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lunes, 26 de octubre de 2026

No vayamos de indiferentes por la vida y pasemos de largo ante quienes están necesitando una llamada, un signo de esa cercanía del amor de Dios

 


No vayamos de indiferentes por la vida y pasemos de largo ante quienes están necesitando una llamada, un signo de esa cercanía del amor de Dios

 Efesios 4, 32 — 5, 8; Salmo 1; Lucas 13, 10-17

Vamos demasiado de indiferentes por la vida. ¿La vida nos ha endurecido? ¿O nos habremos acostumbrado? También nos puede suceder que damos el esquinazo, porque damos la vuelta y nos inventamos el ir por otro lado para no enterarnos, o también le echamos a los demás el muerto, nos lo quitamos de encima, porque eso les toca a otros; ¿que hacen las autoridades, nos decimos tantas veces, que con tantos problemas y no hacen nada? No hacemos nosotros nada, pero elevamos la culpa lejos de nosotros para que no nos haga sombra y estamos esperando a que otros hagan, como decimos, los que tienen que hacerlo. Y nosotros seguimos tan indiferentes y tan insensibles.

El evangelio nos enseña con los detalles, no son necesarios cosas extraordinarias, aunque quizás se nos pueden pasar y no somos capaces de detenernos para ver ese detalle que por ejemplo nos ofrece Jesús. Quiero reconocer que muchas veces he escuchado, leído, comentado y meditado este texto del evangelio que hoy se nos ofrece, pero en esta ocasión me he detenido en un detalle. Jesús llegó a la sinagoga como de costumbre los sábados – le hemos visto en muchas ocasiones tanto en Nazaret como en Cafarnaún, aunque era su costumbre hacerlo en los pueblos que iba visitando para anunciar el Reino de Dios – y el evangelista nos habla de una mujer que llevaba encorvada 18 años por su enfermedad. Quizás pasaría hasta desapercibida porque podría parecer una mujer anciana más entre todas que se había ido encorvando por el paso de los años y las enfermedades como nosotros nos podemos encontrar a tantas. Pero detalladamente se nos dice que Jesús se fijó en ella y la llamó. No pasó desapercibida para Jesús. ‘La llamó y le dijo, mujer quedas libre de tu enfermedad, Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios ’.

Luego vendrían los comentarios del jefe de la sinagoga porque la curación había sido realizada un sábado y los razonamientos que nos ofrece Jesús. ¿Podemos llevar a abrevar a un buey o a un asno que tengamos atados, pero porque es sábado no se va a liberar a esa mujer del mal que le aqueja?

Jesús. nos va enseñando lo maravilloso que es el amor y cómo hemos de saber expresarlo desde esas pequeñas cosas de cada día, o desde esos detalles donde manifestamos nuestra cercanía pero también la sintonía de nuestro espíritu. Un día sintió que una mujer había tocado la orla de su manto, en otra ocasión se detendrá en la calle de Jerusalén para fijarse en un ciego de Nacimiento, se acercará al ultimo rincón de la piscina de Betsaida donde hay un paralítico que parece perdido y olvidado de todos, escuchará el clamor del ciego que al borde del camino pide limosna y pide que le ayuden y les pedirá a sus acompañantes que antes se sentían molestos que lo traigan a su presencia, al pie de la higuera en Jericó descubrirá a quien está escondido tras sus hojas y le pedirá que se baje porque querrá hospedarse en su casa. Muchos momentos podríamos seguir detallando de ese Jesús estar atento al sufrimiento que hay a su alrededor y aunque pase desapercibido o sea incómodo para otros, El se detiene, ofrece su presencia y su palabra para levantar al que está caído. Allí está vivo el amor y así se nos manifiesta.

¿Estará vivo de la misma manera el amor en nosotros y así lo manifestamos? No es necesario hacer mucho ruido pero ¿cómo se levanta el ánimo cuando alguien se detiene a nuestro lado porque se ha fijado en nosotros y penetra nuestro interior con su mirada? Es ese gesto aunque sea silencioso, es esa mirada que nos llena de luz, es esa simple palabra que nos llega al alma, es esa mano tendida para sostenernos cuando nos parece que nos vamos a caer, es ese caminar a nuestro lado compartiendo nuestro sudor, es ese estímulo que sentimos en lo más hondo cuando encontramos ese gesto de compasión y de humanidad.

Es lo que podemos ofrecer a los demás, pero porque antes nosotros también lo hemos sentido en nuestra vida; quizás en ocasiones también íbamos encorvados porque había muchas cosas que pesaban sobre nosotros, encorvados arrastrando viejas ataduras de las que no habíamos sido capaces de liberarnos por nosotros mismos, encorvados en nuestras rutinas o en nuestras cobardías, encorvados porque había pasiones que nos dominaban y no podíamos saborear lo que era la verdadera libertad. Dios ha llegado a nosotros de alguna manera y ha puesto nueva luz en nuestros corazones regalándonos su perdón, sanándonos de nuestras viejas ataduras, abriéndonos nuevos horizontes llenos de luz.

La Palabra de Dios ha llegado también a nosotros señalándonos esas cosas concretas de nuestra vida de las que necesitamos ser liberados. Y aunque a veces aún tímidamente hemos comenzado a dar pasos. El que ahora nos hagamos esta reflexión es también un detenerse de Jesús a nuestro lado y llamarnos para que nos acerquemos a Él. Pero ahora nosotros también tenemos que ser ese signo para los que están a nuestro lado y comenzar a actuar a la manera de Jesús. Alguien puede estar esperando esa presencia nuestra, esa palabra o esa mano tendida. No sigamos indiferentes por los caminos de la vida y pasemos de largo.


domingo, 20 de septiembre de 2026

Una parábola que nos está recordando que la voz de Dios puede resonar en nuestro corazón en la hora que menos pensemos pidiendo que entremos a trabajar en su viña

 


Una parábola que nos está recordando que la voz de Dios puede resonar en nuestro corazón en la hora que menos pensemos pidiendo que entremos a trabajar en su viña

Isaías 55, 6-9; Salmo 144; Filipenses 1, 20c-24. 27A; Mateo 20, 1-16

¿Por qué siempre hemos de estar comparándonos los unos a los otros, sacando a relucir méritos o merecimientos, lo mejor que nosotros lo hacemos y siempre la inferioridad de los otros? Hemos convertido la vida en un tira y afloja, en una lucha competitiva para ver quién acaba primero la carrera y a la larga en buscar por los medios que sea el descalificar al otro porque al final ni lo consideramos digno de estar en esa competición.

No tendría que ser la vida una competición, porque aunque mucho hablamos de deportividad no es esa la manera habitual que empleamos para desarrollar lo mejor de nosotros mismos. Competencia en el sentido de que saquemos lo mejor de nosotros mismos para desarrollar la función que tengamos en la vida o ser nosotros mismos es una cosa, pero convertir la vida en una competición es bien distinto. Por eso andamos siempre con el reloj en la mano, no tanto para aprovechar nosotros el tiempo que no se nos pierde en superficialidades, sino para tener en cuenta y medir lo que hacen los otros, que siempre nos parecerá que no vale tanto como lo que nosotros hacemos.

Son los primeros pensamientos que me surgen al escuchar la Palabra de Dios que en este domingo se nos ofrece. Muchas veces habremos reflexionado sobre esta parábola de los obreros llamados a la viña en distintas horas del día. Una parábola que rompe esquemas sobre la forma cómo nosotros nos organizamos y medimos lo que hacemos. Una parábola que nos enseña cómo valorar el trabajo pequeño o grande que realizan los demás. Una parábola que nos está recordando que la voz de Dios puede resonar en nuestro corazón en la hora que menos pensemos pidiendo que entremos a trabajar en su viña. Una parábola que nos hace mirar con ojos distintos a los que llegan a nuestro mundo y a nuestra vida en la hora del hoy manteniendo siempre por encima de todo su dignidad de personas y valorando que en esta hora que nos parece intempestiva sin embargo pueden hacer por nuestro mundo y por nosotros. Una parábola que nos está enseñando lo maravilloso que es el amor que nos tiene que hacer comprensivos y generosos abriendo siempre nuestros brazos con un sentido amplio y universal.

Los obreros de la primera hora quizás miraban mal a aquellos que se incorporan en horas distintas, al final protestarán porque a los últimos se les ha pagado igual que a los primeros que parecieran que se llevaron todo el calor y el bochorno del día. ¿No habrán también en nosotros esos sentimientos encontrados en relación a lo que hacen los demás porque nos parece que lo que hacemos nosotros sí vale y tendría que tener el reconocimiento de lo que hemos hecho?

Afloran a veces sentimientos negativos en nosotros cuando vemos tanta gente distinta a nuestro alrededor y nos aparecen incluso algunos resabios racistas en relación a los que vienen de otros países. Nos van a quitar el pan de nuestros hijos, dicen a veces algunos, como si el mundo fuera solo nuestro. ¿No tendría que decirnos a nosotros, como aquellos obreros de última hora de la parábola, que están ociosos porque nadie los ha contratado? Tanto que hablamos de la globalidad de nuestro mundo, tanto que hablamos de la dignidad de las personas y ¿por qué hacemos tantas distinciones que se convierten en discriminaciones?

Por eso decía que esta parábola nos va a enseñar a tener una mirada distinta y a provocar en nosotros unas nuevas actitudes para hacer que la vida sea más que una competición una colaboración entre todos, cada uno desde su tiempo y su lugar, para hacer que tengamos un mundo más humano, nuestras mutuas relaciones tengan más humanidad, y ciertamente aprendamos a ser verdaderamente solidarios los unos con los otros. Es el camino del amor que tendría que imperar en nuestra vida.

Ya nos recordaba el profeta que los planes de Dios son distintos y superiores a la mezquindad con que nosotros vamos caminando por la vida. Es la novedad que nos ofrece el evangelio que nos pedirá una vestidura nueva, unos odres nuevos para el vino nuevo, un hombre nuevo que se haya despojado de esas vestiduras viejas del egoísmo y la insolidaridad para vestir el traje de fiesta que siempre resplandece con las múltiples joyas del amor vivido en los mil detalles con que expresamos el amor a cuantos nos rodean, sean quienes sean, hagan lo que hagan. ¿Vestiremos ese traje del hombre nuevo de la gracia?


sábado, 5 de septiembre de 2026

Como seres humanos que somos ojalá sepamos poner más humanidad en nosotros y en nuestras relaciones creando así una sociedad verdaderamente humana

 


Como seres humanos que somos ojalá sepamos poner más humanidad en nosotros y en nuestras relaciones creando así una sociedad verdaderamente humana

1 Corintios 4, 6b-15; Salmo 144; Lucas 6, 1-5

No sé si lo podríamos decir así, pero estoy pensando que lo único que necesita el hombre para ser él mismo, para lograr lo mejor de su vida y, podríamos decir también, ser feliz él y el mundo que nos rodea es humanidad. Ahí lo entrañaríamos todo, porque ser humano y portarnos y tratarnos con dignidad podríamos decir que encerraría todo lo que es el ser del hombre, de la persona.

Sin embargo, quizás por nuestra propia debilidad, porque pronto nos aparecen los atisbos de insolidaridad y egoísmo, o la ambición de ser más y dominar lo que sea para alcanzar solo lo mío, necesitamos modos de organizarnos, establecer pautas de comportamiento para salvaguardar ese trato humano entre todos, y de ahí nace todo un conjunto de normas y leyes que quieren regularlo todo.

¿Qué es lo que tendría que ser lo importante? Yo diría que esa humanidad del ser humano, pero hemos llegado por contra a darle tanta importancia a esa organización o a esas normas que terminamos por hacerlas inhumanas porque parece que estuvieran por encima del hombre mismo y de su propia autonomía y libertad. Al final terminamos pensando más en ese cumplimiento de esas normas que nos hemos impuesto que en la humanidad que tenemos que tener los unos con los otros, dándole más importancia a la ley que a la misma persona a la que tendría que ayudar.

Y con eso nos encontramos en todos los ámbitos de la vida humana, con ello nos encontramos incluso en nuestras relaciones con Dios queriéndonos imponer una forma determinada de relación con Dios. Terminaremos transformando lo que tendría que ser una relación de amor en lo que decimos un respeto pero muchas veces no es otra cosa que un miedo porque incluso podríamos recibir castigo cuando nos salimos de esas normas o prácticas religiosas que buscarían más entonces un cumplimiento que un encuentro gozoso de amor.

Es en lo que Jesús quiere abrirnos unos horizontes nuevos porque ese reino de Dios que nos anuncia no es un reino de imposición sino de libertad, no un reino de cumplimientos para hacer méritos o escalar posiciones de privilegio que se pueden convertir en signos de poder sino un reino de amor que nos viene a ayudar a mantener esa humanidad entre nosotros estableciendo así un nuevo tipo de relaciones entre nosotros y con Dios.

Pero ante ese nuevo sentido que Jesús nos está proponiendo, y esa es la gran buena noticia del Evangelio, ese nuevo sentido de humanidad, hay quienes reaccionan porque no entienden o porque quizás ellos hayan alcanzado esas posiciones de privilegio que ahora les parece que podrían perder; se quieren entonces en afianzas en sus tradiciones que las hacen tan sagradas que nos las presentan como la voluntad de Dios. Cómo seguimos teniendo hoy esa misma tentación.

Es lo que le plantean a Jesús con sus pegas, como ya hemos escuchado, sobre el tema de los ayunos que parece que no estuvieran en la práctica de los discípulos de Jesús; es lo del tema del descanso sabático que hoy le vemos plantear desde el hecho que los discípulos al pasar por un sembrado cogen algunas espigas para echarse unos granos a la boca que le alivie o refresque el cansancio del camino, pero con la circunstancia que era sábado donde no estaba permitido ningún tipo de trabajo.

¿Qué parecía que tenía que ser lo importante? ¿La ley del descanso sabático que no se podía transgredir bajo ningún concepto o el calmar la fatiga de unos caminantes, aunque solo fueran con unos granos de trigo echados a la boca? Y Jesús les recuerda lo acontecido con David y los panes de la proposición que eran unos panes sagrados que habían formado parte de la ofrenda colocada sobre el altar y que solo podían comer los sacerdotes pero que se ofrecieron a aquel grupo de hombres que acompañaban a David. Terminará diciendo Jesús que el Hijo del Hombre es el señor del sábado.

¿Seremos en verdad señores de nuestra vida porque en ella ponemos toda la humanidad de nuestro ser? ¿Qué sería lo importante que tendríamos que buscar?


viernes, 21 de agosto de 2026

Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

 



Empeñémonos en sembrar amor en los surcos de la vida para hacer florecer una nueva humanidad que renueve nuestro mundo al estilo del reino de Dios

Ezequiel 37, 1-14; Salmo 106;  Mateo 22, 34-40

¿En verdad podremos hacer reverdecer de nuevo este nuestro mundo que contemplamos en tantos aspectos árido y reseco? Contemplamos tanto materialismo y tanto afán codicioso de posesión de cosas y de bienes, a tanta gente que no se mueve sino por sus intereses o sus placeres, a la insensibilidad de tantos que pasan a nuestro lado y que parece que han perdido los rasgos más elementales de humanidad, ese aire fétido de corruptelas de todo tipo donde todo parece que son tejemanejes ocultos buscando ganancias y riquezas, cada día nos aparece algo nuevo que nunca son resplandores de luz sino oscuridad que va ennegreciendo cada vez más nuestra sociedad, un desinterés por el bien común aunque se llenen la boca con palabras de justicia y de renovación.

No quiero pintar un cuadro negro, porque mi tendencia y mis deseos es encontrar siempre un rayo de luz por pequeño que sea porque la mecha humeante nunca tenemos que apagarla sino que tiene que ser inicio de un fuego nuevo de renovación y de nueva vida.

Hemos escuchado con el profeta la visión de ese campo lleno de huesos que podría parecer que nos habla de muerte. Y el profeta se pregunta si aquellos huesos un día podrán llenarse de nuevo del vigor de la carne y de la vida. Y de ahí parte el anuncio del profeta que también nosotros tenemos que escuchar para despertar en nosotros una nueva esperanza frente a ese mundo que contemplamos. Es el anuncio profético de esos tiempos nuevos que con la instauración del Reino de Dios habrían de surgir.

Y es precisamente lo que hoy escuchamos en el evangelio. Unos fariseos cuando han visto que Jesús ha hecho callar a los saduceos vienen ahora con una pregunta que aunque parece muy elemental porque era lo que tenía que estar grabado en el alma de todo buen judío viene cargada de aviesas intenciones queriendo desacreditar a Jesús diciendo que venía a anular lo que era la ley judía fundamental. ‘Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?’

Como les parecía que Jesús venía cambiándolo todo porque le estaba dando un sentido nuevo de autenticidad a cuanto el hombre realizara pensaban que Jesús iba a enseñarles algo distinto. Pero Jesús los veía venir; en otro momento llegarán a reconocer que en Jesús no hay doblez ni engaño aunque lo digan también siempre desde sus torcidas intenciones queriendo hacerle decir cosas a Jesús que les vendría bien para acusarle. En ese mundo de sombras del que antes hablábamos ¿no andamos también nosotros muchas veces con esas interpretaciones interesadas o con esa falsedad y engaño para aparentar lo que realmente no somos? ¿No nos andamos también poniendo trampas a nuestro pies para manipular y para engañar?

Pero Jesús responde con las palabras textuales que están escritas en las Escrituras santas. ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente... Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo’.

Esto es lo que verdaderamente salvará al mundo, esto es lo que en verdad puede darle un valor nuevo y un sentido nuevo a la vida, el amor. Pero no es un amor cualquiera, no es un amor de bonitas y románticas palabras; es el amor que va a ser verdadero motor de nuestra vida, el amor que nos despierta y que nos renueva, el amor que pone unos ojos nuevos y una mirada más luminosa a los que están a nuestro lado; un amor que es un fuego que nos inquieta, un amor que va a poner humanidad verdadera a nuestra vida; un amor que nos hace abrir las puertas del corazón, un amor que se hace acogida para hacer que todos quepan en nuestro corazón; un amor que valora la vida y cuánto hacen los demás; un amor que será comprensivo y llena de misericordia el corazón; un amor que sabe perdonar y levantar al que ve caído, un amor que será siempre mano tendida para apoyar y para compartir, para darse y para olvidarse de sí mismo pensando en quien ama; un amor que nos llena de Dios porque nos hace partícipes del amor que Dios nos tiene, un amor que envuelve nuestra vida pero que se convierte en entrañas de nuestro ser. Como nos dice Jesús ahí están condensados la ley y los profetas.

Con un amor así ¿podremos permitir que las sombras se sigan adueñando de nuestro mundo? Con un amor así sentiremos que el mundo se renueva y resucita a nueva vida y todo se irá transformando; con un amor así nos sentiremos traspasados por la Pascua y con Cristo nos sentimos resucitados a nueva vida. Empeñémonos en sembrar ese amor en los surcos de la vida.


miércoles, 19 de agosto de 2026

Tenemos que reconocer que somos una misma humanidad que entre todos ponemos el granito de arena de nuestra vida para hacer que nuestro mundo sea más humano

 


Tenemos que reconocer que somos una misma humanidad que entre todos ponemos el granito de arena de nuestra vida para hacer que nuestro mundo sea más humano

Ezequiel 34, 1-11; Salmo 22; Mateo 20, 1-16

La vida la hemos convertido en una carrera donde todos queremos llegar los primeros o tener siempre los beneficios de los ganadores; hay que ser competitivos nos dicen porque se quiere desarrollar en nosotros esos deseos de no quedarnos atrás, de ser siempre los ganadores y algunas veces en esa competición parece que fuéramos enemigos los unos de los otros porque queremos arrasar a nuestros contrincantes, queremos avasallar, o queremos valernos de las influencias del poder que hayamos conseguido para anular a los demás.

¿Es eso algo que nos satisface, que nos haga vivir la vida con paz, que lleguemos de verdad a comprender de esa manera el sentido de la vida? Creo que ser competitivo no tiene que significar anular a nadie, sino desarrollar lo mejor de nosotros mismos con la conciencia además de estar contribuyendo a hacer que nuestro mundo sea mejor para todos poniendo cada uno su parte, como solemos decir, su granito de arena.

Pero no siempre lo entendemos así. Ya sabemos de los empujones con que andamos en la vida, de las manipulaciones que intentamos hacer para conseguir nuestros adelantamientos, de lo poco que valoramos lo positivo que también ofrecen los demás, de cómo siempre nos creemos merecedores de los mejores premios sobre todo para deslumbrar a los demás. Después de todo eso ¿no sentiremos un vacío por dentro?

Hoy Jesús nos propone una parábola partiendo de esas cosas normales de la vida y de lo que era la vida de trabajo en un mundo rural, como quizás también podemos ver hoy en parte de nuestra sociedad. El dueño de una viña que necesita jornaleros para trabajar en su campo y sale muy de mañana en búsqueda de esos trabajadores. Hasta aquí todo parece que entra en la normalidad, quedan en lo que van a recibir de salario al final del día y son enviados al campo. Pero no sé si es que las necesidades eran mayores de lo previsto o era el buen corazón de aquel hombre, que sale también a la plaza a diversas horas del día y sigue recolectando trabajadores para su campo; casi al final del día se sigue encontrando gente que no ha sido contratada y él los envía también a su viña.

Quiere aquel amo de la vida que todos puedan tener trabajo, por eso ya no le importa la hora del día pero sigue invitando gente para trabajar en su viña. A la hora de la paga del jornal es cuando sucede algo que parece estar fuera del guión, porque los últimos que han ido a trabajar reciben el mismo salario que los primeros; como siempre suele suceder surge el descontento y las reclamaciones. Habían quedado en un denario y un denario reciben según contrato.

Pero detrás de todo esto quiere dejarnos Jesús un mensaje. Primero podríamos decir su voluntad de que todos puedan trabajar; cada uno ha de aportar según sus propias condiciones en la hora en que ha sido llamado pero todo trabajo ha de tener su valor; no andamos aquí en nuestros parámetros humanos donde, como decíamos al principio, andamos todos a la carrera y al empujón, mirando con malos ojos lo que el otro pueda aportar y dejando aflorar con demasiada facilidad nuestros orgullos y nuestras envidias porque nos hayamos tomado la vida como una competición en la que ganar significa descartar o anular al otros.

Miremos como hacemos todas nuestras competiciones en la vida, incluso en el mundo deportivo, donde siempre vamos descartando gente o equipos y al final los que se sienten perdedores ya sabemos cómo suelen reaccionar, con poca deportividad solemos decir, pero tendríamos que pensar qué es lo que les hemos insuflado en su espíritu para hacer esa competición. ¿Lo importante es la belleza del juego, la humanidad y respeto que nos tenemos incluso en la lucha, o lo que va a predominar es nuestro amor propio o nuestro orgullo herido?

No terminamos de aprender a caminar juntos. Por muchas palabras bonitas que digamos siempre nos quedan heridas que no sabemos curar en el corazón. ¿Cuando nos daremos cuenta que somos una misma humanidad y todos tenemos que contribuir a que sea más humano nuestro mundo?


miércoles, 12 de agosto de 2026

Buenas semillas hemos de saber sembrar con las buenas actitudes de nuestro corazón, siempre comprensivo, capaz de perdonar y ofrece la corrección fraterna

 


Buenas semillas hemos de saber sembrar con las buenas actitudes de nuestro corazón, siempre comprensivo, capaz de perdonar y ofrece la corrección fraterna

Ezequiel 9, 1-7; 10, 18-22; Salmo 112; Mateo 18, 15-20

Es bien cierto que todos estamos llamados a la perfección y a la plenitud, esas son las ansias más hermosas que llevamos en el corazón, pero es cierto también que no somos perfectos, porque estamos llenos de limitaciones que nos hacen descubrir nuestra debilidad y cómo tantas veces tropezamos no alcanzando esa plenitud que deseamos y nuestra humanidad es tan humana que se manifiesta como tal en esas carencias de nuestra vida.

Ya quisiéramos que nuestra respuesta fuera siempre perfecta en comportamientos y en actitudes, pero vamos tropezando continuamente, sentimos en nuestro interior esa tentación y esa inclinación al mal que nos hace actuar torpemente tantas veces y estamos llenos de errores pero también envueltos por el mal, que nos hace perder nuestra propia dignidad y grandeza y que daña de tantas maneras la dignidad y grandeza de los que están a nuestro lado. Tendríamos que tener la valentía de la humildad para reconocerlo pero también la fuerza interior que nos ayuda a corregirnos y a ser mejores; muchas veces nos ciega nuestro orgullo y amor propio y no reconocemos nuestras debilidades y para colmo queremos presentarnos ante los demás con la fantasía y la vanidad de que somos buenos.

Es un paso importante que tendríamos que realizar es el reconocimiento de nuestros fallos, pero también la humildad de dejarnos corregir por los que están a nuestro lado. No es fácil porque nos pesa mucho ese orgullo y amor propio o esa imagen que queremos mantener ante los demás porque nos parece que si nos mostramos débiles estaríamos perdiendo la buena imagen y el prestigio que decimos que nos hemos conquistado. Pero precisamente reconociendo nuestra debilidad es cuando mejor manifestamos la grandeza de nuestro espíritu y cuando nos ganamos mejor la valoración de los demás.

Hoy Jesús en el evangelio nos habla de la corrección fraterna, porque si en la comunidad cristiana nos sentimos como hermanos miembros de una misma familia estamos para ayudarnos los unos a los otros. Jesús nos da unas pautas que nos hablan de humildad y de sencillez, pero que nos hablan también de respeto y de capacidad de comprensión; ya le ponemos el apellido, digámoslo así, de fraterna, porque como hermanos hemos de corregirnos, y como hermanos no nos humillamos, como hermanos nos sentimos a la misma altura, con el amor de hermanos sentimos como nuestro lo de los demás y queremos siempre lo mejor, como hermanos nos damos ánimos porque nos tendemos la mano para seguir caminando apoyándonos mutuamente en nuestra debilidad, como hermanos nos estimulamos al tiempo que somos comprensivos porque vemos esa misma debilidad en nosotros.

Es la manera cómo hemos de saber escuchar esa palabra de corrección que nos ofrece el hermano cuando hemos renqueado en nuestra vida con nuestras debilidades y tropiezos y es la buena actitud con que nosotros hemos de acercarnos siempre a los demás. Cuesta hacerlo y bien sabemos que el mundo está lleno de resentimientos y desconfianzas, de envidias y de rencores, de actitudes revanchistas que lo que quieren es marcarte con ese sambenito de nuestra debilidad y de hundirte para siempre. Es cuando no hemos entendido ese sentido de comunión y de amor que entre todos debería haber ya que tendríamos que ser como una gran familia. Pero son las buenas semillas que nosotros hemos de saber sembrar con esas buenas actitudes de nuestro corazón.

Finalmente hoy en el evangelio nos enseña a saber rezar unidos, porque es la mejor manera de sentir a Dios en medio de nosotros. ‘Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’. ¿Será así siempre el sentido de nuestra oración?

domingo, 2 de agosto de 2026

La compasión y la misericordia mueven a la compasión que se convierte en lluvia que transforma la sequedad y aridez en el campo florido de una nueva humanidad

 


La compasión y la misericordia mueven a la compasión que se convierte en lluvia que transforma la sequedad y aridez en el campo florido de una nueva humanidad

Isaías 55, 1-3; Salmo 144; Romanos 8, 35. 37-39; Mateo 14, 13-21

La compasión y la misericordia mueven también a compasión; la ternura de un corazón que se derrite de amor nos hace sentir cómo se despierta esa ternura de nuestro corazón. Las lágrimas que se desprenden de un corazón compasivo se convierte en lluvia dorada que transforma nuestra sequedad y aridez en campo florido de amor. Por eso tenemos que estar convencidos que es el amor y solo el amor el que transforma nuestro mundo para bien y para poder alcanzar la mejor armonía de paz.

Con este pensamiento vengo a resumir lo que es el hermoso mensaje que nos transmite hoy la Palabra de Dios. Pudieran parecernos bellas anécdotas o historias ejemplares las que se nos ofrecen pero están manifestándonos toda la hondura del amor de Dios que es el que tiene que envolver nuestra vida y que nosotros hemos de resumar por nuestros poros para transformar nuestra vida pero también para transformar el mundo que nos rodea.

No podemos ir de insensibles por la vida porque nosotros personalmente tengamos más o menos resuelta nuestra situación. La autosuficiencia es muy peligrosa porque produce sequedad e insensibilidad en nuestro corazón. La mirada con que contemplemos el mundo que nos rodea, si es que en verdad somos humanos y además nos llamamos cristianos seguidores de Jesús tiene que ser un reflejo de la mirada de Jesús. Hoy lo contemplamos en el evangelio y vemos que aquella mirada de Jesús. transformó la mirada de los que estaban a su lado despertando en ellos nuevas actitudes aunque no supieran bien cómo resolver el problema.

Nos comienza narrando el evangelista que cuando Jesús se enteró de la muerte de Juan Bautista quiso irse con sus discípulos más cercanos a un lugar tranquilo y apartado. ¿Quitarse del punto de mira de Herodes y de cuantos ya comenzaban a tramar contra El? Entra dentro de toda lógica humana, aunque como veremos en otros momentos también le gusta irse con sus discípulos cercanos a lugares de retiro y de silencio que aprovechaba para instruirlos de manera especial.

La gente se entera de los caminos que está tomando Jesús y a través de cualquier senda llegan al lugar donde iba a ir Jesús. Una multitud agotada por los caminos, haciéndose acompañar también por sus enfermos y cuantos sufrían le sale al encuentro. Y nos dice el evangelista que a Jesús. se le conmovieron las entrañas; normalmente traducimos la palabra utilizada por el evangelista como lástima o compasión, pero en la raíz griega de la palabra empleada viene a significar lo que hemos dicho, se le conmovieron las entrañas. Afloró la misericordia y la compasión, o lo que es lo mismo, poner el corazón al lago de la miseria y del sufrimiento; ¿no tiene que surgir entonces la ternura? Se puso a enseñar y a curar a los enfermos.

Pero aquella ternura del corazón de Cristo estaba también contagiando a los que le rodeaban. Como se hacía tarde vienen a decirle que los despida, que es tarde, que no tienen provisiones, que puedan ir a las aldeas cercanas a buscarse algo que comer. Era una señal en los discípulos de ese contagio de amor aunque no sepan qué más pueden hacer porque solo tienen cinco panes y dos peces. ¿Y qué es esto para tantos?

‘Dadle vosotros de comer’, les dice Jesús. No se tienen que ir abandonados a su suerte. ¿Sentís esa compasión en vuestro corazón? ‘Dadles vosotros de comer’. Nuestra preocupación no es sólo constatar la realidad sino que tiene que llegar a poner remedio, a buscar soluciones. Muchos trabajos de campo nos hacemos para ver la realidad, pero que se quedan ahí en un estudio bonito sin encontrar soluciones, y las soluciones tienen que pasar por nuestro compromiso personal que significa contar con lo que somos o tenemos, pero contar con las personas. Jesús. quiere contar con sus discípulos, entonces y hoy.

Hubo que sentar a las personas - ¿para que encontraran descanso en sus cansancios? - , porque venían exhaustos por el camino; hubo que ir encontrando aquellos cinco panes y dos peces de lo poco que tenían; hubo que comenzar a tener la predisposición de repartir y compartir, allí estaba la mano de Jesús en las manos de los discípulos que comenzaron a repartir el pan y los peces. Floreció el amor. ¿Serán pasos que tenemos que ir dando para que florezca nuestro mundo en una nueva humanidad?

Es el amor y la compasión el mejor caldo de cultivo que tiene que reflejarse en nuestras vidas. Y Jesús. quiere contar con nosotros, contigo y conmigo, aunque digamos que no tenemos sino unos pocos panes que no son suficientes para todos. Si me los guardo solo para mi claro que no alcanzarán, pero cuando llegan a conmoverse las entrañas como una madre que siente en su corazón lo que le pasa a sus hijos, comenzaremos a desprendernos, comenzaremos a olvidarnos de nosotros mismos, comenzaremos a desparramar amor.

Así estaremos creando una nueva humanidad.


lunes, 22 de junio de 2026

Es el amor el que tiene que envolver todos los gestos de nuestra vida, el que va a poner humanidad en nuestro corazón y el que podrá hacer nacer un mundo nuevo

 


Es el amor el que tiene que envolver todos los gestos de nuestra vida, el que va a poner humanidad en nuestro corazón y el que podrá hacer nacer un mundo nuevo

2 Reyes 17, 5-8. 13-15a. 18; Salmo 59; Mateo 7, 1-5

Decía san Agustín ‘si corriges, hazlo con amor; y si perdonas, hazlo con amor’. Una hermosa sentencia que tendríamos que recordar al albur de lo que nos está diciendo hoy Jesús en el evangelio. Si lo haces así habrás aprendido a hacerlo con humildad.

Vamos demasiado de autosuficientes y de maestros por la vida. Somos los que nos lo sabemos todo y lo que todo lo hacemos bien. Que nadie nos diga nada. Porque ya estaremos preparados con la regla en alto para humillar a quien trate de decirnos algo en contra de nuestras opiniones. Cuando empleo esta expresión de la regla en algo lo hago recordando aquellos tiempos en que el maestro quizás corregía más con la regla que con las palabras de convencimiento para hacernos ver nuestro error. Hoy la regla es la descalificación, es el tener en cuenta la lista de errores que tú en otro momento hayas podido cometer para ahora echártelo en cara y hacerte perder autoridad para lo que tratas de decirle buenamente, son las palabras hirientes que quieren hacer creer como un tonto que nada sabes ni nada puedes decir, es el querer imponer mis criterios porque tú ya estás trasnochado. De cuántas cosas nos valemos para aceptar una corrección.

Que la corrección nunca sea un juicio condenatorio porque se volverá contra nosotros por nuestra falta de humildad. Nos habla Jesús de la paja en el ojo ajeno que queremos retirar mientras tenemos una viga en el nuestro. Qué importante es que nos miremos a nosotros mismos primero en toda su crudeza, pero comenzaremos a ser más humildes y a tener mayor delicadeza cuando vamos a ayudar a los demás.

Jesús nos está planteando en el sermón del monte que venimos escuchando en el evangelio ese sentido nuevo de nuestras relaciones mutuas cuando nos está dando las características del Reino de Dios que anuncia. Un mundo nuevo de fraternidad cuyos lazos son los del amor de hermanos. Los hermanos no se imponen los unos a los otros, los hermanos saben caminar juntos y a la par, los hermanos se respetan y valoran cada uno en sus valores y capacidades sabiendo ocupar cada uno su lugar, los hermanos se ayudan a salir de los atolladeros de la vida con los menos daños y consecuencias, los hermanos no humillan ni discriminan.

Son características muy valiosas en nuestras mutuas relaciones y que van a contracorriente de un mundo de prepotencias y discriminaciones, de manipulación y dominio de la manera que sea de los unos sobre los otros, de desconfianzas y zancadillas porque siempre queremos prevalecer y quitamos de en medio a quien nos pudiera hacer sombra. Y nos cuesta remar a contracorriente pero nosotros tenemos unos valores que son los realmente van a dar grandeza a nuestra vida. Hoy se habla mucho de dignidad y de derechos humanos pero seguimos poniendo barreras en el camino de la vida difíciles de sortear para muchos porque siempre trataremos de arrimar el ascua a nuestra sardina.

Tendrá que ser siempre la humildad y la sencillez los que guíen nuestros pasos, moderen nuestros gestos y llenen de delicadeza nuestro trato con los demás. Será ahí donde estaremos manifestando nuestra verdadera grandeza; como nos dirá Jesús en otro momento del evangelio será el más importante el que sea capaz de ser más servidor. Por eso nos dirá que quien quiera ser el primero que se haga el último y el servidor de todos. Y ahí tenemos una palabra que decir, un testimonio que dar los que nos decimos seguidores de Jesús. Es el amor el que tiene que envolver todos los gestos de nuestra vida, el que va a poner humanidad en nuestro corazón y el que podrá hacer nacer un mundo nuevo.

sábado, 30 de mayo de 2026

Mostremos la autenticidad de nuestra humanidad que será garantía de que hemos entendido el sentido y el valor del evangelio de Jesús

 


Mostremos la autenticidad de nuestra humanidad que será garantía de que hemos entendido el sentido y el valor del evangelio de Jesús

Judas 17.20b-25; Salmo 62; Marcos 11, 27-33

¿Lo que vale en la vida son los títulos que le den vanidad a la posición en la que queremos presentarnos o la autenticidad de una vida noble capaz de poner humanidad en aquello que hacemos?

A veces nos quedamos encandilados cuando llegamos a un lugar, al despacho de un profesional o a su lugar de trabajo y lo primero que nos encontramos en la pared frente a nosotros todo un conjunto de titulaciones expedidas por las más exitosas universidades por ejemplo, o los galardones o premios recibidos en diferentes competiciones a todos los niveles, o los diplomas logrados en mil congresos o como quieran llamarse a los que se haya asistido. ¿Se nos quiere mostrar ahí y así la calidad profesional de esa persona y su preparación? Parece que eso sería lo que le daría prestigio y calidad a ese profesional o a esa institución a la que pertenece. Pero, ¿realmente eso nos está manifestando la calidad profesional y humana de esas personas o esas instituciones? ¿No serían otros parámetros bien alejados de la vanidad los que tendríamos que tener en cuenta? Y todos podemos caer en esa tentación porque así nos hemos ido construyendo la vida y la sociedad.

Hoy en el evangelio le están pidiendo títulos de autoridad a Jesús para hablar como habla en el templo, o para actuar como ha actuado queriendo que el templo del Señor sea en verdad purificado. No nos consta por ningún lugar que Jesús se hubiera formado en alguna escuela rabínica; por eso quizás no le dan autoridad a sus palabras. No pertenecía a ninguna de aquellas familias influyentes de Jerusalén que tenían mucho poder en sus manos manipuladoras, y por eso le niegan autoridad para hacer lo que hace; para algunos solo es un profeta taumaturgo de Galilea, y ya dirán algunos que ningún profeta ha surgido de esa tierra.

Cuando le hacen esta petición Jesús responde con una pregunta a la que han de responder si son capaces con sinceridad y autenticidad. Y Jesús les habla del bautismo de Juan, algo muy reciente que todos habían vivido. ¿De dónde procedía ese bautismo de Juan? Tenían que definirse aquellos que incluso habían enviado embajadas a Juan para preguntarle también por su autoridad. ¿Sería un profeta? ¿Podría ser acaso el Mesías? ¿Podía considerarse incluso tan grande como aquellos profetas antiguos que todos veneraban?

La respuesta les comprometía. ¿Serían capaces de reconocer el profetismo de Juan Bautista? Entonces, ¿por qué no le creyeron? Ahora podían verse entre la espada y la pared; para el pueblo Juan seguía siendo un gran profeta que además había rubricado con su sangre la autenticidad del mensaje que transmitía.  ¿Con esa misma autenticidad ahora los Maestros de la Ley eran fieles al mensaje que trataban de transmitir? ¿No habría también una manipulación hablando de aquellas cosas que a ellos les mantuvieran en una posición de preponderancia sobre la gente sencilla? ¿Eran los que hacían interpretaciones rigoristas para imponer normas y preceptos, mientras ellos no movían un dedo por aplicárselo a sus propias vidas? Muchas cosas así seguimos encontrándonos en los caminos de la vida.

Porque todo esto tenemos que verlo reflejado en nosotros mismos, en lo que hacemos y decimos, en nuestra manera de interpretar las cosas, en lo que quizás recordamos con agrado de la Palabra de Dios pero al mismo tiempo de tantas cosas de las que no queremos hablar porque vemos reflejadas muchas actitudes y posturas que llevamos en nuestro interior y que también manifestamos con nuestras vanidades. No todas las páginas del evangelio las aplicamos de la misma manera a nuestras vidas. Mira cómo estamos buscando siempre esa rendija por la que nos podamos escapar, por donde nos podemos ver libres de cosas más profundas en las que se pone en juego la autenticidad de nuestra fe.

¿Hasta dónde llega nuestra autenticidad?


lunes, 27 de abril de 2026

La imagen del Pastor que a todos acoge para formar un solo rebaño en torno a un único pastor nos habla de la actitud de acogida que con todos hemos de tener

 


La imagen del Pastor que a todos acoge para formar un solo rebaño en torno a un único pastor nos habla de la actitud de acogida que con todos hemos de tener

Hechos 11, 1-18; Salmo 41; Juan 10, 1-10

En este lunes siguiente al domingo del Buen Pastor sigue la liturgia y la Palabra de Dios en ella proclamada la misma imagen del Buen Pastor que ayer nos ofrecía. Muchas son las cosas que podemos reflexionar, grande es la riqueza y la belleza de esa imagen que no agota nuestras reflexiones, como no se agota el amor de Dios que se derrama sobre nuestra vida y de lo que es precisamente signo y señal esta imagen del Buen Pastor.

Como hemos reflexionado es el Pastor que nos busca y que nos cuida, que nos protege y que nos sana de nuestras heridas, que nos alimenta porque da su vida por nosotros para que tengamos vida y vida en abundancia. Es el Pastor que nos llama y nos encanta con sus silbos amorosos para atraernos a su redil donde podemos encontrarnos y amarnos a pesar de las diferencias que hay entre nosotros. Quiere que seamos un solo rebaño bajo la guía de un único pastor.

Creo que es muy importante atender a esta consideración de la acogida porque también ha de ser una buena actitud que nosotros hemos de mantener en la vida y más en estos tiempos donde por una parte son tan fáciles los enfrentamientos en este mundo de violencia en el que vivimos, pero donde tenemos el peligro de comenzar a caer también en discriminaciones con la movilidad que hoy vivimos en nuestra sociedad donde continuamente nos pueden estar llegando personas de otras culturas, con otro sentido de la vida desde la idiosincrasia de cada pueblo y de cada lugar de donde provengan esas personas que llegan a nosotros y con las que nos estamos encontrando a diario.

La emigración es una constante de nuestro tiempo y ya no es raro encontrarnos a nuestro paso con personas diferentes. Pero bien sabemos también que eso está provocando una serie de reacciones en nuestra sociedad que algunas veces se vuelven inhumanas. La tentación del racismo y la discriminación es algo que nos circunda y nos envuelve, surgen fácilmente las desconfianzas y las culpabilizaciones sin razón de ser, simplemente porque la culpa siempre tenemos que echársela al otro. ¿Tendremos en estas circunstancias auténtica humanidad en nuestro trato con esos a los que vemos diferentes y afloran los valores cristianos que tendrían que aflorar?

Qué importante que sepamos hacer florecer de nuevo valores como la acogida y el respeto a la dignidad de toda persona sea quien sea. Tenemos la tentación y el peligro de endurecer el corazón y encerrarnos cada vez más en el círculo de los nuestros dejando fuera a los que nos parecen diferentes. Nacen los resentimientos y las reticencias para aceptar a quien llega a nosotros mirándolos como seres extraños que pudieran enturbiar nuestras mutuas relaciones. 

¿Cuáles serían las actitudes que como cristianos seguidores de Jesús tendrían que brillar en nuestras costumbres y en nuestra manera de hacer las cosas? ¿En qué tendríamos que imitar a ese buen pastor al que seguimos contemplando que quiere hacer de todos un solo rebaño bajo el cayado de un único pastor?

En ese sentido nos es muy válido también el texto de los Hechos de los Apóstoles que hoy se nos ofrece. Le habían echado en cara a Pedro que había entrado en casa de gentiles a los que también había bautizado; les cuenta Pedro la visión que había tenido con aquel mantel bajado del cielo con toda clase de animales que había que sacrificar y comer; Pedro se había negado por aquello de la pureza legal de los alimentos puros e impuros, pero la voz del cielo le advierte que lo que Dios ha hecho puro no lo puede hacer impuro el hombre. Cuando Pedro hablaba a aquellos gentiles que lo habían invitado a su casa, hablándoles de Jesús y del Evangelio el Espíritu Santo se manifestó como un nuevo Pentecostés para envolver a todos los presentes. ‘¿Quién soy yo para oponerme a Dios?’, reflexionaba Pedro porque ‘también a los gentiles se les ha otorgado la conversión que lleva a la vida’.

¿Nos ayudará esto a nosotros en esa actitud de generosa acogida que siempre hemos de tener a toda persona, lejos de toda discriminación y de todo racismo al que nos vemos tentados?


miércoles, 22 de abril de 2026

Mantengamos viva nuestra fe en Jesús no para revestirnos exteriormente de apariencias sino para dejarnos transformar por El para llenarnos de vida eterna

 


Mantengamos viva nuestra fe en Jesús no para revestirnos exteriormente de apariencias sino para dejarnos transformar por El para llenarnos de vida eterna

Hechos 8, 1b-8; Salmo 65;  Juan 6, 35-40

Todos tenemos ansias de vida, queremos vivir y por supuesto querer vivir de la mejor manera; sin embargo no todos ponemos el sentido de esa vida en lo mismo, algunos se contentan con lo que podríamos llamar vegetar, la expresión puede parecer fuerte e inhumana, pero sabemos que vivir es algo más que comer para alimentar el cuerpo y todos sus órganos cumplan con sus funciones; es algo más profundo que comienza por una dignidad pero también por una humanidad; darle sentido de humanidad a lo que hacemos y a nuestras relaciones, que significa poner corazón que es hacernos cercanía, poner sentimientos para también sentir con los sentimientos de los demás, tener metas que nos elevan más allá de lo material, buscar algo más que sentir los latidos del corazón que impulsa la sangre por nuestras venas, hay otros latidos, hay algo más en nuestro ser que es lo que nos hace vivir. Cuando empezamos a transitar por esta forma de vivir sentiremos una mayor plenitud en nuestra vida.

Y eso y mucho más nos quiere decir hoy Jesús con las palabras que le hemos escuchado en el evangelio. Nos ha hablado de un pan de vida que nos va a saciar plenamente, o sea que nos va a hacer vivir con la mayor plenitud; y es que cuando escuchamos a Jesús nos damos cuenta de otro sentido de vida, de otro sentido de vivir. Por eso nos pide creer en El, escuchar sus palabras pero para hacerlas vida en nosotros. y es que cuando escuchamos de verdad a Jesús nos damos cuenta que nuestra vida tiene otro sentido, que tenemos que llenarla de humanidad, que hemos de tener otra mirada a cuanto nos rodea pero sobre todo otra mirada a los que nos rodean, que hemos de llenar nuestra vida de amor.

Es así como nos sentiremos henchidos por dentro, es así como nos damos cuenta de que estamos viviendo de verdad porque al mismo tiempo estaremos trasmitiendo vida a los que nos rodean. Cuando nos acercamos a alguien con amor quien siente esa sintonía, quien se siente amado le hace sentirse lleno de vida. Por eso nuestro vivir en plenitud será también siempre trasmitir, sembrar vida.

Y Jesús nos está diciendo que eso que sentimos será para siempre. Por eso quien come el pan de vida que Jesús nos ofrece sabrá lo que es la vida eterna. La voluntad del Padre, como nos dice, es que nosotros también resucitemos en el último día. ‘Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día’.

Es el camino en el que quiere ponernos Jesús, es la vida que El nos ofrece, por eso nos ha dicho que El es el verdadero pan bajado del cielo, para que el  hombre no muera, para que tengamos vida en el último día, para llevarnos a plenitud. Por eso tenemos que comer Cristo, que es entrar en profunda comunión con El, dejándonos empapar por su palabra que es la que nos llena de vida.

Qué importante mantener viva nuestra fe en Jesús. No lo miramos como un personaje de la historia como algunos lo quieren contemplar pero no trascienden a más, ni nos quedamos en un buen pensador que nos ofrece hermosos pensamientos con ideas muy bonitas, vamos a la persona, vamos a la vida, vamos a llenarnos de El. Nos despojamos de nuestras ideas, de nuestra manera de ver las cosas, de los mensajes que nos pueda ofrecer el mundo, para solo revestirnos de Cristo; pero no es un revestimiento externo para dar unas apariencias, es un vestirnos desde lo hondo de nosotros mismos dejándonos transformar por El. Su semilla de vida se siembra en nosotros para hacernos florecer como hombre nuevo con frutos de vida eterna.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Jesús no deja de ofrecernos su mensaje de vida, de resurrección, de salvación para transformar nuestro mundo haciendo crecer una nueva humanidad

 


Jesús no deja de ofrecernos su mensaje de vida, de resurrección, de salvación para transformar nuestro mundo haciendo crecer una nueva humanidad

Isaías 49,8-15; Salmo 144; Juan 5, 17-30

Estoy muerto de cansancio habremos dicho o escuchado alguna vez cuando nos sentimos agobiados por los trabajos, por los malos momentos que podamos pasar, por las dificultades que nos vamos encontrando en el camino de la vida, cuando nos invade el desaliento porque quizás no conseguimos aquello que mucho anhelamos; pero hablar de muerte o de vida, hablar de luz o de tinieblas, hablar de noches oscuras o de días luminosos es algo más que unas imágenes bonitas que puedan darle un sentido poético a nuestras palabras. Es hablar de unas realidades de la vida como es hablar también de lo que Jesús nos ofrece con la Buena Noticia del Evangelio.

Hoy nos hablaba el profeta de una invitación a ir a la luz, como también de salir de una situación de opresión y falta de libertad para ir a la vida. ‘En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado… para decir a los cautivos: Salid, a los que están en tinieblas: Venid a la luz…’

¿No es lo que realmente necesitamos? Ya no son solo los agobios que antes mencionábamos por los trabajos o las situaciones malas por las que estemos pasando, es la falta de esperanza de la que estamos rodeados y de la que también nos contagiamos, es ese mundo sin rumbo en el que a veces nos encontramos porque todo nos parece confuso, por esa sinrazón por la que nos matamos los unos a los otros, y pensamos en un mundo de violencia que nos envuelve, nos llama la atención y nos preocupa la misma situación de un mundo en guerras que no sabemos a donde vamos a parar, pero que no son solo esos cañones o no sé qué armas se usan que causan tanta destrucción sino que eso lo sentimos en la acritud con que nos tratamos, la violencia en las palabras y los gestos en todos los foros de la sociedad, esa deshumanización a la que estamos llegando aunque hablemos de mucho progreso y no sé cuántas cosas más pero en la que seguimos creando abismos entre unos y otros. ¿No es eso un mundo de muerte? ¿No es eso una oscuridad que nos está envolviendo?

‘Venid a la luz’, nos dice el Señor por medio del profeta y nos promete un mundo nuevo; bellas son las imágenes de unos campos que florecen con nuevos frutos; y nos habla de una nueva libertad porque en verdad aprenderemos a respetarnos y a tratarnos bien, a sentirnos más cercanos y más humanos. ¿No es ese el camino que intentamos restaurar en nuestras vidas mientras vamos haciendo este recorrido cuaresmal que nos prepara a la Pascua?

Vamos a celebrar la Pascua, vamos a celebrar cómo renace la vida a pesar de tanta muerte que nos ha ido envolviendo. No es simplemente, como decíamos al principio, una imagen poética, sino algo que tenemos que hacer realidad en nosotros. Algo nuevo tenemos que comenzar a vivir.

Y vivimos con esa esperanza porque ponemos toda nuestra fe en Jesús, en el evangelio que nos proclama, en la buena noticia del Reino de Dios. ‘En verdad, en verdad os digo, nos dice hoy Jesús en el evangelio, quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’.

El texto del evangelio ahora ya en este final de la Cuaresma nos irá presentando aquella controversia de los judíos con Jesús que no querían aceptar sus palabras y no querían reconocer el mensaje de salvación que Jesús venía a ofrecernos.

Pero Jesús no deja de ofrecernos su mensaje de vida, de resurrección, de salvación. Solamente tenemos que escuchar a Jesús, escuchar su Palabra, poner toda nuestra fe en Él. Si escuchamos y ponemos de nuestra parte todo lo posible por vivir ese sentido de vida que Jesús nos ofrece iremos en verdad transformando nuestro mundo, porque necesariamente tenemos que trabajar más por la paz, buscar el entendimiento entre todos, desprendernos de tantas vanidades que nos hacen orgullosos y crean distanciamientos.

No olvidemos que tenemos que ser levadura, y de la buena, en medio de nuestro mundo, y aunque nos pueda parecer insignificante lo que hacemos en medio de la magnitud de maldad que nos rodea, esa levadura tiene la capacidad de hacer fermentar la masa, hará germinar la buena semilla y un día podremos ir recogiendo los frutos de un mundo mejor. Pero, repito, no nos podemos cruzar de brazos, tenemos que comprometernos y comprometernos de verdad. 

No seremos ya los que nos sintamos muertos por nuestros cansancios porque hemos revitalizado nuestra vida en el evangelio de Jesús.