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domingo, 23 de agosto de 2026

A pesar de nuestros miedos y cobardías tenemos que definirnos por Jesús porque El además sigue confiando en nosotros para seguir sembrando la semilla del Reino

 




A pesar de nuestros miedos y cobardías tenemos que definirnos por Jesús porque El además sigue confiando en nosotros para seguir sembrando la semilla del Reino

Isaías 22, 19-23; Salmo 137; Romanos 11, 33-36; Mateo 16, 13-20

No siempre es fácil definirnos en la vida, porque las cosas son más complejas que lo que aparentemente se nos pueden ofrecer y nos entran nuestros miedos, nuestras personales consideraciones si lo que vamos a decir cae bien a todos, las influencias que recibimos de lo que nos rodea o de quienes dirigirnos en una dirección determinada según los intereses de cada uno. Decimos, es verdad, que somos libres y que cada uno tiene su opinión y se expresa como quiere, pero quizás no siempre actúa con esa auténtica libertad porque son muchas las presiones que puede también recibir en un sentido o en otro; también está nuestra propia debilidad o nuestra poca madurez para tener ideas claras, para hacer opciones que puedan comprometer nuestra vida. Definirnos sobre algo es bastante complejo en muchas ocasiones.

¿Será eso lo que de alguna manera les está planteando Jesús? Ya llevan un tiempo con él en una cercanía que otros no tienen, un día habían optado por seguir a Jesús, tras la invitación del propio Jesús o desde inquietudes que sentían en su corazón. Algo podían ellos ir sintiendo ya dentro de sí sobre lo que Jesús estaba significando en medio del pueblo y para sus propias vidas; veían también las respuestas diversas que se iban dando al mensaje de Jesús, desde quienes se entusiasmaban con sus palabras o con los signos que realizaba hasta lo que hacían oposición frontal al mensaje de Jesús desde sus distintas posiciones, en algunos casos muy interesadas. Y entonces surge la pregunta de Jesús.

Están ya un poco fuera del territorio palestino porque están en la región de Cesarea de Filipo, muy al norte, en el nacimiento del Jordán y en las fronteras con Fenicia. A Jesús les gustaba llevar a los discípulos más cercanos a lugares apartados donde no hubiera tanta presión de la gente que los seguía y no les daba tiempo ni para comer, como en algún momento se dice, y es ahí donde los cuestiona.

Primero que manifiesten lo que ellos escuchan que la gente piensa de Jesús. Una pregunta más fácil de responder porque se trata de hacer como se dice ahora una lluvia de ideas recogiendo las opiniones que conocían de la gente. ‘¿Quien dice la gente que es el Hijo del Hombre?’ Un profeta como no lo ha habido nunca igual, vienen a decirle, porque recuerdan a los antiguos profetas, o recuerdan a Juan que recientemente había aparecido en las orillas del Jordán, del que algunos de ellos habían sido también discípulos.

Pero Jesús no se quiere quedar en esas generalidades y la pregunta va directa a lo que ellos puedan pensar. ‘Y vosotros, ¿quien pensáis que soy yo?’ La respuesta no surge ahora tan espontánea; podemos imaginar como se miran los unos a los otros a ver quien es el primero que se atreve a hablar. Y será Simón Pedro el que se adelantó tomando la iniciativa y poco menos que la representación del pensamiento de todos. ‘Tú eres el Mesías, el ungido de Dios, el Cristo, el Hijo del Dios vivo’.

Una profunda afirmación de fe que incluso Jesús le dirá que no lo está diciendo por si mismo, sino porque el Padre se lo ha revelado en su corazón. Una profunda afirmación de fe que va a provocar una promesa de Jesús, porque ahí está la roca sobre la que se va a fundamentar la Iglesia, esa nueva familia de los hijos de Dios que se está constituyendo en la medida en que se va haciendo más presente el Reino de Dios. ‘Eres la roca sobre la que edificaré mi Iglesia y el poder del maligno no podrá contra ella… en tus manos están las llaves del Reino, en torno a esta roca se va a formar, se va a entrelazar una nueva unión, una nueva comunión…’

Son cosas muy importantes las que aquí escuchamos, es el comienzo de algo nuevo como nueva tiene que ser nuestra vida desde ese encuentro vivo con Jesús. Aquí estamos proclamando lo que es nuestra fe, pero también lo que tiene que ser nuestro camino de ahora en adelante. Aquí al proclamar nuestra fe nos estamos manifestando también con humildad porque solo desde la fuerza del Espíritu de Dios en nuestro corazón. podremos proclamarla y podremos vivirla.

Cambien tenemos nuestros miedos y nuestras dudas, también rebrotarán muchas veces nuestras cobardías y nuestros tropiezos, como Pedro a quien vemos hoy haciendo esta hermosa confesión de fe; pero es el Pedro que quería quitarle de la cabeza a Jesús la idea de su subida a Jerusalén con todo lo que allí podría suceder; es el Pedro que se siente pequeño y pecador cuando ve las maravillas de Dios que se realizan en Jesús como cuando la pesca milagrosa; es el Pedro que en un momento querrá utilizar las mismas armas del mundo para defender a Jesús como cuando sacó la espada de la violencia en el Huerto de los Olivos; el Pedro que se había quedado dormido cuando Jesús los invitaba a la vigilancia; el Pedro que se quedaba extasiado en los momentos de gloria, pero que recularía cuando alguien le dijera que él también era de los que estaban con Jesús.

Son también nuestros miedos y nuestras dudas, nuestras debilidades y nuestras tibiezas, pero los que tenemos que tenemos que seguir confiando en Jesús, dejándonos conducir por su Espíritu, poniendo todo nuestro empeño en seguir sembrando en los surcos de la vida esa nueva semilla del amor. Jesús quiere seguir confiando en nosotros, ¿qué respuesta le damos? ¿Llegaremos nosotros a definirnos por Jesús y por el evangelio?


miércoles, 12 de agosto de 2026

Buenas semillas hemos de saber sembrar con las buenas actitudes de nuestro corazón, siempre comprensivo, capaz de perdonar y ofrece la corrección fraterna

 


Buenas semillas hemos de saber sembrar con las buenas actitudes de nuestro corazón, siempre comprensivo, capaz de perdonar y ofrece la corrección fraterna

Ezequiel 9, 1-7; 10, 18-22; Salmo 112; Mateo 18, 15-20

Es bien cierto que todos estamos llamados a la perfección y a la plenitud, esas son las ansias más hermosas que llevamos en el corazón, pero es cierto también que no somos perfectos, porque estamos llenos de limitaciones que nos hacen descubrir nuestra debilidad y cómo tantas veces tropezamos no alcanzando esa plenitud que deseamos y nuestra humanidad es tan humana que se manifiesta como tal en esas carencias de nuestra vida.

Ya quisiéramos que nuestra respuesta fuera siempre perfecta en comportamientos y en actitudes, pero vamos tropezando continuamente, sentimos en nuestro interior esa tentación y esa inclinación al mal que nos hace actuar torpemente tantas veces y estamos llenos de errores pero también envueltos por el mal, que nos hace perder nuestra propia dignidad y grandeza y que daña de tantas maneras la dignidad y grandeza de los que están a nuestro lado. Tendríamos que tener la valentía de la humildad para reconocerlo pero también la fuerza interior que nos ayuda a corregirnos y a ser mejores; muchas veces nos ciega nuestro orgullo y amor propio y no reconocemos nuestras debilidades y para colmo queremos presentarnos ante los demás con la fantasía y la vanidad de que somos buenos.

Es un paso importante que tendríamos que realizar es el reconocimiento de nuestros fallos, pero también la humildad de dejarnos corregir por los que están a nuestro lado. No es fácil porque nos pesa mucho ese orgullo y amor propio o esa imagen que queremos mantener ante los demás porque nos parece que si nos mostramos débiles estaríamos perdiendo la buena imagen y el prestigio que decimos que nos hemos conquistado. Pero precisamente reconociendo nuestra debilidad es cuando mejor manifestamos la grandeza de nuestro espíritu y cuando nos ganamos mejor la valoración de los demás.

Hoy Jesús en el evangelio nos habla de la corrección fraterna, porque si en la comunidad cristiana nos sentimos como hermanos miembros de una misma familia estamos para ayudarnos los unos a los otros. Jesús nos da unas pautas que nos hablan de humildad y de sencillez, pero que nos hablan también de respeto y de capacidad de comprensión; ya le ponemos el apellido, digámoslo así, de fraterna, porque como hermanos hemos de corregirnos, y como hermanos no nos humillamos, como hermanos nos sentimos a la misma altura, con el amor de hermanos sentimos como nuestro lo de los demás y queremos siempre lo mejor, como hermanos nos damos ánimos porque nos tendemos la mano para seguir caminando apoyándonos mutuamente en nuestra debilidad, como hermanos nos estimulamos al tiempo que somos comprensivos porque vemos esa misma debilidad en nosotros.

Es la manera cómo hemos de saber escuchar esa palabra de corrección que nos ofrece el hermano cuando hemos renqueado en nuestra vida con nuestras debilidades y tropiezos y es la buena actitud con que nosotros hemos de acercarnos siempre a los demás. Cuesta hacerlo y bien sabemos que el mundo está lleno de resentimientos y desconfianzas, de envidias y de rencores, de actitudes revanchistas que lo que quieren es marcarte con ese sambenito de nuestra debilidad y de hundirte para siempre. Es cuando no hemos entendido ese sentido de comunión y de amor que entre todos debería haber ya que tendríamos que ser como una gran familia. Pero son las buenas semillas que nosotros hemos de saber sembrar con esas buenas actitudes de nuestro corazón.

Finalmente hoy en el evangelio nos enseña a saber rezar unidos, porque es la mejor manera de sentir a Dios en medio de nosotros. ‘Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’. ¿Será así siempre el sentido de nuestra oración?

martes, 9 de septiembre de 2025

Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 


Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 Colosenses 2, 6-15; Salmo 144; Lucas 6, 12-19

Hay momentos en la vida en que tenemos que tomar decisiones importantes y nos damos tiempo para pensarlo, para reflexionarlo; hay cosas que no podemos hacer solamente a impulsos podríamos decir momentáneos, aunque algunas veces tengamos esa tentación; nos sucede algo que nos impresiona, contemplamos algo que nos llama la atención y nos duele, y nos sentimos impulsados al momento pensando que algo que tenemos que hacer; es bueno que haya esa inquietud, que surjan incluso esos impulsos signos de la vitalidad que llevamos dentro, pero al mismo tiempo ponemos los pies sobre la tierra para que no sean solo sueños, y lo reflexionamos y lo maduramos; que tenemos que contar con alguien para algo que vamos a emprender y que consideramos importante, nos pensamos bien a quien vamos a escoger, sus posibilidades, sus valores y cualidades, aunque por supuesto dejamos siempre la libertad de decidir a quien escojamos su aceptación o no de lo que le proponemos. Las cosas nos las tomamos con la debida responsabilidad.

Hoy lo contemplamos en Jesús. Y nos dice el evangelio se que se fue al monte a orar y allí se pasó la noche en oración. Luego escogerá entre todos los discípulos que le seguían a doce a los que constituye apóstoles. Fue una decisión importante, nos lo manifiesta esa noche de oración de Jesús, de la que tanto tendríamos que aprender en nuestras decisiones. Jesús quiere contar con aquellos que llama apóstoles a los que veremos que va instruyendo de camino para la misión que les va a encomendar; el Reino anunciado por Jesús ha de continuar y en las manos de aquellos apóstoles está.

Cuenta Jesús con ellos y con su libertad; cuenta Jesús con ellos que también son humanos y tienen sus debilidades; habrá alguno que se queda en el camino porque al final le traiciona, habrán otros que siempre estarán pensando en sus sueños y ambiciones y donde Jesús continuamente estará enseñando, los llamará los hijos del trueno por esa intensidad con que viven el seguimiento de Jesús; todos con sus debilidades que cuando ven venir al lobo, como se suele decir, en el momento del prendimiento de Jesús se dispersan y le dejan solo; alguno a pesar de cuanto Jesús había confiado en él llegará a negar el conocerle, aunque siempre le había costado entender lo de la entrega de Jesús hasta la muerte. Pero Jesús sigue confiando en ellos, y a ellos se manifestará de manera especial después de su Pascua para que en verdad se sientan fortalecidos en su fe. Así luego se dispersarán por el mundo cumpliendo el mandato de Jesús de anunciar el evangelio del Reino de Dios.

Me hace pensar todo esto que venimos reflexionando en mi vida. Por una parte como hemos de enraizarnos en Jesús y en su evangelio, cómo tenemos que fortalecernos interiormente y dejarnos iluminar por la luz que nos viene del cielo ante cada una de esas decisiones que hemos de ir tomando en nuestra vida que quiere ser un camino de fidelidad. Pero también con corazón agradecido quiero ser consciente como el Señor sigue contando conmigo, con mis defectos y con mis debilidades, con lo que es mi vida unas veces turbulenta y otras veces adormecida, con sus buenos momentos de luz pero también con ese lado oscuro que todos tenemos fruto de nuestras torpezas y debilidades.

Quiero sentir que el Señor quiere seguir contando conmigo y siempre abre ante mí horizontes amplios donde poder realizar mi vida y vivir mi fidelidad con todas sus consecuencias. Muchas veces los caminos se tuercen y hay que tomar otras decisiones, que en ocasiones pueden ser hasta dolorosas, pero en nuestra fidelidad queremos seguir adelante, agradeciendo a Dios que siga contando conmigo y me vaya abriendo caminos que a veces eran insospechados para mí.

Lo pienso para mi mismo, como me hace mirar con una mirada distinta a los que están a mí alrededor o caminan conmigo, para hacerme comprensivo, para descubrir valores y aprender lecciones, para servir de apoyo y estimular también a los demás a vivir su fidelidad. El Señor sigue viniendo a nosotros para curar nuestras heridas y ponernos de nuevo en camino. Doy gracias a Dios por las posibilidades que me sigue dando.

sábado, 10 de mayo de 2025

Encrucijadas, dudas, momentos oscuros, dificultades para entender y aceptar ¿seremos capaces de decir Tú tienes palabras de vida eterna?

 


Encrucijadas, dudas, momentos oscuros, dificultades para entender y aceptar ¿seremos capaces de decir Tú tienes palabras de vida eterna?

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Salmo 115; Juan 6, 60-69

En la vida andamos demasiadas veces con la mente cerrada; solo vemos lo que nos interesa, solo vemos desde nuestros particulares criterios, siempre nos creemos como en un estadio superior y no somos capaces de abrir nuestra mente para comprender lo que el otro pueda decirnos, pero lo hacemos desde nuestro complejo de superioridad; así andamos por la vida no siendo capaces de entendernos, de al menos dar la posibilidad de que el otro se manifieste y nos exprese su manera de pensar y por nuestra parte tratar de entender o comprender lo que el otro quiere decirnos; podremos estar o no de acuerdo, seremos capaces de entrar en un diálogo constructivo, no significa que siempre tengamos que creer lo que el otro nos dice, pero al menos no nos cerramos al diálogo y al entendimiento. Pero qué difícil es.

Les estaba pasando aquel día en Cafarnaún como pasaba también con tantos que no terminaban de aceptar el mensaje de Jesús. Todo ha partido en esta ocasión de aquel signo que Jesús había hecho y que no habían sabido entender. Se habían alimentado en el desierto y todo se quedaba ahí; bueno, habían querido hacerlo rey, porque con gente tan buena y generosa que así lo alimentaba era fácil entender que era el Mesías que estaban esperando para la liberación de Israel. Pero les costaba entender los signos que Jesús hacía y ellos les daban sus interpretaciones desde sus prevenciones y sus prejuicios.

Cuando ahora Jesús les ha hablado de un sentido nuevo, los odres nuevos son costosos de conseguir porque preferimos mantenernos con los odres viejos aunque se nos derrame y se nos pierda el vino; pero no entendían aquel alimento que Jesús les ofrecía, no entendían lo que Jesús les hablaba de comerle para tener vida para siempre, no entendían lo de poner toda su fe en Jesús para alcanzar la resurrección definitiva para sus vidas. Seguían pensando en el mana que comieron sus padres en el desierto, pero no entendían de ese verdadero pan bajado del cielo que les daría vida para siempre.

Más difícil se lo ponía Jesús cuando les habla que ese Pan es su Carne para dar vida al mundo, cuando les dice que hay que comer su carne y beber su sangre. Era el no va más. ‘Ese modo de hablar es duro, ¿Quién puede hacerle caso?’ Y Jesús les habla de dejarse conducir por el Espíritu de Dios porque es así como conseguimos vida, pero muchos no están dispuestos a seguir escuchando y le abandonan.

Es cuando surge la pregunta que Jesús les hace a sus discípulos más cercanos, aquellos que siempre han estado con El y hasta ahora aun con sus debilidades y ambiciones habían dado muestras de fidelidad. ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ ¿Llegará el momento en que todo se viene abajo y Jesús se va a quedar solo? Siempre nos encontramos en la vida con momentos que son cruciales, una encrucijada en la que hay que tomar una decisión. ¿Estarían dispuestos a seguir con Jesús? ¿Estarían ellos entendiendo bien estas palabras de Jesús o habría una muestra de confianza para seguir con Jesús fuera lo que fuera que sucediera?

Allí está Pedro como siempre. ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios’. Una carta en blanco para seguir a Jesús. ‘¿A quién vamos a acudir?’ En Jesús habían puesto todas sus esperanzas, aunque aún tuvieran dudas en su corazón y en algún momento volvieran los momentos de debilidad. Pero ahora estaban decididos. ‘Tú tienes palabras de vida eterna… sabemos que eres el Santo de Dios’.

¿Seremos capaces de una confesión de fe así? también nos encontramos muchas veces en encrucijadas y tenemos que hacer una opción, también dudamos y no siempre vemos las cosas claras, hay cosas que a veces nos pueden escandalizar, vemos errores a nuestro alrededor pero nosotros también cometemos errores. ‘Señor, tú tienes palabras de vida eterna’.


lunes, 13 de enero de 2025

Es la hora de Dios, se ha cumplido el tiempo, está cerca el Reino de Dios, necesitamos disponibilidad y generosidad para creer e iniciar nueva vida

 


Es la hora de Dios, se ha cumplido el tiempo, está cerca el Reino de Dios, necesitamos disponibilidad y generosidad para creer e iniciar nueva vida

Hebreos 1,1-6; Salmo 96; Marcos 1,14-20

Si nos quieren encomendar una tarea, un trabajo, una misión tendrán que decirnos en qué consiste, cuales son las exigencias y responsabilidades, qué es lo que pretendemos con ello o cuales son los beneficios para mi; a lo loco no aceptamos cualquier cosa, tenemos que tener certezas y de alguna manera seguridades para lo que vamos a emprender. Claro que muchas veces podemos caer en una modorra en la vida en la que nos da igual cualquier cosa, o entramos en una rutina en la que no sabemos ni lo que estamos haciendo, se puede convertir en una cadena en la que nos enganchamos sin saber a donde vamos, o vivir como ciegos sin saber ni siquiera lo que queremos.

¿Nos faltará seriedad para asumir nuestro rol en la vida? ¿Viviremos de manera infantil simplemente dejándonos llevar a lo que salga sin tomar decisiones maduras, o lo que es lo mismo, maduradas en una reflexión seria? ¿Nos puede suceder algo así en nuestras actividades religiosas que son para nosotros nada más que unas tradiciones sin darles una verdadera profundidad en la vida? ¿Nos hemos planteado bien en serio lo que es ser cristiano que sigue a Jesús porque es su discípulo? Son muchas preguntas pero que es necesario que vayamos desgranándolas en la vida para encontrar respuestas, para dar sentido a lo que hacemos o decimos que hacemos, o lo que pretendemos vivir.

Estamos en el principio del Evangelio de San Marcos, con el que siempre comenzamos su lectura de forma continuada en medio de semana en este tiempo Ordinario. Nos habla del comienzo de la predicación de Jesús por Galilea, su primer anuncio que es una conversión de nuestra vida para poder creer en el Reino de Dios. Es importante tener en cuenta todo lo que se nos quiere decir en pocas palabras. Un anuncio y una invitación. El anuncio nos habla de que se ha cumplido el tiempo, ha llegado la hora de Dios, está cerca el Reino de Dios. Pero ya ese primer anuncio tiene una exigencia, tenemos que creer en la llegada del Reino de Dios, pero creer no son solo palabras que decimos con los labios, creer tiene que ser una actitud y una postura del corazón, de la vida.

Si algo nuevo va a comenzar, el Reino de Dios, hemos de prepararnos para eso nuevo, porque no es lo nuevo que llega y seguimos como estábamos antes; si algo nuevo llega, algo tendrá que cambiar en nosotros para aceptar esa novedad; por eso se nos habla de conversión, es una vuelta en redondo que tenemos que darle a la vida para poder comenzar esa nuevo que vamos a vivir si en ello creemos. No podemos escuchar ese anuncio y esa invitación de cualquier manera.

Y a continuación veremos de forma palpable, muy explicita eso que hemos escuchado. Porque ahora el anuncio y la invitación llegan de forma concreta a unas personas, a unos pescadores que allí en la orilla del lago están trabajando con sus redes, sus barcas y sus artes de pesca. Jesús se dirige a unos pescadores, primero Simón y Andrés, luego a Santiago y a Juan, los hijos de Zebedeo, para invitarles a seguirle en ese camino del Reino de Dios que está anunciando; pero seguirle para que ellos lleguen a hacer lo mismo que ahora Jesús está haciendo; hasta ahora pescadores de peces en aquellos lagos, a partir de ahora pescadores del corazón de los hombres, de todos aquellos que ellos puedan llevar también hasta Jesús, hasta la vivencia de ese Reino de Dios.

Y hay disponibilidad y hay generosidad, hay escucha del anuncio que se les hace, pero está esa disposición para ponerse inmediatamente en camino. ¿Van a ciegas? No lo podemos pensar; el evangelio es muy escueto en su narración, pero entendemos que habiendo estado Jesús haciendo ese anuncio allí en medio del pueblo, ellos eran personas que ya habían ido sintonizando con el mensaje; pero eso no merma ni en lo más mínimo la generosidad de sus corazones.

Habían ya escuchado al profeta del desierto, puesto que en otro momento aparecen como discípulos del Bautista que había sembrado la semilla en sus corazones, que había ido abriendo caminos, no en vano era el que venía a preparar los caminos del Señor, y lo había señalado proféticamente allá en la orilla del Jordán. Pero ahora son ellos los que responden a Jesús, deciden por si  mismos dejar a un lado la barca y las redes, porque otras serán las redes que van a tener en sus manos.

Eran ahora los que ya se sentían totalmente cautivados por el nuevo profeta y están dispuestos a seguirle y a dejarlo todo por el Reino de Dios. Es cierto que será un camino costoso, donde podrán aparecer las ambiciones y los sueños, donde en ocasiones se sentirán confundidos sin terminar de entender lo que Jesús les propone, habrá momentos de flaqueza y debilidad porque así somos todos los seres humanos, pero había una capacidad grande de amor en sus corazones y a todo estaban dispuestos.

¿Será así también nuestra disposición para seguir a Jesús? ¿Tendremos esa apertura del corazón para dejar que se siembre esa semilla en nosotros y pueda un día dar fruto? ¿A qué estamos dispuestos por nuestra fe en Jesús? ¿Qué cambios aceptaremos o qué cambios necesitaremos en nosotros para llegar a creer de verdad en el Reino de Dios que se nos anuncia? ¿Tendremos claro el camino que emprendemos?

miércoles, 16 de octubre de 2024

Una nueva mirada de comprensión desde el reconocimiento de la propia debilidad, un impulso de ascesis y crecimiento que nos lleva a una más profunda espiritualidad

 


Una nueva mirada de comprensión desde el reconocimiento de la propia debilidad, un impulso de ascesis y crecimiento que nos lleva a una más profunda espiritualidad

Gálatas 5, 18-25; Salmo 1; Lucas 11, 42-46

Alguna vez habremos visto en algún trabajo cómo un encargado de obra exigente trata de hacer llevar a un trabajador un peso que supera sus fuerzas, pero que además dicho encargado no es capaz de echar una mano para ayudar cuando ni él mismo es capaz de llevar tremendo peso o realizar dicho trabajo que quiere imponer a su subordinado. Lo consideramos injusto e inhumano, no lo soportaríamos quedándonos callados ante tal situación.

No serán pesos materiales o trabajos injustos de este tipo – que también los hay – pero si somos conscientes cuando nos detenemos a pensar un poco de situaciones en que nos volvemos exigentes con los demás cuando a nosotros mismos nos lo perdonamos todo; son, por ejemplo, nuestras habituales criticas a lo que hacen los demás, los prejuicios con que vamos tantas veces por la vida, o el juicio tan a la ligera que hacemos sobre la vida de los demás, sin ser capaces de ponernos en su lugar, para ver realmente lo que nosotros seríamos capaces de hacer. De qué manera tan fácil caemos por esas pendientes de prejuicios, de condenas, de críticas sin mirarnos primero a nosotros mismos.

Hoy contemplamos a Jesús que habla palabras duras contra ciertos sectores de la sociedad de su tiempo y sobre todo de aquellos que se consideraban dirigentes y desde unas opciones radicales se volvían exigentes con los demás. Pero sobre todo Jesús está haciendo hincapié en el vacío con que esas personas, sin embargo, vivían sus vidas cuando tanto les exigían a los demás. Un vacío interior o una podredumbre que les llenaba de malicias.

El camino de la vida tiene que ser de otra manera; nuestras actitudes para con los demás tienen que estar más llenas de autenticidad; hemos de saber ir a lo que verdaderamente es fundamental y no quedarnos en superficialidades y apariencias. Son cosas con las que fácilmente solemos tropezar cuando no hay verdadera profundidad en nuestras vidas. Tenemos que ahondar en nuestro espíritu, pero no para buscarnos a nosotros mismos sino para llenarnos de verdad del Espíritu de Dios que tiene que ser el que verdaderamente nos guíe. Será ahí cómo tendremos una verdadera espiritualidad que no se queda en cumplimientos o en apariencias. Esa sigue siendo una gran tentación en nuestra vida y una piedra de tropezar.

Tenemos que saber buscar ese crecimiento interior. Por eso necesitamos mucho también el mirarnos a nosotros mismos para conocer nuestra realidad y no quedarnos entonces en apariencias; cuando nos conocemos de verdad no entraremos en comparaciones con nadie, ni en juicios de condena para con los demás, sino que aprenderemos a ser en verdad comprensivos. Al darnos cuenta de nuestra realidad reconocemos nuestra debilidad, y cuanto nos cuesta a nosotros ese crecimiento, esa superación de mi vida en la que tengo que trabajar todos los días. No andaremos buscando justificaciones para nosotros y nuestra mirada a los demás será bien distinta.

Una tarea de ascesis, de crecimiento, de superación; una mirada de comprensión que se tiene que convertir en una mano tendida para ayudar a caminar juntos y a sabernos levantar mutuamente en nuestros errores y caídas; un comenzar a creer en la persona y en las posibilidades que tiene en la vida porque siempre seremos capaces de recomenzar lo que tantas veces hemos errado buscando el hacerlo mejor. Y eso nos hace comprensivos, y como hemos alcanzado nosotros misericordia con la misma generosidad queremos ofrecerla también a los demás.

domingo, 7 de julio de 2024

Ungidos para ser profetas tenemos que con arrojo y valentía dar testimonio del evangelio en medio del mundo nos escuchen o no nos escuchen

 


Ungidos para ser profetas tenemos que con arrojo y valentía dar testimonio del evangelio en medio del mundo nos escuchen o no nos escuchen

Ezequiel 2, 2-5; Sal. 122; 2Corintios 12, 7-10; Marcos 6, 1-6

¿Y ese quién es? Es una pregunta fácil que nos hacemos  cuando surge entre nosotros alguien que comienza a destacar quizás por la preocupación que siente por los demás, por los problemas que nos encontramos alrededor y trata de poner mano a la obra buscando salidas y soluciones. Nos preguntamos quien es, pero realmente sabemos mucho de él, porque conocemos su familia, de quien es hijo, donde vive, lo que ha hecho y no se cuantas cosas más; no es que no lo conozcamos, sino que no queremos reconocerle, porque ya sacaremos algo de su familia, de su pasado, de los errores que haya cometido en su vida, y por ahí comenzamos una tarea de desprestigio porque quizás pensamos que nos pueda hacer sombra. Nos sentimos tan poderosos como para eso.

Jesús se había ido dando conocer recorriendo toda aquella región de galilea; conocidos eran sus signos y milagros, porque esas cosas que nos parecen más espectaculares siempre son noticias que corren con mayor facilidad; fijémonos en el nivel o criterio de muchas de las noticias que se nos dan en los medios de comunicación. Las cosas espectaculares aparecen siempre en la primera página.

Ahora Jesús va a su pueblo, donde se había criado, donde lo conocían de siempre, desde que era niño. Sienten admiración y en cierto modo orgullo porque uno de su pueblo, aquel pueblo medio perdido de Galilea del que nadie hablaba – en la Biblia nunca había aparecido nada en referencia a Nazaret – ahora se está dando a conocer. Pero aunque se hacen preguntas saben bien quien es, el hijo del carpintero, el hijo de María, por allí andan todos su parientes. Pero El no había ido nunca a ninguna escuela rabínica de Jerusalén. ¿De donde saca todo esto? Son las preguntas que siembran duda. Siembra dudas y estarán socavando los cimientos de cualquier cosa que quieras construir.

‘Y se escandalizaban de él’, comenta el evangelista. ‘Y no pudo hacer allí ningún milagro, por su falta de fe… pero jesus seguía recorriendo los pueblos y aldeas de Galilea’, viene a concluir el evangelista.

Aquello que habíamos escuchado al profeta en la primera lectura. ‘Te escuchen o no te escuchen… tendrán que reconocer que hubo un profeta en medio de ellos’. La misión ha de cumplirse, el anuncio de la Buena Nueva tiene que hacerse. Tenemos que verlo en nuestra vida, en nuestra historia de hoy, en la misión que los cristianos tenemos en medio del mundo, en la misión de la Iglesia que ha de trasmitir la sabiduría del evangelio de Jesus al mundo de hoy, al mundo en que vivimos.

Escucharán o no escucharán, habrá rechazo o habrá un sutil sordera para no escuchar una palabra de salvación, como le decían a Pablo en Atenas cuando fue al Areópago, ‘de eso nos hablarás otro día’, mientras se daban la vuelta y le daban la espalda. Encontraremos, es cierto, quien no quiera escuchar, a quienes les hieran en los oídos las palabras de esperanza del evangelio con toda su novedad y con toda su riqueza.

Hoy le damos más valor a otras cosas y nos cuenta buscar hondura para nuestras raíces, o levantar la cabeza bien en algo para descubrir altos valores. Disfruta del día, nos dicen, y eso parece que es lo importante para muchos, pasarlo bien sin tener ninguna preocupación que nos empañe nuestras ‘alegrías’, y si algo aparece que nos pudiera turbar ya tenemos nuestros sucedáneos que nos llenen de una felicidad superficial y caduca.

Y cuidado que nos contagiamos fácilmente de ese espíritu del mundo, cuidado que queremos hacer nuestros arreglos y mezclas como se solía decir para poner una vela a Dios y otra vela al diablo. Cuántas componendas nos hacemos para decir que cumplimos, pero no dejamos resplandecer los verdaderos valores del evangelio. Tenemos que estar atentos. Nos cuesta muchas veces porque somos débiles y también tenemos nuestros tropiezos, pero eso no tiene que debilitarnos; reconozcamos humildemente nuestra debilidad y será más creíble nuestra palabra, porque estaremos dando testimonio de que es posible el cambio y la conversión, de que es posible comenzar de nuevo una y otra vez a pesar de los tropiezos que tengamos. ‘Mi gracia te basta’, escuchaba Pablo en su interior cuando sentía ese aguijón que le pulsaba por dentro y pedía a Jesús verse liberado de él. Y Pablo siguió adelante, porque sentía que el espíritu de Dios estaba con El para cumplir su misión.

Nosotros también hemos sido ungidos para ser con Cristo sacerdotes, profetas y reyes. Y a pesar de nuestros tropiezos y debilidades tenemos que presentarnos como profetas ante el mundo que nos rodea con el testimonio de nuestra palabra y de nuestra vida. Tenemos también que ir a otros lugares para seguir haciendo ese anuncio de la Buena Noticia, como Jesús que recorría toda Galilea. También nos conocerán aunque les cueste reconocer la misión que llevamos, también dirán de nosotros quienes somos o lo que según ellos somos recordando tropiezos y debilidades, pero nuestro testimonio no lo podemos callas. Tenemos que ser ese faro de esperanza para nuestro mundo para conducirlo hasta la luz de Jesus, hasta la luz del evangelio. No podemos desistir.

sábado, 29 de junio de 2024

Tú sabes, Señor, que te amo, tú lo sabes todo, conociendo también mis debilidades… por ti estoy dispuesto también a dar mi vida porque lo eres todo para mí

 


Tú sabes, Señor, que te amo, tú lo sabes todo, conociendo también mis debilidades… por ti estoy dispuesto también a dar mi vida porque lo eres todo para mí

Hechos de los apóstoles 12, 1-11; Salmo 33; 2Timoteo 4, 6-8. 17-18; Mateo 16, 13-19

‘Tú lo eres todo para mi’. ¿Habremos dicho alguna vez esas palabras? ¿Nos suena a algo? Palabras de amigo fiel e irrenunciable, palabras de enamorado cuando ha encontrado el amor de su vida, palabras de quien se ha encontrado con alguien que le ha abierto caminos en la vida, palabras de confianza y de fidelidad cuando nos dejamos conducir por aquello que sabemos que es único para nosotros y sin lo cual no sabríamos vivir. Palabras que nos fuerza para el camino aun en medio de debilidades y fracasos, palabras que nos ayudan a levantarnos cuando tropezamos en el camino pero sabemos bien a donde vamos, palabras que nos dan seguridad también en nosotros mismos porque sentimos una fuerza interior que nos hacen seguir adelante.

¿Será lo que le dijo de una forma o de otra, y lo repitió aunque fuera con distintas palabras, Pedro a Jesús como hoy escuchamos en el evangelio? Creo que nos tendrían que hacer pensar para darle hondo sentido a la celebración que hoy vivimos cuando celebramos la fiesta de san Pedro y san Pablo.

Lo hemos escuchado en el evangelio. Jesús está en un aparta con los discípulos más cercanos, pues incluso se ha ido casi fuera de las fronteras de Israel, a la región de Cesárea de Filipo. Ya hemos escuchado muchas veces en el evangelio que jesus aprovecha estos momentos en que está más alejado de las multitudes que le seguían y que en ocasiones no les dejan tiempo ni para comer para charlar con mayor intimidad, para ir sacando, por así decirlo, todo lo que lleva en el corazón, y además de instruirlos a ellos que les explicaba las cosas con más detalles, prepararles para ese seguimiento dejándose conocer más.

Ahora les hace unas preguntas que de alguna manera no son fáciles de responder. Era fácil, sí, comentar lo que la gente decía de Jesús, que si era un hombre de Dios, que si era un profeta, que era presencia de Dios que visitaba a su pueblo, como tantas veces la gente de forma espontánea decía y proclamaba; algunos sugieren que sería como Juan Bautista, al que habían conocido allá en la orilla del Jordán y algunos comenzaban a pensar que si acaso no sería el Mesías. Hacer un resumen de todo eso era fácil.

Pero Jesús pide más. Quiere saber qué es lo que ellos realmente piensan, cómo lo ven. ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’ Cuando las preguntas son así directas comprometiéndonos en la respuesta, es más difícil responder. Pienso en el silencio que se produciría entre ellos mirándose furtivamente los unos a los otros viendo quien sería el primero que comenzara a responder. Será Pedro, un líder nato como le veremos en muchas ocasiones, aunque solo fuera un pobre pescador de Galilea, el que se adelanta. ‘Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo’, fue su respuesta. Una profesión de fe que le dirá luego jesus que fue capaz de hacer no por si mismo sino porque el Padre del cielo había puesto aquellas palabras en sus labios y en su corazón.

Era, sí, un decirle, ‘tú lo eres todo para mi’. Es un reconocimiento de jesus, pero es un decirle contigo estoy. Son las palabras de quien ha puesto toda su confianza en Jesús como dirá en otra ocasión. ‘¿A dónde vamos a acudir, si tu tienes palabras de vida eterna?’ Ya había reconocido su pequeñez y su pobreza, su indignidad de hombre pecador cuando allá en la barca le había dicho ‘apártate de mi que soy un pecador’.

Era quien se había quedado mudo ante jesus cuando su hermano Andrés lo llevó ante él diciéndole que habían encontrado al Mesías. Sería quien quería quedarse extasiado en el Tabor cuando contemplo su gloria en la transfiguración. Era quien tendría experiencias profundas y cercanas a Jesús cuando le hace testigo de la resurrección de la hija de Jairo.

¿Qué más podemos decir de la relación de Pedro con Jesús? No podía pensar que le pudiera pasar nada, y por eso trataba de disuadirlo de que en Jerusalén no le iba a pasar nada. Además allí estaría con su espada porque estaba dispuesto a dar la vida por Jesús.

Pero Pedro también era débil y le costaba entender las palabras de Jesús; sentiría el peso de la cobardía cuando en patio del sumo pontífice una criada la pregunta y le señala como que era uno de los que estaban con Jesús. Pedro era débil y le costaba en ocasiones seguir el ritmo de los pasos de Jesús, y caería rendido de sueño en lo alto del Tabor, como se dormiría también en Getsemaní sin ser capaz de pasar una hora de vigilia con Jesús. El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Pero lágrimas casi de sangre le había costado aquella negación.

Pero Jesús había confiado en El. Sería la piedra sobre la fundamentaría su Iglesia. Jesús seguía confiando y la pedía que cuando pasaran los malos momentos se mantuviera firme y fuerte porque tenía que fortalecer la fe de sus hermanos. Jesús quería que siguieran amando, con aquel ímpetu que llenaba su vida, ‘tú lo sabes todo, tu sabes que te quiero’, por eso después de todo solo le preguntará por su amor. Porque tiene que ser pastor, porque tiene que ser esa piedra, porque tiene que ser el que va a mantenernos a todos en la unidad.

Estamos haciendo un pequeño recorrido por la manera de seguir de Pedro a Jesús, y probablemente estemos pensando en nuestro recorrido, en nuestras respuestas, en nuestras debilidades. También nosotros tenemos que decir ‘tú lo eres todo para mí’, porque así lo sentimos como Señor de nuestra vida. Solo nos está pidiendo Jesús amor. Será el amor que nos cure de nuestras debilidades, el amor que nos fortalezca en nuestro camino, el amor que nos haga seguir adelante a pesar de las noches oscuras, el amor que va a ser el sentido de nuestra vida. ‘Tú sabes, Señor, que te amo, tú lo sabes todo, conociendo también mis debilidades… por ti estoy dispuesto también a dar mi vida porque lo eres todo para mi’.

lunes, 13 de mayo de 2024

Nos recuerda Jesús que, aunque tengamos luchas, estará con nosotros siempre, que para eso nos deja la fuerza de su Espíritu y en El encontraremos siempre nuestra paz

 




Nos recuerda Jesús que, aunque tengamos luchas, estará con nosotros siempre, que para eso nos deja la fuerza de su Espíritu y en El encontraremos siempre nuestra paz

Hechos de los apóstoles 19, 1-8; Salmo 67; Juan 16, 29-33

Aunque los discípulos aquella noche en la cena pascual seguían confusos; eran signos distintos los que Jesús estaba realizando aquella noche con ellos, desde el mismo comienzo de la cena con el hecho de Jesús haberse puesto a lavarles los pies; lo que intuían que podía pasar por el sentido de las palabras de Jesús que por una parte les sonaba a despedida y recomendaciones como de quien se va a marchar y dejarlos solos; aquella intimidad que Jesús estaba mostrando haciendo como un desahogo de su corazón era algo que antes que tranquilizarles como Jesús pretendía sin embargo abría más interrogantes en sus corazones. Ahora parece que van comprendiendo algunas cosas.

‘Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que has salido de Dios’, se atreven a decir. Pero esto provocará que Jesús les haga más anuncios en cierto modo desalentadores, aunque Jesús quiera de alguna manera levantarles la moral. ‘¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre’.

Pero Jesús trata de que mantengan el ánimo pase lo que pase, porque aquello nunca será una derrota, aunque lo pueda parecer.  ‘Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo’. Han de tener puesta la mirada en la victoria final; claro que no lo comprenderán hasta que no haya vivido la totalidad de aquella pascua, no lo entenderán hasta la resurrección y cuando reciban la fuerza del Espíritu que Jesús les ha prometido. ‘Tened valor, yo he vencido al mundo’.

Necesitaban escucharlo y asimilarlo, como lo necesitamos nosotros también. Muchas veces nos sentimos desalentados de igual manera, tampoco terminamos de entender. Nos cuesta ese testimonio que tenemos que dar, pero nos cuesta dentro de nosotros mismos superarnos cada día y mantener ese espíritu de superación. El enemigo lo tenemos muchas veces dentro de nosotros mismos, porque nos cuesta amar, nos cuesta desprendernos de nosotros mismos, nos cuesta dar pasos adelante, nos cuesta esa mirada nueva que hemos de tener a los que nos rodean. Y aparece la tentación y aparece el desaliento cuando nos sentimos débiles y no somos capaces de superarnos.

También nos vamos a la desbandada muchas veces, como les sucedió a los discípulos aquella noche a partir del prendimiento de Jesús. Nos sentimos débiles y nos sentimos sucios, porque nos decaemos, porque no damos el testimonio que tendríamos que dar, porque nos quedamos demasiado en palabras y no llegamos a hacer nada, porque nos entran miedos a la hora de hacer un anuncio y nos acobardamos.

Pero nos dice Jesús que nos está diciendo todas estas cosas para que nos mantengamos firmes, que sabemos de nuestra debilidad como El también cuenta con nuestra debilidad porque nos conoce, y luego lo único que nos va a preguntar una y otra vez es que si lo amamos. Como hizo con Pedro que lo había negado; y aquella negación aparentemente una derrota, puesto que fue caer en una debilidad, como nosotros tantas veces, fue un punto de partida para Pedro levantarse y porfiarle una vez su amor a Jesús.

Es lo que tenemos que hacer, porque con Jesús sabemos que podemos alcanzar esa victoria. El ya nos lo ha dicho y nos ha prevenido; El nos recuerda que estará con nosotros siempre, que para eso nos deja la fuerza de su Espíritu. En Jesús encontraremos siempre nuestra paz.

lunes, 22 de enero de 2024

El evangelio es siempre un camino de esperanza, un camino que nos abre a algo nuevo, siempre es buena noticia de salvación que nos tiene que hacer pensar

 


El evangelio es siempre un camino de esperanza, un camino que nos abre a algo nuevo, siempre es buena noticia de salvación que nos tiene que hacer pensar

2Samuel 5, 1-7. 10; Sal 88; Marcos 3, 22-30

Una página dura la que nos presenta hoy el evangelio, pero como siempre el evangelio es un camino de esperanza, un camino que nos abre a algo nuevo; siempre es buena noticia de salvación. A muchas cosas nos puede llevar a reflexionar.

Por una parte ese rechazo blasfemo que hacen de Jesús los escribas y fariseos que han bajado de Jerusalén a Galilea tratando de controlar aquello nuevo que ha surgido y que a ellos les produce tanto escándalo. Rechazan la buena nueva de Jesús, rechazan su obra, no son capaces de descubrir la obra y la mano de Dios en lo que Jesús realiza, por eso llegan a la blasfemia de decir que lo que Jesús realiza es obra del espíritu maligno.

Pero la respuesta de Jesús, las palabras de Jesús tratan de ser conciliadoras; quiere hacerles comprender la incongruencia de sus planteamientos; como nos dice Jesús un reino dividido está abocado a la muerte y a desaparecer; ¿cómo puede el espíritu maligno actuar en contra de si mismo? Lo que Jesús está haciendo es expulsar al maligno de la vida de las personas, para que sea en verdad Dios el que reine en nuestra vida. Pero no llegarán a comprender.

‘¿Cómo va a echar Satanás a Satanás? Un reino dividido internamente no puede subsistir; una familia dividida no puede subsistir. Si Satanás se rebela contra sí mismo, para hacerse la guerra, no puede subsistir, está perdido. Nadie puede meterse en casa de un hombre forzudo para arramblar con su ajuar, si primero no lo ata; entonces podrá arramblar con la casa’. Ahí están las palabras de Jesús.  

Por eso, esa parte dura de las palabras de Jesús que les dice que quienes niegan la acción del espíritu Santo no tendrán perdón. Se ha de comprender que para recibir el perdón hay que reconocer el pecado, reconocer el mal que hay en nuestra vida y del que Jesús con el perdón nos quiere liberar; si no hay arrepentimiento, y arrepentimiento es reconocimiento del pecado y querer cambiar nuestra vida para entrar en una órbita nueva, no habría entonces perdón. Si negamos la acción del espíritu del que nos viene el perdón de Dios, tampoco habría perdón. Es necesaria esa conversión de la que Jesús nos está hablando continuamente.

Todo esto de lo que nos está hablando hoy el evangelio no es una cuestión que vemos planteada solo en aquellos momentos. Es algo actual. ¿De alguna manera no estaremos negando en nuestra sociedad actual esa realidad del pecado? Cuánto nos cuesta reconocerlo, nadie tiene pecado, nadie quiere reconocer que es pecador. Y hablaremos de errores o de debilidades, está bien si lo queremos decir así, pero ¿por qué negar la culpabilidad que nosotros podamos tener en nuestro pecado en lo que hemos obrado mal? No nos queremos sentir culpables, todo lo tratamos de disculpar, claro en lo que nos atañe a nosotros, porque bien que nos fijamos en lo que hacen mal los demás y bien que los queremos hundir en su mal. Y por supuesto en la práctica de nuestra vida hasta hemos ido desapareciendo el concepto del demonio o de Satanás del que ya no queremos oír hablar.

Y es que por otra parte olvidamos nuestra relación con Dios, con buscar lo que Dios quiere y hacer su voluntad. Olvidamos o dejamos de lado los sentimientos religiosos más profundos de la persona; es cierto que se mantienen ciertas religiosidades populares que muchas veces las reducimos a unas costumbres, unas tradiciones o un folclorismo.

Veamos y reconozcamos cómo en nuestra sociedad se han ido transformando expresiones religiosas en meras costumbres populares y que cuando incluso las celebramos le hemos mermado las expresiones religiosas más profundas. Las fiestas religiosas que marcaron el calendario de nuestra vida son ahora fiestas populares a las que incluso les hemos cambiado su nombre por fiestas de la primavera o del invierno o de no sé que nombres nos inventamos. ¿En que hemos convertido incluso nuestras celebraciones de Semana Santa? Repasemos todo lo que la rodea con sus publicidades y veamos en qué la hemos convertido.

 

martes, 19 de diciembre de 2023

Dios se sirvió de quienes parecían débiles e incapaces para contar con ellos y realizar maravillas, sepamos tener una mirada nueva para no descartar ni discriminar

 


Dios se sirvió de quienes parecían débiles e incapaces para contar con ellos y realizar maravillas, sepamos tener una mirada nueva para no descartar ni discriminar

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Sal 70; Lucas 1, 5-25

Alguna vez quizás nos sentimos incapaces de realizar algo, bien porque reconocíamos nuestra ineptitud, ya fuera porque no nos considerábamos preparados para ella, ya sea porque reconocemos nuestras limitaciones o incapacidades – no todos valemos para todo, solemos decir – ya fuera porque nos consideráramos mayores, fuera de época para los tiempos en que vivimos, o con la debilidad de los años y más carencias que nos pueden ir apareciendo. Es quizás un reconocimiento humilde, porque es una realidad de nuestra vida; pudiera ser una minusvaloración que hacemos de nosotros mismos porque no terminamos de creer en nosotros y en nuestras capacidades, y parece que todo tiene que seguir con normalidad dejando que sean otros los que lo realicen.

Sin embargo, cuando tras una situación así, viene alguien y nos dice que a pesar todo quiere seguir confiando en nosotros, y que nosotros estamos llamados a realizar esa función, pudieran ser varias las reacciones que tomemos, desde negarnos radicalmente a  hacerlo, o por el contrario, aceptar esa misión o labor que se nos confía, elevando nuestra autoestima, y prometiendo poner todo de nuestra parte para desarrollar tal misión. En el fondo, somos humanos, nos sentimos halagados con tal confianza.

Así Dios quiere contar con nosotros. No importa que seamos pequeños, no importa que nos consideremos inútiles por tantas cosas y tantas realidades que han debilitado nuestra vida, o en las que quizás incluso no hayamos obrado bien. Dios sigue contando con nosotros y tenemos que saber escucharle.

Nos lo dice claramente en los textos que hoy se nos ofrecen. ¿Dónde quiso escoger Dios, en la lectura que hemos escuchado en primer lugar, un juez para Israel en aquellos momentos difíciles que pasaba el pueblo? El ángel del Señor visita a una mujer que era estéril y le anuncia que tendrá un hijo que será consagrado para el Señor. Así surgió aquel Juez de Israel llamado Sansón.

Pero es lo que escuchamos también en el evangelio. Nos habla de una pareja de ancianos que no tienen hijos, aunque mucho lo habían pedido al Señor. Pero Isabel era estéril, Zacarías era anciano, pero el ángel del Señor viene de parte de Dios para contar con aquel matrimonio. ‘Yo soy viejo y mi mujer de edad avanzada’, replica una y otra vez el anciano sacerdote. Pero Dios quiere contar con El, su mujer quedará embarazada y le dará a luz un hijo, Juan, de quien diría Jesús que no ha nacido de mujer ningún hombre mayor que él.

Así son las maravillas que Dios realiza. Así son las maravillas que Dios quiere seguir realizando. Quiere contar con nuestra disponibilidad, no importa nuestra debilidad ni las incapacidades que nosotros podamos ver. Sepamos tener la mirada de Dios; sepamos dar respuesta a lo que Dios nos pide, cualquiera que sea nuestra condición, cualquiera que sea nuestra edad, aunque nos consideremos pequeños y pecadores, son las maravillas de Dios. Tenemos que aprender a confiar; tenemos que dejar hacer a Dios en nuestra vida.

Nos vale para mirarnos a nosotros mismos y descubrir en lo que Dios quiere contar con nosotros, para no perder el ánimo ni la esperanza, para que tengamos esa disponibilidad del corazón. Nos vale para que miremos a nuestro alrededor, y sepamos descubrir las maravillas que Dios realiza, allí donde menos lo pensamos; nos vale para que nosotros aprendamos también a confiar y a contar más con los demás, porque demasiadas veces marcamos a las personas por una razón o por otra y decimos ya de entrada que no valen, que no sirven, que no son las adecuadas, pero la visión de Dios es otra.

Tendrían que ser criterios que también tengamos en la Iglesia, porque demasiado descartamos a muchas personas, y tenemos que saber descubrir que Dios puede y quiere contar con ellas y también podrán realizar maravillas. ¿Será algo que nos está pidiendo el Señor en este camino de Adviento que estamos realizando?

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Necesitamos la fortaleza y sabiduría del Espíritu para poder dar testimonio de la luz que llevamos en nosotros con nuestra fe y con nuestro ser cristiano

 


Necesitamos la fortaleza y sabiduría del Espíritu para poder dar testimonio de la luz que llevamos en nosotros con nuestra fe y con nuestro ser cristiano

Daniel 5,1-6.13-14.16-17.23-28; Sal.: Dn. 3,62-67; Lucas 21,12-19

Todos nos hemos visto seguramente que en más de una ocasión sin saber que decir, sin saber qué responder. Una conversación de amigos con intercambio de ideas y de pensamientos en que aparecen opiniones divergentes y en las que se entabla un diálogo que de alguna manera lleva a la discusión. Mantenemos nuestra postura que creemos cierta, pero nuestros oponentes nos argumentan, y aunque bien convencidos de lo que decimos nos encontramos sin palabras, parece que se nos agotan los razonamientos y terminamos por callarnos.

Aunque también algunas veces hemos de reconocer que nos quedamos callados por miedo o cobardía para expresar con claridad nuestra opinión porque sabemos que los demás no están de acuerdo con nosotros y rehuimos toda discusión y preferimos quedarnos en silencio porque además nos podríamos sentir como catalogados sin con libertad y valentía expresamos nuestra opinión aunque sea diferente. Unas veces nos sabemos, nos faltan las palabras o los argumentos porque nuestra mente no está lo suficientemente ágil, o nos callamos refugiándonos en silencios que pudieran ser cobardías.

El mundo es muy variado, nos podemos decir, hay opiniones para todos los gustos, tenemos que reconocer también la validez de los que piensan distinto a nosotros, hemos de saber entablar un diálogo que nos lleve a encontrarnos a pesar de las diferencias con respeto mutuo, pero lo que no podemos hacer es callarnos. Aunque sea difícil. Y mira que se nos está poniendo difícil a los cristianos en el mundo y en la sociedad en la que vivimos. No tan diferente a otros tiempos, pero que también tiene hoy sus características muy especiales.

Y quiero referirme al ámbito de nuestra fe y de nuestros sentimientos y valores cristianos que tanto nos cuesta manifestar hoy en la sociedad en la que vivimos. Será la indiferencia de tantos a nuestro alrededor que va creando un mundo y una sociedad insensible a lo verdaderamente religioso y espiritual y también a todo lo que suene a cristiano. No es fácil el testimonio que tenemos que ofrecer y algunas veces parece que nos quedamos sin palabras.

Es aquí donde tenemos que recordar las palabras de Jesús en el evangelio que hoy se nos ofrece. Nos habla de persecuciones de todo tipo y somos conscientes de ello, porque ahí está la historia de todos los tiempos, ahí está la historia reciente incluso de nuestra tierra, ahí está no ya esa indiferencia sino ese desdén que vamos a encontrar en muchos de la sociedad que nos rodea.

¿Ha perdido influencia la Iglesia en nuestra sociedad? Algunos lo pueden pensar así como algunos lucharán contra esa influencia que pueda tener la Iglesia y los cristianos en el mundo de hoy. Quizás nos hemos acobardado, quizás no hemos sabido estar a la altura, quizás vivimos un cristianismo muy ramplón con el que no tenemos raíces suficientes para enfrentarnos a esas situaciones con las que nos podemos encontrar.

Necesitamos una fortaleza y una sabiduría especial para poder dar testimonio de esa luz que llevamos en nosotros con nuestra fe y con nuestro ser cristianos. Hoy Jesús nos dice que no nos faltarán palabras porque la sabiduría del Espíritu está con nosotros. Quizás nos acobardamos porque hemos perdido la fe en esa presencia del Espíritu, o porque con nuestra autosuficiencia creíamos que por nosotros solos íbamos a ser capaces.

Sin mí, nos decía Jesús, que no podéis hacer nada; sin la fuerza y presencia del Espíritu tampoco podremos tener esa sabiduría para hacer esa proclamación del mensaje de Jesús. Los tiempos nos pueden parecer apocalípticos en esa versión un tanto errada que tenemos de esa palabra. Los tiempos pueden ser difíciles, pero en la Apocalipsis encontramos nuestra esperanza, el cumplimiento de esa promesa de Jesús, la presencia del Espíritu que nos hará sortear todos esos peligros que podamos encontrar. Es lo que hoy Jesús nos promete.

lunes, 13 de noviembre de 2023

Nos tendríamos que preguntar qué lagunas tenemos en nuestra fe cuando no somos generosos en el perdón y nos hacemos tan rigoristas con los débiles

 


Nos tendríamos que preguntar qué lagunas tenemos en nuestra fe cuando no somos generosos en el perdón y nos hacemos tan rigoristas con los débiles

Sabiduría 1,1-7; Sal 138; Lucas 17,1-6

Poner piedras en el camino, para hacerte tropezar, para que encuentres obstáculos y al final te canses y desistas de hacer el camino, para hacer que te desvíes del camino que lleva la meta, a lo que quieres conseguir y al final te pierdas, para hacerte daño porque te quieren mal, porque sienten la maldad en su corazón y parece que disfrutan entorpeciendo a los demás, porque afloran resentimientos y envidias, porque el orgullo nos corroe por dentro y hacemos lo posible y lo imposible porque el otro no consiga lo que desee… Hemos comenzado hablando materialmente de piedras en el camino para entorpecernos el recorrido que tengamos que hacer, pero al final hemos terminado resaltando la malicia que aflora en muchos corazones para hacer daño a los demás; y la maldad aparecerá en cosas materiales, como puedan ser las piedras del camino, o serán otras muchas intenciones torcidas que nos aparecen por dentro.

Es de lo que comienza hablándonos Jesús. Y son los más débiles los que habitualmente sufren las consecuencias de esos tropiezos porque en su debilidad es más fácil la caída. Y es esa malicia con que nos estamos acostumbrando a actuar en la vida, porque todo son desconfianzas, todo son recelos y envidias, amor propio herido y soberbias del corazón, porque en nuestras vanidades no soportamos que otros puedan estar mejor que nosotros e incluso hagan el bien cuando nos creemos que somos nosotros los únicos que hacemos el bien y no terminamos de ver y reconocer el bien que hacen tantos a nuestro lado. Y vienen los daños que nos hacemos los unos a los otros de mil maneras; y viene el mal ejemplo que arrastra cuando nosotros no hacemos las cosas bien y llevamos a los demás por mal camino. Y Jesús nos habla muy fuerte y muy duro por ese daño que hacemos en los demás.

Y los discípulos más cercanos de Jesús se ven sorprendidos por la dureza de Jesús en sus palabras para los que hacen el mal y las nuevas actitudes que Jesús pide a los que quieren ser sus seguidores. Porque a pesar de todo ese mal que nos hacemos, Jesús nos está pidiendo que seamos capaces de tener comprensión en el corazón y cuando alguien reconoce el mal generosamente le ofrezcamos el perdón. Y Jesús nos plantea que el perdón hay que ofrecerlo siempre, no podemos poner medidas ni límites; todos somos igualmente débiles y tropezamos muchas veces en la misma piedra, caemos una y otra vez en las mismas debilidades. Y de la misma manera que queremos que sean comprensivos con nosotros, así hemos de serlo también con los demás siempre.

Es lo que a los discípulos se les hace difícil. Entonces y ahora. Porque sigue siendo una piedra de tropezar hoy en nosotros y hasta en la Iglesia lo de la generosidad del perdón a los que hayan tropezado muchas veces. Nos cuesta perdonar. Se nos hace difícil. Mantenemos muchas reservas. Se mantienen incluso en los protocolos de actuación también muchas reservas y parece que no se tiene en cuenta mucho lo que Jesús nos dice. Nos acogemos a unas palabras, a lo que nos interesa, pero olvidamos o descartamos otras.

‘Aumentamos la fe’, le piden los discípulos a Jesús, porque todo aquello que les está diciendo Jesús les parece como imposible realizarlo. Y Jesús nos dice que si tuviéramos fe, aunque fuera tan pequeña como un grano de mostaza, seríamos capaces de hacer grandes maravillas, hacer que la morera se arranque de raíz y se plante en el mar. ¿Hasta dónde llegará entonces nuestra fe cuando no somos capaces de hacer esa maravilla de ofrecer generosamente el perdón a los que débiles han caído una y otra vez? ¿No habrá por ahí, en muchos que no lo imaginamos incluso, muchas lagunas en la fe?  ¿Por qué seremos tan rigoristas? ¿Qué imagen damos de la misericordia y de la compasión? Nos da mucho que pensar.