Escuchemos
a Jesús, dejémonos sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio
quiere hacer de nosotros un hombre nuevo liberado de toda atadura
1 Samuel 1, 9-20; Sal. 1 Sam 2, 1-8; Marcos
1, 21-28
Estamos de palabras que siempre nos
dicen lo mismo y nos prometen lo mismo, por eso cuando aparece alguien que no
es un simple repetidor, sino que lo que nos dice o nos habla surge de lo más
hondo de si mismo y toca lo más hondo de nosotros mismos, nos despertamos,
prestamos nueva atención. Claro que siempre estaremos al tanto para ver si es
una estrategia que nos embauca o son de verdad esperanzas nuevas que se
siembran en nuestros corazones.
Es lo que está sucediendo en estos
primeros pasos de Jesús en lo que llamamos su vida pública y que ahora terminado
el tiempo de Navidad vamos escuchando en este caso en las primeras páginas del
evangelio de san Marcos. Jesús va a la sinagoga, podríamos decir que aprovecha
el momento en que la comunidad se reúne para escuchar la ley y los profetas y
como iría haciendo por todos aquellos lugares por donde comienza a predicar
hace el anuncio de la Buena Noticia de que el Reino de Dios está cerca.
La gente presta atención a sus
palabras, porque además habla con autoridad, habla con sabiduría, habla con
palabras que despiertan los corazones; no son palabras repetidas, como
seguramente estarían acostumbrados a escuchar a los maestros de la ley. Jesús
anuncia algo nuevo, algo distinto que despierta la esperanza; anunciar la
llegada del Reino de Dios para ellos significaba la cercanía o la presencia del
Mesías anunciado y tanto tiempo esperado. Jesús quiere siempre ir a lo más
hondo de las personas, por eso ha pedido conversión para poder creer que esa
buena noticia que les anuncia se realizará; es necesario una transformación de
la vida, un cambio profundo, como salir de la enfermedad para estar con salud,
como salir de la muerte para tener otra vez vida y vida de verdad. Las palabras
de Jesús van llegando a sus corazones.
Pero es que Jesús acompaña sus palabras
con sus actos. Si ofrece liberación porque tenemos que arrancarnos de tantas
ataduras como tenemos en la vida, ahora lo van a ver palpable en el signo que
va a realizar. Hay un hombre poseído por un espíritu inmundo, por el espíritu
del mal, que ya está ofreciendo un rechazo a Jesús. Las tinieblas que no
quieren dejarse iluminar por la luz, como tantas veces nos sentimos incómodos
cuando nos dicen la verdad, cuando nos señalan aquellas cosas que tendríamos
que mejorar en nuestra vida.
Pero bastan dos palabras de Jesús para
hacer callar a aquel espíritu maligno. ‘Cállate y sal de él’, fueron las
palabras de Jesús. ‘El espíritu inmundo lo retorció violentamente y,
dando un grito muy fuerte, salió de él’, nos relata el evangelista.
Y la gente se quedó asombrada porque hablaba con autoridad.
Escuchemos a Jesús, dejémonos
sorprender por El, dejémonos transformar por su evangelio. Algunas veces nos
cuesta, nos hacemos oídos sordos, lo damos por sabido, pero siempre el
evangelio es buena noticia, algo nuevo que llega a nuestra vida, que nos pone
en nuevos caminos, aunque, como decía, algunas veces nos resistimos. Pero Jesús
nos pone el dedo en la llaga aunque escueza. De muchas cosas tenemos que
liberarnos para vivir esa libertad del hombre nuevo, no podemos seguir
pendientes de ataduras, de rutinas, de malas costumbres que hemos ido
adquiriendo con el paso de los años.
Abramos de verdad nuestro corazón a esa
palabra salvadora que nos ofrece Jesús.
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