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domingo, 25 de enero de 2026

El evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas para este mundo en que vivimos

 


El evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas para este mundo en que vivimos

Isaías 8, 23b – 9, 3; Salmo 26; 1Corintios 1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-23

El evangelio hoy, igual que lo ha hecho también el texto del profeta Isaías, ha comenzado a hablarnos de tiempos de sombras, pero también de tiempos de luz como seguramente veremos reflejado en el hoy de nuestra vida. Precisamente el evangelista recuerda el anuncio profético como algo que se da en cumplimiento en el hoy de su vida con la presencia de Jesús predicando por toda Galilea que se convirtió en un rayo de luz de esperanza para quienes le escuchaban.

Recordar brevemente que fueron los tiempos del profeta momentos de crisis en la situación política, social y religiosa que vivían entonces. Se repite en los momentos de Jesús que en todos las situaciones se sentían como en crisis, por la opresión de los romanos, por la inoperancia de las autoridades judías pero también por la manipulación de muchos de sus dirigentes, por los cambios que se habían ido produciendo en aquella sociedad en la medida en que se abría al mundo contemporáneo. Mantenían una esperanza que no veían cumplida; un primer rayo de luz había sido a su manera la presencia del Bautista en el desierto a la orilla del Jordán anunciando la inminencia de tiempos nuevos, pero seguían en su oscuridad.

Como dice el evangelista después de la prisión de Juan se había vuelto Jesús a Galilea pero no se había quedado en Nazaret sino que se había establecido en Cafarnaún; allí había comenzado su anuncio de la llegada del Reino de los Cielos y se predicación se había extendido también por los pueblos de alrededor. Son los primeros anuncios y pronto al ver los signos que Jesús realizaba la gente se congregaba a su alrededor para escucharle y le traían sus enfermos para que los curase. Algo nuevo estaba comenzando. Una buena noticia que los llenaba de esperanza; era una luz que se encendía en sus vidas, por eso el evangelista recuerda las palabras del profeta porque ahora se están dando cumplimiento.

Y es el anuncio que hoy nosotros escuchamos; y lo escuchamos desde nuestra vida, que también tiene sus luces y sus sombras; que es la situación social y religiosa concreta que vivimos y que en consecuencia vive la iglesia, vivimos también los cristianos; y son las cosas que surgen cada día en todos los aspectos de la vida que muchas veces también nos llenan de confusión; y no podemos dejar de ver el sufrimiento que embarga a tantos en el mundo de hoy, o esos golpes que nos desequilibran, nos plantean preguntas e interrogantes, nos hace pensar qué estamos haciendo de nuestra sociedad, como puede ser el reciente suceso que a todos nos tiene conmocionados, pues no son cosas de unas familias o de las personas que pasaron o pasan por ese mal momento, sino que son cosas que nos afectan a todos.

Y ahí tenemos que escuchar nosotros la Palabra de Dios, en esa vida concreta tenemos que sembrar esa semilla de la Palabra de Dios que nos haga reflexionar, que nos haga buscar caminos, que siembre en nuestro espíritu esa serenidad que necesitamos para enfrentarnos a esas situaciones sin que tengamos que enfrentarnos los unos a los otros, que ponga en nosotros esa esperanza que necesitamos que nos haga trabajar seriamente por hacer un mundo nuevo.

El anuncio que nos hace Jesús es la llegada del Reino de Dios, que va a haber algo nuevo en nuestras vidas, que los valores por los que hemos ido guiando nuestra vida quizás necesiten una transformación y un cambio, que a Dios tenemos que verlo más presente en nuestras vidas y que muchas veces tenemos tan alejado de nosotros en esa atonía e indiferencia religiosa en la que va cayendo nuestra sociedad porque es el Reino de Dios el que se va a instaurar.

¿Cómo hacerlo? En el anuncio de la llegada del Reino de Dios lo primero que nos pedía era conversión, un cambio profundo del corazón, una transformación de nuestras vidas, un nuevo rumbo que tenemos que darle a lo que hacemos y a lo que vivimos, porque si seguimos con componendas nada se va a arreglar. Como nos dirá en otra oración lo nuevo tira de lo viejo y se hace un roto peor. ¿Estamos dispuestos nosotros a dejarnos cautivar por la Palabra de Dios que escuchamos para comenzar de verdad una vida nueva?

El evangelio termina hoy hablándonos de la llamada y vocación de los primeros discípulos. Pescadores que estaban con sus barcas y sus redes a los que se invita a una pesca distinta, a ser pescadores de hombres. Y lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Nos daría para hacernos muchas consideraciones, pero pensemos si acaso nosotros seremos capaces de dejarlo todo por seguir a Jesús. En ese mar de nuestro mundo, tan complejo como lo reflexionábamos, nosotros estamos llamados también a ser pescadores de hombres. ¿Llegaremos a ver ese tiempo de luz que nos anunciaba el profeta y el evangelio? ¿Así sentimos a Jesús nosotros?

 

lunes, 12 de enero de 2026

¿Estaríamos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas, lo que ha sido nuestra vida hasta ahora para embarcarnos para otra pesca diferente?

 


¿Estaríamos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas, lo que ha sido nuestra vida hasta ahora para embarcarnos para otra pesca diferente?

1Samuel 1, 1-8; Salmo 115; Marcos 1, 14-20

Si alguien llegara de pronto a tu lado y sin más ni más, sin más preámbulos queremos decir, te dijera ‘vente conmigo’, ¿cuál sería nuestra reacción? Hoy que andamos con tantas desconfianzas en la vida seguramente nos quedaríamos a distancia preguntándonos quizás qué es lo que quiere, qué es lo que insinúa esta persona con esta inesperada propuesta; quizás podríamos responder también preguntando para que quiere que vayamos con él o dando largas, como solemos hacer en tantas cosas, diciéndonos que tendríamos que pensárnoslo porque decisiones así no se toman de un momento a otro. Pero, ¿cambiar de la noche a la mañana para dejar atrás lo que somos y lo que tenemos?, no lo haríamos así a bote pronto.

Pero es lo que nos plantea el evangelio de Marcos prácticamente en sus casi primeros versículos con lo que hoy se nos relata. Simplemente nos dice que pasaba Jesús por la orilla del lago, allí donde están los pescadores después de su faena recogiéndolo todo, remendando y guardado sus redes y sus aperos de pesca, y les dice primero a Simón y  Andrés y luego a los hermanos Zebedeos, Santiago y Juan, que se vayan con El. Les hace promesas de otras pescas que ellos seguramente no entienden; anteriormente han escuchado que Jesús al anunciar la llegada del Reino de Dios invita a la conversión y a creer en ese anuncio que les está haciendo. Pero lo maravilloso es la respuesta de aquellos pescadores, lo dejaron todo, sus redes y sus barcas, dejaron plantado al padre de los Zebedeos con sus ayudantes, y se fueron con Jesús.

Creo que mirado así con cierta frialdad y como poniéndonos a distancia este episodio tiene que causar gran sorpresa, como la sorpresa tanto de los llamados como de las personas de su entorno ante la invitación de Jesús y la rápida respuesta de los que serían sus primeros discípulos.

Pues, sí, de verdad, dejémonos sorprender por el evangelio. Es algo nuevo y no parece lo usual, ni entonces ni ahora. Cuidado que nos hayamos acostumbrado, nos hayamos aprendido las cosas demasiado de memoria y no pongamos toda nuestra vida, toda nuestra atención en lo que hoy Jesús sigue diciéndonos con estos pasajes del evangelio. No olvidemos el significado de la palabra, evangelio, buena noticia. Noticia tiene que ser para nuestra vida, noticia que espera una reacción de nosotros, sea cual sea, porque nos dejemos sorprender.

Que nos pongan una condición tan exigente cuando se nos hace una invitación podría parecer fuera de lugar. Pero así de claro es Jesús y así con esa claridad y con esa sinceridad tenemos que escuchar su Palabra y su invitación. Porque las palabras de Jesús, lo que Jesús nos anuncia no nos puede dejar indiferentes, tenemos que sentirnos aludidos allá en lo más profundo de nosotros. Y creer lo que nos anuncia Jesús no es simplemente saberlo como nos enteramos de una noticia por el periódico pero que son cosas de nuestros lugares, que no tienen que ver nada con nosotros; las aceptamos, sí, pero nuestra vida sigue con las mismas rutinas, porque son cosas que no nos afectan.

Pero el evangelio, la buena noticia que nos da Jesús, sí nos afecta, está poniendo en juego el sentido de nuestra vida, va quizás a trastocar muchas cosas pero nos hará descubrir cosas nuevas y de suma importancia para nosotros, está en juego nuestra salvación, el valor de nuestra vida, el sentido de lo que hacemos, la manera de construir nuestro mundo, nuestras relaciones con los demás. Y mucho tiene que cambiar allá desde lo más hondo de nuestro corazón, desde lo más hondo y fundamental de nuestra vida. 

Por eso nos dice Jesús que para empezar su camino tenemos que hacer un cambio en nuestra vida, no unos arreglos, un cambio total de mentalidad, de pensamiento, de sentido de la vida. Y lo hacemos porque creemos en la Palabra de Jesús, porque queremos creer en esa buena noticia que nos anuncia, ese Evangelio que será de salvación para nosotros.

¿Estaremos dispuestos a dejar nuestras redes y nuestras barcas para embarcarnos para otra pesca diferente?


jueves, 4 de septiembre de 2025

Aunque dudemos, aunque tengamos miedo, aunque recordemos fracasos y respuestas negativas, tenemos que confiar, en el nombre del Señor podemos hacer maravillas

 


Aunque dudemos, aunque tengamos miedo, aunque recordemos fracasos y respuestas negativas, tenemos que confiar, en el nombre del Señor podemos hacer maravillas

Colosenses 1, 9-14; Salmo 97; Lucas 5, 1-11

En la vida habremos pasado por experiencias que nos han resultado en ocasiones negativas porque por más que lo hemos intentado las cosas no nos salen; quizás las habíamos preparado con mucha intención y con muy buenos deseos, quizás eran cosas que sabíamos hacer bien porque eran parte de nuestra vida habitual o era algo en lo que habíamos aprendido creciendo en medio de ellas, quizás vamos a decir técnicamente habíamos preparado muy bien sopesando bien de antemano todas las dificultades que podríamos encontrar, pero en la hora definitiva las cosas no nos salieron.

¿Nos sentimos fracasados? ¿No lo volveremos a intentar? ¿Estudiaremos quizás nuevas formas? Al menos quizás por un tiempo lo dejamos. Nos sucede en nuestros trabajos, en los negocios que emprendemos, en la tarea de lo que es nuestra vida por profesión o porque a ello nos hemos dedicado con intensidad. Parece que quizás en ese momento el mundo se nos viene abajo, quizás intentemos sacar fuerzas en otra ocasión. Es algo muy complejo.

Hoy nos habla el evangelio de cómo Jesús enseñaba allí en la orilla del lago y la gente se agolpaba a su alrededor, de manera que tuvo que subirse a una barca. Cuando terminó aquel momento de Jesús hablarle a la gente le pidió a Pedro que remara de nuevo mar adentro, se adentrara en el lago. Probablemente Pedro estaba cansado y aún le quedaba mucho que hacer en recoger las redes y todas las cosas de la barca porque además habían estado toda la noche bregando aunque con malos resultados, no habían cogido nada; los ánimos de Pedro no serían muchos.

Pero Jesús no solo le pedirá que vuelva a introducirse en el lago, ‘rema mar adentro’ le dice, sino que además le pide que eche de nuevo las redes para pescar. ¿Ahora? ¿De nuevo? ¿Después de toda una noche de brega? Si no hemos cogido nada, aquí no hay nada que hacer. Todo eso pasaría quizás por la mente de Simón. Pero las palabras de Jesús siempre le habían entusiasmado cuando lo escuchaba; ahora parecía que se sentía cautivo de aquella orden de Jesús. Y se atreve a lanzar la red, ‘en tu nombre, porque tú lo dices’, aunque yo sé que no hay nada que hacer. Y la redada había sido tan grande que tuvieron que llamar a compañeros de otras barcas. Todos estaban mudos de asombro. Simón se siente una piltrafa ante Jesús. ‘¡Apártate de mi que soy un hombre pecador!’, terminaría confesando.

Aunque los fracasos no nos abandonen en la vida tenemos que aprender a que hay que seguir remando mar adentro. No siempre es fácil, las sensaciones de fracaso algunas veces nos aturden y nos hacen perder hasta las ganas de seguir adelante, de seguir intentándolo, de seguir buscando nuevos mares. Pero Jesús nos está enseñando como siempre tenemos que intentarlo de nuevo e ir más allá. Hay otros mares profundos donde podemos echar de nuevo las redes.

No nos vale que nademos o naveguemos solo a flor de agua, y muchas veces en la vida nos estamos quedando en esa zona de lo superficial. No nos valen solo las experiencias de lo que hayamos hecho o de lo que hayamos experimentado aunque también son en ocasiones buenas escuelas para la vida. Hay que entrar en otra profundidad, hay que ver las cosas desde otra perspectiva, tiene que nacer de nuevo la confianza en nosotros y en lo que podemos hacer, tenemos que buscar otras honduras para la vida.

Rema mar adentro, nos está diciendo Jesús. Echad de nuevo las redes para pescar, nos está pidiendo. Aunque dudemos, aunque tengamos miedo, aunque recordemos fracasos y respuestas negativas, tenemos que confiar. Podemos hacerlo pero tenemos que saber dónde ponemos nuestra confianza, donde vamos a encontrar esa fortaleza y decisión a pesar de nuestras dudas y cansancios. Simón lo hizo confiando en Jesús. Porque tú lo dices, en tu nombre echaré la red, fue la respuesta. Tenemos que aprender a confiar, tenemos que abrirnos a algo nuevo, tenemos que dejarnos conducir por el Espíritu de Dios.

Es lo que nosotros que nos decimos creyentes en Jesús tenemos que aprender a hacer porque algunas veces lo olvidamos. Aunque nos parezca que el árbol está reseco, que de esa piedra reseca ya no puede brotar el agua, aunque nos sintamos desorientados quizás en un mundo que sentimos adverso y cerrado para recibir la semilla del evangelio, tenemos que lanzar nuestra red. Hay unos peces nuevos que podemos recoger con nuestra red y que no son los de siempre; tenemos que dejarnos sorprender como lo hizo aquel grupo de pescadores aquel día donde luego se le iban a ofrecer otros mares, ‘seréis pescadores de hombres’, les dice Jesús.

      Es lo que la Iglesia tiene que seguir realizando, siempre nos encontraremos nos podremos encontrar a alguien sediento que nos pida de esa agua que le ofrecemos como aquella mujer del pozo de Jacob; siempre nos encontraremos una muchedumbre hambrienta y también desorientada que están como ovejas sin pastor a quienes nosotros ‘en su nombre’ podemos alimentar. ¿Nos vamos a cruzar de brazos o dar un paso atrás por miedo a que no encontremos respuesta?

domingo, 9 de febrero de 2025

Vayamos mar adentro, nos dice Jesús, metiéndonos en las fragosidades de esos mares que a veces se hacen tenebrosos y aparecen tormentas para echar de nuevo las redes

 


Vayamos mar adentro, nos dice Jesús, metiéndonos en las fragosidades de esos mares que a veces se hacen tenebrosos y aparecen tormentas para echar de nuevo las redes

Isaías 6, 1-2a. 3-8; Salmo 137; 1Corintios 15, 1-11; Lucas 5, 1-11

¿Por qué si yo sé que de ahí no se saca nada tengo que volver a intentarlo de nuevo? Es el estado de desánimo en que nos vemos envueltos ante los fracasos de la vida; no se puede, ahí es imposible, de ahí no se puede sacar nada. Y en ocasiones nos cruzamos de brazos, nos vamos para otra parte, buscamos otras cosas. Todo se nos vuelve oscuro y lo damos por imposible.

Hoy Jesús nos quiere hacer pensar, porque actitudes así no son positivas para la vida, porque no podemos darnos por vencidos ante las dificultades que se nos presentan, porque la sensación de fracaso es mala compañera para hacer los caminos de la vida, porque no nos podemos acobardar, porque también los caminos de nuestra vida cristiana tienen sus altos y bajos y Jesús nos está enseñando que tenemos que remar hacia delante, mar adentro, aunque nos parezca tormentoso ese mar o nos parezca que no podemos sacar fruto y una y otra vez tenemos que seguir echando las redes.

Vayamos por partes en el evangelio. Junto a la orilla del lago la gente se reúne en torno a Jesús porque quieren escucharle. Ya no es la sinagoga, ahora es allí donde la gente está, donde hace su trabajo, junto a los pescadores que repasan sus redes después de una noche de trabajo, donde la gente ha venido quizás es búsqueda de ese pescado que necesitan para su comida, allí donde está la vida de la gente. Es importante el detalle.

Para que todos puedan mejor escucharle se sube a una de aquellas barcas que está meciéndose en la orilla; desde allí todos pueden verle y pueden escucharle. Y nos dice el evangelista que se puso a enseñarles. Ahora no es tan importante para nosotros lo que Jesús en aquel momento les dijera, son importantes los gestos y detalles.

Cuando terminó de hablar les pide a los pescadores que remen de nuevo mar adentro para echar de nuevo las redes. La barca es la de Simón Pedro; quizás con desconcierto, porque quizás lo que en ese momento necesitaban más era descansar hace caso sin embargo a Jesús; pero hay una queja, por así decirlo, ellos han estado toda la noche bregando intentando coger algo y no han conseguido nada; son esos días malos en que las cosas no salen, pero Jesús les está pidiendo que de nuevo echen las redes. Y Pedro dice que sí, que porque Jesús lo dice, en su nombre echará de nuevo la red. ¿Quizás podríamos pensar para hacerle ver a Jesús que no hay nada y que de pesca son ellos los que entienden? Podríamos pensarlo, pero parece que en el fondo Pedro no termina de pensar así, porque en su nombre, en nombre de aquel a quien ha visto curar a los enfermos y expulsar a los demonios, va a echar la red. Confianza tiene que haber en el corazón.

La redada de peces es tan grande que llamarán a los compañeros de las otras barcas para que les ayuden a recoger la red, pero Pedro más que sorprendido se siente sobrecogido porque un misterio grande está descubriendo. ‘Apártate de mi, que soy un hombre pecador’, le dice a Jesús. Pero para El Jesús tiene una misión, ‘serás pescador de hombres’.Y serán capaces de dejarlo todo para seguir a Jesús.

Jesús nos está diciendo que vayamos allí donde está la vida, donde están los sufrimientos, donde están las ansias más profundas de los corazones, allí donde caminamos y hacemos la vida de cada día; Jesús no se quedó ni en la sinagoga ni en el templo, fue allí donde los pescadores, donde están los hombres y mujeres del pueblo con sus trabajos y sus negocios, a la plaza pública, al mercado, por así decirlo; entre ellos se mezcla, sus mismos instrumentos de trabajo utiliza, de las cosas que les suceden cada día les habla, porque hablará del sembrador o de la mujer que limpia la casa, de los que hacen los negocios buscando sus ganancias y de los que muchas veces se sienten fracasos porque sus terrenos de llenan de cizañas, y se pondrá junto al paralítico con sus muletas o su camilla, o se detendrá junto al ciego del camino.

Vayamos mar adentro, nos dice Jesús. Metámonos en esas fragosidades de la vida, en esos mares que a veces se hacen tenebrosos y en los que pueden aparecer tormentas; no pretendamos que siempre sea el camino fácil y vamos a obtener la cosecha al cien por cien, pero tenemos que sembrar la semilla, esparcirla por el mundo que aunque algunos la pisoteen siempre habrá alguien que le deje sembrar en su vida. Es la tarea de los cristianos, es el camino en el que nos pone Jesús, es la pesca que tenemos que realizar porque nos quiere pescadores de hombres aunque no sea fácil, finalmente nos dirá que El siempre está con nosotros.

¿Seguiremos cruzados de brazos? ¿Seguiremos entretenidos en lo que nos parecen mares en calma tras el muro de nuestros templos? ¿Seguiremos entretenidos en remendar nuestras redes cuando hay tantos mares que surcar, tantos lugares a donde ir a esparcir la semilla? ¿Seguiremos con nuestros miedos y cobardías, con nuestros temores y nuestras rutinas de lo que siempre hacemos porque nos parece que no se puede hacer otra cosa, con nuestros entretenimientos piadosos sin llegar a un compromiso de verdad con ese mundo que está ahí a nuestro lado?

No sigamos por el camino trillado que nos lleva de nuestra casa a la iglesia para cumplir y volvemos de nuevo a nuestras cosas sin atrevernos a mirar la realidad que nos circunda, porque quizás a veces nos da miedo o produce intranquilidad. Algo nos está fallando a los cristianos, algo nos está fallando en nuestras comunidades y en nuestra iglesia.

domingo, 21 de enero de 2024

No podemos quedarnos enredados, sino que comencemos a liberarnos de tantas cosas que nos atan para escuchar el hoy de la llamada de Jesús y ponernos en camino

 


No podemos quedarnos enredados, sino que comencemos a liberarnos de tantas cosas que nos atan para escuchar el hoy de la llamada de Jesús y ponernos en camino

Jonás 3, 1-5. 10; Sal 24; Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

Ya quisiéramos hacer las cosas ya desde el mismo instante en que sentimos la inspiración de hacerlo. Algunas veces hay que esperar que llegue su momento. No cogemos la fruta del árbol tan pronto la vemos despuntar tras el proceso de la flor; tendremos que esperar a que esté en su punto para poder tomarla, para poder saborearla y disfrutarla, pero cuando llegue su momento no lo podemos dejar pasar, porque, como decimos, se nos pasa la fruta y se nos vuelve inservible. Es el trabajo que vamos a hacer, es la siembra que vamos a realizar, es el proyecto que podamos tener entre manos, es lo que queremos emprender… todo tendrá su momento.

Pero hoy nos dice Jesús en el evangelio que el momento ha llegado, se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Y hemos de emprender la tarea; y vendrá el momento de la conversión y de la escucha, como el momento de la proclamación de la Palabra y de la elección de aquellos primeros discípulos que se van a convertir en pescadores de hombres. Es lo que nos describe el evangelio en este domingo en que estamos retomando ya plenamente el tiempo ordinario y la lectura del evangelio de san Marcos que será el que nos guíe en este ciclo.

Fue el comienzo de la predicación de Jesús tal como nos lo presenta el inicio del evangelio de san Marcos, pero es también la llamada que hoy nosotros seguimos escuchamos. Y digo hoy, no ayer, ni mañana. Es en este hoy, en este tiempo, en que se cumple el plazo, como nos dice Jesús, donde tenemos que escuchar para nuestra vida, para nuestro mundo ese anuncio que es buena noticia, que eso significa evangelio. Una buena noticia para el hoy de nuestra vida y de nuestro mundo. Es importante que lo comprendamos.

¿Necesitamos en este mundo de hoy, en nuestra vida, ese anuncio de Buena Noticia que Jesús nos está haciendo? Miremos con sinceridad nuestra vida y tengamos de mirar con valentía la realidad de nuestro mundo. Las buenas noticias tienen que despertar alegría en aquellos que la reciben. ¿Será en verdad una alegría para nuestro mundo? Quizás vamos a escuchar a muchos que nos dicen que no la necesitan; tienen sus alegrías y tienen sus soluciones a la situación de nuestro mundo.

Pero seamos sinceros, quizás escuchamos mucha música y muchos cantos y muchos gritos, que dicen que son gritos y expresiones de alegría y de felicidad, pero quizás nos podemos dar cuenta de la insatisfacción que reina realmente en los corazones, en los que esa música y esos cánticos vienen a ser como panaceas, como sustitutos de lo que realmente falta por dentro.

Porque el sufrimiento sigue marcando el ritmo de muchas vidas, porque la paz no termina de reinar en nuestro mundo sino que cada vez se ve más rota y echa añicos en tantas lugares del mundo donde continuamente no dejan de aparecer nuevas guerras y nuevas violencias; hablamos de un mundo de mayor justicia y autenticidad, pero sigue existiendo la maldad y la mentira, seguimos envolviéndonos en gasas de fantasía y de vanidad.

Necesitamos una palabra que nos despierte, que nos haga centrar de verdad nuestra vida en valores permanentes que restablezcan la dignidad de la persona y que verdaderamente nos engrandezcan; necesitamos que de verdad todos emprendamos esa tarea de hacer un mundo nuevo, un mundo mejor, y de verdad nos sintamos comprometidos, alejando de nosotros miedos y cobardías.

Jesús nos dice hoy que llega el tiempo, que hemos de darle la vuelta a nuestro corazón para que encontremos lo que verdaderamente va a engrandecer nuestra vida y hará nuestro mundo mejor. Nos habla de la hora del Reino de Dios que llega, que tenemos que hacer presente, hacer realidad en nuestra vida y en nuestro mundo. No podemos seguir entretenidos en nuestras cosas en las que tanto nos afanamos. Jesús pasa, está pasando junto a nosotros, como aquel día en el lago de Tiberíades con aquellos pescadores, para invitarnos a seguirle, a ir con El, a hacer realidad ese Reino de Dios en nuestro mundo.

No podemos quedarnos enredados, sino que comencemos a liberarnos de tantas cosas que nos atan, nos cierran los oídos, quieren hacer opacos nuestros ojos, para escuchar esa llamada de Jesús y ponernos en camino. Como Simón y Andrés, como Santiago y Juan dejemos atrás nuestras redes y nuestras barcas particulares, pongámonos en camino tras Jesús. Y eso tiene que ser hoy y no mañana, ni nos podemos quedar en lo que en otro tiempo se haya hecho, porque hoy nos ha dicho Jesús que se ha cumplido el plazo.

¿Qué respuesta le vamos a dar?

lunes, 8 de enero de 2024

Jesús viene a nuestro encuentro y puede llegar de la manera más inesperada en una palabra, en un gesto, en una invitación, en un suceso acaecido en nuestro entorno

 


Jesús viene a nuestro encuentro y puede llegar de la manera más inesperada en una palabra, en un gesto, en una invitación, en un suceso acaecido en nuestro entorno

1Samuel 1, 1-8; Sal 115; Marcos 1, 14-20

Lo que nos puede parecer una rutina el realizar las tareas de cada día en nuestro trabajo, en lo que son las actividades de la vida ordinaria, ya sea en nuestras propias tareas domésticas, ya sea en nuestro trabajo profesional, ya sea en lo que realicemos en la vida social de encuentro con los demás no tiene que quedarse en algo mediocre y con poco valor, sino que puede ser sin embargo un momento importante de nuestra vida, puede ser un punto de estimulo y arranque quizás para nuevas actividades, un motivo de encuentro con alguien que con su presencia o su palabra quizás despierte en nosotros nuevos horizontes.

Es importante la intensidad y responsabilidad con que vivimos cada momento y el sentido que le damos a lo que hacemos para que tenga su valor. No son los mediocres, que se contentan rutinariamente con lo que siempre hacen, sino los que son capaces de tener sueños de algo más y mejor, los que un día pueden despertar emprendiendo nuevas tareas y nuevos caminos.

Seguramente tenemos la experiencia de encuentro vividos en momentos similares, experiencias que nos han enriquecido, momentos que nos han llenado de felicidad o han despertado en nosotros inquietudes de buscar algo nuevo y distinto, estímulos que nos han podido levantar de situaciones o momentos oscuros por los que hayamos estado pasando. Hemos sentido que momentos así nos han llenado de luz y puesto nuevas esperanzas e ilusiones en el corazón.

Allí estaban aquellos pescadores en la orilla del lago; unos echando de nuevo sus redes en búsqueda de nuevas capturas, otros antes del descanso repasando sus redes para dejarlo todo en orden para nuevas faenas. Jesús camina en medio de ese ajetreo de pescadores o de gentes que se acercan a la orilla del lago esperando conseguir lo que deseaban y para todos, podemos pensar, tenía una palabra, un gesto o una mirada que fuera señal de ese Reino nuevo que El anunciaba. ‘Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio’, era su anuncio. Había vuelto a Galilea y había comenzado a hacer el anuncio del Reino de Dios después que el Bautista ya había sido encarcelado por orden del Rey Herodes.

Y en su paso por la orilla del lago Jesús se detiene junto a los pescadores que están echando de nuevo las redes para pescar. ‘Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres’, era la invitación que les había hecho. Dejar aquellas redes porque El les ofrecía otras redes. Y aquellos hombres que ya habían escuchado el mensaje de Jesús que había ido despertando inquietudes y esperanzas en sus corazones, lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Lo mismo había sucedido más adelante cuando se detuvo con los hijos del Zebedeo que estaban con su padre remendando las redes. ‘También los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él’.

Así prácticamente comienza el relato del evangelio de san Marcos que nos habla de aquellos primeros momentos de la predicación de Jesús. Un anuncio, una invitación, y unas primeras respuestas generosas en disponibilidad. Sus corazones estaban hambrientos de esperanza y para ellos llegó la luz que les abría nuevos caminos. Era la disponibilidad que había en sus corazones que les hacía dar prontas respuestas.

Jesús quiere llegar también a nuestros corazones inquietos por muchas cosas porque todos tenemos insatisfacciones en la vida a las que no sabemos como responder; también tenemos nuestras tareas y nuestras preocupaciones, en ocasiones la vida se nos hace dura y se nos llena de sombras por lo que vemos que va sucediendo en nuestra sociedad, por lo que estamos contemplando alrededor, o por las situaciones que en nuestro interior podamos estar viviendo; nos parece que no salimos siempre de lo mismo y hay el peligro de que nuestra mirada se vuelva turbia atormentada por las cosas que suceden, nos parece que nos encontramos solos y nos cuesta en ocasiones encontrar caminos de salida.

Pero Jesús viene a nuestro encuentro; tenemos que saber distinguir su presencia para no entrar en confusiones, pero nos puede llegar de la manera más inesperada en una palabra, en un gesto, en una invitación, en un suceso acaecido en nuestro entorno, o hasta en esas mismas cosas que suceden y que en ocasiones turban nuestro espíritu. Pero en esa orilla del lago, en esa playa de la vida nos vamos a encontrar a ese caminante que viene a nosotros, a Jesús que nos sale a nuestro encuentro y para nosotros tendrá esa palabra, ese gesto, esa invitación.

Abramos nuestros ojos, entremos en esa sintonía aunque nos sea difícil, escuchemos esa voz de Jesús que nos habla y su palabra llega a lo hondo de nuestro corazón. ¿Seremos capaces de dar una respuesta generosa?

domingo, 22 de enero de 2023

Hay una buena noticia que tenemos que anunciar, un evangelio que tenemos que llevar a nuestro mundo, que ponga luz en medio de tantas tinieblas

 


Hay una buena noticia que tenemos que anunciar, un evangelio que tenemos que llevar a nuestro mundo, que ponga luz en medio de tantas tinieblas

Isaías 8, 23b-9, 3; Sal 26; 1Corintios 1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-23

¿A quien no le agrada recibir buenas noticias? Suelen correr como reguero de pólvora, a todos le alegran el alma, son consuelo y despiertan esperanza, llenan de alegría el corazón y a partir de las buenas noticias ya las cosas no pueden ser iguales.

Hoy nos dice el evangelio que Jesús iba repartiendo buenas noticias por los caminos y las aldeas y pueblos de Galilea. Se nos está hablando del comienzo de la predicación de Jesús, que era un preparar los corazones para recibir buenas noticias, luego había que estar en disposición de creer en esas buenas noticias y era ese anuncio que se hacía de esa Buena Noticia. Llegaba el Reino de Dios. Es la buena noticia que tienen que creer, es el evangelio que se anuncia. Y para ello se realizan signos de que eso es verdad.

‘Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo’. Es el texto que hoy se nos ofrece. Y ese recorrido de Jesús por aquellos lugares era como ir encendiendo una luz que despertaba y sacaba de las tinieblas. Por eso el evangelista recuerda a los profetas. Lo que hoy hemos escuchado nosotros también en Isaías, que nos lo transcribe también Mateo.

‘Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló’.

Ese fue el significado de aquellos primeros momentos. Esa era la alegría de aquel corazón y la esperanza que renacía en sus vidas. Recordaban los tiempos del profeta en que fueron pronunciadas estas palabras, en la situación concreta que entonces vivían, pero ahora con sentido mesiánico estaban leyéndolas en sus propias vidas. Como tenemos que hacerlo nosotros.

Miramos aquel momento del comienzo de la predicación de Jesús y miramos nuestro momento, que también tiene sus sombras, sus tinieblas que necesitan ser iluminadas. No es necesario sino mirar la situación de nuestro mundo, o mirar de cerca nuestro propio entorno, con la desazón en que vivimos, con las angustias que se generan en tantas personas, con el mundo de inseguridad en todos los sentidos en que estamos viviendo, porque no solo es la violencia que nos rodea también con la acritud con que nos tratamos o escuchamos todos los días a nuestros dirigentes en los medios de comunicación, sino es también una inseguridad ante el futuro, porque cuando vamos perdiendo los valores, perdemos cosas fundamentales para la construcción de nuestra sociedad.

También necesitamos buenas noticias, algo que nos levante, nos despierte, nos ponga en pie con nueva ilusión, que nos llene de esperanza. En todos los aspectos y situaciones de la vida, porque lo sufrimos en la familia que se desequilibra y que se rompe, lo sufrimos en las relaciones que mantenemos los unos con los otros, lo sufrimos en todo lo que es el tejido social de la sociedad. Nos dicen que son los comienzos de algo nuevo, que el mundo está cambiando, que el concepto de familia o de sociedad que viviremos en el futuro es distinto, pero ¿cuál es ese futuro? ¿Qué es lo que verdaderamente estamos construyendo?

Nosotros queremos mirar a Jesús y escucharle, sintonizar con su Palabra y descubrir la luz que quiere poner en nuestra vida. Y queremos sentir que Jesús tiene una Palabra de buena noticia para nosotros y para nuestro mundo de hoy. Tenemos también que disponer nuestro corazón, dispuestos a cambiar en lo más hondo de nosotros mismos para poder escucharle, para poder descubrir ese nuevo que quiere ofrecernos también hoy, también para el hombre y el mundo de hoy.

Como aquellas gentes de los pueblos y aldeas de Galilea, o como aquellos pescadores de Tiberíades nosotros estamos también con nuestras redes, en nuestra tarea de cada día y Jesús está pasando a nuestro lado e invitándonos a seguirle, a levantarnos y poner en camino. ‘Venid conmigo, venid en pos de mi…’ nos dice también a nosotros para que estemos con El, pero para que estemos dispuestos a ir a echar las redes, a pescar en los nuevos mares, en los nuevos mundos que nos quiere poner. Que haya en nosotros esa misma disponibilidad de Simón y de Andrés, de Santiago y Juan para escuchar a Jesús y para ir con El. ‘Venid conmigo, venid en pos de mi…’ nos dice.

Estamos los cristianos demasiado paralizados en nuestros pensamientos o en nuestras tareas. Miramos alrededor y hasta también somos capaces de detectar esa realidad que nos envuelve, pero quizás nos acobardamos, nos asustamos ante la situación, y nos quedamos paralizados ante la tarea que hay que realizar. Porque ahí en ese mundo, en esas tinieblas nosotros tenemos que llevar la luz, tenemos que hacer también el anuncio.

¿Nos estaremos quedando demasiado anquilosados dentro de nuestros templos y buscando bonitas celebraciones? Quizás muchas de esas cosas estemos resucitando demasiado y nos olvidamos que estamos con Jesús pero para salir a caminar, para ir a ese mundo de tinieblas que nos rodea.

Como nos repite tantas veces el Papa Francisco tenemos que ir a la periferia, pero esa periferia la tenemos al lado de nuestra casa cuando no también dentro de nuestro hogar, la tenemos en el lugar de trabajo o allí donde hacemos nuestra vida social, la tenemos en ese mundo cercano a nosotros y que contemplamos también tan descreído, la encontramos en tantos que van por la vida indiferentes a cuanto sucede y pensando solo en si mismos o en pasarlo bien de la manera que sea, quizás para olvidar esa realidad.

Hay una buena noticia que tenemos que anunciar, un evangelio que tenemos que llevar a nuestro mundo. No lo olvidemos.

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Ojalá tengamos el coraje de san Andrés para levantarnos y desenredarnos de nuestras redes para abrirnos a los nuevos horizontes que nos ofrece Jesús

 


Ojalá tengamos el coraje de san Andrés para levantarnos y desenredarnos de nuestras redes para abrirnos a los nuevos horizontes que nos ofrece Jesús

Romanos 10, 9-18; Sal 18; Mateo 4, 18-22

Tengo un proyecto muy interesante y quiero contar contigo. No sé si alguien se ha acercado a ti en alguna ocasión y te ha hecho una propuesta así. Es así cómo en muchas ocasiones se proyectan cosas, se hacen planes de futuro, nos embarcamos o nos embarcan en proyectos que unas veces nos parecen interesantes y nos ilusionan, en otras no lo tenemos muy claro pero nos confiamos de aquella persona que nos lo propone, y comenzamos una nueva tarea en la en alguna ocasión ni habíamos soñado que se pudiera realizar, ni estaba en nuestra mente. Alguien notó tu capacidad, tu disponibilidad, que eres una persona soñadora e inquieta y se fijó en ti llegando a comprometerte.

Era el proyecto de Jesús, algo que había comenzado a dejar caer cuando hablaba con la gente; algunos le escuchaban con gusto, otros quizás se hacían preguntas por dentro; estaba además el momento que vivían en la situación social y política del pueblo de Israel, pero en el fondo estaban las esperanzas que todos mantenían y que se alimentaban aun más cuando los sábados escuchaban a los profetas en las sinagogas. Había aparecido no hacia mucho tiempo un nuevo profeta en las orillas del Jordán y allá habían ido muchos a escucharle, porque algo nuevo estaba anunciando que alimentaba sus ilusiones y sus esperanzas. Estaba por llegar el Mesías, aquel profeta del desierto decía que era la voz que preparaba los caminos del Señor.

Entre los que le escuchaban estaban también unos pescadores de Galilea que hasta el lugar de la predicación del Bautista se habían trasladado; habían escuchado como Juan señalaba a alguien, sobre el que había visto cómo el Espíritu del Señor se manifestaba con ocasión de un bautismo general de todos los que allí acudían, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y ellos, Juan y Andrés, se habían puesto a seguirle. Con El habían estado una tarde y una noche y salieron entusiasmados comunicando a los demás lo que habían encontrado.

Pero sus tareas habían continuado en lago de Tiberíades con la pesca de cada día para su sustento y de sus familiares. Por aquellas orillas andaba aquel nuevo profeta anunciando la llegada del Reino de Dios, como también el Bautista en el desierto había prometido. Es ahora Jesús el que se acerca hasta aquellos pescadores para invitarles a algo nuevo. Por así decirlo, como decíamos al principio, les presentaba unos nuevos proyectos y quería contar con ellos. ‘Venid conmigo y os haré pescadores de hombres’, les había dicho primero a los dos hermanos, Simón y Andrés, y luego también a los hijos del Zebedeo. Y ellos se habían ido con Jesús, dejando las redes y la barca.

Son los primeros momentos del anuncio del Reino de Dios. Jesús había comenzado invitando a la conversión para creer en el Buena Noticia que les estaba comunicando. No de cualquier manera se entusiasma uno por algo nuevo para no quedarse en lo superficial. Había que estar dispuesto a cambiar la mente y el corazón para aceptar lo nuevo que se nos propone. Si no hay esa disposición difícilmente escucharemos y difícilmente tomaremos decisiones que son opciones por algo nuevo, por una nueva vida. Y ahora eso se estaba manifestando en aquellos primeros discípulos, aquellos pescadores dispuestos a cambiar, se les ofrecía otro tipo de pesca, no era salir a aquellos mares sino a unos mares distintos y más profundos; en fin de cuentas aquello en lo que estaba era solo un pequeño lago con todas sus limitaciones.

Así nosotros en la vida, tenemos que tomar decisiones, tenemos que estar dispuestos a aceptar lo nuevo que se nos ofrece; es necesario estar dispuestos a cambiar esos pequeños lagos de los rincones en que hacemos nuestra vida de cada día en lo que fácilmente caemos en la rutina, por otros mares más profundos, por otros horizontes más amplios, por otros caminos que algunas veces se han hecho inescrutables, pero que ahora estaríamos dispuestos a recorrer.

Es la oferta que Jesús nos hace a nosotros también para seguirle. No nos podemos quedar encerrados en lo mismo, tenemos que abrir nuestros horizontes, tenemos que dejarnos entusiasmar por la Palabra de Jesús y la misión que a nosotros también nos quiere confiar, porque cuenta con nosotros.

¿Seremos capaces de levantarnos como Andrés, a quien hoy estamos celebrando, para desenredarnos de nuestras redes y comenzar a seguir en serio a Jesús?

domingo, 1 de mayo de 2022

Queremos anunciar la vida, porque queremos anunciar que el amor nos resucita y es capaz de resucitar nuestro mundo, resucitados nosotros damos también testimonio

 


Queremos anunciar la vida, porque queremos anunciar que el amor nos resucita y es capaz de resucitar nuestro mundo, resucitados nosotros damos también testimonio

Hechos 5, 27b-32. 40b-41; Sal 29; Apocalipsis 5, 11-14; Juan 21, 1-19

Podríamos hoy comenzar este comentario al evangelio diciendo que el amor lo cura todo. Cómo nos sentimos regenerados con el amor, cuando lo experimentamos en nosotros, cuando somos capaces de regalarlo a los demás; nos sentimos distintos, a pesar de la negra historia que carguemos sobre nuestros hombros;  con el amor lo vemos todo distinto, con el amor seremos capaces de descubrir mejor a Dios en la vida.

Es lo que nos ofrece el evangelio en este tercer domingo de pascua. Seguiremos contemplando las manifestaciones de Cristo resucitado; seguiremos descubriendo cómo vamos nosotros resucitando, disipando sombras, clarificando sentimientos, renovando nuestras vidas, abriéndonos nuevos caminos, sintiendo la fuerza de Cristo resucitado en nuestras vidas.

El evangelio comienza hoy su relato con sus claroscuros; están en Galilea, como el Señor les había pedido que fueran para encontrarse con El, pero están aburridos, no saben que hacer. ‘Me voy a pescar’, dice Pedro. ‘Vamos nosotros contigo’, y se apuntaron todos a una noche de faena. Pero será una noche infructuosa. Qué mal se sienten los pescadores cuando tienen que regresar a tierra después de una noche de faena infructuosa. Y de la orilla les están preguntando si han cogido algo. Pero además les están señalando que lancen la red por el otro lado de la barca. ‘Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis’, les dice. No pensemos lo que aquellos pescadores podían haber pensado en aquel momento. Pero lo hicieron.

Y lo hicieron y se encontraron con una redada de peces grandes; luego nos dirán el número de peces que han cogido. Pero en éstas andan, cuando el discípulo amado le dice a Pedro que quien está en la orilla es Jesús. ‘Es el Señor’, le dice. Y ya sabemos Pedro se arrea la túnica como puede y se lanza al agua para llegar primero mientras deja el trabajo de arrastrar la red hasta la orilla a los compañeros que se quedan en la barca. Primero curación de amor, el discípulo amado es quien reconoce al que está en la orilla, quien reconoce al Señor.

Se resucita el amor en los corazones. Todos están felices porque es el Señor quien está allí en la orilla con ellos. Ya tiene para ellos el pan entre las brasas y un pescado aunque les pide que les traigan de lo que han cogido. Y los invita a comer. Nos dice que ya nadie se atreve a preguntar quien era porque todos sabían que era Jesús. Aquellos hombres aburridos que no sabían qué hacer y se habían ido a pescar ahora ya son otros. El amor les está abriendo caminos. Sigue habiendo nuevos campos donde echar las redes para quienes un día habían sido llamados a ser pescadores de hombres. Las penumbras del amanecer se han transformado en luz, porque es la luz nueva que brilla en sus corazones.

Pero el amor sigue curando. Ahora es Jesús el que tomando a Pedro aparte hace las preguntas, le pregunta por el amor. ‘Pedro, ¿me amas más que estos?’ Ya no sabía Pedro que responder cuando la pregunta se repite hasta tres veces. ‘Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo’, no puede ya menos que decir Pedro. Y es que aquel a quien un día se le había prometido que iba a ser piedra de la nueva Iglesia, pero que en su debilidad le había negado por tres veces a pesar de sus promesas de ser capaz de dar la vida por Jesús, se ve confirmado en la misión que Jesús quiere encomendarle. ‘Apacienta mis corderos… Pastorea mis ovejas…’ No importa la debilidad que un día le hiciera caer, porque lo que importa es el amor del corazón. Es Pedro el que se siente resucitado.

Es cómo tenemos que sentirnos nosotros; es la experiencia de resurrección que nosotros hemos de vivir; no es solamente gritar a todos los vientos que Cristo ha resucitado, sino que tiene que ser el testimonio de resurrección que hemos de dar con nuestras vidas. Aquellos a los que vamos a gritar y anunciar que Jesús ha resucitado pueden decirnos que ellos no lo han visto, pero nosotros podemos, tenemos que ofrecer el testimonio de que nosotros lo hemos sentido, lo hemos vivido, lo hemos experimentado en nuestras vidas, porque nos sentimos resucitados por el amor.

Podrán quizá hasta echarnos en cara nuestras debilidades, nuestros tropiezos, nuestras negaciones, pero cuando vean el amor en nuestras vidas es cuando comenzaran a convencerse de las palabras que nosotros queremos anunciarle. Porque queremos anunciarles vida, porque queremos anunciarles que el amor nos resucita y es capaz de resucitar nuestro mundo, porque es un amor tan grande como el de quien fue capaz de dar su vida por nosotros en una cruz el que nos está salvando.

Podemos encontrarnos un mundo de opacidades y de tinieblas, un mundo de gente cansada y aburrida que ya no sabe que hacer frente a todo lo que envuelve nuestra existencia – cuántas negruras vemos en nuestros horizontes -, pero con nuestras vidas les vamos a enseñar el camino de la luz, el camino de un nuevo amanecer para nuestra humanidad, el camino del amor que nos salva, que nos cura, que nos resucita. Es el testimonio de quienes con Cristo hemos resucitado lo que puede convencer al mundo.

lunes, 10 de enero de 2022

Puede parecer un riesgo de locura, pero hay quien es capaz de desprenderse de todo lo que son sus apoyos humanos por seguir el camino de Jesús que no promete honores ni grandezas

 


Puede parecer un riesgo de locura, pero hay quien es capaz de desprenderse de todo lo que son sus apoyos humanos por seguir el camino de Jesús que no promete honores ni grandezas

1Samuel 1, 1-8; Sal 115;  Marcos 1, 14-20

Que nos diga alguien que nos invita a hacer un camino, pero que aunque nos dicen que la meta merece la pena, sin embargo de entrada no vemos claro cual va a ser ese recorrido ni las exigencias que entraña, es un riesgo que no siempre estamos dispuestos a correr; que nos digan que hay que hacer una tarea, que va a ser transformadora de muchas cosas, pero donde no tenemos muy claro a qué nos va a obligar, sería cosa de pensárnoslo; que en medio de las tormentas de la vida nos aseguren que hay esperanza para ese mundo, que aun vemos muy oscuro, porque apreciamos que aun permanecen muchos sufrimientos, que no  nos promete honores ni grandezas sino algo que de tan espiritual nos puede parecer ilusorio, cuesta un tanto que se despierten esas esperanzas en nuestra vida de manera que estuviéramos dispuestos a dejar incluso lo que ahora tenemos por esa promesa que aún nos puede parecer muy incierta.

¿No sería algo así lo que estaba sucediendo con aquellos anuncios del Reino nuevo de Dios que estaba proclamando aquel nuevo profeta que había surgido y que venía precisamente de Nazaret? No todos podían tenerlo tan claro, aunque comenzaban a despertarse nuevas esperanzas en muchos. Había una exigencia que se estaba planteando y que pasaba por cambiar radicalmente todo, la manera de pensar, la manera de hacer las cosas, y que pedía incluso a algunos que dejaran sus trabajos por algo nuevo que se les ofrecía y que aún no tenían muy claro.

Jesús había comenzado a recorrer los pueblos y aldeas de Galilea, en cualquier rincón donde hubiera gente allí se detenía para anunciarles el Reino de Dios, aprovechaba cualquier ocasión, la gente reunida en la playa del lago porque venían al encuentro de los pescadores en busca de sus alimentos para la vida diaria, las reuniones de los sábados en la sinagoga, eran momentos en que Jesús hacía su anuncio del Reino nuevo de Dios, donde todo parece que va a cambiar.

No promete honores ni grandezas humanas, sino que más bien hay que despojarse de esas ambiciones, a los pescadores les pide que lo sigan porque ya no necesitarán salir a pescar en aquel lago, porque serán otros los mares de la vida que les ofrece porque van a ser pescadores de hombres. Y las gentes comienzan a escucharle y entusiasmarse de manera que de boca en boca pasa la noticia y ya vendrán de muchos sitios para escucharle y para traerle lo que parecía que más les dolía en principio que eran sus enfermos. El los curaban, liberaba a los endemoniados de su mal, a los ciegos los hacía ver, los paralíticos podían caminar… Algo nuevo estaba surgiendo, una esperanza en verdad se iba despertando en sus corazones.

Hoy le pide a los pescadores que están en la orilla del lago que dejen sus redes y sus barcas y le sigan porque van a ser pescadores de hombres. Y aquellos pescadores lo dejan todo, sus redes, sus barcas, sus familiares incluso y otros pescadores que les sirven de ayuda. Se ponen a caminar tras Jesús. ¿Tendrían claro lo que Jesús les pedía? Ellos presienten en las palabras de aquel profeta que algo nuevo va a suceder, y ansiosos como estaban de un mundo nuevo con nuevas libertades se marchan tras Jesús. Una disponibilidad total, una generosidad grande en el corazón, un desprendimiento que parece incomprensible, pero se van tras Jesús.

Están vislumbrando lo que significa ese cambio y esa conversión que Jesús les pide para creer en la Buena Noticia que les anuncia, y aunque aún habrá momentos en que les costará y parece que vuelven a sus antiguas apetencias y ambiciones, ahora se van con Jesús.

¿Estaríamos dispuestos nosotros a hacer lo mismo? ¿Llegaremos a entender de verdad lo que significa la conversión que Jesús nos pide? ¿Dejaríamos atrás nuestras barcas y nuestras redes, esas cosas que parecen ser los apoyos de nuestra vida? ¿Seríamos capaces de ponernos en camino arriesgándolo todo por nuestra fe en Jesús?

jueves, 2 de septiembre de 2021

No solo se habían sorprendido y se habían quedado sin habla sintiéndose los mayores pecadores del mundo sino que sus vidas a partir de entonces iban a ser distintas

 


No solo se habían sorprendido y se habían quedado sin habla sintiéndose los mayores pecadores del mundo sino que sus vidas a partir de entonces iban a ser distintas

Colosenses 1, 9-14; Sal 97; Lucas 5, 1-11

Hay cosas que nos dejan sin habla. Cosas que nos sorprenden, por lo inesperado, por lo espectacular o por lo grandioso, porque el acontecimiento es de tal importancia que a todos deja sobrecogido. Un gesto inesperado de una persona que nos sorprende y nos llama poderosamente la atención; un acontecimiento que no esperábamos y que de alguna manera puede marcar nuestra vida; un regalo valioso que nos ofrecen sin que nosotros lo esperáramos ni creíamos que nada habíamos hecho para merecerlo; una palabra que nos dice alguien y nos llega al corazón porque nos hace descubrir y valorar algo de nuestra propia vida que creíamos oculto y a lo que no dábamos mayor importancia. En muchas cosas podemos pensar. Son acontecimientos, palabras, gestos, detalles que pueden marcar nuestra vida de manera que incluso nos hagan darle un rumbo nuevo y distinto.

Algo así sucedió aquella mañana en el lago de Tiberíades. Los pescadores habían hecho sus faenas, que por cierto habían sido infructuosas, y ahora andaban en los cuidados posteriores a cualquier salida al lago a pescar; la gente al oír que Jesús andaba por allí se había arremolinado en la playa y todos querían escucharle; era difícil que estando en el mismo plano le pudieran ver y escuchar debidamente, por eso Jesús se sube a una de aquellas barcas y desde la orilla comienza a enseñar a la gente.

Hasta ahora todo en una cierta normalidad. Pero cuando Jesús termina de enseñar a la gente le pide a Pedro, de quien era la barca en la que Jesús se había subido, que reme de nuevo rumbo al lago para echar las redes de nuevo para pescar. Comienzan las sorpresas. Pero si han estado toda la noche y no han podido coger nada. Pero ante la palabra de Jesús Pedro se deja hacer, aunque replica que él sabe que no hay nada porque ha estado toda la noche bregando le dice que porque Jesús lo dice, en su nombre, echará de nuevo las redes.

Ahora sí comienza a haber algo distinto. La profusión de peces era tan grande que las redes casi reventaban y tienen que llamar a los de las otras barcas para que les ayuden en la faena. Ha sido algo asombroso. Pedro y los demás pescadores no salen de su asombro, no saben ni que decir. Humilde Pedro, que antes casi se había negado a obedecer a Jesús, ahora se postra por los suelos sintiéndose el último del mundo y sintiéndose de verdad pecador, pidiéndole a Jesús en su emoción que se aparte de él. ‘Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador’.

Pedro y los demás pescadores sentían que el mundo se les hundía bajo los pies, porque aquello no se lo esperaban. No salían de su asombro. Le pasaba a Pedro y a su hermano Andrés, le pasaba a Santiago el de Zebedeo y a su hermano Juan, compañeros todos en aquella tarea, pero que nunca habían visto cosa igual.

Algo nuevo iba a comenzar en sus vidas. Ya seguían y escuchaban a Jesús y de alguna manera formaban parte del grupo de los discípulos que le seguían más de cerca. Pero ahora Jesús les invita a algo nuevo que va a cambiar totalmente sus vidas. Eran pescadores y estaban avezados en las tareas de aquellos lagos pero Jesús abría un mundo delante de ellos. ‘No temas; desde ahora serás pescador de hombres’, les dice Jesús. Todavía estaban en medio del lago por eso ‘entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron’.

Algo había cambiado en sus vidas, algo nuevo comenzaba, aquel acontecimiento que les había sorprendido no solo los había dejado sin habla sintiéndose los mayores pecadores del mundo, sino que sus vidas a partir de aquel momento iban a ser distintas.

Ante este pasaje del evangelio no somos unos meros espectadores. Hagámonos presentes nosotros también en la escena. Subamos con Pedro y los pescadores a la barca y sintamos a nuestro lado también la presencia de Jesús. En esa barca de la vida en la que vamos haciendo nuestra travesía dejémonos sorprender también por Jesús. Para nosotros también va a tener un gesto o una palabra, también nos invitará a echar las redes aunque digamos que no sabemos o que no vamos a encontrar nada.

Como Pedro digamos también, ‘en tu nombre…’ No es necesario más, sino esa disponibilidad y veremos cómo el Señor nos sorprende. Sepamos hacer silencio en el corazón o no nos distraigamos con cosas innecesarias. Escucharemos esa palabra de Jesús que nos habla al corazón, sentiremos el calor de su presencia y también al final diremos que nos ardía el corazón, como los de Emaús. Estemos atentos a la acción de Dios en nuestra vida.

domingo, 24 de enero de 2021

No nos podemos quedar en lo mismo, tenemos que ir con Jesús para en su cercanía escucharle más y mejor y conocer todo lo que significa el Reino de Dios que nos anuncia

 


No nos podemos quedar en lo mismo, tenemos que ir con Jesús para en su cercanía escucharle más y mejor y conocer todo lo que significa el Reino de Dios que nos anuncia

 Jonás 3, 1-5. 10; Sal 24; 1Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

Cuando se cumplen los plazos hay que cumplir con lo pactado o lo prometido; será un negocio o una compraventa, será una deuda, será una promesa de algo bueno, muchas cosas pueden caber en esa expresión de cumplimiento de plazos.

Con esa idea o ese concepto comienza el evangelio de san Marcos, que será el que predominantemente tendremos los domingos en este ciclo. ‘Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio’. Previamente nos ha dicho el evangelista que habían arrestado a Juan – se acabó la predicación en el desierto a las orillas del Jordán – y Jesús se viene a Galilea, pero se establece en Cafarnaún. Y comienza la predicación de Jesús. ‘Se ha cumplido el tiempo’, una frase que tiene una resonancia profética, de cumplimiento de las promesas, de la llegada del Reino de Dios. Es el anuncio que Jesús comienza haciendo. ‘Está cerca el Reino de Dios’. Pero eso va a necesitar unas actitudes nuevas, eso va a significar un cambio muy grande, se ha de despertar una fe nueva. ‘Convertíos y creed en el Evangelio’.

El evangelista Mateo al narrarnos episodios paralelos nos recordará lo anunciado por los profetas. ‘El pueblo que estaba en tinieblas vio una luz grande, una luz les brilló’. Las sombras se transforman en luz, las tinieblas desaparecen porque comienza un tiempo nuevo. Ese tiempo nuevo no es una simple conjunción de estrellas como si una nueva era cósmica comenzara. Ese tiempo nuevo tiene que comenzar en el corazón de las personas, aceptando ese reino de Dios, haciendo todo lo posible porque se haga realidad ese Reino de Dios; hay que poner toda nuestra fe en esa buena nueva que se nos trasmite, ese evangelio, ese anuncio que llega a nosotros. Es necesario creer, creer en el evangelio.

No será posible si no ponemos en juego toda nuestra fe. No podemos realizar aquello en lo que no creemos. Es un tiempo nuevo que comienza y las cosas tienen que ser nuevas también, porque no se trata de decir que creemos pero que todo sigue igual sin ningún cambio. Por eso esa palabra tan importante, ‘conversión’, es necesario convertirse, darle la vuelta a la vida, tomar un rumbo nuevo, unos nuevos derroteros, que no es seguir igual como si nada pasase.

Ha comenzado la predicación de un nuevo ‘profeta’, un nuevo ‘maestro’ por los caminos, las aldeas, los pueblos de Galilea. Y lo nuevo puede despertar desconfianzas cuando venimos ya quemados de la vida, o puede producir entusiasmo porque renacen las esperanzas. Podemos ponernos a la expectativa pero a distancia, para ver en qué para todo eso, o podemos ponernos en camino para escuchar, para conocer, para saber y en la medida en que crecen las esperanzas nuestra fe en esa palabra que escuchamos se va afianzando, va creciendo. Aunque el evangelio es muy escueto, aquellos primeros momentos no fueron fáciles en la predicación de Jesús. Quizá cuando veían los signos que realizaba se despertaba un poco más la esperanza y al menos traían a los enfermos para que recobraran la salud. Pero era algo más lo que Jesús estaba pidiendo.

Y hoy nos lo expresa el evangelista con el episodio que a continuación nos narra. Pasa Jesús por la orilla del lago y allí hay unos pescadores con sus redes, en sus barcas, intentando pescar algo o arreglando los desperfectos que siempre en el trabajo se producen. Y allí llega Jesús y les pide dar un paso. Seguramente ellos ya habrían escuchado hablar al Maestro en alguna ocasión, allí mismo en la orilla del lago, o los sábados en la sinagoga, hasta ellos habría llegado quizá también la fama de lo que Jesús iba haciendo, de los signos y milagros que realizaba. ‘Venid conmigo y os hará pescadores de hombres’.

Pero Jesús les está pidiendo que no se queden en la distancia, que se vengan con El, que El los hará pescadores de hombres. Entenderían o no aquello de ser pescadores de hombres, porque hasta entonces eran peces en el lago lo que intentaban pescar, pero ante la invitación de Jesús se ponen en camino. No se pueden quedar en lo mismo, tienen que ir con Jesús para en su cercanía escucharle más y mejor y conocer entonces todo lo que significaba ese Reino de Dios que Jesús anunciaba.


Quien quiere alcanzar una meta tiene que ponerse en camino, quien quiere tener conocimiento de la verdad tendrá que ponerse a escuchar, quien quiere saborear lo que es la amistad verdadera y el nuevo sentido del amor tiene que estar con el amigo que le ofrece esa amistad y poder empaparse de ese amor. Y es lo que ellos hicieron, se fueron con Jesús dejando redes, dejando barcas, dejándolo todo por el Reino de Dios que Jesús les anunciaba.

‘Se ha cumplido el tiempo, se han cumplido los plazos…’ tenemos hoy que escuchar nosotros también. Porque no hablamos de tiempos pasados. Es el ahora y es el hoy de nuestra vida. En este ahora y en este hoy llega también para nosotros la Palabra de Dios y la invitación de Jesús para que de una vez por todas nos pongamos en camino.

Todavía seguimos demasiado a la expectativa y a la distancia y es necesario en verdad ponernos a caminar al paso de Jesús, para estar con El, para escucharle allá en lo más hondo de nuestro corazón y no perdernos una palabra suya, para empaparnos de su vida y de su amor, para disfrutar de la amistad que nos ofrece y ponernos nosotros en sintonía con esa amistad. Muchos apegos, rutinas, cosas de siempre tenemos que dejar atrás, como aquellos pescadores que dejaron sus redes y sus barcas.

Algo nuevo tenemos que sentir que se va produciendo en nuestra vida, un fuego nuevo tenemos que sentir en nuestro corazón.