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domingo, 7 de mayo de 2017

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos

Es Jesús ese Buen Pastor, que nos llama y nos busca, nos alimenta y nos da vida, con el alimento de su Palabra y de su propia vida, la puerta verdadera que nos abre a la plenitud de Dios

Hch 2,14a.36-41; Sal 22; 2Pedro 2,20-25; Juan 10,1-10
Traspasar una puerta es abrirnos a lo que esta mas allá. Un mundo nuevo que se nos puede abrir ante el que quizás vamos con cierta incertidumbre, pero también cuando traspasamos las puertas del hogar sabemos que nos vamos a sentir acogidos y queridos, nos vamos a sentir a gusto, nos vamos a encontrar allí donde plenamente desarrollamos lo que somos y lo que son nuestras esperanzas. Vayamos en positivo para quitar temores y miedos, traspasemos esa puerta que nos abre al encuentro profundo con los otros; traspasemos esa puerta tras la cual tanto podemos construir no solo para nosotros mismos sino también para aquellos con quienes convivimos o con quienes nos vamos a encontrar.
Mucho nos puede hacer pensar el sentido de ese traspasar esa puerta, aunque principalmente hasta ahora nos podamos referir a ese hogar de nuestras satisfacciones, pero puede ser la puerta que nos haga salir para ir al encuentro con los demás; y salir puede significar mucho también en cuanto salimos de cuanto nos encierra en nosotros mismos, en cuanto nos hace romper, por así decirlo, círculos que nos hagan mirarnos solo a nosotros mismos y nuestras cosas. Salimos y vamos mas allá; salimos y nos encontramos con el otro; salimos y nos abrimos a un mundo donde hemos de ir dejando también nuestras huellas en cuanto bueno podamos construir.
Cuanto podemos decir del sentido ese traspasar una puerta; a cuantas cosas nos puede abrir este pensamiento. Y le estoy dando vueltas a esta idea desde que escuche en el evangelio que Jesús nos decía que El es la puerta. Nos hablaba de un redil y de unas ovejas; nos hablaba de unos buenos pastores que cuidan de sus ovejas y las llevan a buenos pastos de vida pero nos hablaba también de ladrones y salteadores que no entran por la puerta, sino que buscan como robar y como destruir entrando, no por la puerta, sino por donde sea.
Este domingo lo llamamos tradicionalmente el domingo del Buen Pastor, por las imágenes que nos ofrece el evangelio. Es Jesús ese Buen Pastor, que nos llama y nos busca, nos alimenta y nos da vida, nos ofrece el alimento de su Palabra y de su propio Cuerpo y Sangre en la Eucaristía. Es Jesús el que verdaderamente nos conduce a la vida porque es el camino que nos lleva hasta el Padre; es Jesús el que se ofrece por nosotros para que tengamos vida y tengamos vida en abundancia como hoy mismo nos dice.
Pero además hoy nos esta diciendo que es la puerta, la puerta verdadera, la puerta que conduce a la vida, la puerta que nos abre a la plenitud de Dios. ‘Yo soy la puerta, nos dice, y quien entre por mi se salvara y podrá entrar y salir y encontrara pastos’. Es Jesús el que nos conduce a Dios, y en otro momento nos dirá que es el camino.
Es el que nos revela a Dios porque ‘nadie conoce al Padre sino al Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’, y nos dirá que es la Verdad; es la Palabra que nos da vida y nos llena de luz y nos dirá que es la Vida; es la Palabra que nos alimenta y que nos salva, y la Palabra que nos conduce hasta Dios. Porque ‘a Dios nadie lo vio jamás, el Hijo único que es Dios y que esta en el seno del Padre, nos lo ha dado a revelar’, nos decía el principio del evangelio de Juan.
Por eso sabemos que entrando por esa puerta que es Jesús nos vamos a encontrar con la plenitud de nuestra vida, la realización plena de lo que somos nosotros; entrando por esa puerta que es Jesús, porque escuchamos su voz, porque seguimos sus palabras, nos vamos a encontrar la felicidad mas que ninguna cosa humana nos podrá dar; entrando por esa puerta que es Jesús nos abriremos a ese camino autentico del amor y de la justicia con el que tanto bien podemos hacer a los demás para construir ese mundo mejor que todos necesitamos.
Cuando escuchamos a Jesús y le seguimos ya no podemos seguir encerrados en ese círculo que nos encierra en nosotros mismos, sino que siempre vamos a encontrar ese camino que se abre ante nosotros para ir al encuentro con los demás. Es incomprensible un seguir de Jesús que viva encerrado en si mismo; es imposible que si nos llenamos de la vida de Jesús no amemos a los demás a la manera como nos ama Jesús; es inconcebible en uno que haya escuchado la Buena Nueva de Jesús, el Evangelio para nuestra vida que es Jesús, que no nos sintamos impulsados a llevar también esa Buena Noticia de vida y salvación al mundo que le rodea.
Este evangelio de hoy, esta contemplación de Jesús como Buen Pastor y también como puerta por donde han de entrar las ovejas se convierte para nosotros en una llamada; es una vocación para sentir que como Cristo hemos de ser también pastores, pastores que anuncien, pastores que ayuden a los demás a ese encuentro con la verdad de Cristo, con la luz de Cristo, con la vida de Cristo.
Es un día de llamada, por eso decimos que es el día de las vocaciones. Para sentirnos llamados, pero también para orar al dueño de la mies, como nos enseña el mismo Jesús en el evangelio, para que sean muchos los que escuchen esa llamada, para que sean muchos los enviados con esa misión pastoral, esa misión de pastores en medio del pueblo de Dios.

sábado, 6 de mayo de 2017

Que la Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer resistencias, fortalecernos en las debilidades y vivir la intensidad de la fe y del amor

Que la Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer resistencias, fortalecernos en las debilidades y vivir  la intensidad de la fe y del amor

Hechos de los apóstoles 9, 31-42; Sal 115; Juan 6, 60-69
Cuantas veces lo habremos visto en nuestro entorno o nos habrá sucedido de alguna manera a nosotros mismos; personas que se alejan unas de otras, que merman la intensidad de la relación y de la amistad por estar en desacuerdo en algunas cosas, porque nos parecen complicados los planteamientos quizás radicales que toman en la vida en diferentes aspectos sociales, o porque quizás se muestran exigentes con nosotros queriendo que tomemos determinadas posturas que no nos terminan de convencer.
Nos distanciamos, como decíamos, y hasta llegan a romperse amistades que parecían indestructibles; nos sucede en la vida social, nos sucede en cuestiones políticas, nos sucede quizás por planteamientos religiosos y vitales para nuestra existencia. No queremos ir por ese camino, no nos convencen sus planteamientos, nos distanciamos en nuestras relaciones. ¿Será necesario llegar a eso? ¿Por qué nos cuesta aceptar y respetar que los otros son distintos?
Sucede ahora, pero ha sucedido siempre. Hoy vemos que sucedía con Jesús como lo vemos muchas veces a lo largo del evangelio. Será por otra parte la reacción de los fariseos y los distintos grupos ante el planteamiento nuevo que Jesús hacia para la vida del hombre; serán así las reacciones de las autoridades judías que finalmente le llevaran a la muerte.
Hoy la reacción la vemos ante las palabras de Jesús que no acaban de entender. ‘Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?’, se dirán algunos y el evangelista nos dirá que a partir de entonces muchos dejaron de seguirle. Les había hablado del Pan de vida, de comer su carne y de beber su sangre. Les decía que El era el verdadero Pan bajado del cielo para la vida del mundo y que quien lo comiera no sabría lo que es morir para siempre.
Eran unos planteamientos vitales lo que Jesús les hacia. Ese comer ese Pan de vida no se quedaba solo en lo material – que ellos no terminaban de quitarse de la cabeza lo del mana del desierto – sino era entender el sentido de Jesús, aceptar su vida que era aceptar su  camino. Esa radicalidad que les planteaba Jesús les costaba mucho entenderla y aceptarla.
Ahora Jesús se dirigirá a los mas cercanos a El, los discípulos que siempre le han seguido entre los que ha escogido los doce apóstoles y a ellos les planteara si también quieren marcharse. ‘las palabras que os he dicho son espíritu y son vida’, les dice, aunque no terminan de entenderle. Pero será Pedro el que se adelantara para proclamar que no se separara nunca de Jesús. ‘Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios’. Son las hermosas confesiones de fe y de amor que le escucharemos también en otras ocasiones porfiar por Jesús.
Nosotros también dudamos muchas veces en nuestra fe; hay cosas que nos cuestan, nos parecen también muy exigentes y radicales, preferiríamos un camino mas suave, con menos dificultades, donde fuéramos contentándonos con las cositas de cada día. Pero ya sabemos que seguir a Jesús no es un juego, es algo serio, o estamos con el o estamos contra el, y no podemos nada a dos aguas.
Queremos que esa Palabra de Jesús llegue a lo más hondo de nosotros y nos transforme con la fuerza del Espíritu para vencer tantas resistencias, para fortalecernos en tantas debilidades, para vivir toda la intensidad de la fe y del amor. Que no se enfríe nunca nuestra relación con Jesús ni le demos la espalda porque nos cueste seguirle. Ayúdanos, Señor, a creer en ti y seguirte con toda radicalidad.

viernes, 5 de mayo de 2017

Comiendo del Pan de vida saboreemos de verdad lo que es el amor para vivir esa unión con Dios y con los hermanos que solo desde el amor podemos alcanzar

Comiendo del Pan de vida saboreemos  de verdad lo que es el amor para vivir esa unión con Dios y con los hermanos que solo desde el amor podemos alcanzar

Hechos de los apóstoles 9, 1-20; Sal 116; Juan 6, 52-59
El amor une de la forma mas profunda. Quienes se aman se sienten unidos, que no solo es cercanía, que no solo es estar el uno al lado del otro, es algo mucho mas profundo. Es comenzar a sentir con los mismos sentimientos, es comenzar a sentir que su vida es mi vida de manera que hacemos un mismo camino, seguimos unos mismos pasos de manera que parece que las huellas de uno y otro se confunden, se hacen las mismas.
Son los hermosos sentimientos de una amistad verdadera, es la unión íntima y profunda que se vive en un amor matrimonial, es lo que queremos vivir cuando vivimos el verdadero amor de Dios. No es un amor que nos anule ni mucho menos, sino que nos hace vivir con mayor plenitud nuestro propio ser.
Eso tan humano como es el amor, el amor autentico y verdadero que no hemos de confundir con otras cosas, quiere Jesús que lo vivamos en plenitud, y en plenitud con El. Porque en la medida en que seamos capaces de vivirlo con El podremos vivirlo mas fácilmente con los demás, y la experiencia de vivirlo con los demás nos hace sentir la necesidad de unirnos mas y mas con Dios.
Por eso Jesús se nos ofrece como  alimento, como pan de vida. Quiere que le comamos a El, que nos unamos intima y profundamente con El, de la manera que el alimento que comemos se hace vida nuestra. Por eso  nos llega a decir hoy en el evangelio. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él’. Le comemos para vivir en El, le comemos para hacer su vida nuestra vida.
Es todo un proceso, un camino que hemos de ir haciendo. Aceptamos a Jesús y creemos en El. Aceptamos a Jesús y queremos vivir su vida. ¿Y que hacemos? Hacer su voluntad, seguir su camino, hacer vida nuestra su Palabra plantándola en nuestro corazón, haciéndola practica en nuestra vida. Ya nos dirá mas adelante que si lo amamos el Padre nos amara, cumpliremos sus mandamientos y el Padre y El vendrán a habitar en nosotros. Son palabras que escucharemos en la última cena, en su despedida.
Ahora nos lo esta anunciando cuando nos habla del Pan de vida, del Pan bajado del cielo, de que hemos de comer su carne y beber su sangre. Palabras que no siempre llegamos a entender bien. Como les costaba a los judíos que no entendían y que motivo incluso que muchos ya no quisieran seguir con El. Es que aceptar las palabras de Jesús no es un mero asentimiento formal, sino es aceptar a Jesús y el planteamiento que nos esta haciendo de la vida. Es pan de vida para nosotros porque se convierte para nosotros en sentido de nuestra vida, en el camino que hemos de recorrer, en la vida en que hemos de vivir.
Cuando nos acercamos, pues, a la Eucaristía vayamos a saborear su amor. Deseemos de verdad dejarnos inundar de su amor para poder llegar a vivir esa unión tan profunda con El que solo desde el amor podemos conseguir. Nuestra vida será distinta, nuestra vida se llenara de sentido y de plenitud, nuestro caminar con los hermanos será entonces cada día mas hermoso.

jueves, 4 de mayo de 2017

Comulgar a Cristo en la Eucaristía es comulgarle en nuestra vida porque llenos de El encontramos el sentido y la fuerza para nuestro existir

Comulgar a Cristo en la Eucaristía es comulgarle en nuestra vida porque llenos de El encontramos el sentido y la fuerza para nuestro existir

Hechos, 8, 26_40; Sal. 65; Jn. 6, 44-51
El pan es el mejor signo y la mejor expresión para significar el alimento que necesitamos. Cuando hablamos del pan de cada día estamos refiriéndonos a todo el alimento que necesitamos para subsistir. Nos referimos a esa comida con que nos alimentamos, es cierto, pero seguramente que estaremos queriendo decir mucho mas.
Alimento de la vida son los pensamientos y las ideas que marcan la razón y el sentido de nuestro existir; incluimos en ello nuestra cultura que nos recrea y nos alimenta espiritualmente y en ello va el sentido de la vida, el por que de las cosas o de nuestro vivir, las motivaciones mas profundas que podamos tener en nosotros o que en la apertura de nuestro espíritu seremos capaces de recibir de los demás.
Creo que algo de todo esto, aunque quizás lo haya expresado un poco espontáneamente y de una forma un tanto El es el pan de vida. Ya nos descarta que el quiera darnos solamente un pan material que alimente nuestros cuerpos, aun con lo importante que es. Compara el pan del cielo, el mana que les dio Moisés a sus padres en el desierto, con el pan que El quiere darnos. Quienes comieron aquel pan, murieron; El nos ofrece un pan que nos dacha vida para siempre.
Y es que en Jesús, en su palabra vamos a encontrar esa luz que de sentido a nuestra vida; es su evangelio, es su buena nueva, su buena noticia que alegra nuestro corazón porque nos da un sentido para nuestro vivir. Es la palabra que va iluminando lo que hacemos y loo que vivimos. Ahí encontramos ese alimento, esas razones y esa fuerza para esa nueva existencia, para ese nuevo vivir. Por eso nos dirá que alimentándonos de El tendremos vida eterna, tendremos vida en plenitud, porque encontraremos la realización mas honda de nuestra existencia.
Es pan de vida porque además nos dirá que comiendo ese pan, le estamos comiendo a El, comiendo su vida, su sentir, su ser, su espíritu que nos llenara de plenitud.  Por eso El se hace Eucaristía y nos dirá que comamos su carne, que comamos su cuerpo, que es comerle a El, que es llenarnos de su vida para siempre.
Tenemos mucho que reflexionar sobre el sentido de la Eucaristía, sobre el comer a Cristo para tener vida para siempre. Lo hemos convertido demasiado en un rito que al final si no lo vivimos con hondura hará que le perdamos su sentido y su fuerza.
No es comer por comer, comulgar porque ahora toca o porque todos los hacen; si queremos comulgar a Cristo en la Eucaristía es porque antes le hemos comulgado en nuestra vida; y eso significara que nos hemos llenado tanto del sentido de Cristo que ya para nosotros no hay otro existir; llenarnos del sentido de Cristo que es ver las cosas como las ve Cristo, amar con el amor de Cristo, vivir una entrega a la manera de Cristo, llegar a trasparentar de verdad en nuestra vida a Cristo mismo de manera que quien nos vea, llegue a descubrir a Cristo en nosotros.
Hoy nos dice Jesús: ‘Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo les daré es mi carne para la vida del mundo’. Que así comamos a Cristo, su pan, su vida. Que así encontremos ese sentido y esa fuerza para nuestro existir.

miércoles, 3 de mayo de 2017

Todos celebramos hoy la Cruz sin olvidar que la cruz es el camino del triunfo de una nueva humanidad que Cristo vino a redimir y recrear con su muerte en la cruz

Todos celebramos hoy la Cruz sin olvidar que la cruz es el camino del triunfo de una nueva humanidad que Cristo vino a redimir y recrear con su muerte en la cruz

En cualquier recodo del camino hoy nos encontraremos con una cruz bellamente adornada con flores. Los caminos, los patios de nuestras casas, el borde de una carretera, un abismo sobre un barranco, lo alto de las montañas, los riscos que miran al mar, cualquier sitio es un lugar propicio para encontrar una cruz.
Muchos pueden ser los motivos en la historia de cada pueblo del por que de esa cruz en ese lugar; una muerte accidental, un recuerdo de algo sucedido en aquel lugar y que tuvo trascendencia en aquel momento aunque ahora nadie lo recuerde, la devoción y religiosidad de una buena persona, un lugar de parada y descanso en el largo trayecto hasta los cementerios portando el peso de un difunto, el recuerdo del nacimiento de una población en el lugar y la fundación de una ciudad – de ahí el nombre de algunas de nuestras ciudades o poblaciones -, muchas pueden ser las razones que podrían motivar investigaciones para personas interesadas. Pero siempre esta presente una cruz cargada de hondo significado y que es un signo bien importante en la vida de los cristianos.
En este día 3 de mayo todos celebran la cruz aunque litúrgicamente la Exaltación de la Santa Cruz sea el 14 de setiembre que se ha convertido mas en la fiesta de Cristo Crucificado; este día tuvo su origen en lo que la historia o la tradición nos cuenta del momento en que fueron encontrados en Jerusalén restos de la cruz de Cristo. Por eso en su origen esta fiesta se llamaba de la Invención (encuentro) de la Santa Cruz.
Hoy los vecinos de cada lugar porfían o como adornar mejor su cruz de manera que algunos de nuestros pueblos se ha convertido en tradición el peregrinaje por las distintas cruz del lugar debidamente adornadas, mientras otros trabajan por hacer que las fiestas de la cruz de su pueblo o ciudad sea mejor – y nos quedamos en esa palabra – que la de los pueblos vecinos.
Creo, sin embargo, que la fiesta de la cruz tiene que ser para un cristiano algo más que una bonita tradición que hemos de conservar o el recuerdo de acontecimientos de la vida social de un pueblo que cada año rememoremos. No puede quedarse tampoco en un amuleto que veneremos o utilicemos llenando de magia quizás nuestras fiestas y nuestras costumbres. Para alguien extraño a nuestras tradiciones o a nuestras vivencias religiosas podría resultar incomprensible que hagamos tanta fiesta en torno a lo que en su origen ha sido un instrumento de tormento.
Ya lo decía san Pablo que la cruz podía aparecer ante los ojos de los ajenos a nuestra fe como una necedad o una locura, y nos decía que, sin embargo, para los creyentes es nuestra sabiduría. Si un cristiano venera la Santa Cruz, recordemos con cuanta veneración la contemplamos en el viernes santo, es porque para nosotros se nos ha convertido en el signo del mayor amor, el amor del Hijo de Dios que por nosotros se entrego hasta una muerte de Cruz.
Ahí tendríamos que centrarnos, en el hondo significado de la cruz. Es el signo del amor, de la victoria sobre la muerte y el pecado; es el triunfo de la vida; es el signo que nos tiene que llevar a la entrega y al compromiso. Miramos la cruz y en el sufrimiento de Cristo que en ella contemplamos vemos como en transparencia todo el sufrimiento de toda la humanidad.
Pero ante ese sufrimiento no nos podemos quedar insensibles como si nada pasase; ante ese sufrimiento sentimos en nuestro interior la urgencia del amor; en esa contemplación nos sentimos impulsados a luchar por una vida mejor, por un mundo nuevo, por la justicia y por la libertad, por la paz y por el amor, para que todos seamos mas felices, para que todos nos sintamos mas hermanos, para que todos nos sintamos miembros de una misma humanidad, pero eso, llenos de humanidad.
No es una fiesta cualquiera la que tenemos que celebrar. No son unas simples tradiciones o unas costumbres que no queremos olvidar. Es algo mucho más hondo lo que tenemos que sentir y lo que tenemos que celebrar. Tiene que ser el camino del triunfo de una nueva humanidad, la que Jesús vino a redimir y a recrear, ese Reino nuevo de Dios que en Cristo se comienza a realizar. Y esa es la tarea de los cristianos.

martes, 2 de mayo de 2017

Quienes comemos el pan de vida que Cristo nos ofrece estamos llamados a quitar interferencias que nos alejen y poner sintonías que creen lazos de verdadera fraternidad

Quienes comemos el pan de vida que Cristo nos ofrece estamos llamados a quitar interferencias que nos alejen y poner sintonías que creen lazos de verdadera fraternidad

Hechos de los apóstoles 7, 51-59; Sal 30; Juan 6, 30-35
¿Por qué tengo que creerte? Alguna vez nos encontramos con una reacciona así, ya que alguien nos interpele por lo que le digamos, o ya nosotros mismos reacciones de esa manera ante alguien que nos quiere hacer creer una cosa que nosotros no vemos clara ni nos convencen sus argumentos. Queremos pruebas y pruebas que nos convenzan, no solamente palabras; hay cosas que nos pueden parecer inverosímiles y no las aceptamos así porque así. Y para creer en una persona y aceptarla tenemos que ver clara su vida, aunque muchas veces también sabemos dar un margen de confianza. En fin de cuentas creer en alguien es poner nuestra confianza en esa persona.
‘¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra?’ Es la reacción de los judíos, y en este caso los de Cafarnaún, ante las palabras de Jesús, a pesar de la experiencia que con El habían tenido en la tarde anterior. Ahora Jesús les ha hablado tras sus interpelaciones diciéndoles que ‘la obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado’, que pongan toda su fe en El.  
Una vez mas piden señales, ponen como comparación lo que Moisés había hecho por ellos en el desierto cuando les dio el mana para que comieran. Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo’.
Jesús quiere hacerles comprender cual es el verdadero pan que viene del cielo y que les dará vida para siempre. ‘No fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo’.
Habrán entendido o no habrán entendido las palabras de Jesús pero ellos ahora quieren comer de ese pan. ¿Será como la mujer samaritana que cuando Jesús le ofrecía un agua viva que calmaría su sed le pedía esa agua para no tener que venir todos los días al pozo a buscarla? ¿Querrán ese pan porque así se evitaran el tener todos los que amasar el pan?
Jesús afirmara rotundamente: ‘Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed’. Es importante creer en las palabras de Jesús; es importante creer en Jesús. Sin esa fe lo del pan de vida no se entenderá. Sin esa fe en Jesús nos estaremos quedando siempre solamente en el pan material, pero Jesús quiere darnos algo más. El significado de las palabras de Jesús va mas allá de pan material con el que alimentamos cada día nuestro cuerpo. Comiendo a Jesús, creyendo en Jesús se saciara plenamente nuestra vida, porque alcanzaremos la vida que no se acaba, que nos llena de plenitud.
¿Buscamos razones para creer en Jesús? Su vida y su amor es la razón más profunda. Su vida es la manifestación más maravillosa de lo que es el amor que Dios nos tiene. Abramos de verdad los ojos de la fe que es algo más que ver cosas u obras materiales. Pongamos toda nuestra confianza en El, que nos dio su vida, que nos regalo su amor, que verdaderamente nos llena de plenitud.
Igual que en la vida tenemos que ir aprendiendo a confiar en los demás, vayamos poniendo nuestra confianza en Dios. Pero aprendamos, si, a confiar en los otros, a abrir nuestro espíritu a todo lo bueno que podamos recibir de los demás, a quitar desconfianzas e interferencias, a poner buena sintonía en nuestro espíritu para captar todos los mensajes de vida que de los otros podamos recibir. Los que creemos en Jesús estamos llamados a crear redes de sintonía entre unos y otros para que al final lleguemos a esos lazos de hermandad que a todos nos harán más felices. 

lunes, 1 de mayo de 2017

Buscamos a Jesús no solo queriendo encontrar el hombre bueno que hace cosas maravillosas, sino el que realiza la maravilla de nuestra salvación y en quien hemos de creer

Buscamos a Jesús no solo queriendo encontrar el hombre bueno que hace cosas maravillosas, sino el que realiza la maravilla de nuestra salvación y en quien hemos de creer

Hechos de los apóstoles 6, 8-15; Sal 118; Juan 6,22-29
‘Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús…’ Buscaban a Jesús, buscamos a Jesús. ¿Qué buscaban? ¿Qué buscamos?
En la tarde anterior Jesús había realizado el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y había comido una multitud. Tanto fue el entusiasmo de la gente que quisieron hacerlo rey. Jesús se había escondido en la montaña. No es que Jesús tuviera miedo, es cierto que no quería que lo proclamaran rey de esa manera, pero ya sabemos como a Jesús le gustaba retirarse solo a la montaña a orar. Había enviado a los discípulos cercanos en una barca hacia el otro lado del lago, que habían tenido sus dificultades para atravesarlo por el viento en contra y Jesús les había acompañado caminando sobre el agua. Ahora ya estaba en Cafarnaún.
La gente que había quedado en el descampado a la mañana siguiente al ver que Jesús no estaba allí en unas barcas que habían aparecido por la orilla se habían ido también a Cafarnaún en búsqueda de Jesús. ‘Maestro, ¿Cuándo has venido aquí?’, fue la pregunta al encontrarlo. ‘Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dacha el Hijo del Hombre’.
El milagro era un signo, pero ellos no habían visto el signo, sino que se habían quedado en el hecho maravilloso. Un hecho maravilloso que venia a satisfacer unas necesidades materiales. Jesús también había querido satisfacer esas necesidades, tenían hambre, estaban en descampado, no había donde conseguir panes, y Jesús les había alimentado. Pero no se podían quedar ahí. Fue la primera tentación del diablo a Jesús después de líos cuarenta días de ayuno, pero Jesús entonces había respondido que ‘no solo de pan vive el hombre sino de toda palabra que sale de la boca de Dios’.
En el mismo sentido va lo que ahora Jesús quiere decirles. No podemos quedarnos en ese alimento material, no podemos quedarnos en las piedras convertidas en panes. Tenemos que buscar un alimento que da vida para siempre, y es yo que Jesús quiere ofrecernos. Pero nos cuesta entenderlo. Nos sigue costando hoy, porque ¿que es lo buscamos muchas veces en Dios cuando acudimos a El? muchas veces parece que solo nos preocupan las necesidades materiales, nuestra pobreza y nuestras carencias o el dolor de una enfermedad, un problema que nos resulta insoluble y para lo que buscamos el milagro fácil que nos lo soluciones pronto.
Por supuesto son necesidades con las que también hemos de acudir al Señor, para pedir su luz, para pedir su fuerza, para pedir la inspiración que nos ayude a encontrar caminos, pero tenemos que saber acudir para algo mas hondo; tenemos que saber acudir para sentirle presente en nuestra vida, para escuchar su palabra que nos pone en camino de una nueva vida.
‘¿Cómo podemos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?’, le preguntan. ‘Este es el trabajo que Dios quiere, les dice Jesús, que creáis en el que El ha enviado’. Creer en Jesús; creer que Jesús es el enviado de Dios, será algo que escucharemos repetir muchas veces en el evangelio. Porque eso es reconocer de verdad quien es Jesús. No solo es el hombre bueno que hace cosas hermosas y realiza milagros para nosotros. Es el enviado de Dios,  el que viene lleno del Espíritu de Dios, porque es el Hijo de Dios, para traernos vida y salvación. 

domingo, 30 de abril de 2017

Camina Jesús con nosotros y no lo reconoceremos hasta que en verdad nos dispongamos a partir y compartir el pan

Camina Jesús con nosotros y no lo reconoceremos hasta que en verdad nos dispongamos a partir y compartir el pan

Hechos, 2,14.22-33; Sal 15; 1Pedro 1,17-21; Lucas 24,13-35
Es que no te enteras, le decimos al amigo o al interlocutor con quien estamos hablado tratando de comentar algo que sabe todo el mundo, que es motivo de todas las comidillas en las esquinas y los bares, pero el nos dice que no sabe nada. Parece que hay gente que va por la vida sin querer enterarse, o eso al menos pensamos. Porque lo que nos pudiera suceder es que las tornas se volvieran en contra nuestra y al final fuéramos nosotros los que, como suele decirse, de la misa no sabemos ni la mitad. Viene a suceder que aquel que parecía que no sabia nada nos da las claves para que entendamos las cosas, la razón o el sentido de aquello que había sucedido y que esta en boca de todos pero nadie acierta a saber la verdad de lo que sucede.
¿Seria algo así lo que les sucedía a aquellos dos que se iban camino de Emaús? Un forastero que va de camino se les acerca y comienzan a hablar. Nota la tristeza que llevan en el alma y se interesa por lo que les pasa. Y es cuando surge la pregunta ‘pero ¿eres tu el único que no se ha enterado de lo que ha sucedido en Jerusalén en estos días?’ podrían haber sucedido muchas cosas y aquel forastero estuviera ahora llegando a la ciudad y aun no se ha enterado lo que sucede. Ellos explican, a su manera, desde la experiencia que han vivido, desde la negatividad de su experiencia y desde la tristeza que llevan en el alma. Están desilusionados, han perdido todas las esperanzas, todo parece terminar en un fracaso.
Pero ahora será aquel caminante el que les dice ‘ustedes es que no se enteran ni quieren enterarse’. Todo eso que ha sucedido estaba previsto que había de suceder así. Así estaba anunciado en las Escrituras. Aquí no se trata ahora de la maldad o malicia de las autoridades judías o de la cobardía de las romanas. Hay algo que es mucho mas hondo. Detrás de todo esto esta el designio divino de salvación. ‘Conforme al designio previsto y sancionado por Dios…’ dirá mas tarde Pedro en su discurso ante el pueblo cuando ya el Espíritu les había hecho comprender todas las cosas.
‘¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura…’
Ahora si parecía que comenzaban a entender algo. Por así decirlo, sentían gusto en escuchar a aquel que les hablaba por eso ahora ya saliéndose de si mismos y de sus preocupaciones le invitan a que se quede con ellos. La noche se echa encima, los caminos son peligrosos, le ofrecen hospitalidad. Es algo mas que la preocupación por el peligro de los caminos lo que ellos están sintiendo dentro de si, porque mas tarde comentaran como les ardía el corazón mientras les explicaba las escrituras por el camino.
‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída. Y entró para quedarse con ellos’. Será la suplica aceptada por aquel que hacia camino con ellos. Si, hacia camino con ellos; a ellos se había acercado, había sintonizado con sus preocupaciones, les había escuchado, y había tenido para ellos palabras de vida. Aquella presencia les hacia sentirse mejores y ellos querían mostrar lo mejor de su corazón con la hospitalidad.
Se sentaron a la mesa y comenzaron a compartir el pan. Y aquí había surgido el gesto que termino de abrirles los ojos. Allí lo reconocieron. Era El, el Señor resucitado que había caminado con ellos aquel camino que había comenzado en la tristeza y terminado en la esperanza. ‘Se les abrieron los ojos y lo reconocieron’. Y se pusieron de nuevo en camino. Ahora el camino era distinto, no importaba la noche porque ellos estaban ya llenos de luz. Había que comunicar la noticia a los hermanos. Y corrieron de nuevo a Jerusalén.
Muchos detalles, muchas cosas se nos van sugiriendo a la medida en que hemos ido comentando el acontecimiento. Muchas cosas que nos retratan, pero muchas cosas que nos abren caminos delante de nosotros.
Desencantos y desilusiones no nos faltan en la vida. Esperanzas de cosas buenas tenemos en el corazón pero cuando nos vamos enfrentando a la vida nos viene la desilusión porque nos aparecen muchos nubarrones de dudas, de cosas que no suceden como nosotros hubiéramos querido, de aparentes fracasos porque no vemos la respuesta tan pronto como deseamos, porque nosotros mismos cojeamos en muchas flojeras y debilidades.
Nos hace falta una clave para entender bien lo que sucede, lo que debemos hacer, la esperanza que no podemos perder. En la misma tarea de querer vivir el evangelio y de ser evangelio para los demás muchas veces parece que nos sentimos fracasados con nuestras caídas y debilidades y con el muro en contra de los que no quieren escucharnos o no quieren aceptar el mensaje del evangelio. Nos parece sentirnos solos y sin fuerzas y el camino se nos hace duro y triste en ocasiones.
¿No necesitaremos descubrir que a pesar de todo el Señor va con nosotros? ¿No tendríamos que aprender a escucharlo en el corazón? ¿No tendríamos que abrirnos más y mejor al sentido de las Escrituras para comprender, para que se nos abran los ojos, para sentir la fuerza del Espíritu del Señor en nuestro corazón?
También tenemos que aprender a escuchar, a interesarnos por la tristeza que podamos encontrar en los demás; también tendríamos que aprender a saber caminar junto al hermano para escucharle, para hacer su camino, pero para comenzar a iluminar ese camino con esa luz que nosotros en Cristo podemos llevar. Esto nos daría para más amplias reflexiones en ese camino de evangelización en el que tendríamos que estar comprometidos, como nos pide hoy la Iglesia.
Y finalmente tenemos que aprender a ofrecer hospitalidad al que encontramos en los caminos de la vida. Llámese hospitalidad a la acogida que tenemos que hacer a los extraños – emigrantes, por ejemplo – que nos van apareciendo a nuestro lado, pero llámese hospitalidad a la acogida a tantos con los que hemos de aprender a compartir nuestra mesa y lo que nosotros somos. Muchas consecuencias también podríamos sacar de este pensamiento.
‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída’. Las tinieblas y oscuridades nos pueden envolver, pero si esta El con nosotros nada hemos de temer. Vamos de caída, no el día, sino nosotros tantas veces porque fácilmente nos desinflamos, dejamos que nos entren las dudas o las rutinas; necesitamos que se nos encienda de nuevo el corazón porque nos llenemos de su luz y de su amor.

sábado, 29 de abril de 2017

En la travesía de la vida, no siempre fácil, hemos de saber escuchar la voz que nos dice ‘soy yo, no temáis’, pero ser también esa voz para los que caminan a nuestro lado


En la travesía de la vida, no siempre fácil, hemos de saber escuchar la voz que nos dice ‘soy yo, no temáis’, pero ser también esa voz para los que caminan a nuestro lado

Hechos, 6, 1-7; Sal. 32; Jn. 6, 16-21
‘Soy yo, no temáis’, les dice Jesús a los asustadizos discípulos que van remando contra el viento en la noche del mar de Galilea. ‘Soy yo’, le oiremos repetir a Jesús en diversas ocasiones, sobre todo en este tiempo de pascua. ‘Soy yo’, quizás necesitemos nosotros escuchar en lo hondo el corazón sintiendo la voz de Jesús y su presencia que nos llene de paz.
La escena que nos narra hoy el evangelio fue tras la multiplicación de los panes y los peces allá en el descampado. Jesús se había retirado a solas al monte cuando comprendió que querían hacerlo rey y a los discípulos mas cercanos los embarco hacia el otro lado del lago. La travesía no era fácil, porque ‘soplaba un viento fuerte y el lago se iba encrespando’ nos dice el evangelista. Se acerca Jesús como menos ellos se lo esperan, porque viene caminando sobre el lago, y no lo reconocen porque creen ver un fantasma. Será la voz de Jesús la que les llene de paz.
Travesías difíciles hacemos muchas veces en la vida y parece que nos sentimos solos. Nadie nos escucha, todo parece estar en contra, las soledades nos atenazan el alma, como si Dios se hubiera olvidado de nosotros. El esta ahí, sin embargo, y no lo reconocemos; se nos manifiesta pero no en lo que nosotros esperábamos ni como nosotros hubiéramos querido; en la misma travesía que hacemos, en ese mar de la vida que se nos vuelve tenebroso, en esos problemas que se nos presentan y no nos dejan avanzar, ahí esta también en el Señor, por encima de todo eso, a través de esas mismas cosas que paciera que son un velo que se nos interpone. ‘Soy yo, no temáis’, nos dice.
Cuantos en la vida también van pasando por esas noches de densos nubarrones; desorientados, sin metas en la vida, sintiéndose inútiles quizás por no saber que hacer o que camino tomar, atormentados por dudas o por malos recuerdos o experiencias desagradables, desconfiados de todo o de todos… también sienten la soledad, alguien que llegue a su lado y les tienda una mano, una sonrisa que ilumine de nuevo sus vidas y una palabra alentadora que les hace salir de sus tinieblas.
De una cosa podemos estar seguros los creyentes, y es que el Señor no abandona a ninguno de sus hijos. Pero el Señor quiere contar con nosotros, contigo y conmigo para hacerse presente en tantas soledades, para ser esa voz que les diga, ‘yo soy, no temáis, yo estoy aquí, a tu lado…’ tenemos que ser esa voz de Dios, ese presencia de Dios con nuestra presencia, con nuestra palabra, con nuestra mano tendida, con nuestra mirada.
Cuantos quizás no llegan a sentir esa presencia del Señor porque nosotros no hemos sido esa presencia. Que responsabilidad la nuestra. Creo que hoy el Señor nos lo esta pidiendo, ser esa buena noticia para los demás. Ser buena noticia con nuestra presencia llena de amor, de cercanía, que despierta confianza, que abra los ojos de los demás a la fe, al encuentro con el Señor.
En el Señor nos pone en la travesía de la vida que no siempre es fácil, pero para que nosotros sintamos su voz y su presencia, pero también para que nosotros seamos su voz y su presencia para los demás, y todos podamos encontrar siempre la luz.

viernes, 28 de abril de 2017

En la vida hemos de ir como Jesús partiendo el pan y repartiéndolo entre los demás, es la señal de los cristianos

En la vida hemos de ir como Jesús partiendo el pan y repartiéndolo entre los demás, es la señal de los cristianos

Hechos de los apóstoles 5, 34-42; Sal 26; Juan 6, 1-15
‘Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados…’ Un gesto de Jesús que se convierte en todo un signo. Un gesto que le vemos hoy en este relato de la multiplicación de los panes y los peces, pero será el gesto de la ultima cena que se convierte en Eucaristía, y el gesto con que lo reconocerán los discípulos después de la resurrección. ¿No será el gesto con el que nosotros también tendríamos que ser reconocidos?
Los evangelistas nos presentan varias veces este episodio de la multiplicación de los panes en el descampado para dar de comer a la multitud hambrienta. Nos dice el evangelista hoy que Jesús sintió lastima de toda aquella gente que se había congregado en su entorno, llevaban varios días con El y ahora estaban en descampado lejos de donde poder encontrar alimento. Había curado sus enfermos, les había alimentado con su Palabra, pero allí seguía aquella multitud hambrienta.
Hay un detalle en este episodio y es como Jesús quiere implicar a sus discípulos más cercanos. ‘¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?’ los discípulos de Jesús no pueden cruzarse de brazos; si Jesús sintió lastima de aquella gente, los discípulos no pueden quedarse insensibles. Hay que poner manos a la obra. Por allá encuentran quien esta dispuesto a compartir. Hay un muchacho con cinco panes y dos peces. ‘¿Qué es esto para tantos?’ es la pregunta que nos hacemos, ¿Qué puedo hacer yo que soy tan poquita cosa? Pero lo pequeño vale, el pequeño grano de arena hace el montón. Si cada uno ponemos eso pequeño que tenemos o que somos, entre todos seremos muchos, haremos muchas cosas.
Hoy me encontré una imagen muy bonita en la que se veía a un niño dando de comer a un perro callejero. Le preguntaron que hacia y dijo que le daba de comer a aquel perro que se estaba muriendo de hambre; la persona mayor le razonaba que había muchos perros así callejeros y con hambre y que con darle de comer a uno no solucionaba nada, pero el niño respondía, al menos este perro no se muere de hambre. Puede ser insignificante lo que hacemos y no va a solucionar todos los problemas, pero al menos un problema más encontrara solución.
Y Jesús realizo el signo. La multitud hambrienta comió. Y el gesto quedara como un signo que nos marque. Será el signo de la Eucaristía. Será el signo de nuestro compartir. Será el signo que va a mostrar nuestra solidaridad y nuestro compromiso. Ha de ser el signo que tenemos que seguir realizando.
Por eso quienes participamos del signo de la Eucaristía tenemos que comprometernos siempre en el signo del amor. La Eucaristía nunca nos puede encerrar, sino que siempre se nos invita a salir, a ir al encuentro con los demás; hemos de llevar el anuncio con nuestras palabras, pero sobre todo con el signo de nuestra vida, con el signo de nuestro amor. Pequeños detalles, pequeños gestos, cosas pequeñas que nos pueden parecer insignificantes, pero son los gestos del amor que realizan maravillas, son los gestos del amor con los que estamos haciendo un mundo mejor, son los gestos y los signos por los que estamos haciendo presente a Dios en nuestro mundo.
Es el gesto del compartir con que nos distinguirán a nosotros por nuestra fe. Es el compromiso que ha de vivir cada cristiano desde su amor.

jueves, 27 de abril de 2017

Vivir en la fe en Jesús para vivir envueltos en el amor de Dios y en la vida de Dios para siempre

Vivir en la fe en Jesús para vivir envueltos en el amor de Dios y en la vida de Dios para siempre

Hechos de los apóstoles 5,27-33; Sal 33; Juan 3, 31-36
‘El que cree en el Hijo posee la vida eterna; el que no crea al Hijo no verá la vida…’ le decía Jesús a Nicodemo, como nos relata hoy el evangelio.
En el ritual del bautismo la primera pregunta que hace el sacerdote al neófito es ‘¿Qué pides a la Iglesia de Dios?’ y la respuesta es ‘la fe’.  Y a continuación se vuelve a preguntar ‘¿Qué te da la fe?’, a lo que se responde: ‘la vida eterna’.
Es bueno que recordemos estas cosas que quizás cuando participamos en la celebración de un bautismo nos puedan pasar desapercibidas, por ser en los momentos iniciales y aun no nos hayamos metido de lleno en la celebración. Pero son cosas importantes que hemos de tener en cuenta en nuestra vida. Es el sentido de nuestra vida. La fe no es un adorno que nos pongamos o nos quitemos según nos parezca o nos convenga.
La fe es el alma de nuestra vida, lo que nos da sentido a lo que hacemos y a lo que vivimos. Y vivimos con fe y vivimos con esperanza; esperamos la vida eterna, pero esperar la vida eterna no es solo pensar en un mas allá después de nuestra muerte corporal – que también lo es – sino es esa participación de la vida de Dios que ahora vivimos.
Vivir en la fe es sentir que vivimos en la presencia de Dios, o lo que es lo mismo sentir que vivimos envueltos en el amor de Dios. El Dios en quien creemos es un Dios Amor, que nos ama mas allá de nuestros merecimientos, porque su amor siempre es fiel; somos sus criaturas – hemos sido creados por El, de El recibimos la vida – pero aun mas El quiere hacernos sus hijos; por eso nos hace participes de su vida, una vida sin fin, una vida eterna, como es eternidad la vida de Dios.
Y cuando vivimos envueltos en esa vida de Dios, en ese amor de Dios, nuestras obras, nuestra manera de vivir lo ha de reflejar. ¿Cómo podemos decir que vivimos envueltos en su amor y nosotros no amar de la misma manera? ¿Cómo decir que vivimos en el amor de Dios y nosotros mantener el odio en nuestro corazón, cerrarnos en el egoísmo y en la insolidaridad, enturbiar nuestra vida con la mentira, la vanidad, el orgullo, malear nuestra vida con la injusticia?
Creemos en Jesús y nos llenamos de vida. Creemos en Jesús y necesariamente hemos de vivir en el amor. Creemos en Jesús y comenzamos a sentirnos de manera distinta en nuestra relación con los demás, porque ya comenzamos a mirarlos como hermanos, y cuando somos hermanos nos queremos, nos hacemos el bien, buscamos lo bueno, colaboramos juntos en hacernos mutuamente felices en la vida. Creer en Jesús nunca nos aísla de los demás; creer en Jesús siempre nos llevara a un encuentro lleno de vida con los demás. Creer en Jesús nos llenara de vida eterna.

miércoles, 26 de abril de 2017

No olvidemos que tenemos que iluminar con la misma luz de Cristo y con su sabor al mundo que tanto necesita de su luz y de la sabiduría del Evangelio

No olvidemos que tenemos que iluminar con la misma luz de Cristo y con su sabor al mundo que tanto necesita de su luz y de la sabiduría del Evangelio

1Corintios 2, 1-10; Sal 118; Mateo 5, 13-16
‘Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo…’ nos dice Jesús hoy en el evangelio. Ser sal, ser luz. Escuchamos hoy esta palabra de Jesús en la fiesta de un gran santo español, san Isidoro de Sevilla. Resplandeció en su santidad y en su sabiduría en la sede de Sevilla en su tiempo y fue luz en medio de toda España en unos momentos oscuros y duros de la historia.
Su testimonio nos anima, su santidad nos hace imitarle, su sabiduría nos impulsa a que busquemos esa verdadera sabiduría que el Espíritu del Señor infunde en nuestro corazón para que también, quizás desde nuestra pequeñez y nuestra humildad, podamos poner ese nuevo sabor que nuestro mundo necesita y que nosotros sabemos que encontramos en la cruz de Jesús y en su resurrección.
El mundo necesita de esa luz y de ese nuevo sabor que en el evangelio podemos encontrar. Vivimos en un mundo cambiante y en un mundo que muchas veces nos puede llenar de confusión. Son tantas las ideas, las maneras de pensar, las formas de entender las cosas, los caminos que se nos ofrecen de todos lados porque en el fondo todos queremos un mundo mejor. Pero muchas veces nos podemos sentir confusos. Hay muchas cosas que nos encontramos que chocan con nuestros valores y nuestros principios nacidos del evangelio. Y parece en ocasiones que nos sentimos inseguros, dudamos y vacilamos si estamos en el camino cierto porque se nos dan tantos razonamientos que no sabemos a que atenernos.
Muchas veces los cristianos no nos hemos formado debidamente sino simplemente nos hemos ido dejando llevar porque nos parecía que todos pensábamos igual, que todas las cosas han sido siempre así pero no nos preocupamos de ahondar debidamente en nuestra fe, en el conocimiento del evangelio, en aquello que la Iglesia, sabia maestra en el Espíritu, nos ha ido enseñando.
Cuando nos planteaban quizás que teníamos que asistir a reuniones y encuentros nos decíamos que nada nuevo nos iban a enseñar y nos preocupamos de ese crecimiento necesario en nuestra fe, en nuestra autentica formación cristiana, en el crecimiento de una verdadera espiritualidad. Cuantas veces hemos escuchado o acaso nosotros decir también, ‘a mi que me van a enseñar si yo soy cristiano de siempre’. Y claro cuando surge la confrontación con otras ideas, con otros valores, con otras formas de concebir la vida que en la sociedad se nos va ofreciendo, no sabemos como reaccionar, como responder.
Y nos vamos tras otras espiritualidades orientales porque están de moda y se nos presentan como panaceas de una verdadera sabiduría de la vida; y nos dejamos influir por lo que todo el mundo piensa porque pensamos que si todos piensan así, eso será la verdad, y otras cosas por el estilo que nos desorientan, que nos llenan de confusión.
¿Seremos quizás la sal que se vuelve sosa? ¿Seremos la luz que se tamiza con otros filtros y colores, que nos impiden ver el brillo de la verdadera luz? Jesús nos advierte hoy, que si la sal se vuelve sosa, no valdrá sino para que la tiren y la pise la gente. No perdamos el sabor de la sabiduría de Jesús. Empapémonos de evangelio para que podamos brillar con la verdadera luz y podamos iluminar a los demás, podamos trasmitir con valentía y lealtad los valores del evangelio que darán verdadero sabor a nuestro mundo.

martes, 25 de abril de 2017

La Buena Noticia es Jesús, el Mesías y Salvador, el Hijo de Dios, rostro compasivo y misericordioso de Dios

La Buena Noticia es Jesús, el Mesías y Salvador, el Hijo de Dios, rostro compasivo y misericordioso de Dios

1Pedro 5,5b-14; Sal 88; Marcos 16,15-20
‘ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación… Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban’. Es el mandato de Jesús que nos recoge Marcos al final de su evangelio. ¿Cuál es ese evangelio que han de anunciar, que hemos de anunciar a toda la creación? Al principio de su relato había comenzado escribiendo Marcos: ‘Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios’.
La Buena Noticia es Jesús; la Buena Noticia es que Jesús es el Ungido de Dios, el Mesías; la Buena Noticia es que Jesús es el Hijo de Dios. La Buena Noticia no son ni parábolas ni milagros, hechos asombrosos o extraordinarios o que las gentes siguieran a Jesús, lo buscaran o quisieran escucharle. Se nos narran todas esas cosas para anunciarnos a Jesús, para anunciarnos que Jesús es el Hijo de Dios; no es decirnos que sea un hombre extraordinario o que las gentes estuvieran asombradas con El. A quien tenemos que anunciar es a Jesús.
Creo que este podría ser el primer mensaje que nos ha de llegar en esta fiesta de san Marcos evangelista que hoy celebramos. Ya el apelativo que le damos a san Marcos nos lo esta diciendo, evangelista, el que anuncia el evangelio, el que nos ha trasmitido el segundo evangelio. Este fue su deseo cuando nos lo relata, cuando nos lo presenta como ya hemos expresado.
Es el mensaje que recibimos y el mensaje que hemos de trasmitir. Con claridad y contundencia. Aunque no nos lo quieran oír. Tenemos que saber presentarlo. Ya sabemos de cuantas maneras la gente ve a Jesús o quiere verlo. Para muchos se queda en un personaje maravillo como hay quien lo ve como un revolucionario; un personaje de la historia pero que lo ven como algo del pasado, de otro tiempo; como también muchas veces quizás nosotros los cristianos lo hemos presentado, olvidándonos de lo esencial. Y no podemos andar con confusiones. Igual que entonces algunos se habían hecho una imagen muy particular de lo que había de ser el Mesías, nos puede seguir sucediendo ahora. Vayamos a lo que es el centro y el meollo del evangelio.
Claro que ese anuncio de nuestra fe lo hemos de hacer con las actitudes nuevas de nuestra vida que muestren ese reconocimiento de que Jesús es el Hijo de Dios. Y es que desde esa fe nuestra vida tiene que ser distinta, nuestro reconocimiento lo hemos de hacer por las obras, por el amor, por esa nueva forma de vivir que hemos de tener quienes sentimos esa salvación en nuestra vida. Las obras de la oscuridad y de las tinieblas no tienen que aparecer ya de ninguna manera en nosotros. Jesús nos ha liberado de nuestros pecados y ahora con una nueva vida resplandeciente de santidad tenemos que presentarnos ante nuestro mundo. Todo lo que sea pecado, y pecado es todo lo que nos aleja de Dios, tenemos que alejarlo de nosotros, de nuestra vida.
Se confirmaba con señales la Buena Noticia que anunciaban, nos dice hoy Marcos. Con señales de compromiso por el bien, de lucha por la justicia, de búsqueda de la verdad, de vivir en el amor tenemos que manifestarnos ante el mundo para confirmar ese anuncio que estamos haciendo. Envueltos en la misericordia divina que nos ha salvado con su amor vamos nosotros también llevando misericordia al mundo que nos rodea.
Cuanto falta hace que envolvamos de misericordia nuestro mundo. Esa misericordia que manifestamos con los pecadores, esa misericordia con que nos acercamos a los que sufren, esa misericordia que nos hace compasivos con los que yerran en la vida, esa misericordia que nos hace acoger a todos en lo mas profundo del corazón, esa misericordia que siempre se hace perdón para los que hacen el mal o los que nos han ofendido, esa misericordia que llena de ternura nuestra vida y vamos a sanar a los que sufren las amarguras del dolor.
Proclamemos de verdad que creemos en Jesús, el Mesías y Salvador, el Hijo de Dios, que nos manifiesta en todo momento el rostro compasivo y misericordioso de Dios.

lunes, 24 de abril de 2017

Los que acabamos de celebrar la Pascua y renovar nuestro bautismo hemos de mostrarnos en verdad hombres nuevos renacidos con nuevas actitudes y comportamientos

Los que acabamos de celebrar la Pascua y renovar nuestro bautismo hemos de mostrarnos en verdad hombres nuevos renacidos con nuevas actitudes y comportamientos

Hechos de los apóstoles 4, 23-31; Sal 2; Juan 3,1-8
Algunas veces no sabemos cuando es el momento mas oportuno; deseamos aquel encuentro pero no sabemos como abordarlo; quizás hay miedos en nuestro interior, o desconfianza, no sabemos cuales son las palabras mas oportunas que emplear; que le voy a decir, pensamos, aunque tenemos tantas cosas en la cabeza, tantas preguntas que hacer; nos condicionan circunstancias de nuestra vida, nuestra posición social, lo que la gente pueda pensar si se enteran de mi decisión; no queremos hacerlo a escondidas, pero tampoco queremos que nadie se entere; hay dudas en nuestro interior pero deseamos en el fondo ese encuentro, queremos buscarlo pero no nos atrevemos. Cosas así nos pasan mas de una vez,  y pasamos es cierto un mal rato antes de tomar la decisión.
¿Le pasaría algo así a Nicodemo? Era alguien importante, era un magistrado judío, miembro del Sanedrín, pertenecía al grupo de los fariseos; y aunque tenia sus principios y posicionamientos en muchas cosas en el orden religioso y social como perteneciente a aquel grupo social, sin embargo había inquietudes en su corazón; se preguntaba muchas cosas por dentro sobre todo después que había oído hablar de Jesús y ver las cosas que hacia. ¿Cómo abordar a Jesús? ¿Cómo acercarse a El sin que esto produjera un cierto revuelo entre sus compañeros? Decide al fin ir de noche a ver a Jesús. Allí en la placidez de la noche se podían hablar muchas cosas, se podían discutir muchas dudas, podía escucharle con calma sin sentirse presionado por nadie.
‘Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él’, fueron sus palabras de saludo y a modo de presentación de la inquietud que llevaba dentro. Lo reconoce como Rabí, como Maestro, pero como alguien venido de Dios. Nadie puede hacer lo que hace Jesús si Dios no esta con El.
Jesús conoce aquel corazón, y sabe que necesita algo nuevo, algo en lo que se sienta renovado totalmente por dentro. Y Jesús no le habla de remiendos, de arreglitos de algunas cosas; no es eso lo que Jesús nos presentara a todos porque ya nos dirá que a vino nuevo son necesarios odres nuevos; por eso se necesita ser un hombre nuevo, renovado de tal manera que sea como que haya nacido de nuevo. Y a todos nos costara comprender esas palabras de Jesús porque siempre andamos con remiendos, arreglitos por aquí o por allá, pero nos cuesta reconocer que hay que recomenzar de nuevo, como quien parte de cero. Por eso Jesús dirá que hay que nacer de nuevo.
‘Te lo aseguro, el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios’. Y Nicodemo no comprende y hace preguntas. ‘¿Cómo puede nacer un hombre, siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?’ Se toma las palabras con excesiva literalidad. No puede entender. Como también nosotros podemos convertir la respuesta de Jesús en un puro ritualismo. Nos habla Jesús del agua y del Espíritu, e interpretamos que nos habla del bautismo, e interpretamos bien.
Pero no nos quedemos en el bautismo ritual, sino en todo lo que significa el bautismo. Porque ese sumergirnos en el agua no es simplemente un baño que podamos hacer a nuestro cuerpo; nos quedaríamos en cosas externas; es  algo mas, porque ese sumergirse en el agua es sumergirse en la muerte de Jesús, es un morir en nosotros para renacer, si, por la fuerza del Espíritu con una vida nueva. Es el renacer del que nos habla Jesús. Es el nacer con una vida nueva, es el ser un hombre nuevo y distinto.
Cuanto tendríamos que hacernos reflexionar todo esto. Como tendríamos que preguntarnos si nosotros bautizados y que acabamos de vivir y celebrar la Pascua y de hacer la renovación de nuestras promesas bautismales somos en verdad ese hombre nuevo. ¿Se notara en nuestra vida que hemos vivido la Pascua, que somos ese hombre nuevo del que nos habla Jesús? Vayamos al encuentro con Jesús sin prejuicios, sin respuestas previamente aprendidas de memoria, vayamos hasta Jesús con el corazón abierto y sin ningún temor ni predisposición para acoger y aceptar cuanto nos diga Jesús. Mucho tendremos que reflexionar sobre todo esto.

domingo, 23 de abril de 2017

Que nuestros miedos y cobardías no nos hagan cerrar puertas y poner barreras que impidan encontrarnos con Jesús allí donde El quiera manifestársenos

Que nuestros miedos y cobardías no nos hagan cerrar puertas y poner barreras que impidan encontrarnos con Jesús allí donde El quiera manifestársenos

Hechos de los apóstoles 2,42-47; Sal 117; 1Pedro 1,3-9; Juan 20,19-31
Una reacción que nos puede surgir ante el miedo es encerrarnos. Con las puertas cerradas el miedo esta fuera, no nos puede afectar, pero eso puede significar aislarnos, creer que por nosotros mismos podemos vencerlo y no seremos capaces de pedir ayuda ni de aceptar lo que los demás nos puedan decir o nos puedan ofrecer. Ese miedo quizás a arriesgarnos nos impedirá alcanzar metas que por otra parte habríamos conseguido, a tener nuevas experiencias que nos podrían enriquecer y que de verdad por una parte nos harían descubrir nuestro verdadero valor, pero también lo importante que con los otros podríamos conseguir.
Miedo a lo que nos podría sobrevenir, miedo a lo que nos parece desconocido, miedo a salir de nuestras rutinas o nuestras costumbres de siempre, miedo a lo que nos pueda pasar en semejanza a otras situaciones que hemos pasado o que vemos que les suceden a los demás, miedo a lo que pueda significar innovar porque eso puede significar riesgo, miedo a lo que nos podría pasar y para lo que pensamos que no estamos preparados, miedo a lo que pueda comprometernos lo nuevo que descubramos, un nuevo camino que quizás tengamos que emprender; preferimos quizás ir a nuestro aire, por libre, sin que los demás nos importunen en esas malas situaciones. Muchas cosas en un sentido o en otro que nos pueden suceder en la vida.
Los discípulos estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Encerrados estaban esperando lo que podría suceder, no se terminaban de creer algunas noticias que iban llegando, la experiencia pasada en los días anteriores temiendo que a ellos les pudiera suceder lo mismo los había encerrado como en una fortaleza defensiva en el cenáculo, aunque uno se había atrevido a echarse a la calle por su cuenta y sin contar con nadie.
Y así cerradas puertas y ventanas con esos miedos que tenían estaban los discípulos cuando se presento Jesús en medio de ellos sin que las puertas se abrieran, pero sin quitárseles aun a ellos el miedo; aun pensaban que podía ser un fantasma, como dice otro de los evangelistas.
Ahora la alegría era grande. Era verdad. Jesús había resucitado. Lo que las mujeres en la mañana habían contado era cierto, no eran visiones. Lo que los que se habían marchado a Emaús y habían regresado se estaba ahora confirmando. Allí estaba Jesús en medio de ellos, mostrándoles las manos y el costado. Los miedos y las dudas se disipaban. La paz llegaba con Jesús a sus corazones. Ese era su saludo. ‘Paz a vosotros’, que repite Jesús por dos veces. Algo nuevo se estaba produciendo también en sus corazones porque ya se sentían llenos del Espíritu de Jesús. Comprendían que un mundo nuevo de amor y de perdón necesariamente tenía que comenzar. La alegría que Vivian tenían que trasmitírsela a los demás haciendo que a todos llegara esa paz al corazón y llegara el perdón. Era la misión que Jesús les confiaba.
Pronto tendrán oportunidad a la vuelta de Tomas. Había querido hacer su camino a su manera, vencer sus miedos a su aire, no estaba con las puertas cerradas, pero había preferido caminar solo y no encontró a Jesús. Es importante saber estar con los demás, aprender a caminar juntos. Creemos que a nuestro aire o a nuestros ritmos vamos a conseguir mejores resultados, pero al final solos y sin encontrar lo que buscamos.
En Tomas seguían sus dudas, su búsqueda de pruebas. Los demás discípulos le habían dicho ‘hemos visto al Señor’, pero el quería meter sus dedos en los agujeros de las manos, su mano en la herida de la lanza en el costado. Si no lo veo, no lo creo, como decimos tantas veces, y queremos tocar, palpar, comprobar por nosotros mismos. En tantas cosas, de tantas maneras, en el camino de la fe, en el camino de la vida.
A los ocho días estaba Tomas con ellos y se manifestó de nuevo Jesús. ‘trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano, metela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente’. Ya no hacían falta las pruebas. ‘¡Señor mío y Dios mío!’ fue la exclamación y la aclamación de Tomas. ‘¡Dichosos los que crean sin haber visto!’, le dice Jesús.
Que itinerario mas hermoso para nuestra vida, para nuestros miedos, para nuestras dudas. Dejemos entrar a Jesús. No cerremos puertas. Muchas son las puertas que vamos cerrando en la vida, si, por nuestros miedos o por nuestros complejos, y no terminamos de encontrar a Jesús.
Barreras que ponemos cuando queremos que Dios se nos manifieste pero tal como nosotros imaginamos o cuando a nosotros nos convenga; barreras que ponemos cuando cerramos tantas veces el evangelio porque queremos pensar a nuestro aire, ir por nuestro lado, o no queremos escuchar la voz de la Iglesia; barreras que ponemos cuando nos aislamos en nuestros problemas y no sabemos abrirnos a quien nos pueda ayudar; barreras que ponemos en nuestra relación con los demás y no es necesario poner muchos ejemplos para caer en la cuenta de tantas discriminaciones, de tantas veces que decimos que cada uno se ponga en su sitio, de cuando no queremos que nadie se meta en nuestra vida y nos perturbe… y así podríamos pensar en muchas cosas.
Dejemos que Cristo resucitado llegue a nuestra vida y nos traiga su paz; con Cristo resucitado con nosotros vayamos también a nuestro mundo siendo signos de reconciliación y de misericordia; que la alegría de Cristo resucitado con quien nos encontramos en la fe se contagie a los demás, transforme de verdad nuestro mundo.
Creemos, si, que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, para que creyendo tengamos vida en su nombre.