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miércoles, 28 de mayo de 2025

Damos gracias por la acción del Espíritu que se manifestó y se manifiesta el hoy del camino de la Iglesia y dejémonos enseñar y conducir por El que nos guiará a la Verdad plena

 


Damos gracias por la acción del Espíritu que se manifestó y se manifiesta el hoy del camino de la Iglesia y dejémonos enseñar y conducir por El que nos guiará a la Verdad plena

Hechos 17, 15. 22 — 18, 1; Salmo 148; Juan 16, 12-15

Los conocimientos no los podemos reducir a unas como estancias o espacios estancos que cuando se llenan ya no tienen capacidad para más; el conocimiento en sí mismo está en progresivo conocimiento, no podemos decir hasta aquí he llegado y ya no tengo más a donde ir para aprender algo nuevo; el sabio no lo es porque ya se lo sepa todo, sino porque está cada día queriendo conocer más. Lástima que en la vida algunas veces podamos encerrarlo en aquello de que yo eso ya lo estudié cuando era niño o cuando era joven y no necesita aprender más; es limitar nuestras capacidades, limitar nuestra misma humanidad que siempre ha de estar en crecimiento y siempre podemos dar un paso más y llegar un poco más allá. Tenemos siempre la base de lo aprendido pero sobre ella seguimos construyendo; así tiene que ser la vida.

Así tiene que ser también nuestra vida cristiana, no solo en cuanto a lo que podemos hacer sino también en cuanto a lo que podemos ser; es el crecimiento de Dios en nuestro corazón, es la comprensión de su Palabra que cada día ha de ser mayor, es el leer lo que es la Palabra eterna de Dios pero en el hoy de nuestra vida para seguir descubriendo la luz que tiene que estar siempre llena de vida y que nos ha de iluminar para comprender también lo que hoy vivimos y lo que hoy somos.

Seguramente los que cada día nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios y reflexionamos sobre ella, nos damos cuenta de la novedad que siempre nos encontramos, de ese paso adelante que cada día podemos dar; aquellos textos que tantas veces hemos escuchado y nos pudiera parecer que ya lo tienen todo dicho para nosotros, nos damos cuenta que en una nueva lectura descubrimos aspectos nuevos, nuevas perspectivas, nuevas formas en como lo vamos aplicando a nuestra vida en nuestro hoy. Nunca la Palabra de Dios, incluso teniendo en cuenta la fidelidad que hemos de tener a esa Palabra, será algo anquilosado que nos frena sino que siempre nos ayudará a crecer un poco más.

Es lo que nos está diciendo hoy Jesús en el Evangelio. ‘Muchas cosas me quedan por decirnos, nos dice, no podéis cargar con ellas ahora, pero cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la Verdad plena’.

Es el Espíritu de Dios que nos guía, que sigue guiando a la Iglesia a lo largo de los tiempos, es el Espíritu que nos hará comprender la verdad de Dios en cada momento, en cada situación, como lo ha sido a lo largo de la historia. Es la continuidad de la Iglesia, a pesar de sus debilidades porque está compuesta por seres humanos que también tienen sus debilidades, y ahora queramos hacer un juicio de la historia pasada – somos en todos los aspectos muy dados a hacer esos juicios de la historia – tenemos que darnos cuenta que a pesar de las oscuridades que ahora nosotros podamos ver, allí estuvo el Espíritu de Dios guiando a su Iglesia, y si aun permanece es por la permanencia del Espíritu Santo en su Iglesia a través de la historia.

Podemos pensar como Iglesia en lo que hemos vivido en los últimos tiempos y ahora mismo estamos viviendo; en cada momento el Espíritu nos ha dado el Papa que necesitaba la Iglesia, cada uno con sus características, con su visión, con su apertura; no podemos pedir que un Papa, por ejemplo, sea igual al anterior o sea igual a otro, como lo podemos pensar del obispo en nuestras diócesis o de los sacerdotes en nuestras parroquias; cada uno dejará su huella, sembrará su semilla, aportará su iniciativa, sin dejar de ser la Iglesia, la Iglesia querida por Jesús y que va guiada por el Espíritu.

He querido compartir esta reflexión porque frente a todos los comentarios que por un lado y por otro podamos escuchar, hemos de tener la serenidad que nace de la fe, de confiarnos al Espíritu Santo que está inspirando también estos momentos de la Iglesia. Ni podíamos pedir que Francisco fuera una copia del Papa Benedicto XVI, sino que ahora León XIV sea una copia mimética de lo que hizo el Papa Francisco. Damos gracias a Dios por la acción del Espíritu Santo que se manifestó y se manifiesta hoy del camino de la Iglesia.

Sintamos que de la misma manera así también el Espíritu se va manifestando en nuestra vida, en nuestro corazón y en lo que vamos en cada momento realizando. Dejémonos enseñar y conducir por el Espíritu que siempre nos guiará a la Verdad plena.


domingo, 26 de enero de 2025

Una buena noticia que nos hace un anuncio de paz, de libertad, de misericordia y de perdón, de fraternidad y de armonía para un mundo nuevo que se cumple hoy

 


Una buena noticia que nos hace un anuncio de paz, de libertad, de misericordia y de perdón, de fraternidad y de armonía para un mundo nuevo que se cumple hoy

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10; Salmo 18; 1Corintios 12, 12-30; Lucas 1, 1-4; 4, 14- 21

Si ahora mismo por los carriles de las noticias del mundo saltase el anuncio de que la guerra de Ukrania, por ejemplo, ha terminado porque se ha llegado a un acuerdo de paz, seguro que todos los canales de información, todos los informativos de todos los medios de comunicación, como se suele decir, echarían chispas con la noticia para hacerla llegar a todas partes; habrían manifestaciones de alegría, parecería que se nos quitaba un peso de encima por lograr la ansiada paz; son las manifestaciones que hemos visto estos días con los anuncios de tregua en otros lugares, o son las reacciones de una forma de otra ante las diferentes noticias que a cada momento se van produciendo en el mundo. Las buenas noticias siempre nos traen alegría y esperanza, igual que las sombras nos desilusionan y llenan de preocupación. Ojalá recibiéramos buenas noticias que nos llenen de esperanza en este mundo de tantas sombras.

Sin embargo tenemos una buena noticia en nuestras manos que desgraciadamente hacemos pasar desapercibida y a la que parece que no le damos tanta importancia. Se anuncia un tiempo de paz, de libertad, donde todas las deudas van a ser perdonadas, donde todos han de ser respetados y valorados de la misma manera, donde nadie puede ser discriminado por nada, donde han de comenzar a haber unas relaciones más armoniosas entre todos porque han de sentirse hermanos… es el año de gracia del Señor. ¿Qué nos estará sucediendo?

Lo acabamos de escuchar, como lo escucharon entonces los habitantes de Nazaret en la sinagoga aquella mañana. La gente de Nazaret se sintió sorprendida, cuando además se les decía que allí se estaba cumpliendo aquel anuncio que había hecho el profeta y que ahora repetía con su presencia aquel hijo de su pueblo que se había ido convirtiendo en el profeta de Galilea. ¿Supresa? ¿Admiración? ¿Alegría? ¿Se sentirían paralizados ante la buena noticia que estaban escuchando? La noticia iba ya corriendo de boca en boca y estaba llegando a todos los rincones de Palestina; pronto enviarían desde Jerusalén a quienes estuvieran atentos a aquellos movimientos que en Galilea iban surgiendo.

Serían los pequeños y los sencillos, los que en su pobreza se sentían más oprimidos, o los que por sus sufrimientos estaban como paralizados en la vida, aquellos que se sentían ciegos y desorientados o incluso excluidos de hasta sus propias familias los que con mayor esperanza estaban recibiendo aquella buena noticia. Serán los que luego lo aclamarán, reconocerán que un gran profeta ha aparecido en medio de ellos, los que sentían que Dios les visitaba y caminaba entre ellos. Los que se sentían seguros en si mismos y desde sus situaciones de privilegio no sabían de carencias sino que más bien se aprovechaban de los demás eran los más temerosos y desconfiados ante aquella buena nueva y pondrían obstáculos de todo tipo para que no se realizase lo anunciado.  Pero a todos servía de interrogante, en todos, sin embargo, sembraba una nueva inquietud que era esperanza para muchos.

A nosotros en estos momentos también se nos dice que esta Escritura se cumple hoy entre nosotros. ¿Nos lo llegaremos a creer? ¿Será posible todo ese mundo nuevo que se nos describe en el hoy de nuestra vida? ¿Por qué seguiremos desconfiando? ¿Por qué no terminamos de creernos esa buena noticia que llega para nosotros hoy? ¿Acaso tendremos miedo a lo que nos compromete, a esas actitudes nuevas que hemos de tener, a esa manera nueva de ver las cosas, a esos caminos de reconciliación que hemos de emprender reconociendo también nuestros errores, a esa misericordia de la que hemos de llenar nuestro corazón para acercarnos de manera nueva a los demás?

Que haya paz y armonía, que tengamos un mundo nuevo y mejor, que sepamos entendernos y trabajar juntos, que seamos capaces de encontrar esos caminos de encuentro y de reconciliación no depende de factores externos, no depende de que otros nos lo den hecho, depende de nosotros, de ti y de mi, de lo que cada uno vayamos haciendo transformando nuestro corazón, haciéndolo vida en nosotros aunque nos cueste. Llega el año de gracia, pero hemos de querer ese año de gracia, hemos de aceptar ese año de gracia. Quien viene a ofrecernos la más hermosa libertad – libertad para los oprimidos – no restará nunca nuestra propia libertad para aceptar o no aceptar.

Sintamos la alegría de la Palabra que se nos proclama, pero escuchémosla con sincero corazón para plantarla en nuestra vida y acampe entre nosotros. Es el camino del mundo nuevo que Jesús nos ofrece. Es la gran noticia que escuchamos y que hemos de hacer correr por el mundo. Lástima que le demos tan poca importancia y no nos hagamos eco entre aquellos con los que convivimos cada día de esa buena noticia del evangelio que recibimos. Escuchamos esa buena noticia ¿y seguiremos nosotros siempre con lo mismo anclados en viejas noticias?

 

lunes, 6 de enero de 2025

Una nueva Epifanía para saber hacernos los regalos de una generosa acogida también entre aquellos que no nos conocemos

 


Una nueva Epifanía para saber hacernos los regalos de una generosa acogida también entre aquellos que no nos conocemos

Isaías 60, 1-6; Salmo 71; Efesios 3, 2-3a. 5-6; Mateo 2, 1-12

Aquella comitiva de tres extranjeros que se adentra por la calles de Jerusalén haciendo preguntas que para algunos resultan ignotas, mientras en otros producen cierta inquietud me hace pensar en situaciones semejantes que no sé si terminamos de acostumbrarnos pero que también de manera semejante se nos dan hoy en nuestras calles.

Es cierto que en el mundo globalizado en que nos encontramos ya no es extraño encontrarnos en nuestro entorno extranjeros que nos hablan idiomas para nosotros desconocidos, pero también algunos nos producen cierta inquietud y nos preguntamos a donde vamos a llegar, porque muchas veces nos parece poco menos que una invasión; en la tierra donde vivo, en nuestras islas, ya no nos es extraño encontrarnos gentes de otras razas y lugares, extranjeros que llegan a nuestras cosas desde diversos motivos que a muchos, es cierto, llenan de inquietud, a unos llamamos turistas, otros llamamos inmigrantes, algunos los consideramos incluso ilegales y es grande la presión que está sufriendo la demografía de nuestras tierras. Cuando nos cruzamos con ellos, ¿cómo nos sentimos? ¿Qué pensamos quizás que tenemos que hacer? ¿A dónde vamos a llegar?

Un revuelo semejante se armó aquellos días en Jerusalén con aquellos personajes que llegaron a Jerusalén y que no eran precisamente judíos provenientes de la diáspora, tampoco los podían considerar prosélitos, aunque unas preguntas inquietantes venían haciendo que tendrían que descifrar su significado y que les llevó incluso a la consulta de las autoridades religiosas para entender qué es lo que preguntaban. ¿Un recién nacido rey de los judíos? Pero no parecía que fueran cosas que sucedieran en el palacio de Herodes, aunque en las profecías fueron a buscar respuestas.

Conocemos bien el texto del evangelio que tantas veces hemos escuchado y meditado. A Belén se dirigieron y allí encontraron lo que buscaban en aquel niño envuelto en pañales en brazos de María a quien ofrecieron sus ofrendas. Con la resonancia de las profecías y de los salmos para nosotros se han quedado como los reyes magos, pues el evangelista ha hablado de unos magos venidos de oriente, con su especial significado.

Para nosotros este texto se ha convertido en evangelio, en buena noticia, porque nos está hablando del nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en aquel hijo de María y de José que para nosotros será Jesús, porque será el Salvador de nuestras vidas.

Pero el evangelio hoy no se nos puede quedar para nosotros en un recuerdo de antiguos acontecimientos, sino que en eso que nos está sucediendo cada día hemos de saber leer el mensaje de este evangelio, en eso que cada día nos está sucediendo en nuestro entorno hemos de saber leer y encontrar una buena noticia de salvación para nosotros hoy.

¿Habrá evangelio, habrá buena noticia, habrá una llamada de Dios en lo que ahora mismo está sucediendo en nuestro mundo? Algo seguramente tiene Dios que decirnos. Y en aquel que por nosotros se hizo emigrante y hasta desterrado - ¿no habían venido sus padres desde la lejana Galilea hasta Judea y hasta Belén y allí nacería aquel niño?, ¿no lo contemplaremos luego poco menos que desterrado a Egipto en donde habrá de refugiarse en su huida de aquel rey Herodes que atentaba contra la vida del niño?  -, en aquel Niño, pero en esto que nos está sucediendo en nuestro entorno con emigrantes o desplazados, con turistas o con gentes que nos visitan Dios quizás tiene una Buena Noticia, una llamada para nosotros. Es en lo que tenemos que detenernos, lo que nos tiene que hacer pensar, lo que hemos de saber descubrir, aunque no sea fácil.

Para nosotros los creyentes las cosas no suceden porque sí, no son tampoco un destino fatal, no tienen que ser cosas que irremediablemente tienen que suceder, detrás podremos descubrir un plan de Dios, detrás podríamos o tendríamos que descubrir una buena noticia de salvación para nosotros.

Es lo que tenemos que llevar a nuestra oración, es lo que tenemos que saber escuchar en lo  hondo del corazón, es lo que tenemos que aprender a leer en los acontecimientos de la vida. ¿Nos estará todo esto pidiendo unas nuevas actitudes ante la gente nueva y desconocida que nos rodea? ¿Tendremos que aprender a acercarnos a ellos de otra manera haciendo que haya una acogida desde lo más profundo de nuestro corazón? ¿Cuántas veces nos hemos detenido ante esas personas, no simplemente para enseñarle una dirección de un monumento artístico, sino para interesarnos por su vida, por sus preocupaciones, por los sufrimientos que muchas veces podemos ver marcados en su rostro?

Aquí tiene que haber una nueva Epifanía del Señor para nuestra vida. No es solo una celebración que nos lleve a hacernos regalos entre los que nos queremos. ¿No tendría que ser una invitación en esa nueva Epifanía a hacernos el regalo de nuestra mejor acogida mutua también entre aquellos que no nos conocemos? Da que pensar.

martes, 24 de diciembre de 2024

Nos quedan unas horas para llegar a la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que hacer para que sea verdadera Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida

 

Nos quedan unas horas para llegar a la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que hacer para que sea verdadera Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida

Isaías 9, 1-6; Salmo 95; Tito 2, 11-14; Lucas 2, 1-14

Hay caminos que se entrecruzan y que en una primera impresión nos parecen de locura; unos que caminan en una dirección y otros en la opuesta, parecería que nos chocáramos y fuera difícil encontrarnos y entendernos. Pero realmente son encrucijadas que se convierten en punto de partida, en punto desde el cual podemos encontrar la dirección y el sentido del camino que queremos realizar, punto en el que finalmente se encauza todo ese tráfico para hacer que luego el recorrido tenga una verdadera fluidez.

¿Será ese punto de la historia que tiene por centro del nacimiento de Jesús como en este día celebramos? Por algo en algún momento de la historia centramos el calendario precisamente a partir del nacimiento de Jesús, más allá de los errores de cálculo que pudiera haber al señalar ese punto cero de la historia para decir antes de Cristo o después de Cristo. Pero me pregunta es algo más y ya es haciendo referencia a lo que en este momento nosotros estamos celebrando y lo que tiene que ser su sentido. ¿Nos encontraremos hoy también en una encrucijada de la historia y de la vida donde tendremos en verdad que encontrar esa dirección que necesitamos? Creo que una verdadera celebración de la navidad tendría que ir por ese planteamiento.

¿Qué nos ofrece realmente el mensaje de la navidad? ¿Qué es lo que realmente busca el hombre al menos en ese día a día de nuestra vida? Queremos paz pero vivimos en un mundo convulso de guerras y violencias. Queremos bienestar y felicidad pero estamos pensando en una carrera por la posesión de cosas o por el poder, y poder será tener influencia, poder será quizás poderme sentir por encima de los otros, y poder es querer disponer de todo lo que me pueda satisfacer de la manera que sea, y poder se convierte en ambición y en vanidad que me envuelve de superficialidad, y poder es decir que somos libres pero no pensando en lo que sea mejor para todos sino solo mejor para mi mismo, y poder es una autosuficiencia que al final me aísla o me endiosa creando barreras y abismos en mi derredor para que nadie me moleste o me inquiete con sus problemas.

Pero cuando con sinceridad, con espíritu abierto nos acercamos a la navidad, no la que imaginamos, sino la que realmente tuvo su origen en esa cueva de Belén que tanto contemplamos en estos días otra cosa será lo que nos encontremos. Un matrimonio pobre que ha tenido que desplazarse por el capricho de un gobernante que quería hacer un censo y que no teniendo donde cobijarse porque nadie le ofrece posada, se refugiará en un establo de animales en las afueras de Belén, unos humildes pastores que pasan al raso la noche en aquellos campos cuidando de sus ovejas o ganados, la pequeñez y humildad de un niño que no tendrá una cuna en su nacimiento sino el humilde pesebre comedero de unos animales.

Y ahí escucharemos un mensaje. Hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador… y se les dará una señal, encontrareis un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Y en torno aparecerá el resplandor de la gloria de Dios que cantan los ángeles anunciando la paz para los hombres a los que Dios ama.

¿Cómo encajamos este cuadro de Belén que para nosotros es Evangelio, es una buena noticia como la que dan los ángeles a los pastores, con aquellos deseos de la humanidad que tenemos en estos mismos momentos? Y nos atreveremos a decir que este momento es encrucijada de la historia, tiene que ser encrucijada para nuestra vida.

Ese es el gran misterio de la Navidad, no solo de la que recordamos y queremos celebrar de lo acaecido hace más de dos mil años en Belén, sino que es, tiene que ser el misterio que hoy celebramos y que tenemos que hacerlo en su cruda realidad. Porque emigrantes como María y José seguimos encontrándonos a cada paso; gente que no tiene posada, que se ha quedado sin nada, o a los que vemos en los lugares más humildes, si abrimos los ojos nos estarán saliendo continuamente al paso; personas que viven en el frío de la soledad, que no son tenidos en cuenta porque no son de nuestra condición, a los que no valoramos o de los que desconfiamos en las calles del Belén de nuestra vida, de lo que sucede a nuestro alrededor nos vamos a encontrar muchos; y podemos seguir hablando de las violencias de la vida que no son solo las guerras sino también las que tenemos con los que están a nuestro lado y con los que no nos hablamos o ante quienes pasamos indiferentes, son el padrenuestro de cada día.

Y ahí en medio tenemos que celebrar Navidad hoy. Ahi viene Dios en el hoy de nuestra vida y nos ofrece un evangelio de salvación. Este momento que vivimos tendría que ser en verdad una encrucijada para nuestra vida, porque de este momento de la navidad no podemos salir de la misma manera, con la misma insensibilidad e indiferencias, con las mismas barreras y abismos que nos hemos creado. Algo nuevo tendría que comenzar en nuestra vida.

¿Qué vamos a hacer de nuestra navidad? ¿Solo unas palabras bonitas que nos decimos para felicitarnos y que se van a quedar en flor de un día que pronto se marchita o luz parpadeante que pronto se apaga?  ¿Llegaremos a sentir esa presencia de Dios que viene con su salvacion a ese mundo en que vivimos?

Nos quedan unas horas para llegar a lo que llamamos la nochebuena, pensemos seriamente el recorrido que aun tenemos que hacer para que sea verdaderamente Navidad, auténtica encrucijada para nuestra vida. Esa buena noticia que hoy escuchamos, ¿transformará realmente lo que son esos deseos de nuestra vida?

domingo, 21 de enero de 2024

No podemos quedarnos enredados, sino que comencemos a liberarnos de tantas cosas que nos atan para escuchar el hoy de la llamada de Jesús y ponernos en camino

 


No podemos quedarnos enredados, sino que comencemos a liberarnos de tantas cosas que nos atan para escuchar el hoy de la llamada de Jesús y ponernos en camino

Jonás 3, 1-5. 10; Sal 24; Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

Ya quisiéramos hacer las cosas ya desde el mismo instante en que sentimos la inspiración de hacerlo. Algunas veces hay que esperar que llegue su momento. No cogemos la fruta del árbol tan pronto la vemos despuntar tras el proceso de la flor; tendremos que esperar a que esté en su punto para poder tomarla, para poder saborearla y disfrutarla, pero cuando llegue su momento no lo podemos dejar pasar, porque, como decimos, se nos pasa la fruta y se nos vuelve inservible. Es el trabajo que vamos a hacer, es la siembra que vamos a realizar, es el proyecto que podamos tener entre manos, es lo que queremos emprender… todo tendrá su momento.

Pero hoy nos dice Jesús en el evangelio que el momento ha llegado, se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Y hemos de emprender la tarea; y vendrá el momento de la conversión y de la escucha, como el momento de la proclamación de la Palabra y de la elección de aquellos primeros discípulos que se van a convertir en pescadores de hombres. Es lo que nos describe el evangelio en este domingo en que estamos retomando ya plenamente el tiempo ordinario y la lectura del evangelio de san Marcos que será el que nos guíe en este ciclo.

Fue el comienzo de la predicación de Jesús tal como nos lo presenta el inicio del evangelio de san Marcos, pero es también la llamada que hoy nosotros seguimos escuchamos. Y digo hoy, no ayer, ni mañana. Es en este hoy, en este tiempo, en que se cumple el plazo, como nos dice Jesús, donde tenemos que escuchar para nuestra vida, para nuestro mundo ese anuncio que es buena noticia, que eso significa evangelio. Una buena noticia para el hoy de nuestra vida y de nuestro mundo. Es importante que lo comprendamos.

¿Necesitamos en este mundo de hoy, en nuestra vida, ese anuncio de Buena Noticia que Jesús nos está haciendo? Miremos con sinceridad nuestra vida y tengamos de mirar con valentía la realidad de nuestro mundo. Las buenas noticias tienen que despertar alegría en aquellos que la reciben. ¿Será en verdad una alegría para nuestro mundo? Quizás vamos a escuchar a muchos que nos dicen que no la necesitan; tienen sus alegrías y tienen sus soluciones a la situación de nuestro mundo.

Pero seamos sinceros, quizás escuchamos mucha música y muchos cantos y muchos gritos, que dicen que son gritos y expresiones de alegría y de felicidad, pero quizás nos podemos dar cuenta de la insatisfacción que reina realmente en los corazones, en los que esa música y esos cánticos vienen a ser como panaceas, como sustitutos de lo que realmente falta por dentro.

Porque el sufrimiento sigue marcando el ritmo de muchas vidas, porque la paz no termina de reinar en nuestro mundo sino que cada vez se ve más rota y echa añicos en tantas lugares del mundo donde continuamente no dejan de aparecer nuevas guerras y nuevas violencias; hablamos de un mundo de mayor justicia y autenticidad, pero sigue existiendo la maldad y la mentira, seguimos envolviéndonos en gasas de fantasía y de vanidad.

Necesitamos una palabra que nos despierte, que nos haga centrar de verdad nuestra vida en valores permanentes que restablezcan la dignidad de la persona y que verdaderamente nos engrandezcan; necesitamos que de verdad todos emprendamos esa tarea de hacer un mundo nuevo, un mundo mejor, y de verdad nos sintamos comprometidos, alejando de nosotros miedos y cobardías.

Jesús nos dice hoy que llega el tiempo, que hemos de darle la vuelta a nuestro corazón para que encontremos lo que verdaderamente va a engrandecer nuestra vida y hará nuestro mundo mejor. Nos habla de la hora del Reino de Dios que llega, que tenemos que hacer presente, hacer realidad en nuestra vida y en nuestro mundo. No podemos seguir entretenidos en nuestras cosas en las que tanto nos afanamos. Jesús pasa, está pasando junto a nosotros, como aquel día en el lago de Tiberíades con aquellos pescadores, para invitarnos a seguirle, a ir con El, a hacer realidad ese Reino de Dios en nuestro mundo.

No podemos quedarnos enredados, sino que comencemos a liberarnos de tantas cosas que nos atan, nos cierran los oídos, quieren hacer opacos nuestros ojos, para escuchar esa llamada de Jesús y ponernos en camino. Como Simón y Andrés, como Santiago y Juan dejemos atrás nuestras redes y nuestras barcas particulares, pongámonos en camino tras Jesús. Y eso tiene que ser hoy y no mañana, ni nos podemos quedar en lo que en otro tiempo se haya hecho, porque hoy nos ha dicho Jesús que se ha cumplido el plazo.

¿Qué respuesta le vamos a dar?

martes, 15 de noviembre de 2022

Cuidado sigamos encerrados tras nuestros recelos y desconfianzas, poniendo trabas y barreras, desconociendo esa nueva presencia de Dios y Jesús pase de largo

 


Cuidado sigamos encerrados tras nuestros recelos y desconfianzas, poniendo trabas y barreras, desconociendo esa nueva presencia de Dios y Jesús pase de largo

Apocalipsis 3, 1-6. 14-22; Sal 14; Lucas 19, 1-10

¿Cuál hubiera sido nuestra reacción? Alguien que llega y por la cara nos dice sin que nosotros lo hayamos invitado ni tengamos mayor confianza o amistad que quiere quedarse en nuestra casa. Seguro que nos lo hubiéramos pensado. Quizás nos veamos comprometidos y busquemos alguna solución, o si no nos queda más remedio más que corriendo busquemos un lugar, una habitación, una cama para quien que se ha auto invitado, pero nos quedarán los recelos dentro de nosotros.

Sin embargo en lo que nos cuenta el evangelio no fue así. Zaqueo no conocía a Jesús pero quería conocerlo, al menos, verlo pasar cerca. Entre su tamaño por una parte y los recelos de la gente hacia los recaudadores de impuestos, de modo normal poniéndose en la calle al paso de Jesús parecía imposible; pero el no cejaba en su empeño y no tuvo reparo en subirse a la higuera por donde había de pasar Jesús; además oculto entre los ramajes podría pasar desapercibido y evitar un desprecio más de la gente.

Pero fue Jesús quien se detuvo al pie de la higuera, y ahora no buscaba higos porque tuviera hambre como en otra ocasión, sino que tenía hambre de un corazón, quería hospedarse en la casa de Zaqueo. Por eso, se auto invita, le dice a Zaqueo que quiere quedarse en su casa, aunque esto pudiera ser señal de algo más que estaría buscando Jesús. Y Zaqueo no tuvo reparo en abrir con alegría las puertas de la casa para recibir a Jesús y ofrecerle todos los mejores signos de la hospitalidad con un banquete.

Los recelos no fueron de Zaqueo porque Jesús quisiera ir a su casa, los recelos estaban en aquellos que como siempre están observando a la distancia a ver lo que sucede, porque Jesús ha ido a hospedarse a la casa de un pecador. Los habían tenido también cuando Leví había invitado a Jesús a su casa, después que Jesús le invitara a seguirle. Pero el médico busca a los enfermos y ofrece los medios para que encuentren la salud. Es lo que Jesús está haciendo ahora hospedándose en la casa de Zaqueo.

La salvación llegaba a aquella casa. No se habían cerrado las puertas sino que se habían abierto los corazones. Se habían abierto los corazones para vaciarse porque era la manera en que Jesús ocupara su lugar en aquel corazón. ‘Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más’.

‘Hoy ha sido la salvación para esta casa’, proclamará Jesús. Ahora sí que Zaqueo estaba cerca del camino del Reino de Dios, había vaciado su corazón para llenarlo de lo que verdad merece la pena; había vaciado su corazón porque de todo se desprendía para que Dios habitara en él. Ya había habido buena disposición aunque él se sentía un pecador. El rechazo de la gente no dejándole sitio, no dejándole pasar, criticando ahora a Jesús incluso porque haya venido a hospedarse en su casa, estaban manifestando lo que sentía en su corazón.

Pero había buena disposición; pudo haberse quedado en su casa, pues en fin de cuentas aquella comitiva era una más de las que se dirigían a Jerusalén para la pascua, sin embargo se echó a la calle en búsqueda de conocer a Jesús. ¿Estaría sintiendo una llamada en su corazón?

Cuántas veces sentimos el impulso de hacer algo distinto, algo no habitual en lo que acostumbramos a realizar, y nos quedamos en la duda, vamos o no vamos, hacemos o no hacemos. Y alguna vez podríamos estar cerrando puertas. Zaqueo las abrió y se echó a la calle no teniendo reparo en subirse finalmente a una higuera para ver el paso de Jesús. Tampoco tuvo reparo en llevar a su casa a Jesús, cuando Jesús se auto invita. Como solemos decir, la breva se cayó de madura, allí estaba su decisión final, optaba de verdad por el Reino de Dios.

¿Abriremos nosotros las puertas para quien viene a nosotros y en quien tenemos que saber descubrir a Jesús? ¿Nos dejaremos acaso arrastrar por el qué dirán los que están en nuestro entorno? Cuidado sigamos encerrados tras nuestros recelos y desconfianzas, sigamos poniendo trabas y barreras, sigamos desconociendo esa nueva presencia de Dios que quiere llegar a nuestra casa y Jesús pase de largo por nuestra vida.

domingo, 30 de octubre de 2022

Ojalá seamos capaces, como Zaqueo, de bajar deprisa y contentos de recibirle en nuestra casa y al final podamos escuchar también ‘hoy ha sido la salvación para esta casa’

 


Ojalá seamos capaces, como Zaqueo, de bajar deprisa y contentos de recibirle en nuestra casa y al final podamos escuchar también ‘hoy ha sido la salvación para esta casa’

Sabiduría 11, 22 – 12, 2; Sal 144; 2Tesalonicenses 1, 11 – 2, 2; Lucas 19, 1-10

‘Ha ido a hospedarse en casa de un hombre pecador’, es el comentario de todos. Habían acudido muchos a ver a Jesús, a escuchar a Jesús a su paso por Jericó camino de Jerusalén. Otros acontecimientos nos ha narrado el evangelista al paso de Jesús por aquella ciudad, todos recordamos al pobre ciego del camino, ante el que Jesús también se había detenido y lo había mandado llamar. Claro que el ciego con sus gritos se hacía oír. Pero ahora Jesús se detiene ante quien no grita – al menos sus gritos no se escuchan aunque desde el corazón esté gritando – pero que también está allí en búsqueda de conocer a Jesús aunque quiere pasar desapercibido. Y será ahora Jesús quien tome la iniciativa. ‘Baja enseguida que quiero hospedarme en tu casa’.

Las iniciativas de Dios que no siempre terminamos de comprender. Ahora la gente está murmurando. Claro que Dios es quien conoce nuestro corazón y nosotros parece que no terminamos de conocer el corazón de Dios. Por eso se nos hacen incomprensibles muchas cosas que nos suceden en la vida. Cuando no somos capaces de abrirnos al corazón de los demás, también se nos hace difícil abrir nuestro corazón a Dios. Qué difícil se nos hace entrar en sintonía. Juzgamos con nuestros criterios y algunas veces nos volvemos mezquinos. Todo lo queremos pasar por nuestro crisol y algunas veces está sucio, maleado. Y ponemos pegas, y nos hace nuestros juicios, y somos fáciles a condenar.

Aquel hombre, es cierto, era un publicano, un recaudador de impuestos con todos los prejuicios que ello conllevaba, un pecador. Los que se habían fijado en él cuando había querido abrirse paso para ponerse en lugar apropiado para ver pasar a Jesús, solo veían en él, eso un publicano y un pecador. Entre ellos parecía que no podía haber lugar para aquel pequeñajo. Cuántas veces nos apartamos, cuántas veces no dejamos lugar, cuántas veces no queremos mezclarnos ni que nos vean con ‘esas’ personas, cuántas veces vamos poniendo barreras, no queremos permitir su presencia. Nuestros prejuicios que se hacen condenas.

Pero aquel hombre, sin que manifestara nada, quería ver pasar a Jesús. Y es ante aquel hombre, escondido entre los ramajes de la higuera ante quien se detiene Jesús. Algunos incluso de extrañarían de que Jesús se detuviera en aquel lugar, porque por no ver no se habían fijado en que allí estaba Zaqueo. No nos fijamos y quizás nos estamos perdiendo algo importante. No nos fijamos y tan entretenidos estamos en nuestros pensamientos o nuestros intereses y no nos damos cuenta que quizá Jesús se ha detenido a nuestra puerta, se ha detenido a nuestro lado. Jesús quiere también hospedarse en nuestra casa.

Aunque estamos haciéndonos consideraciones sobre lo que nos cuenta el evangelio de lo sucedido aquel día en Jericó con tanta riqueza de detalles que podemos contemplar en este pasaje, hoy lo escuchamos no como algo sucedido entonces, sino como algo que sucede en el hoy de nuestra vida.

Hoy Jesús pasa por nuestro Jericó, el Jericó de nuestra vida también tan convulsa y agitada, con la diversidad de personas con las que nos vamos cruzando o con las higueras tras cuyos ramajes también a veces nos vamos ocultando, con nuestros prejuicios de todo tipo o nuestras miradas interesadas, con nuestros entretenimientos que nos distraen o también con las locas carreras de nuestras tareas y trabajos. Y hoy Jesús quiere detenerse junto a nosotros, al pie de nuestra higuera aunque tan entretenidos estamos que nos parece que no va con nosotros. Y también nos está invitando a bajar. ‘Hoy Jesús ha venido a hospedarse en casa de un hombre pecador’, en mi casa.

El evangelio no es un ayer, el evangelio es un hoy que llega a nuestra vida. Es un dejarnos mirar cara a cara por Jesús, no teniendo miedo a ponernos con la cruda realidad de nuestra vida ante El. No es fácil. También podemos tener nuestros miedos en el corazón. También nos costará dar ese paso adelante para bajarnos de nuestra higuera, pero sobre todo para abrir de par en par y con alegría generosa la casa de nuestro corazón a Dios. Siguen habiendo muchos apegos que hagan chirriar los goznes de nuestra puerta para poderla abrir de par en par o haya muchas cosas que queremos seguir ocultando.

Ojalá seamos capaces, como Zaqueo, de bajar deprisa y contentos de recibirle en nuestra casa. Ojalá al final podamos escuchar también ‘hoy ha sido la salvación para esta casa’.

lunes, 14 de febrero de 2022

Qué necesitará nuestro mundo, nuestra Europa llamada tantas veces cristiana, para que en verdad hoy pueda escuchar el evangelio de Jesús como buena noticia

 


Qué necesitará nuestro mundo, nuestra Europa llamada tantas veces cristiana, para que en verdad hoy pueda escuchar el evangelio de Jesús como buena noticia

Hechos de los apóstoles 13, 46-49; Sal 116; Lucas 10, 1-9

‘Poneos en camino…’ Había designado Jesús a setenta y dos de entre todos sus discípulos y los había enviado a hacer anuncio del evangelio ‘de dos en dos, a todos los pueblos y lugares dónde pensaba ir El’.


Escuchamos de nuevo este pasaje del evangelio del envío de sus discípulos cuando hoy en la liturgia de la Iglesia celebramos a san Cirilo y san Metodio, patronos de Europa y que fueron grandes evangelizadores en extensas regiones europeas. Procedían ellos de la Iglesia Oriental pues su origen estaba en Tesalónica y predicaron en extensas regiones de los Balcanes, dejando impregnada la cultura europea que se iba formando en aquellos tiempos históricos del espíritu y sentido del cristianismo.

Este envío de Jesús siempre tiene que ser algo que nos dé mucho que pensar. En este pasaje del evangelio no envía Jesús a sus discípulos, como lo hará al final, para que recorran el mundo entero; ahora los envía a aquellos lugares cercanos, donde de alguna manera va a estar ceñida la predicación de Jesús. Y es algo muy concreto que hemos de tener muy presente nosotros hoy. Porque es ahí, en ese lugar cercano nuestro, donde es necesario un nuevo anuncio del Evangelio, con claridad, con precisión, con valentía.

Y no va a ser tarea fácil, porque nos vamos a encontrar a unas personas que quizá incluso se llaman cristianas, pero que ya no están tan impregnadas del espíritu del Evangelio. Son los que vienen de vuelta, como se suele decir; un día el ser cristiano pudo haber significado algo para ellos, pero ya hoy se hacen oídos sordos a ese anuncio del evangelio; es más, creen sabérselo todo y por eso quizá han endurecido su corazón para que no traspase esa coraza que se han creado en sí mismos la semilla del evangelio. Para ellos ya no es buena noticia lo que se les anuncie.

Nos dice Jesús hoy que nos envía como corderos en medio de lobos, pero no porque sea difícil Jesús nos dispensa de nuestra tarea. ‘Poneos en camino’, nos dice. Sí, nos hace unas precisiones que creo son importantes. Hay que ponerse en camino y nos dice ‘no llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino’. No son necesarias muchas cosas para el anuncio del evangelio, no tenemos que estar entreteniéndonos en cosas innecesarias; por eso habla del saludo que hay que evitar, pues los orientales en sus saludos son muy extensos porque preguntan y repreguntan una y otra vez por la familia y todos y cada uno de sus miembros.  ¿No nos pasa a nosotros cuando nos paramos por el camino a hablar con el vecino se nos pasan las horas hablando y hablando sin llegar a nada positivo sino muchas veces a una pérdida de tiempo?

Han de llevar el mensaje de la paz expresando también en la humildad con que se presentan, la disponibilidad de sus vidas, el espíritu de servicio para liberar de todo mal a quien se encuentre atenazado por el sufrimiento. Les ha dado poder para curar de espíritus inmundos y de toda clase de enfermedad. Son las señales del amor las que se han de dar siendo verdaderos instrumentos de paz. Es el anuncio que han de hacer.

¿Cuál es nuestro anuncio hoy? Cuidado nos entretengamos en cosas que son menos importantes, pero no seamos verdaderamente esos instrumentos de paz. Cuidado nos estemos preocupando de muchas técnicas y de muchos medios y no seamos verdaderamente los signos del amor viviendo con intensidad el espíritu de servicio.

¿Qué necesitará en verdad nuestro mundo, nuestra Europa que llamamos tantas veces cristiana para que en verdad hoy se pueda escuchar el evangelio de Jesús verdaderamente como buena noticia? ¿Habría que revisar algo en nuestra manera de hacer el anuncio del evangelio? ¿Estaremos perdiendo el tiempo en cosas que no son las fundamentales? No es acomodarnos a lo que quisieran escuchar, sino que tiene que ser ese anuncio auténtico que pueda despertar la atención de nuestra Europa dormida al Evangelio.

domingo, 23 de enero de 2022

Jesús nos llena de su Espíritu para que seamos nosotros los que hagamos con los signos nuestra vida ese anuncio y construyamos el año de gracia en el hoy de nuestro mundo

 


Jesús nos llena de su Espíritu para que seamos nosotros los que hagamos con los signos nuestra vida ese anuncio y construyamos el año de gracia en el hoy de nuestro mundo

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10; Sal 18; 1Corintios 12, 12-30; Lucas 1, 1-4; 4, 14- 21

Los que tienen la tarea o la misión de hablar en público saben que muy importantes son las primeras palabras que pronuncie, los gestos que pueda realizar porque todo son los signos o señales por las que va a captar la atención de quienes le escuchan. Es también la seguridad con que ofrecemos nuestra disertación porque eso de alguna manera va dando autoridad a nuestras palabras y se prestará atención al mensaje que queremos ofrecer, pero será también la autenticidad de nuestra vida la que certifique nuestras palabras. No es tarea fácil.

Aquella mañana en la Sinagoga de Nazaret al menos se estaba despertando curiosidad porque quien hacía la proclamación del profeta era un hijo de aquel pueblo y por allá andaban sus parientes y sus amigos; ‘y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan’; venía pues precedido de cierta fama porque ya en sinagogas de otros pueblos también había ofrecido su enseñanza y se decía que acompañaba de signos el mensaje que trasmitía del nuevo Reino de Dios que anunciaba. ‘Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él’.

Una profecía mesiánica es lo que se había proclamado con el texto de Isaías escogido; era el anuncio de una esperanza que hasta entonces no había tenido cumplimiento y una vez sus espíritus suspirarían porque pronto se cumplieran esas promesas. Era deseo de todos la llegada del Mesías tantas veces anunciado, y que ahora aquel profeta que había aparecido por las orillas del Jordán allá junto al desierto anunciaba como ya inminente. ‘En medio de vosotros está y no le conocéis’, les había repetido mientras había invitado a la gente a bautizarse para preparar los caminos del Señor tan inminentes. Pero era algo que volvían a escuchar una vez más.

Por eso ahora todos estaban atentos a sus palabras. Y las palabras de Jesús son breves. ‘Y él comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’. Todo lo anunciado por el profeta allí se estaba cumpliendo. Era una buena noticia, la noticia más esperada, pero por eso mismo no terminaban de creérsela. Era la buena noticia de la llegada del tiempo nuevo, el tiempo de la amnistía y del perdón, era el año de gracia del Señor.

Una buena noticia para todos aquellos que se sintieran esclavos y oprimidos; una buena noticia para los ciegos que recobraban la vista, o los sordomudos que podían oír y hablar; una buena noticia porque el tiempo de la liberación comenzaba, ellos que se sentían oprimidos y abandonados hasta de Dios, ahora estaban bajo la opresión de los romanos que los dominaban. El tiempo de la gracia comenzaba. Allí estaba el que venía lleno del Espíritu del Señor para anunciar esa buena nueva a los pobres y cuántos se sentían oprimidos. Era el ungido y el enviado del Señor.

Pero como tantas veces sucede las noticias más grandiosas manifestadas y expresadas así de manera sencilla parecen difíciles de creer, la asamblea de Nazaret se llenaba de asombro ante las palabras de Jesús y no terminaban de creérselo. Querían otros signos, querían otras señales, no terminaban de comprender que las señales estaban delante de sus ojos; cuántas veces nos cegamos ante lo más evidente.

Pero esta palabra que hoy estamos escuchando no fue solo palabra nueva, buena nueva para las gentes de Nazaret de aquellos tiempos, sino que sigue siendo buena nueva hoy, sigue siendo evangelio hoy. Así tenemos que escucharla. También hoy, ahora mismo, se nos dice: ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’. Es el hoy de la Palabra de Dios que tanto nos cuesta escuchar y aceptar. Nos es más fácil darles explicaciones de que fue entonces, de que fue para aquellas gentes y aquel lugar, que aceptar que es Palabra de Dios que se nos proclama en el hoy de nuestra vida.

Oprimidos y esclavos, ciegos o paralizados en las circunstancias que vivimos en el hoy y ahora de nuestra vida a nosotros se nos hace también el mismo anuncio. Así andamos, con preocupaciones y problemas, con situaciones de la vida que parece que cada día se complican más, con un mundo revuelto sobre el que siguen resonando muchos tambores de guerra y de violencia, con tanta gente a quienes vemos esclavizados en una variedad tan grande de apegos, de vicios, de maldad, de vanidad y de apariencias, de orgullos y resentimientos que conducen tantas veces a la violencia.

Ahí, en medio de todas esas cosas que también envuelven nuestro corazón, porque no son solo cosas que puedan sufrir otros sino que las llevamos clavadas en nosotros mismos, escuchamos hoy este anuncio del evangelio. Puede comenzar un tiempo nuevo, puede comenzar una nueva era para la humanidad, muchas cosas quizá tendrán que transformarse como los ciegos que comienzan a ver o los inválidos que comienzan a caminar, puede ser un año de gracia del Señor ese mundo nuevo que tenemos que empeñarnos en construir no dejándonos arrastrar por derrotismos, por insolidaridades que nos encierren en nosotros mismos.

Es Jesús que nos llena de su Espíritu para que seamos nosotros los que hagamos con nuestra vida ese anuncio nuevo, para que seamos nosotros los que construyamos ese año de gracia, para que seamos nosotros los que hagamos una nueva humanidad. Los signos y señales tienen que aparecer en nuestra vida; los cristianos no nos podemos ocultar; tenemos que mostrar esos signos nuevos del Reino de Dios.

domingo, 5 de diciembre de 2021

El creyente cristiano con el testimonio de su vida y de sus obras ha de ser profecía de salvación para nuestro mundo de hoy que ha perdido la esperanza

 


El creyente cristiano con el testimonio de su vida y de sus obras ha de ser profecía de salvación para nuestro mundo de hoy que ha perdido la esperanza

Baruc 5, 1-9; Sal 125; Filipenses 1, 4-6. 8-11; Lucas 3, 1-6

Se nos da un marco histórico muy concreto con datos además totalmente fiables. Es el momento histórico que está viviendo el pueblo judío sometidos al imperio romano, señalándosenos en concreto el nombre del gobernador romano, pero las circunstancias concretas de la administración de toda la región de Palestina y el poder religioso que aun permanecía en Jerusalén.

Tiene su significado. No es una cosa baladí en la que se ha entretenido el evangelista con su erudición histórica, sino que está situándonos el momento concreto en que nos llega la salvación. Fue aquel momento, como nosotros hemos de situarnos en nuestro momento concreto, con las circunstancias concretas, con los hechos de nuestra historia que en el momento presente vivimos cuando nosotros hemos de escuchar esa Palabra de Dios hoy. Si Jesús más tarde en la sinagoga de Nazaret utiliza la Palabra ‘hoy’ para hablarnos del cumplimiento de aquella profecía que acaba de proclamar, es en este hoy del presente donde hemos de ver cumplida también esa Palabra de Dios en nuestra vida.

Momentos de incertidumbre y de interrogantes como siempre hay en nuestro corazón, momentos que nos alertan y nos despiertan ante la Palabra de Dios que llega a nuestra vida, pero siempre para el creyente momentos de esperanza y de una alegría que en cierto modo vamos pregustando en aquel anuncio que se nos hace. 

Es lo que nos anuncia el profeta en la primera lectura: ‘Jerusalén, despójate de tu vestido de luto y aflicción que llevas, y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te concede. Envuélvete en el manto de la justicia de Dios, y ponte en la cabeza la diadema de la gloria del Eterno, porque Dios mostrará tu esplendor a cuantos habitan bajo el cielo…’ Son las vestiduras que solo podrá vestir el que tiene mucha esperanza en su corazón. Es lo que tenemos que despertar en nosotros. Quiere despertar en nosotros la Palabra que se nos anuncia, para que podamos vestir ‘las galas perpetuas de la gloria que Dios nos concede’.

Y es que nosotros estamos viviendo este tiempo de Adviento en este hoy concreto de nuestra vida son sus desolaciones, con sus angustias y sufrimientos, con nuestras preocupaciones del día a día, con las catástrofes naturales que nos asolan y llenan de angustia a tantas personas, con unas pandemias que no terminamos de vencer, con una crisis en la sociedad que no solo es lo económico que no sabemos cómo levantar sino también sobre todo de valores morales, con un mundo que va cayendo en la pendiente de la indiferencia en lo religioso, con multitud de problemas en nuestra Iglesia que nos llenan de estupor y pueden hacer caer en un sin sentido a tantos.

Ahí se levanta delante de nosotros la profecía que nos anuncia una palabra de esperanza, pero que nos pide una renovación profunda en nuestra vida. Surgió allá en el desierto de Judea junto al Jordán la voz de Juan al que pronto llamarían el Bautista. Anunciaba un bautismo de conversión porque los caminos de Dios había que enderezarlos. Recordaba lo que había anunciado el profeta Isaías: ‘Voz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; los valles serán rellenados, los montes y colinas serán rebajados; lo torcido será enderezado, lo escabroso será camino llano. Y toda carne verá la salvación de Dios’.

¿Qué nos estará anunciando esa voz profética? ¿Qué nos estará pidiendo? ¿Cuál será ese camino de conversión que hemos de recorrer? No perdamos de vista las palabras finales del profeta. ‘Y toda carne verá la salvación de Dios’.

Para aquellas angustias e interrogantes, para esos caminos que vamos haciendo en los que hemos perdido el sentido, para ese mundo que hemos ido destrozando en la medida en que hemos permitido que se vaya alejando más y más de Dios, hay salvación, porque será posible la transformación, porque será posible comenzar algo nuevo, porque podremos liberarnos de tantas cosas que nos han ido enredando en una maraña incomprensible de pensamientos y de cosas, porque podemos purificarnos de todo eso que nos ha envuelto y llenado nuestra vida de maldad y de pecado, porque podremos comenzar a ver de nuevo la luz y las tinieblas no nos vencerán, porque podemos hacer un hombre nuevo, una iglesia nueva, un mundo nuevo y mejor.

El verdadero creyente en Jesús no pierde nunca la esperanza; tenemos que mostrarnos maduros en nuestra fe, sintiéndonos fortalecidos por el Espíritu del Señor que está con nosotros; no nos podemos dejar apabullar por tantas voces de aquí y de allá que nos quieren atraer unos con sus cantos de sirena y otros viéndolo todo tan catastrófico que solo ven la ruina como destino final. Es también el anuncio que tenemos que hacer a nuestro mundo. Con el testimonio de nuestras obras convirtámonos en profetas de salvación para nuestro mundo.

‘Y esta es mi oración, nos decía san Pablo, que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores. Así llegaréis al Día de Cristo limpios e irreprochables, cargados de frutos de justicia, por medio de Cristo Jesús, para gloria y alabanza de Dios’. Hagámosla nuestra dejándonos así transformar por el amor de Dios y con nuestro testimonio poniendo esperanza en nuestro mundo.

lunes, 30 de agosto de 2021

Tenemos que estar dispuestos a ponernos en camino para arrancarnos de lo que nos oprime y nos angustia aceptando la buena nueva de liberación que Jesús nos ofrece

 


Tenemos que estar dispuestos a ponernos en camino para arrancarnos de lo que nos oprime y nos angustia aceptando la buena nueva de liberación que Jesús nos ofrece

1Tesalonicenses 4, 13-18; Sal 95; Lucas 4, 16-30

Todos sabemos que el ritmo de las lecturas de la Palabra de Dios en medio de la semana en el tiempo Ordinario es distinto al ritmo del Evangelio que escuchamos los domingos. En los domingos son tres ciclos dedicados enteramente a los evangelios sinópticos; este ciclo estamos escuchando en el evangelio de los domingos a san Marcos, salvos los últimos cinco domingos que se leyó el capítulo 6 del evangelio de Juan; ya ayer retomamos de nuevo a san Marcos. Sin embargo en medio de semana hasta ahora hemos venido escuchando a san Mateo y hoy tomamos el evangelio de Lucas a partir del capítulo 4 con el episodio de la sinagoga de Nazaret, que hoy se nos ha proclamado, comenzando así el camino del evangelio, repito, de Lucas que tiene unas características muy especiales.

Hoy nos dice el evangelista que Jesús fue a su pueblo de Nazaret donde se había criado y el sábado según su costumbre fue a la sinagoga para la proclamación y escucha de la Ley y de los Profetas. Según su costumbre, nos dice, lo que había hecho en todos sus años de juventud hasta que había partido para el anuncio de la Buena Nueva del Reino por todos los rincones. Ahora va, y es Jesús el que hace la lectura, en este caso del profeta Isaías. Cuando termina de proclamarla y todos esperaban su comentario todo lo que viene a decir es que aquella Escritura se estaba cumpliendo ahora y allí. ‘Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír’.

Ya escuchamos, la gente se sorprende, en principio se siente orgullosa que sea uno de su pueblo el que ahora proféticamente este anunciando el Reino de Dios por todos los rincones, pero como sucede siempre en pueblo pequeño comienzan las desconfianzas porque a El siempre lo han conocido desde pequeño y por allí andan sus parientes y no es sino el hijo del carpintero, ¿de dónde saca todo esto?

Jesús ha proclamado un texto de Isaías que anuncia un tiempo nuevo de liberación y de salvación; vendrá la libertad para los oprimidos, los que se ven con muchas limitaciones en su vida sentirán que todo cambia y es como que los ciegos recobran la vista, los leprosos son curados con todo lo que eso significaba y los inválidos podrán caminar. Es el año de gracia del Señor, es el año de la gran liberación, es el jubileo universal donde todo ha de cambiar. Y eso comienza aquí y ahora, les dice. Hoy se cumple, en El se cumple porque El es quien está lleno del Espíritu del Señor enviado a anunciar esa buena nueva a los pobres y oprimidos.

Son palabras que despiertan la esperanza porque es un mundo nuevo el que va a comenzar; son palabras comprometedoras porque quienes van a creen en esas palabras han de emprender un camino nuevo, porque es una vida nueva la que se les ofrece. Pero muchas veces nos sucede que aunque andemos muy oprimidos y esclavizados parece que nos cuesta salir de esa situación, cuando significa que nosotros tenemos que ponernos en camino. Cuántas veces los israelitas peregrinos por el desierto, porque el camino de liberación que estaban recorriendo les resultaba costoso y duro, anhelaban volver a los puerros y a las cebollas de Egipto, aunque eso significase seguir viviendo bajo la opresión y la esclavitud.

¿La gente de Nazaret pensaba que todo se les iba a dar con demasiada facilidad? Como les dice Jesús, estáis pensando por qué no hago aquí los milagros que habéis escuchado que he hecho en Cafarnaún y en otros sitios. Pero dirá el evangelista que allí no hizo milagros por su falta de fe. Escuchaban las palabras de Jesús pero no terminaban de creer, escuchaban las palabras de Jesús pero les costaba ponerse en ese camino de liberación; muchas cosas oprimían sus corazones, muchas angustias inundaban sus vidas, muchas decepciones les hacían perder la esperanza, pero había que querer salir de esa opresión o de esa angustia; era necesario querer ponerse en camino. Y ese paso no lo daban, por eso lo rechazaron y hasta quisieron tirarlo por un barranco.

Esto nos tiene que hacer pensar para nuestra vida. ¿Cómo acogemos nosotros ese mensaje de liberación que se nos ofrece? ¿Estaremos dispuestos a ponernos en camino para ir arrancando de nosotros todo eso que nos oprime y nos angustia, todo eso que crea dependencias en nosotros y nos llena de limitaciones? ¿Preferiremos los puerros y las cebollas de Egipto aunque eso signifique seguir en ese estado de esclavitud? Cuántas veces decimos, es que esto se ha hecho siempre así, porque no queremos hacer el esfuerzo de cambiar para vivir algo nuevo y con eso estamos rechazando la buena nueva de liberación que Jesús nos ofrece.

martes, 17 de noviembre de 2020

Anda, date prisa, muévete, baja de ahí que vamos a comenzar un camino nuevo, con una nueva perspectiva, es camino de salvación

 


Anda, date prisa, muévete, baja de ahí que vamos a comenzar un camino nuevo, con una nueva perspectiva, es camino de salvación

Apocalipsis 3, 1-6. 14-22; Sal 14; Lucas 19, 1-10

‘Anda, date prisa, muévete…’ apremiamos al amigo o a aquel queremos que haga algo y que nos parece que no hace las cosas tan pronto como se lo pedimos o como tiene que hacerlas. ¿Serán las prisas de la vida? ¿O será ese momento oportuno que no podemos dejar pasar, que tenemos que saber aprovechar porque quizá no se nos vuelve a repetir la ocasión? ¿Será que siempre vamos a la carrera? Nos apremiamos los unos a los hombres en las responsabilidades que tenemos que desarrollar, o apremiamos a las prisas a aquel que parece que siempre tiene todo el tiempo del mundo y parece que nunca se va a morir, como se suele decir.

Aquel hombre había querido conocer a Jesús. Eran muchas las dificultades con que se tropezaba y ahora parecía que había alcanzado la atalaya apropiada para ver lo que deseaba pero de la que le piden que se baje con rapidez. Su baja estatura, hacía que si había gente más alta que él delante no pudiera ver el paso de Jesús, era mucha la gente que se había congregado en aquellas calles o caminos como queramos decirle de Jericó; pero había otra dificultad, que era su condición, su oficio era el de recaudador de impuestos e igual que a nadie le gusta ser amigo de los de Hacienda, en este caso era un colaboracionista con el poder extranjero. Todos lo despreciaban, era un publicano que era lo mismo que decir que era un pecador público con el que ‘nadie’ de buena condición querría juntársele. Eso obstaculizaba el poder ver el paso de Jesús. Quizás también era una forma de pasar desapercibido tras las hojas de la higuera.

Pero quizá necesitaba otras perspectivas, una visión distinta, el ver y mirar sin ser visto ni mirado, una cierta distancia para poder mejor observar, un lugar donde pudiera apreciar quizás gestos, miradas, posturas en las que otros no se fijarían en su entusiasmo que parecía cegar a las gentes de Jericó al paso del aquel profeta de Galilea. Allí desde la altura podía observar mejor y no pensaba que nadie se iba a fijar en él, pero mira cómo aquel a quien buscaba lo buscó a él entre las ramas del sicómoro y ahora lo estaba apremiando para que bajara pronto.

Baja enseguida, le estaba pidiendo Jesús. No te quedes ahí parado con la boca abierta, venga pronto, que quiero ir a hospedarme a tu casa. Baja enseguida que llega la hora y la podemos dejar pasar. Apremiaba Jesús a Zaqueo y Zaqueo sorprendido se bajó enseguida de la higuera para abrir las puertas de su casa a Jesús.

Y ya sabemos lo que Jesús diría al final. ‘Hoy llegó la salvación a esta casa’. Era el apremio de la vida, el apremio de la salvación que llega y no podemos dejar pasar. Aquel hombre buscaba a Jesús sin saber bien lo que buscaba, pero en aquel hombre había hambre de vida, de algo distinto, de salvación. Por eso se salió de su casa, se salió de sus ocupaciones, se puso en camino de búsqueda, quería ver a Jesús pero quería verlo de manera distinta. Una nueva perspectiva, decíamos cuando miraba a Jesús desde su atalaya, creyéndose que no era visto por nadie. Pero Jesús lo vio, Jesús lo llamó, Jesús quiso entrar en su casa aunque eso provocara los comentarios de la gente de siempre, porque había ido a hospedarse a la casa de un pecador. Pero era el apremio de la salvación que llegaba.

Pero en todo este pasaje tenemos que vernos a nosotros, en nuestros caminos de búsquedas, pero que a veces parece que vamos de remolón; a la menor dificultad nos echamos para detrás, no somos capaces de ver otra posibilidad, otra salida. Nos hacen falta esas perspectivas nuevas, no quedarnos con la mirada de siempre, con el comentario de siempre que ya nos lo sabemos y al final parece termina no diciéndonos nada. Pongámonos en otro camino, no temamos subirnos a la higuera, no porque vayamos a ocultarnos sino porque vamos a ver las cosas de forma distinta.

Y cuando sintamos la voz que nos dice baja enseguida, no nos quedemos embobados sino apurémonos a ir al encuentro de Jesús, a ir a donde Jesús quiera llevarnos, dejemos que Jesús se meta en nuestro interior – quiere hospedarse en nuestra casa y es algo más que un edificio -, dejemos que se siente a nuestra mesa y pongámonos ante El como somos, desnudos de prejuicios y prevenciones, llevando con nosotros también esos amigos que algunas veces parecen rémoras que nos pueden frenar, porque con Jesús sentado a nuestra mesa tendremos una mirada nueva sobre la vida, sobre lo que hacemos, sobre esos amigos con los que estamos sentados en la mesa de la vida, sobre nuestras trayectorias pasadas que quizás no nos gusta recordar, y es que con Jesús vamos a comenzar un camino nuevo que nos lleva siempre adelante.

Baja enseguida que llega la salvación, no la dejes pasar.