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miércoles, 28 de octubre de 2026

El grupo de los apóstoles surgió de la noche de oración de Jesús, nosotros para seguirle en fidelidad y en la misión que nos confía necesitamos a ir también a una noche de oración

 


El grupo de los apóstoles surgió de la noche de oración de Jesús, nosotros para seguirle en fidelidad y en la misión que nos confía necesitamos a ir también a una noche de oración

Efesios 2, 19-22; Salmo 18; Lucas 6, 12-19

Tenemos un hermoso proyecto en nuestras manos y queremos llevarlo a cabo y es normal que nos busquemos los mejores gestores para poder realizar todos los planes que tenemos en mente; aparte de una búsqueda personal entre aquellos que conocemos y que consideramos preparados, con los mejores valores de laboriosidad y con más capacidad y preparación para realizar aquello que tenemos en mente es normal que se acuda a una selección desde unas oposiciones o de presentación por parte de los interesados de su mejor currículo; siempre está la posibilidad de equivocarnos y cometer errores pero en cierto modo son riesgos que con todo cuidado corremos. Es como actuamos en nuestra sociedad, con nuestros proyectos y con nuestras metas, y no queremos, es cierto, actuar a lo loco.

Jesús en su predicación ha ido anunciando un reino de Dios que está por llegar; en torno a Él se ha ido formando el grupo de los discípulos, de los que creen en Él y en su Palabra y llenos de ilusión se han dispuesto a seguirle; Él va llamando a los que quiere que estén con Él pero al mismo tiempo va dando las características de ese Reino y las actitudes y posturas que han de tener los que le siguen; no oculta dificultades, porque el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza cuando hasta en el campo las aves tienen sus nidos y los animales salvajes sus madrigueras; plantea sus exigencias de radicalidad porque una vez emprendido el camino no se puede estar volviendo la mirada atrás, y la disponibilidad que han de tener ha de ser siempre para el servicio siendo capaces de hacerse los últimos y servidores de todos.

¿Son los mejores los que se hacen discípulos de Jesús y le siguen? Contemplamos que el arco iris es variado y no dejan de tener sus sueños y ambiciones, sus momentos de duda porque algunas veces no terminan de entender lo que les dice Jesús porque pesan mucho más los sueños y ambiciones que llevan dentro, y al final algunos le salen ranas porque o le traicionan o le niegan de forma cobarde.

Pero son los que Jesús ha elegido, con los que ha querido contar, a pesar de sus ambiciones o sus dudas. Y es que el grupo que sigue a Jesús no ha brotado de una selección de unas oposiciones ganadas ni en la búsqueda de las mejores lumbreras que se podrían encontrar entre los doctores de la ley; son unos pescadores, unos hombres rudos de aquellos campos y pueblos de Galilea, alguno podrá parecer más preparado pero lleva tras de sí el sambenito de haber sido un publicano y para los judíos era algo decir algo así como que era un pecador. Ya le echaban en cara los de la oposición (?) que no andaba rodeado sino de prostitutas y de pecadores.

Pero aquel grupo del que se rodea Jesús sale de una noche de oración, como hoy escuchamos en el evangelio. ‘Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios’. Y como continúa diciendo el evangelista al amanecer los llamó y fue nombrado aquellos doce a los que iba a constituir apóstoles. Sabía quienes eran porque la sabiduría de Dios penetra los corazones, pero a ellos los había escogido. No fue una gestión burocrática a realizar con unos protocolos predeterminados. Fue la elección del corazón de Dios. Fue una elección para ponerse en camino; pronto bajan a la llanura donde se van a encontrar con ese grupo grande de discípulos que quieren escuchar a Jesús, pero que llegan allí también con sus limitaciones y sus enfermedades y todos querían tocar a Jesús para sentirse sanados por Él. Será allí donde sigan anunciando la buena nueva del Reino que llega, es allí donde tienen que ir manifestando con signos como ese Reino de Dios nos transforma.

Y pienso ahora mientras voy reflexionando sobre este evangelio en nosotros, en nuestras comunidades, en nuestra Iglesia, en nuestros pastores. Y estamos aquí, no porque seamos los mejores o los más preparados, porque también nosotros tenemos nuestras limitaciones, nuestras ilusiones que algunas veces desenfocan nuestra visión o nuestras ambiciones que nos enferman el corazón; nosotros también con nuestras dudas y nuestros miedos; nosotros que estamos aquí no porque sepamos más o nos hayamos ganado unas oposiciones, sino porque hemos sentido en nuestro corazón esa llamada del Señor, esa predilección de Dios por nosotros a pesar de que somos lo que somos, ese amor de Dios que se hace misericordia para nuestras debilidades, nuestros errores y nuestros tropiezos.

Si aquel primer grupo surgió después de una noche de oración de Jesús, nosotros ahora para seguir a Jesús, mantenernos en su fidelidad y realizar la misión que nosotros también nos confía necesitamos aprender a ir a esa noche de oración. Para estar con el Señor y aprender a sentirnos a gusto con Él, para purificar tantas cosas y enderezar nuestros caminos, para sentir la fuerza de su Espíritu que es la que nos hará caminar. ¿Aprenderemos también a aprender a valorar a los que están a nuestro lado con su misión aunque también caminen en la debilidad porque en ellos también confía el Señor?


lunes, 21 de septiembre de 2026

Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

 


Cuando hoy celebramos a san Mateo cuyo nombre alguien ha traducido como ‘el regalo de Dios’, nos sentimos bendecidos con el regalo de la misericordia de Dios hecho perdón

Efesios 4, 1-7. 11-13; Salmo 18; Mateo 9, 9-13

Hay momentos sorpresa en la vida que nos pueden causar gran impacto y de alguna manera dan un revolcón a nuestra vida que nos lo hace cambiar todo. Situaciones inesperadas pero que se convierten en momentos inigualables que siempre mantendremos en el recuerdo. Algo que nos hace sentir una nueva percepción de nosotros mismos porque comenzamos a vernos de manera nueva y a encontrar sentido para muchas cosas. Quizás aunque nos sentíamos bien en lo que hacíamos sin embargo teníamos la percepción de que no éramos aceptados y se veían incluso con malos ojos aquello que realizábamos que en fin de cuentas era una profesión a la que dedicábamos la vida, pero quizás en un momento determinado vimos que éramos tenidos en cuenta, se quería contar con nosotros para algo distinto y aunque inexplicable sin embargo considerábamos algo sublime, porque era de alguna manera una invitación a que fuéramos percibidos como algo distinto y que nos haría cambiar nuestra vida.

Podíamos decir que algo así le estaba sucediendo a Leví, o Mateo, según queramos llamarle. Pertenecía a un grupo y a una profesión que era rechazada por una gran mayoría y en la que incluso se habían ganado la fama de avaros considerándolos así como unos pecadores públicos para aquella sociedad. Era recaudador de impuestos, alguien que trabajaba con el dinero de los impuestos que se llevarían los romanos como pueblo invasor, pero que les daba ocasión a unas manipulaciones no siempre del todo justas. Sin embargo Jesús a su paso por delante de su garita de impuestos se había fijado en él y le había invitado a formar parte del grupo de los que le seguían más de cerca.

¿Se lo podía esperar? ¿Acaso podía ser una posibilidad para su vida? Sin embargo su respuesta tenía que llevar cambios muy importantes en su vida y en su manera de actuar. Quizás él también había escuchado a Jesús acaso en aquel sermón de la montaña allá en las cercanía del lago, le habría visto actuar en Cafarnaún con las multitudes que lo escuchaban o en los enfermos que eran llevados a su presencia para ser curados. Sin embargo seguir a aquel maestro significaría también un estilo de vida distinto que ya no se podría mover entre las comodidades de quien poseía muchos bienes, sino en un desprendimiento y una austeridad que incluso le haría estar pendiente de las ayudas que pudiera recibir.

Sin embargo, como él mismo nos lo relatará su respuesta fue pronta y generosa. Levantándose de su mostrador de impuestos lo dejó todo y se dispuso a seguir a Jesús. Pero antes como una señal de lo que significaría aquel cambio de vida quiso celebrar un banquete para Jesús con los principales de la ciudad, con los discípulos de Jesús que iban a ser sus compañeros, pero también con los que habían sido hasta entonces compañeros suyos.

Había sido aquella llamada, aquel querer Jesús contar con él un revulsivo, pero un revulsivo iba a ser también aquel banquete con tan variados comensales. Algunos comenzarán a protestar y a criticar, porque Jesús se estaba mezclando también con pecadores y con gente de mala fama. Tendrá que intervenir Jesús. ‘El médico no es para los sanos sino para los que están enfermos’, o para aquellos que creyéndose sanos tendrían que ser los primeros en reconocer la malicia de su corazón para poder ser sanados.

Una clara referencia a lo que allí estaba sucediendo. Por eso Jesús sentenciará con palabras del profeta ‘misericordia quiero y no sacrificios’. ¿De qué nos servirán esos sacrificios de autocomplacencia y de vanidad si no hay misericordia en el corazón? Es lo que Jesús nos está mostrando. Tenemos que parecernos a Dios que es rico en misericordia; caminando por los caminos de la misericordia es cómo mejor haremos presente a Dios en nuestra vida y en nuestro mundo. Su presencia en la tierra es una búsqueda de los pecadores para manifestarles que Dios los ama y que siempre está dispuesto a la misericordia y al perdón porque Dios sigue contando con nosotros a pesar de nuestra indignidad y de nuestro pecado. Aunque quizás sigamos siendo rechazados por el mundo que nos rodea que no llega a entender nunca lo que es la misericordia, que siempre va a tener memoria de nuestro pecado que no querrá olvidar, sin embargo Dios cuenta con nosotros, olvida y disculpa nuestro pecado porque incluso será capaz de disculparnos a causa de nuestra debilidad, nos regala su amor y nos tenderá la mano para ofrecernos un camino nuevo.

Cuando hoy estamos celebrando a san Mateo, cuyo nombre alguien traducirá como el regalo de Dios, vamos a sentir gozo en nuestro corazón porque a pesar de los pesares siempre nos sentiremos regalados con el amor de Dios siempre compasivo y misericordioso.


jueves, 14 de mayo de 2026

Testigos de Cristo resucitado convencidos que lo que llevamos en el corazón lo manifestamos en las actitudes y posturas de su vida de cada día

 


Testigos de Cristo resucitado convencidos que lo que llevamos en el corazón lo manifestamos en las actitudes y posturas de su vida de cada día

Hechos 1, 15-17. 20-26; Salmo 112:  Juan 15, 9-17

En este día 14 de Mayo celebramos la fiesta de un Apóstol, san Matías, que había sido elegido por el grupo de los Apóstoles por la ausencia de uno de los elegidos del Señor por su traición; la primera lectura nos ha relatado el proceso habiendo sido elegido uno que había sido testigo de la vida y de la resurrección del Señor, de los que había estado con El, cercano a aquel grupo de los Doce de los que ahora va a formar parte. Es un detalle importante a tener bien en cuenta, porque de la misma manera nosotros tenemos que ser ante el mundo testigo de lo que hemos vivido y experimentado por la fe en nosotros mismos.

Por ahí va la referencia del texto del Evangelio que ahora cuando ya estamos a punto de terminar la Pascua hemos de tener bien en cuenta. Es un texto que ya hemos escuchado y meditado en este tiempo pascual, pero que nos viene a ayudar de nuevo como resumen del mensaje pascual, del que, como decíamos, tenemos que ser testigos.

‘Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, permaneced en mi amor`, nos dice Jesús. Una experiencia de amor que hemos de hacerla vida en nuestra vida; porque nos sentimos amados y con un amor como con el que se siente amado Jesús por el Padre así nosotros tenemos que envolver de amor nuestra vida, más aún, amar desde lo más hondo de nosotros mismos, por eso nos dice que permanezcamos en su amor.

Ninguna otra cosa puede fundamentar su vida, es una experiencia hermosa y de una total profundidad. No son aditivos que ponemos a nuestra vida, como su fueran unos parches para quedar bien y bonitos; esos adhesivos tienen poca permanencia porque pronto el viento los vuela y se los lleva; no son cositas que hagamos por aquí o por allá donde vayamos poniendo algunos remedios o remiendos para tapar tantos agujeros de desamor que hay en la vida.

No se queda tampoco en unos sentimientos bonitos que nos llenan de emoción, porque las lágrimas de la emoción se evaporan y cuando se acaben las emociones damos también por terminado el amor,  pronto entonces nosotros seríamos llevados por el viento de acá para allá y se nos desinfla el amor. Demasiado hemos visto en muchos actos religiosos las emociones explosivas de muchos que parece que se convierten en fanatismo, pero que pronto se olvidan y en el día a día de la vida no se manifiestan esas actitudes y valores cristianos. Por eso Jesús emplea esa palabra, permanecer, porque es un amor permanente, un amor para siempre, un amor que no se gasta ni se cansa, un amor que echa raíces en nuestra vida y crece para llenarlo todo de sentido y de valor.

Tenemos que ser unos testigos, pero testigos convencidos que lo que llevan en el corazón lo manifiestan en las actitudes y posturas de su vida de cada día. Es por eso por lo que tenemos que cuidar y cultivar bien nuestra fe para darle esa profundidad que abarque toda nuestra vida. Será así como seremos verdaderos testigos. Esa experiencia de fe, esa experiencia de sentirnos amados de Dios tiene que ser algo hondo en nuestra vida y hemos de saberla ir renovando continuamente para que no se enfríe, para que no vayamos cayendo por esa pendiente de la tibieza que al final se queda en nada.

La celebración de la Eucaristía que cada semana vivimos los cristianos en el día del Señor tiene que ser algo muy vivo. Todos hemos de poner nuestra parte, darle toda esa intensidad no dejándonos llevar por la desgana y la rutina. De cada Eucaristía tendríamos que salir con el espíritu caldeado para llevar luego ese fuego de amor a los demás. Mucho tendríamos revisarnos en este sentido.


domingo, 1 de febrero de 2026

No son paradojas, no son utopías, son impactos para la vida, interrogantes hondos que nos hacen emprender un camino nuevo para un mundo nuevo de felicidad

 


No son paradojas, no son utopías, son impactos para la vida, interrogantes hondos que nos hacen emprender un camino nuevo para un mundo nuevo de felicidad

Sofonías, 2, 3; 3, 12-13; Salmo 145; 1 Corintios, 1, 26-31; Mateo, 5, 1-12

Hay cosas en la vida que nos resultan una paradoja, de alguna manera incomprensibles, indescifrables, nos suenan a utopía y por eso pensamos quizás que son solo sueños pero irrealizables; pero precisamente por eso nos impactan, nos llaman la atención, nos hacemos preguntas, se convierten en interrogantes en la vida y no cejamos antes que vayamos encontrando una respuesta, una manera de entenderlo y al final nos damos cuenta que de alguna manera están denunciando actitudes nuestras, describiéndonos algo que quizás estamos viviendo o de lo que queremos huir.

Yo creo que el evangelio si lo escuchamos a tumba abierta, como se suele decir, sin prevenciones y poniendo toda la sinceridad de nuestra vida puede quizás resultarnos esa paradoja pero estás sembrando una inquietud y un interrogante en nuestro corazón. Pero claro, hemos de escucharlo con toda sinceridad, sin prejuicios, sin dar por adelantado que ya nos lo sabemos, dejándonos sorprender. No son utopías, no son sueños irrealizables, son caminos que hemos de recorrer, porque es además, y lo decimos ya por adelantado, algo que contemplamos en el propio Jesús.

Nos encontramos hoy ante una de esas páginas más sorprendentes del evangelio. Es de verdad una buena noticia, evangelio para nuestro hoy, para nuestro mundo, para cada uno de nosotros. Nos habla de eso que todos deseamos, la felicidad; pero lo que nos sucede es que parece que va a contracorriente de lo que nosotros pensamos, si, de lo que en el fondo pensamos, pero también de lo que son los deseos de nuestro mundo. Habla de dicha y de felicidad, pero habla de pobreza y sufrimiento, habla llantos y de lágrimas, habla de esfuerzos por algo que nos parece difícil de conseguir porque por mucho que nosotros queramos los andares de nuestro mundo van por otras sendas, habla de sentirnos perseguidos por lo bueno que queremos hacer, y habla de una vida humilde y sencilla sin malos deseos a pesar de lo que sea.

Pero es que tenemos que decir que donde Dios está cerca es precisamente de quienes están sufriendo esas situaciones. Es la buena noticia para los pobres, que Jesús anunciaba en la sinagoga de Nazaret, para los oprimidos, para los carentes de libertad, para los que tienen su vida llena de sufrimientos y limitaciones. Es lo que nos viene a decir Jesús cuando nos habla del Reino de Dios, es lo que contemplamos en Jesús a lo largo del todo el evangelio, es lo que hace que la vida y la palabra de Jesús sea evangelio, sea buena noticia.

Jesús quiere poner esperanza en los corazones, en los pobres y en los que lloran, en los que trabajan y luchan por un mundo mejor y mas justo a pesar de todo lo que les cueste, en aquellos que quieren caminar en rectitud a pesar de verse zarandeados por tanta maldad que tenemos en nuestro entorno; y esa esperanza en el corazón da fuerza en la vida, esa esperanza nos hace sentirnos satisfechos en todo eso en lo que estamos luchando por salir hacia delante. Podremos ir dando pasos aquí y ahora en esa liberación, podemos ir sembrando esa buena semilla siempre con la esperanza de que un día podamos alcanzar unos frutos, confiando que un día todo eso lo veremos en plenitud. Y en esa lucha nos sentimos dichosos, estamos ya pregustando esa felicidad que tanto ansiamos.

Pero además las bienaventuranzas que Jesús nos proclama se convierten en un reto para nosotros. ¿Dónde tenemos que estar? No escuchamos las bienaventuranzas para sentirnos contentos por todas las promesas que nos hace Jesús; escuchamos las bienaventuranzas para hacer como Jesús, para hacer también nosotros una elección; alguien ha traducido las bienaventuranzas diciendo dichosos y bienaventurados los que eligen ser pobres.

¿Qué nos quiere decir? ¿Qué tenemos que hacernos pobres para vivir en la pobreza y la miseria? Es algo mucho más sutil. Elegimos estar con los pobres, con los que lloran, con los que luchan, con los que optan por la mansedumbre en sus vidas a pesar de la violencia que nos envuelve, con los que paso a paso van transformando todo esos instrumentos de guerra en materiales de paz, con los que se sienten solos o incomprendidos por sus sueños y utopías pero siguen luchando por ello. Ahí es donde tenemos que estar, ahí es donde tenemos que convertirnos en liberadores de los demás, ahí es donde tenemos que ser ese buen paño de lágrimas con nuestra presencia y compañía que lleve consuelo a los que sufren y a los que se sienten solos.

Seguro que sentiremos una nueva forma de ser felices. Es la bienaventuranza que Jesús nos está proponiendo hoy en el evangelio en esto que pudiera parecernos tan paradójico pero que sin embargo nos pone en camino de un mundo nuevo, es el Reino de Dios que Jesús nos anuncia y viene a instaurar.

martes, 20 de enero de 2026

Dios quiere siempre el bien del hombre, es lo importante, con ello es como en verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios

 


Dios quiere siempre el bien del hombre, es lo importante, con ello es como en verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios

1 Samuel 16, 1-13; Salmo 88; Marcos 2, 23-28

No podemos confundir la baranda del camino que sirve para apoyarnos y evitar peligros con el mismo camino; nuestros pies han de ir pisando seguros por el camino, nunca por encima de la baranda. Y muchas veces nos confundimos y le damos más importancia a las cosas circunstanciales que simplemente tenemos como ayuda que a lo que es verdaderamente lo fundamental, lo que tiene que ser esencial en nuestra existencia. Las cosas están a nuestro servicio, no nosotros al servicio de las cosas. Las normas nos marcan aquellas pautas que nos sirven para no desviarnos, pero tenemos que ir a lo fundamental y nosotros los cristianos tenemos como fundamental la Palabra de Dios. No es ya la pauta de nuestra vida, sino lo que da sentido a nuestra vida. Qué importante entonces que nos envolvamos de evangelio, nos empapemos de evangelio porque no puede ser una cosa externa sino algo que eche raíces en lo más hondo de nosotros.

No es un camino fácil, el discernir de verdad lo que el Señor quiere de nosotros, lo que el Señor nos dice, lo que es en verdad su Palabra, que entonces será siempre para nosotros una palabra salvadora, una palabra de salvación. Pero le hemos hecho tantos añadidos que luego consideramos fundamentales que al final nos crea confusión. Por eso abrimos nuestro espíritu a su Espíritu que es el que verdad nos guía allá en lo más hondo del corazón.

En la palabra de Dios que hoy escuchamos tenemos dos muestras de ello. Por una parte Dios ha confiado al profeta Samuel para que elija a un nuevo rey para su pueblo. En sus criterios humanos, incluso con toda su visión profética, según van apareciendo los distintos hijos de Jesé piensa el profeta que tiene delante el elegido del Señor, sin embargo el espíritu divino lo va guiando para que descarte a aquellos que a él humanamente le parecen los mejores, hasta que llega el más pequeño, al que han enviado lejos a cuidar de sus rebaños, pero que es el elegido del Señor. Dios no mira los ojos, no se queda en lo externo, sino que mira el corazón. ¿Sabremos hacerlo?

Por otra parte tenemos en el evangelio la exigencia ‘según la ley’ de guardar el descanso sabático y los fariseos se quejan de que los discípulos de Jesús ‘no están cumpliendo la ley’. ¿Qué será más importante? ¿El cumplimiento formal de la ley, salga el sol por donde salga como se suele decir, o el bien del hombre, el bien de la persona? Una ley o norma que en su origen tenia como función el bien de la persona cuidando el descanso de los que trabajaban que también se convirtió en ocasión para la alabanza del Creador, pero que se había convertido en algo inviolable aunque no se buscara el bien de las personas. ¿En qué tenemos que fijarnos? Dios quiere siempre el bien del hombre, y eso es lo importante en lo que  hemos de fijarnos porque con ello es como en verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios.

Fijémonos que de los diez mandamientos solo tres se expresan como una forma de alabar y bendecir a Dios, pero cada uno de los restantes mandamientos buscan el bien de la persona, cuidando nuestra propia dignidad en la rectitud con que hemos de vivir pero al mismo tiempo con el respeto a las personas que están a nuestro lado a las que de ninguna manera podemos hacer daño, sino más bien mostrar nuestro amor y nuestro respeto. Con ello, pues, estaremos mostrando la gloria de Dios, bendiciendo al Señor nuestro Dios.

Buscad el Reino de Dios y su justicia, nos dirá el evangelio en otro momento, que lo demás se nos dará por añadidura.

martes, 9 de septiembre de 2025

Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 


Igual que eligió a los apóstoles con la realidad de sus vidas, sigue Jesús contando con nosotros a pesar de nuestras debilidades, porque todo es un regalo del amor de Dios

 Colosenses 2, 6-15; Salmo 144; Lucas 6, 12-19

Hay momentos en la vida en que tenemos que tomar decisiones importantes y nos damos tiempo para pensarlo, para reflexionarlo; hay cosas que no podemos hacer solamente a impulsos podríamos decir momentáneos, aunque algunas veces tengamos esa tentación; nos sucede algo que nos impresiona, contemplamos algo que nos llama la atención y nos duele, y nos sentimos impulsados al momento pensando que algo que tenemos que hacer; es bueno que haya esa inquietud, que surjan incluso esos impulsos signos de la vitalidad que llevamos dentro, pero al mismo tiempo ponemos los pies sobre la tierra para que no sean solo sueños, y lo reflexionamos y lo maduramos; que tenemos que contar con alguien para algo que vamos a emprender y que consideramos importante, nos pensamos bien a quien vamos a escoger, sus posibilidades, sus valores y cualidades, aunque por supuesto dejamos siempre la libertad de decidir a quien escojamos su aceptación o no de lo que le proponemos. Las cosas nos las tomamos con la debida responsabilidad.

Hoy lo contemplamos en Jesús. Y nos dice el evangelio se que se fue al monte a orar y allí se pasó la noche en oración. Luego escogerá entre todos los discípulos que le seguían a doce a los que constituye apóstoles. Fue una decisión importante, nos lo manifiesta esa noche de oración de Jesús, de la que tanto tendríamos que aprender en nuestras decisiones. Jesús quiere contar con aquellos que llama apóstoles a los que veremos que va instruyendo de camino para la misión que les va a encomendar; el Reino anunciado por Jesús ha de continuar y en las manos de aquellos apóstoles está.

Cuenta Jesús con ellos y con su libertad; cuenta Jesús con ellos que también son humanos y tienen sus debilidades; habrá alguno que se queda en el camino porque al final le traiciona, habrán otros que siempre estarán pensando en sus sueños y ambiciones y donde Jesús continuamente estará enseñando, los llamará los hijos del trueno por esa intensidad con que viven el seguimiento de Jesús; todos con sus debilidades que cuando ven venir al lobo, como se suele decir, en el momento del prendimiento de Jesús se dispersan y le dejan solo; alguno a pesar de cuanto Jesús había confiado en él llegará a negar el conocerle, aunque siempre le había costado entender lo de la entrega de Jesús hasta la muerte. Pero Jesús sigue confiando en ellos, y a ellos se manifestará de manera especial después de su Pascua para que en verdad se sientan fortalecidos en su fe. Así luego se dispersarán por el mundo cumpliendo el mandato de Jesús de anunciar el evangelio del Reino de Dios.

Me hace pensar todo esto que venimos reflexionando en mi vida. Por una parte como hemos de enraizarnos en Jesús y en su evangelio, cómo tenemos que fortalecernos interiormente y dejarnos iluminar por la luz que nos viene del cielo ante cada una de esas decisiones que hemos de ir tomando en nuestra vida que quiere ser un camino de fidelidad. Pero también con corazón agradecido quiero ser consciente como el Señor sigue contando conmigo, con mis defectos y con mis debilidades, con lo que es mi vida unas veces turbulenta y otras veces adormecida, con sus buenos momentos de luz pero también con ese lado oscuro que todos tenemos fruto de nuestras torpezas y debilidades.

Quiero sentir que el Señor quiere seguir contando conmigo y siempre abre ante mí horizontes amplios donde poder realizar mi vida y vivir mi fidelidad con todas sus consecuencias. Muchas veces los caminos se tuercen y hay que tomar otras decisiones, que en ocasiones pueden ser hasta dolorosas, pero en nuestra fidelidad queremos seguir adelante, agradeciendo a Dios que siga contando conmigo y me vaya abriendo caminos que a veces eran insospechados para mí.

Lo pienso para mi mismo, como me hace mirar con una mirada distinta a los que están a mí alrededor o caminan conmigo, para hacerme comprensivo, para descubrir valores y aprender lecciones, para servir de apoyo y estimular también a los demás a vivir su fidelidad. El Señor sigue viniendo a nosotros para curar nuestras heridas y ponernos de nuevo en camino. Doy gracias a Dios por las posibilidades que me sigue dando.

domingo, 7 de septiembre de 2025

Sepamos encontrar lo que realmente es fundamental y se convierte en riqueza y sabiduría de nuestra vida y nos llena de grandeza y dignidad

 



Sepamos encontrar lo que realmente es fundamental y se convierte en riqueza y sabiduría de nuestra vida y nos llena de grandeza y dignidad

Sabiduría 9, 13-19; Salmo 89; Filemón 9b-10. 12-17; Lucas 14, 25-33

Vivir no es ni simplemente dejar pasar las horas y los días, ni solamente ocupar nuestro tiempo haciendo cosas y cosas; algo más hondo tiene que darle intensidad a nuestra vida, unas metas hemos de tener para que aquello que hacemos tenga un sentido y un verdadero valor, sopesamos así lo que somos y lo que valemos, descubrimos nuestras posibilidades y llenamos nuestro caminar de unos valores, le damos riqueza a nuestra vida, y crecemos desde lo más hondo, le damos un contenido de humanidad a lo que hacemos y lo que vivimos y de ninguna manera nos encerramos en nosotros mismos, porque vivimos entre los demás, con los demás y de alguna manera también para los demás, porque de lo contrario todo se convertiría en egoísmo; será el amor el que le dé verdadera hondura a nuestra vida y lo que hará rica nuestra existencia. Pero para llegar a todo eso tenemos que hacer nuestros planteamientos, descubrir, sí, lo que son nuestras posibilidades, pero también sentir esa fuerza interior y al mismo tiempo superior que nos ayuda y fortalece. Es, por así decirlo, encontrar la sabiduría de la vida.

Hoy Jesús en el evangelio tratando de que sus discípulos tengan claro lo que significa seguirle, como diríamos hoy nosotros, lo que significa ser cristiano, precisamente nos quiere ayudar a que descubramos lo que es verdaderamente importante, siendo capaz de dejar a un lado, aunque incluso sea bueno, aquello que nos podría desviar de nuestra verdadera meta. En ese camino nos enseña cómo incluso tengamos que decirnos no a algunas cosas para que en verdad seamos sus verdaderos discípulos.

Queremos, por ejemplo, construir un edificio y tratamos de ver todos los materiales que podríamos utilizar y que están a nuestra mano, al tiempo veremos lo que podemos hacer, lo que es la capacidad que tenemos y los medios de los que nos vamos a valer para poder realizarlo. Pero quizás, aunque sean buenos, no todos los materiales los podremos utilizar, tendremos que descartar algunos porque no nos van a servir para lo que pretendemos construir. Ahí está el trabajo, en cierto modo, previo que tenemos que realizar, analizando, escogiendo lo mejor, descartando lo que quizás no nos seria provechoso, buscando los medios y trazándonos los verdaderos planos para lograr ese bello edificio. Sabio el que sabe elegir lo mejor para tener el mejor edificio.

Jesús nos ha hablado con unas pequeñas parábolas por una parte del hombre que quiere construir una torre, o del reino que en una guerra ha de enfrentarse a vecinos enemigos; en uno y otro caso nos dice Jesús que hay que detenerse tanto antes de comenzar a realizar la torre como antes de emprender la batalla, para saber si en verdad podremos conseguir nuestros fines, no sea que se nos derrumbe el edificio o seamos vencidos irremediablemente en la batalla.

Así en la vida, así en el camino de nuestra vida cristiana. Tenemos que clarificar muy bien el camino que nos señala Jesús, el sentido verdadero del Reino de Dios del que nos habla Jesús, no sean que emprendamos sendas erróneas. ¿Dónde vamos a encontrar ese verdadero camino? Vayamos al Evangelio, escuchemos de verdad la Palabra de Dios, plantémosla en lo hondo de nuestro corazón, rumiémosla muy bien en nuestro interior.

Será lo que en verdad va a dar hondura a nuestra vida, lo que dará profundidad a nuestras decisiones, lo que finalmente nos mantendrá firmes con constancia en el camino emprendido. Podríamos decir que no podemos ir a lo loco, no podemos solamente dejarnos llevar por fervores momentáneos, que pronto se pueden apagar; una llamarada muy grande y aparatosa en principio, pronto se quedará en un rescoldo que a lo más mínimo se va apagar y todo se volverá humo. Muchas veces nos encontramos así, o lo contemplamos en tantos a nuestro lado. Les faltó o nos faltó esa verdadera profundidad, esas hondas raíces bien enraizadas en el corazón de Cristo, en el evangelio. Es la sabiduría que nos da el evangelio.

Pueden resultarnos desconcertantes las palabras del evangelio en aquello que nos dice Jesús a lo que hemos de renunciar. No nos dice Jesús que no tengamos que amar a nuestros padres o a nuestros hijos, al hermano o al esposo o la esposa; podría parecer contradictorio con otros pasajes del evangelio en que Jesús nos propone como mandamiento principal precisamente el amor. Lo que nos quiere decir que nada puede ensombrecer el amor que le tengamos a Dios, más aun tenemos que hacer que ese amor de Dios sea la fuente de nuestro amor para el amor que tengamos a cuantos nos rodean. Es encontrar lo que verdaderamente es fundamental y que se va a convertir en fuente de cuanto hagamos o digamos.

En ese sentido va también lo que nos dice del desprendimiento con que hemos de vivir en nuestra relación con lo material. El verdadero tesoro de nuestra vida no está en esos bienes materiales que tengamos; son cosas que necesitamos, es cierto, en nuestras mutuas relaciones o para la adquisición de lo que necesitamos para una vida digna; pero cuando convertimos lo material en lo fundamental de nuestra vida estamos trastocando el sentido de todo, por eso tenemos que liberarnos de esos apegos, no convertirlos en el tesoro de nuestro corazón. Cuando vivimos con esos apegos nos esclavizamos, nos hacemos dependientes de esas cosas, oscurecen nuestra visión porque lo convertimos en un filtro en nuestros ojos que no nos deja ver con claridad.

Y las palabras de Jesús son tajantes, porque quien vive de esa manera, nos dice, ‘no es digno de mí’. Son materiales que nos pueden echar a perder el edificio y no nos valen como piedras fundamentales para la construcción de nuestra vida. Tenemos que saber encontrar esa verdadera sabiduría que enriquezca nuestra vida llenándola de humanidad.

domingo, 4 de mayo de 2025

Tenemos que dejarnos examinar del amor por Jesús porque solo en esa sintonía del amor seremos capaces de reconocerle y sentirle vivo y resucitado en nosotros

 


Tenemos que dejarnos examinar del amor por Jesús porque solo en esa sintonía del amor seremos capaces de reconocerle y sentirle vivo y resucitado en nosotros

Hechos 5, 27b-32. 40b-41; Salmo 29; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19

Qué reconfortante cuando en el desarrollo de nuestras tareas y responsabilidades no nos sentimos solos; tendremos que realizar nuestras tareas de forma personal y en algunas ocasiones parece que nos tenemos que valer por nosotros mismos, pues en ese momento cada uno está en su tarea, pero cuando en ese camino de la vida nos sentimos queridos y valorados, podemos pensar en nuestra familia, podemos pensar en los amigos, podemos pensar en la valoración que nos hacen de nosotros mismos aquellas personas que nos han confiado esa tarea, interiormente nos sentimos reconfortados, intuimos la presencia de esas personas que nos quieren o nos valoran y sabemos que nos están dando su apoyo. Tener esa experiencia interior nos reconforta y nos da fuerza, nos impulsa y nos hace sentir un gozo interior que no tenemos palabras para expresarlo.

Es cosa de pensar en esto de manera en especial en estos días en que seguimos celebrando la pascua y en el evangelio vemos esas diversas manifestaciones de Cristo resucitado a los discípulos, como es el texto que hoy se nos ofrece. Habitualmente empleamos la palabra ‘apariciones’ como si fuera que Jesús está en otra parte y en un momento determinado viene y se nos hace presente. 

Pero la experiencia del resucitado es mucho más que eso, es algo mucho más hondo, porque confesar que Cristo ha resucitado es confesar que Cristo vive, pero vive no en un sitio como etéreo y apartado, sino que sentir que Cristo vive es sentir que Cristo está en nuestra vida, que Cristo está siempre presente en nosotros y con nosotros. Por eso he empleado mejor esa palabra manifestación, El está pero en momentos determinados se nos manifiesta de forma más clara.

Cristo está con nosotros en ese camino de nuestra vida, en cada momento y en cada situación, no siempre quizás sabemos descubrirlo y sentirlo, pero El nos dijo que estaría con nosotros siempre, hasta el final de los tiempos. En aquel irse de pesca el grupo de los apóstoles aquella noche en el lago de Tiberíades estaba Jesús; en la penumbra de la orilla solo parece estar alguien que está interesado por la pesca y si han cogido o no cogido pescado. 

Pero es Jesús que está allí, y cuando se dejan conducir, cuando en verdad escuchan su voz podrán tener una pesca hermosa. Es lo que comienza a reconocer aquel discípulo amado, ‘¡es el Señor!’ le dice a Pedro, y ahora será Pedro el que quiere estar con Jesús, el que va a vivir esa experiencia profunda de su encuentro con Jesús.

Será por los caminos del amor por donde podrán sentir de verdad la presencia de Jesús en sus vidas; primero el discípulo amado, luego Pedro respondiendo a aquella triple pregunta de Jesús de si lo amaba, si había amor en su vida. Y Pedro sentirá de verdad que Jesús está en su vida, a pesar de sus pasadas dudas y de sus negaciones. Jesús sigue contando con El, porque en Pedro hay amor.

¿Será la sintonía que nosotros tenemos que despertar y oír en el corazón? Cuando despertemos a esa sintonía nuestro camino será distinto porque ya nunca nos vamos a sentir solos; pueden venir las dificultades y las tentaciones, pueden aparecer dudas en nuestro corazón porque eso forma parte de nuestra vida, podremos encontrarnos un mundo en contra que no querrá que nosotros proclamemos el nombre de Jesús, podremos sentirnos débiles algunas veces porque nos parece que la tarea es inmensa y no vamos a ser capaces de realizarla, pero por encima de todo eso, más allá de todo eso tenemos la certeza de que Jesús está en nosotros. ‘Tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres’, diremos como los apóstoles ante el Sanedrín. Pero tenemos que dejarnos examinar de amor por Jesús y Jesús se manifestará claramente en nuestra vida.

Quiero pensar y decir también una palabra en este momento que estamos viviendo en la Iglesia con la próxima elección de un nuevo Papa. Me gustaría imaginar que los Cardenales encargados de su elección pudieran estar sintiendo también en su interior este mismo examen de amor, del que nos habla hoy el evangelio. Es inmensa la responsabilidad ante Dios y ante la Iglesia que tienen en sus manos en estos momentos.

Ellos, no queriendo dejarse influir por ningún tipo de presión que desde todas partes reciben donde cada uno da un perfil del Papa que deben elegir, tendrán que estar diciéndose en su corazón ‘tenemos que obedecer a Dios antes que a los hombres’. Escucharán, es cierto, el gemido del pueblo de Dios, pero al mismo tiempo están escuchando esa Palabra de Jesús y no solo quien en su momento sea el elegido del Señor sino todos para poder dejarse guiar por la acción del Espíritu Santo escucharán en sus corazones ‘¿me amas?... ¿me amas más que estos?’ Porque es una forma de sentir que Cristo resucitado con la fuerza de su Espíritu está en ellos.

Es la actitud de fe y de esperanza que tiene que anidar en nuestros corazones en este momento de la Iglesia y lo que ha de guiar nuestra oración. Es el amor que hemos de poner en nuestra vida para que cual discípulo amado también decir ‘es el Señor’.

jueves, 6 de marzo de 2025

Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

 


Nos presenta hoy la liturgia cuaresmal una encrucijada, pero la Palabra de Dios nos deja las suficientes señales para no errar el camino de vida que hemos de tomar

Deuteronomio 30, 15-20; Salmo 1; Lucas 9, 22-25

Todos tenemos momentos en la vida que son como encrucijadas en las que tenemos que tomar decisiones que se convierten en importantes; cuando llegamos a una encrucijada significa que hay varios caminos delante de nosotros y tenemos que escoger, escoger el mejor camino y no equivocarnos. ¿Sabemos lo que encontraremos a lo largo de ese camino? En ocasiones no vemos sino el primer trecho, los primeros pasos. ¿Tenemos que adivinar lo que hay más allá? No se trata tanto de adivinar, sino de saber leer bien las señales porque son las que nos darán la dirección apropiada. Muchas son las decisiones que tenemos que tomar en la vida, sobre nuestro futuro, sobre el sentido que le queremos dar a lo que hacemos, con quienes vamos a hacer ese camino, donde podemos mejor desarrollar lo que somos y nuestras capacidades, y así muchas cosas.

Apenas iniciamos ayer el camino de la cuaresma con la imposición de la ceniza y la invitación que escuchábamos desde la Palabra de Dios a adentrarnos dentro de nosotros mismos para poder adentrarnos en Dios. Hoy se nos hace un planteamiento serio, se nos pone en una encrucijada ante la que tenemos que comenzar a tomar decisiones.

Es lo que le planteaba Moisés al pueblo que había venido conduciendo por el desierto en aquel camino hacia la libertad, hacia la tierra prometida desde la liberación de Egipto y en el momento en que van a entrar en esa tierra que Dios les da. Es momento también de tomar decisiones, ¿qué va a hacer de sus vidas? ¿Cuál camino van a escoger? ¿Serán como los otros pueblos u optarán por el camino de vida escuchando y siguiendo lo que es la voluntad del Señor? ‘Hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal’. ¿Escogerán el camino que les lleva a la vida y a la bendición?

Pero es también lo que Jesús viene a plantearnos en el evangelio del día. Primero les anuncia claramente cual va a ser el final de su camino. Habiendo vivido la experiencia jubilosa de las multitudes que seguían y aclamaban a Jesús – podemos recordar diversos momentos de su predicación por Galilea – resulta en si mismo chocante que Jesús les anuncia que ‘El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día’. En otros momentos en que Jesús hace este mismo anuncio el evangelista nos dice que les costaba comprender e incluso insistían en que eso no podía pasarle.

Pero sigamos con el texto de hoy, tras ese anuncio que hace Jesús nos viene a decir ¿queréis ser discípulos míos? Ese es el camino de entrega que también tienen que vivir. Y nos habla Jesús de negarnos a nosotros mismos, de ser capaces de perder la vida para poder ganarla; nos está diciendo que nuestro camino tiene que pasar por el amor y cuando amamos de verdad seremos capaces de olvidarnos de nosotros mismos por ese amor que les estamos ofreciendo a los demás. Y Jesús nos está diciendo ¿seréis capaces de vivir un amor así? Claro que primero nos ha dicho que porque el vive un amor así será capaz de morir para que nosotros tengamos vida.

Es la encrucijada en la que nos encontramos. Porque es cierto que es importante el amor para nosotros, pero algunas veces centramos el amor solo en amarnos a nosotros mismos. No nos dice Jesús que no nos amemos, todo lo contrario, porque en alguna ocasión nos dirá que amemos a los demás como nos amamos a nosotros mismos y lo que no queremos para nosotros no podemos quererlo ni desearlo para los demás. Pero ese amor tiene que tener una progresión en nosotros en que ya lo importante será el amor que seamos capaces de ofrecer a los demás.

Vayamos poniendo los cimientos de este camino cuaresmal que estamos iniciando, estemos atentos a las señales que nos irán apareciendo para no desviarnos de ese camino  podamos llegar a vivir de verdad la pascua.

martes, 10 de septiembre de 2024

Necesitamos encontrar momentos de interiorización, de apertura del corazón a Dios para asumir la misión que Jesús también nos está confiando

 


Necesitamos encontrar momentos de interiorización, de apertura del corazón a Dios para asumir la misión que Jesús también nos está confiando

1Corintios 6, 1-11; Salmo 149; Lucas 6, 12-19

Cuando en la vida tenemos que tomar decisiones que consideramos importantes además de pensarlo y de reflexionarlo mucho normalmente pedimos consejo a personas que por su prudencia y sus conocimientos nos pudieran dar una opinión que nos ayudara en nuestra toma de decisiones; si se trata de escoger colaboradores para una tarea con los que hemos de trabajar codo con codo también nos lo pensamos mucho antes de elegirlos, viendo su experiencia y la práctica que hayan adquirido en otras actividades de sus vidas, sus conocimientos y su preparación, buscando también el consejo de personas expertas. No nos la podemos jugar.

Ha llegado el momento en el camino del anuncio del Reino de Dios que Jesús va realizando de ir escogiendo a personas que están cercanas a Jesús y al Evangelio que El nos está trasmitiendo para tenerlos como colaboradores directos suyos en esta tarea; estamos hablando quizás muy a lo humano, tal como se podría pensar en cualquier tarea que en la vida tengamos que realizar.

Pero aquí se trata de algo mas, es el anuncio del Reino de Dios, es la continuidad de la obra de Jesús, es la comunidad nueva que tiene que surgir desde la fe de aquellos que le siguen. ¿Jesús se aconseja, lo consulta con alguien? En un aspecto humano nada nos dice el evangelista, que además suele ser muy medido y escueto en el relato del Evangelio. Pero sí nos dice una cosa importante. Jesús se pasó a solas la noche en oración.

¿Dónde mejor podía acudir Jesús, hablando muy llanamente, cuando se trata de las obras de Dios y de la tarea del anuncio del Evangelio? Si nos fijamos bien en el evangelio tratando de hacer una análisis bien profundo de los gestos de Jesús, le veremos que en varios momentos que van a ser muy determinantes nos habla del evangelista de que Jesús se ha retirado a algún lugar apartado para orar.

Podemos pensar en el inicio de la predicación, que será a partir de aquella cuarentena de ayuno y oración que Jesús llevado por el Espíritu pasó en el desierto. Lo veremos igualmente en el momento en que va a vivir su Pascua, cuando van a comenzar los momentos de su entrega, de su pasión y muerte, se retira a Getsemaní. Ya al comienzo casi de su predicación por lo pueblos y ciudades de Galilea, tras aquellos primeros momentos allí en Cafarnaún, cuando toda la gente ya comenzaba a buscarlo, se retiró a solas a orar y cuando lo encuentran les dice que hay que ir a otro lugares para que allí también se anuncio la Buena Noticia del Reino de Dios. Ante de la resurrección de Lázaro, eleva también sus ojos al cielo dando gracias al Padre que le escucha por aquel signo de vida que va a realizar.

Podríamos seguir fijándonos en más momentos, pero nos quedamos en lo que hoy nos dice el Evangelio; va a escoger a aquellos discípulos que va a tener más cercanos a El para prepararlos para enviarlos como apóstoles en el anuncio del Evangelio y antes de pasa la noche en oración. Y de allí saldrán los hombres de los elegidos a los que llama por su nombre para tenerlos con El porque han de realizar su misma obra, su misma misión.

Con ellos bajará a la llanura y allí se encontrará con la multitud que le espera. Venían a escucharle, venían para ver liberados de sus dolencias y de sus males. Todos querían estar cerca de Jesús por en su presencia se sentían distintos, se sentían transformados y lanzados a algo nuevo, escuchándole renacían sus esperanzas y sentían que algo nuevo podía comenzar. No les importará venir de lejos o pasarse días en camino aunque se les acabaran sus provisiones.

Nos habla el evangelista que está en Galilea, pero allí hay gente de Jerusalén y de toda Judea; pero allí hay gentes venidas de lo que eran ya las fronteras de Israel porque vienen de la costa de Tiro y Sidón, aunque sean ciudades de gentiles. Por allá lo veremos un día marchar también porque curará a la hija de la Cananea, o al leproso de la región de la Decápolis, y también será en esa periferia donde un día pedirá la confesión de fe sus discípulos y prometerá que Pedro será la piedra sobre la que se edificará su Iglesia.

Una señal de la misión que ahora están recibiendo aquellos escogidos que habrán de ir al mundo entero para anunciar el evangelio de Jesús. Una señal de lo que es nuestra misión que también con el mismo espíritu de fe hemos de recibir de manos de Jesús. ¿No necesitaremos nosotros también encontrar esos momentos de interiorización, de reflexión, de oración, de apertura del corazón a Dios para escuchar allá en lo más hondo de nosotros mismos la misión que Jesús nos está confiando?

 

 

domingo, 5 de mayo de 2024

No son nuestros méritos, sino el regalo gratuito que Dios nos hace cuando nos ama, porque Dios siempre va tomando la iniciativa, nos elige y nos regala con su amor

 


No son nuestros méritos, sino el regalo gratuito que Dios nos hace cuando nos ama, porque Dios siempre va tomando la iniciativa, nos elige y nos regala con su amor

Hechos 10, 25-26. 34-35. 44-48; Sal. 97; 1Juan 4, 7-10; Juan 15, 9-17

Vivimos en un mundo de méritos; nos lo hemos ganado, decimos; nos creemos merecedores de todo porque tengamos unos títulos, porque hayamos hecho un recorrido en la vida, porque hayamos acumulado unos méritos. No digo que no tengamos que tener en cuenta esas cosas, y está por medio nuestra preparación, el desarrollo de cualidades y valores, la buena ejecución de aquello que se nos haya encomendado; es una forma de valorarnos y de estimularnos, es una forma de que otros también se sientan impulsados a crecer. Pero la vida es más.

No son unos méritos o unos títulos los que nos ganan el corazón de las personas; no es con una carrera con la que vamos a presentarnos ante alguien para exigirle que nos acepte y nos meta en su vida; no es lo que tengamos acumulado en nuestras ganancias lo que en verdad nos hace grandes como personas; es otra cosa que tenemos que sentir en el corazón, en lo más hondo de nosotros mismos, donde vamos a manifestar lo que es la verdadera realidad de nuestra vida y nuestra grandeza.

¿Qué es lo que verdaderamente dará grandeza a nuestra vida? ¿Qué es el fondo lo que nos puede producir mejor y más honda felicidad? Todos andamos buscando esa grandeza, esa dignidad que también tenemos que saber reconocer en los demás, esa felicidad que nos llenará de las satisfacciones más hondas. ¿Dónde encontrarlo?

Sentimos así la necesidad de amar y de sentirnos amados. Es esa relación de comunión que queremos establecer con las personas, con las personas que amamos y de las que nos sentimos amadas. Es el camino que tenemos que aprender a descubrir. Es de lo que hoy Jesús nos está hablando en el evangelio.

Como bien sabemos, estos textos que estamos escuchando estos domingos, aunque también en las lecturas de pascua en medio de la semana, están tomadas en gran parte del evangelio de san Juan y en especial de la cena pascual antes del comienzo de la pasión. Momentos de emociones fuertes, momentos de desahogo y de despedida, momentos de últimas recomendaciones. Jesús está desparramando toda la ternura de su corazón. Los discípulos amaban a Jesús y por eso su emoción y hasta su tristeza porque realmente aún terminaban de comprender todo lo que iba a suceder, por eso les veremos luego despistados, desparramados, que huyen y se esconden. Pero allí Jesús les va dejando todas las señales de su amor, que tendría que ser en verdad en lo que ellos tendrían que apoyarse para no sentirse tan escandalizados por lo que luego sucedería.

Y les dice una cosa muy bonita. Hay como una corriente de amor que parte del Padre y que a través de Jesús les llega a ellos también. De manera que si entran en esa corriente de amor algo nuevo habrán de sentir en sus corazones para que su vida fuera distinta. Pero aunque Jesús les habla claramente ellos andan como aturdidos y terminan de saborear hondamente las palabras de Jesús. Será después de la resurrección, cuando se llenen del Espíritu, cuando lo comprenderán todo y comenzarán a vivirlo intensamente.

Jesús les está diciendo que no los mira como siervos, no los mira como alguien ajeno a su corazón, para El son sus amigos, los amados, los que también se están llenando de ese amor de Dios. Porque no es lo que ellos realmente por si mismos hayan hecho como merecimientos en el tiempo que han estado con Jesús. Es Dios quien ha tomado la iniciativa.

‘A vosotros os llamo amigos’, les dice, porque ya conocéis todo lo que es el amor de Dios que se nos ha manifestado. Conocer, bien sabemos, en el sentido bíblico es algo más que tener conocimiento de algo, un conocimiento intelectual, o como quien conoce una noticia que le comunican; conocer es experimentar en si mismo, es algo mucho más hondo. Cuando María dice que no ha conocido hombre está queriendo decir que no ha tenido experiencia de lo que es el amor de un hombre, recordamos. Es ahora lo que les está diciendo Jesús. Ellos han experimentado en sí mismo lo que es ese amor y esa elección de Dios. ‘Yo os he elegido’, les dice Jesús. Les ha elegido porque les ama; en esa elección de Jesús están experimentando en sí mismos el amor que Jesús les tiene.

Todo es iniciativa de Dios. ¿Qué sucedió en el texto que hemos escuchado en la primera lectura cuando Pedro es llamado a ir a visitar la casa de aquel gentil y de repente siente que el Espíritu Santo ha inundado aquella casa llenándolos a todos del Espíritu Santo? No eran judíos, no estaban bautizados, llamaron a Pedro porque estaba en un camino de búsqueda de conocer el evangelio de Jesús, pero el Espíritu del Señor tomó la iniciativa, y por eso dirá Pedro como podrán negarles entonces el bautismo de Jesús.

Es lo que nos viene a decir también san Juan en la segunda lectura. Repito, la iniciativa es de Dios. ‘El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios primero nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados’. Es que Dios es amor, y todo va a ser una derivación de ese amor que es Dios, de ese amor con Dios nos ama y nos entrega a su Hijo. Es mucho más que un amor de amistad, aunque Jesús empleará esa palabra para referirse a sus discípulos. Es el amor que es entrega. Por eso no hay amor más grande que el de quien da su vida por los que ama, del que se entrega por los que ama. No son nuestros méritos, sino el regalo gratuito que Dios nos hace cuando nos ama.

¿Seremos capaces de amar con un amor así? Es el amor que Jesús nos pide, porque nos pide que nos amemos los unos a los otros como El nos ha amado. Y no es poca cosa.


viernes, 19 de enero de 2024

Dios sigue contando hoy contigo y conmigo, y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, cuenta con nosotros y quiere que estemos con El

 


Dios sigue contando hoy contigo y conmigo, y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, cuenta con nosotros y quiere que estemos con El

1Samuel 24, 3-21; Sal 56;  Marcos 3, 13-19

Todos queremos realizar nuestro trabajo y de la mejor manera posible; ponemos nuestro empeño, nuestro esfuerzo, nuestras capacidades para ir sacando adelante aquel trabajo de nuestras manos, o de nuestras capacidades y posibilidades. Pero todo comprendemos hoy que nada vamos a hacer en su totalidad por nosotros mismos, que necesitamos contar con tareas que otros hayan realizado, o con personas que trabajen a nuestro lado, cada uno según sus ‘saberes’ y sus capacidades para poder realizar un trabajo en conjunto que llegue a lo mejor. Buscamos para trabajar con nosotros los mejores colaboradores, las mejores cualidades y valores, queriendo rodearnos de lo mejor. Es, podríamos decir, la sabiduría de la vida que también hemos ido aprendiendo.

Es como Dios nos ha creado, pensamos y decimos desde nuestra antropología cristiana. El mundo no lo puso en las manos de un solo hombre, sino de toda la humanidad, y somos todos, sabiendo trabajar juntos en armónica colaboración, los que tenemos la tarea de continuar esa obra creadora de Dios puesta en nuestras manos. Si llegáramos a comprenderlo bien se acabarían tantos egoísmos y orgullos, tanto individualismos y tantas guerras que nos hacemos los unos a los otros, porque siempre queremos sobresalir individualmente y nos olvidamos de la belleza que entre todos tenemos que saber crear.

Es lo que contemplamos que va haciendo Jesús en el evangelio. Comienza haciendo el anuncio del Reino de Dios y le veremos ir de un lado a otro en esa proclamación de la Palabra. Pronto va llamando a aquellos que le van a seguir de mas cerca; invitará a los pescadores del mar de Galilea a ser pescadores de una pesca más amplia cuando les habla de ser pescadores de hombres; llamará a Mateo desde su garita de cobrador de impuestos, o invitará a Felipe a seguirle, aceptará a Natanael que viene hasta El aun con sus reticencias, y serán muchos los que le van siguiendo de cerca formando un grupo más compacto junto a El. En un momento a ese grupo grande de discípulos los envía de dos en dos por donde ha de ir El para que vayan por delante haciendo el anuncio del Reino.

Hoy en el evangelio contemplamos como, ‘mientras subía al monte, de entre todos los discípulos, llamó a doce para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar con la autoridad de curar enfermos y expulsar demonios’, su misma autoridad. Y a continuación el evangelista nos da nominalmente quienes forman ese grupo con sus propios nombres.

‘Llamó a los que quiso y se fueron con El’, dice el evangelista. ¿Y a quienes llamó? En nuestros criterios humanos nos hubiéramos puestos a escoger muy bien, trazándonos unos perfiles muy concisos y exigentes, porque hubiéramos querido escoger a los mejores según nuestros criterios. Pero llamó a unos pescadores, llamó a una gente sencilla, la mayoría de ellos sin nombre y sin que hubieran destacado por otros lados, incluso alguno de los que más despreciados eran por los que se consideraban importantes, porque era un publicano, un recaudador de impuestos, algunos zelotes de aquellos grupos medio exaltados y revolucionarios que estaban en contra de la situación que vivía Israel en aquellos momentos. Pero fueron los que escogió Jesús para que estuvieran con El y para enviarlos a predicar con su misma autoridad.

Pero ya sabemos que el Señor no se fija en las apariencias, que Jesús mira el corazón, que Jesús descubre en nosotros otros valores que quizás los que están a nuestro lado no son capaces de ver, ni nosotros mismos de reconocer. Porque Dios sigue contando hoy contigo y conmigo; y cada uno sabe con sinceridad en su interior cómo es y cual es el recorrido, muchas veces lleno de sombras, que nosotros hemos hecho. Y Dios cuenta con nosotros. Y quiere que estemos con El. Y también nos dará esa autoridad para que sigamos haciendo el anuncio del Reino hoy.

¿Tendríamos que aprender a ver y reconocer los auténticos valores que llevamos por dentro, que tienen las personas que están cerca de nosotros? ¿Tendríamos que aprender a reconocer y agradecer ese querer contar Dios con nosotros a pesar de nuestras limitaciones o de las sombras que haya en nuestra vida? ¿Por qué andamos con tantos prejuicios, con tantas apreciaciones que nos hacemos de los demás, con tantos sambenitos que seguimos colgando sobre los hombros de los otros simplemente porque no nos caen bien? A muchas consideraciones tendría que llevarnos este evangelio que hoy estamos contemplando.