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miércoles, 1 de julio de 2026

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

No rechacemos la luz de Jesús no solo para nosotros sino también para ese mundo que nos rodea en medio de sus luces opacas

Amós 5, 14-15. 21-24; Salmo 49; Mateo 8, 28-34

No enciendas muchas luces, así pasaremos desapercibidos, nadie sabrá lo que estamos haciendo, evitaremos que alguien se de cuenta y nos veamos metidos en líos… No queremos que haya luz, hacemos las cosas en la oscuridad, pero eso ¿qué puede significar? ¿Por qué queremos permanecer en la oscuridad? ¿Será acaso que lo que estamos haciendo son cosas oscuras? Creo que todos entendemos lo que puede haber detrás de esas oscuridades que buscamos, o lo estaremos viendo claramente a nuestro alrededor en ‘malos negocios’, en violencias que se ocultan, en corrupción de todo tipo que va corroyendo nuestra sociedad.

Hoy contemplamos a Jesús que tras la travesía del lago llega a la otra orilla; pero es un lugar ajeno al pueblo de Israel, es la región de los gerasenos; pero allí se encuentra con dos endemoniados, en expresión del evangelio, que les salen al encuentro; ya nos comenta el evangelista que por la violencia de esos individuos nadie se atrevía a transitar por estos lugares; pero aquello hombres poseídos por el espíritu del mal sí conocen quien ha llegado hasta ellos; lo rechazan, solo por la acción de jesús se verán libres de esos espíritus inmundos que se adueñarán de una piara de cerdos que se despeña en el lago.

La fuerza y la gracia de la luz y de la vida que llega con Jesús a aquellos lugares; pero nos encontraremos algo que nos parece inconcebible, que los habitantes del lugar que al conocer los hechos se acercan hasta Jesus le pedirá que abandone aquellos lugares. siempre hemos comentado que los negocios de su vida con el pastoreo de aquellos cerdos se les han ido por tierra, ven sus intereses afectados y por eso rechazan la presencia de Jesús.

El juicio que vamos a hacer no es sobre aquellas personas, sino que será mirándonos a nosotros mismos. ¿Cuál es nuestra reacción a la gracia de Dios? ¿Cuál es nuestra reacción a la luz que con Jesús quiere iluminar nuestra vida?

Podemos pensar en los rechazos cuando queremos seguir en los caminos del mal y nada nos hace movernos hacia el arrepentimiento; podemos pensar en esa componendas que nos hacemos tantas veces para parecer cumplidores mientras seguimos con nuestros apegos en el corazón; podemos pensar en la poca perseverancia en nuestros propósitos cuando pronto nos aflojamos espiritualmente y seguimos dejándonos caer por las pendientes de nuestras viejas rutinas y costumbres; podemos pensar en la poca voluntad que ponemos para superarnos y arrancarnos de nuestras viejas rutinas o de la tibieza espiritual con la que nos gusta andar.

Hoy el Señor quiere llegar también a esas regiones inhóspitas de nuestras vida que quiere transformar en un bello jardín de vida. pero quizás con este evangelio jesús nos quiere pedir algo más; a muchas regiones inhóspitas llenas de violencias o de insolidaridad que nos son difíciles de atravesar, desiertos de frialdad y desinterés donde florecen fácilmente los cardos del orgullo o de los rencores, y podemos pensar en tantas situaciones que se viven en nuestro sociedad tan materialista y sensual, Jesus quiere llegar también y quiere hacerlo a través de nosotros. 

Ha puesto un toque de vida en nuestros corazones pero nos está diciendo que vayamos a nuestros hermanos y le contemos lo que el Señor ha hecho con nosotros. ¿Cuál es la respuesta que le damos? ¿Nos seguiremos quejando de que esos caminos son difíciles e intransitables pero no ponemos nada de nuestra parte para hacer que nuestro mundo florezca como un vergel de amor y de justicia? ¿Preferimos un mundo de oscuridades y de medias luces? ¿Estaremos rechazando la luz no solo para nosotros sino también para el mundo que nos rodea?

miércoles, 24 de junio de 2026

Sintamos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en el nacimiento de Juan en el desierto de nuestro mundo

Sintamos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en el nacimiento de Juan en el desierto de nuestro mundo


Isaías 49, 1-6;Salmo 138;Hechos 13, 22-26;Lucas 1, 57-66. 80

‘Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella… Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían reflexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él…’
Hoy celebramos el nacimiento de Juan Bautista. Grande fue la alegría en las montañas de Judá a la hora de su nacimiento. Grande es la alegría también con que el pueblo cristiano celebra la fiesta de su nacimiento. Se preguntaban sus parientes y vecinos qué sería de aquel niño. Muchas cosas extraordinarias rodeaban su nacimiento y todos lo comentaban; había felicitado a Isabel cuando se enteraron que en su vejez iba a ser madre, y ahora con todo lo que rodeaba su nacimiento era causa de comentario y reflexión para aquellas gentes. 
A nosotros también nos hace reflexionar. Y nosotros desde nueva fe sabemos cuál fue su misión y vemos ciertamente que la mano del Señor estaba con él. Su mismo nombre nos lo indica; querían que se llamara Zacarías como su padre porque era lo usual en el primogénito de una familia, pero Zacarías e Isabel sabían que el nacimiento de aquel niño era una gracia, un regalo del Señor y grande era la misión que traía con su nacimiento. Es el significado de la palabra, del nombre que se le iba a imponer, Juan, que viene a significar algo así como que Dios ha hecho gracia; fue, ciertamente una gracia para aquella familia que tanto deseaban un hijo y se vieron enriquecidos con esa gracia del Señor, pero iba a ser una gracia para Israel con la misión que traía como ya le había señalado el ángel a Zacarias en su visión en el templo, era el que venía como un nuevo Elias a reunir a los hijos dispersos de Israel.
Profeta y más que profeta, como diría de él Jesús mismo, el mayor de los nacidos de mujer con la misión de preparar los caminos del Señor, como predicaría más tarde en el desierto. Para nosotros también sigue resonando la palabra y la figura del Bautista; muchos son los caminos que hemos de saber enderezar en nuestra vida para ir al encuentro del Señor que viene a nosotros; su palabra nos resuena no solo en el tiempo del Adviento cuando en la cercanía de la Navidad nosotros también hemos de prepararnos, sino que siempre estará siendo testimonio a nuestro lado de ese camino de rectitud que hemos de vivir aunque duros se nos hagan nuestros caminos.
Algunas veces también nos sentimos como en medio de un desierto en ese mundo que tenemos a nuestros pies y sobre el que caminamos con tantas asperezas y sequedades que nos hacen difícil la siembra de la semilla que se ha puesto en nuestras manos. Corazones resecos e insensibles porque solo piensan en sus intereses y se olvidad de lo que es la rectitud y la honestidad, un caminar sin rumbo dejándonos arrastrar por los vientos del materialismo y del sensualismo como si fuéramos arenas del desierto ofreciéndonos como cantos de sirena placeres o soluciones para la vida que nos dejan con el corazón cada vez más vacío, esa falta de autenticidad de tantos que se envuelven en la fastuosidad de la vanidad y la apariencia. 
Necesitamos escuchar la voz del Bautista que nos invita a una transformación de nuestras vidas para encontrar ese verdadero camino que nos haga aceptar el evangelio que nos anunciará y propondrá Jesus. En medio de la alegría y de la fiesta de su nacimiento son preguntas que nosotros también tendremos que hacernos aquellos vecinos de la Montaña de los que se nos habla en el nacimiento de Juan. ¿Qué será de este niño? ¿Qué es lo que nosotros tenemos que ver hoy para nuestra vida en la celebración de su nacimiento? ¿sentiremos igualmente que el Señor ha hecho también para nosotros gracia hoy en su nacimiento?