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viernes, 22 de octubre de 2021

No solo hemos de ser capaces de hablar del tiempo, sino que hemos de saber discernir y opinar en la que sucede en nuestra sociedad y también en la Iglesia

 


No solo hemos de ser capaces de hablar del tiempo, sino que hemos de saber discernir y opinar en la que sucede en nuestra sociedad y también en la Iglesia

Romanos 7, 18-24; Sal 118; Lucas 12,54-59

Hoy estamos pendientes al final de los telediarios de cada día para ver las previsiones que nos hace el hombre del tiempo. Con los métodos científicos de los que se dispone hoy desde las lecturas de las cartas de isobaras y no sé cuántas más cosas, con las informaciones que nos dan los satélites que estar orbitando continuamente alrededor de la tierra nos hacen esa lectura del tiempo que vamos a tener.

Nuestros mayores que no disponían de esos métodos científicos sin embargo mirando el correr de las nubes, el volar de las aves o los colores del cielo nos hacían también sus pronósticos sabiendo hacer a su manera también una lectura y predicción del tiempo. Todos más o menos nos damos de enterados en estas cosas por lo que vemos o por lo que oímos o por nuestras particulares impresiones. Qué fácil es hablar del tiempo, del que hizo, del que hace o del que va a hacer.

Queremos ser sabios en unas cosas pero luego quizá no aparezca tanto esa sabiduría para hacer una lectura de la vida. Simplemente vamos viviendo, dejando discurrir el tiempo y cuanto sucede, a lo sumo escuchando en tantas tertulias que proliferan por aquí o por allá y recibiendo sus influencias, pero no somos capaces de hacer por nosotros mismos esa necesaria lectura de la vida que tendríamos que saber hacer.

Entramos con facilidad en un mundo de mediocridad, porque no terminamos de hacernos unos juicios propios de lo que sucede en la vida; vemos que se repiten una y otra vez muchos acontecimientos de la vida de nuestra sociedad y no somos capaces de afrontar con ideas claras unos caminos de solución sino que los dejamos la mayoría de la veces en lo que opinan o dicen los demás sin tener nuestros propios criterios.

Nos hacemos vagos para pensar y para razonar, nos cuesta ponernos a reflexionar para aprender de la vida, simplemente dejamos hacer, que otros piensen, que otros tomen decisiones, y no terminamos de implicarnos en la vida. Creo que esto es muy serio. No somos capaces de desarrollar todas nuestras capacidades o nuestras posibilidades; tenemos quizás unas ideas que muchas veces son muy vagas y elementales, pero no terminamos de profundizar.

Es cierto que tenemos que escuchar lo que otros dicen, pero no nos lo tragamos todo, sino que tenemos que hacer nuestro discernimiento, exponer las cosas desde nuestro encuadre, de nuestra visión, que por supuesto enriquecemos también en el diálogo con los demás. Y eso en todos los aspectos de la vida, la vida social, la vida política, la vida cultural, la vida religiosa y eclesial también.

Es lo que nos está planteando hoy Jesús en el evangelio. La necesidad de esa madurez en nuestra vida para poder discernir claramente los caminos que debemos de tomar. Porque no somos buenos solamente porque nos dejamos arrastrar por lo que hay en nuestro entorno y a todo decimos sí, sino en la medida en que discernimos y tomamos con madurez nuestras propias decisiones mintiendo una línea y un ritmo de camino.

Y esto nos falta mucho en todo lo que atañe a nuestra vida cristiana, donde no hemos profundizado y madurado como cristianos lo suficiente y así andamos con nuestras superficialidades, nos dejamos arrastrar por la desgana o caemos fácilmente por la pendiente resbaladiza de la tibieza en nuestra vida espiritual, en nuestros compromisos cristianos.

Y esto nos falta en nuestra participación en todo lo que es la vida de la Iglesia, de la que formamos parte desde nuestro bautismo pero que no siempre nos sentimos en profunda comunión de Iglesia; los asuntos de la Iglesia parece que hay que dejarlos en manos de otros  y que ellos sean los que tomen las decisiones o los que nos marquen las pautas y nos dirijan.

Estamos en estos momentos en un momento eclesial muy interesante, del que quizá no terminamos de enterarnos. El Papa nos ha convocado a toda la Iglesia a que hagamos un camino sinodal. El Sínodo de los Obispos el Papa lo convoca cada cierto tiempo para tratar asuntos que afectan a toda la vida de la Iglesia, pero ahora ha querido el Papa que no solo sean unos obispos reunidos en Roma los que realicen el Sínodo, sino que partamos desde nuestras diócesis y desde nuestras parroquias ese camino de consulta al que nos llama el Papa. En estas pasadas semana fue la apertura de este camino sinodal para toda la Iglesia desde Roma, pero el pasado domingo se ha iniciado en nuestras Iglesias particulares, en nuestras diócesis. Es esa lectura de los signos de los tiempos de lo que está sucediendo en nuestra Iglesia.

¿Nos habremos enterado? ¿Estaremos mostrando algún interés por esta llamada a la participación? ¿Seguiremos quizás con nuestra mediocridad y falta de interés ante este camino que se nos invita a hacer? Tratemos de enterarnos, qué está sucediendo, qué se está programando en este sentido desde nuestras comunidades parroquiales. También nosotros tenemos algo que opinar, también nosotros hemos de participar. 


jueves, 21 de octubre de 2021

Necesitamos dejarnos abrasar por ese fuego del amor divino que transformará nuestra vida, transformará nuestro mundo, en un hombre nuevo, en una tierra nueva

 


Necesitamos dejarnos abrasar por ese fuego del amor divino que transformará nuestra vida, transformará nuestro mundo, en un hombre nuevo, en una tierra nueva

Romanos 6, 19-23; Sal 1; Lucas 12, 49-53

Como que hablar de fuego ahora en estos momentos en nuestras islas cuando la lava del volcán se está devorando el territorio de una isla con la consiguiente destrucción que se está produciendo y las angustias que se están generando no parece que sea lo más agradable. Pero es la realidad que estamos viviendo y que tenemos que afrontar y nos puede servir de punto de apoyo para entender lo que Jesús nos está queriendo decir hoy en el evangelio.

Además de ese aspecto destructivo que ahora contemplamos, en la vida sin embargo utilizamos muchas veces la imagen del fuego para querer expresar significativamente también muchas cosas que pueden ser hermosas para nosotros. El fuego tiene también ese sentido purificador cuando echamos en él lo inservible para indicar también como tenemos que desprendernos de cosas que nos atan y nos impiden vivir en total libertad. Pero es el fuego también lo que expresa la pasión que podemos llevar en nuestro corazón y que se transforma en amor, y expresa también el ardor y la intensidad que ponemos en la vida que amamos o cuando queremos alcanzar algo que consideramos importante para nosotros.

Aquella imagen de la lava ardiente y de destrucción que todo lo va transformando a su paso sin embargo en esa misma isla en otros tiempos no tan lejanos fue crecimiento de su propia superficie que trabajada con tesón transformó aquel terrenos inhóspitos en riqueza de una floreciente agricultura. En el fuego del crisol tenemos que pensar también se purifican los más hermosos metales y con su ayuda se elaboran las más hermosas joyas.

Y Jesús nos dice hoy que ha venido a traer fuego a la tierra y lo que quiere es que arda. Una imagen que tiene todo su sentido cuando comenzamos a entender todo lo que significa el mensaje de Jesús. Encontrarnos con Jesús y escuchar su mensaje dejando que llegue a nuestro corazón es lo más grande que nos puede suceder. Ya nos hablará en otros momentos del tesoro escondido y la joya preciosa por la que merece la pena venderlo todo para adquirirlos. Y eso en verdad significa nuestro encuentro con Jesús, que se convierte como en un volcán en nuestro corazón que ya no podremos detener, porque quien se ha encontrado de verdad con Cristo ya su vida no es igual, corre como ese fuego impetuoso al encuentro de los demás para llevar esa Buena Noticia, corre al encuentro con su mundo para transformarlo según esos nuevos valores que descubrimos en el evangelio.

Quien se ha encontrado con la verdad del evangelio, quien tiene la experiencia de encontrarse con Cristo allá en lo más hondo de sí mismo se siente impulsado a algo nuevo, siente ese fuego dentro de si para con coraje y energía meterse de lleno en la transformación de la vida, en la transformación de nuestro mundo.

Claro, que habrá quien no lo entenderá y llamará loco al que así actúa; el loco de Dios fue san Juan de Dios cuando escuchó la Palabra de Dios en su corazón y se lanzó por las calles como un loco a comunicar esa buena noticia de que Dios nos ama. Por eso Jesús ya nos anuncia que su presencia y su Palabra pueden producir división, porque unos se decantarán a favor pero habrá, incluso entre los mismos más cercanos a nosotros, quienes se pongan en contra.

Necesitamos una cosa, dejarnos abrasar por ese fuego del amor divino. Transformará nuestra vida, transformará nuestro mundo.

 

miércoles, 20 de octubre de 2021

Una carga grande de responsabilidad para asumir la vida con todos sus imprevistos, pero también una carga grande de humanidad para saber caminar junto a los otros

 


Una carga grande de responsabilidad para asumir la vida con todos sus imprevistos, pero también una carga grande de humanidad para saber caminar junto a los otros

 Romanos 6,12-18; Sal 123; Lucas 12,39-48

‘Lo mismo vosotros, Estad. preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre’, nos dice Jesús centrándonos el mensaje que nos quiere transmitir. Antes, como ejemplo, nos ha hablado del dueño de casa que tiene que cuidar que no se metan ladrones en la casa  y nos arrebaten lo más preciado; el ladrón no sabemos cuándo nos puede asaltar, por eso la vigilancia que hemos de tener ha de ser bien responsable.

Nos pueden suceder imprevistos en la vida, cosas que no esperábamos y que de alguna manera se hicieron presentes en nuestra vida; poca quizás pueda ser la previsión que tengamos, pero sí en la vida hemos de tener una madurez para poder afrontar la vida en las diversas circunstancias que se nos pueda presentar; ojalá en la vida todo fuera fácil y todo circulara como sobre ruedas, pero aun así sabemos que las ruedas pueden tener tropiezos en el camino o podemos tener pinchazos que las dejen inutilizadas. De ahí, entonces, la responsabilidad con que hemos de ir cuidando esa formación y esa madurez que necesitamos para afrontar ese camino.

Tenemos la tentación y el peligro de ir simplemente dejándonos llevar por el día a día y decimos que cuando vengan los problemas ya buscaremos la solución, la forma de afrontarlos; pero tenemos que ir aprendiendo de la vida misma, es una gran maestra si sabemos leer, como se suele decir, entre líneas todo cuando nos sucede para saber sacar conclusiones, para con la experiencia de lo que vamos viviendo poder luego afrontar lo que más duro se nos pueda presentar.

Jesús repetidamente nos va hablando en el evangelio de esa responsabilidad de la vida, enseñándonos a abrir los ojos para descubrir las señales que Dios va poniendo en nuestro camino, pero enseñándonos también a desarrollar de forma responsable nuestros talentos, nuestras cualidades, nuestras capacidades; podemos recordar muchas parábolas del evangelio.

Quien nos pone el pan duro que tenemos que masticar en multitud de ocasiones de dificultades y de problemas, nos ha puesto dientes en nuestra boca para poderlo triturar. ¿Qué quiero decir con esto? Dios ha puesto en nosotros esas capacidades, esos valores, esas cualidades para esas funciones que tendríamos que desempeñar; lo que es necesario es que hayamos cultivado esos valores, que nos hayamos entrenado para poner a tope nuestras cualidades, que hayamos sido capaces de desarrollar todas esas posibilidades que tenemos en nosotros mismos.

Una carga grande de responsabilidad que tenemos que asumir en la vida, pero también una carga grande de humanidad porque necesariamente tenemos que ir al encuentro con los demás, o tenemos que saber caminar junto a los otros. Un camino hecho juntos siempre tendrá que ser un camino más agradable y más llevadero; claro que es necesario que aprendamos a caminar juntos porque aprendamos a aceptarnos mutuamente los unos a los otros, con lo que cada uno es o con lo que cada uno puede aportar a ese camino: si no lo hiciéramos así, entonces sí que el que camino se nos podría hacer más duro e insoportable porque solo estaríamos viendo las limitaciones o carencias que los demás puedan tener, y de ahí solo nos faltaría un paso para volvernos exigentes e intransigentes con los otros.  Ese no puede ser nuestro camino.

martes, 19 de octubre de 2021

El creyente verdadero tendría que saber descubrir la presencia del Señor que viene a nosotros y se hace presente en nuestra vida en muchos momentos y de tantas maneras

 


El creyente verdadero tendría que saber descubrir la presencia del Señor que viene a nosotros y se hace presente en nuestra vida en muchos momentos y de tantas maneras

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21; Sal 39; Lucas 12, 35-38

‘Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame’. Nos habla hoy Jesús de la vigilancia que hemos de tener en la vida; nos habla de esperanza.

Vigilante tiene que estar aquel a quien le han confiado la seguridad de un lugar, de un edificio, de unas personas, y tiene que estar atento a todo cuanto pueda suceder para que no haya ningún daño, para que nadie se sienta perjudicado, ni nadie pueda perder lo que tiene porque se lo arrebaten.

Estamos acostumbrados en el mundo en el que vivimos a ver esos guardias de seguridad que tanto cuidan de un edificio o de una obra en construcción, como hacen de escolta de personas a las que se considera importantes para que no sufran ningún daño, o cuidan de la seguridad de nuestras casas o nuestras calles. Responsabilidad del vigilante es estar atento a cuanto sucede, para ser capaz de prevenir el perjuicio que se pudiera ocasionar.

Muchas cosas podríamos decir de esa actitud necesaria de vigilancia y pensamos en la responsabilidad de unos padres que tienen que estar atentos al bien de los hijos y de la familia, o la responsabilidad de quien ha asumido una función pública que tiene que atender debidamente porque allí está puesto para trabajar por el bien de todos.

Pero vigilancia es la actitud necesaria que todos hemos de tener en la vida para saber responder con responsabilidad a la vida misma, pero también para cuidar todo lo que sea necesario para su crecimiento y desarrollo personal; no nos podemos descuidar en nuestra preparación de cara al futuro de nuestra propia vida, por lo que hemos de tomarnos la vida misma como una gran responsabilidad. Cuidamos el desarrollo de nuestras capacidades y de nuestras cualidades, cuidamos el cultivar los mejores valores que engrandezcan la vida misma y nos hagan alcanzar la tan ansiada madurez.

Pero en esa responsabilidad de la vida no pensamos ya solo en nosotros mismos sino que sabremos estar abiertos a ese mundo en el que vivimos y a esas personas con las que convivimos; de ahí surge la responsabilidad que tenemos que asumir también en relacion a nuestro mundo y hemos de cuidar que cada día sea mejor. Y eso es también vigilancia. Muchas consecuencias van surgiendo para nuestra vida.

Aquí tendríamos que comenzar a pensar en todo ese ámbito de nuestra vida espiritual, de nuestra vida de fe, de la vida cristiana del seguimiento de Jesús. Quizás algunas veces parece que actuamos con mayor seriedad desde esos necesarios parámetros de vigilancia y responsabilidad para nuestras tareas o responsabilidades que asumamos en la vida que todo lo que atañe a nuestra vida de fe y a nuestra vida cristiana. Nos decimos cristianos, nos decimos personas de fe pero esos aspectos de la vida los hemos relegado tanto a un segundo término que algunas veces actuamos como si no tuviéramos fe.

Necesitamos vigilancia y atención en nuestra vida espiritual, para no dejarnos impregnar por ese materialismo y sensualismo que nos circunda en la vida. Es una gran tentación en la carrera loca de la vida; nos falta esa vigilancia para cuidar nuestra vida espiritual, para cuidar nuestra vida de fe, para impregnarnos de esos valores que nos trasmite el evangelio. 

Nos habla Jesús en las imágenes que nos ofrece hoy en el evangelio de estar preparados para la llegada del Señor a nuestra vida; y ahí actuamos muchas veces ciegamente, hemos perdido esa sensibilidad espiritual y ya no sabemos sintonizar con lo sobrenatural, con el mundo de la gracia.

Es un toque de atención el que nos hace hoy Jesús en el evangelio.  El creyente verdadero tendría que saber descubrir esa presencia del Señor que viene a nuestra vida, que se hace presente en nuestra vida en muchos momentos y de tantas maneras. En la insensibilidad en que nos ha metido ese materialismo en que vivimos es que vivimos como si nada esperáramos de esa presencia de Dios en nuestra vida. Cuidado que nos digamos creyentes y cristianos y nuestra vida sea más bien la de un ateo que prescinde de Dios en su vida. ¿Por qué podemos llegar a eso? Por la falta de vigilancia y por la falta de una auténtica esperanza. Cuánto daño nos estamos haciendo en nuestro camino hacia la plenitud. Despertemos para Dios.

lunes, 18 de octubre de 2021

Ponernos en camino dispuestos a compartir y ser testigos, siempre hay una palabra que decir, un mensaje que transmitir, un testimonio que dar, un amor que contagiar

 


Ponernos en camino dispuestos a compartir y ser testigos, siempre hay una palabra que decir, un mensaje que transmitir, un testimonio que dar, un amor que contagiar

2Timoteo 4, 10-17b; Sal 144; Lucas 10,1-9

Ponerse en camino, es la situación del hombre, de la persona que vive, que quiere vivir. Cuántas veces decimos cuando nos vemos obligados a quedarnos en casa, a quedarnos en el mismo sitio sin movernos que esto no es vida. Algo así nos sentíamos cuando tuvimos estar con un confinamiento obligatorio por cierto tiempo en la pasada pandemia que nos ha afectado. Necesitamos movernos, estar en camino. Es señal del vivir.

Aunque cuando estamos haciendo referencia a esto de ponernos en camino no es solamente el movimiento físico del trasladarnos de un lugar a otro, sino que es toda esa actividad que mantenemos como persona, que nos comunicamos, que entramos en relación, que transmitimos algo de nuestro yo a los demás. Medios tenemos para poder realizarlo, para poder estar en camino, para darle un sentido y una intensidad a nuestro vivir. No nos quedamos encerrados en un círculo, sino que queremos salir, abrirnos a los demás, entrar en comunicación y en comunión con los otros. Es la riqueza de la vida misma, porque al darnos nos enriquecemos por dentro, pero es que también estamos abiertos a cuanto podamos recibir de los demás.

En camino están los padres que no solo han engendrado a unos hijos, sino que por ellos se dan, para ellos buscan lo mejor, a ellos les están transmitiendo lo más hondo de sus vidas, para que a su vez ellos crezcan y también se pongan en camino en ese darse por los demás. Y es la tarea que realizan los profesores y educadores, es la tarea que realizamos en cualquiera que sea nuestra profesión si en verdad queremos darle intensidad a la vida.

Cuando uno se siente enriquecido así no se encierra de forma egoísta en sí mismo – aunque nos podamos encontrar a muchos que entiendan la vida de ese modo – sino que de ese riqueza que recibe, de la que se llena se desborda para darse a los demás, para hacer llegar esa riqueza de la vida a los otros.

Cuánto no podemos decir en este sentido de la vida de fe. Ese don que recibimos del Señor cuando descubrimos su amor y como se refleja en nuestra vida y como nos inundamos con ese amor se tiene que convertir en ese bien que en sí mismo se difunde, se transmite, se lleva a los demás. Es lo que Jesús les quiere hacer comprender a los discípulos que tanto tiempo llevan con El inundándose de los valores y del amor que Jesús les transmite, que ahora tienen que ponerse en camino, tienen que llevar ese don a los demás, tienen que transmitir esa buena nueva que ellos han encontrado en Jesús y que tendrá que ser buena noticia para todos. Es el envío que hoy vemos que Jesús hace de sus discípulos.

Un mensaje y una buena noticia que no siempre será fácil transmitir, porque no todos están dispuestos a escucharla. Ya les previene Jesús aunque les hace ir con humildad y no queriéndose apoyar en medios humanos sino conscientes de que su fuerza está en el Señor. Es nuestra tarea, la tarea que tenemos ante nuestro mundo, una buena noticia que transmitir, algo que llevamos en nosotros y que tenemos que contagiar.

Tenemos que ponernos en camino, tenemos que ir al encuentro con los demás con esa buena nueva del Evangelio, de que Dios nos ama; tenemos que quitar nuestros miedos y dejar a un lado nuestras cobardías para ponernos en camino, con la confianza puesta en el Señor. Cuántas semillas podemos sembrar ahí en medio de los nuestros, nuestra familia, nuestros amigos, los vecinos con los que convivimos, en nuestro lugar de trabajo, donde estamos haciendo nuestra vida.

Tenemos que estar siempre en camino, dispuestos a compartir, dispuestos a dar testimonio, dispuestos a ser testigos. Siempre hay una palabra que decir, un mensaje que transmitir, un testimonio que dar, un amor que contagiar. Es que ahí donde vamos a manifestar toda la vitalidad de nuestra fe.


domingo, 17 de octubre de 2021

Nuestra ambición mejor y nuestro sueño más bonito hacer un mundo mejor, el Reino de Dios, poniendo lo mejor de nosotros mismos para lograr esa felicidad para todos

 


Nuestra ambición mejor y nuestro sueño más bonito hacer un mundo mejor, el Reino de Dios, poniendo lo mejor de nosotros mismos para lograr esa felicidad para todos

Isaías 53, 10-11; Sal. 32; Hebreos 4, 14-16; Marcos 10, 35-45

Todos tenemos aspiraciones y sueños en la vida. Dicen que soñar es gratis. ¿Quién no quiere más o quiere algo distinto? Dentro de nuestro camino de crecimiento como personas está también el tener aspiraciones, no contentarnos con lo que somos, buscar algo mejor, llegar más allá. Si no hubiera habido hombres soñadores el mundo y la vida se hubiera paralizado. Como decíamos, es parte de nuestro crecimiento como personas, como sociedad.

Lo que sí tenemos que pensar es en qué soñamos o cuales son nuestras aspiraciones. Y ahí es donde puede estar nuestra piedra de tropiezo. Pensar que el mundo es solo para nosotros; en mi sueño o en mi aspiración querer estar por encima de los demás, tener más poder para que sea yo solo el que crezca, ser más grande u ocupar un determinado lugar para en esa búsqueda de mi grandeza personal yo poder manipular para que todo sea en mi propio beneficio. Estaríamos perdiendo algunos aspectos buenos de esos sueños cuando nos encerramos en nuestro círculo egoísta y lleno de soberbia.

Y aquí está la diferencia que nos marca Jesús. Dos soñadores se acercaron a Jesús, soñaban con ser los primeros, acaparar para ellos todo el poder que podía derivarse de ese reino que Jesús estaba anunciando. ‘Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir’. Así, poco menos que con exigencia. Tienes que hacerlo, puedes hacerlo, mira quiénes somos nosotros, hemos estado contigo siempre y además somos de una misma familia. Cuantos parecidos a cosas, actitudes y posturas semejantes que se siguen sucediendo hoy.

‘Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda’. Ahí está, los primeros puestos. No iban a quedarse en menos, con los méritos que ellos se creían que tenían. ‘No sabéis lo que pedís’, les dice Jesús. Ellos creían saberlo, tenían claras sus aspiraciones y estaban dispuestos a todo lo que fuera necesario para conseguirlo. Qué ciegos nos ponemos a veces. Dispuestos a beber el cáliz o pasar por el mismo bautismo de Jesús. No sabían lo que pedían. Aunque estaban dispuestos a todo no terminaban de comprender de qué cáliz hablaba Jesús o de qué bautismo. Estaban dispuestos, pero cuando llegara la hora de la pasión todos se desperdigaron, se perdieron, se encerraron, el miedo pudo con ellos.

Porque no eran solo aquellos dos los que estaban llenos de sueños y de aspiraciones. El resto cuando vio la petición de los hermanos Zebedeos por allá se pusieron también a criticar, a hacer sus consideraciones, a hacer aparecer la envidia que corroía también sus corazones y les hacía entrar también en esa lucha por los primeros puestos, que no se acabaría aquí a pesar de todas las cosas que Jesús a continuación les dirá. Seguirá siendo una discusión mientras iban de camino.

Y Jesús les habla, nos habla claro. Nuestras aspiraciones y sueños no pueden ir por esos caminos a los que nos hemos acostumbrado viendo lo que sucede a nuestro alrededor. Se quiere ser grande para tener poder, para buscar grandezas personales, para tener lugares no solo de prestigio sino donde todo lo tengan a su favor, que todo se convierta en un beneficio personal; y el poderoso dirige las cosas a su conveniencia pensando que todo es para él, y manipula no solo para hacer que las cosas sean en su beneficio sino peor de todo para manejar las personas y su voluntad, lo centra todo en sí mismo subiéndose a los más altos pedestales desde donde mejor pueda manipular, una carrera incesante e imparable que los hace cada vez más poderosos.

Y Jesús les dice que ese no puede ser su estilo y su manera de ser y de actuar. El camino tiene que ir por otros derroteros donde aprendamos a mirar con ojos nuevos a las personas que están a nuestro lado y a las que tenemos que ayudar a crecer, a ser ellas mismas; y para eso tenemos que aprender a despojarnos de esas ambiciones egoístas y entrar en el camino de lo sencillo, de lo pequeño, del abajarnos para ponernos a la altura del otro que es la mejor manera de levantarlo, del servicio para poner a disposición del otro todo lo que somos e incluso todo lo que tenemos aunque tanto nos cueste despojarnos de esas cosas.

Pero no son bonitas palabras las que Jesús les dice o buenos razonamientos. Es que El va delante. Ya les ha anunciado lo que significa la subida a Jerusalén, donde el Hijo del Hombre, aquel que es aclamado por las gentes sencillas, va a ser entregado, o mejor, es el mismo el que se entrega porque el Hijo del Hombre no ha venido para ser servido sino para servir. Se nos pone como ejemplo, se nos pone como camino, traza las huellas que nosotros hemos de seguir.

Que nuestra ambición mejor, que nuestro sueño más bonito sea hacer un mundo mejor, el Reino de Dios que Jesús nos anuncia, porque pongamos lo mejor de nosotros para lograr esa felicidad para todos. Es el camino de hacernos los últimos, porque somos capaces de desprendernos de todo, de despojarnos de esas cosas que pudieran parecer grandezas en nuestra vida; es el camino del servicio porque es el camino del amor verdadero. Un amor semejante al que nos tiene Jesús que por nosotros se entrega. 


sábado, 16 de octubre de 2021

Fiémonos de la fuerza del Espíritu Santo que habita en nuestro corazón y manifestemos con valentía toda la energía de nuestra fe y de los valores del Evangelio

 


Fiémonos de la fuerza del Espíritu Santo que habita en nuestro corazón y manifestemos con valentía toda la energía de nuestra fe y de los valores del Evangelio

 Romanos 4,13. 16-18; Sal 104; Lucas 12, 8-12

Hoy en la vida podemos tener la tendencia a ir siempre, como decíamos quizás en otra época, echados para adelante, ir de fachas, de que todo nos lo sabemos, que nunca nos queremos quedar atrás, que siempre tenemos que prevalecer, nuestras opiniones son las que valen y no nos callamos ante nada. No es que todos seamos así, pero sí nos encontramos muchos que quieren ir como figurines siempre delante y no se callan por nada. Parece que tenemos que ir así dando muestras de triunfo, de que todo nos lo sabemos y de lo contrario nos quedaríamos como encerrados. Es una tentación que todos podemos tener.

Pero en verdad ¿seremos valientes en todas las cosas? Quizás en esas apariencias del mundo así queremos mostrarnos, en aquellas cosas que puedan hacernos florecer y aparentar nos ponemos delante en ese afán de triunfo en que se vive la vida. Pero quizá cuando tenemos que dar la cara por los demás, cuando tengamos que defender unos valores y principios de vida, cuando tengamos que manifestar lo más profundo de nosotros mismos, ahí ya no nos mostramos con las mismas valentías.

Y no digamos nada cuando entramos en el ámbito de lo religioso o de los valores cristianos en que tenemos una tendencia en la sociedad de que eso es algo privado, es cosa de cada uno en particular y no tiene por qué manifestarse o expresarse públicamente.

Significa quizá que no hayamos terminado de comprender lo que son en verdad los valores espirituales de la persona o lo que la fe tiene que significar en la vida. Ni es un adorno que nos pongamos como un broche en algunas ocasiones, ni puede ser nunca algo que ocultemos o relegamos al último rincón como quien guarda en el baúl de los recuerdos o de los trastos viejos los recuerdos que nos trasmitieron nuestros mayores y no dejemos entonces que esa fe y esos valores impregnen el sentido de mi vida. No habremos terminado de entender lo que significa ser cristiano, ser un seguidor de Jesús.

Hoy Jesús nos está diciendo que es necesario que demos la cara por El. Un cristiano no puede ser una persona que se oculte; un cristiano tiene que dar razón de su fe y de su esperanza pero no solo con palabras sino con el testimonio de una vida. No es algo que se pueda quedar en el ámbito de lo privado, de lo que llevamos oculto en el corazón. No podemos ser los cristianos unas personas que vayamos temerosas y como avergonzadas por la vida por la fe que tenemos.

No es fácil, porque nos sentimos apabullados; no es fácil porque algunas veces por aquello de la humildad que tanto se nos ha inculcado no queremos dar la impresión de orgullo por nuestra fe; si de algo tenemos que sentirnos orgullosos es de nuestra fe, porque es lo que nos da la alegría más honda a nuestra vida, porque nos llena de sentido y de trascendencia en todo aquello que hacemos. Damos la cara porque los cristianos tenemos que ser las personas más comprometidas con nuestro mundo para hacerlo mejor.

Nuestros valores y principios son fundamentales para la construcción de ese mundo. No es desde la fantochada y de la vanidad, sino desde un amor serio y comprometido donde vamos a transformar nuestro mundo. Y la fe nos da sentido a ello, y la fe nos da fuerza para lograrlo.

Y como nos dice hoy Jesús en el evangelio no nos tiene que dar miedo porque nos quedemos sin fuerzas; tenemos con nosotros la fuerza del Espíritu del Señor que pondrá energía en nuestro corazón, sabiduría en nuestras palabras, convencimiento en nuestras posturas, fortaleza para enfrentarnos a todo lo que pueda ser dificultad.

‘Cuando os conduzcan a las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis de cómo o con qué razones os defenderéis o de lo que vais a decir, porque el Espíritu Santo os enseñará en aquel momento lo que tenéis que decir’. Fiémonos de la fuerza del Espíritu Santo que habita en nuestros corazón y manifestemos con valentía toda la energía de nuestra fe y de los valores del Evangelio.

 

viernes, 15 de octubre de 2021

No nos sentimos solos porque en esas encrucijadas duras de la vida Jesús pone alguna señal que nos recuerda que en El encontramos siempre nuestro descanso y la paz

 


No nos sentimos solos porque en esas encrucijadas duras de la vida Jesús pone alguna señal que nos recuerda que en El encontramos siempre nuestro descanso y la paz

Eclesiástico 15, 1-6; Sal 88; Mateo 11, 25-30

Algunas veces la vida nos mete presión. Y podemos sentirnos ahogados. Son los problemas que nos van apareciendo en la vida del día a día, o son las responsabilidades que algunas veces nos acumulan trabajos y preocupaciones, será la convivencia con los demás que en ocasiones se nos hace difícil o pueden ser acontecimientos, sucesos que nos sorprenden y que de alguna manera nos descolocan y al final parece que no sabemos por donde salir, pueden ser las enfermedades y limitaciones que personalmente suframos pero pueden ser también las exigencias de la atención que tenemos que prestar a personas cerca de nosotros que se ven envueltos en situaciones difíciles.

Y en esa presión perdemos serenidad, perdemos muchas veces la paz, nos sentimos desorientados, no sabemos a donde mirar y nuestras reacciones pueden ser difíciles, nos culpabilizamos por lo que nos está sucediendo porque no le encontramos sentido o nos volvemos contra cualquiera que nos encontremos en la vida con violencia y queriendo cargar la culpa de todo a los demás. Nuestras reacciones son fuertes y pueden desatarse muchas pasiones en nuestro interior que nos llenarían de más intranquilidad.

Qué difícil se nos hace mantener la paz, la serenidad de espíritu, el discernimiento de cuanto nos sucede para saber encontrar un camino o una salida o para saber sentir que podemos encontrar una fuerza que nos mantenga en esa lucha. Pero nos cuesta. Podemos pensar en muchas situaciones, podemos pensar en tanto sufrimiento que vemos a nuestro alrededor en muchas situaciones verdaderamente duras y difíciles.

Es como una espiral que nos envuelve, porque son tantos los que se ven en situaciones semejantes y podemos crear un clima que se nos hace irrespirable. ¿Es que no podremos encontrar salida? ¿Es que no podremos conseguir un momento de paz? ¿No habrá donde podamos acudir para encontrar esa paz que necesitamos y esa fuerza interior que nos mantenga en pie en esa lucha?

El creyente sabe que no se encuentra solo. Aunque muchas veces nuestra fe se tambalee y cuando nos encontramos en esas situaciones no sabemos encontrar esa luz, nos parece que será insuficiente la luz de la fe. Pero creo que tenemos que aprender a escuchar a Jesús. Es lo que hoy nos está ofreciendo. Que sepamos emprender el camino hacia El, un camino que hemos de hacer en humildad y sencillez porque si llenamos nuestro espíritu de orgullos y resentimientos por lo que nos pasa, va a ser difícil que podamos sintonizar con El, que podamos escuchar la hermosa melodía con que nos llama y nos atrae desde su corazón.

‘Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera’.

Hermosas palabras que escuchamos a Jesús. Hermosas palabras que necesitábamos escuchar. Hermosas palabras que tenemos que dejar que se hundan en nuestro corazón. El es nuestro descanso; en El encontraremos esa paz que tanto necesitamos en nuestro corazón.

Pueden ser muchos los agobios y las ansiedades que nos atormenten, El es la verdadera medicina para nuestra vida. Aprendamos de El, de su humildad, de su mansedumbre, de su amor. Sintamos su cercanía, que El nunca nos abandona. Sintamos que sí podemos encontrar la paz aunque nos veamos zarandeados por la vida y sus problemas. Aunque haya momentos que en nuestra angustia nos parece que estamos solos, El siempre está con nosotros; aunque nos parezca que los caminos se cierran, El abrirá siempre una senda nueva para nosotros. Teniendo esa esperanza comenzaremos a tener paz en el corazón; sintiendo esa cercanía nos sentiremos inundados de su amor.

Pensemos en las señales de su presencia que El va poniendo a lo largo del camino de nuestra vida. Si miramos con atención nos daremos cuenta de muchos momentos en que sin saber por qué nos sentimos reconfortados en esos momentos duros y algo sentimos que nos hizo darnos cuenta de una luz que nos estaba iluminando. Pudo llegar a nosotros de diferentes maneras, con diferentes señales, en personas que estaban a nuestro lado, en una palabra que escuchamos y levantó nuestro ánimo, en algo que de repente cambio e hizo despertar en nosotros la alegría porque vimos que había esperanza.

Cuando hayamos experimentado esa paz de su presencia en esas situaciones difíciles y dolorosas por las que pasamos en la vida, nos daremos cuenta que nosotros podemos ser, nosotros tenemos que ser signos de esa presencia de amor de Dios para los que están a nuestro lado. Como se hizo presente el Señor en nuestra vida a través de diferentes señales, nosotros podemos ser signos para los demás.

 

jueves, 14 de octubre de 2021

No nos dejemos influenciar por aquello de lo políticamente correcto sino que con coraje y valentía anunciemos los valores del Reino sin bloquear ningún aspecto

 


No nos dejemos influenciar por aquello de lo políticamente correcto sino que con coraje y valentía anunciemos los valores del Reino sin bloquear ningún aspecto

Romanos 3,21-30a; Sal 129; Lucas 11,47-54

‘Yo de ese tema nos quiero hablar’, escuchamos que nos dice el amigo bloqueando algún tema de conversación que habíamos planteado. Algo quizá muy delicado y que hay que tratar con mucho tiento, algo quizá controvertido que pudiera motivar enfrentamientos y discordias que queremos evitar, algo en lo que no tenemos el más mínimo interés y a lo que no queremos dedicar tiempo y esfuerzo, algo que nos obligaría a tener que decantarnos por algún aspecto concreto y quizá no queremos comprometernos, algo que nos dejaría al descubierto porque quizás nunca nos habíamos manifestado públicamente pero que nos puede descubrir muchas contradicciones de la vida… muchas razones o motivaciones pueden ocultarse en ese evitar entrar en conversación sobre algo muy concreto.

Pero esto de lo que hemos partido y que puede ser simplemente una conversación que en confianza tengamos con alguien sobre determinados asuntos pudiera tener una gravedad especial cuando se trata de alguien cuya misión sea ya enseñar sea ayudar a alguien con sus consejos y orientaciones para la vida. Hay asuntos que hoy en la sociedad resultan polémicos y algunas veces no queremos entrar en ellos; hay una frase que se repite un poco como para definir determinadas acciones que es aquello de hacer o de decir lo que sea políticamente correcto; y es que no queremos opinar o ir a contracorriente de lo que opina la mayoría de la gente.

Tenemos en la sociedad muchos factores de influencia en la opinión de la gente y se ha ideologizado demasiado muchas posturas o muchas formas de hacer. Hay como un dominio imperante desde ciertos sectores que de alguna manera quieren manipularlo todo para que todos opinen como ellos porque se consideran a si mismos con la verdad absoluta y quien no opine como ellos ya sabemos la serie de epítetos con los que van a ser etiquetados.

Y claro muchas veces la gente actúa con cierto miedo, y es donde sale aquello de lo políticamente correcto. Se dice lo que conviene, lo que les gusta oír a la mayoría dominante porque cualquiera va en contra. Es algo que nos está sucediendo en nuestra sociedad y no sabemos cómo romper esa espiral de tendencias. Es entonces cuando sale aquello de lo que veníamos hablando al principio, ‘yo de ese tema no quiero hablar’.

Y nosotros, los cristianos, ¿qué hacemos? ¿También nos dejamos arrastrar por esa cantinela de lo políticamente correcto? Porque en muchos sectores de nuestro entorno, de nuestra sociedad, de los medios de comunicación, hablar de la Iglesia, hablar de la fe, hablar de Dios no es políticamente correcto. Si se sacan esos temas es para criticar y para destruir, para echar basura encima y para desprestigiar. Y nos entran ciertos miedos. Pero ¿Dónde está el coraje y valentía de nuestra fe? ¿Dónde está el testimonio que tenemos que dar aunque vayamos a contracorriente?

A Jesús le vemos en el evangelio ‘nadando’ – digámoslo así – a contracorriente de lo que ciertos dirigentes de la sociedad y del pueblo judío querían hacer. Hoy le vemos una vez más enfrentarse a los fariseos, a los maestros de la ley echándole en cara lo que hacen y la manipulación que pretenden del pueblo para ellos mantener su estatus. ‘¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que os habéis apoderado de la llave de la ciencia: vosotros no habéis entrado y a los que intentaban entrar se lo habéis impedido!’ No enseñaban lo que en verdad era la ley del Señor sino aquello a ellos les interesaba. Ni entraban ni dejaban entrar, les viene a decir Jesús.

Pero Jesús habla claro, denuncia el mal allí donde está, y señala el camino nuevo del Reino de Dios aunque sea incomprendido y sus palabras sean rechazadas. Los profetas tampoco eran escuchados en su tiempo, aunque luego les levantasen mausoleos, como les echa en cara Jesús. Pero sería lo que con El también harían, fue su camino hasta la cruz.

Y es el camino del cristiano que se mantiene en su fidelidad. ¿Nos llenaremos también nosotros de miedos? ¿Tendremos miedo a lo que nos puedan decir porque defendemos el camino del Reino de Dios? en nuestros miedos o en nuestros respetos humanos ¿nos sentiremos bloqueados algunas veces o nosotros bloquearemos algunos temas?

 

miércoles, 13 de octubre de 2021

Camino de superación y de esfuerzo para vivir con autenticidad nuestra vida poniendo rectitud en el corazón

 


Camino de superación y de esfuerzo para vivir con autenticidad nuestra vida poniendo rectitud en el corazón

 Romanos 2,1-11; Sal 61; Lucas 11,42-46

Ojalá fuéramos con nosotros mismos al menos la mitad de lo exigentes que somos con los demás. A nosotros mismos nos lo perdonamos todo, o al menos siempre queremos encontrar siempre una disculpa que nos justifique de lo que hacemos, pero qué duros nos volvemos en el juicio que hacemos de los demás; no dejamos pasar ni la media.

Me vais a decir que me estoy pasando en mis apreciaciones, pero si no, miremos lo que son nuestras críticas y murmuraciones habituales que hacemos de los demás; siempre estamos con el juicio pronto y la condena, pero cómo nos duele que nos critiquen los demás, que alguien se atreva a decir algo de nosotros, porque además siempre nos creemos que lo hacemos todo bien, y si en un momento determinado nos cogen en algo que no  hicimos de una forma tan correcta, siempre tenemos a punto nuestras disculpas y nuestras justificaciones.

Cuando hoy escuchamos en el evangelio la condena que Jesús hace de los fariseos y de los maestros de la ley porque actúan con doble cara o doble moral, nos parece que eso a nosotros casi no nos toca; pero tenemos que tener la humildad suficiente para darnos cuenta cómo nosotros andamos también con esa doble moral tantas veces en nuestra vida, cómo queremos aparentar unas cosas que realmente en lo más hondo de nosotros mismos no hacemos, cómo hay esa doble cara – y eso se llama hipocresía -, por una parte la apariencia que queremos dar, y realmente lo que en nuestro corazón ocultamos quizás con tantas malicias y tantos malos deseos. Una es la regla que queremos imponer a los demás y otras son las cosas que nos permitimos allá en lo secreto de nuestro corazón olvidándonos también tantas veces de lo que es la verdadera ley del Señor.

Vivir una vida de rectitud, manteniendo nuestra fidelidad es algo que muchas veces nos cuesta porque nos sentimos tentados por muchos lados; no es fácil, nos cuesta; esa corrupción que tanto está afectando a nuestra sociedad en tantos aspectos es algo que sutilmente nos tienta también; muchas veces podemos olvidar esos principios de rectitud, de una auténtica ética y moralidad que tendrían que ser los que tendrían que primar en nuestra vida y nos dejamos conquistar por ese irse deslizando por aquello de que todos los hacen, que al final podemos terminar haciéndolo nosotros también.

Es aquí donde tenemos que pensar el testimonio claro y valiente que tenemos que dar frente al mundo que nos rodea los que nos decimos que creemos en Jesús y le seguimos. Siempre hemos de estar en camino de superación y de crecimiento, de vigilancia interior y de revisión contínua de nuestras actitudes y de nuestros comportamientos; como decíamos antes, tenemos el peligro de contagiarnos fácilmente del ambiente corrupto que nos rodea. Siempre hemos de vivir una vida en ascensión, aunque nos cueste, aunque la pendiente de la vida nos lo ponga difícil, una vida de crecimiento.

Es la victoria de cada día para superar nuestro yo egoísta, para no dejarnos envolver por la vanidad, para ser auténticos en lo que hacemos y vivimos, para que haya una verdadera sinceridad en nuestra vida, para que nos sintamos fuertes frente a los vendavales que nos puedan azotar para distraernos y alejarnos del verdadero camino. No lo damos ya por hecho y conseguido, sino que sabemos que a cada instante tenemos que superarnos de nuevo porque nuevo puede ser el obstáculo que podamos encontrar.

Tenemos una cosa cierta, que nunca nos faltará el Espíritu del Señor que nos llena de fortaleza y nos hace sentir la verdadera alegría cristiana en nuestro corazón cuando logramos superar todas esas tentaciones.

martes, 12 de octubre de 2021

María del Pilar, señal de referencia siempre de la presencia de Dios con nosotros y poste miliario que nos garantiza el camino del seguimiento del evangelio de Jesús

 


María del Pilar, señal de referencia siempre de la presencia de Dios con nosotros y poste miliario que nos garantiza el camino del seguimiento del evangelio de Jesús

1Crónicas 15, 3-4. 15-16; 16, 1-2; Sal 26; Lucas 11, 27-28

No es ajeno cuanto sucede en nuestro entorno a nuestras preocupaciones y a lo que es nuestra vida de cada día y en estos días no podemos quitar de nuestro pensamiento el sufrimiento de cuantos están sufriendo las consecuencias del volcán que asola una de nuestras islas. Surge necesariamente nuestro sentimiento de solidaridad y tratamos de ponernos en su carne cuando con la violencia del volcán se están viendo despojados de todo, sus casas con todas sus pertenencias, sus terrenos de cultivo, su vida misma.

Todos tenemos una referencia importante es nuestra vida, que no se mira solo como una riqueza, sino que es parte de su vida misma; es su casa, es su hogar, es allí donde hacen su vida, es donde tienen tantos recuerdos porque quizá perteneció a sus padres y es algo así como su referencia familia con todo lo que en ese lugar se ha vivido, ha vivido la familia. Es un punto de referencia importante para la vida de la persona. Pensamos en los sentimientos dolorosos que afloran en lo más profundo de esas personas que así lo han perdido todo.

Sin dejar de tener en cuenta esos sentimientos de solidaridad que tienen que despertarse en nuestro corazón, hoy en esta fiesta de la virgen he querido también tomar esa referencia. De ello de alguna manera nos quieren hablar los textos de la Escritura que se nos ofrecen, sobre todo la primera lectura tomada del libro de las Crónicas del Antiguo Testamento.

Se nos habla ahí del traslado con gran regocijo de todos del Arca de la Alianza que les había acompañado como un signo de la presencia de Dios en todo su peregrinar por el desierto. Aunque todavía en el texto se habla de una cierta provisionalidad, los deseos son poder levantar un templo para el Señor que contenga ese Arca de la Alianza con todo su significado. Ese templo del Señor, esa morada de Dios entre nosotros los hombres que tanta importancia va a tener a lo largo de toda la historia de la salvación, del pueblo judío. Un lugar que sirva de referencia para ese encuentro con Dios, un lugar donde todos puedan confluir y donde todos se sientan a gusto como en una casa familiar porque es la casa de Dios.

Pero este texto se nos ofrece hoy en la liturgia también en una clara referencia a María, cuando la estamos celebrando en esta advocación de Nuestra Señora del Pilar. María es también ese templo de Dios, esa morada de Dios en medio de nosotros los hombres. Cuando Dios quiere encarnarse haciéndose hombre lo hace en el seno de María, y María que se convierte así en la Madre de Dios es para nosotros ese templo de Dios donde quiere morar, donde quiere encarnarse para hacerse hombre.

‘Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron’, proclama aquella mujer anónima cuando escucha a Jesús. Ese vientre de María, verdadero sagrario de Dios; en su vientre durante nueve meses se gestó aquella criatura que no era simplemente un hombre que iba a hacer, sino que allí estaba verdaderamente Dios en esa unión de la naturaleza divina con la naturaleza humana en la persona de Jesús.

Por eso, por ejemplo, siempre decimos que aquel camino que María hizo hasta la montaña de Judea en la visita a su prima Isabel fue como la primera procesión del Cuerpo de Cristo, porque allí llevaba en su seno María a Dios mismo. ¿No se revolvió de gozo el hijo de Isabel en su seno materno con la presencia de María? ¿No será un signo de cómo aquel niño profeta, como solo saben hacerlo los profetas, los hombres de Dios, sintió la presencia de Dios en el seno de María?

Esa referencia en nuestro hogar que tenemos de nuestra vida misma, como antes reflexionábamos, la estamos teniendo en María, la madre de Dios. Por eso María, la Virgen Madre de Dios, siempre nos conducirá a Dios, nos hará presente a Dios en medio de nosotros. Es el templo, es el sagrario, es la morada de Dios que nos trae a Dios, siempre será referencia para nosotros de la presencia de Dios.

Hoy la contemplamos y celebramos sobre la columna del Pilar, hermoso significado también para nosotros. La columna que nos sirve de apoyo y fortaleza y que nos ayuda a edificar con cimiento firme nuestra vida de fe. Cuando nos apoyamos en María, como un hijo sabe apoyarse en su madre nunca nos sentiremos defraudados, nunca se debilitará nuestra fe.


María como señal que encontramos a lo largo del camino para que no perdamos el rumbo; en la antigüedad en las grandes vías del imperio había de tramo en tramo unos postes, unas columnas – el miliario o poste miliar - que iban indicando la ruta a donde nos llevaba y de donde provenía para no perder el rumbo, que hoy lo tenemos en nuestros caminos y carreteras en esos carteles y en esas señales que nos indican el camino o carretera por donde circulamos. Pensemos en María como esa columna miliar que nos da la seguridad del camino de Jesús del camino del evangelio.

lunes, 11 de octubre de 2021

La vida de cada día, la historia pasada o la historia que estamos haciendo en los acontecimientos que vivimos son una lección y pueden ser una llamada del Señor

 


La vida de cada día, la historia pasada o la historia que estamos haciendo en los acontecimientos que vivimos son una lección y pueden ser una llamada del Señor

Romanos 1,1-7; Sal 97;  Lucas 11,29-32

Los golpes de la vida nos enseñan, decimos algunas veces en el sentido de que lo que nos va sucediendo en la vida tendría que ser para nosotros una lección de la que aprendiéramos. Ojalá tuviéramos la sabiduría de saber leer los acontecimientos de cuanto nos sucede para de ahí tomar lecciones para nuestra vida.

Pero tendríamos que decir que no solo es lo que a nosotros nos suceda sino que hemos de tener esa mirada sabia a la historia. No son solo acontecimientos que guardamos en la memoria sino que podrían ser lecciones para nuestra vida. en fin de cuentas esos acontecimientos de la historia fueron consecuencia de decisiones que tomaron unos hombres o unos pueblos, que con aciertos o con errores desencadenaron esos sucesos; no es que nosotros vayamos a juzgar con criterios de hoy lo sucedido en otros tiempos, porque no estábamos allí o los criterios que tenían no son los mismos que los nuestros y porque en fin de cuenta son también consecuencias de una cultura, pero sí podemos aprender de ellos para que muchas cosas no se repitan en lo malo o aprendamos para lo bueno.

En lo que leemos hoy en el evangelio Jesús les recuerda algunos momentos de la historia de su mismo pueblo. Jesús de alguna manera se queja de la dureza de corazón de aquellos que lo oían pero realmente no lo escuchaban, contemplaban sus signos en los milagros que realizaba pero se hacían sus interpretaciones, y no sabían descubrir la sabiduría que Jesús les estaba transmitiendo cuando les anunciaba el Reino de Dios y cómo habían de vivirlo. Y ahora le piden signos y señales pero no han sabido descubrir la sabiduría de Dios.

Jesús les recuerda a Jonás y la ciudad de Nínive, como también a la Reina del Sur que vino a escuchar a Salomón. La predicación de Jonás, aunque en principio se había resistido a aceptar la misión que Dios le confiaba produjo su fruto, porque los ninivitas lo escucharon y se convirtieron al Señor. De la reina de Saba les recuerda que había venido desde lejanas tierras porque quería empaparse de la sabiduría de Salomón, cuya fama se había extendido por todas partes. Y allí ahora había alguien mayor que Salomón, con sabiduría divina porque era la misma Palabra de Dios encarnada y sin embargo no querían escucharle. Por eso les dice Jesús que los ninivitas con Jonás y su predicación y la reina del Sur se convertirán para ellos en un signo en su contra.

Esto nos tiene que hacer pensar en nosotros, en nuestra vida, en la respuesta que damos a la Palabra de Dios; esto tendría que hacernos pensar también en las señales que Dios va poniendo en el camino de nuestra vida que pueden ser para nosotros en llamadas de Dios a nuestro corazón. Algunas veces pensamos que aquellos acontecimientos más duros y negativos que nos puedan suceder o que puedan suceder en nuestro entorno pueden ser esos avisos que Dios nos da; ojalá supiéramos leerlos. Pero es que también en las cosas positivas que nos suceden, en lo bueno que podamos ver en los demás también tenemos que encontrar ese estímulo para nuestra vida, esa llamada que nos despierte para que nosotros actuemos también así.

Quiero pensar también en los momentos duros que estamos viviendo en nuestra tierra con el volcán que está arrasando la isla de La Palma, pero quiero resaltar la hermosa ola de solidaridad que se ha despertado en la gente de todos los lugares; no solo es la acogida que mutuamente se están realizando aquellos pueblos a favor de los que se han quedado sin nada o los que por precaución han tenido que abandonar sus casas, sino la respuesta de tanta gente de todos los lugares que están ofreciendo su ayuda con generosidad y desprendimiento.

Son lecciones que a todos nos tienen que despertar. Es ese leer la historia y también lo que en este mismo momento nos está sucediendo con una visión positiva y de esperanza, para no decaer en la lucha, para mantenerse firmes a pesar de lo doloroso de la tragedia. Quizás nosotros vivamos alejados de esas situaciones, aunque en nuestra solidaridad no los podemos olvidar, pero también esa lucha, ese esfuerzo, esa solidaridad que vemos en los demás tenemos que sentirlo como una llamada fuerte en nuestro corazón. Son las lecciones de la vida, de la historia, no solo de lo pasado, sino de la historia que ahora mismo estamos viviendo.

domingo, 10 de octubre de 2021

Sepamos valorar lo que somos para discernir la verdadera sabiduría arriesgándonos por el camino de vida que nos ofrece Jesús que nos lleva a la plenitud

 


Sepamos valorar lo que somos para discernir la verdadera sabiduría arriesgándonos por el camino de vida que nos ofrece Jesús que nos lleva a la plenitud

Sabiduría 7, 7-11; Sal. 89; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30

Saber valorar lo que somos o lo que tenemos es una gran sabiduría. No es cuestión solamente de cuantificar lo que tenemos como quien está contando una y otra vez las riquezas materiales que tiene, sino que es sobre todo ver lo que somos pero no por las cosas materiales que poseamos sino por el espíritu con el que vivimos sabiendo valorar lo que verdaderamente tiene importancia en la vida. 

La sabiduría, como la verdadera riqueza no está en las cosas que poseemos sino en ese yo profundo que saber encontrar un sentido y un camino para ser en plenitud y para darle el valor que en verdad tiene todo aquello que poseemos. No se mide la grandeza del hombre por los codos o centímetros que mida en altura, ni se mide su sabiduría por el peso de sus bolsillos. Serán otras las medidas y será otra cosa lo que se ha de pesar porque será lo que se lleva en el corazón lo verdaderamente importante.

Se postró ante Jesús alguien que es cierto llevaba una inquietud en su corazón aunque no sabía qué respuesta darle o cómo resolver los planteamientos que se hacía dentro de sí. ¿Cómo conseguir la vida eterna? fue la pregunta que de alguna manera le estaba haciendo a Jesús. Cuando hablamos de conseguir algunas veces hablamos de comprar o también podemos pensar qué tenemos que hacer o qué tenemos que gastar para conseguir eso que ansiamos. La pregunta y la petición podía tener, es cierto, algunos matices según se mirara.

Jesús le plantea un sentido de vida. Le señala los mandamientos que son un cauce de vida. El hombre era bueno, cumplía los mandamientos. Como le responde, eso se lo habían enseñado de niño y de niño siempre había tratado de cumplirlos. Jesús sigue señalando un camino de vida, mira a ver lo que tienes y qué es lo que vas a hacer con ello; mira lo que tienes y trata de discernir cuál es el verdadero tesoro que tienes; mira si eres capaz de despojarte de lo que tienes para que pueda tener un tesoro en el cielo; mira lo que tienes y piensa en cuánto puedes hacer con todo eso y beneficiarás a los demás, a los pobres, a los que tienen menos que tú, a los que no tienen nada.

Llegaba el momento del discernimiento, llegaba el momento de encontrar la verdadera sabiduría, llegaba el momento de descubrir cuál era la verdadera riqueza que tenía en su interior, no solo lo que podía pesar en sus bolsillos. Algunas veces las decisiones se hacen difíciles, nos cuesta discernir lo que es verdaderamente importante; y aparecen los apegos del corazón, las búsquedas de seguridades en la vida y la incertidumbre de lo que sería un nuevo estilo y sentido de vida, el miedo a entrar por caminos de valentía que en este caso tendrían que pasar por el desprendimiento, la inseguridad de cual es la verdadera riqueza que hace grande al hombre.

En este caso la decisión fue muy dura. Era un hombre rico, pero no alcanzó a descubrir la verdadera sabiduría de su vida. Lo nuevo que se le planteaba humanamente no le daba seguridades, porque si se desprendía de todo le parecía que el mundo se quedaba vacío bajo sus pies. No supo mirar más allá de lo que tenía, no supo mirarse profundamente dentro de sí mismo para descubrir lo que era lo verdaderamente importante, no supo discernir de que no iba a perder si a tener unas ganancias más estables porque eran ganancias de eternidad, no supo descubrir que había una riqueza que podría generar mucho más en él y en los demás si lo que tenía era capaz de ponerlo al servicio de los otros.

‘¡Qué difícil les será entrar en el reino de Dios a los que tienen riquezas!’ sentenciará Jesús. No dice Jesús que las riquezas sean malas ni sean malos los que las poseen. Pero pueden convertirse en un obstáculo. Cuando no sabemos qué hacer con lo que tenemos, cuando solo pensamos en acumular para que nos pesen los bolsillos o nos brillen los oropeles, cuando no sabemos darle una utilidad a la vida y a lo que somos dando rendimiento a nuestros valores porque eso es lo más importante, cuando seguimos con nuestros apegos porque creemos que en ellos es donde tenemos la seguridad de nuestra vida, cuando tenemos miedo de lanzarnos a un sentido nuevo y a un camino nuevo que se abre delante de nosotros por las dudas e incertidumbres que agobian el corazón.

Los que en la vida arriesgan son los que tienen posibilidades de ganar, de alcanzar metas, de abrirse a algo nuevo, de encontrar las más grandes satisfacciones. Hay gente que es timorata en los negocios y nunca llegará a nada sino que tienen el peligro de hundirse más en la pobreza; pero en este camino de la vida, en este camino de la vida cristiana es donde no tenemos que ser timoratos sino arriesgarnos porque sabemos de quién nos fiamos y quien va delante de nosotros.

Queremos seguir el camino de Jesús y El nos hará alcanzar la verdadera sabiduría. Dejémonos envolver por la acción de su Espíritu.