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sábado, 16 de abril de 2022

Cuando rodó la piedra quedando sellada la entrada del sepulcro todo quedó en silencio, pero no con un silencio cualquiera, sino con la seguridad de la esperanza

 


Cuando rodó la piedra quedando sellada la entrada del sepulcro todo quedó en silencio, pero no con un silencio cualquiera, sino con la seguridad de la esperanza

 

Cuando rodó la piedra quedando sellada la entrada del sepulcro todo quedó en silencio. Era un silencio distinto, un silencio interior. Fuera podrían seguirse oyendo las pisadas de los que se alejaban o los ruidos de la ciudad cercana. Pero había silencio. La Palabra había quedado silenciada y hasta el corazón parecía haberse detenido. Por los oídos podrían entrar sonidos ahora pero dentro no se escuchaba nada.

El silencio hace desfilar un montón de imágenes, de recuerdos, hasta el momento en que la imagen puede quedar paralizada y poco a poco difuminarse. Era un silencio distinto, un silencio interior que se llenaba de imágenes que iban y venían, que podían igual sobreponerse unas a otras como difuminarse y quedar solo un lejano resplandor. Es lo que sucede cuando el dolor invade el espíritu, un dolor que es como una morfina que adormece pero que al momento vuelve a despertar con nuevos recuerdos.

‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’, fueron sus ultimas palabras escuchadas en lo alto del patíbulo. Su alimento había sido hacer la voluntad del Padre. Su lema al entrar en el mundo era cumplir su voluntad. Había pedido verse liberado de aquella hora, pero fue como una tentación momentánea, porque pronto aceptaba que se cumpliera, no su voluntad, sino la voluntad del Padre.  Momentáneamente parecía sentirse solo y abandonado pero no hicieron falta Ángeles especiales que vinieran a recordarle la presencia para siempre del Padre junto a El.

Y nosotros ahora nos quedamos en silencio rumiando sus palabras. Les damos vueltas una y otra vez en nuestra mente y en nuestro corazón porque tienen que tener un sentido grande para nosotros. Si se ponía en las manos del Padre aquella muerte no era una derrota, luego tiene que haber esperanza en el corazón. Nos sentimos derrotados tantas veces, no nos salen las cosas, la vida se nos vuelve del revés, cuanto más queremos hacer las cosas bien y poner ternura en la vida, parece que afloran más pronto las violencias y las desavenencias, con buena voluntad queremos hacer las cosas en disponibilidad de servicio con todos y recibimos respuestas airadas o encontramos rechazo y hasta burla por lo que intentamos hacer. Pero si ponemos la vida, lo que somos y lo que hacemos en las manos del Padre, no habrá derrota sino que un día volverá a resplandecer la luz que hace nuevas todas las cosas.

No nos queremos hundir en este silencio que cuando quedó rodada la piedra de la entrada del sepulcro para que nos envolvió totalmente. Quizás necesitamos ese silencio porque tenemos muchas cosas que rumiar para poder llegar a entender; quizá necesitamos ese silencio para que no se nos metan en nuestro espíritu otras sintonías que enturbien y entorpezcan la verdadera sintonía de Dios.

Es un silencio de espera. Mientras estamos en espera no necesitamos ni voces ni ruidos que nos distraigan. Es un silencio en que no podemos caer en la amargura y la desesperanza. Esperamos el cumplimiento de las palabras de Jesús; aquellas palabras que a los discípulos tanto les costaba entender cuando les hablaba de la subida a Jerusalén; escuchaban lo de muerte, lo de entrega en manos de los gentiles, pero oían pero no escuchaban el anuncio de que al tercer día resucitaría; es lo que ahora esperamos, es lo que nos mantiene en silencio pero con el alma en vilo.

Ojalá pudiéramos encender las lámparas de la espera de aquellas doncellas; no queremos dormirnos, no queremos estar entretenidos o preocupados por otras cosas; preferimos ahora el silencio, porque estamos esperando con la certeza que llevamos en el alma de que las palabras de Jesús se cumplirán. Es el silencio del sábado santo, no un silencio de derrota sino de esperanza. Creemos en la Palabra de Jesús. En manos del Padre nosotros queremos ponernos también.

viernes, 15 de abril de 2022

Hoy estamos a la sombra de la cruz, memoria de todas las cruces de nuestro mundo, pero para nosotros camino de esperanza y anuncio de victoria en la victoria de Cristo

 


Hoy estamos a la sombra de la cruz, memoria de todas las cruces de nuestro mundo, pero para nosotros camino de esperanza y anuncio de victoria en la victoria de Cristo

Isaías 52, 13 — 53, 12; Sal 30; Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9;  Juan 18, 1 — 19, 42

Hoy estamos a la sombra de la cruz. ¿Qué significará buscar una sombra? Cuando vamos agotados por el calor y el camino encontrar un frondoso árbol a su vera que nos ofrezca sombra es algo que agradecemos de corazón. Pero ¿qué sombra podemos esperar de unos maderos cruzados y que se ofrecen como esqueléticamente contra el cielo y que además nos recuerdan dolor, sufrimiento y muerte? Parecería que por el contrario lo que tenderíamos es a evitarlo por los sentimientos convulsos que se provocan en nuestro espíritu.

Sin embargo todo en la liturgia que es celebración gira en torno a una cruz, con su dolor y sufrimiento y con la muerte en ella generada. ¿Cómo es posible que incluso lleguemos a hablar de celebración y de celebración en torno a una cruz? Algo tuvo que significar, algo misterioso se nos anuncia desde esa cruz. El contraste que se nos va a ofrecer es inmenso porque desde esa cruz se nos va a hablar de amor y de vida, de misericordia y de perdón, de ella va a manar un regalo de gracia que en verdad quiere transformar nuestra vida. Y es que de esa cruz pendía la salvación del mundo, como proclamamos incluso en la liturgia.

Ha sido como una meta en el final de un camino que hemos venido haciendo, aunque como bien descubriremos la meta no se queda en la muerte ni en la cruz, porque tenemos que traspasar esas sombras que se convertirán en resplandores de luz cuando se nos abra la tumba que hay detrás. No es el suplicio en si mismo que contemplemos en esa cruz, aunque nos haga recordar otras muchas cruces que encontraremos como desparramadas por el mundo, sino en el motivo y en la razón del que murió en esa cruz. Una cruz que será puerta de vida, porque quien llegó a morir en esa cruz lo hizo solamente por amor. Una cruz que nos habla de entrega de amor en el mayor sacrificio de si mismo que jamás nadie podía haber realizado pero que lo contemplamos en Jesús.

Cuando comenzamos a ver esa cruz traspasada por el amor la sombra que se va a desplegar sobre nuestra vida nos traerá la suave brisa del amor que nos llenará plenamente de vida. Pero es que cuando nos pongamos a la sombra de esa cruz con esa mirada de amor comenzaremos a aprender a mirar de manera distinta el mundo que nos rodea ante el cual ya no podemos quedarnos insensibles como si todo ese sufrimiento que embarga al mundo no tuviera nada que ver con nosotros.

Miramos a la cruz y miramos todo el sufrimiento de Cristo y encontraremos otro sentido y otro valor a la vida y también a los mismos sufrimientos que tantas veces y de tantas maneras nos acompañan. Miramos a Cristo en su cruenta pasión y en su muerte en la cruz y algo nuevo comenzamos a sentir dentro de nosotros, para despertar, como decíamos, esa nueva mirada a nuestro entorno. Esa cruz de Jesús, ese sufrimiento de Jesús bajo el peso de la cruz o clavado a ella nos hace mirar y sentir de manera distinta otros sufrimientos que contemplamos en la vida.

¿A quien no le ha ocurrido que cuanto tiene que acercarse a alguien que está envuelto en sufrimiento comienza a sufrir en si mismo no solo como solidaridad con esa persona a la que se ha acercado, sino porque en su mente y en su corazón han aflorado otros recuerdos, otros momentos que ha vivido o que ha contemplado en los demás? ¿Por qué lloras?, le preguntamos quizás y nos dice porque ese sufrimiento que está viendo delante de sí le trae otros recuerdos de otros momentos, de otros sufrimientos.

Por eso cuando hoy nos ponemos a la sombra de la cruz de Cristo nuestro corazón tiene que ir más allá para contemplar y para sufrir con esas otras cruces que atraviesan nuestro mundo en tantos otros dolores y sufrimientos. Larga y casi interminable sería la lista de las cruces que ahora mismo atormentan a nuestro mundo.

Pensamos en la pandemia por la que hemos pasado y que tantos sufrimientos ha originado, o pensamos en la violencias de la guerra que ahora mismo estamos contemplando en nuestro mundo. Hoy nos suena fuerte la guerra de Ucrania pero son muchas las violencias que están aflorando en distintas partes del mundo, luchas tribales que siguen destruyendo pueblos, guerra de guerrillas que no terminan de encontrar caminos de paz, violencias callejeras que hacen perder la paz de nuestras ciudades y que se cobra muchas vidas humanas, tragedias de las rupturas de las familias que arrastran tras de sí tanto dolor y tanto sufrimiento, los dramas de muchos corazones que en sus adicciones y apegos llenan de dolor tantas vidas, los desencuentros entre aquellos que parecían más amigos o que incluso se amaban con todas sus secuelas, las esclavitudes originadas en las ambiciones de los que se creen poderosos para manipular la vida de los demás  y así podríamos seguir mencionando muchas cruces de sufrimientos para nuestra sociedad.

Pero ahí está nuestra lucha interior, nuestro querer superarnos pero vernos atados por tantos apegos que nos hacen sufrir, o están las enfermedades o limitaciones que nos puede imponer incluso nuestro propio cuerpo y que nos hacen sentirnos perdidos como si nada valiéramos, y ahí está el pecado que nos esclaviza, que envuelve nuestra vida de manera que hasta llegamos a perder el sentido de Dios y el sentido religioso de nuestra vida. Son las cruces que llevamos en nosotros mismos o son las cruces que contemplamos en los que están cerca de nosotros, a los que amamos y a los que no sabemos como ayudar.

Pero no venimos aquí hoy para quedarnos entre sombras y tinieblas, sino para descubrir en el amor de quien subió a la cruz que hoy nos está dando sombra que podemos llegar a la victoria, que podemos llegar a la vida, que podemos llenar de luz nuestra vida y nuestro mundo, que podremos superar todas esas oscuridades porque hay quien ha vencido a la muerte y cuando resucitemos con El nos hará también partícipes de su victoria.

La sombra de la cruz hoy nos da esperanza pero nos anuncia nuevos resplandores y es que el amor tiene que triunfar, el amor tiene que llenar de luz y de vida nuestro mundo, y con ese amor podremos superar y vencer para siempre ese mal que tantas sombras está poniendo en nuestro mundo.

Hoy no puede ser un día de sombras sino de luz, porque es anuncio de victoria

jueves, 14 de abril de 2022

Se quitó el manto y se ciñó como signo de la entrega y del que se da libremente, es el signo de la Pascua, es el signo del amor

 


Se quitó el manto y se ciñó como signo de la entrega y del que se da libremente, es el signo de la Pascua, es el signo del amor

Éxodo 12, 1-8. 11-14; Sal 115; 1Corintios 11, 23-26; Juan 13, 1-15

Todo estaba cuidadosamente preparado. Los discípulos que habían preguntado donde quería Jesús que se celebrase la cena pascual, habían seguido las indicaciones del Maestro y lo habían dispuesto todo. Era una cena que tenía mucho de rito, era un recuerdo y una acción de gracias. Aquella comida de pascua que hacían los pastores antes de salir en la primavera en búsqueda de nuevos pastos se había convertido en la comida del cordero pascual como recuerdo y celebración de la salida y liberación de Egipto y del paso salvador del Señor. Todo estaba dispuesto para la celebración de aquella pascua.

Pero otros van a ser los gestos y acciones de Jesús para dar un sentido hondo a lo que iba a ser aquella pascua. Había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre. Era su hora, aparentemente del poder de las tinieblas por cuanto había de suceder, pero que sería hora de luz y de salvación. Como nos relata el evangelista Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido’.

El asombro se apodera de los discípulos. Pedro que se niega a que Jesús le lave los pies. ‘Si no te lavo los pies no tendrás parte conmigo’, que le dice Jesús y Pedro que ya está dispuesto no solo a los pies sino al cuerpo todo. ‘Estáis limpios… solo es necesario los pies… aunque no todos estáis limpios’. Se dejan hacer aunque no entienden, cuando eran ellos los que tenían que haberle lavado los pies al maestro como era uso y costumbre. Pero Jesús se había ceñido.

Se quitó el manto y se ciñó. Como el que va a la tarea y al trabajo, como el que va a la batalla, como el que tiene algo que realizar y se quitará todo lo que sea impedimento, pero se ceñirá para ajustar sus ropajes y pueda realizar bien el trabajo.  No se quita la toalla que se ha puesto como ceñidor ni siquiera para limpiarles los pies. Era el signo de la entrega, era el signo del que se da libremente. ‘Nadie me arrebata la vida, sino que yo la entrego libremente’, diría en otro momento. Es el signo de verdad de la Pascua que se va a realizar.

Es la señal del amor más hermoso y más grande, de aquel que es capaz de dar la vida por los que ama. No es ahora solo la humildad del que se abaja, del que es capaz de agacharse delante de los demás para lavar los pies sino que es el camino de la mayor grandeza del amor, como había enseñado a sus discípulos Es el misterio de amor que estamos contemplando en Jesús en los signos y gestos que ahora realizar, pero que son los signos que nos hablan de su muerte en la cruz.

‘Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde’, le decía a Pedro para convencerlo de que se dejara hacer. Y ahora les explica cuando de nuevo vuelve a la mesa. ‘¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis’.

Es el sentido de la pascua que nosotros también hemos de vivir. Con Jesús nos hemos sentado también a la mesa. Estamos haciéndonos partícipes de todo su misterio de amor y de entrega. Pero no somos simplemente espectadores, tampoco seres pasivos que solo recibimos sino que nosotros también hemos de poner en el mismo camino de Jesús, de amor, de entrega aunque para ello tengamos que subir también a la cruz. Es que nuestra vida ya no tiene sentido sino desde el amor. Es lo que verdaderamente va a dar valor a nuestra vida.

Este día de Jueves Santo lo llamamos el día del amor, del amor fraterno. Pero es que quien se ha sentado a la mesa con Jesús no puede hacer otra cosa. ‘Lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis’, nos decía Jesús. Es ceñirnos nosotros también para ponernos en camino, para realizar la tarea, para vivir nuestra entrega, para comenzar a amarnos de verdad, para hacer del mundo un reino de amor.

No es una tarea fácil, por eso tenemos que ceñirnos para la lucha. Serán muchas las sombras que querrán ahogar la luz; es mucho el mundo de violencia y de odio que nos rodea, brilla demasiado la insensibilidad y el egoísmo en tantos corazones que la insolidaridad reina a sus anchas; es grande la tarea que nos espera, y no podemos ir desde nuestras comodidades, envueltos en nuestros ropajes de suficiencia a esa lucha; tenemos que ceñirnos y arremangarnos para realizar esa lucha del amor. Que no es lucha de violencia, sino señal de entrega y de donación de nosotros mismos.

Pero es una tarea en la que no estamos solos ni la realizamos solo por nuestras fuerzas. Jesús es nuestro alimento y nuestra vida; es el pan de vida que da vida al mundo. Así se nos da hoy cuando se hace Eucaristía, cuando parte el pan para nosotros y nos dice que comamos que es su Cuerpo. En esta cena pascual no vamos a comer un cordero cualquiera, sino al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es a Cristo mismo a quien comemos, que se hace vida y se hace alimento, que se amor por nosotros para alimentar nuestro amor. Hoy es también el día de la Eucaristía, el día de la Institución de la Eucaristía.

martes, 12 de abril de 2022

Jesús nos dice que quiere celebrar la pascua en nuestra casa y vamos a sentarnos a su mesa y vamos a pesar de nuestra debilidades a dejarnos inundar de su amor

Jesús nos dice que quiere celebrar la pascua en nuestra casa y vamos a sentarnos a su mesa y vamos a pesar de nuestra debilidades a dejarnos inundar de su amor

Isaias, 50,4-9; Sal. 68; Mateo 26, 14-25

Mi hora está cerca voy a celebrar la pascua en tu casa con mis discípulos. Había llegado la hora. Otras veces dice que no ha llegado su hora. Pero ya es inminente. Ha subido a Jerusalén para esa hora. Lo había anunciado. Los discípulos cumplen con las instrucciones de Jesús y preparan todo según lo convenido. Prepararon aquellos encargados que fueron a Jerusalén a buscar la casa señalada por Jesús. Son curiosos los detalles que nos ofrece otro evangelista de seguir al que llevaba el cántaro de agua para encontrar la casa. 

De una forma de otra lo habían preparado, lo había preparado también a esa hora otro de los discípulos a espaldas de sus compañeros y con traición en el corazón. Judas había convenido con los Sumos Sacerdotes el precio de la entrega y ahora esperaba el momento oportuno. Y allá se había saltado la mesa como si nada pasara. Pero Jesús anuncia en medio de la cena lo que va a pasar y todos que dan desconcertados preguntándose quién había sido. La tristeza los embargaba y todo se preguntaban lo mismo ¿soy yo acaso, Señor? El que estaba untando su pan en el mismo plato. 

Podría aparecer un fracaso en la elección por parte de Jesús de aquellos discípulos a los que incluso había constituido apóstoles. De entre ellos uno lo estaba traicionando por unas monedas, más tarde otro que se creía incluso muy valiente con una espada en la mano para defender a su Señor y que había prometido que daría la vida por él, negará conocerle ante las preguntas e insinuaciones de unas criadas o de alguno de los que habían ido al huerto a prender a Jesús. Pero es que en el huerto todos habían huido, habían desaparecido, se habían escondido; en el cenáculo los encontrará Jesús con la puerta cerradas por miedo a los judíos. 

Y es que Jesús no había escogido ángeles sino que había escogido hombres con sus impulsos y sus derrotas, con sus entusiasmos y deseo de grandeza para ocupar lugares importantes, pero también con todas las debilidades de los humanos. Piensa en tí mismo como pienso yo en mí mismo, que queremos estar sentados también en la mesa de esta cena pascual; no nos diferenciamos en nada de aquellos hombres que ahora rodeaban a Jesús, también tenemos nuestras debilidades y nuestras sombras, nuestros momentos entusiasmo y de fervor y momentos de oscuridades y de dudas, momentos en que nos sentimos llenos de impulsos como para comernos el mundo y momentos de resbalones y decaídas; y Jesús sigue confiando en nosotros, sigue queriéndonos sentarnos a su mesa. No tendré yo que preguntarme también ¿soy yo acaso, Señor? 

Hoy Jesús también nos hace llegar un mensaje, mi hora está cerca voy a celebrar la pascua en tu casa… Nos está invitando a que le abramos las puertas, a que hagamos también los necesarios preparativos, a que nos sentemos a la mesa pascual con El. Podríamos decir que nos sentimos honrados, pero podríamos sentir quizá temor en nuestro corazón porque no nos consideramos dignos, porque vemos nuestras flaquezas, porque recordamos nuestros pecados, porque muchas veces nos hemos dejado envolver por las sombras. Pero tenemos que seguir adelante sin temor porque nos estamos encontrando con el amor, sin desesperación porque sabemos que para nosotros hay nueva vida. 

Qué distinta fue la reacción de Pedro de las de Judas, los dos se sintieron mirados por Jesús pero ante esa mirada de Jesús fue distinto su actuar. '¿Con un beso entregas al hijo del hombre?' Le dijo Jesús a Judas recordándole lo que aquel beso tenía que significar del amor que le había tenido; pero se hundió en la desesperación y sabemos cómo terminó su vida; qué quiso devolver las monedas pero se sintió rechazado, no por Dios, sino por los hombres. Hay algo que no podemos olvidar y es que no hemos de tener el rechazo de los hombres a causa de nuestras habilidades porque siempre contaremos con el amor del Señor. Algo que le faltó a judas. 

Cuando Pedro niega, se sintió mirado por Jesús que pasa por el patio en aquellas y venidas de un tribunal a otro y lloró amargamente su negación y su pecado. Pero él alli siguió aunque se encerrara en el cenáculo en un primer momento, allá corrió al sepulcro para saber de las novedades que las mujeres traían en la mañana de la resurrección y más tarde se lanzará al agua para llegar más pronto que los demás a los pies de Jesús que solo le hablará de amor, solo le preguntará por el amor. 'Señor tú lo sabes todo tú sabes que te amo', sería su reacción de la que tenemos nosotros que aprender. 

Jesús nos dice que quiere celebrar la pascua en nuestra casa y vamos a sentarnos a su mesa y vamos, a pesar de nuestra civilidades, a dejarnos inundar de su amor. 

Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

 


Jesús quiere tener palabras de luz y de glorificación para nosotros, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor aunque nos recuerda nuestra debilidad y flaqueza

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Luces y sombras se entremezclan continuamente; así es la vida. Quisiéramos todo en armonía y paz, desearíamos que la convivencia con los que nos rodean, ya sean familiares, amigos, o compañeros de trabajo fuera siempre armoniosa; pero sabemos que surgen contratiempos, que hay momentos en que parecía que todo iba en paz y pronto surge una desavenencia, un mal entendido, algo que sucede que nos descoloca de nuestras rutinas de cada día y no entendemos por qué, no llegamos a comprender las reacciones de las personas, no sabemos a donde nos van a llevar esos imprevistos que nos van surgiendo.

Aparecen en medio de las luces, sombras que nos pueden quitar la paz, que nos oscurecen el panorama, que nos hacen surgir dudas y hasta desconfianzas en nuestro interior, no sabemos a donde nos llevarán esas sombras, como podrían repercutir en nuestra vida. Y tenemos que aprender a reaccionar ante esas situaciones para que no se nos sobrepongan.

En el evangelio de estos días de la semana de pasión van apareciendo retazos de lo que fue la cena pascual, como es el caso de hoy. La cena pascual tenía que ser una fiesta, era un recuerdo agradecido a Dios por la Pascua, por aquella primera pascua de Egipto, pero también por el paso de Dios por la historia de cada día de su pueblo. Pero aparte de algunos gestos extraordinarios de Jesús, como ya veremos en la tarde del jueves santo, hoy parece que se rompen esos aires de paz y de fiesta en aquella cena. Jesús anuncia lo que va a suceder – ellos ya presentían algo especial por todo lo que Jesús había ido anunciando – pero ahora habla de traición. El desconcierto se apodera de todos porque no lo entienden, y no pueden llegar a comprender que la traición estuviera allí en medio de ellos.

Pero Jesús como en un contraluz habla de la hora de la glorificación que ha llegado. ¿Recordarían los que habían subido con El al Tabor lo que allí entonces había sucedido en que había aparecido la gloria del Señor? ‘Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros:
Donde yo voy no podéis venir vosotros’

Esa claridad que quiere imbuirles Jesús no la terminan de entender porque se andarán preguntando también a donde va a ir que ellos no puedan ir. Pedro porfiará que él está dispuesto a todo, incluso a dar su vida por Jesús. Pero llegará otra ráfaga de sombra que siguen sin entender. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’.

Nos hemos prometido en esta semana estar en todo momento al lado de Jesús para no perder ni un ápice de cuanto suceda. De rondón nos hemos metido nosotros en esta escena y estamos contemplando y estamos viviendo estos momentos. Estaremos quizá sintiendo como una espada nos está atravesando el alma con estos anuncios de Jesús, pero que no nos podemos contentar con contemplar como a la distancia. Porque es a nosotros a quienes Jesús está dirigiendo sus palabras, sus gestos, su cercanía, su presencia.

Para nosotros quiere tener palabras de luz y de glorificación, porque cuenta con nosotros, sabe de nuestra porfía de amor, como la de Pedro, aunque nos recuerda nuestra debilidad, nuestra flaqueza; en esa traición, en esa negación andamos también metidos nosotros. Sabemos que en nuestra vida no todo es agua limpia, porque también tenemos nuestras sombras en el corazón y hemos de recordar nuestras debilidades, nuestras flaquezas que tantas veces nos afloran. Nos prometemos tanto que luego no llegamos a cumplir, no llegamos a realizar.

¿Nos dirá a nosotros Jesús, como le dijo a Judas, ‘lo que has de hacer, hazlo pronto’? Claro que Judas sintió en aquel momento el impulso de salir a la noche oscura. Oscura iba a ser la noche para Judas y en esas tinieblas quería envolver a Jesús y a los demás discípulos, que así se vieron luego en Getsemaní sin saber que hacer, hasta que todos le abandonaron y huyeron. Pero a nosotros esas palabras tendrán que hacernos recapacitar, pero no para encerrarnos en la noche oscura, sino para salir al encuentro con la luz.

Es el camino de verdad que queremos hacer hacia la Pascua. Es por lo que queremos estar junto a Jesús en todo momento y no apartarnos por nada de El. Aunque hay un paso amargo de pasión y sacrificio, sabemos que todo va a terminar en la luz de la resurrección que es la verdadera luz pascual que nos va a iluminar para siempre.

lunes, 11 de abril de 2022

Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que lo que allí sucede y contemplamos nos ayude a prepararnos para sentarnos a la cena pascual

 


Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que lo que allí sucede y contemplamos nos ayude a prepararnos para sentarnos a la cena pascual

Isaías 42, 1-7; Sal 26; Juan 12, 1-11

Una cena en Betania; no es la cena pascual porque aun faltan seis días para la pascua; pero por lo que allí sucede sin ser cena pascual tiene connotaciones de pascua. Hay un recuerdo y una gratitud. Allí está Lázaro el que había sido resucitado hace pocos días, lo que motivaba que también hubiera mucha gente que había venido a ver a Lázaro.

Pero están Marta y María; Marta como siempre afanada en los preparativos de la cena, parece que ella no podía esta de otra manera; pero de nuevo a los pies de Jesús María. Si un día se había puesto a los pies de Jesús para escucharle, ahora quería mostrar las pruebas de su amor. Había comprado un perfume de nardo muy caro y lo había derramado a los pies de Jesús.

Era parte de la hospitalidad el ofrecer al huésped por parte del dueño de la casa agua y perfume; eran sus purificaciones rituales, pero algo muy normal en un pueblo que tenía su origen en un pueblo de beduinos dedicados al pastoreo en los campos, al regresar era normal el agua y el perfume. Ahora aquel perfume envolvía con su aroma toda la casa.

Contemplando este episodio yo querría ser uno de los participantes en aquel banquete y sentarme también a la mesa con Jesús en aquel hogar tan acogedor de Betania. Seamos uno más de los comensales, no en vano esta comida va a servir como preparación de alguna manera para la inminente cena pascual donde también queremos estar. Vamos a dejarnos llevar por los hechos y los acontecimientos que se van sucediendo. Pensemos cómo vamos a intervenir también.

Está esa mujer desinteresada y generosa con un corazón lleno de amor. Nos recordará siempre otro episodio narrado por otro evangelista, que muchas veces nos lleva a la confusión. Pero en uno y otro caso lo que lo mueve todo es el amor. Un amor hecho arrepentimiento en lo sucedido en la casa de Simón el Fariseo con aquella mujer pecadora, y ahora un amor hecho gratitud porque se habían contemplado los maravillas de Dios. ¿Cuánto perfume estaríamos nosotros dispuestos a derramar en los pies de Jesús? Perfume y lágrimas, porque nos sentimos tan indignos de sentarnos a la mesa con Jesús, que casi más bien tenderíamos a ocultarnos donde pasáramos desapercibidos. Pero ¿no podemos pensar acaso que tendríamos que hacernos notar de alguna manera?

Por allá surgieron los calculistas interesados. Aquel perfume se podía haber vendido por trescientos denarios. Una cantidad considerable que también nos podrá pasar por la mente si era o no era necesario, el gastarlo así. El interés de quien llevaba la bolsa del grupo de los discípulos que acompañaban a Jesús, ya nos dice el evangelista que le gustaban los dineros, de los que era fácil apropiarse. Su aparente interés por los pobres ocultaba otros intereses más nocivos. ¿Pudiéramos sentir nosotros también en nuestro corazón la tentación del raquitismo? Pudiera faltarnos quizá generosidad para dar no unos bienes materiales sino algo más importante, poner a tope nuestra vida en la actitud de servicio.

Pero por los alrededores de la mesa andaban los curiosos a los que solo les movía lo espectacular que había sucedido con la resurrección de Lázaro, pero estaban también aquellos que andaban maquinando contra Jesús; también a Lázaro querían quitar de en medio. Mira lo que queda aun en el corazón que tendríamos que purificar para poder llegar a sentarnos en la mesa de la cena pascual. Con apariencia de algo bueno y bonito, quizá seguimos ocultando miserias en nuestros corazones.

Nos hemos querido sentar a la mesa del banquete pero que no sea solamente desde ese sentirnos llamados por cosas espectaculares, por cosas que brillan como oropeles, pero que no son en verdad el tesoro que ha de llenar nuestro corazón. Cuidado que para muchos la celebración de la pascua se pueda quedar en esos aspectos, mucho brillo, muchas luces, muchas flores, mucha espectacularidad, muchas lágrimas emotivas también, pero que no van realmente buscando el encuentro con el Señor. ¿En qué se nos quedarán muchas de las cosas que hacemos en nuestras celebraciones pascuales?

Como decíamos esta cena de Betania sin ser la cena pascual tenía ciertas connotaciones pascuales, porque como diría Jesús en aquel perfume con que fueron ungidos sus pies había un adelanto de lo que habría de ser su sepultura. Sentémonos hoy en Betania a la mesa con Jesús y que eso nos ayude a prepararnos para la cena pascual.

domingo, 10 de abril de 2022

Ya estamos en Jerusalén, dispongámonos a contemplar ardientemente cuanto sucede para que lleguemos a celebrar la Pascua de Jesús y nuestra pascua

 


Ya estamos en Jerusalén, dispongámonos a contemplar ardientemente cuanto sucede para que lleguemos a celebrar la Pascua de Jesús y nuestra pascua

 Isaías 50, 4-7; Sal 21; Filipenses 2, 6-11; Lucas 22, 14 – 23, 56

Hoy entramos en Jerusalén. Es la subida a Jerusalén tantas veces anunciada por Jesús para la fiesta de la Pascua. Es la culminación del camino que hemos venido realizando de manera especial durante esta Cuaresma. Eso nos propusimos cuando el miércoles de ceniza iniciábamos el camino cuaresmal.

Hoy hemos entrado en la ciudad santa entre las aclamaciones de los que peregrinaban a la ciudad santa para la Pascua que ahora se convirtieron en cánticos de alabanza al que venía en nombre del Señor. Con la alegría de aquellos peregrinos que se asomaban al monte de los olivos y contemplaban desde allí el esplendor y la belleza de Jerusalén, nosotros también aclamamos los hosannas dirigidos a Jesús porque sabemos que sube a la Pascua y nosotros queremos ir con El, queremos vivir también su pascua. Toda esta semana estaremos en la ciudad santa hasta que lleguemos a culminar la celebración de la Pascua.

‘Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros’, nos dice Jesús al comienzo de la cena pascual, nos está diciendo al inicio de esta semana de Pasión que culmina también en la Pascua. Es la intensidad que queremos poner en estos días y en estas celebraciones. Por eso  hoy, en este domingo de Ramos en la Pasión del Señor hemos escuchado ya el relato de la pasión, este año según el evangelista Lucas. Pero no es tiempo solo de escuchar, es tiempo de contemplar.

Nos vamos a situar en ese camino de Jesús y con Jesús queremos recorrerlo, porque sintiendo el paso de Jesús en su pasión podremos contemplar de nueva manera y podremos llegar a contemplar algo nuevo que Jesús nos va a ofrecer; nos vamos a situar en ese camino de pasión porque con Jesús queremos llegar a la vida, a la resurrección; vamos a traer a ese camino todo lo que es el dolor y el sufrimiento de la humanidad porque Cristo quiere recogerlo todo en el cáliz de su ofrenda, porque su pasión es redentora, porque su pasión es nacimiento de nueva vida, es regeneración y redención de esa humanidad desgarrada bajo el peso del yugo del pecado y de la muerte para que haya pascua, para que haya un paso de la muerte a la vida, para que nos llenemos de su salvación.

Contemplemos esos pasos de Jesús desde el Cenáculo hasta el Gólgota; caminemos con El y contemplemos su oracion y su agonía en Getsemaní antes incluso de comenzar físicamente la pasión pero que se va a manifestar en ese sudor de sangre, en esos goterones de sangre que ya se van derramando para llenar ese cáliz de la nueva alianza; sigamos sus pasos ante los distintos tribunales, el Sanedrín o el Pretorio, además de la burla de su presencia ante Herodes; contemplemos a quien presenta Pilatos desde lo alto del Pretorio como aquel en quien no encuentra culpa alguna, pero que lo entregará para que sea conducido bajo el peso de la cruz hasta lo alto del Gólgota.

Acusaciones contradictorias, burlas de la soldadesca o de la corte de Herodes, escarnio de quien es proclamado inocente pero sin embargo condenado al suplicio de la muerte en cruz, lo contemplamos entonces pero lo seguimos contemplando en nuestro mundo tan lleno de falsedad y de mentiras, este mundo que hace chance de todo desde la frivolidad y la superficialidad de la vida, este mundo tan lleno de violencia cuando nos pueden tocar los nudos de nuestro orgullo o los cimientos de vanidad y ambición sobre los que edificamos tantas veces la vida. Es la pasión de Jesús, pero es la pasión que de tantas maneras seguimos construyendo en la vida, sobre la que construimos tantas veces nuestra sociedad.

Seguimos contemplando con toda intensidad el camino de Jesús que conduce a la Pascua que nosotros queremos vivir también ardientemente. Pero entre la crueldad que contemplamos en lo alto del calvario se irán desgranando unas palabras que nos hacen vislumbrar la luz final de la pascua y que van poniendo esperanza en el corazón. A Jesús no le arrancaron la vida, sino que El libremente la entregó por amor. Un amor que se hace perdón y se hace vida, un amor que abre las puertas del paraíso y un amor que nos hace poner toda nuestra confianza en el Señor.

‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen’, poniendo casi como una disculpa para nuestra debilidad y nuestro pecado porque cuando hay amor en el corazón tendemos siempre a la disculpa y a la compasión, porque siempre Dios está confiando y esperando la vuelta del hijo que con su pecado se ha marchado y para el que tendrá siempre los brazos abiertos para ofrecer el perdón. El padre o la madre que ama siempre espera y siempre disculpa porque solo sabe mirar con ojos de amor.

‘Hoy estarás conmigo en el paraíso’, es la gran promesa que nos llena de esperanza. Eran unos malhechores y por eso estaban sufriendo el mismo castigo que el que era inocente y sin embargo hay una palabra de luz, una palabra anuncio de vida, una palabra que nos llena a todos de esperanza. Dios siempre nos abre las puertas cuando volvemos a El, como un padre lleno de amor no cierra nunca las puertas al hijo que vuelve a casa.

‘Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu’. Fueron sus palabras finales, es la consumación de la ofrenda, es el sentido profundo de cuanto ha sucedido. Si tanto había amado Dios al mundo que le había entregado a su Hijo único, es el momento en que el Hijo se pone en las manos del Padre. ‘Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad’, fueron sus palabras a la entrada en el mundo y ahora se ha consumado la ofrenda de amor. El amor que ha dado sentido a todo el sufrimiento, pero el amor que nos ha redimido de todo sufrimiento; es el amor que sublima nuestra vida, es el amor que nos da fuerza para seguir caminando a pesar de tanta debilidad como mostramos en la vida, es el amor que nos hace encontrar el perdón que recibimos pero el perdón que también generosamente nosotros estamos dispuestos a ofrecer, es el amor que sana todas las heridas y nos abre todas las puertas.

Por eso en medio de tanto dolor y sufrimiento hemos podido ir viendo diferentes gestos de amor; son las mujeres que lloran al paso del cortejo que conduce el patíbulo; es la ayuda que se le ofrece en aquel cireneo que cargará también con la cruz de Jesús - ¿habrá cireneos en el mundo para cargar la cruz de los demás? -; es el gesto valiente de aquel hombre bueno, aunque miembro del Sanedrín ahora ofrece una sepultura para el cuerpo muerto de Jesús, para que no quedara roto y desgajado colgando del madero aquel sábado de pascua que era tan importante; son las mujeres que están pendientes, aunque a lo lejos porque no las dejan acercarse, pero que prepararán los aromas para pasado el sábado venir a embalsamar debidamente el cuerpo muerto de Jesús.

¿Serán caminos que se nos abren para ofrecer esos mismos gestos de amor en este mundo nuestro tan roto y tan dolorido? Sigamos contemplando y dejemos que el corazón vaya dando respuestas de amor. Así podremos llegar a vivir la pascua en plenitud. Ya estamos en Jerusalén, celebremos en verdad la pascua de Jesús.