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domingo, 26 de febrero de 2017

Cuando centramos de verdad nuestra vida en Dios todo tendrá un sentido profundo y un valor, nos sentiremos realmente felices y El va a proveer lo que es fundamental para nuestra vida

Cuando centramos de verdad nuestra vida en Dios todo tendrá un sentido profundo y un valor, nos sentiremos realmente felices y El va a proveer lo que es fundamental para nuestra vida

Isaías 49, 14-15; Sal 61; 1Corintios 4, 1-5; Mateo 6, 24-34
Hay a quien le pudiera parecer demasiado radical el texto del evangelio que nos ofrece la liturgia de este domingo, a quien la pudiera parecer utópico en el sentido de que seria una cosa bonita pero irrealizable, o quien pudiera salir pensando como ponemos toda nuestra confianza en el Señor y El nunca nos abandonara para que preocuparse de responsabilidades y compromisos con la vida que ya todo saldrá por si mismo y así abandonarían sus responsabilidades en la vida.
Lo que si tenemos que decir es que este evangelio nos tiene que hacer pensar. No abandonamos nuestras responsabilidades de ninguna manera; bien sabemos que el evangelio de Jesús nos compromete y la responsabilidad es un valor importante, además de que hemos de saber desarrollar nuestras cualidades y valores porque lo que somos y lo que tenemos no es solo para nosotros mismos sino que tiene también la función del bien de los demás; no podemos enterrar nuestros talentos.
Pero hay una palabra que se repite varias veces en labios de Jesús en esta ocasión. ‘No os agobiéis…’ nos dice y nos repite. Y el agobio empieza cuando pensamos tanto en esas cosas de las que tenemos que valernos en la vida para nuestras relaciones, para nuestros intercambios, para tener lo que necesitamos para una vida digna que perdemos la paz, que los convertimos en absolutos de nuestra vida, porque nos quita el sueño y decir que nos quita el sueño es decir que nos enturbia tanto nuestra mente que no vemos claro que es lo que tenemos que hacer.
Nos agobiamos cuando pensamos que todo esta en razón de nuestras fuerzas, de nuestras posibilidades, de lo que hacemos materialmente en los trabajos que realizamos de manera que olvidamos otros valores importantes que si nos harán crecer por dentro, que nos darán altura de miras, que nos hacen mirar mas allá de lo que ahora en el presente podamos conseguir y nos olvidamos de la trascendencia que tenemos que darle a nuestra vida.
Nos agobiamos cuando todo lo que queremos contabilizar y medir y terminamos poniendo por encima de todo lo que sean nuestras ganancias materiales o lo que materialmente podamos ofrecer a los que dependen de nosotros o con aquellos con los que convivimos. Será mas importante muchas veces, por ejemplo, el tiempo que le podamos dar al encuentro con nuestros hijos, con nuestra familia o con los que convivimos, que los regalos materiales que podamos ofrecerles, o ese nivel de vida en los que los rodeamos de toda comodidad.
Quizás una carencia en un momento determinado de eso que no es tan esencial en la vida, nos ayudara a valorar el sentido de nuestros sacrificios o nos hará comprender que podemos ser felices sin muchas cosas cuando somos comprendidos y escuchados, cuando tenemos una convivencia en la que sabemos compartir las pocas cosas que tenemos, o cuando sabemos estar - simplemente estar - al lado de los que queremos.
Y a todo esto que estamos diciendo nos ayuda ese sentido espiritual y trascendente que le damos a nuestra vida, esa religiosidad en la que nos abrimos al Espíritu del Señor para sentirlo en nuestro corazón y sabemos escuchar esa Palabra que nos enriquece y nos hace verdaderamente grandes.
Son tantos los agobios que nos buscamos en la vida; son tantas las cosas que nos atan y nos esclavizan; son tantas las cosas que convertimos en absolutos de nuestra vida, pero con la incongruencia de no es una sola cosa la que consideramos absoluta sino muchas y no sabemos al final a donde dirigir nuestro corazón. ¿Qué es lo que buscamos? ¿Qué consideramos fundamental de nuestra vida? ¿Cuál es el centro y razón de ser de nuestra existencia?
Hoy nos lo dice claramente Jesús. ‘Nadie puede estar al servicio de dos amos. Porque despreciará a uno y querrá al otro; o, al contrario, se dedicará al primero y no hará caso del segundo’. Por eso concluirá: ‘No podéis servir a Dios y al dinero’. Y el dinero, si, pueden ser las riquezas, los medios económicos, pero pueden ser tantas cosas materiales, tantas vanidades y lujos con los que rodeamos nuestra vida; pueden ser nuestras sensualidades y los deseos de simplemente pasarlo bien o puede ser la superficialidad con que vivimos nuestro propio ser y todo lo que nos relacione con los demás, pueden ser nuestros orgullos y nuestras apetencias de poder o de manipulación de los demás; pueden ser quizás cosas que nos parecen insignificantes, pero a los que sin embargo apegamos nuestro corazón.
En el anuncio que Jesús nos esta haciendo en el evangelio del Reino de Dios ahora nos dice: ‘Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura’. Cuando centramos de verdad nuestra vida en Dios todo lo que hacemos tendrá un sentido profundo y un valor, nos descubrirá lo que es la verdadera grandeza del hombre y nos elevara nuestra mirada de todas esas cosas que nos atan y nos esclavizan por las que tantas veces nos sentimos agobiados.
Nuestra vida será distinta, caminaremos por caminos de verdadera plenitud, seremos más felices allá en lo hondo de nuestro corazón y haremos más felices a los demás. Con Dios nos sentiremos verdaderamente felices y El va a proveer en lo que es fundamental para nuestra vida. Pongamos nuestra confianza en El.

sábado, 25 de febrero de 2017

Aprendamos a nacer de nuevo y hacernos niños para descubrir cada día la novedad del Evangelio

Aprendamos a nacer de nuevo y hacernos niños para descubrir cada día la novedad del Evangelio

Eclesiástico 17,1-13; Sal 102; Marcos 10,13-16
‘Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis…’ Fue la reacción de Jesús a la actitud de los discípulos con los niños, aunque quería enseñarnos algo más. Las madres entusiasmadas los traían a Jesús para que los bendijera; cuantas veces vemos como una madre orgullosa de su niño lo acerca a una persona mayor para que lo bendiga, o simplemente para que se goce con el niño.
Y es normal que los niños cuando entran en confianza se pongan juguetones y hacia aquellos en quienes encuentran bondad y cariño pronto se acercan a ellos y casi los miran como si fueran de su edad para sus juegos. Pero también vemos personas ariscas a los que molestan los niños y no aguantan las importunidades de los niños y tratan de quitárselos de encima.
Algo así sucedió en aquel momento. Los discípulos más cercanos no querían que los niños molestasen a Jesús y trataban de quitarlos de en medio. ‘Les regañaban’, dice el evangelista. Y ahí vemos la reacción de Jesús. El evangelista nos dice que Jesús se enfado. ¿Por qué iban a alejar a los niños de su presencia? ‘Dejad que los niños se acerquen a mi…’ les dice. Dejad que se acerquen y aprendan ustedes, porque tienen que hacerse como niños, con esa ingenuidad si lo queréis llamar así, pero con esa confianza, con esa cercanía, con esos deseos de aprender y de buscar, con esos ojos abiertos para descubrir las cosas nuevas que la vida les va mostrando. ‘De los que son como ellos es el reino de Dios’.
En este caso no se trata como en otro momento Jesús querrá también enseñarnos de acoger al niño que es acoger al pequeño, valorar lo pequeño, acoger a todos, porque quien acoge al mas humilde esta acogiendo a Jesús. Hoy el mensaje va por otro camino porque nos dice ahora hacerse como niños. No olvidemos lo que Jesús le decía a Nicodemo, ‘hay que nacer de nuevo’. Nacer de nuevo, hacerse pequeño, hacerse niño para comenzar de nuevo. ¿No es la conversión, el cambio total del corazón, de las actitudes, de la manera de ver las cosas y de vivir la primera exigencia que nos propone Jesús en el evangelio para aceptar y creer en la Buena Nueva del Reino de Dios?
El niño no sabe nada y siempre quiere aprender, conocer lo nuevo. El niño se abre a la vida y comienza a vivir, todo es nuevo para el. Algunas veces nos creemos demasiado ‘sabidos’, nos parece que nos lo sabemos todo y quien nos va a enseñar. Cuando somos mayores nos aparecen esos orgullos, nos falta esa humildad de reconocer que podemos aprender algo nuevo, podemos encontrar algo nuevo.
Y muchas veces podemos tener esa actitud ante el evangelio y el evangelio deja de serlo para nosotros. El evangelio siempre es buena noticia y si es noticia es algo nuevo, porque lo viejo, lo sucedido hace tiempo ya no es noticia. Y tenemos el peligro de acercarnos al evangelio así, viéndolo como noticia, como cosas de otro tiempo. Nos falta descubrir esa novedad del cada día en el evangelio para poder encontrarnos con esa luz que nos ilumina, nos salva, nos da nueva vida.
Por eso terminara diciendo Jesús: ‘Os aseguro que el que no acepte el reino de Dios como un niño, no entrará en él’. Y el evangelista continua diciéndonos que los abrazaba y que los bendecía. Así tenemos que sentir ese abrazo del Señor a nuestra vida si nos llenamos de esa humildad y sentiremos en nosotros su bendición que nos da nueva vida.

viernes, 24 de febrero de 2017

Sintamos que el amor con todas sus consecuencias de entrega y de sacrificio no como una carga sino como una alegría, la alegría de nuestra vida

Sintamos que el amor con todas sus consecuencias de entrega y de sacrificio no como una carga sino como una alegría, la alegría de nuestra vida

Eclesiástico 6,5-7; Sal 118; Marcos 10,1-12
‘Al principio de la creación Dios "los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne." De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre’.
Así responde Jesús a la pregunta que le hacen los fariseos. Así nos manifiesta lo que es la voluntad del Señor. Así nos esta recordando lo que es la grandeza y la maravilla del amor.
Tenemos que recordarlo. Es meta y es ideal. Es camino. Un camino hermoso, el camino del amor verdadero, del amor que sabe entregarse y hasta es capaz de olvidarse de si mismo por el amor que tiene. Es el camino del amor que lleva a la unión mas profunda, ‘ya no son dos sino una sola carne’, nos dice Jesús recordando el texto bíblico con lo que esta establecido desde el principio, que va en lo mas hondo y profundo de nuestro ser, lo que es la voluntad del Dios que nos ha creado, y nos ha creado a su imagen y semejanza.
Sin embargo reconocemos que no es fácil, porque muchas veces el amor se puede viciar, se puede enfriar y debilitar. Lo tenemos en la experiencia de la vida. Ya lo sentían como un problema en el tiempo de Jesús con los planteamientos que le están haciendo los fariseos que expresan la real inquietud que hay en ellos, como sigue siendo problema de todos los tiempos y de hoy mismo.
No sabemos muchas veces encontrar solución. Se nos rompen tantas veces las relaciones de las parejas que incluso nos parecían más estables, mas enamoradas. Pero bien sabemos que la construcción y salvaguarda del amor no es tarea de un día, sino que tiene que ser tarea permanente. Hemos de cuidar el amor, porque pueden ser muchas las cosas que nos tienten por acá y por allá.
Cuidarlo desde el principio abonando bien nuestra vida en una profunda y verdadera formación. Sabemos que las cosas de la vida no son fáciles y hemos de prepararnos y fortalecernos para afrontar los problemas, para preservarnos de los peligros, para fundamentar nuestra vida en verdaderos valores y en profundos principios que nos ayuden a encontrar esa estabilidad emocional.
Sentir siempre el amor con todas sus consecuencias de entrega y de sacrificio no como una carga sino como una alegría, la alegría de nuestra vida, porque nos lleva por los caminos de la realización personal pero no de una forma aislada sino precisamente compartiendo nuestra vida con el ser que amamos; y eso nos dará mayor plenitud, las mayores satisfacciones, las alegrías mas profundas.
Y hay un fundamento que el creyente, el cristiano ha de saber poner muy bien. El amor es algo que nos sobrenaturaliza porque nos llena de Dios y entonces a Dios hemos de saber sentirlo y hacerlo siempre presente en nuestro amor. Frente a la debilidad de nuestra condición humana que nos inclina al pecado la gracia divina es nuestra más profunda fortaleza. Hagamos presente de verdad a Dios en nuestra vida y con su gracia nos sentiremos divinizados y se fortalecerá de verdad nuestro amor.
Y sepamos comprender, sepamos tener entrañas de misericordia, nunca nuestros juicios ni nuestros prejuicios empañen nuestra mente hasta llevarnos a juzgar o condenar a nadie. Sepamos ser comprensivos para alentar, para animar, para apoyar, para saber estar al lado de los que puedan padecer problemas en esta tarea tan hermosa del amor matrimonial. Y también que nuestra oración los acompañe, para que nunca un matrimonio cristiano olvide esa gracia del Sacramento que no solo fue en aquel momento de la celebración, sino que esa gracia se hace presente en cada momento de amor, de encuentro, de alegría matrimonial y familiar y se hace presente también en los momentos de dificultad para dar fuerza en esa situación. 

jueves, 23 de febrero de 2017

Las virtudes con que adornemos nuestra vida serán ese cristal luminoso y brillante a través del cual demos buena luz a los demás con nuestros buenos ejemplos


Las virtudes con que adornemos nuestra vida serán ese cristal luminoso y brillante a través del cual demos buena luz a los demás con nuestros buenos ejemplos

Eclesiástico 5,1-10; Sal 1; Marcos 9,41-50
En otro momento del evangelio Jesús nos decía que tenemos que ser luz y que tenemos que ser sal; la luz tiene que iluminar, la sal tiene que dar sabor. Pero si la lámpara esta oculta no puede dar luz, pero también hemos de decir que si la lámpara esta visible pero el cristal que cubre la llama que da luz esta manchada y rota no podrá reflejar debidamente esa luz, si el cristal esta lleno de suciedad o enturbiado con distintos colores lo que sucederá es que la luz no podrá llegar nítida para iluminar o teñirá de colores no tan agradables su resplandor. O como nos dice refiriéndose a la sal si se vuelve sosa no podrá realizar su acción, si se corrompe nos dará corrupción.
Creo que esto nos pueda ayudar mucho. Vamos a decir, a dar por sentado que somos buenos porque no hacemos grandes maldades, pero bien sabemos que tenemos que cuidar mucho nuestras actitudes, hacer un control de nuestras pasiones más diversas porque muchas veces pueden aparecer en nosotros algunas cosas que ya no son tan buenas, no hay tal pureza de intención, o el descontrol de nuestra vida puede hacer que nos aparezcan actitudes y comportamientos en que nos dejamos llevar por nuestro orgullo, aparecen mezquindades en nuestra vida, nos pueden ir corroyendo por dentro los celos y las envidias y ya aunque aparentemente parezcamos buenos  no todo es bueno en nuestro interior; y eso que tenemos en nuestro interior se va reflejando aunque no queramos en nuestros actos.
Por eso la actitud madura de la persona es querer ir superándose cada día mas, para superar debilidades, para purificar esas posturas, esos gestos, esas acciones que realizamos delante de los demás, porque el mal que hay en nosotros desgraciadamente puede influir en los demás, puede arrastrar a los demás también a realizar lo mismo que nosotros con no tanta pureza realizamos. Ya sabemos que en la vida caminamos siempre como en una pendiente, y el que está en una pendiente y quiere ascender siempre tendrá que estar en tensión para no dejarse arrastrar, para poder seguir dando pasos en esa ascensión y en ese crecimiento de su vida.
El ajetreo de la vida, el encuentro con los demás, el esfuerzo y preocupación por nuestro trabajo y nuestras responsabilidades puede hacer muchas veces que no pongamos toda la tensión y toda la atención en lo que tendría que ser importante en nuestra vida que es ese crecimiento interior, ese crecimiento y maduración como persona. Fácilmente nos pueden aparecer en esos encontronazos que vamos teniendo en la vida por los problemas que nos van como cercando, pueden aparecer, digo, ramalazos de orgullo, de egoísmo, de amor propio, de rivalidades que nos enfrentan, de envidias y celos que tanto daño nos hacen, pero que también pueden hacer mucho daño a los que están a nuestro lado.
Jesús nos previene con sus palabras hoy en el evangelio que nos pueden parecer incluso duras, pero es que tenemos que saber arrancar de raíz esas malas pasiones que se nos meten tan dentro de nosotros; algunas veces parece incluso que no nos damos cuenta de lo que nos sucede o de esos gestos o esas actitudes impropias que podamos tener con los demás. Por eso es tan necesaria la vigilancia. Ya sabemos que una mala hierba no nos vale solo con cortarla, sino que tenemos que arrancarla de raíz porque de lo contrario volverá a reverdecer en nosotros.  A eso nos está invitando Jesús hoy en el evangelio.
Las virtudes con que adornemos nuestra vida serán ese cristal luminoso y brillante a través del cual demos buena luz a los demás con nuestros buenos ejemplos.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Al celebrar la Cátedra de san Pedro en nuestra comunión y lealtad al Maestro y al Pastor de la Iglesia oramos por el Papa fiel al servicio de la unidad de la Iglesia en el amor

Al celebrar la Cátedra de san Pedro en nuestra comunión y lealtad al Maestro y al Pastor de la Iglesia oramos por el Papa fiel al servicio de la unidad de la Iglesia en el amor

I Pedro 5,1-4; Sal 22; Mateo 16,13-19
Creo que todos sabemos que la cátedra es el lugar desde el que el profesor enseña; por eso le llamamos catedrático; y en el lenguaje universitario se suele decir la cátedra en referencia a la materia que se imparte.
En el lenguaje religioso y cristiano hablamos de la catedral, como la sede del Obispo, o el lugar, el templo en el que esta la sede, la cátedra del maestro en la fe de los cristianos en una diócesis que es el Obispo, al que consideramos con la autoridad del sucesor de los Apóstoles. Es por eso que en el catedral esta la sede, el sillón del Obispo que nadie más puede ocupar, porque solo a él le compete ocupar ese lugar.
¿Por qué me hago estos comentarios en el comienzo de la reflexión del día? Hoy la Iglesia celebra la fiesta litúrgica de la Cátedra de san Pedro en Roma. El Papa, sucesor de Pedro en la sede romana, obispo de Roma, es el maestro en la fe de todos los cristianos. Pedro recibió esa misión del Señor ‘mantente firme… para que conserves y alientes la fe de tus hermanos’.
Es la autoridad de Pedro, es la autoridad y la misión del Papa, como sucesor de Pedro. Es nuestro maestro en la fe; él tiene la cátedra, la autoridad, la misión de ese servicio a la comunidad universal, mantenernos unidos en la fe. Y así su magisterio nos enseña, nos ilumina, nos acerca a la Palabra de Dios que quiere trasmitirnos para mantenernos en esa fe, para ayudarnos así a hacer ese recorrido de nuestra vida cristiana, para mantenernos fieles en esa fe, en ese seguimiento de Jesús y en esa, en consecuencia, construcción del Reino de Dios en nuestro mundo.
‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’, escuchamos hoy en el evangelio que le dice Jesús a Pedro. Tras la resurrección allá en las orillas del mar de Galilea Jesús le confiará la misión de apacentar al rebaño, como un día le dijera que sería pescador de hombres.
Cuando escuchamos la palabra autoridad pensamos en dominio, en mandatos y prohibiciones, en imposición para mantener el orden y la ley; pero la verdadera autoridad es otra cosa, es el servicio a la unidad, es el servicio en el amor y al amor, es el servicio a la verdad para conducirnos a la luz, es el servicio que busca el bien de todos y de cada uno, es el servicio que se hace cercanía y acompañamiento, es el servicio del que camina a nuestro lado para ayudarnos a encontrar en el camino, es el servicio del que sabe hacerse servidor de todos, es el servicio del que tiende la mano para que nos levantemos y no tropecemos, es el servicio que no se impone sino que se hace todo delicadeza y humildad.
Es la misión que recibió Pedro para que todos en comunión con él nos mantengamos en fidelidad; es la misión que realiza, que tiene que realizar el Papa con todos y cada uno de nosotros atendiendo a nuestros problemas, nuestras necesidades, siendo luz para nuestras oscuridades, siendo fortaleza en nuestras debilidades. Es el servicio del Papa que nos ayuda a sentir cercano el amor de Dios.
Hoy celebramos la cátedra de san Pedro, ese servicio del Papa. Y mostramos nuestra lealtad escuchándole, dejándonos iluminar por su palabra, acogiendo el testimonio de su vida y sobre todo con nuestra oración para que él pueda también ejercer fielmente ese servicio que Cristo le ha confiado. Oremos por el Papa.

martes, 21 de febrero de 2017

No es por caminos de grandezas ni de imposiciones sino por el camino de la humildad que es donde se saborea mejor el amor por donde hemos de caminar

No es por caminos de grandezas ni de imposiciones sino por el camino de la humildad que es donde se saborea mejor el amor por donde hemos de caminar

Eclesiástico 2,1-13; Sal 36; Marcos 9,30-37
No se si será algo que nos haya pasado, pero en alguna ocasión alguien está tratando de explicarnos algo con detalle pero no terminamos de comprender y un poco no sé por qué – un cierto temor quizá a quedar como ignorantes que no entendemos – no somos capaces de preguntar aquello que no entendemos; quizá sea algo que de alguna manera trastrueque nuestro pensamiento, nuestra manera de entender las cosas, pero parece que no nos enteramos ni queremos enterarnos y por eso nos callamos, asentimos calladamente, pero nos quedamos sin comprender. De alguna manera nos hacemos oídos sordos para no entender.
Pueden ser asuntos muy importantes, puede ser la visión que tengamos de las cosas, pudiera ser algo que nos afectara en nuestro futuro, pero que no queremos cambiar tal como vamos, pueden ser respuestas a preguntas hondas que llevemos dentro de nosotros mismos pero que no nos atrevemos a planteárnoslas porque quizá tendríamos que cambiar muchas cosas en el plan de vida, en el sentido de lo que hacemos. Nos puede suceder de diversas maneras y en muy distintas ocasiones de la vida.
Algo así les estaba pasando a los discípulos con Jesús. Se los había llevado tranquilamente recorriendo la Galilea, después de la experiencia del Tabor, porque quería instruirlos de manera especial. Jesús está formando aquel grupo base del Reino de Dios que anunciaba y que un día habrían de continuar su obra. Por eso les hablaba a ellos solos. Y a ellos solos les estaba anunciando lo que sucedería un día en Jerusalén.
‘El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará’. Pero ellos no terminaban de entender, y además les daba miedo preguntar. Aquellas palabras de Jesús quizá sonaban demasiado solemnes o les estaba planteando una nueva visión del Mesías muy distinto de la idea que el pueblo se había forjado. Era necesario un cambio grande de mentalidad, lo que iba a suceder podría afectarles, realmente no sabían que hacer o qué decir. Seguían con su pensamiento que parece que era más cómodo y menos complicado.
Y ellos siguieron en sus planteamientos sin que al parecer aquello que les estaba anunciando Jesús les afectara mucho a su manera de pensar. En su conversación iban con sus discusiones y planteamientos y sueños de grandezas. Al llegar a Cafarnaún Jesús que les ha dejado que siguieran en sus discusiones y apetencias les pregunta a quemarropa, podríamos decir, ‘¿De que discutíais por el camino?’
Se sienten cogidos y rehuyen la respuesta porque a pesar de lo que Jesús les había estado enseñando sobre el verdadero sentido del Mesías, del Hijo del Hombre, habían discutido por los primeros puestos en el Reino Nuevo que Jesús estaba anunciando y que ellos preveían ya inminente.
‘Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos’, les dice Jesús sentando en medio de ellos. Y toma un niño y lo pone en medio y les enseña como hay que valorar lo pequeño, lo que les pueda parecer sin importancia. Acoger a un niño es acogerle a El; acoger a un niño es aprender a hacerse pequeño; acoger un niño es aprender a hacerse el ultimo, el servidor de todos.
¿Qué podían decir ahora y que podían preguntar cuando antes se habían quedado callados? Sus planes, sus sueños, sus ilusiones de grandezas se van por los suelos. El camino de Jesús es distinto; el Reino de Dios que anuncia no es a la manera de los reinos de este mundo. Ya les diría que no podían ser como los poderosos de este mundo. No es por caminos de grandezas ni de imposiciones, es el camino de la humildad porque es donde se saborea mejor el amor por donde hemos de caminar.
¿Nos costara también a nosotros entender estos planteamientos de Jesús? Seguimos también con nuestras aspiraciones de grandezas, de riquezas, de poder, dejándonos atrapar por el orgullo. Tenemos que aprender a desprendernos de muchas cosas para buscar lo que de verdad es lo principal. También la Iglesia tiene que desprenderse de muchas cosas, de muchos aires principescos con la que a través de los siglos la hemos adornado. El camino del Evangelio ha de ser el autentico camino que ha de vivir y con el que ha de presentarse ante el mundo.
Tenemos que hacernos preguntas sin miedo y también, por que no, en nuestra oración plantearle al Señor esas preguntas de cosas que no terminamos de entender, para que El nos ilumine con la verdadera sabiduría, para que nos ayude a saborear de verdad ese camino de la humildad y del amor por el que quiere que caminemos.

lunes, 20 de febrero de 2017

Desde el compromiso de la fe y con la fuerza del amor no nos podemos quedar solo en palabras sino que hemos de saber llevar vida al que sufre a nuestro lado

Desde el compromiso de la fe y con la fuerza del amor no nos podemos quedar solo en palabras sino que hemos de saber llevar vida al que sufre a nuestro lado

Eclesiástico 1,1-10; Sal 92; Marcos 9,14-29
Qué fácil nos resulta a veces entretenernos en nuestras charlas y discusiones aunque solo sea en nuestra mente quizás, mientras a nuestro lado el que sufre sigue con su dolor, y el necesitado sigue con sus carencias. Filosofamos, por decirlo de alguna manera suave, en qué es lo que podemos hacer, cuál es la mejor solución, o si lo que hacemos le va a beneficiar o no, o si sabrá aprovechar lo que compartimos para una causa buena, o de donde ha venido, por qué no se quedó en su tierra o en su país, en que quizá va a hacer un mal uso lo que le damos y es un desperdicio, o que quizá en nuestra tierra hay gente que pasa necesidad mientras nos gastamos lo que tenemos en el que viene de fuera, y así tantas y tantas discusiones, tantas y tantas  razones que nos buscamos, tantas disculpas quizá que nos damos, y mientras el que sufre sigue con su sufrimiento, el que pasa hambre sigue sin tener un pedazo de pan que llevarse a la boca. ¿No nos estará sucediendo algo así?
Me hago esta consideración inicial porque es a donde se han dirigido mis pensamientos, aunque quizá podamos hacernos otras reflexiones, cuando he escuchado el evangelio de hoy. Jesús y los tres discípulos escogidos bajan del monte tras la Transfiguración y al llegar al llano donde está el resto de los discípulos se encuentra con una tremenda discusión. Allí está un padre con su hijo padeciendo una grave enfermedad y en torno los escribas y la gente con los discípulos están enfrascados en una tremenda discusión. ¿Pueden o no pueden curar a aquel muchacho?
Llega Jesús con su humanidad y todo el amor misericordioso de Dios que se trasluce en su persona y se interesa por el problema de aquel hombre y su hijo enfermo. Siente lástima por la poca fe de aquellos que andan en sus discusiones y por su falta de fe no son capaces de hacer nada. Pero Jesús llega junto al sufrimiento de aquel hombre y de su hijo entablando un diálogo con ellos. Un dialogo que no se quedará en palabras, un diálogo que ayudará a despertar la fe de aquel hombre, y que concluirá la salvación de aquel muchacho. Terminará el texto relatándonos ese gesto tan humano de Jesús que se acercó al muchacho, lo tomó de la mano y lo levantó lleno de salud y de vida.
Nos habla de cercanía, de encuentro, de saber estar al lado de los demás, de aprender a ir tendiendo nuestra mano sin ninguna repugnancia para que se apoye de verdad todo aquel que lo necesita; nos habla de una preocupación que hemos de sentir por el otro que no se queda solo en palabras; nos esta hablando de cómo tenemos que saber llevar vida, despertar esperanza, poner ilusión en el corazón; de cómo nuestra fe tiene que ser viva y sentir la seguridad de apoyarnos en Dios, de sentirnos amados de Dios.
Son los caminos que desde el compromiso de nuestra fe y con toda la fuerza del amor nos han de llevar siempre al encuentro con el otro, a una cercanía llena de amor, a derramar ternura por doquier, a no perder nunca la sensibilidad para descubrir tantos sufrimientos y para sentir también como algo mío el sufrimiento del otro. Es la luz que tiene que iluminar mi vida. Con esos resplandores también hemos de iluminar el corazón de los que sufren a nuestro lado.

domingo, 19 de febrero de 2017

Aprendamos a amar con la ternura de un Dios que es Padre compasivo y misericordioso y comenzaremos a sentir verdadera paz en el corazón

Aprendamos a amar con la ternura de un Dios que es Padre compasivo y misericordioso y comenzaremos a sentir verdadera paz en el corazón

Levítico 19, 1-2. 17-18; Sal 102; 1Corintios 3, 16-23; Mateo 5, 38-48
Con Jesús no nos valen las rebajas. Cuando se trata de amar y amar de verdad no podemos andar con mezquindades ni con mínimos para cumplir. Las relaciones de amor no se pueden quedar reducidas a mercadeos; yo te doy tanto para que tu me des cuanto, si tu no haces nada por mi no me siento obligado a hacer por ti. Son otras las medidas y los parámetros que nos enseña Jesús.
Demasiado andamos en la vida con el mercantilismo de que a todo le ponemos precio y nada hacemos si no es para obtener unos beneficios a cambio. Algunas veces parece que hubiéramos olvidado la palabra gratuidad, y más que la palabra la actitud. Pero así como lo hacemos para obtener beneficios utilizamos esas mismas varas de medir cuando se trata de lo malo que nos puedan hacer o lo bueno que nos hayan podido hacer.
Todavía no hemos olvidado lo del ojo por ojo y diente por diente. Y así andamos con deseos de revanchas, con resentimientos, con cosas que no olvidamos y no perdonamos nunca, con marcas que le ponemos a la gente de una vez para siempre porque quizás un día cometieron un error o hicieron algo mal. Decimos que estamos envueltos en una cultura cristiana pero el evangelio no termina de ser la norma última de nuestro actuar.
Tajantemente hoy nos dice Jesús y también en la Palabra de Dios del Antiguo Testamento que hemos escuchado lo que son nuestras metas y la motivación mas profunda para ese nuevo actuar del que se llama seguidor de Jesús, del que quiere vivir con todas sus consecuencias el espíritu del Evangelio.
‘Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo’ nos decía el Levítico en el nombre del Señor. Y Jesús por su parte nos dirá: ‘Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto…'Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos’.
Nuestra meta, nuestro modelo, nuestro estilo y nuestro sentido es Dios, es el amor de Dios. Santos como el Señor nuestro Dios es Santo… perfectos como el Padre del cielo. Así seremos sus hijos, así estaremos expresando que nos sentimos amados de Dios y con el mismo amor nosotros queremos amar también.
Si lo que queremos es imitar ese amor de Dios, ¿Cómo podemos permitirnos entre nosotros violencias y venganzas? Si queremos en verdad mostrarnos como hijos de Dios ¿Cómo vamos a dejar de amar al prójimo a quien también Dios ama? Dios no hace distinciones, ama a unos y otros, ‘hace salir el sol sobre malos y buenos, manda la lluvia a justos e injustos’ ¿Cómo podemos hacer nosotros distinciones en nuestro amor?
El amor al prójimo va a ser nuestro distintivo para siempre. ¿Y quien es mi prójimo? Ya recordamos que un letrado vendrá un día a Jesús con esa pregunta. Jesús nos lo aclara bien porque la palabra en si mismo nos esta diciendo que prójimo es el otro; entre los judíos se consideraba que prójimo era solamente el que era de su mismo pueblo y de su misma religión. Ya vemos como en tiempos de Jesús se trataba con desprecio a los gentiles, a los que no eran judíos; se les consideraba como un enemigo.
Pero ya vemos bien como Jesús nos dirá que tenemos que amar también al enemigo, al que nos haya hecho mal o nos haya ofendido. En otro momento nos hablara claramente del perdón y de la medida del perdón cuando nos diga aquello del setenta veces siete. Hoy nos dice algo que podríamos considerar sublime, porque nos dice no solo que perdonemos sino que oremos por el enemigo, por aquel que nos haya podido haber ofendido.
Por eso hoy nos esta proponiendo un camino de perfección, perfectos como nuestro Padre del cielo. Ya sabemos que cuando entre nosotros los hombres hablamos de perfección conocemos nuestras limitaciones y nos parece casi imposible. ¿Cuál es la perfección que Jesús nos esta proponiendo? ¿Cuál es ese modelo de santidad que nos decía el Levítico?
Nuestro Dios es Padre y su amor es un amor compasivo y misericordioso. Es la ternura de Dios, compasivo y misericordioso. Es la ternura de Dios de la que hemos de impregnarnos. Experimenta esa ternura de Dios en tu vida y no podrás ya amar sino con esa misma ternura a los demás.
Cuanto nos cuesta, hemos de reconocer. Pero ese seria el mejor evangelio que pudieras anunciar a los demás, reflejar en tu vida esa ternura y misericordia de Dios. Aun con mis limitaciones para yo vivirlo en mi propia vida, sin embargo me duele que no seamos capaces de mostrarnos así con los demás. Es triste el contra testimonio que tantas veces damos, si, un testimonio en contra del evangelio que queremos predicar. Porque nunca nuestro perdón es todo lo generoso que tendría que ser, porque aunque salgan muchas palabras bonitas de nuestros labios no terminamos de ser misericordiosos con el pecador; porque aunque decimos que perdonamos sin embargo seguimos marcando de alguna manera a aquel que un día pudo haber cometido un error y ya no lo valoraremos de la misma manera.
Y esto tristemente sucede en nuestra Iglesia, sucede en quienes tienen que anunciar ese evangelio de misericordia, y sigue sucediendo en tantos de nosotros que no terminamos de perdonar a los demás porque los separamos y discriminamos para siempre.
Seriamente te pregunta, ¿has orado alguna vez por aquel que quizá algún día te ofendió, por aquel a quien por eso estarías considerando un enemigo? Ora por aquel a quien te cuesta tanto perdonar y veras como empezarás a sentir una nueva paz en tu corazón.

sábado, 18 de febrero de 2017

Necesitamos un silencio interior que nos aísle de los ruidos de la vida para crecer en una espiritualidad que de un nuevo brillo a nuestra vida

Necesitamos un silencio interior que nos aísle de los ruidos de la vida para crecer en una espiritualidad que de un nuevo brillo a nuestra vida

Hebreos 11,1-7; Sal 144; Marcos 9, 2-13
Todos necesitamos momentos de tranquilidad y sosiego; necesitamos hacer una parada en nuestra actividad por muchas que sean las cosas que tengamos que hacer o en las que estemos comprometidos. Es el descanso físico pero es algo mas, como un descanso espiritual para encontrar esa paz que necesitamos en nuestro interior, esa serenidad para enfrentarnos a los problemas que nos va dando la vida, esa iluminación interior que nos haga ver dentro de nosotros mismos pero también con una mirada nueva y luminosa la realidad que nos rodea, ese silencio que sea como un buen caldo de cultivo de nuestro espíritu interior, nuestra espiritualidad, ese silencio que nos abre a la trascendencia, al misterio también y nos eleva nuestro espíritu también para un encuentro con Dios. De lo contrario se va a producir un desgaste grande en nosotros que nos puede destruir desde dentro de nosotros mismos.
Es cierto que vivimos ajetreados y parece que el tiempo no nos da para todo lo que tenemos que hacer; en ello nos escudamos para no encontrar ese tiempo para nosotros mismos, para ese cultivo interior que necesitamos  y en el que vamos a encontrar esa fuerza, que no es solo físico, esa fuerza espiritual que nos haga crecer en los valores mas profundos, que nos haga crecer como personas.
Ahí entra también el cultivo de nuestra fe. Porque necesitamos abrirnos a la trascendencia, no nos podemos quedar limitados en lo material que aquí vivamos por muy hermoso que sea lo que construimos con nuestro quehacer. Es la fe que tenemos que purificar y que solo en el fuego del misterio de Dios podemos hacer resplandecer;   será el crisol que limpie de impurezas y escorias nuestra vida y nuestra propia fe. Si no cultivamos nuestra fe se debilita y muere, terminamos por dejar de saborear todo el misterio del amor de Dios porque el materialismo de la vida nos llenara de esas escorias que le quiten el brillo de nuestra fe más verdadera y mas autentica.
Hoy contemplamos en el evangelio que Jesús se lleva a tres de sus discípulos preferidos, podríamos decir, a lo alto de un monte para orar. En muchos momentos vemos a Jesús que se va a solas con los discípulos a lugares apartados para estar a solas con ellos, como dice el evangelio en alguna ocasión, para descansar un poco porque era tanta la gente que iba y venia que no tenían tiempo ni para comer. Ahora sube solo con Pedro, Santiago y Juan a este monte alto que nosotros situamos en el Tabor en medio de las llanuras de Galilea.
Es un lugar de paz alejado de todo bullicio y para poder llegar a el es necesario también un fuerte esfuerzo. Como tenemos que aprender a hacer ese esfuerzo por apartarnos, por buscar ese lugar tranquilo y de silencio. Como nos dirán los evangelistas allá subió para orar y mientras estaba en oración se transfiguro Jesús en la presencia de sus discípulos. También estos necesitaron de ese silencio, de esa paz y tranquilidad para descubrir el misterio de Dios que allí se les manifestaba. Pudieron así contemplar la gloria de Dios que se manifestaba en Jesús transfigurado, pudieron escuchar la voz del Padre que desde el cielo en lo más profundo de ellos mismos les hablaba señalando a Jesús como el Hijo de Dios que habían de escuchar.
El silencio que les llenaba del misterio de Dios. ‘¡Que bien se esta aquí!’ diría Pedro y sentía la tentación de quedarse en ese silencio para siempre porque la paz inundaba su alma y su vida toda. Será necesario bajar de la montaña luego para seguir el camino pero ya una nueva luz iba iluminando sus corazones. Comenzaría incluso Jesús a hablarles de su inminente pasión pero ya llevaban una luz interior. Como nos pueda suceder a nosotros cuando hemos cargado las pilas de nuestro espíritu que nos sentiremos fortalecidos para continuar el camino.
Muchas más consideraciones podríamos seguir haciéndonos. Quede esta reflexión que en torno a este pasaje de la transfiguración de Jesús nos hacemos como una invitación para encontrar ese silencio interior que también nos ayude a transfigurarnos desde dentro de nosotros mismos, que nos abra al misterio de nuestro ser y nos levante también hasta el misterio de Dios, que nos haga crecer esa necesaria espiritualidad que de un nuevo brillo a nuestra vida y a lo que hacemos, que nos fortalezca en nuestra fe.

viernes, 17 de febrero de 2017

Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi y por el Evangelio la salvará

Frente a un mundo de ganancias, de competencias y de luchas ofrecemos una nueva escala de valores en la que pondré todo lo que soy para hacer que todos seamos mas felices

Génesis 11,1-9; Sal 32; Marcos 8,34-39
A nadie le gusta perder; todos queremos ganar. Son deseos que todos llevamos en el  corazón y nos sentimos emulados constantemente a crecer, a superarnos, y en el fondo queremos y deseamos estar en lo mas alto, tener mas, ser los mejores, no sentirnos relegados a un segundo término.
Además vivimos en un mundo de mucha competencia, pero en el sentido que le damos a la palabra de lucha, muchas veces de ir contra los demás; porque competencia puede significar que yo sea competente, que yo sea capaz, que yo desarrolle mis capacidades, mis posibilidades, pero enseguida lo volcamos en competencia como lucha y luchar luchamos demasiadas veces con los otros y somos capaces de emplear todas nuestras artimañas y estratagemas para conseguir ganar o estar en lo mas alto. Pero quizás tendríamos que preguntarnos si con este plan y sentido hacemos que nuestro mundo sea mejor y todos seamos más felices.
Pero mira por donde hoy el evangelio nos desconcierta porque nos dice que tenemos que perder la vida para ganarla. ¿Cómo entenderlo? ¿Es una simple estrategia? ¿O será acaso un descubrir una nueva escala de valores?
Estas palabras de Jesús van en consonancia con lo que ayer escuchábamos en el evangelio. Ante la pregunta de Jesús Pedro había hecho una hermosa confesión de fe, pero Jesús les quiere hacer descubrir el verdadero sentido de su vida. Es el Mesías de Dios, es el Hijo de Dios, pero El ha venido a descubrirnos el verdadero sentido del amor. Un amor que le llevará a la entrega, a la muerte incluso, porque no le aceptarán, porque le perseguirán, porque lo entregarán en manos de los gentiles, porque al final dará su vida por nosotros. Es  la prueba del amor; es la manifestación mas sublime del amor; es la grandeza y la maravilla de un Dios que nos ama y de que manera.
Pues es lo que hoy nos esta diciendo Jesús, donde hemos de encontrar el sentido de nuestra vida, cual es la verdadera escala de valores por la que hemos de regir nuestra vida. Y el que ama se entrega hasta el final; el que ama de verdad no teme perder su vida, siente por encima de todo la felicidad de amar. El que ama de verdad encontrara la plenitud de su vida precisamente entregando su amor, entregando su vida. No la pierde, la gana. No es una pura estrategia, es una nueva escala de valores, un nuevo sentido a la vida.
No son renuncias porque si, sino buscar lo mejor, y buscar lo mejor no es solo buscarlo para mi, sino buscarlo para el otro; eso me obligara quizás a olvidarme de mi mismo, pero esto ganando en plenitud, en la satisfacción del amor, en el gozo de sentir que el otro es mas feliz.
Entonces mi verdadera competencia no es luchar por defenestrar al otro, como podríamos decir y como vemos tantas veces en la vida, sino ser yo competente de la mejor manera para hacer que mis valores, mis cualidades hagan bien. Nos sentimos obligados a contribuir con lo que somos, con lo que es nuestra vida al bien de ese mundo en el que vivimos, en hacer que los otros sean más felices; puede parecer que yo pierdo porque no me busco a mi mismo el primero, pero realmente estoy alcanzando la mayor plenitud para mi vida.
Cuánto más felices seriamos todos si llegáramos a entender esta escala de valores que nos propone Jesús en el evangelio. Qué distinta seria nuestra humanidad, realmente seriamos humanidad verdadera. 

jueves, 16 de febrero de 2017

Jesús nos esta preguntando si con nuestra fe en El somos capaces de llegar a una entrega hasta el sacrificio de la vida y hacernos los últimos y servidores de todos

Jesús nos esta preguntando si con nuestra fe en El somos capaces de llegar a una entrega hasta el sacrificio de la vida y hacernos los últimos y servidores de todos

Génesis 9,1-13; Sal 101; Marcos 8,27-33
Una doble pregunta que le hace Jesús a sus discípulos aprovechando la mayor intimidad que les da el estar lejos de todo barullo de gentes que les rodeaban continuamente. Se encuentran casi en las fronteras de Palestina, allá donde Herodes había levantado una ciudad en honor del Cesar, en Cesárea Filipo casi en los nacientes del Jordán. Una pregunta que Jesús buscando la intimidad de nuestro corazón también querrá hacernos hoy. ¿Cómo será nuestra respuesta? ¿Cuál será nuestra reacción ante lo que Jesús anuncia? ¿Nos sucederá algo así como a Pedro que en su entusiasmo no le cabía en la cabeza lo que Jesús anunciaba? Vayamos por partes.
¿Qué opina la gente de Jesús? Pero no quiere quedarse solo en eso, por lo que repreguntara tras sus respuestas ‘y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?’ Nos lo pregunta a nosotros también.
La primera respuesta de los discípulos parece lo más normal. Era lo que se cocía en el ambiente judío. Todos esperaban al Mesías, su historia estaba jalonada de profetas que les recordaban la fidelidad a la Alianza, recientemente había aparecido Juan allá en el desierto predicando y bautizando, ahora aparecía Jesús que hablaba como nadie les había hablado y realizaba muchos signos. Era un profeta, como aquellos profetas antiguos y lo comparaban a Elías, era un profeta como el bautista que había aparecido en el Jordán y Herodes había mandado decapitar. Eran las reacciones que estaban acostumbrados a contemplar y escuchar en las gentes que venían hasta Jesús y eran beneficiarios de sus milagros o escuchaban sus palabras que les entusiasmaban con algo nuevo.
¿Cuál seria la respuesta hoy si hacemos esa misma pregunta sobre lo que la gente piensa de Jesús? También encontraríamos variadas respuestas aunque nos pudiera parecer que van por otros caminos. Un personaje interesante de la historia, quizá escucharíamos decir, un gran hombre que sembraba muchas ilusiones, un profeta de un mundo nuevo y mejor porque realmente era como un revolucionario, y así muchas cosas más, no siempre relacionados con lo religioso, muchas veces viéndolo como en contra incluso de lo que la Iglesia predica.
Claro que también escucharíamos a otros respondiéndonos quizá con palabras aprendidas de memoria aprendidas en el catecismo, como quizás muchos también que lo ven como el mejor amigo de su vida, alguien maravilloso que podemos sentir siempre junto a nosotros, y así no se cuantas cosas más.
Pero la repregunta de Jesús es más directa y personal, porque nos está pregunta a nosotros directamente, como hizo con los discípulos entonces. Ya vimos la respuesta de Pedro, que en el relato de otro evangelista nos dirá que Jesús le alabó por es respuesta no aprendida de memoria sino inspirada por el Espíritu del Padre allá en su corazón.
También nosotros en nuestra fe podemos dar una respuesta certera sobre Jesús y hablamos del Hijo de Dios, de nuestro Salvador; y recorreremos el evangelio para sentir que es el Camino y la Verdad y la Vida; y sentiremos que es nuestra Luz y nuestra Salvación; y podremos incluso sentirnos unidos a El como lo hacemos en la Eucaristía sintiendo que es nuestro alimento y nuestra vida y así muchas cosas mas.
Pero cuando Jesús nos hable de entrega hasta la muerte, de servicio haciéndonos los últimos, de olvidarnos de nosotros mismos para pensar primero en los demás si en verdad los amamos, de ser capaces de perdonar siempre al que nos haya ofendido aunque sea reiterativo en su ofensa, ¿seremos capaces mantener viva nuestra fe, pero que se refleje en esas nuevas actitudes, en esa nueva manera de encarar las cosas, en ese modo distinto de vivir que nos ha de distinguir? ¿O quizás comenzaremos a hacernos nuestras reservas, a pensar que no hay que llegar a tanto, que tampoco es bueno tanto radicalismo?
Pedro, hemos escuchado hoy, quería quitarle de la cabeza a Jesús de que tendría que sufrir porque seria perseguido y lo llevarían a la muerte. No entendía que fuera necesaria tanta entrega como para llegar hasta morir por el amado. ¿No se parecerá de alguna manera a esas reservas, a esos limites que nosotros también queremos poner en nuestra entrega?
Son interesantes estas preguntas de Jesús porque nos ayudaran a clarificarnos bien cual es nuestra fe y como la trasparentamos en nuestra vida.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Aprendamos a poner luz de amor en nuestros ojos para que nuestro encuentro con los que nos rodean esté lleno de humanidad

Aprendamos a poner luz de amor en nuestros ojos para que nuestro encuentro con los que nos rodean esté lleno de humanidad

Génesis 8,6-13.20-22; Sal 115; Marcos 8,22-26
En la vida necesitamos el contacto humano entre las personas significado en el encuentro, en la conversación, en la convivencia, en gestos y detalles que tengamos los unos con los otros y una cercanía que se manifiesta también en un contacto por así decirlo físico como puede ser el darnos la mano, un abrazo u otras muestras de afecto que tengamos los unos con los otros.
Ya se que  hay personas que rehuyen ese contacto por así llamarlo físico e incluso hay quienes parecen alérgicos a cualquier muestra de afecto que podamos manifestar. Traumas quizás en su vida, malas experiencias, o una vida excesivamente solitaria que a veces los puede hacer ariscos con los demás llevan a esas reacciones. Pero el ser humano necesita de ese encuentro y de esa convivencia, de esa cercanía y de esos signos de afecto.
Quizás habremos tenido la experiencia de algún encuentro con un profesional del que hemos necesitado sus servicios y que se redujo simplemente a tramitarnos aquello que llevábamos en mano o resolvernos el problema, pero donde no hubo quizás una mirada personal, una palabra distinta a lo simplemente profesional y todo se quedo en una sequedad que nos hizo quizás salir insatisfechos a pesar de que nos solucionaran el problema con que acudimos.
Necesitábamos algo más. Es algo que hemos de tener en cuenta mucho en nuestra conveniencia cada día incluso con los más cercanos a nosotros, donde quizás no tenemos una palabra amable y cariñosa, una muestra de gratitud o una delicadeza en el trato que quizás lo damos por supuesto.
Me quiero fijar en estos aspectos humanos de la vida, que algunas veces descuidamos, a la hora de hacerme una reflexión también de los textos del evangelio, porque ese es un aspecto que podemos destacar mucho en Jesús y su trato con las gentes de su tiempo. Es el dialogo, las palabras que se cruzan entre Jesús y los que le rodean o acuden a El pidiendo su ayuda, es la cercanía de Jesús, es ese tender la mano no temiendo incluso tocar con su mano al leproso.
Es lo que hoy palpamos en el evangelio. Le llevan a Jesús en las cercanías de Betsaida a un ciego para que lo cure. Jesús se lo lleva aparte, y aunque las palabras del evangelio son parcas parece que surge una conversación entre ellos. Nos lo podemos imaginar, Jesús interesándose por aquel hombre; se muestra en los pasos que va dando para su curación que es signo de lo que va sucediendo en el corazón de aquel hombre en el contacto con Jesús.
Nos descubre que la ceguera puede ser mucho más que unos ojos cegados que nada ven, porque tantas veces vemos, pero confundimos. Aquel hombre decía que veía personas en movimiento pero que le parecían árboles, hasta que con Jesús recobra totalmente su vista para ver bien. Nuestras cegueras nos hacen muchas veces que no veamos a las personas que están a nuestro lado; ¿nos parecen árboles?, ¿nos parecen simplemente cosas que podemos manipular o utilizar para nuestro exclusivo bien? Tendríamos que analizar bien cómo vemos a cuantos están a nuestro alrededor. Como aquellos profesionales de lo que hablábamos al principio de esta reflexión; parece que no tratan a personas, sino casos, problemas, números de una lista, pero les falta ese contacto personal.
Que aprendamos a mirar para descubrir bien que con tratamos es con personas. Que no haya esa frialdad y esa aridez en nuestro trato y en nuestro encuentro con los demás. Que pongamos humanidad en lo que vamos haciendo. Jesús nos ayuda a descubrir el verdadero valor de la humanidad. Que se nos abran los ojos, que haya luz de amor en nuestros ojos.

martes, 14 de febrero de 2017

Hoy todo parece ser un cántico al amor y la amistad, pero una oportunidad también para valorar con gestos hermosos y compromiso serio todo lo que nos lleva al encuentro en el amor

Hoy todo parece ser un cántico al amor y la amistad, pero una oportunidad también para valorar con gestos hermosos y compromiso serio todo lo que nos lleva al encuentro en el amor

Hechos 13,46-49; Sal 116; Lucas 10,1-9
La verdad que no se por donde comenzar. Y es que hoy todos los medios, todas las redes sociales, todo lo que nos pueda valer para comunicarnos o para dejarnos un mensaje está saturado con lo mismo. El día del amor, de los enamorados, de las parejas, de la amistad. Todo se convierte en un canto al amor y a la amistad, parece que renace el romanticismo más fuerte que llevemos anclado en el alma, todo quiere ser poesía y palabras bonitas para la persona amada, para el amigo, para aquel con quien compartes de alguna manera la vida. Como dice la gente, es el día de san Valentín, es el día del amor.
También nos encontramos reacciones a este tipo de días. El amor no es cosa solo de un día, sino que tenemos que amar los 365 días del año (bueno, 366 si es bisiesto), y quienes no quieren creer en este romanticismo que florece en un día un poco parece que se ponen a la contra. Es cierto que el amor no es cosa solo de un día, pero sí día a día se ha de vivir, y cada día tiene que ser único y especial si queremos mantener vivo el amor; no está mal que lo celebremos un día en especial, aunque el consumismo se nos meta por medio y algunos ven en estas fechas una oportunidad para sus ganancias particulares (todo hay que decirlo), pero no lo podemos dejar de cultivar con la misma intensidad cada día del amor, cada día de nuestra vida para que se mantenga siempre fresco, siempre joven.
Es, sí, una oportunidad para los gestos bonitos, para saber tener esa palabra de atención al otro, para valorar desde lo más profundo lo que es el amor verdadero, para aprender también a cultivar la amistad, para un reencuentro quizá con quien se podía haber alejado de nuestra vida, para despertar sentimientos que se adormecen y pueden perder intensidad hasta morirse. Cuidemos el amor y la amistad, que nunca nos sintamos solos porque siempre sabemos que hay alguien que nos aprecia y que nos ama.
En ese amor el creyente ve y siente la presencia de Dios. Ya san Juan nos dice que Dios es amor, y que Dios nos amó primero. Experimentando en nosotros ese amor generoso de Dios aprendamos nosotros también lo que es el verdadero amor, ese amor que siempre nos ha de llevar al encuentro verdadero con los demás, ya sea la pareja con la que compartimos más íntimamente la vida y el amor, ya sean los amigos que participan de ese amor en el aprecio que nos tenemos, pero con esa apertura a toda persona a quien le expresamos también nuestros mejores sentimientos de amor cristiano en el respeto, en la valoración, en la ayuda mutua y en el compartir la vida en un mismo mundo.
Me he extendido en estas reflexiones que me hago y comparto como una semilla a plantar también en nuestra vida en torno a este día del amor y de la amistad. Una palabra final para la celebración litúrgica que este día celebra la Iglesia, puesto que celebramos a dos grandes santos que fueron muy importantes en la tarea evangelizadora de muchos pueblos de Europa. Celebramos a san Cirilo y san Metodio, a quienes también consideramos patronos de Europa por esa implantación e inculturización del evangelio en grandes zonas de Europa, aunque ahora no nos podamos extender más sobre ellos.  

lunes, 13 de febrero de 2017

Con una mirada nueva y limpia de malicia, con ojos llenos de luz podremos acercarnos a los demás aceptándolos como son para caminar juntos los caminos de la vida

Con una mirada nueva y limpia de malicia, con ojos llenos de luz podremos acercarnos a los demás aceptándolos como son para caminar juntos los caminos de la vida

Génesis 4,1-15.25; Sal 49; Marcos 8, 11-13
No hay peor ciego que el que no quiere ver. Y eso nos puede suceder con frecuencia; las cosas están claras, nos las explican una y otra vez, nos dan mil razones, está suficientemente palpable lo que sucede, pero no lo queremos ver; nos encerramos tras nuestros cristales, nuestra manera de ver las cosas, nuestra cerrazón y no somos capaces de ver y aun así pedimos explicaciones.
Ahí están esos cristales enturbiados por la malicia, por la desconfianza, por las envidias y los celos, por los recelos y resentimientos que tanto daño nos hacen. Nos impiden ver con claridad, no nos dejan ver la luz, nos cierran a la capacidad de poder contemplar la belleza de las cosas, las buenas obras de los demás. Y como no encontramos las explicaciones que nosotros quisiéramos a nuestro gusto, vendrán nuestras reacciones con críticas, con descalificaciones, con querer destruir todo lo bueno que haya en los otros, destruyendo si podemos a las personas.
Es algo que se repite con demasiada frecuencia y cuanto daño nos hace en nuestras relaciones mutuas cuando nos falta la confianza, pero nos hace daño también para ver la realidad de la vida. Nuestros ojos turbios nos hacen ver demasiado en oscuro la vida para fijarnos principalmente en lo negativo, para no ser capaz de ver valores, cosas buenas, caminos que van avanzando quizás con dificultad, pero que quiere avanzar.
Sucedía en tiempos de Jesús en la reacción de los escribas y fariseos que continuamente le estaban pidiendo señales y signos a Jesús para creer en El. No eran capaces de ver los signos que hacia porque se acercaban a Jesús con un corazón lleno de malicia, pero sin querer en verdad purificarlo. Los limpios de corazón verán a Dios, diría Jesús en las bienaventuranzas. Por eso son los sencillos y los humildes  los que podrán ir descubriendo el misterio de Dios que se revela en Jesús. Jesús dará gracias al Padre porque revela estos misterios a los pequeños y a los sencillos, lo escuchamos en el evangelio.
Y es que los que son humildes, aunque reconocen que quizá su corazón está manchado, porque todos somos pecadores, se acercan a Jesús con deseos de salvación, de vida, de perdón. Por eso con cuánta alegría y esperanza escuchaban las palabras de Jesús, cómo entendían bien sus parábolas, cómo sabían descifrar sus signos, interpretar bien los milagros que Jesús hacia.
No era solo la salvación de unos cuerpos enfermos que sanaban, sino esa la salvación que por la fe alcanzaban en su interior que se purificaba con el perdón, se hacía más hermoso cuando se llenaba de amor para vivir las nuevas actitudes que Jesús enseñaba. Los que iban con un corazón lleno de malicia y no buscaban la salvación no podían descubrir ni entender los signos que Jesús realizaba.
Aprendamos la lección del evangelio, para acercarnos con un nuevo corazón a Jesús; pero aprendamos la lección del evangelio para acercarnos con una mirada nueva y distinta, con una mirada llena de luz a cuantos están a nuestro lado para aprender a caminar de manera nueva con ellos en la vida.

domingo, 12 de febrero de 2017

En lo alto de la montaña nos traza Jesús las metas y los ideales del Reino de Dios que viviremos en la autenticidad y plenitud del amor

En lo alto de la montaña nos traza Jesús las metas y los ideales del Reino de Dios que viviremos en la autenticidad y plenitud del amor

Eclesiástico 15, 16-21; Sal 118; 1Corintios 2, 6-10; Mateo 5, 17-37
Los comentarios que irían surgiendo en torno a la figura de aquel nuevo profeta de Nazaret seguramente serian variopintos. Las noticias vuelan y pronto se hablaría de Jesús por todas partes pero seguramente con opiniones encontradas. Algo nuevo vislumbraban todos que se estaba anunciando. Jesús se presentaba con una radicalidad grande porque decía que había que cambiar desde lo más hondo. Eso creaba esperanzas y expectativas pero ponía en guardia también a otros frente a esas posibles novedades.
Y tras el entusiasmo que suscitarían sus signos y milagros soñaban con el Mesías anunciado y prometido. Ese cambio que El anunciaba ¿significaría acaso que se acabarían tantas normas y tantas leyes y que iban a ser un pueblo nuevo no esclavizado ante tantos mandatos y preceptos? A otros quizá les costara aceptarlo, como luego se verá a lo largo de su vida porque lo que decía la ley y lo que decían los profetas no se podía cambiar de ninguna manera y además siempre habían vivido así con esos mandamientos, ¿por qué habría que cambiarlos ahora? Siempre ha sido así, es la consabida frase que tantas veces se repite cuando no queremos mejorar nada.
Ahora Jesús allá en la montaña, como un nuevo Moisés que subiera al Sinaí, estaba trazando lo que habían de ser las metas y los ideales de ese Reino nuevo de Dios que el anunciaba y nos daba las pautas por donde habrían de vivir los que se llamaran sus discípulos, sus seguidores. Había desconcertado a muchos cuando llamaba dichosos a los pobres y a los que sufren, a los que son perseguidos o a los que tienen un corazón inquieto que les lleve a complicarse la vida por los demás. Otros se llenaban de esperanza y recomenzaba a brotar la alegría en el corazón por se les decía que todo lo que ahora tanto les inquietaba o les hacia sufrir un día habría de cambiar.
¿Qué les dice hoy Jesús claramente? El no ha venido a abolir la ley ni los profetas. El Reino de Dios que El anuncia se fundamente precisamente en la en la Palabra de Dios. Y esa Palabra de Dios es inamovible para siempre. El viene a darle plenitud, a darle profundo sentido, a hacer que encontremos en verdad gusto por escuchar esa Palabra y plantarla realmente en lo más hondo del corazón. Quienes así lo hagan estarán sintiendo para siempre el Señorío de Dios en sus vidas.
El no viene a hacer revoluciones violentas que con esas fuerza del poder humano haga que se cambien las cosas; con El todo ha de comenzar por cambiar desde lo más hondo el corazón para que desaparezcan para siempre las superficialidades o las rutinas, las lecturas interesadas de lo que nos dice Dios o simplemente el dejar que las cosas sigan como están.
Su ley será la del amor, un amor vivido en la más hermosa plenitud, con el más profundo sentido; un amor que no se queda en ritualismos y formalidades; un amor auténtico que tiene que abarcar toda la amplitud de la persona. No es simplemente que se nos prohíba matar, sino es que se nos manda amar. Y es que además la violencia de matar no está solo en arrancar la vida o derramar la sangre sino en todo aquello que pueda hacer daño al prójimo, también en nuestros gestos, con nuestras palabras, en nuestras posturas, en las actitudes que tengamos ante los demás, en los resentimientos que seguimos guardando en el corazón. Cuánta muerte llevamos en nosotros y cuánta muerte damos a los demás cuando nos falta ese auténtico amor en el corazón.
Por eso Jesús nos hablará de reconciliación y de perdón; nos dirá que ya a nadie se lo podrá considerar como un enemigo o contrincante a quien queremos eliminar porque a todos hemos de amar, a todos hemos de perdonar, por todos incluso hemos de rezar. Nos dirá que si vamos a presentar nuestras ofrendas de amor a Dios no podemos ir marcados en nuestro corazón por el odio, las envidias, rencores o los resentimientos sino que antes hemos de aprender a reconciliarnos los unos con los otros para poder ir con el corazón lleno de paz a la presencia del Señor.
Nos enseñará como tiene que predominar el amor en la vida, un amor que es respeto y valoración de toda persona porque de nadie podemos considerarnos dueños, ni a nadie se le pueda considerar inferior o apartarla de nuestra vida simplemente cuando nos cansemos de ella o nos apetezca hacerlo. Un amor que es fiel y que hemos de saber cuidar y preservar en todo momento para que nada haya que nos distancie o nos separe en las relaciones donde decíamos que las habíamos construido desde el amor.
Así le glorificaremos viviendo la plenitud de su Reino, santificaremos el nombre del Señor que nos merece respeto y veneración en todo momento y nunca mal usaremos su santo nombre para las justificaciones de nuestros actos injustos sino que en todo momento nos hemos de manifestar en total autenticidad y sinceridad.
Un estilo nuevo, un sentido nuevo nos está presentando Jesús en lo alto de la montaña; una vida nueva que no se quedará nunca en formalismos ni ritualismos sino que a todo le daremos autenticidad y veracidad; una vida llena de amor que entrañará un sentido nuevo para nuestras mutuas relaciones, pero también para una auténtica relación con Dios que es el Padre bueno que nos ama y nos pone en camino de amor. Algo nuevo está comenzando, está naciendo en los corazones el Reino de Dios.