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miércoles, 15 de julio de 2026

Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 


Olfato para percibir el actuar de Dios, mirada creyente y contemplativa para leer que en lo pequeño y en lo sencillo también se nos manifiesta Dios

 Isaías 10, 5-7. 13-16; Salmo 93; Mateo 11, 25-27

Algunas veces parece que solo vemos lo que tenemos, como solemos decir, en la punta de la nariz, lo que más brilla o lo que nos llama la atención por lo portentoso o nos parece más maravilloso, igual que ponemos filtros desde nuestros intereses o nuestras ambiciones, aquellas cosas que más nos complacen o simplemente de lo que nos produce envidia de lo que vemos en los demás.

Tener una mirada objetiva también nos cuesta, limpiar los filtros de nuestros ojos para ver con claridad no es fácil, pero no podemos olvidar que hemos de tener sin embargo ojos de discernimiento para saber descubrir lo mejor que quizás no está en eso aparatoso que nos encandila, para ir más allá de esos intereses o ambiciones, para saber escuchar con el corazón o ver lo maravilloso de las cosas pequeñas.

Estamos haciéndonos una reflexión en principio desde unas categorías o unos valores humanos que nos ayudan a ese crecimiento y maduración como personas en lo que todo tendríamos que estar empeñados. Pero como creyentes hemos de saber dar un paso más. Es a lo que nos está invitando Jesús hoy en este pasaje del evangelio. Jesús está haciendo una lectura orante con lo que está sucediendo con su presencia, con los signos que realiza y con la Palabra que anuncia, con la respuesta incluso que va encontrando y que hace sentir la acción de Dios en medio de su pueblo.

Le escuchamos cómo da gracias al Padre que se está revelando en los sencillos y que son precisamente los pequeños y los sencillos los que están más abiertos al misterio de Dios. ‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños…’ Muchos comentarios nos hemos hecho en diversas reflexiones sobre estas palabras de Jesús. No los que aparentan más sabios son los que se abren al misterio de Dios; los pequeños y los sencillos desde su pobreza y su humildad tendrán, podríamos decirlo así, mejor olfato para percibir el misterio de Dios que se revela.

Una hermosa lección para nuestra vida para que aprendamos a tener esa mirada de Jesús y sepamos ver en lo pequeño y lo sencillo, los que nos puede parecer humilde e insignificante un signo de esa llamada de Dios; que sepamos discernir lo que sucede alrededor, los acontecimientos de la historia de cada día, lo que escuchamos desde las noticias que recibimos o de lo que comparten con nosotros, para no dejarnos impresionar fácilmente ni dejarnos confundir, para mantener nuestra propia serenidad, para sacar todo lo bueno que podamos. Llegar a percibir como en lo pequeño de la vida cotidiana se va manifestando el actuar de Dios.

No es pues una mirada cualquiera, una mirada superficial, es una mirada con hondura que nos hace trascender con mirada contemplativa la realidad; por eso decíamos que no nos podemos quedar en lo que está en la punta de la nariz, ni solo lo que brilla o nos pretenden quizás imponer; necesitamos en la vida ser reflexivos y contemplativos, no perder la serenidad y la paz porque nos dejemos arrastrar por las prisas y las carreras de la vida, ir rumiando serenamente lo que vemos o nos va sucediendo. Es también una apertura a una trascendencia espiritual para no quedarnos solo en lo material que por muy bueno que sea nos puede también confundir, una apertura al misterio y a lo sobrenatural para llegar a descubrir la presencia de Dios en nuestra vida.

Que tengamos ese olfato, como decíamos, para percibir esa presencia de Dios, que tengamos esa mirada luminosa para ver el actuar de Dios, que tengamos esa sensibilidad para leer esos signos de los tiempos que en nuestra historia nos ayuden a descubrir lo que Dios quiere.

miércoles, 29 de abril de 2026

Aprendamos la sabiduría de Dios aprendamos a saborear la mansedumbre y la humildad, aprendamos a poner nuestro apoyo siempre en Dios

 


Aprendamos la sabiduría de Dios aprendamos a saborear la mansedumbre y la humildad, aprendamos a poner nuestro apoyo siempre en Dios

1 Juan 1, 5 — 2, 2; Salmo 102; Mateo 11, 25-30

¿Iremos nosotros de sabios y entendidos por el mundo? Es una primera pregunta – quizás después puedan surgir muchas más preguntas – que me hago al comenzar a reflexionar sobre el evangelio que hoy se nos ofrece. Quizás nos decimos que no como una primera reacción, pero reconozcamos que fácilmente, aun con máscaras de humildad, tenemos el peligro de ponernos en otras alturas a la hora de relacionarnos de los demás; nos es muy fácil considerar a los otros ignorantes mientras nos decimos que nosotros sí sabemos dar respuestas, nos hacemos comparaciones con los demás y al menor atisbo ya nos estamos subiendo a los pedestales de nuestro saber. 

Pero ¿qué será nuestro saber, en qué pensamos que está nuestra sabiduría? ¿Porque hayamos leído o estudiado más? ¿Porque quizás nos adornemos con unos títulos y llenemos nuestras paredes de diplomas? ¿Porque destaquemos en algo? La autosuficiencia no es camino de sabiduría, porque la verdadera sabiduría se cultiva en el silencio que nos hace reflexivos, que nos invita a rumiar lo que pensamos o los acontecimientos que nos suceden, que pone calma y serenidad en el corazón, que nunca avasalla porque siempre reconoce que le queda mucho que aprender.

Jesús nos está diciendo  hoy en el evangelio donde tenemos que buscar y encontrar esa verdadera sabiduría que va a dar verdadera paz a nuestro corazón. Jesús nos está hablando también de lo que está contemplando a su alrededor; son los sencillos y los humildes los que abren de verdad su corazón; en su pobreza no poseen cosas en las que apoyar su vida por eso comprenderán mejor el valor de las personas que les rodean, y aunque cojos que se apoyan en otros cojos saben valorar a la persona en sus valores más nobles, sienten la cercanía de los que con el mismo sufrimiento están también intentando hacer camino, saben escucharse mutuamente con sencillez porque con esa misma sencillez comparten lo que son como personas, también con sus dudas y sus problemas, con sus sufrimientos pero también con los momentos de paz, y así mutuamente se ayudan a caminar aprendiendo los unos de los otros. Son los que saben captar la sintonía de Dios.

Por eso hoy escuchamos a Jesús decir que da gracias al Padre que se ha rebelado no a los sabios y entendidos sino a los pequeños y a los pobres. Son  los que han encontrado la fuerza para su camino en Dios, son los que en verdad saborean las cosas de Dios y eso es sabiduría, saborear la verdad y la bondad, saborear interiormente la paz y lo que es el verdadero amor, por eso son dichosos los pobres de los que es el Reino de los cielos. Los sabios y entendidos ya les parece tener en qué apoyarse pero son los que finalmente se quedarán vacíos y sin nada, porque los poderosos serán derribados de los tronos y a los hambrientos los colma de bienes.

Por eso termina hoy diciéndonos Jesús que vayamos a El para en El disfrutar de la paz, una paz construida desde la mansedumbre y la humildad. No son los ricos ni los poderosos los que van a disfrutar de la paz, son muchos los agobios con que viven en la vida; algunas veces pensamos que agobios solo los padecen los que nada tienen y es cierto que tienen que luchar por una vida digna; son los que viven tras la fachada de la apariencia y del poder, sea cual sea, los que van a ir más preocupados por la vida para no perder lo que tienen, pero como piensan que solo en eso podrán alcanzar la felicidad no serán capaces de abrirse a otros valores, a otras cosas que les van a dar verdaderas satisfacciones a su vida, y se lo pierden.

Nos pide Jesús que aprendamos de El a vivir en esa mansedumbre y humildad y encontraremos, nos dice, nuestro descanso, encontraremos la verdadera paz del corazón. Podrán venir malos momentos, incomprensiones y desalientos, nos podremos encontrar con las guerrillas que forman en nuestro derredor, pero esa mansedumbre nos ha dado fortaleza interior, esa mansedumbre nos ha enseñado a reaccionar, esa humildad nos hará ser comprensivos y estar dispuestos a no dejar que nuestros corazones se dañen con rencores y resentimientos, a estar dispuestos también a perdonar. ¿Y puede haber algo más hermoso y satisfactorio que ofrecer un perdón generoso a quien ha querido dañarnos?

Es la sabiduría de los que saben llenarse de Dios.

miércoles, 17 de julio de 2024

Podremos llegar a conocer el misterio de Dios, cuando miremos el corazón de los humildes y sencillos, cuando lo descubramos en el rostro de Jesús

 


Podremos llegar a conocer el misterio de Dios, cuando miremos el corazón de los humildes y sencillos, cuando lo descubramos en el rostro de Jesús

Isaías 10, 5-7. 13-16; Salmo 93; Mateo 11, 25-27

Hay ocasiones en que estamos realizando una tarea con gran ilusión y entusiasmo, parece que las cosas van marchando bien, pero de pronto parece que todo se tuerce, los frutos no son los que apetecemos, las cosas parecen que van abocadas al fracaso; nos derrumbamos con facilidad, no sabemos cómo reaccionar, nos dan ganas de tirar la toalla, como suele decirse, y dejar que todo vaya al garete; así puede ser el aburrimiento y depresión en la que caigamos.

Pero también podemos tener otra reacción para no verlo todo perdido; ver que a pesar de todo van surgiendo buenos brotes que en principio nos pueden parecer pequeños e insignificantes pero que al final nos llenan de esperanza de que no está todo perdido. Esos pequeños brotes nos hacen soñar en buenas cosechas en el futuro y por eso  no perdemos el ánimo ni la esperanza; sabemos leer los acontecimientos para sacar las mejores lecciones y de lo que nos parecía que todo iba a ser muerte, vemos cómo renace la vida.

En ese sentido quiere hablarnos hoy el evangelio. Siempre hemos de saber encuadrar los textos que se nos ofrecen con los hechos que antes o después se nos narran en el entorno de dicho texto. Es lo que nos hará comprender en todo su sentido el texto que hoy se nos ofrece.

Recordamos que en su propio pueblo de Nazaret en el fondo no fue bien recibido, pues si bien al principio se mostraban orgullosos con aquel predicador o profeta que se había criado entre ellos, al final nos dirá el evangelista que Jesus no pudo realizar allí ningún milagro por su falta de fe. Y el texto que hemos leídos en días anteriores nos hablaba del desánimo de Jesús, en cierto modo, por la poca respuesta que daban a su mensaje en ciudades donde también había predicado y realizado signos como era en Corozaín y en Betsaida e incluso el propio Cafarnaúm.

No todos quieren acoger el mensaje de Jesús; los entendidos vendrán por allá con muchas pegas y desconfianzas y mucho le darán la espalda a las enseñanzas de Jesus. Andaban al acecho, nos dirá en otro momento el evangelista. Y sabemos cómo le hacían preguntas y más preguntas no porque tuvieran siempre deseos de aprender sino más bien porque querían cogerle con sus propias palabras.

Pero hoy escuchamos en el evangelio un alivio en el corazón de Cristo. Y lo hace en medio de una oración. Da gracias al Padre, porque los pequeños y los pobres, los que podrían aparentar que tienen más encallecido el corazón a causa de sus sufrimientos, son sin embargo los que abren el corazón a Dios.

‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y .entendidos, y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien’. Es la oración de la confianza que ha puesto Jesús en Dios, su Padre. Los sabios y entendidos no entenderán nada, tendrán cerrado el corazón, pero son los pequeños, los sencillos, los que son humildes de corazón los que escuchan la revelación de Dios, en los que Dios va derramando su corazón, pero va llenándolos de la sabiduría de Dios.

        Y será ahí donde se revela Dios. Es ahí donde sabremos ver el rostro de Dios en Jesús. Es ahí donde estaremos escuchando a Dios cuando escuchamos a Jesús. ‘Los pobres son evangelizados’, escuchamos el texto de Isaías cuando se proclamó por parte de Jesús en la Sinagoga de Nazaret. Es el camino que hemos de recorrer, la sabiduría que tenemos que aprender, el misterio de Dios del que nos hemos de empapar.

lunes, 24 de junio de 2024

Por toda la comarca había corrido la noticia del nacimiento de Juan, estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos

 


Por toda la comarca había corrido la noticia del nacimiento de Juan, estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos

Isaías 49, 1-6; Salmo 138; Hechos de los apóstoles 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80

Parece que estaba destinado para eso. Se nos escapa casi espontáneamente esa expresión cuando nos encontramos con una persona que nos resulta realmente espectacular; son las cosas que realiza y la manera especial que tiene de hacerlas, rompe moldes porque vemos que es capaz de hacer cosas que nadie ha sido capaz, se manifiesta con absoluta libertad y a nadie tiene miedo, actúa abriendo caminos, despertando las conciencias, poniendo nuevas ilusiones en los que caminan a su lado. Nos parece único.

¿Tendríamos que decir una cosa así de Juan el Bautista de quien hoy estamos celebrando la fiesta de su nacimiento? Por toda la comarca había corrido la noticia de su nacimiento, todos se hacían bocas de aquellas cosas que habían visto en su entorno, porque realmente era algo único; sus padres eran mayores y ya parecía imposible el nacimiento de un hijo de aquellos ancianos, pero Isabel estaba en cinta y ahora había dado a luz un niño.

Normal que todos la felicitaran, normal que se juntaran con los padres a la hora de la circuncisión e imposición del hombre; lo que no parecía normal eran los deseos de Isabel de llamarlo Juan porque según la costumbre debía llevar el nombre de su padre, Zacarías, aunque en ello aquella anciana estaba reconociendo el actuar de Dios en el propio significado del nombre. Por eso todos se preguntaban ¿cuál era el destino de aquel niño? ‘¿Qué iba a ser de aquel niño?’ Estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos.

Era el camino que iba a escoger Juan. Ya nos adelanta el evangelista que ‘El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel’. Ya lo veremos más tardes en la austeridad más severa, sus vestidos una piel de camello, su frugal comida las langostas del desierto y la miel silvestre, su estilo de vida la penitencia más severa con sus ayunos con lo que invitaba a todos a hacer penitencia porque había que preparar los caminos del Señor, su palabra que no estaba hecha de largos discursos pero sí de invitación a la conversión, a la solidaridad y a la rectitud de vida para actuar siempre con verdadera justicia. Era la sintonía que en los signos que rodearon su nacimiento supieron descubrir los pobres y los sencillos de corazón.

¿Era un profeta? ¿Era el Mesías anunciado? En el desierto se presentaría predicando la conversión porque había que preparar los caminos del Señor y de todas partes acudirán para escucharle y hacerse bautizar en las aguas del Jordán. De Jerusalén bajarán unos enviados preguntando con qué autoridad se presentaba ante Israel con aquel anuncio de la pronta venida del Mesías. Y él diría que no era un profeta, que no era el Mesías, que solo eran la voz que predicaba en el desierto invitando a preparar los caminos del Señor.

Pero Jesús dirá de El que es profeta y más que profeta porque no había nadie mayor que él de entre los nacidos de mujer. Era el precursor del Mesías, el que venía a preparar los caminos del Señor y para él lo importante era que recibieran a quien ya estaba en medio de ellos y no lo conocían. Pero El lo señalaría como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. De sus manos había recibido aquel bautismo en las aguas del Jordán, pero sobre todo había visto cómo se abría el cielo para bajar el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma y también había escuchado la voz que lo señalaba como el Hijo amado de Dios.

Por eso en su camino de humildad y sencillez no le importa menguar con tal que crezca el que había de crecer. Su misión era ser voz, pero la Palabra que había que escuchar era la de Dios, y eso se iba a reflejar en Jesús. Por eso dará paso al Mesías que viene, sus discípulos serán los primeros discípulos de Jesús y los que aún quedan con él cuando ya está en la cárcel serán enviados hasta Jesús para que lleguen a conocer y convencerse de que es el Mesías. ‘¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?’ es el mensaje que le llevan a Jesús de parte de Juan.

Gran alegría se suscitó en las montañas de Judea con su nacimiento y todos daban gloria a Dios. Es la alegría con que nosotros seguimos celebrando su nacimiento. No nos queda sino seguir su camino, entrar en esos caminos de humildad y de sencillez porque será la manera de descubrir las señales de Dios que se sigue manifestando hoy entre nosotros, convertir nuestro corazón a Dios, preparar también los caminos del Señor entrando en esa órbita nueva del amor y de la solidaridad, de la conversión y de la penitencia, de la justicia y del bien, de la verdad y de la rectitud. El daría testimonio no solo con su palabra en el desierto sino con su vida que también es inmolada para hacer que andemos y tengamos una vida nueva de rectitud.


miércoles, 31 de enero de 2024

No son las cosas extraordinarias lo que nos tiene que llamar la atención, sino la manera extraordinaria de mirar las cosas pequeñas lo que nos llevará a encontrarnos con Dios

 


No son las cosas extraordinarias lo que nos tiene que llamar la atención, sino la manera extraordinaria de mirar las cosas pequeñas lo que nos llevará a encontrarnos con Dios

2 Samuel 24, 2. 9-17; Sal 31; Marcos 6, 1-6

‘¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?’ Así se preguntaba la gente de Nazaret cuando le escucharon el sábado en la Sinagoga.

Hay reacciones que parecen contradictorias, pero que de alguna manera siguen la misma línea, que nos encontramos muchas veces en nuestros pueblos. Por una parte sentirse llenos de orgullo cuando ven que alguien salido de en medio de ellos destaca por alguna cosa. Está ese orgullo de pueblo, pero en el que siempre parece que ponemos un pero, una anotación que puede tener muchos significados también. Ese lo conozco yo de siempre, íbamos juntos a la escuela, jugábamos juntos… decimos por una parte, mientras inmediatamente sacamos a relucir quien es su familia y comenzamos a hacer rebajas en aquellas primeras exaltaciones llenas de orgullo.

Pero también puede aparecer inmediatamente el quitar valor a lo que ha salido de entre nosotros, porque lo que viene de fuera siempre nos parece mejor. Y lo nuestro, porque parte quizás de lo que nos parece pequeño y sencillo, como algo de todos los días, ya no le damos tanto valor. Se entremezclan muchos sentimientos con lo que al final nos cuesta aceptar lo que está a nuestro lado porque nos parece muy sencillo, muy poca cosa. Por medio pueden estar viejos resentimientos familiares, desconfianzas y celos que nos llenan de envidias el corazón.

¿Sería mucho de eso lo que estaba sucediendo aquel día en la Sinagoga de Nazaret? El evangelista Lucas, cuando nos narra esta escena, es mucho más explicito, porque nos dará incluso el texto de profeta que fue proclamado en aquella ocasión. Pero las reacciones de la gente son semejantes. Nos dirá el evangelista que allí Jesús no hizo milagros por la falta de fe. Y terminará diciéndonos que Jesús marcha por otros lugares a hacer el anuncio del Reino de Dios. Lo mismo que Jesús recomendará a sus discípulos que hagan cuando en algún lugar no los reciban, como escucharemos en otro momento del evangelio.

Todo esto que estamos comentando lo podemos ver en relación también a muchas situaciones que vivimos, a muchas posturas que nosotros tomamos en diversos momentos y en relación con los demás. Buscamos muchas veces cosas asombrosas y extraordinarias y no sabemos leer con ojos de creyente esas pequeñas cosas que nos van sucediendo cada día. Parece que lo extraordinario es lo que nos llama la atención y nos convence, pero bien sabemos que cuando aquel primer fervor y entusiasmo por esas cosas extraordinarias pronto bajaremos la guardia y volveremos a la rutina de todos los días.

Yo diría que no son las cosas extraordinarias las que nos tienen que llamar la atención, sino la manera extraordinaria de mirar las cosas pequeñas las que nos llevarán a encontrarnos con Dios y con su Palabra. Es nuestra mirada capaz de sorprendernos ante lo pequeño, ante lo ordinario del cada día, del cada momento la que nos podrá hacer descubrir las cosas verdaderamente grandes. Jesús para la gente de Nazaret no era sino el hijo del carpintero, que allí habían visto crecer desde niño, pero no supieron tener la mirada de fe, la apertura del corazón y de los ojos y oídos del alma para sentir a Dios, para descubrir a Dios, para escuchar a Dios.

Esto nos tiene que llevar a preguntarnos cómo es la mirada con que nosotros vamos caminando por la vida, con la que nosotros miramos nuestro entorno, con la que aceptamos y valoramos lo que vamos descubriendo en los demás. Seamos capaces de detenernos ante lo que nos parece humilde y pequeño, que parece que no puede despertar nuestro interés, porque ahí Dios también querrá estar diciéndonos algo, pero solo si tenemos un corazón humilde podremos sentir esa presencia y esa palabra de Dios que llega a nuestra vida.

Seguramente podremos descubrir muchas señales de Dios, seguramente podremos descubrir a esos santos de la puerta de al lago, como decía el Papa Francisco, que pueden ayudarnos a descubrir a Dios, a caminar los caminos del Señor.

sábado, 30 de diciembre de 2023

El testimonio de aquella anciana que servía al Señor en el templo noche y día es un reto para aprender a valorar a los pequeños y sencillos que con sus vidas nos hablan de Dios

 


El testimonio de aquella anciana que servía al Señor en el templo noche y día es un reto para aprender a valorar a los pequeños y sencillos que con sus vidas  nos hablan de Dios

1Juan 2, 12-17; Sal 95; Lucas 2, 36-40

El marco no dista mucho de lo que habitualmente sucede también en nuestros templos, en nuestras iglesias, como comúnmente decimos; no nos faltarán en nuestras celebraciones esas personas mayores, que prácticamente pasan casi todo su tiempo alrededor de nuestras Iglesias; personas buenas cargadas con el peso de los años, a las que ya no les obligan mayores responsabilidades familiares; personas muchas veces que viven solas, y que su momentos mejores de compañía es cuando vienen a nuestras celebraciones y que se apuntan a todo; que estarán pendientes de si hay que limpiar algo, colocar unas flores, adornar una imagen para una celebración o procesión; personas que no hacen daño a nadie, de una bondad natural, o aprendida también con el paso de los años.

Claro que cuando nos hacemos esta descripción tendríamos que hacer notar nuestros juicios, nuestras prevenciones, nuestras desconfianzas, o, al menos, la poca valoración que les damos. Otra tendría que ser nuestra mirada, otra tendría que ser la valoración que nosotros hiciéramos de esas personas.

Hoy nos encontramos, sí, en el evangelio, esta mujer anciana, de muchos años, y que muchos años se había pasado siempre alrededor del templo; era viuda, además nos hace notar el evangelista. Una mujer de una religiosidad grande, para ella todo su gozo era estar en el templo del Señor, era su servicio, era la manera de dar gloria a Dios; pero era una mujer de una mirada distinta, que sabía discernir muy bien donde estaba Dios, donde actuaba Dios.

Se unió también esa mujer al grupo que se había formado alrededor de aquel matrimonio con aquel anciano que hacía profecías tan maravillosas sobre lo que iba a ser aquel niño y también del sufrimiento de la madre. Hay sensibilidades que llaman los corazones. Y Ana se unió al cántico de alabanzas que había iniciado el anciano Simeón. Ella también alababa a Dios y hablaba del niño a cuantos aguardaban la liberación de Israel.

Un hermoso testimonio que nos ofrece hoy el evangelio con la presencia y la sensibilidad de esta anciana que viene a ser para nosotros también como un estimulo en esa búsqueda de Dios. Pero es también para nosotros como un reto que nos enseña a valorar esos gestos maravillosos que nos pueden ofrecen los que parecen pequeños e insignificantes. Ojalá supiéramos tener más en cuenta esas almas de Dios, que viven una religiosidad sencilla pero que en su humildad saben tener abierto el corazón a Dios.

Alejemos de nosotros esos orgullos de creernos sabios, de creemos que nosotros sí sabemos muchas cosas de Dios, esa vanidad en que muchas veces envolvemos nuestra vida y también nuestra religiosidad; sepamos ir a lo sencillo, sepamos tener esos pequeños gestos de valoración de los que parecen pequeños a nuestro alrededor pero que quizás con sus vidas nos están hablando mucho de Dios.

El texto del evangelio de hoy termina hablándonos de la vuelta de la Sagrada Familia a Nazaret. ‘Cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret’. Y nos resume en pocas palabras lo que fue el crecimiento de aquel niño. ‘El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él’.

martes, 5 de diciembre de 2023

Camino de humildad y de sencillez que hemos de emprender porque será la tierra más disponible para acoger la semilla de la Palabra de Dios

 


Camino de humildad y de sencillez que hemos de emprender porque será la tierra más disponible para acoger la semilla de la Palabra de Dios

Isaías 11, 1-10; Sal 71; Lucas 10, 21-24

¿Quién no ha sentido alegría alguna vez, no por lo que le haya sucedido a él, sino por algo hermoso que vio en otra persona? Nos alegramos con la suerte de los demás, es cierto, pero seguramente hemos observado algo más que suerte, sino cómo una persona que quizás nos parecía humilde, ahora destacaba en cosas hermosas y recibía la admiración de los que le rodeaban. Nos gozamos, por ejemplo, con la sabiduría de los sencillos, aquellos que incluso sin ninguna clase de estudios ni de títulos sin embargo saben ofrecernos una sabiduría maravillosa en sus palabras que nos dejan cautivos y maravillados.

Nos gozamos en esas personas que quizá nadie les ayudaba pero fueron capaces de salir adelante, progresar en la vida y no solo contemplamos el éxito de sus trabajos sino que además brillan con su humildad que los hace más maduros y nos motivan más a su imitación. Nos alegramos en tantas cosas bellas y hermosas que podemos admirar en los demás. Ojalá tuviéramos siempre los ojos bien abiertos para descubrir esas maravillas y aprender de su sabiduría.

Hoy nos dice el evangelista que Jesús se llenó de la alegría en el Espíritu Santo. ¿Qué ha motivado esa alegría en el corazón de Cristo? Por aquellos que le rodean. Contempla Jesús cómo la gente humilde y sencilla se le acerca para escucharle; contempla Jesús que con los que tienen un corazón más disponible para sintonizar con las cosas de Dios. Y son esa gente humilde y sencilla los que van captando de verdad lo que es el Reino de Dios que Jesús está anunciando. Aquello que Jesús había dicho un día en la sinagoga de Nazaret recordando al profeta, ahora se está cumpliendo, ‘los pobres son evangelizados’, los pobres son los que entienden primero que nadie esa buena noticia que Jesús les está anunciado de que llega el Reino de Dios.

‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien’.

Dios se revela a los de corazón humilde y sencillo. Son los que están con Jesús. Jesús se goza con ellos porque son capaces de sentir mejor que nadie lo que es el amor de Dios; son los que se vacían de si mismos, son los que abren el corazón con generosidad, son los más capaces de esos gestos hermosos de desprendimiento, de dulzura, de cercanía. Dirá Jesús en el sermón del monte que son dichosos los pobres, que serán dichosos y  llenarán de una alegría grande los que viven la mansedumbre del corazón y los que han arrancado de él toda malicia y desconfianza. Son los que van a entender mejor que nadie los valores que nos ofrece Jesús para hacernos grandes, para llevarnos a plenitud.

Cuando estamos comenzando este camino de Adviento que nos prepara para acoger a Jesús que llega a nuestra vida es el camino que hemos de emprender, camino de humildad, camino de sencillez porque será la tierra más disponible para acoger la semilla de la Palabra de Dios. Es la humildad, como ayer contemplábamos a aquel centurión que buscaba a Jesús, el camino más practicable para la vivencia de la fe, el cimiento de la fe verdadera. ¿No fue a unos humildes y sencillos pastores a los primeros que se les llevó la buena noticia del nacimiento del Salvador como contemplaremos en la ya cercana navidad?

Cuando nos llenamos de nosotros mismos, de nuestras autosuficiencias y nuestros orgullos se cierra nuestro corazón a la luz, tendremos las puertas cerradas para el encuentro con los demás y se cierra entonces nuestro corazón a Dios. Vayamos encendiendo esas pequeñas y sencillas luces, humildes cada uno en nuestro pequeño rincón, con nuestros gestos humildes y sencillos de cercanía a los demás e iremos incendiando el mundo con esa luz de Dios, es el camino de nuestro encuentro con Dios.

miércoles, 19 de julio de 2023

Ojalá seamos nosotros, que por nuestro corazón humilde y sencillo, porque nos hemos hecho los pequeños siendo capaces de descalzarnos, recibamos esa revelación de Dios

 


Ojalá seamos nosotros, que por nuestro corazón humilde y sencillo, porque nos hemos hecho los pequeños siendo capaces de descalzarnos, recibamos esa revelación de Dios

Éxodo 3,1-6.9-12; Sal 102; Mateo 11,25-27

Oye, por favor, preséntame a esa persona, quizás habremos pedido alguna a algún amigo o persona conocida y de confianza cuando queríamos conocer a alguien al que hasta cierto punto considerábamos inalcanzable. Son recursos de los que nos valemos las personas  en nuestras relaciones, en nuestro deseo de alcanzar unos objetivos, en nuestro afán por llegar a donde quizá por nosotros mismos o por nuestros medios pensábamos que no podríamos llegar.

Es también la influencia que buscamos en alguien que tiene abiertas muchas puertas, muchos accesos a lo que consideramos personas importantes, a lugares de relevancia a donde quisiéramos llegar y situarnos. Es el buen amigo que nos puede ayudar, es la persona de influencia que puede alcanzarnos lo que nosotros no alcanzamos. Son situaciones en que nos podemos encontrar en la vida o que vemos que es la experiencia quizás de muchos en nuestro entorno.

¿Nos sucede así en nuestra relación con Dios? ¿Nos sucede en la posibilidad o no de poder tener un conocimiento de Dios? Así andamos también algunas veces; podemos convertir ese conocimiento de Dios en algo muy intelectual, podemos andar con nuestros razonamientos y nuestra búsqueda de pruebas y muchas veces lo hemos hecho, y muchas veces es lo que buscamos o encontramos que es lo que quieren muchos para intentar recorrer ese camino de la fe.

Jesús, el que es la revelación de Dios, el que en verdad conoce a Dios porque viene de Dios, nos viene a decir que es algo mucho más sencillo. Que no se trata solamente de la búsqueda que nosotros hagamos de Dios y el obtener esas pruebas palpables que nos abran el camino de la fe, sino que es algo mucho más sencillo.

Primero fijémonos en lo que hoy termina diciéndonos: ‘Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’. Y El en verdad quiere revelarnos a Dios, es la Buena Noticia, el Evangelio, que nos quiere trasmitir. Es la continua referencia que El está haciendo del Padre; es lo que finalmente vendrá a decirle cuando uno de los discípulos en la cena le dice ‘revélanos al Padre y eso nos basta’, respondiéndole que quien le conoce a El conoce al Padre, ‘porque nadie va al Padre sino por mí’.

Pero es que hoy nos dice algo maravilloso. Como decíamos antes, no es la búsqueda que nosotros queramos hacer de Dios, sino que es Dios el que quiere revelársenos, quiere dársenos a conocer. Y esto es lo maravilloso. ‘Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, así te ha parecido bien’. Y al Padre le ha parecido dársenos a conocer, solo que tenemos que formar parte de ese grupo de los pequeños y de los sencillos, porque es ahí donde se nos revela Dios.

Por eso serán los pequeños y los sencillos los que más cerca estarán siempre de Jesús. son los que le escuchan con gusto, son los que son capaces de admirarse por las cosas que realiza Jesús, son lo que en verdad entienden lo que dice Jesús porque llegarán a decir que ‘nadie habla como este hombre’, son los que nunca se pondrán a distancia como simples observadores sino que se arremolinaran junto a El de modo que necesita subirse a la barca para que no lo estrujen allí en la playa de Tiberíades, son los que caminarán a su lado apretujándolo por todas partes de modo que incluso alzarán la mano para atreverse a tocar su manto, son los que serán capaces de irse todo el tiempo que sea necesario detrás de Jesús aunque sea para encontrarle en los lugares más inhóspitos y más lejanos, son los que vendrán ansiosos porque querían estar con El y El ha llegado primero que ellos antes de Cafarnaún sin saber incluso cómo o por dónde ha venido, son los que tendrán un corazón y una mente abierta para escucharle aunque a veces haya cosas que no entiendan, pero ¿a donde van a acudir si solo Jesús tiene palabras de vida eterna?


¿Seremos en verdad nosotros los que recibamos esa revelación de Dios por nuestro corazón humilde y sencillo? Moisés fue capaz de descalzarse en el Horeb y recibió la revelación de Dios.

domingo, 9 de julio de 2023

El corazón lleno de mansedumbre de Jesús es una invitación que nos da seguridad y nos da confianza, es la brisa fresca que nos da descanso y nos llene de serenidad y de paz

 


El corazón lleno de mansedumbre de Jesús es una invitación que nos da seguridad y nos da confianza, es la brisa fresca que nos da descanso y nos llene de serenidad y de paz

Zacarías 9, 9-10; Sal 144; Romanos 8, 9. 11-13; Mateo 11, 25-30

Solemos decir que ‘quien a buen árbol se arrima buena sombra le cobija’, y en la vida buscamos siempre quien nos de buena sombra. Pero esta es la cuestión, ¿a quienes solemos arrimarnos en la vida? La tendencia fácil es arrimarnos a quienes consideramos que saben más, a quienes vemos con mejores o mayores influencias, a aquellos que consideramos importantes o con posibilidades para que si nos vemos en una mala situación nos puedan echar una mano.

Y aunque decimos que nos llevamos con todos siempre hay personas a las que consideramos que nada nos pueden aportar o que incluso nos pueden dar mala imagen, y a esos los evitamos, procuramos quizás que no nos vean con ellos, y ya sabemos de cuántas discriminaciones somos capaces.

Pero, ¿quiénes son los que realmente nos a echar una mano, o estarán disponibles para lo que pudiéramos necesitar? ¿Quiénes son realmente esos sabios que realmente van a ilustrar nuestra vida ofreciéndonos lo que realmente nos puede hacer mejores? Pero nos podría suceder que aquellos que descartamos, porque pobrecitos, ¿qué nos van a poder ofrecer?, serán quizás los que más pronto tendremos a nuestro lado en esas situaciones difíciles que nos podamos encontrar en la vida.

Nos sentimos confundidos tantas veces,  no terminamos de entender, nos encandilamos con brillos que son oropeles pero que realmente no son un verdadero tesoro que vaya a enriquecer nuestra vida. ¿Dónde podremos encontrar esa verdadera sabiduría de la vida?

Hoy nos encontramos en el evangelio con unas palabras de Jesús que en principio nos desconciertan, aunque luego cuando las meditamos bien encontramos una esperanza grande para nuestra vida, porque vamos a encontrar ese verdadero árbol donde nos podemos cobijar porque nos dará las mejores sombras. Comienza Jesús dando gracias al Padre que se nos revela y que se nos manifiesta, pero como dice Jesús no ha sido a los sabios y entendidos de este mundo, sino a los pequeños y a los sencillos.

Si recorremos las páginas del evangelio vemos claramente quienes son los que acogen la palabra de Jesús. En aquellos que se consideraban a si mismo importantes y poderosos, los que se tenían por los dirigentes de Israel, va a encontrar siempre oposición. La gente sencilla, los que se sienten pequeños y humildes serán los que proclamarán las mejores alabanzas al actuar de Jesús. Los que se sienten pobres y limitados, los que tienen un corazón oprimido por tantos dolores y sufrimientos que no solo del cuerpo sino de su espíritu porque han perdido todas las esperanzas que puedan provenir de este mundo, los que reconocen que con pecadores y nada merecen son los que acuden a Jesús, los que escuchan a Jesús, los que abren su corazón a Jesús.

¿Quiénes son los que rodean a Jesús? unas personas sencillas como aquellos pescadores a los que llamó a seguirle, unos pecadores, publicanos y mujeres pecadoras, que sienten su corazón atormentado pero que saben que en Jesús encontrarán el perdón y la paz, la gente sencilla que no se avergüenza de sentarse en la orilla del lago para escucharle o que es capaz de seguirle incluso a la montaña o a lugares inhóspitos porque lo que quieren es escuchar esa palabra que llena de sus corazones de esperanza, aquellos que a pesar de su pobreza estarán siempre dispuestos a preocuparse de los demás o a compartir lo poco que tienen para que se multiplique en bien de los demás, aquellos que a pesar de sus poderes o sabidurías humanas – recordemos a Nicodemo, a Jairo el jefe de la sinagoga, o al centurión romano - acuden como sea a Jesús porque tienen la humildad para reconocer que es alguien que viene de Dios.

Por eso podemos escuchar a Jesús invitamos a que vayamos a El todos los nos sentimos cansados y agobiados porque en El vamos a encontrar nuestro descanso. Por eso nos invita a que tengamos un corazón como el suyo, lleno mansedumbre y de humildad, porque va a ser la manera de que en verdad nos encontremos con Dios. Así se nos quiere revelar, así nos quiere revelar lo que es el corazón de Dios.

A la sombra de Jesús con humildad nos queremos acoger. Su corazón lleno de mansedumbre es una invitación para nosotros que nos da seguridad y nos da confianza. Agitados y sudorosos por las carreras y las locuras de la vida buscamos esa brisa fresca que nos dé descanso y nos llene el corazón de serenidad y de paz. Nos sentimos pequeños porque nos sentimos débiles y pecadores pero sabemos que estamos llamados a algo grande. Solo tenemos que recorrer un camino de humildad, de vaciarnos de nuestras amarguras y de nuestros agobios, de desprendimiento de nosotros mismos, de apertura de nuestro corazón a las grandes metas y a los ideales que nos ofrece el evangelio; nos vamos a encontrar con Jesús, nos vamos a encontrar con Dios que va a inundar nuestro corazón de paz y de una nueva alegría.

Es Jesús ese árbol que nos da buena sombra, pero es Jesús al que vamos a encontrar en los demás, sobre todo en los pobres y en los sencillos, en los que tienen un corazón humilde y generoso, y los que mantienen la paz en el corazón.

lunes, 13 de febrero de 2023

En lugar de pedir milagros para creer, la postura cómoda que muchas veces tomamos, vamos a confiar y a poner fe y podremos ver los milagros de Dios

 


En lugar de pedir milagros para creer, la postura cómoda que muchas veces tomamos, vamos a confiar y a poner fe y podremos ver los milagros de Dios

Génesis 4,1-15.25; Sal 49; Marcos 8, 11-13

Hay ocasiones en la vida en que estamos desconfiados de todo y de todos; nada nos convence, no nos agrada lo que nos dicen, siempre estaremos buscando un ‘pero’, algo que queremos ver en los otros para desconfiar. Y cuando entramos por ese camino nada que nos digan nos convencerá, y a lo que hagan siempre le estaremos viendo segundas intenciones que decimos nosotros que ellos ocultan por detrás. No ven, ni quieren ver. Y pretenderán hacérselo complicado a los que quieren confiar. Qué difícil estar con personas desconfiadas, que se vuelven recelosas, que hacen que las relaciones se agrían, que a la larga se aíslan o rompen la relación, porque actitudes así son difíciles de llevar.

Esto sucedía con algunos en torno a Jesús. Había, es cierto, mucha gente que confiaba, se veía entusiasmada con lo que Jesús les enseñaba, con lo que Jesús hacía; muchos decían que no habían visto cosa igual; muchos hablaban de que un profeta de Dios había aparecido en medio de ellos.

Pero no todos pensaban lo mismo de Jesús. Estaban aquellos a los que le parecía que Jesús venía rompiendo con todo y las tradiciones sacrosantas que habían mantenido se iban a perder; por su posición social, por la influencia que ellos tenían en medio del pueblo, porque eran los maestros de la ley, porque se consideraban unos dirigentes de Israel, quizá veían en peligro sus privilegios porque se daban cuenta que Jesús hablaba y actuaba de una distinta o como ellos enseñaban, o a como ellos querían que las cosas funcionaran, quizá en su beneficio. Jesús podía ser un estorbo.

Le hacían frente a Jesús, aunque no sabían cómo podrían convencer a la gente para que no se fuera con Jesús. Y sucedió lo que sucede tantas veces a través de los tiempos; hay que quitarlo de en medio, pero hay que hacerlo de una forma sutil; vamos a desprestigiarlo, a hacerle ver a la gente que no tiene el poder que se arroga (¿?) o que realmente no hay ninguna razón que nos convenza para creer en El. Si la gente ve que no responde a lo que le planteamos, dejarán de creer en El. Por eso su desconfianza, con todas sus consecuencias.

Es lo que hoy escuchamos. ‘Se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo’. No quieren ver ni entender los signos que Jesús iba realizando continuamente con sus milagros, las curaciones de los enfermos. ¿Qué signo del cielo es el que piden? Podríamos pensar que ni ellos mismos saben. En esta ocasión Jesús no responde a sus peticiones. Cuando hay malicia en el interior de la persona, si la persona no se quiere dejar curar, poco podemos hacer.

Jesús realiza signos de manera especial por la fe que tienen las personas. Siempre resaltará la fe, lo hemos escuchado repetidas veces a lo largo del evangelio; la fe de la mujer cananea, la fe de Jairo que pedía la salud de su niña, la fe del centurión, la fe de la mujer que sin decir nada se adelantó a tocar el manto de Jesús. Si no despertamos la fe en el corazón nunca podremos ver las obras de Dios, las señales del amor de Dios que se derrama en nuestras vidas, en nuestros corazones.

Quizá tendríamos que preguntarnos por nuestra fe; en lugar de pedir milagros para creer, porque esa es la postura cómoda que muchas veces tomamos, vamos a confiar, vamos a poner fe y los milagros de Dios se realizarán en nuestra vida. Dios se revela los que se hacen pequeños, a los que son humildes, a los que con capaces de sentir admiración por las obras de Dios. No vayamos por la vida como quien viene ya de vuelta de todo. Dejémonos sorprender por tantas maravillas que Dios va poniendo a nuestro paso. Y que esa sea también la actitud de confianza que tengamos en los demás.

domingo, 8 de enero de 2023

En la fiesta del Bautismo de Jesús revitalizamos nuestro bautismo y nos convertimos en signos de que el Reino de Dios es de los pobres, los humildes y sencillos

 


En la fiesta del Bautismo de Jesús revitalizamos nuestro bautismo y nos convertimos en signos de que el Reino de Dios es de los pobres, los humildes y sencillos

Isaías 42, 1-4. 6-7; Sal 28; Hechos 10, 34-38; Mateo 3, 13-17

Se nota donde nos sentimos a gusto. Y así manifestamos nuestras preferencias. Claro que no todos tenemos las mismas preferencias, las mismas prioridades en la vida, aquello que en verdad valoramos, que nos da sentido y fuerza para nuestro actuar. Para algunos las preferencias están en los poderes o las grandezas de este mundo, llenarán su vida de vanidad y apariencia, los veremos echarse la zancadilla unos a otros en lucha por los primeros puestos, lugares de influencia y de poder; son cosas apetitosas para endiosar nuestro ego y fácilmente se nos hacen golosas, apetecibles, tentadoras. Ahí los veremos cómo se sienten a gusto. Variadas son las apetencias en este sentido y muchos son los que encandilan con estas vanidades.

Claro que nos encontraremos también para quienes otras son sus opciones y preferencias, porque otro es el sentido que han descubierto para su vida. Son su verdadero tesoro, que sin embargo parece escondido y oculto para tantos. Son los caminos de la sencillez y del servicio, son los caminos de la cercanía y de la ternura, son los caminos humildes del que no quiere aparecer, pero sin embargo calladamente sabe servir, son los caminos de los que no les importa estar entre los últimos, porque es ahí con los sencillos y con los que nada aparentan donde se sienten a gusto.

Es lo que venimos contemplando en esta Navidad. Las preferencias de Dios, allí donde se siente a gusto. No habrá sitio para él en una posada pero tampoco tocará en la puerta de los grandes y poderosos para encontrar un lugar. No serán ni los sacerdotes ni los maestros de la ley de Jerusalén aunque conozcan bien las Escrituras, sino unos pobres pastores los que serán avisados que allí en los humildes campos de Belén ha nacido el Mesías Salvador que encontrarán en un humilde niño recién nacido y que no tiene otra cuna que las pajas de un pesebre. Nos dirá un día que no serán los sabios y entendidos, sino los pequeños, los pobres, los que nada tienen, los sencillos y humildes de corazón serán los primeros que conocerán a Dios, porque de ellos será el Reino de los cielos.

¿Dónde lo contemplamos hoy? Entre las filas de los que se sienten humildes pecadores y quieren ser bautizados, como señal de conversión y penitencia, en las aguas del Jordán. Es el médico que viene a estar con los enfermos, pero que viene a curar. Es el que luego sentirá más cercano de sí en el momento supremo de la cruz al ladrón que ahora se arrepiente y le pide que se acuerde de él en el paraíso. Es el que se ha puesto al nivel de los pecadores y de los malhechores no importándoles sentarse en una misma mesa con ellos, como morir mas tarde en ese suplicio de los que todos consideran los mayores malhechores. Es allí donde Jesús se manifiesta a gusto, porque para eso ha venido, para eso ha querido ser Emmanuel, Dios con nosotros.

Cuando el Bautista se enfrenta con él en aquella fila de pecadores le dirá que es él quien tiene que ser bautizado por Jesús aunque sea Jesús el que ahora pide recibir aquel Bautismo. Se hizo en todo semejante a nosotros, y aunque no tenía pecado vino a cargar con nuestro pecado, vino a llevar sobre sus hombros las cruz que nosotros merecimos, vino para abrirnos las puertas del cielo desde donde ahora veremos que se le señala como el Hijo amado del Padre a quien tenemos que escuchar. Pero es Jesús el que abre para nosotros las puertas del cielo porque por la fuerza de su Espíritu nosotros también seremos hijos y aunque seguimos siendo pecadores nos dice que va a prepararnos sitio porque donde esté El quiere que nosotros estemos con El.

Hoy, como culminación a todas estas fiestas de Navidad, estamos celebrando el Bautismo de Jesús en las aguas del Jordán. Ya lo venimos expresando, el maravilloso misterio de la Epifanía de Dios. No era pecador, pero en las filas de los pecadores estaba quien luego sería señalado por Juan como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. No necesitaba de aquel bautismo quien venía para bautizarnos a nosotros en el Espíritu. Así Juan lo había sentido que se le revelaba en su corazón. Aquel sobre quien veas bajar al Espíritu en forma de paloma es el que viene a bautizarnos en el Espíritu. Y así se manifestó la gloria de Dios en aquella teofanía del cielo. ‘Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco’.

 Celebrar hoy nosotros el bautismo de Jesús en el Jordán tiene que servirnos para revitalizar nuestro Bautismo, aquel que un día nosotros recibimos recién nacidos por la fe de nuestros padres. Es caer en la cuenta de nuestra grandeza y de nuestra dignidad, porque hemos sido ungidos en el mismo Espíritu para ser con Cristo Sacerdotes, Profetas y Reyes. Somos también los ungidos del Señor por la fuerza del Espíritu y otra tendría que ser nuestra vida.

Merecemos, es cierto, estar en las filas de los pecadores y así con humildad tenemos que manifestarnos para agradecer al mismo tiempo la grandeza y la dignidad nueva que desde nuestro bautismo hemos recibido. Pero es hacernos conscientes de donde está nuestro lugar, aquel en que en verdad tenemos que sentirnos a gusto, como decíamos al principio. No es otro el camino que seguir el mismo camino de Jesús. Es lo que tanto nos ha repetido a lo largo del evangelio. Es donde tenemos que encontrar nuestro lugar. Son las señales que tenemos que dar ante el mundo del valor de las Bienaventuranzas que precisamente comienzan diciéndonos que son los pobres, los humildes y los sencillos los que serán dichosos porque de ellos es el Reino de los cielos.

sábado, 1 de octubre de 2022

Preguntémonos cuál ha de ser nuestra prioridad al hacer el anuncio del evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y si respondemos al estilo de Jesús

 


Preguntémonos cuál ha de ser nuestra prioridad al hacer el anuncio del evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y si respondemos al estilo de Jesús

Job 42,1-3.5-6.12-17; Sal 118; Lucas 10,17, 24

Todos nos sentimos felices y contentos cuando creemos que las cosas nos salen bien, quizá encontramos personas que alaban aquello que nosotros hayamos hecho y no digamos nada si adquiere notoriedad y todo el mundo habla bien. Halaga nuestro ego que nos digan que hacemos cosas buenas, aunque tratamos de disimularlo aflora ese orgullo interior, que también manifestamos externamente si llega el caso, por esas alabanzas que recibimos. Y como solíamos decir por nuestras zonas, cuando no tenemos abuela que nos alabe, nos alabamos nosotros mismos.

Algo así podemos decir que sentían los apóstoles que habían sido enviados con todo poder para hacer el anuncio del Reino, y vienen contándoselo a Jesús. Ha sido un éxito. Hasta los demonios se nos sometían en tu nombre. Y Jesús les dice también ‘estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo’. Pero Jesús quiere hacerles caer en la cuenta de algo mejor. ‘Vuestros nombres están inscritos en el cielo’. Qué más da las alabanzas que aquí podáis recibir, son efímeras, halagan vuestro ego y vuestra vanidad. Tenemos que pensar en algo más profundo.

Y es que Jesús quiere enseñarles, quiere enseñarnos, cuales son los verdaderos caminos que hemos de recorrer para vivir y para anunciar el Reino de Dios. Y Jesús que todo lo convierte en oración comienza a bendecir y alabar a Dios que es quien realmente se nos revela en los corazones – recordemos lo que le decía a Pedro allá en Cesarea de Filipo que lo que ha confesado no fue porque lo supiera por sí mismo sino porque el Padre del cielo se lo había revelado en el corazón -, pero cuando somos sencillos y somos humildes.

‘Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños’. No es cuando vamos con nuestra autosuficiencia cuando vamos a encontrarnos con Dios para que El se nos revele en el corazón; es cuando nos hacemos pequeños, cuando nuestro corazón se vacía de nosotros mismos, cuando podemos llenarnos de Dios. Así se nos revela Jesús, así Jesús nos abre a los misterios de Dios.

serán los pobres a los que Jesús se acerca, como había proclamado en aquella profecía de Isaías en la sinagoga de Nazaret, ‘a los pobres se les anuncia una buena noticia’; serán los que sienten muchas limitaciones en su vida, los enfermos, los ciegos, los paralíticos, los leprosos, los que van a encontrar la verdadera liberación en Jesús; serán los que nadie quiere, los que son discriminados por cualquiera causa, aquellos que son llamados publicanos y pecadores, los primeros que van a participar de la mesa de Jesús para celebrar con alegría de fiesta el encuentro con Jesús, recordemos a Zaqueo, recordemos a Leví el publicano y los banquetes que ofrecieron a Jesús y quienes se sentaron a la mesa; serán aquellas multitudes que tienen hambre de pan y hambre de esperanza los que acudirán de todos lados para escuchar su buena noticia pero para ser alimentados con un alimento nuevo, con un pan nuevo que será la propia carne, la propia vida de Jesús.

¿Quiénes son los que hoy también son los primeros en escuchar la Buena Nueva del evangelio de Jesús? ¿Quiénes han de ser los primeros a los que la Iglesia lleve el anuncio del Evangelio? ¿Estaremos actuando a la manera de Jesús? ¿Sentiremos nosotros la dicha y la alegría que nos anuncia hoy Jesús en el evangelio de que nosotros podemos ver lo que tanto ansiaron ver los profetas y reyes del Antiguo Testamento? ¿Cuál es la verdadera alegría que debemos llevar en el corazón? ¿Qué personas son nuestras prioridades a la hora de evangelizar?

sábado, 2 de abril de 2022

Aunque ya muchas veces hayamos reflexionado y rumiado la Escritura, escúchala ahora como si fuera la primera vez para que se convierta de verdad en evangelio para tu vida

 


Aunque ya muchas veces hayamos reflexionado y rumiado la Escritura, escúchala ahora como si fuera la primera vez para que se convierta de verdad en evangelio para tu vida

Jeremías 11, 18-20; Sal 7; Juan 7, 40-53

‘Jamás ha hablado nadie como ese hombre’, fue la respuesta que dieron los guardias a los sumos sacerdotes del templo que los habían enviado a prender a Jesús. ‘¿Por qué no lo habéis traído?’, preguntaban ante el incumplimiento de sus órdenes.

Pero aquellos guardias sencillos de corazón se habían sentido cautivados por la palabra de Jesús. Como la gente sencilla que le reconocían como el profeta, que casi le proclamaban como el Mesías. Aunque vinieran los entendidos de turno a argumentar que Jesús no podía ser el Mesías, simplemente por el hecho de que venía de Galilea, y el Mesías no sabían de donde vendría.

Aquel fariseo de noble corazón que una noche había ido a hablar con Jesús les argumenta que no se puede condenar a nadie sin haberle escuchado; pero también le rechazan como si fuera un ignorante, argumentando que sabían que Jesús venía de Galilea y de allí no había surgido nunca un profeta. Como si Dios tuviera unos límites para escoger a los profetas que enviase al pueblo para transmitirles su palabra. Los sabios y entendidos de siempre que todas se las saben.

Nos recuerda aquel momento en que Jesús da gracias al Padre porque los misterios de Dios los está revelando a los pobres y a los sencillos y no a los que se creen entendidos; el profeta también había anunciado que la buena nueva se le anunciaría a los pobres, porque una señal de la venida del Reino era que los pobres serían evangelizados.

Son los que escuchan a Jesús, son los que entran de verdad en la sintonía de Dios, serían los que le proclamarían como un profeta y que lo llamarían el enviado del Señor, reconociendo que en Jesús Dios ha visitado a su pueblo. Lo proclamaría proféticamente el anciano Zacarías que bendice a Dios que ha visitado a su pueblo por su entrañable misericordia. Es lo que vamos contemplando a lo largo del evangelio porque en Jesús se manifiesta la misericordia del Señor; son los que rodean continuamente a Jesús y hasta serán capaces de irse al desierto sin provisiones para estar con El, para escuchar su Palabra.

Lo contemplamos hoy en el evangelio en este camino que vamos haciendo con Jesús y su Palabra hasta la Pascua. Es lo que va alimentando ahora nuestra fe, para que seamos capaces también nosotros de entrar en la sintonía de Dios. ¿Qué necesitamos? El corazón de los humildes y de los sencillos, porque será a los que se revela el Señor. Es importante. Tenemos a veces la tentación de darle vueltas y vueltas al Evangelio, buscarle explicaciones o formas de aplicarlo a nuestra vida que podemos llegar a querer ser esos entendidos que a la larga con nuestros orgullos lo que hacemos es cerrar el corazón.

Muchas veces, por otra parte, creemos sabérnoslo todo y lo que hacemos es cerrar el corazón; cuantas veces cuando lo escuchamos ya vamos con nuestras respuestas, nuestras explicaciones o nuestras consideraciones previamente preparadas y no terminamos de abrir el corazón a la novedad que siempre ha de tener el evangelio para nuestra vida. Si lo despojamos de esa novedad ya no es noticia, ya no es buena noticia para nosotros y terminamos por hacerlo algo viejo en nuestra vida desvirtuando su mensaje de salvación que tiene que llegarnos al hoy de nuestra vida.

Aunque ya muchas veces lo hayamos reflexionado y rumiado, escúchalo ahora como si fuera la primera vez que lo escucharas para que se convierta de verdad en buena noticia, en evangelio para tu vida. Entonces sí que podremos decir nosotros también ‘Jamás ha hablado nadie como ese hombre’.