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viernes, 12 de mayo de 2023

Repasemos nuestra vida y veremos de cuantas maneras se ha manifestado el amor de Dios, ha tocado la fibra de nuestro corazón con su amor, somos sus amigos

 


Repasemos nuestra vida y veremos de cuantas maneras se ha manifestado el amor de Dios, ha tocado la fibra de nuestro corazón con su amor, somos sus amigos

Hechos 15, 22-31; Sal 56; Juan 15, 12-17

Hay cosas que nos llegan al alma. Agradecemos y valoramos a los demás y lo que los otros hacen por ti, somos capaces de admirar las cosas buenas que vemos en los demás, mantenemos una relación amistosa y de respeto con los que nos vamos encontrando en la vida o tenemos que hacer algún tipo de convivencia, pero hay momentos en que suena una palabra en nuestros oídos que rebota con un gozo inmenso en el corazón. ‘Tú eres mi amigo, te considero un amigo del alma’, escuchamos de alguien por quien sentimos cierto aprecio pero cuando escuchamos de sus labios una palabra así es algo que nos llega al alma.

Ya sé que utilizamos la palabra amigo de forma muy genérica; ¿qué quiero decir? A todos llamamos amigos, simplemente por el hecho de que nos conocemos, tenemos que compartir, por ejemplo, unas relaciones de trabajo, o viven en una cierta cercanía de nuestra vida, ya los llamamos amigos. Pero aún así, sabemos distinguir, esos que de una forma genérica, como decíamos, llamamos amigos, de aquellos por los que sentimos algo más, cuyas palabras nos suenan a música en el alma, por quienes tenemos un verdadero y hondo aprecio, en quienes nos confiamos totalmente y de la misma manera ellos confían en nosotros, a quien no guardamos un secreto porque siempre sabemos que podemos contar con ellos. Son, como comenzábamos diciendo, los que nos llegan al alma.

Pues hoy esa palabra la escuchamos en labios de Jesús y refiriéndose a nosotros. ‘A vosotros os llamo amigos…’ nos dice Jesús como les decía a los discípulos en la noche de la última cena. Aquella noche se había desbordado el corazón de Cristo. Los signos y señales se habían multiplicado desde el momento que comenzaron la cena, con el gesto de lavarles los pies. ‘Si no te lavo no tienes parte conmigo’, le había dicho a Pedro a consecuencia de sus reticencias. Jesús quería que tuvieran parte con El. Y les había dejado un signo nuevo de su presencia y de su pascua, en el pan y vino que les había repartido que era para ellos ya para siempre el cuerpo entregado y la sangre derramada en el cáliz de la nueva Alianza.

Pero en las palabras que les había ido diciendo en aquella noche se había ido derramando toda su ternura y su amor. Por eso les pide que lo que tienen ahora que hacer es amar con un amor como el que El les tiene. ‘Amaos, como yo os he amado’, les dice. Y es que ‘sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando’. Necesariamente sintiendo cómo se ha derramado el amor de Dios en nosotros no podemos menos que amar de la misma manera. Si nos sentimos así amados por Jesús, que nos llama amigos, es el amor que nosotros también hemos de vivir. Es su mandamiento.

Jesús nos está tocando el corazón con su amor. Se ha entregado por nosotros en la mayor prueba de amor que se nos pueda ofrecer. Es su entrega hasta la muerte y la muerte en cruz, pero es la entrega que le vemos realizar cada día con su cercanía, con su presencia, con sus múltiples gestos de amor. Recorramos las páginas del evangelio y estaremos contemplando esa entrega de Jesús.

Repasemos nuestra vida con ojos de fe y veremos de cuantas maneras se ha manifestado el amor de Dios en nuestra vida, ha tocado la fibra de nuestro corazón con su amor, por eso nos llama amigos. Es el día a día de nuestra vida tocado por el amor de Dios que nos ha mantenido en pie, que nos ha mantenido en la lucha cuando nos parecía que estábamos vencidos, que nos ha hecho superarnos en tantas cosas cuando nos parecía que no éramos capaces, que nos ha hecho sentir de nuevo la luz cuando tantas sombras nos iban envolviendo, que ha mantenido la paz en nuestro corazón a pesar de las turbulencias por las que hemos pasado. Tenemos tanto que agradecer al amor de Dios, que no nos queda otra que responder con un amor igual.

 

jueves, 11 de mayo de 2023

Vayamos siempre por la vida con el corazón cantando de alegría y contagiaremos al mundo de nuestro amor para disipar las sombras que podrían llenarlo de oscuridad

 


Vayamos siempre por la vida con el corazón cantando de alegría y contagiaremos al mundo de nuestro amor para disipar las sombras que podrían llenarlo de oscuridad

Hechos 15, 7-21; Sal 95; Juan 15, 9-11

Por favor, cambia esa cara, pon cara de alegría, nos habrá dicho alguien en alguna ocasión que íbamos por la calle con cara adusta, de seriedad, y dando incluso la expresión de amargura. Demasiadas caras tensas nos encontramos en nuestro caminar por la vida, aunque alguno quizás nos puede decir que sin con los tiempos que corren podemos poner de verdad cara de alegría. Y pensamos lo más pronto y lo más fácil en cómo sube la cesta de la compra, o escuchamos hablar de cambio climático que todo nos lo va cambiando y que a larga nos puede afectar en tantas cosas, y seguimos pensando en las guerras de las que todos los días nos dan noticias, y podemos seguir pensando en tantas y tantas según sea también la sensibilidad con que vivamos.

Pero nos pueden decir que no sabemos cómo están por dentro pasándolo mal, en tan diversas situaciones adversas con que podemos vernos afectados, desde problemas familiares, desde tensiones que podemos vivir con los que están cerca de nosotros, o en nuestro trabajo o en el circulo de amigos o vecinos, desde preocupaciones y sombras que todos llevamos dentro. ¿Podemos realmente poner cara de alegría? ¿O acaso solo ponemos cara por fuera mientras por dentro siguen las preocupaciones y las angustias?

Claro que queremos alegría y queremos ser felices. Todos lo deseamos y todos lo buscamos de alguna manera, aunque muchas veces pueda quedarse en una apariencia exterior. Suena la música y los cánticos muchas veces incluso de forma estridente y queremos dar apariencia de alegría y de felicidad. Vayamos por donde vayamos queremos llevar la música metida en nuestros oídos que hoy con los medios técnicos de que disponemos pudiera ser muy fácil hacerlo. Pero, ¿llevaremos esa alegría en el corazón? ¿Podremos encontrarla?

Tenemos que buscar lo que nos llene de verdadera alegría el corazón para que no se quede ni en ruidos ni en apariencias. ¿Será una tarea fácil? Hoy nos está hablando Jesús de encontrar esa alegría, de llenarnos de esa alegría. Y de alguna manera nos está diciendo que para eso El está con nosotros y que en El podremos encontrar los motivos más profundos para encontrar y para vivir esa alegría. Es un fruto de su Espíritu y es una característica fundamental del Reino de Dios que Jesús quiere para nosotros.

Vayamos simplemente a algo muy humano que fundamente y crea nuestras relaciones. Todos ansiamos sentirnos queridos. Son muchas las soledades que quiebran la paz de nuestros espíritus y nos hacen sentirnos como sin rumbo sin sentido en la vida. Y es importante el sentirse amados, empezando por los que tenemos más cerca. Qué clima más bonito se crea en una familia donde todos desde el más pequeño al mayor en todo momento se sienten amados por esos seres que tienen junto a sí.

Fijémonos en el rostro de un niño que se siente amado por sus padres y en ese caldo de cultivo va creciendo y va modelando su personalidad; lo veremos siempre con una sonrisa en su semblante, lo veremos con una mirada luminosa y limpia porque ha aprendido que desde ese amor que recibe está hecho para amar. Ahí sonará fuerte la risa porque siempre está sonando la música del amor. Qué terrible sería el momento en que llegara a gritar ‘tú no me quieres’, porque grande y terrible sería la ruptura interior que se produjera en su vida.

Lo hemos puesto como ejemplo para considerar entonces lo que Jesús nos está ofreciendo hoy en el evangelio. Nos habla Jesús de permanecer en su amor, pero es que antes nos ha hablado del amor del Padre y de su propio amor. ‘Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor’. Y nos sigue diciendo cómo vamos a permanecer en su amor si guardamos los mandamientos.

Es el camino. Y empezamos por disfrutar del amor que Dios nos tiene que se nos manifiesta en Jesús, en su entrega por nosotros, porque nadie ha amado tanto como aquel que dio su vida por aquellos a los que amaba. Y esto no es cosa solo de saberlo sino de disfrutarlo, gustarlo allá en lo más íntimo y profundo de nosotros. Si así supiéramos disfrutarlo qué distinta sería nuestra vida. ¿Recordáis lo que hace un momento decíamos del niño que se siente amado y se siente feliz? No nos faltará alegría en el corazón.

Por eso termina diciéndonos que nos ha  hablado de esto para que su alegría esté en nosotros, y nuestra alegría llegue a plenitud. Cuando lleguemos a vivir una cosa así todo va a cambiar en nuestra vida, afrontaremos la vida, los problemas, las preocupaciones de una forma distinta; no nos faltará la esperanza, no perderemos la fuerza y la ilusión por hacer nuestro mundo mejor contagiando esa alegría, contagiando ese amor. Los problemas seguirán estando presentes, pero nuestra forma de afrontarlos será distinta; no perderemos la paz, iremos siempre con el corazón cantando de alegría y contagiaremos al mundo de nuestro amor. No solo vamos a poner cara de alegría sino que inundaremos nuestro mundo de felicidad.

 

miércoles, 10 de mayo de 2023

Necesitamos hacer crecer ese amor de hijos empapándonos del amor Dios que es nuestro Padre que tanta seguridad y fortaleza cultivando esa viña de Dios en nosotros

 


Necesitamos hacer crecer ese amor de hijos empapándonos del amor Dios que es nuestro Padre que tanta seguridad y fortaleza cultivando esa viña de Dios en nosotros

Hechos 15, 1-6; Sal 121; Juan 15, 1-8

En los alrededores de donde yo vivo son campos de cultivo de la vid en otros tiempos muy abundantes; hoy cuando salgo en mis paseos por el campo igual me encuentro un terreno cuidadosamente cultivado donde a través del año es muy frecuente encontrarme al agricultor que en cada época realiza los trabajos propios del cultivo de la viña, igualmente me encuentro también en sus cercanía otros campos que no han sido cuidados y hoy sus viñas se encuentran abandonadas a su suerte y presentan una imagen poco menos que selvática.

Es hermoso ver en esta época el crecimiento de la planta ofreciéndonos en ciernes ya lo que serán los futuros frutos de hermosos racimos para producirnos generoso vino; pero, como decíamos, ahí está el trabajo del agricultor cuidando su vida a través de todo el año en las diferente atención que esas plantas necesitan, la poda, el escardar la tierra para evitar hierbajos y la lluvia la pueda empapar generosamente, el levantamiento de la viña en esta época para disponer su ramaje de manera que ni el excesivo sol, ni las corrientes de viento dañen el futuro fruto, y así muchas otras tareas, que no es necesario detallar aquí, pero que serán promesa de abundantes frutos.

Hoy Jesús en el evangelio nos propone una alegoría partiendo de esta imagen de la viña; nos habla de la poda para eliminar los sarmientos inútiles, como nos habla de la necesidad de que el sarmiento no se desgaje y separe de la vida para que pueda dar fruto; y terminará diciéndonos que así nosotros, como el sarmiento a la vida, tenemos que estar unidos a El porque El es la vid verdadera y el Padre es el viñador.

Una imagen muy hermosa que nos describe lo que ha de ser verdaderamente lo que llamamos la vida cristiana. Porque desde la fe nos unimos a El en el Bautismo comenzamos a disfrutar de la vida de los hijos de Dios, porque por la fuerza del Espíritu participamos de su misma vida. Pero no es solo la plantación, sino que necesitamos el cultivo. No solo basta que un día hayamos recibido el Bautismo, o en otros momentos determinados de la vida hayamos recibido algunos sacramentos que nos vinculan a la vida cristiana. Esa vida cristiana hemos de vivirla en el día a día, y no la podremos vivir si no estamos verdaderamente unidos a Jesús. ‘Sin mí, no podéis hacer nada’, ha venido hoy a decirnos.

Y es lo que descuidamos demasiado a lo largo de la vida. Esa unión con Jesús que parte de la escucha de la Palabra y de la oración. Esa unión con Jesús que mantenemos viva con la vivencia de los sacramentos. Como nuestro alimento diario, como el agua de lluvia que riega nuestros campos para hacerlos verdaderamente fecundos, como esa atención que prestamos a lo largo del año a nuestras plantas, en este caso estamos hablando de la vida, para mantener esa planta viva, fértil, fecunda capaz de darnos no solo hermosas flores sino también generosos y abundantes frutos.

¿Cómo podríamos mantener la amistad si no nos relacionamos con el amigo? ¿Cómo podemos renovar e intensificar el amor de hijo si no entramos en relación con el padre y con la madre para escucharle y para contarle, para mantener vivo el cariño, la relación y la confianza, para hacer que sea intenso ese amor familiar que verdaderamente nos hará crecer y madurar como personas? ¿No es en ese trato donde se mantiene y se hace crecer la relación y el amor porque hará que sepamos que siempre podemos contar con ese amor de padre que estará a nuestro lado en las buenas y en las malas?

¿No necesitamos hacer crecer ese amor de hijos hacia Dios que es nuestro Padre que tanta seguridad y fortaleza nos va a dar en nuestra vida? Por eso esa sintonía de corazones que hemos de mantener con Dios, a quien escuchamos y con quien contamos. Es nuestra oración que es más que un rezo porque será verdaderamente un encuentro donde nos alimentamos de su amor, donde nos llenamos de su vida, donde nos sentiremos empapados de Dios descubriendo siempre lo que Dios quiere para nosotros, por eso nuestra oración será siempre además escucha de Dios.  

Cultivemos bien esa viña de Dios en nosotros. No lo abandonemos.

 

martes, 9 de mayo de 2023

Todos queremos la paz, pero probemos a seguir con valentía y sin temor el camino de Jesús y nos daremos cuenta donde está la paz verdadera

 


Todos queremos la paz, pero probemos a seguir con valentía y sin temor el camino de Jesús y nos daremos cuenta donde está la paz verdadera

Hechos 14, 19-28; Sal 144; Juan 14, 27-31a

Queremos la paz. Todos. Eso al menos decimos. Buscamos la paz, luchamos por la paz; y ya comenzamos a utilizar una palabra de guerra para hablar de paz; ya sé que es una forma de hablar, pero es también un concepto, una forma también que tenemos de hacer las cosas; y hacemos la guerra porque buscamos la paz; y nos llenamos de violencias cuando nos falta la paz y por esos medios pensamos conseguirla.

Y nos podemos quedar en una paz aparente; que no haya ruido, que no se oigan cañones, que nos estemos calladitos, que no revolvamos ni alborotemos. ¿Está ahí la paz? ¿Es una forma de tener paz? Y tratamos de imponerla y hasta nos creamos unas reglas, pero al final por una parte o por otra aparecen de nuevo las violencias.

Y puede ser una apariencia de la paz, porque quizá en el corazón siguen resonando tambores de guerra; porque no terminamos de tener paz por dentro, porque seguimos con nuestros resentimientos y deseos de venganza, porque no tenemos la valentía del perdón, porque queremos poner nuestros límites, nuestras fronteras, las rayas de las cuales no dejamos pasar a los demás, porque unos son de nuestro agrado y otros no, porque piensan distinto, porque no son de nuestros grupos, porque pueden tener otras ideologías, pero a otros no los podemos ver ni en pinta, aunque no nos hayan hecho nada, porque se traen una fama desde donde vienen, porque son distintos a nosotros, porque nos dicen, nos comentan, y vienen las precauciones, vienen los distingos, vienen en fin de cuenta las discriminaciones. ¿A esto llamamos paz? y la gente dice que viviendo así es como pueden de verdad tener paz, porque según nos parece, quitamos las semillas de la discordia.

Es fácil teorizar sobre la paz, pero no tan fácil lograr la paz. Porque tenemos puntos de vista diferente o porque seguimos conservando en nuestro interior esas reglas que discriminan, o nos puede seguir pesando en nosotros las recomendaciones de que no nos metamos con nadie y viviremos en paz. ¿Dónde podremos encontrar una gente verdaderamente feliz porque vive auténticamente en paz? Nos desconcierta todo eso. Pero quizás cuando comenzamos a tener esa inquietud es cuando verdaderamente estamos iniciando caminos de paz. ¿Lo entenderemos?

Y hoy escuchamos a Jesús que nos ofrece la paz. Pero nos dice, que no nos la da como la da el mundo. ¿No sintoniza Jesús con los deseos de paz del mundo? El es el príncipe de la paz, así fue anunciado. Y nos dice que nos da la paz. Pero es algo distinto. Son otros los parámetros. Pero con El tenemos la seguridad de la paz. ‘La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde’. Y ya nos está hablando de algo importante, ‘que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde’.

Con Jesús se acabaron los miedos, porque nos está ofreciendo el camino que nos da más seguridad. Nos está proponiendo otra manera de entender la vida, de entender lo que es la verdadera paz. ¿No nos está diciendo que nos amemos porque somos hermanos? Cuando hay amor de verdad, cuando nos sentimos hermanos de verdad, se acabaron las violencias y las imposiciones.

Tenemos paz no porque nos la impongan, sino porque nos amamos, porque nos queremos y nunca nos haremos daño, siempre buscaremos el bien, siempre habrá inquietud en el corazón por lo bueno, pero no es una inquietud que nos quite la paz, sino que nos dará las más hondas satisfacciones. Porque nos queremos nos aceptamos y nos comprendemos, aunque seamos distintos, aunque pensemos de manera diferente, aunque no nos conozcamos porque vengamos de mundos distintos, siempre el otro para mi será un hermano. ¿Cómo no vamos a sentir paz?

Y así podríamos seguir sacando conclusiones, deduciendo lo que en verdad nos hará sentir paz y paz sobre todo el corazón. Porque no tendremos resentimientos ni rencores, porque siempre seremos comprensivos y tenemos el corazón lleno de misericordia para estar dispuestos a perdonar, porque no dejaremos heridas en el corazón sin curar sino que cuando ofrecemos generosamente nuestro perdón a los demás, estaremos en verdad curando el corazón.

Hagamos comparación con lo que decíamos al principio y nos daremos cuenta donde está el verdadero camino de la paz. Es el que queremos emprender, es el que lograremos si seguimos siempre y en todo los pasos de Jesús.

 

 

lunes, 8 de mayo de 2023

Vayamos pues disfrutando de esa inmensidad del amor que Jesús nos ofrece, saboreando el amor, saboreando esa presencia de Dios que habita en nosotros

 


Vayamos pues disfrutando de esa inmensidad del amor que Jesús nos ofrece, saboreando el amor, saboreando esa presencia de Dios que habita en nosotros

Hechos 14, 5-18; Sal 113; Juan 14, 21-26

Te amo, quiero estar contigo para siempre, quiero vivir contigo.  De forma romántica se podrá decir más bonito, pero de alguna manera es el proyecto de vida que se hacen, que tienen dos personas que se aman, dos enamorados. Y porque se aman habitan juntos, cohabitan es la palabra que solemos emplear; que es mucho más que estar juntos, porque de alguna manera viven el uno en otro, viven el uno para el otro, con todo lo que entraña la intimidad del amor.

Podríamos decir que es lo que nos está diciendo hoy Jesús. Le amamos y guardamos sus mandamientos. El que ama de verdad se da de tal manera que lo que busca es agradar al otro, hacer todo lo posible porque el otro sea feliz; no es solo buscar nuestra propia felicidad, que nos vendrá en consecuencia, sino que me doy de tal manera que con todo mi ser quiero hacer feliz al que amo. Cuando hemos buscado en algo que queremos llamar amor primero nuestra propia felicidad, ese tal llamado amor va demasiado cargado de egoísmo, de egocentrismo, que le falta lo importante para ser verdadero amor. Seré feliz cuando te vea feliz, y te veré feliz porque por mi parte pondré todo lo que sea necesario para agradarte y que lo seas.

Es lo que nos dice hoy Jesús. Me he quedado en esta reflexión casi en la primera frase. ‘El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama… Y el que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’. Aceptar sus mandamientos, buscar siempre lo que es la voluntad de Dios, guardar su Palabra, plantarla en nuestro corazón y nuestra vida. Así manifestamos nuestro amor. Pero así se va a manifestar en mí el amor de Dios que me llevará por caminos de plenitud y de felicidad. ‘Mi Padre lo amará’, vamos a ser regalados por el amor de Dios, y el regalo más hermoso es que Dios va a estar con nosotros. Dios se ha enamorado de nosotros, ‘vendremos a él y haremos morada en él’.

Maravilla del amor de Dios, porque no va a ser un amor desde fuera. Es que Dios va a venir a mí, hará morada en mí. ¿No decimos que por el bautismo nos convertimos en morada de Dios y templos de su Espíritu? Aquí lo tenemos. No es simplemente sentir que Dios está a nuestro lado – y sentiremos, es cierto, a Dios caminando a nuestro lado porque eso es lo que se manifiesta cuando se nos dice que se ha encarnado y habita con nosotros, sino vamos a sentir que Dios está dentro de nosotros, habitando en nosotros.

¿Qué decíamos que sienten los enamorados? En nombre de su amor, decíamos, quieren vivir juntos, con lo que quiere entrañar esta expresión. Ahora decimos que Dios se ha enamorado de nosotros y no solo quiere habitar a nuestro lado, sino que quiere habitar en nosotros.

Es todo un misterio de amor, que por muchas semejanzas que tenga con nuestro amor humano, sin embargo no llegamos siempre a captar en toda su profundidad. Por eso Jesús nos promete su Espíritu, que cuando El venga nos lo revelará todo, nos hará comprender todas las cosas.

Estamos ya acercándonos a Pentecostés y poco más que una larga novena de preparación nos va ofreciendo la liturgia en estos días que quedan donde iremos escuchando toda esa promesa del Espíritu que Jesús nos hace. Ahondemos nosotros en ello, vayamos abriendo nuestro corazón para dejarnos conducir por el Espíritu, que nos lo revelará todo, que nos hará comprender todas las cosas.

Vayamos pues disfrutando de esa inmensidad del amor que Jesús nos ofrece. Vayamos saboreando el amor, esa presencia de Dios que habita en nosotros.


domingo, 7 de mayo de 2023

Camino seguro y sin error que nos conduce al Padre, sigamos las huellas de Jesús, Camino, Verdad y Vida

 


Camino seguro y sin error que nos conduce al Padre, sigamos las huellas de Jesús, Camino, Verdad y Vida

Hechos 6, 1-7; Sal 32; 1Pedro 2, 4-9; Juan 14, 1-12

Vaya lío nos armamos a veces con los caminos; que si para llegar a un determinado lugar es mejor coger este camino que no aquel otro, porque nos lleva más lejos, porque tarda más, porque es un engorro ir por ese camino; discusiones entre amigos o entre vecinos en muchas ocasiones porque cada uno tiene su punto de vista, cada uno tiene su experiencia o sus fobias y eso le hace coger distinto camino.

Pero ahora no se trata de coger esos caminos geográficos o esas determinadas rutas sino que se nos está planteando algo más hondo en lo que nos va la vida. Hay caminos que son malos, que son peligrosos, que son un señuelo y entonces son engañosos. Y no se trata, venimos diciendo, de esos caminos geográficos sino del sentido y del rumbo que le queremos dar a la vida, de la meta a la que queremos llegar, del ideal que nos va a dar una mayor plenitud de vida.

Y aquí es donde entra el evangelio de Jesús. Ahí entran los planteamientos de vida que nos hacemos, donde vamos a encontrar el sentido de nuestra vida, importe lo que importe, pero clara ahí vienen los engaños con las rebajas. Cuando queremos hacer una opción de vida nos creemos que estamos en unos grandes almacenes en la hora de las rebajas, vamos a ver cuanto nos rebajan aquí, vamos a ver qué es lo que nos ponen más fácil, vamos a ver si nos quitan o ponen de perfil ciertas cosas, porque de eso no me quiero desprender, y total tan malo no es porque son cosas de la vida y la vida la tenemos para disfrutarla. Cuántas cosas nos decimos muchas veces en este sentido, cuántas rebajas queremos hacernos. Vamos a ver si tenemos una bula por la que demos unos dineritos y ya nos ahorramos aquellos sacrificios, aquellas cosas que nos pueden costar tanto.

Las palabras que hoy le escuchamos a Jesús forman parte de aquel discurso de Jesús como despedida en la última cena. Jesús nos está revelando el misterio más profundo de su misma vida porque nos está abriendo toda la ternura de su corazón. Habla de su marcha, pero de su vuelta, nos dice que no andemos preocupados ni agobiados, que no perdamos la calma ni la paz sino que pongamos toda nuestra fe en El. Nos prepara sitio, quiere tenernos junto a si. Es la plenitud de vida que nos ofrece.

Pero los discípulos parece que andan en otra onda, no terminan de entender todo aquello que Jesús les ha anunciado y va a suceder por eso comienzan a hacer preguntas. Benditas preguntas las de los discípulos porque así se nos aclaran también muchas dudas.  Ojalá supiéramos hacer preguntas en lugar de quedarnos con nuestras dudas o nuestros miedos dentro de nosotros. Hacer preguntas, pero hacérnoslas a nosotros mismos para ver realmente hasta donde llega nuestra fe y nuestro compromiso.

Y es cuando Jesús nos dice que no hay otro camino que El mismo. ‘Nadie va al Padre sino por mí’. No solo es la revelación de Dios, la Palabra de Dios que ha plantado su tienda en nosotros y entre nosotros, sino que es la única verdad que nos conduce hasta Dios. No hay otro camino. ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida’, nos dirá con toda radicalidad.

Y ya sabemos como es el camino de Jesús. Aunque no hemos de tener miedo. En otro momento nos dirá que desde nuestros agobios y nuestros miedos vayamos a El, porque El es nuestro descanso, que aprendamos de El porque El es manso y humilde de corazón y en eso es en lo que tenemos que imitarlo, parecernos a El, hacernos una sola cosa con El. Aunque nos dirá que sin El nada podemos hacer, aunque nos dirá que estamos con El o estamos contra El, que tenemos que decantarnos, sin embargo nos dirá que su yugo es llevadero y su carga ligera.

De esperanza se llena nuestro corazón. Escuchándole nos dan ganas de amarle y amarle cada día más porque con El nos sentimos tan seguros.  Nos entra una ilusión grande en nuestro corazón por conocerle más y más, por empaparnos de su vida, por llenarnos de su sabiduría de Dios. Deseos de escucharle más, deseos de vivirle, deseos de amarle tanto que nos lo queremos comer, como lo hacen los enamorados, los que se quieren de verdad.

Tenemos camino seguro y sin error. Tenemos a Jesús. Tenemos que empaparnos de su evangelio. Ahí tenemos todas las rutas marcadas, mejor, la única ruta, porque tenemos a Jesús que nos revela al Padre, que nos lleva al Padre, que nos quiere hacer vivir con El en el Padre.

sábado, 6 de mayo de 2023

Tenemos que detenernos de nuestras carreras porque a la carrera no escuchamos, podrán sonar las palabras en nuestros oídos, pero no las dejamos llegar al corazón

 


Tenemos que detenernos de nuestras carreras porque a la carrera no escuchamos, podrán sonar las palabras en nuestros oídos, pero no las dejamos llegar al corazón

Hechos 13, 44-52; Sal 97; Juan 14, 7-14

¿Conoceremos de verdad a una persona después de mucho tiempo que estemos conviviendo, por ejemplo, con ella? Normalmente nos decimos que conocemos a las personas después de que llevemos un tiempo tratando con ellas, y normalmente muy ufanos solemos presumir del conocimiento que tenemos de los demás. Pero no es tarea fácil, solamente desde lo que vemos externamente no podemos llegar a ese conocimiento hondo, pues dentro de cada cual hay como un misterio de la propia personalidad que intentamos no dejar entrever, que mantenemos en nuestro yo, y solo a quien con confianza tratemos iremos desvelando es yo secreto que todos mantenemos. Claro que nos daremos a conocer en la medida en que vaya creciendo la amistad y la confianza, y en consecuencia vayamos abriendo totalmente el corazón.

Los discípulos que con más cercanía estaban con Jesús, aquel grupo que El había escogido de manera especial, ¿llegarían en verdad a conocer a Jesús? A ellos se les revelaba de manera especial, testigos fueron de muchas cosas de la vida de Jesús que los demás no llegaban a conocer, vemos que en ocasiones se los llevaba a lugares apartados donde estar a solas con ellos, y en los caminos muchas veces a ellos les hablaba con una mayor cercanía. Pero vemos hoy en el evangelio que todavía hacen preguntas que manifiestan que no conocen a Jesús. Por eso les dirá. ‘Tanto tiempo con vosotros, ¿y aún no me conocéis?

Será después de la resurrección cuando nos dirá el evangelista que les dio el don del Espíritu y les abrió la inteligencia para que entendieran las escrituras. Los pasajes que estos días estamos escuchando forman parte de aquella larga e intima conversación de despedida después de la cena pascual, donde Jesús va desnudando más y más su corazón para que realmente le conozcan.

Algunas veces nos atrevemos a pensar qué lentos y cortos de inteligencia eran para no comprender lo que Jesús les iba revelando. Dejemos que la Escritura en algún momento hable así de lo que les costaba entender las palabras de Jesús, no entremos en juicio, porque el primero tendríamos que hacérnoslo a nosotros mismos. ¿En verdad conocemos a Jesús? ¿No tendrá que decirnos Jesús que tanto tiempo con nosotros y aun no le conocemos?

No es cuestión de tirarnos piedras los unos a los otros con nuestras acusaciones si nosotros somos o no más torpes que los discípulos que allí estaban al lado de Jesús y tanto les costaba entenderle, escucharle profundamente, empañarse de lo que era Jesús, porque es cosa que a nosotros nos sigue sucediendo. Necesitamos escuchar de verdad a Jesús, abrir nuestro corazón, dejarnos conducir por su Espíritu.

Y es que muchas veces podemos oír muchas cosas, pero escuchar lo hacemos menos. Tenemos que abrir las sintonías del alma, tenemos que aislarnos de muchos estridencias que nos aturden y nos distraen. Tenemos que saber hacer ese silencio interior cuando vamos a escuchar la Palabra de Dios. Llevamos tantas cosas en la cabeza, tenemos el corazón llenos de tantos ruidos y turbulencias que no dejamos sitio a la Palabra de Dios.

Tenemos que detenernos de nuestras carreras. A la carrera no escuchamos, podrán sonar las palabras en nuestros oídos, pero no las dejamos llegar al corazón. No tengamos prisa cuando estamos escuchando la Palabra, no pasemos inmediatamente a otra cosa, detente, haz silencio, escucha, quédate rumiando aquella Palabra que escuchaste, repásala una y otra vez no solo por tu mente sino por tu corazón, paladéala con amor, no le temas, déjate sorprender, siémbrala en lo más hondo de tu corazón. Conocerás a Jesús, conocerás a Dios y aprenderás también a conocerte a ti mismo.

 

viernes, 5 de mayo de 2023

Pongámonos a hacer el camino siguiendo las huellas del paso de Jesús y haciéndolas nuestras, llegaremos a la plenitud y a la vida, rebosaremos de paz

 


Pongámonos a hacer el camino siguiendo las huellas del paso de Jesús y haciéndolas nuestras, llegaremos a la plenitud y a la vida, rebosaremos de paz

Hechos 13, 26-33; Sal 2; Juan 14, 1-6

‘No se turbe vuestro corazón…’ nos dice hoy Jesús. ¿Por qué podemos sentirnos turbados? Ya quisiéramos sentirnos siempre serenos y con paz en el corazón. Lo deseamos. Pero siempre nos van surgiendo cosas que nos ponen intranquilos, pueden poner en ruina nuestra paz; preocupaciones por los problemas que cada día se nos van presentando, recuerdo de nuestros errores, dificultades para emprender un camino nuevo, contratiempos que nos hacen perder la paciencia y la esperanza, cosas que nos cuesta entender en nosotros mismos, en lo que son nuestras relaciones con los demás, en las metas a las que somos llamados y que nos vemos impotentes para conseguir. Es fácil perder la estabilidad de la paz, es fácil que nos sintamos turbados, que surjan en nuestro interior interrogantes, dudas, cosas que nos desorientan.

Pero hoy nos dice Jesús. ‘No se turbe vuestro corazón… creed en Dios, confiad en mí’. El momento en que Jesús dice estas palabras a los discípulos eran momentos tensos para ellos. Jesús les había anunciado muchas cosas que ellos no terminaban de comprender y que luego cuando sucedieron los hicieron sentirse poco menos que derrotados; ahora en la cena se han ido sucediendo los signos de lo nuevo que Jesús les ofrecía, de lo que Jesús les pedía para su vida, de cómo Jesús quería quedarse en verdad con ellos. Pero siguen con las mentes cerradas porque parecía que un velo cerraba sus ojos. Por eso Jesús les invita a confiar.

Los momentos suenan a despedida por las palabras que Jesús va pronunciando además de los signos que realiza. Que ahora les faltara Jesús era para ellos algo muy fuerte, se sentirían solos, se sentirían abandonados, como luego realmente les sucedió y les llevó a encerrarse en los días siguientes en el Cenáculo. Pero Jesús les está diciendo que no los deja solos; que El vuelve al Padre de donde ha venido, pero quiere tenernos con ellos para siempre; por eso les habla de prepararles sitio, aunque ellos no terminen de entender sus palabras. Y les dice que quiere que siempre estén con El.

Es cuando surge la pregunta. Porque además Jesús les dice que ya conocen el camino. ‘No sabemos a donde vas, ¿Cómo podemos saber el camino?’ se preguntan, le preguntan. Y les habla claramente de que no tienen que hacer otra cosa que seguirle a El, hacer lo mismo que El, vivir su vida para vivirle a El. ‘A donde yo voy, ya sabéis el camino, les dice, nadie va al Padre sino por mí’.

Por eso terminará proclamando tajantemente. ‘Yo soy el Camino, y la Verdad, y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí’. Seguir las huellas de Jesús, ponernos en sus zapatos, vivir su Vida, vivir como Jesús. En Jesús hemos encontrado la verdad de nuestra vida, es el sentido de nuestro existir, es en quien hemos encontrado la Sabiduría de Dios. No podemos hacer, entonces, otra cosa.


Se nos tienen que acabar los miedos, no podemos dejarnos envolver por sombras, no podemos sentirnos siempre bajo el peso de nuestros errores, de ninguna manera podemos perder la paz. Estamos con Jesús y nos sentimos seguros; estamos con Jesús y hemos recobrado la paz con el perdón; estamos con Jesús y como El vamos a ceñirnos la cintura para tomar en nuestras manos la jarra de agua con la que lavar los pies de los demás; estamos con Jesús y no nos puede faltar la alegría y la esperanza; estamos con Jesús y estamos llenos de vida.

Pongámonos a hacer el camino, siguiendo las huellas del paso de Jesús y haciéndolas nuestras. Llegaremos a la plenitud y a la vida.

jueves, 4 de mayo de 2023

Necesitamos hondura en la vida, pero tenemos que ejercitarnos para obtenerla, un camino de ascesis, de superación y de purificación de nuestro corazón

 


Necesitamos hondura en la vida, pero tenemos que ejercitarnos para obtenerla, un camino de ascesis, de superación y de purificación de nuestro corazón

 Hechos 13, 13-25; Sal 88; Juan 13, 16-20

Todos nos encontramos con buenos maestros que son un estímulo grande en nuestro aprendizaje; tienen algo en su manera de ser, en su forma de enseñar, en su forma de tratarnos que lo que sentimos es querer parecernos a él, porque de alguna manera los idolatramos, tanto que nos parecería un paraíso poder estar junto a él y realizar todos los aprendizajes de la vida de su mano.

Es una atracción tan grande la que ejercer sobre nosotros, que todo en él lo idealizamos de manera que siempre queríamos hacer las cosas a su manera. Como también nos encontramos al alumno aventajado que con su maestro todo lo entiende a la primera y son tantas las ansias que llevamos dentro que para nosotros no sería una pérdida de tiempo quedarnos ensimismado eternamente a su lado.

Estamos hablando quizás de situaciones ideales, porque nos es difícil encontrar ese maestro ideal, pero también porque siempre nosotros somos ese alumno aventajado. Oportunidades sí tenemos, quizás, pero no siempre sabemos aprovecharlas, muchas veces nos aparecen los cansancios en medio de ese esfuerzo continuado y no mantenemos la tensión que nos haga ir creciendo más y más.

Tenemos todo lo que nos dice Jesús en el evangelio que lo hemos escuchado una y otra vez pero no somos capaces de imitar al maestro, no siempre resplandecemos quizás por ese espíritu de servicio que tan claro tenemos ante nosotros en el ejemplo de Jesús.  Pero Jesús quiere seguir contando con nosotros.

Es la maravilla del amor de Dios al que tan poco respondemos nosotros. Precisamente el texto del evangelio que hoy se nos ofrece parte de ese momento de la cena pascual en el que Jesús se ha arrodillado a los pies de los discípulos para lavárselos uno a uno. Ya en otro momento hemos escuchado el texto completo en el que Jesús nos dice que si El, que es el Maestro y el Señor, nos ha lavado los pies, es lo que tenemos que hacer los unos con los otros. Y ahora ha continuado diciéndonos que no es el discípulo mayor que se maestro y que entonces obremos en consecuencia. ‘Puesto que sabéis esto, nos dice, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica’.

Nos hace falta mantener la tensión del espíritu para que no nos enfriemos. Somos tan hechos de carne y hueso que pronto se nos aflojan los muelles de la tensión, con facilidad nos enfriamos entrando en una tibieza espiritual, fácilmente nos dejamos ganar la carrera. Cuidado con los triunfalismos que a veces se nos meten, que ya pensamos que todo lo tenemos conquistado, todo lo tenemos superado, pero que nos desinflamos y caemos en las rutinas de siempre. Y ya nos dice el espíritu que porque no somos ni fríos ni calientes, nos vomitará de su boca, como escuchamos en el Apocalipsis.

¡Qué terrible es la tibieza espiritual! Una pendiente muy resbaladiza en la pronto caeremos en el abismo. Lo experimentamos quizás en nosotros mismos, aunque nos cegamos tanto que no nos damos cuenta, pero somos conscientes de cómo sucede con tanta frecuencia a nuestro alrededor; el cambio de tantos, no para mejorar, sino que depuse de haber tenidos etapas de mucho fervor, pronto los vemos que se van frenando hasta terminar en ocasiones por abandonarlo todo.

Hemos de cuidar mucho más nuestro espíritu para tener una espiritualidad profunda. Necesitamos esa hondura en la vida, pero tenemos que ejercitarnos para obtenerla; un camino de ascesis que tenemos que ir haciendo, un camino de superación y de purificación de nuestro corazón, un camino de ir arrancándonos de tantos apegos que se nos van metiendo en el alma, un camino en que tenemos que lograr ese vacío en nosotros para poderlo llenar de Dios, para dejar que el Espíritu de Dios actúe en nosotros.

Nos cuesta realizarlo, porque son muchos los cantos de sirena que escuchamos por todos lados, pero es la manera de ir creciendo en nuestra fe, en nuestra espiritualidad, en un verdadero seguimiento de Jesús.

miércoles, 3 de mayo de 2023

A los pies de la cruz de ese calvario habrá siempre una tumba vacía, porque quien murió en esa cruz vive, ha resucitado, y para todos ha llegado con El la victoria del amor y de la vida

 


A los pies de la cruz de ese calvario habrá siempre una tumba vacía, porque quien murió en esa cruz vive, ha resucitado, y para todos ha llegado con El la victoria del amor y de la vida

 

Hay una tradición en mi tierra en torno al tres de mayo se sigue celebrando con gran fervor por parte del pueblo la festividad de la Cruz. Todos sabemos que la gran fiesta de la exaltación de la Cruz es el 14 de Setiembre, que en precisamente en torno a cuya fiesta se celebran las fiestas de ‘los Cristos’ por diferentes lugares de nuestra geografía. 

Pero el tres de mayo ha calado hondo en nuestras gentes, que fue en su momento la celebración del encuentro de la Cruz – se le decía la invención de la cruz desde el sentido de la palabra latina – que por otra parte en nuestra tierra está en cierto modo unido a los primeros años de las conquistas castellanas de nuestra tierra con la fundación de algunas ciudades que llevan el nombre de la Cruz en esa misma fecha.

Hondo sentido religioso cuando los caminos de nuestros pueblos están tachonados de cruces que al mismo tiempo pueden ser recuerdo de parte de nuestra historia.  Capillas de cruz que incluso se ponían como centro de muchas de las fincas o haciendas que de alguna manera daban vida a los pueblos, o cruces como recuerdos perennes y permanente de momentos de la historia, en muchos casos duros por accidentes o por muertes violentas o no acaecidas en esos lugares. 

No podemos borrar por otra parte de un plumazo, como algunos pretenden con otros muchos momentos de nuestra historia, esos recuerdos que han permanecido ahí permanentes en la memoria histórica de nuestros pueblos.

Estos días se adornan las cruces de nuestros caminos y muchas casas abren las puertas de sus hogares para mostrarnos aquella cruz celosamente guardada y que este día merecen un especial aguinaldo. Aunque las memorias y recuerdos sean duros sin embargo se hacen siempre en son de fiesta y alegría, porque en el fondo aunque muchas veces no nos demos cuenta estamos dándole el verdadero significado pascual que la cruz ha de tener en nuestra vida.

Es la celebración de la vida misma, podríamos decir, que siempre está unida a la cruz, porque nunca en la vida falta el dolor y el sufrimiento. Así nació la localización de esas cruces en nuestros pueblos, así queremos expresar lo que es la vida misma con sus tintes negros de dolor, pero desde un sentido pascual lo hacemos entre sones de fiesta y alegría. Es de alguna manera reconocer que esos momentos de la vida, en todos los momentos de la vida, también en esos momentos duros de la vida hay un paso de Dios que siempre es paso salvador.

El cristiano tiene que manifestarse siempre como hombre de esperanza, porque detrás siempre estaremos viendo brillar la luz. Y cuando contemplamos la cruz, aunque en estos días de su celebración y su fiesta normalmente está despojada del cuerpo de Cristo en ella crucificado, nunca olvidamos el sentido de esa cruz para nosotros, porque significa un paso de Dios, un paso de salvación, un paso de vida, porque siempre detrás veremos los resplandores de la resurrección. A los pies de la cruz de ese calvario habrá siempre una tumba vacía, porque quien murió en esa cruz vive, ha resucitado, y para todos ha llegado con El la victoria de la vida.

Ojalá no olvidemos nunca ese sentido pascual de la cruz y que ahí nuestra fiesta de la cruz tenga hondo sentido.


martes, 2 de mayo de 2023

Necesitamos redescubrir el evangelio, sintiéndolo como realmente nuevo para nosotros, dejándonos asombrar por sus palabras para que sea en verdad buena noticia

 


Necesitamos redescubrir el evangelio, sintiéndolo como realmente nuevo para nosotros, dejándonos asombrar por sus palabras para que sea en verdad buena noticia

Hechos 11, 19-26; Sal 86; Juan 10, 22-30

Somos enrevesados en la vida, nos enredamos en nuestras propias redes y no sabemos cómo salir de ellas. Pedimos pruebas, pero luego no las aceptamos, ni escuchamos las pruebas que nos dan. Hay que ver con qué facilidad nos ofuscamos en nuestras cosas, en lo que llevamos ya de antemano a la mente y aunque nos digan las cosas claramente no damos el brazo a torcer, no reculamos para reconocer nuestro error, o al menos para aceptar con humildad las pruebas que se nos ofrecen.

En todos los ámbitos de la vida; fácilmente convertimos en enemigo al que discrepa de nosotros, al que tiene la osadía de pensar de otra manera, al que nos ofrece otra salida. Qué discusiones más rocambolescas nos armamos discutiendo en la solución de problemas; pudiera dar la impresión que todos estamos buscando una salida, una solución, pero no somos capaces de ver lo que propone el otro y lo rechazamos sin más, con qué facilidad nos atribuimos méritos cuando quizás lo que hemos hecho ha sido continuar por donde iba el otro, aunque a veces eso no lo aceptamos y preferimos romper los papeles del todo para que no quede nada, aunque luego tengamos que hacer por nuestra parte lo mismo, pero al final nos pondremos las medallas. Cuantas cosas vemos que suceden en ese estilo en nuestro entorno.

Les costaba a los judíos entender a Jesús, bueno, aunque lo entendieran siempre llevaban por delante el rechazo, porque era obra de Jesús, y eso les podía quitar sus méritos. Piden pruebas, pero no se detienen para escucharlas. Pero qué importante es escuchar a Jesús. Por algo es la Palabra que se encarna, que se hace cercana, que es luz y que al mismo tiempo nos alimenta. Tenemos que saber escuchar a Jesús. El evangelio es una continua invitación a ello. Desde las palabras del Padre desde la nube, ya sea en el Tabor o en el Jordán, siempre nos insistirá en que le escuchemos.

Y es lo que nos dice Jesús. Y por eso nos pone esta alegoría del pastor que cuida de sus ovejas, les busca pastos, las alimenta y las defiende, pero las conoce y sus ovejas le conocen a El. Es la ternura que nos falta. Se nos habla aquí de ovejas y de rebaños que conocen a su pastor, oyen su voz, oyen sus silbidos, y le siguen. Quienes hemos tenido alguna vez a nuestro cuidado algún animalito, bien sea porque los cuidemos en el campo, o como hoy va siendo tan habitual porque los tengamos como mascotas, como animales de compañía, bien sabemos de la lealtad hacia sus dueños, hacia quienes los cuidan y los alimentan. Es algo muy tierno observarlos de cómo ellos nos observan o están pendientes de nosotros, y a la menor señal los tenemos a nuestro lado.

Pero ¿seremos nosotros así con Jesús? ‘Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano’, nos dice hoy Jesús en el evangelio. Pero quizás cuantas veces preferimos cantos de sirena a la voz de Jesús; estamos más atentos a la novedad que surge acá o acullá que nos habla de cosas nuevas, de nuevas espiritualidades, de cosas esotéricas, de no sé qué interpretaciones cabalísticas que nos hace no sé quien salido de no sé donde pero al que los medios de comunicación, la televisión le dan mucho chance, y olvidamos el evangelio que tenemos ahí ante nuestros ojos.

Necesitamos los cristianos redescubrir el evangelio, hacer una lectura nueva quitando prejuicios, dejando a un lado explicaciones de siempre, sintiéndolo como algo realmente nuevo para nosotros, dejándonos asombrar por sus palabras. Necesitamos un espíritu nuevo, una apertura del corazón, un dejarnos conducir de verdad por el Espíritu del Señor quitando miedos, arriesgándonos a plantarlo de verdad en nuestro corazón. Sentiremos su novedad, sentiremos que es verdad es evangelio, es buena noticia para nosotros.

lunes, 1 de mayo de 2023

Tenemos una luz que nos viene del Evangelio que hace resplandecer en todo su esplendor lo que es la vida de los hombres y el trabajo que sale de sus manos

 


Tenemos una luz que nos viene del Evangelio que hace resplandecer en todo su esplendor lo que es la vida de los hombres y el trabajo que sale de sus manos

 

En el ámbito civil se comienza el mes de mayo con una fiesta reivindicativa en el día del trabajo, que también hay que reconocer cada una ha interpretado su sentido y ha celebrado desde sus convicciones en ocasiones y desde intereses siendo con un matiz político en gran parte de las ocasiones. No le quitamos, por supuesto, el sentido positivo que tienen este tipo de celebraciones pues todo lo que sea por una mayor dignidad de las personas y como medio para ello también de la actividad que realiza siempre es bueno. Muchos avances también de tipo social a lo largo de los años se han ido consiguiente dada la visualización de esta fiesta del trabajo y del hombre trabajador. La dignidad de la personas siempre es algo que tenemos que perseguir, pero tendríamos que considerar a la persona en lo que vale en sí mismo y en toda la amplitud de lo que es su existencia.

A mediados del siglo XX la Iglesia quiso poner también su aporte en esta celebración y es como nació una nueva fiesta de san José desde esa perspectiva del trabajo, la fiesta de san José Obrero, como comúnmente se le llama. Algo tenemos que decir nosotros también en este campo, también nosotros podemos y tenemos que proclamar esa dignidad del trabajo humano, que ha de pasar necesariamente por una humanización de esa tarea, una humanización del trabajo. No somos, por supuesto, unas máquinas llamadas a producir; por medio está la dignidad de toda persona que en nuestra antropología cristiana la elevamos más que cualquier otro paradigma que desde el mundo se pueda proclamar.

Cuando hablamos de la persona estamos hablando de una criatura de Dios, alguien que ha sido creado por Dios, porque de Dios nos viene la vida, pero que por la gracia de Dios nos convierte además en hijos de Dios. Una dignidad que tenemos que considerar en toda su amplitud y profundidad y que va a marcar también lo que sale de las manos del hombre en su capacidad creadora, en su capacidad de desarrollar su vida y plasmarse en las obras que salen de sus manos.

Creados a la imagen y semejanza de Dios, con esa inteligencia que Dios nos dio pero también con esa capacidad de decidir, esa voluntad que es capacidad de amar nos sentimos no solo constructores sino creadores porque desde Dios con nuestras capacidades estamos continuando la obra creadora de Dios en el desarrollo de nuestro trabajo.

Es entonces cuando nos damos cuenta de la grandeza de nuestro trabajo, el valor de nuestro trabajo. Será duro y costoso porque todo lo que entraña crear vida nos supera y nos exige esfuerzo, como nos supera y nos exige esa capacidad de amar que tenemos en nosotros desde esa dignidad de personas. El que se siente de verdad creador, sea cual sea la actividad que realice, después del esfuerzo realizado va a sentir una satisfacción hondo, va a experimentar un gozo inmenso en el alma cuando contempla lo que ha creado.

Es la perspectiva bonita con la que tenemos que mirar nuestro trabajo, es la satisfacción que sentimos en lo que hemos realizado, es el disfrute incluso de la misma tarea que vamos realizando aunque nos sea costosa. Una nueva y bella mirada que nos obligará a no dejar infructuosos esos talentos que hemos recibido. Una nueva y luminosa mirada a nuestro trabajo con el que estamos sembrando semillas de vida que van a fructificar en bien de la propia humanidad.

Claro que tenemos que hacer que el trabajo sea humano, nunca esclavizante, ni lo podemos sentir como un peso que queremos quitar de sobre nuestros hombros. Nos exige cuidar esas condiciones del trabajo, nos exige cuidar nuestra dignidad al tiempo que cuidamos también esa capacidad de producir que es como llena de vida al mundo en el que vivimos. Un trabajo que realizaremos siempre para bien de la humanidad, pero un trabajo con el que queremos dar gloria a Dios que de tales posibilidades nos dotó. Por eso los cristianos hablamos de la santificación del trabajo, que con la gracia de Jesucristo también ha sido redimido

Tenemos una luz que nos viene del Evangelio que hace resplandecer en todo su esplendor lo que es la vida de los hombres y lo que es la obra que sale de las manos de los hombres. Demos gloria al Señor por ello.


domingo, 30 de abril de 2023

Sepamos agradecer el amor que Dios nos tiene y nos pone los signos y las señales del Buen Pastor para que sepamos encontrar los pastos de vida eterna que El nos ofrece

 


Sepamos agradecer el amor que Dios nos tiene y nos pone los signos y las señales del Buen Pastor para que sepamos encontrar los pastos de vida eterna que El nos ofrece

 Hechos 2, 14a. 36-41; Sal 22; 1Pedro 2, 20-25; Juan 10, 1-10

La imagen del pastor que cuida su rebaño, que camina con sus ovejas en búsqueda de pastos, que las conoce por su nombre porque a cada una le ha puesto un nombre, que se desvive por la oveja perdida o enferma, que las guarda en su redil por la noche precaviéndolas de todo peligro, a los que hoy somos más urbanos que vivimos en las ciudades alejados de la vida campestre, nos puede parecer algo bucólico, muy hermoso y muy poético, casi como una novela pastoril, pero sin embargo no todos somos tan ajenos a esta realidad, porque ya viene siendo frecuente que aun en un ambiente urbano queramos tener un animalito aunque sea de compañía; y ya sabemos los lazos que se crean entre unos y otros, y no vamos a entrar en muchos detalles, y cómo se llega al sufrimiento incluso en la enfermedad de la mascota preferida y no digamos si nos llega a faltar.

De una forma o de otra en nuestro recuerdo o imaginación nos vale para comprender el sentido de este domingo pascual en el que Jesús vendrá a decirnos que El es el Buen Pastor, pero también nos habla de la puerta por donde se entra y se sale del redil. Terminará diciéndonos que lo que El quiere para nosotros es vida y vida en abundancia.

Como el pastor que cuida de su rebaño, con todas aquellas características que ya antes mencionamos y muchas más que podríamos traer a colación. Nos alimenta y cuida de nosotros, es el Buen Pastor que va delante nosotros señalándonos el camino, pero será el Buen Pastor que será capaz de dar su vida por nosotros. Sentía lástima Jesús, lo hemos escuchado muchas veces en el evangelio, cuando contemplaba aquellas multitudes que le buscaban, que eran capaces de seguirle incluso a los descampados, o esperarle a la orilla de la playa por donde fuera a desembarcar, pero, como El nos dice, eran como ovejas sin pastor; y a unos ovejas sin pastor no solo por si mismas no van a encontrar los pastos que necesitan, sino que estarán ante los peligros de ladrones que nos asalten y nos roben.

Es Jesús la puerta, por donde se entra y por donde se sale; solo podrá atravesar esa puerta el que es verdadero pastor de esas ovejas, el ladrón buscará el asalto por otros medios con los que pueda sorprender. Pero Jesús estará a nuestro lado con ojo avizor, como el pastor que cuida de sus ovejas para fortalecernos y podemos estar atentos al acecho del ladrón, al acecho de la tentación que por otros caminos nos podría arrastrar.

Pero esta imagen aparece ante nosotros en este camino pascual que vamos realizando para que sepamos agradecer ese cuidado que Dios nos tiene y a nuestro lado nos pondrá los signos y las señales de Jesús para que andemos por su mismo camino, para que sepamos encontrar esos pastos de vida eterna que El nos ofrece, pero también para que caigamos en la cuenta cómo la pascua nos hace entrar en la órbita del servicio al estilo y a la manera de Jesús.

Aunque luego podamos llevar esa imagen del Pastor a otros aspectos y a otras funciones que en medio de la comunidad cristiana se han de realizar, sin embargo el mensaje del evangelio hoy es para todos, para todos los que nos llamamos seguidores de Jesús, porque en todos tiene que resplandecer esa imagen del servidor, del que se pone en servicio de los hermanos para continuar la misma obra de Jesús.

Todos estamos llamados al servicio porque todos por nuestra fe en Jesús entramos en la órbita del amor. Por su nombre hemos de conocer también a los hermanos que nos rodean, que significa mucho más que tener un nombre en nuestra mente por el que recordarle y llamarle porque toda persona merece y tiene el derecho de tener un nombre que es en cierto modo como reconocer y valorar su dignidad. Cuántas cosas se derivarían de este pensamiento para nuestra relación y nuestro trato con los demás.

Esta imagen aparece también en este domingo para hacernos recordar a aquellos que en nombre del Buen Pastor ejercen esa función de pastores del pueblo de Dios desde una vocación y una llamada especial. Es día de oración en la Iglesia por los pastores del pueblo de Dios, por todos los que ejercen desde una llamada especial del Buen Pastor alguna función pastoral en la Iglesia.

Por eso se convierte también en el día de las vocaciones, que no son solo al sacerdocio – aun con la urgencia que vivimos en nuestros tiempos por la escasez de sacerdotes -, sino a la vida religiosa de especial consagración y a todas esas funciones pastorales que un cristiano puede y tiene que ejercer en medio del pueblo de Dios. Tenemos que orar al dueño de la mies que envíe operarios a su mies para que suscite personas que con valentía respondan a esa especial llamada del Señor.