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sábado, 25 de enero de 2025

Dejémonos encontrar por el Señor que continuamente nos está saliendo al paso y esa experiencia haga que nuestra vida y compromiso de fe sea intenso

 


Dejémonos encontrar por el Señor que continuamente nos está saliendo al paso y esa experiencia haga que nuestra vida y compromiso de fe sea intenso

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Salmo 116; Marcos 16, 15-18

Hay cosas que mientras no pasemos por la experiencia de haberlas vivido no terminamos de entender aunque sean cosas que tenemos ante los ojos cada día, que suceden a los que nos rodean, que estamos como envueltos por ellas y casi no nos damos cuenta ni de su importancia o significado ni el sentido de las mismas. Es lo que va componiendo la vida de cada día, pero que vivimos como pasando por encima de ellas, que nos pasan desapercibidas porque quizás vivimos en otra honda; es el sufrimiento o los problemas de la vida que ahí están que todos los tienen, pero que mientras nosotros no tenemos que enfrentarnos directamente con ese dolor o con esos problemas nos podría parecer que todo es fácil, que todo es como un caminar sobre rosas, hasta que las espinas de esas rosas lleguen a pincharnos o dañarnos.

Decimos de la gente sin experiencia que viven como niños, como inocentes que no saben nada de la vida; esas experiencias maduradas y reflexionadas nos harán ahondar en aspectos en los que nunca nos habíamos fijado, o que incluso ante los cuales podíamos tener hasta unas posturas combativas en contra de lo que otros nos decían de lo que estaban pasando. Llegaremos a entender lo que es la pobreza cuando nos veamos desposeídos de todo y pasemos por la experiencia de no tener nada, pero será también cuando lleguemos a descubrir donde está la verdadera riqueza para no cegarnos por oropeles que nos encandilen.

Hoy estamos celebrando en la Iglesia una conmemoración muy especial que nos recuerda lo fue la conversión de Saulo de Tarso. Aunque no había conocido directamente a Jesús sabía del camino que hacían los que seguían sus enseñanzas y se había convertido en un perseguidor con saña de todos aquellos que confesasen su fe en Jesús. Pero saber no siempre es conocer, porque podemos saber las cosas de oídas o de manera superficial, o pasándola por el tamiz de nuestros prejuicios o nuestras ideas que nos condicionen. Cuántas veces en la vida nos hacemos la guerra porque no somos capaces de cambiar el color del cristal con que miramos y lo vemos solo desde los colores que a nosotros nos puedan interesar o alguien haya influido en nosotros y nuestro pensamiento.

Pero un día Saulo se encontró con Jesús que le salió al paso en el camino de Damasco. Allá iba con credenciales de las autoridades religiosas de Jerusalén para apresar a cuando siguieran el camino de Jesús. Ya un día había sido testigo del linchamiento que habían hecho de Esteban en Jerusalén simplemente porque hablaba de Jesús y anunciaba su buena nueva. ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?’ había sido el grito que ahora él escuchaba en su camino; un camino que se vio truncado, un camino que tomó nuevas sendas. ‘¿Quién eres, Señor?... Jesús, el Nazareno a quien tu persigues… ¿Qué debo hacer?... Levántate, continúa el camino hasta Damasco, y allí te dirán todo lo que está determinado que hagas…’

Es el mismo Saulo el que nos trasmite este diálogo y este encuentro. Para El fue suficiente. Había experimentado el encuentro con Jesús. Ahora ya podía ser todo distinto. Como un día aquellos otros discípulos que tuvieron la experiencia de la resurrección de Jesús, como aquellos que se habían dejado llenar por el Espíritu de Jesús que les envolvió en Pentecostés. Comenzaron a ser distintos, salieron al encuentro con los demás, porque aquel encuentro vivo con Jesús y con la fuerza de su Espíritu había hecho de ellos hombres nuevos. Es lo que ahora está sucediendo en Saulo que ya para siempre será para nosotros Pablo.

Todos conocemos lo que fue luego su vida de evangelizador atravesando tierras y mares para ir al anuncio del evangelio allí donde el Espíritu le guiaba. Será la fuerza candente de su Palabra que nos ha quedado reflejada en las cartas que iba dirigiendo a aquellas comunidades que había ido dejando asentadas en diversos lugares. Es el fuego del Espíritu que sigue resoplando sobre todos los rincones de la tierra donde es anunciado el evangelio de Jesús. Y todo partió de una experiencia, de un encuentro, de algo vivido intensamente allá en lo más hondo que no lo cegó sino que le abrió los ojos a la verdadera luz.

Todo esto nos tiene que hacer pensar en nuestra experiencia de Jesús, en la experiencia de fe que nosotros vivimos; que no es solamente un credo que recitamos, unas palabras que repetimos, sino una vida nueva que vivimos. Creo que a lo largo de la vida todos hemos tenido experiencias hermosas de fe, de encuentro con el Señor, en celebraciones intensas que hemos vivido, en momentos de oración o de reflexión, en silencios o desiertos por los que hemos pasado, en acontecimientos sucedidos en nuestro entorno y que hemos sabido leer con ojos de fe. Reavivemos todo eso vivido, para que ahora nuestra vida y nuestro compromiso de fe sean intensos.

Dejémonos encontrar por el Señor que Él continuamente nos está saliendo al paso y vivamos esa experiencia de fe.

miércoles, 25 de enero de 2023

Pablo sí escuchó la voz que le llamaba, que le gritaba en su interior, se dejó conducir y encontraría a quien le abriría los ojos para un nuevo camino

 


Pablo sí escuchó la voz que le llamaba, que le gritaba en su interior, se dejó conducir y encontraría a quien le abriría los ojos para un nuevo camino

Hechos de los Apóstoles 22, 3-16; Sal 116; Marcos 16, 15-18

Todos habremos pasado alguna vez en la vida por alguna experiencia, aunque no hayamos sabido quizás leer su significado, que nos haya impactado profundamente y nos haya dejado como sin palabras, sin saber qué expresar o qué decir. Un accedente, un encuentro con alguien, algo que nos llamó poderosamente la atención sin entender su significado, algún acto heroico o extraordinario de alguien quizá realizado en la sencillez de un momento que para muchos pasara desapercibido, cosas que se suceden, cosas que nos impactan, cosas que parece que nos están pidiendo algo.

¿Serán llamadas en nuestro interior a algo distinto?  ¿Serán cosas que nos duelen por dentro y que casi queremos quitárnoslas de encima? ¿Serán una invitación a pensar, a reflexionar sobre el sentido de la vida y de las cosas, cosas que si les hacemos caso nos tendrían que hacer entrar en otra órbita distinta? Tendríamos que estar más atentos a cuanto nos sucede en la vida y tener una sensibilidad distinta, porque nos hemos endurecido demasiado y ya parece que nada nos impresiona.

¿Por qué no podemos pensar que en esos acontecimientos, muchas veces sin embargo llenos de sencillez Dios nos está hablando? No cerremos los oídos y nos empeñemos en seguir nuestro camino sin importarnos esa voz interior que nos está gritando para que le prestemos atención, lo hacemos demasiadas veces, olvidamos y olvidamos interesadamente, no queremos recordar cosas que nos han sucedido porque nos obligarían a pensar, porque quizás nos duelan por dentro, porque queremos crearnos un mundo de paz en nuestro interior totalmente ficticio.

Pablo sí escuchó esa voz que le llamaba, que le gritaba en su interior. Cayó por el suelo. Muchas veces decimos que cayó del caballo, del que precisamente no se habla en el texto, pero es como una imagen de lo que sucedió en su interior. Solo él escuchó la voz que le hablaba, aunque los demás vieran los signos de su caída y de ese comenzar a tropezar con todo porque se había quedado ciego. Como nos sucede cuando nos quedamos sin palabras ante lo que nos sucede. Hubo alguien que le llevó de la mano, lo levantó y lo condujo a la ciudad para terminar el camino, pero allí le esperaba alguien, Ananías, enviado de Dios para que encontrara la luz que le cegaba ahora pero que le haría ver de una manera nueva de ahora en adelante.

Hoy estamos celebrando lo que llamamos la conversión de san Pablo, de aquel Saulo que iba camino de Damasco – más tarde cambiaría de nombre - para perseguir a los que creían en el nombre de Jesús, pero Jesús le había salido al encuentro, nuevas eran las señales de algo nuevo que iba a comenzar para Pablo y para la Iglesia.

Hoy nosotros escuchamos estos textos de la Palabra de Dios que nos hablan de la conversión de san Pablo pero tenemos que saber hacer una lectura viéndolo, leyéndolo, en nuestra vida. Hablábamos de experiencias que hayamos podido tener en nuestra vida, de gran impacto quizás en su momento, pero que hemos metido en el baúl de los recuerdos que nunca queremos abrir. Abrámoslo sin temor.

Habrá habido en nuestra vida experiencias maravillosas que son signos de esa presencia de Dios en nosotros, que nos pedía algo, que nos llamaba la atención, que quería ponernos en camino para algo distinto. Reavivemos esas experiencias en nosotros, recordemos sin temor y con mucha paz, porque cuando Dios ha venido a nosotros no viene a asustarnos, a que entremos en etapas de temor y de miedo.

Recordemos el evangelio en el que muchas veces escucharemos que cuando Dios se hace presente en la vida de los hombres, en una aparición angélica o en un sueño, en un llegar a nuestro lado igual que se acercó Jesús al paralítico de la piscina, o hizo levantar en medio de todos al paralítico de la mano seca, lo hacía siempre para hacerles encontrar la paz. ‘No temáis’ hemos oído repetir muchas veces en el evangelio. ‘No temáis’ nos está diciendo también hoy Jesús que quiere poner paz en nuestro corazón, pero que quizás quiere ponernos en camino de algo nuevo, como  hizo con Pablo.

martes, 25 de enero de 2022

Es cuestión de gracia y también de respuesta, es posible si nos dejamos conducir poniendo confianza y disponibilidad en el corazón para la nueva misión que se nos confía

 


Es cuestión de gracia y también de respuesta, es posible si nos dejamos conducir poniendo confianza y disponibilidad en el corazón para la nueva misión que se nos confía

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Sal 116; Marcos 16, 15-18

Hay momentos en la vida que nos pueden sorprender de tal manera que nos hagan dar un cambio radical en la vida; algo inesperado y por eso mismo sorprendente, algo que nos sucede quizás como una consecuencia de una cadena de hechos anteriores; un accidente en esos caminos que vamos recorriendo en la vida; algo extraordinario que nos puede suceder en lo sorprendente incluso de la misma naturaleza; una palabra, un encuentro, un sueño quizás como una pesadilla que nos deja inquietos… muchas cosas nos pueden suceder y quizás alguna experiencia podamos tener.

Cosas que nos hacen pensar, que nos hacen interiorizar, que nos hacen preguntas por dentro, que nos abren caminos inesperados y sorprendentes. ¿Lo llamamos milagro? ¿Es una aparición sobrenatural – nos sobrepasa - en nuestra vida? ¿Algo misterioso o que como dicen algunos el destino nos depara aunque nosotros no lo queramos? ¿Una llamada del cielo?

Saulo tenía sus convicciones y sus planes. No podía permitir que se siguieran propagando aquellas ideas y todo cuanto estaba sucediendo en el mismo seno de la comunidad judía. Lo que parecía una camino nuevo él no lo podía tolerar. Por eso había emprendido algunas cosas para erradicar aquello que parecía que se iba extendiendo porque en poco tiempo ya iba transcendiendo las propias fronteras de Israel. Ahora marcha convencido, con cartas incluso de los sumos sacerdotes de Jerusalén que lo autorizan, a Damasco porque quiere quitar de en medio a algunos que por allá difundían aquellas doctrinas. Iba muy convencido y seguro de si mismo.

Pero algo sucede en el camino, a las puertas casi ya de la ciudad de Damasco. Algo que lo tumba por tierra incluso en el sentido físico, porque una luz lo ha deslumbrado todo, lo ha deslumbrado como para quedarse ciego. Solamente él ha visto lo que había detrás de aquella luz, porque allí le salía al encuentro el mismo Jesús al que él perseguía en sus seguidores. ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?... Yo soy Jesús, el Nazareno, a quien tú persigues’

Será el propio Saulo el que nos lo cuente. Los que le acompañaban solo sintieron que algo le pasó a Saulo que estaba caído por tierra, y lo que harán será ayudarlo a levantarse para llevarlo a la ciudad. Allí se desarrollará el resto del episodio. Saulo ya no es el mismo. Se ha encontrado con Jesús, a quien él perseguía. Será un vaso de elección, como le señalará luego Ananías enviado por el Señor. ‘El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿qué te detiene? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre’.

Y se convertirá en testigo ante todos los pueblos. Como Jesús había enviado a sus discípulos según escuchamos hoy también en el evangelio. ‘Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación’. Apóstol de los gentiles lo llamaremos haciendo alusión a sus largos viajes y acontecimientos anunciando el nombre de aquel a quien había perseguido. Hoy celebramos la conversión de san Pablo y el comienzo de un nuevo camino, su apertura a unos nuevos horizontes, su encuentro con una nueva luz que iba a propagar para que todos tuvieran esa luz. Y todo a partir de un encuentro. Inesperado, sorprendente, sobrenatural… fue un camino de gracia.

Algunos dicen que no pueden cambiar. Apegos, ataduras, viejas costumbres, rutinas de la vida… pero las cadenas se pueden romper, las ataduras por fuertes que sean se pueden desatar. Es cuestión de gracia; es cuestión también de respuesta; es posible si nos dejamos sorprender; lo podremos realizar no por nosotros mismos sino por la gracia del Señor.

la gracia del Señor no nos faltará; su llamada la podremos escuchar muchas veces en lo hondo de nosotros mismos, pero hemos de ser capaces de sintonizar, levantar las antenas o abrir nuestros oídos para poder escuchar, abrir los ojos en la posibilidad de descubrir campos nuevos, dejarnos conducir quizá en los primeros pasos que tambaleantes demos en la nueva dirección como se dejó hacer Saulo para llegar finalmente a Damasco, poner confianza y disponibilidad en el corazón ante la nueva misión que se nos confía. Seremos capaces, porque todo lo puedo en Aquel que me conforta, como diría más tarde san Pablo.

lunes, 25 de enero de 2021

Cuidado seamos tan cegatos que dejemos pasar de largo el paso de Jesús por nuestra vida que viene a nuestro encuentro como con Saulo en el camino de Damasco

 


Cuidado seamos tan cegatos que dejemos pasar de largo el paso de Jesús por nuestra vida que viene a nuestro encuentro como con Saulo en el camino de Damasco

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Sal 116; Marcos 16, 15-18

Tenemos nuestros caminos, nuestras ideas, nuestros principios por los que tratamos de guiarnos, nos hemos trazado una metas y nos sentimos muy seguros en aquello que hacemos y aquello que queremos lograr en la vida, pero quizá en un momento determinado algo nos ha sucedido que trastocado nuestros planes; un acontecimiento en nuestra vida o algo que acaece en nuestro mundo que a todos nos afecta y aquellos caminos parece que se fueron al traste, aquellos ideales por los soñábamos se nos derrumbaron y otro es el camino que tenemos que tomar aunque nos cueste, aunque eso produzca una grave conmoción en nuestra vida. La situación que vivimos en estos últimos tiempos en nuestra sociedad un poco a todo esto suenan.

Pero si me he hecho este planteamiento desde el principio de esta reflexión es pensando en lo que le sucedió a san Pablo que hoy nos lo recuerda en su discurso de los Hechos de los Apóstoles. Hoy estamos celebrando lo que llamamos la conversión de san Pablo. Saulo tenía su camino trazado, había recibido una sólida formación en la ley judía, como nos dice hoy estudió a los pies de Gamaliel que fue un rabino de mucha sabiduría e importancia en el mundo judío, pero todo aquello por lo que luchaba se le vino abajo.

Perseguía a los que seguían el camino de Jesús – era la forma de llamar o señalar en aquellos primeros tiempos a los seguidores de Jesús – y con esos deseos iba a Damasco para traer presos a Jerusalén a todos los que seguían el camino. Pero el camino le hizo dar un vuelco en su vida, porque se encontró con quien era en verdad el Camino, y la Verdad y la Vida. A las puertas de Damasco tiene lugar el encuentro que incluso le dejará ciego a las luces de este mundo hasta que pocos días después al recibir el Bautismo iba a recobrar la luz de sus ojos y de su corazón.

‘¿Quién eres? ¿Qué quieres que haga?’ eran las preguntas que se hacía Saulo ante el resplandor de Dios que lo envolvió. ‘¿Qué debo hacer?’ Y la Palabra que escucha le señalará que siga su camino hasta Damasco y allí ya se le dirá lo que tiene que hacer. Será Ananías el que Dios le enviará para que reciba el Bautismo y se encuentre definitivamente con la luz, recuperando también la luz de sus ojos que habían quedado cegados. Sus compañeros lo llevan de la mano a Damasco. Pero ahora todo va a ser distinto, porque quien perseguía a los seguían el camino se ha encontrado con el camino y pronto va a ser también anunciador de ese evangelio. ‘El Dios de nuestros padres te ha elegido para que conozcas su voluntad, veas al Justo y escuches la voz de sus labios, porque vas a ser su testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído. Ahora, ¿qué te detiene? Levántate, recibe el bautismo y lava tus pecados invocando su nombre’. Una nueva vida, un nuevo camino comienza para Pablo. Un vuelco grande se había realizado en su vida.

Quiero quedarme aquí en la reflexión. Podríamos hacer un recuento de lo que fue su vida a partir de entonces, pero es algo que prácticamente todos conocemos de alguna manera, pues también muchas veces hemos escuchado sus cartas. Pero es importante este momento que hoy conmemoramos y que podría convertirse en un interrogante en nuestro interior. Ha habido un encuentro muy importante; quien hasta ahora no conocía a Jesús aunque perseguía a los que seguían el camino de Jesús, se ha encontrado con Jesús en el camino. Es un momento de suma importancia y que ha de llevarnos a que nosotros también nos dejemos encontrar por Jesús.

Quizá nosotros conocemos muchas cosas de Jesús, en la fe cristiana fuimos educados, aprendimos un catecismo, vivimos en una cultura que tiene también sus raíces y resonancias cristianas, muchas de las costumbres que se viven en nuestro entorno las llamamos también costumbres cristianas, pero quizás no haya podido faltar algo importante en nuestra vida, dejarnos encontrar por Jesús.

Todas esas cosas que hemos mencionado tendrían que formar parte de ese encuentro con Jesús a lo largo de la vida, pero quizá se hayan podido quedar en cosas meramente formales que hemos hecho o que hemos vivido. Pero es algo vital lo que quizás nos falta. Es lo que hemos de buscar o hemos de estar atentos a esa llegada de Jesús a nuestra vida que nos puede suceder en cualquier momento y en cualquier acontecimiento. Cuidado seamos tan cegatos que dejemos pasar de largo ese paso de Jesús por nuestra vida y ese encuentro vital.

sábado, 25 de enero de 2020

Con un pequeño gesto de nuestra vida podemos convertirnos en signos e instrumentos de gracia para muchos que caminan a nuestro lado


Con un pequeño gesto de nuestra vida podemos convertirnos en signos e instrumentos de gracia para muchos que caminan a nuestro lado

Hechos de los apóstoles 22, 3-16; Sal 116; Marcos 16, 15-18
Alguna vez nos ha sucedido que realizamos algo de forma espontánea y casi sin darle importancia, tuvimos un gesto con alguien porque le tendimos la mano en el momento que aquella persona lo necesitaba pero que nosotros lo hicimos casi sin percatarnos del significado que pudiera alcanzar y aquel detalle esa persona nos lo agradecerá por vida porque si para nosotros fue casi sin trascendencia sin embargo fue muy importante para ella. Casi tendríamos que ponernos a pensar en el valor de esos pequeños detalles y como tendríamos que estar más atentos para esa huella positiva que quizá podemos dejar en una persona que puede ser todo un mundo de salvación y de vida para ella.
Los que acompañaban a Pablo realmente no eran conscientes de lo que a Pablo le había sucedido, porque ya el mismo Pablo nos dice que ellos no oyeron la voz, solo sintieron el resplandor. Pero aquella caída de Pablo por tierra lo había dejado mal porque había perdido incluso la visión. Había que continuar hasta Damasco porque era el destino, pero también porque podían hacer por Pablo allí en las afueras de la ciudad. Lo tomaron de la mano y lo condujeron hasta Damasco, aunque sin saberlo ellos, con aquel gesto y lo que había sucedido el camino ahora tenía otro sentido. Pero era importante aquella ayuda que le estaban prestando porque estaban contribuyendo sin saberlo a lo que eran los planes de Dios.
Había sido un momento importante, un momento de gracia para Pablo. Había sido su encuentro con la luz, aunque ahora sus ojos estaban cegados por aquel resplandor, pero era antes cuando realmente estaban cegados en su fanatismo para perseguir todo lo que le sonara al camino de Jesús. Por eso había marchado a Damasco con cartas de los sumos sacerdotes para llevarse presos a Jerusalén a todos los que confesasen su fe en Jesús. Era su ceguera y ahora había sido el encuentro con la luz. Necesitaba, es cierto de la ayuda de sus acompañantes, como necesitaba de Ananías que ya le estaba esperando dentro de la ciudad.
He estado resaltando la ayuda prestada por aquellos compañeros caminantes con Pablo pero también tendríamos que destacar la necesidad de bajarnos de nuestros caballos de orgullo para dejarnos conducir, para dejarnos ayudar a encontrar la luz. Muchas veces también caminamos cegados por la vida desde nuestros orgullos o autosuficiencias de creernos en posesión de la verdad, de mi verdad, y sin embargo estamos caminando por el camino del error. 
Habrá siempre alguien que nos tienda una mano, que nos eche un cabo, que intente poner la luz delante de nuestros ojos, pero hemos de dejarnos iluminar, dejarnos ayudar. Ayudas que pueden llegar a nosotros desde cosas muy simples y sencillas, pero que hemos de aprender a captar, a sintonizar con ellas para poder escuchar esa voz, para sentir esa luz, para ponernos a avanzar por esa camino nuevo que se abre ante nosotros, que aunque quizá nos parezca tan simple es el camino que nos está llevando a la verdad y a la luz. Dios nos tiene quizá reservadas grandes cosas para nosotros pero que podemos perder si no nos abajamos de nuestros orgullos y autosuficiencias.
Pensemos también como nosotros podemos convertirnos también en instrumentos elegidos cuando con nuestros pequeños gestos podemos ser signos de gracia para los que están a nuestro lado. Esa buena palabra, esa sencilla sonrisa mirando a los otros a nuestro interlocutor, esa mano tendida para levantarse alguien de una caída o para dar el paso adelante con mayor seguridad pueden convertirse en signos de gracia y Dios estar actuando también a través de nosotros. Dejémonos conducir por ese impulso que sentimos en momentos determinados dentro de nosotros o estemos siempre con ojos atentos para ver donde podemos poner nuestra mano servicial.

jueves, 25 de enero de 2018

Ayudemos a los demás en su camino de Damasco – cada uno tiene su propio camino de Damasco – a un encuentro vivo con el Señor, como también nosotros dejémonos ayudar

Ayudemos a los demás en su camino de Damasco – cada uno tiene su propio camino de Damasco – a un encuentro vivo con el Señor, como también nosotros dejémonos ayudar

Conversión de san Pablo

Hechos de los Apóstoles 22,3-16; Sal. 116; Marcos 16,15-18

Nos cuesta aceptar que la gente pueda cambiar. Algunas veces nos parece que está justificada esa desconfianza, porque hemos visto a las personas tan encerradas en si mismos y en sus ideas, con un cierto fanatismo en sus actuaciones, que nos parece imposible que esas personas puedan cambiar de pensamiento, de actitudes y de lo que hacen en su vida.
En un buen pensamiento por nuestra parte podríamos quizá pensar que actúan ajustándose a su manera de ver las cosas y son fieles a si mismos y por eso actúan así, pero eso no nos quita la desconfianza que podamos sentir cuando les vemos que han cambiado y que ahora actúan de otra manera. Pienso que si van con verdadera sinceridad por la vida podríamos deducir que no han visto otra cosa, o que las influencias que han recibido o la misma educación les haya podido llevar a esas posturas porque no han descubierto otra luz.
Por eso, digo, que si con sinceridad van por la vida y con una cierta postura abierta para descubrir algo nuevo, en un momento pueden sentirse iluminados para darle una vuelta a su vida. Quizá nosotros también tengamos que saber ir con disponibilidad y una apertura de corazón para no encerrarnos quizá en los prejuicios que tengamos hacia los demás.
Hoy estamos celebrando a alguien que supo darle la vuelta a su vida y cambió. También había desconfianza en torno a él. La fama de lo que hacia en Jerusalén persiguiendo a los que confesaban el nombre de Jesús llegaba también a otros sitios; si ahora iba a Damasco era precisamente desde esas ideas con intención de apresar a todos lo que creían y confesaban el nombre de Jesús para llevarlos presos a Jerusalén. No nos ha de extrañar entonces la respuesta llena de desconfianza de Ananías a la visión que estaba recibiendo del Señor; él sabía a lo que venia Saulo a Damasco.
Pero Saulo no se había encontrado nunca con Jesús. Educado en el fanatismo de los fariseos, como el mismo mas tarde confesaría, quería borrar el nombre de Jesús de Jerusalén y de allí donde fuera confesado. Ya joven aun había estado siendo testigo de la muerte de Esteban guardando los mantos de los que apedreaban al que iba a ser el primer mártir por Jesús.
Pero el camino de Damasco había sido muy grande para él. Había sido el lugar y el momento del encuentro. Jesús le salía al paso. Con la luz de Jesús resucitado se habían cegado incluso sus ojos corporales, pero esa misma luz le iba a abrir los ojos del corazón. Había sido elegido como instrumento de salvación, se le diría a Ananías en la visión que había recibido del Señor. Y Saulo ciego de sus ojos corporales se había dejado conducir hasta Damasco donde terminaría de encontrar la luz.
Hoy estamos celebrando su conversión. No vamos ahora a extender en todo lo que fue el actuar de Saulo, luego cambiado el nombre a Pablo, porque bien lo conocemos. Pero sí podemos deducir muchas cosas para nosotros, mucho mensaje para nuestra vida.
¿Necesitaremos dejarnos encontrarnos, con un encuentro vivo, por Jesús? aunque sepamos muchas cosas, aunque tratemos de ser buenos y hasta vivir ciertos compromisos en nuestra vida desde la fe que tenemos, quizá pudiera faltarnos un encuentro mas profundo, más vivo, en que en verdad nos sintamos transformados por su luz. Todavía quedan tantas cosas ciegas en nuestra vida, tantas oscuridades que necesitamos iluminar.
Pero también al hilo de lo que fue el comienzo de nuestra reflexión tendríamos que aprender a mirar con ojos nuevos, con mirada limpia y nueva a los demás para ir desterrando de nosotros tantas desconfianzas. Aprendamos a confiar en la sinceridad de las personas; aprendamos a confiar en que las personas pueden cambiar, darle una vuelta a su vida, como nosotros también podemos y tenemos que cambiar quizás en muchas cosas.
Ayudemos a los demás en ese camino de Damasco de sus vidas – cada uno tiene su propio camino de Damasco – a ese encuentro vivo con el Señor, como también nosotros dejémonos ayudar. 

lunes, 25 de enero de 2016

Preguntemos también nosotros como Saulo ‘¿qué quieres que haga, Señor?’

Preguntemos también nosotros como Saulo ‘¿qué quieres que haga, Señor?’

 Hechos de los Apóstoles 22,3-16; Sal. 116; Marcos 16,15-18

‘¡Saulo, Saulo! ¿por qué me persigues?... ¿Quién eres, Señor?... Yo soy Jesús, a quien tu persigues... ¿Qué debo hacer, Señor?’ Es el diálogo que se desarrolló en el camino de Damasco. Y Saulo cayó. No es solo el hecho de que rodara por tierra en aquel momento ante el impacto de la visión. Saulo se cayó de su orgullo y de su prepotencia, de su fatalismo y de su violencia. Saulo se transformó con la experiencia del encuentro con Jesús.
Es lo que hoy recordamos y celebramos. En su fanatismo religioso se había dedicado a destruir cuanto no fueran sus ideas. Por eso perseguía a los cristianos. Por eso iba ahora a Damasco con cartas de los sumos sacerdotes que le autorizaban para coger a todos los que creyeran en el nombre  de Jesús y llevarlos presos a Jerusalén. Saulo se había formado sólidamente en la fe judía a los pies de su maestra Gamaliel. Se había hecho del partido de fariseos su fanatismo no tenía limites. Había sido incluso testigo de la muerte de Esteban encargándose de guardar los mantos de aquellos que le apedreaban, porque aun era muy joven. Pero todo aquello había ido haciendo mella en su corazón que se iba endureciendo más y más.
No contaba con las maravillas de la gracia divina, pues pensaba quizá que todo había de hacerlo por si mismo y no por las fuerza de las convicciones sino por la fuerza de la violencia. Ahora se iba a encontrar con otro Maestro, el Maestro que venía a su encuentro aunque él lo persiguiera, el Maestro que iba a trastocar todos sus planes violentos y le iba a enseñar que toda aquella energía de su corazón había de dedicarla a algo mejor. El que hasta entonces perseguía a los cristianos iba a convertirse en apóstol de los gentiles para traerlos a la fe, pero a la fe de Jesús.
Era, aunque él no lo sabía o lo había interpretado de manera equivocada, un elegido del Señor, un instrumento de salvación para muchos como le manifestara el Señor en la visión a Ananías. Se acabarían los recelos contra Saulo porque se había encontrado con el Señor y su vida iba a ser distinta. Al final de aquel encuentro había llegado a decir ‘¿qué quieres que haga, Señor?’ y se había dejado conducir por el Señor.
Como un ciego al que llevan de la mano fue al encuentro de la luz verdadera porque las otras luces lo habían cegado. Todos los gestos e imágenes de este relato son verdaderos signos para nosotros, que tenemos que aprender a dejarnos conducir por el Señor porque mientras no estemos con El andaremos también como ciegos por los caminos de la vida subidos sobre los caballos de nuestra soberbia que también nos hace violentos tantas veces e intolerantes.
Creo que es el mensaje sencillo pero capaz de transformar nuestro corazón que podemos recibir hoy en esta fiesta en que recordamos y celebramos la conversión de san Pablo. El Señor le dio otra oportunidad a Saulo para rehacer su vida y Saulo fue capaz de hacerlo. El Señor sigue dándonos oportunidades a nosotros; seamos capaces de dejarnos conducir por el Espíritu del Señor y reconozcamos cuantas maravillas realiza en nosotros.
Preguntemos también nosotros como Saulo ‘¿qué quieres que haga, Señor?’

viernes, 19 de abril de 2013


En el camino de Damasco un encuentro, una conversión y una vocación

Hechos, 9, 1-20; Sal. 116; Jn. 6, 3-60
En la lectura continuada que venimos haciendo de los Hechos de los Apóstoles en este tiempo de Pascua hemos escuchado el anuncio valiente que los Apóstoles hacían de Jesús resucitado y cómo poco a poco se va constituyendo la Iglesia porque nos narra cómo se iban agregando muchos a la fe y al camino de Jesús y se iba formando la comunidad con ejemplos admirables de comunión que se daban en medio de ellos.
Pero hemos contemplado también las dificultades y persecuciones que iban sufriendo quienes creían en el nombre de Jesús como nuestro único Salvador, o bien los prohibían las autoridades hablar del nombre de Jesús, los metían en la cárcel o como escuchamos hace unos días el martirio de Esteban que fue llevado ante el tribunal y luego apedreado. Eso originó, por otra parte la expansión de la Iglesia, pues aquellos que marchaban de Jerusalén llevaban el mensaje de Jesús a otros lugares.
Hoy contemplamos cómo Saulo, aquel joven que aprobaba la lapidación de Esteban y a cuyos pies habían puesto sus vestiduras los que habían participado en aquel crimen, ahora con cartas del Sumo Sacerdote para las sinagogas de Damasco allí se dirigía ‘para traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres’.
Pero los caminos de Dios son otros y El nos sale al encuentro de muchas maneras en la vida. Es lo que le sucedió a Saulo y nos narra el texto que hoy hemos escuchado. Contemplamos un encuentro, una llamada y una conversión que concluirá con una misión. ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Quién eres, Señor? Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que tienes que hacer’.
Saulo luchaba contra Jesús pero no se había encontrado con El. Pero es el Señor el que viene a su encuentro. Bastó una palabra para que Saulo se llenara de Luz, de tanta luz que en principio se quedó ciego. ‘Se levantó del suelo y aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco’.
‘¿Quién eres, Señor?’ pregunta Saulo. Y comenzó su búsqueda. Ahora aquel hombre impetuoso que luego le veremos recorrer el mundo, ahora lo vemos que se deja conducir. Lo llevan de la mano. Era la mano del Señor que lo llamaba. Era el Espíritu de Jesús resucitado con quien se había encontrado quien lo estaba conduciendo a la luz. Pondrá el Señor en el camino de Pablo quien venga a él en el nombre de Jesús para hacerle encontrarse con la luz y pudiera abrir bien sus ojos.
‘Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías’. Fue con quien quiso contar el Señor. ‘Ve a la calle Mayor y pregunta por un tal Saulo de Tarso… Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén… Anda, ve, que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes’. Y Ananías se dejó conducir por el Señor y cumplió con todo  lo que le pedía el Señor.
El encuentro de Saulo con Jesús que le salía al paso en el camino de Damasco provocó la conversión del corazón. Ya comienza llamándole ‘Señor’. Pero allí está una vocación, una llamada, porque es el Señor el que lo ha elegido, lo ha llamado, le ha salido al encuentro en aquel camino de muerte que Saulo iba recorriendo. A los pescadores de Galilea o a Leví que estaba sentado en su garita, Jesús les dice ‘venid conmigo… os haré pescadores de hombres’. A Saulo le sale al encuentro y le dice que entre en la ciudad que allí le dirán lo que tiene que hacer. Es que el Señor lo había elegido, ‘instrumento elegido, para dar a conocer su nombre a pueblos y reyes’.
Lo ha elegido porque tiene una misión que confiarle. No importa lo que hasta entonces había sido. Lo importante es la llamada del Señor y la respuesta que dará Saulo. A Pedro le mantuvo en la misión que le había anunciado a pesar de que lo había negado hasta tres veces. Y es que el Señor confía en el hombre y le da fuerzas, le dará su gracia para la misión que le haya encomendado.
Somos una piedra preciosa en las manos del Señor que El ya irá tallando y purificando a lo largo de la vida, como se limpia y se talla el bello diamante que puede parecer en principio un simple trozo de carbón, o como purifica el oro para quitarle todas las escorias que podrían ensombrecer su brillo. Así nos irá purificando el Señor porque muchas son las escorias que hay en nuestra vida, pero el Señor sigue amándonos y confiando en nosotros. Cada uno puede ir recordando la historia de su vida en la que de tantas maneras se ha manifestado el amor del Señor y la confianza que desde su amor sigue poniendo en nosotros.
Qué hermoso es el amor del Señor que nos llama una y otra vez para que sigamos sus pasos y realicemos su misión. Ojalá nos dejemos encontrar por su luz.