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martes, 31 de marzo de 2026

Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

 


Fáciles para la promesa entusiasmada pero pronto también para con nuestros miedos y cobardías querer salvar nuestros intereses aunque tengamos que negar lo más sagrado

Isaías 49, 1-6; Salmo 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Qué fáciles somos para las promesas en los momentos de entusiasmo. A veces las cosas nos parece que marchan bien y en nuestra mente nos creamos castillos en el aire, que pronto veremos quizás que se nos caen como un castillo de naipes que al menor movimiento de alguna de las fichas se viene abajo. Así nos entusiasmamos en muchos momentos de la vida, momentos de euforia y de felicidad y ya pensamos que todo siempre va a marchar sobre ruedas, momentos de fervor espiritual y nos hacemos mil propósitos, y nos decimos que las cosas ya no van a ser como antes pero pronto nos damos cuenta que la vida es más difícil y más dura, y nos faltan las fuerzas, o nos volvemos a encantar con las cosas de antes y todo se vuelve como una pendiente en que todo va resbalando y termina en una perdición.

Así Vivian momentos de entusiasmo los discípulos con Jesús sobre todo cuando veían que la gente le seguía y acudían a El de todas partes y parecía que aquello se convertía en un camino de triunfo; de ahí sus sueños, porque ya estaban aspirando a ver qué puesto les iba a tocar en ese reino que con el Mesías se iba a instaurar. ¿No recordamos el entusiasmo de Pedro en el Tabor que ya estaba allí montando tres tiendas para Jesús, Moisés y Elías, olvidándose incluso de que ellos también estaban allí en el descampado y quizás las pudieran necesitar?

Son las emociones de la cena pascual lo que nos trasmite hoy el evangelio. Hoy se nos sitúa un pequeño marco de aquella cena donde se van a pronunciar palabras muy solemnes y de mucha trascendencia. Porque Jesús comienza anunciando una traición; y todos se revuelven porque les parece algo incomprensible, Juan en la cercanía de Jesús alrededor de la mesa se atreve a preguntar como en secreto a Jesús. Y Jesús untando un trozo de pan lo entrega a Judas indicándole que lo que ha de hacer que lo haga pronto. El resto no entiende, porque pensaban que era algún preparativo que Jesús le había encargado para la fiesta. Y Judas sale del Cenáculo, diciéndonos el evangelista que era de noche. De la luz se fue a la oscuridad, un tremendo y trágico signo por cuanto había de suceder. Un tremendo y trágico signo en el que tantas veces quizás nosotros también nos vemos envueltos.

Y Jesús presintiendo ya la pasión que iba a vivir a partir de ese momento sin embargo habla de glorificación. En un sentido muy a ras de tierra parecen palabras incomprensibles como les está resultado a los que quedan alrededor de la mesa. Jesús habla en cierto modo de su soledad, porque ellos no podrán seguirle, ¿o no serán capaces de seguirle?, tendríamos que preguntarnos porque quizás es también la misma debilidad que nosotros tenemos en la que no terminamos de mantener nuestra fidelidad. Cuántos tropiezos y caídas, cuántas marchas atrás y traiciones, cuántas veces nos quedamos por camino con nuestros cansancios o con nuestras desilusiones.

Pero allí está Pedro como siempre dispuesto a todo, aunque un día cuando Jesús anunciaba su pasión decía que eso no podía pasarle y trataba de disuadir a Jesús; pero ahora parece que está firme en su voluntad, ‘aunque todos te abandonen, yo no’, es la porfía con la que Pedro quiere presentar su disponibilidad. Bueno, llegaría a buscarse una espada que llevar consigo, como aparecerá en el huerto de Getsemaní.

Pero para él también tiene Jesús un anuncio. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’. Ya sabemos lo que sucedió más tarde. Pedro como todos cuando llegó la hora del prendimiento lo habían abandonado y se habían dispersado. Más tarde se atrevió a acercarse por el patio del Pontífice y había caído en la trampa porque hasta su hablar lo delataba como galilea y entonces amigo del Galileo que estaban juzgando y condenando; alguno incluso lo reconocería por haberlo visto en el huerto. Y vienen las negaciones, el recular y el querer esconderse, el no reconocer que conocía a Jesús quien tantas veces le había manifestado su cariño y su amor, quien había dicho las más bellas palabras sobre Jesús, aunque inspirado por el Padre del cielo.

¿No es también el camino que nosotros tantas veces hacemos? Pedro también se metió en las sombras de la noche, como tantas veces nos sucede a nosotros. Las tinieblas prefirieron la oscuridad a la luz, como nos decía el evangelio de san Juan. ‘Vino a los suyos y los suyos no lo reconocieron’, y seguimos tantas veces sin reconocerle, o sin dar la cara por El. ¿Esta Pascua que vamos a vivir significará ya ese cambio definitivo porque vamos siempre a preferir la luz?

martes, 16 de diciembre de 2025

¿Seremos los que decimos que tenemos muchas cosas que hacer pero al final no hacemos nada, que somos amigos de mis amigos pero nunca hermano de todos?

 


¿Seremos los que decimos que tenemos muchas cosas que hacer pero al final no hacemos nada, que somos amigos de mis amigos pero nunca hermano de todos?

Sofonías 3,1-2.9-13; Salmo 33; Mateo 21,28-32

Con qué facilidad decimos bonitas palabras y hacemos propósitos de buenos deseos. Escuchamos a alguien con sus sueños de grandes proyectos y sin pensárnoslo mucho ha estamos asintiendo espontáneamente apuntándonos a esos futuros éxitos de esas cosas grandes e importantes que ya estamos soñando realizar. No hace falta ni que nos pregunten para ya nosotros estar dando el paso adelante apuntándonos a todo eso que nos dicen. Pero pasa el tiempo, pasan los días ¿y qué ha quedado de toda aquella admiración que sentíamos por los proyectos que nos presentaban, por esos nuevos planes que nos hacíamos para llevarlos a cabo? Como se suele decir ‘si te vi. no me acuerdo’.

Nos quejamos y decimos que estamos cansados de tantas promesas y de tantos proyectos maravillosos que nos ofrecen nuestros dirigentes. Es una de las críticas más frecuentes y son las insatisfacciones más dolorosas, porque en un momento puntual, cuando quizás se estaba pasando por unas circunstancias dolorosas todo eran promesas y aquello se iba a resolver pronto, y las cosas al final incluso iban a estar mejor. Estamos cansados de esas promesas.

Pero que no sea solo la queja que tengamos contra los demás, sino mirémonos a nosotros mismos y en tantas ocasiones no estamos haciendo lo mismo. Y hablo ahora religiosamente en nuestra vida espiritual, en nuestros compromisos como cristianos y en el testimonio que tendríamos que dar y recordemos que tras unos momentos de fervor, una celebración especial, un acontecimiento en la vida de la comunidad, una reflexión que escuchamos, unos ejercicios espirituales, una fiesta de pascua vivida quizás con mucho fervor y mucha intensidad, nos hicimos una lista interminable de propósitos que pronto se fueron borrando incluso del papel en que lo escribimos, porque ya en nuestra mente los damos hasta por olvidados.

De esto nos está hablando Jesús. Hablaba a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, como nos señala el evangelista como nos habla a nosotros hoy. Habla de los dos hijos enviados por el padre a trabajar a la viña; uno entusiasta todo son buenas palabras de ir inmediatamente a cumplir con lo dicho por el padre, pero que pronto lo olvida, porque quizás tiene tantas cosas que hacer, tantas promesas por cumplir, que al final algo se queda sin hacer; mientras el otro que parecía rebelde, que se negó incluso a cumplir con lo ordenado por su padre, sin embargo recapacita y se arrepiente y será el que vaya finalmente a cumplir lo mandado por el padre.

Y Jesús les habla claramente y les echa en cara lo que es la manera habitual de actuar. Vino Juan y no quisieron escucharlo, parecía que no les convencía, quizás les parecieran duras sus palabras y sus propuestas, ellos estaban acomodados a lo de siempre y por qué iban a cambiar, como nos decimos nosotros también tantas veces. Pero Jesús les habla de los publicanos y todos aquellos que ellos despreciaban; les dice que se les van a adelantar en el reino de los cielos, porque escucharon y se arrepintieron, escucharon y entraron en camino de conversión.

¿Quiénes eran los que seguían a Jesús? Le echaban en cara que comía con publicanos y pecadores. Pero el publicano Zaqueo fue el primero que se bajó de su árbol para recibir a Jesús en su casa; el publicano Leví será quien se levanta de se garita dejándolo todo por seguir a Jesús; la mujer pecadora fue la que se atrevió a ir a lavar los pies de Jesús en la casa de Simón el fariseo; la inmunda hemorroisa es la que se abre paso por detrás de Jesús para con fe tocar su manto en busca de su curación; la pecadora de la que habían sido expulsados siete demonios, la Magdalena, será la que está a los pies de la cruz en el Calvario y la que llorará a la entrada del sepulcro porque se habían robado el cuerpo del Señor Jesús. Podríamos seguir recordando muchas más páginas del evangelio.

Y nosotros, ¿dónde estamos? ¿Cuál es nuestra respuesta o cuales son nuestras evasivas? Tenemos muchas cosas que hacer y al final no hacemos nada. Decimos que sí amamos mucho a Jesús, pero seguimos poniendo filtros para ver a quienes tenemos que amar. Amigo de mis amigos, decimos, pero, ¿cuándo vamos a ser hermanos de todos sin distinción?

viernes, 29 de agosto de 2025

La entereza de Juan Bautista hasta el martirio nos ayuda a ser fieles a nosotros mismos y a nuestra misión para no deslizarnos por las pendientes que nos desbordan

 


La entereza de Juan Bautista hasta el martirio nos ayuda a ser fieles a nosotros mismos y a nuestra misión para no deslizarnos por las pendientes que nos desbordan

1Tesalonicenses 4, 1-8; Salmo 96; Marcos 6, 17-29

Los entusiasmos enfervorizados suelen ser malos consejeros. ¿Es que no podemos entusiasmarnos por nada? No es eso lo que quiero decir, porque pienso que la vida hay que vivirla con entusiasmo, pero también con sensatez. Cuando nos sentimos enardecidos por una cosa, sea cual sea, parece que no podemos pensar en nada distinto, pero tenemos que hacer gala de nuestra prudencia humana, de esa sensatez que decíamos, de saber pensar con serenidad y no lanzarnos a promesas que no sabemos si luego podemos cumplir, o que pueden comprometer los planteamientos serios que tengamos en nuestra vida.

Por eso es tan peligroso un fanático, porque se ciega, la pasión nos puede cegar; son fuerzas de nuestro interior pero que tenemos que saber encauzar, no podemos dejar que sea un volcán que se nos desborde, porque sabemos como un volcán va arrasando todo por donde pasa.

Podemos tener buenos principios y pensar en los valores que tenemos, pero eso tiene que darnos cauce para ese torrente que se nos puede desbocar. Las aguas abundantes pueden ser buenas porque riegan nuestros campos y pueden dar futuro a nuestra vida, pero si las aguas se desbordan todo lo arrasa. Y así nos pasa muchas veces en nuestra vida.

Me hago esta reflexión quizá fijándome en esos aspectos muy humanos de nuestra vida desde el texto que hoy nos ofrece el evangelio en esta fiesta del martirio de san Juan Bautista y que puede ser hermosa plantilla para todo lo que es nuestra vida espiritual y los principios y valores cristianos que hemos de vivir.

Hay algunas cosas que parece que se chocan en este pasaje del evangelio. Herodes, nos dice por una parte, que escuchaba con gusto a Juan. Pero la situación de su vida no era precisamente la de quien escuchara a un profeta y siguiera sus orientaciones. Su vida era algo desbocado, por una parte vivía de una forma irregular con la mujer de su hermano que provocaba las denuncias del Bautista, pero que también hacia que despertase el despecho de aquella mujer que quería quitar de en medio a Juan. Por eso termina encerrándole en la cárcel, a pesar de lo dicho al principio. Pero el torrente desbocado montaña abajo todo lo arrasa.

Muy amigo de faustos y de fiestas se rodeaba de la gente que consideraba principal e importante que participan igualmente de sus orgías. En medio de esa fiesta, con el baile de la hija de Herodías el torrente se desborda. Malos consejeros, decíamos, son los entusiasmos enfervorizados. Allí están las promesas que le hace a Salomé bajo juramento. Es la ocasión que estaba esperando Herodías que hace que su hija pida la cabeza del Bautista. Vienen las consecuencias, los respetos humanos, el verse comprometido por una palabra y promesa inoportuna, la incapacidad por cobardía de volverse atrás reconociendo su error. La cabeza de Juan es presentaba en una bandeja en medio del banquete.

¿Nos dejaremos nosotros arrollar de la misma manera cuando hablamos y hablamos, prometemos y prometemos, y todo se nos queda al final en el vacío? Una pendiente muy peligrosa la de las pasiones desbordadas a la que tenemos que buscar un cauce que reordene nuestra vida. No serán los fervores, pero si pueden ser que los entusiasmos nos hagan decir y prometer cosas que no podemos cumplir. Necesitamos encontrar serenidad para nuestro espíritu, que nos pueda ayudar a tener una clara visión de las cosas, de nuestra realidad, de nuestras capacidades pero también de nuestras debilidades. ¿Un freno para nuestra vida o un buen volante que nos reconduzca en la dirección acertada? Es necesario aprender a detenernos cuando vamos demasiado deprisa en nuestros entusiasmos, porque quizás no tenemos fuerza para llegar hasta el final, o podemos perder el control y salirnos fuera de la buena vía.

¿Nos ayudará el contemplar la entereza de Juan el Bautista aunque la vida parecía que se le ponía en contra para ser fiel a si mismo y a su misión hasta el final, hasta ser capaz de dar su vida?

viernes, 6 de junio de 2025

Cuidar la luz del amor que nos hará ver las cosas de otra manera, porque lo estaremos viendo tras el filtro del amor de Jesús, que sí es un grande amor

 


Cuidar la luz del amor que nos hará ver las cosas de otra manera, porque lo estaremos viendo tras el filtro del amor de Jesús, que sí es un grande amor

Hechos 25, 13b-21; Salmo 102; Juan 21, 15-19

¿Tú me sientes como amigo? Con una pregunta semejante alguna vez nos hemos dirigido a nuestro amigo o nuestro amigo nos ha preguntado. Cuando hay una auténtica amistad que se está mostrando cada día en mil detalles de cercanía, de comunicación, de afecto no sería necesaria esa pregunta, pero sin embargo la hacemos. Queremos corroborar el grado de amistad que sentimos; queremos ratificar que la amistad se mantiene, a pesar de que alguna vez haya habido algún desaire, algún mal momento, alguna discusión acalorada donde quizás hayas pronunciado palabras de las que ahora nos arrepentimos. Pero queremos que la amistad permanezca, no se rompa, vaya creciendo más y más en la vida. Un buen amigo es un vaso de agua fresca ofrecida al sediento en medio de los calores de la vida.

Hoy, ya casi terminando el ciclo pascual que cerraremos el próximo domingo, la liturgia retoma aquellos textos pascuales de los momentos finales del evangelio, en este caso del evangelio de san Juan. Queremos de nuevo caldear nuestro espíritu con todo el sentido pascual que hemos de darle a la vida y nos viene bien recordar esos retazos del evangelio.

Los discípulos se habían ido a Galilea. Uno de los mensajes que las mujeres trasmitieron a los apóstoles del cenáculo después de las apariciones de Jesús, es que les había dicho que fueran a Galilea y allí le verían. ¿Dónde comenzaron los primeros anuncios de Evangelio? No fue solo Jesús el que comenzó a predicar por los pueblos y aldeas de Galilea anunciando la buena nueva del Reino de Dios, sino que en Galilea se había recibido el primer mensaje, la primera buena noticia, cuando el ángel le anuncia a María de parte de Dios todo cuanto iba a suceder con el niño que naciera de sus entrañas. Aquel Niño era la Buena Noticia de salvación para la humanidad.

En Galilea estaban, parece que aburridos sin saber qué hacer cuando se deciden ir una noche a pescar. Ya lo hemos meditado. No habían cogido nada. Alguien que les parecía un anónimo desde la orilla no solo les había preguntado si habían cogido algo, cosa que seguramente les dolió por sus manos vacías, sino que les había dicho por donde habían de echar la red. Parece que los gestos se repiten, también después de una infructuosa noche, aquel profeta que estaba surgiendo en Galilea, sin ser pescador de aquellos mares, les había indicado que de nuevo echaran las redes. Se habían confiado y la redada había sido muy grande, de manera que incluso se sentían indignos, pero Jesús les había prometido que serían pescadores de hombres. Así se habían decidido a seguir a Jesús y estar con Él.

Ahora también la redada había sido extraordinaria y aquel que más llenos de amor tenía sus ojos había reconocido a quien estaba en la orilla y le había dicho a Pedro que era el Señor. Ahora Pedro tras lanzarse al agua está ante Jesús que tras el almuerzo se lo lleva aparte para hacerle una gran pregunta. ‘Simón Pedro, ¿me amas? ¿Me amas más que estos?’ Y así por tres veces. Pedro porfiaba su amor, ya no sabía cómo decírselo a Jesús que lo era todo para El. Un día había dicho que estaba dispuesto a seguirle y a dar la vida por Jesús, pero pronto se había dormido en el huerto, y pronto lo había negado ante una criada curiosa y preguntona.

Lo había llorado, pero ahora estaban las preguntas de Jesús. ¿De verdad eres mi amigo? Detrás había todo un recorrido de entusiasmos pero también de decaimientos; de valentías para ser el primero en hablar, pero también de cobardías y de sombras. ¿Se estaría preguntando al mismo tiempo Pedro a sí mismo si de verdad soy amigo de Jesús? ¿Mereceré yo que Jesús siga confiando en mí?

Pero bien sabemos que aquí no hablamos de merecimientos, sino que estamos hablando de amor. Jesús le pregunta a Pedro por su amor, pero Pedro se estará preguntando también por su amor, por si es sincero y auténtico su amor a Jesús. No le queda más que decir. ‘Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo’.

Seguramente mientras nos vamos haciendo esta reflexión no solo estamos mirando a Pedro en este diálogo con Jesús, sino que nos estaremos mirando a nosotros mismos. Con nosotros Jesús está también entablando ese diálogo y esas preguntas; en nuestro corazón están resonando esas preguntas y nuestras promesas y propósitos tantas veces incumplidos, nuestras cobardías y nuestros fracasos, nuestros miedos y nuestros tropiezos; la vida quizás puede estar muy llena de oscuridades, pero tenemos que cuidar una luz, tenemos que cuidar la luz del amor que nos hará ver las cosas de otra manera, porque lo estaremos viendo tras el filtro del amor de Jesús. Y ese sí que es un gran amor, el que queremos copiar en nuestra vida, el que queremos vivir nosotros también.


lunes, 26 de mayo de 2025

Es la valentía de nuestra fe, el arrojo con que hemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio, salvación del mundo

 


Es la valentía de nuestra fe, el arrojo con que hemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio, salvación del mundo

Hechos 16, 11-15; Salmo 149;  Juan 15, 26 — 16, 4a

Alguna vez he escuchado algo así como que quien se mete de redentor al final sale redimido, en referencia a alguien que con buena voluntad quiso implicarse en la solución de algunos problemas, sobre todo tratándose de algún tipo de acción social en condenado por aquellos mismos por los que él quería trabajar. Suelen pasar cosas así, personas que con buena voluntad se implican en algo que signifique mejorar algo en el ambiente en que vive, por ejemplo, y luego al final en lugar de reconocimientos lo que va a encontrar son críticas y que si solo se quedan en críticas, no sale tan mal parado.

Es el riesgo que tenemos que asumir en la vida si no queremos quedarnos cruzados de brazos viendo como las cosas van de mal en peor; implicarnos muchas veces nos complica, ya desde el hecho de perder tiempo en nuestras cosas personales para hacer algo por los demás; pero es ahí donde aflora la generosidad del corazón, es ahí donde se manifiesta la madurez de nuestra vida, unas fuertes convicciones que le llevan a hacer el bien aunque luego no tenga reconocimientos; el mejor reconocimiento es el bien que vemos que le estamos haciendo a la otra persona, ver que la otra persona sale adelante, mejora su vida, encuentra luz para sus problemas.

Es en lo que muchas veces los cristianos tenemos miedo, nos parece que no somos capaces, nos sentimos débiles en esos vaivenes de la vida que quizás nos puedan como consecuencia producir alguna inestabilidad en nuestras cosas, pero es el camino que hemos de seguir con fe y con confianza. No estamos solos, no lo hacemos solo con nuestras fuerzas, no lo hacemos por nosotros mismos; siempre podremos tener la certeza de la fuerza del Espíritu que está con nosotros, nos acompaña en nuestro camino y es nuestra inspiración y fortaleza. Pero aun así andamos tambaleantes.

Y es a lo que nos está invitando Jesús, la tarea que pone en nuestras manos. A los discípulos más tarde les dirá que tienen que ir por todo el mundo haciendo el anuncio de la Buena Nueva del Reino de Dios. No dice que sea fácil, porque Jesús no nos oculta nada. Hoy nos está hablando y diciendo cosas para que cuando llegue el momento no olvidemos que El nos lo dijo, nos lo anunció, pero también nos prometió la asistencia de la fuerza de su Espíritu.

‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’. Es la promesa de Jesús, es la garantía de que podemos dar nuestro testimonio, es la fortaleza del Espíritu del Señor en esos momentos que muchas veces se nos vuelven difíciles, oscuros, en que nos sentimos débiles, en que vemos el muro que en ocasiones tenemos enfrente, tenemos en contra. Pero podemos hacerlo, podemos dar ese testimonio.

‘Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis. Os excomulgarán de la sinagoga; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte pensará que da culto a Dios… para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho…’

No nos importa salir redimidos, como decíamos en aquella imagen que proponíamos al principio; no tengamos miedo a las incomprensiones, actuemos con rectitud y nos sentimos fuertes con la verdad. Es cierto que no somos perfectos, lo reconocemos como reconocemos nuestra debilidad, pero no nos quedamos con los brazos cruzados.

Muchos no lo entenderán, o no les interesa entenderlo, porque además estaremos dando un testimonio que les resulta contradictorio para su manera de ver las cosas, denuncia de alguna manera actitudes que no son tan justas. No será una expulsión de las sinagogas como dicen las palabras de Jesús, pero bien sabemos como en nuestra sociedad quiere ocultarse la verdad del evangelio y cuantas cosas vamos a encontrar en nuestra sociedad con lo quieren desprestigiar la Palabra de la Iglesia o el testimonio de los cristianos. De maneras muy sofisticadas nos encontraremos esa oposición y de alguna manera esa persecución. Ya nos lo ha dicho Jesús.

Es la valentía, pues, de nuestra fe, el arrojo con que tenemos que proclamarla, la alegría al mismo tiempo de poder trasmitir esa buena nueva del Evangelio y saber que ahí podemos encontrar la salvación del mundo.

lunes, 15 de mayo de 2023

Creamos en la palabra de Jesús, lo que nos anuncia y son nuestros peligros, pero confiemos en la Palabra de Jesús, en la promesa del Espíritu que será nuestra fortaleza

 


Creamos en la palabra de Jesús, lo que nos anuncia y son nuestros peligros, pero confiemos en la Palabra de Jesús, en la promesa del Espíritu que será nuestra fortaleza

Hechos 16, 11-15; Sal 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

Nos anuncian cosas que nos pueden suceder, más aún, lo dan por hecho de que sucederá, pero como no nos creemos que eso nos pueda pasar a nosotros, pues no nos lo creemos. Una persona con buena voluntad para con nosotros y con una sabiduría que le ha dado la vida, nos habla de peligros, nos habla de situaciones en las que podríamos vernos envueltos, pero nos creemos muy seguros, autosuficientes podríamos decir, y no pensamos que podríamos en verdad llegar a esa situación. Cuando llegue el momento, recapacitaremos y nos diremos que era verdad aquello que nos dijeron, aquello que nos anunciaron, pero no le hicimos caso.

¿Les sucedió algo así a los discípulos de Jesús, a los Apóstoles que había llamado a estar con El? De alguna manera tenemos que decir que sí, aunque en el momento en que escuchan estas palabras de Jesús la tensión se palpa en el ambiente y ya podían vislumbrar que algo iba a pasar a partir de aquella noche, siguieron confiados en que Jesús estaba con ellos, y como le diría Pedro un día, eso no te puede pasar a ti. Ahora cuando el evangelista nos hace el relato de las palabras de Jesús está haciendo algo así como una confesión de que no siempre se tomaban en serio los anuncios y las palabras de Jesús.

Pero Jesús les está hablando de una presencia suya entre ellos de una manera distinta; está hablándoles del Espíritu que enviará desde el seno del Padre. Será su maestro y su guía, se los revelará todo, estará con ellos para que nos les falte la fuerza en los momentos difíciles que se acercan. ‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’.

Y nos insiste y nos repite. ‘Os he hablado de esto, para que no os escandalicéis… Os he hablado de esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que yo os lo había dicho’. Y habla de que los expulsarán de las sinagogas y hasta piensan que hacen bien cuando los quitan de en medio. No será hoy expulsiones de la sinagoga o cosas así, porque lo menos que les preocupa a las gentes del mundo el que exista sinagoga o no, que sean de una religión o de la otra.

Es un tema del que se hace silencio, se ignora, no nos metan en líos o complicaciones, son cosas de religión allá ellos dirán, pero el hecho religioso es algo que hoy quiere acallarse, ignorarse, como si no existiera; todos tienen posibilidades de hablar en los foros públicos, y si pueden poner un poco de pimienta en los temas o en los problemas de la Iglesia, mejor, pero en esa cancha es a la Iglesia, es al cristiano convencido de su fe al que no se quiere dejar hablar. A lo sumo lo más que hacen es tratarlo como un tema cultural de otro tiempo pero que no nos tiene que afectar.

Y los cristianos nos callamos, nos acobardamos, como nos pedía ayer domingo san Pedro en su carta, los cristianos tenemos que saber dar razón de nuestra esperanza, de nuestra fe. Es la valentía que nos falta a los cristianos, porque no nos confiamos en el Espíritu del Señor, tal como Jesús hoy nos lo promete. Sintamos ese fuego del Espíritu dentro de nosotros y nada nos podrá hacer callar.

En estos dos semanas que nos quedan para Pentecostés ésta tendría que ser nuestra súplica diaria, invocar la presencia del Espíritu, que lleguemos a sentir ese fuego del Espíritu, que se produzca un verdadero Pentecostés en nuestra vida. Que esa sea nuestra oración, aprendamos a dejarnos conducir por la fuerza del Espíritu Santo. Creamos en la palabra de Jesús, lo que nos anuncia y lo que son nuestros peligros. Pero confiemos en la Palabra de Jesús, en la promesa del Espíritu.

 

sábado, 10 de diciembre de 2022

Tengamos la valentía de ponernos con sinceridad ante la Palabra del Señor y dejémonos interpelar por esa Palabra que es luz, fortaleza y camino hacia la verdad en plenitud

 


Tengamos la valentía de ponernos con sinceridad ante la Palabra del Señor y dejémonos interpelar por esa Palabra que es luz, fortaleza y camino hacia la verdad en plenitud

Eclesiástico 48, 1-4.9-11b; Sal 79; Mateo 17, 10-13

Muchas veces nos rondan preguntas en nuestro interior que de alguna manera se quedan en el tintero, porque parece que no encontramos el sitio ni el momento oportuno donde nos sintamos con confianza; puede ser la timidez o la inseguridad que muchas veces sentimos que nos hace como avergonzarnos de lo que nos ronda por dentro, pero en el fondo estamos deseando encontrar ese momento y esa persona. Sucede más de lo que pensamos; aunque parezca muchas veces que la relación es fluida entre las personas, entre los que se dicen amigos, o con aquellos que están ahí en la vida para ayudarnos, nos falta ese momento de coraje, de humildad y de valentía al mismo tiempo para plantearnos las cosas.

Hay cosas de las que nos cuesta hablar; nos parecen de nuestra particular intimidad, aunque en otras cosas seamos muchas veces muy locuaces y hasta muy liberales; pensemos que de nuestro interior poco decimos, de la vida espiritual no parece que sea un tema fácil o nos parece que nos van a tratar como ñoños o infantiles porque eso para algunos no está de moda, de las aspiraciones profundas de la vida solo contamos con muy pocas personas, de las dudas en cuestiones importantes nos callamos para no parecer unos analfabetos.

A los discípulos con Jesús les pasaba también muchas veces. Estaban con El, les explicaba con todo detalle las cosas que los demás no entendían, pero les vemos muchas veces por detrás discutiendo sobre sus ambiciones, y los recelos y envidias que entre ellos mismos se generaban porque siempre se andaban preguntando quien sería el más importante, algo así, que como quien iba a heredar el mando cuando Jesús faltase, lo hacían por detrás y como a escondidas, mientras iban de camino en que de alguna manera se dispersaban un poco.

Ahora parece que ha llegado el momento, sobre todo para aquellos tres que habían subido especialmente con El a la montaña y habían sido testigos de lo que allí había sucedido, la transfiguración del Señor. Parece que ahora se sienten con confianza y mientras van bajando surge alguna pregunta que llevaban rumiando en su interior. Habían conocido a Juan, el Bautista, allá en el desierto y alguno había sido incluso su discípulo, oían hablar de los antiguos profetas y de sus anuncios y promesas mesiánicas, ahora habían sido testigos en medio de la transfiguración de Jesús en la oración que habían aparecido Moisés y Elías hablando con Jesús.

De este profeta quieren preguntar. Estaba la nebulosa del misterio de su subida al cielo en un carro de fuego y los anuncios proféticos que hablaban de la vuelta de Elías cuando llegasen los momentos de plenitud. De alguna manera estaban presintiendo que esos momentos estaban llegando por lo que vislumbraban de Jesús y ahora más después de la teofanía del Tabor. ¿Había llegado ya el momento de la vuelta de Elías y eran entonces los tiempos del cumplimiento de las promesas mesiánicas?

‘¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?’ Jesús viene a decirles que muchas veces será difícil para la gente interpretar los signos de Dios. No siempre eran aceptados los profetas, muchos fueron rechazados violentamente. Allí habían tenido a Juan Bautista y no todos habían querido creer en El, y ya todos sabían cómo había terminado a manos de Herodes. Pero aprovecha Jesús para anunciar que al Hijo del Hombre le va a suceder de manera semejante porque no todos quieren aceptarlo. Aquí a ellos ahora mismo tampoco sabían interpretar estas palabras de Jesús. Pero Jesús les había día que Elías había venido ya, aunque no lo supieron ver. Interpretarían después ellos que Jesús se estaba refiriendo precisamente a Juan el Bautista.

El ángel en su aparición a Zacarías en el templo lo había anunciado como el que ‘venía con el espíritu y el poder de Elías para convertir los corazones de los padres hacia los hijos y a los desobedientes a la sensatez de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’. ¿No era eso precisamente lo que Juan había realizado con su predicación allá en el desierto junto al Jordán?

Dejémonos instruir por el Espíritu del Señor. Dejémonos conducir y no cerremos nuestros corazones. Tengamos la valentía de ponernos con sinceridad ante la Palabra del Señor y dejémonos interpelar por esa Palabra que al mismo tiempo irá siendo luz en nuestras dudas, fortaleza en nuestra debilidad y camino cierto que nos conducirá a la Verdad plena.

martes, 12 de julio de 2022

Decir bonitas palabras y hacer promesas es fácil, realizarlo cada día, ya es otra cosa, pronto volvemos a la rutina, dejémonos envolver por la gracia del Señor

 


Decir bonitas palabras y hacer promesas es fácil, realizarlo cada día, ya es otra cosa, pronto volvemos a la rutina, dejémonos envolver por la gracia del Señor

Isaías 7, 1-9; Sal 47; Mateo 11, 20-24

A veces no somos lo suficientemente agradecidos; diera la impresión de que nos creemos que lo merecemos todo; y ya no es solo que en el momento en que recibimos algo de los demás nos surja o no la palabra de gratitud, sino que el agradecimiento se ha de manifestar en la actitud que tenemos hacia esas personas que han sido buenas con nosotros. No es que le vayamos a pagar lo que generosamente han hecho, porque no nos lo aceptarían, pero si es necesario tener unas buenas actitudes hacia esas personas que manifiesten que en verdad estamos agradecidos. Es algo muy sutil muchas veces, pero es necesaria esa delicadeza que no siempre tenemos. Pronto olvidamos lo que hemos recibido sin merecimiento. Algunas veces, cuando uno se da cuenta, no sabe como corregir esos olvidos de muestra de nuestra ingratitud y nuestra falta de delicadeza.

Esto que tiene una referencia muy clara a lo que son nuestras relaciones humanas con las personas con las que convivimos nos puede servir también para que recapacitemos y veamos lo que es nuestra relación con Dios y las muestras de agradecimiento que tenemos ante su amor.

¿Nos sucederá a nosotros algo semejante a lo de los leprosos que nos cuenta en una ocasión el evangelio? Habían suplicado al Maestro que les curara y Jesús les envió a que se presentaran a los sacerdotes para cumplir con todos los requisitos de la ley para una vez curados poder ser admitidos de nuevo en la comunidad. Pero uno de aquellos leprosos antes de acudir a cumplir con aquellos requisitos legales, se vino a los pies de Jesús para darle gracias porque lo había curado. ‘¿Los otros nueve dónde están?’ se pregunta Jesús. Nos preguntará que dónde estamos nosotros tras tanto que hemos recibido de sus manos.

Es la recriminación que hoy le vemos a hacer a aquellas ciudades de Galilea donde había anunciado la Buena Noticia del Reino de Dios y tantos signos había realizado, Corozaín, Betsaida y la misma Cafarnaún. Y las compara Jesús con otras ciudades que no habían recibido los beneficios de la presencia de Jesús, pero que si en ellas se hubieran realizado los milagros y signos que allí había realizado, seguro que hubieran emprendido el camino de la conversión.

Quizá en el momento en que Jesús había obrado milagros en aquellos lugares, muchos saldrían alabando a Dios que realiza tales cosas. Como tantos que cuando contemplaban las obras de Jesús se deshacían en alabanzas y bendiciones; son los momentos de fervor, que pronto se apagan, pronto nos enfriamos; son los momentos de los buenos propósitos, que cuando pasan unos días y volvemos a la rutina de siempre pronto olvidamos. Nos pasa tantas veces. Son tantas nuestras promesas y propósitos; son tantas las ocasiones en que nos decimos ahora sí voy a cambiar y desde ahora las cosas serán distintas, pero a la vuelta de la esquina volvimos con nuestras rutinas y nuestras malas costumbres.

Decir bonitas palabras es fácil, realizarlo en la vida de cada día, ya es otra cosa; qué pronto volvemos a la rutina, qué pronto volvemos a encerrarnos en nosotros, que pronto nuestra mirada se vuelve turbia otra vez, qué pronto dejamos de ver la presencia del Señor en aquel que nos sale al encuentro en el camino. Qué débiles e inconstantes somos.

Dejémonos envolver por la gracia del Señor que sea la que nos guíe y la que nos de fuerza, la que sea nuestra inspiración y la que nos impulse a actuar sin ningún temor y siempre con corazón agradecido. Cuánto tenemos que orar al Señor para lograrlo.

lunes, 23 de mayo de 2022

Necesitamos del Espíritu que nos abra el corazón y la mente para ser capaces de ver con claridad nuestra propia realidad y con su fuerza se abran nuevos caminos de vida

 


Necesitamos del Espíritu que nos abra el corazón y la mente para ser capaces de ver con claridad nuestra propia realidad y con su fuerza se abran nuevos caminos de vida

Hechos de los apóstoles 16, 11-15; Sal 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

Hay ocasiones en que nos cuesta reconocer que las cosas van mal. Siempre buscamos una disculpa, siempre tenemos una respuesta preparada. Igual que la persona mayor no quiere reconocer las limitaciones que le imponen los años, o el enfermo que no quiere reconocer la gravedad de su enfermedad; esto se me pasa, esto no es nada, esto es ahora porque me encontró flojo, pero yo estoy bien… cuántas disculpas; y no hablo ya solo de la enfermedad que nos puede aparecer, las limitaciones de los años, sino otras muchas situaciones en la vida en las que no queremos reconocer la realidad; el negocio está mal, pensamos, pero esto es coyuntural, cuando pasen estos momentos difíciles todo se recuperará.

Pero nos sucede en nuestro camino de superación personal, donde no logramos avanzar lo que nos habíamos propuesto o lo que sería lo ideal, pero siempre decimos cuando yo me ponga en serio eso lo voy a lograr enseguida, pero nos falta la voluntad de ponernos en serio, o nos falta la constancia para seguir unos ritmos.

Lo contemplamos en los derroteros de la Iglesia, y de la situación de la Iglesia frente al mundo que la rodea, que no es tan bonita como queremos pintarla; muchos espejismos se nos pueden meter por medio y nos impedirán ver la realidad, nos quedamos en el espejismo y no queremos darnos cuenta de la situación de descristianizacion que vive la sociedad actual, donde cada vez importa menos lo religioso, importan  menos los principios o los valores cristianos, donde estamos viendo cómo la vida vale tan poco, y ahí tenemos el aborto en esa carrera imparable en que cada vez damos más derecho a la muerte, o también en la eutanasia donde a nuestro lado tantos la ven ya como algo tan natural.

¿A dónde vamos? ¿Nos daremos cuenta? ¿Dónde tenemos que pararnos, detenernos para ver con claridad, para comenzar a actuar de una forma distinta desde la Iglesia, desde el testimonio de los cristianos? Es duro y hasta cruel que no nos demos cuenta de la realidad y todavía sigamos pensando en una sociedad de cristiandad, y no en una sociedad en la que tenemos que ser misioneros que en verdad nos pongamos a abrir caminos.

Jesús nos habla de la presencia del Espíritu Santo que tanto vamos a necesitar. ‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’. Es la promesa de Jesús. Nos enviará desde el Padre el Espíritu de la verdad. Será el Espíritu que remueva y renueve nuestros corazones. El Espíritu que abrirá nuestra mente para que entendamos todo bien, como hacía Jesús con los discípulos de Emaús, o como lo  hizo luego en el Cenáculo. Les abrió los corazones para que entendieran las Escrituras.

Necesitamos que se abra nuestro corazón, que se abra nuestra mente muchas veces tan endurecida que no somos capaces de ver con claridad lo que es nuestra propia realidad. Necesitamos el Espíritu que abra nuevos caminos en nuestra vida. Necesitamos el Espíritu que nos fortalezca para que podamos hacer esos nuevos caminos de evangelización. Necesitamos el Espíritu que venga a ser nuestra fortaleza para ese testimonio que hemos de dar y que no siempre será fácil, porque débiles nos sentimos para llevar adelante esa tarea que se nos confía.

Pidamos a Dios que nos conceda la luz y la fuerza de su Espíritu.

domingo, 22 de mayo de 2022

Tenemos que escuchar la Palabra de Jesús que hoy se nos ofrece, que es aliento y esperanza, nos llena de seguridad y nos hace sentir una nueva paz en nuestro corazón

 


Tenemos que escuchar la Palabra de Jesús que hoy se nos ofrece, que es aliento y esperanza, nos llena de seguridad y nos hace sentir una nueva paz en nuestro corazón

Hechos 15, 1-2. 22-29; Sal 66; Apocalipsis 21, 10-14. 22-23; Juan 14, 23-29

Cuando en la vida, por las circunstancias que sea, sabemos que tenemos que separarnos de una persona que ha sido importante para nosotros, que ha influido en nuestra manera de ser o nos ha ayudado a descubrir lo hondo de la vida, surge lo que llamamos tristeza que es ese sentimiento que se adueña de nosotros porque ya no podemos volver a estar con esa persona, no podemos escuchar sus palabras y sus consejos cuando volvamos a encontrarnos con problemas o situaciones difíciles de la vida, no podremos gozarnos de su presencia que tantas seguridades nos ha dado en la vida. Por eso se nos hacen tan dolorosas las despedidas, porque además nuestro espíritu se llena de inquietud ante lo que nos pueda devenir en el futuro. Muchas veces no queremos ni pensar en esas posibilidades de despedidas.

¿Era el estado anímico de los discípulos en aquella cena pascual que sentían que Jesús se les iba y que se iban a quedar solos? ¿Será el estado anímico en que nos podemos encontrar muchas veces los cristianos en nuestras luchas y en nuestras tareas que nos parece sentirnos solos? A una cosa y otra creo que nos puede responder hoy el evangelio.

Los discípulos estaban a gusto con Jesús, no se querían separar de El. Se había creado ese vínculo de amor que crea comunión y que hace comunidad. Así se sentían seguros con Jesús, querían escuchar sus palabras, hacían cuanto estaba de su parte por no separarse de El. Sin embargo, las palabras de Jesús eran presagio de tiempos que no iban a ser fáciles. Ya les había hablado de traiciones y negaciones, habían vislumbrado lo que sería su soledad sin su presencia. ¿Quién les iba a explicar una y otra vez las cosas cuando tan cerrados de mente eran que parecía que nunca terminaban de entender las palabras de Jesús?

Y podríamos decir que a todo eso, punto por punto, Jesús va respondiendo con sus palabras. No les dejaba solos y que se las entendieran por su cuenta cuando nada comprendieran. Promete Jesús la presencia de su Espíritu que les acompañará, les hará comprender todas las cosas y pondrá palabras en sus labios y fuerza en su corazón cuando vinieran los momentos difíciles. ‘Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho’.

Era cuestión de permanecer en su amor, porque eso los mantendría unidos – por eso su mandamiento era que se amaran los unos a los otros – pero era cuestión de mantenerse en el amor de Dios, porque así Dios se haría presente en sus corazones. ‘Vendremos y haremos morada en él’, les dice Jesús.

Y no les faltaría la paz en sus corazones. ¡Qué seguros se sentían con la presencia de Jesús a su lado! Ellos sabían ya que los principales del pueblo estaban buscando la manera de prender a Jesús, pero por ahora ellos se sentían seguros, porque Jesús estaba con ellos, y les parecía que no se iban a atrever y nada iba a pasar. ‘La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde’. Con Jesús tendrían que sentirse seguros. Aunque cuando llegase el momento de la prueba vendrían las huidas y los escondites y los encierros. Lo dejaron solo en Getsemaní y se encerraron en el Cenáculo.

Después de la resurrección, aunque les costó aceptarla, se darían cuenta. Con la venida del Espíritu en Pentecostés todo cambiaría en ellos. Es el estado en que nosotros estamos o deberíamos estar. También tenemos nuestros miedos, también sentimos nuestras inseguridades, también a veces nos cuesta luchar y seguir caminando hacia delante, también nos parece sentirnos solos frente al mundo que nos rodea. Algunas veces nos vemos tan poquitos en nuestras celebraciones, en nuestras comunidades y vemos lo amplio que es el mundo que nos rodea y al que tendríamos que llevar la Palabra de Jesús.

También nos acobardamos, nos encerramos y refugiamos en lo de siempre, como se suele decir. Nos quedamos tan contentos y satisfechos porque todavía hay un grupito que viene a la Iglesia. Quizás cuando estamos reunidos en nuestras celebraciones o en algunos momentos importantes de la comunidad sentimos que se renueva nuestra alegría, pero tememos salir fuera, salir al encuentro de ese mundo que nos rodea, nos sentimos que no sabemos cómo actuar, qué palabra decir, cual es la Buena Nueva que tenemos que anunciar. 

Tenemos que escuchar esta Palabra de Jesús que hoy se nos ofrece. Esa Palabra que es aliento y esperanza, esa Palabra que nos llena de seguridad y nos hace sentir una nueva paz en nuestro corazón. La promesa del Espíritu es para nosotros también; es el Espíritu el que está en medio de nosotros y sigue guiando a la Iglesia, es el Espíritu que nos hace conocer hoy la Palabra de Jesús para este hoy de nuestra vida, es el Espíritu que nos lanzará a la calle en Pentecostés, como escucharemos que lanzó a Pedro y a los Apóstoles a las calles de Jerusalén y a los caminos del mundo.

Reavivemos nuestra fe, sintamos esa paz y esa seguridad que nos da Jesús para que no vivamos acobardados, pidamos con fuerza que venga el Espíritu a nosotros, a nuestra vida, a nuestra Iglesia, a nuestro mundo. No es despedida para nosotros sino promesa de presencia nueva que nos llena de nueva vida.

martes, 14 de diciembre de 2021

Promesas, bonitas palabras, buenos propósitos… no pueden quedarse en la rutina de siempre sino que hay que despertar

 


Promesas, bonitas palabras, buenos propósitos… no pueden quedarse en la rutina de siempre sino que hay que despertar

Sofonías 3,1-2.9-13; Sal 33; Mateo 21,28-32

Todos conocemos al clásico charlatán, hablador hasta por los codos, que siempre quiere quedar bien con todo el mundo y a todos dice que les va a facilitar las cosas, que les va a ayudar en esto, en aquello y lo de más allá, pero que sabemos que son solo palabras, fantochadas, apariencia porque pronto todas sus promesas se van a quedar en nada.

Exagero quizá un poco en la descripción, pero es para que caigamos en la cuenta que de alguna manera todos hacemos un poco de la misma manera. Cuántas promesas nos hacemos, y por empezar, tenemos que decir que a nosotros mismos, diciendo que vamos a hacer esto o aquello, que nuestra vida va a cambiar, que de ahora en adelante todo no va a ser igual porque nosotros hemos tomado una determinación muy en serio. Pero ¿qué nos suele pasar? Agua de borrajas, todo se nos queda en bonitas palabras y en bonitos deseos, en promesas y en propósitos, pero no terminamos de comenzar a dar lo pasos necesarios para que nuestra vida sea distinta. ¿Qué nos pasa? ¿Falta de voluntad? ¿Ilusión de un día? ¿Sueños maravillosos?

Tenemos la experiencia de lo que nos ha pasado tantas veces; tras unos días de reflexión – quizás unos ejercicios espirituales -, tras un momento de especial fervor en nuestra vida como una semana santa que hemos querido vivir con fervor, tras un parón que nos hecho dar en la vida algo que escuchamos como un sermón o la palabra de Dios que un día nos caló cuando la escuchamos el domingo en Misa, quizás un mal momento por el que hemos pasado con duras experiencias, sufrimientos, agobios o angustias, nos dijimos que íbamos a cambiar, que todo iba a ser diferente, pero pronto volvimos a la rutina de siempre y no terminamos de responder a esa llamada de gracia que un día sentimos.

Promesas y promesas, palabras y palabras, propósitos y propósitos, pero rutina al canto del día que nos hace quedarnos en lo que estábamos. Lo de siempre.

Quizá miramos a nuestro alrededor y vemos que una persona que antes nos parecía despreocupada de todo, ahora lo vemos comprometido, lo vemos participando en diferentes acciones, lo vemos implicado en actividades de la Iglesia, y dentro de nosotros en lugar de sentir alegría porque una persona haya encontrado su rumbo en la vida, nos surge en nuestro interior la duda y la desconfianza, estamos viendo dobles intereses en lo que hacen los demás, y nuestro corazón lleno de envidia siempre querrá destruir es buen paso que ha dado alguien en la vida.

Cuánto nos falta del sentido de Cristo en nuestro actuar y en nuestro pensar, en la pureza que tendría que haber en nuestro corazón, o en los deseos de estimulo que tendríamos que tener con esas personas. Que duros de corazón nos volvemos.


Es en lo que quiere hacernos reflexionar hoy el evangelio. Nos dice el evangelista que Jesús estaba mirándoles a los ojos a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Y les habla con esa parábola de los dos hijos a los que el padre envió a su viña. Mientras uno buenas promesas se presenta como cumplidor pronto deja de hacer lo que le pide su padre, mientras que el rebelde que de entrada había dicho no, pronto se arrepiente y va a hacer lo que el padre le ha pedido.

Pero termina Jesús con palabras fuertes para aquellos que le escuchan y que siempre andan con sus apariencias y vanidades presentándose como cumplidores pero con el corazón bien lejos del mandamiento del Señor. Y les dirá: ‘En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis’.

Los que consideraban pecadores y eran objeto de todo desprecio y discriminación se van a adelantar en el Reino de Dios. ¿Quiénes escucharon a Juan en el desierto? Lo hemos escuchado estos días que son los publicanos y los que se consideraban pecadores los que iban a escucharle. ¿Qué es lo que vemos en el resto del evangelio en relacion a Jesús? Estará siempre rodeado de gente pecadora que busca encontrar la vida y la salvación escuchando las palabras de Jesús. Le echarán en cara precisamente a Jesús que come con publicanos y pecadores.

¿Qué nos estará pidiendo el Señor en este camino de Adviento que estamos haciendo? ¿Nos quedaremos en una respuesta superficial?

 

lunes, 10 de mayo de 2021

Jesús nos ha prevenido frente a todos esos malos momentos que pueden aparecer en nuestra vida y nos ha prometido la presencia del Espíritu de la verdad

 


Jesús nos ha prevenido frente a todos esos malos momentos que pueden aparecer en nuestra vida y nos ha prometido la presencia del Espíritu de la verdad

Hechos de los apóstoles 16, 11-15; Sal 149; Juan 15, 26 — 16, 4a

‘Ya te lo había dicho’, nos dice el amigo que nos había prevenido pero a cuyas palabras habíamos hecho poco caso. Y nos sucedió como nos lo había dicho el amigo. Son cosas que nos pasan en la vida, alguna cosa que queríamos emprender pero que el amigo quizás veía los peligros de fracaso o dificultad, una tarea en la que nos habíamos comprometido pero por nuestra falta de constancia no fuimos capaces de llevar hasta el final a pesar de que el amigo que nos conocía muy bien nos había prevenido.

Jesús también nos previene con todo cariño ante lo que nos puede pasar, aunque muchas veces nos parece que todo va a ir bien y quizás bajamos la guardia, no ponemos toda la atención y la intensidad que tendríamos que poner en muchos aspectos de nuestra vida cristiana. Es lo que hoy escuchamos en las palabras de Jesús, aunque lo hemos escuchado muchas veces; quizás nos pensamos que esos tiempos de persecución o dificultad son propios de otros tiempos, recordamos acontecimientos de la Iglesia del pasado, pero no somos capaces de abrir los ojos para ver lo que hoy también nos puede pasar.

Claro que cuando nos vemos incomprendidos, o no somos aceptados nos sentimos mal y hasta podemos amargarnos porque nos parece que no vamos a encontrar salida o no vamos a tener la fuerza para enfrentarnos a esas situaciones. Son cosas que nos pueden suceder hoy, de hecho en esta sociedad tan plural en la que vivimos, tan dominada por tendencias de todo tipo, tan esclavizada a un materialismo imperante o un sensualismo que pareciera que es lo único importante en la vida, cuando nosotros queremos ser fieles a unos principios y a unos valores nos vamos a encontrar un muro muy fuerte en contra.

Todos por otra parte estamos sujetos a muchas tentaciones de todo tipo y si bajamos la guardia en nuestra espiritualidad fácilmente nos vamos a ver debilitados y arrastrados por mil cosas que nos alejan del espíritu cristiano que tendría que envolver nuestra vida.

Jesús hoy les dice a los discípulos en su despedida – estas palabras corresponden a los discursos de despedida de Jesús en la última cena – que incluso van a ser expulsados de las sinagogas, lo que para un judío tenia que ser algo muy doloroso.

Pero Jesús al tiempo que les anuncia esas dificultades con las que se van a encontrar también les promete que el Espíritu Santo será su guía y su fortaleza, que El será luz en esos momentos de dificultad y oscuridad, pero será también la fuerza para mantenerse firmes porque incluso pondrá palabras en sus labios para responder a los ataques que puedan sufrir.

‘Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo’.

El Espíritu de la verdad que procede del Padre. Es la promesa de Jesús que iremos escuchando repetidamente en estas semanas y días del tiempo pascual. Es el Espíritu divino que fortalece nuestra vida. No actuamos solos y por nuestra cuenta; no actuamos solo con nuestras fuerzas humanas por mucha fuerza de voluntad que digamos que tenemos. Aparece la debilidad de nuestra condición humana, aparece la debilidad que se puede llamar confusión, aparece la debilidad que nos llena de desanimo, aparece la debilidad de nuestros desencantos porque nos habíamos imaginado quizá un mundo muy irreal, aparece la debilidad cuando contemplamos fracasos en quienes creíamos fuertes y eso nos desalienta.

Jesús nos ha prevenido frente a todos esos malos momentos que pueden aparecer en nuestra vida y Jesús nos ha prometido la presencia del Espíritu de la verdad que dará testimonio en nosotros. Pero frente a todas esas debilidades tenemos la seguridad de la fortaleza del Espíritu. Invoquémosle con fervor para sentir su gracia y su presencia.

martes, 24 de noviembre de 2020

Nos da mucha esperanza y nos anima saber que, a pesar de los momentos tormentosos, hay muchas personas en nuestro entorno que están haciendo mucho bueno por los demás

 


Nos da mucha esperanza y nos anima saber que, a pesar de los momentos tormentosos, hay muchas personas en nuestro entorno que están haciendo mucho bueno por los demás

Apocalipsis 14,14-19; Sal 95; Lucas 21,5-11

Por supuesto que necesitamos soñar; en nuestros sueños la imaginación se vuelve creativa y desde ahí pueden ir surgiendo las ideas y el pensamiento con el que deseamos un mundo mejor y más lleno de felicidad. Nuestros sueños pueden ir forjando ese mundo mejor cuando pasamos del sueño a la realidad y aunque la realidad muchas veces es más cruda que los sueños sin embargo nos pueden dar la pauta de por donde mejor podemos caminar. Pero bien sabemos que no nos podemos quedar en fuegos fatuos, en sueños en los que no veamos la posibilidad de hacer realidad todo eso que soñamos y que anhelamos. Y ahí está el peligro. Porque también habrá quien alimente esos sueños vanos y sin fundamento y nos hagan creer que todo lo podemos conseguir a la mayor perfección y prontitud.

Y hay en la vida quienes nos alimentan esos sueños vacíos y sin fundamento haciéndonos creer que simplemente desde el poder o el dinero podamos alcanzar ya ese paraíso en la tierra; cuántos nos hablan de una sociedad del bienestar, y no es que no la deseemos y luchemos por un mayor bienestar en la vida, pero si tenemos que discernir muy bien cual es el mejor bienestar para la persona y lo que tendríamos que construir para nuestra sociedad. Cuantas promesas fatuos escuchamos en este sentido que nos encandilan y nos encantan de tal manera que nos parece que ya lo tenemos todo conseguido. Pero quizás no nos hemos preocupado de darle una hondura a la vida, de buscar los verdaderos valores que nos pueden hacer más felices sabiendo también que para luchar por esos valores algunas veces tendremos que hacer caminos difíciles de compromiso y sacrificio.

De esto no nos quieren hablar cuando nos hacen tantas promesas. Luego vendrán los desencantos, las frustraciones, cuando las cosas cambian y parece que el mundo se nos viene abajo. Cuántas angustias y cuánta desesperación cuando vemos que todo aquello con lo que habíamos soñado como una cosa muy fácil ahora a la menor dificultad se nos ha venido abajo como un castillo de naipes. No habíamos puesto quizá aquellos valores que amasasen bien la vida para darle fortaleza y estabilidad. Lo que nos está sucediendo con los momentos que ahora nos ha tocado vivir.

Creo que las palabras que hoy escuchamos a Jesús en el evangelio y más dichas en los momentos y circunstancias que Jesús les anunciaba nos pueden venir bien también a nosotros hoy. Está en el templo rodeado de sus discípulos y de mucha gente. Era un gozo y placer para todo judío encontrarse en el templo de Jerusalén y fácilmente se quedaban también extasiados ante tanta belleza y esplendor con que el templo resplandecía. Estaba, por otra parte, lo que en el orden religioso significaba para ellos el templo de Jerusalén que venía a ser como el centro de toda su vida pues allí se sentían en la morada de Dios.


Y es entonces cuando les dice que todo aquel esplendor que ahora están contemplando un día va a ser destruido. Está anunciándoles proféticamente lo que sucedería años treinta o cuarenta años más tarde con la destrucción de Jerusalén y de su templo. Aquello para el alma de un judío era un mazazo muy fuerte y algo que no se podían creer que les sucediera. Pero Jesús les dice que no pierdan la calma. Y les habla de catástrofes y de guerras, de destrucción y de exterminio… un poco se mezclan en las palabras de Jesús la destrucción del templo pero también los últimos tiempos que era algo que también estaba muy metido en el alma del pueblo judío sobre todo después de los grandes últimos profetas.

Ellos preguntan cuando va a suceder todo esto, pero Jesús sobre ello no da señales, pero si les habla de la serenidad del espíritu que han de mantener en esos tiempos difíciles. ‘No os dejéis engañar’, les dice, porque esos tiempos difíciles son los propicios para anuncios de apariciones y de cosas milagrosas. Bien lo sabemos por la historia y como cada cierto tiempo aparecen esas manifestaciones que llamamos milagrosas. ‘No tengáis pánico’ cuando todas esas cosas vayan sucediendo.

¿No será lo que también necesitamos escuchar hoy? Ante los problemas que se acumulan, la situación no solo sanitaria sino social que estamos viviendo es fácil que nos entren las angustias y los agobios, que perdamos la serenidad. Bien sabemos por otra parte que son momentos muy aprovechados desde diversos intereses que siempre los hay en la sociedad y hay gente que además siembra esa inquietud. Solo con serenidad y paz podemos afrontar la situación, por eso hemos de mantener la esperanza en el corazón, sentir la fuerza del Señor que nunca nos abandonará por muy oscura que nos parezca la noche, y hemos de saber rescatar todos esos valores que nos ayuden a crecer como personas y que dan verdadera fortaleza a nuestro espíritu.

Es el momento de la solidaridad, pero también de la cercanía que hemos de mantener con las personas aunque ahora por la situación parezca que lo que tenemos que hacer es alejarnos, pero hay muchas maneras de poder acercarnos hoy a los demás para que no se sienta tanto la soledad; es el momento del buen ánimo que también dé ilusión y alegría a los que están cerca de nosotros, porque siempre hay cosas hermosas de las que podemos disfrutar, siempre pueden haber buenos gestos que llenan de un perfume nuevo la vida. Miremos que hay muchas personas buenas en nuestro entorno que están queriendo hacer mucho por los demás, y esto nos tiene que dar esperanza y animarnos.