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miércoles, 28 de diciembre de 2011



1Jn. 1,5-2,2;
 Sal. 123;
 Mt. 2, 13-18
‘Levántate, coge al Niño y a su madre y huye a Egipto… porque Herodes va a buscar al Niño para matarlo’. Es el ángel del Señor que se manifiesta una vez más a José. Un día se le había manifestado para disipar sus dudas sobre lo que sucedía en María y le señala lo que ha de hacer; ahora se le manifiesta para que huya a Egipto para salvar la vida del Niño.
Y José obedece la voz de Dios. Aunque hoy hemos de reflexionar sobre el significado de la matanza de los niños inocentes, no podemos menos que admirarnos de dos cosas en la figura de José, como hombre creyente y como padre de familia.
Ahí está la fe de José que se fía de Dios, que se pone en sus manos y que se deja conducir por El. Modelo de hombre creyente con el corazón siempre abierto para Dios. Modelo también de padre de familia atento y preocupado por el bien de la familia y la vida del hijo que Dios le ha confiado. Ya tendremos oportunidad de reflexionar algo más en este sentido en unos días cuando celebremos el día de la Sagrada Familia.
Volvamos a lo que es el centro de la celebración de hoy. Los orgullos de los hombres ya sabemos cuánto daño pueden hacer a los demás. Ya fue una inquietud para Herodes, como veremos en la fiesta de la Epifanía, el que le hablaran de un recién nacido rey de los judíos. Se podía poner en peligro su poder.
Como escucharemos en la fiesta de los Reyes Magos indaga para saber más de aquello de lo que le están hablando; las Escrituras hablan de Belén como lugar del nacimiento del Esperado de las naciones. Allí envía a los Magos de Oriente con el encargo de que vuelvan para saber el lugar concreto y también él ir a adorar al niño.
Al verse en cierto modo burlado porque los Magos, por indicación del ángel del cielo, se vuelven por otro camino y no vendrán a avisar a Herodes, éste montará en cólera y se originará la matanza de los niños pequeños de Belén y sus alrededores, como hemos escuchado. Son los Santos Inocentes que hoy celebramos porque derramaron su sangre por Cristo y es por lo que la Iglesia los considera también mártires. Es lo que hoy celebramos.
Vuelve a aparecernos junto al pesebre donde nace Jesús y la alegría navideña que nosotros estamos celebrando y viviendo la cruz, la pasión y la muerte. Contemplamos el pesebre en que es recostado el niño Jesús en su nacimiento con lo que tiene también de pasión y de pascua en su pobreza y en su austeridad.
Celebramos a Esteban, el protomártir; ayer al celebrar la fiesta de san Juan Evangelista recordábamos su presencia junto a la Pascua de Cristo, junto a la cruz pero también acudiendo al sepulcro de la resurrección. Hoy contemplamos y celebramos a estos inocentes que derraman su sangre por Cristo. La Pascua, en lo que es pasión y cruz pero en lo que es también vida y resurrección siempre estará presente en nuestra vida en todo momento. Quienes seguimos a Jesús, a quien estos días estamos contemplando hecho niño en Belén, sabemos que ese Jesús es el que se va a entregar en su pasión y en su muerte para arrancarnos de la muerte, para llenarnos de la vida divina, para alcanzarnos la salvación.
Pero quizá también la celebración de los Santos Inocentes en este día nos obligue a tener una mirada para contemplar el sufrimiento de tantos inocentes en el mundo en que vivimos. Podíamos pensar en los niños que no llegan a nacer porque sus vidas se ven truncadas ya en el seno de sus madres. Podríamos pensar en tantos que a lo largo y a lo ancho del mundo mueren a causa de la miseria, el hambre, las enfermedades o las guerras como consecuencia de la injusticia con que construimos nuestro mundo y nuestra insolidaridad.
Podríamos pensar también en tantos que mueren como consecuencia del odio, de la intolerancia y del fanatismo en muchos niveles, en muchos casos también desde lo religioso. Estos mismos días hemos escuchado como en distintos lugares grupos de cristianos han sido masacrados simplemente por eso, por ser cristianos, y en concreto en el mismo día de navidad cuando se dirigían a celebrar la Misa del Nacimiento del Señor.
Santos inocentes que celebramos su fiesta en este día en el entorno de la Navidad y ya no sólo los caídos bajo la espada de Herodes, sino los de todos los tiempos y los que están muriendo también en el mundo de hoy. Que el Señor nos dé una sensibilidad especial para descubrir y hacernos solidarios con el sufrimiento de tantos inocentes, y nos dé valentía y fortaleza para dar un auténtico testimonio cristiano frente a todos esos problemas y situaciones.

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