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domingo, 23 de agosto de 2026

A pesar de nuestros miedos y cobardías tenemos que definirnos por Jesús porque El además sigue confiando en nosotros para seguir sembrando la semilla del Reino

 




A pesar de nuestros miedos y cobardías tenemos que definirnos por Jesús porque El además sigue confiando en nosotros para seguir sembrando la semilla del Reino

Isaías 22, 19-23; Salmo 137; Romanos 11, 33-36; Mateo 16, 13-20

No siempre es fácil definirnos en la vida, porque las cosas son más complejas que lo que aparentemente se nos pueden ofrecer y nos entran nuestros miedos, nuestras personales consideraciones si lo que vamos a decir cae bien a todos, las influencias que recibimos de lo que nos rodea o de quienes dirigirnos en una dirección determinada según los intereses de cada uno. Decimos, es verdad, que somos libres y que cada uno tiene su opinión y se expresa como quiere, pero quizás no siempre actúa con esa auténtica libertad porque son muchas las presiones que puede también recibir en un sentido o en otro; también está nuestra propia debilidad o nuestra poca madurez para tener ideas claras, para hacer opciones que puedan comprometer nuestra vida. Definirnos sobre algo es bastante complejo en muchas ocasiones.

¿Será eso lo que de alguna manera les está planteando Jesús? Ya llevan un tiempo con él en una cercanía que otros no tienen, un día habían optado por seguir a Jesús, tras la invitación del propio Jesús o desde inquietudes que sentían en su corazón. Algo podían ellos ir sintiendo ya dentro de sí sobre lo que Jesús estaba significando en medio del pueblo y para sus propias vidas; veían también las respuestas diversas que se iban dando al mensaje de Jesús, desde quienes se entusiasmaban con sus palabras o con los signos que realizaba hasta lo que hacían oposición frontal al mensaje de Jesús desde sus distintas posiciones, en algunos casos muy interesadas. Y entonces surge la pregunta de Jesús.

Están ya un poco fuera del territorio palestino porque están en la región de Cesarea de Filipo, muy al norte, en el nacimiento del Jordán y en las fronteras con Fenicia. A Jesús les gustaba llevar a los discípulos más cercanos a lugares apartados donde no hubiera tanta presión de la gente que los seguía y no les daba tiempo ni para comer, como en algún momento se dice, y es ahí donde los cuestiona.

Primero que manifiesten lo que ellos escuchan que la gente piensa de Jesús. Una pregunta más fácil de responder porque se trata de hacer como se dice ahora una lluvia de ideas recogiendo las opiniones que conocían de la gente. ‘¿Quien dice la gente que es el Hijo del Hombre?’ Un profeta como no lo ha habido nunca igual, vienen a decirle, porque recuerdan a los antiguos profetas, o recuerdan a Juan que recientemente había aparecido en las orillas del Jordán, del que algunos de ellos habían sido también discípulos.

Pero Jesús no se quiere quedar en esas generalidades y la pregunta va directa a lo que ellos puedan pensar. ‘Y vosotros, ¿quien pensáis que soy yo?’ La respuesta no surge ahora tan espontánea; podemos imaginar como se miran los unos a los otros a ver quien es el primero que se atreve a hablar. Y será Simón Pedro el que se adelantó tomando la iniciativa y poco menos que la representación del pensamiento de todos. ‘Tú eres el Mesías, el ungido de Dios, el Cristo, el Hijo del Dios vivo’.

Una profunda afirmación de fe que incluso Jesús le dirá que no lo está diciendo por si mismo, sino porque el Padre se lo ha revelado en su corazón. Una profunda afirmación de fe que va a provocar una promesa de Jesús, porque ahí está la roca sobre la que se va a fundamentar la Iglesia, esa nueva familia de los hijos de Dios que se está constituyendo en la medida en que se va haciendo más presente el Reino de Dios. ‘Eres la roca sobre la que edificaré mi Iglesia y el poder del maligno no podrá contra ella… en tus manos están las llaves del Reino, en torno a esta roca se va a formar, se va a entrelazar una nueva unión, una nueva comunión…’

Son cosas muy importantes las que aquí escuchamos, es el comienzo de algo nuevo como nueva tiene que ser nuestra vida desde ese encuentro vivo con Jesús. Aquí estamos proclamando lo que es nuestra fe, pero también lo que tiene que ser nuestro camino de ahora en adelante. Aquí al proclamar nuestra fe nos estamos manifestando también con humildad porque solo desde la fuerza del Espíritu de Dios en nuestro corazón. podremos proclamarla y podremos vivirla.

Cambien tenemos nuestros miedos y nuestras dudas, también rebrotarán muchas veces nuestras cobardías y nuestros tropiezos, como Pedro a quien vemos hoy haciendo esta hermosa confesión de fe; pero es el Pedro que quería quitarle de la cabeza a Jesús la idea de su subida a Jerusalén con todo lo que allí podría suceder; es el Pedro que se siente pequeño y pecador cuando ve las maravillas de Dios que se realizan en Jesús como cuando la pesca milagrosa; es el Pedro que en un momento querrá utilizar las mismas armas del mundo para defender a Jesús como cuando sacó la espada de la violencia en el Huerto de los Olivos; el Pedro que se había quedado dormido cuando Jesús los invitaba a la vigilancia; el Pedro que se quedaba extasiado en los momentos de gloria, pero que recularía cuando alguien le dijera que él también era de los que estaban con Jesús.

Son también nuestros miedos y nuestras dudas, nuestras debilidades y nuestras tibiezas, pero los que tenemos que tenemos que seguir confiando en Jesús, dejándonos conducir por su Espíritu, poniendo todo nuestro empeño en seguir sembrando en los surcos de la vida esa nueva semilla del amor. Jesús quiere seguir confiando en nosotros, ¿qué respuesta le damos? ¿Llegaremos nosotros a definirnos por Jesús y por el evangelio?


viernes, 12 de diciembre de 2025

No buscamos nuestras ideas ni nuestras conveniencias, seguimos a Jesús porque escuchamos su Buena Nueva que nos anuncia el Reino de Dios

 


No buscamos nuestras ideas ni nuestras conveniencias, seguimos a Jesús porque escuchamos su Buena Nueva que nos anuncia el Reino de Dios

Isaías 48, 17-19; Salmo 1; Mateo 11, 16-19

Solemos decir muchas veces que la gente siempre está en contra de todo, no sé sin embargo si decir más bien que las cosas no las tienen claras y no saben por qué decidirse; también es cuestión de que hay que optar por algo, pero en nada queremos comprometernos y por eso algunas veces pretendemos nadar entre dos aguas, ni uno ni otro; clara que por medio están nuestros intereses particulares y si no se responde a lo que es nuestro interés, muchas veces demasiado materializado, tampoco queremos arrimarnos a ningún fuego, aunque necesitemos calentarnos. En consecuencia siempre andaremos divididos cuando nos dejamos llevar por esos intereses, porque creemos que ningún fuego nos dará el calor que realmente necesitamos. En fin, también, que nos cuesta decidirnos y parece que queremos contentar a todos y no será posible.

Era lo vivido en aquella situación y en aquellos momentos concretos de los que nos habla hoy el evangelio. Juan, en su aparición en el desierto y en el Jordán suscitó nuevas esperanzas y expectativas para el pueblo, sin embargo, aunque ahora después de muerto, añoraban algunas cosas que el había proclamado, tampoco había sido aceptado por todos. Desde Jerusalén – siempre Jerusalén y sus dirigentes – andaban mosqueados, como solemos decir, con la aparición de aquel profeta allá en medio del desierto; una embajada había llegado hasta el Jordán para indagar si Juan se presentaba o no como el esperado Mesías.

Con Jesús sucedía lo mismo; una ola de esperanza se había ido trasmitiendo por los campos y aldeas de Galilea con la aparición del profeta de Nazaret, y aunque las multitudes le seguían, los enfermos le buscaban, sentían admiración por las obras que realizaba pero también por las Palabras que anunciaba, pero pronto desde Jerusalén de nuevo indagaban y analizaban lo que hacia y decía Jesús llegando a decir que lo que realizaba era por obra del príncipe de los demonios no reconociendo el dedo de Dios en cuanto Jesús realizaba.

De Juan a algunos nos les gustaba la austeridad en que vivía ni las palabras que invitaban a la conversión y a la penitencia; ahora de Jesús se quejarán porque se mezcla con pecadores y publicanos y está rodeado de algunas mujeres que no han tenido buena fama; dirán que come con publicanos y pecadores  y rechazarán la obra de Dios que en Jesús se realiza.

Por eso dirá Jesús que se parecen a los niños de la plaza que nunca se ponen de acuerdo en sus juegos. No se ponen de acuerdo y siempre andarán haciendo comparaciones y eso hará que se puedan abrir abismos de separación. ¿Por donde andaremos nosotros? No es que ahora andemos divididos entre Juan Bautista y Jesús, pero sí que nos creamos sectores aislados como abismos muchas veces entre los mismos que seguimos a Jesús. también muchas veces quieren aplicarnos los criterios con que anda dividida la sociedad, que si conservadores o si progresistas, y es fácil que muchas veces también nosotros nos alineemos en esas divisiones y distinciones; no es difícil escuchar en referencia a un sacerdote, al obispo o al Papa si este es más conservador y el otro es más liberal y progresista; claro que había entender y es algo que es difícil qué es lo que se quiere decir con progresista como si fuera lo más bueno del mundo hoy para nuestra sociedad.

¿A quien seguimos nosotros los cristianos? ¿A unos lideres que pretenden imponernos sus ideas? Si nos llamamos cristianos es porque seguimos a Jesús, porque hemos tomado como opción de nuestra vida el Evangelio de Jesús, la Buena Nueva que vino a anunciarnos Jesús para constituir el Reino de Dios. ¿Será ese evangelio en verdad el norte de nuestra vida?

Andamos desorientados porque buscamos más nuestras ideas que el mensaje del Evangelio; necesitamos en verdad centrarnos en el evangelio de Jesús y para eso tenemos que conocerlo y conocerlo de la forma más profunda. Pero ¿dedicaremos tiempo a leer y escuchar en el corazón la Palabra de Jesús, a meditar el evangelio?

¿Qué diría Jesús de nosotros hoy?

martes, 28 de marzo de 2023

Quién eres tú, una pregunta que nos seguimos haciendo, una pregunta a la que desde nuestros miedos y cobardías no terminamos de dar respuesta comprometida

 


Quién eres tú, una pregunta que nos seguimos haciendo, una pregunta a la que desde nuestros miedos y cobardías no terminamos de dar respuesta comprometida

 Números 21, 4-9; Sal 101; Juan 8, 21-30

¿Quién eres tú?, le preguntamos al intruso que se ha metido en nuestra conversación, al que de nada conocemos, pero que se ha puesto a opinar de todo en lo que estamos hablando o discutiendo entre amigos. ¿Quién eres tú?, le preguntamos quizás al que sí conocemos, pero que ahora se ha puesto a darnos opiniones dispares de lo que de siempre habíamos conocido de de él. ¿Quién eres tú?, le preguntamos a quien ahora pontifica sobre todo cuando nosotros sabemos que él nunca destacó por sus conocimientos o su sabiduría. ¿Quién eres tú? ¿De donde sacas todo eso? ¿Qué nos vienes a decir ahora si nosotros te conocemos?

¿Quién eres tú? Una pregunta que puede ser interesante que nos hace buscar mucho más hondo en el conocimiento que tengamos de los demás, de la vida misma, o incluso de nosotros mismos. ¿Nos conoceremos de verdad? ¿Conoceremos hondamente a aquellos con los que nos relacionamos?

Pero la pregunta surge hoy en el evangelio cuando los oyentes de Jesús no terminan de comprender, no terminan de enterarse de lo que realmente Jesús les está hablando. Podían conocerle, pues él actuaba libre y públicamente. De todos era conocido su actuar, la predicación que había realizado en Galilea, los signos y milagros que hacía, pero aun así andaban confusos. ¿Podía ser el Mesías? en algunas ocasiones así lo habían querido proclamar, muchos querían reconocerlo aunque quizá públicamente no se atrevían porque sabían de la inquina de los fariseos y de los principales dirigentes de Jerusalén que no querían reconocer las obras de Jesús y que incluso de todo era conocido como estaban tramando para quitarlo de en medio.

Se preguntan quién es Jesús porque realmente no lo conocen, o no quieren tampoco reconocerlo porque en la situación en que estaban no parecía lo políticamente correcto, ya que había quien quería quitarlo de en medio y precisamente desde los que se consideraban poderosos en medio de aquella sociedad. Se preguntan también quien es Jesús porque queriéndolo reconocer como Mesías, era algo como una necesidad que sentían porque el pueblo necesitaba una liberación, pero no terminaban de ver en Jesús lo que ellos creían que eran las señales anunciadas por los profetas.

Costaba definirse por Jesús. Se hacían preguntas. No olvidemos que de alguna manera esas preguntas estaban latentes en aquellos que eran los discípulos más cercanos, porque bien que los encontraba Jesús a cada rato discutiendo sobre primeros puestos o cuotas de poder en ese reino nuevo que anunciaba Jesús. Cuando incluso Jesús directamente les pregunta a ellos qué es lo que piensan de El, si se trata de repetir lo que la gente decían lo tenían muy fácil, pero cuando la respuesta tenía que ser más personal y comprometida, comenzaban los tartamudeos, los silencios, los mirarse los unos a los otros y si no hubiera sido por Pedro siempre dispuesto a ser el primero en responder, aquella tarde hubiera reinado el silencio entre el grupo de los discípulos porque tampoco ninguna terminaba por decantarse sobre la opinión sobre Jesús.

En la cena los veremos seguir haciendo preguntas de su ignorancia aun no terminada de corregir sobre la personalidad de Jesús, y en vísperas de la ascensión todavía preguntarán sobre si era ya el momento de la restauración de Israel. Necesitarán que venga el Espíritu Santo para poder dar un testimonio claro y valiente sobre Jesús, para atreverse a salir en la calle y proclamar a los cuatro vientos quien era en verdad Jesús.

¿Seguiremos aun nosotros en esas dudas? ¿Qué mezcolanzas nos hacemos en nuestro interior cuando tenemos que definirnos sobre nuestra fe? ¿No andaremos también con nuestros miedos y cobardías a hablar claramente de nuestra fe? ¿Estaremos en verdad dando razón de nuestra fe al mundo que nos rodea o aun en nuestra manera de actuar no se nota lo que tendría que ser el compromiso de nuestra fe? ¿Hasta donde llega nuestro testimonio?

miércoles, 17 de marzo de 2021

Sigamos dando esos pasos del camino de cuaresma para que culminemos de verdad en la Pascua del Señor, que será también nuestra Pascua pasando de la muerte a la vida

 


Sigamos dando esos pasos del camino de cuaresma para que culminemos de verdad en la Pascua del Señor, que será también nuestra Pascua pasando de la muerte a la vida

Isaías 49,8-15; Sal. 103; Juan 5, 17-30

El camino de cuaresma que vamos recorriendo se va acercando a su meta; aun nos quedan días, un par de semanas para llegar al triduo pascual, pero la Palabra de Dios que ha venido iluminando nuestro camino se va intensificando precisamente con los relatos en que aparece ya cómo los dirigentes judíos quieren quitarse de en medio a Jesús.

Lo consideran algo así como un hereje o un blasfemo porque la afirmación que va haciendo Jesús de sí mismo y tal como nos va apareciendo en el evangelio es algo que no pueden soportar, que no pueden admitir. Que Jesús llame a Dios Padre, aunque lo de menos serían las palabras a las que se podría dar muchas interpretaciones, sino la actitud con que se manifiesta Jesús como verdadero Hijo de Dios que se manifiesta en total fidelidad a lo que el Padre le ha pedido. Esto colma el vaso, podríamos decir, supera todo lo que puedan aceptar, tienen que quitarlo de en medio.

Son textos que nos ayudan a definirnos en referencia a Jesús, son textos que nos van manifestando toda esa intriga contra Jesús por parte de las autoridades judías y los que se consideran principales dirigentes del pueblo judío; toda esa inquina con la que irán preparando su muerte. Pero como nos dirá Jesús en otro momento, nadie le quita la vida, sino que El la entrega libremente, porque con una misión ha venido y ha llegado la hora del anuncio del Reino de Dios y su realización cuya culminación estará con su entrega en la cruz por nosotros y por nuestra salvación.

¿Qué nos queda a nosotros? Poner toda nuestra fe en El. Así obtendremos vida eterna. Como nos dice hoy; ‘En verdad, en verdad os digo: quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’. Podremos poseer la vida para siempre, la vida eterna, pasamos de la muerte a la vida. En nosotros se ha de realizar la pascua. Porque no es solo un recuerdo lo que nosotros vamos a hacer; vamos a vivir, a vivir la Pascua de Jesús, hacerla realidad en nosotros. Por eso hemos de pasar de la muerte a la vida. Con Cristo hemos de morir, el pecado ha de quedar sepultado para siempre en nosotros; lo hemos de arrancar y arrojar de nuestra vida.

Muchas señales de esa renovación hemos venido viendo a través del evangelio que hemos venido escuchando; pero esa renovación tiene que realizarse en nosotros. Siguen siendo momentos de reflexión, de examen de nuestra vida, de ver cual es la realidad que hay en nosotros, de analizar con todo detalle de todo aquello de lo que tenemos que arrancarnos y aunque nos cuesta dar los pasos necesarios de renovación, de encuentro con la gracia, de llenarnos de la vida nueva que nos ofrece Jesús.

Por eso es tiempo de mucha oración. No es algo que vamos a ir realizando por nosotros mismos. Es una gracia del Señor, pero tenemos que orar para abrir de verdad nuestro corazón a esa gracia, hemos de orar para sentir la fuerza de Dios en nosotros, la fuerza del Espíritu Santo que nos transforma, hemos de orar porque no será algo que hagamos solo por nosotros mismos sino que será con la fuerza del Señor.

Tiempo de oración y tiempo de acercarnos a la gracia sacramental. Es en el Sacramento donde se realiza ese momento de gracia, ese momento de renovación verdadera de nuestra vida; es el sacramento donde nos gozaremos en el perdón del Señor para tantas debilidades de nuestra vida, y es en el sacramento donde podremos llegar a sentirnos hombres nuevos de gracia porque comenzaremos a vivir a Jesús. ‘Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna… sino que ha pasado ya de la muerte a la vida’, escuchábamos y repetíamos hace un momento.

Es lo que se va a realizar en nosotros. Sigamos dando esos pasos del camino de cuaresma para que culminemos de verdad en la Pascua del Señor, que será también nuestra Pascua.