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martes, 2 de febrero de 2021

Entrada de Jesús en el templo con ecos de pascua en ofrenda de amor que nos evoca cómo de manos de María de Candelaria fue la primera entrada de Jesús en nuestra tierra canaria

 


Entrada de Jesús en el templo con ecos de pascua en ofrenda de amor que nos evoca cómo de manos de María de Candelaria fue la primera entrada de Jesús en nuestra tierra canaria

Malaquías 3,1-4; Sal 23; Hebreos 2,14-18; Lucas 2,22-40

‘¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria’.

Pueden ser perfectamente ecos de la entrada del Arca de la Alianza en el Santuario, en el templo de Jerusalén que tenemos en los salmos y que hoy recoge la liturgia en esta fiesta de la Presentación de Jesús en el templo. Todo hoy nos está hablando de entrada; una primera referencia el salmo, como decíamos, a la entrada del Arca de la Alianza en el templo de Jerusalén, pero especialmente hoy, a los cuarenta días del nacimiento de Jesús, es su primera entrada en el templo de Jerusalén con amplios sones pascuales.

Hubiera sido una entrada desapercibida, como realmente en parte fue a pesar de la importancia del momento, si no hubiera sido por aquellos ancianos que en el templo habían envejecido esperando el cumplimiento de las promesas del Señor. son ellos los que movidos por la acción del Espíritu Santo en sus corazones los que descubrieron en aquel niño llevado en brazos por aquel matrimonio joven de Galilea al que era la salvación del mundo y la luz para todos los hombres.

Ya hemos escuchado el relato en el evangelio; cómo el anciano Simeón coge en brazos a aquel niño para cantar las alabanzas del Señor. Su corazón se ha llenado de gozo porque sus ojos han visto al Salvador como así había sentido inspirado por el Espíritu Santo y ahora ya puede poner totalmente su vida en las manos del Señor. ‘Ya puedes dejar morir a tu siervo en paz, Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel’.

Aunque los oídos humanos en aquel momento no lo pudieran escuchar seguro que el coro de los ángeles en el cielo estaría cantando aquel cántico de alabanza al Señor que hoy la liturgia nos ha ofrecido en el salmo responsorial, como ya hicimos mención al principio. Creo que nosotros en nuestra celebración tendríamos que hacernos de verdad eco con todo sentido de dicho cántico de alabanza. ‘¡Portones!, alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el Rey de la gloria. ¿Quién es ese Rey de la gloria? El Señor, Dios de los ejércitos, es el Rey de la gloria’. Nosotros podemos confesar, repito con todo sentido, esa confesión de fe, allí está, sí, ‘el Señor, Dios de los Ejércitos, el Rey de la gloria’, y más si lo vivimos en todo su sentido pascual.

Decíamos todo nos habla de subida y tiene sentido de pascua y es que en aquellas palabras que luego Simeón dedicara a María llevaban incluido ese sentido pascual. Jesús, es cierto, iba a ser ese signo de contradicción, ante El habrían de decantarse los hombres y los pueblos de todos los tiempos, como lo fue en aquella otra subida a Jerusalén de Jesús para su pascua. Su templo y altar iba a ser la cruz, porque el sacrificio que se iba a ofrecer no era un sacrificio cualquiera. Ahora sus padres, en su pobreza, habían ofrecido un par de tórtolas, pero Jesús sería el que se ofrecería a sí mismo en el altar de la cruz siendo sacerdote, victima y altar. Su sangre derramada, signo grande del que nos ama hasta entregar su vida por nosotros, iba a ser la señal de aquel gran sacrificio e iba a ser la sangre de la nueva Alianza, de la eterna Alianza que sería ya para siempre una Alianza de Amor y de salvación.

Y allí en aquella primera subida de Jesús al templo estaba la madre, cuya alma iba a ser atravesada por una espada de dolor, que ella también al pie de la cruz convertirá en una espada de amor cuando con el Hijo ella también se entrega para ser como madre corredentora de aquellos hijos que de Jesús recibía en aquel momento supremo de la entrega y de la muerte.

Por eso podemos decir que también es la subida y entrada de la madre, de María, que ya sería para siempre la madre de todos los hombres. Esta celebración lleva unida a la presentación de Jesús en el templo aquel rito de purificación de la madre a los cuarenta días del parto. Para María no fue solo una purificación ritual, sino que podríamos decir que el comienzo de su ofrenda de amor.

A María siempre la tenemos delante de nuestros ojos como el mejor modelo y ejemplo de lo que ha de ser también nuestro amor; muchas imágenes de María llevan en sí la impronta de su vivencia de la Pascua cuando la queremos llamar Madre de los Dolores o Madre de la Esperanza con el reflejo de su presencia al pie de la cruz, que fue para ella también la culminación de esa ofrenda de amor.

Y aquí es donde hoy yo quiero ver otra entrada, en este caso de manos de María. María fue la primera que nos trajo a Jesús, fue primer evangelio de Jesús. Hoy, nosotros, los canarios la celebramos con al Advocación de la Virgen de Candelaria y recordamos y celebramos como su bendita imagen estuvo en nuestra tierra antes incluso que llegara el conquistador o el misionero.


Aquella imagen aparecida en las playas de Chimisay antes de la conquista de nuestras Islas fue el primer evangelio que llegó a nuestra tierra. Nuestros antepasados los guanches en aquella imagen querían ver a la que ellos llamaban la madre del sol, Chaxiraxi, la madre de la luz podríamos traducir nosotros y en aquella imagen de María estaba también Jesús. Por eso la llamamos nosotros la Candelaria, la que trae para nosotros en sus manos la luz, una candela en una mano y a Jesús en su otro brazo. Fue como la presentación que María hace de Jesús a nuestros antepasados los guanches, por eso digo que podemos hablar de entrada de Jesús de manos de María en nuestra tierra.

Que de manos de María entre Jesús en nuestra vida, como de manos de María y con Jesús reinando en nuestro corazón entremos nosotros en la gloria del Señor. Que se alcen las antiguas compuertas que va a entrar el Rey de la gloria. Sí, muchas antiguas y viejas barreras tenemos que levantar en nuestro corazón para dar paso al Señor y Rey de la gloria a nuestra vida. Queremos hacer ofrenda y ofrenda de amor nosotros hoy en esta fiesta en que también de manera especial celebramos a María. Que ella prenda esa luz en nuestro corazón y nunca se apague, que vivamos siempre en la claridad de la luz para que así resplandezcan las obras de nuestro amor.

 

lunes, 1 de febrero de 2021

La Palabra de Dios siempre es novedad y Buena Noticia de la que tenemos que dejarnos sorprender para discernir lo que el Señor quiere de nosotros en cada momento

 


La Palabra de Dios siempre es novedad y Buena Noticia de la que tenemos que dejarnos sorprender para discernir lo que el Señor quiere de nosotros en cada momento

Hebreos 11,32-40; Sal 30; Marcos 5,1-20

Hoy es un evangelio de un cierto desconcierto. Primero, es el hecho de que Jesús se haya acercado con los discípulos a una región que no era propiamente judía; en contadas ocasiones le veremos actuar fuera de los confines de la palestina judía, como en la ocasión en que la cananea grita detrás de El pidiéndole auxilio para su hija poseída por el Espíritu del mal. En aquella ocasión parece Jesús displicente cuando le dice que el pan de los hijos no se echa a los perros, mezclando en su lenguaje la forma cómo los judíos solían tratar a los gentiles; pero la fe de aquella mujer le moverá entonces a acceder a la petición de aquella madre.

Ahora está en territorio de los gerasenos; el hecho de que cuiden piaras de cerdos ya nos manifiesta que no eran de religión judía, pues el cerdo era considerado un animal impuro cuya carne no comían, ni siquiera podían tocar. Puede ser significativo para cuando va a suceder en este pasaje; surgirá un hombre poseído también por el maligno a quien nadie podía dominar, pero que sin embargo reconoce en la presencia de Jesús el poder de Dios que está sobre todo. Como escuchábamos en el episodio del endemoniado de la sinagoga de Cafarnaún también proclamará quién es Jesús. ‘¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios altísimo?’

Jesús liberará a aquel hombre del espíritu del maligno que le posee, haciendo que la piara de cerdos se arroje poseída por el maligno por el acantilado ahogándose en el mar.  Llegarán las gentes que hasta entonces habían tenido que soportar las ‘locuras’, vamos a decirlo así, de aquel hombre a quien ahora contemplan tranquilo y sano sentado allí en medio de ellos, y a quien ya no han de temer. Y aquí viene algo que también nos desconcierta en este texto. ‘Le rogaban que se marchara de su comarca’.

Tienen allí a quien les ha traído la salvación y no han sabido leer los signos de Dios. Como nos sucede muchas veces, nos cegamos; estarán por medio nuestros intereses, estará también la costumbre que se vuelve rutina de la que no queremos salir, estará el miedo a lo que en el futuro nos puede devenir y que por lo incierto y ante el temor de nuevos y distintos compromisos rehusamos entrar en esa dinámica. Esto que nos desconcierta de la negación de aquellas gentes a aceptar el misterio de gracia puede significar quizás muchos interrogantes en nuestra vida.

Jesús no fuerza nunca la respuesta que hemos de dar. Nos ofrece su camino de gracia que podemos aceptar o no, pero todo depende de nosotros. Por eso Jesús con los discípulos se sube a la barca para marchar por otros caminos. Pero aquel que había sido liberado del mal sí reconoce la gracia que ha recibido y quiere corresponder; por eso pide el irse con Jesús. Pero ahora será Jesús el que le dice que se quede. ‘Pero no se lo permitió, sino que le dijo: Vete a casa con los tuyos y anúnciales lo que el Señor ha hecho contigo y que ha tenido misericordia de ti’.

Aquel hombre tenía allí una misión, un testimonio que dar en cuanto él había recibido. Aquellas gentes reacias a la presencia de Jesús sin embargo necesitan el anuncio de la Buena Nueva. Sería el testimonio de aquel hombre quien tendría que anunciarlo desde lo que él había vivido, desde su propia vida. No sería fácil seguramente la tarea vista las predisposiciones de aquellas gentes. ‘El hombre se marchó y empezó a proclamar por la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y finalmente todos se admiraban’.

¿Nos cuesta ir a los nuestros, allí donde todos nos conocen? Reconozcamos que muchas veces nos suceda si, preferimos ir a otro lado, allí donde no nos conozcan que entre los nuestros, los que nos conocen de siempre hacer el anuncio. ¿Miedos y cobardías humanas? ¿Falsos respetos humanos? ¿Pensamos que acaso no nos van a escuchar porque nos conocen de siempre, como a Jesús en Nazaret a quien le dicen que es el hijo del carpintero? Es cierto que un profeta no es despreciado sino solo en su patria, pero en nuestra patria, en nuestro lugar, allí tenemos que ser testigos y profetas.

Los desconciertos que se producen en muchas ocasiones son un buen toque de atención, para que en verdad lleguemos a descubrir lo que el Señor quiere de nosotros.

domingo, 31 de enero de 2021

Cuidemos nuestras actitudes y posturas ante la Palabra que se nos anuncia para que en verdad sea Evangelio, buena nueva de Salvación para nosotros hoy

 


Cuidemos nuestras actitudes y posturas ante la Palabra que se nos anuncia para que en verdad sea Evangelio, buena nueva de Salvación para nosotros hoy

Deuteronomio 18, 15–20; Sal 94; 1Corintios 7, 32-35; Marcos 1, 21-28

También hoy echamos de menos a quienes hablen con autoridad. Queremos encontrar una lógica y una sabiduría en quienes están llamados a tener alguna autoridad sobre el pueblo, para que se nos digan palabras llenas de vida, que nos den respuestas, que no sean solo una expresión de un poder que no sabemos como utilizar y al final se convertirán en manipulación y lo utilizaremos siempre en provecho propio o que no nos digan simplemente palabras gustosas y agradables al oído que nos encanten por un instante, pero de las que terminamos por sentirnos saciados y hartos porque no producen una esperanza verdadera en quienes las escuchan. Son los populismos de los eslóganes gritados muy fuerte porque así piensan que van a convencer mejor pero que nos llevan a un vacío y desencanto que nos hace no querer creer en nadie.

Así se sentían las gentes en los tiempos de Jesús, como de alguna manera en muchas cosas nos sentimos nosotros hoy, porque quienes tenían que enseñar y dirigir al pueblo solo pronunciaban palabras gastadas, repetidas ritualmente pero sin despertar ninguna esperanza en los corazones, o solo se contentaban con mantener un estado de las cosas y de la vida por miedo quizás a que lo nuevo les hiciese perder sus prestigios e influencias. Por eso la reacción de la gente cuando lo escucha y contempla en la sinagoga de Cafarnaún aquel sábado es reconocer que aquel nuevo profeta que había aparecido sí hablaba con autoridad no como los escribas y maestros de la ley que repetían lecciones aprendidas.

De ahí también la reacción que iremos viendo aparecer en aquellos que se consideraban los únicos maestros tratando de desprestigiar a Jesús a quien no quieren reconocerle ninguna autoridad. Por ello, por la autoridad con que hacía tales cosas, le preguntarán en alguna ocasión, ya que Jesús no había aprendido en ninguna de aquellas escuelas de maestros insignes, ya que Jesús realmente era la Palabra viva de Dios, y era la Palabra que era la luz de los hombres, que daba vida a quienes la escuchaban. Así se sentía aquella gente sencilla cuando escuchaba a Jesús y de ahí sus alabanzas, porque se sentían llenos de una vida nueva y de una esperanza nueva.


Además podían contemplar que no eran solo palabras sino hechos, manifestado en aquel enfermo que estaba allí en medio de la sinagoga y a quien Jesús libera de su mal. El enfermo, y sobre todo en determinadas enfermedades, era alguien que se sentía castigado y apartado de Dios, lleno del espíritu del maligno y por eso los llamaban endemoniados. Jesús viene a hacer desaparecer ese concepto – que sin embargo tantos siglos aún nos ha costado a los cristianos hacerlo desaparecer de nuestro pensamiento – porque el enfermo no era un maldito de Dios, sino que la preferencia del amor de Dios se derramaba precisamente sobre los pobres y sobre los enfermos; ellos también eran amados de Dios.

Somos nosotros los que nos envolvemos en el mal que nos destruye desde lo más hondo cuando rechazamos esa mano tendida de Jesús que viene a decirnos que Dios nos ama a pesar de todas las limitaciones y deficiencias que pueda haber en nuestra vida. Lo vemos expresado en las palabras de aquel hombre de la sinagoga que de alguna manera parece rechazar la acción de Jesús – ‘¿vienes a destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios’, que le dice – pero Jesús curándole, liberándole de todo ese mal profundo que había en su vida viene así a manifestar las señales de que llegaba el Reino de Dios. Así se manifestaba la autoridad de las palabras y de la vida de Jesús.

Es lo que nosotros tenemos que experimentar al escuchar la Palabra de Dios, quitando tantos prejuicios que nos traemos previamente formulados cuando venimos a escucharla; no venimos con corazón limpio, no venimos con un corazón sincero, no venimos con corazón abierto a lo que el Señor hoy, aquí y ahora quiera trasmitirnos. Cuantas veces cuando escuchamos la  proclamación del evangelio ya de antemano nos decimos que lo conocemos y ya casi no lo escuchamos porque tenemos nuestra idea prefijada dentro de nosotros.

‘No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto; cuando vuestros padres me pusieron a prueba y me tentaron, aunque habían visto mis obras’ rezamos en el salmo. Es la apertura del corazón con que necesitamos acercarnos a la Palabra de Dios. Si pudiéramos hacerlo, es casi como un borrón y cuenta nueva, porque es lo nuevo que ahora vamos a escuchar, es lo nuevo que ahora el Señor en ese texto del evangelio quiere decirnos.

Porque no venimos con esa actitud o esa postura nos cansa el evangelio, nos parece repetitivo el evangelio, nos aburrimos escuchando el evangelio. Si antes decíamos que aquellos escribas no hablaban con autoridad porque hablaban como con lecciones aprendidas de memoria, lo mismo tenemos que decir de nuestras actitudes y posturas ante la Palabra que se nos anuncia que así entonces dejaría de ser evangelio, buena nueva de salvación para nosotros.

¿Qué nos habrá querido manifestar hoy el Señor en su Palabra? Hagamos silencio en nuestro corazón y escuchemos la voz del Señor que nos habla.

sábado, 30 de enero de 2021

Una travesía difícil por la vida en la que no hemos de debilitarnos sino saber acudir con fe a quien sabemos que está a nuestro lado para ser nuestra fuerza

 


Una travesía difícil por la vida en la que no hemos de debilitarnos sino saber acudir con fe a quien sabemos que está a nuestro lado para ser nuestra fuerza

Hebreos 11,1-2.8-19; Sal.: Lc 1,69-75; Marcos 4,35-41

Alguna vez habremos recibido el reproche, medio en broma, medio en serio en que nos echaban a la cara que estamos como atolondrados, que no nos enteramos, que no terminamos de caer en la cuenta de los problemas que hay. Seguramente a nosotros nos pasa cuando vivimos la vida medio superficialmente o no queremos complicarnos demasiado y así aunque veamos hacemos que no vemos, no vayan a meternos en el lío y tengamos que apechugar buscando soluciones. Es que esa tendría que ser la alerta que vivamos en todo momento, atentos a lo que pasa, atentos a los problemas, dispuestos a arrimar el hombro para buscar salidas y soluciones intentando salir de ese caparazón en que nos metemos en ocasiones para no enterarnos.

En esta introducción que nos estamos haciendo incido en nuestras posturas, cómodas muchas veces, aunque no es el caso de lo que hoy se nos plantea en el evangelio aunque no sabemos bien lo que pasaba por la cabeza de aquellos avezados pescadores que se veían envueltos en aquella tormenta tan normal en el lago de Tiberíades, mientras Jesús que iba en la barca pareciera que se desentendía de todo mientras dormía ausente de todo lo que pasaba a su alrededor. Medio acostumbrados a que Jesús les sacara de apuros en más de una ocasión, y como actuaba El cuando apreciaba sufrimiento en los demás, ahora no saben que pensar y bruscamente le despiertan.

¿Es que no te enteras? ¿Cómo puedes dormir tan tranquilo en medio del fragor de esta tormenta? Es que casi nos hundimos. Jesús no dormía ausente de cuanto pasaba, ni era insensible ante el momento difícil que estaban pasando. Aquel dormir de Jesús ¿sería como una prueba para la fe de aquellos hombres? ¿No les estaba obligando a que se las ingeniaran y supieran salir adelante sin tener que buscar una ayuda fácil? ¿Sabrían ellos más tarde caminar por la vida enfrentándose a dificultades e incluso persecuciones cuando Jesús no estuviera físicamente entre ellos?

Es cierto que les prometerá que nunca los dejará y de una forma o de otra siempre estaría con ellos, pero en muchas ocasiones también iban a sentir, como lo sentimos nosotros también, el dolor y la angustia de la soledad porque nos pareciera que Jesús se haya desentendido de nosotros. Pero ellos tendrían que aprender la lección, tendrían que aprender a confiar, tendrían o tendríamos también nosotros que saber buscar esa ayuda y esa presencia de Jesús que nunca nos faltará.

Sí, porque este texto del evangelio no es solo la lección que aprendieron aquel día los discípulos que iban en la barca que casi se hundía, sino que es la lección que nos vale a los cristianos de todos los tiempos, que nos vale a nosotros hoy cuando con mil problemas algunas veces también nos llenamos de angustias en nuestras soledades. Siempre hemos dicho, quizá como recurso fácil, pero no menos cierto, que esta barca zarandeada por las olas en medio de la tormenta del mar de Galilea es imagen de la Iglesia, barca también zarandeada por miles de olas a través del paso de los tiempos.

Ahora podemos pensar en la situación de la Iglesia con todos los problemas en que se ve envuelta a lo largo y a lo ancho del mundo, pero podemos pensar en más cosas también. Es la situación que vive hoy nuestra sociedad con la pandemia donde también nos vemos tan embrollados que nos parece que nunca vamos a salir; y aquí no sé si habremos sabido acudir al Señor que nos parece que duerme sobre un cabezal de la barca para pedirle con fe que nos ayude a salir de esta.

Epidemias y pestes ha habido numerosas a lo largo de los siglos y con más difícil solución cuando los medios sanitarios no eran los que hoy tenemos; y a lo largo y a lo ancho de nuestras tierras tenemos muchos santuarios y ermitas en honor de los santos a los que se invocaron en aquellas ocasiones como especiales protectores en aquellas situaciones. Hoy nos valen para romerías y fiestas, pero hemos de ser conscientes de que son testigos de la fe de nuestra gente y la ayuda del cielo.

Era la fe del pueblo cristiano, valiéndose de la devoción a algún santo en particular – ¿cuántas iglesias de san Roque hay en nuestra tierra y cuántas imágenes de ese santo en nuestros templos? – estaban implorando del Señor su protección en aquellos momentos. ¿Habremos sabido hacerlo o nos parece que no es moderno que hoy en el siglo XXI hagamos esas rogativas al Señor?

Considero también una travesía por un mar tumultuoso el enfriamiento espiritual que se pueda estar produciendo en el pueblo cristiano con la disculpa de los aforos limitados que de alguna manera nos impiden la asistencia a los actos religiosos. ¿Cómo nos levantaremos de este debilitamiento espiritual en que podemos estar cayendo? Nos tendrá que gritar Jesús también a nosotros: ‘hombres de poca fe, ¿por qué dudáis?’

 

viernes, 29 de enero de 2021

 


Nos duele el tiempo del silencio y de la espera pero lo necesitamos para poder enraizarnos en lo que va a dar plenitud y sentido a nuestro vivir

Hebreos 10,32-39; Sal 36; Marcos 4,26-34

Vivimos el tiempo de la inmediatez; todo lo queremos al instante, no tenemos paciencia para esperar, nos duele ese tiempo y ese silencio de la espera; cuando nos parece que el ordenador va lento y tarda en darnos respuesta a las órdenes que le damos, nos desesperamos, aunque solo sean una segundos los que tenemos que esperar. Pero yo diría que todo, hasta lo más inmediato tiene su tiempo.

Estamos diciendo de los ordenadores porque es la herramienta de trabajo que hoy tenemos más a mano, ya sea en un propio ordenador personal, una tablet, un móvil o celular de última generación y a todo le pedimos, le exigimos la inmediatez. Como no lo vemos ni acaso sentimos ningún ruido de motor no nos damos cuenta, pero también todo eso en estos instrumentos también tiene su proceso, que como decíamos algunas veces se nos retarda. Y como decíamos antes, nos duele el tiempo y el silencio de la espera. Pero lo necesitamos aunque no queremos reconocerlo.

No había estas herramientas en el tiempo de Jesús y por eso sus parábolas parten de lo que era la vida habitual de entonces, sobre todo vida en el campo. En sus parábolas para hablarnos del reino de Dios nos habla entonces con esas imágenes de la siembra de la semilla, de la germinación de la misma y el brotar de la planta que irá creciendo, y que todo tiene su tiempo y tiene su silencio.

Como nos dice, no sabemos cómo, pero la semilla en el silencio de la tierra donde está enterrada germinará, brotará y hará surgir una nueva planta prometedora de hermosos frutos, o como nos dice de la mostaza, pequeña entre las semillas, crecerá como una hermosa hortaliza a cuya sombra hasta los pajarillos pueden hacer sus nidos.

Creo que nos damos cuenta por donde quiero llevar esta reflexión. Y nos valen las palabras de las parábolas de Jesús como nos valen las modernas herramientas que hoy tenemos en nuestras manos con la informática. Quiero pensar en ese tiempo del silencio y de la espera. Necesitamos en la vida de esos silencios y de saber esperar hasta que llegue su tiempo, que todo tiene su tiempo. Es el tiempo del rumiar interiormente, es el tiempo que necesitamos incluso para encontrarnos con nosotros mismos, pero también para ir madurando donde eso que va cayendo en nuestra vida; como la semilla a la que hay que dar un tierra en la tierra con la correspondiente humedad para que pueda germinar.

Son esos tiempo de silencio interior que nos harán en verdad crecer como personas; son esos tiempos que en silencio dedicamos a reflexionar y a meditar, a preguntarnos y a buscar, a interiorizar y a llegar a lo más profundo, a descubrir bien donde hemos hacer llegar nuestras raíces para arraigar bien en la vida y ningún viento pueda llegar a tumbarnos; es la planta que va enterrando poco a poco sus raíces para afianzarse bien, para encontrar los nutrientes que necesita, para encontrar vida en esa humedad del subsuelo y que hará que luego la planta crezca esbelta, llena de hojas, de flores y de frutos.

Nuestras carreras en la vida nos impiden saborear esos procesos interiores que tendríamos que saber hacer; nuestras prisas y nuestras búsquedas de los inmediato casi no nos dejan ver la flor porque queremos el fruto ya, ni disfrutar del verdor y de la frescura de sus hojas y no sabemos entonces tener ese buen nido de nuestra vida que sea nuestro apoyo y nuestro refugio. Y cuando nos va faltando todo eso nos va faltando esa espiritualidad que necesitamos, ese crecimiento de nuestro espíritu y por eso andamos por la vida tan superficialmente.

¿Sabremos anclar bien nuestras raíces en Jesús y en su evangelio para que en verdad lleguemos a dar frutos de vida? Si no estamos así enraizados en Jesús, ¿qué es lo que podemos ofrecer al mundo que está necesitando una luz, una sabia nueva, un sentido nuevo para llegar a una vida en plenitud?

jueves, 28 de enero de 2021

la amistad se construye día a día

Deseamos y nos prometemos una amistad para siempre pero no olvidemos que la amistad se construye día a día, con nuestros gestos y detalles, con palabras bellas y con presencia que nunca abandona, con largas conversaciones y con silencios que transmiten lo que llevamos en el alma, con un amor compartido y con una acogida siempre disponible

Aprendamos a saborear la buena noticia que es Jesús y pongamos bien alto el candil de la luz del evangelio para que renazca la esperanza en nuestro mundo

 


Aprendamos a saborear la buena noticia que es Jesús y pongamos bien alto el candil de la luz del evangelio para que renazca la esperanza en nuestro mundo

 Hebreos 10,19-25; Sal 23; Marcos 4,21-25

‘¿Qué hay de nuevo? ¿Qué me cuentas?’ Así en una expresión muy coloquial le preguntaba hace unos momentos a un amigo a través del WhatsApp por noticias de su vida o de su tierra. Cuando nos hablamos tratamos de comunicarnos las noticias de lo que sucede, intentamos que sean cosas buenas y agradables, pero muchas veces nuestras noticias son muy duras porque nos hablan quizá de las dificultades de la vida, de situaciones difíciles por las que estemos pasando o tantas noticias de crespón negro que se suceden continuamente en nuestra sociedad. Forma parte de nuestras relaciones entre unos y otros y de lo que es la vida misma de la sociedad en la que vivimos. Ojalá tuviéramos la oportunidad de estar trasmitiéndonos buenas noticias.

Claro que para nosotros los cristianos siempre tenemos una Buena Noticia que trasmitirnos, que comunicarnos, aunque muchas veces medio que la ocultamos o ya no parece que ser algo que pueda salir en la primera página de los periódicos o de los noticieros. Esa buena noticia que para nosotros – y también para nuestro mundo aunque no se lo crea – es Jesús. ¿Es que puede haber algo más grande que la noticia del amor de Dios que para nosotros es Jesús? Hemos cambiado la expresión por la palabra griega, pero muchas veces olvidamos lo que en sí misma significa, evangelio. Y eso un cristiano no tendría que olvidarlo nunca. Porque es buena noticia de amor y de salvación sigue hoy inundando nuestro corazón y tendría que enfervorizarnos de otra manera, porque desgraciadamente hemos caído en una terrible atonta espiritual y cristiana.

¿Habremos ocultado el candil debajo del cajón o nos habremos decidido ya de una vez por todas a poner el candil en el candelero, la luz en un lugar bien alto que pueda alumbrar a todos? ¿Qué estamos haciendo de la luz del evangelio?, tendríamos que preguntarnos con sinceridad o también con cierto temblor para que nos diera vergüenza de cómo hemos desvirtuado el mensaje del evangelio. Como decíamos antes hemos llegado al punto en que Jesús ya no es noticia de primera página. Pero es que los cristianos tampoco estamos destacando mucho ni haciendo todo lo posible porque esa buena noticia sea en verdad una revolución de corazones, una revolución para nuestro mundo.

Quejarnos es una cosa que fácilmente sabemos hacer. Nos quejamos de la situación que vivimos, de los problemas de nuestro mundo, de la atonta de la vida vivida con tanta superficialidad y frialdad, de que no sabemos cómo salir del atolladero en que se encuentra la sociedad, de que no encontramos soluciones. Como plañideras andamos con nuestras lágrimas de desesperanza que enturbian la vida, que enturbian los corazones.

¿Y la Buena Noticia de Jesús no nos dice nada? ¿No siembra inquietud en nuestros corazones para buscar caminos de cosas mejores? ¿No se despierta nuestra esperanza con el camino que Jesús nos ofrece? ¿Será acaso que no hemos llegado a saborear bien el sabor del evangelio de Jesús? Pongamos esa luz de Jesús delante de nuestros ojos, bien alta para que el mundo la vea también. Y mirando y escuchando a Jesús creo que podremos aprender mucho para esa solidaridad que tanto necesitamos en nuestro mundo, para ese compromiso de lucha por el bien emprendiendo los caminos de la generosidad y del amor, emprendiendo caminos de mayor responsabilidad en las funciones que tenemos que realizar en nuestra sociedad.

‘Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa; fijémonos los unos en los otros, para estimularnos a la caridad y a las buenas obras’, nos decía la carta a los Hebreos.

Con esas premisas del evangelio seguro que encontraremos caminos para hacer nuestro mundo mejor. Pero no nos pongamos a llorar, sino pongámonos a hacer, a comprometernos, a ser responsables, a ser más solidarios, a pensar menos en nosotros mismos para pensar más en los demás. Es lo que contemplamos en Jesús, es la Buena Nueva que Él quiere transmitirnos, es la luz que dará un sentido nuevo a nuestra vida, pero que iluminará también nuestro mundo para emprender nuevos caminos. El Evangelio sigue siendo luz para el mundo de hoy.

miércoles, 27 de enero de 2021

La semilla no siempre encuentra terrenos propicios por la dureza del corazón, la superficialidad de nuestro vivir o la carrera de intereses con que vivimos la vida

 


La semilla no siempre encuentra terrenos propicios por la dureza del corazón, la superficialidad de nuestro vivir o la carrera de intereses con que vivimos la vida

Hebreos 10,11-18; Sal 109; Marcos 4,1-20

‘Les enseñaba muchas cosas en parábolas’, nos dice el evangelista. Nos ofrece una serie de circunstancias de la predicación de Jesús. La gente que se agolpa alrededor de Jesús, están en la orilla del lago y Jesús aprovecha la oportunidad de una de las barcas que están allí en la orilla para subirse y desde ella hablar de manera que todos pudieran escucharle. Buen anfiteatro podríamos decir la gente por la orilla o echados en la arena, mientras Jesús les habla desde el frente y con la altura de la barca para que todos puedan verle y escucharle. Cualquier momento es válido y cualquier ocasión es propicia para sembrar la semilla de la Palabra de Dios.

Y esa va a ser la imagen de la parábola que les propone. Un sembrador, una semilla, unos terrones donde es arrojada la semilla para que pueda germinar y llegar a dar fruto. Pero la semilla no siempre encuentra los terrenos propicios, viene a decirnos Jesús en la parábola; terrenos endurecidos por el paso de los caminantes, terrenos llenos de pedruscos y de abrojos, terrenos que no siempre están debidamente preparados para recibir la semilla, y terrenos preparados para un cultivo provechoso. Así es nuestro corazón, así somos nosotros.

Endurecidos en nuestro corazón, que parece que ya venimos de vuelta porque nada nos impresiona, nada nos llama la atención; con el corazón distraído porque quiere atender a muchas cosas y entonces vivimos en la superficialidad del momento, de lo que nos llame la atención ahora, pero que dentro de un momento ya no nos acordamos; agobiados por preocupaciones, llenos de problemas que nos absorben, a la carrera por unos intereses donde lo que nos preocupan son quizá las ganancias, o será el pasarlo bien sin ninguna preocupación que nos impida lo que decimos de vivir la vida.

Así con irresponsabilidad nos tomamos la vida, así andamos de acá para allá movidos por cualquier viento como veletas que al final no sabemos cuál dirección tomar en la vida o cuáles son las cosas verdaderamente importantes, así con esa superficialidad donde no queremos ni pensar para que así quizás nuestra conciencia no se nos despierte. ¿Cómo nos tomamos la vida? ¿Nos buscamos realmente metas, ponemos objetivos en lo que hacemos o vamos a lo que salga en cada momento? ¿Tratamos de discernir seriamente todos los mensajes que recibimos, o tantas cosas que pueden influir en nosotros pero que tendríamos que sopesar bien al menos deteniéndonos a pensar un poco?

Cuando comparamos los diversos terrenos mirando nuestra vida quizás añoramos ser esa tierra buena, preparada, cultivada porque será donde la semilla podrá germinar debidamente y hacer surgir esa hermosa planta que nos llene de flores y de frutos. Pero quizás nos cuesta dar el paso adelante, porque ya eso depende de nosotros. Significará un esfuerzo de reflexión y profundización, significará un esfuerzo de purificación interior, significará hacer un silencio interior porque los ruidos tanto exteriores como ruidos interiores que hemos dejado meter en el alma no nos dejarán escuchar el susurro de lo que nos dará el mejor sentido a nuestra vida.

Demos el paso, acojamos esa semilla que llega a nuestra vida que cuando comencemos a dar fruto también nos podemos convertir en sembradores de la buena semilla entre los hermanos, en ese mundo que nos rodea.

martes, 26 de enero de 2021

Como María, la madre de Jesús, y sus hermanos queremos ver a Jesús para estar con El y empaparnos de su presencia

 


Como María, la madre de Jesús, y sus hermanos queremos ver a Jesús para estar con El y empaparnos de su presencia

2Timoteo 1, 1-8; Sal 95; Marcos 3, 31-35

El episodio que nos narra hoy el evangelio tiene los rasgos de algo muy normal y al mismo tiempo refleja una gran humanidad. Es normal que una madre se interese por donde está su hijo, como le va en las tareas que ha emprendido, quiera tener noticias de El o vaya a buscarlo o a verle cuando se entera que está cerca. Jesús había marchado de Nazaret y se había establecido en Cafarnaún; desde allí iba de un lugar para otro haciendo el anuncio del Reino y no hay datos por el relato del evangelio que nos hable de su madre y de su familia como siguiéndole allá por donde vaya haciendo el anuncio del Reino. Esporádicamente aparece casi al comienzo en las bodas de Caná – ambos estaban invitados a la boda -, ahora en esta búsqueda de Jesús, y solamente más tarde la veremos en Jerusalén a la hora de la Pascua. Por eso digo entra en lo más normal y con los rasgos de humanidad que sabe vivir una familia.

Sin embargo aparentemente pareciera que hay un choque y casi como que Jesús no quisiera en esos momentos hablar de su madre y su familia ni incluso atenderlos. Y digo aparentemente, porque si nos ponemos a profundizar en las palabras de Jesús estaremos viendo la profundidad del testimonio que nos quiere ofrecer de su madre.

‘¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?’ se pregunta Jesús dirigiéndose a los que le traían el recado pero también a todos los presentes. Y nos dice el evangelista que señalando con su mano a todos los presentes viene a hacer esta afirmación. ‘Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre’.

No niega Jesús lo que significan su madre y sus hermanos. Cuando en otra ocasión una mujer anónima en medio de las gentes grite a pleno pulmón en alabanzas para la madre que lo parió, Jesús afirmará entonces que dichosos son los que escuchan la Palabra de Dios y la plantan en su corazón, la cumplen en su vida. Dichosa era María, sí, porque era la madre de Jesús, porque era la Madre de Dios, pero más dichosa aun porque así acogía ella la Palabra de Dios en su vida.

¿No fue María la que plantó la Palabra de Dios en su corazón, porque de Dios se sentía la humilde esclava del Señor y quería que se realizase en ella, se cumpliese la Palabra del Señor? Ahora podemos afirmar lo mismo con las palabras de Jesús, María es la que hace lo que es la voluntad de Dios. Entonces, de alguna manera, nos la está poniendo como ejemplo, como modelo para nosotros para que así plantemos en nuestra vida la Palabra de Señor y así seremos la familia de Dios.

Es la reflexión que surge para nosotros en nuestro interior ante esta Palabra de Dios que hoy se nos proclama. ¿Somos nosotros en verdad la familia de Jesús porque así aceptamos y acogemos en nuestra vida la Palabra de Dios? Como María y los hermanos y las hermanas de Jesús, queremos ir también nosotros a estar con Jesús.

Estar con Jesús, qué cosa más importante; qué cosa más necesaria para nuestra vida. Estamos a su lado y nos gozamos de su presencia, estamos muy cerca de El y nos bebemos sus palabras, no queremos dejar perder ninguna de sus palabras, queremos escucharle atentamente, masticar y saborear cuanto nos dice, sentir la alegría de su mirada llena de ternura pero que llega a lo más hondo de nosotros mismos desnudándonos por dentro, disfrutar conociéndole más y más pero al mismo tiempo sintiendo como se corren muchos velos de nuestro corazón y nos conocemos más sintiéndonos cada vez más impulsados a parecernos a El, a vivir como El, a llenarnos de su vida y de su amor.

Es muy importante para nosotros ese saber estar con Jesús, porque solamente cuando estemos con El desde lo más profundo, podremos ponernos en camino para esa misión que nos confía, para que vayamos a hablar de El a los demás, para que trasmitamos con toda sinceridad y valentía el evangelio, la buena nueva de la salvación que nos trae Jesús. Nos sentimos nosotros salvados porque nos sentimos inundados de su amor, pero sentimos que no nos podemos quedar quietos porque eso tenemos que transmitirlo a los demás.

lunes, 25 de enero de 2021

Cuidado seamos tan cegatos que dejemos pasar de largo el paso de Jesús por nuestra vida que viene a nuestro encuentro como con Saulo en el camino de Damasco

 


Cuidado seamos tan cegatos que dejemos pasar de largo el paso de Jesús por nuestra vida que viene a nuestro encuentro como con Saulo en el camino de Damasco

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Sal 116; Marcos 16, 15-18

Tenemos nuestros caminos, nuestras ideas, nuestros principios por los que tratamos de guiarnos, nos hemos trazado una metas y nos sentimos muy seguros en aquello que hacemos y aquello que queremos lograr en la vida, pero quizá en un momento determinado algo nos ha sucedido que trastocado nuestros planes; un acontecimiento en nuestra vida o algo que acaece en nuestro mundo que a todos nos afecta y aquellos caminos parece que se fueron al traste, aquellos ideales por los soñábamos se nos derrumbaron y otro es el camino que tenemos que tomar aunque nos cueste, aunque eso produzca una grave conmoción en nuestra vida. La situación que vivimos en estos últimos tiempos en nuestra sociedad un poco a todo esto suenan.

Pero si me he hecho este planteamiento desde el principio de esta reflexión es pensando en lo que le sucedió a san Pablo que hoy nos lo recuerda en su discurso de los Hechos de los Apóstoles. Hoy estamos celebrando lo que llamamos la conversión de san Pablo. Saulo tenía su camino trazado, había recibido una sólida formación en la ley judía, como nos dice hoy estudió a los pies de Gamaliel que fue un rabino de mucha sabiduría e importancia en el mundo judío, pero todo aquello por lo que luchaba se le vino abajo.

Perseguía a los que seguían el camino de Jesús – era la forma de llamar o señalar en aquellos primeros tiempos a los seguidores de Jesús – y con esos deseos iba a Damasco para traer presos a Jerusalén a todos los que seguían el camino. Pero el camino le hizo dar un vuelco en su vida, porque se encontró con quien era en verdad el Camino, y la Verdad y la Vida. A las puertas de Damasco tiene lugar el encuentro que incluso le dejará ciego a las luces de este mundo hasta que pocos días después al recibir el Bautismo iba a recobrar la luz de sus ojos y de su corazón.

‘¿Quién eres? ¿Qué quieres que haga?’ eran las preguntas que se hacía Saulo ante el resplandor de Dios que lo envolvió. ‘¿Qué debo hacer?’ Y la Palabra que escucha le señalará que siga su camino hasta Damasco y allí ya se le dirá lo que tiene que hacer. Será Ananías el que Dios le enviará para que reciba el Bautismo y se encuentre definitivamente con la luz, recuperando también la luz de sus ojos que habían quedado cegados. Sus compañeros lo llevan de la mano a Damasco. Pero ahora todo va a ser distinto, porque quien perseguía a los seguían el camino se ha encontrado con el camino y pronto va a ser también anunciador de ese evangelio. ‘El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿qué te detiene? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre’. Una nueva vida, un nuevo camino comienza para Pablo. Un vuelco grande se había realizado en su vida.

Quiero quedarme aquí en la reflexión. Podríamos hacer un recuento de lo que fue su vida a partir de entonces, pero es algo que prácticamente todos conocemos de alguna manera, pues también muchas veces hemos escuchado sus cartas. Pero es importante este momento que hoy conmemoramos y que podría convertirse en un interrogante en nuestro interior. Ha habido un encuentro muy importante; quien hasta ahora no conocía a Jesús aunque perseguía a los que seguían el camino de Jesús, se ha encontrado con Jesús en el camino. Es un momento de suma importancia y que ha de llevarnos a que nosotros también nos dejemos encontrar por Jesús.

Quizá nosotros conocemos muchas cosas de Jesús, en la fe cristiana fuimos educados, aprendimos un catecismo, vivimos en una cultura que tiene también sus raíces y resonancias cristianas, muchas de las costumbres que se viven en nuestro entorno las llamamos también costumbres cristianas, pero quizás no haya podido faltar algo importante en nuestra vida, dejarnos encontrar por Jesús.

Todas esas cosas que hemos mencionado tendrían que formar parte de ese encuentro con Jesús a lo largo de la vida, pero quizá se hayan podido quedar en cosas meramente formales que hemos hecho o que hemos vivido. Pero es algo vital lo que quizás nos falta. Es lo que hemos de buscar o hemos de estar atentos a esa llegada de Jesús a nuestra vida que nos puede suceder en cualquier momento y en cualquier acontecimiento. Cuidado seamos tan cegatos que dejemos pasar de largo ese paso de Jesús por nuestra vida y ese encuentro vital.

domingo, 24 de enero de 2021

No nos podemos quedar en lo mismo, tenemos que ir con Jesús para en su cercanía escucharle más y mejor y conocer todo lo que significa el Reino de Dios que nos anuncia

 


No nos podemos quedar en lo mismo, tenemos que ir con Jesús para en su cercanía escucharle más y mejor y conocer todo lo que significa el Reino de Dios que nos anuncia

 Jonás 3, 1-5. 10; Sal 24; 1Corintios 7, 29-31; Marcos 1, 14-20

Cuando se cumplen los plazos hay que cumplir con lo pactado o lo prometido; será un negocio o una compraventa, será una deuda, será una promesa de algo bueno, muchas cosas pueden caber en esa expresión de cumplimiento de plazos.

Con esa idea o ese concepto comienza el evangelio de san Marcos, que será el que predominantemente tendremos los domingos en este ciclo. ‘Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio’. Previamente nos ha dicho el evangelista que habían arrestado a Juan – se acabó la predicación en el desierto a las orillas del Jordán – y Jesús se viene a Galilea, pero se establece en Cafarnaún. Y comienza la predicación de Jesús. ‘Se ha cumplido el tiempo’, una frase que tiene una resonancia profética, de cumplimiento de las promesas, de la llegada del Reino de Dios. Es el anuncio que Jesús comienza haciendo. ‘Está cerca el Reino de Dios’. Pero eso va a necesitar unas actitudes nuevas, eso va a significar un cambio muy grande, se ha de despertar una fe nueva. ‘Convertíos y creed en el Evangelio’.

El evangelista Mateo al narrarnos episodios paralelos nos recordará lo anunciado por los profetas. ‘El pueblo que estaba en tinieblas vio una luz grande, una luz les brilló’. Las sombras se transforman en luz, las tinieblas desaparecen porque comienza un tiempo nuevo. Ese tiempo nuevo no es una simple conjunción de estrellas como si una nueva era cósmica comenzara. Ese tiempo nuevo tiene que comenzar en el corazón de las personas, aceptando ese reino de Dios, haciendo todo lo posible porque se haga realidad ese Reino de Dios; hay que poner toda nuestra fe en esa buena nueva que se nos trasmite, ese evangelio, ese anuncio que llega a nosotros. Es necesario creer, creer en el evangelio.

No será posible si no ponemos en juego toda nuestra fe. No podemos realizar aquello en lo que no creemos. Es un tiempo nuevo que comienza y las cosas tienen que ser nuevas también, porque no se trata de decir que creemos pero que todo sigue igual sin ningún cambio. Por eso esa palabra tan importante, ‘conversión’, es necesario convertirse, darle la vuelta a la vida, tomar un rumbo nuevo, unos nuevos derroteros, que no es seguir igual como si nada pasase.

Ha comenzado la predicación de un nuevo ‘profeta’, un nuevo ‘maestro’ por los caminos, las aldeas, los pueblos de Galilea. Y lo nuevo puede despertar desconfianzas cuando venimos ya quemados de la vida, o puede producir entusiasmo porque renacen las esperanzas. Podemos ponernos a la expectativa pero a distancia, para ver en qué para todo eso, o podemos ponernos en camino para escuchar, para conocer, para saber y en la medida en que crecen las esperanzas nuestra fe en esa palabra que escuchamos se va afianzando, va creciendo. Aunque el evangelio es muy escueto, aquellos primeros momentos no fueron fáciles en la predicación de Jesús. Quizá cuando veían los signos que realizaba se despertaba un poco más la esperanza y al menos traían a los enfermos para que recobraran la salud. Pero era algo más lo que Jesús estaba pidiendo.

Y hoy nos lo expresa el evangelista con el episodio que a continuación nos narra. Pasa Jesús por la orilla del lago y allí hay unos pescadores con sus redes, en sus barcas, intentando pescar algo o arreglando los desperfectos que siempre en el trabajo se producen. Y allí llega Jesús y les pide dar un paso. Seguramente ellos ya habrían escuchado hablar al Maestro en alguna ocasión, allí mismo en la orilla del lago, o los sábados en la sinagoga, hasta ellos habría llegado quizá también la fama de lo que Jesús iba haciendo, de los signos y milagros que realizaba. ‘Venid conmigo y os hará pescadores de hombres’.

Pero Jesús les está pidiendo que no se queden en la distancia, que se vengan con El, que El los hará pescadores de hombres. Entenderían o no aquello de ser pescadores de hombres, porque hasta entonces eran peces en el lago lo que intentaban pescar, pero ante la invitación de Jesús se ponen en camino. No se pueden quedar en lo mismo, tienen que ir con Jesús para en su cercanía escucharle más y mejor y conocer entonces todo lo que significaba ese Reino de Dios que Jesús anunciaba.


Quien quiere alcanzar una meta tiene que ponerse en camino, quien quiere tener conocimiento de la verdad tendrá que ponerse a escuchar, quien quiere saborear lo que es la amistad verdadera y el nuevo sentido del amor tiene que estar con el amigo que le ofrece esa amistad y poder empaparse de ese amor. Y es lo que ellos hicieron, se fueron con Jesús dejando redes, dejando barcas, dejándolo todo por el Reino de Dios que Jesús les anunciaba.

‘Se ha cumplido el tiempo, se han cumplido los plazos…’ tenemos hoy que escuchar nosotros también. Porque no hablamos de tiempos pasados. Es el ahora y es el hoy de nuestra vida. En este ahora y en este hoy llega también para nosotros la Palabra de Dios y la invitación de Jesús para que de una vez por todas nos pongamos en camino.

Todavía seguimos demasiado a la expectativa y a la distancia y es necesario en verdad ponernos a caminar al paso de Jesús, para estar con El, para escucharle allá en lo más hondo de nuestro corazón y no perdernos una palabra suya, para empaparnos de su vida y de su amor, para disfrutar de la amistad que nos ofrece y ponernos nosotros en sintonía con esa amistad. Muchos apegos, rutinas, cosas de siempre tenemos que dejar atrás, como aquellos pescadores que dejaron sus redes y sus barcas.

Algo nuevo tenemos que sentir que se va produciendo en nuestra vida, un fuego nuevo tenemos que sentir en nuestro corazón.

sábado, 23 de enero de 2021

El mundo de hoy necesita ver más locos de amor con posicionamientos más parecidos a los de Jesús y por lo que decían que no estaba en sus cabales

 


El mundo de hoy necesita ver más locos de amor con posicionamientos más parecidos a los de Jesús y por lo que decían que no estaba en sus cabales

Hebreos 9,2-3.11-14; Sal 46; Marcos 3,20-21

Pero ¿tú sabes lo que estás diciendo? Tú estás loco, que no te oiga la gente. Se lo habremos dicho a alguien, lo habremos escuchado, o quizás nos lo han dicho a nosotros cuando hemos sido atrevidos para ofrecer una idea nueva, un nuevo planteamiento sabiendo como es la gente que nos rodea, pero que sabemos que aquello que planteamos va a producir salpullidas. Se tratará de una idea nueva que quizá pretende cambiar los presupuestos con los que en la vida vamos siempre, se trata de una forma nueva de ver las cosas que rompe moldes, se trata quizá de enfrentarnos con aquellos que dicen que las cosas siempre han sido así y por qué las vamos a cambiar ahora.

Los parientes de Jesús vinieron a buscarlo para llevárselo porque decían que no estaba en sus cabales. Algunos se sentían desconcertados con lo que Jesús decía y enseñaba, con su manera de actuar, con su cercanía a los más pobres y necesitados, con su mezclarse con toda clase de gente, ya fueran publicanos o ya fueran mujeres públicas. La gente se sentía sorprendida, algunos comprendían que Jesús estar planteando un mundo nuevo, algunos en sus inquietudes interiores coincidían con Jesús que había que buscar más autenticidad, pero otros no lo entendían, y para sus familiares más cercanos aquello era un escándalo; mira ahora con quien se está mezclando, que no solo eran los publicanos y las prostitutas, sino que entre su grupo había algunos que procedían de aquellos grupos revolucionarios y en contra del régimen como eran los zelotas.

Pero lo que Jesús estaba planteando no era una revolución sin más, porque además era enemigo de la violencia, el evangelio que predicaba era el del amor. Jesús lo que planteaba era un mundo nuevo, una nueva manera de sentir y de actuar, era el Reino de Dios que cuando ponemos de verdad a Dios en el centro de nuestra vida necesariamente tiene que surgir la cercanía con los demás, aunque sean los últimos de la tierra, aunque fueran los más marginados o los que eran rechazados por todos.

En el mundo del amor no caben las distancias ni las barreras, todo eso tiene que transformarse y las murallas que nos separan y que nos distancian tienen que caerse. Por eso Jesús estaba con todos, aunque hubiera gente a la que no le gustaba, incluso entre sus parientes que ahora querían llevárselo. Ya veremos que incluso a los principales o a los que se creían los principales en la sociedad de su tiempo no les parecería bien que Jesús comiese con publicanos y pecadores y de ellos se rodease.

¿Pero seguirá siendo esto así hoy? ¿Es esa la imagen que damos los que nos llamamos cristianos y seguidores de Jesús? ¿Es esa la imagen de la Iglesia? ¿No nos rodearemos de demasiados oropeles que quieren saber y dar olor a poder y a estar solo entre los principales del mundo? ¿No nos podrá suceder que nuestras palabras muchas veces suenen a palabras vacías porque no van acompañadas de gestos y posturas que nos acerquen de verdad a los que son los últimos del mundo como hacía Jesús?

Hablamos muchos de la preferencia por los pobres, de la opción por los pobres que tiene que ser la opción del cristiano y de la Iglesia, pero seguimos encumbrados en los cómodos sillones del poder y cuando la sociedad quiere bajarnos de esos pedestales bien que protestamos y no nos queremos desprender de esos posicionamientos cómodos y calentitos.

Creo que el mundo de hoy necesita ver más locos de amor que toman posicionamientos más parecidos a los que vemos que Jesús tomaba y por lo que decían que no estaba en sus cabales. Andamos demasiado acobardados queriendo nadar y guardar la ropa. No hemos de tener miedo a embarrarnos en los barros de pobreza, dolor y sufrimiento de nuestro mundo.

viernes, 22 de enero de 2021

No podemos dar testimonio del evangelio de Jesús ante el mundo si antes no hemos estado con El, es lo que nos hace signos y testigos

 


No podemos dar testimonio del evangelio de Jesús ante el mundo si antes no hemos estado con El, es lo que nos hace signos y testigos

Hebreos 8,6-13; Sal 84; Marcos 3,13-19

Cuando queremos emprender una tarea en la que necesitamos colaboradores ya nos preocupamos de buscar a aquellos que mejor nos valgan para lo que vamos a realizar. Ahora se dice nos trazamos un perfil y conforme a ese perfil buscamos lo que necesitamos, los más capaces, con mejores cualidades, con la mejor preparación, con sus valores humanos y responsabilidad para poder llevar a término aquello que nos hemos propuesto. Queremos ser muy cuidadosos en este aspecto para evitar fracasar en las metas y objetivos que nos hayamos trazado. Quizá buscamos consejo en alguien experimentado que nos pueda ayudar a encontrar a esos colaboradores que necesitamos. Es lo que hacemos en nuestros trabajos y en nuestras responsabilidades en lo humano.

Es lo que vemos realizar hoy a Jesús en el evangelio. Nos dice escuetamente Marcos que ‘Jesus subió al monte, llamó a los que El quiso y se fueron con El’. Y añade a continuación ‘instituyó doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, y que tuvieran autoridad para expulsar a los demonios’.

Muchos discípulos se le iban agregando, les escuchaban y querían seguirle. En un momento determinado el evangelista hablará del envió de setenta y dos a anunciar el Reino. Ahora nos habla solo de doce. ‘Llamó a los que El quiso’, nos dice, ‘para que estuvieran con El’, pero solamente un grupo de doce. Otros evangelistas al narrarnos este mismo episodio nos dice que los constituyó Apóstoles. Va a ser importante este número, que tiene sus resonancias bíblicas. A continuación nos da la relación de sus nombres. Algunos ya los hemos ido conociendo por esas llamadas que Jesús ha ido haciendo a seguirle y a ser pescadores de hombres o aparecerán en algún otro momento del evangelio. ¿Por qué estos y no otros de entre todos sus discípulos? ‘Llamó a los que El quiso’.

Con nuestros criterios de hoy, con aquello que decíamos de los perfiles no sé a quienes hubiéramos llamado nosotros. Cuando hoy la Iglesia trata de encontrar personas para ejercer alguna función dentro de la Iglesia, para determinadas misiones o funciones pastorales también se busca según algunos criterios, o van surgiendo personas con una inquietud en su corazón que ofrecen sus servicios para el trabajo en la comunidad. Personas con vocación, decimos, porque quien realice cualquier función pastoral en medio de la Iglesia no lo va a ser según sus propios criterios, sino porque en su interior siente una llamada y de ahí surgirá ese ofrecimiento con generosidad.

¿Por qué unas personas sí y otras personas quizá no se deciden a dar ese paso y hacer ese ofrecimiento? Detrás de todo eso decimos está el misterio de Dios que es quien llama y el misterio de la persona que da respuesta. Está ese don de la vocación, donde sentimos que es una llamada de Dios a la que tenemos que dar una respuesta y hacerlo con generosidad.

Pero creo que el evangelio de hoy nos está diciendo una cosa que considero que es importante. Jesús instituye aquel grupo ‘para que estuvieran con El’. Esto es importante. ¿Cómo podemos decir que vamos a hacer una función pastoral, que en fin de cuentas es anuncio del Evangelio, si no hemos estado antes con El?

Es a Jesús a quien vamos a anunciar, luego será necesario que nos hayamos impregnado, por decirlo de alguna manera, totalmente de Jesús, nos hemos dejado inundar por Jesús, por su vida, por su palabra, por su gracia. Es a Jesús a quien vamos a anunciar como salvación para nuestro mundo, sin conocerlo y sin vivirlo no podremos realizar esa misión.

Tenemos que crecer en la vida de Jesús, tenemos que empaparnos de Jesús y de su Evangelio, porque solo así podremos ser testigos, podremos ser signos de salvación para los demás. Esa es nuestra verdadera capacitación, ese es el verdadero perfil que hemos de tener, esos son los valores en los que tenemos que brillar. Están bien las capacitaciones humanas que podamos tener pero lo importante es que hayamos estado con Jesús y nos hayamos llenado de El.

jueves, 21 de enero de 2021

El anuncio del evangelio Jesús lo ha puesto en nuestras manos dándonos la asistencia del Espíritu pero hemos de preguntarnos si sabemos hacer ese anuncio al mundo de hoy

 


El anuncio del evangelio Jesús lo ha puesto en nuestras manos dándonos la asistencia del Espíritu pero hemos de preguntarnos si sabemos hacer ese anuncio al mundo de hoy

Hebreos 7,25–8,6; Sal 39; Marcos 3,7-12

Las masas son fluctuantes y desgraciadamente también son manipulables. Basta que haya uno que vaya delante vociferando aquello que puedan ser inquietudes reales de la gente, o reivindicaciones sobre injusticias pero empleando las palabras y los recursos oportunos, para que la masa corra de un lado para otro repitiendo las mismas consignas. Hoy corren y gritan por unas cosas, pero mañana puede ser que hayan cambiado sus intereses o alguien muy astuto los haya manipulado para que se vayan por otros caminos que algunas veces pueden parecer contradictorios con posturas tomadas anteriormente.

Es fácil entusiasmar y enardecer a una masa si sabemos tocar los botones oportunos. E incluso sin hablar de manipulaciones – cosas que sabemos que son muy fáciles – una masa se puede sentir enfervorizada por algo que le entusiasma o que responde a esas preguntas que todos llevamos dentro  y no siempre sabemos encontrar la respuesta.

Cuando prácticamente llevamos pocos capítulos del evangelio de Marcos, ya vemos que la noticia de Jesús ha corrido de boca en boca y en su entorno se reúnen ya masas de gentes venidas de todos sitios. Nos habla que yendo por la orilla del lago una muchedumbre venida de toda Galilea se reúne en torno a Jesús, pero inmediatamente el evangelista nos hace una relación de los lugares bien distantes desde donde acude la gente a escuchar a Jesús y a traerle sus enfermos. Nos hablará de Judea y Jerusalén, como nos hablará de lugares más allá del Jordán como venidas también de las regiones limítrofes de Galilea. Más tarde veremos cómo en Jerusalén manipulados por los fariseos, escribas y sacerdotes, pronto la masa que gritó Monte de los Olivos abajo cantando ‘Hosannas’ en honor de Jesús como el que venía en nombre del Señor, preferirán a un ladrón y homicida pidiendo que Jesús sea crucificado.

Las masas fluctuantes que antes mencionábamos. Primero se entusiasman con Jesús, con sus enseñanzas porque nadie ha hablado como El y por sus milagros, pero luego lo abandonarán en el camino del calvario, en el camino de la pascua. Pero ¿no será lo que a través de los tiempos sigue sucediendo en torno a la religión, a la Iglesia o al seguimiento de Jesús?

Los que somos mayores años hemos vivido, como decimos ahora, de cristiandad, donde nos parecía que en nuestros pueblos y ciudades todo el mundo era cristiano. Fácilmente los actos religiosos eran masivos y florecía una religiosidad popular con un cristianismo que parecía que estaba en su época triunfante. Pero también ahora estamos viviendo lo contrario, ya nuestras iglesias no se llenan de fieles como en otros tiempos, ya nos encontramos en el ambiente que no se vive un sentido cristiano de la vida y que incluso en la sociedad se trata de apagar todo lo que tengo un sentido o un sabor religioso y cristiano. Hemos visto estos días como se arrancaba una cruz colocada hace años en una plaza pública.

Si en otra época la gente se arremolinaba en nuestras iglesias para escuchar a un predicador famoso, ahora pareciera que todo el mundo pasa del mensaje cristiano, de la religión y por supuesto no se quiere escuchar nada que sea anuncio del evangelio o vivencia de la religión. Nos quedará algo en nuestras fiestas populares o en las celebraciones – sobre todo procesiones de Semana Santa en algunos lugares – pero tras la crisis que estamos pasando y que por las limitaciones de aforos que se nos imponen la gente va perdiendo la costumbre de ir a la Iglesia, por eso creo que con sinceridad tendríamos que preguntarnos si se volverá a recuperar algo después de todo esto que nos sucede.

No podemos ir en plan derrotistas porque siempre hemos de ser personas de esperanza, aunque sí viendo la realidad, pero también esto tendría que hacer que la misma iglesia y que nosotros los cristianos que nos sintamos más comprometidos nos preguntemos por qué no atrae hoy a la gente el mensaje del evangelio o qué nos estará faltando en el anuncio y en el testimonio que tenemos que dar. Porque el anuncio del Evangelio Jesús lo ha puesto en nuestras manos, nos ha dado la asistencia, es cierto, del Espíritu Santo, pero ¿sabremos hacer ese anuncio? ¿Estaremos en verdad dejándonos conducir por la inspiración del Espíritu para encontrar ese modo nuevo de llegar al mundo de hoy con el mensaje del Evangelio? No es cuestión solo de hablar de renovación, sino de hacer esa renovación.

Son cosas que nos hacen pensar.