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domingo, 24 de diciembre de 2017

No olvidemos en la celebración de la próxima navidad el misterio que en verdad celebramos y que tiene que ser la raíz y razón de toda nuestra fiesta

No olvidemos en la celebración de la próxima navidad el misterio que en verdad celebramos y que tiene que ser la raíz y razón de toda nuestra fiesta

2Samuel 7,1-5.8b-12.14a.16; Sal 88; Romanos 16, 25-27; Lucas 1, 26-38

‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios’. Ahí se revela el misterio a María en respuesta a sus preguntas. Ahí se nos revela el misterio que vamos a celebrar.
María se sintió sorprendida con la visita del ángel y sus palabras y sus anuncios. Ella era una mujer bueno, de una gran fe que ponía toda su confianza en el Señor, que alentaba en su corazón continuamente la esperanza de la venida del Mesías, pero se consideraba una mujer pequeña que vivía perdida en una de aquellas aldeas insignificantes de Galilea que nunca había tenido nombre. Lo que ahora escucha le sorprende y la deja anonadada pensando en que significado tenían aquellas palabras. Por eso cuando se le anuncia que va a tener un hijo que será grande y se llamará el Hijo del Altísimo no comprende y pregunta. Pero las palabras del ángel vendrán a corroborar todo lo dicho y le van a revelar el misterio, ante el que ella, disponible como estaba siempre para Dios, no sabe decir otra cosa que sí, que se cumpla la palabra y la voluntad del Señor.
Se le revela el misterio y se nos revela también a nosotros para que comprendamos bien lo que vamos a celebrar. No es cualquier cosa. No son simplemente unas fiestas donde nos deseamos los unos a los otros todo lo bueno del mundo. No son simplemente unos encuentros familiares o de los amigos. No es simplemente que digamos palabras bonitas y todos hablemos de paz y de amor, de alegría y de felicidad. Tenemos que ahondar en lo que está en la raíz de todo eso y que tiene que ser el verdadero motivo que muchas veces olvidamos o dejamos a un lado.
Es la visita de Dios a su pueblo. Es el Hijo de Dios que se encarna en María. Es el Espíritu Santo que está actuando en María y quiere también actuar en nosotros y en nuestro mundo. No es cualquier cosa. Es el misterio de Dios que se hace hombre, que se hace Emmanuel para ser Dios con nosotros. Es el misterio más grande porque es la encarnación de Dios en el seno de María por obra del Espíritu Santo y lo que va a nacer se llamará, es el Hijo de Dios hecho hombre. No lo podemos olvidar; no lo podemos poner en segundo plano.
Porque creemos en Jesús, el Hijo de Dios y nuestro Salvador y Redentor creemos que es posible todo eso bueno que ahora nos deseamos. Es que en el nacimiento del Hijo de Dios está la raíz de todo, porque ahí está nuestra salvación. Y nos olvidamos de la salvación, de que hemos sido redimidos para alcanzar el perdón de los pecados y de que con esa salvación que nos trae Jesús es por lo que es posible esa paz y ese amor, y ese mundo nuevo y mejor, y esa alegría y esa felicidad.
No es la alegría que podamos alimentar con unos sustitutivos, con unas copas que nos tomemos o una opípara comida que compartamos. Muchas veces parece que eso es lo único que nos da alegría, pero nos quedaríamos en una alegría superficial, caduca, que pronto se acaba cuando volvemos a la rutina de todos los días. Pobre sería una navidad así y es lo que muchos hacemos cuando no pensamos en lo que tiene que ser de verdad la raíz de todo.
No podemos vivir la Navidad de cualquier manera sin que deje huella en nosotros. Si la vivimos de una forma superficial, aunque hagamos mucha fiesta y nos intercambiemos muchos regalos, pasará la navidad y todos aquellos buenos deseos se quedarán en eso, en unos buenos deseos. Y eso  no es celebrar la Navidad. Le damos mucha importancia a todos los preparativos para la fiesta, pero nos olvidamos de lo que tiene que ser la razón verdadera de la fiesta que es el nacimiento del Señor.
Pensemos en toda la importancia que le damos a la cena familiar – y por supuesto no podemos negar que eso es bueno, pero  no es lo único que tendríamos que hacer - y la poca importancia que le damos a la celebración del nacimiento del Señor en la Eucaristía de esa noche, que es donde estamos celebrando en verdad el misterio de nuestra salvación. Nuestras iglesias se están quedando vacías en la nochebuena e incluso en algunos lugares está desapareciendo la Misa de esa noche porque los cristianos que tanto celebran la navidad ya no participan en ella.
Dicen que son los tiempos nuevos, pero ¿no tendríamos que decir que hay algo que nos está fallando en nuestra fe cuando no queremos celebrar nuestra fe en el modo más sublime que tenemos los cristianos de hacerlo que es en la Eucaristía? Claro, dicen, después de lo que se ha comido y se ha bebido cómo vamos a ir a Misa, mejor es seguir con la fiesta. Qué lástima que toda nuestra fiesta se quede en eso. Tengo que decirlo porque es lo que en verdad siento.

sábado, 23 de diciembre de 2017

El nacimiento de Juan es también un signo para nosotros para que no nos distraigamos con cosas superfluas y abramos las puertas a Dios que viene a visitar a su pueblo en esta Navidad

El nacimiento de Juan es también un signo para nosotros para que no nos distraigamos con cosas superfluas y abramos las puertas a Dios que viene a visitar a su pueblo en esta Navidad

Malaquías 3,1-4.23-24; Sal 24; Lucas 1, 57-66

‘¿Qué va a ser de este niño?’ se preguntan las gentes de la Montaña ante el nacimiento de Juan y todo lo sucedido en su entorno. Sus padres eran mayores y de todos era conocida la esterilidad de Isabel, que ahora aparece embarazada. Algo había sucedido en el templo, porque desde el regreso de Zacarías después de cumplir su turno no había podido articular palabra. Ahora en el momento de la circuncisión y de la imposición del nombre quieren que se llame como Zacarías, su padre, pero la madre insiste en que se ha de llamar Juan y es el nombre que el padre escribe en una tablilla cuando le preguntan. Pero lo más sorprendente es que de nuevo ha recobrado el habla y prorrumpe en un cántico de alabanza y bendición a Dios que ellos no terminan de entender. ‘¿Qué va a ser de este niño?’, se preguntaban porque era palpable que ‘la mano de Dios estaba sobre él’.
‘La mano de Dios estaba sobre él’. El ángel le había anunciado a Zacarías el nacimiento de un hijo que iba a ser un signo muy importante para la llegada del Mesías. Ahora Zacarías le llamará ‘profeta del Altísimo, porque irá delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados’. Era lo anunciado por el profeta. Vendría alguien con el espíritu y el poder de Elías para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.
Dios visitaba a su pueblo. La misericordia de Dios se derramaba sobre su pueblo y sobre todos los hombres porque llegaban días de salvación. Era el cumplimiento de la Alianza que ahora se iba a establecer de una manera más definitiva y eterna. Y Juan había de preparar esos caminos. Será la voz que gritará en el desierto invitando a la conversión para hacerse digno de la salvación, aunque él diría que no se consideraba digno ni de desatarle la correa de la sandalia del que iba a venir. Todo aquello que ahora está sucediendo en torno al nacimiento de aquel niño era ya un signo de la salvación que llegaba.
Y nosotros, ahora, en las vísperas ya de la celebración de la Navidad recordamos y contemplamos el nacimiento de Juan que ha de ser signo también para nosotros de la salvación que llega. Como Juan, ya desde su nacimiento, fue voz que anunciaba al Mesías y Salvador para cumplimiento de las promesas, ‘todo lo predicho desde antiguo por la boca de los santos profetas’ ahora nosotros hemos de estar atentos a las señales de la llegada del Salvador a nuestra vida.
Atentos porque quizá hemos rodeado a nuestra navidad de muchas cosas superfluas y que nos distraen y pase la Navidad, entre muchas alegrías, muchas fiestas y muchos jolgorios, y no seamos capaces de darnos cuenta de cómo Dios quiere ahora también visitar a su pueblo. Celebrar la Navidad de verdad tendría que hacernos conscientes de esa visita de Dios a nuestra vida con su salvación. Claro que hemos de ser conscientes de que necesitamos de esa salvación, pues nos pudiera suceder que creyéramos que no la necesitamos.
Abramos las puertas para recibir al Señor que viene. Como escucharemos en Belén algunas puertas se cerraron y no había sitio para ellos, como nos dice el evangelio. No dejemos pasar de largo esta oportunidad de salvación y vida nueva. Cuidemos de celebrar Navidad de verdad con Jesús. Que haya sitio en nuestro corazón, en nuestro hogar, en nuestro mundo. Nuestra manera de celebrar la Navidad ha de convertirnos en signos y profetas en medio del mundo hoy.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Hoy nosotros queremos hacer nuestro el cántico de María porque sentimos que Dios llega a nosotros y cómo se derrama la misericordia de Dios sobre nuestro mundo

Hoy nosotros queremos hacer nuestro el cántico de María porque sentimos que Dios llega a nosotros y cómo se derrama la misericordia de Dios sobre nuestro mundo

1 Samuel 1,24-28; Sal: 1S 2,1.45.6-7.8; Lucas 1,46-56
Es de ser de bien nacidos ser agradecidos. Algo así se suele decir. Cuando recibimos algo de alguien es normal que digamos gracias; cuando nos damos cuenta que no merecemos tales regalos o beneficios, nuestro corazón se llena de agradecimiento y no siempre encontramos las palabras adecuadas para manifestarlo. De cuántas cosas en la vida tenemos que dar gracias; cuánto recibimos de los demás aunque casi no nos demos cuenta; no sabemos ser en ocasiones lo suficientemente agradecidos por lo que recibimos. Se manifiesta así la nobleza de nuestro espíritu.
¿Cómo no iba a cantar María un cántico de acción de gracias al Poderoso que había hecho maravillas en ella, la que se consideraba la más pequeña y la más humildes de las siervas del Señor? El Señor había hecho en ella cosas grandes, por eso siente que su espíritu se hace grande para cantar con toda la fuerza de su amor al Señor. Pequeña y humilde sabe reconocer los dones del Señor y su corazón se llena de alegría, una alegría que nada ni nadie le podrá arrebatar porque quien se siente mirado por el amor del Señor no podrá hacer otra cosa que cantar para alabar a Dios, pero cantar para contagiar de su alegría a cuantos la rodean.
Así se había contagiado Isabel con su presencia y todo eran alabanzas, pero ahora es María la que prorrumpe en el más hermoso cántico que reconoce la misericordia del Señor. Ha llegado la hora del cumplimiento de las promesas y la descendencia de Abrahán y la humanidad toda se podrá sentir envuelta para siempre de la misericordia del Señor. ‘Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación’, y sentiremos para siempre el auxilio del Señor que tantas veces habíamos invocado.
Ha llegado la hora y un mundo nuevo va a comenzar. Todo se va a transformar con la presencia de Señor que hará dichosos con su misericordia a todos los hombres a pesar de sus sufrimientos y de su pobreza. Todo ha de cambiar, llega el Reino de Dios. Unos valores nuevos han de imponerse por la fuerza del espíritu y del amor para hacer que los hombres sean distintos. No prevalecerán los poderosos ni los que se crean afortunados en sus riquezas porque el amor nos hará entrar en una orbita nueva de paz, de justicia, de amor; la solidaridad y el compartir van a ser norma y estilo del nuevo vivir, la soberbia desaparecerá y los que son pequeños y viven con humildad serán los que van a ser exaltados. Un estilo nuevo de servicio y de generosidad habrá de imponerse en las relaciones entre todos. Así se manifiesta la misericordia del Señor siendo la misericordia y la compasión un nuevo estilo de sentir y de vivir.
María canta agradecida al Señor porque le ha permitido entrar a forma parte de ese camino nuevo cuando ha abierto su corazón a Dios para que Dios en su seno se encarnara y pudiera ser ya para siempre Emmanuel, Dios con nosotros, Dios en medio de nosotros, Dios haciendo nuestro mismo camino pero enseñándonos a seguir sus pasos.
Hoy nosotros, en estas vísperas de la Navidad queremos hacer nuestro ese cántico de María. Sentimos que Dios llega a nosotros y con nosotros también quiere contar. Sentimos cómo se derrama la misericordia de Dios sobre nosotros para quienes nos trae el perdón, y en los que quiere derramar todo su amor. Tenemos que cantar también agradecidos a Dios si en esta navidad ciertamente sentimos que todo ha de cambiar, que un mundo nuevo se tiene que vislumbrar. Haremos que sea verdadera Navidad porque sintamos ciertamente ese amor y esa misericordia que nos inunda y quiere a través nuestro inundar nuestro mundo.
Dispongámonos a celebrar de una manera auténtica nuestra navidad y no nos quedemos en superficialidades ni en luces parpadeantes de un día. Que la luz que Jesús nos trae en Belén sea una luz que ilumine nuestro mundo para siempre. 

jueves, 21 de diciembre de 2017

Que la fe de María nos ayude a vivir el amor de una autentica navidad yendo de verdad al encuentro de los demás

Que la fe de María nos ayude a vivir el amor de una autentica navidad yendo de verdad al encuentro de los demás

Cantar de los Cantares 2,8-14; Sal 32; Lucas 1,39-45

‘Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá’. Fue la alabanza de Isabel a María. Había venido desde la lejana Galilea al enterarse que su prima esperaba un hijo. Todo fueron parabienes y alegría a la llegada a la casa de Zacarías e Isabel en la Montaña. La sorpresa de un visita inesperada, la llegada de una ayuda en momentos importantes en la vida de aquella familia de ancianos en una cercana maternidad, pero era algo más grande lo que sentía en su corazón Isabel. Quien llegaba a ella no era solamente la prima que venia de la lejana Galilea sino que allí ella estaba reconociendo a la madre de Dios.
‘¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?’ En cuanto el saludo llegó a sus oídos con la presencia de María todo fueron saltos de alegría. Alegría de Isabel por la llegada de María, pero la alegría se sentía también en su seno donde la criatura daba saltos de alegría. Isabel se llenó del Espíritu Santo, por eso podía reconocer lo que también sucedía en María; era la madre de su Señor porque María portaba ya en su seno al Hijo del Altísimo.
E Isabel alaba la fe de María. ‘¡Dichosa!’, le dice. María había creído en el Misterio que se desarrollaba en ella. Dichosa se sentía Isabel por poder participar también de aquella misma fe y de aquella misma alegría, porque era la alegría para todo el mundo.
Es importante la fe en estos momentos. Tenemos que testimoniarla. Y no podemos perder de vista la fe en estas celebraciones que vivimos en estos días; no podemos perder de vista el misterio que celebramos. Muchos lo olvidan, tratan incluso de disimularlo, transforman estas fiestas que tienen su razón de ser en el nacimiento del Hijo de Dios en Belén en otra cosa. Algunos se refugian tras muchos artilugios que disimulen u oculten la navidad cuando en estos días se cruzan felicitaciones. Hoy mismo ha aparecido la noticia de quien felicita la navidad y en las imágenes del video que ha hecho público en lugar de aparecer el signo de la navidad, simplemente ha puesto una plantita. ¿Qué es lo que está ese personaje felicitando?
Nos decimos muchas cosas hermosas estos días, deseamos la paz y la felicidad y no sé cuantas cosas más. Es cierto que tenemos que desear la paz y que todos seamos felices, pero eso todos los días del año, no solo en estas fechas. Quizá haya mucha solidaridad estos días y repartimos abrazos, compartimos con los que no tienen, nos acordamos de los que no están, hacemos muchos encuentros familiares, pero a alguien le escuchaba preguntarse que quedará de todo eso después del seis de enero. ¿Al día siguiente ya no nos deseamos la paz, nos olvidamos de ser solidarios, no nos acordamos de los que no tienen donde cobijarse o qué comer, ya no necesitamos de ese calor familiar?
Todo eso, es cierto son valores muy importantes y son valores que nos enseña Jesús en el evangelio. Pero ¿qué lugar está ocupando Jesús de verdad en nuestra vida en estos días que celebramos navidad y en todos esos buenos deseos? No nos suceda que queramos hacer todas esas cosas sin Jesús.
Por eso decía que es importante que tengamos en cuenta nuestra fe en todo esto que celebramos estos días. No olvidemos que celebramos que Dios viene a nosotros, quiere ser nuestro Emmanuel, y en El es donde podremos encontrar todo el sentido y toda la fuerza que necesitamos para construir esa paz, para vivir una autentica solidaridad, para que los lazos familiares se anuden fuertemente y no se vuelvan a romper. Que sea en verdad Jesús el centro de toda nuestra vida, de todo lo que hacemos, y de nuestras celebraciones de Navidad para que haya una verdadera Navidad.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Aprendamos de María lo que es la prontitud y la generosidad del amor y de quien sabe ponerse siempre en las manos de Dios

Aprendamos de María lo que es la prontitud y la generosidad del amor y de quien sabe ponerse siempre en las manos de Dios

Isaías 7,10-14; Sal 23; Lucas 1,26-38

‘María se turbó ante las palabras del ángel y se preguntaba el sentido de aquel saludo’. No era para menos. Nos sucede también a nosotros. Un encuentro inesperado, unas palabras amables y laudatorias de alguien que no esperábamos y que no creemos merecer, alguien a quien no conocemos pero que sin nosotros esperarlo tiene un detalle con nosotros… cosas nos suceden así en ocasiones que nos dejan descolocados, sin saber qué hacer o qué decir, asoma quizá el rubor a nuestras mejillas, en nuestro interior nos sentimos como desazonados y con inquietud y preguntas sin responder.
María estaba en su hogar de Nazaret, en medio de sus quehaceres o un momento de paz y de reflexión cuando siente una presencia celestial junto a ella. A su corazón van llegando aquellas palabras de saludo que van mucho más allá de lo que era el saludo habitual. La llama la agraciada del Señor porque Dios está con ella. Solían expresarse en el saludo palabras de buenos deseos y sentimientos hacia la persona saludada que crecían en afecto según fuera la relación entre los que se encontraban. Pero aquí había afirmaciones grandes, ‘llena de gracia, el Señor está contigo’. Surge la turbación en el espíritu de María y claro ‘se preguntaba qué saludo era aquel’.
Aunque se siente turbada ante tal saludo y tales palabras la paz del corazón no la abandona. Ella siempre se ha puesto en las manos del Señor. ‘No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios’ le sigue diciendo el ángel. El Señor ha vuelto su rostro sobre ella para llenarla de bendiciones; algo más, el Señor se ha fijado en ella porque para ella tiene una misión. ‘Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin’. 
Le es difícil comprender todo el sentido de aquellas palabras o quizá siente que es algo más grande de lo que pudiera esperar o soñar. Como cuando nos confían una misión importante para la que no nos sentimos capaces. ¿Por qué yo? ¿por qué me han escogido a mí, si yo soy tan poca cosa? Soy incapaz de asumir esa responsabilidad. Sentimos quizá miedo por nuestras inseguridades o porque no nos sentimos capaces. Tratamos acaso de rehuir aquella responsabilidad y nos hacemos y hacemos muchas preguntas a quien nos quiere confiar ese encargo.
María se siente pequeña, ahora se pregunta como será eso porque ella quizá tiene otros planes. Cuesta muchas veces descubrir y aceptar lo que es la voluntad de Dios, lo que Dios quiere de nosotros, lo que nos pide. Por eso las preguntas de María, como las preguntas de cualquiera de nosotros. Pero en ella hay otra disponibilidad, hay otra generosidad en su corazón, se ha confiado plenamente a Dios y está dispuesta a aceptar lo que Dios le pida porque ella se siente así pequeña en las manos de Dios, es su esclava para lo que Dios quiera de ella. ‘Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mi según tu palabra’.
‘Hágase’, decir sí, nos cuesta, nos lo pensamos antes de tomar una decisión cuando el futuro de nuestra vida depende de esa decisión, o se pueda implicar a otras personas, a los nuestros en la realización de esos nuevos compromisos, cuando quizá nuestra vida se puede complicar a partir de ese momento; queremos estar seguros, buscamos certezas y seguridades. Es normal. Pero ahí está la prontitud de María, la que se había puesto totalmente en las manos de Dios. Más tarde incluso le dirán que como consecuencia una espada va a atravesar su alma en un anuncio de calvario. Pero ella está en las manos de Dios, se siente a humilde esclava del Señor.
El sí de María fue decisivo y trascendental en la obra de nuestra salvación. Gracias tenemos que darle a Dios por esa generosidad de María que además nos sirve de ejemplo para tantas cosas de nuestra vida como lo son siempre las madres. Pero con la trayectoria de María en aquel momento de Nazaret hemos ido queriendo ponernos a su lado con cosas que a nosotros nos suceden. Es que tenemos que aprender de María, es que hemos de saber ponernos como ella en las manos de Dios, en que tenemos que aprender lo que es la prontitud y la generosidad del amor.

martes, 19 de diciembre de 2017

Abramos nuestro corazón a Dios, a su Palabra, a su revelación, a su presencia, a su amor porque a pesar de las turbulencias que nos hacen dudar se sigue haciendo presente en nosotros

Abramos nuestro corazón a Dios, a su Palabra, a su revelación, a su presencia, a su amor porque a pesar de las turbulencias que nos hacen dudar se sigue haciendo presente en nosotros

Jueces 13, 2-7. 24-25; Sal 70; Lucas 1, 5-25

‘Para Dios nada hay imposible’, le dirá el ángel a María cuando le anuncie a ella también lo que le está sucediendo a su prima Isabel. Los misterios de Dios, los caminos de Dios, las maravillas que Dios quiere hacer en nosotros. Necesitamos fe para descubrirlos, para decir sí, para aceptar el plan de Dios, para que así se realicen también en nosotros maravillas.
El evangelista nos da detalles. Zacarías e Isabel no tenían hijos; Isabel era estéril y ambos eran ya de edad avanzada. Para Dios nada es imposible. Y allí está el ángel que viene de parte del Señor. La oración de aquellos ancianos ha sido escuchada. Han encontrado gracia ante Dios. Y dentro del plan de salvación de Dios iban a ocupar un lugar, el hijo que nacería en la ancianidad de aquel matrimonio iba a tener un lugar importante.
Grande va a ser la alegría de aquellos ancianos, pero que será alegría para todo el pueblo. Mas tarde nos dirá el evangelista que cuando corrió la noticia por la Montaña primero del embarazo de Isabel y luego del nacimiento del niño todos se llenarán de inmensa alegría y darán gloria al Señor.
Pero allí está la fe de Zacarías a pesar de sus dudas. Todos tenemos dudas en la vida muchas veces; en ocasiones parece que se tambalea nuestra fe cuando los tiempos se nos ponen difíciles, cuando no vemos realizados nuestros sueños, cuando parece que no somos atendidos, cuando creemos que ni Dios nos escucha en nuestras peticiones. Pero como bien nos enseñará Jesús en el evangelio hemos de ser perseverantes en nuestra oración; perseverantes pero con confianza, con la confianza de los hijos que saben que Dios es su Padre que los ama. No nos faltará nunca el amor del Señor.
Zacarías tendrá que pasar por otra dolorosa prueba por no haber dado fe a las palabras del ángel. No podrá expresarse. Son cosas muy grandes las que les han sucedido. Nos quedamos mudos de admiración en muchas ocasiones y no sabemos como manifestar con palabras aquello maravilloso que nos ha sucedido.
Pero en nuestro corazón hemos de saber ser agradecidos, sentir lo que es la maravilla de lo que el Señor realiza en nuestra vida, de aquellas cosas de las que podemos ser partícipes también de lo bueno que realizan los demás y de lo que nos vemos beneficiados. Ojos de fe, ojos de creyente, ojos para saber admirar lo bueno, venga de donde venga, ojos atentos para ver lo bueno de los demás, ojos agradecidos por la riqueza que recibimos de los otros.
Nos hacemos esta reflexión en estos últimos pasos que estamos dando ya en nuestra preparación para la celebración del nacimiento del Señor. Queremos recibir a Dios en nuestra vida, que eso viene a significar la vivencia que hacemos de la navidad. No es solo un recuerdo, que también es y se vuelve acción de gracias. Queremos hacerlo con toda intensidad y por eso cantaremos la gloria del Señor.
Pero es saber descubrir cómo el Señor sigue llegando a nuestra vida. Necesitamos ojos de fe, aunque por las turbulencias de la vida algunas veces nos llenemos de duda. Dios sigue manifestándose, haciéndose presente en nuestro camino, viene a nuestro encuentro a través de tantas cosas. Abramos nuestro corazón a Dios, a su Palabra, a su revelación, a su presencia, a su amor. No lo olvidemos, ‘para Dios nada hay imposible’. Sepamos descubrir las maravillas del Señor.

lunes, 18 de diciembre de 2017

Aprendamos a reaccionar con una actitud creyente ante las incertidumbres de la vida, ante las dudas que se nos presentan y que nos inquietan angustian


Aprendamos a reaccionar con una actitud creyente ante las incertidumbres de la vida, ante las dudas que se nos presentan y que nos inquietan angustian

Jeremías 23,5-8; Sal 71; Mateo 1,18-24
Un hombre justo pero un hombre de fe. Así tenemos que decir de san José, cuya figura se nos presenta hoy en el evangelio ya en la cercanía del nacimiento de Jesús. José dudaba, había cosas que no comprendía y se convertían como en un misterio en su corazón que al mismo tiempo por la duda se llenaba de dolor.
Nos sucede también a nosotros. En la vida en ocasiones se nos presentan hechos o acontecimientos que un poco nos descolocan en el camino que estamos siguiendo en la vida; cosas imprevisibles a las que nos cuesta dar respuesta. Nos angustiamos ante el futuro que se nos presenta, sufrimos en nuestro interior en nuestro desconcierto, nos vemos desorientados porque la duda nos llena de sospechas, nos duelen cosas que suceden a personas cercanas a nosotros en que también nos vemos implicados, no lo esperábamos.
Sentimos la tentación de tirar la toalla, como suele decirse, romper con todo para olvidar lo que nos sucede, sentimos desesperación en nuestra impotencia, nos hacemos preguntas en nuestro interior para las que no encontramos respuesta. Alguna vez en la vida pasamos por situaciones así o somos testigos de cómo eso le puede pasar a personas que están a nuestro lado. ¿Qué hacer?
Nos estamos mirando en esas situaciones por las que podemos pasar y lo hacemos partiendo de la duda por la que vemos en el evangelio que esta pasando José. Estaba desposado con María  ‘y antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo’. Era lo que no comprendía José, y podemos imaginar todo el dolor humano que rompería su corazón, todo lo que veníamos reflexionando de lo que sucede en nuestro interior ante las dudas e incertidumbres que se nos presentan en la vida que igual sucedía en el corazón de José.
Pero ya nos dice el evangelista que José era un hombre justo. Una hermosa alabanza que nos habla de la madurez humana de aquel hombre. El evangelio es muy escueto para hablarnos de José, pero cada vez que lo hace es para hablarnos de los problemas que se le iban presentando, pero también de cómo iba afrontándolos. Era un hombre justo que no quería hacer daño, aunque sufriera mucho por dentro. Ya sabemos como suelen ser nuestras reacciones tantas veces.
Pero José era un hombre abierto a Dios, un verdadero creyente para saber escuchar en su corazón lo que Dios quería manifestarle y lo que le iba pidiendo. Era importante el lugar de José en la historia de la salvación. Importante fue el Sí de María en Nazaret ante el anuncio del ángel, pero estamos bien qué importante es este Sí de José ante todo lo que está sucediendo donde él sabe descubrir los designios de Dios.
El evangelio nos habla con el lenguaje de la Escritura y de su tiempo para decirnos como Dios se le manifiesta en sueños. Imaginemos nosotros como queramos la forma, pero él ha sentido la voz de Dios en su corazón. Un ángel, nos dice el evangelista, se le manifestó en sueño para explicarle el sentido de todo. Lo que sucede en María es obra de Dios, es obra del Espíritu divino. El debe aceptar aquel misterio divino que se está realizando ante sus ojos porque de allí nos viene la salvación. ‘La criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados’.
Y nos recuerda el evangelista, lo recuerda José lo anunciado en la Escritura, ‘lo que había dicho el Señor por el Profeta: Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa Dios-con-nosotros’. Y José, el hombre justo y el hombre de fe, dice Sí.
¿No tendríamos nosotros también ante la incertidumbre de lo que se nos presenta en la vida, ante esas preguntas sin respuesta que sentimos tantas veces, ante esas dudas que se nos presentan y que nos inquietan y hasta angustian, tratar de responder desde una actitud creyente? ¿Somos en verdad esas personas de fe que intentan descifrar la voz de Dios en los acontecimientos que nos suceden?

domingo, 17 de diciembre de 2017

El mundo, la sociedad entera que está ahí a nuestro alrededor, está esperando una respuesta con sentido que dé razón de nuestra fe y de nuestra esperanza cuando celebramos navidad

El mundo, la sociedad entera que está ahí a nuestro alrededor, está esperando una respuesta con sentido que dé razón de nuestra fe y de nuestra esperanza cuando celebramos navidad

Is. 61, 1-2a. 10-11; Sa.: Lc 1, 46-54; 1s, 5, 16-24; Jn 1, 6-8. 19-28
Sea cual sea la situación en la que vivamos pero sobre todo cuando las cosas no nos son fáciles, hay momentos de tensión y preocupación por lo que nos está pasando, los problemas van produciendo en nosotros una crisis interior que nos desasosiega y nos hace sufrir porque quizá vemos que lo que nos está pasando puede estar afectando a los seres que amamos o a los que nos rodean, si tenemos alguna expectativa de que todo eso puede cambiar, que podremos encontrar momentos de luz frente a esas turbulencias que soportamos en la vida, esas mismas expectativas crean en nosotros esperanza y eso de alguna manera parece que nos hace renacer de nuestras cenizas y deseando que llegue ese momento parece que hay como una nueva alegría en el corazón.
Pero ¿vemos expectativas de un mundo mejor? ¿de verdad estamos esperando algo? Si no hay verdadera esperanza en nosotros de que eso puede cambiar podríamos tener muchas reacciones bastante negativas. Una fácil pudiera ser quizá dejarnos llevar por la corriente, por lo que sucede o por lo que vemos que otros hacen, pero realmente nuestras fuerzas para luchar y desear algo nuevo parece que se nos acaban.
¿Qué esperanzas hay en nuestra vida? porque si no esperamos nada caemos en ese dejarnos llevar, como decíamos, y trataremos quizá de disfrutar de las pocas mieles que estén a nuestro alcance o nos busquemos algo que nos valga como sustitutivo. Cuantos sustitutivos nos buscamos en la vida, el alcohol, la droga, las pasiones descontroladas en un bárbaro sensualismo, los brillos de las vanidades de la riqueza o del poder… y así podríamos pensar en tantas cosas.
Pero sigo preguntándome y no como una pregunta retórica que me haga por los demás, sino que me la hago por mí mismo. ¿Qué esperanzas tenemos, hay en nuestra vida? y me hago esta pregunta en el marco del tiempo en el que estamos, el Adviento, las vísperas de una navidad ya cercana. Cuando hablamos del Adviento la palabra que brota casi de forma espontánea por el mismo significado de la palabra es la esperanza. ¿Qué esperamos? ¿cuál es nuestra esperanza de cara a la Navidad, para la que decimos que nos preparamos y en lo que vemos que tanta gente de prepara de una forma o de otra? ¿Qué esperamos, pues, que sea la navidad para nosotros?
Es importante la pregunta porque eso va a expresar cuál es nuestra esperanza y cual será el verdadero sentido que le demos tanto ahora a este tiempo de Adviento como luego a la celebración de la Navidad
El pueblo de Israel vivía con una gran expectativa la llegada del Mesías. Sería el salvador que diera respuesta con su presencia a todos aquellos anhelos que llevaban desde siglos en su corazón. Era todo lo anunciado por los profetas que les hacía esperar un mundo nuevo donde todo en verdad fuera distinto.
El que vendría lleno del Espíritu del Señor traería la paz para los pueblos y naciones, pero haría que se implantara un mundo de verdad y de justicia para hacer desaparecer tanto sufrimiento como embargaba el corazón de los hombres. Es cierto que en sus expectativas estaba también el contemplar a ese Mesías como el liberador de toda la opresión que sufría el pueblo y cómo se restauraría la soberanía de Israel, como un día le manifestaran los propios discípulos a Jesús.
Creo que mucho de todo eso tendríamos nosotros que recoger de la experiencia de fe vivida por el pueblo de Israel, para saber hacer también una lectura creyente de la situación del mundo en que vivimos donde todos ansiamos y deseamos un mundo verdaderamente mejor. Ahí están los anhelos más profundos de todos los hombres que nosotros sentimos también en nuestro interior; ahí está esa inquietud que sentimos dentro de nosotros cuando contemplamos tantos sufrimientos como tanto mal que se va inoculando como veneno en el corazón de los hombres.
¿Qué contemplamos a nuestro alrededor? ¿qué contemplamos en nuestro mundo? Violencias, guerras, injusticias, discriminación, pobreza, corrupción desde la ambición de los que se creen o quieren ser poderosos, hipocresías y vanidades, soberbia opresiva de los poderosos y resentimientos de tantos que llevan a los rencores y al odio que termina destruyendo todo lo que encuentra a su alcance, indiferencia e insolidaridad porque aunque empleemos muchas veces la palabra solidaridad seguimos pensando primero en nosotros mismos, sufrimientos, rupturas, enfrentamientos…
Y ahora nosotros decimos que vamos a celebrar navidad y trataremos de maquillarnos con nuestras cenas familiares, con nuestros buenos deseos y felicitaciones, con nuestras fiestas donde todos brindaremos por la navidad y por la paz, pero ¿dejaremos que el mundo siga siendo de la misma manera? ¿Navidad, la celebración tan gozosa y festiva que hacemos de la venida de Jesús, no va a ser un punto de arranque para que todo eso que describíamos comience a cambiar?
Cuando le preguntaban a Juan, el Bautista, si él era el Mesías y lo negaba le hicieron también una pregunta que nos puede valer para que nosotros nos la hagamos también. ‘Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?’ ¿Qué podemos decir de nosotros mismos para que demos una respuesta convincente de nuestra fe y del sentido que le damos a nuestra navidad?
El mundo, la sociedad entera que está ahí fuera, a nuestro alrededor, está esperando una respuesta con sentido a quienes queremos vivir seriamente la navidad. Tenemos que dar razón de nuestra fe y de nuestra esperanza, como nos dice el apóstol. 
Y no nos valen palabras bonitas o aprendidas de memoria, no nos valen parches que podamos poner para remediarnos en un momento o para paliar momentáneamente algunas situaciones, tenemos que ofrecer las obras de nuestra vida para que haga creíble ante el mundo esa fe que decimos que profesamos en Jesús como nuestro Mesías Salvador y nuestro Señor. Muchas preguntas que esperan respuesta.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Irá delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar, para inculcar una sabiduría nueva, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto

Irá delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar, para inculcar una sabiduría nueva,  y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto

Eclesiástico 48,1-4.9-11; Sal 79; Mateo 17,10-13

‘Irá delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos, para inculcar a los rebeldes la sabiduría de los hijos, y para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’. Así le había anunciado el ángel a Zacarías en el templo el nacimiento de Juan y su misión.
Ahora Jesús les dirá a los discípulos ante sus preguntas que ‘Elias ya ha venido y no lo reconocieron sino que lo trataron a su antojo’, y los discípulos que le habían preguntado por qué los escribas decían que primero tendría que venir Elías comprenden que Jesús se estaba refiriendo al Bautista.
Todos habían admirado a Juan y habían acudido al desierto y a la orilla del Jordán para escuchar su predicación. Juan les anunciaba la venida inminente del Mesías para lo que habían de prepararse. ‘Para preparar un pueblo bien dispuesto’, que le había dicho el ángel a Zacarías. Por eso, como el mismo se presenta, es la voz que grita en el desierto para preparar los caminos del Señor.
No todos le querrán escuchar, sus palabras resultarán incomodas para algunos, como siempre sucede; de Jerusalén vendrán embajadas para preguntarle si él es el Mesías y con que autoridad se presenta como profeta y bautiza; los de siempre que quieren manipular, que no quieren que nada se haga sin su consentimiento, que no permiten que surja nada nuevo que pueda perturbar su situación, el estatus establecido y en el que se sienten tan a gusto.
Sucede siempre y seguirá sucediendo. Cuando surge alguien con actitudes y gestos proféticos, con palabras valientes que hablan claro, que denuncian lo que está mal y hay que corregir, aparecerán resistencias, intentos de desprestigio, maneras de querer acallar a los que quieren un orden nuevo.
Es también la lucha interior que surge dentro de nosotros cuando se nos ha encendido una luz que nos hace ver las cosas de forma distinta y que radicalmente tendríamos que cambiar muchas cosas en nuestra vida; nos resistimos, nos decimos que tenemos que pensárnoslo bien, que no es necesario ir tan deprisa ni de forma tan radical; son las múltiples tentaciones que sentimos en nuestro interior.
Tenemos que aprender a dejarnos conducir por el espíritu del Señor que va suscitando tantas cosas buenas en nuestro interior. No podemos acallar esa voz del espíritu, pero sin embargo tantas veces nos hacemos oídos sordos. Dejémonos transformar para que haya ese camino nuevo en nosotros y llegue a nuestra vida el Emmanuel, el Dios que quiere aposentarse en nuestro corazón. No tengamos miedo a las cosas que tengamos que cambiar porque lo nuevo que nos trae el espíritu del Señor superará todo lo que hayamos podido tener y nos hará entrar en caminos de plenitud y de la más hermosa felicidad cuando nos demos enteramente por los demás.
Es el espíritu con que hemos de ir haciendo este camino del Adviento, ese camino que en navidad nos lleve de verdad a una vida nueva en nosotros que haga un mundo mejor. Así será verdadera navidad porque Dios va a nacer en nuestro corazón para hacer de nosotros un hombre nuevo. Formaremos parte así de ese pueblo bien dispuesto.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Que el camino del Adviento que hacemos, camino de ir al encuentro con Jesús que viene, abra en nosotros caminos nuevos, abra nuestro corazón a actitudes y posturas nuevas

Que el camino del Adviento que hacemos, camino de ir al encuentro con Jesús que viene, abra en nosotros caminos nuevos, abra nuestro corazón a actitudes y posturas nuevas

Isaías 41,13-20; Sal 144; Mateo 11,11-15

Seguramente lo hemos comentado más de una vez. La gente que nunca está de acuerdo con nada; tú dices blanco y ellos inmediatamente dicen negro; tú quieres tener una mirada positiva y que se constructiva, ellos estarán destruyendo porque todo lo ven negro, todo lo quieren cambiar, todo tiene que ser de otra manera. Es buena la diversidad de opiniones, cada uno podemos pensar y expresar nuestra opinión, eso es enriquecedor, pero cuando se hace de una forma positiva, cuando queremos aportar algo más, o algo nuevo que enriquezca y mejore lo que ya tenemos. Pero hay quienes porque las cosas no son como ellos desean, lo que quieren es destruir, y corroen con su conversación creando desconfianzas, suspicacias, miedos.
Tendríamos que aprender a ser positivos en la vida creadores de puentes no de barrancos, vallas o distanciamientos. Nos cuesta acercarnos, pero si encima ponemos dificultades solo por el hecho de llevar la contraria nada lograremos. Nos puede pasar a todos. Pero cuando uno ve a los que dirigen los destinos de la sociedad, de la que tendrían que sentirse verdaderos servidores, que no son capaces de llegar a un acuerdo, de ver algo positivo en lo que el otro hace, sino porque es oponente ya todo lo ven negativo, negro, inservible y cuando tienen la oportunidad lo que hacen es destruir, se siente uno desalentado porque así realmente no podemos avanzar para mejorar, porque ya no son solo las cosas que se hacen o se destruyen sino los sentimientos de revancha que hay en los corazones, que crean resentimientos y rencores, que provocan odios y violencias a la larga.
Me hago esta reflexión mirando lo que sucede en nuestra sociedad con deseos de que las cosas mejores y lo hago desde lo que hoy nos ofrece el evangelio. Es que en esa situación de nuestro mundo tenemos que ser luz y anuncio de buena nueva.  Es la actitud que tenían con o contra Jesús muchos de su tiempo. No aceptaban a Juan el Bautista porque era duro y exigente, invitaba a la penitencia y a la conversión, pero ahora no aceptan a Jesús porque come con todos, a todos se acerca y está al lado de los pecadores y de los que sufren. ‘Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios’, les dice Jesús.
En relación a lo que es nuestra vida cristiana algunas veces también nos creamos confusiones porque no nos dejamos conducir por el Espíritu de Dios, que es Espíritu de Sabiduría. Ya sea muchas veces en nuestro interior, o en actitudes y posturas que vemos en el ámbito eclesial también nos encontramos con quienes crean esas confusiones. Gentes que viven de añoranzas de otros tiempos sin darse cuenta que vamos avanzando guiados por el Espíritu que nos va abriendo a cosas nuevas y siempre el Evangelio nos ofrece esa Buena Nueva que nos conduce a actitudes nuevas, a posturas nuevas, a compromisos más intensos. Soñamos quizá con una iglesia de cristiandad donde parecía que todos era muy cristianos y muy creyentes, pero tenemos que resaltar eso de que parecía porque quizá en el fondo no lo era tanto.
Hoy nos enfrentamos a un mundo distinto donde nos encontraremos muchas posturas, muchas maneras de ver las cosas distintas y distantes. Nuestra vivencia cristiana, nuestro anuncio del evangelio tendrá que tomar quizá otras características y el Espíritu pondrá junto a nosotros a quienes nos abran caminos, nos abran los ojos y el corazón para ver y comprender que hay cosas fundamentales que no podemos descuidar.
El Espíritu del Señor nos ayuda a descubrir cosas importantes que quizás habíamos descuidado y que es necesario rescatar para nuestra vida. Nuestra iglesia, por ejemplo, tiene que ser en verdad la Iglesia que evangeliza a los pobres porque en verdad nos encarnemos en ese mundo donde tenemos que dar un testimonio muy claro, muy convincente que nos exigirá actitudes y posturas nuevas. Es que no tenemos que hacer otra cosa que copiar en nosotros aquella cercanía de Jesús – que vemos que no gustaba a ciertos sectores de su tiempo como nos sigue sucediendo ahora - a los pobres, a los desheredados de la vida, a los marginados y despreciados, a todos los que sufren, como le vemos hacer continuamente en el evangelio.
Que este camino del Adviento, camino de ir al encuentro con Jesús que viene, nos abra en nosotros esos caminos, abra nuestro corazón a esas actitudes y posturas nuevas.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Cuidado que llenemos nuestra navidad de muchas luces falsas que nada alumbran porque seguimos con las mismas oscuridades en el corazón

Cuidado que llenemos nuestra navidad de muchas luces falsas que nada alumbran porque seguimos con las mismas oscuridades en el corazón

Isaías 41,13-20; Sal 144; Mateo 11,11-15

Hermosa presentación que nos hace el evangelio de hoy de Juan el Bautista en palabras de Jesús. ‘Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista’. Grande era su misión, profeta y más que profeta, como diría en otro momento; era el que venia, ya anunciado también por los profetas, para preparar el camino del Señor; el Precursor del Mesías, el que venía delante, pero que sabia que después de él vendría Alguien más grande, del que no sería digno de desatar la correa de sus sandalias; el que llegaría a dar testimonio porque lo vio y el Espíritu del Señor se lo había señalado en su corazón ‘ese es el Cordero de Dios, el que viene a quitar el pecado del mundo’; el que en su humildad no le importaba menguar, ocultarse, desaparecer, porque el que venía era el que había de crecer, porque sería el Hijo del Altísimo del que él solamente era su profeta, ‘el profeta del Altísimo’ que habría de señalarle.
‘No ha nacido de mujer uno más grande que Juan’. Una grandeza que daría paso a un nuevo Reino, a un nuevo mundo. El lo anunciaría y nos ayudará a prepararnos para recibirlo. Nos invitará a la conversión para creer en esa Buena Noticia que llega con Jesús. El es solamente la voz que anuncia la Palabra que ha de venir y que va a establecer ese Reino nuevo. Un Reino donde se van a descubrir las verdaderas grandezas.
Es por ese camino de la pequeñez, del saber hacernos pequeños y los últimos, ese camino de la humildad, del ser capaces de desaparecer para que brillen los demás por donde aprendemos a entrar en el Reino Nuevo de Dios. Por eso tenemos que aprender a despojarnos que será quitarnos los vestidos de las vanidades para reconocer la realidad de nuestra vida, aprender a vaciarnos de nosotros mismos para hacer desaparecer orgullos y autosuficiencias, a olvidarnos de nuestras apetencias y ambiciones para descubrir cuál es la verdadera riqueza.
Juan, vivirá una vida austera; vestido solo con piel de camello y alimentándose de los saltamontes del desierto y de la miel de la abejas; es la penitencia que nos purifica aprendiendo a decirnos ‘no’ a nuestros egoísmos y autocomplacencias; es la mortificación de buscar lo que verdaderamente es importante porque llenamos nuestra vida de demasiadas cosas vacías que no nos dan sentido. Por eso invita a sumergirse en el agua del Jordán; es un signo de la purificación, de cómo queremos lavarnos y purificarnos de todas esas cosas que nos perjudican y que nos impiden llenarnos de luz; es un signo del cambio que queremos dar a nuestra vida, porque no se trata de hacer acomodos para seguir siendo o viviendo de la misma manera.
Es el verdadero camino del adviento que tendríamos que ir haciendo para llegar a vivir una navidad de verdad. Hemos llenado nuestra navidad de muchas luces falsas que nada alumbran, porque quizás en nuestro corazón seguimos con las mismas oscuridades. De cuantas cosas nos preocupamos en estos días en nombre de la navidad pero que de alguna manera nos impiden vivir la verdadera navidad.
Pensemos con toda sinceridad cuales son las principales preocupaciones que tenemos en nuestros días y vemos como el consumismo nos domina, el hacer como todos hacen sin pensar si verdaderamente ese es el sentido que tendríamos que darle a la navidad. Muchas cosas son incluso buenas, pero a las que quizá tenemos el peligro de despojarlas de su verdadero sentido. Muchas cosas que hacemos y que son luces de un día, pero que al siguiente se quedan opacas.
Miremos y escuchemos a Juan el Bautista y nos daremos cuenta que muchas cosas tendríamos que revisar. Seguiremos con estos pensamientos y reflexión. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Con nuestra mansedumbre y humildad, con nuestra acogida y nuestra presencia seamos signos de Jesús que se acerca y acoge a todo corazón atormentado

Con nuestra mansedumbre y humildad, con nuestra acogida y nuestra presencia seamos signos de Jesús que se acerca y acoge a todo corazón atormentado

Isaías 40,25-31; Sal 102; Mateo 11,28-30

Todos necesitamos en la vida un apoyo. Por más fuertes que nos sintamos o que queramos aparecer. Algunas veces no nos gusta reconocerlo, pero hay ocasiones en que nos sentimos cansados, derrotados, sin ánimos para seguir adelante, porque parece que los problemas se acumulan, nos sentimos solos, no sabemos por donde caminar porque nos encontramos desorientados. Necesitaríamos detenernos pero no sabemos como hacerlo o  no encontramos ese amigo que nos cobije, esa mano amiga que nos coja fuerte para sentir sus fuerzas y no temer en el camino que estamos haciendo.
Qué gozo y qué paz sentimos cuando aparece esa alma compasiva, esa persona que nos escucha, ese ser que sentimos a nuestro lado aunque no nos diga nada, pero su presencia ya en si misma es fuerza para nosotros. No nos sentimos solos, parece que amanece de nuevo la luz en nuestra vida, sentimos descanso dentro de nosotros y con un nuevo ánimo reemprendemos el camino. Todos necesitamos en la vida un apoyo, decíamos, ese amigo o esa persona que nos escucha y que nos comprende, y aunque no entienda lo que nos pasa o no nos dé soluciones sin embargo su presencia a nuestro lado nos hace sentir de nuevo fuertes.
Humanamente sentimos esa necesidad. Espiritualmente necesitamos saber donde vamos a encontrar esa fuerza de nuestra vida y lo que va a ser la raíz de nuestra espiritualidad. Siempre tenemos que mirar a lo alto y saber que no nos faltará esa luz, esa fuerza porque Cristo está con nosotros y nos da la fuerza de su Espíritu.
Hoy nos invita a ir hasta El. No importa como nos encontremos porque El comprende mejor que nadie todo lo que nos puede pasar en nuestro interior. Aunque no solo hemos de ir a El desde nuestros agobios, aunque siempre tenemos que hacerlo, en todo momento hemos de aprender a gustar la paz en nuestro corazón con su presencia, disfrutar de su presencia y de su amor que nunca nos falla. Pero hoy nos dice que desde nuestros cansancios y nuestros agobios vayamos a El porque en El vamos a tener la seguridad de encontrar esa paz que necesitamos, ese descanso para nuestro espíritu.
Y estando con El aprendamos de El para que no nos falte nunca esa paz. Por eso hemos de llenar de mansedumbre nuestra vida, aprender a ser humildes y sencillos porque así nos quitaríamos de encima tantos agobios que nos pueden aparecer en la vida. ‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso’. 
Humanamente algunas veces nos podrán faltar esos apoyos, nos podremos sentir solos y sin esa mano amiga que se pone sobre nuestro hombro para hacernos sentir su presencia. Pero sabemos que nunca estamos solos. Cristo está a nuestro lado. Nos espera en el sagrario, nos ofrece continuamente el alimento de su Palabra, nos regala su gracia en los sacramentos, pero también pone a nuestro lado a tantas personas que pueden ser signos de su presencia también para nosotros. Sepamos descubrir en esa persona de buena voluntad que camina a nuestro lado y a veces quizás ni notamos su presencia que Jesús llega a nosotros a través de ella.
Pero nos dice Jesús que aprendamos de El. Aprendamos de El a ser esa mano amiga para el hermano que sufre a nuestro lado, sepamos abrir nuestro corazón porque habrá muchos que estarán deseando ese corazón acogedor y amigo que les escuche, convirtámonos por nuestra humildad y mansedumbre en signos también para los que caminan a nuestro lado de esa presencia de Dios que no les abandona. Es también una misión que nos confía a nosotros y con lo que podemos ayudar a tantos. Descubramos esas soledades y esos sufrimientos y seamos un bálsamo de paz y amor con nuestra compañía.

martes, 12 de diciembre de 2017

Aprendamos a tener ese gesto sencillo, esa mano tendida, ese acercamiento sincero para con el otro dando siempre esa segunda oportunidad como el Buen Pastor hace con nosotros

Aprendamos a tener ese gesto sencillo, esa mano tendida, ese acercamiento sincero para con el otro dando siempre esa segunda oportunidad como el Buen Pastor hace con nosotros

Isaías 40,1-11; Sal 95; Mateo 18,12-14

‘¡Qué se le va a hacer! El se lo ha buscado, ha escogido su camino y así anda…’ cosas así pensamos algunas veces cuando vemos a una persona que ha tomado caminos no buenos y negativamente nos quedamos en una pasividad, lamentándonos quizá, pero sin hacer algo positivo por ayudar a aquella persona. Demasiado nos desatendemos unos de otros en la vida. Que cada uno se las arregle como pueda, pensamos, porque ya nosotros tenemos nuestros problemas.
¿Es esto humano? ¿Es justo que dejemos marchar a uno por caminos del mal, sin haber tenido una palabra, un gesto de acercamiento, de tenderle una mano para ayudarle? Decimos que respetamos su libertad, y eso está bien, pero tenemos que saber sentirnos de alguna manera responsables unos de otros, y al menos sentir en nuestro interior la inquietud de lo que podríamos hacer.
Es, si, el que escoge el camino del mal, pero son también tantos los que vamos excluyendo de nuestra vida, y poca preocupación sentimos por los que se sienten solos, por los que vemos quizá atormentados por sufrimientos o por enfermedades, los que se sienten débiles quizá por el paso de los años sin tener a su lado alguien que les anime, les acompañe.
Son tantos también los que se sienten desplazados en la vida porque en su desorientación no han sabido o no han podido encontrar un camino, a los que no hemos sabido dar una segunda oportunidad; lo intentaron quizá, no supieron hacerlo en aquel primer momento, y ya los dimos por perdidos, no creímos en sus posibilidades, no damos una segunda oportunidad.
Tantas veces decimos o pensamos que queremos un mundo mejor y quizás soñamos con grandes realizaciones que se tendrían que hacer para que las cosas marchen mejor, pero quizá muchas veces lo hace falta es un gesto pequeño de atención, una palabra de ánimo, una compañía para una soledad aunque solo fuera en silencio, darles esa segunda oportunidad o tercera o lo que haga falta.
Hoy Jesús nos está enseñando cómo debemos buscar siempre al otro, aunque él por si mismo haya escogido esos caminos de perdición. Nos habla del buen pastor que busca la oveja perdida. Pensamos siempre cuando escuchamos esta pequeña parábola en el pecador a quien Jesús siempre busca. Es cierto. Pero creo que tendríamos que pensar en algo más; tendríamos que pensar en lo que yo hago o en lo que yo podría hacer por los demás, en esa mano siempre tendida que tendría que saber ofrecer al otro una y otra vez para ayudarle, para caminar con él, para hacerle encontrar esa orientación que necesita, esa segunda oportunidad.
De la misma manera que el Señor siempre espera nuestra vuelta desde nuestras negruras y nuestros pecados, así tenemos que aprender a hacer nosotros por los demás. Es toda esa ayuda humana que tenemos que saber ofrecer en todo momento al otro; es ese anuncio nuevo del evangelio que tengo que realizar no solo con mis palabras, sino con mis actitudes, con mis gestos, con mi compromiso por los demás.
No nos valen pasividades; no podemos quedarnos cruzados de brazos; no podemos de ninguna manera llegar a la condena del que haya podido errar en la vida, que nosotros también cometemos muchos errores. Son las actitudes y valores nuevos del evangelio que he de vivir.

lunes, 11 de diciembre de 2017

Los milagros de Jesús son siempre un signo de esa salvación que El nos ofrece, de ese perdón que nos regala, de ese amor con que envuelve nuestra vida

Los milagros de Jesús son siempre un signo de esa salvación que El nos ofrece, de ese perdón que nos regala, de ese amor con que envuelve nuestra vida

Isaías 35,1-10; Sal 84; Lucas 5,17-26

‘¿Qué estáis pesando en vuestros corazones?’ pregunta Jesús, aunque El bien conocía el corazón del hombre y todo cuanto nos sucede o pensamos en nuestro interior. Pero quizá sea una buena pregunta que nos hagamos a nosotros mismos. ¿Qué es lo que realmente estamos pensando en nuestro interior?
Claramente no siempre lo manifestamos con palabras, pero sí se nos refleja en ocasiones sin querer en nuestras posturas y actitudes. Sospechamos tantas veces en nuestro interior y vienen las desconfianzas, las posturas distantes, distanciamientos o también enfrentamientos, encerrarnos en nosotros mismos o comenzar a hacer la guerra. Cuántas veces por eso sospecha que tenemos en nuestro interior ya calificamos o descalificamos a la otra persona, lo que dice o lo que hace, lo que nosotros sospechamos son sus intenciones sin saber lo que verdaderamente piensa, sino solo quizás desde nuestra malicia.
Qué bueno sería que hubiera sinceridad en nuestra vida y no estuviéramos con esas sospechas y desconfianzas. Pero quizás haya mucha malicia en nuestro corazón que tratamos de disimular endulzándole esa malicia a la otra persona. Y nosotros queremos aparecer como los buenos o los que poseemos toda la verdad.
Muchas mas cosas podríamos seguir analizando desde esa pregunta que nos hagamos si la hacemos y queremos responder a ella con sinceridad. Tratemos de quitar todos esos pensamientos turbios que  nos empequeñecen, que nos llenan de negatividad; tratemos de ser positivos, de ver las cosas con claridad y tratando de llenar de luz la vida, nuestra vida y la manera de mirar a los demás para ser capaces de pensar y de ver siempre cosas buenos en los otros. Es una manera de aceptarlos, de facilitar la relación y la convivencia, de crear armonía entre todos, de hacer de verdad un mundo mejor con sinceridad, con espíritu de colaboración, con búsqueda siempre de la paz.
Jesús quiere poner paz en nuestros corazones. Un signo de ello es el milagro que hoy contemplamos en el evangelio, que tan mal interpretado fue por aquellos fariseos llenos de desconfianzas y sospechas. Quiere Jesús valorar todo lo bueno de los demás y por eso alaba la fe y el espíritu solidario de aquellos hombres que traen el paralítico hasta Jesús y hacen todo lo posible porque llegue a sus pies a pesar de las dificultades que encuentran.
No quiere Jesús, por otra parte, que nunca nosotros seamos obstáculos para los demás, sino todo lo contrario, siempre cauces de amor y de cosas buenas, puertas abiertas para que todos por otra parte puedan llegar siempre hasta él. Qué terrible que seamos puertas cerradas para los demás que no solo no les dejemos llegar a nuestra vida, sino que seamos obstáculo para que otros puedan llegar hasta Jesús.
Jesús no solo cura de su invalidez corporal al hombre que llevan hasta El sino que le ofrece la salud más hondo y que todos tendríamos que desear. Los milagros de Jesús son siempre un signo de esa salvación que El nos ofrece, de ese perdón que nos regala, de ese amor con que envuelve nuestra vida. Acojamos su perdón queriendo ofrecérselo a los demás; dejémonos regalar por su amor y empapemos nuestra vida en el amor de Dios, y todo será paz, armonía, buena convivencia alejando de todos tantas esas cosas turbias que nos invalidan y nos hacen morir por dentro.

domingo, 10 de diciembre de 2017

Necesitamos reencontrarnos con la esperanza que nos dé la certeza de un mundo nuevo y mejor que podemos entre todos construir y en la Navidad eso ha de ser realidad para nosotros


Necesitamos reencontrarnos con la esperanza que nos dé la certeza de un mundo nuevo y mejor que podemos entre todos construir y en la Navidad eso ha de ser realidad para nosotros

Isaías 40, 1-5. 9-11; Sal 84; 2Pedro 3, 8-14; Marcos 1, 1-8

Unas lágrimas que surcan el rostro de alguien muchas veces nos dejan mudos y sin saber como reaccionar y cómo consolar; no encontramos palabras, no sabemos como acercarnos a la persona, nos sentimos como indefensos.
Sean las lagrimas de un niño o sean las lagrimas de un anciano desde su soledad; sean las lagrimas de una persona que sufre una penosa enfermedad, o de cualquiera que sea que se ve envuelto en problemas y con su corazón angustiado porque no sabe cómo afrontarlos o cómo salir adelante; serán quizá también las lágrimas que nosotros nos bebemos amargamente en nuestros problemas o desesperanzas, en la desorientación con la que caminamos en la vida sin saber qué camino coger porque todos nos parecen igual de oscuros al menos en su principio, en nuestros sufrimientos o cuando contemplamos el sufrimiento de los demás que hacemos también nuestro; o será todo ese mundo que a veces nos angustia porque contemplamos tantas cosas que hacen sufrir a las personas, o a tantos que en su maldad solo buscan su provecho o sus intereses sin importarle nada ni nadie.
Necesitamos un consuelo que sea algo más que palabras bonitas que quieran reconfortarnos pero que parece que no nos valen de nada; necesitamos un consuelo que puede ser una presencia de una mano amiga, del calor de un corazón que sabe que te quiere, de algo que te haga levantar la esperanza porque te ayuda a vislumbrar que detrás de esas oscuridades que nos ofrece la vida siempre podremos encontrar una luz.
Necesitamos reencontrarnos con la esperanza que nos dé la certeza de un mundo nuevo y mejor que podemos entre todos construir. Necesitamos la esperanza que nos haga mirar a lo alto para buscar altos ideales y mejores metas, que nos hagan encontrar un sentido espiritual a nuestras vidas, que nos ayuden a encontrar esos nuevos caminos que nos lleven a una plenitud de lo mejor de nuestra existencia.
Con el profeta en este camino de adviento encontramos una invitación al consuelo que podamos encontrar para nosotros y que aprendamos a ofrecer de la mejor manera a los demás. ‘Consolad, consolad a mi pueblo, –dice vuestro Dios–; hablad al corazón de Jerusalén…’ Palabras que fueron dichas por el profeta en momentos en que el pueblo se sentía perdido, se creía abandonado de Dios, pesaba sobre él la culpa de su infidelidad y pecado, Vivian momentos de crisis con el pueblo roto y desterrado lejos de su patria. Y viene sobre ellos esta palabra del Señor que les habla de caminos nuevos que se abrirán incluso en el desierto y en la estepa, en que van a sentir de nuevo sobre ellos la presencia del Señor que llega a ellos con su misericordia y su perdón.
Podíamos decir que se les abrían los cielos, renacía en sus corazones una nueva esperanza porque podían llegar a comprender que Dios seguía amándoles; aparece la imagen del pastor que recoge en sus brazos a los corderos y a las ovejas, para ayudar a las más débiles, para curar a las que están heridas y enfermas, para ofrecerles a todos nuevos pastos que les alimenten.
Nosotros también escuchamos esta palabra del profeta en nuestro camino de Adviento, en este segundo domingo que nos acerca a la Navidad. Y las escuchamos desde eso que es nuestra vida, con sus sufrimientos y sus lágrimas, con sus desesperanzas y sus agobios, con sus desorientaciones y oscuridades. Tenemos que reconocer nuestra realidad y la realidad concreta que se vive en nuestra sociedad. No todo es fácil. Hay mucho sufrimiento. Muchos han perdido también las esperanzas y pareciera que para ellos no hay ningún tipo de consuelo.
La Palabra del Señor que escuchamos no son solo bonitas palabras que pudieran haber servido a hombres y mujeres de otro tiempo. En nuestra desorientación o en nuestro orgullo quizás hasta podemos pensar que son palabras de otro tiempo que hoy a nosotros ya no nos dicen nada. No nos equivoquemos. Abramos nuestro espíritu, despertemos nuestra fe, abramos los ojos para vislumbrar esa luz que el Señor nos ofrece y sepamos escuchar allá en lo hondo del corazón.
La misericordia del Señor nunca se acaba. La fuerza del espíritu del Señor en verdad puede hacer de nosotros un hombre nuevo y crear un mundo nuevo. Solo tenemos que dejarnos conducir. Con el profeta como en un eco ya más cercano contemplamos y escuchamos a Juan Bautista, el que ya inmediatamente preparó los caminos del Señor ante su inminente venida. A nosotros sus palabras también nos pueden ayudar a abrir nuestro corazón a Dios.
‘Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el jordán’. Así nos dice el evangelista para describirnos la acción del Bautista. Como decíamos antes tenemos que comenzar por reconocer nuestras oscuridades, nuestros miedos, nuestros desánimos y todo ese mundo turbio que se nos ha metido en el corazón.
Muchas veces tenemos un tesoro pero no lo vemos porque está oculto con la suciedad que lo ennegrece y parece que le quita valor. Tenemos también nosotros que purificarnos para descubrir la riqueza grande que hay en nuestro corazón y cuantas cosas podríamos realizar. Dejémonos conducir por la palabra de Juan el que venia a preparar un pueblo bien dispuesto para el Señor y en nosotros también se obrará esa maravilla.
Sintamos que en verdad el Señor viene, viene a nuestra vida y nos transforma. Lo que vamos a celebrar es algo más que un recuerdo, tampoco se puede quedar en añoranzas como de ninguna manera vivirlo desde la frivolidad y la superficialidad. Celebrar la Navidad es sentir de verdad que el Señor viene para hacer de nosotros ese hombre nuevo y con nosotros hacer ese mundo nuevo. Y esto es lo que tendremos que comenzar a vislumbrar que comienza a haber en nosotros a partir de todo lo que vamos a celebrar; pero será si lo hacemos con hondura, con profundidad, con verdadero sentido.
Y sentiremos el consuelo de Dios que se nos manifestará de mil maneras y podremos ofrecer también ese consuelo a tantos que de una forma o de otra sufren en nuestro entorno. No son palabras vacías, sino que tiene que ser una realidad que vivamos en nuestra vida.