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miércoles, 7 de enero de 2026

El evangelio del Reino de Dios sigue siendo una buena noticia hoy para nosotros y para nuestro mundo para despertar una esperanza que a veces tenemos perdida

 

El evangelio del Reino de Dios sigue siendo una buena noticia hoy para nosotros y para nuestro mundo para despertar una esperanza que a veces tenemos perdida

1Juan 3, 22 – 4, 6; Salmo 2; Mateo 4, 12-17. 23-25

Las malas noticias nos aterran, aparecen los miedos y todo se nos vuelve turbio, nos sentimos envueltos por temores y de alguna manera nos encierran en nosotros mismos; no queremos que a nosotros nos suceda lo que escuchamos, nos sentimos defraudados y hundidos ante eso sucedido que no es bueno y nos hace perder ilusiones y esperanzas. Pero las malas noticias están ahí, porque ahí están cuantas cosas nos suceden que no son buenas o alguien pudiera estar dañando. Con malas noticias nos es difícil caminar, porque todo nos resulta un peso demoledor y al final lo que hacemos es ir arrastrándonos sin mucha esperanza.

Pero las buenas noticias nos alientan  y despiertan esperanza; en eso positivo que nos está llegando como noticia vemos que es posible alcanzar aquello que soñamos, que podemos avanzar, que podemos hacer algo distinto, nuevo y bueno; las buenas noticias ponen alegría en el corazón y dan ligereza a nuestros pasos y a cuanto queremos emprender, porque sabemos que ahí cerca está lo que nos prometen o con lo que soñamos.

La aparición de Jesús por Galilea fue en si misma una buena noticia para aquellas gentes tan acostumbradas a rutinas y a sombras, algo nuevo se despertaba en sus corazones porque veían que las promesas mesiánicas de los profetas estaban más cerca de cumplirse. Es lo que Jesús proclama, una buena noticia del Reino de Dios que está cerca, y es en lo que se convierte la misma presencia de Jesús con los signos de ese nuevo Reino de Dios que El va realizando.

Nos dice hoy el evangelista que dejó Nazaret y se estableció en Cafarnaún; era como el centro de Galilea, una ciudad importante en todos los sentidos y su misma situación la convertía en una encrucijada de caminos; entrada a Palestina por el norte conectaba con el camino de Damasco y con todo lo que se llamaba la media luna que conectaba con los pueblos más orientales. Es importante y significativo el lugar escogido.

Aunque establecido en Cafarnaún recorre sin embargo los pueblos y aldeas de toda Galilea y todos los lugares va haciendo el mismo anuncio, la buena nueva de que el Reino de Dios estaba cerca; una buena noticia, evangelio que diremos tomando la palabras más griega, que no eran solo palabras, los anuncios que Jesús hacía sino las señales que realizaba, los signos de ese reino nuevo donde había de desaparecer el mal; las múltiples curaciones que Jesús iba realizando en todos aquellos enfermos que le traían era el signo de ese mundo nuevo.

Y con esa buena noticia a la gente se le abrían las puertas de la esperanza. Acudían de todas partes, nos dice el evangelista; Jesús quería llegar a todos y de ahí sus recorridos y cómo lo veremos siempre en la cercanía de la gente sobre todo de los que sufren, pero también era alguien con los brazos abiertos, con el corazón abierto para acoger a cuantos llegaran hasta El fuera cual fuera su situación. Enfermos en sus cuerpos y enfermos en su espíritu, quienes se sentían solos y abandonados o quienes se sentían discriminados y apartados incluso de la vida de la sociedad, atormentados quizás por el mal de sus vidas o confundidos por lo que contemplaban sentían perdida toda ilusión y toda esperanza.

La presencia de Jesús era una brisa fresca que daba ansias y deseos de caminar, era un faro de luz que iluminaba para ayudar a encontrar un sentido y un valor a cuanto sucediera, por eso el evangelista recuerda al profeta. ‘El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande, una luz nueva y grande les brilló’. Y cuando hay luz dan más deseos de caminar, cuando hay luz encontramos el sentido y el valor de todas las cosas incluso de aquellas que nos desconciertan y nos hacen sufrir. Ese evangelio, esa buena noticia del Reino de Dios que Jesús proclamaba es ese rayo de luz y de esperanza que se enciende en medio del pueblo.

Y nosotros ¿sentimos estas palabras como realizadas también en nosotros? ¿Seguiremos sintiendo que el evangelio del Reino es también una buena noticia para nosotros y para el  hombre de hoy?

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