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miércoles, 23 de enero de 2019

Jesús nos está pidiendo unas nuevas actitudes, una nueva forma de plantearnos las cosas, una mirada distinta a cuantos nos rodean para no hacer tantas discriminaciones


Jesús nos está pidiendo unas nuevas actitudes, una nueva forma de plantearnos las cosas, una mirada distinta a cuantos nos rodean para no hacer tantas discriminaciones

Hebreos 7,1-3.15-17; Sal 109; Marcos 3,1-6

Hoy se nos llena la boca cuando hablamos de acciones sociales, de cómo las administraciones públicas tienen en sus programas no se cuántas acciones de tipo social y a los políticos no les falta en sus programas una serie de puntos de este tipo prometiendo que nadie se quedará desatendido, que para todos hay algún tipo de ayuda y no sé cuantas promesas más. a nivel individual decimos que queremos ayudar y nos sonrojaríamos si alguien descubriera en nosotros pasividad o negatividad en este sentido. Como programa o como proyecto todo eso está muy bien, como buenos deseos por nuestra parte es algo que no debería faltar, pero en la realidad ¿todo esto se realiza y nosotros nos sentimos en verdad comprometidos?
Quizá cuando pasamos por la calle al lado de alguien que de forma clara podíamos ver su pobreza y su necesidad, quizá volvemos la vista para otro lado para no querer enterarnos; cuando llegan a nuestra puerta personas en las que distinguimos otros rasgos distintos que nos están señalando que son de otra raza o que provienen de otro lugar, quizá nos sentimos incómodos y con miedo, farfullamos una disculpa y procuramos no entretenernos mucho con ellos, no sea que… y así no sé cuántas situaciones en que podríamos encontrarnos.
Cuántas disculpas y disimulos, cuánto pasar de largo ante situaciones que nos resultan incómodas, acaso porque se nos hace tarde… ¿para qué? ¿para ir a la Iglesia, quizás? ¿para no perder el programa de televisión que estamos viendo? ¿para que no nos vean con esas personas porque acaso luego no sé qué puedan pensar de nosotros?
Nos hacemos ciegos y sordos tantas veces ante el dolor o sufrimiento de los demás en su pobreza, su necesidad, las discriminaciones y soledades que sufren porque no queremos enterarnos. Pero lo peligroso, además de ser ya terrible que individualmente tengamos esas posturas, sería que ese fuera de alguna manera el sentir de nuestra sociedad. Queremos de alguna ocultar esas realidades. ¿Qué sucede cuando oímos hablar de pueblos o comunidades que no quieren que en él se instalen centros de acogida, por ejemplo de emigrantes? Pensemos en ciertos movimientos que hay de rechazo a los inmigrantes porque decimos quizá que ellos van a quitar puestos de trabajo a los naturales de lugar.
Hay ocasiones en que hasta se hacen manifestaciones y se impulsan movimientos sociales desde ciertos sectores cuando se va a crear un centro de este tipo en algún lugar.
¿La sociedad querrá ocultar o no querer enterarse de esas problemáticas? ¿Así nos hacemos insensibles ante las necesidades y problemas que hay en tantos lugares que obligan a la gente a emigrar? Quizá porque en la campaña contra el hambre una vez al año contribuimos con unas monedas pensamos que ya está todo hecho y resuelto.
Me ha venido toda esta reflexión a partir de un gesto que vemos realizar a Jesús en el texto del evangelio que se nos ofrece. Nos habla de la presencia de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún; era sábado. Pendientes estaban todos de lo que hiciera o dijera Jesús; los fariseos y maestros de la ley estaban al acecho. pero hay un hombre que pasa desapercibido, tiene una mano paralizada con todas las limitaciones y necesidades que se seguían de su enfermedad, pero nadie le presta atención. Llegó Jesús y le pide que se ponga en medio. Todos los ojos se dirigen a aquel  hombre del que comienza a hablar Jesús. Muy preocupados todos de la lectura de la Ley y de los comentarios que Jesús pudiera hacer - ya conocían de otros lugares y momentos de lo que hablaba Jesús - pero preocupación por aquel hombre enfermo y necesitado nadie tiene; como si no lo vieran.
Y es cuando Jesús plantea si será lícito o no curar a aquel  hombre en sábado.Todos conocían la ley y como habian de cumplirla estrictamente, para eso están allí los doctores de la ley y los fariseos para recordarlo. ‘¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer lo bueno o lo malo?, ¿salvarle la vida a un hombre o dejarlo morir?’, es la pregunta de Jesús a la que nadie quiere dar respuesta. y aquello dolió a Jesús en su corazón. Ya sabemos como termina el episodio curando Jesús la enfermedad de aquel hombre.
¿Hay relación entre lo que antes reflexionábamos de lo que hacemos o no hacemos, a pesar de las bonitas palabras, ante los problemas o las necesidades de los demás o esas diversas situaciones que mencionábamos con esto que nos dice el Evangelio?
Creo que Jesús nos está pidiendo unas nuevas actitudes, una nueva forma de plantearnos las cosas, una mirada distinta a cuantos nos rodean para no hacer tantas discriminaciones como vamos haciendo por la vida. En nosotros está la respuesta. Aquello de la conversión que nos pedía Jesús al principio del evangelio habrá que tomárselo en serio.




martes, 22 de enero de 2019

El camino del que sigue a Jesús es un camino de libertad en el amor que humaniza nuestras vidas


El camino del que sigue a Jesús es un camino de libertad en el amor que humaniza nuestras vidas

Hebreos 6,10-20; Sal 110; Marcos 2,23-28

Hay quien dice que no necesita ni normas ni leyes para vivir; invocando la libertad personal de cada uno dicen que cada uno ha de sentirse responsable y sabe por sí mismo sin que nadie tenga que imponérselo que es lo que tiene que hacer. Puede parecer una utopía, pero puede ser una utopía peligrosa, porque bien sabemos cómo somos y cómo las pasiones nos dominan y esos nos puede llevar a una anarquía, en que cada uno porque se siente libre hace lo que quiere pronto aparecen esas pasiones y surgen los deseos de dominio o de imposición de los unos sobre los otros. las normas y las leyes, dicen, coartan la libertad de cada uno porque nos sujetan a una forma de vivir en que, dicen, no podemos vivir nuestra entera libertad.
Nos olvidamos que las leyes y las normas son esos cauces que hemos de tener en la vida que no van a facilitar esa convivencia, y que nos van a ayudar por otra parte a nuestro crecimiento personal, a la maduración de nuestra vida y a hacer posible esa armonía entre todos que es la que nos va a hacer sacar a flote nuestros valores con los que enriquecemos también la vida de los demás. nunca la norma o la ley va a ser una imposición despiadada y siempre tiene que ayudarnos a nuestra superación personal al mismo tiempo que facilita la convivencia.
Sin embargo sabemos, por otra parte, que algunos se toman con tal radicalidad esas normas, o esas leyes que realmente sí esclavizan sus vidas, las convierten en cadenas inhumanas que tenemos que cumplir asi como asi y entonces no sabemos disfrutar de esos cauces que nos harían más agradable nuestra vida; convierten así su vida en un tormento porque luego estarán llenos de escrúpulos y atormentados sin alegría ni paz en sus vidas, sino agobiados por esa radicalidad inhumana que han impuesto a sus vidas.
Por eso tendríamos que decir que ni una cosa, una vida sin ley, ni otra, una vida llena de tormentos escrupulosos por un cumplimiento ciego de las leyes que tendrían que darnos verdadera libertad y verdadera alegría a la vida.
Hoy le plantean a Jesús el tema del sábado. La ocasión surge porque en un sábado que iban caminando de aldea en aldea como solía hacer Jesús siempre, los discípulos al pasar por un sembrado - quizá por ese desmayo que se produce en una caminata larga y sobre todo si se acercan las horas del mediodía - arrancan unas espigas, que estrujan con sus manos y las van comiendo. Aquí los fariseos tan observantes siempre se dan cuenta de lo que hacen los discípulos y allá andan escandalizados porque están trabajando en sábado.
El descanso sabático en la ley de Moisés era estricta, prohibiendo todo tipo de trabajo para que el día del Señor se dedicase al descanso y al culto divino escuchando la lectura de la ley y los profetas en la sinagoga. Era buena aquella norma, que permitía el descanso del hombre trabajador y de alguna manera evitaba el abuso por parte de los ricos poderosos sobre los trabajadores que tuvieran a su cargo; era bueno porque además se podía dedicar el día del sábado al culto al Señor escuchando su Ley y alabando al Señor con la oración.
Pero el ritualismo en el cumplimiento de la ley sabática les llevaba a algo tan inhumano que  no pudieran aliviar un desmayo cogiendo unas espigas en el campo porque eso se considerase un trabajo, como si estuvieran en la ciega. la cerrazón de unas mentes convertía la ley y la norma en algo opresivo e inhumano. ‘El sábado se hizo para el hombre, no el hombre para estar esclavizado del sábado’, les viene a decir Jesús.
El camino del que sigue a Jesús es un camino de libertad en el amor. Y es que en aquello que  hacemos siempre tiene que prevalecer el amor que humaniza la vida del hombre. no podemos vivir desde el temor y el agobio del cumplimiento de unas normas o leyes. hemos de saber hacer incluso ofrenda de nuestro yo y nuestra voluntad en un camino de fidelidad, pero una fidelidad nacida del amor.

lunes, 21 de enero de 2019

Nuestra vida cristiana está como estancada, no avanzamos, seguimos siempre en la mismo necesitamos ser odres nuevos para el vino nuevo del evangelio


Nuestra vida cristiana está como estancada, no avanzamos, seguimos siempre en la mismo necesitamos ser odres nuevos para el vino nuevo del evangelio

Hebreos, 5, 1-10 Sal. 109; Marcos, 2, 23-28
Quizás nosotros los mayores recordamos aquellos tiempos de más pobreza, de pocos medios y recursos que teníamos que irnos apañando con lo que teníamos aunque ya estuviera obsoleto, estropeado o roto; para eso teníamos el remedio de los remiendos que nuestras madres nos hacían en la ropa cuando en nuestros juegos de niños o en nuestros trabajos de mayorcitos se nos rompía el pantalón o la camisa; ya tenían su sabiduría nuestras madres, sobre todo con algún tipo de tela, de remojarlas previamente por si acaso encogieran y si se ponían así, al lavar la ropa a su tiempo aparecerán tirones en la tela de un lado o de otro.

Quizás nos quede algo de eso en la vida, y no es ya en los remiendos que se puedan hacer en la ropa – hoy tenemos la moda en la gente joven de comprar los vaqueros ya con roturas previamente hechas por 'eso mola' como se dice ahora – sino más bien son las actitudes que podamos tener en la vida y ante lo novedoso que podamos encontrar donde tratamos de acomodarnos pero sin quizá dejar del todo las viejas costumbres.

Nos cuesta renovarnos, porque nos cuesta cambiar; siempre queremos dejar algo de lo viejo en nosotros. Y esto nos sucede en el ámbito de nuestra vida cristiana y de lo que el Evangelio nos va pidiendo cada día. Escuchamos la palabra conversión y simplemente la traducimos por un arrepentimiento de lo mal que hayamos hecho, pero seguimos con nuestras mismas costumbres y rutinas, y no nos atrevemos a emprender nuevos caminos, cambios radicales en nuestra vida. Y la palabra conversión significa un dar totalmente la vuelta, es una renovación en la que no se trata solamente de hacer arreglitos sino transformarnos totalmente comenzando a vivir en unas actitudes nuevas, los valores que el evangelio nos va presentando cada día.

Lo triste sería que ya el evangelio no fuera una buena nueva para nosotros, una nueva y buena noticia que entraña el que sepamos encontrar lo nuevo que el Señor nos pide para nuestra vida. Y es que muchas veces cuando escuchamos el evangelio ya nos damos por sabido lo que nos dice y no somos capaces de pararnos en serio a reflexionar y ver lo nuevo que aquí y ahora nos está pidiendo para nuestra vida.

Por eso nuestra vida cristiana está como estancada, no avanzamos, seguimos siempre en la mismo. Escuchamos las llamadas que la Iglesia ahora nos está haciendo que seamos en verdad una iglesia en salida pero seguimos estancados en la mismo sin variar nada en nosotros ni ser capaces de presentar con verdadera ilusión y fuerza la novedad del evangelio a nuestro mundo de hoy. Nos contentamos con seguir haciendo lo mismo, y así no hay una verdadera renovación en nuestras comunidades cristianas.

Nos habla hoy el evangelio de que no podemos andar con remiendos, que no podemos andar todavía con odres o vasijas viejas, sino que tenemos que ser en verdad un hombre nuevo, tenemos que tener odres nuevos para ese vino nuevo que el Señor nos ofrece cada día. Seamos capaces de pararnos un poco en la vida y reflexionar hondamente en el mensaje que nos ofrece hoy el evangelio.



domingo, 20 de enero de 2019

Cristo es ese vino nuevo para nuestra vida, la verdad del hombre para el hombre, la luz que disipa todas nuestras tinieblas, el camino que nos conduce a la verdad y a la vida plena


Cristo es ese vino nuevo para nuestra vida, la verdad del hombre para el hombre, la luz que disipa todas nuestras tinieblas, el camino que nos conduce a la verdad y a la vida plena

Isaías 62, 1-5; Sal 95; 1 Corintios 12,4-11; Juan 2, 1-12

Aunque ya estamos desde el domingo pasado en el tiempo ordinario de alguna manera en la tradición de la Iglesia este domingo sigue siendo como una prolongación de la Epifanía del Señor que celebramos el pasado 6 de enero. Es como una trilogía, que ya incluso las antífonas del día de la Epifanía resaltan, de esa Epifanía, manifestación del Señor como en tres pasos, primero fueron los magos de Oriente, luego fue el Bautismo del Señor en el Jordán y finalmente este momento de las bodas de Caná. De esa manera siempre en el domingo siguiente a la fiesta de la Epifanía celebramos el Bautismo de Jesús en el Jordán, y en este ya segundo domingo del tiempo Ordinario tradicionalmente también las bodas de Caná.
Normalmente cuando escuchamos este evangelio prontamente hacemos referencia al matrimonio en un sentido cristiano - en muchísimas ocasiones se utiliza este texto en la celebración del sacramento del Matrimonio -, y por otra parte vemos un sentido mariano por la presencia de María, intercesora ante Jesús por la dedicación situación en que se veían los novios al faltarles el vino para la boda. Sin descartar estos aspectos creo que tiene también otro sentido muy profundo en cuanto manifestación de Jesús como el que viene a darnos el verdadero sentido a nuestra existencia con su salvación siendo esa luz que llena tantos vacíos del hombre de todos los tiempos.
El evangelio nos presenta esa situación de un banquete, una fiesta de bodas; no hay mayores referencias a los esposos de ese matrimonio, sino que solamente nos habla de esa situación en la que se ven envueltos por la falta del vino. una situación en la que nos vemos envueltos todos, en la que podemos hacer una lectura de lo que también puede ser nuestra vida y Jesús viene a significar en ella.
Las vasijas del vino tocaron fondo, como suele decirse cuando se quiere sacar de ellas y ya en ellas no hay nada. De tantas maneras y en tantas ocasiones tocamos fondo nosotros en la vida, nos sentimos vacíos, no tenemos nada que ofrecer, la vida se nos puede volver un sin sentido. Desorientación en tantos casos en que nos vemos perdidos y no sabemos qué camino tomar, qué es lo mejor que podemos o tenemos que hacer, túneles oscuros por los problemas,  situaciones familiares difíciles, desencuentros con la propia familia o con aquellos con los que convivimos, amistades que se rompen o gente que tenemos enfrente como si fueran enemigos, enfermedades, contratiempos que nos van apareciendo en la vida.
¿Qué hacer o cómo reaccionar? ¿Qué respuesta dar a esas situaciones? Buscamos quizás en nosotros mismos y nos sentimos vacíos por dentro porque nos sentimos tan limitados, con tantas deficiencias en nosotros, con tantas debilidades también en nuestra vida. Queremos cerrar los ojos o escondemos en lo más profundo pero tampoco ahí encontramos respuesta. Nos falta el vino.
El vino es la alegría de la fiesta; ya dice también la Escritura que el vino alegra el corazón del hombre. Podríamos pensar en el vino como un estimulante, pero sabemos que es algo más. no es solo la condición del vino en el sentido de una bebida con una serie de efectos que se pueden producir en nuestro cuerpo por su consumo, sino que sabemos como tiene también el efecto diríamos psicológico del encuentro, de la cercanía, del diálogo y conversación que se puede crear en torno a un vaso de vino que estemos compartiendo. Por eso la imagen del vino puede tener también una gran riqueza de cara a nuestras relaciones humanas y a nuestra convivencia.
Decíamos antes cómo en la vida nos encontramos tantas veces como vacíos y desorientados y decíamos que nos faltaba el vino. ese vacío y esa desorientación que están en relación con un sentido de la vida, con unos valores sobre los que construir nuestra existencia y en consecuencia también nuestro mundo y nuestra sociedad. Es el vino viejo que se nos agota y que nos deja vacíos.
Tenemos que decir hoy a partir de este texto del evangelio que Cristo es ese vino nuevo para nuestra vida. Cristo es la verdad del hombre para el hombre; Cristo es la luz de nuestra vida y de nuestro mundo que disipa todas nuestras tinieblas; Cristo es ese camino que nos conduce a la verdad y a la vida plena; Cristo es en quien vamos a encontrar esa respuesta a todas nuestras inquietudes e interrogantes.
Allí estaban aquellas vasijas que debían contener el agua de las purificaciones, pero también estaban vacías; Jesús les manda que las llenen de agua, pero lo que de allí va a salir no es ya un agua para las purificaciones, sino ese vino nuevo y mejor que nos dará sentido a nuestra fiesta, que dará sentido a nuestra vida. Es lo que Cristo viene a ofrecernos.
No vamos a olvidar las palabras de María a los sirvientes, ‘haced lo que Él os diga’. Tenemos que hacer lo que Cristo nos dice, tenemos que escucharle y ponerlo por obra, porque los que plantan la Palabra en el corazón serán los que entiendan del Reino de Dios, los que podrán vivir el Reino de Dios. Que María nos ayude a plantar esa Palabra en nuestro corazón que a ella la hizo dichosa y bienaventurada y que será también una bienaventuranza para nosotros.
Cristo  hoy se nos está manifestando en todo lo que es el sentido de nuestra vida. Es la salvación que nos ofrece, porque no es solo arrancarnos de nuestro vacío interior, de la oscuridad de nuestro caminar sin sentido, sino que nos da algo nuevo para vivir, el vino nuevo del Reino de Dios. Por eso, como decíamos al principio, aunque estemos en tiempo Ordinario de alguna manera sigue siendo Epifanía, en esa trilogía que nos ofrece la liturgia y que hoy completamos.




sábado, 19 de enero de 2019

Los pobres y los sencillos, los pecadores o los que son rechazados por los demás, los que nadie quiere y con los que nadie quiere sentarse a la mesa de la vida serán también nuestros preferidos como lo fueron de Jesús


Los pobres y los sencillos, los pecadores o los que son rechazados por los demás, los que nadie quiere y con los que nadie quiere sentarse a la mesa de la vida serán también nuestros preferidos como lo fueron de Jesús

Hebreos 4,12-16; Sal 18; Marcos 2,13-17

Si en nuestra mano está el elegir a una persona que sabemos que un día va a tener una responsabilidad seria y a quien le vamos a confiar grandes misiones, seguramente que primero pensemos en el perfil de la persona que podría desempeñar esas responsabilidades y luego trataremos de escoger entre aquellos que no puedan recibir ningún rechazo por esa sociedad en la que vivimos. Y no hacemos mal, nadie nos lo podría reprochar el que nos tracemos un perfil y según ese perfil hagamos nuestra elección. Claro que tambien tendriamos el peligro de desechar talentos ocultos, que precisamente porque no les damos una oportunidad se van a quedar como piedras preciosas sin tallar y sin sacarles entonces todo su valor.
Jesús en estos comienzos de su actividad por aquellos pueblos y caminos de Galilea principalmente se ve rodeado de muchas personas que quieren seguirle, pero El tambien va llamando a los que El quiere tener cerca de sí y van a ser como sus especiales amigos. Así ha elegido a unos pescadores del mar de Galilea para que estén con El prometiéndoles que de pescadores en aquel lago un día serán pescadores de hombres, aunque ellos aún no entiendan bien el significado de las palabras de Jesús. Así se va formando el grupo con distintas personas provenientes de lugares y de oficios dispares. Pero hoy le vamos a ver llamar a alguien que parecería que no daría la talla, el perfil de los que han de ser sus amigos y a los que un dia confiará una gran misión, pre-adelantado de alguna manera con lo que le dice a los pescadores de Galilea.
Se detiene junto a la garita de un cobrador de impuestos y Jesús le invita a seguirle. ¿Entraría en el perfil de los amigos del profeta? No parece, al menos eso le va a parecer a muchos que están muy vigilantes con lo que hace Jesús, que sea la persona adecuada por su profesión. ya de antemano sin pensar nada más todos los que se dedicaban a esa actividad eran despreciados por la mayoría del pueblo; claro que a nadie nos gusta que vengan a cobrarnos impuestos y ya sabemos como siempre popularmente los tratamos. En Israel además era como un colaboracionista con el poder extranjero opresor, porque los impuestos los cobraba para ellos, pero además en sus operaciones de intercambios y de préstamos se habían ganado la fama de ser usureros y ladrones. Por eso los llamaban los publicanos, los pecadores y eran despreciados por todos.
Los criterios de Jesús son bien distintos. Si en verdad El ha venido a hacer un mundo nuevo y distinto esas barreras que nos interponemos los hombres tendrán que caer. El Reino de Dios que Él anuncia viene con otros valores y toda persona ha de ser valorada siempre, porque lo que ha de imperar en El es el amor. Y el amor me ha de hacer tener en cuenta el verdadero valor de la persona que está dentro de sí. No son los prejuicios humanos los que tienen que interponerse y siempre a toda persona ha de darse una nueva oportunidad. Cada hombre y cada persona es como un diamante en bruto que hemos de saber reconocer y hacer florecer todos sus valores y todas su cualidades, y además toda persona ha de poder siempre regenerarse para salir de condición de hombre viejo y ser siempre ese hombre nuevo del Reino.
Jesús ha escogido a Leví y con él se ha ido a su casa con sus discípulos cuando el publicano le ofrece una comida en la que estarán sentados también los que han sido sus amigos y compañeros de profesión. Claro que esto no gustará a los puritanos de siempre y por allá andan criticando que Jesús se junta con publicanos y pecadores y come con ellos. Pero Jesús ha venido a redimir a los pecadores y aquellos que son los más despreciados de la humanidad esos serán sus amigos. Para los pobres y los oprimidos es el anuncio de la Buena Nueva que trae Jesús para hacer ese hombre nuevo y ese mundo nuevo que es el Reino de Dios. Y si Dios es el Señor lo es de todos porque a todos ama, todos sus hijos y para todos regala en abundancia su amor.
Y nosotros que decimos que queremos vivir el reino de Dios, ¿de quienes nos rodeamos? ¿A quienes escogemos como nuestros amigos? ¿con quienes queremos contar para caminar juntos por la vida haciendo ese mundo nuevo? ¿Serán también los pobres y los sencillos, los pecadores o los que son rechazados por los demás, los que nadie quiere y con los que nadie quiere sentarse a la mesa de la vida también nuestros preferidos como lo fueron de Jesús?




viernes, 18 de enero de 2019

No nos quedemos a la vera del camino sino levantémonos de la camilla de nuestra comodidad para poner nuestro compromiso de amor como una rayo de luz y de esperanza en la vida


No nos quedemos a la vera del camino sino levantémonos de la camilla de nuestra comodidad para poner nuestro compromiso de amor como una rayo de luz y de esperanza en la vida

Hebreos 4,1-5.11; Sal 77; Marcos 2,1-12

En más de una ocasión habremos sido testigos de cómo una persona de buena voluntad ha ayudado a una persona mayor o a alguna persona con cierta discapacidad, por su ceguera, por su invalidez o dificultad para moverse con facilidad a subir o a bajar un escalón en la acera para cruzar la calle, o incluso le haya ayudado a cruzar a la acera de enfrente para sortear el peligro de los coches que van de un lado para otro. Quizás nos hemos quedado pensativos admirando la generosidad y la iniciativa de personas así, preguntándonos si nosotros también lo hubiéramos hecho.
Aunque hablamos muchas de la insensibilidad en la que tenemos el peligro de caer en nuestras correrías de la vida moderna, quedan buenos sentimientos en muchos corazones, y si hay nos encontramos con personas generosas dispuestas a echar una mano, en situaciones como las que mencionamos o en otras circunstancias entre vecinos que siempre están dispuestos a poner ese bonito grano de arena para hacer que nuestro mundo sea mejor y nosotros mismos sintamos que no somos tan malos, aunque sin caer en tontos orgullos.
Esas cosas no se hacen buscando ganancias ni intereses egoístas sino solamente desde ese buen corazón que llevamos en nuestro interior. no siempre los vemos pero muchos son los voluntarios que por su cuenta o participando en muchas instituciones o en muchas organizaciones de esas que llamamos ahora ONG’S o en movimientos de nuestros barrios o comunidades están dándole un sabor de mayor humanidad a nuestra sociedad. Tendríamos que aprender a reconocer esas cosas, aunque quienes las hacen no están buscando gratitudes ni diplomas, porque además así nos sintamos nosotros movidos a realizar esa bonita función social en el voluntariado.
Es lo que estamos viendo en el texto del evangelio que hoy se nos ofrece. Jesús había vuelto a Cafarnaún y allí en la casa estaba rodeado de mucha gente que venía a escucharle cuando llegan unos hombres portando en una camilla a un paralítico que quieren hacer llegar a los pies de Jesús. La gente se agolpaba a la puerta y les impiden el paso, pero ellos quieren llegar. Se atreven a subirse a la terraza para, quitando una tejas encima de donde estaba Jesús, por allí descolgar el paralítico para hacerlo llegar a los pies de Jesús.
Ya conocemos la reacción de Jesús, aunque también la reacción en cadena de aquellos que no  hacen nada pero siempre están observando todo para ver qué es lo que pueden criticar; cuantos así nos encontramos en la vida en nuestro entorno. Jesús se admira de la fe no solo del paralítico sino de aquellos que han hecho todo lo posible por traerlo hasta Jesús. ‘Perdonados están tus pecados’, le dice al paralítico lo que provoca la reacción de los escribas y fariseos que por ahí andan.
Ya nosotros entendemos bien el poder de Jesús y el signo grande que Jesús quiere que todo este episodio sea para nuestra vida. Jesús quiere liberarnos desde lo más hondo, y la liberación de una enfermedad o una discapacidad es la señal de ese hombre nuevo que Jesús quiere hacer de nosotros. No lo entenderán aquellos que andan con la mente cerrada en sus prejuicios o en su poca fe, aunque mucho quieran aparentar. Pero aquel hombre va a salir de la presencia de Jesús como un hombre nuevo, liberado de todas las peores ataduras que pudiera tener en su vida.
Tras aquel diálogo entre Jesús y quienes le escuchan y hasta la juzgan, aquel hombre tomará su camilla y saldrá de nuevo a la vida, volverá a los suyos, irá al encuentro de los demás con algo nuevo en su corazón.  Se levantó inmediatamente, cogió la camilla y salió a la vista de todos. Aquel hombre se puso en camino.
Levantarnos de la postración de nuestra camilla y ponernos en camino. Cuántas veces tenemos que saber hacerlo en la vida, aunque luego sabemos que podemos quizá volver a tropezar, o que en el camino nos vamos a encontrar otras camillas, otras personas a las que como a aquellos buenos voluntarios nosotros también tenemos que ayudar a levantarse, ayudarles a ir al encuentro con Jesús, ayudarles a que se liberen de esas camillas o de esas limitaciones que tenemos tantas en la vida y que nos impiden caminar con dignidad.
Esta puede ser la invitación que nos esté haciendo Jesús hoy; éste puede ser el camino que nosotros tenemos que aprender a recorrer, no solos y por nuestra cuenta, sino sabiendo descubrir a esas personas a las que podemos ayudar, o a esas personas con las que podemos contar para tantos nuevos proyectos de vida que tendríamos que realizar. No podemos quedarnos en la acera, a la vera del camino contemplando a esos buenos voluntarios que tanto bueno hacen, sino que nosotros tenemos que despertar y levantarnos de esa camilla de nuestra comodidad o de nuestra insensibilidad para poner una rayo de luz y de esperanza en la vida con nuestro compromiso de amor.

jueves, 17 de enero de 2019

Si en verdad creemos  en la Buena Noticia del Reino de Dios un cambio grande de apreciación, de actitudes y de comportamientos hemos de hacer en nosotros


Si en verdad creemos  en la Buena Noticia del Reino de Dios un cambio grande de apreciación, de actitudes y de comportamientos hemos de hacer en nosotros
Hebreos 3,7-14; Sal 94;Marcos 1,40-45
‘Se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme…’ Las noticias de Jesus corren como un reguero de pólvora; prontos todos sabrán de sus milagros y signos, de su compasión y misericordia, y como habíamos visto a la gente que se agolpaba a la puerta de la casa de Simón Pedro para que les curara de sus dolencias y enfermedades, ahora por donde quiera que vaya se acercarán a Él los que tienen algún sufrimiento en su vida porque saben que en Él encuentran salud y salvación.
Había decidido seguir recorriendo los caminos de Galilea, porque también a otros sitios había de llevar la Buena Noticia del Reino y hasta en el camino se acercan a Él para que los cure. Ahora es aquel leproso que se atreve a saltar todas las prescripciones que habían de observar los que se consideraban inmundos, como el leproso, y se acerca hasta de Jesús poniéndose de rodillas a sus pies.
Es la humildad del que se siente pobre y pequeño y en su necesidad pide y suplica. Es el gesto de ponerse a sus pies pero también son las palabras; no exige, solo suplica; tiene la certeza de que Jesús puede curarlo, pero lo deja a su voluntad. ‘Si quieres…’ No son reivindicaciones como estamos acostumbrados a escuchar, donde siempre nos creemos con derechos y lo que hacemos es reclamar.
Pero aunque aquel hombre se manifiesta así de humilde - lo que está manifestando su grandeza y también su dignidad aunque está herida por tantos desprecios y discriminaciones - Jesús no lo quiere postrado en el suelo. Si aquel hombre se ha atrevido a saltarse todas las prescripciones como ya mencionamos sobre el lugar donde debían estar los que consideraban impuros para que con su impureza no contagiaran a los demás, Jesús también se salta esas normas porque no puede dejar que aquel hombre siga hundido y postrado porque le han quitado su dignidad. ‘Quiero, queda limpio’, le dice Jesús acercándose y tocándolo con su mano.
El que ha venido a curar a los leprosos y dar libertad a los oprimidos, lo vemos levantando a aquel leproso de su postración y haciéndole recobrar su dignidad. ¡Cuánto nos dice este gesto de Jesús! Cuántos siguen postrados y hundidos por la vida porque han perdido su dignidad o nosotros con nuestra insolidaridad y la maldad de nuestro corazón quizá se las hemos restado. seguimos en la vida haciendo discriminaciones, distinciones; sigue habiendo gente que se llama importante y se creen con todos los derechos a estar por encima de los demás, y seguimos encontrándonos personas a las que ponen siempre en segundo lugar o en la cola de la vida, y a lo sumo les dejamos caer las migajas que nos sobran de nuestras mesas o nuestras vidas opulentas.
Seguimos escuchando las listas que nos hacemos los hombres de quienes pueden convivir con nosotros, que si son legales o son ilegales como hablamos por ejemplo de los inmigrantes que de mil manera llegan a nuestras tierras, o hacemos un apartheid porque son de esta raza o de aquella religión, de aquel lugar o de aquel país o continente, y son violentos y no sé cuántas cosas más con que los catalogamos.
¿No nos estará señalando  hoy Jesús en el evangelio en la curación de este leproso como tenemos que saltarnos esas barreras que  nos hemos impuesto, como no tenemos que dejar hundirse en la falta de dignidad a tantas que de una manera u otra seguimos viendo arrastrándose por la vida?
Si en verdad creemos en Jesús, en la Buena Noticia del Reino de Dios que nos anuncia un cambio grande de apreciación, de actitudes y de comportamientos tenemos que hacer en nuestra vida.




miércoles, 16 de enero de 2019

Los gestos de Jesús nos enseñan cómo también hemos de ir al encuentro de los demás, tender nuestra mano con generosidad y ayudar a que todos se levanten con la misma dignidad


Los gestos de Jesús nos enseñan cómo también hemos de ir al encuentro de los demás, tender nuestra mano con generosidad y ayudar a que todos se levanten con la misma dignidad

Hebreos 2,14-18; Sal 104;  Marcos 1,29-39

Siempre recuerdo el cariño y confianza que mi madre tenía con una doctora que nos correspondió en el Centro de Salud, porque aquella doctora tenía como un carisma especial para con los enfermos que les hacía sentirse bien con ella; ya cuando entraba por la puerta de la consulta con una alegría especial llamaba al enfermo por su nombre, recordaba sus anteriores visitas, se interesaba no solo por el problema de salud que en aquel momento llevara, sino que era capaz de acordarse de acontecimientos familiares interesándose por ellos, les hablaba con una alegría especial y siempre con una sonrisa en su rostro, de manera que el enfermo se sentía cariñosamente atendido y no como un número de una tarjeta. Era el calor humano que aquella doctora ponía en el trato con los enfermos.
Quien se siente agobiado por sus problemas ya sea de enfermedad o de otro tipo el encontrarse con alguien que se le acerca y con sencillez y cariño se interesa por su vida y por su cosas le hace sentirse bien y de alguna manera parece como si lo problemas desaparecieran o fuera menor su intensidad. una mano tendida, un acercamiento a la persona  poniéndose a su altura, un sonrisa en los labios, una muestra de interés y al mismo tiempo de preocupación por aquello que nos pudiera suceder nos hace sentirnos renovados, valorados, tenidos en cuenta y de alguna manera nos hace salir del pozo profundo en que nos encontremos para renovarnos en nuestra propia dignidad y autoestima.
No siempre nos encontramos en los caminos de la vida personas así de cercanas. y lo triste es que en ocasiones aquellos que por su profesionalidad tendrán que actuar de esa manera, se quedan en una relación fría y distante que muchas veces parece que nos hunde más. Me estoy haciendo esta reflexión sobre esas situaciones humanas que nos encontramos en la vida y que muchas veces se pueden volver inhumanas, desde lo que hoy descubrimos en Jesús cuando se acerca a la casa de Simón Pedro y le dicen que la suegra de Simón Pedro está enferma.
Fijémonos en los gestos de Jesús. cuando le dicen que aquella mujer está enferma es Jesús el que se acerca hasta su cama. Ha habido, es cierto, una mediación que no hemos de dejar de tener en cuenta. Pero Jesús se acerca y la toma de la mano. Es mucho el significado de ese acercamiento de Jesús, como mucho es también ese gesto de tomarla de la mano. es un gesto humano de gran valor que contemplamos en la vida; quien se coge de la mano parece que ya comienza a sentirse seguro porque tiene como un apoyo que le hace perder sus miedos; pero quien ofrece su mano está ofreciendo su persona, que es su atención, que es su escucha, que es el apoyo y comprensión que le puede ofrecer y hacer sentir al otro; muchas cosas podemos descubrir en ese gesto que nos parece sencillo y hasta intrascendente, pero que sin embargo es muy importante.
Te tomo de la mano y te ofrezco lo que soy, te ofrezco mi mano y soy todo oídos, te ofrezco mi mano y te estoy ofreciendo mi cariño y mi amistad, te ofrezco mi mano y rompo barreras y distancias porque llegó a estar junto a ti.
Pero Jesús hizo más, la tomó de la mano y la levantó. Nos quedamos en el hecho de la curación pero es mucho más que la curación de una enfermedad corporal. No tienes que quedarte postrado sino que tienes que levantarte; no te puedes quedar hundido en tu miseria o tu debilidad sino que tienes que recuperar tu vida, tu dignidad; no te puedes quedar ahí postrado viendo pasar la vida ante tus ojos, sino que tienes que comenzar a vivir. Cuántas cosas puede significar ese ayudar a levantar; a cuantos en la vida tenemos que ayudar a levantarse, como quizá un día también hicieron con nosotros.
Y aquella mujer fue respondiendo a todos aquellos gestos de Jesús, dejándose tomar de la mano, dejándose levantar, pero es que además inmediatamente se puso a servirles. Aquella mujer comenzó de nuevo a vivir en toda plenitud y la plenitud la encontramos en el amor y en el servicio. Había sentido el amor en su vida a través de aquellos gestos de Jesús y comenzó a amar también sirviendo a los demás. Cuanto tiene que decirnos eso para nuestra vida.
El evangelio termina diciéndonos que Jesús después que curara a muchos enfermos que le trajeron a la casa, desde muy temprano se fue al descampado para orar, y que cuando vinieron a decirle que toda la gente le buscaba, les dijo que tenía que ir también a otros sitios con la misma misión. ¿Esos gestos de Jesús nos dirán algo para la actitudes y gestos que nosotros habremos de realizar también en la vida?

martes, 15 de enero de 2019

Acojamos nosotros esa palabra de vida y esa palabra liberadora y de salvación que Jesús nos ofrece en su Iglesia


Acojamos nosotros esa palabra de vida y esa palabra liberadora y de salvación que Jesús nos ofrece en su Iglesia

Hebreos 2,5-12; Sal 8; Marcos 1,21-28

Sigue pasándonos hoy. Escuchamos a alguien que nos habla y nos damos cuenta de que no está hablando por sí mismo sino que parece que habla palabras aprendidas de memoria, se reduce a repetir mecánicamente lo que otros dicen o le han dicho, no hace sino repetirse a sí mismo dando vueltas y más vueltas sobre lo mismo y no habla con la autoridad del que sabe, del que ha rumiado las cosas, del que esté sacando lo que lleva en lo más hondo de sí mismo. su discurso nos cansa y nos aburre, salimos vacíos sin recibir nada nuevo que aprendamos para la vida o que nos haya hecho pensar y reflexionar sobre la vida misma o echar una mirada a su propio interior.
Suele pasar con más frecuencia de lo que imaginamos; lo tenemos que soportar con demasiada frecuencia y ya que nos estamos haciendo estas reflexiones en un ámbito espiritual y cristiano hemos de reconocer que nos sucede demasiado en nuestras iglesias con los que tienen la misión de transmitirnos la Palabra de Dios para nuestra vida. Cuántos sermones y homilías cansinos y aburridos tenemos que soportar tantas veces y que no llegan al meollo de nuestra vida. Y me critico a mi mismo en estas reflexiones que os ofrezco en la semilla de cada dia, en la que sé que no siempre soy capaz de llegar a los que las leen.
Cuando la gente escucha a Jesús en la sinagoga de Cafarnaún se quedan admirados por su manera de enseñar. Este sí que habla con autoridad, se dicen. Estaban acostumbrados a las enseñanzas de los doctores de la ley que les aburrían y sobre todo cuando estaban relacionados con los fariseos lo único que hacían era imponerles normas y leyes que los hacían sentirse más oprimidos, que con las palabras de Jesús y sus acciones parece que respiran libertad. ‘¿Qué es esto?, se dicen unos a otros. Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen’.
Es también el hecho que había sucedido en aquella ocasión que venía a rubricar las palabras de Jesús que anunciaban el Reino nuevo de Dios. ‘Para los oprimidos la libertad’, había dicho en la sinagoga de Nazaret. Y ahora aquello era palpable. allí estaba un hombre poseído de un espíritu inmundo, que se opone y hasta rechaza la presencia y las palabras de Jesús. Pero Jesús lo había liberado de aquella esclavitud, el hombre había sido curado. De ahí la reacción de la gentes allí presentes, pero que aquel hecho comenzó a divulgarse por todas partes. ‘Su fama se extendió enseguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea’.
Escuchamos a Jesús y con actitud positiva tenemos que ponernos en su presencia, sabiendo que incluso en las palabras torpes de quienes hoy nos trasmiten su evangelio podemos descubrir esa buena noticia liberadora que siempre nos anuncia Jesús. Porque ahí está la fuerza de la Palabra de Dios que no tiene nunca que aburrirnos ni cansarnos. De nuestras actitudes positivas de escucha también depende. Siempre habrá algo nuevo que podemos descubrir; siempre tiene el Señor una palabra de vida que transmitirnos.
Acojamos nosotros esa palabra de vida y esa palabra liberadora y de salvación que nos ofrece. escuchemos con humildad y podremos descubrir la grandeza de lo que el Señor cada día nos ofrece como alimento para nuestra vida cristiana.



lunes, 14 de enero de 2019

Sintonicemos con el Evangelio, con la Palabra de Jesús, sintamos que es algo  nuevo que llega a nuestra vida y dejémonos transformar


Sintonicemos con el Evangelio, con la Palabra de Jesús, sintamos que es algo  nuevo que llega a nuestra vida y dejémonos transformar

Hebreos 1,1-6; Sal 96; Marcos 1,14-20
‘Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio’. Fue el primer anuncio de Jesús al comenzar su actividad en Galilea. Ha llegado el tiempo nuevo, ha llegado el tiempo del Reino de Dios. Una Buena Noticia comienza a resonar por las aldeas y ciudades de Galilea, de la que se hacen eco por todas las regiones de Palestina. Un nuevo profeta ha surgido, así al menos lo entienden las gentes que le escuchan.
Esa Buena Noticia entraña algo nuevo que hay que aceptar, y para creer en esa Buena Noticia hay que tener una actitud nueva en los corazones. Es necesario cambiar, es necesario convertirse. Es algo más que aquel bautismo que Juan proponía allá en la orilla del Jordán en el desierto de Judea. No es un simple arrepentimiento de lo bueno que se había hecho en el pasado, sino una transformación total de la vida, de las actitudes, de las posturas, de los comportamientos, de la forma de vivir. Como ya más adelante irá explicando aquel nuevo profeta, no se trata de arreglos y remiendos, sino de un nuevo tejido, unas nuevas vasijas, una nueva vida.
Pero aunque se presentaba con exigencias, que quizás sus oyentes en principio no eran capaces de calibrar en todo su sentido, ese Reino nuevo de Dios que anunciaba suscita esperanzas en los corazones, y las gentes acudirían a escucharle, y comenzaban a seguirle por los caminos, y ya comenzaba a haber gente que estaba dispuesta a estar siempre con Él en la esperanza de que todo iba a cambiar. Quizá todavía en sus mentes había confusiones poque pensaban más en un reino temporal en el concepto que se habían creado de la imagen del Mesías que había de venir, pero ahí estaban sus esperanzas para aquellas gentes atormentadas en su pobreza, que se veían a sí mismas envueltas en sufrimientos y angustias, que sentían la vara opresora sobre sus hombros y sobre su vida. Pero algo nuevo parecía que iba a comenzar.
‘Pasando junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés, que eran pescadores y estaban echando el copo en el lago… Un poco más adelante vio a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes…’ Y Jesús está allí donde están las gentes. Camina en medio de ellos; recorre la orilla del lago donde ahora están los pescadores que han regresado de su tarea preparando sus aperos para un nuevo día de trabajo. Y allí se detiene junto a ellos, porque para ellos es también ese anuncio del Reino de Dios y del cambio que ha de haber en sus vidas. ‘Venid conmigo y os haré pescadores de hombres’, les dice a unos y otros. Y aquellos pescadores están dispuestos a todo. Dejan sus redes y sus barcas y se van tras Jesús.
Llega el momento en que nos detengamos en el relato y comencemos a mirarnos a nosotros mismos. Mirarnos a nosotros mismos para escuchar. Ese anuncio es hoy, aquí y ahora, también para nosotros. Es una Buena Noticia que tiene que llegar a nuestros corazones. Pero así como Buena Noticia. Y es noticia lo que sucede hoy, no lo del pasado que serían ya viejas noticias y como tales no hacen impacto. Cuando me cuentan algo que sucedió en tiempo pasado decimos que eso nos los sabíamos ya. La nueva noticia que nos llega ahora es lo que nos impacta, la que nos dice algo, la que nos hace ver las cosas nuevas o de manera distinta. Y eso tiene que ser el Evangelio para nosotros. Con esa apertura del corazón tenemos que disponernos a escucharlo. Y es así como nos impactará, nos dirá algo, nos propondrá algo nuevo para nuestra vida.
Sintonicemos con el Evangelio, con la Palabra de Jesús, sintamos que es algo  nuevo que llega a nuestra vida y dejémonos transformar. Será así como nos sentiremos hombres nuevos, como se realizará de verdad el cambio de vida, la conversión, el comenzar a caminar por derroteros nuevos. Hagamos esa sintonía de Dios en nuestro corazón.

domingo, 13 de enero de 2019

Bautizado en el Espiritu es el Ungido del Señor para el anuncio del Evangelio a los pobres y la liberación a los oprimidos en el Año de Gracia del Señor


Bautizado en el Espíritu es el Ungido del Señor para el anuncio del Evangelio a los pobres y la liberación a los oprimidos en el Año de Gracia del Señor

Isaías 42, 1-4. 6-7; Sal 28; Hechos 10, 34-38;Lucas 3, 15-16. 21-22
Con este segundo domingo de enero cerramos el ciclo de la Navidad y de la Epifanía, comenzando a partir de ahora lo que llamamos litúrgicamente el tiempo Ordinario hasta que lleguemos a iniciar la Cuaresma el miércoles de ceniza. Y en este domingo con ese sentido de Epifanía vivido el pasado 6 de enero celebramos el Bautismo de Jesús en el Jordán. Epifanía, manifestacion que nos da a conocer plenamente quien es Jesús, ungido por el Espíritu como verdadero Hijo de Dios que se va a manifestar en la teofanía que se nos describe en el Evangelio.
Juan bautizaba en el Jordán anunciando la inminente llegada del Mesías esperado. La gente acudía desde todos los rincones de Israel a Juan escuchando su invitación a la conversión y se sumergían en las aguas del Jordán, como un signo de su penitencia y arrepentimiento para purificar los corazones en aquel preparar los caminos del Señor que proclamaba el Bautista. Y allí acudió Jesús. San Lucas es escueto en el relato pues no establece diálogos entre Juan y Jesús sino que no dice que al salir del agua y Jesús ponerse en oración se abrieron los cielos para que el Espíritu de Dios viniera sobre Jesús y escuchándose se la voz del cielo que le señalaba como el Hijo amado y predilecto del Padre. 'Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto'.
Cuando pensamos o hablamos del bautismo nos quedamos habitualmente con la imagen del agua, del sumergirse en agua del río, pero quizá por quedarnos con la imagen no llegamos a captar el más profundo sentido del bautismo de Jesús y en consecuencia también de nuestro propio bautismo. El agua, si queremos, es el signo. pero es algo más que el agua lo que produce en nosotros la gracia de Dios, la acción salvadora de Dios. Aquel bautismo en agua de Juan era simplemente un signo de la purificación y la penitencia, pero el sentido profundo del bautismo es mucho más.
Recordemos varios textos de la Palabra de Dios. Cuando Jesús le habla a Nicodemo de nacer de nuevo, cosa que no llega a entender aquel maestro de Israel y de ahí sus objeciones y preguntas, le explica que hay que nacer del agua y del Espíritu. Ahora cuando Juan nos está señalando al que ha de venir, dice que si él ha bautizado con agua 'el que va a venir bautizará con Espíritu Santo y fuego'. Y cuando jesus envía a sus discípulos por el mundo a anunciar el evangelio a aquellos que crean los bautizarán en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Aquí está ante Juan, en aquel bautismo general de tantos en las aguas del Jordán el que el profeta anunció como 'el Ungido por el Espíritu enviado a anunciar el evangelio a los pobres, la liberación a los oprimidos y el año de gracia del Señor', como Jesús proclamará en la Sinagoga de Nazaret. Ahora lo contemplamos en este momento del Bautismo cómo el Espíritu Santo baja sobre El y está siendo señalado desde el cielo como el Hijo amado y predilecto de Dios. Ese es el bautismo de Jesus, la unción con el Espíritu. Y cómo nos dirá Pedro, en el texto de los Hechos que hemos escuchado hoy es 'Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él'.
Es esa la maravilla del nuevo Bautismo. No solo es una purificación sino un renacer, un volver a nacer. Es una nueva vida que nace en nosotros por la fuerza del Espíritu, porque también nosotros somos los ungidos por el Señor. Y si Jesús por naturaleza divina es verdadero hombre pero tambien verdadero Dios, a nosotros por esa unción del Espíritu en el Bautismo se nos hace también hijos de Dios, coherederos con Cristo. 'Es el Espíritu que clama en nosotros para hacernos hijos adoptivos de Dios', como nos enseñará san Pablo en sus cartas.
Estamos hoy, finalizando el tiempo de la Navidad y la Epifanía, como antes decíamos, celebrando la fiesta del Bautismo del Señor. Una fiesta y una celebración de hondo sentido que nos manifiesta lo que es la gloria del Señor. Una fiesta del Espíritu podemos decir también porque asi se nos manifiesta ungiendo a Jesús para que se nos manifieste verdaderamente como Hijo de Dios que nos trae la salvación abriéndonos a caminos de nueva vida. Una fiesta que al mismo tiempo nos remite a nuestro propio Bautismo que por la fuerza del Espíritu nos ha hecho comenzar a vivir nueva vida, al vida de los hijos de Dios.
Se abren ante nosotros caminos de nueva vida, porque el bautismo es un renacer, un nacer de nuevo 'por el agua y el Espíritu', como le decía Jesús a Nicodemo. Si Juan pedía conversión para preparar los caminos del Señor, si Jesús desde el principio del Evangelio nos pide conversión porque llega el Reino de Dios y hemos de creer en esa Buena Noticia, la conversión no es solo purificación, sino que es transformar nuestra vida, cambiar nuestra vida, porque ya desde el bautismo es una nueva vida la que hemos de vivir, son unos nuevos valores los que han de adornar nuestra vida, es un nuevo sentido y estilo de vivir lo que ha de marcar nuestra existencia que ha de estar envuelta toda ella por el amor, el amor de Dios que nos inunda con su Espíritu y el amor en nosotros que ha de ser nuestro distintivo.



sábado, 12 de enero de 2019

El espíritu de humildad de Juan Bautista que se gozaba en las obras de jesus nos enseñe a valorar tambien lo bueno que realizan los demás


El espíritu de humildad de Juan Bautista que se gozaba en las obras de Jesús nos enseñe a valorar también lo bueno que realizan los demás

1Juan 5,14-21; Sal 149; Juan 3,22-30
Hay como una tentación que todos podemos sufrir en ocasiones, nacida quizás de nuestros orgullos personales, de los recelos o sentimientos de envidia que se puedan albergar en nuestro corazón y es que si vemos que alguien que está a nuestro lado comienza a brillar con luz propia, comienzan a verse los logros que va teniendo en la vida, nosotros nos llenemos de desconfianza y recelo, no nos guste que quizás nosotros comencemos a estar como a su sombra, y ya sabemos bien como son las luchas que van apareciendo en la vida.
En una madurez humana si vemos que alguien que ha nacido y ha crecido como persona a nuestro lado o a nuestra sombra le vemos triunfar tendríamos que llenarnos de alegría, porque en fin de cuentas nos vamos dando pasos los unos a los otros y siempre tendríamos que desear lo mejor para las generaciones que nos siguen. Pero como decíamos, ya sabemos cómo son las negruras que muchas veces pueden aparecer en nuestro corazón y las luchas que nos tenemos unos y otros.
Eso pudo haber pasado en la relación entre Juan el Bautista y Jesús. Juan, ya lo había dicho, había venido como 'la voz que clamaba en el desierto para preparar los caminos del Señor'. Esa era su misión. Y él se atuvo a lo que era su misión, de manera que ni profeta quería considerarse, cuando como diría Jesús más tarde era profeta y más que profeta. Embajadas habían venido de Jerusalén para indagar sobre lo que hacia y realmente quién era. Las gentes lo escuchaban y venían de todas partes para escucharle y para someterse a aquel bautismo en las aguas del Jordán al que él les invitaba. Su llamada había sido siempre la conversión para preparar los caminos del Señor.
Una conversión que era purificación pero que era también abrirse a caminos nuevos. Porque por ahí ha de ir la verdadera conversión. Borramos, es cierto, lo viejo, porque queremos el perdón que el Señor nos ofrece, pero emprendemos un nuevo camino. No el volver a lo de antes, es algo nuevo que tiene que vivirse. En este caso en la invitación que Juan estaba haciendo era creer en Aquel a quien él estaba anunciando, en el Mesías esperado.
Acuden a él preguntando si acaso él no es el Mesías, pero les recuerda que el bautiza con agua pero que viene, y en medio de ellos está, quien los va a Bautizar con Espíritu Santo y fuego. Llegan noticias a Juan ya de lo que Jesús está realizando. Es este evangelista el único que nos dice que Jesús también estuvo bautizando junto al Jordán, pero ahi está la hermosa respuesta de Juan. 'El tiene que crecer y yo tengo que menguar'. Esa era su misión señalar al que venia como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Este texto del evangelio de hoy que bien nos prepara para la celebración del Bautismo del Señor que celebraremos mañana domingo, nos viene muy bien para revisar actitudes y posturas que nos tenemos tantas veces en la vida, conforme a aquello con lo que comenzábamos esta reflexión.
Tenemos que saber dar paso en la vida a los que nos siguen; tiene que haber buenos sentimientos de alegría y también en cierto modo de gratitud cuando vemos a nuestro lado a personas que avanzan en la vida, que van logrando progresos en su persona y en aquello que realizan, saludar agradecidos los logros y las cosas buenas que los otros hacen. No importa que nosotros pasemos a un segundo plano si vemos a alguien que hace el bien; no busquemos nosotros, como se suele decir, arrimar el ascua a nuestra sardina, atribuyéndonos méritos que no nos pertenecen.
Sepamos alabar y engrandecer a los demás reconociendo las cosas que hacen; que haya en nosotros un verdadero espíritu y sentimiento de humildad para reconocer lo bueno que hacen los demás, que tantas veces nos cuesta.