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martes, 1 de septiembre de 2026

El evangelio tiene que despertar algo nuevo en nosotros que nos sorprenda e interrogue aunque nos quedemos sin palabras, la palabra de Jesús es la única que vale y nos salva

 


El evangelio tiene que despertar algo nuevo en nosotros que nos sorprenda e interrogue aunque nos quedemos sin palabras, la palabra de Jesús es la única que vale y nos salva

1Corintios 2, 10b-16; Salmo 144; Lucas 4, 31-37

Hay cosas que nos dejan sin palabras; un hecho sorprendente, inesperado y maravilloso que sucede ante nosotros, una palabra que escuchamos que nos deja un interrogante en nuestro interior, un gesto o un detalle que observamos en alguien de quien no esperábamos que fuera capaz de hacer lo que hizo. Quedarnos sin palabras es no saber explicarnos por qué suceden tales cosas, la sorpresa que nos hace ver las cosas de otra manera a como nosotros pensábamos de siempre y para lo que parece que no encontramos razones pero que vemos que es distinto, algo que hace renacer de nuevo la ilusión y la esperanza porque encontramos una paz que no teníamos, porque nos sentimos sanados por dentro sin saber por qué ese cambio que se ha producido en nuestro interior… son interrogantes que se nos plantean, son preguntas de hasta dónde nos va a llevar esto nuevo que nos está sucediendo, son cuestionamientos de por qué hacíamos las cosas como las hacíamos y no habíamos caído en la cuenta de que podían ser de otra manera.

Claro que muchas veces no nos llevamos bien con esas novedades que nos van apareciendo porque casi queríamos seguir con la misma rutina de siempre, con lo que siempre se había hecho y no se nos había ocurrido que podía ser de otra manera; y puede surgir un rechazo, puede ser que queramos permanecer en nuestro conformismo de lo de siempre porque siempre se ha hecho así, o puede surgir el entusiasmo que nos hace buscar más y ponernos en camino hacia lo nuevo que se nos ofrece.

Son las reacciones que vemos que se van despertando en torno a Jesús, a su enseñanza y predicación y también a los signos que iba realizando como señal de que algo nuevo tenía que surgir. Están los que querían manipular el actuar de Jesús, como ayer contemplábamos en la sinagoga de su pueblo de Nazaret, donde al final pretenderán incluso despeñarlo por un barranco; hoy contemplamos cuando está enseñando en la sinagoga de Cafarnaún ante la admiración y el beneplácito de la gente que surge la voz discordante de aquel hombre poseído por un espíritu maligno que de alguna manera se enfrenta a Jesús. ‘¡Basta! ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios’.

Pero la autoridad de Jesús se sobrepone sobre esta reacción. Era la señal de lo nuevo que Jesús quería realizar en el corazón del hombre. ‘Jesús le increpó diciendo: ¡Cállate y sal de él!. Entonces el demonio, tirando al hombre por tierra en medio de la gente, salió sin hacerle daño’.

Entonces el evangelista nos comenta que todos están asombrados preguntándose por aquella autoridad de la palabra de Jesús. Se quedaron sin palabras, como decíamos al principio. No era a lo que estaba acostumbrados, no era la forma de enseñar de los maestros de la ley o quienes en la sinagoga los sábados comentaran las lecturas de la ley y los profetas. No parecían palabras repetidas o aprendidas de memoria, sino que había algo que se estaba transmitiendo desde lo más hondo. Por eso se están preguntando quien era aquel Jesús. que de tal manera les hablaba y les enseñaba.

Y es aquí donde entramos nosotros. Porque no estamos simplemente aprendiendo una lección de historia recordando lo que en otro tiempo sucedió. Nuestra escucha del evangelio tiene que despertar algo nuevo y distinto en nosotros; tenemos que dejarnos sorprender, tenemos que abrirnos a esos nuevos horizontes que Jesús pone ante nuestra vida, tenemos que sentir como nueva esa palabra para que se convierta en palabra de vida para nosotros, tenemos que ponernos humildemente con nuestra realidad ante Jesús aunque nos sintamos incómodos, tenemos que reconocer esas influencias que recibimos de un lago y de otro que algunas veces nos hacen resistirnos ante la buena noticia del evangelio, la buena noticia que tiene que significar aquí y ahora Jesús para nosotros, tenemos que despojarnos de viejas visiones que nos seguirían encerrando en el conformismo y la rutina, tenemos que dejar a un lado el espíritu del mundo que nunca llegará a entender a Jesús para dejarnos envolver, como nos decía san Pablo, por el Espíritu de Dios que nos llena de sabiduría para llegar a saborear de verdad las cosas de Dios.


viernes, 24 de abril de 2026

Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre es la manera de entrar en comunión con Jesús para vivir su vida y ser resucitados a la vida eterna

 


Comer el cuerpo de Cristo y beber su sangre es la manera de entrar en comunión con Jesús para vivir su vida y ser resucitados a la vida eterna

Hechos de los apóstoles 9, 1-20; Salmo 116; Juan 6, 52-59

En ocasiones hay cosas que nos desconciertan en la vida, se nos vuelven intragables, nos cuesta entender, podemos cruzarnos de brazos, por decirlo de alguna manera, y hacer como si esto no fuera con nosotros, o buscamos razonamientos, justificaciones y explicaciones que muchas veces también nos cuesta hacer, o lo aceptamos sin más, casi como un misterio más de la vida y tratamos de arreglárnosla como podamos. Pero quizás en una experiencia profundamente vital lo vamos haciendo nuestro para llegar no quizás a explicaciones, pero sí a ser algo que va a formar parte de nuestra vida y que al final nos irá haciendo comprender muchas cosas. Y es algo no solo en lo material sino en el sentido más espiritual de la vida con lo que nos podemos encontrar.

Así se encontraban en aquel momento los judíos de Cafarnaún ante la deriva de las palabras de Jesús en aquella búsqueda que iban realizando que les hacia ir tras Jesús por todas partes aun hasta los descampados donde parecía que Jesús quería refugiarse con sus discípulos más cercanos en algunas ocasiones. Así había sucedido cuando ante la carencia de provisiones Jesús les había alimentado milagrosamente allá en aquellos lugares apartados hasta donde le habían seguido. Ahora habían venido a Cafarnaún en su búsqueda y allí lo habían encontrado.

Pero en aquel encuentro Jesús les había hecho pensar en lo que ellos jamás habrían adivinado. Desde plantearles lo que de verdad sentían en su corazón cuando le buscaban, el por qué de sus búsquedas, pero de la necesidad de poner toda su fe en El para poder encontrar caminos de vida. Jesús les hablaba de un pan del cielo que habían de comer y que no era el maná que el desierto Moisés les había dado, porque ahora Jesús les decía que El era ese pan de vida, que era necesario comerle para tener vida para siempre, para alcanzar la vida eterna.

Les costaba entender esa adhesión tan radical que Jesús les estaba pidiendo. En sus visiones confundidas de lo que sería el Mesías no terminaban de entender el mensaje de Jesús de lo que en verdad significaba ese Reino de Dios del que tanto les había hablado. Ese pan de vida se tenía que convertir en el sentido nuevo de todo que les ofrecía Jesús y que tendría que hacerles entrar en un nuevo sentido de comunión con Jesús. Por eso ahora Jesús les habla de comer, de comer su carne y de beber su sangre para poder tener vida eterna; si Jesús les había pedido que había que creer totalmente en el para ser resucitados en el ultimo día, ahora les está diciendo que esa fe tiene que llevarles a una comunión tan grande como que tienen que hacerse una sola cosa con Jesús.

Como el alimento que comemos y que lo asimilamos de tal manera que se hace uno con nosotros, porque es el que va a sostener nuestra vida, nos dará esa energía y fuerza que necesitamos para vivir, no solo para que nuestros órganos vitales puedan funcionar, sino que es la vida que es algo mucho más profundo que hay en nosotros, en nuestro existir. Y Jesús nos dice entonces que tenemos que comerle para que haya esa asimilación profunda de la vida de Dios en nosotros, para que podamos llegar a esa comunión que nos hace uno con Jesús, de manera que nuestro vivir no es el vivir a nuestra manera sino el vivir en el estilo y en el sentido de Jesús.

Y eso nos cuesta expresarlo con nuestras palabras humanas, y tenemos que emplear una terminología que nos acerque a ese sentido de vida que Jesús nos ofrece, por eso Jesús habla de comer su carne y de beber su sangre, alimento de vida eterna, alimento que nos hace vivir no nuestra vida sino la vida de Dios. En aquel momento de las palabras de Jesús no se nos dice como se realizará ese misterio de vida que nosotros llegaremos a comprender muy bien desde la cena pascual.

Pero aquel fue un momento de desconcierto para todos, algunos lo abandonaron porque dura era aquella doctrina, los discípulos más cercanos no son ajenos a ese desconcierto, pero el amor que sienten por Jesús y el querer estar unidos a Jesús para siempre – ¡cómo les costaría su ausencia cuando llegó el momento de la pasión! – les hace ahora estar con Jesús. ‘¿A dónde vamos a acudir si tú tienes palabras de vida eterna?’, confesará Pedro. ¿Será esa la confesión que nosotros también hagamos para comprender lo que significa comer a Jesús? Por algo a ese sacramento de Jesús lo llamamos comunión.

martes, 13 de enero de 2026

Escuchemos a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio quiere hacer de nosotros un hombre nuevo liberado de toda atadura

 


Escuchemos a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio quiere hacer de nosotros un hombre nuevo liberado de toda atadura

1 Samuel 1, 9-20; Sal. 1 Sam 2, 1-8; Marcos 1, 21-28

Estamos de palabras que siempre nos dicen lo mismo y nos prometen lo mismo, por eso cuando aparece alguien que no es un simple repetidor, sino que lo que nos dice o nos habla surge de lo más hondo de si mismo y toca lo más hondo de nosotros mismos, nos despertamos, prestamos nueva atención. Claro que siempre estaremos al tanto para ver si es una estrategia que nos embauca o son de verdad esperanzas nuevas que se siembran en nuestros corazones.

Es lo que está sucediendo en estos primeros pasos de Jesús en lo que llamamos su vida pública y que ahora terminado el tiempo de Navidad vamos escuchando en este caso en las primeras páginas del evangelio de san Marcos. Jesús va a la sinagoga, podríamos decir que aprovecha el momento en que la comunidad se reúne para escuchar la ley y los profetas y como iría haciendo por todos aquellos lugares por donde comienza a predicar hace el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios está cerca.

La gente presta atención a sus palabras, porque además habla con autoridad, habla con sabiduría, habla con palabras que despiertan los corazones; no son palabras repetidas, como seguramente estarían acostumbrados a escuchar a los maestros de la ley. Jesús anuncia algo nuevo, algo distinto que despierta la esperanza; anunciar la llegada del Reino de Dios para ellos significaba la cercanía o la presencia del Mesías anunciado y tanto tiempo esperado. Jesús quiere siempre ir a lo más hondo de las personas, por eso ha pedido conversión para poder creer que esa buena noticia que les anuncia se realizará; es necesario una transformación de la vida, un cambio profundo, como salir de la enfermedad para estar con salud, como salir de la muerte para tener otra vez vida y vida de verdad. Las palabras de Jesús van llegando a sus corazones.

Pero es que Jesús acompaña sus palabras con sus actos. Si ofrece liberación porque tenemos que arrancarnos de tantas ataduras como tenemos en la vida, ahora lo van a ver palpable en el signo que va a realizar. Hay un hombre poseído por un espíritu inmundo, por el espíritu del mal, que ya está ofreciendo un rechazo a Jesús. Las tinieblas que no quieren dejarse iluminar por la luz, como tantas veces nos sentimos incómodos cuando nos dicen la verdad, cuando nos señalan aquellas cosas que tendríamos que mejorar en nuestra vida.

Pero bastan dos palabras de Jesús para hacer callar a aquel espíritu maligno. ‘Cállate y sal de él’, fueron las palabras de Jesús. ‘El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un grito muy fuerte, salió de él’, nos relata el evangelista. Y la gente se quedó asombrada porque hablaba con autoridad.

Escuchemos a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio. Algunas veces nos cuesta, nos hacemos oídos sordos, lo damos por sabido, pero siempre el evangelio es buena noticia, algo nuevo que llega a nuestra vida, que nos pone en nuevos caminos, aunque, como decía, algunas veces nos resistimos. Pero Jesús nos pone el dedo en la llaga aunque escueza. De muchas cosas tenemos que liberarnos para vivir esa libertad del hombre nuevo, no podemos seguir pendientes de ataduras, de rutinas, de malas costumbres que hemos ido adquiriendo con el paso de los años.

Abramos de verdad nuestro corazón a esa palabra salvadora que nos ofrece Jesús.

martes, 2 de septiembre de 2025

Una pregunta quizás que para nosotros tenemos que hacer es cómo estamos siendo la Iglesia y los cristianos signo de curación hoy para nuestro mundo

 


Una pregunta quizás que para nosotros tenemos que hacer es cómo estamos siendo la Iglesia y los cristianos signo de curación hoy para nuestro mundo

1Tesalonicenses 5, 1-6. 9-11; Salmo 26; Lucas 4, 31-37

¿Quién eres tú para hablarnos así? ¿Quién te ha dado vela en este asunto? Alguna vez reaccionamos así o vemos que alguien tiene una reacción así cuando alguien nos hace pensar, alguien nos señala cosas que no ve justas, o trata de meterse en nuestra conversación o en nuestra vida para decirnos cómo podríamos hacer las cosas de otra manera. No queremos que se metan en nuestros asuntos, que nos dejen tranquilos y no nos estén sermoneando, queremos hacer nuestra vida y que nada ni nadie interfiera; quizás al final nos demos cuenta aunque nos cuesta mucho dar el brazo a torcer y queremos buscar salidas sin quizás reconocer nuestros errores; así son nuestros orgullos y nuestro amor propio. Ha sido el consejo de un amigo, ha sido alguien que tiene una visión distinta, alguien que tiene una mayor amplitud de miras.

Algo así estaba pasando en aquellos comienzos de la predicación de Jesús por los pueblos y ciudades de Galilea. Había gente que le gustaba lo que Jesús estaba diciendo, siempre hay gente ansiosa de algo distinto y está dispuesta a escuchar, pero también quienes se van a ver implicados en algo nuevo que se les está ofreciendo quizás se muestren reacios y no quieran dar el brazo a torcer. Va a ser algo muy repetido a lo largo de la predicación de Jesús, como lo será a lo largo y ancho de nuestro mundo y en todos los tiempos. Cuando quieran sacarnos de nuestras rutinas, nos resistimos, cuando veamos algo de pérdida de influencia comenzamos a entrar en los caminos de la oposición y buscaremos la manera de quitar de en medio a quien nos está haciendo esos nuevos planteamientos.

Hoy, en este casi principio del evangelio de Lucas en su relato de la vida publica de Jesús, la imagen que se nos presenta es la del hombre poseído por el demonio; son los endemoniados que aparecerán muchas veces en el evangelio, y que no hacen solo referencia a los poseídos por enfermedades malignas que en aquel concepto de entonces eran como poseídos por el espíritu del mal, sino será como un signo de esa oposición que siempre encontrará Jesús, que siempre encontrará en todos los tiempos el evangelio de Jesús.

Un endemoniado levanta la voz en la sinagoga donde Jesús está un sábado enseñando. ¿Quién eres tú? ¿Por qué te metes con nosotros? Y Jesús se muestra con autoridad, expulsando como nos dice el evangelio el espíritu inmundo de aquel hombre que se resiste incluso tirándolo por los suelos. Pero la palabra y la autoridad de Jesús son firmes, el hombre se verá liberado del mal, y las gentes reaccionan y se preguntan. ‘¿Qué clase de palabra es esta? Pues da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen’. Todos se sienten sorprendidos y maravillados de manera que la noticia de Jesús se irá extendiendo por todos los pueblos.

¿Cuál sigue siendo nuestra reacción ante la Palabra y los signos de Jesús hoy en nuestra vida y en nuestro mundo? Cuidado que una forma de reaccionar sea no reaccionando, acostumbrándonos, dejándonos de interesar por los signos de Jesús porque les damos mil explicaciones pero los despojamos de todo el misterio sobrenatural que han de tener para nuestras vidas. De alguna manera algunas veces con nuestro desinterés estamos diciendo también ¿Quién eres tú? ¿Por qué te metes con nosotros? No nos dejamos sorprender por los misterios de Dios, cerramos puertas y ventanas a ese caudal de gracia que Dios nos está enviando en tantas cosas maravillosas que nos suceden y que no sabemos ya interpretar.

Pero también cuando nosotros escuchamos el evangelio es para que nos convirtamos en portavoces y signos de ese evangelio para los demás. El mundo que nos rodea también hace preguntas, desde los que no quieren que se metan con ellos, que les dejemos a su aire, que no les hagamos nuevos planteamientos, pero también podemos encontrar con quienes quieren estar en camino de búsqueda, quienes quieren dejarse sorprender por algo nuevo y distinto, pero lo terrible será que no encuentren en nosotros esos signos que tendríamos que darles.

Es una seria responsabilidad la que tenemos, es una seria tarea que tiene que hacer la iglesia; pero no pensemos en otros, no pensemos que eso tiene que venir en la iglesia desde arriba, desde la altura de los que podamos considerar como dirigentes de esa iglesia, hemos de tener en cuenta que iglesia somos todos nosotros y todos nosotros tenemos que ser ese signo, realizar esa curación de nuestro mundo.

¿Cómo estamos siendo ese signo hoy? Será quizá la pregunta que para nosotros tenemos que hacer.

lunes, 5 de mayo de 2025

Por esa fe que tenemos en Jesús buscándole de verdad para que hagamos vida sus enseñanzas con nuestras acciones y opciones de cada día

 


Por esa fe que tenemos en Jesús buscándole de verdad para que hagamos vida sus enseñanzas con nuestras acciones y opciones de cada día

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

Todos siempre buscamos algo, buscamos lo tenemos perdido, buscamos vivir mejor, buscamos ser felices, buscamos suerte en la vida y si nos sacamos la lotería mejor, buscamos la salud, buscamos lo que necesitamos para vivir, buscamos el encuentro con alguien, buscamos… y a ello dedicamos nuestro tiempo, nuestro esfuerzo, nuestros sueños, somos capaces de ir al fin del mundo si nos dicen que allá está lo que ansiamos.

Pero ¿estaremos buscando cosas que son esenciales o importantes para nuestra vida? ¿Serán en verdad cosas de las que pueda depender nuestra felicidad o el sentido que le damos a la vida? ¿Nos estaremos entreteniendo en la búsqueda de cosas superfluas? ¿Estaremos por otra parte buscando cosas extraordinarias, poco menos que milagrosas, que nos resuelvan los problemas? ¿Por qué realizamos esa búsqueda? ¿Por qué nos afanamos tanto por cosas muchas veces solamente materiales? Es bueno hacernos preguntas para clarificar bien qué es lo que buscamos de verdad o si es solo un entretenimiento, clarificar por qué buscamos y dónde.

¿Será el evangelio una luz que nos ayude en esa búsqueda fundamental de nuestra vida? El relato que hoy se nos ofrece nos habla de búsquedas. Fue al día siguiente de cuando la multitud comió en el descampado aquel pan que Jesús milagrosamente les había ofrecido. Su reacción había sido de entusiasmo y hasta habían querido hacer a Jesús rey; pero Jesús había embarcado a los discípulos para Cafarnaún mientras se había retirado solo a la montaña. Esas retiradas de Jesús solo a la montaña, o al lugar apartado que tantas veces le vemos hacer. Nos tendría que interrogar por dentro esos momentos de Jesús.

A la mañana siguiente Jesús no está con la multitud donde se había producido la multiplicación de los panes; los discípulos tampoco están porque habían embarcado rumbo a Cafarnaún; la gente quiere buscar a Jesús, con unas barcas llegadas al sitio se embarca también rumbo a Cafarnaún y al llegar se encuentran con Jesús. ¿Cómo has llegado aquí?, es la pregunta llena de sorpresa.

¿Por qué me buscáis? Les responde Jesús a su vez interrogándolos sobre el por qué lo hacen. Habían visto cosas extraordinarias y eso siempre llama la atención; fue lo sucedido allá en el descampado, o eran aquellas curaciones cuando le traían los enfermos aquejados de todos los males. Los ponían a la orilla de la senda por donde iba a pasar Jesús para que al menos su sombra llegara a ellos; venían de todas partes y los evangelistas en diferentes momentos nos darán la lista de los lugares; venían como Jairo o como el centurión para que fuera a sus casas para curar a la hija o al criado que están enfermos en malas condiciones; los descolgaban por el techo cuando no podían llegar hasta Jesús de otra manera o por los cauces normales.

Pero ¿qué estaban viendo ellos en aquellos signos que Jesús estaba realizando? ¿Estarían en verdad descubriendo el sentido del Reino de Dios que Jesús anunciaba y que los milagros eran signos del mismo? ¿Se preocupaban sólo de la liberación de los males de sus cuerpos enfermos o llegarían a pensar en otra liberación más profunda?  En más de una ocasión les había hablado claramente y les decía a los que eran curados, ‘vete y no peques más’, no porque sus males fueran consecuencia de sus pecados, sino porque la liberación más profunda que Jesús quería realizar era el mal que se metía en los corazones.

¿No nos tendría que hacer pensar a nosotros hoy en cual es la liberación más importante que tenemos que realizar en nuestras vidas desde esa fe que decimos que tenemos en Jesús? Porque muchas veces nos mostramos muy religiosos, con muchas prácticas religiosas cuando venimos a la Iglesia o también en nuestra vida particular, pero  ¿estará afectando todo eso para que seamos mejores, para que quitemos las maldades de nuestro corazón en las que tantas veces nos vemos envueltos, para que nos superemos en esas actitudes nuevas que tendría que tendríamos que tener? ¿Estarán en verdad aflorando en nosotros esos valores nuevos que aprendemos en el evangelio, en el mensaje de Jesús? ¿Seguiremos con nuestros olvidos, con nuestra inconstancia, con nuestros apegos, con nuestras angustias que como una rémora retrasan el avance que tendría que haber en nuestras vidas?

Claro que tenemos que preguntarnos por qué buscamos a Jesús. ¿Qué es lo que tenemos que hacer para ver y realizar las obras de Dios?, se preguntaba aquella gente. ‘La obra de Dios es ésta: que creáis en el que Él ha enviado’. Qué importante que aquilatemos bien lo que significa creer en Jesús. Que Jesús sea el alimento de nuestra vida. Que tengamos hambre de lo que el soñó para la humanidad. Que hagamos vida sus enseñanzas con nuestras acciones y opciones de cada día.


martes, 14 de enero de 2025

Acoger con fe la Palabra de Dios, escuchémosla con respeto y admiración, llenos de gratitud demos gracias porque en ella nos sentimos sanos y salvados

 


Acoger con fe la Palabra de Dios, escuchémosla con respeto y admiración, llenos de gratitud demos gracias porque en ella nos sentimos sanos y salvados

Hebreos 2,5-12; Salmo 8; Marcos 1,21-28

Nos prometieron que aquella conferencia iba a estar muy interesante, que era un elocuente orador y en la publicidad que hacían hablaban de su preparación en prestigiosos centros de estudios, pero cuando fuimos a escucharlo salimos defraudados, ni era tan elocuente orador y nada nos había dicho, nos quedamos con las ganas, nos quedamos vacíos porque nada nuevo pudimos escuchar que nos enriqueciera culturalmente; todo habían sido vaciedades, cosas sabidas y repetidas intentadas decir con bonitas palabras pero que no entusiasmaron al auditorio. Nos damos cuenta cuando solo hay palabras pero no hay nada en el fondo, nada que te impulse a algo nuevo, que te comprometa de alguna manera, que renueve de alguna manera tus ideas o tus ilusiones.

Como nos narra el evangelista ya desde el principio del evangelio aquel profeta que había aparecido por Cafarnaún y por los pueblos y aldeas de Galilea sí había despertado los corazones de sus oyentes. No era solamente la curiosidad innata de los pueblos cuando algo nuevo surge, pero que luego pronto se enfría, sino que estaban comenzando a reconocer que quien les hablaba lo hacia con autoridad, no como los escribas y maestros de la ley que cada semana ocupaban la tribuna de la sinagoga para dirigir la oración.

Y Jesús hablaba con autoridad, porque si estaba anunciando el nuevo Reino de Dios, estaba también dando señales de que ese Reino era posible, ese Reino allí entre ellos ya se estaba realizando; se estaba realizando porque sus corazones se movían a la esperanza, una luz nueva estaba brillando en sus días; las palabras de Jesús encendían sus corazones y cada día querían escucharle más y tras El se irían caminantes y peregrinos por los caminos de Galilea para escucharle.

Pero también aquello que se había anunciado en la sinagoga de Nazaret y se había dicho que ya en el hoy de sus vidas se estaba realizando, ellos lo veían también palpable entre ellos; los oprimidos por el mal eran liberados, como fue este primer endemoniado – como así los llamaban entonces – allí en la propia sinagoga de Cafarnaún donde Jesús les había estado enseñando. Ante la luz que estaba comenzando a brillar en Jesús las tinieblas del mal ya querían comenzar a rechazarle; fijémonos en el sentido del dialogo que se establece con Jesús, pero la autoridad con que Jesús libera a aquel hombre de la opresión del mal; por eso pronto serán muchos los que le traigan a sus enfermos aquejados de toda clase de dolencias para que Jesús les sane.

Las palabras de Jesús no son huecas ni vacías, las palabras de Jesús son vida, nos llenan de vida, nos liberan desde lo más hondo de nosotros mismos. Es la autoridad de Jesús que es la misma Palabra de Dios. No nos ha de extrañar que más tarde un centurión romano venga a decirle a Jesús que no es necesario que vaya a su casa, que basta que lo diga de palabra, porque con la autoridad de su Palabra su criado quedará sano. 'Poderoso en obras y palabras', lo definirían más tarde los discípulos de Emaús.

En aquella gente se estaba despertando la fe verdadera y acogían con corazón generoso la Palabra de Dios y estaban entrando en caminos de salvación. Nos tendría que llevar a nosotros a pensar con qué fe acogemos la Palabra de Dios, con qué respeto y admiración la escuchamos, con qué humildad abrimos nuestro corazón y nos dejamos sanar por esa Palabra, con qué gratitud damos gracias por la riqueza y sabiduría de vida que Jesús en su Palabra nos está trasmitiendo, cómo acogemos la salvación de Dios que nos llega por su Palabra. Dios me dé ese espíritu de Sabiduría para mejor compartirla.

domingo, 4 de agosto de 2024

Vayamos en búsqueda de Jesús para dejarnos encontrar por El y pidámosle ‘Señor, danos siempre de ese pan’

 


Vayamos en búsqueda de Jesús para dejarnos encontrar por El y pidámosle ‘Señor, danos siempre de ese pan’

Éxodo 16, 2-4. 12-15; Salmo 77; Efesios 4, 17. 20-24; Juan 6, 24-35

Buscamos y a veces no encontramos; no sabemos dónde, no sabemos cómo; quizás tenemos que ponernos en camino, porque está en otro lugar, porque otra es la manera en que lo hemos de encontrar; perdemos el norte, no sabemos donde y cómo buscar; buscando incluso una cosa concreta que está dentro de nuestro interés, quizás encontramos otra mejor; por eso necesitamos atención, mirada nueva y distinta, quizás dejarnos aconsejar, dejarnos guiar.

Son muchas las cosas que vamos buscando por la vida; no todas tienen el mismo valor, tenemos que dar prioridades, saber qué es lo más importante, no quedarnos solo en lo material y primero que pueda aparecernos; esas búsquedas nos pueden llevar a una interiorización distinta de la vida, de las cosas, de las realidades que palpamos, porque hay otras cosas que no palpamos con las manos y pueden ser más importantes. De alguna manera siempre estamos en camino de búsqueda.

Hoy nos habla el evangelio de que aquella multitud a la que Jesús dio milagrosamente de comer allá en el descampado a la mañana siempre buscan a Jesús y no está; se vienen como pueden a Cafarnaún y allí de nuevo se encuentran con Jesús. Pero ahora Jesús les hace detenerse. Buscan a Jesús ¿por qué? Buscamos a Jesús, ¿por qué? Jesús les hace ver que lo están buscando porque en el desierto les había dado de comer pan en abundancia. Habían sobrado incluso doce canastos, a pesar de solo tener cinco panes.

Pero parece que no han sabido ver el signo. Lo tenemos tantas veces ante los ojos y no lo vemos, nos está hablando y no lo escuchamos. Jesús les dice que busquen un alimento que les de vida para siempre para que no siempre tengan que estar mendigando panes que no sacian. Les cuesta entender.

Y Jesús les habla del pan que El sí puede darles, un pan bajado del cielo. Se quedan pensando en el maná que comieron sus antepasados en el desierto, pero los que comieron aquel pan también murieron. Como nos quedamos nosotros siempre pensando en lo inmediato, la solución de las cosas del momento, y perdemos la trascendencia que tiene que tener la vida. Tiene que ser algo que vaya más allá del presente, algo que nos haga vivir de verdad. ¿Nos estará Jesús adelantando que hemos de saber encontrar un sentido para la vida? Luego otro será el pan que Jesús les está ofreciendo.

Comienzan a vislumbrar que es algo distinto a lo que están pensando de lo que Jesús les está hablando aunque terminan sin entender. Por eso continúa su búsqueda, sus preguntas. Tenemos que sabernos hacer muchas preguntas para que podamos encontrar la respuesta verdadera. No nos quedemos atascados.

Ellos se preguntan qué es lo que tienen que hacer. De alguna manera Jesús se los ha venido diciendo desde el principio porque su primer anuncio fue invitarles a salir de si mismos para comenzar a creer en algo nuevo; invitaba Jesús a la conversión  que era ponerse en camino de transformación para comenzar a vivir algo distinto. Era necesario creer en ese anuncio, en esa buena noticia.

Ahora les dice Jesús que esa buena noticia es El, han de creer en el Hijo del Hombre que viene sellado de Dios, viene con el sello de Dios, porque los milagros que hace son ese signo, ese sello de Dios en El. ‘Mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo, porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo’.

Quieren comer ellos de ese pan. ‘Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de este pan’. Y es cuando Jesús hace la gran afirmación. ‘Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás’. Tenemos que buscar a Jesús, sí, porque es el que nos da ‘el alimento que perdura para la vida eterna’, como nos había dicho. En Jesús vamos a encontrar eso nuevo que eleva nuestro espíritu, que nos llena de trascendencia y nos da verdadero sentido y plenitud a nuestra vida.

Es Jesús el que nos va a sacar de nuestras vaciedades y sin sentidos; es Jesús, como nos decía san Pablo en la carta a los Efesios, el que va a transformar ese hombre viejo de nuestra vida en un hombre nuevo de la gracia. ‘Renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios’. Es en Jesús en quien vamos a encontrar esa plenitud de vida porque por la fuerza de su espíritu nos va a dar una vida nueva que nos hace sentirnos hijos de Dios.

Vayamos, pues, en búsqueda de Jesús para dejarnos encontrar por El. ‘Señor, danos siempre de ese pan’.

 

sábado, 20 de abril de 2024

Seamos capaces de dar ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro porque Jesús también tiene para nosotros palabras de vida eterna

 


Seamos capaces de dar ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro porque Jesús también tiene para nosotros palabras de vida eterna

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Salmo 115; Juan 6, 60-69

Siempre encontraremos una excusa – que en sí misma tendrá más o menos valor, pero que a nosotros nos parece válida – para echarnos atrás cuando nos parece que las exigencias o los compromisos a los que nos llevan, nos parecen excesivos para lo que nosotros seríamos capaces de buenamente dar. Y es que eso de ‘buenamente dar lo que podamos’ lo llevamos demasiado metido dentro de nosotros y nos quiere valer siempre de excusa. No queremos llegar tan lejos; queremos mantener siempre nuestras reservas para nosotros, por si acaso, decimos; siempre queremos guardar un as en nuestra manga, por si acaso las cosas no salen como habíamos soñado.

¿Andarían por esas aquellos judíos de Cafarnaún que han venido escuchando a Jesús - y fueron ellos los que vinieron buscándoles y hemos de reconocer por sus intereses – y ahora les parecen duras las palabras de Jesús y por eso le abandonan y no quieren seguirle?

No sé si era tanto por aquello que había dicho Jesús de que había que comer su carne – cosa que comprendemos les pareciese dura – o realmente iban comprendiendo que eso de seguir a aquel predicador, aquel profeta de Nazaret que por allí había aparecido tenía muchas exigencias, muchas eran las cosas que había que cambiar en su mentalidad, con muchas cosas tendrían que romper en sus rutinas y costumbres, si en verdad querían ser discípulos suyos con todas sus consecuencias.

Y eso que ellos aun quizás no sospechaban los sumos sacerdotes y los dirigentes del pueblo estaban comenzando a tramar contra Jesús. Algún as tenían ellos que guardarse en la manga. Mas tarde veremos que incluso aquellos que le habían sido más fieles y con El habían subido a Jerusalén para aquella pascua, comenzarían también con sus traiciones y negaciones, comenzarían a huir a la espantada como sucedería en Getsemaní, y también andarían ocultos por miedo a los judíos, como se habían encerrado en el Cenáculo.

Por eso veremos a aquellos posibles discípulos de Cafarnaún se echan atrás y ya no quieren seguir a Jesús. ¿Sería ya un anticipo de lo que iba a suceder en las calles de Jerusalén que gritarían contra Jesús pidiendo su crucifixión y su muerte aunque días antes le habían aclamado como el que venía en nombre del Señor? Así andaban entre dudas y miedos, entre interrogantes que siempre los había por dentro, y desconfianzas que les hacían pensarse las cosas. ¿Podremos llegar más allá? ¿Qué de nuevo nos pedirá Jesús? ¿Hasta dónde van a llegar nuestros compromisos? ¿Seremos capaces de seguir manteniendo la vela al lado de Jesús?

Como andamos nosotros también tantas veces en la vida, que nos dan ganas de echarnos atrás y abandonarlo todo, soñando a veces con posturas más cómodas y que no tengan tantas exigencias, pensando que el mundo nos está ofreciendo tantas cosas que nos atraen y muchas veces no sabemos que hacer.

Hoy de nuevo Pedro es el que se adelante, da el paso al frente, se atreve a hablar en nombre de los demás, aunque él luego también tendrá momentos de flaqueza, también se dejará dormir en lugar de estar atento y vigilante, se atreverá incluso a meterse en la boca del lobo, pero ahora hará una hermosa confesión de fe. ‘¿A quién vamos a acudir si solo tú tienes palabras de vida eterna?’

¿Seremos nosotros capaces de dar también ese paso adelante y repetir con todas sus consecuencias estas palabras de Pedro?


jueves, 18 de abril de 2024

Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre porque Jesús se hace Pan de vida para resucitarnos a una vida nueva

 


Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre porque Jesús se hace Pan de vida  para resucitarnos a una vida nueva

Hechos de los apóstoles 8, 26-40; Salmo 65; Juan 6, 44-51

En la vida nos conducimos por aquello que nos gusta, nos parece apetecible, y así vamos eligiendo lo que queremos, los que queremos para nosotros como posesión, pero lo que queremos para nosotros como manera de vivir o como forma de desarrollar nuestro yo; así vamos escogiendo los amigos con los que nos sentimos a gusto, o vamos poco a poco decantándonos por una forma de vivir, por un sentido de la vida, desde lo que nos ofrecen o desde aquello que nos parece que compagina con nuestro ser. Nos decimos que somos libres y que somos nosotros los que elegimos; nos decimos con personalidad y no queremos sentirnos arrastrados por nadie.

Pero también nos damos cuenta que en un momento determinado algo ha hecho que tomemos otras decisiones, que nos sintamos como llamados, quizás decimos interiormente, o algunos, porque está de modo esnobismos que nos vienen no sé de donde, que el karma nos arrastró a algo, que era como una predestinación y no sé cuantas cosas más que nos decimos. Pero algo ha habido que nos ha hecho mover la vida quizás hasta cambiando el rumbo de lo que estamos haciendo, y que nos descubre algo nuevo.

Nosotros los creyentes no necesitamos hablar del karma o cosas de esas, o de predisposiciones o presentimientos que nos pueden surgir, nosotros pensamos en algo distinto que lo hemos tenido ahí de siempre, pero quizás olvidamos, o quizás descartamos para pensar en eso que nos viene de acá o de allá. Nosotros creemos que Dios actúa en nuestra vida, que su Espíritu puede mover los corazones y nos inspira – mira por donde viene la palabra Espíritu – y se vale quizá de muchos signos externos o incluso dentro de nosotros mismos para hacernos conocer lo que es su voluntad, lo que Dios quiere de nosotros.

Cuando estamos hablando del misterio de Dios, de nuestra relación con Dios y con Cristo, de nuestra vida cristiana sentimos que hay algo sobrenatural, que significa que está por encima o más allá de nosotros, que actúa en nuestra vida, nos inspira lo que hemos de hacer, nos hace descubrir también lo que es la voluntad de Dios para con nosotros.

Nos lo ha dicho hoy Jesús. ‘Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día’. Es Dios el que nos llama. Es lo que le está diciendo Jesús a aquellos que se han convertido en sus discípulos, que no fue solamente porque un día se sintieran atraídos por Jesús, sino porque fueron invitados a seguir a Jesús. ‘Venid conmigo…’ les iba diciendo Jesús como a Pedro y a su hermano Andrés, como a los hermanos Zebedeos, como a Mateo o Leví cuando estaba allí en su garita de recaudador de impuestos, y así a todos aquellos que había ido llamando por su nombre para que fueran sus discípulos, para constituir el colegio de los Apóstoles.

Hoy Jesús nos está diciendo cosas muy importantes, pero también hemos de reconocer que les costaba entender a aquellos que le escuchaban en la sinagoga de Cafarnaún, pero les esta pidiendo un plus, podemos decir, de confianza en El, de creer en Jesús. Y es que creer en Jesús significa dejarse transformar por El. Por eso les habla de vida nueva, de resurrección, que era algo que iba mucho más allá de lo que pudiera haber sido la resurrección de Lázaro o de la hija de Jairo. Creer en Jesús significa entrar en una nueva vida, en un nuevo sentido de vida, porque era además comenzar a vivir la vida de Jesús.

Por eso necesitamos comerle, para podernos llenar de su vida. Por eso nos dice que El es el Pan de vida, el verdadero Pan bajado del cielo y que comiéndole a El tendríamos vida para siempre, nos resucitaría en el último día. No nos quiere dar Jesús un pan que comiéndole volvamos a morir, porque no sea un pan que nos alimenta para siempre. No es cualquier cosa lo que quiere ofrecernos Jesús, porque es El mismo que se hace pan, es El mismo que nos da su carne, que nos da su vida.

Claro que son cosas difíciles de entender si nos quedamos en la literalidad de las palabras. Por eso la gente no le entiende y algunos incluso dejarán de seguirle. Pero El nos pide que confiemos en su Palabra, y que su Espíritu va a actuar en nosotros para que lleguemos a comprender y vivir ese misterio de Dios. Dejémonos conducir por su Espíritu y alcanzaremos vida para siempre.


lunes, 15 de abril de 2024

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre

 


Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

Todos siempre andamos buscando; es desde una insatisfacción innata en que queremos más y mejor o queremos otras cosas. Queremos vivir y queremos siempre algo mejor para nuestra vida y buscamos eso que creemos que nos hará mejor la vida; buscamos la felicidad, buscamos ver satisfechas no solo nuestras necesidades básicas sino esas ansias que llevamos dentro; buscamos trabajo para conseguir lo que anhelamos, o buscamos el encuentro con los otros y por qué no decirlo, queremos ver lo que podemos conseguir con esa amistad que buscamos. Pero buscamos que nos lo den fácil, que sea quizás con el mínimo esfuerzo por nuestra parte, casi como si fuera un regalo del que siempre nos creemos merecedores; recordemos todas las reivindicaciones que en este sentido hacemos en todos los ámbitos. Nos seguimos preguntando qué buscamos y por qué buscamos.

Hoy nos habla el evangelio de cómo la gente buscaba a Jesús. Habían estado con él la tarde anterior y allí Jesús movido a compasión había repartido milagrosamente aquel pan que todos recibieron gratuitamente; querían hacerlo rey, pero Jesús se les escabulló. Aunque habían visto que no se había montado en el barco con los discípulos,  ahora en la mañana al no encontrarlo llegan como pueden hasta Cafarnaún. Allí está Jesús. Y le pregunta, ‘Maestro, ¿cuándo has venido aquí?’ Es como decirle ayer nos dejaste con tres palmos de narices y ahora apareces aquí.

¿Qué buscaban? ¿Por qué buscaban a Jesús? El sabe bien interpretar esas búsquedas de la gente y por eso les dice que trabajen por aquello que los alimenta para siempre, no por lo que es caduco de un día y pronto los va  a dejar insatisfechos. Es el comienzo de un gran interrogante que Jesús les va plantando en el corazón.  Ayer todo era muy fácil, y todo fui gratuito, pudieron comer pan hasta hartarse. Pero parece que siguen teniendo hambre, siguen corriendo tras Jesús que parece que les puede hacer la vida fácil. Mira cómo los cura; ahora los ha alimentado en el desierto. ¿Qué es lo que se suele pedir a los dirigentes para que le solucionen los problemas a la gente? Que no les falte la comida y que se pueda conseguir fácilmente; y si encima algo de entretenimiento, pues mejor. Por eso Jesús les está haciendo este planteamiento.

‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Les va a costar entenderlo, porque cuando tenemos algo muy metido en la cabeza no es difícil cambiarlo. Era la idea, por otra parte, que ellos tenían de lo que había de ser el Mesías. Y para ellos en cierto modo Jesús se les está presentando como el Mesías. Pero lo que les está planteando Jesús es distinto, son otras posturas y otras actitudes las que hemos de tener, es otra manera de buscar pero también es algo nuevo lo que se les está ofreciendo aunque les cueste entenderlo y aceptarlo.

Estos primeros momentos de diálogo de Jesús con aquellas gentes de Cafarnaún va a dar pie para cosas nuevas y distintas, que todo va a salir en ese diálogo. Porque otro es el alimento que Jesús quiere ofrecerle. ‘El alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre’, les dice. Pero para eso han de realizar el camino que Dios quiere, aunque les cueste.

‘¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios quiere?’, es la pregunta que surge entonces y que tiene que surgir también en nuestro corazón. ¿Qué estamos dispuestos a hacer? ¿Qué pasos estamos dispuestos a dar? Porque también nosotros buscamos que las cosas sean fáciles, nos creemos que eso de seguir a Jesús es cumplir con unas cuantas cositas y ya está todo hecho.

Pero Jesús nos dirá algo distinto. ‘La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado’. Pudiera parecer fácil, pero no es cualquier cosa eso de creer en Jesús. Ya en otros momentos nos había hablado de conversión, de cambio profundo, de que era necesario dar la vuelta totalmente a la vida.

domingo, 28 de enero de 2024

En primera línea tenemos que estar, una palabra tenemos que decir, unos gestos tenemos que realizar, unas señales tenemos que dar de la transformación de nuestro mundo

 


En primera línea tenemos que estar, una palabra tenemos que decir, unos gestos tenemos que realizar, unas señales tenemos que dar de la transformación de nuestro mundo

Deuteronomio 18, 15–20; Sal 94; 1 Corintios 7, 32-35; Marcos 1, 21-28

Nos gusta escuchar al que sabe de lo que habla. Y eso se nota. A veces hablamos y lo que hacemos es repetir cosas que nosotros no las hemos rumiado en nuestro interior, sino que damos vueltas y vueltas hablando de algo de lo que hemos oído  hablar pero que no lo hemos asimilado por dentro; habremos aprendido algunas ideas, algunas cosas que simplemente repetimos, pero que no convencemos con lo que decimos. Quien habla desde si mismo convence; quien habla reflejando en lo que hace aquello que antes o después nos ha dicho, nos llega al corazón, nos llega a la vida.

En estas primeras páginas del evangelio de san Marcos que estamos escuchando los domingos en este ciclo estamos viendo el comienzo de la predicación de Jesús. Hoy nos dice que fue a la sinagoga y allí lo invitaron a hablar.  No nos dice expresamente el evangelista qué es lo que en esta ocasión decía Jesús, pero nos saca a colación la reacción de los que le escuchaban. Este hablar sí que es con autoridad. Y comparaban con lo que habitualmente enseñaban los escribas. ‘Estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas’, nos dice el evangelista. Y todos sabían que Jesús no había ido a aprender a ninguna escuela rabínica. Jesús hablaba desde sí mismo, desde lo que el Padre del cielo le revelaba en su corazón.

Pero la oportunidad surge porque en la sinagoga había un hombre poseído por un espíritu inmundo. Y allí está la reacción de aquel endemoniado, como los llamaban. ‘¿Qué tenemos que ver nosotros contigo, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios’.

Ahora se va a manifestar plenamente la autoridad de Jesús. Jesús anunciaba y con su persona, sus palabras y sus gestos, hacia presente el Reino de Dios. La presencia de Jesús era liberadora del mal. Jesús ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia, como se nos dirá en otro momento. Y la vida estaba reñida con la muerte, con el mal. Jesús es liberación y es salvación. Aquí se va a manifestar. Es la autoridad de Jesús. ‘¡Cállate y sal de él!’, será la imprecación de Jesús. Y el espíritu maligno salió de aquel hombre aunque lo retorciera violentamente.

‘Todos se preguntaron estupefactos: ¿Qué es esto? Una enseñanza nueva expuesta con autoridad. Incluso manda a los espíritus inmundos y lo obedecen. Su fama se extendió enseguida por todas partes’, terminará diciéndonos el evangelista.

Es el signo de la llegada del Reino de Dios. Será el primer milagro que le vemos realizar a Jesús en el evangelio de san Marcos. Es el cumplimiento de aquel primer anuncio que nos hace Jesús ya desde el comienzo del evangelio. También hemos de dar nuestra respuesta. Sentimos admiración por Jesús, pero a El tenemos que convertirnos. Así comenzaba el evangelio invitándonos a la conversión para creer, para aceptar la Buena Noticia que nos llegaba.

Pero esos tienen que ser también los signos que nosotros hoy en este mundo concreto tenemos que realizar. Pero esos tienen que ser también los signos que nosotros hoy en este mundo concreto tenemos que realizar. Y nosotros vamos con la autoridad de Jesús. Como terminará el evangelio de Marcos nos envía a que vayamos haciendo el anuncio de esa buena noticia a toda la creación y también nos da autoridad para hablar en su nombre, para expulsar también los espíritus inmundos, el mal que anida en nuestro mundo.

Cuando en el evangelio se nos habla de los endemoniados a los que Jesús cura nos hacemos nuestras interpretaciones y nos quedamos pensando muchas veces en locuras o desequilibrios sicológicos que en aquel mundo antiguo se veían como personas poseídas por el espíritu del mal. Es una interpretación muy cómoda, podríamos decir, y que parece que poco nos puede comprometer hoy.

Pero creo que tenemos que saber interpretar bien esos signos que van apareciendo en el evangelio mirando también a nuestro mundo, que no lo vamos a llamar endemoniado, pero al que podemos contemplar tan lejos del plan de Dios que el mal se va apoderando de muchos corazones y de muchos aspectos de nuestra sociedad. Pensemos en ese mundo insolidario y de injusticia en el que vivimos, pensemos en ese mundo tan lleno de violencia del que estamos rodeados  - y aquí podemos hacer una lista muy grande de violencias - y del que de tantas maneras nos contagiamos, pensemos en tanta corrupción que contemplamos en la vida social, en la vida política, en la economía.

Los cristianos que creemos en Jesús, ¿no tenemos nada que decir, nada que hacer? Malo sería que tanto nos contagiemos de esas situaciones que terminemos insensibilizándonos. ¿Dónde están los cristianos en todo ese entretejido social que no demos signos y señales de algo nuevo, de esa transformación que tenemos que hacer de nuestro mundo?

Ahí en primera línea tenemos que estar, una palabra tenemos que decir, unos gestos tenemos que realizar, unas señales tenemos que dar. No es fácil. Tampoco somos perfectos y estaremos también llenos de pecado. Nos cuesta porque seguramente tan pronto demos señales de algo distinto vamos a encontrar el rechazo como lo encontró Jesús en aquel endemoniado de la sinagoga. Pero ahí tenemos que manifestar la autoridad de nuestra palabra y de nuestra vida. Tenemos que de verdad estar comprometidos en la transformación de nuestro mundo. No nos podemos cruzar de brazos.

¿Será esa la señal que hoy está dando la Iglesia, estamos dando los cristianos?

lunes, 24 de abril de 2023

Un alimento que perdura para la vida eterna, algo que va a implicar mi vida de forma total, vamos a encontrar quien dé auténtica plenitud a nuestra vida

 


Un alimento que perdura para la vida eterna, algo que va a implicar mi vida de forma total, vamos a encontrar quien dé auténtica plenitud a nuestra vida

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Sal 118; Juan 6, 22-29

¿Qué es lo que nos llama la atención? ¿Qué es lo que nos atrae y nos entusiasma? Y podemos pensar en un espectáculo o podemos pensar en las cosas que suceden en nuestro entorno, podemos pensar en los personajes públicos o nuestros dirigentes, o podemos pensar, si queremos, ya sean nuestros profesores, nuestra propia familia o nuestros amigos. Hay gente que se entusiasma fácilmente, hay gente que sabe entusiasmar a los que le rodean; hay personas que arrastran con su personalidad, hay personas que las miramos en lo que hacen como una diversión. También depende de lo que nosotros busquemos, las miras que tenemos en la vida, lo que son nuestros sueños, el sentido que le damos a las cosas y a la vida misma. Para algunos solo es una diversión, como dicen algunos cuando pretenden hacer algo, asistir a algo, o simplemente estar con sus personas más cercanas, vamos a reírnos un rato.

En el entorno de Jesús también suceden cosas de este tipo. Hoy contemplamos a un grupo de gente que busca a Jesús. En la tarde anterior estaban en el descampado cuando Jesús había llegado en la barca con sus discípulos, y al final Jesús había multiplicado el pan milagrosamente para que todos comieran. Se habían entusiasmado tanto que hasta querían hacerle rey.

Pero Jesús se les ha escabullido. Habían visto que en una barca que había en la orilla se habían embarcado los discípulos solos, pero Jesús no aparecía por ningún lado, por eso a la mañana siguiente como no encuentran a Jesús en unas barcas también se embarcaron rumbo a Cafarnaún. Ahora allí se encuentran a Jesús. ‘¿Por dónde has venido? ¿Cuándo has venido aquí?’ Es la pregunta que surge pronta. Pero ahora Jesús es el que tiene una pregunta que hacerlos, ¿y por qué le buscan ellos con tantas ganas? Jesús mismo les da la respuesta. ‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Es necesario buscar a Jesús de otra manera. No puede ser solo por el interés, porque habían visto milagros, porque les había dado pan hasta saciarse. ‘Tengo a mi hijo enfermo’ decían algunos; quiero que pongas tu mano solo ella para que viva; y le trajeron paralítico y como podía entrar por la aglomeración de la gente, abrieron un boquete en el techo para hacerlo descender hasta los pies de Jesús; si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; Si quieres, puedes curarme, dice el leproso; Señor, que yo vea, le pide el ciego… y así podríamos recodar muchos momentos.

‘Trabajad por el alimento que perdura para la vida eterna’. No son solo unas curaciones de las que luego podemos volver a enfermar; no es un volver a la vida, quien sabemos que un día morirá definitivamente; no solo es la recuperación de la vista de unos ojos que un día podrán quedar ciegos de nuevo. Es buscar el alimento que perdura para la vida eterna. Es algo mucho más profundo que tiene que pasar por una fe auténtica en Jesús. Como dirá luego, ‘es el trabajo que Dios quiere, que creáis en el que El ha enviado’.

Pero creer no es un entusiasmo momentáneo; creer no es simplemente verme atraído por la simpatía de quien me está presentando un mensaje; creer no es querer que todo salga bien y que nunca nos pase nada malo; creer no es simplemente decir si algo que nos puede resultar novedoso y vamos a ver en qué queda esto; creer es mucho más que decir y ahora vamos a reírnos un rato porque todo va a salir bien y lo vamos a pasar del diez.

Un alimento que perdura para la vida eterna; algo que va a implicar mi vida de forma total de manera que el sentido de mi vida va a ser otro, va a ser distinto, me implicará en tomar otras opciones de la vida aunque las cosas parezca que se nos complican. Es atrevernos a comenzar un camino nuevo porque se nos abren otros horizontes, porque vamos a encontrar algo que nos llene de verdad, que dé auténtica plenitud a nuestra vida. Es atrevernos a creer en Jesús poniendo en El toda nuestra confianza, poniendo en sus manos toda nuestra vida.

miércoles, 18 de enero de 2023

No perdamos las oportunidades que tengamos de dar testimonio y hacer el bien en nombre de esas ‘prudencias políticas’ que tantas veces nos acobardan

 


No perdamos las oportunidades que tengamos de dar testimonio y hacer el bien en nombre de esas ‘prudencias políticas’ que tantas veces nos acobardan

Hebreos 7,1-3.15-17; Sal 109; Marcos 3,1-6

¿Conviene o no conviene este momento? ¿Será ahora el momento propicio o mejor esperar? Preguntas así nos hacemos muchas veces desde nuestras prudencias humanas. ¿Será o no políticamente correcto? Se preguntan incluso los políticos atendiendo a sus posibilidades de poder, y así andan hasta con sus asesores de todo tipo para que saber cuando hay que decir una cosa o es mejor callar hasta que sea el momento más oportuno y nos pueda traer unos rendimientos. No es solo en la vida política, sino que en otros muchos aspectos de la vida social también andamos con esas prudencias en nuestro actuar. ¿Y no andaremos así hasta en nuestra vida cristiana o en el hacer incluso de la Iglesia? Asesores tendríamos que tener para todo que nos estudien el panorama para nuestras prudencias pastorales.

¿Se estaría preguntando algo semejante Jesús en aquella ocasión en que fue un sábado a la sinagoga? Sabía que estaban al acecho a ver cómo encontraban algo para ir a la contra; estamos en el capitulo 3 del evangelio de Marcos y ya nos está hablando de los que estaban en contra de Jesús. Por allí sabía Jesús que había un hombre enfermo, con la mano seca o algo así como una parálisis, podría tener Jesús la oportunidad de curar a aquel hombre para dar una señal mal del Reino de Dios que estaba anunciando; incluso aquel hombre viendo la tensión que había quizás quisiera pasar desapercibido para no meterse en la boca del lobo, a pesar de los deseos que tuviera de verse curado de su enfermedad. ¿Convendría hacerlo aparecer y realizar el milagro? ¿Dónde están los asesores de imagen de Jesús?

Estamos haciendo referencias a nuestras ‘prudencias’, palabra que quizás en este caso tendríamos que poner entre comillas. ¿Pero cuál era el actuar de Jesús? ¿Habría algo que lo detuviera o alejara del cumplimiento de su misión? Creo que mucho nos puede decir este evangelio para muchas actitudes cobardes que tenemos en la vida. Porque esas prudencias algunas veces son cobardías, tener miedo a dar la cara, decir con claridad lo que tenemos que decir, dar testimonio sin miedo a la oposición que pudiéramos encontrar, manifestarnos aunque nos digan que es políticamente incorrecto eso que estamos haciendo porque va en contra de todo lo que se hace en nuestro entorno.

Mucho tendría que hacernos reflexionar este evangelio para revisar muchas de nuestras posturas, de nuestros miedos y cobardías, de esa falta de arrojo que estamos manifestando los cristianos hoy en medio del mundo. No olvidemos que los cristianos con el testimonio de nuestra fe, que la Iglesia con la misión que tiene que realizar en medio del mundo tiene que ser luz y esperanza para ese mundo que nos rodea, porque los gozos y las tristezas, como nos decía el concilio Vaticano II que algunas veces olvidamos, todo lo que es la vida del mundo que nos rodea son nuestros gozos y tristezas, y ahí tenemos que manifestar nuestra luz.

La tensión se palpaba en aquellos momentos de los que nos está hablando el evangelio hoy. Incluso al final del evangelio no se hace mucha alusión de la admiración que la gente manifestó ante lo que había hecho Jesús, sino que más bien se hace hincapié que los fariseos se unieron a los herodianos para ver el modo de cómo acabar con Jesús.

¿Qué está permitido y que no se puede hacer un sábado? Es la pregunta que les hace Jesús, cogiendo el toro por los cuernos como se suele decir. ¿Salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir? Nuestra misión es la vida, por la vida tenemos que apostar aunque a nosotros nos cueste la vida, como le sucedió a Jesús. Jesús, nos dice el evangelista, estaba dolido en su corazón por aquella cerrazón, por aquellas actitudes negativas que muchos tenían.

Yo me pregunto, ¿estará dolido Jesús en su corazón por tantas cobardías mías a la hora de dar testimonio? No voy a echar en cara a los demás sino que me voy a mirar a mí mismo. Cuántas cosas buenas habré dejado de hacer por esa prudencia política que mantenemos tantas veces. Oportunidades perdidas de hacer el bien, de dar testimonio, de proclamar valientemente nuestra fe.