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lunes, 20 de abril de 2026

¿Hasta dónde llega nuestra fe en disponibilidad total para creer en Jesús dejando a un lado intereses o conveniencias?

 


¿Hasta dónde llega nuestra fe en disponibilidad total para creer en Jesús dejando a un lado intereses o conveniencias?

Hechos 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

¿Alguna vez habremos escuchado que alguien nos dice muy seriamente que tenemos que creer en él? Eso de que alguien nos dice que tenemos que creer en él es algo serio y que implica muchas cosas; más o menos tenemos confianza en las personas y desde esa confianza aceptamos un consejo, una orientación, pero siempre con nuestra libertad de creer o no creer, de aceptar lo que nos dice o pasarlo por alto y olvidarlo, porque decimos que también nosotros tenemos nuestros criterios, nuestra manera de ver las cosas, cada uno está en el ajo de su vida y más o menos saber por donde ir, cómo actuar. Pero cuando nos dicen que tenemos que creer en él, parece que nos están hablando de una fe ciega y que hasta podría anular nuestros pensamientos o nuestra propia manera de actuar. Por eso digo es algo muy serio.

El evangelio de hoy parte haciéndonos un poco de resumen de lo anterior, pues habla de la multiplicación de los panes de la tarde anterior en el descampado, la marcha de los discípulos en barca con sus dificultades, y cómo la gente a la mañana siguiente busca a Jesús, saben que no se ha ido en la barca con el grupo de los discípulos, y aprovechando la llegada de unas barcas de Tiberíades embarcan para Cafarnaún.

Allí inmediatamente se encuentran con Jesús y surge la pregunta más normal. ‘¿Cómo has venido aquí? ¿Cuando has venido aquí?’  No responde Jesús porque ve más allá de lo que son las apariencias. Ayer comieron pan en abundancia en el desierto y ahora buscan a Jesús. ¿Para darle las gracias? ¿O porque quieren que Jesús siga alimentándolos de esa manera milagrosa y gratuita? El amor de Dios si es un don gratuito para nosotros, porque nos ama incluso, podríamos decir, sin merecerlo. Pero aquí se trata de algo más ¿cuál es el interés que en verdad sienten por Jesús? ¿Habrán llegado a descubrir el sentido de lo que Jesús hace y que esos milagros son signo de algo mucho más hermoso que Jesús quiere darnos y también nos lo dará por gracia, o sea gratuito?

‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Demasiado en la vida vamos actuando por interés. ‘Porque comisteis pan hasta saciaros’, les dice Jesús. Muchos intereses de pan nos van moviendo en la vida. ¿Cuánto me van a pagar?, es la pregunta que pronto hacemos cuando nos piden una colaboración; no somos capaces de verlo como un servicio sino como una posibilidad de una ganancia; ganancias que nos pueden sonar a monedas en nuestros bolsillos, pero ganancias que transformamos en prestigios que hagan que nos sintamos bien considerados, influencias para poder tener muchas cosas en nuestras manos y así ejercer nuestro dominio o nuestro poder, amistades que buscamos para presumir, vanidades que vamos buscando para aparecer como soles, como los mejores, como los poderosos… larga sería la lista de esas ambiciones que llevamos por dentro cuando buscamos algo, tantas dependencias que finalmente nos creamos pero que realmente no nos dejan ser nosotros mismos para actuar con autenticidad y con generosidad.

Jesús quiere hacerles reflexionar, que encuentren de verdad lo que da sentido y profundidad a sus vidas, para no quedarnos en la superficialidad de la apariencia. Jesús viene a anunciarnos el Reino de Dios y darnos las pautas de cómo hemos de aceptarlo y construirlo en nuestras vidas. Son otras las obras que hemos de realizar.

Es lo que ahora le preguntan. ‘Y, ¿qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?’ Y Jesús es claro y tajante, han de comenzar por creer en El. ‘La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado’. No va a ser fácil, a todos nos cuesta, porque Jesús les está pidiendo toda su fe y para eso es necesaria una disponibilidad total. En otro momento nos dirá que tenemos que negarnos a nosotros mismos para poder seguirle; al comienzo de su predicación pedía conversión, cambio profundo de corazón para poder creer en la Buena Noticia que Jesús venía a ofrecerles.

Decimos fácilmente que tenemos fe, pero lo reducimos a unos conceptos básicos o a unas prácticas religiosas a las que ya les ponemos también nuestra medida. Pero la fe es algo mucho más profundo porque implica toda la vida. Cuando nos ponemos en el camino de la fe con toda seriedad le tenemos que estar dando toda una vuelta a la vida. Por eso Jesús nos pide conversión. ¿Hasta dónde llega nuestra fe? ¿Qué es lo que en verdad nos motiva el querer llamarnos cristianos, seguidores de Jesús?

 

lunes, 26 de enero de 2026

Una semilla nos alimenta, pero una semilla germina también para hacer multiplicar los frutos, sembremos que algún de vuelta llegará de nuevo a alimentarnos a nosotros

 


Una semilla nos alimenta, pero una semilla germina también para hacer multiplicar los frutos, sembremos que algún de vuelta llegará de nuevo a alimentarnos a nosotros

2Timoteo 1, 1-8; Salmo 95; Marcos 4,26-34

Una semilla nos alimenta, pero una semilla también multiplica la vida, al germinar da inicio a nueva vida, a nuevas plantas que multiplican sus semillas, multiplican sus frutos. Es muy enriquecedora la imagen que se nos proyecta que tiene un hondo reflejo en nuestra vida, en lo que hacemos, en el fruto que damos, en el valor de nuestra vida y de nuestros actos; nada, pues, nos puede parecer insignificante porque su apariencia sea muy sencilla y elemental, como lo son muchas semillas, porque todo tiene una riqueza explosiva en su interior, no para destruir sino para crear vida.

Jesús en su pedagogía infinita y en su sabiduría divina nos deja repetidas veces en sus parábolas la imagen de la semilla, esparcida por el sembrador en los distintos campos de la vida aunque en no todos se va a recoger el mismo fruto, pero hundida pacientemente en tierra con la esperanza de que un día germinará, mezclada quizás con la cizaña de las malas hierbas que podrían poner en peligro sus frutos, en la insignificancia de una grano de mostaza que se nos escapa entre los dedos, pero que un día ha de producir fruto.

Dos parábolas nos propone hoy Jesús en el evangelio, de esa semilla que enterrada en tierra que el agricultor, sin que él mismo sepa cómo, pacientemente espera que un día germine para darnos una nueva planta que a su vez produzca sus frutos, y del insignificante grano de mostaza que llegará a darnos una planta en cuyo ramaje hasta los pájaros pueden hacer su nido.

Ya sabemos, porque Jesús nos lo ha explicado en otras parábolas que esa semilla nos está hablando de la Palabra de Dios, y también podemos decir, ¿por qué no?, de todo lo bueno que nosotros podamos hacer o podamos decir que cual buena semilla es sembrada en el corazón de la vida. Habiendo celebrado ayer el domingo de la Palabra de Dios claro que podemos insistir en la eficacia que tiene esa semilla porque en ella está el germen de Dios. No dejemos caer esa semilla en tierra infecunda porque endurezcamos nuestro corazón ni nos hagamos oídos sordos ante su proclamación. Tengamos fe en la eficacia de la Palabra de Dios en nuestra vida por eso con tanto amor tenemos que escucharla y plantarla en nuestro corazón. No dejemos que el viento se lleve esas páginas de la Palabra de Dios sino que sepamos apoyarnos en ella para hacer de verdad fructificar nuestra vida.

Pero como también decíamos vayamos nosotros también sembrando semillas de vida por los campos de la existencia que vamos atravesando. Es esa buena palabra que hemos de tener siempre en nuestros labios para irla sembrando allá por donde vayamos. también en nuestro interior la vida nos ha hecho ir acumulando una sabiduría desde la reflexión que de las cosas y de los acontecimientos nos vamos haciendo; tenemos más sabiduría dentro de nosotros de lo que podemos imaginar, hemos de saber limpiar de la paja de las superficialidades todo eso que en nuestro interior rumiamos; de ahí surge el buen consejo que podemos dar, esa orientación que podemos poner en los oídos y en el corazón de los que están a nuestro lado, esa respuesta reflexiva que podemos dar ante cualquier cuestión que se nos plantee, ese punto de vista distinto que podemos ofrecer en cualquier diálogo o discusión.

No temamos sembrar esa buena semilla que también nosotros llevamos en nuestro corazón, será como una semilla sembrada a voleo que el viento trasladará de un sitio a otro y que puede ir cayendo en la tierra buena de muchos corazones que estén esperando esa luz orientadora para sus vidas. No sabemos hasta donde puede llegar, no nos importe, sembremos lo bueno con constancia que será semilla que se multiplique y que ahora no sabemos pero con el tiempo quizás podamos recoger una hermosa cosecha. Alguna vez podrá llegar de nuevo a ti después de haber recorrido amplios mundos esa semilla que un día sembraste y que a la vuelta también podrá ayudarte a ti. Os confieso que me ha sucedido en la vida. No dejemos de sembrar.

sábado, 24 de enero de 2026

Nada podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, de ahí nuestra disponibilidad para el seguimiento de Jesús

 


Nada podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, de ahí nuestra disponibilidad para el seguimiento de Jesús

2 Samuel, 1, 1-27; Sal. 79; Marcos, 3, 20-21

No siempre nos entiende en lo que hacemos, muchas veces la incomprensión lo podemos encontrar hasta en las personas más cercanas a nosotros; están por supuesto también aquellos que no están de acuerdo con lo de nosotros hacemos o con la manera de hacer nosotros las cosas y crearán una oposición y puede llegar incluso hasta un enfrentamiento; siempre hay personas que pueden ponernos trabas en nuestras ruedas, por así decirlo, para evitar que aquello que nosotros estamos queriendo realizar buscando lo mejor pues no se pueda hacer realidad; sabemos que no siempre vamos a encontrar acuerdo sobre todo cuando caminamos desde una meta, unos ideales que de alguna manera pueden romper molde de lo que habitualmente se suele hacer y quienes se sienten beneficiado por esa rutina de la vida van a realizar su oposición; tienen su poder podríamos decir y si van a haber recortado por así decirlo sus beneficios dura va a ser la oposición.

Pero como decíamos antes en ese esfuerzo que realizamos por llevar adelante nuestras metas, por seguir con nuestros principios, por hacer ese bien y ese trabajo que queremos realizar lo que están a nuestro lado quizás lo vean la efectividad o la razón de ser de lo que nosotros hacemos, les parezca que es demasiado el esfuerzo que estamos realizando, y que si encima ahí esa oposición alrededor ven que eso puede hacernos daño, ponernos en peligro y tratarán de aconsejarnos, de decirnos que no hace falta tanto, que no es necesario enfrentarse con todo el mundo, que las cosas se pueden hacer de otra manera, dirán incluso que medio nos estamos volviendo locos; ya digo la oposición la podemos encontrar muy cercana a nosotros. 

Algo así le estaba pasando a Jesús, anunciaba el Reino de Dios y realizaba todos esos signos y señales de ese nuevo sentido de la vida si queríamos vivir el reino de Dios y a su alrededor quizás algunos podían ver en peligro sus privilegios, el dominio que podían realizar sobre los demás, porque Jesús enseñaba una vida nueva, una libertad del espíritu, un sentido nuevo y por eso vemos que incluso tratan de quitarlo del medio; lo veremos a lo largo del Evangelio. La tarea de Jesús no era fácil, se estaba gastando y desgastando por el reino de Dios en ese querer estar cercano a todos, en ese anuncio del Reino que iba realizando por todas partes, en esa tarea con sus discípulos más cercanos. Jesús sabía cual era su misión, cuál era su camino, qué es lo que tenía que realizar.

Y la gente lo escuchaba, lo buscaba, le traían enfermos, lo acompañaban en su caminos de un lado para otro, se entusiasmaban con las esperanzas que se iban suscitando en su corazón, veían una luz nueva que estaba comenzando a iluminar de verdad sus vidas. Era el anuncio del Evangelio del Reino de Dios que Jesús estaba realizando. 

Pero, como vemos hoy en el Evangelio, su familia no terminaba de entenderlo, le parecía quizás que era mucho lo que estaba haciendo, conociendo también la oposición que había en cierto sectores a la tarea de Jesús, al anuncio del Evangelio que realizaba contemplaban cómo se enfrentaban verbalmente incluso con Jesús poniendo dificultades, poniendo trabas; diríamos que en un sentido como muy humano, muy familiar, quieren como convencer a Jesús de que no es necesario tanto, como solemos decir, que mejor sería retirarse para evitar problemas, qué necesidad había de enfrentarse a los dirigentes del pueblo judío, querían llevárselo para casa porque decían que no estaba en sus cabales; así nos dice el evangelista. 

Siempre hablamos de las tentaciones de Jesús y recordamos aquel tiempo del desierto pero luego a lo largo del Evangelio veremos que también serán muchos los momentos en que de alguna manera surgirán como nuevas tentaciones, tientan a Jesús para que las cosas no sean tal como las ven venir o tal como él está presentando el anuncio del Evangelio; recordamos incluso cómo Pedro quería quitarle de la cabeza cuando subían a Jerusalén y anunciaba Jesús lo que allí había de pasarle ese pensamiento; poco menos estaba como queriendo decirle que no subiera a Jerusalén. Ahora es la familia la que de alguna manera es también como una tentación para Jesús queriendo apartarlo de su camino, pero era quien había dicho al entrar en el mundo ‘aquí estoy, oh Padre, para hacer tu voluntad’,  quien había dicho ‘mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre’ un día a los discípulos allá junto al pozo de Jacob en Samaria, o sentiría Jesús también la tentación en Getsemaní antes de comenzar la pasión y por eso pedía al Padre que apartase de él aquel cáliz que sabía que había de beber, pero aunque hace esa petición al mismo tiempo dirá ‘no se haga mi voluntad sino la tuya’;  ‘aquí estoy yo padre para hacer tu voluntad’. 

Es lo que estamos contemplando hoy en este corto pasaje del Evangelio que nos ofrece la liturgia de este día, pero donde nos vemos nosotros también que muchas veces podemos sentir los cansancios, las ganas de tirar la toalla, de volvernos para atrás, de pensar que no es necesario tanto, porqué me voy a meter en estos líos, pero en el fondo de nuestro corazón está nuestra fe, está nuestro querer seguir a Jesús, está la vivencia que queremos hacer del Evangelio, está esa fe en el Reino de Dios que tenemos que ir construyendo día a día aunque nos cueste y seremos capaces de seguir adelante hasta el final.

 

jueves, 8 de mayo de 2025

Pongamos toda nuestra fe en las palabras de Jesús para sentir como siendo pan de vida para nosotros cuando le comemos tendremos vida para siempre, vida eterna

 


Pongamos toda nuestra fe en las palabras de Jesús para sentir como siendo pan de vida para nosotros cuando le comemos tendremos vida para siempre, vida eterna

Hechos  8, 26-40; Salmo 65; Juan 6, 44-51

Cuando vamos haciendo camino, sobre todo si el esfuerzo que tenemos que realizar para hacerlo es grande, necesitamos un alto en el camino para recuperar fuerzas tomando algún alimento; cuanto saboreamos en ese momento un bocado de pan que nos echemos a la boca, en momentos así nos parece que tiene incluso mejor sabor y lo disfrutamos; parece que nada hay tan sabroso como un trozo de pan cuando tenemos hambre y necesitamos recuperar fuerzas, qué rico ese pan que sacamos de nuestras alforjas y con cuanto sabor lo comemos.

Hoy se nos ofrece Jesús como ese pan de vida que necesitamos para nuestro camino. El mismo se nos ofrece como alimento, como pan de vida, como verdadero pan del cielo porque así quiere ser nuestra luz y nuestra fortaleza; quiere ser esa luz que nos alumbre el sendero, pero además quiere ser viático para nosotros porque quiere caminar a nuestro lado ayudándonos a hacer ese camino, pero ofreciéndose a si mismo como ese pan que nos alimenta y fortalece. Es como esa alforja que llevamos con nosotros, colgada a nuestro hombre donde llevamos ese pan que en cada momento va restableciendo nuestras fuerzas.

El camino de la fe muchas veces se nos hace costoso y parece que nos sentimos sin fuerzas para continuar esa ascensión de la vida. Necesitamos unas alforjas de donde ir tomando esa fuerza que necesitamos. El nos ofrece su Palabra que nos ilumina, El despierta nuestra fe y nuestra esperanza para que no nos perdamos en la oscuridad, El nos alimenta con el alimento de su propia vida para que no nos sintamos sin fuerzas.

Aquel signo que había realizado en el desierto donde había alimentado a aquella multitud que quería seguirle pero que se habían quedado sin pan, es la muestra de lo que El quiere ser para nosotros. Es necesario despertar nuestra fe para poner en El toda nuestra confianza, para sentir su fortaleza, para alimentarnos de su vida, para entender cómo puede El darnos a comer su carne para hacerse vida en nosotros. ‘El que cree tiene ya la vida eterna’, nos dice hoy Jesús. Por eso, como seguirá diciéndonos ‘el que come de este pan vivirá para siempre’.

Todos tenemos ansias de vivir y nadie quiere que se acabe su vida. El pensamiento de la muerte nos agobia porque nadie quiere morir. Y Jesús nos da la posibilidad de vivir para siempre, porque si en El ponemos nuestra fe ‘El nos resucitará en el último día’, como nos ha dicho. Es lo que quiere para nosotros, nos ofrece vida eterna. Vida eterna porque es vivir en El, vivir su vida. Y Dios es eternidad, y quiere que en El vivamos así para siempre.

‘Y el pan que yo os daré es mi carne por la vida del mundo’, termina diciéndonos hoy. Palabras, sin embargo, que nos suenan a misterio, porque como luego escucharemos protestar a la gente de Cafarnaún es difícil entenderle y duro es lo que les está enseñando, porque poco menos que suena a canibalismo. Pero ahí se nos está manifestando todo el misterio de Dios al que tenemos que prestar nuestra obediencia de la fe.

Pero ¿humanamente no decimos cuando amamos a alguien que nos lo queremos comer? ¿No decimos cuando nos sentimos amados por alguien que en ese amor nos sentimos fortalecidos como si tuviéramos una nueva vida? ¿Por qué no decirlo entonces cuando nos sentimos amados de Dios y a El nos queremos sentir tan unidos que llegamos a decir que tenemos una misma vida con Dios? Es lo que nos ofrece Jesús; es así como es el Pan de vida para nosotros, para que le comamos a El y así podamos tener vida para siempre. Pongamos toda nuestra fe en las palabras de Jesús.

domingo, 4 de agosto de 2024

Vayamos en búsqueda de Jesús para dejarnos encontrar por El y pidámosle ‘Señor, danos siempre de ese pan’

 


Vayamos en búsqueda de Jesús para dejarnos encontrar por El y pidámosle ‘Señor, danos siempre de ese pan’

Éxodo 16, 2-4. 12-15; Salmo 77; Efesios 4, 17. 20-24; Juan 6, 24-35

Buscamos y a veces no encontramos; no sabemos dónde, no sabemos cómo; quizás tenemos que ponernos en camino, porque está en otro lugar, porque otra es la manera en que lo hemos de encontrar; perdemos el norte, no sabemos donde y cómo buscar; buscando incluso una cosa concreta que está dentro de nuestro interés, quizás encontramos otra mejor; por eso necesitamos atención, mirada nueva y distinta, quizás dejarnos aconsejar, dejarnos guiar.

Son muchas las cosas que vamos buscando por la vida; no todas tienen el mismo valor, tenemos que dar prioridades, saber qué es lo más importante, no quedarnos solo en lo material y primero que pueda aparecernos; esas búsquedas nos pueden llevar a una interiorización distinta de la vida, de las cosas, de las realidades que palpamos, porque hay otras cosas que no palpamos con las manos y pueden ser más importantes. De alguna manera siempre estamos en camino de búsqueda.

Hoy nos habla el evangelio de que aquella multitud a la que Jesús dio milagrosamente de comer allá en el descampado a la mañana siempre buscan a Jesús y no está; se vienen como pueden a Cafarnaún y allí de nuevo se encuentran con Jesús. Pero ahora Jesús les hace detenerse. Buscan a Jesús ¿por qué? Buscamos a Jesús, ¿por qué? Jesús les hace ver que lo están buscando porque en el desierto les había dado de comer pan en abundancia. Habían sobrado incluso doce canastos, a pesar de solo tener cinco panes.

Pero parece que no han sabido ver el signo. Lo tenemos tantas veces ante los ojos y no lo vemos, nos está hablando y no lo escuchamos. Jesús les dice que busquen un alimento que les de vida para siempre para que no siempre tengan que estar mendigando panes que no sacian. Les cuesta entender.

Y Jesús les habla del pan que El sí puede darles, un pan bajado del cielo. Se quedan pensando en el maná que comieron sus antepasados en el desierto, pero los que comieron aquel pan también murieron. Como nos quedamos nosotros siempre pensando en lo inmediato, la solución de las cosas del momento, y perdemos la trascendencia que tiene que tener la vida. Tiene que ser algo que vaya más allá del presente, algo que nos haga vivir de verdad. ¿Nos estará Jesús adelantando que hemos de saber encontrar un sentido para la vida? Luego otro será el pan que Jesús les está ofreciendo.

Comienzan a vislumbrar que es algo distinto a lo que están pensando de lo que Jesús les está hablando aunque terminan sin entender. Por eso continúa su búsqueda, sus preguntas. Tenemos que sabernos hacer muchas preguntas para que podamos encontrar la respuesta verdadera. No nos quedemos atascados.

Ellos se preguntan qué es lo que tienen que hacer. De alguna manera Jesús se los ha venido diciendo desde el principio porque su primer anuncio fue invitarles a salir de si mismos para comenzar a creer en algo nuevo; invitaba Jesús a la conversión  que era ponerse en camino de transformación para comenzar a vivir algo distinto. Era necesario creer en ese anuncio, en esa buena noticia.

Ahora les dice Jesús que esa buena noticia es El, han de creer en el Hijo del Hombre que viene sellado de Dios, viene con el sello de Dios, porque los milagros que hace son ese signo, ese sello de Dios en El. ‘Mi Padre es el que os da el verdadero pan del cielo, porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo’.

Quieren comer ellos de ese pan. ‘Entonces le dijeron: Señor, danos siempre de este pan’. Y es cuando Jesús hace la gran afirmación. ‘Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás’. Tenemos que buscar a Jesús, sí, porque es el que nos da ‘el alimento que perdura para la vida eterna’, como nos había dicho. En Jesús vamos a encontrar eso nuevo que eleva nuestro espíritu, que nos llena de trascendencia y nos da verdadero sentido y plenitud a nuestra vida.

Es Jesús el que nos va a sacar de nuestras vaciedades y sin sentidos; es Jesús, como nos decía san Pablo en la carta a los Efesios, el que va a transformar ese hombre viejo de nuestra vida en un hombre nuevo de la gracia. ‘Renovaos en la mente y en el espíritu y revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios’. Es en Jesús en quien vamos a encontrar esa plenitud de vida porque por la fuerza de su espíritu nos va a dar una vida nueva que nos hace sentirnos hijos de Dios.

Vayamos, pues, en búsqueda de Jesús para dejarnos encontrar por El. ‘Señor, danos siempre de ese pan’.

 

domingo, 21 de julio de 2024

Encontremos ese momento para estar con Jesús, escucharle en nuestro corazón, disfrutar de su presencia, sentirnos renovados en el espíritu porque El está con nosotros

 


Encontremos ese momento para estar con Jesús, escucharle en nuestro corazón, disfrutar de su presencia, sentirnos renovados en el espíritu porque El está con nosotros

Jeremías 23, 1-6; Sal. 22; Efesios 2, 13-18; Marcos 6, 30-34

‘Mira, estás estresado, estas viviendo una tensión muy fuerte, mejor te vas unos días a descansar y luego hablamos’, quizás hemos dicho alguna vez a alguien que venía con sus agobios y problemas, no sabíamos por donde hacer algo por él, y pensamos que lo mejor es que tuviera ese tiempo de descanso para que él mismo se aclarara y luego poder hablar para encontrar soluciones. Es lo que le dice el padre al hijo que está viviendo un momento malo y no hay por donde hablar, y le dice ‘vete, duerme esta noche, y mañana estarás más tranquilo y podemos hablar’. Muchos ejemplos de situaciones así podíamos seguir poniendo en las relaciones de la pareja y del matrimonio, en los problemas de los amigos, en la tensión del trabajo cuando las cosas no salen y parece que todo puede ir al fracaso.

¿Es esa la solución y los protocolos técnicos que podamos tener para esos casos? Nos hablarán los sicólogos, nos hablaran los asistentes sociales, los consejeros matrimoniales, los asesores en recursos humanos… para todo tenemos protocolos y respuestas, que en esta reflexión no entro a valorar.

Solo quiero fijarme en este pasaje del evangelio que este domingo se nos propone. Jesús había enviado a los discípulos a hacer el anuncio del Reino e incluso les había dado autoridad, como en otros momentos hemos reflexionado, para curar enfermos y para expulsar demonios. Es el regreso de la misión que Jesús les había encomendado, vienen contentos por lo que han realizado en nombre de Jesús, pero sabe El que después de aquella actividad necesitan un descanso. Además eran tantos los que iban y venían que nos les daban tiempo ni para comer. ‘Vamos a un sitio aparte, a un lugar desierto, para descansar’.

¿Tú, duerme y descansa ahora que luego hablamos? No es eso lo que quiere Jesus. ‘Vamos’, dice, porque El va con ellos; vamos a un lugar apartado, pero será un lugar, al menos es lo que pretende, donde podamos estar juntos, donde podamos disfrutar de nuestro descansa, donde podamos tener tiempo de compartir. Vamos, que yo estaré con nosotros.

Podíamos recordar otro pasaje del evangelio donde Jesus invita a los que están cansados y agobiados a ir con El, porque en El encontrarán su descanso, a ir con El, porque de su mansedumbre han de aprender para mantener la paz en el corazón, porque en El nos vamos a sentir fuertes frente a todos los embates, frente a todos los agobios y carreras, frente a todas las luchas que habremos de mantener, porque no es que no nos dejen ni comer, es que no nos dará cuartel ni descanso ese mundo que tenemos enfrente y del que no nos podemos desentender.

No es el descanso solo de meternos dentro de nosotros mismos y quizás querer olvidarnos de todo, es el descanso de estar con Jesus porque en El encontraremos la fuerza que necesitamos, recargamos nuestras pilar como decimos tantas veces; pero no es algo externo que venga a nosotros sino que será Dios mismo el que estará dentro de nosotros; es inundarnos de Dios, dejarnos empapar de Dios y de su Palabra, dejarnos conducir por Dios porque su espíritu estará con nosotros inspirando y haciendo nueva nuestra vida. El es nuestra paz, como nos decía san Pablo. El es el Pastor que en verdes praderas nos hace recostar y repara nuestras fuerzas, como decíamos en el Salmo.

No es aislarnos para nadie nos moleste, mientras resolvemos nuestras cosas, sino abrir nuestro espíritu de manera distinta para que sea el espíritu de Dios el que inhabite en nosotros; no es aislarnos para olvidarnos de ese mundo que nos rodea con sus problemas y con sus aspiraciones, sino aprender a tener una mirada distinta para conocerlo mejor y para también para mejor darle una respuesta. Solo lo podremos haces desde Dios, solo lo podremos hacer si aprendemos a hacerlo con la mirada de Dios.

En aquella travesía que hicieron entonces los discípulos con Jesus para encontrar aquel lugar apartado y de silencio no tuvieron tiempo de muchas cosas, porque al llegar a aquel sitio se encontraron que ese mundo estaba esperándolos. Y Jesús no se desentiende, se puso a enseñarles y a curar a sus enfermos; y los discípulos tuvieron ya con la fuerza de lo que habían estado con Jesús que comenzar a realizar también su tarea. Ya escucharemos en próximos domingos la continuación de este relato del evangelio.

Quedémonos aquí, o mejor, vayamos con Jesús, porque El quiere que estemos con El. Encontremos, sí, ese momento para estar con Jesus, para escucharle en nuestro corazón, para disfrutar de su presencia, para sentirnos renovados en el espíritu porque sabemos que El está con nosotros.

Que el domingo, día del Señor, día para ir y estar con el Señor de manera especial como El nos llama, sepamos aprovecharlo; no lo convirtamos en un cumplimiento que despachamos en unos minutos; mucho más tendría que ser nuestro encuentro con el Señor y su Palabra en la Eucaristía dominical, el prepara para nosotros una mesa, nos unge con perfume y nos ofrece una copa que rebosa. ¿Sabremos disfrutar de ese banquete del Señor que nos ofrece el Señor? Es mucho más que los protocolos de la vida nos puedan ofrecer.

miércoles, 17 de abril de 2024

Somos lo que comemos y si comemos el Pan de vida que nos ofrece y que es Jesús, nuestra vida no puede menos que reflejar su evangelio

 


Somos lo que comemos y si comemos el Pan de vida que nos ofrece y que es Jesús, nuestra vida no puede menos que reflejar su evangelio

Hechos de los apóstoles 8, 1b-8; Salmo 65; Juan 6, 35-40

Alguna vez he escuchado decir algo así como que ‘somos lo que comemos’. Una referencia a nuestro modo de alimentación y bien sabemos que según de donde seamos, por ejemplo, será la alimentación que tenemos; según la cultura y formación de las personas buscarán más o menos una alimentación adecuada donde tengamos los nutrientes necesarios para desarrollar nuestra vida; muchas veces también según nuestra manera de pensar elegimos un tipo de alimentación u otra, quienes rechazan las carnes, quienes se decantan por una alimentación más naturista, quienes quizás por razones de salud pueden o no pueden comer determinados alimentos. Pero no vamos a hacer un tratado sobre la nutrición y la alimentación que podemos o debemos tomar.

Pero igual hay otras cosas que alimentan nuestra vida, que son las ideas y los pensamientos, que tomamos de aquí o de allá y que nos van forjando nuestra manera de pensar y de vivir; podemos pensar en las filosofías de la vida, podemos pensar en las ideologías, podemos pensar en las corrientes de opinión que en cada momento van surgiendo en la sociedad y que marcarán nuestras posturas, nuestro estilo de vida, o el sentido que le damos a nuestra existencia. 

Es también una comida, una alimentación, en lo que ya no nos referimos a lo que entra por la boca y discurre por nuestro sistema digestivo, sino que es lo que llevamos en la cabeza o en el corazón. Y aquí podemos decir también aquello de que ‘somos lo que comemos’, aquello de lo que alimentamos nuestra existencia, nuestra manera de vivir.

Ante nosotros, contemplando a Jesús y escuchándolo, se ha ido desarrollando todo el mensaje del evangelio, esa buena nueva que nos ofrece Jesús cuando nos anuncia el Reino de Dios. Hemos dicho ya muchas veces como se despierta la esperanza de algo nuevo en aquellos que escuchan o contemplan a Jesús, cómo aquellos signos que Jesús va realizando nos van manifestando ese sentido nuevo de nuestra vida cuando nos decidimos a seguirle, a optar por El. Con Jesús nos veremos siempre saciados plenamente. ‘Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás’.

Escuchar el evangelio, la buena nueva que Jesús nos ofrece, no nos puede dejar insensibles, no nos podemos quedar en una posición de estacionamiento sin que nos decidamos a tomar una opción, a tomar un camino. Ya nos dirá El en algún momento que o con El o contra El, que quien no recoge con El desparrama, que tenemos que decidirnos de manera seria por seguirle porque no podemos estar siempre mirando para detrás, porque no seríamos dignos de El.

Por eso El nos habla hoy de comerle, de que El es el Pan de vida, y que comiéndole a El es como tendríamos vida para siempre. Y comerle a El es mucho más que dejar que nos entre un alimento por la boca, aunque como signo tengamos también que hacerlo; comerle a El es dejarnos transformar por El – somos lo que comemos, decíamos antes – porque entonces su manera de pensar, lo que El nos está diciendo que es el Reino de Dios, tendrá que ser algo que hagamos vida nuestra. No podemos decir que nos alimentamos de Cristo, que le comemos, en una palabra que comulgamos, y luego actuamos en nuestra vida de manera diferente a lo que nos propone El, nos enseña El.

Aquí tendríamos que preguntarnos por tantas incongruencias de nuestra vida cuando decimos que tenemos fe, que creemos en El pero luego no vivimos el espíritu y el sentido del evangelio, porque, por ejemplo, no hemos convertido el amor en el verdadero motor de nuestra vida, porque seguimos sin perdonar y nunca queremos compartir con los demás, porque no hacemos que las obras de la justicia en todos los sentidos y en todas las cosas las que tienen que resplandecer en nuestra vida. 

¿Cómo puedes comulgar y no perdonar al hermano? Ya nos dirá que antes de poner nuestra ofrenda ante el altar vayamos primero a reconciliarnos con el hermano que pueda tener algo contra nosotros.

Es algo serio lo que hoy Jesús nos está planteando. Algo que tiene que en verdad interrogar nuestra vida y nuestra manera de actuar. Lo que quiere Jesús para nosotros en que tengamos vida eterna. ‘Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día’. Y eso nos lo ofrece Jesús cuando nos dice que le comamos porque El es el Pan de vida.


martes, 16 de abril de 2024

Busquemos el verdadero alimento que nos da vida para siempre y que encontramos en Jesús y en su Palabra, Pan verdadero bajado del cielo

 


Busquemos el verdadero alimento que nos da vida para siempre y que encontramos en Jesús y en su Palabra, Pan verdadero bajado del cielo

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

El camino de la vida no lo podemos hacer sin alimento. Sí, necesitamos alimentar nuestro cuerpo, que en cierto modo es alimentar nuestra vida; sin esos nutrientes el organismo muere, y no vamos ahora a explicar toda una lección sobre la alimentación humana; es el ansia de todo ser vivo, poder seguir viviendo, y por eso buscamos el alimento; tristes son las imágenes que podemos contemplar de gente desnutrida por el hambre, o por la escasez del necesario alimento; una de las grandes preocupaciones de la humanidad que se pregunta si tenemos los recursos necesarios y suficientes en la tierra para alimentar a una población que cada vez crece más. Cuantos planteamientos se hacen sobre todo esto, cuantas soluciones se buscan, cuantas culpas muchas veces nos echamos los unos a los otros.

Es algo claro y urgente, es cierto, pero la persona necesita algo más para su subsistencia. Alimentar la vida no es solo alimentar el cuerpo, porque la persona es mucho más que un cuerpo que alimentar y mantener aunque haya que hacerlo. Hay algo que tiene que llegar más hondo en el ser humano, que tiene que alimentarle como persona; podemos pensar en los valores sobre los que queremos fundamentar la vida y que nos dan sentido y valor a lo que vivimos y a lo que hacemos. La persona ha de tener otros interrogantes y otros planteamientos que le ayuden a dar profundidad a la vida. Todos, en fin de cuentas, de una forma o de otra, en un momento o en otro, nos interrogamos sobre el sentido de la vida, y cuando tenemos claras unas metas, unos objetivos, una razón de ser nos sentimos más vivos, nos sentimos con mayor intensidad de vida.

Creo que en el fondo es lo que nos está planteando hoy Jesús en este pasaje del evangelio. Ayer les decía Jesús que no se preocuparan solo por un alimento que perece y buscaran un alimento que perdura. Les cuesta entender, porque fácilmente nos quedamos en lo material de la vida y nos cuesta ir más allá, aunque sea algo que de una forma o de otra como decíamos siempre está detrás del pensamiento humano. Ya nos recordaba Jesús, allá en el monte de la cuarentena, cuando las tentaciones, que ‘no solo de pan vive el hombre…’

Cuando aquella muchedumbre hambrienta, llena de problemas y de sufrimientos, con sus enfermos a cuestas incluso, caminan tras Jesús incluso hasta lugares desérticos como hemos visto estos días, era algo más que pan o una salud corporal lo que iban buscando. Claro que sí que esperan y desean sus milagros, pero lo que querían era escuchar a Jesús. Su Palabra les daba vida, sus palabras ponían esperanzas en su corazón, su enseñanza les ponía en camino de algo distinto en sus vidas aunque tanto les costara comprenderlo y vivirlo. Por eso vemos que ante los planteamientos de Jesús se siguen preguntando, y se preguntan en el fondo que es lo que Dios quiere de ellos.

Les costará entender y seguirán pidiendo un pan que les alimente. ‘Danos siempre de ese pan’, le dicen cuando Jesús les habla de un pan que comiéndolo no volverán a tener más hambre. Y al hablarles de un pan que viene del cielo, recuerdan a sus antepasados en el desierto y el pan bajado del cielo que Moisés les daba, el Maná. Pero Jesús quiere hacerles entender el significado verdadero de aquel pan y del pan que ahora Jesús les ofrece.

El maná que comieron en el desierto era algo más que saciarlos del hambre que tenían, cuando ya les acababan todo tipo de suministros. Aquello era todo un signo del Dios que les acompañaba en aquel camino. Era el camino en búsqueda de la libertad, era el camino que les estaba haciendo como pueblo, era el camino que les estaba haciendo crecer como personas que sabían que tenían que caminar juntos, era el camino más allá de una tierra prometida, de una nueva vida que habían de vivir en aquella tierra, y Dios estaba con ellos.

Ahora entraban en una etapa distinta. La presencia de Jesús tenia que hacerles ahondar de verdad en el autentico sentido de la vida. Esa es la Buena Nueva que nos ofrece Jesús, ese es el sentido del Reino de Dios del que les habla Jesús. Y eso lo podemos realizar con Jesús. Nos ofrece su Palabra, esa Palabra de Dios que sí alimenta al hombre de verdad. Recordamos, no solo de pan vive el hombre, sino de la palabra que sale de la boca de Dios. Es todo lo que nos va enseñando Jesús para que en verdad tengamos nueva vida. Por eso tenemos que comer ese Pan bajado del cielo, ese Pan de vida que es Cristo mismo.

¿Cuál es el verdadero alimento que tendríamos que buscar para tener vida y tener vida en plenitud? Es lo que nos está ofreciendo Jesús. ‘Danos siempre de ese pan’, le decimos nosotros también.

 

lunes, 15 de abril de 2024

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre

 


Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Salmo 118; Juan 6, 22-29

Todos siempre andamos buscando; es desde una insatisfacción innata en que queremos más y mejor o queremos otras cosas. Queremos vivir y queremos siempre algo mejor para nuestra vida y buscamos eso que creemos que nos hará mejor la vida; buscamos la felicidad, buscamos ver satisfechas no solo nuestras necesidades básicas sino esas ansias que llevamos dentro; buscamos trabajo para conseguir lo que anhelamos, o buscamos el encuentro con los otros y por qué no decirlo, queremos ver lo que podemos conseguir con esa amistad que buscamos. Pero buscamos que nos lo den fácil, que sea quizás con el mínimo esfuerzo por nuestra parte, casi como si fuera un regalo del que siempre nos creemos merecedores; recordemos todas las reivindicaciones que en este sentido hacemos en todos los ámbitos. Nos seguimos preguntando qué buscamos y por qué buscamos.

Hoy nos habla el evangelio de cómo la gente buscaba a Jesús. Habían estado con él la tarde anterior y allí Jesús movido a compasión había repartido milagrosamente aquel pan que todos recibieron gratuitamente; querían hacerlo rey, pero Jesús se les escabulló. Aunque habían visto que no se había montado en el barco con los discípulos,  ahora en la mañana al no encontrarlo llegan como pueden hasta Cafarnaún. Allí está Jesús. Y le pregunta, ‘Maestro, ¿cuándo has venido aquí?’ Es como decirle ayer nos dejaste con tres palmos de narices y ahora apareces aquí.

¿Qué buscaban? ¿Por qué buscaban a Jesús? El sabe bien interpretar esas búsquedas de la gente y por eso les dice que trabajen por aquello que los alimenta para siempre, no por lo que es caduco de un día y pronto los va  a dejar insatisfechos. Es el comienzo de un gran interrogante que Jesús les va plantando en el corazón.  Ayer todo era muy fácil, y todo fui gratuito, pudieron comer pan hasta hartarse. Pero parece que siguen teniendo hambre, siguen corriendo tras Jesús que parece que les puede hacer la vida fácil. Mira cómo los cura; ahora los ha alimentado en el desierto. ¿Qué es lo que se suele pedir a los dirigentes para que le solucionen los problemas a la gente? Que no les falte la comida y que se pueda conseguir fácilmente; y si encima algo de entretenimiento, pues mejor. Por eso Jesús les está haciendo este planteamiento.

‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Les va a costar entenderlo, porque cuando tenemos algo muy metido en la cabeza no es difícil cambiarlo. Era la idea, por otra parte, que ellos tenían de lo que había de ser el Mesías. Y para ellos en cierto modo Jesús se les está presentando como el Mesías. Pero lo que les está planteando Jesús es distinto, son otras posturas y otras actitudes las que hemos de tener, es otra manera de buscar pero también es algo nuevo lo que se les está ofreciendo aunque les cueste entenderlo y aceptarlo.

Estos primeros momentos de diálogo de Jesús con aquellas gentes de Cafarnaún va a dar pie para cosas nuevas y distintas, que todo va a salir en ese diálogo. Porque otro es el alimento que Jesús quiere ofrecerle. ‘El alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre’, les dice. Pero para eso han de realizar el camino que Dios quiere, aunque les cueste.

‘¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras que Dios quiere?’, es la pregunta que surge entonces y que tiene que surgir también en nuestro corazón. ¿Qué estamos dispuestos a hacer? ¿Qué pasos estamos dispuestos a dar? Porque también nosotros buscamos que las cosas sean fáciles, nos creemos que eso de seguir a Jesús es cumplir con unas cuantas cositas y ya está todo hecho.

Pero Jesús nos dirá algo distinto. ‘La obra de Dios es esta: que creáis en el que Él ha enviado’. Pudiera parecer fácil, pero no es cualquier cosa eso de creer en Jesús. Ya en otros momentos nos había hablado de conversión, de cambio profundo, de que era necesario dar la vuelta totalmente a la vida.

sábado, 16 de marzo de 2024

A las puertas casi de la Pascua estemos dispuestos a que haya verdadera pascua en nuestra vida porque haya una auténtica renovación de nuestra fe más allá de las palabras

 


A las puertas casi de la Pascua estemos dispuestos a que haya verdadera pascua en nuestra vida porque haya una auténtica renovación de nuestra fe más allá de las palabras

Jeremías 11, 18-20; Salmo 7; Juan 7, 40-53

‘Signo de contradicción’ había pronunciado proféticamente el anciano Simeón cuando sus padres lo llevaron a presentar al templo. ‘Está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten’, había seguido diciendo el anciano ante la sorpresa de sus palabras que muchos no terminarían de entender.

Así aparecía ya Jesús en aquel niño cuyos padres habían ido a presentar al templo. ¿Necesitaba aquel niño algún tipo de rescate, cuando El era el que venía para salvar al mundo? Pero sus padres habían hecho entonces la ofrenda de los pobres, ‘un par de tórtolas’ señalaba el ritual del Levítico. ‘Aquí estoy’, había proclamado Jesús mismo, como había anunciado el profeta, ‘vengo, para hacer tu voluntad’.

Como no entienden los discípulos cuando Jesús se olvida de hasta comer por atender a cuantos a El acudían, sin embargo recordarán sus palabras para siempre porque así lo había anunciado el profeta. ‘Mi alimento es hacer la voluntad del Padre del cielo’. Podrá convertir las piedras en panes, como le propone el diablo tentador, pero Jesús hablará de otro alimento más importante, hacer la voluntad del Padre. ‘No solo de pan vive el hombre, sino también de la Palabra de Dios’, proclamará Jesús allá en la montaña o el desierto de las tentaciones.

Por eso Jesús no dejará de predicar, pero la gente seguirá preguntándose por la identidad de Jesús. ¿Será un profeta? ¿Será el Mesías? Recordamos que cuando pregunta a sus discípulos por lo que dice la gente del Hijo del Hombre, los discípulos le responderán con distintas versiones. Un profeta como los antiguos, un profeta como Juan el Bautista, Herodes temerá si acaso no es una reencarnación del Bautista a quien él había mandado ejecutar, se preguntan ahora aún más, ¿será el Mesías? Hablan del Reino de David, que procede de Belén y el Mesías es como su heredero, pues ha de ser del linaje de David, pero ahora lo conocen como el profeta de Galilea, el profeta de Nazaret, más tarde incluso le llamarán el Nazareno. ¿Quién es aquel Jesús que ahora se atreve ya incluso a predicar en Jerusalén y en el templo?

Un signo de contradicción porque muchos verán en El señales de que viene de Dios, incluso aquellos que han ido a prenderle enviados por los sumos sacerdotes, dirán de El que ‘nadie ha hablado igual, nadie ha hablado como aquel hombre’. Otros querrán prenderle, querrán quitarle de en medio, a ese destino de alguna manera lo conducirán, pero Jesús mismo dirá que nadie le arrebata la vida sino que El es quien la entrega. Su muerte no es un quitarle de en medio ni puede tener sabor de derrota. Al tercer día resucitará como lo había anunciado. El la entrega libremente porque obediente a la voluntad del Padre El subirá al ara del Sacrificio. Incluso el centurión romano encargado de ejecutar la sentencia de Pilato terminará confesando que ‘era inocente’, como ya lo había hecho el mismo Pilatos que ‘no encontraba culpa en aquel hombre’, aunque firmara la sentencia lavándose las manos como auto justificación delante de todo el pueblo.

Y nosotros, cuando estamos concluyendo ya esta cuarta semana de Cuaresma, ¿qué nos decimos y qué nos preguntamos? ¿Será para nosotros también un signo de contradicción, más que nada porque nos damos cuenta de las contradicciones que hay en nuestra vida? ¿Cómo confesamos a Jesús? ¿Cuál es la auténtica proclamación de fe que vamos a hacer en la vigilia Pascual? ¿Qué va a significar esta Pascua que tenemos ya tan cercana para nosotros? ¿Dejaremos que haya pascua en nuestra vida?


jueves, 27 de abril de 2023

Jesús es el pan de la vida, el pan de mi vida, que da valor y sentido a mi vida, verdadera plenitud a mi existencia, de El tenemos que alimentarnos para tener vida para siempre

 


Jesús es el pan de la vida, el pan de mi vida, que da valor y sentido a mi vida, verdadera plenitud a mi existencia, de El tenemos que alimentarnos para tener vida para siempre

Hechos 8, 26-40; Sal 65; Juan 6, 44-51

En la lógica de nuestros razonamientos humanos hay cosas que nos parecen imposibles y aunque en nuestros sueños y deseos aspiremos a otra cosa, lo desechamos como irrealizable y no queremos pensar en ello. Aparte de lo que disfrutemos con la comida, sin embargo quien alguna vez no habrá pensado ojalá comiéramos algo que ya no nos diera hambre nunca más, porque es una lata eso de tener que estar buscando o preparando comida cada día. Pero nos razonamos y nos decimos es imposible ese sueño, porque cada día el organismo necesita alimentarse para poder recuperar sus fuerzas vitales y tener vida y no nos queda más remedio que repetir ese acto de ingerir alimento cada día y a cada determinado tiempo del día.

Pero mira por donde hoy nos habla Jesús de un alimento que El nos ofrece y que nos dará vida para siempre. Les ha hablado del pan bajado del cielo, y los judíos han recordado el maná, pan bajado del cielo también lo llamaban, que les dio Moisés mientras caminaban por el desierto rumbo a la tierra prometida. Pero ya Jesús les dice que comieron el maná, aquel pan bajado del cielo, y sin embargo murieron. ‘Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron…’

Jesús ahora quiere hablarles del verdadero pan bajado del cielo. ‘Yo soy el pan de la vida… este es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera’. Y nos está diciendo que ese pan de la vida es El mismo. A los judíos les costaba entender por la literalidad con la que interpretaban las palabras de Jesús. Pero hemos de reconocer que a nosotros, a pesar de ser algo que hemos escuchado muchas veces y en principio parece que aceptamos con facilidad, en la realidad realmente también nos cuesta entender. Y lo digo desde la experiencia de la importancia que luego le damos a esto en la vida de cada día.

Es un alimento que va más allá de un pan material, pero igual que representamos en esa imagen del pan todo lo que es alimento que nutre nuestro cuerpo, también tenemos que pensar no solo en lo que nutre nuestro cuerpo sino lo que nos alimenta como personas, lo que nos hace encontrar un profundo sentido para nuestro vivir.

Sí, queremos tener un sentido de vida, nos preguntamos por qué y para qué, nos preguntamos por el sentido de nuestra vida, nos preguntamos por el valor de lo que hacemos y también de lo que vivimos, no queremos una vida vacía, una vida sin sentido, queremos una profundidad, una razón profunda para nuestro vivir. Esa es la buena nueva de Jesús, ese es su evangelio, eso es lo que nos ofrece Jesús.

Cuando decimos que creemos en Jesús es mucho más que decir que conocemos sus milagros, conocemos su vida, sus andanzas, lo que fue su pasión y su muerte, que sabemos porque lo hemos escuchado muchas veces lo que nos enseña, y digo mucho más porque no son solo conocimientos que iríamos acumulando en nuestra memoria como quien acumula libros en una biblioteca. De nada nos valdrían todos esos libros acumulados en una biblioteca si no nos han enseñado a vivir. Y eso es lo que viene a significar Jesús en nosotros, en nuestra vida; nos enseña a vivir, nos abre un camino, una senda, nos da un sentido y un valor, nos engrandece dándonos la mayor dignidad a nuestra persona, encontramos nuestro verdadero valor.

Ese es el alimento que Jesús nos da. Por eso nos dice que El es el pan de la vida, el pan de mi vida, que da valor y sentido a mi vida, que da verdadera plenitud a mi existencia. ‘Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre’. Tenemos que alimentarnos de ese pan, tenemos que alimentarnos de Jesús, tenemos que comer a Jesús y tendremos vida para siempre. Podría salirse de todas nuestras lógicas humanas, como decíamos al principio, pero nos lleva a la más honda sabiduría que solo podemos beber en Jesús.

 

lunes, 24 de abril de 2023

Un alimento que perdura para la vida eterna, algo que va a implicar mi vida de forma total, vamos a encontrar quien dé auténtica plenitud a nuestra vida

 


Un alimento que perdura para la vida eterna, algo que va a implicar mi vida de forma total, vamos a encontrar quien dé auténtica plenitud a nuestra vida

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Sal 118; Juan 6, 22-29

¿Qué es lo que nos llama la atención? ¿Qué es lo que nos atrae y nos entusiasma? Y podemos pensar en un espectáculo o podemos pensar en las cosas que suceden en nuestro entorno, podemos pensar en los personajes públicos o nuestros dirigentes, o podemos pensar, si queremos, ya sean nuestros profesores, nuestra propia familia o nuestros amigos. Hay gente que se entusiasma fácilmente, hay gente que sabe entusiasmar a los que le rodean; hay personas que arrastran con su personalidad, hay personas que las miramos en lo que hacen como una diversión. También depende de lo que nosotros busquemos, las miras que tenemos en la vida, lo que son nuestros sueños, el sentido que le damos a las cosas y a la vida misma. Para algunos solo es una diversión, como dicen algunos cuando pretenden hacer algo, asistir a algo, o simplemente estar con sus personas más cercanas, vamos a reírnos un rato.

En el entorno de Jesús también suceden cosas de este tipo. Hoy contemplamos a un grupo de gente que busca a Jesús. En la tarde anterior estaban en el descampado cuando Jesús había llegado en la barca con sus discípulos, y al final Jesús había multiplicado el pan milagrosamente para que todos comieran. Se habían entusiasmado tanto que hasta querían hacerle rey.

Pero Jesús se les ha escabullido. Habían visto que en una barca que había en la orilla se habían embarcado los discípulos solos, pero Jesús no aparecía por ningún lado, por eso a la mañana siguiente como no encuentran a Jesús en unas barcas también se embarcaron rumbo a Cafarnaún. Ahora allí se encuentran a Jesús. ‘¿Por dónde has venido? ¿Cuándo has venido aquí?’ Es la pregunta que surge pronta. Pero ahora Jesús es el que tiene una pregunta que hacerlos, ¿y por qué le buscan ellos con tantas ganas? Jesús mismo les da la respuesta. ‘En verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a este lo ha sellado el Padre, Dios’.

Es necesario buscar a Jesús de otra manera. No puede ser solo por el interés, porque habían visto milagros, porque les había dado pan hasta saciarse. ‘Tengo a mi hijo enfermo’ decían algunos; quiero que pongas tu mano solo ella para que viva; y le trajeron paralítico y como podía entrar por la aglomeración de la gente, abrieron un boquete en el techo para hacerlo descender hasta los pies de Jesús; si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano; Si quieres, puedes curarme, dice el leproso; Señor, que yo vea, le pide el ciego… y así podríamos recodar muchos momentos.

‘Trabajad por el alimento que perdura para la vida eterna’. No son solo unas curaciones de las que luego podemos volver a enfermar; no es un volver a la vida, quien sabemos que un día morirá definitivamente; no solo es la recuperación de la vista de unos ojos que un día podrán quedar ciegos de nuevo. Es buscar el alimento que perdura para la vida eterna. Es algo mucho más profundo que tiene que pasar por una fe auténtica en Jesús. Como dirá luego, ‘es el trabajo que Dios quiere, que creáis en el que El ha enviado’.

Pero creer no es un entusiasmo momentáneo; creer no es simplemente verme atraído por la simpatía de quien me está presentando un mensaje; creer no es querer que todo salga bien y que nunca nos pase nada malo; creer no es simplemente decir si algo que nos puede resultar novedoso y vamos a ver en qué queda esto; creer es mucho más que decir y ahora vamos a reírnos un rato porque todo va a salir bien y lo vamos a pasar del diez.

Un alimento que perdura para la vida eterna; algo que va a implicar mi vida de forma total de manera que el sentido de mi vida va a ser otro, va a ser distinto, me implicará en tomar otras opciones de la vida aunque las cosas parezca que se nos complican. Es atrevernos a comenzar un camino nuevo porque se nos abren otros horizontes, porque vamos a encontrar algo que nos llene de verdad, que dé auténtica plenitud a nuestra vida. Es atrevernos a creer en Jesús poniendo en El toda nuestra confianza, poniendo en sus manos toda nuestra vida.