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jueves, 19 de enero de 2023

Tenemos que ser voz, signo, testimonio en medio del mundo de que es posible la salvación, que podemos soñar en algo nuevo y distinto, que tenemos que ir hasta Jesús

 


Tenemos que ser voz, signo, testimonio en medio del mundo de que es posible la salvación, que podemos soñar en algo nuevo y distinto, que tenemos que ir hasta Jesús

Hebreos 7,25–8,6; Sal 39; Marcos 3,7-12

‘Los discípulos le tenían preparada una barca no los fuera a estrujar el gentío’. Es lo que suele pasar en las aglomeraciones multitudinarias. Son incluso noticias que escuchamos con demasiada frecuencia y hoy se encargan los organizadores, o protección civil o a quien le corresponde prever todo lo que pueda suceder, las gentes que en determinado momento y lugar se pueden congregar para establecer sus protocolos de actuación. Más de una vez nos habremos visto desbordados en alguna procesión sin asistencia de autoridades que ayuden a mantener el orden y surgen esas personas voluntarias que se encargan de todo para que todo salga bien. Algo así estaban haciendo aquellos primeros discípulos que seguían a Jesús.

Estamos aun en los primeros capítulos del evangelio de Marcos y ya vemos cómo la fama de Jesús se va extendiendo por todas partes y nos habla hoy el evangelista de gentes venidas de todas las regiones de Palestina para escuchar a Jesús. Y como oían hablar de las curaciones que hacía, aunque no habían terminado de entender el sentido de signo que tales milagros tenían de lo que había de ser el Reino de Dios, le traían toda clase de enfermos y venidos también de todas partes. ‘Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo’. Justo que los discípulos tuvieran preparada una barca. Otro evangelista nos dirá más en concreto que desde la barca enseñaba a la multitud reunida en la playa en torno a El.

Son la gente sencilla y humilde los que le siguen. Están hambrientas de Dios, deseosos de poner esperanza en el corazón y una palabra de vida que escucharan sabían acogerla con prontitud en el corazón. Por eso les vemos acudir de todas partes. En Jesús se despertaban sus esperanzas y se sentían saciados en el espíritu, en sus corazones. Algo nuevo estaba sucediendo. Palpitaban de una manera nueva sus corazones.

Es el deseo de Dios que tiene que despertarse en nuestros corazones. Muchas veces andamos como adormecidos. Los problemas nos abruman, la desesperanza ronda por doquier, una frialdad nueva va envolviéndolo todo, los sentimientos religiosos más elementales se apagan, nos domina el materialismo que nos hace pensar que en la posesión de las cosas tenemos toda la felicidad, se nos promete un bienestar que no acaba de llegar, y buscamos de la manera que sea disfrutar de todo en una sensualidad demasiado explosiva.

¿Cuáles son los derroteros de la vida? ¿Cuál es el camino que está escogiendo nuestro mundo? Hemos descolgado de la vida esos valores espirituales que nos elevarían y darían una nueva trascendencia a nuestra existencia, vivimos en el ahora, en el hoy, en el disfrute de lo primero que se nos presente, pero no nos terminamos de saciar mientras contemplamos como otros se sienten hartos de la vida y no saben qué hacer. Hay mucha enfermedad de muerte en el mundo que nos rodea pero ya la gente no acude a Jesús, como vemos hoy en el evangelio. ¿Qué podemos hacer?

Y en medio estamos nosotros, que aun decimos que creemos en Jesús y buscamos de alguna manera cómo escucharle. No podemos perder esa luz que se enciende en nuestro corazón cuando escuchamos de verdad la Palabra del Evangelio. Tenemos que despertar nosotros para que no nos envuelvan esas turbulencias de la vida, y tenemos que ser grito que despierte a cuando hay a nuestro alrededor.

Tenemos que ser esa voz, ese signo, ese testimonio en medio del mundo de que es posible la salvación, que podemos soñar en algo nuevo y distinto, que podemos elevar nuestro espíritu, que en Jesús podemos encontrar esa luz y tenemos que llevar de la mano a los que están a nuestro lado para que se acerquen a Jesús. No nos podemos cruzar de brazos, no nos podemos quedar en una actitud pasiva, tenemos que salir también a los caminos con Jesús para darlo a conocer a nuestro mundo.

martes, 19 de octubre de 2021

El creyente verdadero tendría que saber descubrir la presencia del Señor que viene a nosotros y se hace presente en nuestra vida en muchos momentos y de tantas maneras

 


El creyente verdadero tendría que saber descubrir la presencia del Señor que viene a nosotros y se hace presente en nuestra vida en muchos momentos y de tantas maneras

Romanos 5,12.15b.17-19.20b-21; Sal 39; Lucas 12, 35-38

‘Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame’. Nos habla hoy Jesús de la vigilancia que hemos de tener en la vida; nos habla de esperanza.

Vigilante tiene que estar aquel a quien le han confiado la seguridad de un lugar, de un edificio, de unas personas, y tiene que estar atento a todo cuanto pueda suceder para que no haya ningún daño, para que nadie se sienta perjudicado, ni nadie pueda perder lo que tiene porque se lo arrebaten.

Estamos acostumbrados en el mundo en el que vivimos a ver esos guardias de seguridad que tanto cuidan de un edificio o de una obra en construcción, como hacen de escolta de personas a las que se considera importantes para que no sufran ningún daño, o cuidan de la seguridad de nuestras casas o nuestras calles. Responsabilidad del vigilante es estar atento a cuanto sucede, para ser capaz de prevenir el perjuicio que se pudiera ocasionar.

Muchas cosas podríamos decir de esa actitud necesaria de vigilancia y pensamos en la responsabilidad de unos padres que tienen que estar atentos al bien de los hijos y de la familia, o la responsabilidad de quien ha asumido una función pública que tiene que atender debidamente porque allí está puesto para trabajar por el bien de todos.

Pero vigilancia es la actitud necesaria que todos hemos de tener en la vida para saber responder con responsabilidad a la vida misma, pero también para cuidar todo lo que sea necesario para su crecimiento y desarrollo personal; no nos podemos descuidar en nuestra preparación de cara al futuro de nuestra propia vida, por lo que hemos de tomarnos la vida misma como una gran responsabilidad. Cuidamos el desarrollo de nuestras capacidades y de nuestras cualidades, cuidamos el cultivar los mejores valores que engrandezcan la vida misma y nos hagan alcanzar la tan ansiada madurez.

Pero en esa responsabilidad de la vida no pensamos ya solo en nosotros mismos sino que sabremos estar abiertos a ese mundo en el que vivimos y a esas personas con las que convivimos; de ahí surge la responsabilidad que tenemos que asumir también en relacion a nuestro mundo y hemos de cuidar que cada día sea mejor. Y eso es también vigilancia. Muchas consecuencias van surgiendo para nuestra vida.

Aquí tendríamos que comenzar a pensar en todo ese ámbito de nuestra vida espiritual, de nuestra vida de fe, de la vida cristiana del seguimiento de Jesús. Quizás algunas veces parece que actuamos con mayor seriedad desde esos necesarios parámetros de vigilancia y responsabilidad para nuestras tareas o responsabilidades que asumamos en la vida que todo lo que atañe a nuestra vida de fe y a nuestra vida cristiana. Nos decimos cristianos, nos decimos personas de fe pero esos aspectos de la vida los hemos relegado tanto a un segundo término que algunas veces actuamos como si no tuviéramos fe.

Necesitamos vigilancia y atención en nuestra vida espiritual, para no dejarnos impregnar por ese materialismo y sensualismo que nos circunda en la vida. Es una gran tentación en la carrera loca de la vida; nos falta esa vigilancia para cuidar nuestra vida espiritual, para cuidar nuestra vida de fe, para impregnarnos de esos valores que nos trasmite el evangelio. 

Nos habla Jesús en las imágenes que nos ofrece hoy en el evangelio de estar preparados para la llegada del Señor a nuestra vida; y ahí actuamos muchas veces ciegamente, hemos perdido esa sensibilidad espiritual y ya no sabemos sintonizar con lo sobrenatural, con el mundo de la gracia.

Es un toque de atención el que nos hace hoy Jesús en el evangelio.  El creyente verdadero tendría que saber descubrir esa presencia del Señor que viene a nuestra vida, que se hace presente en nuestra vida en muchos momentos y de tantas maneras. En la insensibilidad en que nos ha metido ese materialismo en que vivimos es que vivimos como si nada esperáramos de esa presencia de Dios en nuestra vida. Cuidado que nos digamos creyentes y cristianos y nuestra vida sea más bien la de un ateo que prescinde de Dios en su vida. ¿Por qué podemos llegar a eso? Por la falta de vigilancia y por la falta de una auténtica esperanza. Cuánto daño nos estamos haciendo en nuestro camino hacia la plenitud. Despertemos para Dios.

miércoles, 28 de julio de 2021

El tesoro que hemos descubierto cuando nos hemos encontrado con Jesús que ilumina nuestra vida por muchos que sean los cantos de sirena no lo perdamos

 


El tesoro que hemos descubierto cuando nos hemos encontrado con Jesús que ilumina nuestra vida por muchos que sean los cantos de sirena no lo perdamos

Éxodo 34,29-35; Sal 98; Mateo 13,44-46

¿Qué diríamos de aquel que tiene un preciado tesoro en sus manos y lo desecha? Alguien podría pensar en quien tenía un número de lotería en sus manos, pero lo desechó y escogió otro siendo premiado aquel que había desechado. Pero en este caso anda por medio la suerte y el azar y no depende tanto de la decisión de una persona que desecha algo conocido como valioso; una joya, un cuadro, una obra de arte en un rastro que quizás se le ofrecía, pero que no supo valorar y no quiso adquirirla. Los ejemplos pueden ser múltiples.

Tenemos una joya en nuestras manos y no sabemos valorarla. Nuestra fe, el evangelio, la gracia de Dios. Pero andamos tan afanados por las cosas de la vida, tan arrastrados por un sensualismo que se nos ofrece por todas partes, tan materializados en lo terreno de cada día, tan olvidados de las cosas del espíritu que le damos muy poca importancia. Algo que tenemos ahí pero que no sabemos descubrir la riqueza que tenemos. Y echamos mano de la fe agarrándonos a ella como de un clavo ardiente cuando parece que todo lo hemos perdido, que ya nada tiene sentido, pero tampoco sabemos descubrir todo su valor, todo lo que puede aportar a nuestra vida. Se nos queda en una tradición que hay que guardar, unas costumbres que no están mal, pero que casi nos parecen cosas de otro tiempo, pero que la tenemos ahí como escondida sin dejar que nos dé esa luz que nos ofrece y que nosotros tanto necesitamos.

Y hoy nos habla Jesús del Reino de Dios como ese tesoro que cuando lo encontramos seríamos capaces de vender todo lo que tenemos por conseguirlo. Pero no siempre sabemos descubrirlo a pesar de tenerlo en nuestras manos. En ese río revuelto de la vida son tantas las cosas que se nos ofrecen que no llegamos a darnos cuenta que es lo que en verdad tiene más valor.


Tenemos que saber tener ojos para descubrir ese tesoro, distinguiéndolo y separándolo de tantas otras cosas que al mismo tiempo se nos ofrecen; no todos son capaces de darse cuenta del valor de una perla preciosa; no todos son capaces de descubrir la belleza de una joya; un diamante para algunos les puede parecer un cristal más o menos brillante, pero no siempre sabemos descubrir su auténtico brillo y la belleza de sus aristas fina y delicadamente talladas. Hay que tener un ojo especial para captar su belleza y valor, hemos de aprender a mirarlo.

Es lo que tenemos que saber descubrir en el evangelio. Es esa mirada nueva y distinta, ese oído profundo para captar su verdadero mensaje. Quien no tiene ese buen oído y esa mirada luminosa verá simplemente unas bonitas y encantadoras historias pero que nada nos pueden decir para nuestra vida. Hay que saber entrar en una sintonía especial; tenemos que aprender a sintonizar las ondas del Espíritu con las que podemos captar toda su riqueza.

Claro que cuando lo descubramos, porque realmente nos hayamos encontrado con Cristo en lo profundo de nuestra vida, entonces seremos capaces de venderlo todo por adquirir ese tesoro. Los discípulos, como nos narra el propio evangelio, cuando se encontraron de verdad con Jesús lo dejaron todo para seguirle. Aunque luego estuviesen muchas veces reticentes, con la tentación quizás de volverse atrás, pero se habían encontrado con Cristo y ya no podían dejarlo, aunque tuvieran que pasar por las noches oscuras de la pasión.

Cuando nos encontremos con la fe en nuestra vida, no significa que ya todo va a ser fácil a partir de ese momento; volverán las noches oscuras, volverán las dudas y los miedos, aparecerán de nuevo las tentaciones y los cantos de sirenas que nos querrán atraer de aquí y de allá, pero hemos encontrado el tesoro, nos sentimos fortalecidos en nuestra fe porque no nos faltará la fuerza del espíritu, seguiremos caminando queriendo estar con Jesús.

viernes, 16 de octubre de 2020

Miedos, temores, inseguridades pero no es solo que perdamos la vida sino que caigamos por la pendiente resbaladiza de la inmoralidad y la irresponsabilidad


 
Miedos, temores, inseguridades pero no es solo que perdamos la vida sino que caigamos por la pendiente resbaladiza de la inmoralidad y la irresponsabilidad

Efesios 1, 11-14; Sal 32; Lucas 12, 1-7

Quizás estamos volviendo de nuevo a épocas de inseguridades y de miedos; ya sabemos como hay lugares donde es un tema muy grave y la gente tiene miedo; la situación social que se vive les lleva a esa inseguridad y muchos incluso temen por su vida. En otros tiempos quizá teníamos miedo a los asaltos en los caminos o en la noche donde tantos perdían no solo sus bienes sino también la vida. No será de la misma manera o circunstancias pero volvemos a llenarnos de miedo cuando salimos de nuestros lugares habituales.

Cuando escuchamos noticias de robos y violencias de todo tipo comenzamos a temer por la seguridad de la vida y nos llenamos de desconfianza ante todo lo que nos pueda parecer sospechoso. Decimos que vivimos en un mundo en paz, pero no siempre es así y de nuevo aparece la agresividad en el trato, en las relaciones humanas o en cualquier tipo de desencuentro que tengamos con los demás donde las reacciones fácilmente las llenamos de violencias. ¿Habremos progresado de verdad en humanidad de la misma manera y con la misma intensidad como vemos el progreso en otros campos?

Comento estas cosas a raíz de lo que escuchamos hoy en el evangelio. Repetidamente Jesús nos dice que no tengamos miedo. Y habla de los miedos a los que nos puedan quitar la vida. Pero Jesús quiere decirnos algo más y quizá tendríamos que pensar en otros miedos que podemos o no podemos tener por esas desconfianzas que se nos meten en el alma que nos hacen ir por la vida temerosos. Si hablamos antes de la situación social que nos llena de inseguridades, la inseguridad no está solo en perder o no perder la vida o lo que tenemos porque la inseguridad la podemos tener ante un futuro incierto en medio de las sombras que muchas veces nos envuelven donde parece que no tenemos salida.

En la vida llevamos muchos temores en el corazón ante lo que nos puede suceder a nosotros o a aquellos a los que amamos, pero también pensamos en otros peligros de tantas cosas que nos acechan y nos cercan, nos llenan de confusiones y nos pueden hacer perder la estabilidad de unos principios morales y al final caemos en la trampa y la pendiente de tanta corrupción como contemplamos en la sociedad. No queremos, pero algunas veces las ofertas que recibimos del mundo son tentadoras y nos hacen caer en sus redes; vemos a tantos que quisieron ir construyendo su vida desde la rectitud de unos principios y valores, pero que de la noche a la mañana cambian y ya no les importa entrar en esa espiral ambiciosa de la que tan difícil es salir. ‘Los negocios son los negocios’, dicen algunos para olvidar unos principios y valores de ética y justicia social. ¿No será un temor que también nos aceche de alguna manera?

Cuando andamos envueltos en un ambiente de irresponsabilidad, donde la gente va a salir del paso como pueda y no le importa la seriedad de sus trabajos sino unas ganancias que pueda obtener si es posible con el menor esfuerzo, podemos estar tentados también a esa dejadez, a ese abandono de responsabilidades, a esa poca seriedad en los compromisos y caer por esa resbaladiza pendiente de hacer como todos hacen.

Ese mundo tan sensual que nos rodea donde parece que la diversión y el placer es lo primordial es algo que a todos nos puede contagiar. No es que no tengamos que ser felices y disfrutar de las cosas buenas que la vida nos ofrece, pero para algunos parece que es la única motivación, el único pensamiento y no se sabe afrontar lo que pueda ser sacrificio diciéndonos incluso no en un momento determinado en búsqueda de valores más espirituales que nos llenen de verdad interiormente y no nos dejen ese sabor a vacío que muchas veces nos dejan esos placeres cuando los convertimos en único objetivo de nuestras vidas.

Nos decía Jesús que no temiéramos a los que nos pudieran matar el cuerpo, sino a quienes pudieran destruirnos en lo más profundo de nosotros mismos cuando nos destruyen nos valores, nos cautivan en esas redes de injusticia e irresponsabilidad o nos quieren envolver en esa sensualidad que termina por no ser verdaderamente humana. Hemos mencionado algunas cosas pero ahí podemos pensar en tantas cosas que nos tientan en la vida, que destruyen nuestros valores, que nos hacen olvidar nuestros principios, que terminan por embrutecernos porque nos van restando incluso en nuestra dignidad humana. ‘Cuidado con la levadura de los fariseos…’ les decía Jesús a los discípulos. Cuidado con esa levadura del mal que nos hace caer por pendientes resbaladizas, tendríamos que decir.

Algo más que aquellos miedos de los que hablábamos al principio por los peligros a perder la vida o los bienes con aquellas inseguridades que mencionábamos. Esas cosas si hemos de temerlas, pero el temor no se puede convertir en angustia y en obsesión, porque sabemos quien está a nuestro lado, quien es nuestra fuerza y nuestra vida, quien eleva nuestro espíritu y nos llena de algo verdaderamente grande, noble y espiritual. 

martes, 18 de febrero de 2020

Evitemos las levaduras del mundo y no olvidemos cuales son nuestras metas, los valores que tienen que envolver nuestra existencia y da un sentido hondo a la vida


Evitemos las levaduras del mundo y no olvidemos cuales son nuestras metas, los valores que tienen que envolver nuestra existencia y da un sentido hondo a la vida

Santiago 1, 12-18; Sal 93; Marcos 8, 14-21
‘A los discípulos se les olvidó tomar pan, y no tenían más que un pan en la barca’. Vaya despiste. Lo normal era que cuando se ponían en camino echaran un poco de pan en la alforja. El bocadillo para el camino que diríamos hoy. Lo normal era que en sus propias casas se hicieran el pan; tenemos que situarnos en la época y en sus costumbres, pero contando también con su pobreza. ¿Por qué llevaba aquel muchacho aquellos cinco panes y dos peces de los que se nos habla en otro lugar? Eran las previsiones para el camino.
Así andaban los discípulos, quizá preocupados, quizá imaginando lo que Jesús les pudiera decir y como resolver el asunto cuando Jesús como cambiando de tercio pero dentro aun del mismo campo les dice que tengan cuidado con la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes. ¿Era una forma de reprensión? ¿Se sentían aludidos en sus despistes o qué quería decir Jesús? No terminan de entender, andan como embotados y Jesús se los echará en cara, por hablar de pan por pan les recuerda lo que había hecho en varias ocasiones en que la multitud había comida hasta saciarse y aun había sobrado. Luego Jesús quería decir algo más.
Los panaderos lo saben y quienes hacen sus amasijos en casa para lo que fuera saben muy bien que no todas las levaduras son iguales. Que algunas fermentan mejor o nos dan mejor sabor de pan y otras quizá hasta lo pueden estropear. Y Jesús ahora no está hablando de cantidades de pan sino de distintas levaduras, pero para la vida. Podíamos decir que la levadura hace que el pan sea pan y sea buen pan, y esa levadura de la que ahora nos habla Jesús es la que nos da sentido o valor a la vida y tendríamos que ver cual es ese sentido y ese valor.
En la vida recibimos una educación de nuestros padres que nos inculcan unos valores  que nos enseñan a vivir. Y el padre se siente satisfecho y orgulloso cuando ve crecer a su hijo y lo ve madurar en responsabilidades y en buenos valores. Pero sabemos también que se puede torcer, porque hay otras influencias que recibimos de nuestro entorno, que recibimos de los amigos, que recibimos del conjunto de la sociedad, que nos bombardea con sus publicidades engañosas y pretende muchas veces hacernos cambiar en nuestros principios y en nuestros valores.
Y el mundo se nos presenta sensual y materialista y nos quiere hacer ver que esas son las cosas importantes que nos pueden hacer felices; y nos encontramos con corruptelas de todo tipo en los negocios, en la vida social, en la política y ya tenemos el peligro de verlo tan normal y natural que casi nos sentimos impulsados a actuar de esa manera. Y nos parece que si no damos el pelotazo para sacar unos provechos y unas ganancias en aquello que hacemos olvidando los mínimos principios éticos, seriamos los más tontos del mundo que no sabemos aprovecharnos como lo hace todo el mundo.
Muchos ejemplos, muchas situaciones podríamos seguir contando pero creo que todos entendemos. Es esa levadura corrompida que nos corrompe, es esa levadura de maldad que se nos mete en los entresijos de la vida y nos lleva a actuar de esa forma injusta y dañina produciendo también tanto dolor en el mundo. Cuando llegamos a acostumbramos a esos sabores todo nos parece normal y perdemos la sensibilidad ética y moral de nuestra conciencia.
Jesús les dice a los discípulos que cuidado con la levadura de los fariseos que trataban de influir en la gente convirtiendo en manipuladores de sus conciencias y que estaban dispuestos a destruir todo lo que no fuera a su manera y según el concepto que ellos tenían de la vida y de la religión. Y lo mismo de la levadura corrupta y sensual de Herodes que en todo buscaba los placeres a su conveniencia y también dispuesto a quitar de en medio a quien pudiera oponerse a su manera de entender la vida como hizo con el Bautista.
Evitemos esas levaduras del mundo, nos viene a decir Jesús, y no olvidemos cuales son nuestras metas, cuales son los valores que tienen que envolver nuestra existencia, cuales son las verdaderas cosas que dan un sentido hondo a nuestras vidas. Busquemos la levadura de Jesús.

lunes, 10 de octubre de 2016

Cristianos valientes y comprometidos que nos involucremos de verdad en la vivencia y en el anuncio del evangelio de Jesús

Cristianos valientes y comprometidos que nos involucremos de verdad en la vivencia y en el anuncio del evangelio de Jesús

Gálatas 4,22-24.26-27.31–5,1; Sal 112; Lucas 11,29-32

Nos llamamos cristianos y decimos que tenemos a gala el serlo. Más de una vez nos habremos escuchado decir a nosotros mismos, es que soy cristiano de toda la vida, eso es lo que me enseñaron mis padres, yo soy muy creyente y a mi la fe no hay quien me la quite.
Todo eso está muy bien y en verdad es algo que se refleja en nuestra vida. Pero quizá tendríamos que preguntarnos realmente nosotros ¿a quien escuchamos?, ¿a quien convertimos en maestro de nuestra vida? ¿Quién nos da la pautas de nuestro caminar, de nuestra manera de hacer las cosas, de nuestro estilo de vida? Porque quizá nos dejamos influir más por las modas que se llevan y ya no se trata solamente de las modas o marcas de ropa que podamos usar; ¿qué es lo que influye de de verdad en nosotros? ¿El que dirán de las gentes, lo que todo el mundo hace? Decimos quizá alguna vez o muchas veces que no podemos ir contra corriente, porque, claro, todo el mundo lo hace, todo el mundo actúa así.
Fijémonos como influye en nosotros el materialismo en que vive la mayoría de la gente, ese sensualismo del ambiente en el que pensamos solamente en pasarlo bien y cuando no podemos parece que el mundo se nos cae encima porque no sabemos vivir de otra manera. Pensemos en el estilo de religiosidad que vivimos muchas veces demasiado superficial contentándonos con hacer cositas, o en aquellos que solo saben vivir una religiosidad milagrera y de promesas. Así podríamos pensar en muchas cosas donde nos damos cuenta que el tinte del evangelio no es precisamente lo que marca nuestro actuar y nuestra vida.
No significa que nos alejemos de este mundo en el que vivimos porque en él estamos, pero es ahí donde, si en verdad somos cristianos, seguidores de Jesús, que hemos tomado el evangelio como pauta de nuestra vida y nos tomamos muy en serio nuestra fe, hemos de expresar lo que son nuestros valores, hemos de llenar nuestra vida de trascendencia, no nos vamos a dejar influir por el ambiente frío, indiferente a lo religioso que nos rodea, y donde vamos a expresarnos en todo nuestro compromiso cristiano.
Eso cuesta, no es fácil, porque es fuerte la atracción que podamos sentir para simplemente vivir como se vive en el ambiente que nos rodea, porque podemos caer en el espejismo de que todo nos parece bueno o no tan malo y no sabemos hacer un discernimiento de lo que realmente es valido y lo que no lo es. Es cierto que de alguna manera es más cómodo vivir una religiosidad superficial donde le ofrecemos de vez en cuando cositas a Dios como para tenerlo contento y nos ayude en nuestras necesidades o problemas.
Pero quien se dice un seguidor de Jesús no se puede quedar en eso. Tenemos que asumir de verdad la Buena Nueva del Reino que Jesús nos anuncia y disponernos a vivirlo con toda intensidad al tiempo que nos hemos de convertir en mensajeros de ese evangelio para el mundo que nos rodea aunque no nos escuche. Es el camino en que nos pone nuestra fe en Jesús. Es el camino al que Jesús nos ha enviado en medio del mundo para anunciar su evangelio de salvación. Hace falta cristianos valientes y comprometidos que nos involucremos de verdad en la vivencia y en el anuncio del evangelio de Jesús. 

martes, 30 de agosto de 2016

Dejemos que Jesús llegue a nuestra vida y nos libere de tantas cosas que nos poseen y nos impiden alcanzar plenitud

Dejemos que Jesús llegue a nuestra vida y nos libere de tantas cosas que nos poseen y nos impiden alcanzar plenitud

1Corintios 2,10b-16; Sal 144; Lucas 4,31-37
Nos sentimos en tantas ocasiones tan atados por las cosas que nos poseen que no somos capaces de liberarnos de ellas aunque bien sepamos lo que tenemos que hacer o el bien que podamos alcanzar. Y digo bien, las cosas que nos poseen, por las cosas son para poseerlas nosotros, tenerlas o utilizarlas en el uso ordinario de la vida para nuestro bien o nuestra utilidad o para el bien que podamos hacer con ello a los demás.
Pero nos sucede en tantas ocasiones al revés, en lugar de poseerlas nosotros nos sentimos poseídos por ellas, porque nos domina la obsesión de tenerlas, no nos podemos pasar sin esas cosas llámense bienes materiales o placeres y nos sentimos como esclavizados por su tenencia o posesión. Es la avaricia que nos puede dominar y corroer como todo tipo de concupiscencia que nos puede dominar. Cuántas cosas, por ejemplo, nos imponen las nuevas tecnologías y que parece que sin ellas no nos podemos pasar. Podríamos hacer una lista muy grande de esas cosas que cada día tenemos en nuestras manos y nos controlan.
Hemos de aprender a ser libres de verdad, y cuando digo libres no es solo del dominio que otros puedan ejercer sobre nosotros, sino del dominio de las cosas, de las materialidades o sensualidades de la vida, porque la libertad verdadera ha de nacer desde nuestro más profundo interior.
Jesús llega a nuestra vida con una buena nueva de salvación, porque nos anuncia y quiere para nosotros esa liberación más profunda para que podamos vivir la vida en la mejor plenitud y sin ninguna esclavitud. Los signos – milagros – que le vemos realizar en el relato del evangelio eso quieren significar para nuestra vida.
Escuchamos hoy en el relato del evangelio cómo un hombre poseído por el espíritu del mal se resiste ante la presencia de Jesús. Pero Jesús lo liberará de aquella posesión dándole la más hermosa libertad y felicidad. Y aunque el hombre se vio retorcido por la fuerza del mal, al liberarse de él por la fuerza de la Palabra de Jesús se sintió más entero, más en plenitud que nunca lo había estado antes. ‘El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño’ comentaba el evangelista y todos los que presenciaron la escena estaban estupefactos y daban gloria a Dios.
Dejemos que Jesús llegue a nuestra vida, abramos nuestro corazón a su Palabra que nos salva, dejémonos transformar por la gracia del Señor, busquemos esa plenitud de libertad, de vida, de paz, de amor que Jesús quiere darnos. Hablábamos al principio de tantas materialidades o sensualidades que nos dominan y nos poseen; son muchas las cosas que nos enturbian el corazón y nos impiden ver la luz verdadera con la que Jesús quiere iluminarnos; el mundo que nos rodea muchas veces no nos ayuda en este camino porque quiere atraernos con sus cosas y entonces nosotros nos resistimos. Aprendamos a contar con la gracia y la fuerza del Señor. El está siempre con nosotros para darnos la verdadera libertad a nuestro corazón, la más maravillosa plenitud a nuestra vida.

sábado, 1 de agosto de 2015

Como aquel hombre sabio que entiende del reino de los cielos y va aprendiendo de lo bueno y de lo malo que sucede en su entorno

Como aquel hombre sabio que entiende del reino de los cielos y va aprendiendo de lo bueno y de lo malo que sucede en su entorno

Levítico 25,1.8-17; Sal 66; Mateo 14,1-12
Es de persona sabia el ir sacando lecciones de cuanto le sucede en la vida, sea bueno o sea malo. Es un querer aprender, es un deseo de saber y de todo cuanto le va sucediendo querer ir aprendiendo. De lo bueno, para sentir el estimulo de superación de si mismo como de querer aprender de lo bueno que ve en los demás; de aquellas cosas que no son buenas o son verdaderamente negativas para aprender a apartarse de ellas, no dejar que su veneno inocule nuestra vida y nos lleve también a la muerte de lo negativo.
Algunas personas cuando ven en la Escritura santa, en la historia del pueblo de Israel hechos que no son edificantes sino que son realmente pecaminosos piensan que quizá esos textos no tendrían que estar allí; pero hemos de darnos cuenta de que están como ejemplo del mal que existe en la vida, en el mundo que nos rodea y que nos puede envenenar a nosotros mismos y de lo que hemos de aprender la lección para nosotros apartarnos de un mal así.
El evangelio de este día nos narra un hecho realmente desagradable que nos refleja esas malas pasiones que nos pueden arrastrar hacia el mal o esas cobardías en las que podemos caer tantas veces y ante las que nos hemos de prevenir. Es el martirio de Juan el Bautista. Está por supuesto el testimonio de valentía profética del Bautista para denunciar lo mal aunque eso le lleve a la prisión y a la muerte. Pero a contraluz está toda la negatividad de la vida de Herodes.
Está su forma de vivir inmoral al vivir en adulterio con la mujer de su hermano que es lo primero que le denuncia Juan el Bautista; pero está su estilo de vida materialista, sensual, sus banquetes y su forma de vivir de manera superficial; pero están sus temores interiores y sus cobardías, su miedo al que dirán y sus promesas incongruentes de quien está acostumbrado a una vida fácil y superficial que tiene lo que quiere abusando de su poder.
Aparece desde un primer momento su mala conciencia; cuando oye hablar de Jesús, se acuerda del Bautista a quien había mandado decapitar; lo que oye de Jesús despierta su conciencia que ha querido quizá adormecer en su vida insulsa y sin sentido y le vienen los miedos y los remordimientos.
Cuidado nos pasen cosas así, cuando tenemos mala conciencia por aquello que hemos hecho y que quizá queremos acallar de cualquier manera. Si hiciéramos siempre el bien y lo justo no nos aparecerían esas malas conciencias y remordimientos. Pero nosotros sabemos que podemos acudir a quien restaure nuestra vida con el perdón si con humildad nos presentamos con verdadero arrepentimiento; y el arrepentimiento no es solo ese mal momento que pasamos cuando nos damos cuenta que hemos hecho el mal, sino tiene que ser la voluntad firme y decidida de corregir nuestros errores, de cambiar nuestra conducta, de enmendar lo hecho pero también reparando el daño.
Mucho más podríamos seguir reflexionando en torno a esta figura de Herodes para no caer en sus mismos males. Creo que nos damos cuenta de toda esa cadena que como en una espiral sin fin le ha llevado incluso a la muerte del Bautista. Rompamos esa cadena y esa espiral del mal en nuestra vida, revisando, corrigiendo, enmendando, purificando, mejorando con la ayuda de la gracia del Señor. Que no nos puedan las superficialidades de la vida; que no andemos simplemente con el miedo al que dirán; que tratemos de ser siempre justos y de darle verdadera profundidad a nuestra vida.
Seamos ese hombre sabio que sabemos sacar lecciones de la vida que nos valgan para nuestro crecimiento y maduración como personas y como creyentes en Jesús.

martes, 17 de febrero de 2015

Cuidado con las falsas levaduras que nos pueden contagiar y apartar del camino del Reino de Dios

Cuidado con las falsas levaduras que nos pueden contagiar y apartar del camino del Reino de Dios

Génesis 6,5-8; 7,1-5.10; Sal 28; Marcos 8,14-21
‘Tened cuidado con la levadura de los fariseos y con la de Herodes’. No entienden lo que les quiere decir Jesús. Están pensando que les está echando en cara que se olvidaron de llevar pan. Iban atravesando el lago en barca y solo llevaban un pan. Jesús les recuerda que por qué había que preocuparse por eso, como queriéndoles decir que es otra cosa de lo que les está hablando. Les recuerda las diversas multiplicaciones de los panes donde sobró pan después que todos habían comido hasta hartase.
¿Qué es lo que quiere decir Jesús? ¿Qué hace la levadura en el pan? Fermenta la masa de manera que el pan tenga su contextura propia y tenga su sabor. Ya tenían que comer pan sin levadura en la pascua recordando la escasez que pasaron en el desierto y cómo en el éxodo tuvieron que salir a toda marcha de Egipto sin dejar tiempo para que se fermentara la masa.
Por eso ahora Jesús quiere decirles algo más. Les habla de la levadura de los fariseos o la de Herodes. Era un sentido bien distinto, una concepción bien distinta de lo que había de ser una verdadera religiosidad la que tenían los fariseos. Y por su posición social tenían mucha influencia en la gente. Y en referencia a Herodes era la maldad que había en su corazón y el estilo de vida sensual y lujurioso en que vivía. Eran cosas que podían influir y contagiar.
Es de lo que les quiere prevenir Jesús. El viene con la novedad del evangelio y el estilo de vida que han de vivir ha de ser más auténtico no dejándose arrastrar ni por las vanidades del mundo ni por las reglamentaciones que encorsetan los corazones propias de los fariseos. La verdad del evangelio nos hace verdaderamente libres y auténticos. No podemos vivir con ataduras que nos esclavicen.
Ya nos decía, recordando a Isaías, que venía para dar libertad a los oprimidos. Hay muchas cosas que nos pueden oprimir y esclavizar de las que Cristo quiere liberarnos. Es el camino que nos enseña en el evangelio. Es el Reino de Dios que nos anuncia, donde nuestro único Señor es Dios y su amor. Así nos sentiremos de verdad con un corazón libre; así no habrá temores en nuestra vida si tenemos a Dios con nosotros.
Hay muchas falsas levaduras que pueden influir en el mundo en el que vivimos. Todo nos puede parecer bueno porque todos lo hacen, pero no siempre es así. No porque todos los hagan significa que las cosas sean buenas. Por eso hemos de estar con ojo avizor para no dejarnos arrastrar por la pendiente de la tentación. Hay tantas pendientes resbaladizas en este mundo tan materialista, tan sensual, tan lleno de caprichos. Hemos de tener criterios claros y los hemos de buscar en el Evangelio; hemos de saber dejarnos conducir por el Espíritu del Señor que nos dará luz y fuerza y hará posible que podamos vivir con un corazón limpio y libre.
Cuidado con las falsas levaduras que nos pueden contagiar y apartar del camino del Reino de Dios.