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martes, 14 de julio de 2026

Sintamos como dichas a nosotros las palabras de Jesús que nos recrimina por nuestra falta de confianza que nos lleva a un enfriamiento de nuestra fe

 


Sintamos como dichas a nosotros las palabras de Jesús que nos recrimina por nuestra falta de confianza que nos lleva a un enfriamiento de nuestra fe

Isaías 7, 1-9; Salmo 47; Mateo 11, 20-24

La falta de confianza nos hace incrédulos, cerrados de mente y corazón y crea en torno nuestro una costra que nos hace duros e intratables. Nos sucede en muchos aspectos de nuestras relaciones con los demás, lo que es nuestra vida misma en ese crecimiento y maduración como personas, en aquello que pretendemos emprender que al final por falta de confianza incluso en nosotros mismos no llegaremos a realizar pero que en el mal estado de ánimo que se nos crea en nuestro interior estaremos como a la defensiva de todo llevándonos a culpabilizar incluso a los demás de lo que son nuestros fracasos.

Tenemos confianza con el amigo y lo escucharemos y nos sentiremos a gusto con él, confiamos en los demás y nos volvemos colaboradores, comenzamos a tener confianza en nosotros mismos y comenzaremos a avanzar por la vida. Hemos unido de alguna manera la confianza y la fe, en un plano humano, de nuestras relaciones con los demás o de nuestra participación en esa sociedad en la que vivimos y con la que nos ponemos a colaborar, pero en ese sentido tenemos que ir en nuestra vida espiritual y todo lo que atañe a lo que ha de ser nuestra vida cristiana.

Nos puede suceder incluso que vivimos y participamos incluso en celebraciones de nuestra comunidad cristiana, y sin embargo no vemos que vayamos avanzando en lo que tendría que ser nuestra vida cristiana sino que nos quedamos en unos cumplimientos, en unos ritos, en las mismas rutinas de siempre. ¿Qué nos puede estar sucediendo? ¿Por qué nos quedamos en esa frialdad y en esa atonía espiritual? ¿Estaremos en verdad dejándonos conducir por el Señor y por esa Palabra que escuchamos en cada celebración? ¿Tendremos en verdad confianza en la Palabra que se nos anuncia para llegar a dejarnos inundar por esa riqueza de vida que se nos quiere trasmitir?

Pudiera ser que ya viniéramos predispuestos, porque decimos que vamos a escuchar lo mismo una y otra vez, porque decimos que en fin de cuentas son siempre los mismos textos del evangelio; podríamos estar interiormente poniendo distancias en lo que se nos trasmite porque al final decimos son interpretaciones personales de quien nos habla y nosotros también tenemos nuestras interpretaciones particulares. Estamos poniendo una barrera de desconfianza, que nos llevará a que allí no encontremos un alimento para nuestra fe. Estamos escuchando pero no confiamos, no se despierta la fe en nosotros.

En el evangelio de hoy escuchamos las recriminaciones que Jesús les hace a aquellas ciudades donde ha realizado muchos signos y donde se ha hecho un trabajo intenso de anuncio de la buena noticia de Reino de Dios. En varias ocasiones escuchamos al evangelista decirnos que Jesús recorría los pueblos y ciudades de Galilea anunciando el Reino de Dios y realizando muchos signos entre ellos. Hoy nos habla de aquellos lugares cercanos al lago que fueron de especial predilección de Jesús para su predicación, Betsaida, Corozaín y la misma Cafarnaún. Si en otros lugares se hubieran realizado tantos signos como allí se realizaron seguro que habrían creído, y les compara con Sodoma y Gomorra, o con las ciudades paganas Tiro y Sidón, ya en las márgenes de Galilea.

Pero no queremos quedarnos en la reacción y respuesta de aquellos lugares sino que hemos de sentir las palabras de Jesús como dichas a nosotros hoy. Cuánto de gracia nos ha ofrecido el Señor, cada uno tendría que revisar su historia pero sobre todo la historia de amor de Dios en su vida. A nuestro alcance tenemos la Iglesia a la que pertenecemos, con sus parroquias y con sus templos, con su catequesis y su predicación, con sus celebraciones y con toda la celebración del misterio de Cristo a través de todo el año. ¿Cómo sentimos que en verdad nuestra vida espiritual está creciendo, nuestro compromiso cristiano desde nuestra fe es cada vez más intenso? ¿Qué nos recriminaría el Señor por nuestra respuesta o por nuestra falta de respuesta?

Tendríamos que pensar también en la confianza que ponemos en el Señor. ¿Cómo nos sentimos en ese sentido cuando pasamos por momentos de dificultad, cuando nos vienen las noches oscuras a nuestro espíritu? Despertemos nuestra confianza en el Señor para que pueda en verdad resplandecer nuestra fe.

miércoles, 7 de enero de 2026

El evangelio del Reino de Dios sigue siendo una buena noticia hoy para nosotros y para nuestro mundo para despertar una esperanza que a veces tenemos perdida

 

El evangelio del Reino de Dios sigue siendo una buena noticia hoy para nosotros y para nuestro mundo para despertar una esperanza que a veces tenemos perdida

1Juan 3, 22 – 4, 6; Salmo 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

Las malas noticias nos aterran, aparecen los miedos y todo se nos vuelve turbio, nos sentimos envueltos por temores y de alguna manera nos encierran en nosotros mismos; no queremos que a nosotros nos suceda lo que escuchamos, nos sentimos defraudados y hundidos ante eso sucedido que no es bueno y nos hace perder ilusiones y esperanzas. Pero las malas noticias están ahí, porque ahí están cuantas cosas nos suceden que no son buenas o alguien pudiera estar dañando. Con malas noticias nos es difícil caminar, porque todo nos resulta un peso demoledor y al final lo que hacemos es ir arrastrándonos sin mucha esperanza.

Pero las buenas noticias nos alientan  y despiertan esperanza; en eso positivo que nos está llegando como noticia vemos que es posible alcanzar aquello que soñamos, que podemos avanzar, que podemos hacer algo distinto, nuevo y bueno; las buenas noticias ponen alegría en el corazón y dan ligereza a nuestros pasos y a cuanto queremos emprender, porque sabemos que ahí cerca está lo que nos prometen o con lo que soñamos.

La aparición de Jesús por Galilea fue en si misma una buena noticia para aquellas gentes tan acostumbradas a rutinas y a sombras, algo nuevo se despertaba en sus corazones porque veían que las promesas mesiánicas de los profetas estaban más cerca de cumplirse. Es lo que Jesús proclama, una buena noticia del Reino de Dios que está cerca, y es en lo que se convierte la misma presencia de Jesús con los signos de ese nuevo Reino de Dios que El va realizando.

Nos dice hoy el evangelista que dejó Nazaret y se estableció en Cafarnaún; era como el centro de Galilea, una ciudad importante en todos los sentidos y su misma situación la convertía en una encrucijada de caminos; entrada a Palestina por el norte conectaba con el camino de Damasco y con todo lo que se llamaba la media luna que conectaba con los pueblos más orientales. Es importante y significativo el lugar escogido.

Aunque establecido en Cafarnaún recorre sin embargo los pueblos y aldeas de toda Galilea y todos los lugares va haciendo el mismo anuncio, la buena nueva de que el Reino de Dios estaba cerca; una buena noticia, evangelio que diremos tomando la palabras más griega, que no eran solo palabras, los anuncios que Jesús hacía sino las señales que realizaba, los signos de ese reino nuevo donde había de desaparecer el mal; las múltiples curaciones que Jesús iba realizando en todos aquellos enfermos que le traían era el signo de ese mundo nuevo.

Y con esa buena noticia a la gente se le abrían las puertas de la esperanza. Acudían de todas partes, nos dice el evangelista; Jesús quería llegar a todos y de ahí sus recorridos y cómo lo veremos siempre en la cercanía de la gente sobre todo de los que sufren, pero también era alguien con los brazos abiertos, con el corazón abierto para acoger a cuantos llegaran hasta El fuera cual fuera su situación. Enfermos en sus cuerpos y enfermos en su espíritu, quienes se sentían solos y abandonados o quienes se sentían discriminados y apartados incluso de la vida de la sociedad, atormentados quizás por el mal de sus vidas o confundidos por lo que contemplaban sentían perdida toda ilusión y toda esperanza.

La presencia de Jesús era una brisa fresca que daba ansias y deseos de caminar, era un faro de luz que iluminaba para ayudar a encontrar un sentido y un valor a cuanto sucediera, por eso el evangelista recuerda al profeta. ‘El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, una luz nueva y grande les brilló’. Y cuando hay luz dan más deseos de caminar, cuando hay luz encontramos el sentido y el valor de todas las cosas incluso de aquellas que nos desconciertan y nos hacen sufrir. Ese evangelio, esa buena noticia del Reino de Dios que Jesús proclamaba es ese rayo de luz y de esperanza que se enciende en medio del pueblo.

Y nosotros ¿sentimos estas palabras como realizadas también en nosotros? ¿Seguiremos sintiendo que el evangelio del Reino es también una buena noticia para nosotros y para el  hombre de hoy?

viernes, 3 de octubre de 2025

Escuchemos esa Palabra que se nos anuncia como en verdad lo tiene que ser para nosotros, Palabra de Dios que nos está hablando hoy a nuestra vida concreta

 


Escuchemos esa Palabra que se nos anuncia como en verdad lo tiene que ser para nosotros, Palabra de Dios que nos está hablando hoy a nuestra vida concreta

Baruc 1,15-22; Salmo 78; Lucas 10,13-16

Es como si me lo hicieras a mí. Es la reacción que solemos tener cuando sentimos que se ofrende, por ejemplo, a alguien a quien nosotros queremos mucho; son las reacciones que tenemos cuando nos ‘tocan’ a nuestra madre, por decirlo de alguna manera, y salimos en su defensa, porque es nuestra madre, y lo sentimos como algo que nos hacen a nosotros mismos; es también una reacción cuando hay una amistad profunda entre dos personas que se sienten muy unidas de manera que casi las cosas de uno son como si fueran de los dos. ‘Me estás ofendiendo a mi’, les decimos y eso no lo puedo aguantar. Por extensión así nos afectan las cosas de nuestro pueblo y son las reacciones que tenemos muchas veces entre pueblos vecinos, donde defendemos lo nuestro, las cosas de nuestro pueblo como si tocaran cosas nuestras personales.

Es lo que nos está expresando Jesús de la recepción o no que se haga de sus palabras, pero sobre todo de aquellos que como enviados suyos nos traen la buena nueva del Evangelio. De ahí nace también la valoración y el respeto que los cristianos tenemos por nuestros pastores, porque los vemos como enviados de Jesús para ofrecernos la gracia de la salvación.

Este texto intercalado aquí en el evangelio en la valoración que se está haciendo de la acogida al evangelio que se tiene en algunos lugares de Galilea, tiene también esa amplitud más abierta y universal en referencia a los que son los enviados de Jesús para el anuncio del evangelio; cosa que, por supuesto, tendría que hacernos pensar en la acogida que hacemos del mensaje de Jesús en nuestras vidas, la importancia que le damos a la Palabra de Dios y cómo hacemos que sea semilla plantada en la buena tierra de nuestro corazón para hacerle dar fruto.

Como decíamos, en este texto se parte de la respuesta que están dando al anuncio del Reino de Dios en algunos lugares de Galilea. Hemos visto cómo la gente acogía la palabra y la enseñanza de Jesús, cómo se entusiasmaban por escucharle y por estar con El, cómo cuando contemplaban los milagros que Jesús hacia curando a los enfermos o expulsando a los demonios ellos sabían ver un signo de la presencia de Dios en medio de ellos. ‘Dios ha visitado a su pueblo’, exclamaban en muchas ocasiones.

Pero bien contemplamos en algunas ocasiones que esos entusiasmos eran pasajeros; ya Jesús nos había señalado en la parábola del Sembrador, como no siempre la tierra estaba preparada para recibir la semilla, y la caída en el borde del camino se la comían las aves del cielo y lo daba fruto, la caída entre pedregales o zarzales pronto se secaba por falta de buena tierra donde enraizarse esa nueva planta del Reino de Dios que iba brotando en los corazones de quienes la escuchaban. No siempre se recogía el fruto al ciento por uno.

Es lo que ahora detectamos en este texto en relación a aquellos pueblos de Corozaín y Betsaida, en los alrededores del lago de Tiberíades o en el propio Cafarnaún. Muchos milagros había realizado Jesús en aquellos lugares, mucha había sido su presencia cuando caminaba aquellos caminos de Galilea, pero no siempre dan fruto; pronto se secaba aquella planta del Reino de Dios, porque pronto olvidaban las acciones de Dios en medio de ellos.

Es la queja de Jesús, es la nueva invitación que está haciendo Jesús, es la persistencia de la presencia y predicación de Jesús en aquellos lugares. Pero no lo podemos mirar como hechos acaecidos en la lejanía de los tiempos y lugares. Somos nosotros hoy los que escuchamos esa Palabra de Dios, en medio de nosotros también se están realizando esos signos de Dios que no siempre sabemos descubrir; también nosotros muchas veces nos ponemos críticos ante el anuncio que nos hace la Iglesia o ante la invitación que nos hacen nuestros pastores; tantas veces damos la vuelta, no queremos escuchar, no nos dejamos interpelar, ponemos nuestros ‘peros’ y nuestras pegas, nos hacemos oídos sordos.

¿Escucharemos esa Palabra que se nos anuncia como en verdad lo tiene que ser para nosotros Palabra de Dios que nos está hablando hoy?

martes, 15 de julio de 2025

Hagámonos eco de tantos signos y señales que Dios pone a nuestra vera en el camino de la vida para dar respuestas de vida y amor y no nos encerremos en nosotros mismos

 


Hagámonos eco de tantos signos y señales que Dios pone a nuestra vera en el camino de la vida para dar respuestas de vida y amor y no nos encerremos en nosotros mismos

Éxodo 2,1-15ª; Salmo 68; Mateo 11,20-24

Te lo he dicho tantas veces y no me haces caso. Seguramente algo así hemos dicho más de una vez al amigo a quien advertíamos de las consecuencias de algo que estaba haciendo y que no era bueno, son las recomendaciones de los padres a los hijos o entre los miembros de la familia ante situaciones en las que habríamos de tener cuidado, pero a lo que tantas veces nos hacemos oídos sordos para no querer escuchar, para no actuar en un momento determinado, para tomar una decisión que podía ser importante, para hacer un cambio en costumbres o en manera de actuar. Digo que le hemos dicho a los demás, pero hay que reconocer que nosotros también somos así muchas veces y nos hacemos oídos sordos para seguir con nuestro  punto de vista o con nuestras rutinas.

Le estaba pasando a Jesús con muchos de aquellos pueblos en los que una y otra vez había anunciado el Reino de Dios y había realizado multitud de signos y milagros, pero no todos daban el brazo a torcer, no todos aceptaban su mensaje para hacerse sus discípulos. Jesús se siente dolido, pero lo hace con un inmenso amor y derramando una y otra vez su misericordia sobre ellos para que cambien la actitud de sus corazones. Siente lástima y pena porque aquellas ciudades del entorno del lago de Tiberíades que tantas veces había recorrido se estaban pareciendo a aquellas ciudades antiguas tal como aparecía en las Escrituras que había merecido el castigo divino. Es una llamada más, como solemos decir la última llamada, pero en el corazón de Dios nunca será la última porque El será siempre el Divino Pastor que busca por montes y barrancos a la oveja perdida.

Pero no nos vamos a quedar en una mirada en la lejanía lamentando lo que entonces aquellas ciudades hacían. Siempre la Palabra de Dios que escuchamos es una Palabra de vida para nosotros hoy, que no pretende simplemente recordar historias, sino que quiere llegar a nuestro corazón para revisar actitudes y respuestas que nosotros hoy damos o no damos a ese regalo de Dios.

¿No habremos sentido muchas veces esos signos de Dios en nosotros, esas señales que Dios va poniendo en nuestro camino, esa Palabra que quiere llegar a nuestro corazón para moverlo de verdad a la conversión? Tenemos la tentación de dejarlo siempre para más tarde, para otro momento; tendremos tiempo, nos decimos, y seguimos enfrascados en nuestras rutinas o en nuestras malas costumbres, en esa cerrazón del corazón pensando que ya tendremos tiempo de responder, de dar ese cambio que necesitamos en nuestra vida. No damos las señales de conversión que Dios nos está siempre pidiendo. Sepamos también escucharnos mutuamente los unos a los otros que también tenemos algo que decirnos.

El tiempo se nos puede acabar, el final de la vida nos puede llegar en el momento más inesperado, nos puede suceder algo tras lo cual ya no tendremos tiempo de reaccionar. Reavivemos ese amor de Dios en nuestros corazones, no nos hagamos oídos sordos, escuchemos esa palabra que nos habla y llega a nosotros de mil maneras, estemos atentos a esas recomendaciones que puedan darnos muchas personas buenas a nuestro lado, sepamos descubrir tantas señales del amor de Dios que se nos pueden manifestar en el testimonio de otras personas. Son llamadas de Dios, invitaciones al amor, a la conversión, al arrepentimiento, a volver a retomar esos caminos de vida nueva que nunca debíamos de haber abandonado.

¿Cuándo nos vamos a decir a dar esa respuesta que nos está pidiendo el Señor?

lunes, 5 de mayo de 2025

Por esa fe que tenemos en Jesús buscándole de verdad para que hagamos vida sus enseñanzas con nuestras acciones y opciones de cada día

 


Por esa fe que tenemos en Jesús buscándole de verdad para que hagamos vida sus enseñanzas con nuestras acciones y opciones de cada día

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

Todos siempre buscamos algo, buscamos lo tenemos perdido, buscamos vivir mejor, buscamos ser felices, buscamos suerte en la vida y si nos sacamos la lotería mejor, buscamos la salud, buscamos lo que necesitamos para vivir, buscamos el encuentro con alguien, buscamos… y a ello dedicamos nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestros sueños, somos capaces de ir al fin del mundo si nos dicen que allá está lo que ansiamos.

Pero ¿estaremos buscando cosas que son esenciales o importantes para nuestra vida? ¿Serán en verdad cosas de las que pueda depender nuestra felicidad o el sentido que le damos a la vida? ¿Nos estaremos entreteniendo en la búsqueda de cosas superfluas? ¿Estaremos por otra parte buscando cosas extraordinarias, poco menos que milagrosas, que nos resuelvan los problemas? ¿Por qué realizamos esa búsqueda? ¿Por qué nos afanamos tanto por cosas muchas veces solamente materiales? Es bueno hacernos preguntas para clarificar bien qué es lo que buscamos de verdad o si es solo un entretenimiento, clarificar por qué buscamos y dónde.

¿Será el evangelio una luz que nos ayude en esa búsqueda fundamental de nuestra vida? El relato que hoy se nos ofrece nos habla de búsquedas. Fue al día siguiente de cuando la multitud comió en el descampado aquel pan que Jesús milagrosamente les había ofrecido. Su reacción había sido de entusiasmo y hasta habían querido hacer a Jesús rey; pero Jesús había embarcado a los discípulos para Cafarnaún mientras se había retirado solo a la montaña. Esas retiradas de Jesús solo a la montaña, o al lugar apartado que tantas veces le vemos hacer. Nos tendría que interrogar por dentro esos momentos de Jesús.

A la mañana siguiente Jesús no está con la multitud donde se había producido la multiplicación de los panes; los discípulos tampoco están porque habían embarcado rumbo a Cafarnaún; la gente quiere buscar a Jesús, con unas barcas llegadas al sitio se embarca también rumbo a Cafarnaún y al llegar se encuentran con Jesús. ¿Cómo has llegado aquí?, es la pregunta llena de sorpresa.

¿Por qué me buscáis? Les responde Jesús a su vez interrogándolos sobre el por qué lo hacen. Habían visto cosas extraordinarias y eso siempre llama la atención; fue lo sucedido allá en el descampado, o eran aquellas curaciones cuando le traían los enfermos aquejados de todos los males. Los ponían a la orilla de la senda por donde iba a pasar Jesús para que al menos su sombra llegara a ellos; venían de todas partes y los evangelistas en diferentes momentos nos darán la lista de los lugares; venían como Jairo o como el centurión para que fuera a sus casas para curar a la hija o al criado que están enfermos en malas condiciones; los descolgaban por el techo cuando no podían llegar hasta Jesús de otra manera o por los cauces normales.

Pero ¿qué estaban viendo ellos en aquellos signos que Jesús estaba realizando? ¿Estarían en verdad descubriendo el sentido del Reino de Dios que Jesús anunciaba y que los milagros eran signos del mismo? ¿Se preocupaban sólo de la liberación de los males de sus cuerpos enfermos o llegarían a pensar en otra liberación más profunda?  En más de una ocasión les había hablado claramente y les decía a los que eran curados, ‘vete y no peques más’, no porque sus males fueran consecuencia de sus pecados, sino porque la liberación más profunda que Jesús quería realizar era el mal que se metía en los corazones.

¿No nos tendría que hacer pensar a nosotros hoy en cual es la liberación más importante que tenemos que realizar en nuestras vidas desde esa fe que decimos que tenemos en Jesús? Porque muchas veces nos mostramos muy religiosos, con muchas prácticas religiosas cuando venimos a la Iglesia o también en nuestra vida particular, pero  ¿estará afectando todo eso para que seamos mejores, para que quitemos las maldades de nuestro corazón en las que tantas veces nos vemos envueltos, para que nos superemos en esas actitudes nuevas que tendría que tendríamos que tener? ¿Estarán en verdad aflorando en nosotros esos valores nuevos que aprendemos en el evangelio, en el mensaje de Jesús? ¿Seguiremos con nuestros olvidos, con nuestra inconstancia, con nuestros apegos, con nuestras angustias que como una rémora retrasan el avance que tendría que haber en nuestras vidas?

Claro que tenemos que preguntarnos por qué buscamos a Jesús. ¿Qué es lo que tenemos que hacer para ver y realizar las obras de Dios?, se preguntaba aquella gente. ‘La obra de Dios es ésta: que creáis en el que Él ha enviado’. Qué importante que aquilatemos bien lo que significa creer en Jesús. Que Jesús sea el alimento de nuestra vida. Que tengamos hambre de lo que el soñó para la humanidad. Que hagamos vida sus enseñanzas con nuestras acciones y opciones de cada día.


viernes, 17 de enero de 2025

Jesús a nosotros también nos dice ‘levántate y anda’, aunque no estemos cojos físicamente, porque son muchas las camillas que nos impiden caminar de verdad

 


Jesús a nosotros también nos dice ‘levántate y anda’, aunque no estemos cojos físicamente, porque son muchas las camillas que nos impiden caminar de verdad

Hebreos 4,1-5.11; Salmo 77; Marcos 2,1-12

Con que facilidad nos cegamos y no somos capaces de ver lo que con claridad tenemos ante nuestros ojos; cuántas discusiones y enfrentamientos sostenemos, ya sea de una forma dialéctica, pero que en ocasiones caemos en posturas violentas por no ser capaces de ceder para comprender el razonamiento que se nos ofrece; es esa postura que mantenemos, muchas veces excesivamente marcada por nuestro amor propio que nos impide dar el brazo a torcer, como se suele decir, para entender algo nuevo que se nos presenta, un nuevo plan sobre lo que estemos proyectando, una nueva vía que se puede abrir en la vida para la solución de muchas cosas. Andamos con prevención ante lo que se nos pueda ofrecer porque tenemos nuestras ideas muy cerradas, pensando que nuestra postura es la única buena y ya no seremos capaces de ver algo distinto. Son también los prejuicios que nos hacemos o que tenemos ante las otras personas que nos llevan como por sistema a rechazar todo lo que resulte novedoso. Tendría que hacernos pensar y reflexionar.

Sucedía con Jesús. Había algunos que andaban prevenidos contra aquel profeta – la gente sencilla así lo consideraba ya – que había surgido en las tierras de Galilea. Pronto incluso bajarán escribas o personajes de ciertas tendencias desde Jerusalén para observar lo que está sucediendo porque la fama de Jesús está llegando a todas partes. Había sucedido también con Juan Bautista allá en el Jordán en el desierto a donde también habían enviado una embajada para indagar qué sentido tenía aquella predicación y aquellos signos que realizaba el Bautista.

De alguna manera es lo que hoy contemplamos también en este momento en el evangelio con Jesús. Su fama se había ido extendiendo que cuando regresa de nuevo a Cafarnaún la gente se agolpa a la puerta de la casa donde Jesús está enseñando. Por allá se habían logrado introducir también los de esa embajada, llamémosla así, para observar lo que hacía Jesús.

Y llegan unos hombres de buena voluntad que traen un paralítico en una camilla para que Jesús lo cure; es imposible atravesar la puerta a causa de la gente aglomerada y deciden descolgarlo desde el techo. Quieren la salud para aquel hombre y hacen de su mano todo lo posible. Es la fe, de la que Jesús incluso se maravilla y Jesús que ofrece la salud a aquel hombre, pero no ha dicho que se levante de la camilla, sino que sus pecados están perdonados. Estupor, sorpresa en los presentes ante las palabras de Jesús, que pasa a ser juicio condenatorio en el interior de aquellos que estaban allí con sus prevenciones para juzgar. ‘Este hombre blasfema’, es todo lo que se les ocurre decir. ¿No habían traído a este paralítico para que lo curara? Sus prejuicios iban por delante de todo razonamiento.

Vemos cómo Jesús pacientemente les hace ver de verdad quién es el que puede decir esas palabras. ¿No tendríamos que recordar aquel texto del profeta que escuchamos en la sinagoga de Nazaret que habla del que venía lleno del Espíritu para proclamar el año de gracia del Señor?

Los ciegos que recobran la vista, los leprosos que son curados, los sordomudos que recuperan el habla y el oído, los paralíticos que comienzan a caminar, los muertos que son devueltos a la vida son signos y señales de que el Reino de Dios ha llegado, y con el Reino de Dios llega la gracia y el perdón, con el Reino de Dios llega de nuevo el amor y la paz, con el Reino de Dios llega el que los hombres de verdad nos podamos amar los unos a los otros, con el Reino de Dios llegan nuestras actitudes y posturas, nuevos valores que enriquecen de verdad al hombre por dentro. Es lo que Jesús anuncia y proclama, es el Evangelio, la buena noticia que viene a anunciarnos.

Más importante es la paz que sintamos en el corazón porque nos veamos liberados desde lo más hondo de las peores esclavitudes que el hecho de recobrar la vista o el movimiento de nuestros miembros. Importante es esa transformación que sentimos por dentro cuando comenzamos a ver de forma distinta al que camina a nuestro lado; importantes son esos nuevos pasos que podamos dar para construir la paz buscando la reconciliación entre todos; importante es esa mano tendida para ayudar y para compartir porque nuestro corazón está lleno de amor y de generosidad. Son muchas las camillas de las que tenemos que desprendernos, esas actitudes negativas que tantas veces nos paralizan, nos enfrentan, nos hacen dejarnos arrastrar por las pasiones.

Jesús a nosotros también nos dice ‘levántate y anda’, aunque no estemos cojos físicamente, porque son muchas las camillas que nos impiden caminar de verdad.  Y aquí tendríamos que pensar también en todos esos prejuicios que nos ciegan y esas prevenciones que nos llevan a juicios condenatorios, a resentimientos, a orgullos que nos hacen creernos superiores o mejores.

 

martes, 16 de julio de 2024

Pensemos en la huella o no que los cristianos hoy estamos dejando en la sociedad y en la cultura en la que vivimos

 


Pensemos en la huella o no que los cristianos hoy estamos dejando en la sociedad y en la cultura en la que vivimos

Isaías 7, 1-9; Salmo 47; Mateo 11, 20-24

Si somos observadores y reflexionamos sobre la vida y las costumbres de los pueblos, o incluso podemos pensarlo también simplemente en el ámbito de las familias nos daremos cuenta donde hubo alguien que supo dejar huella en aquella comunidad o en aquel grupo humano. Un personaje que fue verdaderamente líder y supo ir sembrando valores en aquel grupo humano, o en aquella sociedad y veremos como en aquel grupo se siguen manteniendo unos valores que de alguna manera marcan el sentir y el vivir de aquellas gentes.

Pensemos en el ámbito de las familias uno se da cuenta, porque ha quedado la huella, de aquel padre de familias, de aquel abuelo que supo imponer no solo un respeto sino unos valores que ahora destacan en aquellas familias. Qué importante que haya esas personas, que no tienen que haber hecho cosas extraordinarias, sino que han sabido arrastrar, o más bien han sabido mover desde lo más hondo para marcar nuestro carácter como personas y como pueblo.

Era, podíamos decir de alguna manera, lo que significaba la presencia de Jesús en medio de aquellos pueblos de Galilea donde principalmente desarrollaba su labor; de ahí cómo van surgiendo los discípulos que le siguen, que quieren estar con él, que son capaces de dejarlo todo por seguirle. Era la huella que Jesús iba dejando en sus corazones, era la transformación que se iba realizando en aquellas gentes, aunque bien sabemos que no todos respondían de la misma manera.

El relato del evangelio nos va describiendo ese camino que iba realizando en medio de aquellos pueblos; la gente estaba con Jesús, se iba tras Jesus; lo vemos cómo incluso son capaces de estar días y día siguiéndole en ese camino itinerante que Jesús iba realizando hasta olvidarse de llevar suficientes provisiones como les veremos en determinados momentos. El evangelio nos habla de diferentes momentos en que Jesús multiplica los pocos panes que tienen para repartir entre todos, también como un signo de cómo El se parte y se reparte para ser esa luz y ese alimento de nuestras vidas.

Sin embargo hoy nos encontramos con un episodio en que se manifiesta ese dolor del Corazón de Jesús porque no todos dan la necesaria y suficiente respuesta. Nos habla el evangelista de aquellas poblaciones de los alrededores del lago de Tiberíades donde Jesus tanto ha enseñado y tantos signos ha realizado, pero donde no encuentra la suficiente respuesta. Es la queja de Jesus. Si en otros lugares se hubieran realizado los signos que allí realizó – y menciona Jesús ciudades paganas – otra habría sido la respuesta. Sus corazones estaban endurecidos de manera que en ellos el paso de Jesús parecía que no podía dejar huella. Son duras las palabras de Jesús. ‘Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras’.

Pero no nos quedamos nosotros en hacer un juicio sobre la respuesta de aquellas ciudades. Son un signo y una señal para nosotros. Es donde tenemos que preguntarnos ¿qué huella ha dejado en nuestra vida todo lo que ha sido lo que llamamos nuestra vida cristiana, todo lo que en la Iglesia de una forma o de otra hemos vivido a lo largo de los años de nuestra vida? Es una pregunta seria, una pregunta que de verdad tiene que interpelarnos por dentro. ¿Nos hemos sentido realmente tocados por la gracia de Dios? ¿Dónde están nuestros frutos?

Si además nos decimos cristianos, seguidores de Jesús, decimos que creemos en El y que somos sus seguidores ¿cuál es la huella que dejamos en nuestro entorno? 

¿De qué manera estamos nosotros contagiando a los que están en derredor nuestro de nuestra fe y de nuestra vida cristiana? 

¿Se nota que cada día florecen más los valores cristianos en nuestro entorno porque es lo que sabemos inculcar en nuestras familias, en nuestros hijos, en nuestros convecinos? 

¿Se nota la levadura del evangelio en nuestra sociedad? 

¿Qué estamos haciendo realmente para influir en nuestra sociedad? 

¿O andaremos vergonzosos jugando al escondite para que no se note que nosotros somos cristianos?


sábado, 20 de abril de 2024

Seamos capaces de dar ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro porque Jesús también tiene para nosotros palabras de vida eterna

 


Seamos capaces de dar ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro porque Jesús también tiene para nosotros palabras de vida eterna

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Salmo 115; Juan 6, 60-69

Siempre encontraremos una excusa – que en sí misma tendrá más o menos valor, pero que a nosotros nos parece válida – para echarnos atrás cuando nos parece que las exigencias o los compromisos a los que nos llevan, nos parecen excesivos para lo que nosotros seríamos capaces de buenamente dar. Y es que eso de ‘buenamente dar lo que podamos’ lo llevamos demasiado metido dentro de nosotros y nos quiere valer siempre de excusa. No queremos llegar tan lejos; queremos mantener siempre nuestras reservas para nosotros, por si acaso, decimos; siempre queremos guardar un as en nuestra manga, por si acaso las cosas no salen como habíamos soñado.

¿Andarían por esas aquellos judíos de Cafarnaún que han venido escuchando a Jesús - y fueron ellos los que vinieron buscándoles y hemos de reconocer por sus intereses – y ahora les parecen duras las palabras de Jesús y por eso le abandonan y no quieren seguirle?

No sé si era tanto por aquello que había dicho Jesús de que había que comer su carne – cosa que comprendemos les pareciese dura – o realmente iban comprendiendo que eso de seguir a aquel predicador, aquel profeta de Nazaret que por allí había aparecido tenía muchas exigencias, muchas eran las cosas que había que cambiar en su mentalidad, con muchas cosas tendrían que romper en sus rutinas y costumbres, si en verdad querían ser discípulos suyos con todas sus consecuencias.

Y eso que ellos aun quizás no sospechaban los sumos sacerdotes y los dirigentes del pueblo estaban comenzando a tramar contra Jesús. Algún as tenían ellos que guardarse en la manga. Mas tarde veremos que incluso aquellos que le habían sido más fieles y con El habían subido a Jerusalén para aquella pascua, comenzarían también con sus traiciones y negaciones, comenzarían a huir a la espantada como sucedería en Getsemaní, y también andarían ocultos por miedo a los judíos, como se habían encerrado en el Cenáculo.

Por eso veremos a aquellos posibles discípulos de Cafarnaún se echan atrás y ya no quieren seguir a Jesús. ¿Sería ya un anticipo de lo que iba a suceder en las calles de Jerusalén que gritarían contra Jesús pidiendo su crucifixión y su muerte aunque días antes le habían aclamado como el que venía en nombre del Señor? Así andaban entre dudas y miedos, entre interrogantes que siempre los había por dentro, y desconfianzas que les hacían pensarse las cosas. ¿Podremos llegar más allá? ¿Qué de nuevo nos pedirá Jesús? ¿Hasta dónde van a llegar nuestros compromisos? ¿Seremos capaces de seguir manteniendo la vela al lado de Jesús?

Como andamos nosotros también tantas veces en la vida, que nos dan ganas de echarnos atrás y abandonarlo todo, soñando a veces con posturas más cómodas y que no tengan tantas exigencias, pensando que el mundo nos está ofreciendo tantas cosas que nos atraen y muchas veces no sabemos que hacer.

Hoy de nuevo Pedro es el que se adelante, da el paso al frente, se atreve a hablar en nombre de los demás, aunque él luego también tendrá momentos de flaqueza, también se dejará dormir en lugar de estar atento y vigilante, se atreverá incluso a meterse en la boca del lobo, pero ahora hará una hermosa confesión de fe. ‘¿A quién vamos a acudir si solo tú tienes palabras de vida eterna?’

¿Seremos nosotros capaces de dar también ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro?


viernes, 6 de octubre de 2023

Abramos nuestros oídos para escuchar lo que el Señor ahora nos está pidiendo y demos respuesta, abramos nuestro corazón para que en verdad Dios reine en nosotros

 


Abramos nuestros oídos para escuchar lo que el Señor ahora nos está pidiendo y demos respuesta, abramos nuestro corazón para que en verdad Dios reine en nosotros

Baruc 1,15-22; Sal 78; Lucas 10,13-16

Qué fáciles somos para hacer juicio sobre la conducta de los demás y para nuestras condenas. No nos miramos a nosotros mismos. Como nos dice en otro lugar el evangelio somos fáciles para ver la paja en el ojo ajeno pero no nos damos cuenta de la viga que hay en el nuestro. Y esos juicios crean desconfianzas, distanciamientos, marcamos con un sambenito a personas o lugares con mucha facilidad y ya siempre los estaremos viendo desde ese prisma turbio que nos hemos creado; nos encerramos por otra parte en nosotros mismos, porque claro con cualquiera no nos vamos a mezclar.

Y nos sucede hasta en las interpretaciones que nos podamos hacer del texto sagrado de la Palabra de Dios. Además parece más fácil aplicárselo a los demás que aplicárnoslo a nosotros mismos. Es una tentación que podemos tener con el evangelio que hoy se nos ofrece. Son las imprecaciones de Jesús a Corozaín, Betsaida y el propio Cafarnaúm, por la poca respuesta que están dando a la acción de Jesús en aquellos lugares. ‘Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotros, ya hay tiempo que se hubieran convertido…’ les dice. Y lo mismo le dice a Cafarnaúm.

Pero es aquí donde tenemos que detenernos en nuestra reflexión. Parece que nos contentamos con estas imprecaciones que Jesús hace a aquellas ciudades, y de ahí no pasamos. Es donde tenemos que hacernos una lectura de nosotros, de nuestra vida, de nuestra respuesta. Cuando hoy el evangelio nos está narrando este hecho no es solo para que veamos lo malas que eran aquellas ciudades, sino para que nos miremos a nosotros mismos.

Cuántas maravillas ha realizado el Señor en nosotros, en nuestra vida. Si quisiéramos hacer un listado de las veces que hemos escuchado el Evangelio a lo largo de nuestra vida, y con la escucha del evangelio tantas reflexiones que se nos han ofrecido en homilías, en charlas, en encuentros, la lista sería interminable. Si nos detuviéramos a pensar en cuántas ocasiones hemos visto la acción de Dios en nuestra vida, por ejemplo, que nos ha ayudado cuando hemos acudido con nuestros problemas y necesidades, ¿hasta donde llegaría esa lista? Y así podríamos seguir haciéndonos muchas más consideraciones, de las veces que hemos recibido el perdón en el Sacramento de la Penitencia, de las veces que hemos comulgado al participar en la Eucaristía… tendríamos que preguntarnos ¿y hasta donde llega nuestra respuesta?

Bien sabemos, y lo reconocemos, que somos pecadores que hemos vuelto a caer una y otra vez en las mismas cosas de las que nos habíamos arrepentido, bien sabemos cómo nos enfriamos espiritualmente con tanta facilidad y caemos en tibiezas y rutinas una y otra vez, bien sabemos las veces que le hemos dado la espalda y no hemos querido escuchar, hemos querido silenciar nuestra conciencia y buscamos mil justificaciones que de nada nos sirven porque nos falta sinceridad. ¿Quiénes somos para juzgar y para condenar a los demás?

Tenemos que ser más congruentes en la vida, obrar en consecuencia a esa fe que decimos que tenemos, aprender a superarnos de una vez por todas para recomenzar de una vez por todas esos caminos de rectitud y buena conciencia que tendríamos que tener. Abramos nuestros oídos para escuchar lo que el Señor ahora nos está pidiendo y demos respuesta a esa llamada del Señor, abramos nuestro corazón para que en verdad Dios reine en nosotros.


martes, 18 de julio de 2023

Con sinceridad tendríamos que decirnos a nosotros mismos, mira qué desagradecido con Dios con tanto que de Dios ha recibido

 

Con sinceridad tendríamos que decirnos a nosotros mismos, mira qué desagradecido con Dios con tanto que de Dios ha recibido

 Éxodo 2,1-15a; Sal 68;  Mateo 11,20-24

Mira qué desagradecido, nos atrevemos a pensar en más de una ocasión cuando no somos correspondidos por alguien al que quizás en muchas ocasiones habíamos ayudado de alguna manera pero que ahora parece que se desentiende de todo y todo parece darlo por olvidado. No es que hagamos las cosas para que nos las agradezcan, eso al menos decimos no sé si por quedar bien, pero nos gusta que esas personas correspondan de alguna manera, se acuerden de lo que un día hicimos por ellas y de alguna manera den una respuesta.

Claro que eso nos es fácil pensarlo de los demás y quizás somos nosotros en muchas cosas de la vida los que de alguna manera estamos actuando así. En fin de cuentas en la vida todo nos relaciona a los unos con los otros y siempre directa o indirectamente siempre estamos recibiendo algo de los demás. Son cosas que hemos de saber valorar, tener en cuenta, corresponder de alguna manera, es como iremos haciendo crecer también nuestras relaciones de amistad y todo lo que es el aprecio que nos hemos de tener los unos a los otros. Mucho tenemos en la vida que aprender en este sentido.

El evangelio de hoy nos está hablando de una queja de Jesús, por llamarlo de alguna manera; una queja hacia algunos pueblos y ciudades de aquel entorno de Galilea donde Jesús se prodigó más en su predicación y en sus milagros.  Se nos está refiriendo a algunos pueblos de aquel entorno del lago de Tiberíades, como eran Betsaida, precisamente la patria de Simón y de Andrés, y otras ciudades como Corozaín. Mucho había predicado Jesús allí y muchos milagros habría realizado y sin embargo no daban señales de conversión, no daban señales de creer en El.

‘Se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido: ¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida!’ Y Jesús les hace la comparación con Sodoma y Gomorra, aquellas ciudades destruidas por la increencia y la maldad con fuego del cielo, y también compara con Tiro y con Sidón, dos ciudades de gentiles, en las tierras de Fenicia junto al mar, dedicadas al comercio sobre todo pero que eran famosas por su increencia.

Y Jesús ahora les dice que si en esos sitios se hubieran hecho los milagros que en Corozaín y Betsaida se han realizado, seguro que hubieran dado señales de conversión. ‘Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Pues os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras… Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, - y está haciendo referencia ahora a Cafarnaún - habría durado hasta hoy’.

Pero releamos este pasaje del evangelio no solo pensando en aquellas ciudades y aquel entorno donde Jesús realizaba el anuncio del Reino de Dios, sino haciendo referencia a nosotros mismos. Hablábamos al principio de esa actitud desagradecida con que muchas veces caminos en la vida en nuestras relaciones entre unos y otros, hagamos ahora referencia a nuestra relación personal con Dios. ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Seremos en verdad conscientes de cuanto recibimos cada día de Dios en la misma vida que vivimos y en cuanto nos rodea que tendríamos que saber descubrir la mano de Dios?

Pensemos en nuestra vida personal, con nuestra historia, con nuestras luces y con nuestras sombras, todo lo que ha sido el camino en nuestra vida en lo religioso y en nuestra fe, en los sacramentos que hemos recibido o la Palabra de Dios que tantas veces hemos escuchado, en los problemas con que nos hemos ido encontrando en la vida y cómo tantas veces hemos pedido la ayuda de Dios, en tantos que Dios ha puesto a nuestro lado y que con su palabra, con su testimonio y su ejemplo han sido voz de Dios para nuestra vida, en las veces que nos hemos sentido pecadores y hemos implorado el perdón del Señor, y así podríamos según pensando en muchas cosas más. ¿Cuál ha sido nuestra respuesta? ¿Qué frutos de vida cristiana estamos manifestando en nuestra vida? ¿Hasta donde llega nuestro compromiso con la Iglesia?

Mira qué desagradecido, decíamos al principio pensando en las cosas que vemos en nuestro entorno en otras persona, pero ¿no tendríamos que decirnos a nosotros mismos, mira qué desagradecido con Dios con tanto que de Dios ha recibido?

 


lunes, 24 de abril de 2023

Un alimento que perdura para la vida eterna, algo que va a implicar mi vida de forma total, vamos a encontrar quien dé auténtica plenitud a nuestra vida

 


Un alimento que perdura para la vida eterna, algo que va a implicar mi vida de forma total, vamos a encontrar quien dé auténtica plenitud a nuestra vida

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Sal 118; Juan 6, 22-29

¿Qué es lo que nos llama la atención? ¿Qué es lo que nos atrae y nos entusiasma? Y podemos pensar en un espectáculo o podemos pensar en las cosas que suceden en nuestro entorno, podemos pensar en los personajes públicos o nuestros dirigentes, o podemos pensar, si queremos, ya sean nuestros profesores, nuestra propia familia o nuestros amigos. Hay gente que se entusiasma fácilmente, hay gente que sabe entusiasmar a los que le rodean; hay personas que arrastran con su personalidad, hay personas que las miramos en lo que hacen como una diversión. También depende de lo que nosotros busquemos, las miras que tenemos en la vida, lo que son nuestros sueños, el sentido que le damos a las cosas y a la vida misma. Para algunos solo es una diversión, como dicen algunos cuando pretenden hacer algo, asistir a algo, o simplemente estar con sus personas más cercanas, vamos a reírnos un rato.

En el entorno de Jesús también suceden cosas de este tipo. Hoy contemplamos a un grupo de gente que busca a Jesús. En la tarde anterior estaban en el descampado cuando Jesús había llegado en la barca con sus discípulos, y al final Jesús había multiplicado el pan milagrosamente para que todos comieran. Se habían entusiasmado tanto que hasta querían hacerle rey.

Pero Jesús se les ha escabullido. Habían visto que en una barca que había en la orilla se habían embarcado los discípulos solos, pero Jesús no aparecía por ningún lado, por eso a la mañana siguiente como no encuentran a Jesús en unas barcas también se embarcaron rumbo a Cafarnaún. Ahora allí se encuentran a Jesús. ‘¿Por dónde has venido? ¿Cuándo has venido aquí?’ Es la pregunta que surge pronta. Pero ahora Jesús es el que tiene una pregunta que hacerlos, ¿y por qué le buscan ellos con tantas ganas? Jesús mismo les da la respuesta. ‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Es necesario buscar a Jesús de otra manera. No puede ser solo por el interés, porque habían visto milagros, porque les había dado pan hasta saciarse. ‘Tengo a mi hijo enfermo’ decían algunos; quiero que pongas tu mano solo ella para que viva; y le trajeron paralítico y como podía entrar por la aglomeración de la gente, abrieron un boquete en el techo para hacerlo descender hasta los pies de Jesús; si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; Si quieres, puedes curarme, dice el leproso; Señor, que yo vea, le pide el ciego… y así podríamos recodar muchos momentos.

‘Trabajad por el alimento que perdura para la vida eterna’. No son solo unas curaciones de las que luego podemos volver a enfermar; no es un volver a la vida, quien sabemos que un día morirá definitivamente; no solo es la recuperación de la vista de unos ojos que un día podrán quedar ciegos de nuevo. Es buscar el alimento que perdura para la vida eterna. Es algo mucho más profundo que tiene que pasar por una fe auténtica en Jesús. Como dirá luego, ‘es el trabajo que Dios quiere, que creáis en el que El ha enviado’.

Pero creer no es un entusiasmo momentáneo; creer no es simplemente verme atraído por la simpatía de quien me está presentando un mensaje; creer no es querer que todo salga bien y que nunca nos pase nada malo; creer no es simplemente decir si algo que nos puede resultar novedoso y vamos a ver en qué queda esto; creer es mucho más que decir y ahora vamos a reírnos un rato porque todo va a salir bien y lo vamos a pasar del diez.

Un alimento que perdura para la vida eterna; algo que va a implicar mi vida de forma total de manera que el sentido de mi vida va a ser otro, va a ser distinto, me implicará en tomar otras opciones de la vida aunque las cosas parezca que se nos complican. Es atrevernos a comenzar un camino nuevo porque se nos abren otros horizontes, porque vamos a encontrar algo que nos llene de verdad, que dé auténtica plenitud a nuestra vida. Es atrevernos a creer en Jesús poniendo en El toda nuestra confianza, poniendo en sus manos toda nuestra vida.

viernes, 30 de septiembre de 2022

Detengámonos en la loca carrera y sepamos leer las señales que Dios va poniendo en nuestro camino, serán las que nos llevarán a la verdadera plenitud de vida

 


Detengámonos en la loca carrera y sepamos leer las señales que Dios va poniendo en nuestro camino, serán las que nos llevarán a la verdadera plenitud de vida

Job 38,1.12-21; 40, 3-5; Sal 138; Lucas 10,13-16

En los caminos encontramos señales que nos indican la dirección, a donde vamos o donde nos encontramos en cada momento, el tráfico en nuestras carreteras se rige también por unas señales que nos indican los peligros, nos hacen tomar precauciones para evitar accidentes, y nos indican como hemos de ir atentos por esa carretera si queremos llegar hasta la meta que nos hayamos propuesto; en la vida también vamos encontrando señales, unas convencionales en nuestros comportamientos o que nos pueden indicar como hemos de encontrarnos con las personas, o también podemos ir encontrando unas señales, más misteriosas podemos decir, que nos abren a otras dimensiones, que son como llamadas que hemos de atender también para poder entender la vida.

Pero cuando hemos venido hablando de todas estas señales convencionales que dirigen nuestra vida, en el fondo estamos pensando en algo más, unos como signos que nos va poniendo Dios en el camino de la vida, aunque no siempre sepamos interpretarle desde este sentido, que también quieren decirnos algo para nuestra vida en una transcendencia y en un nivel, podríamos decir, superior. Y es como creyentes hemos de saber reconocer que Dios nos va hablando, Dios nos va poniendo señales en el camino de la vida con las que podríamos darle una mayor profundidad a la vida o elevarnos a lo espiritual porque de alguna manera van siendo un encuentro con Dios. Sin embargo, no siempre sabemos leer esas señales, esos signos que Dios pone en nuestro camino.

Muchas veces nos suceden cosas de alguna manera inesperadas y que muchas veces nos trastruecan nuestra vida, nos obligan a cambios, nos pueden producir sufrimientos en el corazón, nos producen unos contratiempos que nos cuesta aceptar y nos hacen hacernos muchas preguntas en nuestro interior, cuando no nos llevan también a una cierta rebeldía espiritual. Creo que con serenidad tenemos, sí, que hacernos preguntas, pero no es necesario buscar culpabilidades que eso es algo que sabemos hacer muy fácilmente, sino qué es lo que querrá decirnos Dios con estas cosas, qué nos estará pidiendo y también, por qué no, qué nos estará ofreciendo.

Es difícil muchas veces en esos momentos tener la serenidad suficiente para hacernos esas preguntas y encontrar respuestas, pero tenemos que intentarlo, poner mucha fe en lo que hacemos, para no llenarnos de amarguras innecesarias y ver lo nuevo y lo bueno que Dios pudiera estar ofreciéndonos. Tendremos que pasar en cierto modo por momentos de desierto y de soledad, pero sepamos mantenernos firmes para en esos momentos saber escuchar la voz de Dios en nuestro corazón. Es una forma de escuchar a Dios.

Hoy en el evangelio vemos que Jesús recrimina a Corozaín y Betsaida por la poca respuesta que están dando a la acción de Jesús en aquellos lugares. Si en Tiro y en Sidón – ciudades fenicias y en consecuencia de gentiles – se hubieran hecho los signos y prodigios que se habían hecho en aquellas ciudades, seguro que hubieran dado otra respuesta. Y lo mismo le dice a Cafarnaún que se consideraba muy grande e importante por su prosperidad económica pero que no sabia sin embargo descubrir la señal de Dios que en medio de ellos estaba.

¿Nos habremos parado a pensar en las señales que Dios ha ido poniendo en nuestro camino a lo largo de la vida y que no hemos sabido leer? Si nos detenemos un poquito a pensar creo que tendríamos que reconocer muchas señales del amor que Dios nos tiene, pero que no hemos sabido hacer caso. Estamos a tiempo. Sepamos detenernos. Sepamos abrir los ojos y el corazón, sepamos dejarnos dirigir por las señales de Dios, oigamos en verdad lo que el Señor nos dice en el corazón.

miércoles, 31 de agosto de 2022

Queremos sentirnos unidos a Jesús pero hemos de ser conscientes de que nos sentimos enviados al anuncio del evangelio para que otros también puedan estar con Jesús

 


Queremos sentirnos unidos a Jesús pero hemos de ser conscientes de que nos sentimos enviados al anuncio del evangelio para que otros también puedan estar con Jesús

1Corintios 3, 1-9; Sal 32; Lucas 4, 38-44

Cuando alguien nos cae bien, nos agrada estar con él; cuando queremos a alguien no nos queremos separar de la persona que amamos; los familiares se quieren y lo que desean es estar siempre unidos; los amigos que se quieren buscan la manera de estar juntos el mayor tiempo posible; los enamorados quieren permanecer unidos en su amor.

Antes era la cercanía familiar, la relaciones entre las personas de un mismo lugar, los que se conocían por alguna circunstancia y entraban en sintonía aunque fueran de poblaciones distintas buscaban el medio de estar en contacto, de hablar, de encontrarse; hoy con los medios que tenemos que podemos comunicarnos fácilmente con gente de cualquier parte del mundo, nos habremos encontrado con alguien con quien sintonizamos de manera especial y aunque estemos en lugares distantes estamos con el deseo de un día encontrarnos. Estamos hechos para los demás, para la relación, para el encuentro.

Me ha venido a la mente esta reflexión el contemplar la reacción de las gentes de Cafarnaún tan pronto conocieron a Jesús. Lo buscaban donde estuviera y no querían que Jesús se fuese a otros lugares. Estamos escuchando en el evangelio el inicio de la predicación de Jesús por las ciudades y las aldeas de Galilea. Ha llegado a Cafarnaún, como hemos escuchado en días anteriores, en la sinagoga curó a un hombre poseído por el mal después de haber estado enseñando a la gente, y al llegar a casa de Simón Pedro, su suegra está enferma; le piden que le imponga las manos y la mujer se puso a servirles.

Al atardecer, hemos de recordar que era un sábado cuando había ido a la sinagoga y hasta la tarde estaban obligados al descanso sabático, según se pone el sol le traen multitud de enfermos para que Jesús los cure. ‘Al ponerse el sol, nos dice el evangelista, todos cuantos tenían enfermos con diversas dolencias se los llevaban, y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los iba curando’.

Sin embargo a la mañana siguiente temprano Jesús se fue a un descampado, un evangelista nos dirá que a orar, y la gente lo busca, y vienen los primeros discípulos a decirle que la gente lo anda buscando, no quieren que se vaya a ningún otro lugar, pero El les dice que tiene que ir por otros lugares porque en todas partes ha de anunciarse el Reino de Dios. ‘Es necesario que proclame el reino de Dios también a las otras ciudades, pues para esto he sido enviado’.

Hay dos aspectos que hemos de subrayar en este momento. Por una parte el hambre de Dios que aquella gente tiene; han encontrado en Jesús una palabra de vida, una palabra que les llena de esperanza; han descubierto que con Jesús su vida puede ser distinta; ahí están los signos que está realizando; no es solo que cure en enfermos o arroje los espíritus malignos de los endemoniados, es la señal de algo nuevo que va a comenzar. Lo que había anunciado en la sinagoga de Nazaret. Estaba lleno del Espíritu de Dios que le enviaba a anunciar la Buena Nueva a los pobres, y todos se verían liberados del mal. Era lo que ahora allí estaban palpando, y por lo que querían estar con Jesús, porque sentían que con Jesús algo nuevo comenzaba.

Y el otro aspecto que hemos de subrayar es precisamente lo anunciado en la sinagoga de Nazaret, lleno del Espíritu del Señor era enviado a anunciar el evangelio a los pobres, a todas las gentes. Era lo que Jesús quería realizar, lo que estaba significando que quiera ir a otros lugares para proclamar allí el Reino de Dios. Aunque la gente Cafarnaún quisiera tener a Jesús para ellos solos.

¿Queremos estar con Jesús? ¿Encontramos en Jesús esa palabra de vida y de esperanza que llena y transforma totalmente nuestra vida? ¿Buscamos a Jesús y no queremos separarnos de El? ¿En qué medida se convierte así de importante para nosotros Jesús, el evangelio, el Reino de Dios? Y finalmente, si así queremos sentirnos unidos con Jesús ¿estaremos siendo conscientes que de El recibimos una misión y otras partes también hemos de ir para hacer el anuncio del Reino de Dios?