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sábado, 6 de noviembre de 2021

Una vida que vamos construyendo en esas pequeñas cosas de cada momento, como un mosaico realizado de pequeñas piezas pero cuando vemos el conjunto admiraremos su belleza

 


Una vida que vamos construyendo en esas pequeñas cosas de cada momento, como un mosaico realizado de pequeñas piezas pero cuando vemos el conjunto admiraremos su belleza

 Romanos 16,3-9.16.22-27; Sal 144; Lucas 16,9-15

Eso no tiene importancia, total es una cosa tan pequeña… habremos dicho en alguna ocasión o nos habrá dicho algo cuando nos ha visto preocupados por algo que pudiera parecer insignificante. Pero la playa está hecha de minúsculas arenas y si las descartamos a todas por parecernos tan insignificantes nos quedaríamos sin playa. Pudiera parecer una exageración pero si nos ponemos a pensar un poquito encontramos la razón. La vida está hecha de pequeños momentos, de pequeños gestos; la vida no son solo los momentos grandiosos y espectaculares, sino que está en el día a día y el día a día lo vivimos desde esas pequeñas cosas que tenemos que realizar o con las que nos encontramos.

Algunas veces quizás nos cuesta más realizar esas pequeñas cosas que las que nos parecen grandes; depende de la ilusión que vayamos poniendo en la vida y en lo que hacemos, y si nos damos cuenta de que las grandes obras se realizan a partir de pequeñas cosas. Por otra parte cuando se trata de superarnos y crecer para ser alguien en la vida, pensamos que cuando lleguen esos momentos importantes sabremos dar el callo, pero si no nos hemos entrenado en esas pequeñas cosas no sabremos hacer las grandes, si no hemos tenido la valentía de superarnos en pequeñas cosas que nos costaba realizar, cuando venga lo que es más difícil y costoso no seremos capaces de realizarlo.

Hoy nos lo dice Jesús. ‘El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto’. Nos está hablando en este caso del valor de las cosas materiales, del valor de las riquezas. Esos medios materiales que tenemos que usar en la vida, porque es el intercambio de las cosas, es lo que nos va haciendo vivir materialmente, por así decirlo, mejor o al menos para tener una subsistencia digna.

Quizás la necesidad que tenemos de usar esos medios, porque así además nos hemos construido la sociedad y las relaciones entre unos y otros, pudiera llevarnos a darle una importancia absoluta a la posesión de esos medios; es de lo que nos quiere prevenir Jesús, no podemos convertirlos en centro y motivo de nuestra existencia, aunque tengamos que trabajar para obtenerlos porque en ello está una garantía de nuestra subsistencia. Y es ahí en esas cosas donde hemos de saber mantener nuestra fidelidad en el buen uso que hagamos de esos bienes materiales, que nunca podremos convertir en dioses de nuestra vida.

Porque ese es el peligro. Por eso nos dirá tajantemente que no podemos servir a Dios y al dinero. ‘Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero’. Nos previene contra la codicia, como ya en otros momentos del evangelio nos repetirá. Ese afán de tener y de poseer que nos ciega y que nos esclaviza. Recordamos aquella parábola del hombre que obtuvo una gran cosecha de manera que tuvo incluso que hacer más grandes sus graneros y bodegas, y ya pensaba que podía vivir feliz para siempre porque poseía todas las riquezas, pero aquella noche murió. ¿De qué le sirvió todo aquello que poseía y que él creía que ya era su felicidad total?

Aprendamos a manejar todas esas cosas incluso de índole material de las que tenemos que valernos en la vida – porque además ahí manifestamos donde está nuestra responsabilidad – y aprenderemos a manejarnos a nosotros mismos; y cuando digo manejarnos a nosotros mismos quiero decir cómo tenemos que saber buscar en la vida lo que engrandece a la persona, lo que nos lleva a vivir con mayor dignidad, a mostrar la verdadera madurez que llevamos en el corazón.

Una vida que vamos construyendo día a día, minuto a minuto en esas pequeñas cosas que en cada momento vamos realizando. Como un mosaico realizado de pequeñas piezas pero cuando vemos el conjunto admiraremos su belleza. Una vida que no está hecha sólo de cosas materiales sino que hay algo dentro de nosotros que nos trasciende y que nos eleva, que le da una verdadera espiritualidad a nuestra vida haciendo resplandecer los verdaderos valores espirituales de la persona.

Una vida que se llena de esperanza y se abre a la eternidad, una vida que tiene que abrirse de verdad a Dios. El es el único Señor de nuestra vida, quien llena de sentido nuestra existencia y nos inunda de plenitud.

viernes, 5 de noviembre de 2021

La astucia que se nos pide es que si nosotros consideramos tan importante el reino de Dios, todo en la vida tendría que centrarse en él buscando guardar nuestro tesoro en el cielo

 


La astucia que se nos pide es que si nosotros consideramos tan importante el reino de Dios, todo en la vida tendría que centrarse en él buscando guardar nuestro tesoro en el cielo

Romanos 15,14-21; Sal 97;  Lucas 16,1-8

Guardarse las espaldas, decimos cuando ante una situación comprometida tenemos, como quien dice, un as en la manga, una respaldo aparentemente oculto quizá, pero que sabemos que está ahí y que nos va a servir cuando quizás nos pidan cuentas por lo que hemos hecho. Hay gente que es muy especial en esto de guardarse las espaldas, por su astucia, por la habilidad con que manejan las cosas, las situaciones, incluso, hemos de reconocerlo, hasta a las personas. Y siempre sabrán salir adelante, de alguna manera se sienten protegidos.

¿Quién nos guarda las espaldas a nosotros? ¿Seremos capaces de arriesgar en situaciones conflictivas, expresar claramente lo que hacemos o lo que pensamos? Según sean quizás las cosas que nos intereses, sabremos quizás callarnos a tiempo, hacer un favor en un momento determinado para saber que contamos con alguien. Pero ¿significará eso sinceridad en la vida? ¿Significará que sabremos afrontar las cosas de frente – valga la redundancia – para asumir bien las responsabilidades de lo que hacemos, de nuestra manera de actuar o de los pensamientos que tengamos?

Es una cuestión difícil que se nos plantea, porque nunca queremos salir perjudicados; muchas veces queremos nadar entre dos aguas, y no nos manifestamos claramente por lo que realmente pensamos, sino que como se dice ahora hacemos lo políticamente correcto, que habría que pensar si es lo éticamente correcto. Nos hace falta definirnos, aclararnos, expresar con valentía que lo que pensamos, lo que decimos que son nuestros principios. Esto da para mucho pensar, para mucho reflexionar sobre nuestra manera de actuar.

Todo esto me estoy planteando reflexionando en voz algo, como quien dice, a raíz de lo que hoy se nos cuenta en el evangelio. Una parábola que siempre nos resultar difícil comentar. Un administrador que no ha realizado bien su trabajo y al que le piden cuentas; sabe que la cosa está mal y se va ver en la calle, y quiere guardarse las espaldas, haciendo favores a aquellos que le deben a su amor y sobre todo a causa de sus malas cuentas, de su mala administración. Al final parece que cuando le echen por mal administrador va a tener donde refugiarse. Y la parábola que nos desconcierta termina con una sentencia que es clave. El amo felicitó al administrador no porque lo hubiera hecho mal, que eso parece que se da por sentado, sino por la astucia con que actuó. Y así termina diciéndonos Jesús que los hijos de las tinieblas con más astutos que los hijos de la luz.

¿Por donde tiene que ir nuestra astucia? ¿Por actuar con trampa para guardarnos las espaldas? La astucia que se nos pide es que si nosotros consideramos tan importante el reino de Dios que Jesús nos anuncia, tendríamos que buscar todos nuestros recursos humanos, toda esa inteligencia que decimos que tenemos para buscar y alcanzar lo que verdaderamente es importante. Pero bien sabemos cómo nos cegamos y quizá queremos guardarnos las espaldas en lo humano para seguir ahora con nuestras mezquindades, para seguir con la superficialidad con que vivimos, para dejarnos arrastrar por los cantos de sirenas que nos quieren encantar con felicidades fáciles, y no buscamos lo que verdaderamente nos daría la autentica felicidad, la que nos conduciría de verdad a la vida eterna y felicidad total.

Nos dirá Jesús en otra ocasión que busquemos el Reino de Dios y su justicia que lo demás se nos dará por añadidura. Ojalá supiéramos escucharlo. Nos dirá que no guardemos tesoros en vasijas de barro que se pueden romper, que no guardemos riquezas ni tesoros donde un día nos pueden fallar, donde nos los pueden robar, sino que guardemos nuestro tesoro en el cielo. Muchos pasajes del evangelio tendríamos que saber escuchar.

jueves, 4 de noviembre de 2021

Aprendamos de Jesús que no le importaba que publicanos y mujeres pecadoras le siguieran porque a todos aceptaba y de la misma manera a todos se acercaba

 


Aprendamos de Jesús que no le importaba que publicanos y mujeres pecadoras le siguieran porque a todos aceptaba y de la misma manera a todos se acercaba

Romanos 14, 7- 12; Sal 26;  Lucas 15, 1-10

Mira con quién andas, quizás nos recomendaron cuando éramos muchachos en el buen deseo de que no nos rodeáramos de malas compañías, y quizás pueda ser la recomendación que nosotros hagamos también. Pero el sentido de esta frase puede tener también otras connotaciones, cuando nos señalan o nosotros señalamos a alguien por la gente de la que nos rodeamos o de la que se rodea a quien nosotros ya ponemos en entredicho. Puede tener una carga de discriminación y de desprecio, porque no queremos que nos vean con toda clase de gente, o juzgamos a alguien simplemente muchas veces por las apariencias. Y no es menos cuando prejuzgamos y condenamos a las personas.

Le pasaba a Jesús a quienes muchos andaban prejuzgando porque se rodeaba de toda clase de personas. Siempre habrá algún puritano en la vida que estará queriendo mirar con lupa la vida de los demás y nos estará mirando también según la clase de personas a las que frecuentemos. Y muchas veces también en la vida queremos ir haciendo alardes de personas rectas y respetables y puede ser que no queramos que nos vean con toda clase de personas. Pero eso no es el estilo de Jesús ni puede ser el estilo de quienes nos decimos seguidores de Jesús.

A Jesús se acercaban todos. En Jesús no había ningún tipo de discriminación; no le importaba que entre sus seguidores hubiera publicanos y mujeres pecadoras, y a todos aceptaba y dejaba que se acercaran a El, como de la misma manera El se acercaba a todos. Es a lo que nos hace referencia el evangelio de hoy. ‘Solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo: Ese acoge a los pecadores y come con ellos…

Son posturas, gestos, actitudes que veremos repetidamente en el evangelio. Va a hospedarse a casa de Zaqueo el publicano; deja que una mujer pecadora se acerque a sus pies para lavárselos con sus lágrimas y ungirlos con caro perfume; asistirá al banquete que hace Leví cuando Jesús lo llama a seguirle y no le importa que en la mesa se sienten también los publicanos recaudadores de impuestos amigos de Leví; defenderá a la mujer adultera que están condenando a ser apedreada; ahora vemos que son muchos los pecadores, los publicanos, que se acercan a Jesús y motiva el comentario, como en otras ocasiones, de los fariseos contra Jesús. ‘Ese acoge a los pecadores y come con ellos’.

Ya en otro momento había dicho que el médico no es para los sanos sino para los que están enfermos y el Hijo del Hombre, nos viene a decir hoy con sus parábolas, ha venido a buscar la oveja perdida, a rebuscar en la casa hasta encontrar la moneda extraviada. ¿Y no vale más una persona que buscamos para llevar a buen camino que una oveja o una moneda por muy preciosa que sea? Es la alegría del pastor, es el gozo de la mujer que comparten con todos lo que han sentido cuando se han encontrado con lo perdido; es el gozo del cielo por un solo pecador que se convierta.

Es la misión y la tarea de la Iglesia. El anuncio de la buena nueva de Jesús no tiene otro objetivo que hacer comprender al pecador que Dios le ama y que merece la pena la vuelta atrás del camino que estamos haciendo para volver a encontrarnos con el Padre que nos ama y que nos espera con los brazos abiertos. Es lo que cada uno de nosotros tendría que sentir en su interior y es la búsqueda que siempre tendremos que estar haciendo para que todos vayan de nuevo al encuentro con Jesús. ¿En verdad será algo que nos preocupa? Una pregunta que tenemos que tomarnos muy en serio.

Pero han de ser también las actitudes nuevas que nosotros hemos de saber tener para que nunca discriminemos, para que nunca rehuyamos la presencia de nadie a nuestro lado, para que seamos nosotros los que vayamos al encuentro de esos que otros consideran unos perdidos y de los que todos se alejan, para que nunca miremos por encima del hombro a ninguna persona ni la prejuzguemos por su apariencia ni la marquemos con el sambenito que nunca quitamos de sobre su cabeza por lo que haya hecho.

Cuidado que esas malas actitudes de prejuicios, de discriminaciones y de condenas muchas veces se nos pueden meter incluso en cualquier esquina de la Iglesia. ¿Has pensado como se puede sentir esa persona a la que desprecian o a la que no permiten ciertas actividades en la Iglesia por algo que en algún mal momento de su vida haya podido hacer? muchas personas con esas heridas caminan por el mundo y por la Iglesia.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

No olvidemos el valor que la fe dará a nuestra vida llenándola de profundidad y haciendo cada vez más hermoso el amor que le tenemos a los demás

 


No olvidemos el valor que la fe dará a nuestra vida llenándola de profundidad y haciendo cada vez más hermoso el amor que le tenemos a los demás

Romanos 13, 8-10; Sal 111; Lucas 14, 25-33

‘Cada cosa en su sitio’, es una frase con lo que habitualmente queremos manifestar que es necesario un orden, para ‘poner las cosas en su sitio’, para darle importancia primaria a lo que verdaderamente lo tiene y sin mermar la importancia de las demás cosas cada cual tenga su sitio, su lugar propio; por eso solemos terminar esa frase diciendo y ‘un sitio para cada cosa’.

Como comprenderéis no estamos aquí dando lecciones de cómo ordenar nuestro cuarto, nuestra biblioteca, nuestros armarios o el cajón de las herramientas, por mencionar algunos sitios. Creo que entendemos que el sentido de lo que estamos diciendo va más allá de lo material y será algo que afecte a nuestra vida, a nuestros principios, a nuestros valores, o a aquello a lo que en verdad queremos dedicar nuestra vida.

Es en lo que Jesús quiere hoy hacernos reflexionar en el evangelio que se nos ha ofrecido. Y nos habla del que quiere construir una torre como del rey que con sus ejércitos quiere hacer frente a sus posibles enemigos. Pensar en lo que tengo, o mejor, pensar en lo que soy y cuando estoy hablando de lo que soy estoy hablando profundamente de esos valores que tengo en la vida, como estoy hablando de las cualidades que acompañan mi existencia con las posibilidades de crecimiento de mi mismo y de una maduración que me conduzca a mayor plenitud de vida.

Algunas veces no llegamos a saber lo que valemos; quizás vamos arrastrados por la inercia de la vida, de lo que va saliendo en cada momento y no hemos llegado a descubrir nuestras verdaderas posibilidades; quizá cuando tenemos que enfrentarnos a momentos difíciles y duros y nos damos cuenta de que tenemos que salir adelante es cuando llegamos a darnos cuenta de lo que hay en nosotros y hasta dónde podríamos llegar.

Precisamente cuando estaba preparando esta reflexión cayó en mis manos un pequeño video en el que se mostraba como un hombre que tenía su trabajo en una empresa y se consideraba ya seguro para la vida, de la noche a la mañana se quedó sin empleo; hundido no sabía qué hacer, pero accidentalmente viendo la actividad de otras personas como él, se dio cuenta de que podía emprender otras tareas, abrir otros caminos para su vida y con esfuerzo y tesón logró en pocos años levantarse del hundimiento que llegó a vivir para tener sus propias empresas logrando una vida más floreciente que la que tenía. La dificultad no le arredró, sino que le hizo pensar en sí mismo, en su capacidad para salir adelante y lo logró.


Dios quiere siempre abrir caminos delante de nosotros, aunque haya momentos en que parezca que pasamos por túneles oscuros; pero el afán de superación, el ser capaz incluso de renunciar a algo que nos parecía bueno por conseguir algo mejor nos hace abrirnos a nueva vida. Y de eso nos está hablando Jesús, cuando nos dice que tenemos que ser incluso capaces de negarnos a nosotros mismos, porque no es nuestro yo o nuestro capricho lo que tiene que prevalecer, hay algo más grande a lo que podemos aspirar. Significará cruz, sacrificio, esfuerzo, pero significará ir al encuentro con la vida, porque sabemos que detrás de la cruz viene siempre la resurrección.

Cada cosa en su sitio, comenzábamos hoy diciendo en nuestra reflexión. Y ¿qué lugar ocupa Dios en mi vida? ¿Qué valoración hago de mi fe? ¿De qué manera mi fe está iluminando mi vida para darle un nuevo sentido, el sentido de Cristo y entonces pueda decir que es una vida cristiana? Es lo que va a ser el motor de mi vida, es lo que dará profundidad a todo cuanto hacemos, es lo que hará que el amor que tengamos a nuestros seres queridos, pero también a cuanto nos rodean sea cada vez más hermoso.

martes, 2 de noviembre de 2021

Un corazón lleno de esperanza, porque esperamos que un día también nosotros podremos vivir esa plenitud en Dios cuando acabemos la carrera por este mundo

 


Un corazón lleno de esperanza, porque esperamos que un día también nosotros podremos vivir esa plenitud en Dios cuando acabemos la carrera por este mundo

Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7; Sal 24; Filipenses 3, 20-21;  Juan 11, 17-27

‘Es una idea piadosa y santa rezar por los que han muerto para que sean liberados del pecado’. Es lo que hacemos de manera especial estos días, es lo que hace la Iglesia siempre. Es el consuelo que anima nuestra fe y nuestra esperanza, es lo que nos hace superar los momentos duros y difíciles de la separación por la muerte de los seres queridos, es lo que nos hace pensar en la trascendencia de nuestra vida.

Pero algunas veces cuesta. Ya sabemos también lo que hay en nuestro entorno, no siempre se vive con esa esperanza y con esa trascendencia. Para muchos parece que la vida se termina en una nada cuando no hay ninguna otra esperanza. Y estoicamente sufrimos el desgarro que supone en el alma toda muerte o nos dejamos hundir y ahogar en las desesperanzas y en las angustias llenando de amargura la vida que no encuentra caminos para superarla. Pero siempre en el fondo del corazón del hombre hay un ansia de plenitud que no se puede acabar en la muerte. Para muchos quizás sea un más allá lleno de vació y como en la nada, o nos encontraremos también en quienes piensan en transformaciones en otros seres de una cadena sin fin. Pero ¿Dónde quedaría entonces nuestro yo personal?

La fe viene a iluminar nuestra vida, nos dará un sentido de trascendencia no a la nada sino a una vida de plenitud; la fe nos hace descubrir esa luz que está al final del camino para hacernos vivir en una luz de plenitud total que solo en Dios podemos encontrar. Y ahí escuchamos, entonces, las palabras de Jesús que nos habla de llevarnos con El, para que en vivamos y vivamos en plenitud para siempre. ‘Me voy a prepararnos sitio para que donde yo estoy estéis también vosotros’.


Por eso Jesús no nos habla de abismos de vacío, sino de estancias donde en El podamos vivir para siempre. ‘Él transformará nuestro cuerpo humilde, según el modelo de su cuerpo glorioso’, que nos decía san Pablo. Por eso Jesús no nos hablará de reencarnación sino de hacer que ese yo de nuestra persona viva para siempre, nos habla de resurrección, nos habla de vida eterna. ‘Yo soy la resurrección y la vida el que cree en mi vivirá para siempre’, nos dice. Y nos invita a confiar en El, a creer en su palabra.

Lloramos quizás ante la muerte porque nuestros ojos no ven; nos podemos angustiar ante la muerte cuando nuestra fe y nuestra esperanza se ha debilitado, pero nunca podemos caer en la desesperación porque en Jesús encontraremos el consuelo que necesitamos en lo más hondo de nosotros mismos. Es cierto que no queremos arrancarnos del lado de aquellos a los que amamos, y por eso la muerte nos hace llorar y nos hace sufrir, pero con la esperanza puesta en las palabras de Jesús sentiremos que ahora podemos vivir en una comunión nueva y distinta con aquellos que amamos y que han muerto para los ojos de este mundo, pero que tenemos la esperanza de que vivan en Dios. Sin con Dios nos sentimos en comunión, desde esa misma comunión nos sentiremos en comunión también con los que han muerto.

Por eso nuestra oración tiene sentido y se llena de valor. No olvidemos ese artículo de nuestra fe que recitamos en el credo cuando decimos que creemos en la comunión de los santos, en la resurrección de la carne y en la vida del mundo futuro. Es mucho más que unos vasos comunicantes, pero nos puede valer el concepto como ejemplo; todos nos sentimos unidos en una misma comunión, y lo que es de cada uno es de todos, las obras de gracia que personalmente realizamos están también en beneficio y provecho de los demás; por eso nuestras oraciones y nuestras ofrendas tienen sentido, por eso oramos por los difuntos y ofrecemos lo mejor de nosotros mismos para que ellos se llenen de la vida de Dios para siempre.

En este día tan especial en que hacemos esa conmemoración de los fieles difuntos y en nuestras buenas prácticas piadosas nos sentimos impulsados a ir a las tumbas de nuestros seres queridos en los cementerios para llevar la ofrenda de una flor y para elevar una oración al Señor, hemos de hacerlo con todo sentido. Es el regalo de amor que en nuestro recuerdo les queremos hacer desde esa comunión nueva y tan intensa que ahora podemos vivir con ellos en virtud de la comunión de los santos, como hemos venido reflexionando.

Que tenga un sentido profundo lo que estos días hacemos, que nuestro corazón esté rebosante sí de amor, pero también lleno de esperanza, porque esperamos que un día también nosotros podamos vivir esa plenitud en Dios cuando acabemos la carrera por este mundo que algunas veces se nos hace tan dura. Allí no habrá ni llanto, ni luto, ni dolor porque este primer mundo ha pasado y entonces esperamos poder vivir la plenitud de los vencedores participando de la gloria del Señor.

lunes, 1 de noviembre de 2021

Celebramos a los que antes que nosotros o ahora a nuestro lado han ido haciendo un mundo mejor lleno de amor, poniendo esperanza y trascendencia en nuestros corazones

 


Celebramos a los que antes que nosotros o ahora a nuestro lado han ido haciendo un mundo mejor lleno de amor, poniendo esperanza y trascendencia en nuestros corazones

Apocalipsis 7, 2-4. 9-14; Sal 23; 1Juan 3, 1-3; Mateo 5, 1-12a

Celebramos la fiesta de Todos los Santos, y sin querer entrar en las confusiones que habitualmente se originan en muchas personas sencillas por la cercanía la Conmemoración de los Fieles Difuntos que celebraremos mañana, fácilmente en nuestra imaginación entran todos los santos que ya llevan ante si el epíteto de santo, porque hayan sido reconocidos como tales por la Iglesia, los santos canonizados; quizá podríamos pensar que como son tantos y no hay un día al año para cada uno, ahora los unimos todos en una sola fiesta, los conozcamos o no los conozcamos.

La celebración de este día va mucho más allá de esas imaginaciones nuestras porque queremos pensar en todos los que han recorrido la historia antes que nosotros con una vida de santidad, llena de fidelidad y de amor aunque oficialmente no se les haya reconocido en una canonización por parte de la Iglesia; y dándole un sentido profundo a esta celebración podremos pensar en los que al lado nuestro hacen también esos caminos de santidad.

No tenemos necesariamente que pensar en personas que hacen cosas maravillosas y portentosas acompañadas de milagros, sino en aquellos que la maravilla de su vida es que en la sencillez de la vida de cada día han vivido y viven de forma extraordinaria su fidelidad y su amor en el más puro sentido y estilo evangélico. Han sabido desprenderse de vanidades y de grandilocuencias para poner amor en cada una de esas cosas pequeñas que cada día les ha tocado vivir; son los padres que viven con una entrega grande y sacrificada la preocupación por los hijos y por la familia y se desviven en el trabajo de cada día para desarrollar su responsabilidad, para ser espejo en el que se miren sus hijos, para pacientemente ir sembrando cada día amor y bellos valores en todos los que están a su lado.

Son los que sienten la responsabilidad de la vida y del mundo en el que viven, allí donde desarrollan sus responsabilidades y donde conviven con los demás y se convierten en sembradores de paz con la mansedumbre de su corazón, buscando siempre el encuentro y el diálogo, fomentando una convivencia pacífica y llena de armonía, queriendo lograr la colaboración entre todos por hacer un mundo mejor y siendo capaces de sacrificarse por ese bien que quieren para cuantos están a su lado.

Son los que no pierden la alegría y la esperanza a pesar de las estrecheces y limitaciones por las que puedan pasar en la vida, los que arrancan todo tipo de amargura de su corazón, los que no se dejan malear por la malicia que puedan encontrar a su alrededor, los que se sobreponen a los problemas y dificultades haciendo que nunca falte la paz en sus corazones para poder contagiarla a los demás.

Son los que veremos siempre con un corazón limpio y puro, arrojando lejos de si toda malicia y toda desconfianza, alejando se sus corazones rivalidades y envidias, sabiendo contar con todo lo bueno que venga de los otros sean quienes sean, porque no serán capaces de hacer discriminaciones ni desprecios a quienes consideran siempre como unos hermanos con los que caminar juntos.

Qué a gusto nos sentimos a su lado, cómo se presencia se convierte en estímulo para nuestras luchas personales, cómo nos sentimos arrastrados por esa alegría que siempre se desprende de sus corazones llenos de esperanza.

Son aquellos que con un corazón lleno de misericordia y compasión son capaces de derramar una lágrima de compasión ante el dolor o la injusticia, los que están siempre dispuestos para el servicio, poniendo una mano allí donde haga falta, aquellos que saben sentir el dolor y el sufrimiento de los demás como algo propio, aquellos que nunca se quedan con los brazos cruzados allí donde hay una necesidad y surge un problema, aquellos que no hacen distinción entre amigos o conocidos porque todos, sean de la condición que sean, serán un ser humano que merecer vivir en humanidad y al que sentirán siempre como un hermano al que hay que amar.

Son aquellos que nunca pierden la esperanza porque saben bien en quien ponen el apoyo de su vida porque se confían totalmente de Dios a quien quieren escuchar en el silencio de su corazón; son los que no pierden la sonrisa que brota de su corazón porque se sienten amados de Dios y llenos de su Espíritu que es el que les da fuerza.

Son muchos así los que podemos encontrar haciendo camino a nuestro lado; muchas veces nos pasarán desapercibidos, pero también nuestra mirada limpia puede ser capaz de descubrirlos y aprender a valorarlos. Y hoy los queremos tener en cuenta, los que han caminado antes que nosotros o los que ahora caminan a nuestro lado y van haciendo un mundo mejor, más lleno de humanidad, haciendo que resplandezca el amor y sembrando así esperanza en nuestros corazones. Son los que han hecho vida en su vida el espíritu de las Bienaventuranzas de las que nos habla Jesús en el evangelio.

 Por eso esta fiesta de Todos los Santos es para nosotros una fiesta de esperanza y un aliciente para nuestro camino que tantas veces nos cuesta recorrer. Sintamos estimulados por su ejemplo; sintamos que se eleva nuestro espíritu en deseos de cielo y de eternidad gozosa junto al Señor; contemplamos y celebramos a esa muchedumbre inmensa que nadie podría contar, pero entre los que nosotros esperamos encontrarnos un día; damos gracia a Dios por esas personas que en su sencillez y en la pureza de su corazón nos siguen haciendo presente a Dios en nuestro mundo tan necesitado de Dios; con ellos queremos cantar para siempre, con esos coros celestiales, la gloria del Señor.

domingo, 31 de octubre de 2021

No es un tatuaje que llevemos en alguna parte del cuerpo, es algo que llevamos grabado en el corazón, que el amor al prójimo dará credibilidad al amor que tenemos a Dios

 


No es un tatuaje que llevemos en alguna parte del cuerpo, es algo que llevamos grabado en el corazón, que el amor al prójimo dará credibilidad al amor que tenemos a Dios

Deuteronomio 6, 2-6; Sal. 17; Hebreos 7, 23-28; Marcos 12, 28b-34

No es raro que a cada paso que demos nos encontremos con un joven – o no tan joven muchas veces hay que decirlo también – que lleva tatuajes grabados en su cuerpo, brazos, pecho, espaldas, piernas de su personajes favoritos, de lemas o frases que le han llamado la atención y poco menos que ponen como metas de su vida, o de las cosas más insólitas. A los más mayores nos llama la atención, pensamos en cosas o locuras de jóvenes, pero son modas que se van extendiendo más y más. ¿Nos tienen que llamar la atención? ¿Pasamos de esas cosas que consideramos pasajeras porque otras modas vendrán? Pero ahí están y a la larga no son cosas tan modernas, que en otras épocas había costumbres con un significado bastante parecido.

Bueno, si prestamos atención a lo que hemos escuchado en el libro del Deuteronomio Moisés le dice al pueblo de parte del Señor que las palabras que ha escuchado – se refiere a los mandamientos – los lleve grabados en el corazón. Pero si cogemos el testo en su contexto les dirá que estas palabras estén siempre presentes en su frente, presentes ante sus ojos y bien sabemos de la costumbre de las filacterias que eran aquellas franjas de tela que ceñían su frente o colgaban de sus brazos donde estaban escritas las palabras de la ley del Señor, para dar así cumplimiento (¿?) a las palabras de Moisés.

Palabras grabadas en el corazón, es algo más hondo que un tatuaje externo, porque es tatuar en nuestro corazón la ley del Señor, los mandamientos de Dios. y bien sabemos que estas palabras que hoy escuchamos en el Deuteronomio eran palabras aprendidas de memoria por todo buen judío que repetía al entrar o salir de casa, al ponerse en camino o al emprender cualquier tarea como si fuera una oracion al Señor. Ahí en la puerta estaban grabadas esas palabras o escritas en un pequeño rollo que pendía de la puerta de entrada de toda casa judía.

¿Llevamos nosotros grabadas en el corazón las Palabras del Señor, el mandamiento del Señor? De más pequeños aprendimos en la catequesis los mandamientos que recitábamos de memoria y que sería incluso exigencia básica para poder acceder a los sacramentos de la inacción cristiana; pero quizás se nos hayan quedado en la lejanía de nuestra niñez y de la catequesis que entonces recibimos y ya no solo no los tengamos en la memoria – todo lo olvidamos, al menos lo que nos interesa menos – pero peor aun que no los tengamos grabados en el corazón.

Nos sorprende quizá en el evangelio que un escriba, que era un experto en la ley del Señor, venga a preguntarle a Jesús por el primer mandamiento. Sabemos que en ocasiones vendrán algunos a poner a prueba a Jesús, a hacerle pasar un examen para ver si lo que Jesús está enseñando está conforme con la ley de Moisés. Pero no vamos a pensar hoy así de este escriba que quizás lo que quiera es entrar en diálogo con Jesús y que nos puede ayudar a nosotros también a profundizar en lo que es el verdadero mandamiento del Señor.

Quizás sea también la pregunta que nosotros tengamos que hacernos. A nosotros mismos y a Jesús, ¿por qué no? ‘¿Qué mandamiento es el primero de todos?’ ¿Cuál es el primer mandamiento? Quizás podamos responder todos a uno conforme aquello que un día aprendimos ‘amarás a Dios sobre todas las cosas’. Es lo que recuerda Jesús que estaba escrito en el libro del Deuteronomio: ‘Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser’. Pero Jesús viene a decirnos, a recordarnos algo más. ‘El segundo es este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos’.

‘No hay mandamiento mayor que estos’, concluye Jesús. El amor de Dios sobre todas las cosas, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser… pero nos está diciendo Jesús que no podemos amar a Dios de esta manera si no llenamos de verdad de amor nuestro corazón para con todos. El amor a Dios tiene que ser también amor a los hermanos, porque entonces no habría amor verdadero. ¿Cómo amamos al padre y no amamos a los hijos?

Es el mandamiento que nos ha dejado Jesús, que con el mismo amor que El nos ama, amemos a los demás; que con el mismo amor que le amamos a El, amemos a los demás; que no podremos decir que le amamos a El si no amamos a nuestro prójimo. El amor que le tenemos al prójimo será el criterio de credibilidad del amor que le tenemos a Dios. ‘Amar al prójimo como uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios’, concluye aquel escriba a las palabras de Jesús. Por eso Jesús le dirá que ‘no estás lejos del Reino de Dios’.

¿Será eso en verdad lo que llevamos grabado en el corazón? Hablábamos al principio de cómo los jóvenes visualizan sus preferencias y sus gustos en los tatuajes que se hacen en las diferentes partes del cuerpo, ¿cómo estaremos nosotros visualizando el amor que le tenemos a Dios?