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lunes, 17 de agosto de 2026

Estabilidad, seguridad, futuro, bienestar, plenitud de vida, ¿dónde lo buscamos? El evangelio nos ayuda a abrir nuevos caminos



 Estabilidad, seguridad, futuro, bienestar, plenitud de vida, ¿dónde lo buscamos? El evangelio nos ayuda a abrir nuevos caminos

Ezequiel 24, 15-24; Dt 32, 18-19. 20. 21; Mateo 19, 16-22

Una quizás de las luchas que mantenemos en la vida es lograr una estabilidad que además nos garantice un futuro, buscamos seguridades que no son solo esos miedos que podamos tener a que nos asalten o nos roben, o pongan en peligro nuestra vida, que también lo buscamos y lo deseamos, pero queremos tener seguridad y estabilidad en nuestros trabajos, en lo que pueda ser nuestro futuro, en lo que podamos ahorrar para el día de mañana, en la familia o en la forma que hayamos escogido para vivir, por tanto aseguramos nos hacemos seguros de vida, o de accidentes por si me puede pasar algo, o buscamos también un seguro frente a la enfermedad. Pero, ¿es solo eso lo que nos va a dar una seguridad y una estabilidad a nuestra vida? ¿Sólo pensamos en esas cosas externas a nosotros, que muchas veces confiamos a instituciones o entidades que se dedican a eso, como lo que da verdadera seguridad a nuestra vida?

Vivimos en un mundo de economía en que todo parece que tiene que girar a ese poder económico que tengamos, vivimos en una sociedad a la que exigimos que esté bien organizada para que teniendo esas seguridades podamos llegar a esa sociedad del bienestar, que queremos que sea como un paraíso, de la que tanto se nos habla en programa sociales y políticos; el mundo que nos rodea está muy lleno de vanidad y de apariencia donde buscamos una preponderancia social, vamos tras unos prestigios que en el fondo lo que queremos es que nos den poder porque de ahí se pueden derivar muchos beneficios incluso en el mundo de la riqueza; y en consecuencia de todo eso comenzamos a hacer distinciones, comenzamos a dejar a un lado del camino aquellos que no nos pueden servir para nuestros intereses, buscamos influir en los demás desde nuestras ideas que muchas veces son nuestros intereses.

¿Estaremos logrando así un verdadero crecimiento humano y espiritual de la persona? Nos puede llevar a tener que hacernos muchas preguntas sobre el sentido que le estamos dando a nuestra vida. ¿Llegaremos a pensar en algo mejor y distinto que nos dé verdadero sentido y plenitud a nuestra vida? Quizás algo tenga que cambiar en nosotros, en nuestros intereses, en nuestras búsquedas. ¿Estaremos queriendo darle una transcendencia distinta a nuestra vida?

Hoy en el evangelio vemos que alguien se acerca a Jesús con preguntas transcendentales. Alguien que era una buena persona y cumplidor, que se ve que en él habían unos sentimientos religiosos que quería vivir con toda intensidad, pero que se encuentra en ese estadio de búsqueda de algo distinto y superior aunque él no sepa bien lo que está buscando, se acerca a Jesús para preguntar qué había de hacer para alcanzar la vida eterna. Se ve que no hablaba de oídas, que no eran esas cosas que en un momento nos ponemos a pensar pero que pronto olvidamos, se ve que era algo que le estaba rondando el corazón y no encontraba respuesta. Por eso se acerca a Jesús.

Y Jesús con una hermosa pedagogía le habla de aquello que toda persona ha de saber y en cierto modo es el guía de su vida; todos tenemos en el corazón unos principios, unos valores fundamentales que nos llevan a una rectitud de vida; en este caso hablando entre judíos que tenían muy claro lo que era de fundamental la ley del Señor, le recuerda los mandamientos. Pero él era un hombre cumplidos, como dijimos, y todo eso lo había cumplido desde que fue educado en su niñez.

Jesús vislumbra que en aquel corazón había posibilidades de cosas más grandes, que podría entender de verdad el sentido del Reino de Dios que venía anunciando, por eso le pide un paso más de generosidad y disponibilidad para encontrar aquello que le dé altura a su vida. ‘Vende lo que tienes y da el dinero a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo’. ¿No hablas tú de alcanzar la vida eterna? Nuestro tesoro no puede quedarse en la tierra y entre nuestras manos, nuestro tesoro tiene que estar bien guardado en el cielo donde los ladrones no lo roban ni la carcoma lo corroe.

Pero aquí se detuvo el camino de este hombre. Era rico y eso de desposeerse de todo era otro cantar. Dar limosna en algunas ocasiones es algo que se puede hacer fácilmente y no voy a encontrar demasiados perjuicios en ello, pero seguiré poseyendo lo mío. Pero Jesús pide un paso más de generosidad y desprendimiento. Y aquel joven que había puesto sus seguridades en sus posesiones se marchó a casa triste y vacío.

Por eso hemos comenzado preguntándonos dónde están nuestras seguridades, donde buscamos nuestro verdadero crecimiento como persona; y con ramajes que se enreden en las materialidades de la vida no podrá haber verdadero crecimiento ni auténtica estabilidad para nuestra vida. ¿Hasta dónde estaremos dispuestos a llegar? Necesitaríamos seguir ahondando en esta reflexión. Dejemos que el Espíritu del Señor nos vaya iluminando.


jueves, 25 de junio de 2026

Dejémonos sorprender y también interrogar por las palabras de Jesús que nos abren a nuevos caminos de vida

 


Dejémonos sorprender y también interrogar por las palabras de Jesús que nos abren a nuevos caminos de vida

2 Reyes 24, 8-17; Salmo 78; Mateo 7, 21-29

La vida nos sorprende a cada paso y tendríamos que reconocer que ahí precisamente está su riqueza, pero quizás esas sorpresas que nos vamos encontrando producen estupor o inquietud, porque nos hacen que tengamos nuevos planteamientos, una nueva visión de la cosas o de lo que sucede, nos haga interrogarnos interiormente por aquello que hacemos y su sentido y valor, nos haga corregir posturas, pero siempre quizás detrás se nos abre una nueva esperanza porque nos hace ver nuevos horizontes. 

No siempre quizás nos consideremos preparados para esa novedad que se nos plantea, porque quizás nos sentimos cómodos con lo que hacemos, nos deja en nuestras rutinas y nos parece que con lo de siempre no necesitamos tanto esfuerzo, que no siempre nos gusta. Si nos ponemos a reflexionar seriamente nos damos cuenta que eso nos sucede en muchos aspectos de la vida.

Así nos sucede con el Evangelio; lo escuchamos pero no siempre quizás dejamos que penetre dentro de nosotros produciéndose revoltura interior porque nos es más cómodo seguir en lo de siempre. Lo escuchamos pero quizás sean palabras que se lleva el viento, no nos detenemos lo suficiente a rumiar, a plantarlo en el corazón. pero tenemos que darnos cuenta de que tenemos que tomárselo en serio.

Hoy al final de este texto que hemos escuchado, vemos que nos dice el evangelista que  ‘la gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como sus escribas’. ¿Quienes son los que sienten admiración? Como en otros lugares del evangelio se nos dice serán los pobres, los humildes, los sencillos los que sentían renacer la esperanza en sus corazones cuando escuchaban a Jesús.

Porque las palabras de Jesús en ese diálogo que sostiene con la gente siembran inquietud, son sorprendentes y están planteando actitudes y posturas nuevas. No nos vale estar diciendo todo el día ‘¡Señor! ¡Señor!’ Es cierto que es un grito de fe y con ello estamos proclamando que Dios es el Señor de nuestra vida a quien acudimos, pero también nos está diciendo Jesús que no solo hemos de decir eso sino que necesitamos ponernos en camino. A Dios lo agradaremos no porque gritemos que creemos en Él, sino porque queremos escucharle y hacer su voluntad. ¿Será esa nuestra manera de hacer nuestra oración a Dios? Pensemos que muchas veces vamos más con nuestra lista de peticiones preparada para despachar con Dios, que con los oídos del corazón abiertos para sentirle y para escucharle. ¿De verdad cuando salimos de nuestra oración salimos llenos de Dios porque nos hemos dejado inundar por su presencia?

Es que nosotros hacemos tantas cosas buenas, nos decimos, porque damos nuestras limosnas, porque vamos a la Iglesia de vez en cuando, porque cumplimos nuestras promesas, porque le llevamos flores a la Virgen… y así nos hacemos muchas consideraciones donde pensamos que ya hacemos lo suficiente.

‘Aquel día muchos dirán: Señor, Señor, ¿no hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos hecho en tu nombre muchos milagros?. Entonces yo les declararé: Nunca os he conocido. Alejaos de mí, los que obran la iniquidad’.

Son fuertes las palabras de Jesús. por eso a continuación nos habla de la casa edificada sobre roca o sobre arena; ¿cuál será la que soportará firme los embates de los temporales? El que escucha las palabras de Jesús y las pone en práctica; no deja que se las lleve el viento, ni se las coman los pajarillos del cielo o se sientan ahogadas por los abrojos, como nos enseñará en otra parábola del evangelio. 

¿Cuál es el camino que nosotros estamos haciendo? ¿Nos dejamos sorprender pero también interrogar por las palabras de Jesús para abrirnos a nuevos caminos? 


lunes, 4 de mayo de 2026

El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él… una nueva y distinta comunión porque nada nos separará del amor de Dios

 


El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él… una nueva y distinta comunión porque nada nos separará del amor de Dios

Hechos 14, 5-18; Salmo 113; Juan 14, 21-26

El que mejor guarda los recuerdos es el amor. Cuando hemos tenido la experiencia de sentirnos amados será algo que nunca se borrará de nuestra vida. Es más la experiencia de amar y ser amado nos llevará a que no queramos separarnos del amado, sino a querer cada día más profundizar en esa comunión de vida nacida del amor. A los amigos les gusta estar juntos, no queremos separarnos de nuestros padres, de nuestra familia porque allí nos sentimos amados, los enamorados buscan ese encuentro, esa relación, esa unidad para que nada los separe. La memoria más grande es la del amor.

Esto es lo que está queriendo expresarnos Jesús; nos pide, es cierto, que tengamos fe en El, pero esa fe va más allá de aceptar unas verdades o dejarme entusiasmar por unas emociones; la fe que nos está pidiendo Jesús tiene que transformarse en amor. Por eso nos dice el que acepta sus mandamientos y los guarda, ese le ama; no es un mero cumplimiento como si fueran simplemente unos protocolos que tuviéramos que cumplir para que todo salga bien. Es algo más hondo, porque todo tiene que nacer de la fe y del amor. No son cumplimientos formales, hacer las cosas porque hay que hacerlas, sino que desde nuestra voluntad más hondo queremos ponernos en su camino.

Y ahora viene lo que a continuación nos dice que es entrar en esa órbita del amor; seguimos a Jesús porque lo amamos, claro que nuestro amor se ve enriquecido por la experiencia que hemos tenido del amor que El nos tiene. Las gentes, como los discípulos, se iban detrás de Jesús porque lo veían en El, lo que le escuchaban les entusiasmaba porque se les abrían nuevos horizontes para sus vidas, comprendían que con aquello que Jesús les proponía un mundo nuevo se abría en sus horizontes, y cuando encontramos a alguien que responde a nuestras expectativas, que pone una nueva esperanza e ilusión en nuestra vida poco a poco, podríamos decirlo así, nos vamos enamorando de El, comienza a actuar el amor en nuestro corazón, y eso se va convirtiendo en seguimiento de Jesús.

Pues ahora viene a decirnos algo maravilloso Jesús. ‘El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él’. Estamos entrando en otra órbita, porque guardamos su Palabra el Padre nos amará, pero más aún, será Dios el que no querrá separarse de nosotros, querrá morar en nosotros. ‘Vendremos a él y haremos morada en él’. ¿Habremos pensado de verdad en lo que esto significa? Vamos a convertirnos en morada de Dios. Es algo maravilloso.

No podemos decir que no lo sabíamos porque desde lo más elemental del catecismo siempre es algo de lo que se nos ha hablado cuando se nos dice que por el Bautismo nos convertimos en morada de Dios y templos del Espíritu. Pero quizás muchas veces se nos queda en unos conceptos que tenemos ahí en la cabeza, pero a lo que no le sacamos el suficiente jugo, no lo reflexionamos todo lo que tendríamos que reflexionarlo, pero aquí lo que hoy claramente Jesús nos dice en el Evangelio. Cómo tenemos que considerar la grandeza de nuestra vida, esa gran dignidad de la que Dios nos ha dotado cuando decimos que somos hijos de Dios, que Dios mora en nosotros.

Y para ello tenemos la garantía del Espíritu. Como nos dice, ‘nos lo enseñará todo’ e irá convirtiéndose en memoria de amor para que nunca lo olvidemos. ¿Será ese el amor con que vivimos y respondemos a nuestra fe que nos lleva a querer vivir profundamente esa unión con Dios?

miércoles, 11 de marzo de 2026

Los mandamientos, nuestra sabiduría e inteligencia, sendas de solidaridad, caminos de humanidad, principios de auténtica justicia, parámetros de autenticidad y sinceridad

 


Los mandamientos, nuestra sabiduría e inteligencia, sendas de solidaridad, caminos de humanidad, principios de auténtica justicia, parámetros de autenticidad y sinceridad

Deuteronomio 4, 1. 5-9; Salmo 147; Mateo 5, 17-19

No sé por qué siempre tenemos en nuestra cabeza la idea de que nosotros hacemos las cosas mejor que los demás, que nuestra manera de hacer las cosas es mejor y estamos más acertados, y viene como consecuencia que en nuestro orgullo llegamos a ponernos por encima de toda norma o regla que nos impone la sociedad, por eso al final terminamos saltándonos todo mandato o mandamiento porque lo vemos obsoleto, una imposición que nos viene de atrás y nosotros lo haríamos mejor. Somos rebeldes y terminamos actuando de una forma anárquica y sin sentido.

Olvidamos el sentido, el valor y la sabiduría contenida en los mandamientos. Ahí, a pesar de esos devaneos medio anarquistas que nos aparecen algunas veces, en lo más hondo de nosotros mismos llevamos grabado lo que llamamos la ley natural que nos hace descubrir verdaderamente lo que es lo bueno y lo que es lo malo, a diferenciar el bien y el mal, a buscar la autenticidad de la vida y lo que nos conduce por caminos de rectitud. Nos podemos sentir influidos por el mal como una tentación, pero en la sinceridad de nuestro corazón sabemos cual es el verdadero camino, donde está la auténtica sabiduría de nuestra vida. Una sabiduría que se ve enriquecida en ese camino que juntos emprendemos y donde aportamos la sabiduría que cada uno llevamos en el corazón.

Sintiendo la revelación del misterio de Dios en nuestra vida llegamos entonces a descubrir lo que es la ley de Dios para nosotros y que no podemos descartar de ninguna manera ni por cualquier motivo, porque tiene una validez eterna y porque ahí se nos manifiesta lo que el Creador ha querido poner en nosotros para engrandecer nuestra dignidad.

Qué hermoso lo que hoy escuchamos en la Palabra de Dios y en primer lugar quiero fijarme en lo que nos dice el Deuteronomio. ‘Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño…  esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos…  dirán: Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación…’ Nuestra sabiduría y nuestra inteligencia, nos dice. Qué hermoso y qué orgulloso tendríamos que estar. Por eso terminaba diciéndonos: ‘ten cuidado y guárdate bien de olvidar las cosas que han visto tus ojos y que no se aparten de tu corazón mientras vivas’.

Por eso Jesús nos dirá en el evangelio que ‘No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley… es lo que nos hará grandes en el Reino de los cielos’.

Corazón agradecido es lo que hemos de manifestar porque Dios así nos hace partícipes de su sabiduría divina que viene a engrandecer el corazón del hombre, nos hace encontrar y respetar nuestra verdadera dignidad. Es el camino de la auténtica felicidad del hombre, porque desde lo más hondo del corazón sentimos cómo hemos de amarnos  y respetarnos.

Es lo que buscan los mandamientos, trazarnos las sendas de la verdadera felicidad en ese respeto mutuo, en esa búsqueda del bien común, en ese saber valorarnos y en ese saber colaborar. Son sendas que nos hacen solidarios, caminos de humanidad, principios de una auténtica justicia, parámetros que nos hacen auténticos y sinceros, que nos alejan de la falsedad y del engaño, que evitan todo lo que pueda ser daño de la dignidad de toda persona, donde ponemos como centro y motivo el amor porque aprendemos del amor de Dios.

Arranquemos de nosotros esa autosuficiencia y ese orgullo que destruye la auténtica sabiduría de nuestro corazón. Tengamos la humildad de dejarnos guiar y conducir caminando por esas sendas iluminadas con la luz del Espíritu divino. Mucho tenemos que revisar en este camino cuaresmal y una cosa importante sería el ver cual es la valoración que nosotros hacemos en nuestra vida de los mandamientos del Señor. Tenemos que mirarnos con sinceridad para darnos cuenta de esa dejadez y superficialidad de la que tantas veces nos envolvemos. Pidamos al Espíritu divino que nos ilumine para saber valorar y llevar a la práctica de nuestra vida la sabiduría de los mandamientos del Señor.


viernes, 27 de febrero de 2026

Los mandamientos del Señor no se quedan en palabras solemnes sino que abarcan la cotidianidad de nuestra vida hasta en sus más pequeños detalles

 


Los mandamientos del Señor no se quedan en palabras solemnes sino que abarcan la cotidianidad de nuestra vida hasta en sus más pequeños detalles

Ezequiel 18, 21-28; Salmo 129; Mateo 5, 20-26

El decir o proclamar los mandamientos algunas veces nos suena a solemnidad mayor, palabras solemnes y categóricas que nos definen grandes principios que se convierten en norma y ley de nuestra vida; algunas veces nos puede parecer que por esa solemnidad están por encima de todo y de nosotros mismos, de manera que nos pueden parecer lejanas de la realidad de las cosas pequeñas y ordinarias de cada día. Es cierto que tenemos que proclamarlos con cierta solemnidad porque nos decimos que es la ley del Señor, son las pautas fundamentales que Dios nos ha dado para el camino de nuestra vida pero tenemos que reconocer que están constituidos por pequeños detalles que marcan los pasos diarios que en nuestra vida hemos de ir dando.

No nos quedamos en la solemnidad, por ejemplo, de un ‘no matarás’ sino que nos está señalando esos pasos de encuentro o desencuentro que cada día vamos teniendo en el camino de nuestra vida y señalando hasta esos pequeños detalles donde vamos a manifestar el amor que tengamos o no a los que están a nuestro lado. Es lo que nos va contraponiendo hoy Jesús en este pasaje del evangelio y en todo el conjunto del sermón del monte que ha comenzado precisamente con la descripción de las bienaventuranzas.

Las palabras de Jesús entran en detalle en ese camino del día a día, no se quedan en el derramar la sangre del hermano porque le arranquemos la vida, sino en todo aquello que puede mermar nuestra buena relación con los demás. Surge así el reconsiderar las palabras, por ejemplo, con que nos dirigimos a los demás donde puede aparecer el desprecio o la discriminación, el valorar o el querer anular los valores o las cosas buenas que hagan los demás, el respeto que nos lleva a la cercanía pero también a la concordancia de los corazones, la actitud de comprensión que podamos tener con los demás para ser generosos en ese perdón que ofrecemos como mano que ayuda a levantar al caído, porque todos además podemos tener también los mismos tropiezos y querríamos tener también la comprensión y el perdón de los demás.

No nos vale una vida de apariencias si no hay autenticidad y sinceridad en nuestras vidas, siendo capaces de quitarnos esas máscaras de hipocresía con que tantas veces cubrimos nuestras incongruencias y nuestras debilidades. Camino de respeto y comprensión que nos ha de impulsar a valorar los esfuerzos que cada uno realiza en su momento por superarse y que nos impide marcar con el sambenito de los errores pasados una vida que quiere reconstituirse y rehacerse. Tropezamos muchas veces en la vida pero todos tenemos el derecho y al mismo tiempo también el deber de querer levantarnos, de rehacer nuestra vida, de comenzar a hacer nuevos caminos. Y eso que es posible en nosotros también hemos de ser capaces de contemplarlo en los demás y valorar el esfuerzo de recuperación que quieren hacer.

Por eso la reconciliación es algo que siempre tiene que estar presente en nuestra manera de actuar, es lo que tenemos que buscar cuando sabemos que hemos tropezado y alguien puede tener quejas contra nosotros, pero es también lo que estaremos dispuestos a ofrecer cuando el otro se acerca con verdad y humildad a reconocer sus errores; todos podemos levantarnos, a todos hemos de dar el derecho de que se puedan levantar.

Una cosa que no tendríamos que permitirnos en la vida es querer seguir manteniendo las distancias y abismos que un día creamos con nuestros errores sino que siempre tenemos que saber ir tendiendo puentes de acercamiento y rellenando con la generosidad de nuestro amor esos abismos que hemos ahondado entre nosotros. Si vuestra justicia no está por encima de esas sombras que tantas veces oscurecen nuestra vida, no seremos merecedores del Reino de los cielos.

lunes, 18 de agosto de 2025

Jesús nos mira a los ojos, a lo más profundo de nosotros mismos y nos invita a que demos el paso que nos llena por dentro, que nos lleva a la plenitud de la vida

 


Jesús nos mira a los ojos, a lo más profundo de nosotros mismos y nos invita a que demos el paso que nos llena por dentro, que nos lleva a la plenitud de la vida

Jueces 2,11-19; Salmo 105; Mateo 19,16-22

Andamos por la vida en una carrera loca queriendo ser más, queriendo tener unos medios en nuestras manos que nos ayuden a vivir bien, en nuestra locura nos afanamos por tener más y ansiamos tener los medios que sean para vivir mejor, tener de todo, lo que llamamos disfrutar de la vida, buscamos mejores puestos, que nos consideren alguien importante en la vida, buscar las mejores satisfacciones, pero quizás en un momento nos detenemos, paramos esa carrera, porque aunque tengamos de todo, poder e influencia incluso, sin embargo quizás nos sentimos insatisfechos, como si estuviéramos vacíos y nos preguntamos quizás qué más podemos hacer, que tendríamos que hacer para sentirnos llenos de verdad.

¿Nos habrá pasado a nosotros? ¿Alguna vez habremos sentido un revulsivo por dentro que nos hacía hacernos preguntas sobre nuestra vida, lo que hacemos y lo que somos, o las metas que tendríamos que tener? ¿Vivimos quizá en la inconsciencia de solamente dejarnos arrastrar por la vida, lo que palpamos en nuestro ambiente, lo que son las aspiraciones de la mayoría? ¿Nos habremos encontrado en alguna ocasión con personas que se hacen esos planteamientos porque se sienten vacías? Alguna confidencia de un amigo o de alguien que encontró confianza en nosotros hayamos podido quizás encontrar. ¿Habremos sabido darle respuesta? No es fácil.

En el evangelio hoy nos encontramos con un caso así. Un joven que se acerca a Jesús para hacerle una pregunta que para él considera importante y no sabe cómo darle respuesta. Ya nos dirá luego el evangelista al continuar el relato que era rico. Habrá escuchado en alguna ocasión hablar a Jesús o visto su forma de actuar que le hizo sentir interrogantes en su corazón. No se siente satisfecho con su vida a pesar que tiene de todo e incluso por lo que luego vamos viendo también una buena educación. Pero sabe que le falta algo. ¿Qué tiene que hacer? ¿Será algo que de alguna manera pueda comprar con los medios y riquezas que posee?

También nosotros muchas veces pretendemos solucionarlo todo comprando cosas que hacer. Algunos regalos que hacemos ¿en cierto modo no tienen en el fondo esa finalidad? Pasa en nuestras mutuas relaciones, pero pasa en algo más hondo en nuestra relación con la Iglesia y con las cosas de Dios; con dinero parece que lo solucionamos todo, hasta la vida eterna de nuestros difuntos, cuántas más misas paguemos parece que nuestros dineros sirven de llave para que se abran las puertas del cielo.

Pero las medidas de Jesús son otras. Hay cosas que no se pueden comprar con dinero. Lo que viene planteando este joven rico tiene otros caminos de solución. Es una vida que hay que vivir, por eso le dice Jesús que cumpla los mandamientos. Los mandamientos no son simplemente unas reglas o unos protocolos que hay que seguir, los mandamientos nos dan un sentido de la vida que va a ser la base de ese crecimiento como personas y de ese crecimiento humano y espiritual. No son cosas para rellenar una casilla.

Claro que este joven era bueno, en eso había sido educado y como dice él los ha cumplido desde su niñez. Entonces Jesús mirándole a los ojos con cariño le dice que ha de dar un paso más en su vida, ha de saber despojarse de las cosas para llenar su vida de lo que verdad vale. Por eso le pide que se desprenda de lo que tiene, que comparta todo con los que nada tienen, aunque él se quede desnudo externamente de esas riquezas y de esas vanidades externas que parece que eran lo que le hacía poderoso, se verá en verdad lleno por dentro, como le dice Jesús, tendrá un tesoro en el cielo.

Podía parecerle fácil la solución que él pedía, que era algo así como comprar la vida eterna haciendo algunas cosas, pero Jesús le está diciendo que encontrar el camino de la vida eterna es vivir ahora en ese sentido de vida. No podrá dar ese paso, porque aun su corazón no está preparado para desprenderse de todo y se marchó triste.

¿Hasta dónde seremos capaces de llegar nosotros? Son preguntas que tenemos que hacernos, son procesos de nuestra vida  para encontrar lo que de verdad nos llene, lo que dé sentido de plenitud a nuestra vida. El evangelio nos va señalando los pasos que cada día hemos de ir dando. Jesús nos está mirando a los ojos y esperando nuestra respuesta.


domingo, 13 de octubre de 2024

Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría, verdadera riqueza de la vida, que se verá llena de alegría y júbilo

 


Supliqué y me fue dada la prudencia, invoqué y vino a mí el espíritu de sabiduría, verdadera riqueza de la vida, que se verá llena de alegría y júbilo

Sabiduría 7, 7-11; Sal. 89; Hebreos 4, 12-13; Marcos 10, 17-30

Saber discernir en el momento oportuno la decisión que se debe tomar es un valor importante en la vida, es haber descubierto la verdadera sabiduría de la vida; algo que no siempre logramos con la facilidad deseada, algo que iremos consiguiendo desde un aprendizaje de la misma vida que nos va haciendo madurar, encontrarnos con nosotros mismos y lo que verdaderamente nos va a engrandecer; algo que vamos recibiendo, como decíamos, desde esa experiencia de la vida que también nos hace aprender de los que están a nuestro lado; algo que es lo que realmente nos da profundidad y al mismo tiempo nos eleva a una cota del espíritu por encima de lo material, por encima de otras ambiciones como el poder o la vanidad que pudieran irnos apareciendo en la vida; algo, decimos en nuestra fe, que nos acerca a Dios, nos hace participar de ese espíritu y sabiduría de Dios.

¿Buscamos o anhelamos esa sabiduría como la mejor riqueza que podamos alcanzar? Me atrevo a considerar que de alguna manera es lo que aquel joven – casi siempre al comentar este texto del evangelio pensamos en un joven, aunque podríamos decir que es quien tiene un espíritu joven a pesar de los años – estaba buscando con aquella pregunta que le hace a Jesús.

Dice el evangelista que ‘cuando Jesús salía al camino se le acercó uno corriendo, que se postró y le pregunto: ¿Qué haré para heredar la vida eterna?’ ¿Qué haré para encontrar esa sabiduría de la vida?, nos atrevemos a traducir de alguna manera. Podíamos decir que en la respuesta Jesús le está dando la pauta de esos pasos que hemos de ir dando. Sé fiel a ti mismo y a lo que son los principios fundamentales de la vida, ‘cumple los mandamientos’, le dice Jesús.

Es como vamos aprendiendo, desde esos pequeños pasos, que podríamos decir, porque los mandamientos no son otra cosa que la pauta que nos ha trazado Dios para que encontremos y le demos el mejor sentido a nuestra vida. ¿Qué nos piden sino el buscar lo que verdaderamente es importante en la vida? ¿Qué nos piden sino ese respeto y valoración de los demás a los que siempre hemos de hacer el bien y nunca el mal? Fijémonos en el sentido de cada uno de los preceptos y lo entenderemos, no viéndolo como unas prohibiciones sino como un camino que nos lleva siempre recto a lo mejor. Aquel joven había hecho ese camino, cumplía los mandamientos.

Jesús propone un paso más tratando de descubrir el verdadero valor de lo que somos y de lo que tenemos. No podemos encerrarnos en nosotros ni poner como centro de nuestra vida eso que tenemos en las manos. Es necesario romper ese circulo que nos encierra para abrir con generosidad a los demás y así nos sentiremos liberados en lo más hondo de nosotros mismos. Y nos habla Jesús de desprendimiento y de generosidad en el compartir y en el ser para los demás. Descubriremos el verdadero valor de nuestro yo y nuestra vida, como de todo lo que tenemos, estaremos encontrando esa verdadera sabiduría de la vida.

Eso es lo que verdaderamente nos hace grandes. ¿A quienes son los que nosotros en la vida más valoramos? ¿A los que se presentan ante nosotros con toda la prepotencia de sus riquezas o de su poder? Es cierto que a veces nos aparecen esas tentaciones de prepotencia y de poder en nuestro corazón, pero cuando nos sentimos mejor a gusto con alguien es con quien es sencillo y humilde, con quien es generoso y sabe acercarse con el corazón en la mano a los demás. Es el desprendimiento que nos está pidiendo Jesús. Ese es nuestro verdadero tesoro para el cielo; ahí está nuestra verdadera sabiduría.

Por eso seguirá diciendo Jesús ante el estupor de los discípulos que no siempre terminan de entenderlo bien lo difícil que le es a los ricos entrar en el reino de los cielos. Más fácil entrar un camello por el ojo de una aguja, y ya sabemos cómo tenemos que interpretarlo. Con los apegos del corazón engordando nuestra vida no se nos hará fácil el camino sino que todo van a ser a la larga obstáculos y dificultades, como el camello excesivamente cargado que no podía entrar por las puertas estrechas de la muralla de la ciudad que precisamente llamaban agujas.

Y ante el comentario que se hacen los apóstoles que ellos ya un día lo habían dejado todo para seguir a Jesús, les viene a decir que el bien que vamos haciendo siempre se multiplica sobre si mismo. Como dice, nada quedará sin recompensa. Sé generoso y despréndete de eso que tienes porque lo compartes con los demás, y nunca te va a faltar.

Esa generosidad que derrochas con tu vida un día se va a multiplicar en bendiciones sobre ti, y con esa misma generosidad vas a recibir también del amor de los demás. El bien es expansivo y contagioso, siempre nos vamos a encontrar quien contagiado de esa bondad lo va a ser igualmente contigo. Y Dios además no se deja ganar en generosidad, El que siempre es compasivo y misericordioso.

lunes, 19 de agosto de 2024

A nosotros nos toca seguirle, liberados de pesos muertos, porque así es la ascensión de nuestra vida cristiana

 


A nosotros nos toca seguirle, liberados de pesos muertos, porque así es la ascensión de nuestra vida cristiana

Ezequiel 24, 15-24; Dt 32, 18-19. 20. 21; Mateo 19, 16-22

Nos la damos de generosos pero siempre andamos buscando reglas y medidas para ver hasta donde tengo que llegar, pero sin sobrepasarme, para dar por cumplidos esos protocolos que me pondrían ya en la lista de las personas buenas. Sí, porque no necesitamos hacer más de lo mínimo que se me exige, porque yo tampoco quiero ir de ‘superhombre’, con que me quede dentro de los límites me contento. Porque, bueno, yo ya cumplo.

¿Serán esos los raquitismos con que andamos por la vida? Aunque nos demos de generosos y cumplidores. ¿Es esa la medida de la intensidad con que vivimos nuestra vida cristiana? Cuántas veces habremos estado contando los rosarios que hemos rezado, o las veces que hemos venido a la Iglesia, quizás aun sigamos sintiendo pesar en el corazón porque un día nos propasamos a la hora de dar una limosna. No estoy exagerando, porque son pensamientos y tentaciones que nos asaltan, son cosas que también he escuchado muchas veces. Es lo que realmente le está planteando aquel joven a Jesús.

Parecía venir con buenas intenciones y no lo dudamos; parecía ser una persona buena y con inquietud, y ahí estaban esos deseos de vida eterna; no era de los que habían vivido una vida desordenada, porque había sido muy cumplidor, nos dice que él desde su niñez siempre ha cumplido los mandamientos. Y podemos ver la mirada de Jesús hacia aquel joven que prometía luchar por altas metas en su vida.

Pero el camino es una ascensión continua que no puede detenerse. Jesús ve en aquel joven posibilidades de cosas grandes. Tras ese primer diálogo donde se va viendo esa buena actitud en principio de aquel joven, Jesús propone algo más. La ascensión no se debería detener. Las reglas y medidas han de romperse y saltar por los aires cuando hay algo mejor. Nosotros también tenemos miedo muchas veces, si acaso el paso siguiente que vamos a dar nos va a comprometer mucho, y ya nos ponemos a ver hasta donde podemos llegar, cuanto podemos dar de nosotros mismos. Porque, claro, siempre habría que reservarse algo para uno mismo, por si acaso un día faltara, por si acaso se pueden volver las tornas y al final nos vamos a quedar ‘compuestos y sin novia’, como dice el refrán.

‘¿Qué me falta?’ se sigue preguntando el joven. ‘Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo— y luego ven y sígueme’, le dice Jesús.

Así en directo, como quiere hablarnos Jesús al corazón. Ya no es ver hasta donde llego, cuanto me queda para mí, lo de ser previsor por lo que pueda pasar. Ahora se trata de todo. Ya no son cumplimientos, ya no son cosas que vamos acumulando para irnos haciendo una reserva allá en el cielo. ‘Vende tus bienes, da el dinero a los pobres y luego ven y sígueme’.

Ya nos dirá en otro momento que el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar su cabeza, ya nos dice que no podemos andar mirando atrás lo que hemos dejado dejando que salgan a flote de nuevo las añoranzas de lo que tuvimos o de lo que vivimos, ya nos dice que su camino es un camino de vida y no de muerte, aunque tengamos que morir a nosotros mismos, ya nos dirá que no vamos buscando prebendas como los poderosos de este mundo para sentarnos por encima de todos, ya nos dirá que tenemos que hacernos los últimos y los servidores de todos. Y aquí no caben reglas, ni medidas, ni protocolos que cumplir; aquí se trata de una vida que dar, como lo hizo El que va delante de nosotros.

A nosotros nos toca seguirle, pero liberados de pesos muertos, porque con esos apegos que nos arrastran no podemos hacer camino de ascensión. Para subir a la montaña de la Pascua tenemos que estar liberados de todo. ‘Tú, ven y sígueme’. Es el camino que nos hace cristianos de verdad identificándonos del todo con Cristo.

 

martes, 25 de junio de 2024

La puerta que se abre para el camino de la vida, los mandamientos, tiene el ancho suficiente para que todos vivamos cada día con mayor dignidad

 


La puerta que se abre para el camino de la vida, los mandamientos, tiene el ancho suficiente para que todos vivamos cada día con mayor dignidad

2 Reyes 19, 9b-11. 14-21. 31-35a. 36; Salmo 47; Mateo 7, 6. 12-14

Me vino a la mente una cosa que siempre escuché, ‘cria cuervos y te sacarán los ojos’. ¿Qué es lo que estamos criando? ¿Qué es lo que estamos plantando? Nos vale para todos los aspectos, para todas las situaciones de la vida. Ya sea en nuestra propia vida personal, la metas que nos proponemos, las cosas que nos gusta hacer, o aquellas cosas por las que nos dejamos arrastrar, cuando no sabemos tener la suficiente fortaleza para decirnos no en cosas que apetecemos y de las que finalmente nos convertimos en esclavos; cuantas malas costumbres que tenemos en la vida, que comenzaron porque simplemente nos dejamos llevar por la rutina, por la desgana, por la ley del mínimo esfuerzo, y al final caímos en sus redes, y nos convertimos en dependientes de esos malos hábitos, convirtiéndose en vicios o esclavitudes de la vida.

Es con lo que nos encontramos en el ámbito de la educación, sea quien sea a quien le corresponda; no forjamos el carácter de la personas, no fortalecemos la voluntad aprendiendo a discernir con claridad para tomar decisiones, en las que también tenemos que aprender a decir no; vamos por un camino de permisividad en todo, donde todo parece que es bueno y todo podemos permitírnoslo; permitimos hoy cosas que nos parecen de poca importancia, pero no hemos fortalecido las voluntades, no enseñamos que hemos de tener unas normas de conducta y de comportamiento, no solo desde un punto de vista moral, sino como ciudadanos y miembros de una sociedad en la que vivimos.

Nos quejamos de libertinajes y no se cuantas cosas, pero  hemos enseñado a cumplir unas reglas que vienen a facilitar la convivencia en la sociedad, y que nos vienen a enseñar a tener voluntad para saber escoger lo mejor, aunque no sea lo más fácil. ¿Qué sociedad estamos creando que al final nos sacarán los ojos?

Así podríamos pensar en muchas cosas, que tienen que darnos criterios claros y firmes para nuestro comportamiento, para vivir con mayor y mejor dignidad. Porque eso tenemos que saber buscar, en eso hemos de saber crecer, en esto tenemos que saber madurar.

‘No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros’, nos dice hoy Jesús en el texto del evangelio. Y hemos de saber interpretarlo bien y entenderlo. Y nos hace pensar en la dignidad de nuestra propia vida que hemos de cuidar, pero en lo que tenemos que saber crecer como personas. Es mi propia dignidad, pero es también la dignidad de los demás, que también tengo que saber apreciar, valor, tener en cuenta, respetar.

Por eso seguirá dándonos pautas Jesús de cómo hemos de saber tratarnos los unos a los otros, porque no vamos a exigir para nosotros lo que no somos capaces de dar o de ofrecer a los demás. Para que respeten tu dignidad comienza tú respetando la dignidad de los demás. ‘Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas’, termina diciéndonos Jesús.

¿Qué es lo que realmente nos están enseñando los mandamientos del Señor? Los vemos muchas veces como cargas pesadas, como si todo fueran prohibiciones que nos vinieran a coartar nuestra libertad – cuantas cosas en este sentido tenemos que escuchar – pero nos olvidamos que lo que nos están enseñando es a respetar a los demás, a valorar a las otras personas, porque así lograremos nuestro propio respeto y nuestra propia dignidad.

Como decimos tantas veces nos puede parecer puerta estrecha, porque queríamos la amplitud de hacer lo que nos apetezca – y ya veíamos en qué terminamos – pero no nos damos cuenta de que tiene el ancho suficiente para que pasemos por ella con dignidad; cuando nos recargamos de caprichos, de dependencias, de esclavitudes, por muy ancha que sea la puerta nunca podremos pasar, porque siempre queremos más. Tiene el ancho necesario para mantener la dignidad de toda persona, porque el amor suavizará tantas aristas de nuestra vida y facilitará el verdadero camino que hemos de tomar.

miércoles, 12 de junio de 2024

Amar no es una cosa cualquiera, es algo profundo que nos transforma desde dentro, no es simplemente hacer cosas buenas, en el amor encontraremos la plenitud de nuestro ser

 


Amar no es una cosa cualquiera, es algo profundo que nos transforma desde dentro, no es simplemente hacer cosas buenas, en el amor encontraremos la plenitud de nuestro ser

1 Reyes 18, 20-39; Salmo 15; Mateo 5, 17-19

Bueno, yo trato de ser bueno con todo el mundo, intento no molestar ni ofender a nadie, soy amigo de mis amigos y ayudo a los que me ayudan, pero que no se metan conmigo, que yo tampoco me meto con nadie, no necesita más, ni tanto rezo, ni tanta Iglesia, que para ser bueno no necesita más.

Así piensan algunos y actúan en consecuencia y por supuesto respetamos y valoramos la congruencia que pueda haber en sus vidas, así sentimos en ocasiones la tentación de pensar y de actuar nosotros también, porque quizás la vida nos haya quemado mucho, porque no hemos encontrado las satisfacciones que nosotros queríamos, porque quizá un día recibimos un palo de donde menos esperábamos y nos sentimos defraudados, pero ¿realmente nos podemos quedar satisfechos de un actuar así, de esa manera?

Algunas veces nos volvemos medio anarquistas y quisiéramos quitar todo lo que suene a mandato, que cada uno actúe, decimos, según su conciencia, que no necesitamos mandamientos ni reglas, y estaríamos incluso dispuestos a hacer una revolución en ese sentido. Nos sucede hoy, pero han sido cosas que han sucedido en todos los tiempos. En cierto modo añoramos revoluciones que todo lo cambien, que eliminen todo lo del pasado y que comencemos de nuevo y de cero. ¿No será algo de esto también lo que estamos viendo en nuestra sociedad hoy con movimientos que decimos nuevos que surgen, pero que son tan antiguos como toda la historia de la humanidad?

Algunos también cuando Jesús comenzó a predicar por Galilea y hablaba de algo nuevo cuando hablaba del Reino de Dios, quizás de alguna manera estaban pensando en una revoluciona si. Había entonces también ciertos movimientos de resistencia, de renovación, de deseos de cambio, que en cierto modo lo concretaban algunos sectores en una liberación de Israel de yugos extranjeros que consideraban opresores. ¿Se habrían imaginado que Jesús iba por esos caminos? Algunas inquietudes en ciertos sectores iban apareciendo en quienes de entrada rechazaban a Jesús.

Pero hoy vemos que Jesús habla claro. Estamos en lo que llamamos el sermón del monte, por el lugar en que sitúa Mateo estas palabras de Jesús que vienen a ser como un resumen de lo que El venía a enseñarnos lo que era el Reino de Dios que anunciaba. Era la Buena Noticia que había que aceptar y creer en ella, y para lo que se necesitaba también una renovación profunda del corazón; por eso hablaba Jesús de conversión.

Y Jesús nos habla de que El no viene a anular la ley, sino a darle plenitud. Como decíamos antes queremos quitar de en medio todo lo que signifique mandato, mandamiento, reglas de vida, porque pensamos que todo eso coarta nuestra libertad; claro consideramos que libertad es hacer lo que a cada uno le de la gana. Pero Jesús viene a decirnos que lo que tenemos que hacer es encontrar el sentido de esos mandamientos; como nos dice El, que le demos plenitud, que le demos sentido, que le demos hondura a la vida.

No se trata de que vayamos como corderitos cumpliendo a la letra lo que son las normas, si para nosotros no tienen sentido; entonces sí que estaríamos siendo de alguna manera esclavos de la letra. Jesús quiere que le demos plenitud, que encontremos de verdad el sentido de todas las cosas. ‘No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley’.

Es el verdadero camino que hemos de hacer. Y Jesús vendrá a decirnos a lo largo de todo este sermón de la montaña que será el amor en lo que encontremos esa plenitud, pero eso nos dirá al final que es su único mandamiento. Pero amar no es una cosa cualquiera; amar es algo profundo que nos transforma desde dentro; amar no es simplemente hacer cosas buenas, sino que Jesús nos irá hablando de la amplitud de todo lo que significa ese amar. Ya lo iremos escuchando.

¿Cuál es la postura que allá en lo más hondo de nosotros mismos tenemos ante los mandamientos del Señor?

lunes, 27 de mayo de 2024

Pensemos cuales serán todas esas cosas que cargamos sobre las chepas del camello que nos impedirán entrar por las puertas estrechas de la ciudad de la vida eterna

 


Pensemos cuales serán todas esas cosas que cargamos sobre las chepas del camello que nos impedirán entrar por las puertas estrechas de la ciudad de la vida eterna

1Pedro 1, 3-9; Salmo 110; Marcos 10, 17-27

Una página del evangelio llena de matices y de detalles, de gestos y de exigencias, porque los matices no son como suele suceder quizás en algunos cuadros para suavizar lo que se nos quiere mostrar, sino todo lo contrario para mostrarlos la radicalidad del mensaje.

Nos habla de carreras entusiastas, nos habla de miradas que se entrecruzan, nos habla de situaciones en cierto modo de frustración, nos habla de imágenes que parecen imposibles como el camello pasando por el ojo de una aguja; seguramente más de uno habrá recordado lo que le ha costado enhebrar una aguja cuando quería coser un roto y se ha visto a si mismo en ese intento de atravesar el ojo de la aguja.

Un joven que se acerca entusiasmado porque le parece que ha encontrado lo que ha sido el sueño de su vida; en su piedad y en su vida religiosa habrá escuchado algo referente a lo que es la salvación y ahora Jesús le da la oportunidad de poder saber cual es el camino para alcanzarla. Y aparece una primera mirada, en este caso de Jesús, de acogida y satisfacción por los deseos de aquel joven que quieren expresar que la semilla que ha ido sembrando puede haber encontrado buena tierra. Pero las metas de Jesús nunca son cortas; no se trata solo de los cumplimientos elementales de lo que son los mandamientos de Dios; el que quiere aspirar algo, como lo parece aquel joven, tiene que extender su mirada más allá, y eso ha de pasar por un desprendimiento radical. ‘Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme’. Los ánimos y entusiasmos del principio parecen que han encontrado una pared enfrente, porque todo se desinfla y cae como un globo que no tiene aire. Ahora es el joven el que ‘se marcha pesaroso porque, como dice el evangelista, era muy rico’.

Es cuando sentencia Jesús, para que sus discípulos comprendan. ‘¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!’Será algo que los discípulos no van a entender, como, reconozcámoslo, a nosotros también nos cuesta entender cuando todo lo pretendemos comprar con dinero. Muchos errores hemos tenido en la historia de la Iglesia en este sentido, cuando quizás pensábamos que por pagar unas limosnas ya estábamos exentos de la penitencia que habíamos de hacer por nuestros pecados; la intención de la Iglesia quizás era promover el compartir, pero la imagen que quedó era que comprando una bula podíamos comer carne los viernes.

Quizás eso puede sonar a anécdota de otros tiempos y quizás así tendríamos que tomárnoslo, pero sí seguimos pensando que porque regalemos cosas hermosas que adornen nuestros templos ya tenemos abiertas las puertas del cielo, mientras no somos capaces de compartir con el que está a nuestro lado con necesidad. Y de esto mucho tendríamos que contar.

Los apegos no nos dejan pasar por las puertas estrechas y ya nos dice el evangelio en otra ocasión que estrecha es la puerta que nos conduce a la vida eterna, ancha la que nos conduce a la perdición. Analicemos y pensemos como tantos apegos que podamos tener en nuestra vida crean un vacío a nuestro alrededor que nos impiden acercarnos de verdad a los hermanos que están a nuestro lado; cómo vamos llenando nuestra vida de cosas y de caprichos que no dejan entrar a nadie en nuestro corazón, esas cosas de los que somos esclavos casi sin darnos cuenta que lo somos, pero pensemos de cuantas cosas no seríamos capaces de desprendernos nunca.

Ahí tenemos toda esa serie de cachivaches electrónicos de los que vamos rodeando nuestra vida y sin los que nos parece que no podemos vivir. Creo que todos entendemos sin necesidad de mencionar más. Cosas es cierto que pueden tener buena utilidad pero que las llenamos de vicio cuando las convertimos en insustituibles de nuestra vida, y preferimos estar hablando con alguien que está a miles de kilómetros de distancia, pero no somos capaces de dejar el móvil a un lado para hablar con quien tenemos delante de nosotros.

¿No serán todas esas cosas que cargamos sobre las chepas del camello que le impedirán entrar por las puertas estrechas de la ciudad?


sábado, 11 de mayo de 2024

Jesús está desparramando toda la ternura de su corazón con nosotros. ¿Cómo no amarle y querer en verdad seguir su camino?

 


Jesús está desparramando toda la ternura de su corazón con nosotros. ¿Cómo no amarle y querer en verdad seguir su camino?

Hechos de los apóstoles 18, 23-28; Salmo 46; Juan 16, 23b-28

Si vamos a intentar conseguir algo con el aval de alguien que consideramos importante e influyente, justo es que no nos presentemos con esos avales mientras por detrás la hacemos la guerra, o estamos en contra en sus proyectos, por ejemplo, de quien es nuestro avalista. Si vamos con ese respaldo, pero también con la sinceridad y la rectitud de nuestra vida en consonancia con tal persona, seguro que conseguiremos todo lo que deseamos.

Hoy Jesús en el evangelio se pone como avalista nuestro en las peticiones que hagamos a Dios. Incluso insiste en que tengamos la confianza, que vayamos sin miedo, porque siendo sus discípulos el Padre nos va a conceder todo cuanto le pidamos. Incluso nos dice que no será necesario siquiera que El pida por nosotros. Es muy importante lo que nos está diciendo Jesús, es importante que lo tengamos en cuenta, es importante que ganemos esa confianza y seguridad, de que Dios siempre nos escucha. Pero lo tenemos que hacer en nombre de Jesús.

¿Qué significa eso de que lo hagamos en nombre de Jesús? Es fácil decir yo vengo en nombre de… y ponemos por así decirlo por testigo a esa persona de quienes somos y de lo que es nuestra vida. Pero, ¿en verdad estaremos siendo consecuentes con esa representación que nos atribuimos? ‘El que me ama guardará mi palabra’, le hemos escuchado decir a Jesús en estos días. Amar, guardar su palabra. O sea, que no son solo palabras que nosotros digamos, son palabras que nosotros realizamos en nuestra vida, que las palabras de Jesús son en verdad la norma de nuestra vida, el actuar de nuestra vida, nuestra manera de vivir.  De lo contrario parece que estaríamos tirando piedras sobre nuestro propio tejado.

Es importante la rectitud con que vivamos nuestra vida, es importante la congruencia de lo que decimos creer y lo que luego realmente hacemos en nuestra vida. Por eso es importante lo de que guardamos su palabra, que vamos realizando en nosotros lo que es la enseñanza de Jesús, que vamos haciendo vida en nosotros los valores que nos enseña Jesús en el evangelio, que aquello que decimos en el padrenuestro de ‘hagase su voluntad así en la tierra como en el cielo’, es que es lo que nosotros queremos hacer, la voluntad de Dios. Es la forma cómo podemos decir que nosotros amamos a Dios. Y hacer la voluntad de Dios es entrar en toda esa dinámica del amor que nos enseña el evangelio.

Estamos ya en la víspera de la Ascensión, que mañana celebraremos, y vemos ahí el cumplimiento de las palabras de Jesús. ‘Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre’. Pero nos ha dejado un grande descubrimiento, que Dios es nuestro Padre, que Dios nos ama. Y si Jesús vuelve al Padre con El nosotros también seremos llevados de vuelta al Padre. Ya nos decía que va a prepararnos sitio porque donde está El quiere que estemos nosotros también. Es hermosa la ternura con que nos está hablando Jesús.  ‘El Padre mismo os quiere, porque vosotros me queréis y creéis que yo salí de Dios’.

¿Queremos algo más? Jesús está desparramando su corazón con nosotros. ¿Cómo no amarle y querer en verdad seguir su camino?

miércoles, 6 de marzo de 2024

Un acicate y un reto para ahondar más en nuestra fe, en el conocimiento de Dios y su voluntad, para profundizar en el evangelio y querer hacer un camino de vida cristiana

 


Un acicate y un reto para ahondar más en nuestra fe, en el conocimiento de Dios y su voluntad, para profundizar en el evangelio y  querer hacer un camino de vida cristiana

Deuteronomio 4, 1. 5-9; Salmo 147; Mateo 5, 17-19

Bien sabemos con cuanta facilidad pueden aflorar en nosotros unas raicillas de rebeldía que poco menos quieren hacer de nosotros unas gentes sin ley porque nos queremos quitar de encima todas las normas y leyes que nos pensamos que nos oprimen y nos quitan la libertad. Pueden ser raicillas personales, pero también constatamos que son movimientos que se suceden en nuestra sociedad en la que todo se quiere cambiar, y para eso lo primero que hacemos es anular normas y leyes con el señuelo de la libertad en que cada uno tenemos el derecho de hacer de nuestra vida lo que queramos; pero también somos conscientes que muchas veces no es anular sino sustituir por cosas caprichosas desde ideologías particulares y que tratan de imponer sea como sea a los demás y creo que al final estaremos cayendo en peor esclavitud, porque no entra la razón sino el capricho personal, el hacerme yo notar y finalmente crear peor desestabilidad.

Hoy nos ofrece el evangelio y la palabra de Dios que se nos proclama en todo su conjunto unos textos maravillosos que nos hablan de vida y de sabiduría que en el fondo vienen a engrandecer a la persona porque quien se deja conducir por los mandamientos del Señor siempre estará buscando el bien, siempre caminará por caminos de respeto y de valoración, y estará dándonos en lo más hondo de nosotros mismos la libertad más verdadera y que más nos engrandece.

Ya le decía Dios a su pueblo a través de las enseñanzas de Moisés que quien escucha los mandamientos del Señor y los cumple tendrá vida y encontrarán la verdadera sabiduría. Merece la pena detenerse a leer con atención este texto del Deuteronomio. ‘Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os enseño para que, cumpliéndolos, viváis y entréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar…’

Escuchar y cumplir para tener vida, para alcanzar aquellos sueños de plenitud que estaban latentes en el corazón del hombre. Ese entrar a tomar posesión de la tierra que el Señor les va a dar es la culminación de un camino hacia la libertad que han realizado en un camino de desierto, pero desde que fueron liberados de la esclavitud de Egipto. Nos habla de esclavitud y de libertad, nos habla de vida y de posesión de una tierra como signo de esa libertad. Y continuará diciéndoles: ‘Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos…’ de manera que todos lo reconocerán. ‘Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación’.

Con razón nos dirá Jesús en el sermón del monte, que hoy en parte escuchamos en el evangelio. ‘No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud…’ En Jesús encontramos esa Sabiduría, en Jesús encontramos esa vida porque El ha venido para que tengamos vida y vida en plenitud. Por eso nos dirá en otro momento que El es el camino, y la verdad, y la vida, y quien le sigue alcanzará vida eterna. En Cristo se nos ha revelado la verdad del hombre, como tantas veces nos repetía san Juan Pablo II.

No nos dejemos seducir por tantos cantos de sirena que en el mundo podemos o vamos a encontrar que nos van a decir que cuando han quitado la religión de sus vidas es cuando han encontrado vida porque ahora sin mandamientos ni nada que los coarte hacen solamente lo que les apetece sin que nada ni nadie tenga que decirles cómo han de actuar.

¿Qué es lo que nos encontramos muchas veces? Gentes esclavizados de sus caprichos, de su vanidad o de su amor propio, gente que solo piensa en si mismo y pronto podrán comenzar a avasallar a los demás tratando de imponer sus criterios, su modo de vida; nos encontraremos una nueva esclavitud cuando con tanta ligereza no siempre respetemos la dignidad de las personas, de toda persona, sea quien sea y venga de donde venga. Algunos te dirán que abandonaron la religión para ser más libres pero son personas que nunca tampoco vivieron una verdadera religión, nunca supieron encontrar ese sentido de Dios en sus vidas, gentes que aunque algunas veces se llamaran cristianos o hicieran algunos actos de culto realmente ya estaban viviendo sus vidas sin Dios.

Aunque nos duela en el corazón respetamos sus opciones y sus decisiones porque respetamos su libertad, como queremos también que los demás respeten nuestro camino, y no nos vamos a dejar convencer. Es para nosotros un acicate y un reto para ahondar más en nuestra fe, en el conocimiento de Dios y de lo que es su voluntad, para profundizar en el evangelio y de verdad querer hacer un camino de vida cristiana. Este tiempo de Cuaresma que estamos recorriendo es una llamada a la que tenemos que saber dar respuesta para de verdad llegar a la Pascua y haya de verdad paso de Dios por nuestra vida.