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domingo, 18 de enero de 2026

La vida tiene que es siempre crecimiento, tenemos que descubrir la novedad de la vida de cada día, la novedad de nuestro amor, la novedad de nuestro seguimiento de Jesús

 


La  vida tiene que es siempre crecimiento, tenemos que descubrir la novedad de la vida de cada día, la novedad de nuestro amor, la novedad de nuestro seguimiento de Jesús

1 Samuel 15, 16-23; Salmo 49; Marcos 2, 18-22

Algunas veces tratamos de hacer arreglos en las cosas que teníamos pero queremos conservar parte de lo antiguo porque nos parecía tan bonito, pero al mismo tiempo le agregamos cosas nuevas que son, por ejemplo, un estilo distinto y tenemos el peligro de que nos pueda salir una aberración, porque no valen esas mezclas, porque tenemos que decidirnos por lo nuevo y desechar aquellas cosas que no nos valen para el hoy. Por supuesto lo que estoy diciendo puede provocar inquietud y respuesta de oposición, porque nos hablarán de los edificios antiguos que son restaurados y que ahora pueden lucir en todo su esplendor, pero aun así creo que hay que andar con mucha precaución. Esto nos vale para la vida que cada día se hace nueva para nosotros porque no queremos caer en rutinas ni añoranzas sino que queremos vivir en el hoy de nuestra vida y nuestro mundo. 

No es tampoco el cambiar por cambiar, sino el saber encontrar ese verdadero sentido que tengo que vivir hoy desde nuestro yo más profundo. Y es lo que nos quiere decir hoy el evangelio, que siempre es buena  noticia de algo bueno. Una buena noticia que nos sigue llegando en el hoy de nuestra vida y desde el impacto que va produciendo en nosotros nos tiene que hacer vivir de una manera nueva.

Ante la manera como se va presentando Jesús mientras va haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios que llega, y su presencia es signo y señal de ello, comienzan también las desconfianzas y los recelos porque algunas cosas a las que siempre se le había dado mucha importancia parece que Jesús le va dando un sentido nuevo, la novedad del Reino de Dios. Por eso vienen quejándose con la cuestión del ayuno que no era solo la ausencia de comidas en momentos determinados sino que tenía que ir acompañado de unas señales que más parecían de duelo que de alegría de la fe.

Ayunaban los discípulos de Juan, como era también la austeridad con que vivían los esenios allá en el desierto cercanos al mar Muerto; pero ayunaban los fariseos y sus discípulos en aquel afán de vivir una vida muy reglamentada y muy de cumplidores. Jesús plantea si eso de cumplir por cumplir tiene en verdad sentido y valor. ¿Hacemos las cosas porque las amamos, consideramos que son buenas para nosotros, o simplemente como un cumplimiento ritual como para ganar méritos? Jesús nos viene a descubrir que todo es gracia, porque es regalo del amor de Dios y los derroteros por los que ha de caminar nuestra vida es como copiar esos sentimientos de Dios en nosotros. Por eso nos dirá que seamos compasivos y misericordiosos como Dios Padre lo es con nosotros. Pero será por ese lado por donde llevamos el derrotero de nuestra vida o unos simples cumplimientos.

Por eso nos habla Jesús hoy de que no andemos con componendas y remiendos. La tela nueva que pongamos en el remiendo va a tirar de la pieza ya vieja y gastada y se va a producir un roto peor, nos dice. Por eso nos habla de odres nuevos para el vino nuevo, porque la fuerza del vino nuevo va a reventar aquellos odres viejos y ya gastados.

Es lo que tiene que significar el evangelio para nosotros. Es la novedad que nos ofrece Jesús que no es otra que hablarnos del amor de Dios para que nosotros vivamos en ese amor. Y en cuestión de amor no podemos andar con componendas, o amamos de verdad o lo que tenemos no es auténtico; no podemos poner límites al amor, no podemos andar haciendo distinciones; no podemos decir que amamos a los que nos aman y ya hacemos bastante. Nuestro modelo es el amor de Dios que es un amor fiel que se mantiene sobre nosotros aunque no lo merezcamos porque somos pecadores o porque muchas veces no correspondamos a ese amor.

Y ese camino de renovación del evangelio es continuo; no nos vale decir yo un día cambié y comencé a hacer muchas cosas buenas, ya habré hecho méritos suficientes. Es vida y la vida tiene que estar siempre en crecimiento, tenemos que descubrir la novedad de la vida de cada día, la novedad de nuestro amor, la novedad que significa siempre nuestro seguimiento de Jesús.


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