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miércoles, 21 de enero de 2026

Hay miradas que nos traspasan el alma, que despiertan nuevos sentimientos, que nos ponen en una dinámica distinta, que eso sea el evangelio hoy para nuestra vida

 



Hay miradas que nos traspasan el alma, que despiertan nuevos sentimientos, que nos ponen en una dinámica distinta, que eso sea el evangelio hoy para nuestra vida

1Samuel 17, 32-51; Salmo 143; Marcos 3, 1-6

No siempre miramos de la misma manera ni nos fijamos en las mismas cosas; hay ocasiones en que sentimos curiosidad por lo que pasa o sucede en nuestro entorno y queremos saber, queremos conocer, queremos recibir noticias de cuanto sucede; pero también sabemos que la curiosidad puede ser malsana, y no solo por la búsqueda del chascarrillo, de los comentarios que se suscitan, sino porque quizás no somos sinceros en nuestro corazón, porque vamos con prejuicios, vamos prevenidos para resaltar lo que no nos gusta o lo que pueda destruir la buena voluntad de otros.

Pero hay miradas suplicantes, porque quisiéramos otra cosa, porque nos sentimos en necesidad, porque estamos lacerados por el dolor, porque los problemas nos agobian y estamos buscando cómo salir de esas situaciones, como cambiar, cómo encontrar una paz que nos falta en el corazón.

Pero está también la mirada de la comprensión, de la misericordia, la mirada de la mano tendida no para pedir sino para ofrecer, la mirada que se hace compañía, la mirada que ofrece paz y quien la recibe se siente sanado por dentro. Son miradas que reparten vida, son miradas reconfortadoras, son miradas confortables que quien las recibe se siente transformado, pero quien las ofrece siente una satisfacción honda en su corazón.

Miradas también que nos traspasan el alma, que se convierten en denuncia, que quieren despertar nuevos y mejores sentimientos pero que algunas ven que no lo logra y de alguna manera se siente defraudado. Podríamos seguir describiendo muchas más miradas, pero ante este evangelio de hoy detengámonos aquí.

Y miremos ahora nosotros todo el conjunto de personas que se mueven en este episodio por decirlo de alguna manera. Desde aquellos que están al acecho a ver lo que hace Jesús, porque saben bien lo que allí se van a encontrar todos, pero ellos quieren acabar con Jesús, al final se hablará incluso de confabulaciones para quitar de en medio a Jesús.

Pero allí en medio está aquel hombre enfermo, algunos casi no lo ven, pasa desapercibido para la mayoría por su misma situación de la que muchas quizás querrían alejarse. ¿Cuál era sin embargo la mirada de aquel  hombre en medio de todos los que le rodean sabiendo además que allí está el nuevo profeta de Galilea, como lo ven algunos?

Y está la mirada de Jesús, de su corazón brota la compasión y la misericordia, para Él no puede pasar desapercibido aquel hombre enfermo ni tampoco pasar por el lugar sin que nada suceda, porque donde hay amor brota espontánea la compasión y la misericordia. Pero el actuar de Jesús provocará también controvertidas reacciones. Porque además es sábado y hay que guardar la ley del descanso sabático.

¿Habrá de verdad evangelio en esos momentos y a través de ese episodio? Una buena nueva de salvación va a quedar anunciada, aunque no todos la sepan comprender. Por eso incluso en medio de la misericordia que se desborda del corazón de Cristo aparecen sentimientos de desencanto porque no todos saben leer esa buena noticia que Jesús quiere dejarles.

Pero no nos quedamos en el episodio y en el hecho de aquel tiempo, sino que tenemos que mirarnos a nosotros, o mejor dejarnos mirar por Jesús. ¿Qué es lo que va a encontrar en nuestro corazón? ¿Habrá en verdad sintonía en ese cruce de miradas entre Jesús y nosotros?

Porque quizás también nosotros en muchas ocasiones nos ponemos a mirar para otro lado, no queremos mirar la cruda realidad de sufrimiento que puede haber en nuestro derredor, pero también nos desentendemos y vamos a lo nuestro pareciendo que nuestras preocupaciones son las más importantes. La mirada de Jesús fue dura para aquellos fariseos que estaban allí al acecho y no fueron capaces de sintonizar con una buena noticia que les traía Jesús también para sus vidas. Aunque en Jesús siempre será permanente la mirada del amor, la misericordia y la compasión.

¿Estará tocando la fibra de nuestro corazón de alguna manera este evangelio de hoy? ¿Hasta dónde seremos capaces de llegar con nuestra mirada y con la oferta de nuestro corazón?


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