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sábado, 7 de noviembre de 2026

El pequeño e insignificante grano de arena también hace el montón, nuestras pequeñas cosas en las que somos fieles también manifiestan la gloria de Dios

 


El pequeño e insignificante grano de arena también hace el montón, nuestras pequeñas cosas en las que somos fieles también manifiestan la gloria de Dios

Filipenses 4, 10-19; Salmo 111; Lucas 16, 9-15

Eso son minucias, cosas sin importancia, centrémonos en las cosas importantes, esas menudencias pasan desapercibidas; así habremos hablado más de una vez como si nosotros solo estuviéramos hechos para las cosas importantes y esas pequeñeces que llamamos se las dejamos a otros que tienen menos cosas importantes que hacer que nosotros.

Puede parecer una bobería lo que estoy diciendo, pero muchas obras importantes se han venido abajo por una tuerca mal ajustada; y ya no nos referimos a obras materiales, nos podemos referir a planteamientos de la vida, nos podemos referir a los grandes ideales que tenemos en mente y que hemos de llevar a cabo; nos puede parecer más o menos importante un grano de arena pero hace el montón. Y nos tenemos que referir a nuestros comportamientos o a la manera de hacer las cosas, y es base también de la ética con que actuamos en la vida y de la moralidad que le damos a nuestros actos.

A partir de aquella parábola que ayer comentábamos del administrador injusto pero astuto, Jesús nos dice hoy que también en esas cosas que no nos parecen importantes, esos asuntos que parece que no son lo esencial de nuestra vida pero con los que tenemos que tratar o entre los que tenemos que movernos, tenemos que saber también ser fieles y cuidadosos, porque si no sabemos tratar como es debido esos asuntos ¿quién nos va a confiar algo de mayor importancia?

‘El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto. Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?’

Son claras las palabras de Jesús que también en otros momentos nos repetirá. Nos hablará que no podemos desechar la semilla porque sea pequeña porque cuando germina surgirá hermosa planta que nos dará abundantes frutos; recordamos cómo nos habla de la levadura y además nos la pone como imagen del Reino de Dios. O nos hablará de un pequeño puñado de levadura que va a hacer fermentar toda la masa. Así nuestra vida, así nuestras obras, así esos pequeños gestos o detalles que sabemos tener con los demás y que van a manifestar el amor grande que llevamos en el corazón.

Pero eso no significa atarnos a las cosas y convertirlas en obsesión de nuestra vida. Cada cosa tendrá su lugar o tendrá por así decirlo su fin, pero no podemos convertirlas en metas, en fundamentos que nos hagan alcanzar la plenitud o la felicidad. Algunas veces tenemos la tentación o el peligro de convertir las cosas en dioses de nuestra vida, ídolos a quien adoramos. Quien únicamente tiene que convertirse en centro de nuestra vida es Dios, nada lo puede sustituir. Nos dice claramente Jesús que no podemos servir al mismo tiempo a dos señores, o atendemos a uno o atendemos al otro; por eso nos dice que no podemos servir a Dios y al dinero, y cuantas veces convertimos lo material en una obsesión de nuestra vida, un ídolo a quien estamos adorando.

Es en Dios en quien ponemos nuestra confianza total y absoluta en todos los momentos pase lo que pase, solo a Dios adoramos. Sentiremos entonces la paz en el corazón., sentiremos cómo somos bendecidos por el Señor. Podremos así sentir cual es el verdadero camino de nuestra vida, aquello que nos da sentido y valor, quien da sentido a lo que tenemos en nuestras manos y descubriremos que cuanto somos y tenemos ha de ser siempre instrumento para esa gloria de Dios. Nos pedirá fidelidad desde lo pequeño, como se nos ha venido diciendo hoy en el evangelio, pero en nuestra pequeñez y en esas cosas pequeñas que hacemos y que nos pueden parecer insignificantes descubriremos que el Señor realiza maravillas, como canta María en el Magnificat. 

Cada uno en lo que hace desde su propia realidad personal, sea lo que sea, estará siendo signo de ese amor maravilloso e infinito que Dios nos tiene.


viernes, 16 de octubre de 2026

Con Dios de nuestra parte se acabaron los miedos, caminamos con paso seguro aun con nuestras debilidades, nos sentimos amados emprendiendo con valentía los caminos del amor

 


Con Dios de nuestra parte se acabaron los miedos, caminamos con paso seguro aun con nuestras debilidades, nos sentimos amados emprendiendo con valentía los caminos del amor

Efesios 1, 11-14; Salmo 32; Lucas 12, 1-7

Por muy valientes que nos sintamos o digamos que somos siempre en la vida tenemos algunos miedos; muy maduros tenemos que ser para ser capaces de afrontar todos esos miedos y sentirnos de verdad liberados interiormente, pero no siempre somos tan maduros, tenemos nuestros miedos y dudas, incertidumbres ante el futuro de la vida, interrogantes a los que no siempre sabemos dar respuesta, desconfianzas ante los que nos rodean porque muchas veces dudamos de su sinceridad, miedos a los fracasos o a la pérdida de prestigio, a que la gente nos vea débiles si nos manifestamos cómo somos y entonces comiencen a no tener consideración de nosotros, miedos a que no seamos capaces de ser eficaces en lo que hacemos y lo llevemos todo a la ruina, muchas cosas que se nos meten en el alma y a veces nos hacen ser excesivamente cuidadosos, de manera enfermiza en ocasiones.

Nos sucede en la vida de cada día, en esos deseos de superación que tengamos que algunas veces se pueden desinflar y perder la presión, en los ámbitos de nuestra fe y de lo que es el seguimiento de Jesús. ¿Nos sentimos en verdad siempre seguros? ¿No habrá cosas que nos llenen de temores sobre todo cuando tenemos que vivir nuestra fe en un mundo que nos parece adverso? Podemos perder la paz en ocasiones. Los mismos derroteros de la Iglesia a veces nos hacen hacernos preguntas. Ahora mismo con la enfermedad imprevista del Papa nos sentimos inquietos en nuestro interior y hasta en ocasiones nos cuestionamos los caminos de Dios. Pero tenemos que convencernos que no son nuestros caminos los que tienen que imperar y que los designios de Dios van mucho más allá de lo que nosotros somos capaces de ver.

Hoy Jesús en el evangelio les dice a los discípulos y a todos aquellos que le escuchaban y querían seguirle que no tengan miedo. Los caminos no están siendo tan fáciles como algunas veces nosotros queremos ver; aunque en ocasiones se congregaban muchedumbres para escucharle y hasta son capaces de irse con Jesús hasta los lugares más insospechados, por detrás hay quienes están ronroneando, poniendo en duda lo que Jesús hace y su autoridad, presentando luchas de oposición en los comentarios que hacen o en las preguntas que le plantean a Jesús.

Pero Jesús les dice que no tengan miedo, que tengan cuidado con la levadura de los fariseos porque puede malear la masa y no querer dejar que fermente ni germine la semilla de evangelio que Jesús va sembrando. La oposición se puede volver violenta; en ocasiones ya Jesús comienza a anunciarles que en el futuro va a ser presentados incluso a los tribunales o metidos en la cárcel, por eso ahora les dice que no teman a los que pueden matar el cuerpo, que peor es que nos hieren por dentro, que quieran cauterizar esas semillas plantadas en nuestro corazón para volverlas estériles; por eso les dice que cuidado con los que les puedan llevar por caminos de perdición.

Y para afrontar todo eso Jesús les pide confianza. Les habla que el Padre del cielo nos ama y nos conoce y estará siempre de nuestro lado. Nos dice que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados, para expresarnos cómo estamos en el corazón de Dios, o nos dice que si no valemos más que unos pajaritos del campo a los que Dios cuida, ¿no valdremos nosotros mucho más a los ojos de Dios?

Tenemos que saborear el sentirnos amados por Dios. Ahí está la clave. No es que digamos a ver cuántas cosas tenemos que hacer para contentar a Dios y Dios nos ame y cuide de nosotros. El amor de Dios está primero. El amor de Dios va por delante. Como nos dirá más tarde san Juan en sus cartas, no es que nosotros hayamos amado a Dios sino en que Dios nos amó primero y ese amor de Dios permanece para siempre. ¡Con qué seguridad y confianza en consecuencia hemos de sentirnos!

Con Dios de nuestra parte se acabaron los miedos, podemos caminar con paso seguro a pesar de nuestras debilidades; nos sentimos amados y eso engrandece nuestro espíritu y nos hace emprender también con valentía esos caminos del amor.


lunes, 27 de julio de 2026

Una semilla que nos parece insignificante que germina en silencio y nos dará hermosa planta con sus frutos, así en nuestra vida hemos de hacer germinar nuestros valores

 


Una semilla que nos parece insignificante que germina en silencio y nos dará hermosa planta con sus frutos, así en nuestra vida hemos de hacer germinar nuestros valores

Jeremías 13, 1-11; Salmo : Dt 32, 18-19. 20. 21; Mateo 13, 31-35

¿Tú crees que con esa mezquindad o esa menudencia vas a poder conseguir algo que sea verdaderamente importante? Le decimos a quien viene con ilusión por hacer algo pero los medios de los que dispone parecen ridículos porque consideramos que con esos medios no va a poder llegar a ninguna parte. O es lo que pensamos de nosotros mismos cuando nos confían una misión que parece que se sale de nuestras posibilidades porque nos sentimos pobres de medios y pequeños, porque quizás pensamos que para eso no valemos y que entonces no merece la pena ni intentarlo. Pensamos que para hacer algo importante nosotros tenemos que considerarnos unos genios, pero vemos que no lo somos, o que necesitamos grandes medios para lograrlo. Así nos descartamos a nosotros mismos, porque no nos valoramos, como comenzamos también a descartar a otros o descartar proyectos que nos parece que no valen la pena.

¿Es así cómo tenemos que pensar o es la manera de actuar en lo que tenemos entre manos? Somos tan insignificantes, pensamos, que ni quisiera nos atrevemos a imaginar las posibilidades que tendríamos de llevar adelante cosas que realmente merezcan la pena. Pero hoy Jesús en el evangelio nos da una lección.

Sigue hablándonos Jesús en parábolas para que entendamos lo que es el Reino de Dios pero también para que lleguemos a comprender lo que de nuestra parte podemos hacer pero al mismo tiempo otro misterio de gracia para poder realizarlo. Vayamos por partes. Nos habla Jesús por un lado de una semilla tan insignificante como la mostaza, o de ese pequeño puñado de levadura que mezclamos con la masa y que se va a diluir de tal manera que al final ni lo vemos pero que va a fermentar la masa. La insignificante semilla de la mostaza que nos puede dar una planta bien frondosa y con gran diferencia entre el tamaño de la semilla y de la planta que luego va a surgir. Como dice Jesús hasta los pájaros podrán anidar entre sus ramas. ¿Tenemos que descarta esa semilla por lo insignificante? Cualquier semilla que vayamos a sembrar siempre será algo menudo que se nos escurre entre los dedos pero que tiene la virtualidad de que al germinar nos puede dar una hermosa planta en la que se multiplicarán los frutos.

Creo que el mensaje que nos quiere dar Jesús es bien significativo de cara a nuestra propia vida y lo que nosotros nos valoramos a nosotros mismos o en referencia a las obras que hemos de emprender que siempre comenzarán por lo pequeño, muchas veces ocultándolas como cimientos bajo tierra que los ojos no verán pero de donde podremos conseguir obras maravillosas y de gran valor. ¿Podemos decir entonces que nosotros no valemos, que somos poca cosa y en consecuencia que no nos atrevemos a comprometernos a algo nuevo y distinto? Tu pequeño grano de arena se puede convertir en un elemento fuerte que dé cimiento a lo que hemos de emprender.

Pero hablábamos también de enterrar como se entierra un cimiento o como se entierra una simiente, una semilla; allí en lo oculto va a germinar sin que nosotros sepamos como ni veamos quizás ese proceso. Allí en lo secreto de la masa con la que se ha mezclado la levadura surgirá la fermentación necesaria en ese proceso de darnos un buen pan. Misterio, podíamos decir, de lo secreto y de lo escondido, que ya no depende del sembrador o de quien amasa la harina. Es su proceso de germinación o de fermentación que no depende ni del sembrador ni de quien realiza el amasijo.

¿No podemos pensar en ese actuar del Espíritu divino que va a dar consistencia a aquello que emprendemos y con admiración muchas veces de nuestra parte porque no nos creíamos capaces de ello van a surgir obras maravillosas? Como creyentes que somos hemos de saber reconocer ese actuar de Dios y dejarnos conducir por El; está es cierto nuestra responsabilidad que manifestaremos en nuestra disposición y en nuestro arrojo y valentía para aceptar una responsabilidad que nos confían, para emprender una tarea que vemos con esperanza cuanto bien va a producir. No nos queremos apoyar en nuestro orgullo personal, aunque aceptamos nuestra responsabilidad y ponemos de nuestra parte nuestra disponibilidad; dejemos que la gracia de Dios actúe en nosotros y se manifieste en aquello que intentamos hacer.

Y un proceso y otro se va realizando en lo oculto y en el silencio. No es necesario hacer ruido para realizarlo, solo al final va a sonar la melodía armoniosa de los frutos obtenidos; no tiene que gritar nuestro amor propio que se convierte en orgullo, sino que en el silencio de la humildad haremos que fructifiquen nuestras obras, porque a quien único tenemos que dar gloria es a Dios que nos confía tales tareas y pone tantas posibilidades en nuestras manos.

jueves, 23 de julio de 2026

Tenemos que dejarnos empapar por la savia del evangelio, escuchando y plantando la Palabra de Dios en nuestro corazón para poder llegar a dar frutos



Tenemos que dejarnos empapar por la savia del evangelio, escuchando y plantando la Palabra de Dios en nuestro corazón para poder llegar a dar frutos

Gálatas 2, 19-20; Salmo 33; Juan 15, 1-8

Toda obra que realicemos aparte de que tratemos de diseñarla bien para llevarla a la mayor perfección que deseemos nos exige un esfuerzo de superación, de corrección y mejora en la medida que la vamos realizando, que nos puede llevar incluso en algún momento a que tengamos que rehacerla totalmente como si la comenzáramos de nuevo para lograr esa meta de perfección a la que aspiramos; puede ser igual cualquier tipo de trabajo que realicemos de forma manual o incluso con los medios de los que disponemos hoy lo mismo que el artista que quiere plasmar una obra de arte.

Hoy el evangelio nos pone la imagen del agricultor que cultiva una viña con el deseo de obtener unos frutos de la mejor calidad; no nos vale la viña estéril que no da fruto como son innecesarios esos sarmientos que solo le dan frondosidad pero que no dan fruto; por eso hoy Jesús nos habla de poda, de cortar lo que impide los mejores frutos, lo que le va a mermar la vitalidad de esa planta.

Nos está queriendo decir muchas cosas el evangelio, porque nos está hablando de la vida misma, de nuestra vida, que ha de estar llena de vigor, que ha de madurar los mejores frutos; nos está hablando de nuestro crecimiento personal, que no es simplemente dejar pasar los días y que nuestro organismo y nuestro ser viva por si mismo, sino de esa búsqueda que nos da ese crecimiento como personas, que enriquece nuestra personalidad, que desarrolla nuestras capacidades, que nos hace madurar para afrontar la vida con todos sus problemas, pero que ha llevado un trabajo de nosotros mismos para corregir defectos y errores, para no dejar que se envicie nuestra vida, para que desarrollemos lo mejor de nosotros mismos, para que aparezcan los frutos de nuestra vida. ¿Cuáles serán los mejores frutos que podamos ofrecer de nosotros mismos? Es una búsqueda en nuestro crecimiento personal.

Pero nuestra vida no es solo lo humano que podamos realizar con toda su riqueza, hay un itinerario espiritual que también hemos de realizar buscando la verdadera grandeza y está, por supuesto, todo lo que significa nuestro seguimiento de Jesús. De una forma muy concreta nos está hablando Jesús cuando nos habla de cómo tenemos que estar unidos a El, como el sarmiento a la cepa de la vid para poder dar fruto, porque sin El no daremos en verdad fruto. ‘Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí’.

Nos decimos cristianos y lo decimos con excesiva facilidad que se puede quedar en superficialidad. No somos cristianos solamente porque se han realizado unos ritos religiosos en nuestra vida, ya fuera nuestro bautismo o la primera comunión, o porque realicemos unas determinadas prácticas religiosas; eso se nos quedaría en la apariencia si luego en el día a día de nuestra vida no estamos mostrando unos frutos, de unas actitudes y de unos valores, de una manera de vivir y de plantearnos las cosas y de unos compromisos nacidos en esa fe y que nos lleven la transformación de nuestro mundo a la manera del Reino de Dios.

Muchas veces nuestra vida se nos queda en lo superficial o simplemente nos dejamos arrastrar por el mundo que nos rodea. No olvidemos que en la masa de ese mundo tenemos que ser levadura, a ese mundo tenemos que llevarle el sabor de la sal del evangelio, ese mundo tenemos que iluminarlo con la luz de Cristo. Pero para poder realizar todo eso tenemos que estar unidos a Cristo como el sarmiento a la vid, como nos ha dicho hoy el evangelio. Tenemos que dejarnos empapar por la savia del evangelio, pero no lo lograremos si no lo escuchamos y plantamos de verdad en nuestro corazón.

Hoy la liturgia nos ha ofrecido este texto del evangelio porque estamos celebrando a Santa Brígida de Suecia que es patrona de Europa; una mujer que en su tiempo sintió una preocupación muy grande por lo que era y lo que significaba la Iglesia en su tiempo y la necesidad de una reforma muy grande para darle esa vitalidad del evangelio en el mundo en que vivía. Quizás de la mano de esta santa patrona de Europa y con el evangelio que hemos escuchado en nuestras manos y en nuestro corazón también tendríamos que sentir esa misma preocupación de que la Iglesia hoy siga siendo esa levadura de nuestro mundo, esa sal que dé sabores de evangelio a nuestra sociedad. Hablamos con mucha facilidad de una Europa cristiana, pero somos conscientes que cada vez influyen menos los valores del evangelio en esa sociedad nueva que queremos construir.

Muchas preguntas que hacernos. ¿Donde estamos los cristianos comprometidos? ¿Estará haciendo la Iglesia todo lo que tiene que hacer con arrojo y valentía para ser esa luz que refleje la luz de Cristo y del Evangelio en nuestra sociedad? ¿Qué estamos haciendo nosotros ahí en ese ámbito concreto en el que vivimos, nuestra familia, nuestros lugares de convivencia, nuestra comunidad, nuestro pueblo o lugar concreto donde vivimos y donde tenemos que ser esa levadura?


martes, 17 de febrero de 2026

Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

 


Seamos capaces de dejarnos sorprender por la buena noticia que es siempre el evangelio, porque si es noticia es algo nuevo para mi vida hoy

Santiago 1, 12-18; Salmo 93; Marcos 8, 14- 21

Algunos dicen que es cosa de poetas; es cierto que el poeta es el que es capaz de decirnos cosas hermosas empleando palabras bellas; utiliza imágenes muchas veces tomadas de la misma naturaleza o de la vida misma en lo que sucede cada día, pero para que no nos quedemos en la literalidad de las imágenes sino que seamos capaces de ir más allá con lo que se nos quiere significar o con lo que se nos quiere decir. No todos sin embargo tienen la sensibilidad para discernir y para interpretar, para hacer una lectura de la vida misma a través de esas imágenes bellas, y se quedan en la literalidad de las palabras; pero hay personas que saben captar, que se embelesan con esas palabras pero para ir a lo hondo, a su auténtico significado, a lo que se nos quiere decir. Es necesario un buen discernimiento, que quizás nos exija reflexión para no quedarnos en lo superficial. No siempre es fácil, reconocemos.

En esas andaban los discípulos cuando atravesando el lago en la barca llega el momento de confidencias o de advertencias; siempre hay un momento en que podemos decir o podemos escuchar una palabra que nos haga pensar, que nos haga reflexionar. Sin embargo vamos en ocasiones tan entretenidos en nuestras preocupaciones, en lo que son los deseos materiales que nos van apareciendo dentro de nosotros, ciertamente en una búsqueda de algo nuevo o mejor, pero hay ocasiones en que nos quedamos trabados en una palabra que no sabemos interpretar, en una insinuación que se nos quiere dar pero que no entendemos, tan absortos que vamos en nuestras cosas.

Jesús les deja caer como una advertencia algo que tendrían que tener muy en cuenta para no dejarse influir por tantas cosas externas que nos hacen perder el verdadero sentido. Son también muchas las influencias que podemos recibir de los que están a nuestro lado con insinuaciones que tampoco sabemos interpretar y que realmente están queriendo arrimar el ascua a su sardina, están trancando de conquistarnos para sus ideas y apartarnos del camino que hemos querido emprender.

Jesús quiere prevenirlos de esas influencias extrañas y les dice que tengan cuidado con la levadura de los fariseos que no siempre es buena o también de las influencias de los dirigentes políticos de aquella sociedad. Oyen hablar de levadura y se acuerdan de que no han cogido provisiones de pan suficientes para el camino que van a realizar. El rábano por las hojas, como dice el refrán. Jesús les habla de algo importante para la escucha del mensaje que les está trasmitiendo del Reino de Dios y ellos piensan en la lista de la compra. No entienden o no quieren entender.

Les recordará Jesús que por qué andan tan preocupados por la falta de pan. Aquí podía venir a colación aquello del momento de las tentaciones de Jesús en el desierto, ‘no solo de pan vive el hombre’. Pero Jesús les recuerda aquellos momentos en que estando sin pan y encontrándose con una multitud que alimentar, tuvieron pan suficiente como para recoger muchos cestos de sobras. Y ellos siguen sin entender. Las paradojas de nuestras escuchas y nuestras respuestas.

¿Estará sucediéndonos de una forma semejante porque tantas veces nos estamos quedando sin entender o haciendo nuestras interpretaciones tan interesadas que no llegamos a captar lo que en verdad nos quiere decir la Palabra de Dios? Nos sucede tantas veces cuando nosotros le ponemos nuestra propia plantilla a la Palabra de Dios que se nos trasmite. Cuantas veces nos hemos dicho, eso ya me lo sé, lo he escuchado muchas veces, sé bien lo que hay que interpretar, pero vamos poniendo tantas plantillas que al final nos quedamos muy lejos de la novedad que tiene que significar siempre para nosotros el evangelio.

Es noticia y si es noticia es algo nuevo, es buena noticia por tanto es noticia de salvación para hoy en mi vida, es evangelio que tiene que ser un revulsivo en nuestra vida y nos exige un cambio en actitudes, en posturas, en comportamientos. ¿Seremos capaces de dejarnos sorprender por esa buena noticia? Si la tomamos como noticia pasada ya no nos sorprenderá y dejará de tener ese necesario impacto para nuestra vida.

lunes, 28 de julio de 2025

Aunque parezcamos insignificantes seamos sembradores de buena semilla sin ningún tipo de complejo, que algún día germinará y producirá sus frutos

 


Aunque parezcamos insignificantes seamos sembradores de buena semilla sin ningún tipo de complejo, que algún día germinará y producirá sus frutos

Éxodo 32, 15-24.30-34; Sal. 105; Mateo, 13, 31-35

Total, ¿quien soy yo entre tantos? Ni me van a tener en cuenta porque en verdad soy poquita cosa, hay quien tiene más influencia, quien tiene más capacidad que yo, quien está mejor preparado y sabrá mejor que yo cómo actuar o qué decir. En nombre de una humildad mal entendida quizás muchas veces podamos haber dicho algo semejante, nos callamos porque pensamos que nuestra opinión ni vale ni importa a nadie, nos ponemos a la sombra para que incluso ni se note nuestra presencia. ¿Está bien actuar así?

Nos justificamos de nuestros silencios, aunque en el fondo nosotros teníamos una opinión que no nos sentíamos capaces de manifestar; nos parece que son las luces grandes las que de verdad iluminan, o que son los que hacen cosas extraordinarias los que van a relucir en la vida y podrán darle a la vida y al mundo algo que merezca la pena. ¿Será así cómo tenemos que pensar?

Hoy nos está diciendo Jesús que lo pequeño sí vale, sí es importante, sí hay que tenerlo en cuenta. Una semilla habitualmente no suele tener gran tamaño en comparación con el tamaño de la planta que germina o de la cantidad de frutos que luego pueda darnos. Jesús nos ha hablado estos días del sembrador que sale a esparcir sus semillas, pequeñas e insignificantes, pero que pueden producir como nos dice en una parábola hasta el ciento por uno.

Hoy nos habla de la mostaza, pequeña e insignificante, pero que puede hacer brotar una planta que dentro de las hortalizas puede tener un considerable tamaño; como nos dice hasta los pájaros pueden venir a anidar entre sus ramas. Pero nos habla también de la levadura, un puñado apenas que sin embargo hará fermentar la masa, con todo lo que eso significa para el buen pan que podemos luego comer. A los oyentes de Jesús en aquel momento les era bien significativo lo de la levadura, pues en determinados momentos como en la pascua habían de comer el pan sin levadura, sin el buen sabor que le da la levadura, en recuerdo de cuando vivían en la pobreza de la esclavitud y ni levadura tenían.

Jesús nos está haciendo valorar lo pequeño; pero es que tenemos que decir algo más, Jesús nos está haciendo que sepamos valorarnos nosotros también, aunque nos consideremos pequeños e insignificantes. Nuestras palabras valen tanto como las de los demás, nuestros pequeños gestos de amor son importantes en medio de la sequedad de nuestro mundo que se hace insolidario y está tan lleno de cosas que tienen sabor amargo.

Es muy válida e importante esa palabra que puedes decir y que puede ser un paño que seque muchas lágrimas a tu alrededor; es muy importante ese gesto de amabilidad que vas a tener con aquel con quien te cruzas por la calle, esos buenos días con buen semblante con que saludas al barrendero, porque le puedes hacerle sentirse valorado y respetado como el que más. Jesús nos dirá que no se quedará sin recompensa un vaso de agua dado en su nombre. Cuánta sed puede calmar en corazones atormentados y llenos de amargura ese gesto sencillo de detenerse junto a alguien para preguntarle simplemente cómo está.

Jesús nos está diciendo cómo tenemos que ser esa levadura en medio de la masa; cuanto podemos hacer con nuestra cercanía y nuestra preocupación por los demás; qué riqueza estamos trasmitiendo y compartiendo con los demás cuando somos capaces de decir una palabra que sea estimulo reiniciar un camino; cuánta paz podemos transmitir con una palabra llena de serenidad en medio de la violencia que nos aturde o incluso somos capaces de dar un abrazo de perdón.

Seamos sembradores de semillas de bondad, seamos generosos en repartir alegría y poner esperanza en los corazones, seamos capaces de trasmitir sin complejo los mejores pensamientos que surgen dentro de nosotros. Estaremos en verdad sembrando el Reino de Dios, algún día esa semilla germinará y producirá su fruto.

domingo, 8 de junio de 2025

Nos hace falta revigorizar en nosotros la alegría del Espíritu, reavivar esa experiencia en nosotros, que nos despierte a algo nuevo y vivo y fermentar la levadura del evangelio

 


Nos hace falta revigorizar en nosotros la alegría del Espíritu, reavivar esa experiencia en nosotros, que nos despierte a algo nuevo y vivo y fermentar la levadura del evangelio

 Hechos 2, 1-11; Salmo 103; 1Corintios 12, 3b-7. 12-13;  Juan 20, 19-23

Hay experiencias por las que pasamos en la vida que nos marcan profundamente y nos harán sentir que a partir de ello ya todo no es igual para nosotros, nos pueden abrir a un nuevo sentido de vida, a comprender de una forma distinta aquellas cosas que nos van sucediendo y reviviéndolas nos sentimos como distintos, de alguna manera transformados y con una fuerza interior que nos lleva a ese nuevo actuar. Son experiencias que no solo recordamos sino que revivimos dentro de nosotros, porque cuando las recordamos es como si estuviéramos viviéndolas de nuevo y brota de nosotros como una nueva energía que nos hace distintos en cada momento.

Los discípulos de Jesús habían  pasado también por una tremenda experiencia; la entrega de Jesús, su pasión y su muerte fue algo que les hizo experimentar dentro de ellos mismos algo grande; la experiencia podría parecer que estaba llena de sombras porque todo aquello podía sonarles a fracaso; pero cuando al tercer día se encontraron con El vivo y resucitado todo cambio en su interior.

El evangelio, por expresarlo de alguna manera nos habla de sorpresa y de alegría, pero tuvo que ser algo más porque comenzaron a descubrir el sentido de todo; revivían no solo su muerte sino todo lo que había sido su vida con Jesús y sus hechos y palabras se hacían vida dentro de ellos; las palabras de Jesús se cumplían y lo estaban viendo en aquella experiencia pascual que estaban viviendo; era en verdad pascua para ellos todo aquello porque era un paso grande – pascua significa paso – el que estaban viviendo y los estaba transformando.

Sentían que Jesús estaba ya siempre con ellos; aquello que Jesús les había prometido del Paráclito o Defensor que estaría con ellos y les haría comprender todas las cosas lo estaban experimentando en sus vidas; era el Espíritu divino, el Espíritu Santo prometido que estaba con ellos.

Los textos de la Palabra de Dios nos hablan de dos momentos principales donde van a sentir esa fuerza del Espíritu; la forma de narrarnos las cosas de los evangelistas que tienen que emplear lenguajes humanos nos hablarán de dos tiempos distintos. Es el evangelio de Juan el que nos habla como en aquel primer encuentro con Cristo resucitado se sintieron llenos del Espíritu cuando Jesús les decía que habían de ir por el mundo anunciando el perdón, anunciando una nueva paz. ‘Recibir el Espíritu Santo… a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados…’

Es anuncio y cumplimiento de aquella amnistía, aquel año de gracia del que hablaban los profetas y Jesús anuncia en la sinagoga de Nazaret. Una experiencia que ellos estaban viviendo y que ahora habían de transmitir. El Espíritu que impulsó a Jesús a anunciar aquella Buena Nueva es el que ahora ellos van a sentir en su interior para hacer ese anuncio hasta los confines del mundo.

San Lucas, por su parte, nos dará por así decirlo un plazo de cuarenta días en que con la presencia de Cristo resucitado que ellos estaban continuamente reviviendo fueron como redescubriendo todo el sentido del misterio de Jesús. Experimentarán así esa presencia del Espíritu en su corazones que Lucas nos va a situar en el día del Pentecostés judío – una fiesta que se celebraba a los cincuenta días de la pascua, de ahí su nombre – el momento en que van a sentir esa experiencia del Espíritu, esa fuerza del Espíritu que hará abrirse puertas y ventanas en su vida para salir a anunciar el nombre de Jesús. Es lo que nos describe san Lucas en los Hechos de los Apóstoles y hoy escuchamos.

Es lo que hoy nosotros estamos celebrando. Para nosotros no puede ser solo un recuerdo o una conmemoración; para nosotros tiene que ser el revivir esa experiencia del Espíritu en nosotros que lo hemos recibido desde nuestro Bautismo que nos hizo templos del Espíritu y de forma espacial como un don en nuestra confirmación. No puede ser algo que se quede en el recuerdo de un sacramento que un día recibimos, tiene que ser algo mucho mas hondo en nosotros mismos. Tenemos que abrirnos a la acción del Espíritu, tenemos que dejarnos conducir por la fuerza e inspiración del Espíritu Santo. Tenemos que hacerlo en verdad vida en nosotros.

Muchas veces los cristianos vamos de cansinos por la vida, parece que fuéramos arrastrándonos y haciendo las cosas solo por cumplimiento u obligación. Nos hace falta revigorizar en nosotros la alegría del Espíritu, reavivar esa experiencia en nosotros, que nos despierte a algo nuevo y vivo, que ponga alas en nuestros pies para ir a llevar esa buena noticia de salvación a los demás.

Qué lástima que los cristianos nos manifestemos tan aburridos, con falta de ese vigor y ese empuje que tienen que tener los que están llenos del Espíritu de Dios. Qué lástima que los encuentros de los cristianos sean tan monótonos y aburridos, pareciera que andamos adormilados, nos falta entusiasmo por aquello según decimos en lo que creemos porque no somos capaces de contagiar, de entusiasmar a los que están a nuestro lado.

Pidamos que se derrame abundante el Espíritu en nosotros, en nuestros corazones y en nuestras vidas, para que en verdad podamos hacer en nuestro mundo esa revolución del Evangelio. Si somos tantos cristianos en el mundo – cómo nos llenamos la boca con las cifras - ¿cómo es que en nuestro mundo no haya hecho efecto la levadura del evangelio? Y es que no vivimos esa vida nueva y renovadora del Evangelio; quizás habremos dejado sin efecto la fuerza de esa levadura porque la hemos hecho levadura vieja.

martes, 18 de febrero de 2025

En el silencio del corazón tenemos que seguir meditando y empapándonos del evangelio de Jesús para sentirnos transformados y comenzar a transformar nuestro mundo

 


En el silencio del corazón tenemos que seguir meditando y empapándonos del evangelio de Jesús para sentirnos transformados y comenzar a transformar nuestro mundo

Génesis 6,5-8; 7, 1-5.10; Salmo 28; Marcos 8,14-21

También algunas veces nos quedamos atascados, sobre todo cuando nos hablan en un sentido figurado y nosotros en nuestra superficialidad nos quedamos en el sentido literal de las palabras; bueno, en ocasiones nos quedamos ahí porque quizás sabemos que lo que nos están diciendo viene con segundas, como solemos decir, y no queremos complicarnos, no queremos vernos aludidos; algunas veces quizás no andamos en la onda, que decimos también, porque vamos en la vida a lo nuestro y no queremos pensar, no queremos ahondar, no queremos complicarnos en la vida, que ya tenemos bastante con los nuestro, solemos decir.

¿Andaban despistados los discípulos? Jesús les hablaba siempre claramente y a los que estaban más cercanos a El, como aquel grupo de los doce que se había formado en su entorno, les hacía consideraciones especiales. Es quizás de lo que ahora quiere hablarles, quiere hacerles comprender, para que tampoco se dejen arrastrar, para que no entren en confusiones como tantos cuando veían las enseñanzas de los fariseos y de los maestros de la Ley; quizás por algunas ambiciones que aun llevaban en sus corazones, no terminaban de dejar de pensar en primeros puestos, o en la manera que tenían de entender lo que era el mesianismo, o porque en algunas ocasiones se sintiesen tentados a aquellos rigorismos que les ofrecían los fariseos, ahora no terminan de entender a Jesús.

Nos sucede tantas veces que andamos confundidos, no estamos satisfechos con muchas cosas en nuestra vida social, en nuestras comunidades, en lo que sucede en nuestros pueblos, en lo que contemplamos también muchas veces en la Iglesia y no sabemos a quien escuchar; o queremos andar a lo de ancha es Castilla, para no complicarnos la vida y dejar correr las cosas, o nos sentimos tentados también por muchas de las cosas que oímos; también surgen corrientes en lo social o en nuestra iglesia con caminos de rigorismo que nos hacen pensar que esa sería la solución de muchos problemas.

Ahora que van atravesando en la barca el lago y cuando se dan cuenta que no han recogido las suficientes provisiones para el recorrido que van a hacer, viene Jesús y les habla de que anden con cuidado con la levadura de los fariseos; ya ellos están entendiendo, no lo que realmente les quiere decir Jesús, sino en la preocupación que ahora tienen de que no han previsto suficiente pan para su recorrido, porque se dan cuenta de que solo llevan un pan.

Jesús se da cuenta que no lo han entendido, les recuerda lo que había sucedido en otra ocasión cuando se encontraron en despoblado con mucha gente y pocos panes, y como se habían solucionado todo. Pero Jesús no va por ahí con sus palabras, El quiere hacerlos pensar en algo más, para que no entren en confusiones y se dejen engañar. Hablar de levadura era en lenguaje figurado, porque así como la levadura es la que va hacer fermentar la masa – ya en alguna ocasiones nos dirá que necesitamos ser levadura en medio del mundo porque hemos de dar buen sabor a nuestro mundo – y ahora Jesús se está refiriendo a la levadura de los fariseos que con sus palabras, sus insinuaciones, sus reglamentos, sus rigorismos querían impregnar a aquella sociedad de algo bien distinto de lo que Jesús nos quería trasmitir como evangelio, como buena noticia de salvación para todos.

Es la levadura de Jesús la que va a hacer fermentar nuestra vida, es la que hará surgir ese hombre nuevo de vida y de gracia, es la levadura de Jesús la que se va a convertir en evangelio para toda la humanidad, en buena noticia de salvación. Dejemos que el evangelio se meta en nuestro corazón y allí vaya produciendo sus frutos, vaya haciendo fermentar nuestra vida para que surja esa vida nueva que transforme nuestro mundo. 

Será así como nosotros llegaremos a ser también con el evangelio de Jesús esa buena levadura para nuestro mundo. Dejemos que esa semilla se siga sembrando en nosotros, poco a poco, dejándola germinar en silencio en nuestro corazón. Todo lo que nos pueda ayudar a rumiar ese alimento de vida que es el evangelio tenemos que aprovecharlo. No podemos escuchar ahora el anuncio del evangelio y al rato olvidarlo porque ya estamos interesados en otras cosas. Ahí en el silencio del corazón tenemos que seguirlo meditando para empaparnos de verdad de ese evangelio de Jesús. Nos sentiremos al final transformados nosotros y comenzaremos de verdad a transformar nuestro mundo.

martes, 29 de octubre de 2024

Planta de mostaza que nos acoge bajo sus ramas y levadura que se diluye en la masa del mundo para fermentarlo para algo nuevo que es el Reino de Dios

 


Planta de mostaza que nos acoge bajo sus ramas y levadura que se diluye en la masa del mundo para fermentarlo para algo nuevo que es el Reino de Dios

Efesios 5, 21-33; Salmo 127; Lucas 13, 18-21

Cuando soñamos con un proyecto en nuestra imaginación, pero también fruto de nuestros deseos, aspiramos a realizar algo grande e importante; ya nos estamos viendo en medio de la grandiosidad de lo que hemos soñado y cuando pensamos que lo tenemos realizado llenos de orgullo por aquello que hemos logrado y que pudiera ser quizás beneficio para tantos. Pero quizás nos olvidamos de una cosa, de los pasos que hemos de dar para lograrlo, de cómo tienen que ser sus comienzos y nos olvidamos de aquellos primeros granos de arena de aquellos primeros trazos que hicimos y que fue el cimiento de lo conseguido al final. Tenemos que aprender a valorar esas pequeñas cosas que nos podrían parecer insignificantes, pero que nos hicieron soñar cuando humildemente pusimos aquellos sencillos cimientos.

Creo que es pensamiento que nos puede ayudar mucho en la vida, empezando por ser humildes y valorar esas pequeñas cosas que vamos realizando en la vida, o que vemos realizar a los demás. No lo podemos realizar sin esos pequeños granos de arena, que tan insignificantes son que se los puede llevar el viento.

Hoy Jesús se pregunta en su diálogo con la gente con que puede comparar el Reino de Dios que está anunciando y queriendo construir, con qué puede ser semejante. Había salido Jesús por aquellos caminos y aldeas de Galilea anunciando la llegada del Reino de Dios; en las gentes se despertaba la esperanza, porque además en la idea que tenían del Mesías ese Reino parecía que tenía que ser algo muy material, porque sería reconstruir la soberanía de Israel frente al dominio que estaban sufriendo de pueblos extranjeros, en este caso de Roma. Quizás la gente que en principio parecía tan entusiasmada con el anuncio de Jesús podía desinflarse, porque no veían cumplir sus esperanzas como ellos soñaban. Lo mismo le podía suceder a aquel grupo de discípulos más cercanos que siempre estaban con Jesús y a los que nos faltaban también sus ambiciones, a pesar de todo lo que Jesús les iba enseñando.

Y ahora nos dice que la semejanza está en ese pequeño arbusto que podría pasar desapercibido incluso entre árboles más grandes a su alrededor, la mostaza en la insignificancia de su semilla, y en la humildad de su planta. Pero Jesús les dice que será algo grande, porque los pájaros del cielo vendrán a anidarse en ella. Entre los sueños de grandeza que se habían ido elaborando en sus cabezas, parece que aquella imagen no terminaba de convencerles.

Pero habla también Jesús de la levadura. Un polvillo que podría deslizarse entre los dedos y hasta perderse llevado por el viento. Pero Jesús les habla de lo importante de la levadura; sin ella no puede fermentar la masa, es así cómo podrán elaborar el pan que los alimente, haciéndolo fermentar y crecer para darnos unas hermosas y jugosas hogazas de pan para el alimento de cada día. Pero qué hace la levadura, tiene que mezclarse bien entre la masa, hasta de alguna manera desaparecer o confundirse con la masa; pero tendrá su efectividad.

Y nos está diciendo Jesús cómo tenemos que ser esa planta, que aunque nos parece pequeña tiene que ser acogedora, o ser como esa levadura que se mezcla con la masa para hacerla fermentar. Algo que nos parece humilde, pequeño, incluso insignificante, pero que no es nada insignificante porque nos va a producir unos grandes efectos.

Y es aquí cuando en nuestra reflexión tenemos que preguntarnos, por ejemplo, en qué medida estamos nosotros siendo esa levadura en medio de nuestro mundo. Es el paso importante que tenemos que dar en lo que es nuestra vida cristiana; no somos cristianos para nosotros mismos, como la levadura no es para sí misma. Tenemos que ser cristianos para los demás, tenemos que ser cristianos en medio de los demás, tenemos que ser cristianos que seamos en verdad levadura en medio del mundo.

¿Lo estaremos siendo? ¿Se nota la presencia de los cristianos en medio de la sociedad influyendo desde nuestros valores, desde nuestros principios, o acaso nos hemos diluido tanto que más bien hemos sido absorbidos por la masa de ese mundo? No quiero ser pesimista ni derrotista, pero algunas veces tendríamos que pensar si en nuestra sociedad somos tantos los cristianos ¿cómo es que no influimos en los valores de esa sociedad que por otra parte vemos como se van perdiendo principios y valores cristianos, cada vez es una sociedad más descristianizada, se ha ido perdiendo el sentido de Dios y de lo religioso?

Tenemos que despertar los cristianos. Y no es que tengamos que hacer ostentosas representaciones del hecho religioso, no es que tengamos que presentar a los ojos del mundo unas liturgias muy solemnes y esplendorosas, no es que tengamos que cargar a nuestras imágenes religiosas de tanta ostentación y rodearlas de tantos oropeles, sino que cada uno de los cristianos tiene que ser un testigo en medio del mundo de esos valores que nos enseña Jesús en el Evangelio, de lo que de verdad es el Reino de Dios.

Creo que son cosas que nos tienen que hacer pensar. Pensemos en lo que soñamos de cómo nos gustaría la presencia de la Iglesia en medio del mundo, muchas veces más pensando en prestigios y vanidades humanas, y si está en consonancia con lo que Jesús nos enseña en el evangelio.

viernes, 12 de julio de 2024

No es la imposición de unas ideas o conceptos sino el contagio de una vida cuando estamos empapados de evangelio para transformar nuestro mundo

 


No es la imposición de unas ideas o conceptos sino el contagio de una vida cuando estamos empapados de evangelio para transformar nuestro mundo

Oseas 14, 2-10; Salmo 50; Mateo 10, 16-23

Bueno, lo voy a decir así como me sale casi de forma espontánea, pero me gustaría me entendieran bien lo que quiero expresar. Una cosa es recibir una instrucción en la que se nos trasmiten unos conocimientos que bien o pueden ser hechos de la historia que nos vendría bien conocer – ¿a quien no le gusta conocer la historia de su pueblo, o de sus antepasados, por ejemplo? – ya sea el conocimiento de unas ciencias o unas materias  que necesitamos para manejarnos en la vida, y otra cosa es educarnos para la vida, trasmitirnos algo más hondo que nos ayude a encontrar el sentido de la vida misma y afrontar humanamente las diferentes circunstancias con las que nos vamos a ir topando. Es trasmitir algo más hondo porque diríamos nos va a enseñar a vivir, algo que tendrá que convertir en levadura que haga fermentar la masa de nuestro mundo.

Y eso, podríamos decir, es lo que nos quiere trasmitir el evangelio que hoy se nos ofrece. Esa es la misión que Jesús confía a quienes creen en El, a sus discípulos como lo que tienen trasmitir al mundo que les rodea; es el testimonio de lo que se vive, de lo que viven a partir de lo que significado su encuentro con Jesus.

No se contentarán los evangelistas con darnos unos datos biográficos de la vida de Jesús, sino de trasmitir el mensaje que ha sido la vida de Jesús para la humanidad. Son pocos los datos que podríamos llamar históricos que se nos ofrecen en los evangelios de Jesús, pero cuando nos están trasmitiendo lo que hizo y lo que dijo Jesús se nos está trasmitiendo un mensaje de vida desde lo que los propios evangelistas han vivido también en su encuentro con Jesús.

Y es lo que se nos está pidiendo a nosotros hoy, a los que creemos en Jesús, que hemos de convertirnos en testigos en medio del mundo. Un testimonio que no será fácil, porque de alguna manera implica una novedad, algo distinto frente a lo que se vive en el mundo. Por eso decimos es un mensaje de salvación, un mensaje de liberación, un mensaje que presente lograr una transformación para hacer un mundo nuevo, para hacer unos hombres nuevos.

Y eso será costoso porque se convierte en una contradicción frente al mundo. No siempre se querrá escuchar ese mensaje sobre todo cuando implica una renovación interior, una renovación desde lo más hondo de nosotros mismos; y nos cuesta cambiar, nos habituamos a lo que siempre hemos vivido y aunque no sintamos una satisfacción plena, sin embargo no queremos arrancarnos de ello para emprender algo nuevo. Es principalmente desde nuestro propio interior donde vamos a encontrar esa oposición al propio mensaje del evangelio.

Por eso hoy Jesús les dirá a los discípulos que los envía como corderos en medio de lobos, pero al mismo tiempo nos pedirá sagacidad y sencillez. Esa sabiduría de Dios que queremos vivir y transmitir al mismo tiempo nos dará como una visión nueva, nos hace descubrir un sentido nuevo, y nos motivará interior para descubrir los medios y caminos, la manera  de cómo hemos de llevar mejor ese mensaje a los demás. 

Pero no podemos olvidar la humildad y la sencillez, porque solo somos unos servidores de esa Palabra de salvación que hemos de trasmitir, no nos podemos presentar como poseedores absolutos que tratan de imponer dicho mensaje, dicho sentido de vida. Es la oferta que hacemos desde el amor, es la oferta que hacemos con sencillez y humildad. Pero es la oferta que hacemos con valentía sin temor a la oposición que podamos encontrar.

Nos habla Jesus de tribunales y de juicios, nos habla de cárceles y de persecución y es que el discípulo no es mejor que su maestro y ¿qué es lo que hicieron con Jesus? El nos promete la fuerza y sabiduría de su Espíritu que estará con nosotros, pondrá palabras en nuestros labios y fortaleza en el corazón. Porque es una vida lo que queremos transmitir, que primero hemos de vivir en nosotros mismos para luego poder contagiar a los demás. Es como una osmosis lo que tenemos que realizar, porque de aquello que nosotros estamos empapados, empaparemos al mundo que nos rodea.  

martes, 13 de febrero de 2024

No nos dejemos sucumbir por acosos e influencias que recibimos de todas partes, sino mantengamos encendida la lámpara de nuestra fe anclando nuestra vida en el evangelio

 


No nos dejemos sucumbir por acosos e influencias que recibimos de todas partes, sino mantengamos encendida la lámpara de nuestra fe anclando nuestra vida en el evangelio

Santiago 1, 12-18; Salmo 93;  Marcos 8, 14- 21

En ocasiones nos sucede, como si estuviéramos embotados, tenemos las cosas delante y no las encontramos, no las vemos. Y no es solo eso que nos sucede tantas veces que algo que necesitamos o estamos usando continuamente de pronto queremos buscarlo y no lo encontramos, no lo vemos, aunque prácticamente lo tengamos delante de los ojos.

Pero ya no pienso solamente en cosas materiales que tenemos perdidas de esa manera, sino que quizás alguien nos está hablando de una cosa, que se sobreentiende que hemos de entender de lo que nos está hablando, y tampoco parece que nos queremos enterar; quizás alguien nos quiere contar algo y nos lo quiere decir con una delicadeza especial, podríamos decir que nos lo quiere decir con imágenes que se pueden expresar también con palabras y nos quedamos en una interpretación tan literal que no llegamos a entender el mensaje que nos quieren transmitir, o lo que es peor, luego nos hacemos nosotros interpretaciones sesgadas que nos pueden llevar a malos entendimientos y hasta desconfianzas y rupturas. Cuantos problemas nos creamos con esa cerrazón de la mente.

Algo así les pasaba en ocasiones a los discípulos con Jesús. El quería aprovechar cada situación para enseñarles, para hacerles reflexionar, para abrir su mente y su corazón a la buena nueva del evangelio del Reino que Jesús no solo anunciaba sino que estaba constituyendo en medio de ellos. Como hacemos también nosotros en ocasiones que aprovechamos algo que sucede, algo especial que podamos contemplar y con ello queremos enseñar a los hijos o queremos trasmitir algo a los que están a nuestro lado.

Iban en la barca atravesando el lago y no habían cogido demasiadas provisiones para aquellos recorridos que Jesús hacia con los discípulos unas veces enseñando en los distintos pueblos por los que pasaban, u otra aprovechando esos momentos de mayor cercanía con el grupo de los discípulos para instruirlos con  mayor intensidad, podríamos decir.

Y Jesús les deja caer, como quien no quiere la cosa, que tengan cuidado con la levadura de los fariseos y de los escribas. Quizás a nosotros hoy nos pueda ser fácil interpretar el sentido de estas palabras de Jesús. La levadura es la que hace fermentar la masa para poder elaborar el pan; depende de la bondad de la levadura para que podemos tener un buen pan. Pero como la levadura es lo que queremos inculcar por ejemplo en los demás para una buena mentalización, para un crecimiento interior, para una nueva manera de ver las cosas; y vamos dejando caer nuestros pensamientos, vamos dejando nuestras reflexiones quizás resumidas en pocas palabras o en unas imágenes, vamos queriendo contagiar nuestro pensamiento y nuestra manera de obrar.

Lo podemos llamar propaganda o publicidad, lo podemos considerar como una mediación para lograr lo que queremos de nuestra sociedad. Estamos rodeados de esas influencias de todo tipo, nos bombardean desde los medios de comunicación afines a unas ideas, nos lo tratan de imponer trazando leyes y normas para la sociedad desde un sentido partidista, son las maneras de ir logrando un cambio en la sociedad.

Lo hacían los fariseos y los escribas haciendo entender a la gente que lo que ellos decían y ensañaban, aunque luego ellos no lo cumplieran, era lo válido para aquella sociedad y aquellos momentos. Desde una situación de poder, porque se habían convertido en los dirigentes de aquella sociedad, trataban de influir en la gente. Y es lo que Jesús les está diciendo a los discípulos, ‘cuidado con la levadura de los fariseos…’ Pero los discípulos no entendían; lo veían casi como una punta de Jesús porque no habían llevado suficiente pan para aquellos días que iban a estar por distintos lugares. Y Jesús tendrá que detenerse a hacerlos reflexionar, recordando muchas cosas que había hecho con ellos y en las que en otras ocasiones habían sabido ver la acción de Dios en sus vidas a través de aquellos signos y milagros que Jesús iba realizando.

¿Estaremos también nosotros cegados para no saber comprender lo que nos pasa, lo que sucede en la sociedad, lo que Jesús trata de decirnos a través del evangelio? También nosotros recibimos muchas influencias de todas partes, y como los fariseos estaban en contra de Jesús, también nos encontramos una sociedad que de alguna manera rechaza el mensaje del evangelio. Ahí está esa lucha sorda de tantos contra lo que significa la fe, la religión, la Iglesia; de muchas manera se trata de influir para hacer una sociedad de la que cada vez se destierre más a Dios y a nuestra relación con El.

¿Estaremos de verdad despiertos los creyentes para mantener encendida la lámpara de nuestra fe? ¿Nos dejamos influir o nos fortalecemos interiormente anclando nuestra vida en el evangelio, en Jesús, en Dios? No nos dejemos sucumbir por esos acosos e influencias que recibimos de tantos lados.

viernes, 20 de octubre de 2023

Los cristianos tenemos que ser levadura en medio de la masa, porque nos diluyamos en medio del mundo contagiando de los valores que nos dan la verdadera grandeza

 


Los cristianos tenemos que ser levadura en medio de la masa, porque nos diluyamos en medio del mundo contagiando de los valores que nos dan la verdadera grandeza

 Romanos 4,1-8; Sal 31; Lucas 12,1-7

La levadura es ese fermento que se emplea para provocar ese proceso de fermentación que nos va a dar esas diversas sustancias y nutrientes importantes para la alimentación del cuerpo humano. Es lo que se utiliza en la masa de harina con la que elaboramos el pan, por ejemplo, lo mismo que en la repostería. Algo que se diluye en la masa de manera sutil, podríamos decir, que no se necesita en grandes cantidades, casi imperceptible pero necesaria para la manipulación de la masa para hacerla fermentar.

Pero lo podemos tomar como imagen de lo que podríamos llamar también manipulación de las personas y de las masas. Deja correr un bulo y veremos como se va difundiendo de manera sutil y al final todo el mundo se lo cree como si fuera una verdad, una cosa real. Queremos que la opinión de la masa vaya en un sentido, déjalo caer casi como una noticia imperceptible, y poco a poco a poco todo el mundo se lo terminará creyendo y actuando según aquello que se pretendía. Hoy nuestra sociedad es muy manipulada desde las distintas ideologías y quienes tienen el poder de la comunicación en sus manos van a influir, muchas veces de manera muy decisiva, incluso en la marcha de la sociedad.

Es necesario tener criterios firmes y convincentes; es necesario que formemos debidamente nuestra conciencia desde unos principios y desde unos valores para tener la seguridad de por donde caminamos, sin dejarnos arrastrar por esas distintas influencias que se van dando por distintos caminos en nuestra sociedad. Y en esto los cristianos tenemos que fundamentarnos debidamente para mantener la firmeza de nuestra fe, para caminar con pie seguro en esa construcción de nuestro mundo que queremos realizar desde los ideales y los valores del Reino de Dios. Y tenemos que preguntarnos si en esto no estaremos fallando por una falta de firmeza en nuestra vida.

Con lo que escuchamos hoy en el evangelio vemos cómo Jesús quiere prevenirnos, como quería entonces prevenir a los discípulos con la levadura de los fariseos. Jesús les habla de la hipocresía, de la falsedad de sus vidas. Hipócrita es el que tiene dos caras, tomando la palabra de aquellas caretas que se utilizaban en las obras teatrales para que el actor diera el aspecto de aquel papel que representaba; el actor no se representaba a si mismo, sino que con la careta tenía que hacer de otro personaje.

Jesús les echa en cara a los fariseos que como maestros enseñaban muchas cosas que luego ellos en su propia vida no realizaban. Aparentar con las palabras una cosa que estaba muy distante de lo que realmente era su vida. La hipocresía es una falsedad, una mentira, una apariencia que oculta lo que en verdad es la propia vida; es una vanidad y una ostentación; es una falta de autenticidad en la vida y de congruencia entre lo que son las palabras y las obras que luego realizamos; es una sutileza muy bien camuflada para manipular y por llevar a los demás por caminos de nuestra conveniencia; una manipulación de los que son débiles desde la malicia que reina en el corazón.

Cuidado con esas falsas levaduras llenas de maldad. Pero no olvidemos, por otra parte, que Jesús quiere que nosotros los cristianos seamos en verdad levadura en la masa; no porque manipulemos de mala manera a los demás o tratemos de imponer las cosas, sino porque nos diluyamos en medio del mundo que nos rodea para contagiar de esos valores del evangelio que tanta grandeza dan a nuestra vida.

lunes, 31 de julio de 2023

Aprendamos a seguir los ritmos del Reino de Dios que arranca de las cosas pequeñas y como levadura hará a su tiempo fermentar nuestro mundo

 


Aprendamos a seguir los ritmos del Reino de Dios que arranca de las cosas pequeñas y como levadura hará a su tiempo fermentar nuestro mundo

Éxodo 32 15-24.30-34; Sal 105; Mateo 13, 31-35

¿Por qué no hemos de reconocerlo? Todos cuando nos ponemos a soñar, soñamos con cosas grandes, cosas importantes, cosas que llamen la atención. Sentimos un no sé dentro de nosotros cuando vemos el éxito de los demás, que lo que realizan es muy valorado y tenido en cuenta, que quizás han realizado cosas grandes que nos hubiera gustado hacer a nosotros, y por eso al menos nos quedamos con nuestros sueños.

Bajándonos de los sueños, cuando hacemos nuestras programaciones de lo que podríamos hacer, de lo que es un plan para nuestra empresa o en la tarea cualesquiera que sea que nosotros realizamos, nos queremos programar a lo grande, realizar muchas cosas y muchas cosas importantes. Pero, ¿nos daremos cuenta de que esas cosas tan maravillosas que ahora vemos, o que nos programamos, tienen siempre que comenzar de abajo, por cosas que en la grandiosidad de la obra hasta olvidamos, pero que fueron cosas pequeñas en principio sobre lo que poco a poco se fue creciendo?

Es como nos propósitos que nos hacemos tantas veces cuando queremos hacer un cambio en nuestra vida. Nos decimos de ahora en adelante no haré ni esto ni lo otro, y ya estamos pensando en tantas cosas nuevas y distintas que vamos a hacer. Esos grandes propósitos de grandes cosas, a pesar de lo grande, se los lleva el viento.

Hoy Jesús cuando nos habla del Reino de Dios nos está enseñando a saber comenzar por lo pequeño. Cuando pensamos en el Reino de Dios y cuando pensamos hoy en la Iglesia querríamos una Iglesia triunfadora, una iglesia que hace grandes cosas, una iglesia que se hace respetar por todas esas maravillas que decimos que tiene que hacer. Pero la realidad de la Iglesia tenemos que vivirlo en lo pequeño, la realidad de la Iglesia parte de cada uno de nosotros que en nuestra pequeñez tenemos que aprender a hacer cosas pequeñas, que nos pueden parecer insignificantes, pero que son las que están de verdad construyendo el Reino de Dios.

Por eso hoy Jesús nos habla de la mostaza, una semilla pequeña e insignificante, que no va a producir un árbol grande, cuando más un pequeño arbusto, pero que será capaz hasta de albergar el nido de un pajarillo; y nos habla de la levadura que prácticamente es un polvo, una harina por explicárnoslo de alguna manera que ha de mezclarse y prácticamente desaparecer en la masa pero que la hará fermentar, y para eso tiene también su tiempo, para lograr el efecto deseado.

Hacernos grano de mostaza, hacernos levadura que se disuelve en la masa, así comenzamos la tarea de la construcción del Reino de Dios. Partimos de algo tan sencillo y tan humilde como es un acto de fe. Un acto de fe que nos abaja de nuestros pedestales para ponernos humildemente en la manos de Dios; un acto de fe que, en cierto modo, es como voto de confianza que estamos dando a Dios (aunque esto que estoy diciendo nos parezca muy atrevido); pero hablamos de la obediencia de la fe, hablamos del reconocimiento de la grandeza de Dios y de su amor que será lo que en verdad luego nos hará a nosotros grandes. Ponemos nuestra confianza en Dios, es cierto, porque hemos sentido su amor sobre nosotros.

Pero comenzamos a fiarnos y a dejarnos conducir; comenzamos a fiarnos y vamos a ir comenzando a poner pequeños gestos y detalles de fe y de amor; esa fe que ponemos en Dios nos hace creer en el hombre, nos hace confiar en la persona y por eso comenzaremos a amar, a manifestar nuestro amor – que es dar las señales del Reino de Dios en nosotros – a través de esos pequeños gestos de cercanía, de ternura, de amor que vamos a poner en los demás.

La semilla germina, y tiene su tiempo para germinar, y poco a poco irá brotando esa planta que luego irá creciendo poco a poco. Tenemos que saber esperar. Eso que en el mundo en el que vivimos de todo automático ya no sabemos tener, paciencia. Todo lo queremos de forma automática, si el ordenador no nos responde tan deprisa como nosotros queremos, nos desesperamos; si el teléfono móvil se nos pone lento, ya queremos eliminarlo y buscar otro que sea más rápido.

Pero el crecimiento siempre es lento, tiene su tiempo. No podemos hacer que un niño de dos años, tenga ya la madurez de un adulto de cuarenta. Hemos de dejarlo crecer, hemos de saber esperar sus propias etapas de crecimiento y de maduración. Así nos sucede con el Reino de Dios, tiene sus tiempos, que son los tiempos de Dios, que no es el automatismo que nosotros queremos dar; así es el camino de la Iglesia, el camino de la transformación de nuestro mundo por la levadura del evangelio.

¿Aprenderemos a seguir los ritmos del Reino de Dios que arranca de las cosas pequeñas y como levadura tiene que hacer fermentar nuestro mundo? Nos enseña también a respetar el ritmo de las personas que tienen su tiempo para crecer y para madurar.