Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta incongruencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta incongruencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2026

Es hora de revisarnos con sinceridad, nuestras actitudes y posturas en muchas cosas, nuestra manera de actuar, también muchas veces incongruentes en nuestros juicios y prejuicios

 


Es hora de revisarnos con sinceridad, nuestras actitudes y posturas en muchas cosas, nuestra manera de actuar, también muchas veces incongruentes en nuestros juicios y prejuicios

2Tesalonicenses 3, 6-10. 16-18;Salmo 127; Mateo 23, 27-32

Si yo hubiera estado allí… habremos dicho en alguna ocasión cuando vemos desde la distancia alguna situación que no brilla precisamente por la rectitud, por la honradez, por el saber estar y el buen hacer de los que presenciaron aquella situación y quizás no hicieron nada; y venimos nosotros, como redentores por decirlo de alguna manera y decimos que nosotros hubiéramos actuado de otra manera, que no hubiéramos permitido las cosas que sucedieron y mil cosas más; pero nosotros no estuvimos allí, de verdad ¿qué hubiéramos hecho? ¿ir a la contra quizás de lo que todos hacían por inercia? Es fácil mirar desde la distancia y también somos tendenciosos para culpabilizar y quitarnos culpas a nosotros mismos de encima.

Es como cuando hay un accidente y en aquel momento de urgencia los que estaban presentes y pudieron ayudar con buena voluntad hicieron todo lo que estaba de su parte o sabían hacer, pero luego vendrá el sabio de turno para decir lo que no tenían que haber hecho, lo que él hubiera decidido si hubiera estado allí, pero no estaba y los que estaban hicieron lo que les dictó su saber en aquel momento. Otra cosa es decir que tenemos que estar más preparados para situaciones así, que tendríamos que tener claros unos protocolos y demás cosas de preservación.

Jesús sigue hablando fuerte contra los escribas y fariseos, como hemos venido escuchando estos días. Les habla de su hipocresía y doblez de corazón, de la incongruencia con que se actúa tantas veces cuando no hay una concordancia con lo que decimos o con lo que queremos imponer a los demás, mientras nosotros hacemos lo contrario. Hablaba Jesús contra quienes se consideraban dirigentes del pueblo o de quienes considerándose en un estadio superior en que incluso se consideraban más perfectos luego trataban de cargar a la gente sencilla de normas y preceptos que ellos en lo interior de sus corazones lo tenía muy lejos. Hoy les llama sepulcros blanqueados, muy bonitos por fuera pero bien sabemos lo que hay en su interior, pero Jesús quiere hacerles caer en la cuenta de la maldad que ellos llevan en su interior, hipocresía y crueldad, les dice.

Pero volvemos a repetirnos, ‘si hubiéramos estado allí…’ nosotros no hubiéramos sido como ellos, porque nosotros – desde la distancia – nos damos cuenta muy bien de la incongruencia en que vivían. ‘Si hubiéramos estado allí…’ nos decimos; pero más tenemos que plantearnos y nosotros, ahora y aquí, ¿qué es lo que hacemos? ¿No nos podrá suceder que nos parecemos demasiado a aquellos escribas y fariseos contra los que habla Jesús?

Es hora de revisarnos con sinceridad; hora de revisar nuestras actitudes y posturas en muchas cosas; hora de revisar nuestra manera de actuar. ¿No estaremos siendo también muchas veces incongruentes en nuestros juicios y prejuicios, con nuestras criticas a todo el que no ve las cosas como nosotros las vemos o quienes tienen unas posturas o unos principios distintos a los nuestros?

Pensemos, por ejemplo, en la crispación en que vive hoy nuestra sociedad y qué mal ejemplo nos dan nuestros dirigentes, sean del color que sean, pero quienes nos decimos cristianos y hemos optado por el seguimiento del Jesús que nos da como único y principal mandamiento el del amor, veamos cómo reaccionamos con quienes tienen otra opinión, otra manera de ver las cosas y unas actuaciones que quizás no nos gusta. ¿Qué epítetos usamos habitualmente para catalogar a esas personas? ¿Cuáles son los deseos que albergamos en nuestro corazón, que no siempre se queda en lo secreto porque muchas veces lo proclamamos bien alto, contra esas personas a las que quisiéramos quitar de en medio y no nos importaría incluso la violencia? ¿Esa tendría que ser la actuación, el lenguaje, los deseos de uno que se dice seguidor de Jesús el que incluso desde la cruz estaba diciendo ‘Padre, perdónales porque no saben lo que hacen’?

El evangelio siempre tiene que ser un interrogante que se abre ante nuestra vida y nuestra manera de actuar; no hemos de tener miedo que nos produzca inquietud y desazón porque puede significar muy bien que nos está tocando nuestras heridas que tenemos que saber curar.


jueves, 12 de marzo de 2026

Desterremos todo lo que sea negatividad de nuestra vida para saber valorar la luz y saberla encontrar, respeto a lo bueno de los demás, buen cimiento de un mundo mejor

 




Desterremos todo lo que sea negatividad de nuestra vida para saber valorar la luz y saberla encontrar, respeto a lo bueno de los demás, buen cimiento de un mundo mejor

Jeremías 7,23-28; Salmo 94; Lucas 11,14-23

Sucedía entonces y sigue sucediendo hoy. Cuando nos cegamos en nuestras ideas o en nuestra manera de ver las cosas, por eso mismo porque nos cegamos no seremos capaces de ver la luz que hay en los demás. Nos ciegan nuestros fanatismos cuando pensamos que no se pueden hacer las cosas sino como nosotros las hacemos porque nos creemos los únicos buenos y sabios; entonces todo lo que hagan los demás lo vemos desde ese filtro y entonces nada vale de lo que hagan los que no piensan como nosotros. Lo estamos viendo continuamente en todo el ámbito de la vida social y tenemos que decir también de la vida política.

¿Dónde encontraremos en alguien la sensatez suficiente para reconocer que su adversario hace cosas buenas y cosas que están bien? ¿Dónde están los que siguen construyendo con las mismas piedras buenas de sus adversarios aunque luego las podamos pulir según nuestro gusto? Hay una acritud muy dura en nuestra sociedad, unos orgullos que a nada bueno nos van a conducir.

Es lo que estaba sucediendo en este episodio que hoy se nos ofrece en el evangelio. Jesús curó a un sordomudo. Entendamos bien lo que nos habla el evangelio, porque en aquel momento la enfermedad o todo lo pusiera una limitación a la vida de las personas, ceguera, invalidez, ser sordomudo como en este caso, era considerada como un mal lo que venía a significar una posesión del maligno, por eso los llamaban endemoniados.  Jesús libera de su mal a aquel hombre y comenzó a hablar.

Podríamos pensar en la sorpresa y la admiración que tal hecho podía producir en los que lo contemplaban. Muchas veremos que la gente alaba al Señor que realiza tales maravillas. Pero es donde aparecen los malquerientes, los que no aceptaban a Jesús porque tampoco querían escuchar su mensaje del Reino de Dios. Y cuando estamos enconados con una cosa o con alguien todo lo que haga esa persona nos parece mal; es lo que tratan de decir aquellos opositores a Jesús. No lo está haciendo con el poder de Dios sino con el arte y poder del maligno. Tremenda incongruencia, podríamos decir, que el maligno se expulse a sí mismo de aquellos a los que tiene poseídos. Mira hasta donde somos capaces de llegar cuando estamos enfilados contra alguien.

¿Por qué nos dejamos absorber por tanta maldad? Nos creemos tan seguros que no nos damos cuenta de la debilidad que tenemos debajo de los pies. Nos cegamos, como decíamos antes, y ya no queremos ver los rastros de luz allí donde verdaderamente están. Y lo tremendo es que cuando nos envolvemos de esas malicias y de esos orgullos no nos damos cuenta de que esas actitudes negativas nos están socabando la tierra bajo nuestros pies y un día todo se nos vendrá abajo.

Además con esa negatividad en nuestras vida poco podremos construir que sea de provecho y tenga validez permanente. Es la superficialidad en la que vamos cayendo en la vida. Qué lástima como queremos ser constructores de una nueva sociedad pero lo hacemos desde los rencores y resentimientos, las envidias nos llevaran a querer destruirnos unos a otros, con esas heridas mal curadas en nuestro corazón no podrá aparecer una verdadera alegría y a pesar de las muchas músicas el alma está llena de tristezas, aunque decimos que queremos un mundo mejor no termina de aparecer la paz porque seguimos alimentando esas malquerencias en el corazón.

Jesús nos habla de aquel hombre que se creía fuerte e invencible pero que pronto todo se derrumbará y se le vendrá abajo, porque el maligno seguirá insuflando esos malos sentimientos en su corazón que todo lo destruirá. Qué necesaria esa actitud de vigilancia que hemos de mantener en nuestra vida, esa humildad para reconocer lo débiles que somos, y cómo tenemos que abrir nuestro corazón a la fortaleza del Espíritu para mantener esa rectitud en nuestras vidas, pero también para saber valorar cuanto de bueno hay también en los demás.

Es el sentido que hemos de darle a este camino cuaresmal que estamos haciendo para llegar a la Pascua.


lunes, 16 de febrero de 2026

Necesitamos un inconformismo que nos haga crecer, que nos impulse a salir de ese estancamiento espiritual, que nos haga salir de nuestras cegueras

 


Necesitamos un inconformismo que nos haga crecer, que nos impulse a salir de ese estancamiento espiritual, que nos haga salir de nuestras cegueras

Santiago 1,1-11; Salmo 118; Marcos 8,11-13

Siempre queremos una prueba más. ¿Es inconformismo o es ceguera? Cierto inconformismo nos es necesario para salir de nuestras rutinas, para buscar algo nuevo y mejor, para ir avanzando por la vida, para no quedarnos satisfechos con lo que ya hacemos si podemos hacer algo más, para no caer bajo el peso del derrotismo cuando las cosas se nos ponen difíciles, para descubrir que hay más, que puede haber otros caminos y otras perspectivas, para crecer. Es que yo soy así, decimos cuando no queremos cambiar; es que las cosas son así, cuando no queremos poner esfuerzo y sacrificio; de eso nos sobra en la vida.

Me ha surgido esta primera reflexión preguntándome cual era realmente la actitud de aquellos fariseos y maestros de la ley que siempre le estaban pidiendo nuevos signos a Jesús para poder creer en El. Por eso me preguntaba si era simplemente el inconformismo con que hemos de andar en la vida, pero en este caso creo que era algo distinto, era ceguera. Muchos eran los signos que Jesús iba realizando y que manifestaban que Dios estaba con El, que expresaban su misión mesiánica, que nos ofrecían el camino de algo nuevo para nuestras vidas. Muchos eran los milagros tal como nos va relatando el evangelio, señales de esa transformación que Dios quería realizar en nuestros corazones, señales verdaderas del Reino de Dios que Jesús nos anunciaba.

Pero no querían ver la obra de Dios en la presencia de Jesús y lo que realizaba. Por eso siempre estaban pidiendo nuevos signos, nuevas señales, y todo eran discusiones con Jesús y acusaciones porque llegaron a decir que si Jesús realizaba aquellos milagros era por obra y por el poder de Satanás. Incongruencias de la ceguera en que vivían. Como en alguna ocasión Jesús les dice es que Satanás va a luchar contra sí mismo; un reino dividido no puede subsistir, les dice Jesús.

En esta ocasión Jesús se niega ya a darle más signos y como nos dice el evangelista se montó de nuevo en la barca y se fue para otro lado. No hay peor sordo que el que no quiere oír, es lo que estaba sucediendo.

Pero no nos quedamos en el hecho que nos narra el evangelio y lo que entonces sucedía, sino que cuando escuchamos la Palabra de Dios siempre tenemos que escucharla leyéndola en nuestra vida. Es fácil decir de los otros pero nos cuesta verlo reflejado en nuestra vida. Ahí andamos nosotros también con nuestros vaivenes, con nuestros altos y bajos, con nuestras reincidencias, con nuestros tropiezos en la misma piedra porque no aprendemos la lección. Es la realidad llena de rutina de nuestras vidas, es la tibieza espiritual con que vivimos tantas veces, es la pendiente por la que nos dejamos resbalar.

Creo que cada uno de nosotros analizando bien su propia vida tiene bellos momentos de fe y de espiritualidad que en alguna ocasión hemos vivido; recordamos cuantos propósitos nos hemos hecho cuando hemos hecho un buen examen de conciencia y con humildad nos hemos acercado al sacramento de la Penitencia. No volveremos a tropezar en la misma piedra, no volveremos hacer las mismas cosas, cuantas veces nos hemos prometido. Pero qué pronto lo hemos olvidado, qué pronto nos hemos enfriado y caído en una tibieza espiritual que nos ha precipitado de nuevo en el mismo pecado.

Y tenemos con nosotros la gracia que el Señor nos ofrece continuamente en los sacramentos, tenemos el alimento de la Eucaristía en que comemos al mismo Cristo que se hace alimento y vida nuestra, tenemos ante nuestros ojos el milagro de la Eucaristía cada vez que vamos a misa, pero no despertamos de nuestro letargo, seguimos con nuestra frialdad, seguimos quizás pidiendo milagros para nuestra vida que nos hagan ver con claridad y decimos que entonces sí cambiaríamos. Esperemos que el Señor no nos abandone por su infinita misericordia y nos llegue ese momento de gracia que nos haga despertar.

Necesitamos un inconformismo que nos haga crecer, que nos impulse a salir de ese estancamiento espiritual, que nos haga salir de nuestras cegueras para descubrir de una vez para siempre la Luz que Jesús nos ofrece.

martes, 13 de mayo de 2025

Los que siguen a Jesús y escuchan su voz nunca con Él se verán defraudados porque Él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia

 


Los que siguen a Jesús y escuchan su voz nunca con Él se verán defraudados porque Él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia

Hechos 11, 19-26; Salmo 86; Juan 10, 22-30

Hay ocasiones en que la actitud o la manera de actuar de una persona nos deja, como solemos decir, descolocados; nos sorprende, no sabemos cómo reaccionar, lo que está haciendo nos choca porque quizás nosotros no somos capaces de hacerlo o porque va contra nuestra forma de actuar y de alguna manera es como una denuncia de lo incongruente que nosotros estamos haciendo.

Una postura de generosidad y de entrega a los que menos nosotros pensamos frente a nuestras comodidades y actitudes de insolidaridad, por ejemplo. Una postura de humildad y cercanía de quien nosotros considerábamos una persona tan importante que nos parecía incapaz de tener esos gestos o quizás nos pudiera parecer fuera de lugar;  muchos ejemplos de cosas que nos descolocan podíamos recordar, porque son cosas por las que alguna vez hemos pasado.

Por supuesto de ahí podemos sacar lecciones positivas, pero también muchas veces nos empecinamos más en nuestra manera de actuar y de alguna manera nos molesta. Es precisamente lo que nos hace sentirnos descolocados, fuera de lugar.

¿Le estaba sucediendo a ciertos sectores de los judíos con Jesús? De alguna manera, sí. Por una parte quienes incluso valiéndose de la religión habían logrado poner en un estado de privilegio y de influencia que se sentían incómodos con lo que Jesús enseñaba y con lo que Jesús hacía. Estaba también la manera de pensar sobre lo que tenía que ser un profeta y ser el Mesías que chocaba con la enseñanza de Jesús, y aunque los sencillos lo aclamaban y reconocían los signos que Jesús hacía, por otra parte mantenían unas esperanzas que no concordaban con el mensaje del Reino de Dios que Jesús proclamaba. Para algunos incluso Jesús resultaba peligroso, por eso veremos cómo acaban tramando contra Él hasta llevarlo a la cruz y a la muerte.

Es el diálogo que hoy vemos entre Jesús y los judíos en aquella visita a Jerusalén. Estaban en Jerusalén en la fiesta de la Dedicación del templo. Y a Jesús se acercan con sus expectativas para que Jesús les diga claramente si es o no es el Mesías esperado. ‘¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente’. Y Jesús pacientemente les explica que Él está haciendo las obras del Padre que dan testimonio de El, de quien es. Pero les dice que como no son de sus ovejas, no pueden escuchar su voz, no pueden entender lo que Jesús les está diciendo. Ya lo hemos reflexionado estos días en que el evangelio ha girado en torno a la figura del Buen Pastor. Las ovejas conocen y escuchan la voz de su pastor y le siguen. Es lo que no está sucediendo con ellos.

Pero Jesús les dice que a los que le siguen y escuchan su voz nunca con Él se verán defraudados. Él ha venido para que tengamos vida y en abundancia. Y es lo que nos ofrece. Se va a entregar por nosotros para que tengamos esa vida, para que podamos sentir esa paz en el corazón, para que en verdad nos sintamos transformados para ser unos hombres nuevos. Lo que necesitamos es poner nuestra fe en El, que nunca nos fallará.

Algunas veces, sin embargo, cuando escuchamos el evangelio de alguna manera nos sentimos descolocados; pero nos sentimos así porque aún quedan en nosotros vestigios del hombre viejo y aparecen nuestras ambiciones y nuestras búsquedas de intereses, porque vemos la distancia que quizás nos falta para aprender a actuar a la manera de Jesús, o cuando contemplamos a nuestro lado a personas que en verdad quieren seguir el espíritu del evangelio y se muestran humildes y cercanas, se les ve entregadas incondicionalmente, se les ve con una generosidad grande para compartir.

Como decíamos antes que todo eso nos sirva para lo bueno, sea para nosotros un estímulo, que aprendamos a dar también esos pasos de generosidad y de amor que serán los que en verdad transformarán nuestro mundo.


lunes, 15 de enero de 2024

Que el Espíritu del Señor nos dé una revolcadura por dentro a ver si un día despertamos y de una vez por todas vestimos el vestido nuevo del evangelio

 


Que el Espíritu del Señor nos dé una revolcadura por dentro a ver si un día despertamos y de una vez por todas vestimos el vestido nuevo del evangelio

1Samuel 15, 16-23; Salmo 49; Marcos 2, 18-22

Ya comenzaba a crear inquietud en algunos sectores aquel nuevo profeta que había aparecido por Galilea. Sus palabras despertaban fervor en algunos, mientras otros se sentían inquietos porque las señales que iba realizando de alguna manera iban ya anunciando y prefigurando como un nuevo estilo, como un nuevo sentido para muchas cosas.

Sorprendían los milagros que iba realizando, curaciones de enfermos, paralíticos que comenzaban a caminar, hombres poseídos por espíritus inmundos que eran liberados de su mal, pero además sorprendían también las circunstancias, la autoridad con que se manifestaba y lo que parecía que descuidara algunas costumbres y ritos a los que estaban acostumbrados y que parece que convertían en cosas fundamentales.

Los que comenzaban a escucharle y seguirle no parece que dieran señales del cumplimiento de esos ritos como eran los ayunos a los que estaban acostumbrados los fariseos y que parecía que aquel profeta del desierto había dado tanta importancia. Sin embargo, les hablaba de conversión, de un cambio radical de vida y de sentido, que les decía que era fundamental para poder creer y aceptar esa Buena Noticia que proclamaba con el anuncio de la llegada del Reino de Dios.

Es por lo que ahora vienen a reclamarle, de alguna manera, por qué sus discípulos no ayunan como lo hacen los fariseos o los discípulos del Bautista. Y Jesús para responder les habla de fiesta y de banquete de bodas, de la alegría del novio en su boda, pero de la alegría y la fiesta de los amigos del novio. ¿Cómo pueden estar tristes y cabizbajos si están participando de la boda de su amigo? Hablará Jesús muchas veces de un banquete de bodas al que todos están invitados; y estar de bodas es fiesta, es alegría, porque no se va a celebrar entre lágrimas, salvo que sean de alegría.

Jesús habla ahora, y lo hace claramente, de algo nuevo. No se puede andar con remiendos; habla de un vino nuevo que necesita de unas vasijas nuevas porque las que ya están cuarteadas lo que harán es romperse porque no pueden soportar el empuje y la fuerza de un vino nuevo. Y nosotros que queremos seguir andando con remiendos; es necesario un manto nuevo; es necesario saborear el vino nuevo, los vinos pasados pueden perder fuerza o agriarse. Pero nosotros parece que seguimos muy contentos conservando las cosas de antes, todavía nos gustan los oropeles y las campanillas que llamen la atención. ¿Qué es lo que tendría que brillar y qué es lo que tendría que llamar la atención?

Porque cuando hoy estamos comentando este texto del evangelio no es para hacer un juicio de la aceptación o no de aquella gente en el tiempo de Jesús de su mensaje de Evangelio. Somos nosotros los que tenemos que mirarnos, es nuestra iglesia de hoy la que tenemos que contemplar, son nuestras reticencias con las que tenemos que entrar en juicio, son esas cosas que resucitamos para quedarnos en apariencias las que tenemos que analizar, para ver si en verdad estamos entrando en la novedad del evangelio.

Somos nosotros los que tenemos que vestir el traje nuevo que Jesús nos ofrece en su evangelio y no andar con componendas y remiendos. Tenemos el peligro de cuidar mucho la suntuosidad de nuestros templos o nuestras celebraciones, pero pasamos de largo ante el que nos tiende la mano pidiendo una ayuda quizá porque su apariencia nos desagrada. Nos preocupamos de buscarnos ornamentos cada vez más suntuosos y brillantes y no tenemos una manta con que cubrir la desnudez de un pobre en la orilla del camino. Hablamos y decimos cosas muy bonitas y hermosas que nos encantan a los oídos, pero no tenemos una mirada a los ojos de aquel con quien nos cruzamos en el camino. Nos cuesta hacerlo, reconozcámoslo. Lo pensamos, y hasta estamos convencidos, pero no damos el paso.

Dejemos que el Espíritu del Señor nos dé una revolcadura por dentro a ver si un día despertamos para ver si de una vez por todas vestimos el vestido nuevo del evangelio.

martes, 4 de abril de 2023

Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos, no dejemos que las sombras de la noche nos envuelvan

 


Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos, no dejemos que las sombras de la noche nos envuelvan

Isaías 49, 1-6; Sal 70; Juan 13, 21-33. 36-38

Nuestra vida se nos llena en muchas ocasiones de contradicciones e incongruencias como si no supiéramos lo que queremos o lo que buscamos; tenemos momentos de entusiasmo, tras los que viene pronto el sentirnos como derrotados, y comenzamos a actuar de manera distinta en contradicción quizá con lo que antes queríamos vivir o veíamos tan fácil. Contratiempos que  nos aparecen, insatisfacciones porque las cosas no son como nosotros pensábamos o soñábamos, un desaire que nos afectó o una situación difícil que vimos en alguien en quien habíamos puesto nuestra confianza, momentos de flaqueza y de debilidad en que vamos tropezando con todo, nos llevan a esas incongruencias y contradicciones. Una cadena que a veces parece que no tiene fin.

¿Cómo se encontraban los discípulos de Jesús en aquellos momentos que estaban viviendo ya en Jerusalén después de lo que Jesús había anunciado repetidamente en su subida a la ciudad santa? Las cosas parecía que se iban precipitando. Las mismas palabras de Jesús y sus gestos hay momentos en que les resultan enigmáticas, difíciles de entender. Ahora que están en la cena pascual – ya ha habido algunos signos a los que haremos mención en otro momento – y viene Jesús y en medio del entusiasmo de la cena les dice que uno de ellos lo va a entregar.

Fue un mazazo, podríamos decir. Se preguntan con la mirada sobre el significado de las palabras de Jesús. A insinuaciones de Simón Pedro, Juan que está más cerca de Jesús le preguntará un poco como queriendo sonsacar un secreto, quien es el traidor. ‘Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado’, y se lo dio a Judas Iscariote.

Y Jesús le dirá que lo que tiene que hacer, que lo haga pronto, sin que el resto de comensales entienda. Y tras tomar el pan Judas salió para dar cumplimiento a la traición. ‘Era de noche’, dirá el evangelista. ¿Comenzaba la hora de las tinieblas como diría Jesús en otro momento? ¿Era de noche para Judas que había emprendido un camino de alejamiento de Jesús? En cuantas noches nos vamos introduciendo nosotros también tantas veces. Una pendiente resbaladiza, de la que no siempre sabemos cómo salir.

Y Jesús sigue hablándonos de lo que son aquellos últimos momentos. ‘Me queda poco de estar con vosotros…’ pero ellos no quieren apartarse de Jesús. Como siempre Pedro habla en nombre de todos afirmando sus deseos y voluntad de estar siempre al lado de Jesús pase lo que pase. No sabe de lo que es su propia debilidad. Nos sentimos tan fuertes y valientes en ocasiones, pero pronto pueden aflorar nuestras debilidades y tropiezos. Es lo que Jesús le dice a Pedro, el que estaba dispuesto a dar su vida por Jesús. ‘¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces’ .Una nueva incongruencia que iba a aparecer. Como tantas de nuestra vida.

Errores, tropiezos, incongruencias, traiciones, negaciones… cosas que siempre se van repitiendo a pesar de nuestros buenos deseos. Pero no dejemos que la noche nos envuelva. Pedro también tropezó en esas valentías y atrevimientos como tantas veces nos metemos en la vida, pero no se dejó que las sombras de la noche le envolvieran, aunque le costara recuperarse y salir de nuevo a flote. Pedro supo llorar su pecado; Judas Iscariote se dejó vencer por la negrura de su traición y sabemos cómo terminó.

Dejémonos encontrar por Jesús aunque estemos hundidos en la peor de nuestras negruras. Cuando aquella noche cantó el gallo y Pedro se dio cuenta de su negación, aún estaba en patio cuando pasó Jesús y se dejó mirar por Jesús. No hubo palabras, no hubo reproches, solo una mirada en silencio, porque aún en su dolor por su negación el amor permanecía en el corazón de Pedro. No podía quedarse Pedro en la noche oscura. Un día Jesús solamente se lo recordará preguntándole si lo amaba y lo amaba más que el resto. Jesús podía seguir contando con Pedro.

Es para nosotros un rayo de luz y de esperanza. Es un comenzar a ver cómo se puede desenmarañar ese ovillo de nuestras incongruencias y debilidades. Jesús estará tirando del hilo de nuestro amor para que se mantenga siempre bien unido a su amor a pesar de los nudos. Y es que siempre Jesús nos está llamando a la vida, siempre nos regalará su perdón. ¿Aprenderemos nosotros a mantener también vivo y sin romperse ese hilo del amor hacia los demás aunque a veces nos sintamos defraudados, a veces nos veamos también enrollados en esas mutuas incongruencias que nos pueden hacer daño?

jueves, 16 de marzo de 2023

Y los cristianos tenemos que dar la nota, manifestar lo que creemos en la vida que llevamos, manifestarnos como creyentes aunque eso no cuente para los que nos rodean

 


Y los cristianos tenemos que dar la nota, manifestar lo que creemos en la vida que llevamos, manifestarnos como creyentes aunque eso no cuente para los que nos rodean

Jeremías 7,23-28; Sal 94; Lucas 11,14-23

Seguro que al menos consideraremos como una falta de respeto, pero incluso si nos lo hacen a nosotros nos sentiremos ofendidos, si cuando estamos hablando con alguien este nos vuelve la cara como una señal de que no quiere escucharnos, o nos vuelve la espalda. La más mínima corrección y respeto nos exige prestar atención a quien nos habla.

Pero peor aún si llega a nuestros oídos que aquello que nosotros hemos hecho con gran dedicación y generosidad por nuestra parte para ayudar a alguien, por ejemplo, alguien con muy mala saña propaga que aquello no es obra nuestra sino que se lo atribuyen a otras personas, o quizás alguien se lo atribuye a si mismo. Se sentiría herido nuestro amor propio, nos sentiremos molestos con tales muestras de ingratitud, y en cierto modo nos sentiríamos defraudados de esas personas que propagan tales cosas.

¿Qué estaba sucediendo con la obra de Jesús? Ya el profeta en la primera lectura que hoy se nos propone en la liturgia habla de esa nuestra actitud desagradecida ante Dios, en que incluso le damos la espalda tantas veces que no queremos escucharle, o quizás queremos aparentar una bondad que luego no tenemos, mostrándonos allí donde nos interesa muy religiosos y muy creyentes, pero luego en el día de nuestra vida le vamos dando la espalda a Dios, olvidándonos de lo que es su mandamiento y de lo que es su voluntad.

Hoy el evangelio nos habla de un milagro de Jesús, ha liberado del mal a una persona con la expulsión de un demonio, y aunque hay quienes se llenan de admiración por la obra de Jesús, sin embargo pronto surgen aquellos que no quieren reconocer la obra de Dios que se manifiesta en Jesús, atribuyendo al poder del maligno aquellas obras que Jesús realiza, precisamente expulsando el espíritu del mal de aquellas personas. Y aquí aparece la incongruencia, por lo que Jesús habla del reino dividido que no puede subsistir, porque si luchamos contra nosotros mismos lo que hacemos es destruirnos. Es la incongruencia del razonamiento de aquellas personas que ya no saben cómo oponerse a Jesús, quererle desprestigiar porque no quieren reconocer la obra de Dios en El.

Y es aquí donde tenemos que ponernos a pensar en nuestras incongruencias que se manifiestan en tantas cosas. Como se suele decir en dicho popular encendemos una vela a Dios y al mismo tiempo otra al diablo. Es la incongruencia de que muchas veces nuestra vida esté tan distante de esa fe que decimos que tenemos y que incluso en determinados momentos hacemos hasta confesión pública de esa fe.

Quiero mirarme a mi mismo, como os invito a quienes leen estas semillas de cada día a que nos miremos con sinceridad a nosotros mismos. Nos llamamos cristianos porque decimos que creemos en Jesús, hay momentos en que parece que queremos vivir una intensa religiosidad, pero luego con sinceridad tenemos que darnos cuenta de que aquello que confesamos no es lo que vivimos cada día. Nuestra vida se vuelve muchas veces rutinaria, simplemente nos dejamos arrastrar, y muchas veces ese ambiente externo que nos rodea puede más que nosotros mismos. ¿Qué hacemos? lo que todo hacen, no nos queremos diferenciar, porque pensamos quizás que daríamos la nota.

Y los cristianos de verdad tenemos que dar la nota, manifestar lo que creemos en la vida que llevamos, manifestarnos como creyentes aunque eso no cuente para los que nos rodean. Aunque sea políticamente incorrecto, como se dice ahora. Nos decimos creyentes y vivimos como ateos, porque no tenemos presente de verdad a Dios en nuestra vida, en lo que hacemos. De alguna manera parece algunas veces que prescindimos de Dios, vivimos sin el sentido de la fe aquello que hacemos, aquello que decimos. Simplemente nos contentamos con hacer lo que todos hacen. ¿Nos podemos de verdad así llamarnos cristianos si en la práctica casi podríamos decir que vivimos como paganos?

Incongruencias que no nos faltan en la vida. Cosas que tendrían que hacernos pensar. Porque es que realmente muchas veces le estamos dando la espalda a Dios. Oímos que quiere hablarnos pero no lo escuchamos, porque nosotros andamos con otras canciones de la vida. ¿Estamos o no estamos con Jesús?

martes, 13 de diciembre de 2022

Cuando tengamos la humildad de ser sinceros en nuestra debilidad buscaremos salvación, buscaremos a Dios y podremos sentirnos llenos de Dios

 


Cuando tengamos la humildad de ser sinceros en nuestra debilidad buscaremos salvación, buscaremos a Dios y podremos sentirnos llenos de Dios

Sofonías 3,1-2.9-13; Sal 33; Mateo 21,28-32

El arrogante que se cree autosuficiente nunca será capaz de pedir ayuda, el que se siente lleno y satisfecho no querrá probar otros sabores sino que en su glotonería se quedará con aquella que primero apetece, el que se cree sabio y entendido en todo y para todo cree tener una respuesta o una solución, no creerá que sea posible que haya algo distinto a lo que es su sabiduría y rechazará todo lo que se le presente. Son las vanidades de la vida en que nos creemos que nos valemos solo por nosotros mismos y nunca nos abriremos entonces a algo nuevo y distinto. Nos creemos perfectos y no tendré la humildad de que pueda haber algún error en mi vida, ni necesitaré pedir perdón, ni necesitaré corregir, ni buscará una salvación. Somos muchos los que andamos por la vida tan llenos de autosuficiencias que luego se traducirán en muchas incongruencias en la manera de actuar.

Hoy nos dice el evangelista que Jesús les propone una parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Les habla de los dos hijos a los que el padre quiere enviar a trabajar a su viña. Uno, que nos parece rebelde, dice rotundamente al padre que no irá; el otro muy obsequioso según abre la boca su padre ya se está ofreciendo y diciendo que sí irá; pero sucede lo contrario, quien se ofreció obsequioso para corresponder pronto a su padre, pronto lo olvidará y se marchará por otras cosas desentendiéndose de lo que le ha pedido el padre. Mientras que quien se había negado a ir, arrepentido pronto accederá a la petición del padre siendo el único que fue a la viña a trabajar.

Cuántas veces vamos de obsequiosos por la vida. no queremos llevarle la contra a nadie, para que todos vean que somos buenos, pero lo somos de palabra, porque en el fondo no estamos dispuestos a hacer aquello que se nos ha pedido; queremos quedar bien con la incongruencia de que luego nada hacemos; queremos quedar bien y decimos que estamos de acuerdo mientras en nuestro interior quizás estamos pensando en algo bien distinto; a todo bajamos la cabeza para decir sí y vean lo buenos que somos pero nuestros corazones están llenos de otras sombras.

Aquel que fue sincero, porque quizá en aquel momento no tenía ganas de hacer lo que le pedía su padre y había dicho no, luego recapacitó y volvió a la senda del buen camino haciendo lo que realmente le pedía su padre. Tuvo la osadía de negarse, pero tuvo luego la valentía de arrepentirse; quizás fue mal mirado por aquella primera rebeldía de querer hacer la vida a su manera, luego quizás nos costará reconocer la valentía de su arrepentimiento y siempre le estaremos cargando con el sambenito de su pecado. Porque hasta ahí llegan nuestros orgullos, nuestras autosuficiencias, nuestras incongruencias, pero no reconocer que es posible un cambio y un arrepentimiento para comenzar una vida nueva.

Qué necesaria es la humildad de reconocer como somos, con nuestras deficiencias, con nuestras debilidades y tropiezos, con las sombras que tantas veces nos han acompañado en la vida. Aunque ahora estamos intentando hacer las cosas bien, sin embargo nos cuesta reconocer que un día cometimos errores, nos parece que nos vamos a sentir humillados, cuando en verdad sería todo lo contrario, porque la grandeza no está en que nos sintamos siempre perfectos, sino en reconocer que no lo somos, que hemos tropezado y que somos capaces de levantarnos. Cuantos velos queremos poner en tantas ocasiones en nuestra vida que tapen esos sombras que un día hubo en nosotros.

Será así cuando en verdad busquemos la salvación; será así cuando busquemos la verdadera sabiduría; será así cuando en verdad busquemos a Dios y terminaremos sintiéndonos llenos de Dios.

lunes, 29 de agosto de 2022

El Bautista hace oír su voz en su martirio, no temamos emprender caminos de fidelidad, de compromiso en el amor, de rectitud de vida para que como El seamos en verdad testigos

 


El Bautista hace oír su voz en su martirio, no temamos emprender caminos de fidelidad, de compromiso en el amor, de rectitud de vida para que como El seamos en verdad testigos

1Corintios 2,1-5; Sal 118; Marcos 6, 17-29

La figura de Juan Bautista tiene amplia presencia en la liturgia de la Iglesia. No solo celebramos la fiesta de su natividad, su nacimiento, el 24 de Junio, sino que ahora de nuevo la liturgia  nos lo presenta en su martirio que hoy celebramos. Pero es abundante su presencia sobre todo el tiempo de Adviento, porque como Precursor que fue del Mesías, es la gran figura que nos prepara para la celebración de la venida del Señor, así prácticamente todo lo que el evangelio nos dice de la figura del Bautista quedará reflejado en las distintas celebraciones que vivimos en ese momento litúrgico.

Si grandes fueron las grandes fiestas que el pueblo cristiano celebra en su nacimiento con muchas tradiciones en el pueblo cristiano según los distintos lugares, hoy al celebrar su martirio, que además en diversos momentos de la lectura continuada del evangelio nos aparecerá a lo largo del año, ahondamos en el significado hondo de su vida y de su muerte.

Era, es cierto, la voz que clamaba en el desierto preparando los caminos del Señor, como incluso los profetas habían anunciado, pero ahora se nos convierte en el testigo. Era la voz, no era la Palabra, pero era el profeta cuya vida se convertía en un signo por la austeridad con que vivía, pero también por la fidelidad a esa Palabra que el anunciaba como inminente, una fidelidad que le llevaba hasta las ultimas consecuencias, pues fue capaz de dar su vida por esa fidelidad.

Si El quería que los caminos del Señor se enderezasen y para eso proponía caminos de conversión para ser capaces de entrar en un ámbito nuevo de amor y de justicia, era lo que pedía a quienes venían a él para ser bautizados, recordemos lo que a cada uno de forma concreta decía, no podía denunciar allí donde estaba el mal porque era necesario llevar ese camino de conversión hasta las ultimas consecuencias.

Pero ya sabemos, como bien nos lo refleja el evangelio desde el principio, las tinieblas rechazaban luz, y cuando la luz brilla en lo alto para señalarnos los caminos que hemos de tomar, o las cosas oscuras que de nosotros tenemos que arrancar, y eso le sucedió con Herodes. Aunque ladinamente decía que respetaba a Juan y quería escucharlo, sin embargo incitado por la mujer con la que convivía metió a Juan en la cárcel. No cejaría Herodías, en las tinieblas en que estaba envuelta, en tramar lo que fuera necesario para quitar de en medio la luz, a quien era testigo de la luz, a quien con su luz denuncia lo maligno de su convivencia, hasta que lo logró.

Es lo que nos relata hoy el evangelio, que no es necesario que lo repitamos con detalle. Después de aquella fiesta en la que Herodes se vio envuelto en sus propias incongruencias y respetos humanos, llegaría finalmente la cabeza de Juan en una bandeja como tanto deseaba Herodías y como había pedido la bailarina. Ahí tenemos al testigo, ahí tenemos el testimonio de Juan por la verdad sellado con su propia sangre. Es lo que hoy estamos celebrando.

Si tanto contemplamos la figura del bautista, si tanto lo celebramos por otra parte en las diversas fiestas y celebraciones en su honor, tendríamos que preguntarnos si nosotros queremos escuchar esa voz, si nosotros en verdad preparamos nuestro corazón para sentir y vivir la presencia de Dios en nuestra vida, si en verdad tenemos la valentía de ser auténticos testigos de la luz en medio de los que nos rodean.

¿Acaso nos dejamos acobardar por nuestras incongruencias o por los respetos humanos? ¿Acaso tanto nos cegamos para no ver ni querer recibir la luz? Es cierto que hay debilidades en nuestra vida que muchas veces intentan hacer opaca la luz de la que tenemos que ser testigos, pero no temamos emprender caminos de fidelidad, de compromiso en el amor, de rectitud en nuestra vida aunque nos cueste. En nosotros está la fortaleza del Espíritu del Señor.

lunes, 24 de enero de 2022

Quien quiere anular la existencia de Dios está cerrando a sí mismo las puertas que le puedan llevar al encuentro de misericordia con Dios, no podrá saborear lo que es el perdón

 



Quien quiere anular la existencia de Dios está cerrando a sí mismo las puertas que le puedan llevar al encuentro de misericordia con Dios, no podrá saborear lo que es el perdón

2Samuel 5, 1-7. 10; Sal 88; Marcos 3, 22-30

Qué terrible es sembrar dudas en el corazón de los otros. Dudas, por supuesto, podemos tener y de hecho tenemos; las dudas nos hacen interrogarnos a nosotros mismos y ponernos en camino de búsqueda; la duda no puede ser destrucción sino un interrogante abierto a nuevos horizontes, a nuevos planteamientos, a una mayor profundización en la vida.

Pero cuando hablaba de esas dudas que se siembran en el corazón de los otros normalmente suelen ir llenas de malicia, y el afán es muchas veces destructivo; dudas que siembran sobre aspectos de la fe o de la religiosidad de las personas, pero con el afán de destruir los verdaderos cimientos de esa fe; como dudas que sembramos acerca de los demás, insinuando pero no atreviéndose quizás a acusar, desconfiando y manifestando esa desconfianza que tengamos de los otros sin ningún fundamento, sino solo, como decíamos, con el afán de destruir. Ayuda a abrir caminos pero no destruyas lo ya caminado, o el sentido con el que los otros quieren caminar. Las dudas tendrían que ser, no para desconfiar, sino para hacernos crecer, para descubrirnos caminos positivos y para hacer que haya un verdadero progreso en la vida.

Hay gentes que parece que están especializadas en destruir, en crear desconfianza, en poner en duda todas las cosas para arrasar desde los fundamentos, desde las mejores raíces que tengamos en la vida y que nos sustentan. Qué dañinas son esas personas, cuántas confusiones crean, a cuánta gente dejan como desnudas sin verdaderos valores y sin nada en que apoyarse en la vida. Terrible pecado tendríamos que decir.

Esos sembradores de dudas y de cizaña cuanto daño van haciendo. Es una guerra de guerrillas que crea confusión y desconfianza; es algo que vemos en la vida mucho más de lo que quisiéramos; es algo que contemplamos en los diversos ámbitos de la vida; es algo de lo que se aprovechan muy astutamente quienes tienen a la religión como su enemigo al que hay que destruir y que aprovecharan cualquier circunstancia para sembrar esa duda, para desestabilizar el pensamiento y el fundamento muchas veces de los más débiles.

Hoy en el evangelio vemos cómo se meten con Jesús. Incluso nos hablará de escribas que han bajado de Jerusalén a Galilea para tratar de destruir la obra de Jesús. Se les iba de las manos en sus planteamientos y lo mejor era destruir, destruir creando esa desconfianza en la gente, esas dudas nunca constructivas en el interior de las personas. Jesús con su presencia va destruyendo por así decirlo las bases del mal; nos habla el evangelio de endemoniados a los que Jesús libera de sus ataduras, pero que ahora aquellos que han venido vendrán acusando a Jesús que si expulsa los demonios es por el poder del mismo Belcebú. Una incongruencia tan grande que Jesús se las desbarata porque estarían hablando de un reino dividido y que lucha contra sí mismo.

Es negar el poder de Dios que se manifiesta en Jesús. Quien quiere anular la existencia de Dios está cerrando puertas en su vida que le puedan llevar a ese encuentro de misericordia con Dios. Por eso les dice Jesús que no podrán encontrar el perdón. Si niegan el origen de la misericordia y el perdón que es Dios mismo en su amor, cierran las puertas de la misericordia para ellos, porque no creen en esa misericordia, en ese amor de Dios por todos nosotros.

Cuidado con las intenciones perversas que se nos pueden meter en el corazón. Cuidemos de no hacer daño a nadie creando esas dudas y desconfianzas que destruyen. Busquemos siempre camino de amor y de bondad que nos acercarán a Dios; llevemos la pureza de nuestro corazón al encuentro con los demás.

viernes, 19 de febrero de 2021

Nuestras componendas e incongruencias, nuestra falta de autenticidad no nos podrán llevar por una vida de rectitud y son causa de escándalo para muchos

 


Nuestras componendas e incongruencias, nuestra falta de autenticidad no nos podrán llevar por una vida de rectitud y son causa de escándalo para muchos

Isaías 58, 1-9ª; Sal 50; Mateo 9, 14-15

Aunque las modas y los gustos cambian continuamente, sin embargo solemos decir que las mezcolanzas no son buenas; hay cosas que son incompatibles unas con otros. Claro que dije que las modas y los gustos cambian, lo vemos en todo tipo de cosas, de costumbres; los modistos nos ofrecen cada vez cosas más atrevidas en cuestión de vestidos con mezclas de materiales que antes no podíamos concebir, y lo mismo, por ejemplo, en la cocina los grandes cocineros nos presentan los platos más raros del mundo con una variedad de sabores que nunca se nos hubiera ocurrido mezclar.

Pero bueno, dejemos a un lado modas y gustos de ese tipo y vayamos a lo que son nuestras costumbres, a lo que es la rectitud de una vida, a lo que tiene que ser una congruencia entre el pensar y el hacer o vivir; y aquí sí que lo moralmente malo será siempre malo desde los más elementales principios éticos y lo que es bueno en sí mismo tiene su resplandor y su belleza.

Pero ahí surgen nuestras confusiones y errores, porque vienen las apetencias de nuestras pasiones que se nos desbordan y nos preguntamos qué tienen de malo, vienen lo que llamamos costumbres y aquello de que siempre se ha hecho así, o también aquello de que eso es difícil y nos cuesta y entonces queremos hacer nuestros arreglos a ver hasta donde podemos llegar, pero no nos preguntamos por la rectitud y bondad de aquello que hacemos o si podemos hacerlo mejor; vienen los intercambios de ideas, vienen las formas distintas de pensar o de plantearnos la vida, vienen lo que tienen que ser nuestros principios religiosos y éticos nacidos de una fe que no podemos mezclar (y aquí viene lo de las mezcolanzas de las que hablábamos al principio) con otras rutinas de la vida que nos hacen vivir sin sentido, sin profundidad, sin autenticidad.

Es importante esto que estamos diciendo sobre la autenticidad de la vida; o somos o no somos, o como nos dirá Jesús en el evangelio ‘el que no está conmigo está contra mí’. Demasiadas componendas pretendemos hacernos, arreglitos y remiendos y ya recordamos como en otro momento del evangelio nos habla de que no valen los remiendos, que tiene que ser un vestido nuevo para un hombre nuevo, como tienen que ser odres nuevos para vinos nuevos.

Y todo esto hoy el evangelio y la palabra de Dios que se nos ha proclamado nos lo aplican a una serie de actos penitenciales que nos vendría bien hacer en este tiempo cuaresmal, pero a los que tenemos que dar perfecta autenticidad. Hoy se nos habla del ayuno y cuál es el ayuno que el Señor quiere. Parte el evangelio de la pregunta que le plantean a Jesús de por qué sus discípulos no ayunan, mientras si lo hacen los discípulos de Juan y los seguidores de los fariseos. ¿Pueden estar los amigos del novio ayunando cuando están en el banquete de bodas del amigo? Como decía santa Teresa de Jesús ‘Hijas, cuando perdiz, perdiz; y cuando penitencia, penitencia’; cuando toca austeridad, pues es la austeridad la que tiene que brillar.

¿Cuál es el ayuno que el Señor quiere? El profeta que hoy hemos escuchado es muy claro. ‘En realidad, el día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo…’ Ahí van nuestras mezcolanzas. Cuántas cosas en este sentido hacemos, y qué daño hacemos con esto a los demás.

Por eso el profeta nos dirá claramente y casi no son necesarios muchos comentarios: ‘Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán tus heridas, ante ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor’.

Todo un sentido del amor del que tenemos que envolver y empapar nuestra vida. Una vida de rectitud y de justicia, una vida en la que buscamos siempre hacer el bien, una vida en la que nos liberamos de tantas ataduras que nos persiguen. Y aquí tendríamos que pensarnos cuáles serian los nuevos ayunos que nos hiciéramos, que tienen que ir más allá de privarnos de unos alimentos.

Un comentarista a estos textos de la Palabra de Dios hacia estas sugerencias que no me resisto a copiar: ‘¿Cuáles serían en la actualidad nuestros “ayunos” necesarios…? Ayunar de tanto móvil y WhatsApp; ayunar de tantas horas de televisión; ayunar de tantas dependencias tecnológicas; ayunar de esas obsesiones por el correo electrónico, por la avidez de noticias repetitivas fraudulentas; ayunar de tantos encuentros baladíes; ayunar de pequeños caprichos como si nos fuera la vida en ello; ayunar de gastos superfluos y de la adquisición de cosas innecesarias…

No ayunar de generosidad con los demás, no ayunar de ratos dedicados a la oración o lectura meditativa, no ayunar de visitar a alguien que vive en soledad; no ayunar de compartir bienes y limosnas en silencio que ayuden a otros; no ayunar de una cara más alegre y unas actitudes más esperanzadas y optimistas; no ayunar de buscar momentos de silencio y paz que redundará en beneficio de los más cercanos; no ayunar en los deseos de búsqueda y encuentro con Dios; no ayunar del pan de la Eucaristía…’ (Fr. José Antonio Solórzano Pérez O.P.)

Con este comentario os dejo, porque de ahí podríamos sacar todo un programa para nuestra penitencia cuaresmal.

sábado, 12 de septiembre de 2020

Si el árbol se conoce por sus frutos tendríamos que preguntarnos viendo los frutos de nuestra vida el grado de congruencia con que vivimos incluso nuestra fe

 


Si el árbol se conoce por sus frutos tendríamos que preguntarnos viendo los frutos de nuestra vida el grado de congruencia con que vivimos incluso nuestra fe

1Corintios 10, 14-22; Sal 115; Lucas 6, 43-49

‘Cada árbol se conoce por su fruto’, nos dice hoy Jesús en el evangelio. Es lo que es la misma naturaleza en sí. En la higuera buscamos higos, en el peral peras, en la vid es lógico que esperemos encontrar uvas. Lo contrario sería algo fuera de la naturaleza, aunque hoy nos hagamos plantas híbridas con el desarrollo de la genética, o desde siempre hayamos injertado unos árboles en otros, pero siempre como nos decían nuestros mayores siguiendo las reglas de la naturaleza.

Pero Jesús no nos está poniendo este ejemplo para darnos una lección de botánica o de otras ciencias, sino como una imagen para decirnos cuán incongruentes somos las personas por la forma como nos expresamos en la vida o como vivimos. Es la congruencia con que hemos de vivir, o la incongruencia que manifestamos en tantas ocasiones donde quizá nuestras palabras que tendrían que expresar nuestros pensamientos, sin embargo van por un lado y nuestra vida, lo que luego hacemos, parece que está en contradicción total con nuestro pensamiento.

Quizás nos está manifestando el vacío y la hipocresía con que vivimos nuestra vida. Y es que de lo que hay en nuestro  corazón, nos dice, rebosa la boca y dado el vacío interior con que vivimos es superficial nuestra vida y cuanto hacemos parecerá como un sin sentido. Queremos aparentar muchas veces quizá lo que realmente no somos y nos ponemos como un disfraz, como una careta para aparentar unas cosas que realmente no tenemos en el corazón y que luego se manifestarán como una farsa, mera apariencia superficial nada más porque no le hemos dado profundidad a la vida.

Por supuesto todo esto lo podemos contemplar en la vanidad con que viven tantos su vida. Solo son una fachada, una apariencia; una fachada y una apariencia para buscarse quizá el aplauso de la gente, para alcanzar unas cotas de poder con su populismo vacío de contenido, con unas promesas que nunca van a ser cumplidas, porque lo único que se desea muchas veces es ser aupado a esas alturas de poder.

Bonitas palabras, pero que si hay un poco de sensatez en nuestra vida pronto nos damos cuenta que están llenas de falsedades con las que pretenden engañarnos y engatusarnos. Contemplamos demasiado en la sociedad en que vivimos todas esas vanidades y ansias de poder que se llenarán luego de corruptelas y de injusticias. Todo termina generando un desencanto y un hastío en aquellos que con buena voluntad luchan por algo mejor con lo que se sienten tentados a pasar de todo eso y aislarse de ese mundo de falsedad e hipocresía.

Pero cuidado esa vanidad, esa falta de coherencia, esa vaciedad y superficialidad la estemos viviendo en este mundo concreto de nuestras comunidades cristianas. Cuidado no estemos cayendo nosotros también en esas incoherencias en nuestra manera de actuar y de vivir nuestra fe, desde quienes vivimos una religiosidad demasiado superficial porque quizá  no profundizamos lo suficiente en el sentido y valor de nuestra fe, o desde quienes todo nuestro ser cristiano se nos haya quedado en unos ritos que en determinados momentos realizamos con lo que parece que ya contentamos nuestra conciencia pero que luego en el resto de la vida nos olvidamos de los valores cristianos, de los valores del Reino de Dios, viviendo nuestra vida a nuestro aire, muchas veces muy alejada del sentido de la fe.

Muchas veces tenemos la tentación de quedarnos en la expresión religiosa de nuestra vida de fe en unos ritos llenos de pompa y de esplendor, de gran solemnidad decimos muchas veces, pero que se nos pueden quedar en una ostentación excesivamente artística como un espectáculo donde sacamos a relucir todos nuestros oropeles llenos de boato y de fastuosos brillos que nos hacen sentirnos como en la gloria en esos momentos, pero que cuando pasa todo lo olvidamos y no damos los frutos de amor y de justicia que serían nuestra verdadera riqueza. Vanidades en las que podemos caer los cristianos, en los que puede caer incluso la iglesia en la realización del culto cristiano.

jueves, 30 de enero de 2020

Demos una imagen clara de lo que significa ser cristiano y de cómo nosotros los cristianos somos los primeros en contribuir a lo mejor para nuestra sociedad


Demos una imagen clara de lo que significa ser cristiano y de cómo nosotros los cristianos somos los primeros en contribuir a lo mejor para nuestra sociedad

2Samuel 7, 18-19. 24-29; Sal 131; Marcos 4, 21-25
No solo sería incomprensible sino incongruente que encendiéramos una luz pero la metiéramos en un cajón cerrado para que nadie pueda detectar esa luz. Si tenemos una luz encendida la pondremos en el lugar adecuado para que su resplandor ilumine el mayor espacio posible. Y no es ya el juego de luces indirectas que en nuestra ornamentación colocamos, para que quizá sin ver el foco de luz, sin embargo su resplandor haga resplandecer determinados aspectos que queremos destacar en aquel conjunto arquitectónico o ante aquella obra de arte. Eso es otra cosa destacable también, pero a lo que nos referíamos es al ocultamiento de la luz pero para que no produzca su efecto de iluminar.
Creo que Jesús hoy en el evangelio nos está dando un fuerte toque de atención cuando nos propone esta imagen de la luz oculta bajo un celemín. ¿No será eso lo que de alguna manera los cristianos estamos haciendo? Somos luz, llevamos una luz en nosotros desde el momento que por nuestra fe hemos hecho una opción por Jesús y por su evangelio. Pero, ¿estaremos reflejando suficientemente esa luz? ¿Estaremos ofertando suficientemente esa luz al mundo que nos rodea?
Algunas veces parecemos unos cristianos vergonzosos que no somos capaces de dar la cara por nuestra fe. Nos quejamos fácilmente de que en nuestra sociedad no brillan los valores cristianos, que se va perdiendo un sentido de religiosidad en la vida, que el materialismo nos invade y toda una serie de contravalores al sentido cristiano se van imponiendo en nuestra sociedad, que hasta los signos cristianos van desapareciendo de la vida de nuestra sociedad porque otros tratan de imponer su visión de la vida y nos van comiendo terreno.
Pero, ¿quién tiene la culpa de todo eso? Tenemos que reconocer que nosotros los cristianos porque no damos la cara, porque ocultamos esos valores y parece que nos da vergüenza manifestar que tenemos una fe y un sentido de la vida, porque dejamos que sean otros los que vayan marcando el ritmo de la sociedad mientras nosotros nos quedamos callados y dejamos hacer. Quizá en otros momentos parecía que lo teníamos más fácil y hasta quisimos imponer nuestros sentimientos y nuestras costumbres sin respetar del todo a los demás, pero ahora hemos pasado al estado contrario, donde nada hacemos y dejamos que nos coman el terreno.
Hagamos gala de nuestra fe, de nuestra religiosidad, de nuestros valores, del sentido de la vida que nos ofrece el evangelio de Jesús y demos testimonio de todo ello con valentía. No nos ocultemos; respetemos, es cierto, a los demás sin imposiciones por nuestra parte, pero que también nos hagamos respetar, porque el respeto tiene que ser mutuo. Demos una imagen clara de lo que significa ser cristiano y de cómo nosotros los cristianos somos los primeros en contribuir a lo mejor para nuestra sociedad.
Mucho podemos y tenemos que hacer, no nos ocultemos. Somos luz para nuestro mundo y el mundo necesita también de esa luz. Es incomprensible e incongruente cómo los cristianos ocultamos la luz que llevamos en nuestra vida. Estemos convencidos de que nuestro mundo será mejor si damos nuestro testimonio y contagiamos de nuestros valores al mundo en el que vivimos. Seguro que sería más luminoso.