Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta camilla. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta camilla. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de diciembre de 2024

Dejemos que Jesús nos libere desde lo más hondo y nos levante de nuestras camillas para mantener viva nuestra esperanza siendo camilleros de la esperanza para los demás

 


Dejemos que Jesús nos libere desde lo más hondo y nos levante de nuestras camillas para mantener viva nuestra esperanza siendo camilleros de la esperanza para los demás

Isaías 35, 1-10; Salmo 84; Lucas 5, 17-26

Qué terrible es perder la esperanza; cuando parece que todos los problemas se acumulan sobre tu cabeza nos sentimos como paralizados y no hay manera de que seamos capaces de ver un rayo de luz, una salida. Puede parecer exagerado pero nos sucede muchas veces en la vida; no sabemos qué hacer; o nos resignamos o nos llenamos de amargura y arremetemos contra todo y contra todos. Una enfermedad que nos sobreviene y que parece grave nos paraliza y nos hace temer lo peor; no son ya las imposibilidades físicas que nos vayan apareciendo, es que humanamente nos sentimos hundidos y fracasados, espiritualmente perdemos todo norte en la vida. Son los problemas personales o son los problemas que nos van surgiendo en la familia, son tantas cosas… Decimos, son las depresiones que nos sobrevienen, pero es algo muy hondo el no tener esperanza.

Y muchas veces no es porque nos sucedan personalmente cosas graves, sino que nos sucede contemplando los derroteros de la vida, de la sociedad, la pobreza o la miseria que hay a nuestro alrededor mientras al tiempo contemplamos otras cosas escandalosas en quienes tendrían que solucionar problemas en la sociedad. Creo que todos entendemos que muchas veces la gente ande sin esperanzas, sin ilusiones, sin poner ya sus esfuerzos por hacer que las cosas sean de otra manera. ¿No andará un poco así nuestra sociedad, nuestro mundo? ¿Y qué respuesta podemos dar a todo eso? ¿Este camino de adviento que estamos recorriendo podrá ayudarnos?

Os confieso que yo también estoy buscando. Estas reflexiones que me hago y comparto van surgiendo también de lo que llevo en mi interior y de mis búsquedas. Por eso me hago estas reflexiones previas que quieren partir de lo que es el camino de la vida. Quiero encontrar en la Buena Noticia que tiene que ser el evangelio para mí y para todos hoy esa luz que me ilumine y ayude en ese camino de búsqueda de esperanza, de deseos de despertar esperanzas.

El evangelio nos presenta a Jesús rodeado de gente que le escucha; allí están también fariseos y maestros de la ley venidos de todos los rincones; unos hombres portan en una camilla a un hombre paralítico para que Jesús lo cure. Sentirse paralítico sin poder valerse por sí mismo es algo muy duro; difícilmente hay recuperación, y menos en aquellos tiempos, con lo que las esperanzas tenían que estar por el suelo. Parecía que un rayo de luz se encendía con la buena voluntad de aquellos que lo portaban hasta Jesús porque por sí mismo nunca hubiera podido, pero de nuevo se encuentran con un muro en toda aquella gente que se agolpa a la puerta e impiden el paso pareciendo que de nuevo las sombras se cernían sobre su discapacidad.

El evangelista nos dirá luego que Jesús se fijó en la fe de aquellos hombres. Y no era para menos. Se las habían ingeniado para desde el techo, corriendo las tejas, poder descolgarlo hasta los pies de Jesús.

Un mundo de barreras que no son solo las barreras físicas, un mundo de imposibles que no siempre encuentra colaboración en los demás, un mundo de impotencias cuando no sabemos qué hacer o cómo hacer, un mundo de egoísmos e injusticias, un mundo de desigualdades donde no todos tienen la misma oportunidad, un mundo de manipulaciones donde solo nos guiamos por nuestros intereses particulares, un mundo de incomprensiones en que no sabemos ponernos en el lugar del otro… aquel paralítico y su situación puede estar haciéndonos mirar todas esas cosas que en la vida de cada día nos merman o quitan las esperanzas.

Pero creo que ya es buena noticia para nosotros, evangelio la actitud de aquellos hombres que se las ingeniaron para encontrar soluciones. ¿Estarían ellos ya comprendiendo y también viviendo aquellos valores que nos enseña Jesús en el evangelio? ‘Viendo la fe de aquellos hombres’, nos dice el evangelio. Ellos estaban dando ya la señal de que hay que levantarse de esas camillas en que nos postramos y encerramos tantas veces.

Y Jesús viene a decirnos que nos es necesario que nos liberemos desde lo más hondo de nosotros mismos de esas cosas que nos paralizan, que nos acobardan, que nos encierran dentro de nosotros mismos; Jesús viene a decirnos que El quiere liberarnos de lo peor que tengamos dentro de nosotros. ‘Tus pecados son perdonados’, le dice Jesús a aquel paralítico antes incluso de levantarlo de la camilla, porque lo que quiere Jesús es que nos levantemos espiritualmente.

¿Será eso lo que nosotros estamos necesitando? Y vaya que El sí puede hacerlo, para eso ha venido, para eso se entregará por nosotros, para eso nos ofrecerá su sangre redentora. ¿Dejaremos que Jesús nos libere desde lo más hondo o pondremos reticencias como aquellos que estaban allí al acecho de lo que hiciera Jesús? ¿Tendremos motivos para hacer despertar la esperanza en nuestra vida? ¿Seremos capaces de ser esos camilleros de la esperanza en un mundo de tantas parálisis?

martes, 12 de marzo de 2024

Que no sigan habiendo muletas que no nos dejan caminar por nuestras cobardías, ni camillas en las que sigamos postrados porque nos quedan muchos miedos en el alma

 


Que no sigan habiendo muletas que no nos dejan caminar por nuestras cobardías, ni camillas en las que sigamos postrados porque nos quedan muchos miedos en el alma

Ezequiel 47, 1-9. 12; Salmo 45; Juan 5, 1-16

Todos hemos presenciado, o acaso también nos habremos visto envueltos en esa situación, una aglomeración de gente que hace cola porque lo necesitan para conseguir algo que consideran muy importante o vital para sus vidas; los empujones y los revolcones que se montan, sobre todo cuando llega el momento de comenzar a moverse aquella cola, porque ha llegado el momento del comienzo del reparto, se ha abierto la puerta, y ahora todos, aunque hasta ahora quizás se habían mantenido en cola de una forma más o menos ordenada, al empujón rompen filas, nadie tiene consideración con nadie y todos pretenden saltar por donde sea para alcanzar aquello que esperaban. Nadie mira a nadie ni siente compasión por la debilidad con que algunos se muestren en su necesidad.

¿Algo así sucedería en aquella piscina de las ovejas donde tantos enfermos y discapacitados en las más diversas enfermedades y dolencias esperaban que al agua se removiera para poder entrar el primero y curarse? Los que mejor podían valerse se adelantaban a todos y no importaba que hubiera alguien que estuviera allí esperando (en la cola) desde hacia 38 años y nadie le importaba nadie. Es la queja humilde y resignada de aquel hombre a quien Jesús le pregunta si quiere curarse.

Más allá de esas colas que hacemos ante una oficina o ante algún reparto benéfico, ¿este texto estará reflejando algo de lo que vivimos cada día en la vida? Resignación no falta en muchos que se ven envueltos en sus problemas sin saber como salir adelante y como solemos decir no nos queda más remedio que aguantarnos; pero empujones bien que nos damos en la vida cuando cada uno va buscando solo sus intereses; avariciosos nos volvemos en tantas ocasiones que nos parece que con lo que tenemos no vamos a alcanzar nuestros sueños y mercadeamos en lo que sea y por donde sea con tal de conseguir influencias de quien en un momento dado nos pueda echar una mano, situaciones de privilegio por los que todos soñamos porque así nos vemos como por encima de los demás, insolidarios caminamos pensando solo en nosotros mismos y a lo sumo le echamos una mano, pero las dos no que ya está bien, a aquellos que pudiéramos considerar más cercanos a nosotros y un día también podían hacer algo por nosotros. En muchas cosas podemos fijarnos.

Es Jesús el que ha venido al encuentro de aquel hombre, como viene también a nuestro encuentro. Allí donde está el dolor, donde hay algo que sufre, allí donde hay una situación de sombras, allí donde hay unos corazones atormentados, allí donde parece que se agotado las esperanzas y solo queda la resignación o una lucha desesperada que todo lo puede convertir en violencia, allí donde se producen los peores desequilibrios que muchas veces nos encierran o nos hacen insolidarios, allí siempre puede aparecer una luz.

En aquel caso, en la piscina de Betesda apareció esa luz para aquel hombre que pudo tomar su camilla, cargar con ella y echar a andar para su casa. No todos van a reconocer esa luz, porque quizás está haciendo resplandecer cosas que otros querían ocultar o de las que no quieren saber nada. Incluso aquel pobre hombre que ahora se ha visto liberado de su imposibilidad va a sufrir los zarpazos de esa lucha, porque habrá quien no entienda que haya sido curado en sábado, o no querrán reconocer el poder y la acción de Jesús. ¿No se siguen dando coletazos contra la Iglesia, contra la obra de la Iglesia, contra la fe en Jesús en el mundo que hoy vivimos por tantos a los que parece que les molesta la fe que podamos tener en Jesús?

¿No habrá incluso algunas ocasiones que a los que decimos que tenemos fe en Jesús quizás nos cueste mostrar abiertamente esa fe porque vamos a encontrarnos un mundo que está enfrente y no lo soporta? Cuidado con nuestras cobardías, cuando con los brotes de insolidaridad que nos pueden brotar dentro de nosotros, cuidado que entremos en esas carreras del mundo y comencemos también nosotros a despreocuparnos de los demás, simplemente para hacer lo que todos hacen.

¿Seguirá habiendo muletas que no nos dejan caminar por nuestras cobardías, camillas en las que sigamos postrados porque todavía nos quedan muchos miedos en el alma? Tenemos que aprender a levantarnos, a dejar a un lado de una vez por todas esas muletas y camillas, algo nuevo tiene que brotar en nosotros cuando en verdad reconocemos a Jesús. Nos había preguntado Jesús también a nosotros si queríamos sanar, pero ahora además nos dice: ‘Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor’.

 

jueves, 6 de julio de 2023

Necesitamos seguir llevando la camilla de nuestra debilidad a nuestro lado para valorar el perdón recibido para un nuevo camino y darlo generoso también con los demás

 


Necesitamos seguir llevando la camilla de nuestra debilidad a nuestro lado para valorar el perdón recibido para un nuevo camino y darlo generoso también con los demás

Génesis 22, 1-19; Sal 114; Mateo 9,1-8

Todos merecemos una segunda oportunidad. Al menos eso pensamos cuando hemos sido nosotros los que hemos cometido el error y tenemos el buen deseo de querer rehacer nuestra vida. Sin embargo, hemos de reconocer, que no siempre somos capaces de ir por la vida dando segundas oportunidades a los demás. Pensemos, por ejemplo, cuando nos cuesta otorgar nuestro perdón. Y diríamos que perdonar lleva consigo el hacer que nos reencontremos con la paz; es lo que ofrezco cuando perdono, pero es al mismo tiempo lo que siento en mi mismo cuando soy capaz de perdonar. Desgraciadamente hay en la vida demasiados que no dan segundas oportunidades y ya sabemos de la amplitud que Jesús quiere que nosotros le demos al perdón otorgado.

Jesús ha vuelto a casa, como nos narra hoy el evangelista, y según llega, cuando se ve rodeado de gente como ya va siendo habitual que suceda hasta desbordar la casa y sus entradas como sucede en el episodio de hoy, le traen a un paralítico en una camilla para que Jesús lo cure. Otro evangelista cuando nos narra este episodio nos da más detalles, como el tener que descolgarlo del techo, porque han abierto un boquete en la cubierta, dada la afluencia de gente que por la puerta no pueden entrar. No nos vamos a detener en ese detalle.

Un hombre postrado en su camilla, imposibilitado de moverse por sí mismo, que es conducido hasta Jesús por otras personas de corazón generoso. Un hombre que tendría deseos de rehacer su vida para poder vivir y valerse por sí mismo. Unas almas generosas dispuestas a ayudar para que aquel hombre pueda tener una vida distinta. Y Jesús que lee en el corazón de los hombres vio la fe grande que tenían.

Los signos que realiza Jesús son señal de que algo grande se puede realizar desde lo más hondo del corazón pero que afectar por completo a la vida. Ha venido Jesús, como había anunciado el profeta y el mismo había proclamado en la sinagoga de Nazaret para proclamar el año de gracia del Señor. Para los oprimidos llegaba la hora de la liberación; aquel camino de liberación que había recorrido Israel desde su salida de Egipto, de la esclavitud, hasta la llegada a la tierra prometida, era todo un signo de ese camino de liberación y de transformación que en Jesús se había de realizar.

Era hora de que los signos que Jesús realizaba manifestaran plenamente esa liberación que en Jesús habíamos de encontrar. Por eso la primera palabra de Jesús ante el paralítico que le han traído para que lo curase es la del perdón. ‘Tus pecados quedan perdonados’.

Habrá quien no lo entienda, ni lo terminaron de entender entonces los que rodeaban a Jesús, de ahí sus murmuraciones y criticas, como no terminamos nosotros de entender lo que tiene que significar el perdón en nuestras vidas. A todos nos cuenta entender. Aquel hombre iba a ver restaurada su vida, pero Jesús nos quiere hacer ver que tiene que ser desde lo más profundo. No es solo que se levante de aquella camilla para comenzar a andar. Algo nuevo tenia que suceder en él, una nueva oportunidad para una vida nueva y distinta se le estaba ofreciendo. Siempre tendría que recordar y reconocer su debilidad. Jesús le dice, sí, que se levante, pero que tome su camilla y vuelva a su casa. Volvemos a nuestra casa, a nuestra vida, con sus mismas luchas y con nuestras mismas debilidades; la camilla va a estar presente ahí como un signo, como un recuerdo de nuestra realidad, como un recuerdo de el regalo de Dios que había recibido, pero también de lo nuevo que había que vivir.

Necesitamos quizá seguir llevando la camilla de nuestra debilidad a nuestro lado, para valorar el perdón que hemos también nosotros recibido que nos ha puesto en camino de una vida nueva. Quizás esa camilla apagará nuestros orgullos, porque nos recuerda que somos débiles, pero esa camilla podrá ser también un estimulo para tener una mirada nueva y distinta a los que están a nuestro lado.

¿Nos podrá recordar que también hemos de ser generosos con nuestro perdón a los demás, dándoles otra oportunidad en sus vidas? Con nuestro perdón estaremos ayudando a quitar esos pesos muertos, esos pesos de muerte que muchas veces nos atenazan y nos impiden alcanzar auténtica paz. ¿Por qué no ayudar a que los demás encuentren también esa paz?

jueves, 1 de julio de 2021

También nos dice Jesús que tengamos confianza y nos pongamos en pie para ser libres de toda atadura, El nos regala el perdón y nos pone en camino de vida nueva

 


También nos dice Jesús que tengamos confianza y nos pongamos en pie para ser libres de toda atadura, El nos regala el perdón y nos pone en camino de vida nueva

Génesis 22, 1-19; Sal 114; Mateo 9,1-8

‘Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa’. ¿Era lo que esperaban? Cuando Jesús llega a Cafarnaún lo primero que se va a encontrar es aquel grupo de hombres que portando una camilla ponen ante El a un paralítico para que lo cure.  Ya ha corrido la noticia de las obras y signos que realiza Jesús, por eso vendrán por si mismos aquellos enfermos que aun pueden valerse, otros serán traídos de la mano quizá como los ciegos que por sí solos no se pueden valer en medio de aquellas muchedumbres que se agolpan en torno a Jesús, ahora será un paralítico en una camilla el que llevan hasta los pies de Jesús. En el texto paralelo de los otros evangelistas se nos dirá incluso que por el gentío no podían entrar por la puerta y lo descolgaron del techo abriendo un boquete. De una forma o de otra Jesús se fija, admira y valora la fe de aquellos hombres.

Era lo que esperaban, que aquel hombre se pueda poner en pie, valerse por sí mismo e incluso regresar a su casa. Pero Jesús quiere levantarlo de algo más. La enfermedad y la invalidez pueden ser un signo de nuestro pecado, que no significa que tengamos que verlo como un castigo divino por nuestros pecados y Jesús quiere que el signo sea lo suficientemente significativo. Por eso sus primeras palabras serán ‘ten confianza, hijo, tus pecados están perdonados’. Ha venido para que tengamos vida y tengamos vida en abundancia; va a derramar su sangre en la cruz para establecer una nueva alianza para el perdón de nuestros pecados. Nos va dando señales ya.

No nos podemos quedar hundidos en nuestra parálisis ni tumbados sobre la camilla que sea signo de nuestra invalidez y nuestro pecado. ‘Ponte en pie…’ le dice. Ya no son necesarias esas muletas o esas camillas que sostengan nuestra invalidez porque para nosotros hay vida nueva. Tenemos que ponernos en pie y echarnos a andar porque se abren caminos nuevos delante de nosotros. Aquello que nos parecía imposible alcanzar ahora ya está a nuestra mano, pero no nos podemos quedar quietos, como si todavía estuviéramos paralizados.

Vete a tu casa, vuelve a tu vida, vete al encuentro con los tuyos y al encuentro con los demás, vete a ese mundo donde siguen habiendo tantos que viven paralizados para que seas un signo de que es posible un mundo nuevo, que también todos pueden levantarse y echarse a caminar. No dejes aquí tu camilla que ya no la necesitamos, ahora podemos caminar con la seguridad del hombre nuevo, del hombre libre, del hombre que se ha liberado de todas las ataduras posibles, que ya nada lo detiene.

‘Tus pecados están perdonados’. ¿Cuáles son las peores ataduras de nuestra vida? miremos desde nuestra experiencia aquellas pasiones que no nos han dejado ser nosotros mismos, miremos desde nuestra experiencia aquellas rutinas que nos hacían torpes en nuestro caminar, miremos desde nuestra experiencia aquellos orgullos o aquellos recelos que ponían trabas al verdadero entendimiento o nos endiosaban de tal manera que nos apartaban del encuentro verdadero con los demás, miremos desde nuestra experiencia ese egoísmo que nos volvía insolidarios con los otros porque solo nos hacía pensar en nosotros mismos, y así podemos seguir mirando muchas cosas en nuestra vida que necesitan esa liberación, ese romper ataduras, ese borrar tantas sombras que ennegrecían nuestra vida. ‘Tus pecados están perdonados’, nos dice también a nosotros Jesús.

Y aquel hombre se levantó de su camilla, como le decía Jesús, la tomó y la cargó sobre sus hombros y marchó a su casa. ¿Será acaso un signo del cargar con la cruz que Jesús nos pide para seguirle de verdad?

lunes, 7 de diciembre de 2020

El amor tiene que romper todas las barreras y prejuicios y hacernos creativos en nuestras iniciativas para hacer el bien

 


El amor tiene que romper todas las barreras y prejuicios y hacernos creativos en nuestras iniciativas para hacer el bien

 Isaías 35, 1-10; Sal 84; Lucas 5, 17-26

Yo siempre que puedo ayudo, por lo que está de mi parte si veo una necesidad pongo mi mano y ayudo. Expresión de una buena actitud que llevamos dentro que nos lleva a prestar servicios, a echar una mano, a poner de lo que tenemos cuando vemos una necesidad.

Ojalá esa actitud sea amplia y universal y todos actuemos de la misma manera, porque ya bien sabemos quien no es capaz de mover un dedo por su parte sino que cada uno se las arregle por sí mismo; pero también somos conscientes de que hay gente que no hace sino poner trabas a las ruedas en el camino y no solo ya no prestan el servicio, sino que por su parte son en cierto modo destructores de lo que hacen los demás. El que está con la crítica pronta, el que siempre pondrá pegas y dificultades o se escudará cómodamente en sus propias limitaciones, el que siempre anda culpabilizando y amedrentando con culpas a quien tiene un problema o una necesidad, o aquel que es negativo y siempre ve un imposible que superar. Podríamos poner muchos ejemplos de esas posturas negativas.

Hoy nos lo refleja el evangelio. En torno a Jesús hay mucha gente que ha venido de todas partes para escucharle, que le traen sus enfermos o vienen ellos mismos con sus necesidades. La puerta se convierte en un tapón para quien quiera entrar. Por allí anda también un grupo de fariseos y de escribas que en sus posturas negativas están siempre al acecho de lo que Jesús pudiera hacer, como sucede también en otras ocasiones. Por lo que parece hoy no se trata de un sábado como en otras ocasiones sino de un día normal.

A Jesús acude ahora un grupo que traen en una camilla a un imposibilitado, a un paralítico. Allí están los hombres buenos que se preocupan, que conocen al inválido y han oído hablar de Jesús, como ha curado a otros paralíticos como ha devuelto la vista a los cielos o el hacer que puedan oír y hablar muchos sordomudos, lo traen hasta Jesús. Pero se encuentran la primera barrera en los que llenan la casa hasta la puerta, como decíamos, produciendo un tapón que impide su entrada. ¿Cómo llegar hasta Jesús, porque ante El quieren ponerlo para que lo cure? Al amor no le faltan iniciativas. No importa que tengan que romper el tejado moviendo las tejas, o abrir un hueco por la terraza. Por allí descenderán al paralítico a los pies de Jesús.

Y ya hemos escuchado el actuar de Jesús que provocará otro nuevo rechazo, otra nueva barrera que se quiere interponer. ‘Tus pecados son perdonados’, le dice al paralítico que provocará la reacción de los fariseos y de los escribas. ‘Este hombre blasfema, ¿Quién puede perdonar pecados sino solo Dios?’ Son las barreras que interponemos en la vida incluso valiéndonos de lo que pudieran ser principios y valores buenos. Es cierto que el perdón de los pecados solo a Dios podemos atribuirlo, pero ¿no han sido capaces de descubrir el actuar de Dios en Jesús y en los milagros que realiza?

En una lógica elemental, como Jesús trata de hacérselos comprender, podrían entenderlo. Si Jesús puede dar la vida, si Jesús puede curar, es el actuar de Dios, el poder de Dios que se manifiesta. No es nuestro poder humano el que puede dar vida. Luego tenemos en verdad que reconocer quien es Jesús. Por eso Jesús le dirá al paralítico que tome su camilla y vuelva a su casa.

El mensaje del evangelio, es cierto, que está en ese reconocimiento que hemos de hacer de Jesús, pero en las entrelíneas del evangelio podemos descubrir y aprender más cosas. Es la actitud servicial de aquellos hombres capaces de romper barreras para llegar hasta Jesús. No nos quedemos paralizados ante la primera dificultad, como muchas veces nos pasa en la vida que vemos imposibles y dificultades por todas partes. Cuando se debilita la intensidad del amor nos paralizamos con facilidad y todo serán dificultades que no sabremos superar.

Pero hay algo más en lo que podemos fijarnos para que no nos suceda. No seamos nosotros la dificultad, no seamos nosotros los que ponemos el tapón, no seamos nosotros los que hagamos imposible en el hacer el bien, no quitemos nunca la ilusión ni la esperanza a nadie, no seamos barrera con nuestros juicios y prejuicios y con nuestras críticas, no seamos nunca de los que descalifiquemos a los que hacen el bien porque estemos queriendo ver intenciones ocultas o porque como no son de los nuestros tratemos de minusvalorar el bien que hacen los demás o impedírselo.

El amor tiene que romper todas esas barreras y prejuicios y hacernos creativos en nuestras iniciativas para hacer el bien.

 

lunes, 9 de diciembre de 2019

‘Toma la camilla’, llévatela contigo, no porque la vayas a necesitar de nuevo, es el recuerdo de lo vivido, de lo que ha sido tu vida, de la experiencia que te ha transformado


‘Toma la camilla’, llévatela contigo, no porque la vayas a necesitar de nuevo, es el recuerdo de lo vivido, de lo que ha sido tu vida, de la experiencia que te ha transformado

Isaías 35, 1-10; Sal 84; Lucas 5, 17-26
Esto lo quiero guardar como recuerdo. Vamos de viaje y nos traemos nuestros recuerdos. Vivimos un acontecimiento especial y queremos mantener el recuerdo de lo que entonces vivimos y nos guardamos cosas que nos lo recuerden. Hacemos fotografías de lugares que nos han gustado porque luego queremos de nuevo saborear la sensación que tuvimos cuando estuvimos en aquel lugar. Nuestra casa en ocasiones se nos llena de detalles de un regalo que recibimos, de una visita que hicimos, de cosas que nos traen a la memoria momentos vividos y que tuvieron un significado en nuestra vida.
¿Por qué me estoy haciendo estas consideraciones? Hay un detalle en el evangelio de hoy, que se repite en otros momentos, que nos puede pasar desapercibido pero que si nos detenemos un poco renglón a renglón del acontecimiento relato nos puede llamar la atención. ¿Por qué Jesús cuando curó al paralítico, le dice ‘levántate, toma la camilla y vete a tu casa’? Parecería que Jesús tiene el deseo de que se lleve la camilla. Claro, pensamos, tampoco la iba a dejar allí en medio con tanto jaleo de gente que había en la casa; parecería una razón normal, pero por tan natural no sería necesario que el evangelista lo pusiera con tanto detalle.
Ya conocemos todo el hecho. Un paralítico que unos hombres traen en una camilla con la que no pueden acceder hasta Jesús por la puerta porque hay mucha gente, y quitando algunas losetas del techo por allí lo descuelgan hasta los pies de Jesús. Como se fijará Jesús grande era la fe de aquellos hombres que se valen de lo que sea necesario para hacer llegar al paralítico hasta los pies de Jesús para que lo curara.
Pero ha sucedido algo más. La primera palabra de Jesús ante la llegada de aquel paralítico a sus pies es decirle ‘tus pecados están perdonados’. Aquello, como conocemos, arma un revuelo entre los presentes que no esperaban esa palabra de Jesús pero sobre todo de los escribas y fariseos que estaban allí al acecho. ‘Este hombre blasfema. ¿Quién puede perdonar pecados sino Dios?’  Pero Jesús no se arredra sino que mantiene su palabra, porque si tiene poder para curar a aquel hombre, como todos esperan, ese poder de dar vida solo le corresponde a Dios. Y si puede curar al paralítico eso será signo de la curación más profunda que Jesús quiere realizar en el hombre, el perdón de los pecados.
Allí está manifestándose la misericordia de Dios, que cura, es cierto, nuestras dolencias y enfermedades, que se muestra compasivo con nuestro sufrimiento cuando se ha hecho uno como nosotros y El probará también lo que es el sufrimiento con su pasión y muerte en la cruz, pero allí se está manifestando la misericordia de Dios que nos sana desde lo más hondo de nosotros, que ha venido para dar su vida, para derramar su sangre por nosotros, por todos, para el perdón de los pecados. Es la vida más hermosa que Jesús nos ofrece, es la gracia, es el regalo de vida de Dios para el hombre, para nosotros, para todos.
Aquel hombre ha pasado por una experiencia fuerte; fuerte y dolorosa ha sido su incapacidad, su invalidez. Nos conviene recordar nuestra debilidad, una debilidad de la que no siempre nos podemos liberar por nosotros mismos, sino que hemos de saber contar con otros. Aquel hombre ha tenido la experiencia de unos buenos hombres que le han ayudado, que le han llevado hasta Jesús. Pero ha sido también una experiencia mucho más honda la que ha vivido, no solo porque se ha visto liberado de si invalidez, de su debilidad, sino que ha sentido que la gracia de Dios le ha transformado; es el perdón que ha recibido que ha sido la curación mas honda porque eso sí que le ha hecho entrar en una vida nueva.
¿No será algo todo esto que no podrá olvidar nunca? ‘Vete y no peques más’, les dice Jesús en ocasiones a aquellos a los que cura. Recordemos nuestra debilidad en la que podemos volver a caer; recordemos la gracia que nos ha hecho renacer; recordemos también las mediaciones que ha habido en nuestra vida que nos han ayudado a encontrar nueva vida. ‘Toma la camilla’, llévatela contigo, no porque la vayas a necesitar de nuevo, sino como el recuerdo de lo vivido, el recuerdo de lo que ha sido tu vida, el recuerdo de la experiencia que te ha transformado.

viernes, 18 de enero de 2019

No nos quedemos a la vera del camino sino levantémonos de la camilla de nuestra comodidad para poner nuestro compromiso de amor como una rayo de luz y de esperanza en la vida


No nos quedemos a la vera del camino sino levantémonos de la camilla de nuestra comodidad para poner nuestro compromiso de amor como una rayo de luz y de esperanza en la vida

Hebreos 4,1-5.11; Sal 77; Marcos 2,1-12

En más de una ocasión habremos sido testigos de cómo una persona de buena voluntad ha ayudado a una persona mayor o a alguna persona con cierta discapacidad, por su ceguera, por su invalidez o dificultad para moverse con facilidad a subir o a bajar un escalón en la acera para cruzar la calle, o incluso le haya ayudado a cruzar a la acera de enfrente para sortear el peligro de los coches que van de un lado para otro. Quizás nos hemos quedado pensativos admirando la generosidad y la iniciativa de personas así, preguntándonos si nosotros también lo hubiéramos hecho.
Aunque hablamos muchas de la insensibilidad en la que tenemos el peligro de caer en nuestras correrías de la vida moderna, quedan buenos sentimientos en muchos corazones, y si hay nos encontramos con personas generosas dispuestas a echar una mano, en situaciones como las que mencionamos o en otras circunstancias entre vecinos que siempre están dispuestos a poner ese bonito grano de arena para hacer que nuestro mundo sea mejor y nosotros mismos sintamos que no somos tan malos, aunque sin caer en tontos orgullos.
Esas cosas no se hacen buscando ganancias ni intereses egoístas sino solamente desde ese buen corazón que llevamos en nuestro interior. no siempre los vemos pero muchos son los voluntarios que por su cuenta o participando en muchas instituciones o en muchas organizaciones de esas que llamamos ahora ONG’S o en movimientos de nuestros barrios o comunidades están dándole un sabor de mayor humanidad a nuestra sociedad. Tendríamos que aprender a reconocer esas cosas, aunque quienes las hacen no están buscando gratitudes ni diplomas, porque además así nos sintamos nosotros movidos a realizar esa bonita función social en el voluntariado.
Es lo que estamos viendo en el texto del evangelio que hoy se nos ofrece. Jesús había vuelto a Cafarnaún y allí en la casa estaba rodeado de mucha gente que venía a escucharle cuando llegan unos hombres portando en una camilla a un paralítico que quieren hacer llegar a los pies de Jesús. La gente se agolpaba a la puerta y les impiden el paso, pero ellos quieren llegar. Se atreven a subirse a la terraza para, quitando una tejas encima de donde estaba Jesús, por allí descolgar el paralítico para hacerlo llegar a los pies de Jesús.
Ya conocemos la reacción de Jesús, aunque también la reacción en cadena de aquellos que no  hacen nada pero siempre están observando todo para ver qué es lo que pueden criticar; cuantos así nos encontramos en la vida en nuestro entorno. Jesús se admira de la fe no solo del paralítico sino de aquellos que han hecho todo lo posible por traerlo hasta Jesús. ‘Perdonados están tus pecados’, le dice al paralítico lo que provoca la reacción de los escribas y fariseos que por ahí andan.
Ya nosotros entendemos bien el poder de Jesús y el signo grande que Jesús quiere que todo este episodio sea para nuestra vida. Jesús quiere liberarnos desde lo más hondo, y la liberación de una enfermedad o una discapacidad es la señal de ese hombre nuevo que Jesús quiere hacer de nosotros. No lo entenderán aquellos que andan con la mente cerrada en sus prejuicios o en su poca fe, aunque mucho quieran aparentar. Pero aquel hombre va a salir de la presencia de Jesús como un hombre nuevo, liberado de todas las peores ataduras que pudiera tener en su vida.
Tras aquel diálogo entre Jesús y quienes le escuchan y hasta la juzgan, aquel hombre tomará su camilla y saldrá de nuevo a la vida, volverá a los suyos, irá al encuentro de los demás con algo nuevo en su corazón.  Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Aquel hombre se puso en camino.
Levantarnos de la postración de nuestra camilla y ponernos en camino. Cuántas veces tenemos que saber hacerlo en la vida, aunque luego sabemos que podemos quizá volver a tropezar, o que en el camino nos vamos a encontrar otras camillas, otras personas a las que como a aquellos buenos voluntarios nosotros también tenemos que ayudar a levantarse, ayudarles a ir al encuentro con Jesús, ayudarles a que se liberen de esas camillas o de esas limitaciones que tenemos tantas en la vida y que nos impiden caminar con dignidad.
Esta puede ser la invitación que nos esté haciendo Jesús hoy; éste puede ser el camino que nosotros tenemos que aprender a recorrer, no solos y por nuestra cuenta, sino sabiendo descubrir a esas personas a las que podemos ayudar, o a esas personas con las que podemos contar para tantos nuevos proyectos de vida que tendríamos que realizar. No podemos quedarnos en la acera, a la vera del camino contemplando a esos buenos voluntarios que tanto bueno hacen, sino que nosotros tenemos que despertar y levantarnos de esa camilla de nuestra comodidad o de nuestra insensibilidad para poner una rayo de luz y de esperanza en la vida con nuestro compromiso de amor.

viernes, 12 de enero de 2018

Sepamos abrir las rendijas cerradas por el pecado de nuestro corazón para recibir el perdón que Jesús nos ofrece con el que nos sana y nos llena de paz

Sepamos abrir las rendijas cerradas por el pecado de nuestro corazón para recibir el perdón que Jesús nos ofrece con el que nos sana y nos llena de paz

1Samuel (8,4-7.10-22a); Sal 88; Marcos 2,1-12

El anuncio que Jesús ha comenzado a hacer es que llega el Reino de Dios. Hay que aceptarlo, creer en El y tener deseos de darle la vuelta a la vida para aceptarlo y vivirlo. Es la invitación a la conversión con la que ha comenzado su predicación.
Como signos de la llegada del Reino de Dios va realizando los milagros, en las curaciones de los enfermos e impedidos, como signo y señal de esa transformación que El quiere realizar en nuestras vidas y en nuestros corazones. Cura a los enfermos, hace caminar a los impedidos, limpia a los leprosos y también le hemos contemplado expulsando los malos espíritus que se han poseído del corazón de tantos. Es la señal de la victoria sobre el mal.
Pero no son solo esos males que podríamos llamar físicos o corporales de los que Jesús nos libera. Es algo más profundo lo que quiere realizar. Ya la en la expulsión del demonio, del espíritu inmundo que poseía a aquel hombre de la sinagoga, contemplamos esa señal. Pero Jesús quiere decirnos algo más. Quiere arrancar desde lo más hondo ese mal que se apodera del corazón del hombre que significa una ruptura interior, una ruptura con los demás, pero fundamentalmente una ruptura con Dios. Es el pecado el que quiere arrancar de nuestro corazón y para eso nos ofrece su perdón.
Nos lo expresa claramente en el episodio que nos narra hoy el evangelio. Es algo que algunas veces nos cuesta, por una parte entender y por otra aceptar en nuestra vida. No terminamos de reconocer la limitación tan terrible que produce el pecado en nosotros. Es todo un signo la parálisis de este hombre que llevan a Jesús y al que Jesús no solo sana de la limitación de sus miembros que le impiden caminar, sino también de la limitación – vamos a llamarla así – que hay en el alma, su pecado.
Cuantas veces nos encerramos en nuestro pecado – que quizá incluso ni queremos reconocer – y hasta nos cuesta llegar a Jesús. Pensemos por ejemplo en lo que motiva la mayoría de las veces nuestras oraciones; pedimos a Dios que nos ayude, que nos auxilie en nuestras necesidades, pedimos quizás por los demás y nos acordamos de quienes queremos, o incluso abrimos más nuestros horizontes para pedir por nuestro mundo, por la paz, por los que pasan necesidad, pero te pregunta ¿qué lugar ocupa en tu oración, yo me digo en mi oración, el pedirle perdón a Dios por nuestros pecados? Quizá se quede reducido a que en la misa comenzamos siempre reconociendo que somos pecadores, o ritualmente en aquellas oraciones en que invocamos al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Al paralítico hubo unas personas que le ayudaron a llegar hasta Jesús. La dificultad de llevarlo en una camilla se vio aumentada con la gente que se agolpaba junto a la puerta e impedía su entrada. Cosas a pensar significativamente para nuestra vida. Ayudarnos unos a otros o ser obstáculo para que otros puedan llegar hasta Jesús. Mucho tendríamos que preguntarnos en este sentido. Pero quienes querían ayudar a aquel hombre sortearon todos los obstáculos hasta abrir un boquete en el techo por donde hacerlo llegar hasta Jesús. Sepamos abrir rendijas de nuestra alma, sepamos disponer de espacios para que otros puedan encontrarse también con Jesús a través de las actitudes positivas que tengamos en la vida.
‘Tus pecados quedan perdonados… levántate toma tu camilla y anda’, son las palabras de Jesús, a las que algunos les cuesta aceptar. Bueno, esto nos daría para más amplias reflexiones. Aceptemos que Jesús nos cura y nos salva.  Aceptemos el perdón y la vida de gracia que Jesús nos ofrece. No seamos como aquellos fariseos que estaban por allí al acecho de Jesús, sintamos la alegría del perdón, del perdón que Dios nos ofrece por lo que tenemos que darle gracias y del perdón que llega de parte de Dios a los demás.
Alegrémonos de esa paz de Dios que puede llegar a todos los corazones. Levantémonos para ir al encuentro de los demás con la Buena Noticia del perdón de Dios que nos llega por Jesús y que dará la verdadera paz a nuestros corazones.