Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta vocacion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vocacion. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de julio de 2019

En torno a Jesús vemos que hay inquietud y surgirán muchas personas deseosas de querer imitar el maestro, de irse con El aunque seguirle tiene sus exigencias


En torno a Jesús vemos que hay inquietud y surgirán muchas personas deseosas de querer imitar el maestro, de irse con El aunque seguirle tiene sus exigencias

Génesis 18,16-33; Sal 102; Mateo 8,18-22
Signos de vitalidad se dan en una comunidad cuando vemos que la gente anda inquieta, no está siempre satisfecha con lo que tiene o con lo que hace, siempre está en movimiento buscando como hacer mejor las cosas y así surgen iniciativas que se ponen en común y se ofertan para ver qué más o mejor podemos hacer, y así vemos personas que se sienten llamadas de lo más hondo de si mismas y ofrecen sus cosas o se ofrecen ellas mismas, para ver en que se puede participar, como pueden hacer crecer más y mas la comunidad.
Mientras podemos contemplar pueblos amorfos, donde nadie se mueve para tener una iniciativa, todos están como a la expectativa a ver que hacen los otros, pero no surgen esas personas con valores que cuiden de dar vida a esa comunidad; pueblos amorfos, que pareciera que están dormidos o que ya no tuvieran vida porque lo que hacen es como dejarse arrastrar por la monotonía y la rutina. No hay vida, parece que todo está muerto, todos viven en esa dejadez.
Ejemplo palpable de esto lo podemos ver en tantas comunidades, en que nadie se compromete, donde no surgen esos nuevos lideres que conduzcan por nuevos derroteros a la comunidad, donde no vemos florecer esas personas con inquietud que sean capaces de movilizar a los demás. Comunidades muertas, en su desgana, en su rutina, en su conservadurismo, que languidecen poco a poco.
En torno a Jesús vemos que hay inquietud y surgirán muchas personas deseosas de querer imitar el maestro, de irse con El. En el evangelio de hoy tenemos dos ejemplos claros. Uno se ofrece estando dispuesto a todo y el otro escucha la invitación del Maestro. Pero este tiene sus cosas pendientes; le queda mucho de muerte en su alma; hay apegos en su corazón. Lo que se nos dice en el evangelio de que tenia que ir a enterrar a su padre es algo muy sintomático. Apegos del corazón, ataduras de las que no sabemos desandarnos, signos de muerte que muchas veces permanecen entre los pliegues de nuestro corazón, aunque tengamos buena voluntad y buenos deseos. Es como una rémora que nos frena, que nos impide ir más allá, no vemos otros horizontes sino que seguimos siempre en lo mismo. Cuantas cosas nos retrata ese pequeño detalle de tener que ir a enterrar a sus muertos.
El primero en su generosidad explosiva se ofrece para todo. ¿Hasta donde estará dispuesto a llegar? Si yo tuviera tiempo, decimos tantas veces, y hacemos hasta una lista de todas las cosas que haríamos, pero al final nos quedamos en nada, porque en nosotros sigue pesando que no tenemos tiempo.
Digo esto como ejemplo, de otros sueños, otras aspiraciones que podamos tener pero que sea algo fácil, que sea algo que yo pueda hacer, que no me quite mi tiempo de lo que ya son mis ocupaciones, que sea aquí cerca, y no tenga que ir por otros sitios desconocidos, y así pensamos en tantas cosas cuando queremos aparecer como muy generosos y siempre dispuestos, pero que cuando vemos la dificultad ya no nos ofrecemos tan alegremente. ‘Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nido…’ bueno que yo tenga unas mínimas cosas para poder realizar mi tarea y quizá lo que estamos es buscando facilidades para que no se nos complique mucho la vida.
‘El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza’. ¿No recordamos que allá en Belén no había ni sitio en la posada para tener una cuna para su nacimiento? Cuando nos ponemos a seguir a Jesús no podemos estar pensando en esas cosas técnicas, o en esas cosas que nos faciliten nuestra tarea, para entonces verlo fácil eso de seguir a Jesús.  Muchas veces o miramos para atrás cuando ponemos la mano en el arado o estamos pidiendo que se nos pongan a disposición unos medios para yo poder comprometerme en esa tarea de la evangelización.
Y no es ese el estilo de Jesús. Pensemos en cuantos medios queremos tener a nuestra disposición, porque de lo contrario no sabríamos qué hacer en las tareas pastorales. No digo que no los utilicemos, sino que no los convirtamos poco menos en cosas absolutamente necesarias, absolutos, para poder realizar la tarea de la evangelización.

domingo, 18 de enero de 2015

Es necesario ponernos en camino de escucha y de búsqueda para luego hacer el anuncio de Jesús

Es necesario ponernos en camino de escucha y de búsqueda para luego hacer el anuncio de Jesús

1Samuel 3, 3b-10. 19; Sal 39, 2 y 4ab. 1. 8-9. 10; 1Corintios 6, 13c-15a. 17-20; Juan 1, 35-42
Escucha, búsqueda, anuncio, testimonio, llamada… son las primeras palabras que surgen tras la escucha de la Palabra de Dios de este domingo. Palabras que nos pueden parecer sencillas en su significado o en lo que en una primera impresión nos expresan, pero que pueden tener una hondura grande para nuestra vida.
Comenzamos por escuchar; algo más que oír. Estamos, por ejemplo oyendo el silbido del viento, pero no nos percatamos de ello hasta que en un momento de silencio de otras cosas lo escuchamos. Hay que prestar atención. Oímos muchas cosas que se nos dicen pero que luego olvidamos pronto, no han hecho mella en nosotros, no han dejado huella. Por eso es necesario escuchar, con atención, queriendo atender y entender la voz, lo que se nos dice. Porque podemos estar entretenidos en nuestras cosas, en nuestros pensamientos, en nuestras ideas y no nos enteramos de lo que se nos dice, de lo que sucede.
Tuvo que aprender a escuchar el niño Samuel. Oía una voz y en su infantil disponibilidad creía que era el sacerdote el que lo llamaba y allá corría para saber qué quería de él. Una y otra vez, hasta que el anciano sacerdote le enseñó a escuchar. ‘Si te llama alguien, responde: Habla, Señor, que tu siervo te escucha’. Aprendió a escuchar al Señor.
Los discípulos de Juan oyeron al Bautista que les señalaba a Jesús diciéndoles: ‘Este es el Cordero de Dios’. Y quisieron aprender a escuchar, porque se fueron tras Jesús. Comenzaba la búsqueda. Querían escuchar más que lo que lo que les decía el profeta. Querían saber de Jesús. ‘¿Qué buscáis?’, les pregunta Jesús. ‘Maestro, ¿dónde vives?’ La pregunta y la búsqueda era algo más que saber de una casa, de una habitación, de un lugar. Querían saber de Jesús, querían conocer a Jesús. ‘Venid y lo veréis’.
Se fueron con Jesús… y se quedaron con El. Buscaban y escuchaban, buscaban y llegaron a ver una vida. Escucharon y todo cambió en ellos. Una huella honda quedó marcada en sus vidas. Y comenzaron a anunciar, a dar testimonio ellos también. Eran testigos y aquello que habían visto, aquello que habían palpado porque lo habían vivido ya no lo podían callar. Veremos a Andrés ya al día siguiente a primera hora haciendo el anuncio a su hermano Simón. ‘Hemos encontrado el Mesías’. Y lo llevó a Jesús.
Se completa el recorrido. Se les había hecho un anuncio que ellos supieron escuchar. Juan había señalado a Jesús como  ‘el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo’. Pero aquello lo querían escuchar mucho más hondo por eso comenzaron a buscar a Jesús, se fueron con Jesús; preguntaban, buscaban, querían palpar hondamente con sus vidas.
Pero para eso es necesario que nosotros queramos abrir los oídos de nuestra alma, de nuestra vida. Hay ocasiones en que no queremos escuchar; en otras ocasiones hay cosas que nos distraen, los ruidos de la vida y no somos capaces de captar las verdaderas señales de la llamada; hay momentos en que parece que perdemos el rumbo, todo se nos vuelve oscuro, parece que no encontramos nada o se hace un silencio tan denso dentro de nosotros que no somos capaces de distinguir bien las llamadas.
Tenemos que aprender a entrar en la sintonía. La sintonía de Dios no es habitualmente como las sintonías que escuchamos en el mundo. Jesús se los llevó con El para que pudieran percibir bien esa sintonía. Pero ellos hubieran podido rechazar o prescindir de esa invitación porque no querían ir con quien no conocieran, o porque no quisieran comprometerse, o porque pretendieran que les trajeran las cosas hasta ellos. Para entrar en esa sintonía hay que disponerse a ponerse en camino; un camino que quizá signifique esfuerzo, superación, sacrificio, o dejar otras cosas atrás.
Aquellos discípulos se pusieron en camino de búsqueda y de escucha. Luego podrían dar testimonio, decir que habían encontrado al Mesías. ¿Hasta donde estamos dispuestos nosotros a ponernos en camino de escucha verdadera y de búsqueda?

sábado, 17 de enero de 2015

Las sorpresas del Señor que llama a los que quiere porque ha venido a sanar a los enfermos y perdonar a los pecadores

Las sorpresas del Señor que llama a los que quiere porque ha venido a sanar a los enfermos y perdonar a los pecadores

Hebreos 4,12-16; Sal 18.8.9.10.15; Marcos 2,13-17
‘No necesitan medico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos sino pecadores’. Fue la sentencia de Jesús tras todas aquellas suspicacias de los escribas y fariseos que murmuraban porque en la mesa con Jesús estaban sentados publicanos y pecadores.
Ya conocemos el hecho. ‘Al pasar Jesús vio a Leví, el de Alfeo, sentado al mostrador de impuestos’. Jesús le invita a seguirle e inmediatamente Leví - así lo llama Marcos en su evangelio, mientras en los otros evangelios aparecerá como Mateo - lo deja todo para seguir a Jesús. Grande ha sido la alegría que Leví ha sentido en esta llamada de Jesús que hace una fiesta, celebra un banquete donde estará Jesús, pero también invita a los que han sido sus amigos y compañeros de profesión. De ahí las suspicacias de los escribas y fariseos.
Jesús que pasa e invita a Leví. El paso de Jesús que siempre es un paso salvador que nos invita a más. El paso de Jesús que es Pascua, porque es paso de Dios. El paso de Jesús que alguna vez nos dolerá por dentro porque hay que desprenderse, despojarse quizá de muchas cosas pero que terminará siempre en alegría y en fiesta. Nos dice mucho, porque a veces nos cuesta, porque en ocasiones pudiéramos tener miedo a ese paso porque nos va a doler algo por dentro. Pero hemos de tener confianza porque el paso de Jesús siempre es para la vida. 
El paso de Jesús que es sanador. El médico viene para los enfermos, Jesús viene para sanarnos, para hacer que tengamos vida de verdad. Por eso el paso de Jesús nos llena de vida y de esperanza. No nos hagamos oídos sordos a su llamada. El Señor viene a nuestro encuentro y con esperanza hemos de abrirle las puertas de nuestra vida.
Además, el Señor siempre nos sorprende. ¿Quién podía pensar que Jesús iba a llamar para que formara parte del grupo de sus discípulos y luego de sus apóstoles a uno que no estaba bien considerado en aquella sociedad en la que vivían? Ya sabemos cómo eran tratados de pecadores todos los recaudadores de impuestos y nadie quería mezclarse con ellos; ya hemos escuchado las reacciones y los comentarios de los escribas y fariseos. Pero Jesús lo llamó y se sentó a su mesa y lo sentó a su mesa porque ya desde entonces lo tuvo siempre consigo. Las sorpresas de Dios a las que hemos de estar abiertos.
Como nos decía la carta a los Hebreos ‘acerquémonos con seguridad al trono de su gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente’. Y podemos acercarnos así con seguridad ‘porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado’. El Señor es compasivo y fiel.


viernes, 24 de enero de 2014



Irnos con el Señor para sentirnos en su presencia e inundados en su amor

1Sam. 24, 3-21; Sal. 56; Mc. 3, 13-19
‘Jesús subió a la montaña, llamó a los que El quiso, y se fueron con El’. El texto del Evangelio de hoy lo podemos considerar la llamada del Señor a sus discípulos para elegir de manera especial a doce de entre ellos y constituir el grupo de los Apóstoles; aquellos que iban a estar más cerca de Jesús y a los que de manera especial les iba a confiar su misma misión. ‘A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios’. Y nos da el evangelista la relación de los Doce que fueron elegidos.
Van a ser piedra fundamental de la Iglesia que Jesús está instituyendo y en ella van a ser sus especiales enviados; eso significa en sí misma la palabra ‘apóstol’. Veremos a ese grupo de los Doce estar de manera especial con Jesús, a quienes Jesús les explica con mayor detalle lo que a todos va enseñando y les dará incluso especiales instrucciones, pero en quienes primero ha de verse reflejada esa comunidad que Jesús quiere constituir que es la Iglesia.
Por eso será tan importante y significativo lo que a ellos en especial va enseñando y veremos como en ocasiones, incluso, se los lleva a lugares apartados para estar a solas con ellos, o como a ellos de manera especial les va instruyendo cuando van de camino o en casa.
Pero este es un texto del evangelio que a todos nos dice algo, porque el don de la fe que anima nuestra vida es también una llamada y elección especial que a nosotros también nos ha hecho el Señor. No es un texto que solo haga referencia a quienes han recibido una llamada, una vocación o una misión especial dentro de la Iglesia, como puedan ser sacerdotes, misioneros o quienes estén llamados a una consagración especial. Es cierto que para ellos tiene un significado bien especial este texto, pero a todos nos puede enriquecer.
‘Llamó a los que El quiso y se fueron con El’, vimos que decía el evangelista. Por la fe, que es un don y un regalo de Dios porque es un don sobrenatural, nosotros somos también especialmente llamados y elegidos por el Señor. Ser cristiano es un don de Dios, una elección y predilección especial del Señor que nos concede el don de la fe. Y la fe no es simplemente aceptar unas ideas o una manera de pensar, sino que la fe entraña una nueva manera de vivir. ¿Y sabéis cual es esa manera de vivir que entraña el tener fe? Sencillamente estar con el Señor. Los llamó y se fueron con El. Nos llama el Señor, despierta en nosotros ese don maravilloso de la fe y queremos vivir con El, queremos estar con El con todo lo que eso implica.
Recordamos lo que hemos venido viendo en estas primeras páginas del Evangelio de Marcos que ahora estamos escuchando. La gente poco menos que se daba de codazos por estar cerca del Señor. Recordemos lo que se nos decía ayer que Jesús les decía que tuvieran preparada una barca no lo fuera a estrujar la gente. Querían estar con Jesús. Se despertaba la fe en Jesús en aquellos corazones y el primer deseo era ese, estar con Jesús. Como ahora a los que especialmente llama, ‘se fueron con El’.
Por la fe, nosotros queremos estar con Jesús; y estar con Jesús entraña muchas cosas, porque no queremos perdernos ni una sola de sus palabras, porque queremos estar aprendiendo continuamente de su vida, porque deseamos parecernos a El, porque queremos gozar y disfrutar de su presencia continuamente y nunca queremos separarnos de El. 
Cuando hablamos de cómo hemos de vivir nuestra vida cristiana una de las cosas que enseguida decimos que nos es necesario es el orar; la oración como algo fundamental de nuestra vida. Tendríamos que decir es una necesidad, es algo sin lo que no nos podríamos pasar, porque orar no es solamente hacer unos rezos, recitar unas oraciones, sino que orar es estar con el Señor; y estando con el Señor le hablamos y le escuchamos, entramos en ese diálogo entrañable de amor. Eso tendría que ser siempre nuestra oración.
Ojalá nosotros sepamos hacer lo mismo que hicieron aquellos primeros llamados, de los que nos habla hoy el Evangelio, ‘se fueron con El’, sepamos irnos así con el Señor, para sentirnos siempre en su presencia e inundados de su amor.

sábado, 21 de septiembre de 2013


Andemos conforme a nuestra vocación para la unidad de la Iglesia

Fiesta del evangelista san Mateo
Ef. 4, 1-7.11-13; Sal. 18; Mt. 9, 9-13
‘Vio a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos y le dijo: Sígueme. El se levantó y lo siguió’. Lo que nos relata el evangelio es la vocación de Mateo: la llamada del Señor y su pronta respuesta.
Esto es algo que nos tendría que hacer reflexionar. Es lo que está en el fondo de lo que es nuestra vida cristiana. Un encuentro con el Señor y una llamada a la que damos respuesta. Es el Señor el que nos sale al encuentro y nos invita a ir con El, como a Mateo.
Es la gracia del Señor que llega a nuestra vida regalándonos esa presencia del amor del Señor que viene a transformar nuestra vida. Desde ese encuentro con la gracia ya no puede ser igual en nuestra vida, en nosotros. No lo fue igual para Mateo; hasta entonces estaba dedicado a ser recaudador de impuestos y ahora emprendía un camino nuevo para seguir a Jesús; por eso lo vemos que lo deja todo. ‘El se levantó y lo siguió’.
De parte nuestra esta la respuesta; una respuesta que no son solo palabras sino un ponernos en camino, en camino de algo nuevo y distinto que nos ofrece el Señor. Nos hemos acostumbrado a eso de ser cristiano porque nos decimos que todos somos cristianos que al final no sabemos bien ni lo que somos, porque nuestra vida no refleja siempre lo que tendría que reflejar cuando nos decimos seguidores de Jesús.  No todo puede ser igual entre quienes se deciden de verdad por seguir a Jesús o se quedan en lo que estaban no dando respuesta a esa llamada. El testimonio que nos ofrece hoy Mateo es bien aleccionador y tendría que hacernos recapacitar mucho.
Los textos que nos ofrece la liturgia en esta fiesta del evangelista san Mateo, sobre todo la primera lectura de la carta a los Efesios abundan en este tema de la vocación. Nos recuerda el apóstol cómo hemos de vivir dando respuesta a esa llamada del Señor, a esa vocación que hemos recibido. ‘Os ruego que andéis conforme a la vocación a la que habéis sido llamados’. Y nos señala esas características de nuestra vida, de la vida de quien sigue a Jesús. Humildes, amables, comprensivos, aceptándonos mutuamente con todo respeto y amor, unidos en una nueva comunión, llenos de paz y constructores de la paz. Y nos habla de esa unidad en el Espíritu ‘como una sola es la meta de la esperanza en la vocación a la que habéis sido convocados’.
Todo esto que nos dice el Apóstol se hace eco de lo que a través de su Evangelio san Mateo nos ha trasmitido del mensaje de Jesús. Ese mensaje del Reino de los cielos del que fue empapándose en su estar al lado de Jesús. Un día lo dejó todo para seguir a Jesús, para responder a su llamada, pero esa respuesta la fue dando en ese estar con Jesús día a día empapándose de su mensaje que luego nos trasmitiría en su predicación y en su evangelio.
Como sabemos a él se le atribuye el primero de los evangelios, llamado precisamente de san Mateo. Podemos recorrer sus páginas y ver por ejemplo como en el sermón de la montaña nos deja plasmado ese mensaje de Jesús de lo que ha de ser nuestra vida conforme a nuestra vocación como antes destacábamos con las palabras de la carta de san Pablo. Lo mismo podríamos decir en las parábolas que nos recoge los diversos capítulos del evangelio o sus discursos.
Nos sentimos hoy estimulados, en esta fiesta del Apóstol san Mateo, a tener esa decisión pronta para seguir a Jesús, para escucharle y empaparnos de su mensaje y hacer que con nuestra vida de amor, de humildad, de sencillez, de espíritu de servicio, de generosidad vayamos dando respuesta a tanto amor cómo Dios derrocha sobre nosotros. Y algo más, que este encuentro con el Señor y su Palabra en esta fiesta nos ayude a descubrir ese lugar concreto donde hemos de realizar nuestra vocación cristiana, como nos señala también el apóstol, al tiempo que reconocemos las diversas vocaciones, los diversos ministerios que a nuestro alrededor se manifiestan en la Iglesia en tantos que viven su compromiso cristiano.
‘A cada uno de nosotros se le ha dado la gracia según la medida del don de Cristo’, nos decía el apóstol. Y habla de esos diferentes ministerios en el seno de la Iglesia. ‘Cristo ha constituido a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y doctores, para el perfeccionamiento de los fieles, en función de su ministerio, y para la edificación del Cuerpo de Cristo…’ Todos vamos edificando la Iglesia cada uno desde esa respuesta que va dando a la llamada del Señor y en ese servicio que presta a los hermanos.

Por nuestro amor, por nuestro servicio, por nuestra generosidad y humildad, por las obras buenos que vamos haciendo, seamos en verdad constructores de la comunidad, constructores de la unidad de la Iglesia. Que el Señor nos bendiga por todo eso bueno que podamos ir haciendo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Le escuchamos y nos invita a fiarnos de El para seguirle a dónde nos llame

Col. 1, 9-14; Sal. 97; Lc. 5, 1-11
‘Desde la barca sentado enseñaba a la gente’. Mucha gente se había agolpado a su alrededor. Había aprovechado la barca de Pedro que había llegado de la faena para subirse a ella y desde allí poder enseñar a la gente agolpada a la orilla para escucharle. Su fama se había extendiendo y la gente venía a su encuentro deseosos de escucharle porque sus palabras levantaban esperanza y ponían en rumbo nuevo a la vida.
Como el pescador que lanzaba la red al agua para recoger de la abundancia de peces que pululaban entre las aguas; como el sembrador que lanzaba la semilla en abundancia a la tierra esperando que produjera su fruto. Allí y así contemplamos a Jesús sentado ahora desde la barca enseñando, anunciando el evangelio del Reino de Dios al que todos estaban llamados.
Pero hoy la enseñanza no era solo para aquella multitud que había acudido de todas partes, sino que venía a enseñar a echar la semilla o a lanzar la red, porque iba a confiar a otros esa su misma tarea. Iba a ser momento de llamadas con vocaciones especiales y por eso le dirá a Pedro que reme mar adentro para echar de nuevo la red para pescar. Pedro se había pasado la noche intentando pescar pero no había cogido nada; ahora sería otra la pesca, sería de otra manera. Ahora no sería en las sombras de la noche sino con la luz de un nuevo día. Jesús estaba pidiendo fe en su Palabra y la confianza total de ponerse en sus manos para fiarse de él.
Aunque Pedro duda porque creía que no había nada que pescar sin embargo hay algo que siente en su corazón hacia Jesús que le hace confiar en El. ‘Nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada…’ Pero la pesca iba a ser diferente porque iba a aprender a pescar de otra manera. ‘Pero en tu nombre, por tu palabra, echaré las redes’. Y la pesca fue abundante; y fue necesario pedir la ayuda de los pescadores de las otras barcas; ‘la redada de peces era tan grande que reventaba la red… y los socios de la otra barca vinieron a echarles una mano y llenaron las dos barcas que casi se hundían’.
Sentado desde la barca Jesús había estado enseñando; como un sembrador también había lanzado en abundancia la semilla; ahora se recogían las redes y las cosechas, porque en el corazón de Pedro y de los que lo acompañaban algo estaba pasando. ‘El asombro se había apoderado de ellos’ ante lo que había sucedido. ‘Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: apártate de mi, Señor, que soy un pecador’. Antes había querido comportarse como un pescador avezado que sabía lo que había en aquel mar, pero ahora se había descubierto a sí mismo pecador. Entre sus dudas había comenzado a poner toda su confianza en el Señor fiándose de su Palabra, pero sin llegar a sospechar todas las maravillas que el Señor iba a realizar. Por eso se siente pequeño, se siente pecador.
Pero es que sí va a ser pescador o sembrador, que da igual la palabra, lo que importa es la misión, porque es Jesús el que va a seguir confiando en él, como lo haría también en los otros pescadores, como lo seguirá haciendo a través de los tiempos en los que de la misma manera seguirá llamando. ‘No temas, desde ahora será pescador de hombres’. Ya decíamos que iba a ser el momento de llamadas con especiales vocaciones.
Dios sigue llamando también entre nosotros. Está la primera llamada para que creamos en El, para que confiemos totalmente y nos apoyemos en su Palabra. Como el primer anuncio que iba haciendo por los pueblos y aldeas de Galilea, ‘convertios y creed en la Buena Noticia, creed en el Evangelio’. Es el primer paso, como lo hizo Pedro, cambió su manera de pensar y aunque pensaba que no había peces según sus propios humanos conocimientos, sin embargo se fió. Tenemos que aprender a fiarnos, aunque eso signifique que tengamos que cambiar nuestras ideas o nuestros criterios, porque abramos nuestro corazón a la Buena Nueva que nos anuncia Jesús.

Y cuando le demos nuestro sí, el sí de nuestra fe total y absoluta, nos dejaremos guiar a donde El quiera llevarnos; abriremos los oídos de nuestro corazón para escuchar su llamada e invitación. También nos querrá sembradores, o pescadores de hombres. ¿Cuál va a ser nuestra respuesta? En el texto del evangelio tenemos el ejemplo. ‘Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, le siguieron’. ¿Seguiremos al Señor a dónde nos llame y nos quiera conducir? Tenemos que descubrir la vocación a la que nos llama. 

viernes, 19 de abril de 2013


En el camino de Damasco un encuentro, una conversión y una vocación

Hechos, 9, 1-20; Sal. 116; Jn. 6, 3-60
En la lectura continuada que venimos haciendo de los Hechos de los Apóstoles en este tiempo de Pascua hemos escuchado el anuncio valiente que los Apóstoles hacían de Jesús resucitado y cómo poco a poco se va constituyendo la Iglesia porque nos narra cómo se iban agregando muchos a la fe y al camino de Jesús y se iba formando la comunidad con ejemplos admirables de comunión que se daban en medio de ellos.
Pero hemos contemplado también las dificultades y persecuciones que iban sufriendo quienes creían en el nombre de Jesús como nuestro único Salvador, o bien los prohibían las autoridades hablar del nombre de Jesús, los metían en la cárcel o como escuchamos hace unos días el martirio de Esteban que fue llevado ante el tribunal y luego apedreado. Eso originó, por otra parte la expansión de la Iglesia, pues aquellos que marchaban de Jerusalén llevaban el mensaje de Jesús a otros lugares.
Hoy contemplamos cómo Saulo, aquel joven que aprobaba la lapidación de Esteban y a cuyos pies habían puesto sus vestiduras los que habían participado en aquel crimen, ahora con cartas del Sumo Sacerdote para las sinagogas de Damasco allí se dirigía ‘para traerse presos a Jerusalén a todos los que seguían el nuevo camino, hombres y mujeres’.
Pero los caminos de Dios son otros y El nos sale al encuentro de muchas maneras en la vida. Es lo que le sucedió a Saulo y nos narra el texto que hoy hemos escuchado. Contemplamos un encuentro, una llamada y una conversión que concluirá con una misión. ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Quién eres, Señor? Soy Jesús, a quien tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y allí te dirán lo que tienes que hacer’.
Saulo luchaba contra Jesús pero no se había encontrado con El. Pero es el Señor el que viene a su encuentro. Bastó una palabra para que Saulo se llenara de Luz, de tanta luz que en principio se quedó ciego. ‘Se levantó del suelo y aunque tenía los ojos abiertos, no veía. Lo llevaron de la mano hasta Damasco’.
‘¿Quién eres, Señor?’ pregunta Saulo. Y comenzó su búsqueda. Ahora aquel hombre impetuoso que luego le veremos recorrer el mundo, ahora lo vemos que se deja conducir. Lo llevan de la mano. Era la mano del Señor que lo llamaba. Era el Espíritu de Jesús resucitado con quien se había encontrado quien lo estaba conduciendo a la luz. Pondrá el Señor en el camino de Pablo quien venga a él en el nombre de Jesús para hacerle encontrarse con la luz y pudiera abrir bien sus ojos.
‘Había en Damasco un discípulo que se llamaba Ananías’. Fue con quien quiso contar el Señor. ‘Ve a la calle Mayor y pregunta por un tal Saulo de Tarso… Señor, he oído a muchos hablar de ese individuo y del daño que ha hecho a tus fieles en Jerusalén… Anda, ve, que ese hombre es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes’. Y Ananías se dejó conducir por el Señor y cumplió con todo  lo que le pedía el Señor.
El encuentro de Saulo con Jesús que le salía al paso en el camino de Damasco provocó la conversión del corazón. Ya comienza llamándole ‘Señor’. Pero allí está una vocación, una llamada, porque es el Señor el que lo ha elegido, lo ha llamado, le ha salido al encuentro en aquel camino de muerte que Saulo iba recorriendo. A los pescadores de Galilea o a Leví que estaba sentado en su garita, Jesús les dice ‘venid conmigo… os haré pescadores de hombres’. A Saulo le sale al encuentro y le dice que entre en la ciudad que allí le dirán lo que tiene que hacer. Es que el Señor lo había elegido, ‘instrumento elegido, para dar a conocer su nombre a pueblos y reyes’.
Lo ha elegido porque tiene una misión que confiarle. No importa lo que hasta entonces había sido. Lo importante es la llamada del Señor y la respuesta que dará Saulo. A Pedro le mantuvo en la misión que le había anunciado a pesar de que lo había negado hasta tres veces. Y es que el Señor confía en el hombre y le da fuerzas, le dará su gracia para la misión que le haya encomendado.
Somos una piedra preciosa en las manos del Señor que El ya irá tallando y purificando a lo largo de la vida, como se limpia y se talla el bello diamante que puede parecer en principio un simple trozo de carbón, o como purifica el oro para quitarle todas las escorias que podrían ensombrecer su brillo. Así nos irá purificando el Señor porque muchas son las escorias que hay en nuestra vida, pero el Señor sigue amándonos y confiando en nosotros. Cada uno puede ir recordando la historia de su vida en la que de tantas maneras se ha manifestado el amor del Señor y la confianza que desde su amor sigue poniendo en nosotros.
Qué hermoso es el amor del Señor que nos llama una y otra vez para que sigamos sus pasos y realicemos su misión. Ojalá nos dejemos encontrar por su luz.