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sábado, 2 de agosto de 2025

Nos asomamos a la ventana de la vida para reconocer nuestra cruda realidad pero buscamos en medio de las sombras la luz que brilla y nos conduce a caminos de rectitud

 


Nos asomamos a la ventana de la vida para reconocer nuestra cruda realidad pero buscamos en medio de las sombras la luz que brilla y nos conduce a caminos de rectitud

Levítico 25,1.8-17; Salmo 66; Mateo 14,1-12

En más de una ocasión nos habremos puesto desde nuestra ventana a observar cuando sucede a nuestro alrededor; quizás inocentemente nos asomamos para contemplar el tiempo o la naturaleza que nos rodea, pero ya sea desde la ventana de nuestra casa allí donde vivimos o desde la altura de la ventana de un gran edificio en la gran ciudad es muy variado el panorama que observamos; la loca carrera de la vida, podríamos decir, con sus ambiciones y con sus sueños, con sus luchas muchas veces encarnizadas aunque solo fuera de forma sutil o con el desencanto de tantos que se arrastran por la vida, de los que reflejan sus miedos y huidas en sus formas de caminar o actuar, o de los que van avasallando todo y a todos porque poco menos que se creen los reyes del mundo, pasiones desenfrenadas o complejos que son también peligrosos por las reacciones que pueden provocar.

¿Encontraremos en medio de todo eso un rayo de luz que pueda centrarnos en la verdad y en la vida? Quizás nos pasen desapercibidos porque son los que menos ruido hacen, pero también tenemos que aprender a descubrirlos.

Me he puesto a pensar en todo esto al escuchar el relato del Evangelio que hoy se nos ofrece, un mundo de pasiones o un mundo también muy lleno de sombras desde donde se trama la maldad bajo apariencias muchas veces de fiesta y alegría. De pronto al iniciarnos o motivarnos el relato aparece alguien prepotente pero al mismo tiempo temeroso, porque quizás ya siente que le pesa la conciencia. Herodes tan poderoso y amigo de hacer lo que le apetece, ahí le vemos con sus fiestas y fastuosas alegrías pero que le dejan vacío el corazón, pero que con lo que está oyendo de Jesús comienza a temer porque recuerda que fue él quien mandó matar al Bautista. ¿Se le están apareciendo fantasmas o es la tortura de la conciencia que no ha sido recta? ¿Nos pasará también en algunas ocasiones cuando allá en lo hondo reconocemos que nuestra vida no ha sido recta?

Podríamos seguir fijándonos en la vanidad que rodea todo aquel cuadro, desde los que participan en la fiesta por agradar al poderoso, o el vacío de una bailarina que lo que pretende es despertar pasiones y no teme en convertirse en un juguete de los que parecen más poderosos; detrás el rencor y el resentimiento de quien se siente señalada en su vida turbia y que moverá los hilos que llevan a la desaparición de quien con su rectitud le atormenta en su conciencia; están también los respetos humanos y el querer quedar bien aunque tiene conciencia de que ha ido más allá de lo que sería verdaderamente justo.

Es el cuadro que se nos presenta en esa escena, pero quizás tendríamos que preguntarnos en que lugar estamos nosotros también en ese cuadro. Pero no escuchamos este relato del evangelio simplemente para que caigan sombras sobre nosotros, sino que en él tenemos que saber encontrar un rayo de luz.

Y el protagonista de esa luz es a quien ahora no le escuchamos palabra, pero que su vida ha sido y es voz que nos llama y nos invita a que encontremos el camino de la verdad, aunque sea costoso, aunque tengamos que ir contra la corriente, aunque nos cueste entregar la vida. Es lo que hizo el bautista a quien hoy contemplamos en el silencio, pero que sin embargo nos está gritando muy fuerte para que vayamos al encuentro de la luz buscando los caminos de la rectitud que nos trasmite el evangelio.

¿Nos moverá a algo la contemplación de este cuadro? ¿Iremos en búsqueda de la luz porque comencemos a ponernos en verdad en el camino del evangelio de Jesús?

lunes, 24 de junio de 2024

Por toda la comarca había corrido la noticia del nacimiento de Juan, estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos

 


Por toda la comarca había corrido la noticia del nacimiento de Juan, estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos

Isaías 49, 1-6; Salmo 138; Hechos de los apóstoles 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80

Parece que estaba destinado para eso. Se nos escapa casi espontáneamente esa expresión cuando nos encontramos con una persona que nos resulta realmente espectacular; son las cosas que realiza y la manera especial que tiene de hacerlas, rompe moldes porque vemos que es capaz de hacer cosas que nadie ha sido capaz, se manifiesta con absoluta libertad y a nadie tiene miedo, actúa abriendo caminos, despertando las conciencias, poniendo nuevas ilusiones en los que caminan a su lado. Nos parece único.

¿Tendríamos que decir una cosa así de Juan el Bautista de quien hoy estamos celebrando la fiesta de su nacimiento? Por toda la comarca había corrido la noticia de su nacimiento, todos se hacían bocas de aquellas cosas que habían visto en su entorno, porque realmente era algo único; sus padres eran mayores y ya parecía imposible el nacimiento de un hijo de aquellos ancianos, pero Isabel estaba en cinta y ahora había dado a luz un niño.

Normal que todos la felicitaran, normal que se juntaran con los padres a la hora de la circuncisión e imposición del hombre; lo que no parecía normal eran los deseos de Isabel de llamarlo Juan porque según la costumbre debía llevar el nombre de su padre, Zacarías, aunque en ello aquella anciana estaba reconociendo el actuar de Dios en el propio significado del nombre. Por eso todos se preguntaban ¿cuál era el destino de aquel niño? ‘¿Qué iba a ser de aquel niño?’ Estaban viendo la mano de Dios, como sólo saben hacerlo los humildes y los sencillos.

Era el camino que iba a escoger Juan. Ya nos adelanta el evangelista que ‘El niño crecía y se fortalecía en el espíritu, y vivía en lugares desiertos hasta los días de su manifestación a Israel’. Ya lo veremos más tardes en la austeridad más severa, sus vestidos una piel de camello, su frugal comida las langostas del desierto y la miel silvestre, su estilo de vida la penitencia más severa con sus ayunos con lo que invitaba a todos a hacer penitencia porque había que preparar los caminos del Señor, su palabra que no estaba hecha de largos discursos pero sí de invitación a la conversión, a la solidaridad y a la rectitud de vida para actuar siempre con verdadera justicia. Era la sintonía que en los signos que rodearon su nacimiento supieron descubrir los pobres y los sencillos de corazón.

¿Era un profeta? ¿Era el Mesías anunciado? En el desierto se presentaría predicando la conversión porque había que preparar los caminos del Señor y de todas partes acudirán para escucharle y hacerse bautizar en las aguas del Jordán. De Jerusalén bajarán unos enviados preguntando con qué autoridad se presentaba ante Israel con aquel anuncio de la pronta venida del Mesías. Y él diría que no era un profeta, que no era el Mesías, que solo eran la voz que predicaba en el desierto invitando a preparar los caminos del Señor.

Pero Jesús dirá de El que es profeta y más que profeta porque no había nadie mayor que él de entre los nacidos de mujer. Era el precursor del Mesías, el que venía a preparar los caminos del Señor y para él lo importante era que recibieran a quien ya estaba en medio de ellos y no lo conocían. Pero El lo señalaría como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. De sus manos había recibido aquel bautismo en las aguas del Jordán, pero sobre todo había visto cómo se abría el cielo para bajar el Espíritu Santo sobre Jesús en forma de paloma y también había escuchado la voz que lo señalaba como el Hijo amado de Dios.

Por eso en su camino de humildad y sencillez no le importa menguar con tal que crezca el que había de crecer. Su misión era ser voz, pero la Palabra que había que escuchar era la de Dios, y eso se iba a reflejar en Jesús. Por eso dará paso al Mesías que viene, sus discípulos serán los primeros discípulos de Jesús y los que aún quedan con él cuando ya está en la cárcel serán enviados hasta Jesús para que lleguen a conocer y convencerse de que es el Mesías. ‘¿Eres tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?’ es el mensaje que le llevan a Jesús de parte de Juan.

Gran alegría se suscitó en las montañas de Judea con su nacimiento y todos daban gloria a Dios. Es la alegría con que nosotros seguimos celebrando su nacimiento. No nos queda sino seguir su camino, entrar en esos caminos de humildad y de sencillez porque será la manera de descubrir las señales de Dios que se sigue manifestando hoy entre nosotros, convertir nuestro corazón a Dios, preparar también los caminos del Señor entrando en esa órbita nueva del amor y de la solidaridad, de la conversión y de la penitencia, de la justicia y del bien, de la verdad y de la rectitud. El daría testimonio no solo con su palabra en el desierto sino con su vida que también es inmolada para hacer que andemos y tengamos una vida nueva de rectitud.


jueves, 4 de enero de 2024

Noches de silencio, noches de encuentro, noches de las que arranca una nueva vida, experiencias que transforman, es sentir una presencia, es el paso de Dios en nosotros

 


Noches de silencio, noches de encuentro, noches de las que arranca una nueva vida, experiencias que transforman, es sentir una presencia, es el paso de Dios en nosotros

1 Juan 3, 7-10; Sal 97; Juan 1, 35-42

Nos gusta que nos digan las cosas y nos las expliquen y por supuesto a través de las palabras tenemos conocimiento de las cosas, de lo que sucede o de lo que llega a ser un sentido del vivir, pero diríamos que es mejor aprendido cuando por nosotros mismos experimentamos las cosas. ‘Eso yo lo viví’, decimos, ‘y no necesitamos que nos expliquen como fueron las cosas’, razonamos ‘porque por mi mismo lo he experimentado’. Importantes y necesarias las palabras, pero muy importante para llegar al más profundo convencimiento lo que por nosotros mismos hemos experimentado, porque podemos decir que lo hemos plantado en la tierra de nuestra vida.

Es también el camino de la fe y de la experiencia cristiana que se hace vida y termina haciéndose de verdad compromiso. Aquello que nos han enseñado, aquello que nos han comunicado, que lo hemos escuchado pero también lo hemos visto plasmado en la experiencia de vida de los demás, será lo que llegará a un convencimiento personal cuando lo hemos masticado, cuando lo hemos experimentado en nosotros y hecho vida en consecuencia.

Y esa tiene que ser la tarea del buen predicador; no solo enseñará con sus palabras sino de la experiencia de su vida, no solo enseñará con lo que nos diga, sino también lo que en su vida veamos reflejados, pero aun más tendrá que provocar en nosotros ese deseo de vivir, de hacer vida, de experimentar por nosotros mismos, y será así como iremos llegando a una fe cada vez más madura. No sé si siempre lo sabremos hacer, porque ese es además el testimonio que todo creyente, que todo cristiano tiene que dar de su fe, hacer que nuestra fe provoque la fe también de los demás. No es tarea fácil.

Lo vemos palpable en el evangelio que se nos ha ofrecido. Juan Bautista señaló a Jesús como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Allí estaba su anuncio, su palabra, pero que iba acompañado por el testimonio de su vivir. Serían muchos los que escucharon su palabra, entre tantos que acudían a él para escucharle y bautizarse como una señal de que querían preparar los caminos del Señor. Pero son dos de sus discípulos los que se ponen a hacer el camino, pues se van tras Jesús. Querían conocerle.

Ante la pregunta de Jesús que se vuelve hacia ellos ‘¿qué buscáis?’, responden preguntando ‘¿Dónde vives?’. No es un lugar por el que preguntan, es por una forma de vivir por lo que están interesados; es algo más, es como querer acercarse a El y no saber cómo expresarlo. Como tantas veces nos sucede. Ansiamos saber algo, conocer algo, y cuando tenemos la oportunidad de expresar lo que buscamos no encontramos palabras y nos ponemos como a balbucir. Pero como se suele decir a buen entendedor pocas palabras bastan, por eso la respuesta de Jesús pudiera parecer parca en palabras, pero es toda una invitación. ‘Venid y lo veréis’. No les dice Jesús que vengan y lo escuchen que El se lo va a explicar muy bien. Jesús invita a estar con El.

¿Cuál fue la experiencia que vivieron aquellos dos primeros discípulos cuando se fueron con Jesús aquella tarde? No dice nada el evangelio de lo que allí sucedió, de lo que allí vieron o allí escucharan, simplemente nos dice que a la mañana siguiente – y no es cuestión de cronologías – ya ellos estaban anunciando que habían encontrado al Mesías. ¿Una noche de silencio? Fue mucho más, fue una noche de vida, de experiencia, de encuentro, estar con…

Necesitamos también nosotros noches de silencio, necesitamos noches de encuentro, necesitamos noches de vida. Que ya sabemos que no lo reducimos ni a una noche, ni a unas horas, ni a un día. Cada uno tiene su tiempo, porque es descubrir la presencia y es sentir que esa presencia nos inunda, es sentir que la noche se vuelve luz y que el tiempo se convierte en eternidad.

Es, en una palabra, hacer Pascua de Dios en nosotros, sentir cómo Dios pasa por nuestra vida para que renazcamos a una nueva vida. Pero esto no lo podemos explicar con palabras, esto es algo que tenemos que llegar a vivir por nosotros mismos, esto lo vamos luego a reflejar en nueva vida. Esto es un don de Dios, pero que El quiere regalar a todos.

viernes, 15 de diciembre de 2023

Busquemos la autenticidad del Evangelio, dejémonos conducir por el Espíritu Santo que nos da la verdadera sabiduría

 


Busquemos la autenticidad del Evangelio, dejémonos conducir por el Espíritu Santo que nos da la verdadera sabiduría

Isaías 48, 17-19; Sal 1; Mateo 11, 16-19

¿Esperaban un Mesías? ¿Cuál era el ansia más profunda que tenía en aquellos momentos el pueblo de Israel? Desde sus sentimientos religiosos, alimentados con la lectura de la Ley y los profetas cada semana en la Sinagoga se mantenía vivo el deseo y la esperanza de la pronta llegada del Mesías. Pero al mismo tiempo en aquellos momentos vivían una situación difícil dominados por el poder y el imperio de los romanos lo que hacía que estuviera muy latente en ellos ese deseo de liberación, que significaba la libertad frente al dominio y la opresión de un pueblo extranjero, que era el mismo tiempo el deseo de volver a los tiempos de esplendor que habían vivido en muchos momentos a lo largo de la historia.

Se juntaban ambos deseos y esperanzas por lo que en cierto modo la figura del Mesías prometido se convertía en la búsqueda de ese líder que hiciera de ellos un pueblo grande; de ahí la imagen en cierto modo política que se habían hecho del Mesías. ¿Cuáles eran los deseos y esperanzas que podían vivir en aquellos momentos? En cierto modo se creaba una confusión en sus mentes y de alguna manera no sabían qué aceptar.

Había aparecido la figura de Juan en el desierto a las orillas del Jordán. Se sintieron atraídos por aquella voz que surgía en el desierto que les recordaban antiguas profecías y fueron muchos los que peregrinaron hasta el Jordán para escuchar a Juan y para realizar los signos que Juan les pedía como señal de conversión y preparación para la pronta venida del Mesías.

Ahora había surgido este profeta en Galilea en la persona de Jesús y también eran muchos los que sentían atraídos por sus enseñanzas y el despertar de esperanzas en su corazón. Pero ni uno ni otro del todo convencían a muchos. A Juan le preguntaba si él era un profeta o acaso el mismo Mesías. De Jesús se preguntaban quien era cuando con tanta seguridad se presentaba anunciando el Reino de Dios y realizando tantos signos y milagros. Pero no todos en ambos casos se sentían convencidos. Duras las parecían a algunos las exigencias de Juan para un camino de conversión y su austera figura con sus ayunos y penitencias no atraían a muchos y desconfiaban.

La figura de Jesús se presentaba de otra manera, les llamaban la atención las palabras de esperanza que Jesús pronunciaba de un Reino Nuevo y los signos que realizaba como señal de lo que había de ser ese Reino nuevo, pero las exigencias de cambio radical en sus vidas para su seguimiento se enfrentaba de alguna manera a los que hasta entonces se habían constituido en guías del pueblo aunque Jesús ahora denunciaba la falsedad y la hipocresía de sus vidas.

Como decía Jesús ¿eran como los niños de la plaza que no se ponían de acuerdo en sus cantos y en sus juegos porque mientras unos pedían una cosa, otros ofrecían hacer quizá lo contrario? ¿Dónde encontrar esa sabiduría para poder discernir en cada momento lo que habría que hacer?

Pero no nos quedemos en el análisis del hecho concreto que nos ofrece hoy el evangelio sino que con él hagamos una lectura de lo que es hoy nuestra vida y de lo que son también los derroteros del mundo y de la Iglesia. ¿Andaremos también nadando entre dos aguas sin saber a qué quedarnos? ¿Cuáles son los caminos de nuestro mundo que mientras por un lado parece que surge un coro intenso pidiendo un mundo nuevo, un mundo de paz y de armonía entre todos y con la misma naturaleza por otra parte seguimos con la tentación de la vanidad y de la ostentación, de la superficialidad y el alimentos de nuestros orgullos y nuestros deseos de grandeza a costa de lo que sea? ¿Por qué camino nos hemos de decidir?

¿No nos sucederá de manera semejante en el ámbito de nuestra Iglesia? Peligro tenemos de dejarnos encantar por los cantos de sirena de nuestro mundo que todo lo quiere reformar, que todo hay que cambiarlo para adaptarnos, dicen, a los tiempos en que vivimos, en que los criterios morales tendrán que ser otros porque dicen que el mundo no nos entiende, y por otra nos encontramos con radicalismos tradicionalistas que realmente no nos dejan percibir el auténtico perfume del evangelio.

¿A dónde nos tenemos que dirigir? ¿Cuál es la sabiduría que tenemos que buscar? ¿Cuál es la respuesta que tenemos que dar a los retos del mundo de hoy? Busquemos la autenticidad del Evangelio, dejémonos conducir por el Espíritu Santo que es el que ha conducido a la Iglesia a través de los siglos, vivamos de manera auténtica nuestra fe en Jesús.


jueves, 14 de diciembre de 2023

Necesitamos unas curas de humildad contemplando a quien era el más grande de los nacidos de mujer pero que dejaba adelantarse a los pequeños en el reino de los cielos

 


Necesitamos unas curas de humildad contemplando a quien era el más grande de los nacidos de mujer pero que dejaba adelantarse a los pequeños en el reino de los cielos

 Isaías 41, 13-20; Sal 144; Mateo 11, 11-15

Siguiendo con nuestro camino de Adviento la liturgia nos va delineando la figura de Juan Bautista, aquel que había sido preanunciado como el que venía a preparar los caminos del Señor y que venía con el poder y el espíritu de Elías para reunir a los hijos dispersos para preparar un pueblo bien dispuesto para la venida del Señor.

En la interpretación que iban haciendo de las Escrituras y de lo anunciado por los profetas tenían la esperanza que el profeta que había sido arrebatado al cielo en un carro de fuego, habría de volver antes de la llegada del Mesías. En cierto modo es a lo que hará referencia el ángel del Señor cuando se manifieste a Zacarías en la ofrenda del incienso en el templo anunciándole el nacimiento de un hijo que habría de tener una misión muy especial. Es a lo que ahora nos hará hoy referencia Jesús en el evangelio de que Elías ya ha venido, si querían admitirlo, haciendo referencia a la presencia del Bautista, como comentarán algunos de los que escucharon las palabras de Jesús.

Hoy Jesús nos quiere hablar de la grandeza del Bautista, como hará también en otros momentos del evangelio y que ya tendremos la oportunidad de comentar, pero al tiempo quiere señalarnos donde está la verdadera grandeza que nosotros hemos de buscar. ‘No ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista…’ les dice, ‘profeta y más que profeta’ que dirá en otro momento, pero al mismo tiempo nos señala que ‘el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él’.

¿Qué nos dirá Jesús en otros momentos cuando los discípulos andaban tan preocupados por los primeros puestos y quien iba a ser el más principal cuando faltare Jesús? El más pequeño es el más grande en el Reino de los cielos, y serán los primeros y los importantes los que sepan ser los últimos, hacerse servidores de todos. Hoy nos habla Jesús de la grandeza de Juan, pero una grandeza que también nosotros podremos alcanzar si sabemos hacernos pequeños, si sabemos hacernos los últimos y los servidores de todos.

Pero nosotros seguimos soñando con grandezas, con prestigios, con honores y con reconocimientos, con aplausos y con homenajes, y con la mejor buena voluntad hacemos muchas veces cosas muy buenas, pero calladamente estamos esperando el reconocimiento, la gratitud, el que nos lo tengan en cuentas, en que sean méritos que vayamos acumulando. No son esos los caminos del evangelio, no son esos los caminos de los que queremos seguir a Jesús.

Y con esos pensamientos dentro de nosotros, aunque tratemos de disimularlo, muchas veces sentimos violencia dentro de nosotros mismos, desde lo que nos gustaría alcanzar de reconocimientos o de valoraciones y el lugar que seguimos ocupando; nos cuesta pasar desapercibidos, queremos hacernos notar, sentimos unas cosquillas dentro de nosotros cuando vemos que otros son alabados y ensalzados y para nosotros no hay una palabra, una mueca al menos de reconocimiento, no queremos que nadie se nos adelante; qué duro se nos hace cuando quizás alguien echa tierra sobre nosotros que nos puede hacer perder prestigios, puestos de honor, o influencia sobre los demás.

No terminamos de asumir y aprender lo que es el camino de Jesús que no es otro el camino que nosotros hemos de hacer. Necesitamos unas curas de humildad. Miremos al Bautista, con sus pieles de camello, con sus langostas y miel silvestres (que no eran precisamente langostinos), y con la humildad de reconocer que no le importa menguar si el que crece es el Mesías que ha de venir.

Qué lección tenemos para nuestras actitudes desequilibradas, para los celos y las envidias que tantas veces se nos meten por dentro, para nuestras desconfianzas. Unas actitudes nuevas tienen que nacer en nuestro corazón.

martes, 29 de agosto de 2023

Alejémonos de oropeles y vanidades que nos llenan de superficialidad, pongamos congruencia entre nuestras palabras y el testimonio de nuestra vida, seamos testigos de luz y vida

 


Alejémonos de oropeles y vanidades que nos llenan de superficialidad, pongamos congruencia entre nuestras palabras y el testimonio de nuestra vida, seamos testigos de luz y vida

Tesalonicenses 2, 1-8; Sal 138;Marcos 6, 17-29

En nuestra tierra hay un dicho en que se dice de alguien que no es capaz de callarse, que dice la verdad duela a quien le duela, que no se anda con rodeos sino que es capaz de decirle a quien sea lo que piensa, que 'no tiene papas en la boca'. 

Es lo que escuchamos hoy de Juan Bautista; incluso aquel que más podría odiarle, o que le resultara incomodo, era capaz de reconocer que era un hombre honrado y santo; es lo que le sucedía con Herodes; Juan no se callaba, la vida del rey era un vida de vicios y de pasión, una vida llena de inmoralidad como se refleja luego en su manera de actuar y además vivía una relación incestuosa con la mujer de su hermano, y Juan no podía callar, denunciaba esa inmoralidad del rey. Por eso instigado por aquella que era la causa de una de sus inmoralidades Herodes metió en la cárcel a Juan, que buscaba además la forma de quitarle de en medio.

Escuchamos en el relato del evangelio cómo se desarrollan aquellos fatídicos hechos. Herodes cegado por sus vicios y su afán de poder cayó por la pendiente peor de su vida. La vanidad de su vida por una parte, el vacío y la superficialidad de su corazón le hacían perder la congruencia de sus actos. Quería defender a Juan, pero su corazón se había cegado y así es fácil resbalar por la pendiente en la que se había envuelto. El prestigio de su palabra y la vanidad de su vida le impidieron la congruencia que debería de esperarse de él. Hizo promesas difíciles de cumplir si se vive de acuerdo con unos principios, y al verse rodeado de los que lo halagaban prefirió la vanidad de su vida y las apariencias fastuosas a la vida de hombre que decía que respetaba. Cuando tras sus promesas llenas de locura y arrebatadas por la pasión, le piden la cabeza del bautista no duda en entregarla. 

¿Queremos en la vida mantener el brillo lleno de vanidad de la vida cueste lo que cueste? Es una tentación a la que nos vemos sometidos muchas veces, cuando nos dejamos arrastrar por la superficialidad y la vanidad. Los principios nos fallan, los valores se olvidan, nuestro yo egoísta es el que quiere prevalecer con esos brillos de vanidad. Necesitamos aprender a ser más congruentes en la vida entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que realmente hacemos. Ponemos demasiadas distancias entre una cosa y otra. Parece como si quisiéramos dejar espacio para esos oropeles que bien sabemos que nada valen. Los verdaderos tesoros para que los ocultamos, los dejamos de lado, cayendo por esa espiral que nos lleva a una pobreza cada vez mayor.

Juan dio su vida por fidelidad y por la congruencia de su vida. La verdad no se puede acallar por muchos que sean los intentos, su boca se cerraría pero su sangre derramada sería testimonio permanente. No temamos en la vida ser fieles a nuestros valores y principios y no tratemos de andar con acomodaciones y arreglos, con sincretismos que lo que hacen es ocultar el brillo de la luz verdadera. Por aquello del diálogo cedemos y la verdad queda oculta, pero su luz no tendrá nunca que dejar de brillar, la voz de Juan bautista quieren acallarla, pero su testimonio sería proclamado implacable a lo largo de los siglos, con lo que la luz de la verdad brillará cada vez más con más fuerte resplandor.

¿Hasta dónde seremos capaces de llegar en la congruencia de nuestra vida y de nuestra fe? ¿Cuáles son las cosas a las que le daremos prioridad en la vida? ¿Nos dejaremos arrastrar por la superficialidad y la vanidad?


sábado, 8 de julio de 2023

El evangelio es noticia nueva porque si no es nueva no es noticia y es noticia buena porque nos ofrece la novedad de una vida nueva, dejémonos de componendas

 


El evangelio es noticia nueva porque si no es nueva no es noticia y es noticia buena porque nos ofrece la novedad de una vida nueva, dejémonos de componendas

Génesis 27, 1-5. 15-29; Sal 134; Mateo 9, 14-17

Los caminos de la vida y de la historia podríamos decir que son un continuo avanzar, cada cosa tiene su tiempo, cada momento será único e irrepetible, y nos vamos encontrando continuamente las novedades que la misma vida nos ofrece, de alguna manera continuación de lo anterior pero siempre con lo nuevo de lo que ahora sucede que no es una simple repetición de lo pasado. Algunas veces nos cuesta aceptar esa novedad; sobre todo los mayores hay momentos en que nos llenamos de añoranzas de las cosas que en otros momentos vivimos y nos cuesta aceptar lo nuevo que progresivamente se nos va ofreciendo.

De ahí las tendencias en la manera de pensar, en la forma de plantearnos la vida, de continuar con la construcción de este mundo, cosas que nos hacen diferentes los unos a los otros, cosas en las que siempre habríamos de tener la lucidez de ver lo nuevo que podemos hacer o podemos construir. Son las diferentes tendencias que nos encontramos en la vida social, en las costumbres que queremos mantener, en lo valores sobre los que hemos de ir construyendo la vida, la visión incluso de futuro que podamos tener. Nos cuesta muchas veces descubrir lo bueno en lo nuevo que se nos va ofreciendo. No es lo mismo la historia vivida en otros siglos y en otros tiempos, que la vida que ahora nos toca vivir, y es a esta vida a la que tenemos que responder.

La presencia de Jesús que tantas esperanzas iba suscitando en los que soñaban con un nuevo, sin embargo también llenaba de inquietud a los que les costaba entender la novedad de la Buena Noticia que Jesús iba proclamando. Siempre la palabra de los profetas a trabes de toda la historia de Israel produjo esperanzas e inquietudes, entusiasmos y desconfianzas, no todos aceptaban la palabra valiente del profeta que les hablaba en nombre de Dios. Lo mismo está sucediendo con Jesús. Los que se sentían más oprimidos por la vida en las circunstancias concretas que cada uno vivía, llenaban su corazón de esperanza con el mensaje de liberación que Jesús ofrecía; pero incluso, sin embargo, aquellos que aun queriendo mantener una fe y unos sentimientos religiosos, descubrían que eran nuevos los caminos que Jesús ofrecía se sentían inquietos y desconfiados porque les parecía que les estaban cambiando su mundo. Fue el rechazo que veremos a lo largo del evangelio que manifestarán sobre todo los dirigentes del pueblo, muy enfrascados en sus intereses también, contra Jesús.

Pero hoy quienes se acercan a Jesús con cierta desconfianza son los que habían estado muy cerca del Bautista que había venido como precursor del Mesías para preparar los caminos del Señor. La austeridad de Juan, que era un signo en medio de aquel pueblo, había hecho también que a sus propios discípulos les costara aceptar el mensaje de Jesús y el nuevo estilo de vida que Jesús iba ofreciendo. Ellos que habían vivido intensamente la austeridad del bautista, ahora no entienden que los que siguen a Jesús no vivan también en ese mismo sentido tan penitencial. Había que preparar los caminos del Señor, pero no eran las cosas como rutinas lo que había que mantener, sino que era el corazón el que de verdad debía convertirse al Señor. Había sido el mensaje del Bautista que no siempre supieron entender, y era el mensaje de Jesús. Algo nuevo estaba ofreciendo Jesús.

Los discípulos de Juan no entienden que los discípulos de Jesús no ayunen como ellos lo hacían. Pero Jesús les está diciendo que ha llegado la hora de las bodas del Reino de Dios. Y las bodas no se pueden vivir en la tristeza sino en la alegría. ¿Cómo van a ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos celebrando el banquete de bodas del Reino de Dios?

Y es cuando Jesús nos deja esas hermosas sentencias que nos hablan de esa vida nueva que hemos de vivir. Pero para vivir esa vida nueva del Reino de Dios hay que vestirse un traje nuevo. ¿No recordamos, con la parábola, aquel traje de fiesta que se exigía al que estaba invitado a la boda y quien no lo tuviera no podía participar en ella? No valen composiciones y arreglos, los remiendos siempre quedan mal apañados. Es necesario un traje nuevo, un vestido nuevo, como nuevos tienen que ser los odres donde se ponga el vino nuevo no sea que su fuerza los destruya y se pierdan los odres y se pierda ese vino nuevo.

Es la conversión a la que nos invita Jesús, que es una transformación total, que no es revestirse un traje cualquiera hecho de remiendos, sino vestirse el traje nuevo de la fiesta. Qué lástima porque seguimos con muchos remiendos en la vida, queremos arreglar esto por aquí, queremos mantener lo otro por allí, volvemos a sacar las cosas viejas que ya están inservibles aunque en su momento tuvieran su razón de ser, nos quedamos con estas devociones y estas rutinas, pero no damos el paso grande de la transformación del corazón y de la vida.

Vivamos toda la novedad que nos ofrece el evangelio, como su misma palabra indica. Es noticia nueva, porque si no es nueva no es noticia, y es noticia buena porque algo bueno y nuevo nos ofrece. Dejemos de hacer componendas. Abrámonos a esa novedad de vida nueva.

sábado, 3 de junio de 2023

Cuidado con las pantallas en que nos envolvemos en lo que decimos religión que ocultan nuestro temor a escuchar con sinceridad la Palabra de Dios

 


Cuidado con las pantallas en que nos envolvemos en lo que decimos religión que ocultan nuestro temor a escuchar con sinceridad la Palabra de Dios

Eclesiástico 51, 12-20; Sal 18; Marcos 11,27-33

Cuando hay algo que nos puede producir desazón porque puede convertirse en una llamada de atención a una actitud o postura que tomamos en la vida tratamos de desviar la atención con otras cosas aunque sean nimiedades, pero que impedirán quizás que queden claras esas posturas erróneas nuestras, esos comportamientos que no son tan buenos, esas cosas que estamos haciendo que en el fondo sabemos que son incorrectas o incluso injustas.

Siempre recuerdo aquella anécdota del niño pequeño que estaba en peligro de caer a una aljibe pues se había subido a su brocal y cuando una vecina que lo vio comenzó a llamar a la madre para advertirle del peligro, el chiquillo con sus medias palabras le dijo a la mujer que se metiera para dentro de su casa y se fuera a fregar la loza. ¿No tienes nada que hacer? Déjame tranquilo y vete a hacer tus cosas, poco menos le quería decir el chiquillo.

Ese distraer la atención con otras cosas para no sentirnos aludidos por lo que estamos haciendo, poniendo como pantallas que oculten o distraigan para que no se hable, por ejemplo, de aquello que nos molesta, es un ejercicio que vemos con demasiada frecuencia en la sociedad que vivimos. Falta verdadera autenticidad en la vida y sinceridad con nosotros mismos y con la sociedad que nos rodea; queremos mantener las apariencias, si pudiéramos quitaríamos de en medio a quien de alguna manera se opone a nuestras posturas y presenta otros planteamientos; quizás tendríamos mucho que perder, nos da miedo perder nuestros prestigios, como no queremos ser abajados de aquellos lugares de honor o de poder en que nos hemos subido.

Llegar a reconocer que tenemos que cambiar en muchas cosas porque lo que hacemos no hace bien o no es correcto es algo que nos cuesta mucho. Ya buscaremos la forma de distraer, ya buscaremos la forma de desprestigiar, ya buscaremos la forma de cubrir esa nueva luz que ilumina, pero que como nos descubre cuales son las sombras que tenemos en la vida, tanto nos molesta y trataremos de velarla.

Ya en algunos sectores se manifestaba cierta oposición a Jesús. Aquel Reino de Dios que Jesús anunciaba no se compaginaba con la imagen que ellos se habían creado de lo que había de ser en verdad la misión del Mesías. Jesús les iba enfrentando consigo mismos porque les pedía una vida de mayor autenticidad de donde habían de descabalgar todas aquellas vanidades en que habían envuelto sus vidas. El sentido de relación con Dios cambiaba y lo importante era la ofrenda del corazón, más que todos aquellos sacrificios y penitencias que se habían impuestos con sus reglas y protocolos. Conversión del corazón poder entrar en esa sintonía de Dios. Y con su amor y su misericordia mostraba los signos y señales de lo que había de ser ese Reino nuevo de Dios.

Mientras aquellos que se sentían oprimidos y sin esperanzas en sus miserias y en sus pobrezas veían una luz nueva que comenzaba a brillar, a quienes quizá perdieran sus puestos de honor que les llenaban de cuotas de poder con lo que podían manipular mejor a los sencillos y pequeños poco menos que para tenerlos a su servicio no les agradaban para nada los anuncios que Jesús hacía. De alguna manera había que desprestigiarlo para que la gente ni lo escuchara ni lo siguiera. Había que buscar oportunidades para poder hacerlo.

La oportunidad llegó con aquel gesto, con aquel signo de purificación del templo que Jesús había realizado expulsando a los vendedores y cambistas de los pórticos del templo para que en verdad fuera casa de oración. Y es ahora cuando vienen a pedirle a Jesús con qué autoridad está realizando aquellas cosas. Era algo más que pedirle con qué autoridad había expulsado a aquellos vendedores del templo – eso era como una pantalla – lo que realmente le estaban pidiendo era con qué autoridad hablaba y enseñaba a las gentes, cuando El no era un maestro salido de las escuelas rabínicas de Jerusalén.

Jesús, por así decirlo, no entra al trapo con aquella trampa que le están tendiendo, como tantas veces veremos que intentan hacer con preguntas capciosas.  Mas bien les pregunta Jesús por su propia autoridad cuando ellos no  han querido escuchar a un profeta que recientemente han tenido en medio de ellos; se estaba refiriendo a Juan, el Bautista, que ellos tampoco habían querido aceptar; recordemos las embajadas que enviaban al desierto y al Jordán para vigilar a Juan y para preguntarle también por su autoridad. Ellos ahora no pueden responder al planteamiento de Jesús, porque entonces serían ellos los que se llevaran la oposición del pueblo, si rechazaban el profetismo del Bautista.

Pero la pregunta tenemos que hacérnosla nosotros. ¿No estaremos poniendo pantallas con muchas de nuestras devociones, con la manera de vivir nuestra piedad, con la cantidad de aditamentos que hemos añadido a nuestra vida religiosa, a nuestro sentido de la religión, porque miedo a encontrarnos de verdad cara a cara con la Palabra de Dios que nos interpela? También nos hemos llenado de ritos, procesiones, romerías, promesas, velas encendidas, pero ¿nos habremos preocupado de verdad por ir al fondo del evangelio que nos pide una renovación del corazón?

viernes, 3 de febrero de 2023

Cuidado con las motivaciones interesadas que pueden aparecer por debajo de lo que hacemos y nos pueden apartar de los caminos de rectitud y justicia

 


Cuidado con las motivaciones interesadas que pueden aparecer por debajo de lo que hacemos y nos pueden apartar de los caminos de rectitud y justicia

Hebreos 13,1-8; Sal 26; Marcos 6,14-29

Nos movemos según sean los intereses que tengamos. Se suele decir que para hacer las cosas tenemos que estar motivados, sobre todo cuando las cosas nos superan, se nos exige mucho esfuerzo y dedicación, o cuando tenemos que emprender algo novedoso. Pero el tema está en cual es la motivación que podamos tener detrás; es donde se va a manifestar nuestra madurez o el sentido que nosotros queremos darle a la vida, lo que hacemos y lo que vivimos.

¿Será la ambición lo que nos mueva? ¿Serán nuestros prestigios personales? ¿Será la vanidad que me puede llevar a buscar cosas de brillo y donde pueda yo sobresalir? ¿Serán unas ganancias que se pueden traducir en riquezas o poder económico, o la influencia que yo pueda tener sobre los demás? ¿Será un espíritu de servicio generoso y altruista que me quiere en verdad hacer solidario con mi mundo, con los que me rodean, con los que sufren?

Muchas cosas podríamos ir agregando a esta lista. Mucho tenemos que mirarnos a nosotros mismos con sinceridad, porque se nos pueden meter unos intereses en aquello que hacemos incluso hasta en lo más bueno que podamos hacer. Cuidado que siempre andemos buscando unas ganancias, unos réditos incluso hasta de nuestra propia religiosidad.

Ya Jesús cuando alguien se ofrece a seguirle y dice que quiere hacerlo de una manera incondicional, les recuerda que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza, a pesar de que incluso las fieras del campo tienen sus madrigueras. Y muchas veces nos encontramos también en los propios discípulos cercanos a él unos intereses y ambiciones por los primeros puestos de poder o de influencia, o como le dirá Pedro un día y a ellos que lo dejaron todo por seguirle qué es lo que les va a tocar.

La presencia de aquel profeta de Nazaret por aquellos pueblos y caminos de Galilea, con las multitudes de gentes que se sentían atraídos por El, va suscitando inquietudes en muchos. Ya hemos visto que sus propios conciudadanos de Nazaret al final terminan poniéndose en contra de Jesús, porque no consiguieron lo que ellos pretendían; hemos visto que los principales del pueblo andan al acecho con lo que hace y con lo que dice Jesús, porque se temen que la gente se vuelva contra ellos y pierdan su prestigio, por eso intentarán de todas formas de oscurecer el prestigio de Jesús.

En el evangelio de hoy vemos que es Herodes quien se pregunta quien es ese Jesús del que tanto estás oyendo hablar; en otro momento vendrán a decirle a Jesús que Herodes quiere conocerlo. Ahora Herodes se pregunta si este Jesús es un profeta, como los antiguos, o acaso es Juan el Bautista el que mandó decapitar que ha vuelto en la figura de Jesús.

El evangelista nos relata el episodio. Un episodio donde vemos ese juego de intereses, esas motivaciones que están detrás de cuanto está sucediendo. Nos habla de la admiración de Herodes por el Bautista, pero lo tiene metido en la cárcel por las instigaciones de la mujer con la que convive, que el profeta le dice que no es justo ni correcto lo que está haciendo; está la vanidad de las fiestas de Herodes rodeado de todos sus cortesanos buscando la adulación y la manipulación; está el orgullo de un prestigio que no se quiere perder, pero la pasión que ciega y hace prometer incluso lo que no se podría cumplir; los respetos humanos, la cobardía y el dejarse manipular incluso para conseguir mantenerse en su puesto de poder. Y al final la que cae es la cabeza del Bautista. No es necesario después de haber escuchado el relato del evangelio, volver a incidir en los detalles.

¿Qué buscamos en la vida? ¿En qué lugar queremos mantenernos? ¿Qué llegamos a hacer para conseguir lo que anhelamos sobre todo si vamos por los caminos de las glorias y vanidades de este mundo? Aquí, aunque el relato nos pueda parecer negativo, tenemos la gran lección. ¿Dónde está la rectitud de nuestra vida? ¿Qué es lo que nos hace ser maduros de verdad en las decisiones que hemos de tomar para obrar siempre con rectitud? ¿Nos dejaremos manipular por esos intereses que nos aparecen casi sin darnos cuenta por debajo de nuestras acciones?

domingo, 12 de diciembre de 2021

Mira dentro de ti y haz una evaluación de tu fe, tu amor y tu esperanza para encontrar en la venida del Señor el camino de la verdadera alegría



Mira dentro de ti y haz una evaluación de tu fe, tu amor y tu esperanza para encontrar en la venida del Señor el camino de la verdadera alegría

 Sofonías 3, 14-18ª; Sal.: Is 12, 2-6; Filipenses 4, 4-7; Lucas 3, 10-18

¿Tendremos razones y motivos para estar alegres? Todos queremos la alegría, la buscamos, queremos ser felices, queremos arrancar sombras de tristeza en la vida, pero también hemos de reconocer que hay muchas formas; algunas veces nos quedamos en alegrías que son efímeras, ficticias porque no sabiendo en ocasiones cómo encontrarla nos buscamos sucedáneos de la alegría; y hay muchos; y muchas veces se crean confusiones, y tenemos el peligro de parecer alegres pero mantener un deje de tristeza en la vida, que nos cuesta ocultar y no sabemos por qué.

Suelo ser de los que voy pidiendo una sonrisa o haciéndosela despertar a aquellos con los que me encuentro; pero no pueden ser sonrisas forzadas, porque se quedarían en una mueca y no expresan de verdad lo que llevamos por dentro; nos pasa con la alegría, nos pasa con lo que decimos muchas veces que es la felicidad; se nos queda en el rostro como impostada, porque es forzada, porque no es lo que llevamos dentro. Por eso sigo preguntándome ¿tendremos razones y motivos para estar alegres?

Ahora viene Navidad, y decimos que es tiempo para alegría, que todos tenemos que estar alegres, que todos tenemos que hacer fiesta; pero quizás algunos se quedan en una alegría forzada porque detrás comienzan a sacar recuerdos, a traer a colación añoranzas y algunos dicen que para ellos son días tristes.  Como hay que estar alegres, ¿podría sucedernos que estamos haciéndonos una alegría impostada, para la galería y no desentonar, pero no la habremos encontrado? Claro nos buscaremos muchos sucedáneos. ¿Habremos descubierto de verdad lo que tiene que ser la alegría de la navidad? Ya sé que teóricamente podemos decir muchas cosas que nos sabemos, pero no sé si eso que decimos cala en nosotros, deja huella en nosotros y es motivo de esa verdadera alegría.

Hoy sin embargo es el domingo de la alegría. Es la palabra y la invitación que se repite a través de toda la liturgia de este tercer domingo de Adviento. Es casi como un mandato del Señor. Tenemos que estar alegres. Pero como una coletilla al mismo tiempo nos sigue viniendo el pensamiento, pero ¿podemos estar alegres? Y pensamos en tantos sufrimientos en los que nos vemos envueltos, en tantas situaciones difíciles y dolorosas por las que están pasando muchos e incluso nosotros mismos, en el derrotero que lleva nuestra sociedad que no termina de salir de una para meterse en otra como se suele decir.

Pues nos está pidiendo el Señor que sí, que tenemos que estar alegres. La alegría tiene que ser una realidad que llevemos en el corazón y es también una esperanza con la que alentamos nuestra vida. Navidad es presencia de Dios. Y si tenemos a Dios con nosotros ¿qué nos puede entristecer? Porque tener a Dios es tener vida; tener a Dios es sentirnos inundados por su amor; tener a Dios es sentir la fuerza de su presencia porque el camina a nuestro lado, Emmanuel decimos, Dios con nosotros. Tener a Dios con nosotros va a ser un nuevo sentido de vida; tener a Dios con nosotros es tener la seguridad de que podemos vencer de todos esos males que nos acechan.

El profeta invitaba al pueblo a alegrarse y a llenarse de gozo, precisamente cuando los momentos por los que estaba pasando el pueblo no eran nada fáciles, porque con el Señor de su lado tenían asegurada la victoria y podrían iniciar un nuevo camino de paz y de libertad. ‘Gritad jubilosos habitantes de Sión porque es grande en medio de ti el Santo de Israel’, nos sentíamos invitados nosotros también con el salmo.

San Pablo con el mismo sentido invitaba a la alegría a los cristianos de Filipos. Aquella fe que vivía en el Señor era su fuerza y su alegría. Y ellos vivían en medio de un mundo de paganos. ¿No será la alegría verdadera nacida de nuestra fe en lo más hondo del corazón la que tenemos que manifestar en medio del mundo que nos rodea señalándole donde está la verdadera fuente de nuestra alegría?

Es la que nos ayuda a mantenernos firmes a pesar de todos los contratiempos que tengamos que soportar o todas las desgracias y calamidades que nos puedan sobrevenir. Con el Señor nos levantaremos, con el Señor podremos seguir luchando, con el Señor podremos realizar un nuevo mundo. Y esto lo decimos a pesar de que haya una pandemia que haya trastocado muchas cosas en nuestra vida, o a pesar de volcanes destructores que arrasen la vida de muchas personas que se han quedado en la nada. Una alegría nacida de la fe en la presencia del Señor y que nos llena de esperanza.

Por último fijémonos en la figura del Bautista que nos aparece en el evangelio. Predica en el desierto, en la orilla del Jordán, invitando a la conversión a Dios y a un bautismo como signo de purificación para la venida del Mesías y la gente que acudía a él le preguntaba qué es lo que tenían que hacer. Nos presenta el evangelio lo que responde de forma genérica a todos, pero lo que responde en particular a los recaudadores de impuestos y a los soldados. Esa purificación a la que invita con el bautismo en las aguas del Jordán es un desprendimiento de si mismo, para compartir y para vivir con responsabilidad sus funciones. Es el compartir la túnica y es el actuar en justicia y responsabilidad. Quienes son capaces de comenzar a actuar así en su vida comenzarán a sentir paz en el corazón, que es el camino de la auténtica alegría.

        También nosotros nos preguntamos ¿y qué tenemos que hacer? Mírate dentro de tu corazón y no acapares para ti; mira dentro de tu corazón y descubre los caminos de rectitud por los que has de caminar en las responsabilidades de la vida; mira dentro de ti y arranca esas tristezas que se nos meten en el alma cuando nos encerramos en nosotros mismos y no somos capaces de abrir el corazón para que en él quepan los demás; mira dentro de ti y evalúa la intensidad de tu fe para ser capaz de sentir la presencia de Dios en tu vida pase lo que pase; mira dentro de ti y mide la calidad de tu esperanza. Verás entonces en donde encontrarás la verdadera alegría. 

lunes, 2 de agosto de 2021

Cuánto podríamos hacer para mejorar nuestro mundo si cada uno generosamente fuéramos capaces de poner nuestro pequeño grano de arena

 


Cuánto podríamos hacer para mejorar nuestro mundo si cada uno generosamente fuéramos capaces de poner nuestro pequeño grano de arena

Números 11,4b-15; Sal 80; Mateo 14,13-21

No lo dejaban ni a sol ni a sombra. Es lo que sucede con Jesús. Ahora, después de enterarse de la muerte del Bautista Jesús quiere ir con sus discípulos más cercanos a un lugar solitario; como diría algún comentarista, a esperar a que pasara la tormenta; la muerte de Juan tuvo que impactar mucho a Jesús, aunque pocas veces los veamos en el evangelio en relación, no en vano Juan era el Precursor del Mesías, y había venido a preparar los caminos del Señor. Allá al Jordán Jesús también había acudido para recibir el bautismo a manos de Juan, aunque lo que sucedería en aquel momento superaba todo lo que significaba el bautismo de Juan, como tantas veces hemos comentado. ¿Convenía hacer una pausa después de aquellos acontecimientos sangrientos? Para Jesús no va a haber pausa, cuando llegan a aquel descampado Jesús se encontró con la multitud que le estaba esperando.

Y el corazón compasivo de Jesús hizo lo que tenia que hacer; nada de descanso y si ponerse junto a aquellos hambrientos de la Palabra de Dios para ponerse a enseñarles. Pero el tiempo pasa, llega la tarde, la multitud es grande y ha estado todo el día escuchando a Jesús después de lo que habían caminado para adelantárseles en aquel sitio y son los discípulos los que se adelantan a pedir a Jesús que despida a la gente para que puedan llegar a las aldeas donde puedan comer algo.

Pero ya conocemos el diálogo, Jesús les dice que le den ellos de comer. ¿Cómo pueden dar de comer a tantos si solo tienen unos pocos panes y peces? Pero allí están a disposición de Jesús. Manda que la gente se siente en el suelo y bendice a Dios por aquellos panes antes de comenzar a repartirlos a la gente. Y comieron todos y hasta sobró como bien nos detalla el evangelista. Muchas veces lo hemos contemplado y meditado.

‘Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces’, habían dicho los discípulos. ¿Eran las provisiones que ellos llevaban, aunque no parezca que fueran muy abundantes? ¿Era la oferta de alguien de entre la multitud? Otro evangelista hablará de un muchacho que llevaba en su alforja esas provisiones. Pero lo importante era que aquello, aunque fuera pequeño, se puso a disposición del servicio que pudiera prestar.

Cuántas veces nosotros decimos también ante la ingente tarea que vemos que está por realizar en nuestro entorno, que nada tenemos, que nada valemos, que nosotros no sabemos, que no podemos hacer nada, y aquellos pequeños panes y peces de nuestros valores se quedan ocultos, se quedan enterrados. ¿Seremos acaso como aquel hombre de la parábola al que solo se le concedió un talento y lo guardó y escondió para no perderlo, para que no se lo robaran, pero no hizo nada con él? Ya sabemos cómo en la parábola se le recrimina que no lo hubiera negociado; cada uno tiene que negociar lo que tiene, tiene que desarrollar los valores y las cualidades que posee, sean muchas o sean pocas.

Somos pobres muchas veces no porque no tengamos nada, sino porque no sabemos poner a juego aquello poco que tenemos. Y la miseria se junta con la miseria para aumentarla aun más; pero si aquello mísero que poseemos lo ponemos a disposición, lo desarrollamos, podrá surgir una hermosa planta de esa pequeña semilla. Cuántas cosas nos dice Jesús en este sentido en el evangelio. Y nos lo está diciendo hoy con los cinco panes y los dos peces puestos a disposición. Cuánto podríamos hacer por nuestro mundo si cada uno generosamente fuéramos capaces de poner nuestro pequeño grano de arena.

sábado, 31 de julio de 2021

Nos cuesta rehacernos y nos vemos metidos en una espiral que no sabemos por donde romper pero Dios va poniendo señales en lo que nos sucede cada día

 


Nos cuesta rehacernos y nos vemos metidos en una espiral que no sabemos por donde romper pero Dios va poniendo señales en lo que nos sucede cada día

Levítico 25,1.8-17; Sal 66; Mateo 14,1-12

Hay momentos que podríamos que son de gracia para nosotros, aunque no siempre sabemos leer el mensaje que pudiera llegarnos tras ese momento, esas palabras que escuchamos, ese hecho que ha sucedido en nuestra presencia, esa persona que ha aparecido en nuestra vida. algo viene a nuestra memoria que nos impacta en su recuerdo aunque muchas veces queramos hacer oídos sordos ante aquello que vemos tan palpable delante de nosotros; podemos echarlo en el olvido, o podemos detenernos en la vida y reflexionar, aunque prefiramos en ocasiones seguir como si nada hubiera pasado y busquemos miles de justificaciones.

¿Le sucedería algo así al tetrarca Herodes cuando tiene noticias de Jesús? Ya en alguna ocasión vinieron a decirle a Jesús que Herodes andaba buscándolo. En esta ocasión se despiertan muchos recuerdos en su conciencia. ‘Ese es Juan que ha resucitado al que yo mandé matar’, se dice cuando le hablan de Jesús. Y el evangelio nos da detalles de cómo fue la muerte del Bautista, como tantas veces habremos reflexionado cuando nos hemos encontrado con este evangelio.

Algún evangelista dirá que Herodes tenia aprecio al Bautista y lo escuchaba con gusto, pero en la espiral de inmoralidad en la que metió su vida hizo que en lugar de escucharlo lo metiera en la cárcel a instigaciones de Herodías la mujer con la que vivía y que Juan le decía que no le era lícito vivir con la mujer de su hermano. Será con motivo de una fiesta como hemos escuchado y repito muchas veces meditado, al bailar Salomé la hija de Herodías, el tetrarca se juramenta con ofrecimientos hasta de su reino para complacer a quien le ha deleitado en el baile; es el momento de Herodías para quitar de en medio al Bautista.

Aunque pareciera que Herodes se quedó con una conciencia insensible después de la muerte de Juan, algo pesaba en su interior, que cuando oye noticias de Jesús piensa en aquel a quien había mandado matar. Era el momento de gracia, de llamada del Señor que Herodes no quiso escuchar, como tantas veces nos sucede a nosotros.

Tendrá oportunidad de otros encuentros con Jesús, como sería en medio de la pasión y entrega de Jesús. Pilatos envió a Jesús a Herodes, porque era de su jurisdicción ya que Jesús había comenzado a predicar en Galilea, territorio que le correspondía gobernar al tetrarca. Podíamos decir que es otro momento de gracia, pero cuando estamos en la pendiente la pendiente se hace resbaladiza y nos costará volver atrás. Aprovecharía para querer hacer fiesta con Jesús. 

Creo que estos aspectos que hemos resaltado podrían ser también ayuda para nuestra reflexión. Cuántas veces nos cuesta rehacer nuestra vida. Parece también que nos hemos metido en una espiral que cada vez se va haciendo más grande y no sabemos por donde romper para salirnos de esa trayectoria que parece que nos empuja. Dios sin embargo va poniendo señales en nuestra vida en aquellas mismas cosas que nos suceden cada día. Hay momentos que lo pasamos mal, momentos que se nos hacen difíciles, momentos en que parece que nos sentimos zarandeados por la vida y no sabemos cómo hacer pie ni donde apoyarnos.

En medio de esas turbulencias sepamos encontrar, descubrir ese momento en que aparece una luz, donde podemos encontrar un apoyo, sintamos la mano del Señor que siempre está tendida hacia nosotros buscando que nos agarremos a ella. El Señor pone señales de su presencia que hemos de saber descubrir.

No tengamos miedo a esas turbulencias de nuestro espíritu, porque sabemos que en medio de la tormenta también está el Señor, aunque nos parezca que está dormido sobre un almohadón como aquella vez en medio de la tormenta del lago. Que se despierte nuestra fe, nos apoyemos en el Señor y demos los pasos que necesitamos para rehacer nuestra vida. Su gracia no nos faltará.

domingo, 17 de enero de 2021

Ir y estar con Jesús, le veremos, le escucharemos, nos encontraremos con El y seremos en verdad sus discípulos

 


Ir y estar con Jesús, le veremos, le escucharemos, nos encontraremos con El y seremos en verdad sus discípulos

1Samuel 3, 3b-10. 19; Sal 39; 1Corintios 6, 13c-15a. 17-20; Juan 1, 35-42

¡Oye, que me gustaría hablar contigo! Mira cuando tienes un rato y podemos vernos. Una experiencia así nos habrá surgido en más de una ocasión, bien porque nosotros seamos los interesados en hablar con alguien o porque otra persona quiere hablar con nosotros. Cuando quieras, nos ofrecemos, ahora mismo si quieres, tengo tiempo.

Queremos hablar porque hay algún tema importante que tratar o que resolver, o desde esa curiosidad que llevamos por dentro donde queremos preguntar por cosas, desde esa búsqueda interior y que quizás intuimos que en aquella persona podemos encontrar respuestas. Porque hemos de reconocerlo siempre andamos como a la búsqueda, y no es ya el conocimiento externo que podríamos decir de conocer lugares o conocer la historia, es donde vamos buscando el sentido de las cosas y queremos explicaciones, es esa búsqueda interior, repito, donde vamos buscando un sentido o un valor para la vida misma.

De esa búsqueda o de esas búsquedas mucho quizá podríamos o tendríamos que decir. Porque es el camino de nuestro crecimiento como personas, de nuestra maduración en la vida, de interiorización para no quedarnos en superficialidades y hacer la vida vana. Y encontramos apoyos o encontramos revulsivos que nos despiertan, mediaciones en la vida en los propios acontecimientos que nos hacen hacernos muchas preguntas sobre el por qué de lo mismo que sucede, o en personas que vienen a ser como un estímulo, un interrogante, un empuje para ese camino de búsqueda.

Es lo que estamos contemplando en esta página del evangelio que hoy se nos ofrece. Aunque estamos en el ciclo B y correspondería el evangelio a san Marcos, en este domingo se nos propone un texto del evangelio de Juan. El Bautista ha señalado al paso de Jesús que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y aquellas palabras no caen en el vacío, dos de sus discípulos – de uno sabemos que es Andrés por lo que luego se  nos dice, del otro intuimos que es Juan, uno de los Zebedeos – se van tras Jesús. ‘Oye que queremos hablar contigo, queremos conocerte’, aquello que decíamos al principio. Lo muestran en su actitud de ir detrás de Jesús, porque será Jesús el que pregunte ‘¿Qué buscáis?’ y es ahora cuando manifiestan sus deseos ‘¿Dónde vives?’

Qué buscan, pregunta Jesús y la respuesta de ellos es a su vez preguntar dónde vive. Pregunta y repregunta que tenemos que entender bien. Realmente no buscan cosas ni lugares. Realmente allí no vivía Jesús porque andaban quizás por Judea en las orillas del Jordán y si algún lugar de referencia tenía Jesús era Galilea, como ellos mismos. Por eso Jesús les invita a ir y estar con El. Ir y estar con Jesús, cosa importante. Si queremos conocer a alguien, y ellos querían conocer a Jesús, lo importante es estar con esa persona a la que queremos conocer. Ni son definiciones ni simples descripciones las que nos pueden ayudar a conocer a alguien, lo mejor es ir y estar con él, como hicieron aquellos dos primeros discípulos, seguidores de Jesús. Importante este pensamiento que se tiene que convertir en actitud por nuestra parte.

Queremos hablar contigo, era la expresión que hemos venido empleando; cuando queremos hablar con alguien no es solo lo que nosotros tengamos que decir, sino lo que nosotros queremos escuchar o tenemos que escuchar. No es un monólogo por nuestra parte sino un diálogo donde necesariamente tenemos que escuchar.

Es la manera de la búsqueda de Dios que tenemos que realizar en nuestra vida. Puede estar ese buen deseo por nuestra parte y nos ponemos a caminar para buscar, pero tenemos que darnos cuenta de que es el Señor quien nos sale al encuentro, y al final será El quien nos invite a estar con El. ‘Venid y lo veréis’, que les respondió Jesús. Iremos y veremos, iremos y escucharemos, iremos y encontraremos. A la mañana siguiente Andrés ya le dirá a su hermano ‘hemos encontrado al Mesías’, y también lo llevará hasta Jesús para que vea, para que escuche, para que se encuentre.

Es el camino que nosotros hacemos o tenemos que hacer; es el camino que en verdad nos hace discípulos; es el camino del verdadero encuentro que tenemos que realizar. Tenemos que reconocer que mucho nos ha faltado ese encuentro. Somos cristianos, y el cristiano es un discípulo de Cristo, muchas veces solo por tradición; fue lo que nos trasmitieron nuestros padres, ha sido lo que hemos ido recibiendo por muchos caminos en la Iglesia misma, han sido convicciones que nos hemos ido haciendo dentro de nosotros ante cosas que hemos escuchado o aprendido, pero quizás nos han faltado encuentros profundos, vivos con Jesús.

No fue suficiente que Juan les dijera que Jesús era el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, sino que fue necesario que fueran con Jesús, estuvieran con Jesús, escucharan a Jesús, se encontraran de una manera viva con Jesús. No son solo razones que nos lleguen a la cabeza sino vivencias de encuentro que tengamos desde lo más profundo de nosotros mismos. Y eso muchas veces nos cuesta realizarlo, o tenemos miedo de realizarlo porque entonces sí que nuestra vida sería distinta, sí que nos tendríamos que sentir mucho más comprometidos.

También Jesús nos dice ‘venid y lo veréis’. Vayamos con Jesús, no tengamos miedo, dejémonos encontrar con El.