El
evangelio es también hoy un anuncio de luz y de esperanza que nos da respuestas
para este mundo en que vivimos
Isaías 8, 23b – 9, 3; Salmo 26; 1Corintios
1, 10-13. 17; Mateo 4, 12-23
El evangelio hoy, igual que lo ha hecho
también el texto del profeta Isaías, ha comenzado a hablarnos de tiempos de
sombras, pero también de tiempos de luz como seguramente veremos reflejado en
el hoy de nuestra vida. Precisamente el evangelista recuerda el anuncio
profético como algo que se da en cumplimiento en el hoy de su vida con la
presencia de Jesús predicando por toda Galilea que se convirtió en un rayo de
luz de esperanza para quienes le escuchaban.
Recordar brevemente que fueron los
tiempos del profeta momentos de crisis en la situación política, social y
religiosa que vivían entonces. Se repite en los momentos de Jesús que en todos
las situaciones se sentían como en crisis, por la opresión de los romanos, por
la inoperancia de las autoridades judías pero también por la manipulación de
muchos de sus dirigentes, por los cambios que se habían ido produciendo en
aquella sociedad en la medida en que se abría al mundo contemporáneo. Mantenían
una esperanza que no veían cumplida; un primer rayo de luz había sido a su
manera la presencia del Bautista en el desierto a la orilla del Jordán
anunciando la inminencia de tiempos nuevos, pero seguían en su oscuridad.
Como dice el evangelista después de la prisión
de Juan se había vuelto Jesús a Galilea pero no se había quedado en Nazaret
sino que se había establecido en Cafarnaún; allí había comenzado su anuncio de
la llegada del Reino de los Cielos y se predicación se había extendido también
por los pueblos de alrededor. Son los primeros anuncios y pronto al ver los
signos que Jesús realizaba la gente se congregaba a su alrededor para
escucharle y le traían sus enfermos para que los curase. Algo nuevo estaba
comenzando. Una buena noticia que los llenaba de esperanza; era una luz que se
encendía en sus vidas, por eso el evangelista recuerda las palabras del profeta
porque ahora se están dando cumplimiento.
Y es el anuncio que hoy nosotros
escuchamos; y lo escuchamos desde nuestra vida, que también tiene sus luces y
sus sombras; que es la situación social y religiosa concreta que vivimos y que
en consecuencia vive la iglesia, vivimos también los cristianos; y son las
cosas que surgen cada día en todos los aspectos de la vida que muchas veces también
nos llenan de confusión; y no podemos dejar de ver el sufrimiento que embarga a
tantos en el mundo de hoy, o esos golpes que nos desequilibran, nos plantean
preguntas e interrogantes, nos hace pensar qué estamos haciendo de nuestra
sociedad, como puede ser el reciente suceso que a todos nos tiene
conmocionados, pues no son cosas de unas familias o de las personas que pasaron
o pasan por ese mal momento, sino que son cosas que nos afectan a todos.
Y ahí tenemos que escuchar nosotros la
Palabra de Dios, en esa vida concreta tenemos que sembrar esa semilla de la
Palabra de Dios que nos haga reflexionar, que nos haga buscar caminos, que
siembre en nuestro espíritu esa serenidad que necesitamos para enfrentarnos a
esas situaciones sin que tengamos que enfrentarnos los unos a los otros, que
ponga en nosotros esa esperanza que necesitamos que nos haga trabajar
seriamente por hacer un mundo nuevo.
El anuncio que nos hace Jesús es la
llegada del Reino de Dios, que va a haber algo nuevo en nuestras vidas, que los
valores por los que hemos ido guiando nuestra vida quizás necesiten una
transformación y un cambio, que a Dios tenemos que verlo más presente en
nuestras vidas y que muchas veces tenemos tan alejado de nosotros en esa atonía
e indiferencia religiosa en la que va cayendo nuestra sociedad porque es el
Reino de Dios el que se va a instaurar.
¿Cómo hacerlo? En el anuncio de la
llegada del Reino de Dios lo primero que nos pedía era conversión, un cambio
profundo del corazón, una transformación de nuestras vidas, un nuevo rumbo que
tenemos que darle a lo que hacemos y a lo que vivimos, porque si seguimos con
componendas nada se va a arreglar. Como nos dirá en otra oración lo nuevo tira
de lo viejo y se hace un roto peor. ¿Estamos dispuestos nosotros a dejarnos
cautivar por la Palabra de Dios que escuchamos para comenzar de verdad una vida
nueva?
El evangelio termina hoy hablándonos de
la llamada y vocación de los primeros discípulos. Pescadores que estaban con
sus barcas y sus redes a los que se invita a una pesca distinta, a ser
pescadores de hombres. Y lo dejaron todo y se fueron con Jesús. Nos daría para
hacernos muchas consideraciones, pero pensemos si acaso nosotros seremos
capaces de dejarlo todo por seguir a Jesús. En ese mar de nuestro mundo, tan
complejo como lo reflexionábamos, nosotros estamos llamados también a ser
pescadores de hombres. ¿Llegaremos a ver ese tiempo de luz que nos anunciaba el
profeta y el evangelio? ¿Así sentimos a Jesús nosotros?
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