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martes, 7 de enero de 2025

Qué lástima que pase el esplendor de la navidad y de nuevo nos quedemos a oscuras, que tras la celebración de la navidad no haya un renacer de la vida de fe de nuestras comunidades

 


Qué lástima que pase el esplendor de la navidad y de nuevo nos quedemos a oscuras, que tras la celebración de la navidad no haya un renacer de la vida de fe de nuestras comunidades

1Juan 3, 22 – 4, 6; Salmo 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

‘La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, puso su tienda entre nosotros…’ hemos escuchado repetidamente estos días en que venimos celebrando el misterio de la Navidad. Aunque aun estamos dentro del ciclo de la Navidad hasta el próximo domingo en que celebraremos el Bautismo del Señor, ya en el evangelio nos van apareciendo esos primeros momentos de la predicación de Jesús. Hoy nos habla de que Jesús se estableció en Galilea, la tierra de Zabulón y Neptalí, haciendo referencia a las distintas regiones de Palestina donde se fueron estableciendo las distintas tribus que conformaban el estado de Israel.

Pero hay algo importante. Nos habla de que al establecerse Jesús en aquellos lugares fue como si una nueva luz maravillosa los iluminara. Recuerda el evangelista los anuncios de los profetas que hablaban de aquel pueblo que habitaban en tinieblas y sombras de muerte y una luz les brilló. El evangelista esta aplicando esa profecía al comienzo de la predicación de Jesús, al que acudían de todas partes, no solo en este caso de Galilea donde se estaba desarrollando la actividad de Jesús que se había establecido en Cafarnaún, sino que acudían de todos los lugares, multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania, que le traían a sus enfermos y a sus poseídos por espíritus inmundos, paralíticos y lunáticos, para que Jesús los curara.

Eso significaba la presencia de Jesús, esa luz que brillaba en la tiniebla, aunque muchas veces la tiniebla la rechazara, no quisiera recibirla, como ya nos decía el principio del Evangelio de Juan, pero que contemplaremos a lo largo de todo el evangelio.

¿Serán también momentos de luz los que nosotros los cristianos estamos viviendo en este momento con el anuncio del evangelio de Jesús? Es cierto que en la pasada Navidad todo se ha llenado de luces en nuestras vidas, en nuestros ambientes, en nuestros hogares, en nuestras calles, pero ¿habremos dejamos que la luz de Jesús haya iluminado de verdad nuestras vidas? ¿Serían solo luces parpadeantes que pronto perdieron su intensidad y dejaron de alumbrar? Se nos agotan las pilas y baterías, se agota la luz acumulada en las placas solares que quieren mantener encendidas nuestras luces y pronto se apagan. Lo habremos experimentado cuando hemos encendido las luces de nuestras ventanas y pronto dejaron de funcionar. ¿Será para nosotros como un ejemplo, como una parábola de lo que nos sucede y de lo que no tendría que sucedernos?

Los cristianos no podemos iluminarnos por luces parpadeantes que pronto pierden su energía, tenemos que buscar la luz verdadera, tenemos que dejarnos en verdad iluminar por esa luz de Jesús que nunca nos defraudará. Así tenemos que cuidar nuestra fe, así tenemos que saberla alimentar, así tenemos que dejarnos empapar por esa luz del Evangelio, así tenemos que cuidar nuestra escucha, nuestra atención, pero también la manera en que nosotros vamos a ser esos trasmisores de luz para los demás. Es lo que El nos ha confiado, es la luz que ha puesto en nuestras manos, que recibimos en el bautismo y que tenemos que mantener encendida para ir al encuentro con el Señor. No podemos permitir que las tinieblas ahoguen esa luz, ahoguen nuestra fe; es una tentación que continuamente sufrimos porque hay muchas falsas luces que nos hacen candilejas y nos confunden.

¡Qué lástima que pase el esplendor de la navidad y de nuevo nos quedemos a oscuras! ¡Qué lástimas que tras la celebración cristiana de la navidad no hay un renacer de la vida de fe de nuestras comunidades! ¡Qué lástima que en nuestras comunidades no veamos ese relevo generacional que normalmente tendría que haber para ver cómo otras manos jóvenes toman esa luz en sus manos para seguir iluminando nuestro mundo! ¿Qué es lo que estamos haciendo los cristianos? ¿Dónde está esa urgencia que tenemos que sentir en nuestro corazón para realizar una nueva evangelización de nuestro mundo?

viernes, 20 de septiembre de 2024

Tendríamos que preguntarnos con sinceridad que auténticos signos estamos dando del Reino de Dios que intentamos anunciar y proclamar

 


Tendríamos que preguntarnos con sinceridad que auténticos signos estamos dando del Reino de Dios que intentamos anunciar y proclamar

1Corintios 15, 12-20; Salmo 16; Lucas 8, 1-3

Nos convencen más las obras que las palabras. Seguramente muchas veces hemos escuchado a alguien que habla muy bien, tiene, por decirlo así, bonito discurso, sus palabras y sus ideas incluso nos pueden parecer originales, o al menos nos llaman la atención, sin embargo será algo que realmente no termina de convencernos, pero sobre todo porque solo lo vemos en las palabras, en el mundo de las ideas, pero eso no provoca el querer realizarlo o convertirlo en ideal de nuestra vida porque no lo vemos reflejado en aquel que nos habla. Filosofía, decimos, pero que no nos lleva a nada, sin querer con esto que decimos menospreciar el mundo de la filosofía; pero es el concepto popular que se tiene.

Nos convence el que aquello que propone lo realiza de alguna manera, en su vida o en su actuar y su compromiso por los demás. Lo cual ya de principio en esta reflexión nos tendría que hacer pensar que sucede que los cristianos teniendo tan grandes y altos ideales de vida, sin embargo no terminan de calar en el mundo que nos rodea.

Este breve pasaje que nos ofrece hoy el evangelio creo que nos ayuda a pensar en esto que estamos diciendo, que más que las palabras nos convencen las obras. La gente entusiasmada seguía a Jesús, porque realmente sus palabras calaban, despertaban esperanza, las encontraban llenas de sentido y sentían que con el mensaje de Jesús una nueva vida podría comenzar a vivir. Recordamos como hay pasajes en el evangelio que nos expresan las opiniones de la gente en este sentido; ‘nadie ha hablado como este hombre’, se decían, pero también decían que Jesús hablaba con autoridad. ¿Dónde estaba esa autoridad de Jesús?

Los signos que le acompañaban. Si en la Sinagoga hablaba de la pronta llegada del Reino de Dios, pronto daba señales de ello liberando a los poseídos del malignos, venciendo todo mal y enfermedad con las curaciones que hacía, y aquellos milagros que realizaba se convertían en verdaderos signos del Reino de Dios que anunciaba. Lo hemos ido reflexionando en día pasados en el evangelio de esos primeros pasos de Jesús por Galilea.

Hoy el evangelista nos dice que Jesús recorría los pueblos y ciudades de Galilea, de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, enseñando, proclamando y anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios. Pero Jesús no iba solo. Quienes le acompañaban ya eran un signo para aquellas gentes de ese Reino de Dios que Jesús anunciaba. Allí iban sus primeros discípulos, aquellos que un día lo  habían dejado todo por seguir a Jesús, recordemos los pescadores de Galilea; pero allí les acompañaban también nos dice el evangelista algunas mujeres que habían sido curadas de diversas enfermedades, y les pone nombre.

Habla de María Magdalena, de la que había expulsado siete demonios; nos habla también de la mujer de un administrador de Herodes, Juana; y nos habla también de Susana y otras mujeres que ponían a disposición sus bienes en la tarea que Jesús iba realizando. Mujeres que se convierten en un signo del Reino de Dios, porque han sido liberadas del mal, porque comenzaban a vivir un sentido nuevo de la vida y aun con la buena posición de sus familias eran capaces de dejarlo todo por estar con Jesús e incluso habían entrado en la dinámica del compartir que es la dinámica del amor.

Jesús y los que le acompañaban en aquella misión apostólica que estaban realizando por toda Galilea eran en si mismo un signo de lo que anunciaba Jesús, un signo del Reino de Dios. Aquello nuevo que anunciaba Jesús era posible, aquello nuevo ya había alguien que lo estaba viviendo. No eran solo las palabras, era el testimonio de vida lo que se convertía en un signo del Reino de Dios.

¿No nos hace pensar esto? Algunas veces quizás sentimos dentro de nosotros el dolor de ver que el mundo no cambia, que el evangelio no es escuchado, que a pesar de la presencia de la Iglesia en medio del mundo no terminamos de ver acogido y realizado el Reino de Dios. ¿Nos estarán faltando signos auténticos que mostremos los cristianos con nuestra vida? ¿Se estará preocupando la Iglesia demasiado de la imagen que presenta ante el mundo, de prestigio, de poder quizás, de influencia social y política, quizás hasta de parecernos en la manera de actuar a como actúa el mundo, pero se estarán dejando de ver los verdaderos signos del Reino de Dios?

Mucho tendríamos que pensar para una reflexión sobre nuestra vida, pero también para una reflexión de lo que en verdad son nuestras comunidades cristianas, nuestros grupos cristianos y nuestras parroquias en medio del mundo que nos rodea.

 

viernes, 2 de agosto de 2024

Nos acostumbramos a las mismas veredas y no tenemos ánimo para descubrir los nuevos caminos que el Espíritu va abriendo ante nosotros con la novedad del evangelio

 


Nos acostumbramos a las mismas veredas y no tenemos ánimo para descubrir los nuevos caminos que el Espíritu va abriendo ante nosotros con la novedad del evangelio

Jeremías 26, 1-9; Salmo 68; Mateo 13, 54-58

‘¿De donde saca todo eso?’, lo habremos dicho también. Nos sentimos sorprendidos porque no pensábamos que aquella persona pudiera tener aquellos razonamientos. Quizás incluso le dimos la mano, como se suele decir, en sus comienzos animándolo a hacer cosas distintas, a emprender algo que parecían ser sus sueños, a que intentara al menos hacer algo aunque le pareciera que le salía mal, dándole confianza para que creyera en si mismo. Pero ahora nos sentimos sorprendidos, sus apuntes de reflexiones tienen una profundidad que no pensábamos que esa persona pudiera lograr.

Y claro por nuestra parte caben también varias reacciones, porque incluso nos encontramos divididos en nosotros mismos; y aunque le dimos el impulso, vemos que está llegando a donde no imaginábamos, y hasta se nos pueden meter unos celos ahí dentro de nosotros, porque esa persona logras cosas que no pensábamos que fuera capaz; ¿tendremos miedo que nos haga sombra? Cosas así se nos pueden meter en la cabeza y hay el peligro que nuestras reacciones no sean tan positivas; somos humanos.

Me hago esta reflexión partiendo de cosas que realmente así nos pueden suceder en la vida y contemplando la reacción de las gentes de Nazaret ante la presencia de Jesús en su sinagoga. Es cierto, lo habían visto de niño y de joven entre ellos. ¿Destacaría en aquel Jesús, el hijo del carpintero? No vamos a dejarnos llevar por las imaginaciones que nos encontramos en los evangelios apócrifos que tan poco valor histórico y teológico nos presentan, pero es cierto por otra parte que algo podrían haber descubierto en aquel niño, en aquel joven sus convecinos de Nazaret. Sin embargo era solamente el hijo de María, el joven carpintero de Nazaret.

Ahora les habrán llegado noticias de las andanzas de Jesús, por Cafarnaún, por los alrededores de Tiberíades, por los pueblos y aldeas de Galilea, que sabían que iba anunciando la llegada del Reino nuevo de Dios y su predicación iba acompañada de signos y milagros. ¿Qué esperan que haga en Nazaret? ¿Tendría que hacer algo especial allí, pues en fin de cuentas era su pueblo y por allí andaban sus parientes?

Admiración sienten, porque se preguntan que de donde ha sacado todo eso, pero sus dudas tienen por dentro que llena sus corazones de desconfianza. No terminaban de creérselo. ¿Qué era eso que Jesús anunciaba que por lo que podían intuir les tendría que hacer salir de sus rutinas y de su modorra? Es que Jesús hablaba de cambio, de conversión, mientras ellos estaban bien como estaban. Si aquel profeta no producía la revolución que ellos esperaban para verse liberados del yugo opresor de los romanos, nada les hacía que creyeran en El. Por eso marcan sus distancias, recordando que ellos sabían bien quien era, porque era solo el pobre hijo del pobre carpintero, que a nada de lo que eran sus aspiraciones había llegado. Sus caminos parecían divergentes.

¿Andaremos también por caminos de ese calibre donde en cierto modo mantenemos también nuestras distancias de la Palabra que escuchamos en el evangelio? ¿No querremos nosotros también permanecer en nuestras modorras, en nuestras rutinas, en nuestras viejas costumbres que parece que con ellas tan bien nos iba?

Cuando nos llega la Palabra que nos hace despertar porque la sentimos como un grito en el alma, también tratamos de calmar nuestros ánimos, porque nos decimos que no es para tanto, que tenemos que hacer nuestras interpretaciones, que tenemos que conjugar la novedad que ahora escuchamos con lo que hemos hecho siempre. Nos acostumbramos a las mismas veredas y no tenemos ánimo para descubrir los nuevos caminos que el Espíritu va abriendo delante de nosotros.

Nos cuesta arrancarnos, despertarnos, salir de lo mismo que siempre hacemos; parece que se acaban las iniciativas, que no terminamos de ver la novedad del evangelio, que nos encontramos en la disyuntiva del camino que hemos de tomar.

martes, 16 de julio de 2024

Pensemos en la huella o no que los cristianos hoy estamos dejando en la sociedad y en la cultura en la que vivimos

 


Pensemos en la huella o no que los cristianos hoy estamos dejando en la sociedad y en la cultura en la que vivimos

Isaías 7, 1-9; Salmo 47; Mateo 11, 20-24

Si somos observadores y reflexionamos sobre la vida y las costumbres de los pueblos, o incluso podemos pensarlo también simplemente en el ámbito de las familias nos daremos cuenta donde hubo alguien que supo dejar huella en aquella comunidad o en aquel grupo humano. Un personaje que fue verdaderamente líder y supo ir sembrando valores en aquel grupo humano, o en aquella sociedad y veremos como en aquel grupo se siguen manteniendo unos valores que de alguna manera marcan el sentir y el vivir de aquellas gentes.

Pensemos en el ámbito de las familias uno se da cuenta, porque ha quedado la huella, de aquel padre de familias, de aquel abuelo que supo imponer no solo un respeto sino unos valores que ahora destacan en aquellas familias. Qué importante que haya esas personas, que no tienen que haber hecho cosas extraordinarias, sino que han sabido arrastrar, o más bien han sabido mover desde lo más hondo para marcar nuestro carácter como personas y como pueblo.

Era, podíamos decir de alguna manera, lo que significaba la presencia de Jesús en medio de aquellos pueblos de Galilea donde principalmente desarrollaba su labor; de ahí cómo van surgiendo los discípulos que le siguen, que quieren estar con él, que son capaces de dejarlo todo por seguirle. Era la huella que Jesús iba dejando en sus corazones, era la transformación que se iba realizando en aquellas gentes, aunque bien sabemos que no todos respondían de la misma manera.

El relato del evangelio nos va describiendo ese camino que iba realizando en medio de aquellos pueblos; la gente estaba con Jesús, se iba tras Jesus; lo vemos cómo incluso son capaces de estar días y día siguiéndole en ese camino itinerante que Jesús iba realizando hasta olvidarse de llevar suficientes provisiones como les veremos en determinados momentos. El evangelio nos habla de diferentes momentos en que Jesús multiplica los pocos panes que tienen para repartir entre todos, también como un signo de cómo El se parte y se reparte para ser esa luz y ese alimento de nuestras vidas.

Sin embargo hoy nos encontramos con un episodio en que se manifiesta ese dolor del Corazón de Jesús porque no todos dan la necesaria y suficiente respuesta. Nos habla el evangelista de aquellas poblaciones de los alrededores del lago de Tiberíades donde Jesus tanto ha enseñado y tantos signos ha realizado, pero donde no encuentra la suficiente respuesta. Es la queja de Jesus. Si en otros lugares se hubieran realizado los signos que allí realizó – y menciona Jesús ciudades paganas – otra habría sido la respuesta. Sus corazones estaban endurecidos de manera que en ellos el paso de Jesús parecía que no podía dejar huella. Son duras las palabras de Jesús. ‘Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras’.

Pero no nos quedamos nosotros en hacer un juicio sobre la respuesta de aquellas ciudades. Son un signo y una señal para nosotros. Es donde tenemos que preguntarnos ¿qué huella ha dejado en nuestra vida todo lo que ha sido lo que llamamos nuestra vida cristiana, todo lo que en la Iglesia de una forma o de otra hemos vivido a lo largo de los años de nuestra vida? Es una pregunta seria, una pregunta que de verdad tiene que interpelarnos por dentro. ¿Nos hemos sentido realmente tocados por la gracia de Dios? ¿Dónde están nuestros frutos?

Si además nos decimos cristianos, seguidores de Jesús, decimos que creemos en El y que somos sus seguidores ¿cuál es la huella que dejamos en nuestro entorno? 

¿De qué manera estamos nosotros contagiando a los que están en derredor nuestro de nuestra fe y de nuestra vida cristiana? 

¿Se nota que cada día florecen más los valores cristianos en nuestro entorno porque es lo que sabemos inculcar en nuestras familias, en nuestros hijos, en nuestros convecinos? 

¿Se nota la levadura del evangelio en nuestra sociedad? 

¿Qué estamos haciendo realmente para influir en nuestra sociedad? 

¿O andaremos vergonzosos jugando al escondite para que no se note que nosotros somos cristianos?


domingo, 31 de marzo de 2024

Tenemos que ponernos en camino a la Galilea de nuestra vida para seguirle viendo y seguir proclamando la Buena Noticia de la Pascua, que Cristo ha resucitado

 


Tenemos que ponernos en camino a la Galilea de nuestra vida para seguirle viendo y seguir proclamando la Buena Noticia de la Pascua, que Cristo ha resucitado

Romanos 6, 3-11; Marcos 16, 1-7

No podemos menos que repetir el mismo anuncio. Es la Buena Nueva de hoy y de siempre. Es el evangelio que nos manda proclamar Jesús. Es la Buena Noticia que estábamos esperando y para lo cual Jesús nos había pedido desde el principio que teníamos que creer, que teníamos que convertirnos para hacerla vida nuestra. Es la gran noticia del Reino de Dios que se realiza hoy y aquí entre nosotros cuando podemos proclamar, como hoy lo hacemos, a todo pulmón que Cristo ha resucitado.

Lo escuchamos en la noche de la Pascua y lo volvemos a repetir hoy. ‘¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? ¿Estáis buscando a Jesús, el Nazareno, el crucificado? No está aquí. ¡Ha resucitado! Mirad el sitio donde lo pusieron’. Efectivamente la tumba está vacía y eso hará correr a aquellas buenas mujeres que con la mejor buena voluntad del mundo aquel primer día de la semana habían ido para completar los ritos funerarios y embalsamar el cuerpo de Jesús que no habían podido hacer en la tarde del viernes, porque a la caída del sol comenzaba la pascua. Corrían a comunicarlo al resto de los discípulos que estaban aun encerrados en el cenáculo por miedo a los judíos, a que a ellos les pasara igual. ‘Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo’.


Lo de menos ahora era que la tumba estaba vacía. Magdalena lloraría a la puerta de la tumba buscando al responsable de quien había quitado de allí el cuerpo de Jesús; vendrían a corroborarlo algunos de los discípulos, Pedro y Juan en loca carrera también por las calles de Jerusalén. Estaba la palabra del ángel. Un ángel le había anunciado a María su nacimiento, ¿habría también un ángel que a ella le anunciara también que había resucitado?

Lo importante es que Jesús les va saliendo al encuentro. A las mujeres en el camino de vuelta, a María Magdalena a la entrada del sepulcro, a los discípulos encerrados en el Cenáculo. Todos van a ir teniendo la experiencia del encuentro con Cristo vivo, con Cristo resucitado. Y nacería la fe en sus corazones. Y correría el anuncio a lo largo y ancho del mundo. Y lo sentimos vivo también nosotros que también nos sale al encuentro y lo podemos vivir. Lo hemos vivido en nuestra celebración pascual y lo sentimos palpitar en nuestros corazones. Y tiene que crecer nuestra fe y convertirse también en anuncio.

Es la Pascua. Es la Pascua hoy y ahora. No es la celebración de un recuerdo. Es la celebración de algo que vivimos. Es el hoy del encuentro con Jesús resucitado. Hemos venido haciendo un camino durante la cuaresma, hemos querido subir con El hasta esta Pascua pasando por el desierto o el monte de la cuarentena, con nuestras dudas y con nuestras reticencias que se habían hecho tentaciones en nuestra vida; quisimos subir con El al Tabor, porque allí también nos había invitado para que aprendiéramos a descubrir la luz; bajamos a la llanura de la vida y fuimos escuchando sus anuncios que algunas veces parecía que se nos hacían duros a los oídos y más aun al corazón, por aquello de lo que teníamos que desprendernos, aquello de lo que teníamos que purificarnos; nos dimos cuenta que la semilla hay que enterrarla para que dé fruto y eso nos costaba; pero quisimos atravesar el pórtico del monte de los olivos para con El entrar en la ciudad santa y con cierto temor nos acercamos un poquito al Calvario.

Ha sido el camino que nos ha conducido a la Pascua, porque nos hemos dado cuenta del paso del Señor por nuestra vida que nos ha ido renovando, purificando, fortaleciendo, transformando. Hoy sentimos la alegría de la Pascua, de contemplarlo resucitado, pero de sentir cómo nos ha llevado a nosotros también a la resurrección, porque ha sido Pascua en nosotros. No es un recuerdo, es la realidad que ahora estamos viviendo, es el gozo grande que ahora se desborda de nuestro corazón, porque nos sentimos con vida nueva, con la vida del resucitado.

A nosotros también nos manda a ir al encuentro con los hermanos, a nosotros nos manda también que vayamos a la Galilea de nuestra vida, para seguirle viendo, para seguir encontrándonos con El. Galilea fue aquel lugar donde principalmente hizo su vida y el anuncio del Reino de Dios. Galilea es el día a día de nuestra vida, de nuestras familias, de nuestros vecinos y nuestros amigos, de nuestros trabajos y lo que son las responsabilidades diarias de nuestra vida. Ahí tenemos que ir con el gozo de la Pascua, ahí tenemos que ir con el anuncio de la Pascua, ahí tenemos que seguir proclamando la Buena Nueva del Evangelio, ahí en esas personas con las que convivimos o con las que nos cruzamos cada día tenemos que seguir encontrándonos con El, ahí a esas personas nosotros vamos a contagiar con la alegría de nuestra pascua.

‘Que vayan a Galilea y allí me verán’, les anunciaban los ángeles en nombre de Jesús a las mujeres que fueron al sepulcro y lo encontraron vacío. Es lo que se nos está diciendo a nosotros. No es al pie del sepulcro, ni en lo alto del calvario donde tenemos que quedarnos. Es ponernos en camino a la Galilea de nuestra vida para seguirle viendo y para seguir proclamando al mundo esa Buena Noticia.

domingo, 22 de enero de 2023

Hay una buena noticia que tenemos que anunciar, un evangelio que tenemos que llevar a nuestro mundo, que ponga luz en medio de tantas tinieblas

 


Hay una buena noticia que tenemos que anunciar, un evangelio que tenemos que llevar a nuestro mundo, que ponga luz en medio de tantas tinieblas

Isaías 8, 23b-9, 3; Sal 26; 1Corintios 1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-23

¿A quien no le agrada recibir buenas noticias? Suelen correr como reguero de pólvora, a todos le alegran el alma, son consuelo y despiertan esperanza, llenan de alegría el corazón y a partir de las buenas noticias ya las cosas no pueden ser iguales.

Hoy nos dice el evangelio que Jesús iba repartiendo buenas noticias por los caminos y las aldeas y pueblos de Galilea. Se nos está hablando del comienzo de la predicación de Jesús, que era un preparar los corazones para recibir buenas noticias, luego había que estar en disposición de creer en esas buenas noticias y era ese anuncio que se hacía de esa Buena Noticia. Llegaba el Reino de Dios. Es la buena noticia que tienen que creer, es el evangelio que se anuncia. Y para ello se realizan signos de que eso es verdad.

‘Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo’. Es el texto que hoy se nos ofrece. Y ese recorrido de Jesús por aquellos lugares era como ir encendiendo una luz que despertaba y sacaba de las tinieblas. Por eso el evangelista recuerda a los profetas. Lo que hoy hemos escuchado nosotros también en Isaías, que nos lo transcribe también Mateo.

‘Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías: Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló’.

Ese fue el significado de aquellos primeros momentos. Esa era la alegría de aquel corazón y la esperanza que renacía en sus vidas. Recordaban los tiempos del profeta en que fueron pronunciadas estas palabras, en la situación concreta que entonces vivían, pero ahora con sentido mesiánico estaban leyéndolas en sus propias vidas. Como tenemos que hacerlo nosotros.

Miramos aquel momento del comienzo de la predicación de Jesús y miramos nuestro momento, que también tiene sus sombras, sus tinieblas que necesitan ser iluminadas. No es necesario sino mirar la situación de nuestro mundo, o mirar de cerca nuestro propio entorno, con la desazón en que vivimos, con las angustias que se generan en tantas personas, con el mundo de inseguridad en todos los sentidos en que estamos viviendo, porque no solo es la violencia que nos rodea también con la acritud con que nos tratamos o escuchamos todos los días a nuestros dirigentes en los medios de comunicación, sino es también una inseguridad ante el futuro, porque cuando vamos perdiendo los valores, perdemos cosas fundamentales para la construcción de nuestra sociedad.

También necesitamos buenas noticias, algo que nos levante, nos despierte, nos ponga en pie con nueva ilusión, que nos llene de esperanza. En todos los aspectos y situaciones de la vida, porque lo sufrimos en la familia que se desequilibra y que se rompe, lo sufrimos en las relaciones que mantenemos los unos con los otros, lo sufrimos en todo lo que es el tejido social de la sociedad. Nos dicen que son los comienzos de algo nuevo, que el mundo está cambiando, que el concepto de familia o de sociedad que viviremos en el futuro es distinto, pero ¿cuál es ese futuro? ¿Qué es lo que verdaderamente estamos construyendo?

Nosotros queremos mirar a Jesús y escucharle, sintonizar con su Palabra y descubrir la luz que quiere poner en nuestra vida. Y queremos sentir que Jesús tiene una Palabra de buena noticia para nosotros y para nuestro mundo de hoy. Tenemos también que disponer nuestro corazón, dispuestos a cambiar en lo más hondo de nosotros mismos para poder escucharle, para poder descubrir ese nuevo que quiere ofrecernos también hoy, también para el hombre y el mundo de hoy.

Como aquellas gentes de los pueblos y aldeas de Galilea, o como aquellos pescadores de Tiberíades nosotros estamos también con nuestras redes, en nuestra tarea de cada día y Jesús está pasando a nuestro lado e invitándonos a seguirle, a levantarnos y poner en camino. ‘Venid conmigo, venid en pos de mi…’ nos dice también a nosotros para que estemos con El, pero para que estemos dispuestos a ir a echar las redes, a pescar en los nuevos mares, en los nuevos mundos que nos quiere poner. Que haya en nosotros esa misma disponibilidad de Simón y de Andrés, de Santiago y Juan para escuchar a Jesús y para ir con El. ‘Venid conmigo, venid en pos de mi…’ nos dice.

Estamos los cristianos demasiado paralizados en nuestros pensamientos o en nuestras tareas. Miramos alrededor y hasta también somos capaces de detectar esa realidad que nos envuelve, pero quizás nos acobardamos, nos asustamos ante la situación, y nos quedamos paralizados ante la tarea que hay que realizar. Porque ahí en ese mundo, en esas tinieblas nosotros tenemos que llevar la luz, tenemos que hacer también el anuncio.

¿Nos estaremos quedando demasiado anquilosados dentro de nuestros templos y buscando bonitas celebraciones? Quizás muchas de esas cosas estemos resucitando demasiado y nos olvidamos que estamos con Jesús pero para salir a caminar, para ir a ese mundo de tinieblas que nos rodea.

Como nos repite tantas veces el Papa Francisco tenemos que ir a la periferia, pero esa periferia la tenemos al lado de nuestra casa cuando no también dentro de nuestro hogar, la tenemos en el lugar de trabajo o allí donde hacemos nuestra vida social, la tenemos en ese mundo cercano a nosotros y que contemplamos también tan descreído, la encontramos en tantos que van por la vida indiferentes a cuanto sucede y pensando solo en si mismos o en pasarlo bien de la manera que sea, quizás para olvidar esa realidad.

Hay una buena noticia que tenemos que anunciar, un evangelio que tenemos que llevar a nuestro mundo. No lo olvidemos.

lunes, 9 de enero de 2023

Una Buena Noticia recorre las aldeas y ciudades de Galilea que como un rayo de luz que ilumina las sombras despertando una nueva esperanza y moviendo a conversión los corazones

 


Una Buena Noticia recorre las aldeas y ciudades de Galilea que como un rayo de luz que ilumina las sombras despertando una nueva esperanza y moviendo a conversión los corazones

Hebreos 1,1-6; Sal 96; Marcos 1,14-20

Hoy las noticias las tenemos en la palma de la mano, podemos decir, porque tenemos multitud de medios a nuestro alcance de manera que lo que sucede al otro lado del mundo casi de inmediato podemos tenerlo en nuestras manos. Ya uno va siendo mayor y recuerda otros tiempos; recuerdo de niño, que fue la época de la emigración de nuestras gentes de Canarias a Venezuela, cuando emigraba algún familiar tardábamos muchos días y semanas para tener noticias de él, y siempre estábamos al tanto con nuestros vecinos por si a alguno le llegaban cartas de algún familiar emigrado, saber lo que podían decir y las noticias que pudieran traernos también de nuestros propios familiares. Lo viví en propia carne en mi niñez. Y cuando se recibía alguna noticia agradable corría como pólvora entre vecinos y familiares porque todos andábamos ansiosos de esas buenas noticias.

El diluvio de noticias que ahora nos llegan continuamente de todas partes de alguna manera casi nos han insensibilizado para escuchar con agrado alguna buena noticia que nos pudiera llegar, aunque siempre queda esa inquietud dentro de nosotros, porque todavía cuando suceden cosas buenas en nuestro entorno pronto corren esas buenas noticias y todos queremos participar de esa alegría, aunque nos pareciera que a nosotros no nos afecta tanto, y es donde puede aparecer esa insensibilidad.

Hago referencia a esto para apreciar y valorar la alegría y la esperanza que había despertado sobre todo en los habitantes de Galilea el comienzo de la predicación de Jesús. Un nuevo profeta había aparecido entre ellos. Aun quedaba reciente la presencia de Juan en el Jordán que también había desbordado un río de gentes de todas partes que acudían a escucharle y se convertían en sus discípulos. Ahora nos dice el evangelista que Juan había sido encarcelado y es el momento en que aparece aquel profeta de Nazaret.

‘Se ha cumplido el tiempo, proclama, y está cerca el Reino de Dios’. algo nuevo va a comenzar  y aquellas gentes envueltas en mil miserias, sometidas al dominio de un país extranjero, que habían ido alimentando una esperanza de siglos en un Mesías Salvador que les iniciara en una nueva vida, ahora parecía que despertaban a algo nuevo. ‘Está cerca el Reino de Dios’, escuchaban en el anuncio que se convertía para ellos en una buena noticia. Todo había de cambiar y por eso se les pide que comiencen por cambiar desde lo  hondo de sus corazones. ‘Convertíos y creed en esa Buena Noticia’.

Y la Buena Noticia era Jesús que comenzaba su predicación. Y la Buena Noticia era lo que Jesús les anunciaba de ese mundo nuevo, de ese Reino de Dios que llegaba. Todo podía tener, es cierto, diversas interpretaciones, porque mucho habían politizado su situación y no terminaban de comprender el alcance que tenía ese Reino de Dios que Jesús les anunciaba. Pero era como un rayo de luz lo que atravesaba aquellas llanuras y valles de Galilea con la presencia, la palabra y los signos de Jesús.

Y Jesús comenzaba a invitar a algunos de forma directa a meterse de lleno en esa tarea. Por allá va comprometiendo gente y hoy le vemos llamar a Simón Pedro y a su hermano Andrés, a Santiago y Juan, los hijos del Zebedeo. Son pescadores y les invita y compromete a otra pesca, a echar las redes en otros mares. Y ellos que sentían también esa inquietud en el corazón creen en Jesús y se van con El, aunque todavía no tienen claro el alcance de aquella decisión de seguir a Jesús. Pero ya había disponibilidad en sus corazones para creer esa buena noticia que les llegaba con Jesús.

sábado, 7 de enero de 2023

Ante los sufrimientos que constatamos que hay en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo cuánto tenemos que curar en el nombre de Jesús

 


Ante los sufrimientos que constatamos que hay en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo cuánto tenemos que curar en el nombre de Jesús

Juan 3, 22 – 4, 6; Sal 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

Igual cuando nos ponemos a pensar en los tiempos que vivimos nos decimos que vivimos tiempos oscuros; y no es porque vivamos con pesimismo, dentro de mi siempre quisiera tener un espíritu optimista y positivo, pero cuando observamos la realidad de la vida es cierto que de alguna manera nos oscurecemos. Una guerra que nos ha llegado en las puertas de Europa cuando pensábamos que en estas latitudes eran cosas superadas, unos tiempos duros de pandemia que hemos pasado y que aun no vemos salida por sus continuos rebrotes, el ambiente de crispación social que se vive, que por cualquier cosa salta la chispa y surge la violencia en nuestras calles, la vida económica que no termina de despegar y no vemos unos dirigentes que nos puedan llevar a buen puerto, y así tantas cosas que si descendemos a la vida de cada día en nuestro entorno se multiplican más y más.

¿Dónde encontramos quien nos saque de este atolladero? ¿Dónde podemos ver una luz que se encienda para la esperanza? Todo eso que hemos ido describiendo produce mucha desazón en los corazones. Hay inquietud en tantos corazones, hay tristeza aunque tratemos de acallarla o disimularla con nuestras fiestas, hay desánimo porque la lucha se nos hace dura. Terminamos diciéndonos que estamos en tiempos oscuros.

Es necesario detenernos de vez en cuando en ver nuestra realidad aunque eso nos amargue un poco el corazón, porque también tenemos que seguir buscando fuerza en nuestro interior para poner esperanza en el camino, o tenemos que pedir esa fuerza que necesitamos de lo Alto que mueva nuestros corazones, nos mueva todos por luchar de verdad y sin cansarnos para salir de estas oscuridades, porque tenemos que buscar ese salvador de nuestra vida que sea nuestra luz, nuestra fuerza, nuestro sentido en los momentos en que vivimos.

Como creyentes que somos tenemos que pensar en lo que tendríamos que hacer, en donde vamos a buscar esa luz y esa fuerza. Como creyentes y cristianos también tenemos un compromiso. Como creyentes y cristianos también tenemos que saber acudir al evangelio que sigue siendo buena nueva de salvación para el hoy de nuestra vida. Aquella buena nueva de Jesús, aquel anuncio que hacía Jesús en aquel momento del Reino de Dios que llegaba, es también anuncio que ahora tenemos que escuchar.

El evangelio nos dice hoy que la aparición de Jesús por aquellos lugares de Galilea anunciando el Reino de Dios fue como una luz que comenzaba a brillar en las tinieblas, y el evangelista nos recuerda los anuncios antiguos de los profetas que entonces comenzaban a tener cumplimiento. También vivían tiempos oscuros y difíciles. Y eso es lo que hoy nosotros también necesitamos escuchar, para que nos aparezca ese rayo de luz que disipe tinieblas, que levante esperanzas, que nos haga ponernos en camino de hacer en verdad ese mundo nuevo y mejor.

¿Qué tenemos que hacer? no tenemos otra cosa que hacer que lo mismo que hizo Jesús. Nuestra vida tiene que dar signos de ese Reino de Dios que se nos anuncia. Los mismos signos de Jesús tenemos que dar nosotros. Anunciaba Jesús la Palabra y aquella Palabra que anunciaba despertaba esperanza; hacía el anuncio del Reino de Dios pero lo mostraba también con signos. ‘Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo’.

Son los signos que también nosotros tenemos que mostrar ante los sufrimientos que constatamos que hay en el corazón de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Cuánto tenemos que curar. Cuantas angustias llenan el corazón de las personas que están a nuestro alrededor, cuántas penas y desesperanzas, cuántas amarguras y desilusiones, cuantos corazones doloridos porque hay muchas cosas que los hacen sufrir. Tenemos que curar, tenemos que llevar paz, tenemos que despertar a la vida, tenemos que abrir caminos, tenemos que saber acompañar y estar, tenemos que ir poniendo nuevas sonrisas en el corazón.

Son muchas las cosas que podemos y tenemos que realizar. Grande es nuestra tarea. Pero sabemos que Jesús con nosotros está, que no nos faltará la fuerza de su espíritu. Pongámonos en camino de llevar una nueva luz a nuestro mundo.

lunes, 18 de abril de 2022

Las mujeres se pusieron en camino y vino Jesús resucitado a su encuentro que ahora les pedía que el grupo de los discípulos vaya a Galilea para encontrarse con el Señor

 


Las mujeres se pusieron en camino y vino Jesús resucitado a su encuentro que ahora les pedía que el grupo de los discípulos vaya a Galilea para encontrarse con el Señor

Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33; Sal 15; Mateo 28, 8-15

Ellas sólo habían visto que el sepulcro estaba vacío; allí no estaba el cuerpo muerto de Jesús que iban buscando para embalsamarlo debidamente porque en la tarde del viernes no habían podido realizar. Unos ángeles les habían dicho que por qué buscaban entre los muertos al que vivía, que no estaba allí porque había resucitado como lo había dicho, pero ellas corrieron llenas de miedo y al mismo tiempo con alegría en el alma a anunciar a los que estaban reunidos en el cenáculo lo que había sucedido.

Hasta entonces no lo habían visto, no tenían otra certeza sino que el sepulcro estaba vacío, pero Jesús les sale al encuentro en el camino. Llenas de alegría por el asombro y la sorpresa se tiran a sus pies para abrazarlo pero allí están sus palabras. ‘No temáis: Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán’. Se acaban los temores y los miedos. Era El. No lo habían encontrado en el lugar de la muerte, en la sepultura, pero ahora les sale al encuentro en el camino. ¿Será acaso que necesitamos ponernos en camino, salir al camino porque será así cómo Jesús viene a nuestro encuentro?

Ponerse en camino es salir de sí mismo; no nos podemos quedar encerrados en nosotros mismos, en lo de siempre, en nuestras ideas o planteamientos; salimos de nosotros mismos y abrimos nuestro espíritu, descubrimos algo nuevo, se amplían horizontes, vemos con más claridad lo que quizá teníamos antes delante de nosotros pero no nos habíamos fijado; salimos de nosotros mismos y nos encontramos con los demás, salimos de nosotros mismos y nos damos cuenta del paso de Dios.

Iban con sus ideas preconcebidas al sepulcro; incluso lo que habían escuchado a Jesús no terminaban de entenderlo; no terminaban de entender aquella muerte, no terminaban de entender que todo acabara así; seguían con sus lagrimas en los ojos, no podían ver con claridad.

Llegaron al sepulcro y lo encontrado las desconcertó, no estaba allí el cuerpo de Jesús, porque solo pensaban en un cuerpo muerto al que había que embalsamar; se sintieron descolocadas y lo que los Ángeles les decían comenzaron a abrirles camino, se pusieron en camino, al menos habría que anunciar al grupo de los apóstoles lo que habían encontrado. Pero al ponerse en camino se encontraron con Jesús. No era un muerto al que tenían que buscar. El estaba vivo, había resucitado.

Pero ese encuentro les hacía seguir en camino; claro que tenían que ir al encuentro con los demás, era el encuentro con la comunidad, pero ahora tenían algo más que anunciar. Jesús había estado con ellas, aunque luego ellos tampoco las creyeran, y allí estaba el mensaje, también tenían que ponerse en camino para ir a Galilea, para encontrarse con el Señor.

¿Seremos en verdad una comunidad en camino? ¿Cuál será esa Galilea a la que tenemos que ir para seguir encontrándonos con el Señor? Y nosotros ¿qué buscamos? ¿Qué ideas preconcebidas tenemos? ¿Seguiremos encerrados en nuestros círculos sin salirnos de ellos? ¿Tendremos miedo de ponernos en camino también?

Tenemos que comunicar lo que hemos vivido y experimentado en estos días, en estas celebraciones. Seguro que hay una riqueza grande dentro de nosotros. Algo nuevo habrá llegado a nuestro corazón. Pero pongamos en camino para comunicarlo, para anunciarlo, veremos cómo en ese camino vamos a ir teniendo un encuentro nuevo y vivo con el Señor.

viernes, 7 de enero de 2022

Desde la mecha humeante de nuestra pequeña inquietud reavivemos la llamarada de la esperanza de un nuevo amanecer para nuestro mundo de hoy

 


Desde la mecha humeante de nuestra pequeña inquietud reavivemos la llamarada de la esperanza de un nuevo amanecer para nuestro mundo de hoy

1Juan 3, 22 – 4, 6; Sal 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

Los pueblos, como las personas, a veces necesitamos revulsivos que nos despierten del letargo en que nos sumimos en la rutina de los días. Parece que nada sucede, que todo es igual, pero quizá en un momento determinado sucede algo inesperado que hace que la gente se despierte y comience a ver las cosas de otra manera. Lo necesitamos, porque fácilmente podemos caer en esa atonía que no nos lleva a nada, que nos lleve a una monotonía de la vida sin color y sin calor humano y parece que todo se nos vuelve gris.

Quizás, por pensar en alguien, un maestro que aparece por nuestros pueblos que comienza a trabajar con una nueva pedagogía y despierta sus alumnos en el colegio, pero implica a los padres y se va formando como una espiral en ese despertar que mueve para mejor aquella sociedad que parecía sin vida; puede ser un buen dirigente social, o puede ser algo que lleva inquietud en el corazón y va sembrando esa semilla de inquietud en los demás que hará que se vayan despertando y sea como un nuevo amanecer. Gentes así necesitamos en nuestra sociedad, en nuestros pueblos, en ese mundo cercano a nosotros con tanta atonía y monotonía.

Hoy en el evangelio se nos habla de un nuevo despertar que fue como un nuevo amanecer para Galilea. El evangelista cuando nos lo narra recuerda los anuncios de los profetas, que parecía que nunca tenían cumplimiento, pero que ahora estaba haciendo ese nuevo amanecer. Quienes habitaban como en sombras vieron el resplandor de una nueva luz, quienes vivían en la desesperanza y en el dejarse llevar a lo que saliera, vieron que en sus corazones aparecía de nuevo esa llamarada de la esperanza desde las palabras que aquel nuevo profeta iba repitiendo por los caminos de Galilea. ‘El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló’.

El establecerse Jesús en Cafarnaún a su vuelta de su encuentro con Juan en el Jordán y comenzar a enseñar en la sinagoga y a recorrer los pueblos vecinos fue un despertar para aquellas gentes. Jesús anunciaba que el Reino de Dios llegaba, Jesús pedía la conversión del corazón para creer en esa Buena Noticia que estaba anunciando, y aquellas palabras fueron semilla de vida y de esperanza para aquellas gentes que venían de todas partes para escucharle y que incluso en su esperanza de algo nuevo le traían sus enfermos para que los curase.

‘Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó. Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania’.

Algo nuevo estaba comenzando. Una esperanza se despertaba en el corazón. Los signos comenzaban a multiplicarse en los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores que eran curados. Las muchedumbres venidas desde los más lejanos lugares de toda Palestina se agolpaban a la puerta de Jesús. Aparecían las señales del nuevo Reino de Dios que Jesús estaba anunciando.

¿Qué necesitamos nosotros para despertar? ¿Qué signos tenemos que ver en torno nuestro para que seamos capaces de darnos cuenta de que algo nuevo tiene que comenzar? ¿Andaremos también tan aturdidos que no somos capaces de sorprendernos por las señales que Dios pueda ir poniendo a nuestro lado? Quienes estamos leyendo esa reflexión y comentario al Evangelio seguro que lo hacemos porque alguna inquietud tenemos en el corazón, ¿vamos a dejar que se apague o nos decidiremos a dar un paso adelante con el que podamos arrastrar a alguien que esté a nuestro lado? Hay una llamada del Señor a la que no podemos hacer oídos sordos.

lunes, 15 de febrero de 2021

Buscamos pruebas y seguridades que tenemos muy cerca porque las tenemos en nosotros mismos y en la experiencia de Dios que hemos vivido

 


Buscamos pruebas y seguridades que tenemos muy cerca porque las tenemos en nosotros mismos y en la experiencia de Dios que hemos vivido

Génesis 4,1-15.25; Sal 49; Marcos 8, 11-13

Aunque a veces nos digamos progresistas y que queremos avanzar, que queremos lo nuevo, haciendo no se cuantas transformaciones ya sea en nuestra sociedad o ya sea en nuestro trabajo de cada día, sin embargo en el fondo siempre buscamos seguridades; aquello nuevo que se nos ofrece, aquello que vamos a probar, aquello que se nos presenta como una mejora queremos tener la certeza de que se puede realizar, que es efectivo, en una palabra, buscamos seguridades. Y eso como decimos tantas veces en muchos aspectos de nuestra vida, desde lo más pequeño y sencillo que nos parece más ordinario o también cuando se nos presentan grandes proyectos del tipo que sean.

Ha aparecido un profeta por los caminos y pueblos de Galilea, ofrece algo nuevo que llama el Reino de Dios, su presencia y sus palabras despiertan esperanzas porque ofrece la realización de un mundo nuevo, parece que las promesas anunciadas desde antiguo y que han repetido una y otra vez los profetas llega el tiempo en que se van a realizar. Pero ¿será eso cierto? ¿Tiene algún futuro ese profeta que así se está presentando? ¿Se puede poner toda la esperanza en El? Está pidiendo una transformación muy grande en la que muchas de las cosas que se venían haciendo desde siempre tienen que cambiar, exige una autenticidad que no siempre somos capaces de ver en aquellos que nos hablan, ¿Podremos creer en ese profeta? ¿No necesitaremos pruebas que nos confirmen todo eso que está anunciando?

Podríamos ver en una cierta lógica humana, desde esas seguridades y certezas que pedimos ante lo que se nos ofrece que se nos den algunas pruebas de que lo anunciado por este nuevo profeta se va a hacer realidad, que en verdad llegan esos tiempos nuevos. Por eso le piden signos.

Jesús ha ido acompañando sus palabras con muchos signos que va realizando, los milagros en los que cura a los enfermos, sana a los leprosos, hace hablar a los sordomudos o caminar a los inválidos son los signos que nos manifiestan la veracidad y la autenticidad de las palabras de Jesús. Pero sobre todo aquellos que tendrían que cambiar muchas cosas en su vida, que hasta este momento se han considerado dirigentes del pueblo porque sus palabras y sus enseñanzas han ido marcando época, no quieren cambiar. Perderían prestigio quizá o cuotas de poder, por eso serán los que más fuertemente se van a oponer a Jesús pidiendo una y otra vez señales. No les bastan los milagros que Jesús ha ido realizando.


Y eso de pedir signos y señales, pruebas de la autenticidad de las palabras de Jesús se va a repetir muchas veces y va a ser motivo de fuertes diatribas entre Jesús y los fariseos, los letrados o los saduceos, pero ahora Jesús no les da respuesta, no les quiere dar nuevos signos, sino que sepan leer los signos que en aquella misma gente que escucha y que sigue a Jesús les pueden dar.

¿Seguiremos nosotros con la misma cerrazón? ¿Seguiremos también pidiendo signos y señales, pidiendo pruebas para poder creer y darnos por entero a Jesús? Tendríamos que comenzar por nuestra propia vida y reconocer cuántas señales ha puesto Dios en nosotros mismos de lo que es su amor por nosotros. Cuántas pruebas de que Dios nos ama, cuántos regalos de amor recibimos cada día, cuántas veces nos ha ofrecido y regalado su perdón, cuántas veces hemos sido capaces de levantarnos después de malos momentos, de pruebas por las que hemos pasado y si lo hemos hecho es porque no nos ha faltado la gracia del Señor.

Mira tu vida, mira lo que sientes en tu corazón, mira los horizontes que se te han abierto tantas veces en la vida cuando todo parecía oscuro, mira cómo pudiste mantenerte fuerte en aquellas ocasiones y momentos difíciles por los que has pasado. Mira toda esa experiencia de fe, todas esas vivencias religiosas que has tenido a lo largo de tu vida y cómo entonces te sentiste bien, te sentiste feliz porque te sentías lleno de Dios.

Y de la misma manera puedes contemplarlo en los demás, en los que se entregan, en los que trabajan por los demás, en los que viven un compromiso fuerte a favor de los pobres en medio de la comunidad, en tantos a los que ves caminar con ilusión y esperanza a tu lado a pesar de los nubarrones de la vida. Ahí tenemos las pruebas, las seguridades para que totalmente nos entreguemos a Jesús y a caminar los caminos del evangelio.

lunes, 11 de enero de 2021

Y se fueron con Jesús con la promesa de hacerlos pescadores de hombres, ¿daríamos nosotros un paso así?

 


Y se fueron con Jesús con la promesa de hacerlos pescadores de hombres, ¿daríamos nosotros un paso así?

Hebreos 1,1-6; Sal 96; Marcos 1,14-20

En el amor lo llaman flechazo, el amor a primera vista, pero bien sabemos que esas cosas suceden no solo hablando de enamoramientos en ese sentido, sino que en la vida nos podemos sentir atraídos o cautivados por una persona, por unos valores, por unos proyectos en los que podemos descubrir algo estable para el futuro, una amistad verdadera de alguien que queremos que nos acompañe en los caminos de la vida, de esa realización ideal que podemos ver como una gran obra.

De muchas maneras, en muchas cosas y vamos a pensar solo en lo bueno y positivo podemos sentirnos así cautivados en la vida. Es una respuesta a inquietudes que llevamos dentro, es coincidencia de principios y valores en los que creemos y por los que queremos comprometernos, son sueños de los que nos despertamos y vemos una realidad que hará posible esos sueños, esperanzas que vemos realizables, muchas cosas.

Y llegará el momento de dar el paso adelante y no hay quien nos detenga. Aunque permanezcan algunos miedos en el corazón nos sentimos impulsados y decididos en ese momento, aunque vislumbremos que muchas cosas tendrán que cambiar en nuestra vida aun sin saber claramente hasta dónde nos va a llevar el compromiso. Como se suele decir, nos liamos la manta a la cabeza y nos ponemos en camino y no hay quien nos detenga. Son los flechazos importantes que recibimos en la vida y nos hacen poner rumbo a nuevas metas y a altos ideales.

Es lo que sucedió en aquella mañana o aquella tarde, da igual la hora, en que Jesús al pasar por la orilla del lago va recolectando pescadores para una nueva pesca. Había vuelto a Galilea, nos dice el evangelista, después que arrestaron a Juan, no se había ido a Nazaret que era su pueblo sino que se había venido a Cafarnaún. Era un lugar de cierta importancia en los alrededores del lago y en cierto modo punto de partida también de muchos que se dedicaban a la pesca en el lago; una ciudad en cierto modo comercial porque era cruce de caminos de los que venían de Siria para adentrarse en palestina o para dirigirse a través de la alta Galilea hacia la tierra de los fenicios.

Allí se había establecido Jesús, su sinagoga comenzaba a frecuentarla y a hablar a la gente en ella anunciando la llegada del Reino de Dios y pidiendo conversión; será punto de partida para recorrer los caminos de las aldeas circundantes haciendo el mismo anuncio. Sus palabras comenzaban a ser escuchadas y conocidas, algo nuevo se estaba emprendiendo. Y es cuando Jesús caminando por el lago va a recolectar a esos primeros que le van a seguir de cerca y con toda fidelidad para esa pesca nueva que El les ofrece.

‘Venid conmigo y os haré pescadores de hombres’. Primero serán Simón Pedro y Andrés que allá estaban en su barca en las tareas propias después de una noche de pesca; más adelante serán otros dos hermanos que están con su padre y demás pescadores también en tareas semejantes a los que invita Jesús. Y lo dejaron todo, y se fueron con El. Así de una forma radical, a primera oída, podríamos decir. Seguro que lo que ya habían oído de Jesús o lo que le habían escuchado a Jesús mismo comenzaría a despertar esperanzas en sus corazones. Caldeados estaban probablemente por los ecos de la predicación del Bautista, que río abajo en el Jordán anunciaba la pronta venida del Mesías.

Y ahora aparece por aquí Jesús anunciando el Reino de Dios, despertando las esperanzas del pueblo en la liberación que el Mesías realizará con ellos. Se van con Jesús. Se sintieron cautivados. Sus palabras habían llegado al corazón. Ahora la invitación era formal para ellos y no había que esperar más para dar respuesta. Había que estar cerca de Jesús para comprender ahora todo lo nuevo que anunciaba.

Era algo más que una amistad lo que se anunciaba, aunque un día Jesús dirá que son sus amigos porque les ha revelado todo lo que ha recibido del Padre. Pero sí había un proyecto de algo nuevo y algo grande que Jesús prometía. Había unas exigencias fuertes pues se pedía un cambio total de vida y de mentalidad, pero parecía que aquello que se anunciaba bien lo merecía.

Y se fueron con Jesús con la promesa de hacerlos pescadores de hombres. ¿Daríamos nosotros un paso así?

jueves, 7 de enero de 2021

Llega a nosotros el Reino de Dios, nos sentimos amados de Dios, nunca nos podemos sentir abandonados en nuestras oscuridades, el Señor nos sale a nuestro encuentro

 


Llega a nosotros el Reino de Dios, nos sentimos amados de Dios, nunca nos podemos sentir abandonados en nuestras oscuridades, el Señor nos sale a nuestro encuentro

1Juan 3, 22–4, 6; Sal 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

Aunque aun seguimos en el tiempo de la Navidad y Epifanía hasta el próximo domingo cuando celebremos el Bautismo de Jesús la proclamación del evangelio de estos días que restan hasta que comencemos el tiempo ordinario dan un salto desde los episodios relacionados con la Infancia de Jesús que hemos venido escuchando hasta su primera presentación al pueblo con su predicación, como se nos dice hoy, establecido en Cafarnaún, algo así como el centro de la Galilea, que viene a ser como un fogonazo de luz en medio de aquellos pueblos y aquella gente.

Por eso el evangelista recuerda el anuncio del profeta que nos habla del pueblo que andaba en tinieblas para quien apareció una luz. ‘Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló’.

Ese primer anuncio que realiza Jesús en Cafarnaún y en los pueblos colindantes donde comienza a predicar fue como un ramalazo de luz. ¿Qué anuncia Jesús? La llegada del Reino de Dios para lo que había que cambiar las actitudes profundas del corazón. Por eso la invitación a escuchar es invitación a la conversión, porque sin ese cambio del corazón no podrán entender todo lo que significa la llegada del Reino de Dios.

Era como decirles a los andaban en tinieblas que podían encontrar la luz; era decirles a los que les parecía que se encontraban abandonados y habían perdido la esperanza de que Dios les amaba, y porque Dios les amaba llegaba el momento del Reino de Dios, y es que cuando en verdad se sintieran amados de Dios sus vidas comenzarían a cambiar, la esperanza renacía en el corazón.

Si le decimos a alguien que se siente abandonado de todos, que se siente solo y aburrido en la vida porque cree que nadie se preocupa de él, que se siente angustiado porque en su vida le parece que no va a encontrar caminos para salir de su situación, si le decimos, repito, que él si es amado, que hay quien le quiere y se preocupa por él, sus actitudes cambian, en sus ojos puede comenzarse a descubrir un nuevo brillo y resplandor. Y eso es lo que Jesús venía a decirles, que Dios no los había abandonado, que Dios se preocupaba por ellos y su presencia era signo de ellos con los milagros que iba realizando, que Dios les amaba y para ellos había nuevos caminos que se abrirían ante sus vidas.

Ese es fundamentalmente el primer anuncio que Jesús les hace. Pero hay que creerlo, hay que aceptarlo, hay que comenzar a pensar de una manera distinta, hay que alejar sombras del corazón. Si no nos creemos esas palabras todo nos puede sonar a cantos de sirena, por eso les pide Jesús ese cambio de actitud, esa conversión del corazón. Y seguramente sus corazones comenzaron a cantar de nuevo, sus ojos comenzaron a sonreír, los reflejos de sus rostros serían distintos porque parecía que se les despertaba la vida. Por eso es como lo que había anunciado el profeta; por eso ahora vienen de todas partes a escuchar a Jesús, y Jesús con sus signos les va mostrando lo que es el amor del Señor que no quiere para ellos sufrimiento sino vida.

¿No tendremos nosotros también que escuchar ese mensaje? ¿No tendremos igualmente que convencernos de que Dios nos ama y no nos deja abandonados? ¿No tendremos que alejar tinieblas del corazón para que comience a cantar de nuevo, porque con la presencia de Jesús nos parece que nos sentimos siempre en primavera?