Dios
quiere siempre el bien del hombre, es lo importante, con ello es como en verdad
estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios
1 Samuel 16, 1-13; Salmo 88; Marcos 2, 23-28
No podemos confundir la baranda del
camino que sirve para apoyarnos y evitar peligros con el mismo camino; nuestros
pies han de ir pisando seguros por el camino, nunca por encima de la baranda. Y
muchas veces nos confundimos y le damos más importancia a las cosas
circunstanciales que simplemente tenemos como ayuda que a lo que es
verdaderamente lo fundamental, lo que tiene que ser esencial en nuestra
existencia. Las cosas están a nuestro servicio, no nosotros al servicio de las
cosas. Las normas nos marcan aquellas pautas que nos sirven para no desviarnos,
pero tenemos que ir a lo fundamental y nosotros los cristianos tenemos como
fundamental la Palabra de Dios. No es ya la pauta de nuestra vida, sino lo que
da sentido a nuestra vida. Qué importante entonces que nos envolvamos de
evangelio, nos empapemos de evangelio porque no puede ser una cosa externa sino
algo que eche raíces en lo más hondo de nosotros.
No es un camino fácil, el discernir de
verdad lo que el Señor quiere de nosotros, lo que el Señor nos dice, lo que es
en verdad su Palabra, que entonces será siempre para nosotros una palabra
salvadora, una palabra de salvación. Pero le hemos hecho tantos añadidos que
luego consideramos fundamentales que al final nos crea confusión. Por eso
abrimos nuestro espíritu a su Espíritu que es el que verdad nos guía allá en lo
más hondo del corazón.
En la palabra de Dios que hoy
escuchamos tenemos dos muestras de ello. Por una parte Dios ha confiado al
profeta Samuel para que elija a un nuevo rey para su pueblo. En sus criterios
humanos, incluso con toda su visión profética, según van apareciendo los
distintos hijos de Jesé piensa el profeta que tiene delante el elegido del
Señor, sin embargo el espíritu divino lo va guiando para que descarte a
aquellos que a él humanamente le parecen los mejores, hasta que llega el más
pequeño, al que han enviado lejos a cuidar de sus rebaños, pero que es el
elegido del Señor. Dios no mira los ojos, no se queda en lo externo, sino que
mira el corazón. ¿Sabremos hacerlo?
Por otra parte tenemos en el evangelio
la exigencia ‘según la ley’ de guardar el descanso sabático y los fariseos se
quejan de que los discípulos de Jesús ‘no están cumpliendo la ley’. ¿Qué será
más importante? ¿El cumplimiento formal de la ley, salga el sol por donde salga
como se suele decir, o el bien del hombre, el bien de la persona? Una ley o
norma que en su origen tenia como función el bien de la persona cuidando el
descanso de los que trabajaban que también se convirtió en ocasión para la
alabanza del Creador, pero que se había convertido en algo inviolable aunque no
se buscara el bien de las personas. ¿En qué tenemos que fijarnos? Dios quiere
siempre el bien del hombre, y eso es lo importante en lo que hemos de fijarnos porque con ello es como en
verdad estaremos dando gloria a Dios, porque esa es la voluntad de Dios.
Fijémonos que de los diez mandamientos
solo tres se expresan como una forma de alabar y bendecir a Dios, pero cada uno
de los restantes mandamientos buscan el bien de la persona, cuidando nuestra
propia dignidad en la rectitud con que hemos de vivir pero al mismo tiempo con
el respeto a las personas que están a nuestro lado a las que de ninguna manera
podemos hacer daño, sino más bien mostrar nuestro amor y nuestro respeto. Con
ello, pues, estaremos mostrando la gloria de Dios, bendiciendo al Señor nuestro
Dios.
Buscad el Reino de Dios y su justicia,
nos dirá el evangelio en otro momento, que lo demás se nos dará por añadidura.
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