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sábado, 30 de agosto de 2025

No dejemos de ocuparnos de lo nuestro trabajando con nuestras propias manos y desarrollando nuestros valores, alejando toda clase de agobios para mantener siempre la paz

 


No dejemos de ocuparnos de lo nuestro trabajando con nuestras propias manos y desarrollando nuestros valores, alejando toda clase de agobios para mantener siempre la paz

1Tesalonicenses 4, 9-11; Salmo 97; Mateo 25, 14-30

No todos somos iguales ni tenemos que ser iguales, porque seríamos como una estampa repetida. Es la variedad y al mismo tiempo la riqueza de la vida. Cada uno con nuestros valores y nuestras cualidades y así mutuamente nos enriquecemos y enriquecemos la vida. El desarrollo de cada uno no es querer ser igual al otro, es hacer que eso que yo soy se enriquezca y llegue a su plenitud; no es copiar ni simplemente imitar, aunque lo que veamos en los demás nos estimule, nos impulse a ser nosotros mismos, no una copia, no una repetición; no es sentirnos clonados de los demás sino alcanzar la plenitud de mi propio ser, en lo que soy y en lo que valgo por mi mismo. Esa variedad será, como decíamos, la riqueza de la vida, la riqueza del mundo en el que vivimos.

En esto me hace pensar la parábola que nos propone hoy el evangelio. El rey que al marchar de viaje confía sus bienes a sus servidores, dando a cada uno según su capacidad, como incluso nos dice la parábola. Cada uno según su capacidad ha de negociar aquellos talentos que se les han confiado, un día han de rendir cuentas. Pero como nos dice la parábola uno no fue capaz de negociar nada, le parecía tan poca cosa lo que había recibido que simplemente optó por no perderla. Así se presentó ante su señor a la hora de rendir cuentas, y reconoce que no ha hecho nada, no había sido capaz de realizar la función que le habían encomendado, porque aquellos les fueron confiados para que les sacaran rendimiento. No era solo cuestión de guardarlos.

Creo que nos puede ayudar a reflexionar sobre muchas cosas, empezando por la valoración que hemos de hacer de nosotros mismos, sin comparaciones y sin envidias, reconociendo lo que somos y valemos aunque nos creamos pequeños, pero aunque pequeños tenemos nuestra función, tenemos nuestro lugar, tenemos nuestra responsabilidad de la que no nos podemos escaquear. Y aquello que somos o que tenemos hemos de saberlo cultivar. 

No nos valen las falsas humildades, no nos valen los recelos ante lo que los demás tienen, han recibido o han conseguido con su esfuerzo y su trabajo. Nos entretenemos mirando a los demás y no nos miramos a nosotros mismos, no somos capaces de ponernos a trabajar en lo nuestro para obtener su fruto.

Ya nos decía san Pablo hoy en la carta a los tesalonicenses que no dejemos de ocuparnos de lo nuestro trabajando con nuestras propias manos y alejando de nosotros toda clase de agobios para mantener siempre la paz. Las comparaciones, las envidias y las desconfianzas nos paralizan, no nos dejan pensar ni en lo que nosotros somos por nosotros mismos y menos nos ayudarán a desarrollar con responsabilidad nuestra tarea. 

No podemos estar pensando que los talentos de los otros son más valiosos o importantes. Nadie es más importante que los demás, todos tenemos el mismo valor y la misma dignidad y así  no hemos de temer presentarnos ante los demás, no haciendo alardes ni poniéndonos condecoración, con la verdad de lo que somos, pero también con la humildad de los que queremos poner nuestro grano de arena y queremos caminar con los demás. La hondonada de la pereza en la que caemos nos hará olvidarnos o dejar de lado lo que son nuestras propias responsabilidades.

Se nos está ofreciendo, con este texto de la Palabra de Dios hoy, un momento propicio para examinar nuestra vida y reconocer nuestros valores, pero un momento también para ver hasta donde hemos cultivado nuestra vida, hasta donde hemos hecho crecer nuestra vida y lo que somos, hasta donde somos conscientes también que nuestros valores enriquecen a los demás, estamos haciendo florecer ese jardín de la vida donde todos podamos sentirnos de forma más agradable porque estaremos construyendo y haciendo florecer ese hermoso jardín de la vida. 

Que resplandezcan en consecuencia esos valores del Reino de Dios, que tiene que ser nuestra tarea y compromiso desde la escucha y el seguimiento de Jesús.

sábado, 31 de agosto de 2024

Descubre lo que hay en ti, ayuda también a los demás a que descubran sus posibilidades, abre horizontes en tu vida y amplíalos también para los que te rodean

 


Descubre lo que hay en ti, ayuda también a los demás a que descubran sus posibilidades, abre horizontes en tu vida y amplíalos también para los que te rodean

1 Corintios 1,26-31; Salmo 32; Mateo 25,14-30

Cantos de lamentaciones de lo poquito que somos o que valemos, de lo poquito que tenemos en la vida que no nos da para nada, seguramente estaremos acostumbrados a escuchar, o acaso nosotros mismos en más de una ocasiones también nos hemos hecho esas elegías de nuestra vida; yo no valgo para nada, yo no tengo medios, yo no sé como salir adelante, yo que puedo hacer por los demás si no tengo ni para mí mismo, yo no tengo suerte en la vida, yo no tengo quien me ayude, quizás también nos lo hemos repetido, en algunas ocasiones decimos que por humildad, pero muchas veces por la propia desidia con que vivimos nuestra vida.

Sin embargo sí hemos visto a más de uno que desde lo más bajo, podríamos decir, supo levantarse, supo emprender, supo luchar para salir adelante, buscando fuerza donde parecía que no la tenía, pero con una energía del espíritu que le hizo salir adelante.

Algunas veces para justificarnos quizá pensamos que quienes fueron capaces de salir adelante fue porque tuvieron padrinos, porque tuvieron suerte en la vida, o porque quizás tenían unos medios que nosotros no tenemos; pero pienso no en los que estaban esperando que la suerte les cayera un día encima para comenzar a luchar, ni los que se valieron de padrinos, sino en los que con su esfuerzo supieron luchar; no vamos a negar que luego apareciera quien les ayudara, porque personas así con ese empuje son personas a las que merece en verdad ayudar porque sabrán aprovecharlo bien para conseguir esos nobles fines. La suerte y la ayuda tenemos que encontrarla en nosotros mismos, en nuestras ganas de luchar que nos hace buscar y tener iniciativas, que nos hace mover Roma con Santiago, como dice el refrán, y así sabremos salir adelante. Desgraciadamente hoy en la vida nos encontramos muchos que todo lo esperan regalado – que si subvenciones, que si padrinos… - y no ponen ningún tipo de esfuerzo por sí mismos para luchar por la vida.

¿No será de esto de lo que nos está hablando hoy el evangelio con la parábola que Jesús nos propone? Unos talentos – se refiere a unas monedas fuertes que se utilizaban entonces – que aquel buen hombre reparte nos parece de manera desigual entre sus servidores  mientras él se va de viaje. Podemos pensar, si queremos, en unas responsabilidades en la administración de sus bienes, por ejemplo, que confía a sus servidores mientras está ausente.

Cuando vuelva va a pedir cuentas de la administración de aquello que les ha confiado. Dos de aquellos servidores supieron negociar muy bien aquellos bienes y presentarán positivo rendimiento, aunque fueran diversas las cantidades que se les habían confiado. Merecen la alabanza y el premio de su señor. Mientras el tercero, considerándose inferior porque menos recibió, no quiso perderlo y allá lo enterró para poder entregarlo integro cuando tuviera que rendir cuentas. Tuve miedo, decía, porque yo sabía como tú eres de exigente, pero no tuvo la osadía de aventurarse, de buscar la manera de salir de aquello que le parecía pequeño, y ya sabemos cómo fue recriminado a la vuelta de su señor. No lo había perdido, simplemente lo había enterrado.

¿No andaremos así muchas veces nosotros enterrando talentos? Es que yo no valgo para nada, a mi fue poco lo que me ofrecieron o pusieron en mis manos y qué voy a hacer con tan poca cosa, nos decimos tantas veces. Y solo esperamos el milagro de la suerte, solo esperamos que otro sea el que nos saque las castañas del fuego porque nosotros no queremos quemarnos.

Lo tenemos que mirar para todos los aspectos de nuestra vida en que nos decimos tantas veces que nos sentimos tan pobres, tan poca cosa; pero quizás no hemos sabido mirarnos por dentro, no hemos sabido descubrir todo lo que somos capaces de hacer por nuestros miedos, por nuestra indecisión, por nuestras rutinas, por la flojera con que vivimos la vida, por la superficialidad que le vamos dando a lo que hacemos. ¿Qué buscamos? Con aquello de la sociedad del bienestar que decimos que tenemos que crear sin embargo nos hemos hecho cómodos y estamos esperando que todo nos lo den hecho y no somos capaces de desarrollar eso que llevamos dentro de nosotros; siempre hay unos valores, unas capacidades, unas posibilidades, unas iniciativas que podemos tomar, que aunque pequeñas en principio se van a hacer en la medida que rueden en una bola grande.

Descubre lo que hay en ti, ayuda también a los que están a tu lado a que descubran todas sus posibilidades, abre horizontes en tu vida y amplia también los horizontes de los que te rodean. Lo podemos hacer con los amigos, como los padres tienen que hacerlo con los hijos, como todos tenemos que hacerlo con los que caminan a nuestro lado en nuestra sociedad.

Jesús cuando nos está proponiendo esta parábola está queriendo hablarnos del Reino de Dios, de los valores que en él hemos de encontrar y que nos harán crecer a nosotros en nuestra fe y en nuestro compromiso. Esto tendría que llevarnos a pensar también en lo que nosotros en medio de nuestra comunidad cristiana podemos hacer y estamos haciendo. La comunidad no nos la van a hacer otros, sino que somos nosotros, entre todos, los que en verdad tenemos que construirla.

martes, 19 de diciembre de 2023

Dios se sirvió de quienes parecían débiles e incapaces para contar con ellos y realizar maravillas, sepamos tener una mirada nueva para no descartar ni discriminar

 


Dios se sirvió de quienes parecían débiles e incapaces para contar con ellos y realizar maravillas, sepamos tener una mirada nueva para no descartar ni discriminar

Jueces 13, 2-7. 24-25ª; Sal 70; Lucas 1, 5-25

Alguna vez quizás nos sentimos incapaces de realizar algo, bien porque reconocíamos nuestra ineptitud, ya fuera porque no nos considerábamos preparados para ella, ya sea porque reconocemos nuestras limitaciones o incapacidades – no todos valemos para todo, solemos decir – ya fuera porque nos consideráramos mayores, fuera de época para los tiempos en que vivimos, o con la debilidad de los años y más carencias que nos pueden ir apareciendo. Es quizás un reconocimiento humilde, porque es una realidad de nuestra vida; pudiera ser una minusvaloración que hacemos de nosotros mismos porque no terminamos de creer en nosotros y en nuestras capacidades, y parece que todo tiene que seguir con normalidad dejando que sean otros los que lo realicen.

Sin embargo, cuando tras una situación así, viene alguien y nos dice que a pesar todo quiere seguir confiando en nosotros, y que nosotros estamos llamados a realizar esa función, pudieran ser varias las reacciones que tomemos, desde negarnos radicalmente a  hacerlo, o por el contrario, aceptar esa misión o labor que se nos confía, elevando nuestra autoestima, y prometiendo poner todo de nuestra parte para desarrollar tal misión. En el fondo, somos humanos, nos sentimos halagados con tal confianza.

Así Dios quiere contar con nosotros. No importa que seamos pequeños, no importa que nos consideremos inútiles por tantas cosas y tantas realidades que han debilitado nuestra vida, o en las que quizás incluso no hayamos obrado bien. Dios sigue contando con nosotros y tenemos que saber escucharle.

Nos lo dice claramente en los textos que hoy se nos ofrecen. ¿Dónde quiso escoger Dios, en la lectura que hemos escuchado en primer lugar, un juez para Israel en aquellos momentos difíciles que pasaba el pueblo? El ángel del Señor visita a una mujer que era estéril y le anuncia que tendrá un hijo que será consagrado para el Señor. Así surgió aquel Juez de Israel llamado Sansón.

Pero es lo que escuchamos también en el evangelio. Nos habla de una pareja de ancianos que no tienen hijos, aunque mucho lo habían pedido al Señor. Pero Isabel era estéril, Zacarías era anciano, pero el ángel del Señor viene de parte de Dios para contar con aquel matrimonio. ‘Yo soy viejo y mi mujer de edad avanzada’, replica una y otra vez el anciano sacerdote. Pero Dios quiere contar con El, su mujer quedará embarazada y le dará a luz un hijo, Juan, de quien diría Jesús que no ha nacido de mujer ningún hombre mayor que él.

Así son las maravillas que Dios realiza. Así son las maravillas que Dios quiere seguir realizando. Quiere contar con nuestra disponibilidad, no importa nuestra debilidad ni las incapacidades que nosotros podamos ver. Sepamos tener la mirada de Dios; sepamos dar respuesta a lo que Dios nos pide, cualquiera que sea nuestra condición, cualquiera que sea nuestra edad, aunque nos consideremos pequeños y pecadores, son las maravillas de Dios. Tenemos que aprender a confiar; tenemos que dejar hacer a Dios en nuestra vida.

Nos vale para mirarnos a nosotros mismos y descubrir en lo que Dios quiere contar con nosotros, para no perder el ánimo ni la esperanza, para que tengamos esa disponibilidad del corazón. Nos vale para que miremos a nuestro alrededor, y sepamos descubrir las maravillas que Dios realiza, allí donde menos lo pensamos; nos vale para que nosotros aprendamos también a confiar y a contar más con los demás, porque demasiadas veces marcamos a las personas por una razón o por otra y decimos ya de entrada que no valen, que no sirven, que no son las adecuadas, pero la visión de Dios es otra.

Tendrían que ser criterios que también tengamos en la Iglesia, porque demasiado descartamos a muchas personas, y tenemos que saber descubrir que Dios puede y quiere contar con ellas y también podrán realizar maravillas. ¿Será algo que nos está pidiendo el Señor en este camino de Adviento que estamos realizando?

domingo, 19 de noviembre de 2023

Nos sentimos deudores los unos de los otros en esa tarea hermosa de la construcción de nuestro mundo donde cada uno ponemos nuestro propio granito de arena

 


Nos sentimos deudores los unos de los otros en esa tarea hermosa de la construcción de nuestro mundo donde cada uno ponemos nuestro propio granito de arena

Proverbios 31, 10-13. 19-20. 30-31; Sal 127; 1 Tesalonicenses 5, 1-6;  Mateo 25, 14-30

Trabajamos y queremos obtener unos beneficios, bien porque la semilla que echamos en la tierra queremos que germine, que crezca y madure para obtener unos frutos, bien porque el trabajo que hacemos queremos que sea debidamente remunerado, bien porque el negocio que emprendamos queremos que tenga éxito y al final podamos obtener unos rendimientos. Queremos, es cierto, que el trabajo sea productivo, que la vida no se nos esterilice y al final nos veamos con las manos vacías.

No todos, es cierto, estamos en el mismo trabajo, no todos tenemos las mismas cualidades y valores, no todos valemos para todo sino que, vamos a decirlo así, cada uno ha de encontrar su camino donde vaya realizando su vida según su propia capacidad, y en consecuencia también serán distintos los rendimientos. 

Lo que realmente ganamos no es que tengamos unos beneficios económicos que sean mayores que los de los demás, sino que la mayor ganancia es la realización de la propia vida en aquello que ha sido capaz de hacer y de vivir. Esto nos plantea, entonces, que no nos podemos quedar ociosos, esperando el fruto de los otros, sino que tenemos que saber hacer fructificar su vida, que además va a tener repercusión en el mundo en el que vive.

Creo que de esto es de lo que nos quiere hablar hoy Jesús con la parábola que nos propone que tantas veces hemos escuchado y reflexionado. Una vez más detengámonos en ella y escuchémosla como palabra de vida para nosotros. Un hombre que al irse de viaje confía sus posesiones o sus riquezas, como queramos verlo, a aquellos servidores suyos que fielmente han estado siempre junto a él. Reparte de manera desigual, pues a uno dará cinco talentos, a otro dos y finalmente al tercero solo un talento. ‘A cada uno según su capacidad’, nos dice la parábola. Y marchó de viaje.

A la vuelta va a pedir a sus servidores que le rindan cuenta de lo que han hecho con aquellos talentos. Ya la parábola nos fue diciendo como tanto el de los cinco talentos como el de dos, pusieron a rendimiento aquellos talentos. El que recibió solamente uno tenía miedo de perderlo - ¿quizás que los negocios salieran mal y se quedara sin nada? – por eso en lugar de negociar, de trabajar lo que hizo fue enterrar el talento. Ya hemos escuchado la reacción de aquel hombre. Alaba a quienes les han sacado rendimiento a lo que le habían confiado cada uno en su medida, mientras no valorará los miedos del tercero, que no lo ha perdido, pero tampoco le ha sacado rendimiento.

Todos entendemos muy bien el sentido de la parábola. ¿La vida que Dios ha puesto en nuestras manos? ¿La responsabilidad que tenemos con el mundo en el que vivimos y donde no podemos hacer dejación de nuestras obligaciones? ¿El descubrimiento de cuáles son en verdad nuestros valores y capacidades sin tener que estar mirando de forma desconfiada o recelosa a las capacidades que puedan tener los demás? Muchas preguntas que tendríamos que hacernos sobre nuestras actitudes y nuestros verdaderos valores por los que tenemos que luchar, o que tenemos que desarrollar.

Lo importante es la actitud que tengamos ante nuestras responsabilidades o las tareas que se nos confían. Claro que hemos de obtener un rendimiento, pero no todos tienen que ser por igual. Cada uno tiene que valorar sus propias capacidades, cada uno ha de saber hacer resaltar sus propios valores; no todos vamos a ser ‘premio Nóbel’ por los grandes descubrimientos que podamos hacer en el camino de la ciencia, pero sí todos somos ‘premio Nóbel’ por la fidelidad con que realizamos lo que tengamos que hacer aunque sea pequeño, aunque no tenga el relumbrón que otros puedan tener. El premio, podíamos decirlo así, lo vamos a tener en nosotros mismos, en nuestro interior, en la satisfacción de la fidelidad de lo que realizamos.

Es esa faceta tan bonita de la vida en la que nos sentimos deudores los unos de los otros en esa tarea hermosa de la construcción de nuestro mundo y donde cada uno ponemos nuestro propio granito de arena. No andaremos nunca con recelos ni desconfianzas porque uno tiene más y otro tiene menos, porque uno es capaz de hacer grandes cosas y otro será el servidor fiel de las cosas pequeñas pero que son parte también de ese conjunto que entre todos estamos construyendo.

Es una invitación a la vigilancia y un aliciente para la esperanza. Todos tenemos que estar atentos para tener el aceite suficiente y que necesitamos para mantener encendida la lámpara, como escuchábamos el domingo pasado. 

Todos tenemos la esperanza de que al final vamos a escuchar la voz que nos llama y nos invita a participar del Reino del Padre, ya sea porque hayamos hecho grandes cosas o ya sea simplemente porque hemos ofrecido un vaso de agua, pero porque lo hicimos, porque mantuvimos esa fidelidad en todo momento vamos a escuchar esa invitación a estar con El para siempre en su reino del cielo.


martes, 8 de noviembre de 2022

¿Nos habremos parado en alguna ocasión a dar gracias a Dios por esa inteligencia y esas capacidades que ha puesto en nosotros cuando nos ha creado a su imagen y semejanza?

 


¿Nos habremos parado en alguna ocasión a dar gracias a Dios por esa inteligencia y esas capacidades que ha puesto en nosotros cuando nos ha creado a su imagen y semejanza?

Tito 2, 1-8. 11-14; Sal 36; Lucas 17, 7-10

Vivimos en una sociedad en la que está muy vivo lo de la exigencia de nuestros derechos y todo se nos convierte en reclamaciones y exigencias, olvidando a veces lo que son nuestras obligaciones y cual es el rendimiento que hemos de tener en el desempeño de trabajos y responsabilidades. Raro es el día en que no oímos hablar de manifestaciones y huelgas de los diferentes sectores de la sociedad reclamando unos reconocimientos y unos derechos desde unos compromisos y unos contratos sociales. No digo que tengamos que reclamar lo que es justo y siempre tendremos que ponernos del lado más débil en cualquier situación, porque no es desde un poder que nos oprime desde donde podemos construir una sociedad verdaderamente justa.

Hoy se nos propone una parábola en el evangelio que es una primera lectura quizás nos puede resultar un tanto costoso el entender. Los hechos que se narran, que aquí se nos proponen en la parábola, hemos de entenderlo desde un estilo de sociedad en la época donde, aunque lo consideremos injusto, no se valoraba el trabajo del servidor o del esclavo, sino que por obligación, dada su condición tenía que realizarlo.

Pero cuando queremos entender la parábola no nos podemos quedar tanto en esa parte como más anecdótica, sino ir directamente al final porque lo que Jesús nos quiere plantear es cómo hemos de reconocer cuando recibimos de Dios y la respuesta que damos ha de ser siempre una respuesta agradecida. Es el valor y el significado que entonces hemos de darle a lo que son nuestros trabajos, nuestras tareas, la obra que realizamos en la vida que es como una respuesta a cuanto Dios ha puesto en nuestras manos.

¿Vamos a andar con reclamaciones a Dios porque hacemos el bien, porque vivimos nuestras responsabilidades, porque con nuestro trabajo nos convertimos en continuadores de la obra creadora de Dios que ha puesto en nuestras manos? Agradecidos tendríamos que estar porque así Dios ha querido confiar en nosotros; agradecidos hemos de estar por los dones que de Dios recibimos, por esa inteligencia que ha puesto en nuestra vida, por esa capacidad de actuar y de decidir lo bueno que hemos de realizar.

¿Nos habremos parado en alguna ocasión a dar gracias a Dios por esa inteligencia y esas capacidades que ha puesto en nosotros cuando nos ha creado a su imagen y semejanza? Todos tenemos unos valores, unas cualidades, unas capacidades en la vida, unos más, otros no diríamos menos sino distintas, creo que alguna vez tendríamos que hacer como un reconocimiento; pensar, sí, en esas cosas positivas que hay en nuestra vida, no para llenarnos de orgullo y por ello considerarnos mejores que los demás, para humildemente reconocerlo como dones de Dios.

Esos dones que Dios ha repartido entre nosotros, ni todos somos artistas ni todos somos agricultores o artesanos, ni todos tenemos cualidades para ser dirigentes de la sociedad ni todos somos maestros o profesores, cada uno tenemos nuestros valores, nuestras capacidades, manifiestan lo que es la riqueza de la humanidad, no nos hace mejores ni más dignos unos que otros, porque cada uno desde su capacidad, desde sus posibilidades, va a contribuir al conjunto, a contribuir al bien de todos, a la construcción de esa sociedad y ese mundo mejor.

¿No tendríamos que decir aquello de la parábola, ‘somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer’? Y decimos somos siervos inútiles, para abajar el orgullo que pudiera meterse en nuestro corazón, pero para reconocer que lo que valemos o lo que son nuestras capacidades son siempre un don de Dios.

miércoles, 20 de octubre de 2021

Una carga grande de responsabilidad para asumir la vida con todos sus imprevistos, pero también una carga grande de humanidad para saber caminar junto a los otros

 


Una carga grande de responsabilidad para asumir la vida con todos sus imprevistos, pero también una carga grande de humanidad para saber caminar junto a los otros

 Romanos 6,12-18; Sal 123; Lucas 12,39-48

‘Lo mismo vosotros, Estad. preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre’, nos dice Jesús centrándonos el mensaje que nos quiere transmitir. Antes, como ejemplo, nos ha hablado del dueño de casa que tiene que cuidar que no se metan ladrones en la casa  y nos arrebaten lo más preciado; el ladrón no sabemos cuándo nos puede asaltar, por eso la vigilancia que hemos de tener ha de ser bien responsable.

Nos pueden suceder imprevistos en la vida, cosas que no esperábamos y que de alguna manera se hicieron presentes en nuestra vida; poca quizás pueda ser la previsión que tengamos, pero sí en la vida hemos de tener una madurez para poder afrontar la vida en las diversas circunstancias que se nos pueda presentar; ojalá en la vida todo fuera fácil y todo circulara como sobre ruedas, pero aun así sabemos que las ruedas pueden tener tropiezos en el camino o podemos tener pinchazos que las dejen inutilizadas. De ahí, entonces, la responsabilidad con que hemos de ir cuidando esa formación y esa madurez que necesitamos para afrontar ese camino.

Tenemos la tentación y el peligro de ir simplemente dejándonos llevar por el día a día y decimos que cuando vengan los problemas ya buscaremos la solución, la forma de afrontarlos; pero tenemos que ir aprendiendo de la vida misma, es una gran maestra si sabemos leer, como se suele decir, entre líneas todo cuando nos sucede para saber sacar conclusiones, para con la experiencia de lo que vamos viviendo poder luego afrontar lo que más duro se nos pueda presentar.

Jesús repetidamente nos va hablando en el evangelio de esa responsabilidad de la vida, enseñándonos a abrir los ojos para descubrir las señales que Dios va poniendo en nuestro camino, pero enseñándonos también a desarrollar de forma responsable nuestros talentos, nuestras cualidades, nuestras capacidades; podemos recordar muchas parábolas del evangelio.

Quien nos pone el pan duro que tenemos que masticar en multitud de ocasiones de dificultades y de problemas, nos ha puesto dientes en nuestra boca para poderlo triturar. ¿Qué quiero decir con esto? Dios ha puesto en nosotros esas capacidades, esos valores, esas cualidades para esas funciones que tendríamos que desempeñar; lo que es necesario es que hayamos cultivado esos valores, que nos hayamos entrenado para poner a tope nuestras cualidades, que hayamos sido capaces de desarrollar todas esas posibilidades que tenemos en nosotros mismos.

Una carga grande de responsabilidad que tenemos que asumir en la vida, pero también una carga grande de humanidad porque necesariamente tenemos que ir al encuentro con los demás, o tenemos que saber caminar junto a los otros. Un camino hecho juntos siempre tendrá que ser un camino más agradable y más llevadero; claro que es necesario que aprendamos a caminar juntos porque aprendamos a aceptarnos mutuamente los unos a los otros, con lo que cada uno es o con lo que cada uno puede aportar a ese camino: si no lo hiciéramos así, entonces sí que el que camino se nos podría hacer más duro e insoportable porque solo estaríamos viendo las limitaciones o carencias que los demás puedan tener, y de ahí solo nos faltaría un paso para volvernos exigentes e intransigentes con los otros.  Ese no puede ser nuestro camino.

jueves, 23 de septiembre de 2021

Tenemos que discernir bien cuál es la inquietud que se despierta en nuestro corazón ante los acontecimientos del día a día de nuestra vida

 


Tenemos que discernir bien cuál es la inquietud que se despierta en nuestro corazón ante los acontecimientos del día a día de nuestra vida

Ageo 1, 1-8; Sal 149; Lucas 9, 7-9

Sucede algo fuera de lo común, comienzan a circular rumores de cosas extraordinarias que nos dicen que están pasando, nos hablan de una persona que nos dicen que está ejerciendo una cierta buena influencia en algunos y nos entra la curiosidad, queremos verlo, queremos conocerlo de primera mano, queremos saber qué es lo que hay de verdad en lo que nos cuentan, o simplemente sentimos la curiosidad por ver aquello que pudiera ser un espectáculo. Cuántas veces vemos colas interminables o de vehículos o de personas que quieren acceder a un lugar porque les han dicho que ha sucedido algo extraordinario.

No sé si podremos meterlo en esta categoría pero en los acontecimientos de estos días en nuestras islas con el nuevo volcán ya las autoridades estaban diciendo a los vecinos de los pueblos limítrofes que se quedaran en sus casas y que no produjeran atascos sobre todo en la noche porque querer ver el espectáculo del volcán porque podrían impedir desalojos que fueran necesarios; ya he escuchado de gente que se quiere trasladar de una isla a otra simplemente por ver el espectáculo; claro que habría que pensar si el espectáculo – no es algo que podamos ver todos los días, es cierto – es lo importante o las tragedias que se están produciendo en muchas familias con lo que va arrasando la lava a su paso.

Nos movemos muchas veces en la vida simplemente por la curiosidad, pero nos podemos quedar quizás en lo superficial. Es buena la curiosidad porque despierta también en nosotros deseos de más y de mejor y muchos de los avances de la vida surgen de esas curiosidades que luego se pueden convertir en cosas bien serias. ¿Habrá en verdad algo más hondo en nosotros que nos motive a un crecimiento personal, a un desarrollo de nuestras posibilidades poniendo en juego nuestros valores y capacidades, o hacer algo para que nuestro mundo sea mejor?

Quizás se van entremezclando muchas ideas y conceptos en esta reflexión que me estoy haciendo y ofreciendo. Ha surgido todo esto dentro de mí desde algo que se nos dice en el evangelio que hoy se nos ofrece. Habían llegado rumores y noticias a Herodes de lo que Jesús iba haciendo por Galilea. A un gobernante sabemos que noticias así, donde incluso hay movimientos de gentes de un lado para otro, entusiasmadas en este caso por el nuevo profeta que ha aparecido en Galilea, son cosas que les inquietan y les hacen sentir alguna preocupación.

A Herodes esta aparición de Jesús predicando, haciendo milagros, curando a los enfermos, despertando esperanza en el corazón de aquellas gentes le hizo por un lado que su conciencia se inquietara por lo que había hecho con otro profeta que había aparecido en las orillas del Jordán, Juan el Bautista. Aunque en algún lugar se manifiesta que Herodes escuchaba con gusto a Juan, sin embargo sabemos que por las intrigas de la mujer con la que vivía lo había metido en la cárcel y al final lo había degollado. La conciencia no la podía tener tranquila a pesar de la superficialidad con que vivía su vida. La aparición de Jesús predicando algo semejante a lo que Juan había hecho en el desierto, le inquieta mucho más y siente también deseos de conocer a Jesús.

Sabemos que no prestará atención Jesús a estos deseos de Herodes, porque incluso en una ocasión le dicen que Herodes le está buscando y Jesús, como diríamos ahora, pasa de él. También Jesús con su actitud mostrará su rechazo al modo de vida de Herodes, porque cuando es enviado preso por Pilatos hasta Herodes, Jesús no pronunciará palabra en su presencia por más que incluso Herodes se lo tomase como una diversión. Trataría de loco a Jesús.

Pero creo que lo que hoy tenemos que ir escuchando en nuestro corazón es ver cual es realmente la inquietud que nosotros sentimos en nuestro corazón. ¿Vivimos y nos dejamos llevar y arrastrar simplemente por la curiosidad y por la superficialidad? Ante lo que vamos descubriendo de Jesús ¿cuál es nuestra postura? Ante el evangelio que escuchamos ¿qué es lo que sentimos en nuestro interior? Cuando leemos la Escritura Santa, la Biblia, ¿qué es lo que realmente buscamos? Cuando escuchamos la predicación que nos ofrece la Iglesia ¿a qué le prestamos atención? Cuando contemplamos los acontecimientos que suceden en nuestro entorno ¿seremos capaces de discernir si en ellos el Señor también nos está hablando y pidiendo algo? Cuando vemos las tragedias que se producen en muchas personas, debido quizás a esos mismos acontecimientos, ¿cuáles son los sentimientos que se provocan y despiertan en nuestro corazón?

sábado, 28 de agosto de 2021

Nos sentimos enriquecidos con la confianza que Dios ha puesto en nosotros y con la confianza que somos capaces de poner en los demás daremos valor a toda persona

 


Nos sentimos enriquecidos con la confianza que Dios ha puesto en nosotros y con la confianza que somos capaces de poner en los demás daremos valor a toda persona

1Tesalonicenses 4, 9-11; Sal 97; Mateo 25, 14-30

¿A quién confiamos nuestras cosas? Como ya lo expresamos con la palabra a aquel en quien tengamos depositada nuestra confianza. No somos dados a confiar nuestras cosas, nuestras pertenencias a nadie, mantenemos la reserva. Tenemos que encontrar a alguien con grande responsabilidad y que sepa manejar nuestros asuntos para no tener pérdidas sino mejor beneficios; si sabemos que es un manirroto y un irresponsable no le manifestaremos nuestra confianza.

Grande tenía que ser la confianza del hombre de la parábola que hoy nos propone Jesús. Porque al confiar aquellos talentos – y con esa palabra se está expresando que eran cantidades grandes – a aquellos empleados suyos cuando se fue de viaje, es porque mucha confianza tenía en ellos. Confiar en ellos era valorarlos, hacerles sentir que eran capaces cuando en ellos se había depositado esa confianza. Se harían o no merecedores de aquella confianza con sus responsabilidades o con su dejadez por la manera de llevar los asuntos, pero el primer mensaje que se nos deja va por ese camino, el de la confianza. Una confianza que nos enriquece.

Cuando Jesús nos propone las parábolas está haciéndonos comparaciones para que entendamos lo que es el Reino de Dios y cómo hemos de vivirlo. Y me atrevo a decir que el primer mensaje es cómo Dios confía en nosotros desde el momento que nos ha dado la vida. Es el regalo de Dios, es la muestra del amor que Dios nos tiene.

Y en esa vida nuestra aparecerán unos talentos u otros, porque cada uno tenemos unos valores, hay cualidades y capacidades diversas en nosotros; y no somos iguales sino que cada uno tenemos nuestra propia identidad, nuestros propios valores. Significa además que en el amor de Dios nos sentimos valorados, y eso ha de darnos mayor confianza en nosotros mismos para desarrollar lo que se nos han confiado.

No tenemos que andarnos con comparaciones que siempre nacen de ojos turbios y opacos, sino que cada uno ha de descubrir el valor de su vida y lo que en ella y con ella puede realizar. Es la responsabilidad con que asumimos nuestra vida; es el sentido de respuesta de amor que hemos de saberle dar si en una lectura creyente de nuestra vida hemos descubierto ese regalo del amor de Dios.

Vemos cómo aquel hombre de la parábola felicitará de la misma manera tanto al que había trabajado con cinco como al que había trabajado con dos, como le pedirá cuentas al que recibió solamente uno pero no supo trabajarlo, o más bien, no quiso trabajarlo. Igual de feliz fue el que recibió cinco como el que recibió dos, como igualmente podría haber sido feliz el que recibió uno.

La felicidad en la vida no está en las cantidades sino en la medida en que seamos capaces de ser nosotros mismos con lo que somos o con lo que tenemos. Ya sé que muchos van en la vida siempre ansiando tener más porque dicen que así serán más felices, pero cuando esas ambiciones nos cogen el corazón al final nos volvemos dependientes de las cosas y por mucho que tengamos nunca llegaremos a esa felicidad.

Aquel que descubre su propio ser y asume su vida podrá entrar en camino de plenitud y de felicidad. Descubre lo que eres, descubre tus valores, sean muchos o sean pocos, procura ir creciendo como persona a partir de eso que eres y entonces serás capaz de desarrollar todas tus posibilidades, podrás ir alcanzando metas en tu vida, podrás sentirte satisfecho de ti mismo, podrás sentir la felicidad en tu corazón.

Pero aprende también a contar con los demás; aprende a poner confianza en las personas que te rodean para que ellas también crean en sí mismas; nuestras desconfianzas pueden anular a los que están a nuestro lado, porque nuestra desconfianza crea sombras y negruras, impide que el otro se descubra a sí mismo cuando no es valorado. Con tu confianza estás enriqueciendo la vida del que tienes a tu lado.

Un mensaje enriquecedor el que nos deja hoy el evangelio. Nos sentimos enriquecidos con la confianza que Dios ha puesto en nosotros y con la confianza que somos capaces de poner en los demás estaremos dándole valor a la vida de toda persona.

viernes, 22 de enero de 2021

No podemos dar testimonio del evangelio de Jesús ante el mundo si antes no hemos estado con El, es lo que nos hace signos y testigos

 


No podemos dar testimonio del evangelio de Jesús ante el mundo si antes no hemos estado con El, es lo que nos hace signos y testigos

Hebreos 8,6-13; Sal 84; Marcos 3,13-19

Cuando queremos emprender una tarea en la que necesitamos colaboradores ya nos preocupamos de buscar a aquellos que mejor nos valgan para lo que vamos a realizar. Ahora se dice nos trazamos un perfil y conforme a ese perfil buscamos lo que necesitamos, los más capaces, con mejores cualidades, con la mejor preparación, con sus valores humanos y responsabilidad para poder llevar a término aquello que nos hemos propuesto. Queremos ser muy cuidadosos en este aspecto para evitar fracasar en las metas y objetivos que nos hayamos trazado. Quizá buscamos consejo en alguien experimentado que nos pueda ayudar a encontrar a esos colaboradores que necesitamos. Es lo que hacemos en nuestros trabajos y en nuestras responsabilidades en lo humano.

Es lo que vemos realizar hoy a Jesús en el evangelio. Nos dice escuetamente Marcos que ‘Jesus subió al monte, llamó a los que El quiso y se fueron con El’. Y añade a continuación ‘instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios’.

Muchos discípulos se le iban agregando, les escuchaban y querían seguirle. En un momento determinado el evangelista hablará del envió de setenta y dos a anunciar el Reino. Ahora nos habla solo de doce. ‘Llamó a los que El quiso’, nos dice, ‘para que estuvieran con El’, pero solamente un grupo de doce. Otros evangelistas al narrarnos este mismo episodio nos dice que los constituyó Apóstoles. Va a ser importante este número, que tiene sus resonancias bíblicas. A continuación nos da la relación de sus nombres. Algunos ya los hemos ido conociendo por esas llamadas que Jesús ha ido haciendo a seguirle y a ser pescadores de hombres o aparecerán en algún otro momento del evangelio. ¿Por qué estos y no otros de entre todos sus discípulos? ‘Llamó a los que El quiso’.

Con nuestros criterios de hoy, con aquello que decíamos de los perfiles no sé a quienes hubiéramos llamado nosotros. Cuando hoy la Iglesia trata de encontrar personas para ejercer alguna función dentro de la Iglesia, para determinadas misiones o funciones pastorales también se busca según algunos criterios, o van surgiendo personas con una inquietud en su corazón que ofrecen sus servicios para el trabajo en la comunidad. Personas con vocación, decimos, porque quien realice cualquier función pastoral en medio de la Iglesia no lo va a ser según sus propios criterios, sino porque en su interior siente una llamada y de ahí surgirá ese ofrecimiento con generosidad.

¿Por qué unas personas sí y otras personas quizá no se deciden a dar ese paso y hacer ese ofrecimiento? Detrás de todo eso decimos está el misterio de Dios que es quien llama y el misterio de la persona que da respuesta. Está ese don de la vocación, donde sentimos que es una llamada de Dios a la que tenemos que dar una respuesta y hacerlo con generosidad.

Pero creo que el evangelio de hoy nos está diciendo una cosa que considero que es importante. Jesús instituye aquel grupo ‘para que estuvieran con El’. Esto es importante. ¿Cómo podemos decir que vamos a hacer una función pastoral, que en fin de cuentas es anuncio del Evangelio, si no hemos estado antes con El?

Es a Jesús a quien vamos a anunciar, luego será necesario que nos hayamos impregnado, por decirlo de alguna manera, totalmente de Jesús, nos hemos dejado inundar por Jesús, por su vida, por su palabra, por su gracia. Es a Jesús a quien vamos a anunciar como salvación para nuestro mundo, sin conocerlo y sin vivirlo no podremos realizar esa misión.

Tenemos que crecer en la vida de Jesús, tenemos que empaparnos de Jesús y de su Evangelio, porque solo así podremos ser testigos, podremos ser signos de salvación para los demás. Esa es nuestra verdadera capacitación, ese es el verdadero perfil que hemos de tener, esos son los valores en los que tenemos que brillar. Están bien las capacitaciones humanas que podamos tener pero lo importante es que hayamos estado con Jesús y nos hayamos llenado de El.

sábado, 2 de septiembre de 2017

La responsabilidad de la vida muy presente allá en lo más hondo de nuestra conciencia como ser humano y ante quien nos ha dado la vida y es la razón de ser de nuestra existencia

La responsabilidad de la vida muy presente allá en lo más hondo de nuestra conciencia como ser humano y ante quien nos ha dado la vida y es la razón de ser de nuestra existencia

1Tesalonicenses 4, 9-11; Sal 97; Mateo 25, 14-30
Es cierto que no todos los trabajos son iguales pero creo que en todos hemos de saber descubrir su dignidad, porque lo que es más hermoso del trabajo es la persona que lo realiza y que en él se realiza. Cada uno realizará su trabajo según sus posibilidades, sus capacidades y también, por qué no tenerlo en cuenta, según el ritmo de nuestra propia sociedad que creará unos u otros trabajos en mayor o en menos intensidad y que hará que quizá no todos puedan desarrollar todas sus posibilidades y habilidades.
Ya hemos venido reflexionando de alguna manera sobre esto en momentos pasados para saber descubrir su grandeza y la grandeza del ser humano que lo realiza. Hemos de saber encontrar esa satisfacción personal en lo que realizamos sintiendo el gozo también de su productividad que no es solo material. No hemos ni de temer ni de minusvalorar aquellos trabajos que nos parezcan más pequeños o más humildes, porque cada uno contribuirá desde ese lugar al camino de la sociedad y al desarrollo de todos sus componentes.
La misma intensidad de amor y de esfuerzo en realizarlo con la mayor perfección ha de poner en su trabajo el que quizá solo tiene el encargo de mantener la limpieza del lugar, como el científico que trabaja en el laboratorio o entre la más alta tecnología, o el investigador que pueda realizar los más profundos descubrimientos del ser humano.
Es la responsabilidad de la vida muy presente allá en lo más hondo de nuestra conciencia como ser humano; es la responsabilidad que sentimos ante quien nos ha dado la vida, somos creyentes y pensamos en el Creador que nos dio el ser, y al que un día rendiremos cuentas de lo que hemos hecho de nuestra vida.
Como creyentes no hemos de perder de vista la trascendencia de nuestra vida que va más allá de lo que ahora en este mundo podamos vivir y la responsabilidad que tenemos ante los demás seres humanos con quien convivimos y compartimos la vida de este mundo; hay una trascendencia espiritual que nos lleva hasta Dios, a quien como creyentes que somos consideramos como el verdadero centro y sentido de nuestra vida.
De esto nos habla Jesús hoy. Nos propone la parábola de los talentos, que tantas veces habremos reflexionado. Nos habla de esa responsabilidad que ante la vida tenemos en aquellos valores de los que hemos sido dotados, en esa función que en la vida desempeñamos ya sea en el ámbito familiar, en el mundo del trabajo, en la vida social, en la colaboración y crecimiento de nuestra comunidad. No nos podemos cruzar de brazos, no podemos arrojar la toalla por las dificultades que encontremos, no podemos enterrar nuestros talentos por muy insignificantes que nos parezcan, no nos podemos considerar unos seres pasivo de nuestra sociedad por lo poco que nos consideremos que valemos. Todos tenemos nuestra función, nuestro lugar, nuestro granito de arena que aportar.
Una parábola para leerla y rumiarla muchas veces mirándonos y examinándonos con atención, en lo que hacemos y lo que podríamos hacer, en los valores que tenemos y todo el desarrollo que tendríamos que darle a nuestra vida para hacer que nuestro mundo sea mejor; de nuestro pequeño grano de arena puede depender que se logren cosas hermosas para nuestro mundo.

sábado, 27 de agosto de 2016

El desarrollo de ese pequeño valor que nosotros podamos tener será un buen caldo de cultivo en el que podrán comenzar a florecer otros valores y otras capacidades

El desarrollo de ese pequeño valor que nosotros podamos tener será un buen caldo de cultivo en el que podrán comenzar a florecer otros valores y otras capacidades

1 Corintios 1,26-31; Sal 32; Mateo 25,14-30
¿Qué puedo hacer yo que soy tan poca cosa y lo poco que yo tengo o que yo valgo? Es una reacción que podemos tener cuando consideramos qué poca cosa somos o qué pocos son los medios que tenemos mientras los problemas son tan grandes que con lo que yo pueda aportar parece que poco se puede hacer. Anda por medio en pensamientos así la baja autoestima que tenemos de nosotros y tendríamos que comenzar por aprender a valorarnos más descubriendo lo que en verdad somos y valemos.
Bien sabemos que no todo está en los medios materiales que podamos poseer aunque a veces nos parecen tan imprescindibles que pensamos que ya nada podemos hacer sin ellos. Siempre en la persona hay unos valores que en muchas ocasiones no somos capaces de descubrir; en nombre quizá de una falsa humildad nos apagamos, queremos desaparecer y al final terminamos sin aportar algo a la vida; y ya no se trata de nuestra riqueza personal – no hablando solamente de lo material – sino de la riqueza que podemos aportar a los demás desde nuestros propios valores y nuestra aportación.
Pensemos además que el desarrollo de ese pequeño valor que nosotros podamos tener, si es que fueran así nuestras pobres capacidades, será un buen caldo de cultivo en el que podrán comenzar a florecer en nuestra vida otros valores y otras capacidades que teníamos ocultas y con falta de hacerlas salir a la luz. El desarrollo de los valores y cualidades que tengamos se harán multiplicadores de otros valores, de otras cualidades, de otras capacidades que están también en nosotros. En la labor educadora que tengamos que desempeñar en la vida – por ejemplo como padre o madre de familia – será algo que tenemos que cuidar en los demás, pero es que en nuestro propio crecimiento personal es algo que hemos de saber desarrollar.
Hoy el evangelio de Jesús nos propone la parábola que llamamos de los talentos de todos conocida. Aquel hombre que al marcharse de viaje confía a sus administradores diversas cantidades de talentos de plata para que los desarrollen y multipliquen mientras él está de viaje. Mientras el primero y el segundo los negocian y multiplican, el tercero se contenta con guardarlo muy bien bajo tierra para no perderlo y poderlo entregar de nuevo a quien se lo confió. No lo perdió, pero es recriminado porque no lo desarrolló para hacerlo fructificar. Es lo que ha motivado la reflexión que me he venido haciendo.
No podemos enterrar nuestros talentos porque consideremos que son muy pobres. Cada uno según su capacidad tiene una misión que desarrollar en la vida. Y es lo que tenemos que hacer. Ni lo podemos enterrar ni nos podemos ocultar, porque además hemos de pensar no solo en nuestro crecimiento personal – algo que por si ya es muy importante – sino en el bien que podemos y tenemos que hacer a los demás, la riqueza que puede significar nuestro pequeño grano de arena para la construcción de un mundo mejor. Cuantas conclusiones tendríamos que sacar de aquí para nuestra vida.