El grupo de los apóstoles surgió de la noche de oración de Jesús, nosotros para seguirle en fidelidad y en la misión que nos confía necesitamos a ir también a una noche de oración
Efesios 2, 19-22; Salmo 18; Lucas 6, 12-19
Tenemos un hermoso proyecto en nuestras manos y queremos llevarlo a cabo y es normal que nos busquemos los mejores gestores para poder realizar todos los planes que tenemos en mente; aparte de una búsqueda personal entre aquellos que conocemos y que consideramos preparados, con los mejores valores de laboriosidad y con más capacidad y preparación para realizar aquello que tenemos en mente es normal que se acuda a una selección desde unas oposiciones o de presentación por parte de los interesados de su mejor currículo; siempre está la posibilidad de equivocarnos y cometer errores pero en cierto modo son riesgos que con todo cuidado corremos. Es como actuamos en nuestra sociedad, con nuestros proyectos y con nuestras metas, y no queremos, es cierto, actuar a lo loco.
Jesús en su predicación ha ido anunciando un reino de Dios que está por llegar; en torno a Él se ha ido formando el grupo de los discípulos, de los que creen en Él y en su Palabra y llenos de ilusión se han dispuesto a seguirle; Él va llamando a los que quiere que estén con Él pero al mismo tiempo va dando las características de ese Reino y las actitudes y posturas que han de tener los que le siguen; no oculta dificultades, porque el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza cuando hasta en el campo las aves tienen sus nidos y los animales salvajes sus madrigueras; plantea sus exigencias de radicalidad porque una vez emprendido el camino no se puede estar volviendo la mirada atrás, y la disponibilidad que han de tener ha de ser siempre para el servicio siendo capaces de hacerse los últimos y servidores de todos.
¿Son los mejores los que se hacen discípulos de Jesús y le siguen? Contemplamos que el arco iris es variado y no dejan de tener sus sueños y ambiciones, sus momentos de duda porque algunas veces no terminan de entender lo que les dice Jesús porque pesan mucho más los sueños y ambiciones que llevan dentro, y al final algunos le salen ranas porque o le traicionan o le niegan de forma cobarde.
Pero son los que Jesús ha elegido, con los que ha querido contar, a pesar de sus ambiciones o sus dudas. Y es que el grupo que sigue a Jesús no ha brotado de una selección de unas oposiciones ganadas ni en la búsqueda de las mejores lumbreras que se podrían encontrar entre los doctores de la ley; son unos pescadores, unos hombres rudos de aquellos campos y pueblos de Galilea, alguno podrá parecer más preparado pero lleva tras de sí el sambenito de haber sido un publicano y para los judíos era algo decir algo así como que era un pecador. Ya le echaban en cara los de la oposición (?) que no andaba rodeado sino de prostitutas y de pecadores.
Pero aquel grupo del que se rodea Jesús sale de una noche de oración, como hoy escuchamos en el evangelio. ‘Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios’. Y como continúa diciendo el evangelista al amanecer los llamó y fue nombrado aquellos doce a los que iba a constituir apóstoles. Sabía quienes eran porque la sabiduría de Dios penetra los corazones, pero a ellos los había escogido. No fue una gestión burocrática a realizar con unos protocolos predeterminados. Fue la elección del corazón de Dios. Fue una elección para ponerse en camino; pronto bajan a la llanura donde se van a encontrar con ese grupo grande de discípulos que quieren escuchar a Jesús, pero que llegan allí también con sus limitaciones y sus enfermedades y todos querían tocar a Jesús para sentirse sanados por Él. Será allí donde sigan anunciando la buena nueva del Reino que llega, es allí donde tienen que ir manifestando con signos como ese Reino de Dios nos transforma.
Y pienso ahora mientras voy reflexionando sobre este evangelio en nosotros, en nuestras comunidades, en nuestra Iglesia, en nuestros pastores. Y estamos aquí, no porque seamos los mejores o los más preparados, porque también nosotros tenemos nuestras limitaciones, nuestras ilusiones que algunas veces desenfocan nuestra visión o nuestras ambiciones que nos enferman el corazón; nosotros también con nuestras dudas y nuestros miedos; nosotros que estamos aquí no porque sepamos más o nos hayamos ganado unas oposiciones, sino porque hemos sentido en nuestro corazón esa llamada del Señor, esa predilección de Dios por nosotros a pesar de que somos lo que somos, ese amor de Dios que se hace misericordia para nuestras debilidades, nuestros errores y nuestros tropiezos.
Si aquel primer grupo surgió después de una noche de oración de Jesús, nosotros ahora para seguir a Jesús, mantenernos en su fidelidad y realizar la misión que nosotros también nos confía necesitamos aprender a ir a esa noche de oración. Para estar con el Señor y aprender a sentirnos a gusto con Él, para purificar tantas cosas y enderezar nuestros caminos, para sentir la fuerza de su Espíritu que es la que nos hará caminar. ¿Aprenderemos también a aprender a valorar a los que están a nuestro lado con su misión aunque también caminen en la debilidad porque en ellos también confía el Señor?

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