con la ayuda de la Virgen que nos obtiene al gracia de Dios.
Ese es el buen sentido del escapulario, en este caso, de la Virgen del Carmen. Cuánto tenemos que aprender de María, cuánto tenemos que copiar de sus virtudes y de su santidad. No ha de ser algo que me pongo externamente. Es un revestirse de María, pero desde dentro. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores… para que salgamos de nuestra vida de pecado, para que caminemos por sendas de santidad, para que vivamos todas las virtudes que en María vemos reflejadas.