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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

 


Preparémonos en estos últimos momentos para dar señales de que recibimos la visita de nuestro Dios con su misericordia y salvación para el hombre y el mundo de hoy

2Samuel.7, 1-5. 8-11.16; Sal. 88; Lucas 1, 67-79

Estamos en la mañana del último día del Adviento y aunque ya todo nos trae como en adelante la música que va a sonar en esta próxima noche, que llamamos nochebuena por el nacimiento de Jesús me quedo aun en el texto que nos ofrece la liturgia en esta mañana que viene a culminar todo lo que ha sido la inmediatez del nacimiento de Jesús con el cántico de Zacarías tras el nacimiento de Juan.

Todo son bendiciones y alabanzas de la misma manera que estos días nos adelantamos con felicitaciones navideñas por lo que vamos a celebrar. Proféticamente siente Zacarías todo lo que significa el nacimiento de su hijo al que ha querido llamar Juan. Recordamos cómo las gentes se preguntaban qué iba a ser de aquel niño por todo cuanto en su nacimiento estaban contemplando. ‘El Señor, Dios de Israel, ha visitado y redimido a su pueblo’ proclama el sacerdote Zacarías. Lo anunciado por los profetas tiene su cumplimiento, ‘según lo predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas… ha suscitado una fuerza de salvación, que nos libra de nuestros enemigos’, con la que se realiza la misericordia de Dios que siempre se había manifestado con su pueblo, recordando la santa Alianza.

Bendice Zacarías a Dios, en cuya presencia se siente, de cuya misericordia se siente envuelto; Dios también había puesto sus ojos en él y el que Dios escuchara su oración, como le había dicho el ángel cuando la ofrenda del incienso allá en el templo era una manifestación de la misericordia divina; no eran sus méritos sino el amor misericordioso de Dios el que le había dado aquel hijo que iba a ser ‘el profeta del Altísimo’ para ir delante del Señor preparando sus caminos, anunciando al pueblo la salvación y el perdón de los pecados.

‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’.

¿Será eso en verdad lo que bulle en nuestro corazón en esta inmediatez de la celebración de la Navidad? Así tenemos nosotros que estar cantando y bendiciendo a Dios. Ese era el sentido tan bonito que tenían aquellas misas de luz que en esta semana inmediata a la nochebuena celebrábamos con tanta alegría en nuestros pueblos en otros tiempos. Ese canto del primer villancico anunciando el nacimiento de Jesús en Belén que sonaba en nuestras noches o en nuestras madrugadas llamando a las misas de Luz era algo muy hermoso que por la imposición de las carreras de la vida moderna hemos pedido, al menos en mi tierra. Sé como en otros lugares se conservan las posadas para recordar esa peregrinación de María y José hasta Belén, o las novenas del niño Dios como ambientación y preparación de las familias y los vecinos que se celebran en algunos sitios son cosas bien hermosas.

Nos queda prepararnos y no solo estar preocupados por la cena familiar y la fiesta, con todo el sentido bonito que puede tener, o los regalos que ahora nos trae un viejito vestido de rojo, sino pensar en el gran regalo que vamos a recibir en esta próxima noche si en verdad dejamos que Jesús nazca en nuestro corazón y con ello nazca más y mejor en nuestro mundo.

¿Qué señal vamos a dar de que recibimos la visita de nuestro Dios que llega a nosotros con su misericordia y su salvación?

martes, 24 de junio de 2025

La celebración del nacimiento de Juan nos tiene que llevar a una búsqueda de Jesús, verdadera Palabra que nos trae la auténtica Salvación

 


La celebración del nacimiento de Juan nos tiene que llevar a una búsqueda de Jesús, verdadera Palabra que nos trae la auténtica Salvación

Isaías 49, 1-6; Salmo 138; Hechos de los apóstoles 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80

‘¿Qué va a ser de este niño?’ es la pregunta que se hacen sus vecinos y todas las gentes de las montañas a las que había llegado la noticia de su nacimiento. Cuando los vecinos de Isabel se enteraron de la noticia de que estaba esperando un hijo a pesar de su vejez daban gracias a Dios que se había manifestado misericordioso con ella. Ahora se estaban sucediendo cosas extraordinarias, el niño se iba a llamar como su padre sino que la madre había insistido en llamarle Juan, el padre lo había ratificado escribiéndolo en una tablilla pues había estado mudo desde lo que había sucedido en el templo, en verdad aquel nombre venía a significar la misericordia del Señor que se había manifestado en aquel hogar, como el mismo nombre significaba. Zacarías había recobrado el habla y había terminando cantando también las misericordias del Señor.

‘¿Qué a ser de este niño?’ se preguntaban y con razón. ¿Sería sacerdote del templo de Jerusalén como hubiera sido habitual en el hijo de un sacerdote? ¿Quedaría allá en aquel pueblo ignorado y perdido entre las montañas de Judea?

Pero Dios había ido señalando su camino. ‘Tu mujer, Isabel, te dará un hijo’, le había señalado el ángel. Será motivo de gozo y alegría para muchos… estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno’, le había anunciado el ángel. ‘Y la criatura saltó de gozo en el seno de su madre’ con la visita de María, la prima, llegada desde la lejana Galilea. ‘Convertirá a muchos de Israel al Señor, su Dios… porque irá con el espíritu y el poder de Elías… para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto’.

La respuesta a la pregunta estaba en lo que el ángel le había anunciado a Zacarías y por lo que ahora Zacarías daría gracias al Altísimo ‘porque ha visitado y redimido a su pueblo suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas’.

Si ahora la gente se preguntaba qué iba a ser de aquel niño, un día allá en el desierto donde Juan estaba realizando aquella misión para la que había sido elegido desde el seno de su madre, como habían dicho los profetas, ahora le preguntarían a Juan de la misma manera. ‘¿Tú quien eres para que podamos responder a los que nos han enviado?’ Y Juan diría que él no era el profeta, que no era el Mesías, que solo era la voz que clamaba en el desierto para preparar los caminos del Señor. Sí, sería como proféticamente había cantado Zacarías ‘el profeta del Altísimo que irá delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación y el perdón de los pecados’.

En aquellos momentos tan llenos de confusión por toda la situación, en cierto modo dramática para el pueblo, que estaban viviendo Juan era la voz que anunciaba algo nuevo y bien distinto, la voz que invitaba a la conversión, la voz que preparaba los caminos del Señor. Era la voz que gritaba en el desierto, pero él quería pasar desapercibido porque no se anunciaba a si mismo; no le importaba menguar y desaparecer para que quien iba a venir creciera y se manifestara en verdad como el Salvador. Lo harán enmudecer porque su palabra resultaba incomoda para los poderosos, de ahí su martirio en manos de Herodes.

Hoy nosotros estamos celebrando su nacimiento, que también a todos nos llena de alegría y nos hace hacer fiesta. También son momentos de confusión donde necesitamos también escuchar una voz profética que nos conduzca hasta la Palabra, porque es ahí donde vamos a encontrar la salvación. Incluso hasta la misma celebración del nacimiento de Juan nos pueda llenar de confusión porque estamos haciendo una mezcla de nuestros elementos religiosos y cristianos con un nuevo paganismo que se va extendiendo por el mundo y la sociedad.

Podemos pensar en la descristianización de nuestra sociedad donde vamos dejando a un lado los valores cristianos y del evangelio para vivir en una indiferencia muy peligrosa, en un materialismo que nos desborda y en un sensualismo que preocupa en la manera de vivir de nuestra sociedad. ¿Habrá una voz profética que nos despierte y haga volver nuestros corazones a los caminos del Evangelio que aunque nos llamamos cristianos tenemos tan olvidados? Pero incluso en las mismas formas que se han reintroducido en la forma de celebrar el nacimiento de Juan está renacimiento un nuevo paganismo en unos nuevos ritos que quieren ser como los nuevos sacramentos para nuestra sociedad de hoy. Pensemos en todas las costumbres y ritos de las que hemos llenado esta noche de san Juan, que quieren mimetizar los sacramentos de la Iglesia, pero sustituyéndolos por un fuego que llaman purificador.

¿Quién es el que de verdad nos purifica? Juan había sido anunciado como el que venía a preparar los caminos del Señor para la conversión y el perdón de los pecados. ¿Será eso lo que en verdad nosotros buscamos y queremos celebrar con el nacimiento de Juan?

‘¿Qué va a ser de este niño?’, nos seguiremos preguntando, pero tenemos que hacerlo en una búsqueda del Evangelio, que tiene que ser siempre una búsqueda de Jesús. ¿Será a Jesús a quien buscamos como nuestro único Salvador?

lunes, 23 de diciembre de 2024

Que la luz de navidad que se va a encender no sea luz de pronta caducidad que tan pronto se enciende como se apaga, sino una luz permanente para nuestra vida

 




Que la luz de navidad que se va a encender no sea luz de pronta caducidad que tan pronto se enciende como se apaga, sino una luz permanente para nuestra vida

Malaquías 3, 1-4. 23-24; Salmo 24; Lucas 1, 57-66

Un nacimiento siempre nos abre a la vida, al futuro, a la esperanza. Es la gran alegría de un hogar, el nacimiento de un niño. Pero es una alegría contagiosa, todos los familiares se alegran, los vecinos felicitan a la madre y no faltan las atenciones y los regalos. Es la ternura de un niño recién nacido, pero es la ternura de la vida que a todos nos emociona. Es el arranque de unos sueños porque de alguna manera todos pensamos en el futuro, en lo que va a ser, en lo que puede ser este niño que ahora contemplamos recién nacido. Parece un ser indefenso pero a todos nos pone en movimiento a su alrededor.

En las montañas de Judea todo era alegría. Se alegraban porque Dios había regalado su amor y su misericordia a aquella familia que no tenían hijos y parecían perdidas las esperanzas de poder tenerlo. Sentían que la mano de Dios estaba con ellos lo que les hacía que sus sueños fueran, por así decirlo, más intensos. ‘¿Qué será de este niño?’ se preguntaban porque muchas cosas maravillosas y extraordinarias estaban sucediendo en su entorno.

Su madre era mayor y parecía estéril pero Dios le había concedido el don de la maternidad. Su padre, que era sacerdote del templo de Jerusalén, después de un servicio en el templo, que parecía coincidir con los nueve meses del embarazo de la madre, había vuelvo mudo de Jerusalén después de ejercer allí su oficio. Ahora la madre pretende ponerle un nombre distinto al habitual, que era ponerle el mismo nombre del padre del niño, pues quería llamarlo Juan como significación de que Dios había manifestado su misericordia con aquella familia – era el significado del nombre – y el padre al que habían preguntado por señas así lo había ratificado escribiéndolo en una tablilla; pero no se habían terminado ahí las cosas asombrosas, pues había recobrado el alma y había comenzado a cantar en acción de gracias a Dios, señalando lo que sería la misión de aquel niño. ‘¿Qué será de este niño?’ se preguntaban y no sin razón, por lo que todos alababan a Dios.

Hoy nosotros casi en las vísperas del nacimiento de Jesús estamos contemplando en el evangelio el nacimiento de Juan. Profeta del Altísimo, lo llamará su propio padre Zacarías; el que viene a preparar los caminos del Señor, como había anunciado los profetas; el mensajero de la Alianza como dicho también el profeta Malaquías, como hoy mismo hemos escuchado; como el fuego de fundidor, como lejía de lavandero… acrisolará como oro y plata, y el Señor recibirá ofrenda y oblación justas… le contemplaremos invitando a la penitencia en la orilla del Jordán.

Contemplamos a Juan en su nacimiento, con la misma ilusión que contemplamos a un recién nacido como una promesa de futuro; contemplamos el nacimiento de Juan y nos llenamos de esperanza, porque es la aurora de la salvación que llega; contemplamos a Juan y también nos sentimos invitados a la alegría que nace de la esperanza, porque ya está cercano el día del Señor, sentimos cercana a nosotros lo que es la misericordia y la compasión del Señor que sobre nosotros está también volviendo su rostro. También nosotros queremos prorrumpir en cánticos de alabanza al Señor, también queremos tener bien dispuesto nuestro corazón para sentir y para vivir la misericordia de Dios en nuestra vida.

Es el preparativo importante que tenemos que hacer para la navidad. Disponemos nuestro corazón, disponemos nuestras actitudes, nos abrimos al amor del Señor que queremos también compartir con los demás. Grande e importante es la luz que nos iluminará, que no se quede en luces abocadas a la caducidad que tan pronto se encienden como se apagan, que sea una luz permanente para siempre la que se va a encender en nuestra vida con la navidad.

sábado, 23 de diciembre de 2023

Agradezcamos el nacimiento de Juan que nos recuerda con su palabra y su testimonio que Dios nos es propicio y sigue hoy preparando en nosotros los caminos del Señor

 


Agradezcamos el nacimiento de Juan que nos recuerda con su palabra y su testimonio que Dios nos es propicio y  sigue hoy preparando en nosotros los caminos del Señor

Malaquías 3, 1-4. 23-24; Sal 24; Lucas 1, 57-66

Aunque por nuestro orgullo nos cuesta reconocerlo, a la larga agradecemos que haya habido alguien que nos haya dicho la verdad, que nos haya llamado la atención sobre cosas que hacíamos que no tenían mucho sentido, y a posteriori nos han hecho pensar. Nos sentimos heridos quizás en aquel momento, nos parecieron fuertes las palabras que nos dijeron, nos creíamos que no merecíamos esa corrección porque nosotros con buena voluntad estábamos haciendo lo que nos corregían. Nuestro amor propio en aquellos momentos se sintió mal y quizá no reaccionamos como deberíamos hacerlo. Muchas veces solemos pensar tarde lo que tendría que ser nuestro camino.

Eso sucedió con Juan el Bautista, cuyo nacimiento nos ofrece hoy el evangelio. Su palabra y su testimonio era fuerte, pero esa era su misión. ‘Como fuego de fundidor, como lejía de lavandero…’ había anunciado el profeta que sería aquel que venía con el poder y el espíritu de Elías ‘para convertir el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra’.

El fuego quema, la lejía abrasa, aparentemente duele y destruye, pero purifica y transforma. Era la voz fuerte que iba a sonar en el desierto para preparar los caminos del Señor, para que encontrara un pueblo bien dispuesto. ‘Para que no tenga que venir a castigar y destruir la tierra’, como nos dice hoy el profeta Malaquías.  Una corrección a tiempo nos salva de tropiezos posteriores. Es lo que hacen los padres con los hijos, aunque a los hijos no les guste que los corrijan; cómo nos rebelamos en nuestro interior, pero es necesario pasar por ese fuego, ser abrasados por esa lejía para enderezar muchas cosas que andan torcidas en la vida. Aunque hoy nos estamos haciendo una generación de enclenques y consentidos, y ya nadie nos puede decir nada. Pero ya sabemos que quien nos corrige nos ama.

Esa era la misión de Juan. Como decíamos, hoy nos ofrece el evangelio el momento de su nacimiento con la alegría que suscitó en su entorno – ‘Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella’ – y el relato del momento de la circuncisión que llevaba consigo la imposición del nombre.

Hoy los padres escogen para los hijos aquellos nombres que les gustan, que les llaman la atención, o que son de tradición familiar; en la antigüedad poner el nombre significaba algo más, era como destacar algo especial que había sucedido con su nacimiento o también venía a señalar lo que había de ser luego su vida. La gente quiere que el recién nacido se llame como Zacarías, su padre, no en vano era de raza sacerdotal y en su misión futura era como suceder a su padre en el sacerdocio del templo. Pero Isabel señala que su nombre ha de ser Juan, con la oposición de todos, hasta que preguntan por señas a Zacarías – aun estaba mudo desde la vuelta del templo y la aparición del ángel – que escribirá en una tablilla que ‘Juan es su nombre’.

¿Qué significaba el nombre de Juan? ¿Por qué era el empeño en que llevara ese nombre? Juan viene a significa ‘Dios es propicio’, ‘Dios se ha apiadado’, ‘Dios es misericordia’. ¿Qué había significado el nacimiento de Juan de aquellos padres ya mayores que tanto lo habían deseado? Ya las mismas gentes lo habían manifestado en su alegría por el nacimiento de aquel niño, cuya noticia había corrido por las montañas de Judea, ‘el Señor le había hecho una gran misericordia’.

¿No era esa también la misión de quien iba a ser el Precursor del Mesías? Invitar a la conversión como Juan iba a hacer era invitar a reconocer la misericordia del Señor; su palabra venía a señalarnos nuestros errados caminos, pero para que purificáramos nuestra vida en el fuego de la misericordia del Señor. ¿No sería eso también lo que a continuación Zacarías iba a cantar alabando y bendiciendo al Señor por el nacimiento de Juan? ‘El Señor ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación… por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto… para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’.  Y señalará la misión de Juan, ‘a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados’.

¿No es el significado del nombre de Juan, ‘Dios es propicio… y se ha apiadado con su misericordia’? Agradezcamos el nacimiento del Bautista y cómo sigue hoy preparando en nosotros los caminos del Señor.

sábado, 24 de diciembre de 2022

Cuidado no nos entretengamos en navidad en cosas que no son tan esenciales y tengamos una fiesta de navidad sin vivir la visita de Dios a su pueblo que nos llega en Jesús

 


Cuidado no nos entretengamos en navidad en cosas que no son tan esenciales y tengamos una fiesta de navidad sin vivir la visita de Dios a su pueblo que nos llega en Jesús

2Samuel7, 1-5.9 -11.16; Salmo 88; Lucas, 1, 67-79

Cuando en la vida estamos esperando algo con ansia y muchos deseos y ya vemos como inminente la solución de aquellos problemas, por ejemplo, tenemos la seguridad de que en verdad a partir casi de ya las cosas van a ser distintas, ya estamos como pregustando el sabor de la victoria, la alegría que vamos a vivir en lo nuevo que va a comenzar.

Así, podríamos decir, nos sentimos en la mañana de estas vísperas de la navidad, que era como se sentía el anciano Zacarías con la llegada y nacimiento de su hijo, pero sobre todo por lo que se vislumbraba que iba a ser lo nuevo que iba a suceder. Se le había anunciado el nacimiento de un hijo y se le había dado a entender cual era la misión que tendría que realizar. No solo vive la alegría del nacimiento del hijo tan ansiado y esperado, sino el próximo cumplimiento de las promesas que los profetas habían anunciado a lo largo de los siglos.

Cuando ahora ya sus labios se despegan, después de aquel silencio como penitencial que había tenido que vivir por su falta de fe en las palabras del ángel, sus palabras son para bendecir a Dios. No bendice a Dios porque haya recobrado el poder hablar, sino bendice a Dios porque siente que Dios en verdad ha visitado a su pueblo. El pueblo creyente sabía leer su historia y reconocía en su fe, y así lo proclamaba continuamente recordando lo que era la historia de la salvación, que Dios había estado de su parte, se había hecho presente en el caminar peregrino del pueblo por el desierto y muchas veces había sentido su presencia que no le abandonaba, porque aunque una madre pueda abandonar al hijo de sus entrañas, Dios nunca abandona a su pueblo.


Es por lo que ahora Zacarías bendice a Dios. ‘Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas’.

Llegaba el tiempo de la visita de Dios a su pueblo. Aquel niño que acababa de nacer le llamarán ‘profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor, a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados’. Ahí está Juan, el precursor del Mesías, como siempre la iglesia lo ha reconocido; profeta y más que profeta, como lo proclamaría el mismo Jesús que de él dirá que no ha nacido de mujer otro mayor que él.

Y a nosotros nos queda ahora, ya en estos momentos ya tan cercanos a la celebración del nacimiento de Jesús, escuchar una vez más la voz del Bautista para preparar los caminos del Señor. Es la visita de Dios a su pueblo lo que vamos a vivir y a celebrar. Ya estamos pregustando la alegría de su venida, de su presencia en medio de nosotros.

Pero cuidado, no nos confundamos, ante los sones de alegría que nos ofrece el mundo para celebrar la navidad. Es otra alegría más hondo, que no se queda en unos alegres cantos que incluso muchas veces pareciera que no tienen nada que ver con aquel nacimiento de Jesús en Belén, de lo que tiene que ser en verdad el nacimiento de Jesús hoy en nuestra vida y en nuestro mundo. No es simplemente una copa la que hemos de levantar para hacer un brindis, no son bonitas palabras con bonitos deseos lo que hemos de pronunciar, son las actitudes nuevas que tiene que haber en nuestro corazón.

Si nosotros tuviéramos que recibir a alguien en nuestro hogar con la mejor hospitalidad, ya buscaríamos formas para que nuestra acogida sea la mejor, para hacernos presentes a su lado en todo momento para que quien nos visita se sienta a gusto con nosotros y en nuestra casa, ya buscaríamos la forma de cómo mejor agradarle y ofrecerle lo mejor que tengamos con los mejores gestos de nuestro amor y amistad.

¿Qué es lo que en verdad estamos haciendo para acoger esa visita de Dios a nosotros, a nuestra familia, a nuestro mundo en esta celebración de la navidad? ¿No tendremos el peligro de entretenernos en cosas que no son tan esenciales y al final terminemos haciendo nuestra fiesta de navidad, pero arrimando a un lado esa presencia de Dios? ¿Sabremos sentir que Dios hoy, ahora, viene a nosotros en esas personas con las que nos podemos encontrar que muchas veces hasta rehuimos? Cuidado no celebremos navidad sin Jesús, navidad sin vivir la presencia de Dios.

jueves, 23 de junio de 2022

Juan Bautista hoy nos ayuda a encontrar ese silencio y ese desierto para aprender a rumiar los designios de Dios y la misión que nos quiere confiar hoy en medio de nuestro mundo

 


Juan Bautista hoy nos ayuda a encontrar ese silencio y ese desierto para aprender a rumiar los designios de Dios y la misión que nos quiere confiar hoy en medio de nuestro mundo

Isaías 49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80

Siempre podemos encontrarnos con personas en la vida a las que realmente tendríamos que llamar personajes porque por su manera de ser y de actuar, por el compromiso con que viven su vida se convierten en algo así como un punto de referencia para la sociedad. Siempre los recordamos, contamos sus hazañas y de alguna manera los convertimos en iconos de nuestros pueblos o de los lugares donde hayan desarrollado su tarea.

Tenían siempre una palabra certera, sus palabras aunque en momentos parecieran duras sin embargo sembraban inquietud en los corazones, por su manera de ser despertaban esperanzas y de alguna manera en la historia de ese pueblo los años de su existencia se convierten en eje de su propia historia con un antes y con un después. Siempre se recordarán aunque quizá para algunos su presencia resultara incómoda por lo que suscitaba y despertaba en el corazón, cosas que no siempre estaríamos dispuestos a aceptar. Si fuéramos capaces de emplear un lenguaje medianamente religioso diríamos que fueron como profetas en medio de nuestros pueblos.

Hoy sí, recordamos y celebramos, a uno de esos grandes personajes de la historia, porque aun al paso no solo de los años sino de los siglos lo seguimos recordando y celebrando. Nos referimos a Juan Bautista, que este año estamos celebrando un día adelantado, por la coincidencia de otra fiesta litúrgica de gran relevancia en la vida de la Iglesia que es la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús que celebraremos el viernes y por lo que se hace este adelanto de la fiesta de san Juan Bautista.

Ya se preguntaban las gentes de su entorno, allá en las montañas de Judea, por cuanto sucedió en torno a su nacimiento ‘¿Qué va a ser de este niño?’ Porque como nos dirá el evangelista al írnoslo presentando ‘la mano de Dios estaba con él’. Al celebrar su nacimiento estamos recordando todas aquellas circunstancias que lo rodearon, pues sus padres eran mayores y no tenían descendencia, el ángel del Señor que se le manifiesta a Zacarías en el templo a la hora de la presentación del incienso, el haberse quedado mucho hasta el nacimiento del niño por su resistencia a terminar de creer en las palabras del ángel, y ahora el mismo nombre que se le va a imponer, que no entraba en la propia tradición familiar.

Era un elegido del Señor; un elegido del Señor con una misión muy concreta, preparar los caminos del Señor. El venía como el profeta que iba a reunir a las tribus dispersas de Israel, como habían anunciado también los profetas, y se iba a convertir en profeta del Altísimo preparando los caminos del Señor. Un elegido del Señor por cuantas manifestaciones de que la mano del Señor estaba con él, pero que supo asumir su papel y por eso marcha al desierto viviendo en la austeridad más total, para abrir su corazón a Dios y a la misión que le iba a encomendar.


Las horas y los tiempos de desierto son tiempos para rumiar la presencia de Dios, para rumiar y terminar de descubrir lo que es la voluntad de Dios. Algunas veces nos parece como anecdótica esa manera de presentarse con tal austeridad, vestido con una piel de camello, alimentándose de saltamontes y miel silvestre como nos lo describen los evangelistas – ya algunos lo apuntarían para esas modas ecologistas que algunos pretenden vivir o hacer vivir – pero todo ello era un signo de algo profundo que se iba realizando en su corazón en su apertura a Dios y a descifrar la misión que Dios le encomendaba. Si llegaba a tener esa certeza y contundencia en sus palabras, aunque a algunos les parecieran duras, significaban sin embargo una profundidad de vida en el Espíritu para poder anunciar esa Palabra de Dios.

Hoy escuchamos el mensaje del Bautista cuando también en nuestro corazón queremos preparar los caminos del Señor y de manera especial litúrgicamente cuando nos acercamos en el Adviento a la Navidad, al Nacimiento del Señor. Pero la figura del Bautista que hoy también contemplamos sigue siendo en todo tiempo un revulsivo a nuestras conciencias, pero también una lección de esos pasos tan necesarios que tenemos que saber dar en la vida, para encontrar ese silencio, para encontrar ese desierto donde aprendamos a rumiar los designios de Dios para nuestra vida y la misión que el Señor también a nosotros nos quiere confiar hoy en medio de nuestro mundo.

Ojalá lleguemos a sentir también que la mano del Señor está con nosotros; ojalá seamos capaces de dejar que el Espíritu del Señor nos dé un revolcón en nuestra vida, como significó la presencia de María que llevaba ya a Dios en su seno cuando la visita a la montaña de Judá y ya el niño saltaba también de alegría en el seno de su madre Isabel, como ella reconoce. Silencios y austeridades penitenciales, pero revolcones a lo divino serán los que en verdad nos motivaran y harán que seamos capaces también hoy como profetas de ayudar a nuestra generación a preparar en verdad los caminos del Señor.

jueves, 16 de diciembre de 2021

En este camino de adviento que estamos realizando escuchemos al Bautista y dejémonos purificar por la gracia de la Palabra de Dios que nos salva

 


En este camino de adviento que estamos realizando escuchemos al Bautista y dejémonos purificar por la gracia de la Palabra de Dios que nos salva

Isaías 54,1-10; Sal 29; Lucas 7,24-30

‘Yo envío mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti...’ Es lo que había anunciado el profeta. Una referencia clara a Juan Bautista. No era otra su misión, pero ¡qué excelsa misión! El que preparaba el camino, el que caminaba delante señalando el camino, por eso lo llamamos el Precursor.

No todos comprendieron el mensaje de Juan. Muchas veces los mensajes de los profetas pueden parecer enigmáticos para el resto de los mortales. No es como poner un calco para que todo salga igual, pero sí vemos en la misión, las palabras y la presencia del profeta algo que nos dice, que nos llama la atención, que nos obliga a aterrizar en la vida para de una forma concreta ver hecho realidad lo que antes está anunciado en profecía.

Es lo que vemos en Juan. Cuando aquella embajada había venido en nombre Juan preguntando si era El o habían de esperar a otro, los enviados se convirtieron en testigos, lo que parecían los enigmas comienza a ser descifrado, todo se convierte en una palabra profética que nos invita a nuestras actitudes, a nuevos actos de servicio, a nuevo estilo de vida. Y con palabras y con hechos tenemos que encontrar la respuesta.

Ya la figura de Juan en si misma es todo un gesto profético. Su andar por los desiertos, su estilo de vida, su austeridad y su pobreza, sus vestiduras y aquello silvestre de lo que se alimentaba. Todo va indicando que nos encontramos con alguien superior, no es como el resto de los mortales aunque él sea también un simple mortal.

Todos sus gestos, todas sus palabras, todos los signos que emplea nos están hablando. No viste a la manera de los que andan en los palacios, su vestidura hecha de piel de camello, y la frugalidad de su comida, saltamontes o miel silvestre, estarán poniendo en un interrogante la vida de los que lo contemplen. No hay modo de que nos comparemos con El. Es pequeño, pero es grande, sus palabras y enseñanzas parecen sencillas pero tienen una profundidad y unas exigencias grandes. Son un fiel espejo en el que tenemos que mirarnos, nuestras ropas de marca, nuestro estilo cómodo de vida, la exquisitez que buscamos en nuestros alimentos pueden estar hablándonos de nuestras superficialidades.

Por eso su palabra exige un cambio en nosotros, nos habla de conversión. Y nos hablará de fuego que purifica, como de hacha que está dispuesta para arrancar todo lo inservible porque ha de ser el principio de un hombre nuevo, que si va a recibir alguna unción será la que nos consagrará como sacerdotes profetas y reyes. ¿Estaríamos dispuestos a esa purificación, a dejarnos arrancar esas ramas inservible que nada de fruto dan y que solo merecerán el fuego de la hoguera donde todo es purificado?

‘¿Qué salisteis a ver en el desierto?’ Les pregunta Jesús. No al hombre que viste ricos ropajes ni el que habita en el confort de un palacio. Es el que viene con una misión, aquel que ha sido escogido como precursor, el que va delante y va marcando el camino. Cuando utilizamos estos medios técnicos y electrónicos para escribir en la pantalla va apareciendo algo que llamamos el cursor que nos está indicando por donde irán apareciendo las letras, las palabras, los dibujos que nosotros vayamos componiendo o realizando. Es la misión del bautista; por eso lo llamamos el precursor, el que va delante, el que nos va señalando el camino.

‘Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que un profeta… Porque os digo, entre los nacidos de mujer no hay nadie mayor que Juan. Aunque el más pequeño en el reino de Dios es mayor que él. Al oír a Juan, todo el pueblo, incluso los publicanos, recibiendo el bautismo de Juan, proclamó que Dios es justo. Pero los fariseos y los maestros de la ley, que no habían aceptado su bautismo, frustraron el designio de Dios para con ellos’.

Nosotros ¿escucharemos a Juan o frustraremos el designio de Dios? ¿Queremos en verdad escuchar la Palabra de Dios? ¿Queremos en este camino de adviento que estamos realizando dejarnos purificar por la gracia de la Palabra de Dios que escuchamos?

miércoles, 24 de junio de 2020

Como las gentes se interrogaban ante el nacimiento o la figura del Bautista nosotros también tenemos que preguntarnos qué es lo que tenemos que hacer



Como las gentes se interrogaban ante el nacimiento o la figura del Bautista nosotros también tenemos que preguntarnos qué es lo que tenemos que hacer

Isaías 49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80
La sorpresa y también, por qué no, los interrogantes se habían ido adueñando de las montañas de Judea. Las noticias, como se suele decir, corren como la pólvora, y más cuando son hechos inauditos pero que además podían significar alegría para una familia, para una mujer que va a ser madre. Si normalmente el embarazo de una mujer es alegría para una familia como una comidilla de gozo corre habitualmente entre los vecinos de modo que pronto se suceden las felicitaciones a la futura madre, el hecho de que una mujer ya muy anciana y que había dado señales de esterilidad durante toda su vida ahora apareciera embarazada era más motivo aun para la alegría, para la felicitación y también en unas personas creyentes para la alabanza y bendición al Señor.
Es lo que sucedía en las montañas de Judea con el embarazo de Isabel, la mudez que se había apoderado del anciano padre y ahora con el nacimiento de aquel niño. ¿Qué va a ser de aquel niño? Se preguntaban todos, porque todos estaban viendo la mano del Señor. Más sorpresa fue aun el nombre que se le impuso al niño, ‘Juan es su nombre’ había escrito en una tablilla el anciano Zacarías, aunque nadie hasta entonces en aquella familia había llevado tal nombre. Pero era el signo también porque en aquel niño se iba a manifestar de manera especial la misericordia del Señor.
No era extraño, pues, aquel canto de bendición en que prorrumpió el anciano al soltársele la lengua que antes que dar explicaciones de cuanto había sucedido era una forma de alabar y bendecir al Señor que en su misericordia venia a visitar a su pueblo, porque aquel niño iba a ser en verdad el Profeta del Altísimo que iría delante del Mesías prometido preparando un pueblo bien dispuesto. Lo que Dios había prometido desde siglos comenzaba ahora a realizarse y se anunciaba al pueblo de Dios la salvación. Era el principio de una Buena Nueva que se nos anunciaría invitándonos a la conversión para enderezar los caminos que nos llevan al Señor.
Interrogantes y preguntas se sucederían desde el nacimiento de Juan pero que se repetirían también a lo largo de su vida. Si ahora las gentes se preguntaban qué iba a ser de aquel niño en quien se estaban manifestando las glorias del Señor, serían luego las preguntas que se hacían de si era un profeta o era el Mesías prometido, para concluir en la pregunta que se hacían y le hacían a Juan ‘¿qué es lo que hemos de hacer?’
Cuando hoy con alegría nosotros también celebramos su nacimiento ya quizá no nos preguntamos quien es Juan, si es un profeta o es el Mesías, porque bien clara tenemos su misión de ser el precursor del Mesías, el que venia a preparar los caminos del Señor. Pero sí hay una pregunta que tenemos que hacernos y era lo que los que acudían hasta el bautista de todas partes le hacían. ‘¿Qué hemos de hacer?’
Y es importante porque ni nos queremos quedar en una alegría pasajera ni tampoco en tradiciones ancestrales que en el principio del verano hoy la sociedad trata de reavivar. Puede ser que en estos días luminosos hasta el extremo, sobre todo en nuestro hemisferio norte, queramos llenarnos de una energía nueva queriendo llenarnos de vitalidad o que queremos hacer una purificación de nosotros mismos en esas tradiciones de las hogueras – aunque este año se vean limitadas por la situación que vivimos – pero esto quizá puede ayudarnos a encontrar la respuesta a esa pregunta que nos estamos haciendo.
‘¿Qué hemos de hacer?’ será una pregunta que se repita en el evangelio en muchos cuando se acercaban a Jesús cuando planteaban quizá cuál era el mandamiento principal o qué habían de hacer para alcanzar la vida eterna. Es la pregunta que se hacían también las gentes de Jerusalén ante la predicación de Pedro en la mañana de Pentecostés.
Es quizá la pregunta que de una forma u otra nos estamos haciendo en la situación que estamos viviendo en nuestros tiempos. Nos sentimos confundidos, no sabemos como vamos a salir de todo esto, que nuevo tendría que surgir en nosotros pero también en el estilo de vida de nuestro mundo. Sabemos muy bien que son muchas las cosas que tendríamos que mejorar, que nuevas actitudes, posturas y compromisos tienen que surgir en nosotros si queremos que nuestro mundo sea distinto, porque no estamos del todo satisfechos del mundo que hemos venido haciendo.
La respuesta de Juan a los que a él acudían allá junto al Jordán, como la respuesta de Pedro en aquella mañana de Pentecostés a todos los que se habían congregado en Jerusalén iba por el camino de que era necesario un nuevo estilo y sentido de vida, por eso hablaban de conversión, de una vuelta a donde en verdad está nuestra salvación y Juan preparaba el camino de Jesús y Pedro anunciaba que aquel Jesús que habían crucificado Dios lo había resucitado y convertido en nuestro Salvador. Los gestos y ritos ancestrales que se realizan en estos días nos hablan también de algo nuevo, de una luz nueva, de una purificación y renovación. ‘¿Qué tenemos que hacer?’
¿Seremos capaces de aunar esfuerzos para lograr un mundo mejor? Esta tarde me encontraba con unos vecinos que se habían movilizado por algo que estaba sucediendo en el barrio y con lo que no estaban de acuerdo; allí estaban reunidos, trabajando juntos, preparando sus pancartas y carteles porque querían hacerse oír frente a algo que consideraban que no era bueno. De acuerdo o no de acuerdo con sus ideas o la solución de las cosas, sin embargo lo vi como una buena señal, eran capaces de unirse, de trabajar juntos, de olvidarse quizá un poco de las rutinas de cada día, para estar allí queriendo luchar por algo que consideraban mejor.
Cuánto podríamos conseguir por hacer que nuestro mundo sea mejor si fuéramos capaces de unirnos más, de aceptarnos y comprendernos y de ponernos a trabajar juntos por algo nuevo y mejor. Creo que puede ser una lección, una señal, un camino que se abra ante nosotros cuando hoy celebramos al que vino a preparar los caminos del Señor.

lunes, 24 de junio de 2019

Fiestas de san Juan, fiestas de luz y de fuego purificador, invitación a quemar cuanto de negativo pervive en nosotros como inicio de nuevos tiempos de armonía y fraternidad


Fiestas de san Juan, fiestas de luz y de fuego purificador, invitación a quemar cuanto de negativo pervive en nosotros como inicio de nuevos tiempos de armonía y fraternidad

Isaías 49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80
‘¿Qué va a sep de este niño?’, se preguntaban las gentes del lugar. La noticia había corrido por toda la montaña. Isabel, ya anciana, la mujer de Zacarías el sacerdote había dado a luz un niño. Y allí se estaban obrando las maravillas del Señor. Sacaría había estado mudo desde la vuelta del servicio sacerdotal en el templo de Jerusalén hacía nueve meses; ahora había recobrado el habla cuando discutían cuál había de ser el nombre del niño y había prorrumpido en cánticos de alabanza al Señor. ‘La mano del Señor estaba con él’, reconocían.
Es el niño cuyo nacimiento hoy estamos celebrando. Un ángel le había anunciado su nacimiento a Zacarías allá en el templo cuando hacía la ofrenda del incienso aquella tarde. Ya le había anunciado que venía con el poder y el espíritu de Elías porque venía con misión de reconciliación y había de preparar los caminos del Señor como habían anunciado los profetas.
Profeta del Altísimo lo había llamado ahora su padre en cántico de alabanza al Señor, porque su misión era ir delante del que había de venir para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. En esa misión lo contemplaremos mas tarde en el desierto entre austeridades y penitencias invitando a la conversión porque ya en medio de ellos estaba a quien él no se consideraba digno de desatar las correas de sus sandalias. Y las gentes vendrían de Jerusalén y de Judea, de Galilea y de todas partes para escuchar su mensaje y para someterse a aquel bautismo que purificaba sus corazones en la conversión para preparar los caminos del Señor.
Hoy nosotros celebramos su nacimiento. Nos unimos a la alegría de aquellos lugares de las montañas donde las gentes se admiraban de su nacimiento y de cuantas cosas estaban sucediendo en su entorno. Nos alegramos con toda la Iglesia porque seguimos escuchando su mensaje que nos invita a la conversión, que nos invita a ser un pueblo bien dispuesto a escuchar la Buena Nueva del Evangelio que Jesús nos viene a traer.
Así lo escuchamos con toda intensidad sobre todo el tiempo del Adviento porque son sus espíritu nosotros también queremos prepararnos para la llegada del Señor en nuestra vida que celebramos en la Navidad. Pero no es solo entonces cuando hemos de escucharle y ahora cuando celebramos su nacimiento no solo hemos de llenarnos de alegría en tantas fiestas que por todas partes en su día se hacen en su honor, sino que hemos de sentir su mensaje que sigue vivo para nosotros porque siempre hemos de estar dispuestos a abrir nuestro corazón al Señor.
Se unen en este equinoccio del verano muchas fiestas que se celebran en la entrada del verano por todas partes unida a muchas tradiciones ancestrales medio con resabios de fiestas paganas que intentamos darles también un sentido cristiano. Bueno es tener buenos deseos para unos y para nosotros en este comienzo de temporada porque siempre todo lo bueno que deseemos para los demás puede ser un principio de acercamiento a los otros al tiempo que una disposición interior para hacer siempre lo bueno a favor de los demás.
Unimos en esta fiesta de luz, - en los días en nuestro hemisferio más largos en su luminosidad del año, aunque en el otro hemisferio la mayor oscuridad de los días puede hacerles desear el que pronto lleguen a ellos esos días de luz y de calor – unimos, digo, a las fiestas del fuego purificador. Es quemar, sí, cuanto de negativo haya en nuestra vida queriendo ahogar en el fuego todos los malos sentimientos que muchas veces pueden llenar nuestro corazón queriendo arrancar de nuestro corazón para arrojar en ese fuego purificador esos malos deseos de odio o de egoísmo, de violencias o de envidias y reticencias para comenzar unos nuevos tiempos de armonía y más solidaridad.
Démosle sentido a esas tradiciones ancestrales que se mantienen en la memoria de nuestros pueblos que no sean solamente una ocasión de fiestas que se puedan transformar en orgías de desenfreno destructoras de nosotros mismos arrastrados por la pasión, sino que sean promesa verdadera de un inicio de un nuevo sentido y de la vivencia de unos buenos valores que construyan nuestra vida y mejoren nuestra sociedad.

Nos alegramos en la fiesta del nacimiento de san Juan. Nuestro corazón se llena de regocijo y en medio de estas fiestas tradicionales que en su honor celebramos no perdamos de vista su mensaje que nos invita a transformar nuestro corazón quemando cuando de negativo pueda anidar en él para iniciar así purificados un nuevo sentido de vivir que en Jesús encontraremos en plenitud.

domingo, 24 de junio de 2018

La celebración del nacimiento de Juan el Bautista nos invita y compromete a que seamos testigos de luz en medio de un mundo envuelto por tantas sombras de mal


La celebración del nacimiento de Juan el Bautista nos invita y compromete a que seamos testigos de luz en medio de un mundo envuelto por tantas sombras de mal

Isaías 49, 1-6; Sal 138,; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80

‘Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan. Este vino como testigo, para dar testimonio de la luz, a fin de que todos creyeran por él. No era él la luz, sino testigo de la luz’. Así nos presenta y define el evangelio de Juan la figura del Bautista. Era un testigo que venia a dar testimonio de la luz. Hoy, en estos días luminosos del equinoccio de verano en nuestro hemisferio norte, cuando son los días más largos y más llenos de luz, celebramos el nacimiento de Juan. ‘Vino un hombre, enviado por Dios, que se llamaba Juan’.
‘Juan es su nombre’, proclamará Zacarías ante las dudas y sorpresa de vecinos y parientes porque Isabel, en quien se habían manifestado las maravillas del Señor, les decía que había de llamarse Juan en el momento de la circuncisión e imposición del nombre. Era la manifestación del consuelo de Dios para su pueblo que les anunciaba tiempos de misericordia y de perdón. La noticia de su nacimiento corrió de boca en boca por todas las montañas de Judea.
Su nacimiento está rodeado de las maravillas de Dios. Es el anuncio del ángel al sacerdote Zacarías cuando presentaba la ofrenda en el templo, diciéndole que su oración había sido escuchada. Es un hombre de fe, pero es tal el asombro de la visión angélica que no termina de creerse las palabras del ángel. Era el hijo que venia con el espíritu y el poder de Elías, el que venia para ser inicio de reconciliación e invitación a la penitencia desde la austeridad de vida que va a vivir.
La mano del Señor estaba con él y en él se iba a manifestar el espíritu del profeta del Altísimo que anunciaba que se acercaban los tiempos de la misericordia y del perdón. Así lo cantaría su padre Zacarías después de su nacimiento cuando de nuevo se le suelta la lengua para cantar las maravillas que hace el Señor que visita a su pueblo y derrama su misericordia sobre todos los pueblos. Allí estaba el que venia a preparar los caminos del Señor, preparando un pueblo bien dispuesto para la llegada del Mesías Salvador esperado.
Hoy nosotros, con alegría, estamos celebrando su nacimiento. Esta fiesta está rodeada de muchas costumbres y tradiciones ancestrales, pero que manifiesta la alegría del pueblo de Dios en el nacimiento del Bautista a seis meses del nacimiento de Aquel para quien él venia a preparar sus caminos. Cuando el ángel le anuncia a María el nacimiento de Dios en sus entrañas nos recuerda el mismo ángel que Isabel estaba ya de seis meses. Es la concordancia de las fechas de nuestras fiestas cristianas.
No nos queremos quedar en costumbres o ritos ancestrales en una verdadera celebración del nacimiento de Juan como hoy queremos hacer, sino su nacimiento y su vida son anuncio profético que nos ayuden a encontrar nosotros esos caminos que en nuestra fe hemos de recorrer y que sean también un testimonio de luz en medio del mundo que hoy vivimos. No somos nosotros la luz, pero sí estamos llamados a ser testigos de la luz, a dar testimonio de la luz. Contemplamos la figura de Juan y hemos de dejarnos interpelar por la Palabra de Dios para llegar a descubrir como en este mundo tan lleno de sombras en que vivimos hemos de ser portadores de una luz, anuncio también de esperanza de salvación porque realmente otro mundo es posible. 
No podemos deprimirnos ni acobardarnos por las sombras que siguen envolviendo nuestro mundo. Son muchos los problemas de todo tipo que nos rodean; no terminar de encauzar los caminos de nuestro mundo por sendas de paz y de justicia; nos sentimos agobiados porque parece que cada día son mas fuertes las redes ambiciosas que nos rodean en tanta injusticia y en tanta corrupción, en tantas manipulaciones desde los distintos ámbitos de poder que llenan de soberbia y de prepotencia a quien tendrían la misión de dirigir nuestra sociedad , y en tanta falsedad, hipocresía y mentira con que tratan de engañarnos.
Enfrente indiferencia, carencia de ideales y de metas, desorientación, falta de verdaderos valores que sean como pilares sobre los que fundamentar nuestra sociedad; tantas cosas que nos llevan a una convivencia muchas veces imposible, a rencillas, resentimientos y envidias, a no poder vivir en paz y en armonía ni siquiera algunas veces con los que tenemos más cerca.
Y ahí, nosotros, los que nos decimos creyentes en Jesús tenemos que encender una luz de esperanza, hacer un anuncio de salvación, trabajar por construir un mundo que sea distinto y que sabemos que es posible realizarlo. Porque creemos en Jesús tenemos la certeza y la garantía de la fuerza de su espíritu para hacer ese mundo nuevo y mejor. Es nuestra tarea, es nuestra misión, ha de ser nuestro compromiso.
La celebración del nacimiento de Juan, el que venia a preparar los caminos del Señor a esto nos tiene que llevar. Recordemos lo que él les pedía a aquellos que venían a bautizarse en señal de penitencia y como signo de que querían preparar esos caminos del Señor. Invita a caminos de solidaridad, de justicia, de rectitud, de sinceridad en la vida, de obrar con verdadera responsabilidad. Es lo que hoy nosotros tenemos que escuchar y por donde tenemos que caminar. Y en eso tenemos que ser testigos, esa es la palabra que tenemos que decir y la sinceridad de vida que tenemos que proclamar para dar testimonio de esa luz nueva que nos viene en Jesús y nos trae la salvación.
Que florezca de nuevo la esperanza en nuestro corazón.

sábado, 23 de diciembre de 2017

El nacimiento de Juan es también un signo para nosotros para que no nos distraigamos con cosas superfluas y abramos las puertas a Dios que viene a visitar a su pueblo en esta Navidad

El nacimiento de Juan es también un signo para nosotros para que no nos distraigamos con cosas superfluas y abramos las puertas a Dios que viene a visitar a su pueblo en esta Navidad

Malaquías 3,1-4.23-24; Sal 24; Lucas 1, 57-66

‘¿Qué va a ser de este niño?’ se preguntan las gentes de la Montaña ante el nacimiento de Juan y todo lo sucedido en su entorno. Sus padres eran mayores y de todos era conocida la esterilidad de Isabel, que ahora aparece embarazada. Algo había sucedido en el templo, porque desde el regreso de Zacarías después de cumplir su turno no había podido articular palabra. Ahora en el momento de la circuncisión y de la imposición del nombre quieren que se llame como Zacarías, su padre, pero la madre insiste en que se ha de llamar Juan y es el nombre que el padre escribe en una tablilla cuando le preguntan. Pero lo más sorprendente es que de nuevo ha recobrado el habla y prorrumpe en un cántico de alabanza y bendición a Dios que ellos no terminan de entender. ‘¿Qué va a ser de este niño?’, se preguntaban porque era palpable que ‘la mano de Dios estaba sobre él’.
‘La mano de Dios estaba sobre él’. El ángel le había anunciado a Zacarías el nacimiento de un hijo que iba a ser un signo muy importante para la llegada del Mesías. Ahora Zacarías le llamará ‘profeta del Altísimo, porque irá delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados’. Era lo anunciado por el profeta. Vendría alguien con el espíritu y el poder de Elías para preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto.
Dios visitaba a su pueblo. La misericordia de Dios se derramaba sobre su pueblo y sobre todos los hombres porque llegaban días de salvación. Era el cumplimiento de la Alianza que ahora se iba a establecer de una manera más definitiva y eterna. Y Juan había de preparar esos caminos. Será la voz que gritará en el desierto invitando a la conversión para hacerse digno de la salvación, aunque él diría que no se consideraba digno ni de desatarle la correa de la sandalia del que iba a venir. Todo aquello que ahora está sucediendo en torno al nacimiento de aquel niño era ya un signo de la salvación que llegaba.
Y nosotros, ahora, en las vísperas ya de la celebración de la Navidad recordamos y contemplamos el nacimiento de Juan que ha de ser signo también para nosotros de la salvación que llega. Como Juan, ya desde su nacimiento, fue voz que anunciaba al Mesías y Salvador para cumplimiento de las promesas, ‘todo lo predicho desde antiguo por la boca de los santos profetas’ ahora nosotros hemos de estar atentos a las señales de la llegada del Salvador a nuestra vida.
Atentos porque quizá hemos rodeado a nuestra navidad de muchas cosas superfluas y que nos distraen y pase la Navidad, entre muchas alegrías, muchas fiestas y muchos jolgorios, y no seamos capaces de darnos cuenta de cómo Dios quiere ahora también visitar a su pueblo. Celebrar la Navidad de verdad tendría que hacernos conscientes de esa visita de Dios a nuestra vida con su salvación. Claro que hemos de ser conscientes de que necesitamos de esa salvación, pues nos pudiera suceder que creyéramos que no la necesitamos.
Abramos las puertas para recibir al Señor que viene. Como escucharemos en Belén algunas puertas se cerraron y no había sitio para ellos, como nos dice el evangelio. No dejemos pasar de largo esta oportunidad de salvación y vida nueva. Cuidemos de celebrar Navidad de verdad con Jesús. Que haya sitio en nuestro corazón, en nuestro hogar, en nuestro mundo. Nuestra manera de celebrar la Navidad ha de convertirnos en signos y profetas en medio del mundo hoy.

sábado, 24 de junio de 2017

El nacimiento de Juan Bautista nos recuerda a la Voz que anuncia la llegada de la Palabra y nos compromete a ser misioneros, apóstoles y voz que anuncia la única palabra de Salvación

El nacimiento de Juan Bautista nos recuerda a la Voz que anuncia la llegada de la Palabra y nos compromete a ser misioneros, apóstoles y voz que anuncia la única palabra de Salvación

Isaías 49, 1-6; Sal 138; Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66. 80
Escuchar una voz no es simplemente escuchar unos sonidos inconexos sino que cuando escuchamos una vez lo que pretendemos es escuchar una palabra. Podemos producir sonidos con nuestra garganta o nuestras cuerdas vocales, pero lo importante es cuando conseguimos pronunciar una palabra e hilvanar un mensaje. El niño comienza a producir sonidos guturales pero estamos deseando escuchar cuando llegue ya a balbucear una palabra y qué gozo cuando la primera palabra que pronuncia es papá o mamá.
Hoy estamos celebrando el que iba a ser la voz, la voz que anunciara la llegada de la Palabra. Hoy celebramos el nacimiento de Juan Bautista, como habían anunciado los profetas y el definiría de si mismo, la voz que grita en el desierto para preparar el camino del Señor.
En torno al nacimiento del que iba a ser esa voz se suceden diversos hechos como signos de lo que en realidad iba a significar su nacimiento. Hay palabras de anuncio y hay silencios, hay cánticos de alabanza y sobresalto y alegría de las gentes. El ángel le anuncia en el templo a su padre Zacarías el nacimiento de quien venia con el espíritu y el poder de Elías para reconciliar y para convertir, para atraer a los hijos dispersos y para ser precursor de la llegada de la salvación para todos. Grande es la sorpresa de Zacarías que no se lo puede creer y se queda mudo ante el sobresalto que se produce en su corazón con tales anuncios.
Pero con la llegada del que iba a ser la voz también Zacarías prorrumpe en cánticos de alabanza que seguramente se habían ido gestando también en su tiempo de silencio, rumiando en su interior todo aquel misterio de Dios que aun no terminaba de comprender. Pero su cántico de alabanza se hace también cántico profético porque va a señalar al niño recién nacido como el profeta del Altísimo porque irá delante del Señor preparando sus caminos.
Juan es la voz, sí, pero que da paso a la Palabra; la Palabra eterna de Dios que en Dios está desde toda la eternidad y por quien se hizo todo cuanto esta hecho, pero que ahora viene a plantar su tienda entre nosotros, aunque las tinieblas la rechacen, pero que va a ser esa Palabra viva y Palabra de vida que a todos venga a dar nueva vida porque a cuantos la reciben los hará hijos de Dios.
Hoy nos alegramos con el nacimiento de Juan, porque va a resonar esa voz que dará paso a la Palabra, a la Palabra de la salvación. Hoy nos alegramos con el nacimiento de quien viene a abrir caminos de conversión y de reconciliación, de quien viene a despertar nuestras conciencias y descubramos nuestros valles de abatimiento o nuestras montañas de orgullo, nuestros caminos retorcidos y desorientados en la duda y en la confusión y seamos capaces de bañarnos en el baño de la purificación para poder vestirnos el vestido nuevo de la vida y de la gracia.
Hoy todo el mundo se alegra en esta fiesta de san Juan, fiesta muy rodeada es cierto de muchos ritos ancestrales del fuego y de la luz en torno a este inicio de verano. No nos podemos quedar en una fiesta pagana, aunque utilicemos la imagen de un santo, sino que quienes tenemos marcada nuestra vida desde nuestra fe cristiana hemos de saberle dar un verdadero valor y sentido.
Nos alegramos con todos en este día de fiesta pero hemos de saber recibir el mensaje que este día del nacimiento de Juan Bautista ha de tener para nosotros. Yo diría que hemos de recibir el testigo de manos o de la voz, si queremos decir así, de Juan Bautista. También nosotros hemos de ser voz que resuene como la de Juan en medio de nuestro mundo y nuestra sociedad medio paganizada; hacer resonar nuestra voz para que se escuche la Palabra, para que de manos de Juan Bautista vayamos hasta el Salvador del que él es profeta.
Es el anuncio siempre nuevo que tenemos que hacer los creyentes en medio del mundo. Misioneros de la Buena Nueva del Evangelio, profetas con nuestros gestos y palabras, evangelizadores con el testimonio de nuestra vida, anunciadores siempre con nuestra voz como la de Juan de la única Palabra que nos trae la salvación.


martes, 24 de diciembre de 2013

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visita el sol que nace de lo alto

2Sam. 7, 1-5.8-11.16; Sal. 88; Lc. 1, 67-79
‘Juan es su nombre’ escribió Zacarías en un tablilla ante la pregunta insistente de todos sobre el nombre del niño, ‘e inmediatamente se le soltó la boca y la lengua’ -  recordamos que había permanecido mudo desde el anuncio del ángel en el templo - ‘y empezó a hablar bendiciendo a Dios’. Como nos ha dicho hoy el evangelio ‘lleno del Espíritu Santo comenzó a profetizar’, bendiciendo y alabando a Dios.
Largos nueve meses en silencio habían dado para mucho meditar y abrir su corazón a Dios. Ahora estaba lleno de Dios, ‘lleno del Espíritu Santo’, y todo aquel misterio que no comprendía se le había revelado en su corazón. Cuánto nos ayuda hacer silencio en nuestro interior alejándonos de tantos ruidos exteriores que nos aturden y ensordecen para poder escuchar de verdad a Dios en el corazón. En aquel silencio de su corazón Zacarías descubrió bien el misterio de Dios que primero tanto le había costado entender y al que ahora canta y bendice. Cómo tendríamos que aprender a hacer ese silencio en nosotros para abrir de verdad nuestro corazón a Dios que viene a nosotros con su salvación.
Estamos en el eje entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Se acaban los tiempos antiguos de la promesa y comienza un tiempo nuevo que es el de la gracia donde se va a manifestar la misericordia y el amor de Dios. Todas aquellas promesas antiguas, ‘todo lo predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas’ ahora tienen su cumplimiento.
‘Por la entrañable misericordia de nuestro Dios nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte; para guiar nuestros pasos en el camino de la paz’. Canta y bendice proféticamente Zacarías a Dios.  Llega la hora de la salvación y de la gracia. Dios viene a visitar a su pueblo para quedarse con El. El que llega es el Emmanuel anunciado por los profetas, que será ya para siempre Dios con nosotros.
Aquella Alianza del Antiguo Testamento llega ahora a su plenitud en la Nueva Alianza que se va a constituir. Llega el momento es que nos veremos libres de las tinieblas de la muerte y del pecado; se va a manifestar la misericordia del Señor que nos liberará para siempre del pecado para llenarnos de la gracia y de la vida. Se alejan de nosotros los temores porque podemos alcanzar la verdadera libertad. El que viene ‘es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian’, el que viene nos concede que ‘libres del temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos en santidad y justicia, en su presencia todos los días’.
Aquel niño que ahora porta en sus brazos lleno de gozo Zacarías es el que viene como ‘profeta del Altísimo, porque irá delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados’. Es el precursor cuya voz gritará en el desierto preparando los caminos del Señor. Es la misión que Juan va a realizar allá en el desierto invitando al bautismo de conversión para preparar un pueblo bien dispuesto para el Señor.
La liturgia en este día nos proclama ‘hoy sabréis que viene el Señor, y mañana contemplaréis su gloria’. Es lo que estamos viviendo en esta mañana en estas vísperas del nacimiento del Señor. Hoy tenemos la voz profética de Zacarías que nos invita a bendecir al Señor porque llega la salvación, llega el Salvador y podemos contemplar la gloria del Señor. Bendecimos, sí, al Señor con el cántico de Zacarías porque sentimos cómo  nos visita el Señor para traernos la salvación y la redención, ‘suscitándonos una fuerza de salvación’, en cumplimiento de las antiguas profecías.

No nos queda sino orar una vez más con insistencia como lo hacíamos en la oración litúrgica: ‘Ven, Señor, no tardes, que tu venida consuele y fortalezca  a los que lo esperan todo de tu amor’. En El hemos puesto toda nuestra esperanza que ahora la vemos cumplida. Llenémonos de su Salvación para que vivamos intensamente la fiesta grande de la Navidad del Señor.